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Sentipensar ontológico

Juan Cepeda H.

AutoresEditores
Cepeda H., Juan. (2017). Sentipensar ontológico. Bogotá, Colombia: Autores
Editores. 200 páginas. ISBN: 978-958-48-1041-0

Grupo de Investigación TLAMATINIME


Código Colciencias: COL0178728
TLAMATINIME es actualmente un grupo de investigación interfacultades U STA:
Filosofía y Letras con Sociología; interinstitucional: Universidad Santo Tomás y
Universidad Minuto de Dios; con avales internacionales de la Universidad Nacional
de General Sarmiento (Buenos Aires, Argentina) y de la Universidad Ricardo Palma
(Lima, Perú).

SEmillero MEtafísica y ONtología:


SEMEyON

Ch@ski
Red Internacional de Investigadores en Ontología

Micrositio web:
http://ontologia.usta.edu.co

Contacto:
juancepedah@gmail.com
ontologia@usantotomas.edu.co
CONTENIDO

PRESENTACIÓN 7

INTRODUCCIÓN : TRAS UNA FILOSOFÍA SEMINAL 11

1. A LA COMPRENSIÓN VITAL 35

2. RIBERA DE LOS CERROS QUE CANTAN 57

3. FILOSOFÍAS DINÁMICAS DE LA INVESTIGACIÓN 81

4. ¿ES POSIBLE UNA ONTOLOGÍA LATINOAMERICA-


NA? 101

5. LO QUE ES: FUERZA 125

6. LO QUE ES: RITMO 149

7. LO QUE ES: VIDA 165

BIBLIOGRAFÍA 185
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Sentipensar ontológico
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PRESENTACIÓN

El ensayo es una forma de hacer poesía.


Luigi Amara1.

Si el arte nos ofrece las almas y los destinos, según se refiere


Lukács con respecto al ensayo, en su carta a Leo Popper
(1910), el texto que acá se presenta no podrá dejar de ser
arte, es decir, ensayo; pues, en definitiva, lo que este ensayo
quiere ofrecer no es más que el destino de la ontología desde
el alma de la llamada filosofía latinoamericana. Esta forma
del filosofar, a veces tan desconocida, a veces tan
menospreciada, busca sus raíces ontológicas, y si la
comparásemos con un rayo de luz, así como éste se
descompone en su diversidad de colores, también la filosofía
latinoamericana guarda en su seno una diversidad de
disciplinas de las que se nutre: historia de las ideas
filosóficas, filosofía de la liberación, filosofía amerindia,
filosofía intercultural, hermenéutica analógica, lógica de la
negación, filosofía de la vida, sentipensar ontológico, entre
otras. Esta última disciplina ha ido configurándose no sólo
en sus contenidos sino en su forma de expresión, por medio
de cortos versos, que hacen pausada su lectura; y no se crea
que, por ello, deja de ser ensayo. Todo lo contrario, con ello
se está marcando la diferencia en la manifestación de
contenidos que ensayan formas para poderse ofrecer de

*1
Cf. Un ensayo es una forma de hacer poesía: Luigi Amara. Milenio.
Disponible en: www.milenio.com/cultura/ensayo-hacer-poesia-Luigi-
Amara_0_657534375.html

7
Juan Cepeda H.
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acuerdo a su naturaleza. Tampoco se crea que esto es una


novedad: Parménides, el primer filósofo de Occidente
dedicado completamente al problema del ser no tuvo otra
forma de expresión que la poesía, y Heidegger, el último
gran filósofo de Occidente, también habiendo dedicado toda
su vida al problema del ser, expresó sus meditaciones
ontológicas por dicho medio lírico.

Igualmente, Lukács en el citado texto, en el que para explicar


el ensayo toma como referencia a la poesía dice: «Si se
comparasen las diferentes formas de poesía con la luz solar
fraccionada por el prisma, los escritos de los ensayistas
serían los rayos ultravioleta»2, tal vez porque quedan en el
límite que se abre entre lo objetivo-científico y lo artístico,
donde la verdad se abre a una posibilidad más amplia de
expresión. De lo que se trata, en fin, es de ensayar un nuevo
camino que nos aproxime a la verdad, a una verdad, o a una
parte de la verdad, y nada más, como corresponde a la
naturaleza de todo ensayo; «es decir, ensayar (experimentar)
en el continuo de su movimiento, nuevas formas y
posibilidades expresivas que amplían y renuevan su
territorialidad hasta llegar a la frontera de lo
permitido/prohibido»3, de lo posible y alcanzable. El
problema del ser no había alcanzado un desarrollo
presentable, por lo menos hasta 1927, cuando Heidegger
publica Ser y tiempo, y no es que haya avanzado mucho de

2
Georg von Lukács. (2006). Sobre la esencia y la forma del ensayo.
Anuario de Letras Modernas. Disponible en: http://letras.comp.filos
unam.mx/wp-content/uploads/2015/03/CeciliaTercero_Traduccion_So
breLaEsenciaYLaFormaEnsa yo_GeorgLukacs.pdf
3
Amanda Pérez Montañés. (2004). El ensayo literario como forma: una
experiencia de la modernidad. Fragmentos n° 26. Pág. 63.

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ahí para acá, debido seguramente al ámbito ratiocéntrico


desde el que sigue girando. ¿Cómo liberarlo de semejante
tradición y posibilitarle nuevos horizontes? Pues aquí nos
atreveremos a proponer el ensayo poético en el que la lírica
ontológica rompa esos límites que tienen subyugada a la
ontología siglos ha. Naturalmente es con esta clase de ensayo
que puede lograrse semejante intento pues, como se sabe, «el
ensayo se subleva contra lo establecido para evocar la
libertad del espíritu, haciendo surgir lo nuevo» 4 o, por lo
menos, esbozando una nueva concepción de lo que es. Al fin
y al cabo, Amanda Pérez nos habla del ensayo convertido en
filosofía5, y podría decirse que, para nuestro caso, en
filosofía poética, al uso iniciado por Octavio Paz: «en su
obra el género ensayístico alcanza su más alta tensión:
ensayo/poema, poema/ensayo, y mezcla de los dos en un
todo fragmentado»6, «un poema con funciones de ensayo»7.

Que no se escandalice el lector. Ya no hay tiempo para ello:


el ensayo y la poesía, hoy día, logran desdibujarse en una
misma realidad8, ciertamente porque realidad no hay más
que una. Dejémonos inducir por las profundidades del decir
que se expone, tranquilizándonos o exaltándonos cuando el
texto así nos conduzca, y busquemos vivirlo con el alma,
según también ha sido escrito. Porque, eso sí, el ensayo debe

4
Ibidem.
5
Ibidem, pág. 64.
6
Ibidem, pág. 66.
7
Octavio Paz. (1990). El mono gramático. Obra poética (1935-1988).
México: Seix Barral. Pág. 535.
8
Cristian Álvarez. (2016). Guillermo Sucre. Poesía y ensayo: la misma
realidad del lenguaje. El estilete. Crítica, pensamiento, arte. Disponible
en: www.elestilete.com/escritura/guillermo-sucre-poesia-ensayo-la-mis
ma-realidad-del-lenguaje/

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expresar la vida y está para enriquecerla. Volvamos a


Lukács: «el ensayo es un tipo de arte, una configuración
propia e íntegra de una vida propia y plena»9.

Bien. El derrotero a seguir será, para empezar, una


introducción que contextualiza el horizonte filosófico desde
el que se posibilitan las reflexiones que le siguen. Luego, tres
acápites donde se exponen las herramientas metodológicas
gracias a las cuales pudo avanzarse la investigación de la que
es fruto el presente ensayo. En el corazón de este texto el
palpitar de la pregunta que interroga por la posibilidad de
una ontología latinoamericana, o mejor: de la pregunta que
interrogándose ya se hace semilla para un sentipensar
ontológico emergido desde las raíces de esta América Latina
en la que estamos siendo. Y, finalmente, tres acápites cual
resultados de la investigación, que recogen la propuesta de
respuesta a la clásica pregunta de la filosofía, ¿qué es el ser?,
y que ha venido dando tantos tumbos desde Parménides y
Aristóteles hasta Heidegger, desde Grecia hasta América, y
aún más antes y aún más después y aún más allá. V[e]amos.

9
Georg von Lukács. Op. cit. Pág. 242.

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INTRODUCCIÓN:
TRAS UNA FILOSOFÍA SEMINAL

Los seres humanos creemos:


que creemos o que no creemos,
¡porque se puede creer
que no se cree!,
pero, como se ve, eso también
es creer;

naturalmente, hay diversas maneras de creer,


pero todas son creencias
(por ejemplo, se puede creer que esta creencia
sí es racional y aquella no,
no siendo más que una creencia),
en fin: es claro que no hay racionalidad
tan perfecta, tan absoluta,
que no se pinte también de creencia;

por eso mismo hay quienes creen en la racionalidad


como si ella no fuera creencia
y hacen de la razón un mito
desde el que critican todos los mitos,
¡bah!,
no creer en la creencia
es creer en la posibilidad
de la no creencia,
¡je!,
¡ingenuidades de la razón
que nunca va a poder ser pura!;

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¿dónde está la razón pura?,


¿o la racionalidad pura?,
¿o la filosofía pura que sí sería la verdadera?,
¿dónde?
¿todavía hay alguien que cree en esa clase de purezas?:
la razón,
la filosofía,
la ciencia…

yo me he encontrado con razones proveídas de sentimientos,


con filosofías nutridas de saberes y sabidurías,
con ciencias enriquecidas de los más diversos
conocimientos;
realidad, mundo, existencia,
que argumentan los filósofos
se encuentra uno
que no es tan real, ni de este mundo,
ni se identifica con nuestra existencia
cotidiana,
desde donde estamos siendo cada día,
en concreto,
mientras se siembra el trigo, o se recoge la cosecha,
se muele el grano, o se amasa el pan,
se come el pan,
y se vuelve nuevamente a sembrar…
He leído en filósofos:
el concepto formal de realidad,
el mundo de las ideas,
la existencia como categoría fundamental,
y no me topo
y no hallo
de dónde agarrarme

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para estar en este mundo desde ahí,


desde conceptos y categorías muy bien argumentados,
cuando lo que necesito para vivir
–a veces más que el pan–
es sentido,
sentido existencial,
de estar en este mundo
–donde se amasa el pan–
real: este mundo real,
no de conceptos y abstracciones,
sino de suelo, de hedor, de hambre,
de hijos que lloran hambre y frío,
de madres que lloran
la muerte temprana de sus hijos,
de pobres explotados
por políticos, abogados, y hasta magistrados
de altas cortes,
por idiotas que andamos enajenándonos
de teconologías
llenando al planeta de excrementos
causados por la diarrea rational del confort,
de derechos que no exigen deberes,
e, inclusive, un mundo de docentes
que no se preocupan por ser maestros.

¿Qué pensar?
¡Eso! Hay quienes también creen
que en un mundo así
no se puede pensar,
y por ello babean sus discursos,
los imprimen con apariencia de libros,
y nos los venden

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para que los citemos


y podamos ingresar a su mundo científico
de cuartiles, de indexación,
de academia,
con la condición de que, ¡eso sí!,
no vayamos a pensar
más allá de los límites
que nos imponen esos estándares
de calidad.
¡Bah!

¿Qué pensar?
Que hay que pensar.
¡Pero no creo que haya que pensar
lo que ya pensó Descartes, Hegel, o Marx!
¿Eso es pensar?
¿Criticar, desde la izquierda a los de derecha,
eso es pensar?
¡A repetir un discurso ajeno
no puede reducirse el pensar!

¿Qué pensar?
Tal vez lo primero que haya que pensar
siempre
sea qué es eso de pensar.
A cada ser humano, así como a cada cultura,
le corresponde ese viejo y nuevo reto
de parar en sus quehaceres
y ponerse a pensar
qué es, para sí, eso de pensar.

¿Qué es pensar?

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Tal vez para unos sea filosofía.


Tal vez para otros sea ciencia.
Tal vez, también, para algunos,
sea sabiduría.

¿Qué es pensar?
Para mí, por ejemplo, es sentir el universo
en su íntegra totalidad.
No se trata de crear un mundo a mi medida,
a mi gusto,
ni abstracto: ¡menos!
Sentir el universo en su íntegra totalidad
es dejarme tocar por el polvo cósmico
que constituyen galaxias, estrellas, planetas,
arenas, corales, pastos, arbustos, ceibas,
amebas, gusanos, colibríes, y cóndores,
como de seres humanos;
pero esa íntegra totalidad también exige
dejarme tocar por cultura, tradiciones ancestrales,
y saberes milenarios;
así como por energía y fuerzas,
ángeles, espíritus, y divinidad:
lo sagrado también hace parte del universo total.

Pensar no puede ser


atenerme a mi pequeño mundo,
a mi aldea de conocimientos
y creencias.
Pensar no puede ser reducido
a lo académico
o a lo meramente científico
y rational.

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Pensar no puede ser


igual a exponer una creencia tradicional
sin habérselas con lo otro,
lo diferente, lo distante,
… lo verdadeante.

Pensar.
Rodolfo Kusch piensa que
todo pensar tiene un suelo.
Lógicamente, hay quienes se han esforzado
sinceramente
por pensar sin suelo:
quienes se han dedicado a la Lógica,
quienes se han dedicado a la Matemática,
quienes se han dedicado a la Ciencia,
quienes se han dedicado a la Razón,
y, sobre todo, quienes se han dedicado a la razón pura.
Pero, lógicamente, esa lógica, matemática,
ciencia, y razón,
tienen su suelo,
tan cierto y evidente, que se le conoce como
pensamiento occidental,
¡je!
El pensamiento verdadea su suelo.
No hay pensamiento sin suelo.
Solamente hay que atender a su naturaleza
para fijarse cuán enraízado está el pensamiento
a su suelo.

Es ingenuo creer que el pensar


puede liberarse de su suelo.
También el pensar hiede.

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Aunque se pueda creer que


haya un auténtico pensar totalmente racional,
especulativo y abstracto,
puro,
aséptico,
independiente de la cultura y de la geografía,
totalmente universal;
sí, eso también se puede ingenuamente creer.

¿La geometría europea, acaso,


ha apreciado a la geometría azteca?,
¿o la astronomía maya
ha sido convalidada por la astronomía occidental?,
¿o la economía capitalista
ha atendido a la economía inca?,
¿o la sabiduría mesopotámica
fue debidamente acreditada por la filosofía griega?

El pensar hiede a su suelo,


al suelo en el que se enraíza,
desde el que se nutre,
en donde germina, madura y da sus frutos;
porque el pensar es como la semilla:
si cae en el suelo apropiado,
si se nutre debidamente,
si es el tiempo indicado,
empieza por germinar y se desarrolla.
Pero el suelo apropiado y sus nutrientes
hieden;
y la misma semilla en su sacrificio
para generar más vida, muere y
hiede.

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También el pensamiento hiede a sus nutrientes,


y si se le limpia, se le lava, o se le desinfecta,
igual que la semilla: ya no germina,
o ya no produce su fruto,
y si lo logra, ese fruto es endeble, insípido, degenerado.

¿No nos hemos dado cuenta


lo que ha producido la pureza de la razón?,
¡por Dios santo!,
¡casi arrasamos con la humanidad!
Y, sin embargo, los académicos
seguimos limpiándonos las manos
y hacemos gestos cuando el campesino
nos ofrece su mano enterresida,
porque dentro de nuestra supuesta asepsia
dizque esa mano hiede,
pero –enceguecidos en nuestra lógica
y por nuestros prejuicios–
no sentimos que es una mano salvadora,
que sin ella ya hubiésemos perdido el equilibrio
que los profetas se esfuerzan en mantener.

El pensar,
todo pensar, no sólo el «auténtico»,
hiede.

Ahora bien, es evidente, que


hay varias formas de pensar,
acordes con su geografía y su cultura,
y que se podrían clasificar de diversas maneras.
En este rato no nos detendremos en ello.
Más despuesito, veremos.

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Nos interesa, acá, aquel pensar


sin esencia
que gira en torno al preguntar.
Se ha dado en llamar Filosofía.
No es una cualquiera forma de pensar
(aunque, a veces, se prostituya).
Podría ser la forma esencial
del pensar sin esencia.
Su símbolo es el interrogante,
y su realidad, la pregunta.
Entre los griegos fue precedida por la admiración,
pero no siempre es así.

Preguntar-se es forma fundamental de pensar:


quien aprende a preguntar
sabrá tantear la semilla;
no todos aprenderán a preguntar
aunque todos hagamos preguntas;
es preciso saber preguntar-se.

La filosofía es sabiduría del preguntar.


Por ejemplo:
la filosofía se pregunta por el ser humano,
por su naturaleza y su sentido;
la filosofía se pregunta por el cosmos,
por su orden, su estructura, y sus estados;
la filosofía se pregunta por el conocimiento,
por sus posibilidades y sus logros;
también se pregunta por el lenguaje,
por el arte,
por la vida,
por la justicia,

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por lo sagrado y la divinidad,


y por todo lo que considere
digno de preguntar;
pero muy especialmente se ha preguntado por
lo que es.

Antiguamente, ahora, y siempre,


como decían los griegos,
deviene la pregunta por el ser:
¿Qué es lo que es?,
¿por qué el ser?,
¿cómo así, lo que está?,
¿hacia dónde [se] está siendo?
Son preguntas en las que uno se detiene
no meramente
mientras se toma un refrigerio,
son preguntas de toda la vida,
y de muchas vidas…
¿Qué es el ser?,
ha sido en la historia de la filosofía occidental
la pregunta fundamental.

Cuando se quiere aprender griego


y se tienen entre las manos los clásicos griegos
encuentra uno que esa lengua tiene su particularidad:
es una lengua ontológica.
Su morfo-sintaxis está construída sobre
la base, el fundamento, el eje
del verbo ser,
y así es como se comprende por qué fueron ellos,
precisamente ellos, los griegos,
quienes elaboraron la pregunta

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por el ser.
El pensamiento griego clásico
es ontológico.
Su interés está centrado en
lo que es.
No fue cosa solamente de Aristóteles,
quien sistematizó esta disciplina filosófica
a la que él llamó filosofía primera,
ni fue cosa originaria de Parménides
de quien conocemos el llamado
poema del ser,
ni siquiera de tiempo de los presocráticos
quienes se preguntaban por el fundamento de todas las cosas
y algunos siendo tan explícitos
a la hora de hablar sobre lo que es o no es
como Gorgias;
no,
no fue cosa solamente de intelectuales,
sino que era una actitud cultural
propia del pensamiento griego:
la partera, el esclavo, el herrero,
como el filósofo, el político, o la poeta,
pensaban y se expresaban en términos
de lo que es,
apalabraban todas las cosas
siendo,
es decir, siempre, con el verbo ser,
no podía ser para ellos de otra manera,
¡esa era su forma de pensar!,
esa era su cultura,
una cultura ontológica,
por así decir.

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Y es algo sencillo, nada complejo de comprender:


para los griegos era la democracia,
para los griegos era la ciudad,
para los griegos era la filosofía,
así como era Zeus, era Alejandro, o era el Hades;
¿qué tenían en común el Olimpo, Pericles,
y el río de Heráclito?,
que de ninguno se podía dudar su ser;
el Olimpo es, Pericles es; el río es.
¿Y qué es eso del ser?,
¿puede darse algo sin ser?
¡Es todo lo que es!,
¡y esto es admirable!,
o por lo menos para los griegos era asombroso:
¡es todo lo que es!,
¡maravilloso que las cosas sean!
Es el árbol, y es la semilla,
es el aire, y es el fuego,
es el día y es la noche,
es el macho y es la hembra,
¡caramba!,
¡todo lo que es, es!
¡Es!
¡Ser!
¡Lo que es!
Admirable cosa, para los griegos.
Y por ello se preguntaron:
¿qué es el ser?,
¿qué es aquello que hace que las cosas sean?,
¿cuál es la esencia de lo que es?,
He ahí la actitud filosófica:
preguntarse

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(y en principio no se trata de preguntas rebuscadas,


complejas, profundas, o trascendentales),
preguntarse
por lo que son las cosas,
por el ser de las cosas,
y así ir diferenciando cada cosa de su ser,
porque una cosa es cada cosa
y otra cosa es su ser, su esencia,
lo que hace que esa cosa no deje de ser lo que es:
el ser de la cosa.

En la historia de la filosofía se ve que


cada pueblo va apalabrando ese ser
acorde con su tradición cultural:
ser, esencia, sustancia, causa (primera),
primer principio, ente, uno,
Dios,
hecceidad, sujeto, fundamento,
realidad,
pacha, estar…,
de todas maneras y siempre queriendo apalabrar
lo que es,
todo-lo-que-está-siendo,
aquello que hace que las cosas sean,
diríamos en América Latina:
su semilla.

El pensamiento indígena y popular


solamente se comprende
desde su contexto vital, orgánico
(que el pensamiento culto y académico
ha residualizado),

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porque el sentido de lo que es


se comprende, en profundidad,
desde un horizonte existencial
donde la vida no se puede residualizar,
sino que, todo lo contrario,
es ella el dínamo que orienta
todo lo que es.
El pensamiento indígena, campesino, y humilde,
si apenas se roza con una racionalidad
de abstracciones y conceptos categoriales
(estos son secos y ausentes de vitalidad),
su razón de ser se encuentra bastante antes
de semejantes elucubraciones intelectuales:
si «apenas» está imbricado
en la semilla
cuya fuerza interna, en condiciones adecuadas,
le lleva a germinar,
con un ritmo propio,
vital,
que es a la vez universal,
total.
En el campo, la semilla
se deja estar:
se toma su tiempo de preparación,
y así, se inmola, se sacrifica,
hasta el límite del hedor,
dentro de su razón de ser vital,
orgánica.
¿Podría el pensamiento indígena y popular
darse de espalda a esta realidad tan evidente?
En manera alguna.
Pensamiento y vida van a una:

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se piensa lo vital
y se vive como se piensa,
con lo pensado.
Esto es un pensar seminal.
Que, además, trae muchas otras implicaciones.
La semilla cae
porque quiere reintegrarse al suelo,
ésta es la primera,
que la señaló Rodolfo Kusch.
La semilla germina
con una fuerza rítmica y una finalidad vital,
tal vez ésta sea la segunda.
Quien piensa desde la semilla
no se cuida de lo abstracto y conceptual,
porque la semilla, ahí, está
y esto, quiérase o no, es fundamental.
El fundamento se topa en la semilla.
Sin semilla solamente se daría [la] nada,
y con la sola nada (como con el solo ser)
deviene esquizofrenia, desequilibrio,
falta de armonía cósmica, universal,
vital.
Aquí no hay nada nuevo o novedoso:
esto es sabiduría ancestral.
Y es una forma de pensar;
es, también, filosofía primera,
porque trata del fundamento originario de todo
lo que es,
ontología vital, existencial, o si se quiere:
orgánica,
propia del pensamiento indígena y popular,
que también señala la posibilidad del fruto

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por una mediación sagrada,


de donde se hace necesario el rito
y desde donde se comprende ese mundo simbólico
que siempre le acompaña.
No se daría el fruto, el fruto no podría ser,
sin que algún sujeto sagrado
imponga su fuerza fundante
que hace que las cosas sean como han de ser,
pero es necesario pedir, rogar, interceder,
sacrificar,
para lograr el fruto,
y en él se evidenciará, entonces, también,
esa fuerza sagrada en la que está.
No podría ser de otra manera.

Todo lo que es
tiene una razón sagrada de ser.
Pensar es saber comprender esa «razón»
porque sólo en ella se alcanza el sentido existencial
vital
que nos posibilita
estar-siendo-con-sentido.
La filosofía, en este contexto, no es otra cosa
que la búsqueda de respuesta a los interrogantes
por el sentido de ser
desde nuestro ser,
el más sutil de los cuales es
la pregunta por el ser.
Saber pensar es saber preguntar(se),
y en ello encuentra su consistencia el filosofar;
filosofías hay muchas,
porque hay muchas formas de pensar

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y de preguntar;
pero el filosofar radica en saber
preguntar
por la esencia de lo que es y de lo que no es,
que, de fondo, es saber preguntar
por el ser y el estar.

Ya sabemos que cuando se pregunta


es porque no se sabe,
pero, a su vez, porque se sabe
(si no, sería imposible preguntar).
Algo se sabe de lo preguntado
y algo no se sabe.
Como en la semilla: algo hay de árbol en ella,
pero el árbol no está.
Si está el árbol ya no está la semilla,
si está la semilla aún no está el árbol.

¿Y acaso no todos los árboles
ofrecen su semilla?
¿Y acaso no todas las formas de pensamiento
ofrecen su filosofía?
¿O acaso los filósofos pueden adueñarse de ella?
¿No son, a veces, los filósofos
los más alejados de la filosofía?
Grecia fue un terreno muy propicio
para la filosofía,
pero no el único.
El único terreno radicalmente propicio
para el filosofar
es el pensar,
independientemente de Grecia,

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de Alemania, o de Occidente.
¡Cómo pueden haber pueblos
que se adueñen del pensamiento!
¡Cómo pueden haber pueblos que se arroguen el derecho
de razón universal
y que dejen sin razón a quienes no se acogen
a su forma de pensamiento!
¡Y así, tan dogmáticamente,
creen saber pensar!

Desde ahí,
al pensamiento indígena y popular
se le ha menospreciado
como inculto, o peor, en Latinoamérica
se le ha señalado como barbarie.
¡Bárbara es nuestra forma de pensar
que se enraíza en lo sagrado!,
¡inculta es nuestra forma de pensar
que no convoca a los grandes intelectuales
de una determinada tradición cultural
sino que invoca a los dioses
porque da su puesto a la divinidad!,
¡de mera opinión es nuestro «pensamiento filosófico»
que no sigue los cánones de la lógica occidental!

¡Qué poco inteligente es la razón


que solamente cree en la razón!,
¡qué tupe es la filosofía
ciega a sus raíces culturales!,
¡qué necia es la ciencia
que cree desterrar a lo sagrado
por no hallársele en ecuación alguna!

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¿Qué estupidez es esta de las semillas transgénicas?


¡El ser humano jugando a ser Dios!
Fundamental es lo sagrado
y necesario es el rito.
¡Esto sí es primer principio!
Natura,
dice Anastasio Quiroga.
Lo natural está en la semilla
y ella germina sagradamente.
Pensar, en este sentido,
no es más que germinar.
El suelo de las preguntas,
que ya se da de antemano,
posibilita el pensar;
éste germina lentamente
y a debido tiempo:
no hay afán.
Brille el sol o esté nublado el cielo,
a su debido tiempo,
germina el pensar.
Es propio de todos los seres humanos
ponerse a pensar,
y hay quienes se hacen buena tierra
para su cultivo;
ahí están.
Estamos los filósofos
aprendiendo a pensar,
desde la semilla natural en contexto cultural;
no hay pensamiento puro ni aséptico,
todo pensar es cultural,
aunque alguna filosofía se crea
puramente racional,

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a pesar de creer a toda costa


en el mito de la razón pura,
en el mito de la argumentación conceptual,
y del saber cierto por ser categorial.
¡Cuánto dogmatismo
e imperialismo ingenuo cultural!

Opinamos, pues, que la filosofía


es aquella forma de pensar
nutrida por la pregunta
que interroga todo aquello que es y que no es
posibilitado seminalmente
desde el ámbito sagrado
que se nos ofrece en el sentido existencial
cuando verdaderamente
se comprende
desde las raíces vitales
de lo que está
no ante nosotros
sino con nosotros
y en nosotros.

Nosotros estamos siendo:


sólo en nosotros acaece a la vez
estar y ser;
en ese nosotros
todo-y-nada, ser-y-no-ser,
estar-siendo
todo-a-la-vez;
cielo-universo(s)-pacha-creador-criatura,
fuerza espiritual,
sentido vital,

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vida existencial,
eternidad que acaece en lo temporal,
temporalidad propicia a lo espacial,
suelo no meramente geográfico
porque es también cultural,
maíz, haba, zapallo, papa, trigo,
madero, piedra, fuego,
huaca, ángel, espíritu,
Dios,
hedor, residuo, barbarie,
mera opinión,
razón-emotiva,
argumento que cae en contradicción,
preguntas sin respuesta,
y salvación… :
estamos siendo
nosotros
(no yo, no tú, no otro),
no ser abstracto, categoría racional
y hasta inhumana,
sino estar-siendo
como estamos viviendo
verdadeando
nuestra semilla de ser.

¡En fin!
Filosofar es sentir el pensamiento
mientras se piensa lo que se siente
y se pregunta por lo que aún no se comprende
esperando poder comprender
en algún momento de nuestra eternidad
la comprensión de lo esperado

31
Juan Cepeda H.
______________________________________________

cuando se nos ha señalado


con la salvación.

¿Lo puedes presentir?


He ahí el brote.
Siente abrirse la tierra
para poder germinar.
Asoma el cachito de vida
verdadeando un cierto verdor.
Palpita en el vientre
un ritmo que parece canción.
Sangra la vida:
¡está-siendo!
Lo que es está siendo,
y para comprender
hay que estar
no más,
sin tanta algarabía conceptual,
sin dogmáticas exigencias
de lo categorial:
está,
se está,
siendo,
acaeciendo,
en el infinito devenir eterno
de lo que es.

Bien. Ya estamos
en la shagra de la siembra
y es el tiempo propicio.
Nos aproximaremos, primero,
a la comprensión vital;

32
Sentipensar ontológico
______________________________________________

luego, nos abandonaremos a la


ribera de los cerros que cantan
hundiéndonos en la melodía existencial
con sus ritmos propios;
así, hasta encontrarnos con las
filosofías dinámicas de la investigación
que nutren este ejercicio del pensar
y que nos dejan a las puertas
del hecho mismo de la pregunta
en una pregunta concreta, la semilla
de este filosofar:
¿es posible una ontología latinoamericana?
Inmediatamente abordaremos
la exposición de nuestro quehacer, el sentipensar:
sintiendo el pensamiento;
que nos arroja al nacimiento
de un sentido ontológico:
fuerza,
rítmica,
autopoiética,
total,
con lo que finalizaremos esta senda
latinoamericana
a propósito de aquella pregunta
que no deja de interrogar qué es el ser,
a la que tú podrás
ayudar a comprender
en los últimos versos
aún por escribir…

33
Juan Cepeda H.
______________________________________________

34
Sentipensar ontológico
______________________________________________

1. A LA COMPRENSIÓN VITAL

Antes, ahora y siempre


ha estado ahí presente
la pregunta por el ser,
pero el primer pensador
que sistematizó los saberes
habidos hasta su época fue
Aristóteles.
El estagirita retomó su tradición,
se hundió en ella,
la asumió total y críticamente,
la comprendió,
y redactó unos cuantos rollos
que intituló
filosofía primera,
cuatro siglos después renombrada
metafísica,
y varios siglos después de él
delimitada nuevamente como
ontología,
según la conocemos hoy día.
A decir verdad,
Aristóteles no se preguntó «por el ser»
en términos de nuestra lengua castellana;
la pregunta, en el rollo siete de la filosofía o
sabiduría primera,
no está redactada con el verbo infinitivo ser
sino con el participio activo.

35
Juan Cepeda H.
______________________________________________

En lengua castellana no existen


los participios activos
a la manera del pensar griego,
empezando porque en nuestra gramática
hemos terminado por separar
entre formas personales y no personales
de la conjugación,
identificando las formas no personales
no como acciones verbales
sino apenas como formas verboides
que más bien hemos sustantivizado:
quien está amando
(quien está ejerciendo la acción de mar)
es amante
(está siendo amante)
pero en nuestra lengua lo encontramos sustantivado
como el amante, la amante;
quien está corriendo
(quien está ejerciendo la acción de correr)
es corriente
(está siendo corriente)
pero en nuestra lengua lo encontramos sustantivado
como la corriente;
quien está cayendo
(quien está ejerciendo la acción de caer)
es cayente
(está siendo cayente)
pero en nuestra lengua no tenemos normalmente
ni sustantivo ni participio activo
del verbo caer;
y algo similar nos acaece con ser
pues no tenemos una palabra

36
Sentipensar ontológico
______________________________________________

que nos ofrezca la señalada acción


propia de este verbo;
¿cómo se apalabraría en lengua castellana?, si
de amar, amante
de correr, corriente
de caer, «cayente»
de ser … ¿«siente»?
¡Lo-que-es!, ¡lo-que-está-siendo!
¿Cómo, entonces, comprender
la pregunta por el [ser]?
La pregunta por lo-que-es
de todas formas es
la pregunta de la sabiduría primera
u ontología.
Lo preguntado en dicha pregunta
de todas maneras
no es cosa abstracta,
ni un concepto,
ni siquiera la categoría absoluta
racionalmente bien argumentada
que mienta la palabra «ser»,
no, eso no;
no ha comprendido bien
quien así lo considere.

Lo que pregunta la pregunta


propia de la ontología
es por el ser
en cuanto acto de ser,
en cuanto está siendo,
en participio activo griego,
sin nada de generalizaciones,

37
Juan Cepeda H.
______________________________________________

ni de abstracciones,
ni de concepto universal:
el ser en su desnudez completa,
en cuanto es,
ser-siendo,
ser-en-acto,
en su más concreta acción de ser,
«siente»,
ya dijimos
como quien ama, amante
como quien sufre, sufriente
como quien piensa, pensante…
«siente»,
el ser en su acaecer,
no el ser que está ya en las cosas,
sino el ser que está fluyendo en ellas
mientras son
y en cuanto son siendo.

No nos quedemos en las respuestas


que ofreciera Aristóteles
ha siglos,
ahondemos en la pregunta,
hundámonos en la pregunta,
una pregunta de
sabiduría primera:
¿qué es el [ser]?,
¿qué es [lo] siente?,
¿qué es aquello que está siendo,
de fondo,
mientras las cosas son?,
¿qué es el acto-de-ser?

38
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Lo sido ya es y no puede dejar de ser:


es el ser de Parménides.
Lo ser como categoría fundamental
y concepto indefinible
es el ser de los filósofos,
en el fondo vacío, nada.
Lo siente, cual sangre ontológica
en el torrente existencial
de lo que es,
es el ser de la sabiduría primera,
el ser de Heráclito,
y tras del que estuvo Heidegger.

Ser
en cuanto estar-siendo,
ser en acto,
acaecimiento ontológico
de todo lo que es.

Lo que es.
Lo que es.

La dinámica de ser
independientemente de la palabra
con que se le quiera nombrar.
La sabiduría primera
no es filosofía del lenguaje, no es analítica,
porque no se trata de un concepto,
ni de un universal, ni de una categoría
racional.

¿Cómo acaece [el] ser?

39
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Él acaece como esencia, como sustancia,


como ente, como ente real,
se le puede identificar con Dios,
se le puede determinar como realidad,
inclusive como cosa,
como naturaleza, como pacha,
pero se corre el peligro de apegarse
a cualquiera de estos términos
en cuanto respuesta
a la pregunta que es la que nos interesa,
por ahora.

¿Cómo acaece [el] ser?


¿Como un río que fluye incesantemente?
¿Como un manantial que mana incansablemente?
¿Como la vida que se reproduce naturalmente?
¿Cómo la divinidad que permanece eternamente?
¿Cómo la semilla que germina telúricamente?
¡Río!
¡Manatial!
¡Vida!
¡Divinidad!
¡Semilla!
Fluye. Está siendo.
Seduce.
Me hundo
en su ser
para poderle comprender.

Anonadarse en lo que es:


¡eso es comprender!
Dejo de ser yo

40
Sentipensar ontológico
______________________________________________

en cuanto cosa, objeto, sujeto,


mío,
para hacerme suyo, de su naturaleza,
en su esencia:
co-mprender
implica la comprensión de ambos,
uno en el otro,
lo otro en unidad,
diferencia-e-identidad
a una.
No se comprende si no se anonada,
es decir,
si no se deja de ser lo que es (en sí mismo)
para ser con lo otro en lo otro.
Cuando se comprende se anonada
el egoísmo de algo o alguien
que se quiere imponer,
que se quería imponer;
en la comprensión se hallan
los dos, juntos a la vez,
y todos, también juntos,
porque ya no son todos
sino que somos sólo uno
en el ser.
Somos
siendo
en lo que es.
En la comprensión se va la vida,
vital es comprender.
La semilla se comprende en la tierra,
en su suelo,
se anonada,

41
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¡y germina!,
de otra forma no puede ser.
Es posible su posibilidad
al anonadar su identidad.

Comprender es hundir(se)
telúricamente,
ahogarse, anonadarse,
para salvar(se) de lo que es
en lo que es.
No se puede comprender
y seguir siendo lo mismo
o el mismo.
Quien comprende se transforma
anonadando
su propio ser,
en el ser
de lo que es.

Un día, Árbol
fue buena sombra para algún Lector,
quien sostenía un Libro en atenta mirada
al Decir de sus palabras.
Lector a veces volvía con Libro
y los dos se comprendían en su Decir:
no se sabía quién era más feliz.

Una noche se escuchaba sollozar,


pero sin Luna no se podía saber quién.
Sin embargo era fácil sospechar
ya que junto a Árbol amanecía bastante humedad.

42
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Pasaron los días.


Paseando Luna se conmovió con Árbol
y al preguntarle
éste ha confesado su pesar:
aunque ofrece sombra a Lector y Libro
quiere sentir la felicidad de Decir
y para ello está dispuesto a morir.

Así fue.
Vino Aserrador, pidió permiso, sufrió el corte,
y llevó a Árbol para convertirlo en papel.
Son las hojas de papel
que constituyen este Libro
que busca Decir algo en la sombra,
a algún Lector
que quiera comprender.

¿Has encontrado tu sombra?


Sólo a la sombra, podrás comprender.

El problema del ser


es luz
que necesita una sombra.

Luz y sombra,
ser y no ser,
todo y nada,
estar y acaecer.

¿Has encontrado tu sombra?

Mírate el alma.

43
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Escúchate en tu ser.

¿Has encontrado tu sombra?

Una sombra, para comprender.


Una pucha de tierra, junto al árbol.
Échate y descansa.
Deja tanto afán.
No jodas tanto, ni te dejes joder.
¿Cómo crees que devienen estos versos?
¡Emergen del papel!
¡Van apareciendo milagrosamente!
Verdadean,
poco a poco,
y sin afán.
Ahí están.
Dicen lo que es.
¿De otra manera podría ser?
Hay algo sagrado
que les da toda su posibilidad.
Quiérase o no,
son versos divinos,
no solamente porque verdadean lo que es,
sino sencillamente
porque son…
y son, a la sombra,
no en plena luz;
se arrancan de la tierra
como cuando se arranca la flor
del tallo, en la planta,
¡y hay verdor!,
¡vida!

44
Sentipensar ontológico
______________________________________________

¿Se logra comprender?

Sólo se comprende la vida.


La vida comprende todo lo que es.
Todos los universos en el universo
están en función de la vida.
El sentido de lo que es
es vital.
¿De qué valdría el Sol?,
¿de qué valdrían las estrellas todas?,
¿de qué valdrían las galaxias?,
¿de qué valdría todo lo que es?,
¿de qué … sin vida?

Comprender es ganar el sentido existencial.


¿Por qué somos?
¡Si ya somos!
Si esto se comprende,
lo demás no es más que comprenderes chiquitos
de no difícil comprensión.
¿Por qué no anonadarnos en lo pequeño?
¡Es la posibilidad de ser!
¡De ser en grande!

Así como la vida comprende todo lo que es,


también el entendimiento humano
puede comprender vitalmente las posibilidades de su ser.
Sin necesidad de inventarnos mundos posibles
de idealidad racional tan abstracta
que hiera lo vital.
Al contrario,
dando razón de ser

45
Juan Cepeda H.
______________________________________________

de nuestro contexto concreto


en donde se enraíza culturalmente
nuestra existencia,
porque vida humana y cultura
van a una.
Eso es así;
¡eso es, qué le vamos a hacer!

Se piensa culturalmente.
Se es culturalmente.
¿Se nos va a arrancar de la cultura?
¡No seamos inhumanos!
Culto es nuestro ser, culto es nuestro saber.
Culto es el saber popular,
culto es el saber indígena:
hundidos en la cultura.
Inculto se ha quedado el saber racional
e inculto quiere ser el saber científico.
¡ay!, ¡inhumanos!
Nuestro saberes ancestrales, siempre,
han sido y han estado cultos.
¡Eso es!

Desde sus orígenes, lo culto


verdadeó con lo sagrado,
y por eso: «culto»;
la cultura es el cultivo de lo sagrado
(que también es oculto, no objetivable),
como los operadores seminales
de la sabiduría indígena y popular,
que son los que hacen que seamos como somos
y que estemos como estamos:

46
Sentipensar ontológico
______________________________________________

cultos.

Comprender el pensamiento indígena y popular


conlleva, entonces, dejar de ser inculto,
es decir, exige, anonadarse de la postura racional,
científica y objetiva;
si no se anonada semejante actitud
entonces no se podrá comprender
en su justa medida
la sabiduría primera
del pensamiento indígena y popular,
y solamente se juzgará
desde los prejuicios del mito racional,
de la pureza conceptual
y de la abstracción categorial.

Comprender es anonadamiento vital,


hundimiento telúrico,
hedor culto,
enraízamiento seminal en acto de germinación,
arrancamiento de la sombra en el decir
después de ofrecerse víctima,
hostia oculta
en el estar de la hoja que apalabra
su sentido existencial.

La cultura de lo que es
emerge desde la comprensión vital
y originaria
del acontecer cotidiano en el que nos encontramos.
Ser es comprender.
El ser comprende su sentido ontológico.

47
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Naturalmente.
El ser comprende su sentido vital.
Solamente en la vida se comprende
lo que es.
Solamente como vida
se comprende el sentido
de lo que es;
de ahí lo fundamental de comprender
adecuadamente
la comprensión;
ésta conecta las estructuras existenciales
entre ser y vida.
Ser sin vida, si apenas se puede entender
(muy racionalmente, por supuesto);
vida sin ser, si apenas se le puede explicar
(muy objetivamente, por supuesto);
ser en función de la vida
es el modo de la comprensión existencial
que oculta todo el sentido ontológico
de lo sagrado
que hace culto a todo ser humano.

La comprensión es vital.
Y con ello: sagrada, culta.
Anonada en lo oculto
como la semilla que se sacrifica
para germinar,
porque sólo así puede ser
(la posibilidad de su ser).

El fundamento de nuestro pensar


está en la vida, en lo vital.

48
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Pero nuestro pensar no es ratiocéntrico,


si se quiere: no es meramente racional;
y si se quiere puede considerársele irracional
en cuanto emerge de sentido
(sentido existencial),
sentimiento ontológico
en lo-que-es;
el pensamiento filosófico
(sabiduría primera)
indígena y popular
exige el modo de comprensión
existencial (ontológico)
sin el cual no se llega al fondo de lo que es,
y sólo desde el cual
se logra el suelo que sustenta
la grandeza y la profundidad de su [no] decir.

No se dice lo sagrado (culto),


se habita en lo sagrado.
O se dice, a costa de correr el riesgo
de perder su naturaleza más propia
(como en el caso de las teologías).
Por eso, desde el horizonte del habitar-sagrado
solamente es posible la comprensión;
si no se logra una verdadera comprensión
jamás se podrá, entonces, ir más allá
de los meros límites de prejuicios
que enceguecerán la esencia verdadeante
de lo siente
con toda la sabiduría que le corresponde de suyo.

¿Hiede este acaecimiento hermenéutico existencial?

49
Juan Cepeda H.
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Seguramente.
Como hiede lo natural
y como trasciende lo sobrenatural;
heder es trascender,
lo que trasciende es el hedor
de lo que es.

Hay a quienes les hiede la cultura,


a quienes les hiede el mito,
a quienes les hiede lo popular,
¡y no se fijan en su propio hedor!
Hedemos todos,
porque hiede el ser.
¿Y qué semilla no hiede?
¡Toda la vida hiede!
El ser es puro hedor:
que lo diga la tradición escolástica
a la vanguardia de los trascendentales del ser.

En el proceso de comprensión
hiede el acto de comprender,
por la naturaleza de su anonadamiento
vital.
En la perfección del comprender
no hay asepsia;
si hay asepsia se malogra comprender.
En el acto de comprender
se pierde la pureza
de la posición dogmática
y de la apariencia de razón universal
(la razón pura no es más que un mito
propio de una cultura

50
Sentipensar ontológico
______________________________________________

que intenta deshacerse de los mitos


y de las improntas culturales);
en el acto de comprender
se termina hediendo a lo otro,
se aprende a aceptar al otro,
se finaliza anonadándose en la otredad
que ya no es otra
sino la misma
porque ya se está siendo a una
en la diferencia.
Eso es.

Y de ahí el hedor.

Pero deviene la salvación.


Aunque no se crea en ella.
¡Ya se comprenderá!
La vida salva de la muerte.
¡Eso es así!
Vital es la salvación.
Así como Árbol se ha salvado en Libro.
Transformación de la vida,
pero en definitiva: vida
salvada,
que ya no muere,
sino que permanece
creciendo
y acaeciendo.
El sentido vital
es dinámico,
se nutre y se enriquece,
su perfección

51
Juan Cepeda H.
______________________________________________

está en perfeccionarse
cada vez más.
Este sentido ha estado oculto:
la perfección de lo perfecto
está en perfeccionarse,
y en tal perfeccionamiento
acontece, quiérase o no,
la salvación.
Es connatural a la vida.
¡Qué le vamos a hacer!

Queda, pues, claro que


el horizonte de comprensión
desde el que se asume el
pensar ontológico
es vital,
donde la vida cobra una cierta
preeminencia seminal
que le da un sabor
existencial.
Queda, también, claro que
la comprensión
no se reduce a mera interpretación
por más subjetiva u objetiva que se le quiera,
sino que la asumimos como
anonadamiento existencial
que deviene en el hundimiento connatural
en lo otro,
donde el hedor por la pérdida
de la pureza dogmática
de la racionalidad universal
resulta siempre como parte del proceso.

52
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Y se reitera que
por ser ésta una dinámica
en la que intervienen seres humanos
queda adherida toda la impronta
cultural
que enriquece,
por un lado, la dinámica comprensiva,
y por otro, el mundo óntico-ontológico
que es.

Tanto vida, como anonadamiento y cultura,


ensombrecen la perfección de ser.
Pero el ser no necesita para nada
de asepsias purificadoras
que solamente una razón mitificada
puede imaginar.
Ser, en cuanto lo que es,
acto de ser,
acontecimiento dinámico
en el que todo está,
deviene en hedor perfecto,
es decir
que su perfección
radica
en el perfeccionamiento
de su acaecer.

La vida comprende al ser,


el ser se comprende en la vida,
comprende lo vital.
La comprensión
no es más que un nexo existencial

53
Juan Cepeda H.
______________________________________________

entre ser y vida


en donde uno se anonada en otro
salvándose mutuamente.

Del corazón de la comprensión


emerge el nosotros
en el que se estanca la pluralidad
del ser,
la diferencia se trastoca en identidad,
y la caridad muestra su germinación
(ahí, donde inicia la salvación).

La comprensión no se reduce a
interpretación,
y menos a interpretación de textos escritos
o fijos en el arte,
sino que ha resultado ser
parte esencial
del problema ontológico,
porque, al fin y al cabo,
se comprende lo que es,
y esto no quiere decir poca cosa.
El hecho de la comprensión
lleva consigo el acto de ser,
cuando lo que se comprende
es el ser.
La comprensión se inunda de ser
en su acaecimiento,
en la acción de comprender.
Lo que se comprende es la esencia de las cosas,
sean éstas reales, ideales, virtuales, posibles,
e inclusive, fantásticas.

54
Sentipensar ontológico
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La comprensión máxima
–por así decirlo–
es la comprensión fundamental:
cuando se hunde en el ser.
Si lo que es puede ser comprendido
nunca serán suficientes las palabras,
ni el arte, ni la mística,
para expresar aquello comprendido…
¿entonces?
¡Habrá que dejarse estar no más!
¡Eso es!
Comprender el ser
no será más que estar siendo en él,
hundido en lo que es,
independientemente de lo que se llegue a lograr
(de comprensión),
cuando quien comprende
es, apenas, un ser humano.
Y si solamente comprenden los seres humanos
es ya otro problema que no se va a tratar acá
(aunque, valga decir,
que el antropocentrismo moderno-occidental
también en algún momento
comprenderá sus límites).
Nuestro horizonte acá,
en esta primera aproximación,
se abre desde la comprensión vital,
a la que se ha intentado llegar
desde el contexto suyo propio
de sentido existencial,
sentido ontológico,
vislumbrado en la naturaleza ecológica

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Juan Cepeda H.
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de la semilla
que se hunde telúricamente
para lograr sus posibilidades de ser.

56
Sentipensar ontológico
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2. RIBERA DE LOS CERROS QUE CANTAN

Dice don Ciro:

En noche lluviosa Puihuan Chico toca su corneta. Su


corneta hecha de cuernos de toro. El ganado se espanta
cuando oye la corneta del cerro Puihuan. Los pastores dicen
entonces: para el cerro llegó su tiempo, tiempo de hierra. El
ganado del cerro grita, hace bulla, como cuando el ganado
de verdad va llegando a la cancha. En tropas parece que
pasan. Pero no se ve.

El cerro toca su corneta. Los otros cerros se alegran y le


contestan. Es tiempo de herranza de los cerros.*

¿Cómo sabe estas cosas don Ciro?


«Desde antiguo nos las han contao.
Hace muchas lunas, siglos inclusive.
Si a mis abuelos se las contaron mis abuelos,
imagínese usté».
Naturalmente, no vamos a detenernos acá
en los comentarios despectivos
que ante una respuesta así
hace el académico, el filósofo,
el científico, con su lógica racional.
Nosotros

*
Ciro Laura Chuquispuma: Herranza del cerro Puihuan. Sentir recogido
por Arturo Jiménez Borja en Lunahuaná, Perú. Publicado en Imagen del
mundo aborigen, Lima: 1973. p. 37.

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Juan Cepeda H.
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vamos a partir de lo que don Ciro nos dice,


a saber:
que el Cerro Puihuan, ese cerro chico,
de vez en cuando toca su corneta
y los otros cerros se alegran
y le contestan.
Hay que estar en los Andes
y saber escuchar a los cerros.
Obviamente que en Santiago, La Paz, Lima
Quito, y Bogotá,
en los recintos sagrados de los investigadores
académicos,
las únicas cornetas que se escuchan
son las de los autos en las calles
donde reina la contaminación auditiva,
y ya no sabemos escuchar.

Hay que estar en los Andes


y saber escuchar los cerros.

Los cerros no solamente tocan su corneta


sino que cantan y danzan.
A veces cantan alegres,
a veces cantan tristes,
a veces danzan alegres,
a veces danzan tristes.

La tecnología nos enseña cómo desforestar cerros,


pero ahora nadie enseña a escucharlos.
¿De qué conciencia hablan los que educan?
«Si ya no hay conciencia,
pa’qué jodemos».

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Sentipensar ontológico
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¿Qué es lo que enseñan los que enseñan?


«Puriticas matemáticas,
¿y eso pa’qué?,
y una historia que n’ues nuestra,
¡no me vayan a joder!»

[…]

No queda más que hacer silencio


y agachar la cabeza
ante estas sentencias
de don Faustino, de la señora Cruz,
y de la señora Bríjida.

Uyarikuytan yachana.
Hay que saber escuchar.
Hay que aprender a escuchar.
Hay que enseñar a escuchar.
¡Hay tanta palabra vacía por ahí!
¡Se ha desnaturalizado la palabra!
¿Queremos aprender a escuchar?

Primero: Silencio.
Debemos alejarnos a un desierto,
sea lejano o muy próximo,
sea externo o interno,
sea en la ciudad o en el campo
pero se debe hallar un desierto
y obligarse a él;
hay que abandonarse en medio de un desierto
como primer paso para comprender el Silencio.
Al comienzo no escucharás nada

59
Juan Cepeda H.
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puesto que los oídos tienen guardados todos los ruidos


que traes contigo,
pero al pasar algunos días
o semanas
encontrarás en el Silencio
alguna melodía,
normalmente: tu propia melodía,
de la que podría hacer parte
el viento,
el agua,
el fuego,
la piedra,
el paso rápido de alguna hormiga,
el zumbido lento de alguna abeja,
el paso líquido alveolar de algún cactus,
o también, el trueno de una tormenta,
el toque de una trompeta,
o pasos y saltos de cabros y ovejas.
Así podrás ponerte en sintonía contigo mismo
y de tu melodía con la de la naturaleza.

Segundo: Encuentro.
Después de semanas o meses
de aprendizaje del Silencio,
podrás salir del desierto
e ir al Encuentro.
Si has aprendido bien
no serás tú quien quiera hablar
y hacer de maestro,
sino que será tu actitud
continuar en Silencio.
Iniciarás, entonces, el proceso

60
Sentipensar ontológico
______________________________________________

de degustación de la escucha:
Ya sabrás que el que mucho habla
mucho yerra,
y en tu iniciación espiritual
no debes permitirte deambular
de aquí para allá y de un lado para el otro
con la palabra,
pero escucha
lo que dice aquel y lo que dice aquella,
como se impone alguno con su discurso
acallando al otro,
lo que murmura alguno aun con su mirada
y las creencias todas
que esconden todos los discursos,
y cómo alguno se aferra
a eso que no es más que su propia creencia
ofreciendo argumentos
dizque objetivos
que le dan completa certeza,
pero mientras todo esto pasa
no dejarás de escuchar
el Silencio
de alguna melodía,
normalmente: tu propia melodía,
de la que podría hacer parte
el viento,
el agua,
el fuego,
la piedra,
el paso rápido de alguna hormiga,
el zumbido lento de alguna abeja,
el paso líquido alveolar de algún cactus,

61
Juan Cepeda H.
______________________________________________

o también, el trueno de una tormenta,


el toque de una trompeta,
o pasos y saltos de cabros y ovejas.
Alimenta tu Silencio interior
por sobre todas tus riquezas,
mantenlo permanentemente
vivo,
algunos lo han logrado
con el ritmo de la respiración,
u otros con el ritmo de su corazón.
Cada quien debe ser consecuente
con su propia sinfonía.

Tercero: Atención íntegra.


Debes saber esto:
hay académicos e intelectuales
que saben mucho,
pero son muy pocos;
la mayoría solamente repiten el discurso
de sus libros y de sus revistas,
de sus amigos y de sus colegas,
nada es propio,
en éstos sus palabras no dejan de ser
mentira y falsedad;
aprenderás a identificarlos
y a no prestarles mucha atención;
atiende más bien
a quien habla desde la interioridad
de su propio ser,
sólo éste es aut-éntico;
es Maestro quien discurre
desde su propia experiencia

62
Sentipensar ontológico
______________________________________________

y ya ha conocido lo fundamental,
atiéndelo con sumo cuidado
sin fijarte en cosas secundarias
(si no tiene toga,
o si viste de alpargatas,
si su vestido está bien planchado
o si camina con sandalias,
si ha escrito libros,
si tiene doctorado,
o si ha viajado por el mundo);
puede ser un gran Maestro
el albañil que llega a tu casa,
la señora de la esquina
que ofrece bien calientito el tinto o la aromática
cada mañana,
el campesino con su vieja ruana,
o una ama de casa;
y acepta con paz interna
que no todo profesor es Maestro,
ni todo doctor
con su cartón de doctorado,
ni todo profeta
aunque hable del evangelio
tantas veces anunciado…
pero escúchalos a todos,
atiende incluso a lo callado,
no desprecies ninguna palabra,
ninguna actitud,
ningún gesto desobligado:
cada uno está diciendo
lo que en su corazón lleva guardado.

63
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Cuarto: verdadear.
Cuando pidan tu opinión
hazte escuchar
así como tú has escuchado;
normalmente hay altaneros
que quieren seguir hablando,
quitan la palabra
y dejan al mundo aguardando.
Si tienes tú la palabra
no se la dejes a un vago
porque quienes escuchan
merecen una luz de verdad.
No olvides que entre verdad y certeza
hay abismos sin profundidad,
la certeza es un discurso, una lógica,
o una creencia
que se sabe argumentar,
la verdad
dice lo que es
y lo dice con aut-enticidad:
ha emergido en el Silencio
y ha madurado en edad,
no es cosa de mero discurso
ni de racional silogismo,
es ontología de la más elemental:
escucha,
escucha cómo verdadea
el aire en el viento,
la humedad en el agua,
el calor en el fuego,
o la fuerza en la piedra,
escucha,

64
Sentipensar ontológico
______________________________________________

vuelve a escuchar.
Siempre habrá que volver al desierto
para retroalimentarnos de Silencio
y no dejar de estar aprendiendo
el saber escuchar,
hasta que logremos comprender
el sonido de la trompeta
que sigue tocando Puihuan de tiempo en tiempo.

Después de mucho ejercicio


y de ganada la experiencia
se ha aprendido a escuchar.
Uyarikuytan yachana.
Pero ni la palabra ni la escucha
son ejercicios del mero Decir.
La esencia original, propia,
aut-éntica
de estos ejercicios es
sentir.
También, entonces, debemos aprender
a sentir.
De todas formas solamente se llegará
a este aprendizaje
cuando ya se sabe escuchar.

Tusunayay.
Lo primero
que hay que saber es
sentir el ritmo.
Su origen es divino
y por ello toda la creación está impregnada de él;
seguramente, también por ello,

65
Juan Cepeda H.
______________________________________________

la hembra y, particularmente, la mujer


gozan de un cuerpo más rítmico
que el de los machos.
No hay cosa alguna,
no hay persona alguna,
no hay espíritu alguno
sin ritmo;
todo lo que es
acaece rítmicamente;
hay melodía en su ser
porque ser es pura melodía,
puro ritmo.
Si se tacta la naturaleza
se siente su ritmo:
con estaciones o sin ellas,
en el macro-universo o en el micro-universo,
a tiempo y a destiempo.
Nuestros antepasados se guiaban
por las calendas lunares
que siguen marcando su ritmo femenino,
sereno y tranquilo.
Hay ritmo en el universo:
él se expande armoniosamente
dejando huellas melódicas por doquier.
Si vas al campo,
a lugares donde el ser humano
no ha modificado la naturaleza
podrás sentir su ritmo:
se ve, se escucha, se huele,
y se siente en el alma.
O una clase en el salón:
¡a veces su ritmo

66
Sentipensar ontológico
______________________________________________

nos permite sentir la melodía de la misma,


con sus altibajos y sus giros,
que evidencian una danza!
Se debió haber aprendido a escuchar
para facilitar, ahora, sentir
la armonía de lo que es,
el ritmo interno de las cosas,
y la armonía de unas junto a las otras,
su silencio, su compás,
y todo el sentimiento de su estar,
señalado allí y así
por el corazón de su Creador
quien no ha hecho más que materializar
una sinfonía universal
dentro de la que danzamos
todas las creaturas.
¿Nos hemos fijado en el ritmo de los pájaros?
¿Nos hemos fijado en el ritmo de los peces?
¿Hemos atendido al ritmo
que lleva el río?,
¿o al que acompaña al océano?
Ahora tenemos, ya,
la música de los planetas.
Nuestro oído no nos da
para escuchar la melodía de cada cosa,
pero cada cosa, cada cuerpo, lleva
una melodía en su alma,
y de ahí viene “la química”
o “la media naranja”,
o a veces el apego a cosas
con las que nos identificamos
(aunque, valga decirlo ahora,

67
Juan Cepeda H.
______________________________________________

de todo apego debemos,


para nuestro bien, liberarnos).

Habrá que estar varias veces solo


en medio de la naturaleza
buscando comprender
el ritmo de su estadía,
la armonía de lo que hay,
su ser como melodía.
Aprenderás en la soledad
lo que Natura misma te enseña,
sin palabras, sin discursos,
sin racionalidad lógica conceptual alguna,
aprenderás a conversar con el árbol,
con la quebrada, con el camino,
con el sol y con la luna,
con la flor, con la semilla,
con el trópico, con la puna,
con la lluvia, con el viento,
con la nube, con el horizonte, y con el cerro,
pasarás largos ratos
aprendiendo de todos ellos,
y cada uno de ellos, a su vez,
siempre estarán dispuestos
a repetir con claridad
la lección desde su inicio.

Podrás aprender también


el ritmo de tu propio cuerpo,
para lo que deberás estar
a él, concentrado, muy atento,
sin dejarte arrastrar por el afán

68
Sentipensar ontológico
______________________________________________

que te impone el mundo externo


con ese su ritmo tan acelerado
en el que se pierde
el sentido fundamental
de la vida,
olvidándose que la vida tiene su propio ritmo
y que en ninguno es idéntico.
Pero esto sólo lo sabe
un verdadero Maestro
y por ello no espera uniformidad
ni en sus aprendices más diestros.
Así como florece el jardín:
el clavel, la rosa, el girasol,
la begonia, el tulipán, la orquídea,
cada uno tiene su tiempo.

Ni se diga, si quisieras,
comprender el ritmo interior
de tu alma y tu espíritu,
los tres cantan a una
la melodía de su ritmo;
solamente se alcanza la integralidad
cuando se armoniza
espíritu, alma y cuerpo
siguiendo el pentagrama
de sus notas y silencios.

Tú,
tu mundo,
y el universo entero,
todos van a una,
en un ritmo sempiterno,

69
Juan Cepeda H.
______________________________________________

pero por no estar a él atentos


nos hacemos un infierno,
donde lo técnico y lo objetivo,
más el egoísmo enfermo,
desarmonizan las estructuras
corpo-anímico-espirituales
desde las que estamos siendo
y crean interferencias
deformantes y dolorosas
que nos llevan
a perder
el sentido,
sentido ontológico y existencial, vital y cotidiano,
que nos facilita vivir con verdadeante alegría.

Simi uyarikuy yachay.


Ahora vayamos a la palabra.
No deberíamos pronunciarnos
sin sentir
cada una de nuestras palabras.
¡Qué importante es
saber sentir la palabra!
Para que la palabra verdadee
se hace necesario
que ella emerja de su útero natural:
el silencio.
La palabra da a luz la verdad
solamente si ella cumple sus términos
de gestación en el alma,
de lo contrario
no resulta siendo más que una cadena de abortos
del lenguaje vocabular.

70
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Cada palabra ha sido semilla,


se gesta, y brota,
y puede llegar a producir el ciento por uno.
Pero sentimos, a veces,
meras palabras huecas,
que ni a semilla llegan.
En el lenguaje se lee
cómo está de enferma la sociedad
con su crónica diarrea de palabras.
¡Ay!, los medios masivos de comunicación
¡que no comunican nada!
Puro discurso líquido
desligado de su matriz,
superficialidad vana,
información pasajera,
caldo de cultivo
para los buitres.
¡Ay! quienes deberíamos ser
mucho más responsables
con la palabra:
para ser responsable
se debe preparar cada palabra,
se debe meditar
en el silencio
místicamente;
pastores, profesores, abogados,
tenemos una gran responsabilidad
con todas nuestras palabras,
aunque en general todo hablante,
cada uno de los seres humanos,
y todos deberíamos aprender
que saber hablar

71
Juan Cepeda H.
______________________________________________

no es meramente pronunciar palabras;


saber hablar
es verdadear con la palabra:
sentirla existencialmente,
ofrecerla desde su profundo sentido ontológico,
expresarla de corazón
y con el corazón,
o mejor sería callar.
¡Daremos cuenta de nuestras palabras!

Así, de la misma manera,


la palabra pronunciada con hondo sentido
merece ser escuchada en esa frecuencia:
ante la palabra divina
habrá que tener una escucha divina;
ante la palabra ontológica,
una escucha también ontológica;
ante la palabra mí(s)tica,
una escucha mi(s)tica;
de lo contrario, se desvirtúa
su sentido original,
y terminamos culpando a la palabra
de nuestras deficiencias.

Aprender a escuchar
es imprescindible.
Y no es fácil aprender
en medio de tantos ruidos.

He aquí la importancia de ir al desierto


o a la puna.
Allí te sentirás desprotegido

72
Sentipensar ontológico
______________________________________________

de falsas palabras
y te sentirás anonadado
en un punto infinito del universo.
Parecerá que no tienes más amistad
que la de la piedra
o la de la arena:
entonces empezarás a comprender
el valor sagrado de la palabra,
y alcanzarás a escuchar el eco
del canto de los cerros
cuando danzan.
¡Qué mística es la palabra!

También hay quienes saben


que Dios creó el universo
con su palabra,
pero no dudo
que si así lo hizo
fue mientras danzaba
porque todo él está impregnado
de esa melodía divina
con que nos habla
por doquier,
como también fue Francisco de Asís
quien, comprendiendo ese lenguaje,
compuso su Cántico de las Creaturas.

¡Canta el universo!
¡Canta Dios!
¡Y canta cada creatura
en la creación!

73
Juan Cepeda H.
______________________________________________

En su conjunto, todo,
no es más que una magistral sinfonía
con coral en todos sus movimientos,
la sinfonía eterna
que va realizándose
en su eternidad melódica,
de la que nos perdemos
por pasárnosla entre nuestros ruidos.

La palabra que se piensa y no se siente


es como la partitura que se escribe y no se ejecuta;
si lo que se siente es una cosa y lo que se dice es otra
se produce una distorsión en la melodía.
La unidad melódica de lo que es
está en
sentipensar:
sentir-y-pensar,
pensar-sintiendo,
pensar-con-sentimiento,
verdadear.

Se verdadea naturalmente.
La naturaleza toda
no hace más que verdadear,
mostrarse en su ser
desde su sentir.
Por esto es necesario
estar en armonía con la naturaleza
para que acaezca el sentipensar;
no se sentipiensa
ni a espaldas de la naturaleza
ni abstrayéndose de ella,

74
Sentipensar ontológico
______________________________________________

sino desde el ámbito natural


que ella misma nos ofrece
como terreno abonado
que garantiza la buena germinación
de un pensamiento seminal.

Verdadear
tiene como suelo
el sentipensar;
el ejercicio del sentipensar
no hace más que poner en práctica
la aproximación a la verdad
por caminos enriquecidos
de diversos sentires y saberes
(no se reduce sólo a lo racional),
y su horizonte de comprensión es
vital,
porque la vida es la gran reguladora
de sentido del ser.

Nunaq kaynin watukuy.


Cuando vivenciamos lo que es
nos topamos, también, con
el espíritu:
persona,
fuerza,
ámbito,
raíz,
esencia,
unidad,
totalidad,
suelo de suelos,

75
Juan Cepeda H.
______________________________________________

pacha,
Dios,
soplo.
Las palabras humanas nunca serán suficientes
para definir lo espiritual.
¡Y hay tantas concepciones espirituales!
Pero encontramos algo evidente, seguro:
se siente el espíritu,
ahí está,
eso es.

Gracias al espíritu
lo que es tiene sentido,
un sentido existencial,
un sentido de ánimo, de entusiasmo,
un sentido de esperanza,
que aviva la fe
y dinamiza la vida.

Quienes abrimos nuestra alma


a lo espiritual
convocamos conexiones transontológicas
con las que se equilibran fuerzas diversas
que constituyen el universo
y que nos llevan a puntos de equilibrio
[trans]natural, trascendental,
y a la vez telúrico seminal.
Recordemos la historia que narra Jung
evocando la sequía de Kiautschau,
y como las plegarias de su gente no lograban
hacer cambiar el tiempo,
llamaron a un sabio de Shantung, en el interior de China,

76
Sentipensar ontológico
______________________________________________

quien vino y se encerró tres días en una casita


que tenía un jardín,
y al cuarto día cambió el clima.
¿Cómo se ha logrado este milagro?
Aquel hombre ha explicado
que fue algo sencillo:
en ese lugar donde todo estaba desequilibrado,
él se encerró a buscar el equilibrio
y cuando él lo encontró
en medio de ese ambiente,
inmediatamente la naturaleza también vuelve
a su ritmo.

El espíritu y el mundo espiritual


no constituyen otro mundo fuera de éste,
es a una con nosotros, en nosotros.
Comprender la armonía
propia del ritmo de todo lo que es,
traducirla verdadeantemente en la palabra,
y unirla espiritualmente
en este único mundo universo
en el que estamos siendo,
hace que se sintonice
la sinfonía natural
del estar siendo que no deja de ser.

La naturaleza toda
está indiciada de espíritu,
¿si no cómo es que la semilla quiere
regresar al suelo?,
por eso no deja de ser una verdad primera,
como bien lo señaló Kusch.

77
Juan Cepeda H.
______________________________________________

La verdad primera
no está dada por la razón
ni por procesos meramente racionales o logocéntricos;
para la razón su verdad primera
es objetiva y, en consecuencia, científica,
sin darse cuenta
que esa es sólo una partecita de la verdad.

La verdad primera
provee fundamento a
lo que es
(aunque, hoy día, ciertas corrientes líquidas
sean asépticas a lo fundamental).
Hay un suelo ontológico universal,
espiritual,
en el que se comprende
verdad primera y verdades segundas,
verdad fundamental y verdades secundarias,
verdad ontológica y no ser existencial,
verdad óntica y nada … de nada.
La comprensión, acéptese o no,
siempre será espiritual,
y por ello siempre es responsable,
da cuenta de.
No en vano el espíritu
ha hecho una morada especial
en el ser humano,
único ser
corpo-anímico-espiritual.
El espíritu
exige la responsabilidad,
pero solamente se será

78
Sentipensar ontológico
______________________________________________

responsable
si se comprende en su justa medida
lo que es.

Estamos convocados, entonces,


a comprender mejor
para responder adecuadamente.
La comprensión existencial,
aquella que nos hermana fraternalmente
con lo otro y con el otro,
y que nos lleva inclusive
al sacrificio de uno mismo.
Solamente quien sabe comprender
no duda en sacrificarse,
lo que resulta indudablemente
un acto espiritual.

Sentir el espíritu
posibilita la comprensión
integral
de todo lo que es
siendo,
y desde su estar.

Es así como se comprende


la ribera de los cerros
cuando los ríos se secan,
o el canto de los cerros
cuando se sabe escuchar,
y se comprende lo incomprensible,
o lo infinito,
o lo enigmático

79
Juan Cepeda H.
______________________________________________

en su misterio.
¡Hay que estar no más!

80
Sentipensar ontológico
______________________________________________

3. FILOSOFÍAS DINÁMICAS
DE LA INVESTIGACIÓN

Fue de Rodolfo Kusch que aprendimos


que se dan múltiples formas
de un mismo pensar.

El pensar
tiene, entonces, diversas manifestaciones,
que se pueden radicalizar
según el suelo cultural
sobre el que se funden.

Creer que solamente se piensa


si se lo hace racionalmente,
es eso: solamente una creencia.

Naturalmente que hay uso de razón


en todo pensar,
pero no hay que hacerse confesional
de la razón
para ajustarse al pensamiento.
Esto solamente ocurre en el mito occidental.

Naturalmente hay sentimiento


en todo pensar,
pero hemos descuidado
esta arista del pensamiento,
por lo que se acuña el término

81
Juan Cepeda H.
______________________________________________

sentipensar
para señalar este suelo sentiente
desde el que se nutre
el pensamiento.

Simi uyarikuy yachay.


Saber sentir la palabra
encarnada existencialmente
desde su suelo:
sentipensar.

Mi palabra y la del otro,


analogía del Decir.
Mi palabra y la de los otros,
interculturalidad dialéctica.

El decir se expresa
(de uno u otro modo)
pero no todos comprenden
su sentido.
Y se puede considerar
que hay un solo sentido en ese decir,
o que son múltiples sus sentidos.
¿Qué pensar?
¡Ya se dijo!:
hay quienes piensan
en un único sentido,
unívocamente;
hay quienes piensan
en múltiples y relativos sentidos,
equívocamente;
analógicamente, también,

82
Sentipensar ontológico
______________________________________________

puede pensarse
en un y diverso sentido.

Lo que es
se dice en múltiples sentidos:
el ser mismo se expresa
de múltiples maneras,
o sea que no hay un solo decir
del ser,
sino que, por decirlo así,
él se expresa en múltiples decires
porque, evidentemente,
no hay un único decir-se
del ser.
Pero como es el ser el que [se] dice
todos sus decires
no pueden más que tender a la unidad
de su más propia esencia.
¿Podría ser de otra manera?

¿Y cuál sería su más propia esencia?


Sentido.
En una primera aproximación preliminar
lo que se atisba
es el sentido de ser,
el ser como sentido,
que resulta siendo
sentido ontológico
y nada más.
¿Podría darse algo sin sentido?
Todo lo que es
tiene [su] sentido,

83
Juan Cepeda H.
______________________________________________

todo lo que es
no es más que sentido,
sentido ontológico.
Pero es éste [un] sentido
constituído ontológicamente
de manera diversa:
no a la manera de una esfera compacta,
sino a la manera de una red
con multiplicidad y diversidad de nodos
que son los que precisamente
constituyen la red como red.
Igual que una fuerza
constituída por diversidad de fuerzas
que estructuran verdaderamente
“la” fuerza “final”.

Hay, pues, una riqueza dinámica


de sentido(s)
constituyendo todo lo que es,
y en este sentido
ser no es más que decir;
señalando, claro está, que no se hace referencia
a un decir de meras palabras fónicas
pronunciadas por hombres o dioses;
se trata de un decir-ontológico,
de un decir-verdadeante,
decir que verdadea lo que es…
ser que [se] verdadea en su decir,
en su mostrarse,
y de ahí que hay quienes hayan comprendido
que ser y decir son lo mismo,
o que ser y razón son lo mismo,

84
Sentipensar ontológico
______________________________________________

o que ser y verdad son lo mismo,


pues son lo mismo
pero no en el mismo sentido
tradicional
meramente ligüístico,
ratiocéntrico;
en el contexto de una comprensión ontológica
se alcanza a identificar la diversidad
dada entre decir, razón, verdad y ser,
por lo que un camino facilitador
para esta clase de comprensión ontológica
sea la hermenéutica analógica.

Mauricio Beuchot
en su Tratado de hermenéutica analógica
propone el modelo analógico de la interpretación
como un modo de hermenéutica-ontológica
que busca prudentemente una salida
al equivocismo y al univocismo
en que caemos cotidianamente
en cada una de nuestras interpretaciones,
en cada uno de nuestros decires,
seamos amas de casa, carpinteros,
panaderos, modistas,
profesores, académicos,
políticos, deportistas o religiosos.

Nos recuerda, Beuchot, que para univocistas


solamente hay una interpretación verdadera,
aquella de la que ellos son sujetos:
su propia interpretación;
su manera de comprender el mundo

85
Juan Cepeda H.
______________________________________________

es defendida dogmáticamente
como la manera apropiada de comprender,
por lo que no resulta difícil
pasar de esta actitud
a la de colonizante
buscando imponer -con razones o sin ellas-
su propio punto de vista
a todos los demás.

Esta actitud univocista


puede darse en personas de condición humilde
como en personas de alto nivel académico,
podemos encontrar a un hombre en la calle
o a una mujer en la academia
defendiendo a ultranza férreamente
su forma de comprender las cosas,
su manera de asumir el mundo,
y acallando a sus contradictores
con argumentos racionales
que evocan autoridades religiosas o científicas,
que dogmatizan principios sociológicos o espirituales,
echando mano de una u otra razón,
de una u otra sentencia,
de uno u otro mandamiento
con tal de convencer a los demás
que la suya sí es la verdadera razón.
A veces también se encuentran
argucias seductoras,
amables,
cordiales,
detrás de las cuales
se esconde el ímpetu de una univocidad

86
Sentipensar ontológico
______________________________________________

dogmática
que no se doblega ante nada.

Al otro extremo, también nos encontramos


personas que escuchan a todo el mundo
y a todos les dan la razón,
izando la bandera de la diversidad
y de la multiplicidad de posibilidades
de ser,
concediendo derecho a todo el mundo
para que se exprese como le parezca.

De fondo esta actitud plurivocista


también es univocista
(aún a pesar del relativismo absoluto
que defiende)
pues lo que se defiende
es el principio totalitarista
de la relatividad
sin límites:
¡todo es relativo!

Con ese “todo es relativo”


se le quiere dar cabida a todo el mundo
bajo ese único horizonte
que abre el realitivismo absoluto.

Seguramente es verdad
que todos somos igualmente relativos.
Pero no con la misma relatividad.

De acá que sea necesario

87
Juan Cepeda H.
______________________________________________

el respeto por la diferencia


desde una actitud prudente
que asume lo diverso y lo diferente
desde una cierta identidad
a partir de la cual
se abre el horizonte de comprensión
desde el que se está,
y que no se puede relativizar a gusto.

Pueden considerarse cuatro modelos


de analogía:
la primera, muy próxima a la univocidad,
analogía de desigualdad
es comprendida como aquella
que aplica un sentido no idéntico
idénticamente a todo
dándose de hecho una desigualdad en su aplicación;
por ejemplo: cuando se dice cuerpo
de todos los seres corpóreos
como si fueran cuerpos idénticos
o idénticamente,
pero, en verdad, no es igual
un cuerpo humano
que un cuerpo animal,
que un cuerpo vegetal
o que un cuerpo meramente material:
evidentemente todos son cuerpos
pero desigualmente,
porque el ser mismo de cada uno de estos cuerpos
comporta diferencias esenciales.

El segundo modelo,

88
Sentipensar ontológico
______________________________________________

muy próximo a la equivocidad,


es la analogía de proporción impropia,
trópica o metafórica:
al contrario de la anterior
se aplica por su igualdad
en algún sentido
minimizando al máximo las desigualdades;
por ejemplo, cuando se considera diversamente
dios
al dinero, al poder, al placer,
sólo en vista a su referente Dios
todopoderoso y omnipresente,
o cuando se considera diversa y metafóricamente
-impropiamente-
flor
a la edad más bonita (la flor de los quince años),
al mejor ejemplar (la flor de su arte),
a una acción atrayente (la flor de una presentación),
sólo en vista al referente
de la flor cuando se abre
y se muestra en toda su belleza.

En este modelo
se da un referente principal
desde el cual se ofrece la analogía,
pero si acaece como en la analogía de desigualdad,
en la que no se puede explicitar tal referente,
entonces se tiene la analogía de proporcionalidad propia:
el grado de analogía no depende de otro que es el referente
sino que todos los analogados,
desde su más propio ser,
comparten dicha proporcionalidad analógica;

89
Juan Cepeda H.
______________________________________________

por ejemplo, cuando se considera el ser


ya que cada ser tiene ser proporcionalmente (a su ser)
y cada uno de los seres participa del ser
para poder estar ahí siendo
en su más propio ser.
No es que haya un referente extrínseco: el ser,
pues todo ser, por ser lo que es,
lleva en su esencia el ser (de lo que es)
y en proporción “sustancial” a ese ser de lo que es.

Pero se encuentra, por lo menos, otro modelo,


el de la analogía de atribución:
según éste, hay una jerarquía de sentido ontológico
que depende del referente a partir del cual se atribuye
su sentido a los demás, y no metafóricamente; por ejemplo,
inteligente se aplica a una inteligencia íntegra
que puede dar cuenta explicativa
de los más diversos aspectos posibles de comprender
y por ello hay quienes creen que el más inteligente
es Dios,
o que el ser humano más inteligente
es el que más sabe
o el que mejor responde numerosas respuestas;
pero se le atribuye también inteligencia
al animal que sabe sortear dificultades
o al vegetal que lucha por mantenerse vivo,
de donde se deduce una analogía
aplicada por atribución de sentido real y efectivo
con una referencia
a partir de la cual se atribuye analógamente
ese su sentido
a otras cosas, realidades, y/o acciones.

90
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Como se ve, la analogía


no es ni unívoca ni equívoca;
tal vez pueda decirse que es
analógica,
pues su sentido conlleva
la diversidad de los modelos
en que ella se realiza.

Comprender adecuadamente
la esencia de la analogía
posibilita aproximarnos
a lo que buscamos con el
sentipensar ontológico:
no se busca extremar,
por un lado, el sentimiento y la afectividad,
o, por otro, el pensamiento y la razón,
sino que lo buscado
está en el equilibrio tensionante
entre estos dos “extremos”
que consideramos
es como se da no solamente
nuestro estar en el mundo,
sino el mundo mismo,
el cosmos total,
la realidad íntegra
de todo lo que es.

La ciencia se ha dedicado a descubrir


racionalmente
el ser de las cosas
ahí ante los ojos,
en su evidencia fáctica.

91
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¡Y se han dado pasos impresionantes!


Pero lo real
no puede reducirse
solamente a lo fáctico y evidenciable
lógica y racionalmente;
lo sentimental e irracional
también hacen parte de la realidad,
aunque ello se escape
a los parámetros de los estudios
propios de la ciencia;
o, también, por ejemplo, lo espiritual
aunque no sea científico
no se puede residualizar
desde la “realidad” científica,
particularmente cuando la realidad espiritual
podría ser tan o más fundamental
que aquella.

No es suficiente el método científico


si lo que se busca es aproximarse a la verdad
(o a las verdades que nos sean posibles);
no es suficiente la dialéctica, la fenomenología,
la arqueo-genealogía, ni la teoría crítica…
Igualmente valiosa es la conversación,
el mambeo,
la opinión,
los saberes populares y ancestrales
tradicionalmente transmitidos
de generación en generación.

Análogo respeto merecen cada una de estas sendas


tan necesarias

92
Sentipensar ontológico
______________________________________________

en el camino a la verdad.
De acá la validez y necesidad de los aportes
que nos ofrece la filosofía intercultural.

Raúl Fornet-Betancourt insiste


en poner la filosofía
a la altura de las exigencias
del diálogo entre las diversas culturas,
no en abstracto, como un propósito ideal
sino como una tarea concreta
enraízada en el marco histórico
que nos ha correspondido vivir,
que se va aprendiendo, precisamente,
en ese quehacer cotidiano y comprometido
del filosofar
con la realidad.

A lo que se señala, inmediatamente,


ser cuidadosos
con las condiciones
de las reglas de juego
para que se dé ese diálogo
en equidad,
lo que conlleva, tal vez, transformar
ese diálogo
en una conversación fraterna de pares
donde no se impongan argumentos
por la lógica de su racionalidad
sino donde todos nos escuchemos
de acuerdo a la dignidad humana
con que todos estamos siendo en el mundo
y nos sintamos convocados

93
Juan Cepeda H.
______________________________________________

a participar en igualdad de condiciones


independientemente de títulos,
de cargos laborales y de burocracias académicas;
resulta, hoy día,
una exigencia ineludible
que la misma formación en nuestras disciplinas
nos enseñe a conversar
con otras disciplinas y con los distintos saberes
no sólo de nuestra cultura
sino de todas las culturas,
o, por lo menos, estar abiertos
a esa diversidad disciplinar y cultural
para dar un paso más allá
de esa egolatría académica
que, pedante, también resulta equivocada.

No hay una sola cultura en el mundo


porque no hay sólo una forma de vida
entre los seres humanos.
La humanización de nuestro planeta
(tan buscada siempre
y nunca alcanzada),
la globalización de la política
y de la economía (bajo el horizonte
de una determinada cultura),
la “democratización” de todas las sociedades
(incluso por obligación exigida
por una u otra potencia)
no son la panacea ni la solución
a los múltiples problemas
que padecemos los Pueblos,
ni son las mejores opciones

94
Sentipensar ontológico
______________________________________________

de las que dispongamos.

Es preciso conversar
interculturalmente
sin que ninguno de los integrantes
de dicha conversación
busque imponer su propia cultura.

El respeto
por la cultura ajena,
por las tradiciones diferentes,
por las diversas formas de vida,
por las personas
-todas las personas,
todos los seres humanos
en cuanto personas-
es un requisito necesario
para iniciar un diálogo intercultural

La actitud abierta
para escuchar al otro
con el mismo interés
con que quiero ser escuchado,
sin querer atiborrarlo con críticas,
y sí habiéndose esforzado
sinceramente
en comprender
su ser esencial, su sentipensar,
su cultura, su tradición, su lenguaje,
con toda atención,
es necesaria
-pero todavía insuficiente-

95
Juan Cepeda H.
______________________________________________

tras de aproximarnos
a la convivencia pacífica,
en la búsqueda del ideal evangélico
de la no-violencia
que debe irse fomentando
desde el seno materno,
y en cada familia,
que debe desarrollarse y asumirse
en la educación escolar y universitaria,
para poderse regular
y mostrar ejemplarmente
en la vida cívica y política
de los Pueblos.

***

Tenemos, entonces, dos elementos


claves y estructurales
del sentipensar ontológico:
comprensión e interculturalidad.

A partir de la hermenéutica analógica


se nos señaló
la necesidad de una búsqueda prudente
y en lo posible equilibrada
de nuestras interpretaciones.

Apuntamos, ahora, que interpretar


no es solamente atender a los textos escritos.
La primacía del texto escrito
debe abrirse a otras posibilidades de expresión,
el dogmatismo de la herramienta argumentativa

96
Sentipensar ontológico
______________________________________________

no debe cerrarse a otras formas de exposición;


las tradiciones orales, icónicas, musicales,
también esperan ser comprendidas adecuadamente.

Comprender
exige la humildad
de querer sentir lo que el otro siente,
de querer hundirse
en el hedor ajeno,
de no tenerle miedo al padecimiento
de poner en duda mis más radicales creencias
en un ambiente amable
en el que nos podamos encontrar todos
mirándonos a los ojos
con la mirada del alma.

A partir de la filosofía intercultural


se nos señaló
la necesidad de sopesar respetuosamente
esas otras miradas,
esas otras formas de vida,
buscando cordialmente
que ninguna de ellas se imponga
(ni de forma violenta
pero tampoco de forma solapada
por medio de argumentos
meramente racionales, dizque universales)
sino que se vayan discerniendo
en el trato cotidiano
de los unos con los otros
y, en el mejor de los casos,
con la mejor herramienta didáctica,

97
Juan Cepeda H.
______________________________________________

a saber: la del ejemplo.

Nuestro ser
-el de todos los seres humanos-
naturalmente abierto a la comprensión,
ya ubicado en este mundo concreto
en el que estamos,
debe ser educado
con la fuerza del corazón
hacia la realización de una
comprensión intercultural
que por su naturaleza misma
dejará de ser
una
pues ella misma sólo podrá realizarse
diversamente,
desde el seno de cada una de las culturas
desde las que se esté siendo en el mundo.

La esencia de la comprensión intercultural


es plural.
Y también es humana
en el sentido de que responde
a una naturaleza corpo-anímico-espiritual.

La comprensión intercultural
se alcanza
cuando alcanzo a sentir como piensa el otro
y puedo pensar su sentir
desde mi corazón.

¡Mírate el alma!

98
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Éste es, pues, el primer paso


para esbozar una ontología
que vaya mucho más allá de los meros conceptos.

99
Juan Cepeda H.
______________________________________________

100
Sentipensar ontológico
______________________________________________

4. ¿ES POSIBLE UNA ONTOLOGÍA


LATINOAMERICANA?

¿Qué pregunta esta pregunta?


¿Acaso que si, en paralelo a la ontología universal,
podemos pensar
en otra ontología,
pero que se pregunta por el ser latinoamericano?,
¿o, más bien, pregunta por la posibilidad
de una respuesta a la pregunta universal
por el ser
contextualizada
desde los saberes latinoamericanos,
populares y/o ancestrales?

¿No ha sido una constante en la filosofía,


desde los griegos,
la pregunta por el ser?,
¿no es la filosofía latinoamericana,
ni más ni menos filosofía?,
¿entonces sí nos es posible
una ontología
propia del pensamiento filosófico latinoamericano?

¿No es cierto
que tenemos muchas dudas
al respecto?
¿Dudamos si entre los indígenas precolombinos,
o en los actuales grupos étnicos,
se preguntaron por el problema del ser?,

101
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¿nos cuestionamos si en nuestra comunidad filosófica


hay alguien interesado
en el problema del ser?,
¿pensamos que en toda esa tradición escolástica
de América Latina
no hay más que repetición de las ideas filosóficas europeas,
y que, en consecuencia,
pasa exactamente lo mismo con la metafísica?,
¿o sea que nosotros, los latinoamericanos,
ni antes, ni después, ni nunca
hemos sido ni seremos
sujetos de ser?

¿Somos de los que pensamos


que el problema del ser,
y todos los problemas de la filosofía occidental,
son propios de una civilización más inteligente,
jamás igualada por alguna otra?,
¿estamos convencidos
que eso de la metafísica y la ontología
son problemas abstractos
que a nosotros no nos tocan?,
¿creemos que,
porque la ontología tuvo un cierto desarrollo
en Europa,
y en general en la cultura occidental,
no será otra la senda a seguir
si avanzamos en dicha disciplina aquí
en América Latina?,
¿alguno de nuestros prejuicios
tiene que ver con los acá nombrados,
o son de otra naturaleza?,

102
Sentipensar ontológico
______________________________________________

¿hasta dónde llegan nuestros prejuicios?

¿No se puede comprender,


acaso,
que cuando las comunidades indígenas
tienen en sus lenguas
el verbo ser,
han tenido que pensar de forma similar
a griegos y alemanes
para lograr el apalabramiento
de la acción de ser de las cosas?,
¿es posible que se evidencie que
ningún otro pueblo tenga
ese nivel ontológico de los griegos?,
¿es posible que,
aún sin un término para el verbo ser,
toda lengua, al fin y al cabo,
no haga más que apalabrar
todo lo que es, cierto?,
¿entonces, sería posible,
que todo pueblo tenga su ontología,
aunque su lengua
no apalabre «ser»?

¿A esta forma de pensar


se le puede tachar ingenuamente
de totalitarismo e imperialismo ontológico?,
¿no somos todos los seres humanos
sentipensantes de ser,
de lo que es?,
¿los que nos dediquemos a sentipensar el ser
estaremos condenados, todos,

103
Juan Cepeda H.
______________________________________________

a pensarlo como lo hicieron griegos y alemanes,


europeos y occidentales?,
¿no hay otra posibilidad?,
¿quienes así piensan y adoctrinan
no son totalitaristas?,
¿no se ha llegado a convertir
en un imperialismo anti-ontológico
esta actitud
de ciertas escuelas filosóficas
occidentales y latinoamericanas?

¿Es posible una ontología latinoamericana?


¿Es posible una disciplina filosófica
que se pregunte por un sentipensar del ser
desde el contexto cultural latinoamericano?,
¿es posible preguntarnos
cómo los latinoamericanos
(indígenas, campesinos, afros,
gente del pueblo, e intelectuales)
asumimos
lo que es,
es decir, el ser de las cosas?,
¿es posible que ya se haya avanzado la respuesta?,
¿no es un serio avance,
en este sentido,
toda la obra filosófica
del filósofo argentino
Rodolfo Kusch?,
¿se ha dado la posibilidad de verificar
si en verdad los estudios escolásticos
de metafísica,
en América Latina,

104
Sentipensar ontológico
______________________________________________

no fueron más que mera copia


de los tratados europeos?,
¿no es verdad, igualmente,
que Mauricio Beuchot,
ya ha avanzado en esta investigación,
y ha topado valiosas novedades?,
¿no se han hecho serios estudios,
por ejemplo, de la recepción de Heidegger
en América Latina,
y en ellos se han evidenciado
las novedades
con que se asumió el pensamiento ontológico
en el siglo XX?,
¿y qué decir de los tratados de metafísica,
totalmente novedosos,
de José Vasconcelos,
Juan David García Bacca,
Agustín Basave Fernández?,
¿los hemos estudiado con esa rigurosidad
con que asumimos el estudio
de los tratados occidentales?

¿No es cierto
que los prejuicios en contra de la
filosofía latinoamericana
son más drásticos
contra una posible
ontología latinoamericana?,
¿no es cierto
que nos hace falta investigar mucho más
lo que nosotros mismos hemos producido?
¿No es admirable

105
Juan Cepeda H.
______________________________________________

que al conversar con algunos colegas


se hable de
ontología náhuatl,
ontología mapuche,
ontología campesina,
e inclusive haya quienes pensemos en una
ontología muisca?

¿No sería lo acá expuesto


el primer insumo para una ontología
pensada desde América Latina?,
¿pero no habría que pensarla
más allá de los límites de nuestra América?,
¿no habría que pensar más bien
en algo así como un
sentipensar ontológico
que convoque a todas aquellas culturas
que no endiosamos ni dogmatizamos la razón,
ni el pensamiento lógico ratiocéntrico,
ni la objetividad del conocimiento,
ni, ¡menos!, una laicicidad del pensamiento
que lo desnaturaliza de su ámbito sagrado?

¿Creemos en la posibilidad
de una respuesta a la pregunta por el ser,
o nos vamos con la salida de moda
apuntando de antemano que no hay respuesta?
¿Quienes afirman que no hay respuesta
no son acaso aquellos
que dependen del modelo silogístico
racional
que se consideran los legítimos herederos

106
Sentipensar ontológico
______________________________________________

del pensamiento griego?,


¿nosotros, como residuo de esa cultura,
no tenemos derecho a pensar,
y a pensar diferente?,
¿estaremos siempre dependientes de su juego?

¿Somos?
¿No somos?
¿Somos no?
¿Somos, siendo lo que somos, su no?
¿Nos acostumbramos solamente a ser su negación?
¿Qué tal si negamos su negación?
¿Entonces nos afirmaríamos en nuestro
estar?
¿Nuestro ser es mero estar?
¿O patentizar el estar
no implica reducirse a estar?

¿No se nos negó por siglos nuestro ser?


¿No se nos obligó a mero estar?
¿No se nos jodió la vida
tanto
por «justa razón»?
¿Podemos, ahora, desde nuestro estar,
asumir
la pregunta por el ser?
¿Desde nuestro estar?
¿Cómo podría ser?

¿No se está
como la semilla?,
¿con todas las posibilidades de ser,

107
Juan Cepeda H.
______________________________________________

desde lo más íntimo, profundo, marcado


de su propio ser?
¿No es la semilla la casa materna del árbol?
¿No estaban las posibilidades del árbol
en esa pequeña semilla,
en esa su casa?
¿No se es árbol
pero se está en la semilla?
¿Utcatha?
¿Y a dónde va a parar la célula-semilla
para poderse gestar,
en el caso de la vida humana?
¿A una silla, a su asiento natural,
la matriz, el útero?
¿Utcaña?
¿Y dónde está la semilla de la piedra
si no en su chispa?
¿Cancaña?
¿Tal vez la esencia de la piedra
no sea ser roca
sino ser chispa?
¿Tal vez la esencia del ser
no se evidencie tan racional
sino de forma sentiente?
¿Tal vez desde las raíces de su suelo?,
¿desde las entrañas vitales de la existencia?,
¿desde lo hondo de la experiencia sentiente?,
¿desde la vivencia ontológica de
lo que es?

¿Podría la integralidad del ser


haber sido comprendida

108
Sentipensar ontológico
______________________________________________

desde el mero horizonte racional?,


¿podría la totalidad del ser
haber sido comprendida
desde una actitud apenas objetiva, cuantificable,
científica?
¿podría la complejidad del ser
haber sido comprendida
desde la simplicidad del pensamiento lógico?
¿No ha estado equivocada
por más de veinticinco siglos
la filosofía occidental?

¿Qué nos proponemos ahora?,


¿sentipensar el ser?,
¿será ello suficiente?,
¿podría ser una salida?,
¿podríamos volver a equivocarnos?,
¿a dónde habremos de llegar?,
¿hay alguna seguridad al atisbar este camino?,
¿no resultará todo esto
más de lo mismo?,
¿cuáles serán nuestros límites?,
¿estamos dispuestos a jugárnosla
por esta otra posibilidad?

¿Qué es [el] ser?


¿Qué es lo que es?
¿Ser es lo que es?
¿Y nada más?
¿Y el no ser y la nada, no son?
¿Qué papel juega el estar?
¿El estar funda al ser?,

109
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¿o gracias al ser se está?


¿Qué acontece con el estar-siendo?
¿Se siente ser?,
¿se comprende [el] ser?,
¿seduce [el] ser?,
¿cómo acontece el ser?,
¿verdadea [el] ser?

[…]

En esta América mestiza,


aindiada,
mítica,
creyente,
pensante,
siente,
nos preguntamos por
lo que es,
por el ser y por el no ser,
por [el] todo y por [la] nada,
racional-y-emocionalmente,
objetiva-y-sentimentalmente,
es decir, desde la mente-corazón,
desde las tripas,
donde hiede la pureza de la razón.
Nos preguntamos
lo que es
[el]
ser.
Preguntamos ontológicamente
desde nuestro estar,
con los pies sobre la tierra:

110
Sentipensar ontológico
______________________________________________

a lo indio,
con actitud de
sabiduría primera,
sin dejar de ser lo que somos,
desde nuestra identidad.
Nuestras lenguas indígenas dan cuenta de ello,
pero sobre todo
nuestras tradiciones orales
lo evidencian;
inclusive en el periodo colonial,
cuando se intentó arrasar
con nuestros saberes,
hubo pensadores latinoamericanos
que redactaron sus tratados de metafísica
sin que fuera mera repetición
de los tratados europeos;
con la llegada del pueblo afro
y de muchos inmigrantes
fuimos enriqueciendo nuestra forma de
comprender
la existencia, el mundo de la vida,
y hoy gozamos de una
comprensión ontológica
intercultural
e inclusive transdisciplinar.
Ya no queremos continuar
pensando como colonia,
queremos afirmarnos sujetos de nuestro pensar propio,
y consideramos que,
como toda comunidad humana,
tenemos derecho a expresar
nuestra apuesta ontológica,

111
Juan Cepeda H.
______________________________________________

nuestras tradiciones acerca del ser,


de lo que es,
en los términos que mejor se nos acomoden
a la comprensión
que durante siglos y milenios
nos ha enriquecido
íntegramente:
personal y socialmente,
material y culturalmente,
corpo-anímico-espiritualmente,
racional y emocionalmente.

La nuestra no es una ontología pura,


racionalmente concebida,
abstractamente idealizada,
ni justificada conceptualmente,
ni lógicamente argumentada;
¡ojalá también logremos salvarnos
del academicismo cientificista universitario!

Ancestralmente, nuestra ontología,


o mejor: sabiduría primera,
acontece de forma existencial,
vamos comprendiendo lo que es
desde lo que estamos siendo
y, como todas nuestras comprensiones,
está nuestra sabiduría
arraigada en el alma,
se enraíza en nuestras tripas
(en ese suelo propio
que siempre nos recuerda lo que somos),
se da emocionalmente concebida

112
Sentipensar ontológico
______________________________________________

y creemos que no puede ser de otra manera,


o sea que creemos en ella,
no tenemos por qué demostrarla,
a lo sumo: mostrarla,
si así lo queremos.
Aunque, en principio, ahí está lo que es:
no hace falta más que señalarlo;
la realidad se muestra por sí misma,
nadie la esconde
(a no ser la falsedad y la mentira,
pero ahí nomasito se ve
que esa es su realidad).
No más hay que preguntarle al cóndor por su
ser,
no más lo mismo al árbol,
igual a la quebradita,
y a la piedra, que hay tantas.
Todos ellos no nos van a hablar solamente
de su ser,
sino de lo que es todita la realidad,
así como uno también:
nadie es capaz de hablar solamente
de lo que le preguntan,
porque hay que explicar las cosas bien,
o sea: hay que fijarse bien en las cosas,
no lo que pensamos de ellas,
sino lo que ellas son,
eso se siente,
y por ahí es que se dice mejor
sentipensar,
pero así no más:
si se sentipiensa

113
Juan Cepeda H.
______________________________________________

lo que hay que decir es


sentipensar,
¿o no?

Cuando se deja de lado la toga


y se hace humilde con el humilde
para coversar saberes y sabidurías
comprendiendo cada sentipensar próximo
de cada prójimo
hasta alcanzar una hondedad
que nos dé el suelo
necesario para filosofar,
nos liberamos de cierto dogmatismo
de la filosofía tradicional.

Nuestro filosofar
también tiene unas exigencias propias:
- estar siendo culturalmente
- expresar lo sentipensado
- no preocuparse de abstracciones
- preguntar y preguntarse seminalmente
- conversar sin discordancias
(incluídas las diferencias)
- escuchar a los abuelos
- nombrar sólo lo que es (suti/sut’i).

Desde ese hondo suelo


nuestro sentipensar ontológico
verdadea como paisaje,
como realidad,
como palabra,
como divinidad,

114
Sentipensar ontológico
______________________________________________

como tradición ancestral,


enraízada en lo que somos
y en como estamos siendo:
sabiduría primera
que acontece en la cotidianidad
de nuestra existencia.
Por eso
«saber es ser»,
según dijo Anastasio Quiroga;
y el ser está en el saber
cuando se verdadea.

Ésta es, pues, la posibilidad


de una ontología latinoamericana
que no se vanagloria de conceptualizaciones categóricas
trascendentales
que arrancan lo que es
de lo que está
sino que, enraízada en el estar,
verdadea, en su integralidad, el ser
sin descontextualizarlo
de su ámbito propio
seminal.

El sentipensar ontológico es
una apuesta
que se toma en serio la pregunta por el ser,
clásica en filosofía,
asume su historia logocéntrica,
cuestiona su determinismo racional,
se enriquece del ámbito emocional,
no se desenraíza de su suelo cultural,

115
Juan Cepeda H.
______________________________________________

y se dirige desde ahí


en búsqueda de alguna respuesta
que abra posibilidades de comprensión
ontológica.

No consideramos que, con ello,


vayamos a obtener algo así como
la respuesta
íntegra, completa, y perfecta
a la pregunta por el ser;
pero no negamos
que el propósito buscado
y que nos entusiasma
es aportar elementos fundamentales
para fraguar dicha respuesta.

Si aún no hubiera atisbo alguno


de esa buscada respuesta
y no tuviéramos más que interés
en la señalada pregunta
sería suficiente.
Interesarse en la pregunta
es la actitud fundamental
del filosofar.
¿Qué significa interesarse en la pregunta?
Vayamos por pasos.
La cultura occidental,
tan proclive a las palabras,
argumenta con etimologías:
la palabra interés
se constituye por inter-esse
que, en latín, significa

116
Sentipensar ontológico
______________________________________________

entre-el ser,
de donde interesarse
quiere decir
detenerse en el ser [de algo],
auscultarlo,
hundirse en su realidad,
apasionarse-por;
inter-esse,
en-el-ser, entre-el-ser,
hundido-en-el-ser,
identificado-en-el-ser;
cuando uno se interesa,
de verdad,
se apasiona por,
se concentra en,
se detiene sobre,
se está.
También, sin esa etimología,
en cualquier cultura del mundo
cuando una comunidad se interesa por algo,
por lo que es,
se hunde hasta encontrar sus raíces
(sin arrancarlas),
se siente con ellas,
se nutre por ellas,
y verdadea todo su sentido telúrico
y vital.
¿Interesante, verdad?

Ahora bien,
si lo que interesa es la pregunta,
¿no hay que hundirse en el preguntar?,

117
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¿no hay que palpar su esencia interrogadora?,


¿no habrá que esforzarse en dar con su sentido
ontológico, en cuanto preguntar?

¿No es, precisamente, la pregunta


una señal de interés?
¿Acaso cuando preguntamos
no es porque estamos interesados?
¿Preguntar no es ya estarse hundiendo
en el sentido ontológico
de lo preguntado?
¿Interesarse no sería estarse en la pregunta?

¿Puede América Latina


estarse en la pregunta
por el ser?
¿Dicha pregunta por el ser
puede asumirse
juiciosamente
desde otra cultura
que no la meramente racional?
¿Y hundidos en este preguntar
no emerge inmediatamente
algún viso de respuesta,
algún tanteo de comprensión?
¿Interesarse por el ser,
rompiendo los límites
que la razón le ha impuesto,
no lleva a verdadear
un sentido ontológico otro
que posibilita apañar
lo que es,

118
Sentipensar ontológico
______________________________________________

más allá, o mejor: más acá


del mero concepto,
de la constriñente categoría abstracta y racional?

¿Acaso el ser, lo que es,


puede reducirse a mera razón?,
¿o su comprensión puede limitarse
nada más que a procesos ratiocéntricos,
lógicos formales?
¿De dónde acá este mito de la razón?

La filosofía latinoamericana
propone sentir lo que es,
sentir lo que es,
sentipensar.

A decir verdad,
todo sentipensar es ontológico
porque se sentipiensa
lo que es
y nada más.
Sin embargo, acá se remarca el adjetivo
atendiendo al contexto filosófico
en el que estamos:
nos interesa
sentipensar
el ser en cuanto ser,
estamos interesados
en el horizonte ontológico
de la filosofía latinoamericana,
y en general, de todo filosofar.

119
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¿Qué es el ser?
¿Qué sentido tiene [el] ser?
¿Cómo verdadea lo que es?

Nos ponemos en pie,


frente a frente,
con Parménides, Heráclito, Gorgias,
Platón, Aristóteles,
Plotino, Agustín, Escoto Eriúgena,
Tomás, Duns Scoto, Suárez,
Descartes, Leibniz, Kant, Hegel,
Heidegger …
Nos ponemos en pie,
hombro a hombro,
con cerros, selva, cóndores, colibríes,
Achachilas,
Abuelos, Taitas, Sabios,
Maestros, Hermanos,
Gente de Pueblo,
Sikuris, Danzantes, Copleros, Dicharacheros,
Campesinos, Sabios,
Creyentes …
Convocamos a todos a conversar,
con respeto
(y aquí otra enseñanza occidental:
res peto = res-pecto,
cosa del-pecho, cosa del-corazón),
conversar corazonudamente,
desde lo más íntimo de nuestro ser,
verdadeando
corpo-anímico-espiritualmente,
más que diálogo, polílogo cordial,

120
Sentipensar ontológico
______________________________________________

mambeo espiritual:
intervenciones que se cruzan unas con otras,
apreciaciones que se tejen unas entre otras,
silencios que enriquecen notas de notas,
sabidurías que se aprenden
en vivencia existencial
en la que los seres humanos todos
tenemos derechos de autor.
Ritmos que se escriben,
conceptos que se danzan,
palabras que se guardan,
categorías que se pintan,
pensamientos que se sienten,
sentires que se apalabran,
♫♫♫♫
, filosofía mestiza
y seducción de la barbarie
residualizada por la razón
, argumentación de sentimientos
palpitados en el aire
, profundidad sentiente
de entusiasmo intelectual
, hervidero de ideas
y jardín de semillas
que si apenas verdadean
lo que es.
.

Yermo sacrificial:
nos la hemos jugado toda.
Heidegger señaló el camino
que va de la filosofía al pensar.

121
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Nosotros queremos seguir la senda


que va del pensamiento racional al sentipensar.
No presuponemos
que el nuestro sea el camino perfecto,
ni que sentipensando
hagamos mejor las cosas
que meramente razonando con lógica;
pero si veinticinco siglos
no han alcanzado para argumentar
una respuesta,
podríamos sentipensar
[co-razonar]
otra posibilidad.

¿En qué términos?


¿O con qué sentimientos?
Vamos a ver,
… a escuchar,
a olfatear,
a sentir,
a sentipensar.

Iremos paso a paso,


y no daremos más que tres pasos,
por ahora.
Evidentemente, no será
más que un ensayo.
Y ya iniciamos:
hemos avanzado ofreciendo las condiciones
que posiblemente necesitemos
para, ahora sí, poner delante
: decir

122
Sentipensar ontológico
______________________________________________

, apalabrar
lo que hemos ido recogiendo
tiempos ha,
espacios ha,
disertaciones ha,
experiencias ha,
posibilidades ha.

Nuestra respuesta a la pregunta por el ser


tiene el sentido
de nuestra existencia:
pensamiento
y corazón,
danza
y canción,
razonamiento
y oración…

Nuestra respuesta a la pregunta por el ser


ha sacrificado años,
siglos, milenios
de silencio en sabiduría ancestral
que ahora deviene
como el agua del arroyo
que se escurre de la loma
en una mañana fresca
cuando apenas despunta el sol:

hay humedad sobre el pasto


hay cantos de aves
y hay el olor de la aurora.
Amanece

123
Juan Cepeda H.
______________________________________________

y nuestro hedor no se esconde;


todo lo contrario,
se ha llegado la hora
de apalabrar
lo que somos.

124
Sentipensar ontológico
______________________________________________

5. LO QUE ES: FUERZA

¿Qué hay en la roca


si no fuerza?
¿Qué hay en la arena
si no fuerza?
¿Qué hay en el polvo
si no fuerza?
¿Qué hay en el río
si no fuerza?
¿Qué hay en la lluvia
si no fuerza?
¿Qué hay en el viento
si no fuerza?
¿Qué es la energía
si no fuerza?

¿Y de la energía
que se hizo roca
no hay un acaecer
de polvo, arena, río, lluvia, viento?
¿Y el universo,
al parecer,
no es más que energía y polvo cósmico,
es decir, en el fondo, mera fuerza?

Fuerza tiene el árbol


que se yergue
empinado desde su raíz,
y mantiene la unidad

125
Juan Cepeda H.
______________________________________________

de su ser,
contra viento y tiempo;
fuerza tiene el fruto,
primero, para mantenerse y madurar,
luego, para caer y germinar;
su fuerza es interior,
le viene de lo hondo de su ser;
fuerza hay en la flor
que se abre en el color
y se mantiene atenta
a la fuerza del sol;
fuerza encontramos en la espina
que aguerrida se defiende
de toda tentación;
mucha fuerza se encuentra
en el humilde carretón
a la orilla del camino
cual ramo de flores
en una sola flor;
fuerza hay en el león
y en el elefante,
en la pantera
y en la tortuga,
en la golondrina
y en el colibrí,
en la avispa
y en el gorgojo,
como en la bacteria
y en el virus;
fuerza hay en el cuerpo,
como en el alma,
y en el espíritu,

126
Sentipensar ontológico
______________________________________________

y en todo uno entero;


fuerza hay en lo divino,
ángel o Dios;
bondad o no;
el universo entero no es más que fuerza
contenida
que se dispersa, que se ofrenda,
que se da;
por eso hay fuerza en la melodía,
en el ritmo,
y por doquier.

¿En aquella pequeña semilla


qué fuerza podría haber?
Estuvo olvidada por mil y un anochecer.
Pero siempre llega el instante del milagro:
algo siempre ha de suceder.
Y acaeció en la madrugada,
antes de sentirse el sol,
la semilla fue trasladada
a un terreno cerca al río
en donde, allí, no más murió;
y de su muerte ha emergido
un retoño verde
que cada vez se acerca más
al astro sol,
con los años ni los más fuertes vientos
derribaron tan verde frondor,
hasta que quiso ofrecerse
para hacer una cruz,
cruz que es ahora,
para muchos pueblos

127
Juan Cepeda H.
______________________________________________

y en muchas épocas,
símbolo de salvación,
ya sea esta cruz de Oriente,
ya sea la cruz del Sur,
¡oh humanidad crucificada
siempre necesitada de redención!,
y más y con más razón
cuando no se considera necesaria
y se busca olvidar
su sentido y significado
aborigen, cristiano, o mestizo
con el que, de todas formas,
ya se nos señaló.

La fuerza de la cruz
no es más que fuerza de semilla,
fruto maduro del madero
que con los años ni los más fuertes vientos
derriban tan fuerte frondor.

Hay fuerza en la madera,


con honda significación;
primero, encontramos fuerza
en su madero
y es tanta que alcanza
para sostener al ser humano
desde el techo de la casa madre,
la que no puede no estar,
Pachamama, Madre Tierra,
madre-divina.

Fuerza:

128
Sentipensar ontológico
______________________________________________

madre - matriz,
[lo que] no puede no estar.
Todo lo que está tiene madre
y, así, todos somos hijos,
todos somos fuerza:
la fuerza-tormenta,
la fuerza-caudal,
la fuerza-noche,
la fuerza-lugar,
la fuerza-ángel,
la fuerza-mito,
la fuerza-canción,
la fuerza-poesía,
la fuerza-oración.

Fuerza-madre
sin la que nada podría estar:
es la fuerza misma
que le da al primer principio
su razón de ser.
No es que la fuerza
esté antes del principio
sino que el principio es tal
por la fuerza de estar siéndolo.
No hay antes ni después de la fuerza:
todo es mera fuerza,
esfuerzo
realizándose en su estar
cual caricia indicial
por la que todo es,
en la que todo es.

129
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Podría decirse, en una primera aproximación,


que la esencia del ser
no es otra que fuerza;
sin fuerza todo dejaría de ser.
Ahí está su fuerza.
Lo que es
tiene su fuerza,
es esencialmente fuerza,
y por eso
es,
y por eso
está,
por eso:
por fuerza.
No podría ser de otro modo:
no puede no estar
lo que no puede no estar,
y ahí está:
está siendo…
matriz,
madre,
pacha,
Pachamama,
semilla,
casa-hogar,
placenta,
hedor,
vida,
principio primordial,
totalidad-telúrica de sentido indicial,
caricia original,
inicio ontológico de todo lo que es,

130
Sentipensar ontológico
______________________________________________

lo que no puede no estar:


vacío de la materia,
sombra de la luz,
silencio del sonido,
sentido de la palabra,
crucifixión de la cruz.

¿No hieden los crucificados?


¿No hiede el silencio?
¿No hiede el vacío?
¡Hiede, para nuestra época, la ira de Dios!
¡Ira, miedo, sombra!
¡Sentido!
¡Hiede el sentido de salvación!
Preferimos las libertades
para liberarnos del redentor,
¡no queremos salvadores ni salvación!
¡Ésta es la época en que cada uno se jacta
de ser su propio redentor!,
¡bah!,
¡”fuerza” para su “fuerza”!,
fuerza-sin-fuerza,
egolatría sin curación…

¿Sabemos sentir la fuerza de las cosas?


¿Aprendemos a sentir la fuerza del sentido?
¿Nos interesa comprender la fuerza divina de lo que es?

¡Siente la fuerza!

¡Detente en la fuerza de la flor!

131
Juan Cepeda H.
______________________________________________

¡Detalla la fuerza del azul!

¡Gózate la fuerza del trino!

¡Déjate en la fuerza de la sonrisa!

¡Húndete en la fuerza de la mirada!

¡Anonádate en la fuerza de la oración!

¡Siente la fuerza!

Hay que estarse no más,


detenerse
y detener el tiempo con su afán,
quedarse
y dejar todo otro lugar,
pensarse
y sentipensar lo que acontece
al pasar,
escuchar, aprender a escuchar
y vibrar con el universo
físico y espiritual:
lo que es
no es solamente material.

1. Fuerza física.
Fuerza material
evidenciable en la roca,
en el aguacero,
en el huracán,
en el fuego.

132
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Es fuerza la nube
y es fuerza el madero,
es fuerza lo condensado
y es fuerza lo eléctrico,
es fuerza la caricia
y fuerza es el silencio.

«¿Cuánta fuerza hay en el fuego?»,


«¿cuánta fuerza hay en la caricia?»,
«¿y cuánta en el silencio?»
¡Je!,
pero hay fuerza.
No busquemos medir todo,
no seamos necios cuantificándolo todo
o creyendo real solamente lo cuantificable,
lo observable, lo objetivable.
Claro que hay fuerza en el silencio,
¡y cuánta fuerza hay en una caricia!,
como hay una poderosa fuerza
en una pequeña gota de agua…
Solamente comprendiendo el silencio
se sabe su fuerza,
saboreando la caricia
transforma su fuerza,
sabiendo escuchar el fuego
se identifica su fuerza,
hundiéndose en la gota de agua
se cristaliza transparentemente su fuerza,
¡ay!,
¡dejémonos de tantas medidas!,
¡no creamos tanto en la objetividad!,
demos un paso atrás,

133
Juan Cepeda H.
______________________________________________

demos un paso al fondo,


busquemos, mejor, vivenciar
el rayo de luz,
la policromía del Arco Iris,
el trino del copetón al amanecer,
el brillo de la gota de agua,
lo que dice el silencio,
lo que calla el cerro,
como danza la naturaleza,
como duerme el viento,
atiende a tus ángeles
que te acompañan impertérritos,
¡ay!,
libérate del dogma de la razón
y de la pureza de su objetividad
inexistentes, en verdad.
No solamente todos somos mestizos
sino que toda la realidad es mestiza,
¿ya te diste cuenta?:
el silencio habla,
la palabra calla,
la sombra ilumina,
la luz enceguece,
el hedor purifica,
lo puro obscurece…

Ante la lógica racional


encontramos contradicciones,
ante la lógica vivencial
siempre se dan las revelaciones
por las que lo misterioso
va verdadeando

134
Sentipensar ontológico
______________________________________________

la estancia de su ser.
Revelarse es brotar seminalmente,
originalmente,
vitalmente.
Así como la vida se revela verdadeando,
la verdad vive
en su esfuerzo por revelarse:
hay fuerza en la verdad,
la verdad no es más que fuerza
de ser
estando vitalmente constituída,
incluída la verdad de la piedra.
El picapedrero ha comprendido
cuándo la piedra se ofrece,
cómo ella le dice
que es hora de tallar,
por dónde debe empezar
y qué se debe develar.
La piedra no es mero objeto,
no es cosa sin alma,
sin piedra no habría vida,
pero hay que saber comprender
para llegar a entender
el lenguaje de las piedras.

2. Fuerza anímica.
Naturalmente,
hay fuerza en el alma
porque el significado de esta palabra
quiere decir
fuerza.
Quien ha sabido comprender

135
Juan Cepeda H.
______________________________________________

el alma de la piedra,
fácilmente comprenderá, también,
el alma de la madera,
de la arena, del hielo,
del petróleo, del hierro,
del cuarzo, y del tungsteno…
Igualmente, tiene alma
el río, el lago, el mar océano,
el bosque, la yungla, la selva,
el huracán y toda tormenta,
la Pachamama, nuestra madre Tierra,
Sol, Luna, y las estrellas,
el universo entero,
así como Dios y su creatura;
es en el ser humano
donde mejor se evidencia
esa sique o inteligencia
cuyo lenguaje, si estamos atentos,
siempre nos verdadea.
¡Sí que hay fuerza en el alma!

Hay en el alma esa fuerza


como de conciencia de lo que se es,
ese ímpetu sagrado,
ese sentido indiciado
que hace que la cosa, la vida, o la persona esté
tal cual tiene que estar.

Alma, en el fondo, es un lenguaje


por el que se comunica
todo lo que es,
donde todo queda comprendido

136
Sentipensar ontológico
______________________________________________

en la identidad de su ser,
sin jerarquías racionales
que se inventan
sin saber en esencia lo que toda cosa es.

El afecto está en el alma


como la luz en el Sol…
¿qué hay que no afecte
o no se deje afectar?
Y toda afectividad es fuerza,
para bien o para mal,
y por esto la necesidad de armonía
que el ser humano
debe estar atento a encontrar,
de tal forma que todas las almas
estén, cada una, en su lugar
evitando desequilibrios
que el orden natural estropeen.
Esto es sabiduría,
y sabiduría primera,
vital para saber estar en el mundo.

Buen ánimo, poco ánimo, mal ánimo, desánimo,


son formas de encontrarse
la fuerza del alma.
Nos hemos dado cuenta
cuando el cachorro está desanimado,
o la plantita tiene poco ánimo,
y ni se diga cuando el ser humano
está desanimado:
la fuerza de ser
se opaca, se resiente, se afecta

137
Juan Cepeda H.
______________________________________________

por una u otra causa.


Pero es esa fuerza de ser
la que nos permite comprender
cómo se entraña el alma
en las cosas, y siempre en cada cosa,
porque cosa somos todos
si nos miramos desde el alma:
¡esa cosa que es la flor,
esa cosa que es el río,
esa cosa que yo soy,
y esa cosa que es lo divino!
(No es la cosa como objeto
que también puede ser útil).
¡Es la cosa que es
con fuerza de ser!
¡Y es por esto que el poeta
puede hablar
del alma de todas las cosas!
… sobre todo y en particular
cuando las cosas nos afectan.

La fuerza del alma


es fuerza creadora
(aunque, a veces, enceguecida)
desde la que emergen mundos
que realizan posibilidades de ser:
la piedra puede ser piso, columna, estatua;
el árbol puede ser semilla, viga, escultura,
y tú puedes ser sembrador, madre, pensante…
Hay melodía que puede ser canción,
hay gusano que puede ser mariposa,
hay sentimiento que puede ser

138
Sentipensar ontológico
______________________________________________

venganza o libertad,
odio o amor,
quizá
también
ocultamiento o verdad.
Cada cosa tiene fuerza
para la eternidad.
Cuida bien de qué eres capaz.

Como el alma
no está sólo en tu mente o en tu corazón,
sino en todo tu ser
enraízada
al cosmos por medio de la Tierra,
esta fuerza anímica
que te acompaña
siempre estará en sintonía
con todo
lo que es
y de ahí la importancia
que tú tienes
para ayudar a equilibrar
las fuerzas
del universo.

Hay fuerzas que emergen


cósmicamente,
hay fuerzas que emergen
físicamente,
hay fuerzas que emergen
sicológicamente,
y pueden tropezarse,

139
Juan Cepeda H.
______________________________________________

pueden encontrarse,
pueden pelearse,
pueden repelerse.
Tu alma es un centro de poder
desde donde se puede contener
el mal que producen ciertas fuerzas;
también desde el alma
se puede generar
la buena armonía, el sano equilibrio,
entre todas las fuerzas.

¡Cuánto provecho sacamos


si sabemos educar el alma!
Pero cuando ella se desgasta,
cuando se mina,
cuando se pierde energía
o se contamina,
¿cómo se salva?

3. Fuerza espiritual.
Además de cuerpo y alma,
el ser humano
está siendo espíritu.
Dios no rompe
el nexo indicial
con su creatura,
mantenido por el Espíritu Santo,
quien siempre está dispuesto
a nutrir milagrosamente
la salvación
y se mantiene atento a cada
acto y actitud

140
Sentipensar ontológico
______________________________________________

con que nos comportamos.


Así es.
Independientemente de que creamos
o no,
o de que queramos creer o no.

Hay fuerza espiritual


en el universo.
No estamos solos ni abandonados.
Permanecemos cotidianamente custodiados.
Solamente por necedad
egoísta o atea
se experimenta un aherrojamiento
de arrojados en el mundo,
propio de cierta cultura
que ya no quiere confiar en el espíritu
(pero ese sentimiento de abandono
pertenece a esa cultura,
y a ninguna más).

Hay fuerza espiritual


en el universo.
El cosmos íntegro
está custodiado,
por eso: cosmos…
y cultura que viene de culto,
los espíritus están presentes
pero sólo actúan
si los convocamos.
Ésta es, pues,
la sabiduría primera
en la que encontramos

141
Juan Cepeda H.
______________________________________________

un primer principio
espiritual,
verdadeante,
que no se impone
ni siquiera por la fuerza de argumentos.
Está
y ya.
Es, para ti, la posibilidad de asumir
la integralidad
de tu ser y de lo que es.

Hay fuerza espiritual


en el universo.
¿Qué intenta la creatura?
¿Hacerse creadora?
¿De qué?
La sabiduría no se engaña.
El espíritu no puede no estar,
aunque para cierta cultura hieda;
el espíritu es seminal,
nos viene dado de entre las entrañas;
no podríamos estar siendo
sin espíritu
pues, es ni más ni menos,
nuestra forma de ser,
aunque haya quienes le rechacen.
El ser humano es, por antonomasia,
un ser espiritual;
no asumirlo retrotrae caos,
desarmonía
existencial.
Es verdad, y quién lo duda, que somos

142
Sentipensar ontológico
______________________________________________

ser-en-el-mundo;
y es verdad, aunque se dude, que somos
ser-en-el-corazón-de-Dios;
su Espíritu se nos ha dado,
ya de antemano.

[…]

¿Qué es [el] ser?


¿Qué es lo ser?
Nuestra pregunta es por lo que es,
por la esencia de lo que es,
la esencia de las cosas siendo.
He aquí una primera aproximación:
ser es fuerza.
Cuando se le pregunta a las cosas
por su esencia
ellas, antes que nada,
verdaean fuerza.

Nos encontramos con la fuerza de las cosas.

Nos encontramos en la fuerza de las cosas.

Somos fuerza.

Somos mera fuerza.

Fuerza,
esfuerzo de ser,
esfuerzo ontológico
que es

143
Juan Cepeda H.
______________________________________________

en las cosas,
estando.

Fuerza ontológica:
óntico-anímico-espiritual.

Todo un día ante la inmensa roca,


interrogándola por su ser;
toda una vida ante la madre Tierra
conversándola en su ser;
toda una historia estando mundo
comprendiéndolo como es;
roca, Tierra, mundo
fuerza son.
Me he detenido también
en la fuerza con que se levanta el carretón
ahí a la orilla del andén
y cómo verdadea su ramo en flor;
toda una noche, así fue,
el molle me murmuró
que ante la fuerza del Viento Sur
él se mantiene erguido
en su fuerza vital,
y ahí le encontramos
amanecer tras amanecer:
vigoroso y con su verde
vital, eso es;
la orquídea también se nos ofrece
en toda su fuerza
visual, odorante, táctil,
sensual y seductora…
¡cómo hay de fuerza en la seducción!

144
Sentipensar ontológico
______________________________________________

El virus, la bacteria,
la pequeña hormiga,
el cucarrón,
el colibrí, el cóndor,
la pantera, el león…
cada uno con su fuerza
todos fuerza son.
Varias fuerzas en una sola fuerza,
el ser humano,
muéstrase ser:
todas las fuerzas
físicas, anímicas, espirituales
ondean
en lo que es;
más complejo que los ángeles,
más difícil de entender,
pero poco a poco vamos
comprendiendo nuestra esencia…
¡si hasta la esencia de Dios
hemos querido saber!,
la Fuerza de todas las Fuerzas
habidas y por haber.

Ser es fuerza,
esfuerzo
que verdadea
seminalmente,
con o sin tiempo,
la naturaleza de su estancia.

Ser es semilla
que se realiza como tal

145
Juan Cepeda H.
______________________________________________

(semilla)
con todas sus posibilidades,
o que se realiza, ya,
en una de sus posibilidades.

Ser es posibilidad
de perfeccionarse en su perfección,
cual misterio incomprensible
que se comprende en la salvación.

Esfuerzo seminal perfecto,


semilla en su fuerza más propia,
perfección posible por fuerza de sí.
Lo que es,
eso es:
¡fuerza!

Fuerza ontológica
de realización óntico-anímico-espiritual
estante
en sus más vivas posibilidades,
cuya esencia radica en la comprensión
integral
de lo que es:
sabiduría primera,
original
de sentido existencial.

Hedor telúrico
yecto.

Lo que no puede no estar.

146
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Fuerza seminal.

Eso puede
ser…

147
Juan Cepeda H.
______________________________________________

148
Sentipensar ontológico
______________________________________________

6. LO QUE ES: RITMO

♫♫♫♫

♫♫ ♫♫ ♫♫ ♫♫

♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫
♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫

[…]

Natura.
Se es
rítmicamente.
No hay nada sin ritmo
natural.
¡Hay música en el alma
de las cosas!

Estarse atento
al lenguaje del universo
nos hunde en la melodía
propia
de lo que es.

Con buena sensibilidad


se descubre
el ritmo de cada cosa

149
Juan Cepeda H.
______________________________________________

y de todas las cosas juntas:


hay un ritmo natural
propio de cada esencia
que armoniza y sintoniza
con su propio y todo otro
ser
constituyendo la gran sinfonía
universal,
donde todos los universos juntos
hacen de melodía
fundamental
y que, por ello, no deja de ser
seminal
de todas las melodías.

En el pentagrama
una nota pierde su significatividad
sin la otra nota,
pero todas las notas
encadenadas unas a otras,
incluídos los silencios,
emergen de los instrumentos
existiendo melodía,
música.

Con buena sensibilidad


escuchas
la melodía propia
de lo que hay en la tierra,
debajo de la tierra,
encima de la tierra,
y más allá.

150
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Hay música en cada elemento interestelar,


en cada estrella, en cada planeta,
y, de seguro, el universo todo
tiene su melodía propia.
Hay música en cada molécula de polvo
bajo nuestros pies,
en cada mineral, en cada semilla,
y en cada raíz.
Cada ser humano es su propia música
palpitando en su corazón,
cantando en su alma,
ritmando espiritualmente.
¿No son las enfermedades más que arritmias biológicas?
Por eso, alguien con buena sensibilidad,
imponiendo su ritmo, puede sanar:
ser no es más que fuerza rítmica,
vivir no es más que fuerza rítmica,
amar no es más que fuerza rítmica.

Alguien con buena sensibilidad


enamora o se deja enamorar
sólo con una melodía.
Con el alma limpia
y bien dispuesta rítmicamente
la enamorada no hará otra cosa
que lo hecho por la indígena aquella
de la que nos habla el Inca:
al escuchar de una flauta
la melodía que se conectaba con su propia melodía
no podía dejar de acudir a ella,
a su fuente,
y ya a media noche o casi de madrugada

151
Juan Cepeda H.
______________________________________________

entra a la calle
de la ciudad sagrada
por aquella melodía guiada;
y ante el llamado
de un español
que por allí se encontraba
sólo dijo la verdad:
señor, déjeme ir donde voy,
escuche esa flauta, por favor,
y entienda usted
que su melodía me llama, con pasión
y ternura,
pero hay tanta fuerza en ella
que debo acudir
antes que salga el sol.
¡Los amautas comprendían
la lengua de la música y el ritmo
y así todos la aprendían
para su mejor comprensión!

Se está
rítmicamente.
El ritmo
está.
Estar es la aprehensión rítmica del ser.
Tan se está siendo como se es estando.
En el estar se devela
la melodía de lo que es.
Se está melodía,
¡y cómo más!

Si el ser no es más que fuerza rítmica

152
Sentipensar ontológico
______________________________________________

–melodía pura y misteriosa–


¿qué otra cosa pueden ser todas las cosas
que están siendo?
Fuerza rítmica,
melodía óntico-anímico-espiritual,
que está.
El ser en su estar:
ritmo armonioso
que deberíamos cuidar.
No somos más que un silbido del espíritu,
un trino divino
que se está
ofreciendo
en la alegría de Dios,
y que se va oyendo
en el canto del pájaro
o en golpes de tambor.

♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫
♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫

¡Ay!,
se necesita que el filósofo
se dedique a saber escuchar
(¡cuánto podría aprender de
amautas y tlamatinime!).
¡Cuánto podemos aprender
de la melodía del copetón
cada amanecer!,
¡cuánto del río
en su continuo fluír!,
¡cuánto de la calandria,

153
Juan Cepeda H.
______________________________________________

del trueno,
de la noche,
y del silencio!

Aprender a escuchar.

Saber escuchar
al ser en su estar.

♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫
♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫

Fuerza rítmica.
¡Eso es!

Ritmo trae el aire


porque hay ritmo en los vientos:
los de Patagonia, helados,
y los ecuatoriales, contentos;
y en singulares batallas
se pelean en invierno,
unos por mantener el tiempo
y los otros por descomponerlo.
En ritmo vive la luna,
ella nos da su ritmo,
y con su ritmo se acomodan
plantas, señaladas, y agüeros,
curación de enfermedades,
bendiciones, sanaciones, sahumerios,
vidas enteras contadas,
más sus muertes y paso al misterio
de un más allá que no sabemos.

154
Sentipensar ontológico
______________________________________________

Igualmente, cada río


tiene su propio ritmo:
en su lenguaje va contando
historias de todos los tiempos:
¡cuando con ellos se conversa
cuánto no se aprende!,
que más arriba hay tormenta,
o que los cerros están tranquilos,
que hubo pueblos en guerra,
que hay humanos explotando el infierno,
que hay espíritus custodiando
algún paraje secreto o sagrado,
y que hay un estar siendo
porque lo que es fluye y fluye,
que no es más que acaecimiento;
todo pasa,
pero todo queda,
porque todo está
siendo presente en su fuerza.
Con el fuego también se conversa
y él cuenta en su ritmo
años, siglos, milenios,
de pura sabiduría:
desde historias de galaxias
hasta historias de pequeños insectos,
pasando por historias grandes de pueblos chicos;
luz y calor han acompañado
de la humanidad su nacimiento,
así como todas las vidas
de los más diversos espacios y tiempos.
¡Ni qué decir del silencio!
¿Alguien conoce todos sus secretos?

155
Juan Cepeda H.
______________________________________________

En silencio se comprenden
virtudes y sentimientos:
pureza, caridad, humildad,
hedor, seminalidad, pudor, alegría
y hasta el resentimiento…
lo que está como es,
lo que es en diversos estamentos,
y sentipensando
la posibilidad de escurrirse
en el corazón del ser
en su esencia simple
apálabremente,
en medio de ritmos
sonoros, vibrantes, instrumentales, de coros,
¡qué se va a saber!,
rituales decoros,
míticos y místicos,
sagrados,
fuerzas celestiales
en tonos pausados
cual hostia completa
que se ofrece
en víctima y victimario,
perfeccionándose eternamente
como eternamente danzando
como si todo no fuera más que notas, sonidos,
altos y bajos,
ritmos sonoros
que no pueden no estar
siempre sonando.

156
Sentipensar ontológico
______________________________________________

El silencio también es melodía,


no es nada,
es
otra forma de ritmo
que verdadea el contraste
del ser y su ser,
de ser y no ser,
de verdad que por fuerza
no se puede esconder:
lo que es es.

♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫
♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫

Entre ser y no ser


hay todo mestizo siendo y no siendo:
mestizaje ontológico
que no deja de ser.
Visos de diverso ser que se tiñe de no ser,
visos de no ser que va siendo,
rítmica polícroma
de lo que está siendo
desde su estar no ontológico
hasta su estar innegablemente ontológico
que es
y nada más,
pero la nada siempre es más
en el perfeccionamiento del ser
que en su acontecer
enriquece su esencia
con sus posibilidades de ser.

157
Juan Cepeda H.
______________________________________________

Mestizaje ontológico,
fagocitación de ser por no ser,
de ser por estar,
de todo por nada.
¡La verdad se aclara!

Sonidos-silencios,
colores-grises,
razones-sentientes.

¡Hay que saber lo que es!

enredadera trepando
en caída silenciosa
de circunstancias grises
que todo enverdece
con polícromas flores
de todos los colores
sin necesidad de asirse
de nada y de todo
creciendo cada vez más
aunque ya no haya
hacia dónde crecer
y, así, por doquier
va aconteciendo naturalmente
el ser en su esencia
que verdadea lo que es
con toda paciencia
sin afán alguno
pues el tiempo no impacta
ni tampoco atormenta
lo que siendo está

158
Sentipensar ontológico
______________________________________________

que se hunde en raíces


de creación salvadora
en humildad candorosa
que a servir se ofrece
a quien no lo merece
y poco agradece
semejante milagro
que hace sagrada
la existencia íntegra
óntico-anímico-espiritual
en la que estamos siendo
todo(s) lo(s) que somos
desde nuestro estar
enredando el sentido
sagrado y profundo
que se enraíza en fractos
de eternidad sin tiempos
donde ya no hay nada
que se esté estando
por estar no más
y fluyen sujetos (sin nada de objeto)
que danzan inquietos
en sentidos amorfos
donde no hay conceptos
que limiten los ritmos
de la estaridad
en la que siempre ha de darse
el ser de las cosas
cuando ellas están
aunque lo que es sonríe
burla burlando
cuando la perplejidad

159
Juan Cepeda H.
______________________________________________

de cierta inteligencia
no puede entender ya más:
¡ja ja ja ja!

♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫
♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫ ♫ ♫♫

Lo que es
en estado de negación
para afirmarse
ontológicamente;
ser,
estar siendo.

Lo negado
que se niega
se afirma,
se confirma:
está y es.

Sabiduría primera residualizada,


mitos y tradiciones que se niegan,
saberes que se menosprecian,
creencias que se ridiculizan,
tradiciones de las que se hace burla…
¡Sin conceptos no hay conocimiento,
sin conocimiento no hay ciencia,
sin ciencia no hay progreso,
sin progreso no hay industria,
sin industria no hay explotación
de mano de obra,
de madre Tierra,

160
Sentipensar ontológico
______________________________________________

de sentido existencial!

¿Sentido existencial?
… ese que abunda en el
estar no más,
sin afanes de industria,
sin afanes de confort,
sin estrés por falta de tiempo
porque ya se vive en la eternidad
creciente
del cosmos
que se perfecciona
perfeccionándose
sin prisa alguna,
sin preocuparse de actos de ser
perfectísimos
para la ambición intelectual
sedienta de mundos perfectos,
de conocimientos completos,
pero no de salvación.

Sin sentido
no hay salvación.
Sentido ontológico,
existencial;
enraízado en lo seminal.
Aunque hediento para la pureza conceptual,
¡sabor!
para la existencia cotidiana,
caricia indicial
que tactando sana,
¡policromía parda!,

161
Juan Cepeda H.
______________________________________________

melodía mestiza
que subsume y aguarda…
Sentir lo sentido,
re-sentimiento que salva.

Si residualizamos el residuo,
si negamos lo negado,
sentimos lo sentido
y nos hacemos re-sentidos
para salvar nuestras almas.
¡Dejémonos de falsas sicologías
y de torturantes sicoanálisis,
de colonizantes sociologías
y de filosofías racionales!
Hay otra posibilidad,
y de seguro otras más.
Sentipensar lo que es
desde nuestro re-sentimiento de estaridad
escuchando las cosas
en su sapiencial exponerse
juntando las verdades
de lo expuesto y de lo exponente
sin los prejuicios de una tal objetividad
en realidad inexistente.

¿No escuchas el futuro?


¿Y tampoco el pasado?
¿Porque estás ocupado
en la certeza del presente,
en el horario de la empresa,
en la cuenta pendiente,
en la lista de la agenda

162
Sentipensar ontológico
______________________________________________

y en la apariencia hipócrita
con que te muestras
a amigos como a clientes?
¡Hipócrita!
¡Qué estupidez es esa de hacerse engranaje!

Ora el universo
murmurando esa su melodía.
Ora la semilla aguardando
su propia genealogía.
Ora el ser humano
que comprende cuál es la sabiduría.
Sálvate
de tanta fantasía, confort, apariencia,
maquinaria, progreso, técnica, consumo;
fíjate
en lo simple, en lo pequeño, en lo sencillo,
en lo humilde, en el dolor ajeno
que clama una mano, una ayuda, un abrazo,
una sonrisa,
una esperanza,
un sentir el alma
de cada cosa
que en su desnudez se expone
verdadeante
sin maquillajes y sin sombras:
¡Venus es tan hermosa!
¡Y Saturno tan seductor!
¡Ni se diga la verdad de la rosa!
¡Sálvate!
¡Tienes la suficiente fuerza
en tu interior!

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7. LO QUE ES: VIDA

Antes, ahora y siempre


ha estado ahí presente
la pregunta por el ser.

En una primera aproximación


hemos comprendido
la fuerza del ser:
ser como fuerza.
Luego, dimos un paso para comprender
el ritmo del ser:
ser como ritmo.
Pero, ¿de dónde le vienen
ese ritmo y esa fuerza
al ser?

Seguramente hay en su alma


«algo» principial,
fundamental,
desde donde emerja
lo que es siendo,
o hacia donde apunte
todo lo que es.

¿Cuál es, entonces, el sentido del ser?


¿De dónde le viene su fuerza rítmica?
¿Qué es aquello que hace que en él
todo sea devenir?

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¿De dónde le viene esa como tensión interna


que caracteriza su naturaleza dinámica?
¿Cómo es que hemos llegado a atisbar
en el ser algo así como germen, como semilla?
¿Qué es eso que hace que todo sea
siempre siendo?
La vida.

Si observamos la vida
damos con conceptos bastante zoomórficos.
Si escuchamos la vida
damos con intuiciones bastante entusiastas.
Si olfateamos la vida

trascendemos.

La vida hiede.
A los seres humanos la vida nos hiede
porque estamos bastante apegados
a lo vivo
… y a la muerte.
Pero la vida, originalmente, no muere
(porque, entonces, no sería vida).
Vida es ser
y el ser en su estaridad no es más
que vida,
y nada más.

Normal y cotidianamente
a lo que llamamos vida
no es más que una de las formas de vida;
vida, en verdad, es la verdad

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que se ofrece,
que se da,
en todo lo que es,
en todo lo que está.

Sí, por decirlo de alguna manera


-tonta-
ser es vida
y nada más.
De ahí su fuerza.
De ahí su ritmo.

Vida que se autoengendra,


por decirlo así:
autopoiética.
Si la vida dependiera de algo,
¿cómo podría vivir?

En este sentido
la mejor noción de vida
se identifica
con la de ser:
fuerza rítmica autopoiética.

Es normal que conozcamos


la forma de vida
orgánica,
a la que pertenece la vida humana;
pero la vida
trasciende
lo orgánico.
Cuando, por ejemplo, se hunde

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en la esencia de Dios
esto se comprende mucho mejor.
Porque Dios es vida,
y naturalmente
su vida no es orgánica.

La objetividad del saber científico


no nos deja ir más allá de nuestra mirada.
¡Qué pobreza!

La vida, en su más profundo sentido,


no se limita al concepto
que de ella ofrezca la ciencia;
con ese concepto
no se puede comprender todo el sentido
de lo que es
y de como es.

La estaridad del ser muestra la vida.


La esencia del ser verdadea la vida.
Ser trasciende vida.
¡He aquí el sentido del hedor!

Nuestro olfato por la vida,


nuestras ganas de vivir,
nuestra pasión vital
hiede en nuestra existencia,
y se va convirtiendo en esencia
de este mundo residualizado.
Somos lo que vivimos.
Ser es vivir
(mucho más allá del concepto

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orgánico
que se nos ha impuesto de la vida),
¡y ello basta!
Ser es fuerza rítmica autopoiética
total,
en donde estamos.

Vida.
Germen.
Origen-vital.
Sentido existencial.
Sentido ontológico
y transontológico:
total.
Óntico-Ontológico-Transontológico.
Total.

La vida emerge desde lo que es,


se nutre de ser
pero alimenta al ser.
La vida es acto de ser
nanovitalmente constituído
y espiritualmente orientado.
La autopoiesis ontológica
echa sus raíces en el ser
y le ofrece todo su sentido:
sentido transontológico,
que es sentido vital.

¡Hiede la vida!

Entre los Muiscas estaba

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la tradición ancestral de Gué,


principio ontológico vital
dador infinito de ser,
personificado en Chiminigagua,
divinidad primordial
quien crea de su corazón todo lo que es.

Es por eso que sentipensar lo que es


exige una conexión de corazón
con toda la naturaleza y con todo el cosmos;
comprender el cosmos
con todos sus significados y sentidos
implica más que un razonar simple y puro,
exige más bien un razonar-con
(con-todo-lo-que-es y con-el-corazón),
es decir: co-razonar:
corazonar.

Comprender es corazonar.

Sólo desde el corazón se comprende el ser


en su esencia.
Lo que se precisa
es corazonar lo que es
(ningún método racional será suficiente).

Puede ser
que conocer sea hundirse en el corazón de la naturaleza.
Pero conocer no basta.
Se precisa comprender
y comprender es corazonar.
Puede ser que razonar sea necesario

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pero no más necesario que corazonar.

Sentipensar es corazonar.

Nuestro sentipensar ontológico


ha asumido la pregunta clásica de la filosofía
pero le ha abierto otro horizonte de comprensión.
Nos disponemos, entonces,
a corazonar el ser.
¡Ésta sí que es una tarea!
La mirada-objetiva no ha resultado suficiente,
aprender a escuchar es exigente
pero tener olfato se hace urgente.
El hedor nos ha traído hasta acá:
hedemos en vida,
hedemos la vida,
sentimos la vida,
sentipensamos vivientes,
¡corazonamos!
Y se corazona lo que es,
nos topamos con el ser,
nos topamos en el ser,
estando somos:
¡el estar siendo!

Sin querer concluír


se podría decir
que hemos ensayado otra posibilidad
tras de la comprensión del ser
y nos hemos aproximado
con el corazón
a su esencia.

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Así las cosas ya se siente


que sobran las palabras.
Por ahora lo alcanzado
es suficiente.
Cuando se razona
siempre hacen falta palabras
para argumentar y contraargumentar
lo tratado;
cuando se ensaya
sólo se hace necesario
insinuar
alguna intuición
recogida
y discernida
suavemente,
como cuando sencillamente
se opina.

Ensayamos razonar-con-el-corazón,
corazonamos,
y hemos podido avanzar
un nuevo sentido del ser.
No sólo es posible (sino necesario)
sentipensar el ser
para ir más allá de los conceptos,
para hundirnos en su realidad:
pasión de ser,
ser-vital
desde donde se ha posibilitado la vida.
Fuerza
Rítmica
Autopoiética

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total.

Vida:
la estaridad del ser,
la trascendentalidad del ser,
¡su hedor!
Y su identidad.

***

¿Qué resta por decir?


Por decir, de seguro, nada.
Nada más hay que decir.
En cambio, sí hay mucho que callar.
Hacer Silencio.
Meditar. Corazonar.
Saberse estando
y estando, hundirse en el ser,
hasta sus raíces
donde hiede la vida,
donde oscurece la razón,
donde se siente el corazón
y se vive en alegría
de saberse estando
mientras se está callando
lo que no se dice.
Hieden, ya, tantas palabras.
Hieden los argumentos.
Como hieden los monumentos
a los héroes de la razón
que vivieron sin pasión
todo lo que escribían…

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¡Es mejor la sabiduría


indígena y popular
que nos lleva a vivenciar, con sentido profundo,
por qué estamos en el mundo
y por qué es mejor, ya, callar.

Pero yo callo
no para amordazar, ¡no!
Solamente callo
para invitar a hablar,
de tal forma que también el lector
se pueda expresar:

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Febrero.

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Este libro
ha terminado de concebirse
hoy 21 de febrero de 2017,
pero solamente terminará de escribirse
cada vez que un sabio lector
escriba en él los versos faltantes
para que esta pequeña obra
se complete verdadeante
en todo sentido:
siendo.
¡Sea!