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RESUMEN

LA MUERTE: UN AMANECER
De Elísabeth Kübler-Ross

Vivir y morir

Ocurre que, cuando se tienen tantas experiencias de acompañar a niños y ancianos que
están muriendo, si se les escucha de verdad, se puede percibir que ellos saben que la muerte
está próxima, así que si se acepta este conocimiento y se permanece junto él, se comprobará
que la comunicación es continua y el enfermo es capaz de expresar lo que desea hacer
saber. Después de su muerte, experimentaremos un sentimiento de haber, atendido con
seriedad sus palabras.
A través del mundo entero se han estudiado unos veinte mil casos de personas con
experiencias del umbral de la muerte que volvieron a la vida. Algunas despertaron
naturalmente, otras con reanimación, pero lo que cada ser humano vive en el momento de
su muerte es igual para todos, así como lo es el nacimiento, independiente de edad, genero,
sexo, cultura o nivel socioeconómico, puesto que se trata de un acto puramente humano.
La experiencia de la muerte es casi idéntica a la de la llegada al mundo. Es un nacimiento
a otra existencia que se ha estudiado más allá de la creencia, para llegar al conocimiento.
En el instante de la muerte hay tres etapas. La primera es la muerte física del hombre, que
se asemeja simbólicamente al abandono del capullo de seda por la mariposa. Donde el
capullo y su larva, serian el cuerpo humano. Una casa ocupada de modo provisional, un
cuerpo transitorio, que desde el momento que empieza a deteriorarse nos dice que llegará el
tiempo de liberar a la mariposa, es decir, a nuestra alma. Entonces morir significa,
simplemente, mudarse a una casa más bella.
Durante esos momentos sentiremos la necesidad de una conciencia despierta para poder
comunicarnos con los demás, pero esta dejará de estar alerta, y se ira apagando.
La segunda etapa, ocurre cuando el alma abandona su cuerpo, este deja de funcionar, sin
ritmo cardiaco, sin ondas cerebrales ni respiración, pero eso no significa que ya estemos
muertos. En ese periodo nos llenaremos de energía psíquica. La energía física y la energía
psíquica son las dos únicas energías que al hombre le es posible manipular.
Desde el momento en que nuestra alma abandone el cuerpo, nos percibiremos que
tenemos capacidad para ver todo lo que ocurre en el lugar de la muerte. Estos hechos ya no
se advertirán con la conciencia mortal, sino con una nueva percepción. En este punto,
sabremos exactamente lo que los que estén en el lugar diga y piense. Muchos de los casos
estudiados han sido capaces de narrar los hechos después de su muerte. Y no se puede
explicar científicamente que alguien que ya no presenta ondas cerebrales pueda saber estas
cosas.
En esta etapa, nuestra alma también se dará cuenta de que se encuentra intacta
nuevamente. Los ciegos pueden ver, los sordos oyen. Esta experiencia extra-corporal es un
acontecimiento maravilloso, que nos hará sentirnos felices, aunque al regresar se encuentre
nuevamente con un cuerpo incompleto. Muchos hombres de ciencias escépticos dicen que
se trata de una proyección del deseo. Pero más de la mitad de las muertes estudiadas han
sido inesperadas, y es poco probable que esas personas hayan deseen tener algo que aún no
habían perdido.
En esta segunda etapa, también nos daremos cuenta que no morimos solos y no
únicamente porque hay alguien acompañándonos durante el fallecimiento, o porque
podemos visitar a cualquiera, aunque este al otro lado del mundo; también porque la gente
que ha muerto antes que nosotros y a la que amamos, nos están esperando. Estos son los
que llamamos nuestros guías, y siempre los tendremos aunque seamos de la religión que
queramos, pues su presencia se trata de amor, un amor incondicional que nos recibe.
También sucede que cuando se abandone el cuerpo nos encontramos una existencia en la
que el tiempo y el espacio no existe, ya que estas son nociones terrenales.
Sucede a esta etapa la toma de conciencia de que la muerte no es más que un pasaje hacia
otra forma de vida, donde abandonamos las formas terrenales para tomar la forma que se
tendrá en la eternidad. Cada persona percibe esta transición de acuerdo a los factores
culturales que ha construido, por eso se puede ver como pasar por un túnel o un pórtico o
atravesar un puente; y al hacer este cruce, veremos una luz de una claridad absoluta que
brilla al final, a la que a medida que nos aproximemos nos sentiremos llenos de amor de
una forma indescriptible e incondicional.
Las personas que han tenido una experiencia muerte, pudieron mirar esta luz brevemente.
Pero cuando el contacto entre el cuerpo y el alma se rompe y morimos sin poder volver al
cuerpo terrestre, cuando se ve la luz, ya no se quiere volver; en ella encontramos la
comprensión de lo que pudiéramos haber sido, de una existencia sin juicios, llena de amor
absoluto. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, nos damos
cuenta que la vida terrenal no es más que un periodo de aprendizaje en donde debemos
superar las diferentes pruebas, que al terminarlas y aprobarlas nos permitirá entrar a un
nuevo ciclo de la existencia.
En esta tercera etapa haremos una revisión de nuestra propia vida. Pasaremos de la
conciencia presente de la primera etapa y de la posibilidad de percepción de la segunda, y
poseeremos el conocimiento, cada pensamiento que tuvimos en cada momento de nuestra
vida, cada acto y palabra dicha. Y no solamente tendremos el conocimiento, seremos
capaces de interpretar las consecuencias de ellos.
Dios es el amor incondicional, y después de que hagamos esta revisión de nuestra vida
nos daremos cuenta que no era a él a quien teníamos que rendir cuentas de nuestras
acciones sino a nosotros mismos, y nos reprocharemos tantas oportunidades que
desperdiciamos para crecer. Así que crecer en comprensión, en amor, es todo aquello que
aún debemos aprender.
Hemos sido creados para una vida sencilla, bella, maravillosa, si empezáramos a
considerarla como un periodo de preparación para aquello que nos espera después de la
muerte, realmente nos plantearíamos la cuestión de que vidas son necesarias prolongar y
que morir no debería significar padecer dolor. Hoy en día la medicina tiene las
herramientas para impedir el sufrimiento de los enfermos moribundos. Si ellos no sufren, si
se les da comodidad y cuidados con cariño, en la medida de lo posible, entonces nadie
protestará frente a la muerte.
La intención de todos estos argumentos es demostrar que a los seres debemos ser una gran
cantidad de amor. Llegamos a la vida como una piedra sin tallar, y depende de nosotros
rasgarnos y ser destruida en el proceso o fortalecernos para ser convertidos en diamantes.
Finalmente, debemos entender que morir no es necesariamente un asunto triste y terrible.
Por el contrario, se pueden vivir cosas maravillosas y encontrar muchísima ternura. Si la
sabiduría que se aprenda de estos moribundos es transmitida este mundo será cada vez
mejor.
La muerte no existe

La vida terrestre, no es más que una pequeña parte de nuestra existencia global, sin
embargo nuestra existencia actual es de gran importancia, porque a ella vinimos a aprender
lo necesario para continuar el después de la muerte, es decir, estamos aquí por una razón, y
esta razón es propia a cada individuo.
Si vivimos bien, aunque sea sólo sea un día, no tenemos por qué preocuparnos por la
muerte, pues el tiempo solo es una cuestión terrenal que tiene un papel insignificante a la
hora de existir.
Vivir bien quiere decir aprender a amar, y el amor quiere decir vida y muerte, pues las dos
son una misma cosa.
Como nada en la vida se debe al azar, la autora (Elísabeth Ross) para aclarar este punto
expone su propia experiencia de vida: «Nací como una niña “no deseada”. No porque mis
padres no quisieran tener hijos, por el contrario, deseaban una niña, pero una niña bien
robusta de unos cinco kilos. No esperaban tener trillizos. Y cuando aparecí yo, pesaba
alrededor de un kilogramo y era muy fea. No tenía nada de pelo y fui seguramente para
ellos una gran decepción. Quince minutos después nació el segundo niño y veinte minutos
después el tercero, que pesaba casi tres kilos. En ese momento nuestros padres se sintieron
felices, aunque quizás hubieran preferido devolver a dos de nosotros.» Esto sin embargo, en
vez de desestimarla, le da un sentimiento de que, incluso de lo “nada” se puede trabajar y
lograr una vida valiosa.
Ross, también nos cuenta como sus necesidades de hacer algo por este mundo cuando aún
era una adolescente la llevo a ir a Polonia para ayudar y colaborar en la atención de las
víctimas de la segunda guerra mundial, esas fueron sus primeras experiencias con la muerte
y la inhumanidad, con ello llego a la conclusión que ha esta podemos llegar sencillamente,
pues cualquier persona tiene la oportunidad de ser un “monstruo nazi” o la Madre Teresa de
Calcuta.
Tiempo después de practicar la medicina en Suiza, por diferentes razones, la Dra. Ross, se
tuvo que trasladar a América, aunque sus deseos eran ir a trabajar como médico a la India,
pero este proyecto fracaso y por causa de su matrimonio se trasladó a New York, el lugar
donde menos ganas tenían de vivir. Allá encontró un trabajo de médico en el Manhattan
State Hospital, un sitio que le parecía horrible, en el área de psiquiatría aunque sabía muy
poco de esta, todo su situación la hacía sentir muy sola, miserable y desgraciada.
Pero ella reconoce que nada de lo que le sucedió fue una casualidad o el azar, todo era una
prueba a la que era sometida para verificar que era capaz de realizar el objetivo fijado para
la propia vida.
En el hospital se dedicaba completamente a sus enfermos y se empezó a identificar con
su soledad, su desgracia y su desesperación. Poco a poco ellos empezaron a confiar sus
sentimientos, a pesar de la dificulta de comunicarse, y empezaron a amarse. Muchos de
estos pacientes eran considerados «esquizofrénicos irrecuperables», pero luego de un par de
años la mayoría pudieron abandonar el hospital y defenderse en la ciudad, trabajando y
asumiendo responsabilidades.
Con esto nos intenta decir, que aun teniendo todo el conocimiento necesario, si no
utilizamos también nuestra alma y corazón no seremos capaces de ayudar a nadie. Con su
trabajo descubrió su propia finalidad, y no solo ayudo a estos enfermos, ellos también la
ayudaron crecer.
De igual forma pasa con la persona que está muriendo, con ellos podemos aprender sobre
las etapas del morir (aunque no tienen que ver con las fases del morir propiamente dicho,
porque son similares en cualquier duelo, se les llama así porque no hay una mejor
denominación) nos muestras como pasan por estados de negación, cólera contra Dios,
rechazo, tratan de negociar con Él y continuamente caen en depresiones, pero si a lo largo
de este proceso son acompañados por personas que los amen, la aceptación llegara más
rápido.
El sentido de todo está en el sufrimiento es generar crecimiento, y es que nada de lo que
nos ocurre es negativo, pues ser infeliz es una oportunidad para crecer y esta es la única
razón de nuestra existencia.
Las personas que llegan a comprender esto, se dan cuenta que nada ocurre por casualidad,
que siempre debemos mirar el otro lado de la moneda, pues la vida es corta y es mejor
aprovechando el tiempo y hacer por fin las cosas que deseamos realizar.
Nadie debería vivir en función de lo que los otros le digan que hacer, sino escuchando su
voz interior y el propio saber interno, que con relación a uno mismo es el más importante,
entonces uno no se engañará y sabrá lo que debe hacer con su vida.
Después de haber trabajado con moribundos durante muchos años fue cuando la Dra.
Ross comenzó a reflexionar sobre qué es la muerte, y en 1997 ya contaba con centenares de
testimonios experiencia extra-corporal parecidos. Esto la llevó a comprender que esa
muerte, de la que los científicos quieren convencernos, no existe en realidad, sino un nuevo
estado de conciencia en el que se puede seguir percibiendo y creciendo, y la única cosa que
perdemos es nuestro cuerpo físico, porque ya no lo necesitamos.
Ninguno de las personas que alguna vez tuvieron una experiencia del umbral de la muerte,
ha vuelto a tener miedo a morir, pues saben que va a un lugar mucho más maravilloso, más
bello y más perfecto.
Los niños, si tienen temor de estar solos en el momento de la muerte, pero durante este
proceso no estarán solos, los guías espirituales, nuestros ángeles de la guarda y los seres
queridos que se han ido antes, los acompañaran, estarán cerca de nosotros y nos ayudarán.
Esto ha sido confirmado siempre, así que ya no dudemos nunca de este hecho. Como es el
caso de una niña que al regresar de la experiencia, conto como se sintió tan maravillosa que
no quería volver y durante su trayecto fue acompañada por su hermano quien la había
abrazado con amor y ternura, sin embargo ella ni siquiera sabía que tenía uno, pues este
había muerto antes de nacer y sus padres nunca le habían contado nada sobre él.
Cuando se les pregunto a los niños a quién les gustaría tener cerca si tuvieran que elegir a
una persona (no se refiere a después de la muerte), el 90% se deciden por su mamá o papá.
Ninguno de los niños que optaron por sus padres contó, tras una de estas experiencias del
umbral de la muerte, haber visto a ninguno de sus padres, a menos que uno de ellos hubiese
muerto antes.
Mucha gente podría decir otra vez: «Se trata de una proyección del pensamiento
engendrada por un deseo. Como los que mueren están solos, se sienten abandonados y
tienen miedo, es por eso que imaginan a alguien a quien amar». Si esta afirmación fuera
cierta, estos niños deberían ver a su padre o a su madre, sin embargo en ninguno de los
casos consignados a lo largo de los años, ellos han dicho que habían visto a su padre o a su
madre, puesto que éstos vivían aún.
La doctora Ross narra este caso que le sirvió para terminar de entender su misión en la
vida y sus estudios sobre la muerte: El caso de la señora Schwarz. La Sra. Schwarz era su
paciente, que después de diez meses después de su entierro se le apareció a Ross, cuando
esta estaba a punto de renuncia a su trabajo, debido a que había tenido que renunciar a la
colaboración del pastor con el que trabajaba y al que quería mucho, tenía dificultades con el
nuevo pastor, los seminarios se estaban volviendo repetitivos y no tenía ganas de continuar
participando, porque ya no sentía que podía ser ella misma.
Cuando la Sra. Schwarz apareció frente a ella, no la reconoció al primer momento, pero
sentía que necesitaba hablar con ella, la mujer se le acerco diciéndole que había vuelto para
hablarle. Así que le acompaño al despacho. La doctora por su experiencia con
esquizofrénicos, no podía estar seguro de si era una alucinación, si era posible que la
estuviera viendo, aunque aún no sabía quién era la visitante, esta no parecía un cuerpo real.
Cuando entraron la mujer le dijo que venía por dos razones, la primera para darle las
gracias a ella y al anterior pastor, por lo que habían hecho por ella y para decirle que no
debía abandonar este trabajo sobre morir y la muerte, por lo menos no en ese momento.
La Dra. Ross se debatía entre lo que veía y la incredibilidad, mientras la señora
continuaba insistiendo con su petición amablemente, diciéndole que ellos la ayudarían, pero
que no lo interrumpiera. Ross haciendo salir a la científica dentro de sí, le pidió a la mujer
que le escribiera una nota para saludar al pastor, la cual no tenía ninguna intención de
mandar, solo quería tener una prueba. La señora le sonrió y accedió. Antes de partir la
mujer le hizo prometer y ella accedió, después desapareció.
Años después, al terminar su trabajo con los moribundos, Ross entendió que esa no era no
era la verdadera vocación para la que había venido a la tierra. Su trabajo no era más que
una prueba para para verificar si era capaz de imponerme a pesar de las dificultades, la
difamación, la resistencia y muchas cosas más y si la gloria se le subía a la cabeza, las dos
pruebas asegura haberlas pasado.
Su verdadera tarea consistía en decir a los hombres que la muerte no existe, que no hay
que tener miedo de ese momento, pero si nos abrimos a la comprensión y a la espiritualidad
podremos superar las pruebas y de algún modo aportar cambio para el advenimiento del
tiempo nuevo.
Para lograrlo es suficiente con que aprendamos a entrar en contacto con nuestro yo, y
librarnos del miedo que nos produce la muerte y hacer que todo lo que nos suceda en esta
vida sea para crecer positivamente.
La casualidad tampoco existe. Dios no es alguien que castiga y condena. Después de
haber dejado definitivamente vuestro cuerpo físico, llegaréis al lugar que se designa como
cielo o infierno, lo que no tiene nada que ver con el Juicio Final. Cuando miremos cada uno
de nuestros pensamientos, actos y palabras e interpretemos sus consecuencias, es que nos
juzgaremos a nosotros mismos.
Aquí en esta vida es cuando empezamos a crear nuestro propio cielo, o nuestro propio
infierno.

La vida, la muerte, y la vida después de la muerte

A pesar de que los humanos hemos estado mucho tiempo en esta tierra no comprendemos
aun el significado y el fin de la vida y de la muerte, así que las investigaciones que se han
desarrollado en este campo, son con la única intención de ayudar a las personas a descubrir
el significado de los códigos de la muerte, para que podamos ser capaces de ayudar a todos
los hombres a afrontar la pérdida de sus seres queridos, sobre todo cuando se trata de
muertes repentinas, e intentar comprender que es la vida y que es la muerte.
Desde hace largo tiempo se ha venido estudiando las experiencias morir, pero solamente
con experiencias del umbral y no de la muerte verdadera. Sin embargo, todo este
conocimiento es con el fin de tomar conciencia, de comprender que existe algo mucho más
grande que nosotros, que ha creado el universo y la vida, y que en esta creación
representamos una parte importante y bien determinada que puede contribuir al desarrollo
del todo.
Cuando nacemos recibimos una chispa divina que procede de la fuente divina, y gracias a
ellos podremos asegurarnos una existencia eterna. Aceptando este hecho, empezamos a
comprender que este cuerpo físico que habitamos no es más que una casa temporal, hasta
que llega la transición que llamamos muerte. Cuando este momento llega abandonamos
esta casa y liberamos nuestra alma.
El proceso de transición comienza cuando el cuerpo físico deja de funcionar; la
experiencia de las personas que son capaces de volver a la conciencia luego de este
momento o de los que transcurren después, y pueden compartirlas, es a lo que llamamos
experiencias del umbral de la muerte (near death experience).
Cuando el cuerpo empieza a perder sus signos vitales, la persona que está viviendo la
transición, desde un estado espiritual, es capaz observar el lugar donde muere, ver, escuchar
y saber los pensamientos de los que están ahí o llegan al sitio, además deja de sentir dolor y
adquiere una percepción de integridad corporal, en un cuerpo simulado perfecto que
podemos llamar cuerpo etérico.
En ese momento se toma conciencia de que nadie muere solo. Los niños y adultos hablan
de la presencia de seres que les rodean, les guían y les ayudan en el momento de su salida
del cuerpo. Son lo que llamamos con frecuencia compañeros de viaje, ángeles de la guarda
o guías espirituales, lo importante no es como se llaman sino que estarán ahí.
En muchos casos los guías que acompañan a los moribundos, fueron sus propios
familiares, aun cuando ignoraban del fallecimiento este, sin embargo muchos pudieron
contar cómo fueron recibidos por él.
Las personas no sólo somos capaces de abandonar nuestro cuerpo en el momento de la
muerte, sino también en momentos de crisis después de un agotamiento, en circunstancias
extraordinarias, así como en diferentes fases del sueño. Científicos como Viktor Frankl y
Robert Monroe, realizaron investigaciones sobre este suceso, experiencia extracorpórea
espontánea, el primero a través de la meditación y concentración, y Monroe induciéndolas
en laboratorio bajo vigilancia, observado y corroborado por varios sabios de la Fundación
Menninger, en Topeka. Actualmente muchos investigadores vuelven a tener en cuenta sus
métodos y los encuentran realizables y opinan favorablemente.
Si nosotros estamos dispuestos a abrirnos a estos hechos sin prejuicios seremos capaces
de tener nuestras propias experiencias, que suscitadas se obtienen fácilmente
Después de haber sido acogidos por sus padres y amigos en el más allá, se pasa por una
transición simbólica que a menudo se describe como un túnel, un transitar muy bello que
lleva a la persona a la presencia de una luz divina, fuente de la energía espiritual, a la que
podemos llamar Cristo, Dios, Amor o simplemente Luz, en donde se ve envuelta en un
amor total e incondicional de comprensión y de compasión.
En presencia de esta luz nadie será capaz de tener sentimientos negativos, ni nada que lo
condene, puesto que Él es amor absoluto e incondicional. Lo que todos harán será revisar
su vida y evaluarla sin limitaciones.
En ese momento ya no se necesitará una forma física, el alma se separa del cuerpo etérico
y volverá a tomar la forma que tenía antes de nacer sobre la tierra, para volver a unirse a la
Fuente, es decir a Dios, después de haber cumplido con su destino.
Hay veces, en momentos en la vida terrenal de gran dolor, sufrimiento o soledad, en que
la percepción aumenta hasta el punto de poder reconocer esta presencia. También,
podríamos hablarles por la noche antes de dormirnos y pedirles que se muestren a nosotros,
y hacerles preguntas exhortando a que nos brinde las respuestas en los sueños. Si
recordamos nuestros sueños nos damos cuenta que allí encontramos muchas respuestas a
nuestras preguntas, además nos podemos acercar a nuestro interior, a nuestro yo
omnisciente.
El Yo verdadero está compuesto de estos cuatro cuadrantes, físico, emocional, intelectual
y espiritual que deberían equilibrarse y dar armonía a la existencia, al cuadrante espiritual
podríamos acceder si pudiéramos aprender a liberarnos de los sentimientos
desnaturalizados, de nuestra ira, de nuestros miedos, para encontrar la armonía con nuestro
yo verdadero y ser. Pero para esto debemos aprender a aceptar nuestro propio cuerpo físico,
a expresar nuestros sentimientos libremente, y comprender que sólo existen dos miedos: el
miedo a caerse y el miedo al ruido, y todos los otros han sido impuestos por los demás. Sin
embargo, lo más importante de todo es aprender a amar incondicionalmente.
De esta manera podremos llegar a nuestra Conciencia Cósmica, y al «Shanti Nilaya» (el
abra y el puerto de paz final que nos espera). Ese estar en casa al que volveremos un día
después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos después de haber aprendido
a superar todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres
equilibrados entre los cuadrantes.
Si vivimos una vida de amor total estaremos sanos e intactos y seremos capaces de
cumplir en una sola vida las tareas y los fines que nos han sido asignados.

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