Você está na página 1de 643

BIBLIOTECA DE DICCIONARIOS MANUALES

DICCIOMMO MATÍUAL
DE FILOSOFÍA
POR LOS PB A.
M . A B P I Á lZ Y B . A L C A t D Í

EDITORIAL VOLVNTAO, S. A
MADRID
DICCIONARIO MANUAL
DE FILOSOFIA

VO CABU LAR IO - IDEARIO


por los PP.

M. ARNÁIZ y B. A L C A L D E
Doctor en Filosofía y Letras Licenciado en Derecho.
Académ^o de la de C, M. y P.

PROFESORES EN EL REAL COLEGIO


DE E. S. DE MARÍA CRISTINA
(EL ESCORIAL)

TALLERES VOLUNTAD
Serrano, 48. — Madrid
N 1 H IL O B S T A T
P. Raym. González, Censor
33 oet. iga6

IM P R IM I PÓTEST
P. Th. Rodríguez, Prov.
MatriH, die 3 nov. 1926

IM P R IM A T U R
Dr. Fr. Moran, Vic. Gen.
Matrili, die 4 non. 1936

C O P Y R IG H T B Y E D IT O R IA L
V O L V N T A D , S. A. - 1 9 2 7

PRINTED IN SPAIN

TALLERES VOLVNTAD, SERRAN O, 48 , M A D R ID


PRÓLOGO

La idea de escribir este D iccionario ha sido sugerida a los autores


en la práctica, larga de muchos años, de la enseñanza filosófica a jó v e ­
nes de distintas edades y diversos estudios piofesionales (bachillerato,
facultades literarias y de derecho, enseñanza eclesiástica). A ellos va
dirigido principalmente. No es un manual de clase ni de preparación
para los exámenes, sino un instrumento de trabajo, en donde podrán
encontrar nociones precisas y claras, sugestiones de problemas, orienta­
ciones doctrinales, referencias bibliográficas útiles y, en fin, una visión
sintética del ideario filosófico, histórico y actual, y de su transcenden­
cia intelectual y vital, que n o suele adquirirse en el rígido esquematismo
de programas y textos.
N o ha sido ajena a la intención de los autores la condición de los
demás estudios científicos y profesionales. Se siente en éstos la necesi­
dad de mi complemento filosófico (introducción o, mejor quizá, term i­
nación de los estudios) que permita a las inteligencias elevarse sobre
las especialidades y abarcar de una mirada el conjunto orgánico de las
ciencias. Las especialidades crean fácilmente hábitos de espíritu unila-
Urales, cerrados a la visión integral de la realidad y al juicio ponderado
y justo de los problemas ajenos a la especialidad; de donde nace cierta
especie de desequilibrio mental: el ideario de la especialidad es conside­
rado com o el más importante y sus m étodos com o los más legítimos y
seguros, a veces los únicos. Inconscientemente, el especialista tiende a
fabricarse un molde mental de sus preferencias, en el que tratará de
vaciar la universalidad de los conocimientos: el matemático discurre y
habla de moral, de política o de estética com o geómetra; para el quím i­
co, la vida se reduce a operaciones de laboratorio; el biólogo y el natu­
ralista tienden a concebir las sociedades humanas según el m odelo de
los organismos físicos, y la vida psicológica, las funciones intelectuales,
morales y políticas a la manera de funciones biológicas; finalmente, el
PRÓLOGO

hábito exclusivo de los métodos positivos y experimentales, de operar


sobre cosas tangibles y mensurables, puede fácilmente originar la in ­
comprensión o aun la ceguera total respecto de problemas inaccesibles
por tales métodos. De otra parte, las ciencias especiales no son recintos
herméticamente cerrados: más allá del aspecto técnico lim itador de sus
fronteras, se prolongan en nociones fundamentales de transcendencia
filosófica, en problemas críticos, m etodológicos y de valoración de los
resultados, que no pueden ser debidamente comprendidos sin alguna
iniciación filosófica. Así, sobre las ciencias, y com o natural complemento
de ellas, han nacido y adquirido actualmente un gran desenvolvimiento las
filosofías científicas: matemática, física, biológica, social, etc. Y com o
coronamiento supremo de unas y otras está la filosofía pura o la meta­
física, cuyos principios, reguladores del pensamiento y de la realidad
universales, penetran todo el tejid o de las construcciones científicas.
Quizá pueda ser útil aun a las personas que han pasado la edad del
estudio y alimentan alguna curiosidad por las cuestiones filosóficas, que
en algún m odo toda la vida hemos de ser estudiantes.
E l científico y el profesional (escritor, profesor, médico, político, etc,),
antes que tales son hombres que han de vivir una vida intelectual,
moral y social; y los problemas de la vida son eminentemente filosófi­
cos; la cultura filosófica es la más esencialmente humana. Bien o mal,
con mejor o peor sentido y acierto, tod o el mundo habla el vocabulario
y piensa el ideario de la filosofía. A diferencia de las otras especialida­
des, es ésta una especialidad universal, ante cuyos problemas nadie
puede permanecer indiferente. Una gran parte de éstos son los más
hondamente vitales, que consciente o inconscientemente todo el mundo
ha de vivir y, por consiguiente, adoptar una solución, a lo menos prác­
tica, en uno u otro sentido.
E n la intención de loa autores, el libro no tiene otras pretensiones
ni otra finalidad que la de un instrumento práctico, fácil y cóm odo, que
pueda responder a estas necesidades. Muchos años hace que venimos
sintiendo la urgencia de un trabajo, aun en las modestas proporciones
com o el presente, en lengua española, análogo a publicaciones similares
del extranjero. Habiendo esperado en vano que plumas más compe­
tentes le llevaran a cabo, nos hemos decidido a realizarlo, afrontando
las dificultades de todo género que nos detenían, resignados ante la3
críticas que inevitablemente habrán de provocar los defectos, aparentes
o reales, inherentes a una obra de esta índole. N o olvidam os que en
ciertas materias, y ésta es una de ellas, quot capita, loi sensus, las crí­
ticas habrán de ser tan numerosas y divergentes com o los críticos. Es,
6
PRÓLOGO

además, un ensayo, el primero en lengua española; las críticas nos ser­


virán de enseñanza, sabremos recogerlas y agradecerlas.

* * *
B1 título general ( D i c c i o n a r i o m a n u a i,) indica la extensión de la
obra y su carácter práctico. Se ha procurado, ante todo, la concisión y
la brevedad compatibles con la claridad y la exactitud, teniendo siem ­
pre en cuenta, para no dar a los volúmenes proporciones desmesuradas,
la economía de pensamiento y de lenguaje.
subtítulo de este primer volumen (Vocabulario-Ideario) indica su
contenido doctrinal (el segundo comprenderá la Historia de las d octri­
nas, la Biografía y la Bibliografía de los filósofos): definiciones de p a ­
labras y de ideas; indicación en los principales tópicos de problemas y
orientaciones doctrinales, más bien que de soluciones, terminando con
una muy breve y selecta bibliografía, útil a quien pretenda adentrar
en las cuestiones. Y teniendo siempre a la vista la finalidad práctica,
se ha procurado en los artículos, sin om itir la significación y la evolu­
ción histórica de las ideas cuando ello lia parecido oportuno, acentuar
la nota de actualidad, dando preferencia y relieve a los problemas que
más preocupan al presente.
En el Vocabulario, al lado de las etimologías grecolatinas, se determina
con preferencia el Sentido aristotélico y escolástico de las palabras, sin
olvidar las modificaciones que este sentido haya podido sufrir en su
adaptación a ideas nuevas. ¿No es Aristóteles el principal creador de la
terminología filosófica, y la escolástica la que elaboró el instrumento de
expresión filosófica de mayor universalidad, y de una riqueza, una cla ­
ridad y una precisión no igualadas? ¿No es el lenguaje de la filosofía
moderna, en su fon do general, el mismo de Aristóteles, latinizado y
enriquecido por los escolásticos? (1). Descartes, el padre de la filosofía
moderna, no juzgó necesario inventar una nueva terminología para
expresar ideas nuevas: usó la adquirida en su primera educación esco­
lástica. La terminología escolástica pasó a las lenguas modernas, espe-

(1) í£a este punto convienen Eos más distanciados de la escolástica. iA los escolásticos—escribe
A. Bertrond {Lexiqtie phil, Proface)—debemos casi por completo toda nuestra terminología fllo-
sófica*» V Goblod [Vocíib, phil, Introd.); t.,, cuando se estudia atentamente el vocabulario de
la escolástica* se ve que era mucho más rico, más preciso y mAg sistemático que eí nuestro,.,» El
vocabulario de la filosofía moderna—escribe J. Koyce (Alt. del Dict. af Phil and P$ych.Yde J\ M.
Baldwin: Latiti and schoíastic terminolagy)—tiene su origen en el lenguaje técnico de los íüósofos
griegos, adaptado o trasladado al latín por los filósofos romanos y más tarde por los escolásticos,
influencia de la escolástica es grande sobre toda nuestra moderna terminología filosófica...*

7
PRÓLOGO

cialmente neolatinas; no es, pues, el lenguaje filosófico un tecnicismo


especial o artificial, semejante, v. gr., al de las matemáticas o de las
ciencias físicas y naturales. La parte más considerable de las literaturas
clásicas (metafísicos, moralistas, políticos, ascéticos, místicos, v aun las
obras puramente literarias) contienen un ideario filosófico. Las tradicio­
nes clásicas ofrecen modelos inagotables e insuperables de buena expre­
sión filosófica. Los escritores clásicos españoles deben, pues, ser el m o­
delo de bien decir y aun de bien pensar en filosofía, debiendo frecuentar
su lectura y familiarizarse con ella los que aspiren a una ordenada y
sólida formación filosófica. No hay idea tan profunda o tan sutil que
no pueda expresarse adecuadamente en el lenguaje tradicional y común.
Sin pretender, m uy al contrario, convertir la filosofía en disciplina
Literaria, la literatura filosófica debe aspirar, siguiendo el ejem plo de
los clásicos, a armonizar la claridad y precisión del pensamiento cientí­
fico con la pureza y elegancia del estilo.
Debe, en consecuencia, evitarse el uso inmoderado e innecesario de
neologismos y tecnicismos («huid de las palabras técnicas— decía Leib-
niz— com o se huye de una víbora o de un perro rabioso»); y sobre todo
es necesario huir de las nebulosidades y retorcimientos de ciertos extran­
jerismos exóticos, que, corno plaga maléfica, invadió el habla filosófica
española desde mediados del siglo pasado, convertida con frecuencia en
logomaquia ininteligible. Escritos filosóficos hay, en no pequeño núme­
ro, pensados en lengua extraña; y traducciones, en m ayor número, que
han quedado a medio camino al pasar de la lengua original al caste­
llano, no siendo lo uno ni lo otro. Plaga semejante abunda en libros
dedicados a la enseñanza, aun la elemental del bachillerato. Para que
las ideas penetren en las inteligencias y tomen posesión de ellas, han de
ser recibidas con simpatía; desgraciadamente, las condiciones en que la
enseñanza filosófica suele darse, son las más a propósito para desper­
tar una profunda e incurable antipatía. Hablar de filosofía es com o
hablar de cosas tan abstrusas e ininteligibles, com o ociosas e inútiles
en la vida. ITn Criterio de Balines vale más, salvada la distancia de

lESii resucacti—termina^-, cualquiera que sea, el valor especulativo de la escolástica, es de u m im­


portancia suma para la historia de la terminología filosófica.*
R. Eructen, uno de los más significados adversarios de la escolástica* en una requisitoria contra
la filosofía de Santo Tomás, escribe; iSe le ha tildado de obscuro, embrollado» absiruso; Be ha mi*
rado su obra como un puro ejercicio de escuela, como un fárrago de sutilezas..» En realidad, au
razonamiento es sobrio, su exposición trasparente; todo su esfuerzo va dirigido a precisar las
nociones y r ordenarlas armoniosamente»! [Dic Phtlr Thornos von Aqutn unddi# Kuliur der Nfttxcii,
al final 2.* ed., 19X0.)

8
PRÓLOGO

tiempo, intelectual y sobre todo pedagógicamente, que todos los trata­


dos de lógica al uso. Se puede pensar que la enseñanza filosófica, verbi­
gracia, del bachillerato, en condiciones de no servir para despertar há­
bitos de crítica, ni para formar convicciones de pensamiento y de vida
racionales, para depositar en las almas jóvenes gérmenes de alto valor
intelectual, moral y social, debiera suprimirse.
¿Quiere esto decir que haya de proscribirse toda introducción de
neologismos y extranjerismos en el lenguaje filosófico? Nada más ajeno
a nuestro pensamiento; condenamos la arbitrariedad, el abuso, no el uso
justificado por la necesidad o la conveniencia.
No es cosa fácil señalar un criterio ponderado de selección y lim ita­
ción de las palabras y frases que deberán tener cabida en un vocabula­
rio filosófico de habla española. Podrían éstas clasificarse en tres gru­
pos. Comprende el primero la base de la terminología filosófica, las p a ­
labras del lenguaje 'común y tradicional expresivas de nociones funda­
mentales del espíritu y de aplicación más universal, que responden a la
filosofía del buen sentido, a la perennis qumdam philosophia de Leibniz.
Al filósofo toca determinar las .significaciones técnicas precisas, exactas,
de este fondo general, las acepciones antiguas y las modalidades nue­
vas de m odo que reflejen los diversos matices de las ideas. E l segundo
grupo comprende los términos y expresiones, arcaicos, fuera, 110 ya sólo
del uso común, sino del tecnicismo filosóficcTmoderno; muchos de ellos
deben ocupar un lugar en el vocabulario técnico, porque, aparte de su
justeza gráfica, son insubstituibles para interpretar y expresar adecua­
damente el legado filosófico del pasado. Finalmente, el tercer^, grupo
comprende los neologismos y los extranjerismos, inventados o introdu­
cidos, unos por exigencias de modalidades nuevas del pensamiento, otros
por economía y grafisruo de expresión, y otros, sin razón ninguna, por
puro capricho.
Las teorías, las escuelas, los sistemas, tan numerosos hoy com o los
pensadores, exigen una etiqueta que designe su contenido ideal preciso,
que de otro m odo no podría expresarse sin rodeos, a veces sin prolijas
amplificaciones. De otra parte, la filosofía aplicada y científica (mate­
mática, física, la psicología en sus prolongaciones biológicas, etc.) no
puede excusarse de usar, en cierta medida, los tecnicismos propios de es­
tas ciencias. E l criterio en este punto deberá ser de moderada ponde­
ración: el uso generalizado, Ja necesidad o la simple conveniencia.
Fácilmente se infieren, de todo lo dicho, la extensión y los límites de
un vocabulario general de filosofía: ha de responder al concepto antiguo
de ciencia universal; habrá de comprender, por tanto, no sólo los tér­
9
PRÓLOGO

minos de filosofía pura y aplicada, sino también las nociones básicas de


las ciencias que entrañan problemas de transcendencia filosófica, sin
rebasar los límites del aspecto técnico de las mismas.
* * *

La parte doctrinal (Ideario) im plica un concepto de la filosofía y un


criterio filosófico personales. Nuestro concepto de la filosofía v a indica­
do en el cuerpo de la obra. N o faltan quienes juzgan la ausencia de cri­
terio personal com o condición de una obra imparcial y objetiva: el
autor debería describir la escena sin actuar en ella, limitarse al papel
de mero informador, tanto en la posición de los problemas com o en el
examen de sus posibles soluciones y en la evolución histórica de las ideas.
Semejante actitud, dado que fuera posible, n o sería racional. La valo­
ración en filosofía, y toda filosofía es un sistema de valores, el juicio
apreciativo de las doctrinas, es inseparable de su exposición. Aparte de
que, quiéralo o no, el expositor o el simple historiador de ideas no pue­
de ausentarse de sí mismo, ni dejar de interpretarlas y verlas al través
de su sistema personal; que la abstención misma es ya un escepticismo
y, por tanto, un sistema. La veracidad y la sinceridad científicas vedan,
en este caso, proclamar una actitud negativa de reserva e indiferencia
frente a todas las doctrinas, cuando estas actitud e indiferencia ni son
posibles y prácticamente han de desmentirse. Y esto aun tratándose, no
de un diccionario doctrinal, sino de un simple vocabulario. Que un lé­
x ico de filosofía no es un conjunto de definiciones nominales com o un
léxico gramatical; por elemental que él sea, contiene un ideario y, por
consiguiente, selección y afirmación de ideas. Nuestra actitud en este
punto es dogmática y critica a la vez; es necesario afirmar y razonar
las afirmaciones. La abstención negativa, simulada o real, nos parece
insinceridad en el primer caso, y el criterio o la filosofía de quien carece
de uno y otra, en el segundo.
Los autores de este trabajo tienen un criterio filosófico definido, y
consideran un deber de sinceridad para con el lector el consignarlo.
Este criterio es el de la filosofía cristiana, y dentro de ella el tomismo,
o, mejor, el neotomismo. Una filosofía dogmática y crítica a la vez, cons­
tituida por un fondo no som etido a las vicisitudes de lo tempotal, in­
variable com o las leyes de la realidad y del pensamiento, y por una vida
temporal, progresiva y de adaptación a las condiciones'variables de tiem ­
pos y lugares; una filosofía integral abierta a todas las perspectivas le­
gítimas de la realidad, del pensamiento y de la vida; una filosofía em i­
nentemente objetiva y universal, que impone al pensador el sacrificio
10
PRÓLOGO

del olvido total de sí mismo para darse sin restricciones a la verdad:


Ipsum verum non videbis, nisi in philosophia totus intraveris, dice el
gran maestro de la filosofía cristiana, San Agustín; el orgullo del espí­
ritu, in superbia et invidia remanentes, es el gran obstáculo para la con­
quista de la verdad. Es ésta una alta lección de higiene mental en estos
tiempos de egoísmo filosófico, en que cada pensador, a im itación de
Descartes, trata de construir su sistema en una independencia solita­
ria, com o si los siglos hubieran pasado en vano, «como si jam ás hu­
biera habido pensadores en el mundo». Y no es difícil llegar al conven­
cimiento de cóm o en las especulaciones filosóficas de los últimos tiem­
pos han intervenido com o factores importantes la exaltación personal,
el afán de conquistarse la gloria de pensador original entrando p o i sen­
das tortuosas y desconocidas, con la idea fija y obsesionante de labrarse
un nombre que pase a la historia.
Los espíritus ponderados piensan, al contrario, con Aristóteles y los
maestros de la tradición, que la ciencia es vida de la inteligencia, y la
vida continuidad y progreso; mejor que construir de nueva planta y
con materiales totalmente nuevos el edificio de la filosofía y de la cien­
cia, juzgaron más racional perfeccionar el construido por los anteriores,
aprovechando sus materiales y sus experiencias y aun sus errores; que
si ellos atormentaron su espíritu para descubrir el enigma del mundo,
sus esfuerzos y aun los mismos desaciertos no fueron vanos: «cabalgan­
do sobre los que lian precedido» se alcanza a ver más y m ejor (1). San
Agustín y Santo Tomás, para no citar otros nombres de venerandos
maestros, ¿no nos dejaron el ejem plo de una atención sabia y sostenida
al pensamiento de cuantos les precedieron y a las necesidades de sus
tiempos? Sus escritos, ¿no reflejan el estado intelectual de la filosofía
y de la ciencia de los siglos en que vivieron? La universalidad y la am­
plitud del espíritu aristotélico, de observación, de crítica y de síntesis;
el afán de recoger todo lo que pudiera ser útil y dar luz a las cuestiones;
la pasión de no omitir nada se reflejan en los grandes doctores de la
E dad Media, y sobre tod o en Santo Tomás. Como Aristóteles, conside­
raba éste la filosofía en su continuidad viviente, prolongando sus raíces
en la tradición y perfeccionándose sin cesar; recibiendo los legados del
pasado, cualquiera que fuese el medio donde hubieran germinado: paga­
no, judío, árabe o cristiano (2).
Con la doctrina, procuramos seguir este espíritu de universalidad de

(1) Cl. Piat, Arisi. pdg. 238.


(2) Merder, Logiqite, pág. 33, ed. ISO7.

II
PRÓLOGO

los maestros de la tradición. Nuestro dogmatismo crítico exige una


información amplia y sincera del pensamiento moderno y actual, con
todas sus desviaciones V errores. Que, com o escribe San Agustín: Nulla
Porro falsa doctrina est, qitce non aliqua vera intermisceat. Los mismos
errores contienen un fondo de verdad. De ordinario suelen ser vistas
unilaterales y exclusivas de algo que es verdadero; y a esta apariencia
de verdad deben su fuerza de expansión y el adueñarse de las inteli­
gencias. Y para hacer la crítica de los sistemas, es necesario conocerlos,
examinarlos y descomponerlos. En nuestro DICCIONARIO tendrán cabida
todas las opiniones y todos los sistemas, a título de información, acom ­
pañados de una crítica ponderada y justa. Podrá, pues, ser útil aun a
los más distanciados de nuestro ideario.
* * #

Paiécenos oportuno terminar este Prólogo con una sucinta reseña


histórico bibliográfica de los léxicos, diccionarios y enciclopedias filosó­
ficos, advirtiendo que n o pretendemos agotar la materia. H ay léxicos
de las distintas épocas de la filosofía: griega, latina, escolástica; tienen
su lexicografía especial los filósofos: Platón y Aristóteles, Santo Tomás,
San Buenaventura y D. Scoto, Descartes, Leibniz y W olff, Ivant., Com-
te, Schopenhauer, etc.; son numerosos los vocabularios, repertorios y
diccionarios enciclopédicos de filosofía en las lenguas modernas.
En el Préface que encabeza el Dicl. des Sciences Phil. de A. Franck
(1843) se consignan algunos datos históricos. Hasta el siglo X V I 110
aparecen obras de este género consagradas a la filosofía. El primero en
fecha, de J.-B . Betnardiui, sin plan uniforme, Lexicón triplex { Venecia,
1582), de la filosofía platónica, peripatética y estoica; el Repsrtorium
philosophicum de N. Burchard (Leipzig, 1610), con un plan más regu­
lar, y el más sistemático de R . Goclenius, Lexicón philosophicum gresco-
laiinum (Marpurgi, 1913), conteniendo una explicación breve y exacta
de la terminología filosófica usada por los antiguos griegos y latinos.
Los léxicos de la escuela peripatét.ico-escolástica son numerosos: P. Go-
dart, Lexicón el summa philosophia (París, 1666); Allsted, Compendium
lexici philasophici {Herborn, 1626); J. Hoecker, Clavis phil. arist. con-
iinens dilucidas grcecontm terminarían explicaciones [Tubinga, 1606);
G. Beeb, Thesaurus philosophorum, reeditado, corregido y aumentado
por J . M. Cornoldi (1S73); ¡ST, Signoriello, Lexicón peripalelicum philoso-
phico-Acologicum (N.eapoli, 3.a ed., 1881); A. Perujo, Lexicón philoso-
phico-lheologicum {Valentiae, 18S3); el Lexicón de J. Zaraa Mellinio al
final de la Ed. Leonina de la Summa Theol, de Santo Tom ás (Rom a,
12
PRÓLOGO

1887). Puede añadirse aquí la com pilación filosóíico-teológica medieval


de Fr. Morin, Diclionnaire de philosophie et de théologie scolasíiques (pu­
blicado por M im e en su 3.a Enciclopedia teológica, vol. 21 y 22, años
1856 y 1865)*
Diccionarios especiales de filósofos: J. Ast, Lexicón ptatonicum (Lip-
síeg, 3 vol,, 1835-38); H . Boüitz, Index Aristotélicas, que form a el 5.° v o ­
lumen de la ed. Bekker de Aristóteles, publ. por la A cad. R eal de Pru-
sia (1870); M. Happes, Aristoteles-Lexicon (Paderborn, 1894); L. Schütz,
Thomas-I.exicon (Paderborn, 2,* ed., 1S95) (1); A. M, a Vicetia et J. a
Rubino, Lexicón Bonaveniurianiun phil. theol. (Venetiis, 1880); M. J.
García, Lexicón scholastioum phil. theol. in (¡uo termini, definitiones,
distinctiones et effala a B. J. D. Scoto esponuntur (Quaraquí, 1910;
E. Cliauvin, Lexicón philosophicum (Leovardia, 1713), contiene la ter­
minología cartesiana; E. Gilson, Index Scolasiico-Cartésien (París, 1913),
contiene un catálogo minucioso de las expresiones escolásticas emplea­
das por Descartes; J. G. W alch, Philosophisches Lexicón (Leipzig, 1726),
resume las ideologías de Leibniz y W olff; G. S. E. Mellin, Enc-yklopádis-
ches Wdrterbuch der kniischen Philosophie (Leipzig, 6 vol., 1794-1804),
contiene la terminología y la ideología crítica de K ant; J. Frauenstadt,
Schopenhauer-Lextcon (Leipzig, 1871). Pueden añadirse aquí, com o expre­
sión de las ideologías escépticas, materialistas y ateas del siglo X V I I I
en Francia de los filósofos precursores de la R evolución: 'el Dic/ionnaire
philosophique de Voltaire (París, 1764); el Diclionnaire historique et cri­
tique de P. Bayle (1695-97), y la Encyclopédie du X V I I I siécle, en su par­
te filosófica.
Entre los diccionarios modernos de carácter general en lenguas na­
cionales, que reflejan el espíritu y las condiciones mentales de las res­
pectivas naciones, léxicos elementales unos, más o menos enciclopédicos
otros, pueden citarse: en Francia, el más importante de todos, repre­
sentativo de una época que ya pasó, publicado bajo la dirección de
A. Franck por los maestros del eclecticismo francés, Diclionnaire des
Sciences philosophiqites (París, 1.a ed., en 6 vol., 1843-52; 2.“ ed-, en
un vol., 1875); el Dictionnaire de Philosophie de'E . Blanc {París, 2.» ed.,
1906), también enciclopédico, pero de proporciones más modestas, de
criterio católico y escolástico: los vocabularios de A. Beitrand, Lexique
■de Philosophie (1892),- vertido al castellano por E. L. André (1908), y
de E. Goblot, Vocabitlaire philosophique (2.a ed,, 1912). Debe añadirse
el Vocabitlaire tcchnique et critique, terminado de publicar por la Socie-
(1) El P. J. A.planche anuncia (Sen, de Se. pftií. et t h é o l abril 1925, pág. 187) la publica­
ción cercana de un léxico tomista.

13
PRÓLOGO

dad Filosófica de Francia (1922), así com o el proyecto, com enzado y


pronto abandonado, de la Rev. Neo-Scolastique {1898, nov. y sig.), para
fijar la terminología francesa de la escolástica.
E n Alemania, la enciclopedia filosófica de W . J. Krug, sucesor de
K ant en su clase de Kijmsberg, Allgeme-ines Handwórterbuch der phil.
Wissenschaften {Leipzig, 5 vol., 1327-29), de interés solamente histórico;
el diccionario manual de P. Kircliener, Wdrterbiteh der phil. Grund-
begriffe (Heidelberg, 1886), reflejo uno y otro de la ideología kantiana
y de los idealismos postkantiauos; la obra importante, pero fragmentaria,
de lexicografía liistórica de R . Eucken, Geschichie der philosophischen
Terminologie in Umriss (Leipzig, 1879); el Wórterbuch der philosophis­
chen Begriffe {tres vols., 3 .a ed., Berlín, 1913), de R . Eisler, el más nota­
ble diccionario histórico de lexicografía filosófica, com pletado más tarde
con su diccionario de los filósofos; Philosophen-Lexikon. Leben, Werke
und Lekren der Denker [Berlín, 1912); el Sysicmalischss Wórterbuch der
Philosophie, de Clauberg y Dubislav {Leipzig, 1923); el ultim o d iccio­
nario de que tenemos noticia, escrito para alemanes, de abundante in ­
formación, pero también de una gran incomprensión de los idearios
históricos y especialmente del escolástico.
En lengua inglesa pueden citarse: W . Fleming, Vocabulary of Philo-
sophy (Glasgow, 1857, 4.® ed., Lond., 1887); J. R . Thomson, A Diclic-
nary of Pkilosophy in íhe Words of Philosophers (Lond., 2.a ed,, 1892);
Ch. P. Erantli, A Vocabulary of the Philosophical Sciences (New-York,
1876); el más importante de carácter enciclopédico, Dictionary of Phi-
losophy and Psychology (New-York, 1901-05, tres grandes vols., dedicado
el último a la bibliografía), publicado por gran número de colaborado­
res americanos e ingleses, bajo la dirección de J. M. Baldwin, con las
ventajas y los inconvenientes de toda obra en colaboración; el títu lo no
corresponde a las condiciones de la obra, que más bien que un Diccio­
nario de filosofía y de psicología resulta una enciclopedia científica uni­
versal; la metafísica o la filosofía propiamente dicha, ocupa un lugar
secundario; la historia de la filosofía, m uy pobre; en cambio, las nociones,
m étodos y teorías de las ciencias, y sobre tod o las ciencias biológicas,
tienen todas las preferencias; tiene mucho de centón, sin unidad de
plan, donde hay de tod o más que de filosofía; y el mismo editor así lo
ha com prendido al escribir en el Prefacio: «¿Encontráis que mi libro no
es un diccionario de filosofía? Sea; podéis llamarlo, si os place, un dic­
cionario para filósofos.» Podría añadirse el repertorio bibliográfico desde
el año 50, de gran utilidad práctica, de J. Hoffmans, La philosophie el les
philosophss (1920).
14
PRÓLOGO

XJna de las conclusiones del II Congreso Internacional de Católicos


{1901} fué la necesidad de preparar la publicación de una Enciclopedia
de ciencias filosóficas; desgraciadamente quedó en proyecto. Y una obra
de este género es de urgente necesidad com o com plem ento de los gran­
des Diccionarios de la ciencia católica comenzados a publicar posterior­
mente, de Teología, de Apologética, de Escritura, de Arqueología, etc.
L a empresa es difícil; pero es de esperar su no lejana realización. El
ejem plo viene de muy lejos. Las Sumas de la Edad Media son verdade­
ras enciclopedias, las primeras enciclopedias filosófico-teológicas que
respondían a las condiciones de la ciencia en su tiem po. Un Diccionario
de filosofía semejante sería una Suma filosófica de los tiempos m oder­
nos, de inmensa utilidad teórica y práctica.

N . B. Los artículos de filosofía social son del P. B. Alcalde.


A
A .— A = A: fórmula del principio de sente.) E l propietario que 110
identidad, «lo que es, es». (Véa­ siente otras relaciones con su
se: P r incipio .) Una de las cuatro propiedad que las de percibir
vocales con que se designan en rentas de intermediarios, vive
lógica las proposiciones en razón en el absentismo. Justificada la
de las diversas cuantidad y cua­ propiedad individual principal­
lidad (a, universal afirmativa; e, mente porque de este m odo se
universal negativa; i, particular logra un m ayor bien común, se
afirmativa; o, particular negati­ dudó si el propietario ausente
va). Empléase esta notación para contribuía con su ausencia al
designar las formas de oposición aumento o disminución del bien­
de las proposiciones (contradic­ estar común, y com o se obser­
torias, contrarias, subcontrarias vaba que la propiedad era es­
y subalternas), y en la determi­ quilmada y se reducía, por tan­
nación de los m odos del silogis­ to, su productividad, se llegaba
m o. (V. M odos del silogismo.) a la consecuencia de que el ab­
A, Ab, Abs.—-Usadas en com posi­ sentismo era m i abandono pre­
ción com o prefijos en palabras de sunto del propietario, y faltaba
origen latino significan a veces sólo que la ley lo declarase así
privación: anormal, amencia, para que las propiedades del se­
abstemio. Del mismo m odo los ñor ausente pasasen a la catego­
prefijos a y an, en palabras de ría de nullius, y de aquí a la de
origen griego, significan defec­ primi capieniis. Movilizada lioy
to, negación: átomo, anomalía. gran parte de la propiedad y re­
Se usan m uy especialmente en ducido el vínculo que une al due­
la terminología psico-patológica: ño con la cosa a un título (acción
abulia, amnesia, afasia, astenia. u obligación) que apenas sirve
Aberración,— (Del latín ab-arrarc, para localizar el objeto de pro­
andar erra n te, d esca rria d o .) piedad, nos encontramos en ple­
Error, desviación de lo verdade­ no absentismo. ¿Habrá, por tan­
ro y lo razonable. to, que condenar tod o el m eca­
Absentismo.— (Del latín absens, au­ nismo mediante el cual se crea,

17
A
se reparte y se disfruta la pro­ usarse en sentido menos propio
piedad? De ningún modo; no es (non simpliciter, sed secundum
más justa la propiedad indivi­ quid), que bien pudiera llamar­
dual que la colectiva; tanto mía se absoluto-relativo: así, el ser es
com o otra pueden hallar su co­ absoluto respecto de sus modos,
rrespondiente justificación den­ la substancia respecto de los ac­
tro de las normas del derecho, y, cidentes, los accidentes prim a­
por consiguiente, si en un m o­ rios respecto de los secundarios,
mento dado la propiedad indivi­ la existencia respecto de la p o ­
dual sirve m ejor al bien común sibilidad, etc.
que la colectiva, deberá preva­ E n el orden lógico de las ideas
lecer aquélla, así com o en caso se emplea con significación d i­
contrario deberá prevalecer ésta. versa y aun opuesta a la ante­
Con esto queda dicho que no se rior: se dice de las ideas más
excluyen en absoluto, sino que universales e indeterminadas,
caben perfectamente en un m is­ especialmente de la pura noción
mo medio, y hasta quizá refi­ de ser varía de comprensión y
riéndose a objetos idénticos o vecina de la nada, que ocupa el
análogos. polo opuesto del ens per se y a se
Absoluto.— (En latín, absolulus: de los escolásticos, la plenitud
suelto, libre, independiente; y del ser. En otro sentido, también
también acabado, completo, per­ lógico, absoluto es sinónim o de
fecto.) Noción muy usada en la necesario; tales son los primeros
filosofía moderna, pero con sig­ principios, incondicionados y que
nificación equívoca. En el senti­ a la vez condicionan tod o con o­
do metafísica, conform e a la eti­ cimiento; las verdades ideales y
mología, absoluto es el ser que juicios a priori, analíticos (de
no depende de otro bajo ningún materia necesaria de los escolás­
concepto, que posee en sí mis­ ticos), que son y no pueden m e­
m o la razón de su existencia; nos de ser, independientes de
el ser absoluto realiza así la ple­ toda condición de tiempo y lugar.
nitud del ser (ens simpliciter de Absoluto no se opone aquí a re­
los escolásticos) y es sinónimo lativo, puesto que son relaciones
de incondíciúnado, equivalente absolutas del pensamiento, sino
de necesario, eterno, infinita­ a contingente o condicionado.
mente perfecto. E n este sentido En la filosofía de Kant, lo ab­
sólo hay una existencia absolu­ soluto son las ideas dialécticas
ta: Dios; las de los seres creados transcendentales «organizadoras
son esencialmente relativas y del pensamiento» (unidad abso­
condicionadas. Suele también luta— el alma— , totalidad abso­

18
A
luta -el universo— , perfección mente lo absoluto y es inexpli­
absoluta— Dios— ). Pero, según cable sin lo absoluto; y en el or­
el «Protágoras de los tiempos den del conocim iento y de la
modernos», estos absolutos care­ ciencia, éstos n o subsisten sin
cen de realidad, siendo n o más principios absolutos y necesa­
que ideas puras, apariencias rios, reguladores de uno y otra.
transcendentales, producto de i Si tod o es relativo, si tod o pue­
una necesidad subjetiva del es- 1 de ser y 110 ser, la verdad y la
píritu, que é s t e trasforma en ! ciencia se convierten en fantas­
realidad objetiva: la realidad j mas que juegan con la inteligen­
absoluta, en sí, independiente de cia humana, (V. las pp. I n f i n i­
las ideas a priori, o no existe, o to , N ecesario , RELATIVO.)
es incognoscible. Los sucesores B i b l . : Balmes, FU, fitnd,,
de Kant tranforman la sombra tom o IV , 1. S.°; C. Huit, L'abso-
de la ncosa en si» en un ideal ab­ lu. Elude historique. R ev. de
soluto (el yo de Eichte, la iden­ Phil., 1913, vol. X V I, 262,
tidad de Sclielling, la idea de He- 347, 467, y X V II, 20; Earges,
gel, la voluntad de Scliopenhauer, L ’idée de Dieu d’aprés la Raison
lo inconsciente de Hartmann, et­ el la Science-, G, Michelet, Dieu
c é t e r a ) , verdadero fantasma el l’agnosficisme contemp. 1909.
elaborado en las profundidades En general, los tratados de On~
del pensamiento para descubrir tología.
el primer principio generador de Abstinencia.— (En latín, abslinen-
las cosas. Ha: moderación, continencia,
Después de Kant, absoluto es templanza.) Virtud moral m o­
sinónim o de a priori, ideal, an­ deradora de las tendencias o
terior a todo dato experimental apetitos pasionales; sujeción de
y condición de toda experiencia. los bajos fondos de la animali­
E l pensamiento actual, saturado dad a los dictados de la razón.
de positivismo (empirismo, rela­ Abstine, sustine: era la suprema
tivismo, psicologismo, pragma­ m áxim a moral de los estoicos;
tismo, etc.), tiende a eliminar lo el ideal de la sabiduría consiste
absoluto del pensamiento y de en abstenerse de los placeres y
las cosas, de la ciencia y de la en no dejarse dominar de las
realidad: sólo hay un principio pasiones, para mantener la se­
absoluto, y es que todo e$ relati­ renidad del alma y la indepen­
vo. Pero el relativismo absoluto dencia de la razón y de la v o ­
conduce inevitablemente al nihi­ luntad. Como virtud cristiana,
lismo intelectual; que lo relativo véase A scetism o. L a abstinencia
en la realidad supone necesaria­ es fuente de salud moral y físi­
A
ca; el abuso de placeres origina tética real, form an después los
la degeneración y la miseria físi­ atributos de los juicios, y orga­
ca, moral y social. nizados según leyes lógicas, cons­
E n economía: la progresión de tituyen el fon do de nuestra ri­
las necesidades puede set im pul­ queza mental. La percepción,
sada o retardada; en el primer verbigracia, de una flor, se des­
caso se agudiza el m ovim iento compone a la luz intelectual en
de los negocios, pero también se numerosos conceptos abstractos;
acentúa la actividad económica, de existencia, contingencia, m a­
se extrema la especulación y se teria, forma, color, olor, organi­
provocan riesgos difíciles de pre­ zación, vida, finalidad, etc., etc.
ver; en el segundo tenemos ca­ E l pensamiento, en la ciencia
racterísticas contrarias. ¿Cuán­ y en la vida, es un tejido de for­
do se cumple m ejor la ley del mas abstractas. La ciencia está
mínimo esfuerzo? Los griegos y constituida por representaciones,
la tendencia romano-eclesiástica ; conceptos, principios, leyes, hi­
son fervorosos partidarios de la pótesis, razonamientos, indepen­
moderación y la abstinencia, dientes de las condiciones con­
aunque las fundamenten en v a ­ cretas y particulares de existen­
riados motivos: el estoico ve en cia, de tiempo y de lugar. La
ella cosa distinta de lo que ven afirmación de Aristóteles es siem­
Aristóteles y Platón- Moderna­ pre exacta: non datur scientia de
mente se lia buscado en la abs­ concrelo particulari.
tinencia un título justificativo K1 pensamiento espontáneo de
del interés del capital. la vida práctica presenta el mis­
Abstracción (del latín abstrahere: m o carácter; prueba concluyente
extraer, separar, dividir.) Modo de ello, el análisis del lenguaje.
de conocer y concebir la inteli­ L os discursos verbales se com po­
gencia, aparte de las condicio­ nen de elementos que designan
nes concretas de existencia; la formas ideales abstractas; ábra­
abstracción es condición y prin­ se el Diccionario y no se hallará
cipio de la universalización. Abs­ una form a gramatical significa­
traer, intelectualmente, es sepa­ tiva de realidades concretas: los
rar, discernir, analizar, descom ­ nombres expresan objetos o pro­
poner en conceptos independien­ piedades generales; hasta los pro­
tes las razones de ser, los atri­ pios envuelven un conjunto de
butos y modos de las cosas, que nociones comunes; los verbos ex ­
en éstas se hallan unidos o son presan m odos generales de acción
inseparables; estos conceptos así o de relación; las restantes for­
abstraídos de la percepción sin­ mas, o se reducen lógicamente a

20
A
las dos anteriores, o, com o las ticos la comprensión sintética y
partículas, expresan relaciones la continuidad real de las cosas,
indefinidas. L a inteligencia se pero n o para destruirlas o desfi­
mueve, pues, toda ella en un gurarlas, sino para adquirir una
plano de abstracción conceptual, visión más detallada y exacta
sobrepuesto al plano de la intui­ de su com posición interior. A bs-
ción experimental. trahentium non esi mendacium.
En la gnoseología escolástica, L a ciencia no es otra cosa sino
la abstracción juega un papel un análisis lógico para compren­
importantísimo. Si la inteligen­ der la síntesis real.
cia originariamente es pura p o ­ Los escolásticos distinguían
tencialidad vacía de ideas, y sin tres grados en la abstracción:
ideas no puede pensar las cosas, física, que prescinde solamente
es necesario que antes de pen­ de las determinaciones indivi­
sar haya precedido la elabora­ duales (hic et mtnc) de los seres;
ción de ideas con que pensar las matemática, de las propiedades
cosas. La abstracción es este cualitativas y sólo considera la
proceso activo de asimilación de cuantidad; metafísica, de toda
la realidad, inconsciente y pre- propiedad material y sólo con­
lógico, puesto que precede al sidera las razones inmateriales:
pensamiento lógico. Para los es­ ser, substancia, causa, etc. Estos
colásticos, esta función, elabora- grados de abstracción sirven de
dora de las formas mentales con base a la clasificación aristotéli­
que pensamos las cosas, es el ca de la ciencia: física, matemá­
intellecius agens, distinta del in- tica y metafísica.
tellectus possibilis, esto es, de la La abstracción es el funda­
inteligencia propiamente dicha, j m ento d e la generalización.
que supone ya formados los ins- j (Véase U n iv e r sa l .)
trunientos con que pensar las Bibl.: C. Fiat, L ’idée, 1895;
cosas. E l término del proceso E. Peillaube, Théoris des con­
abstractivo es la idea, concepto, cepta, 1895; M. Gardair, La con-
verbum meniis. naissance, 1895; G. Fonsegrive,
Se pretende que este carácter Essais sur la connaissance, 1913;
abstracto del pensamiento aleja L. J. Walker, Theories of know-
a la inteligencia de la realidad, ledge, 1910; P. Arnáiz, La Inte­
desfigurándola, que en su pure­ ligencia, 1914.
za original solamente es accesi­ Abstracto.— Resultado de la abs­
ble a la intuición (E. Bergson). tracción y de la generalización:
Este es un error. La inteligencia el concepto, la ley, el principio,
descompone en conceptos analí­ por oposición a la intuición ex­
21
A
perimental del hecho concreto, j tido estricto, solamente tiene lu­
1,0 abstracto es lo universal for­ gar en los juicios analíticos, que
mal concebido por el espíritu.. expresan la simple posibilidad y
In abstracto, in concreto: expre­ cuya única ley es la 110 contra­
siones que designan dos modos dicción. E 11 o tio sentido más
de considerar y resolver un pro­ amplio, absurdo es sinónimo de
blema: el punto de vista ideal, falso, especialmente cuando con­
especulativo, teórico; y el punto tradice a verdades obvias y de
de vista de las aplicaciones rea­ sentido común.
les y concretas. La demostración indirecta, por
En gramática, términos abs­ reducción al absurdo (argumen-
tractos, y frecuentemente tam ­ ium ab absurdo, per im possibih ) ,
bién en lógica ideas abstractas, consiste en demostrar la verdad
los que expresan una cualidad de nna proposición por la false­
separada del sujeto en forma dad de la contradictoria o de las
substantiva; ej.: justicia, bon­ consecuencias que lógicamente
dad; por oposición a términos de ésta derivan, en virtud del
e ideas concretas, que expresan axioma: ex vero non sequitur nisi
a la vez el sujeto cualificado: verum. E sta demostración indi­
justo, bueno. (V. Concreto .) recta, frecuentemente usada en
Abstractas (C iencias).— (V. ClASl- filosofía y también en matemá­
PICA.CIÓN DE LAS CIENCIAS.) ticas, lleva a veces al ánimo una
Abstraído.— Absorto, embebido en í convicción más fuerte que la di­
el discurso o contemplación de i recta, aun siendo inferior a ésta.
un objeto o problema, por la i Abulia .— (De i priv., Son\r¡ volun­
concentración intensa de las ac- \ tad; carencia o debilidad de la v o ­
tividades mentales sobre ellos, luntad.) Im potencia o falta de
(Véase a te n ció n .) energía en la voluntad para de­
Absurdo,— (Del latín absurdum: con­ cidirse, imperar los actos, coor­
tradictorio, incoherente, falso.)—■ dinar y ejecutar los m ovim ien­
Se emplea también como subs­ tos. Se caracteriza el abúlico por
tantivo en vez de absurdidad. la falta de reflexión y dominio
Es absurdo el pensamiento que de sí, por la incapacidad de p o ­
implica contradicción en sí o ner orden en la dispersión de
en su s consecuencias: un jui­ sus actividades, de cambiar el
cio Cuyo predicado es negación curso espontáneo de las ideas y
del sujeto; un principio cuyas sentimientos, de resistir y d o ­
consecuencias lógicas contradi­ minar las influencias exteriores.
cen principios o verdades evi­ L a ausencia de voluntad tiene
dentes. Lo absurdo, en este Sen­ grados en el estado normal, de­

22
A
pende de la educación., del ca­ trices (amnesia motriz). (Véase
rácter, del grado de impresiona­ A ten ción , Carácter , V olun ­
bilidad nerviosa: son débiles de t a d .)
voluntad los niños, las mujeres, Bibl.: P. Janet, Névroses et
los imaginativos, los de tempe­ idées fixes, 1898; P. B . Eymieu,
ramento nervioso excitable, etc. E l gobierno de si mismo, trad. cas­
Cuando la falta de voluntad tellana; E- Peillaube, Les ima­
proviene de im desequilibrio or­ ges, 1910, passim, especialmen­
gánico, la abulia es una enfer­ te el capítulo de las «imágenes
medad (neurastenia, histeria, lo­ , motrices»; R ibot, Maladies de la
cura, manta, idiotez). Todas las volonté, 18S3.
facultades se mueven bajo el Academia.— (Del griego
impulso voluntario: la imposibi­ jardín de en Atenas,
lidad o defecto de atención, de donde Platón explicaba a sus
asociación ideal, de resistir el discípulos, que por esto se lla­
flujo espontáneo de imágenes, maron académicos, y la escuela
de decidirse en los juicios, las fundada por él y las de él deri­
ideas fijas, etc., son efecto o van vadas, academias.) Se distin­
acompañadas de parálisis de la guen tres academias en la histo­
voluntad, y pueden llamarse abu­ ria de la filosofía: antigua, m e­
lia intelectual (delirio de la duda, dia y nueva. Entre los discípu­
impotencia de formar conviccio­ los de Platón, representantes de
nes, manía de escrúpulos). la antigua academia (siglo IV
Las causas son complejas: des­ liasta los primeros años del I II
arreglos de las facultades infe­ antes de J.-C.): Speusippo, in­
riores orgánicas, alteraciones mediato sucesor de Platón; X e -
anatómicas y funcionales de las nócrates, principal representan­
centros cerebrales, que dificul­ te de la academia; Polemón,
tan o reducen a la inercia el Kfates, etc., conservaron las
ejercicio libre de la voluntad. doctrinas del maestro, aunque
Otra form a de abulia es la modificadas por influencias ex­
motriz, que impide la ejecución trañas, principalmente pitagóri­
de los actos voluntarios (pará­ cas. Arcesilas (315-241) fué el
lisis) o la coordinación ajustada fundador de la segunda acade­
de los movimientos ( ataxia) . mia o media (siglos I I I y II),
Obedece a perturbaciones de los orientándola hacia el escepticis­
elementos nerviosos que concu­ m o de los sofistas y de Pirrón.
rren a la ejecución de los m ovi­ Carne ades acentuó este escepti­
mientos, y m uy especialmente a cismo, poniendo com o base la
la abolición de las imágenes m o­ incertidumbre y la doctrina de
23
A
la probabilidad. L a nueva aca­ tecim iento no previsto e im po­
demia, representada principal- sible de prever, que sucede fue­
mente por Filón de Larisa (m. SO ra de la intención y de los pla­
años a. de y por Antíoco nes de finalidad; d) , lo sucedido
Ascalón (111. 68 años a. de J.-C.), con una probabilidad mínima
abandonó el escepticismo aca­ entre un indefinido número de
démico de los anteriores, para posibilidades.
volver a las doctrinas de Platón, Filosóficamente, las dos pri­
mezcladas a elementos aristoté­ meras acepciones carecen de sen­
licos y estoicos; es un verdadero tido real: nada en el universo se
eclecticismo. E l eclecticismo de substrae a la causalidad y a la
Cicerón, discípulo de Filón, es finalidad, tod o obedece a leyes
el que m ejor sintetiza las d oc­ inmanentes, que regulan el cur­
trinas y el espíritu de la nueva so de las cosas; podrá la inteli­
academia. Las doctrinas plató­ gencia ignorar y de hecho igno­
nicas renacen de una manera ra con frecuencia las causas
potente y nueva en el neopla­ complejas y las leyes determi­
tonismo de Alejandría, vivifica­ nantes de los acontecimientos,
do por elementos orientales. pero sabe que unas y otras exis­
Enumeran algunos cinco aca­ ten.
demias en lugar de tres, funda­ L a naturaleza, dice Aristóte­
das, respectivamente, por Pla­ les, 110 produce nada al acaso:
tón, Arcesilas, Cameades, Filón «Se dice que ciertas cosas suce­
de Larisa y Antíoco de Ascalón. den al acaso y otras no, sabien­
(Véase Platonismo , N eoplato ­ do m uy bien que las primeras
nism o . E n el vol. II, P lató n .) pueden reducirse a causas ordi­
Acaso.-— (De a-caso. En latín ad- narias lo mismo que las segun­
casum, casu; por casualidad, for­ das.» ( F is., II, 4.) E l acaso no
tuita, accidentalmente.) Se usa tiene, pues, existencia real y ab­
con significación varia: a) , sinó­ soluta, sino solamente subjeti­
nimo de hado, destino, fatalidad, v a y relativa a las condiciones
el faium de los latinos, x-jyv) de psicológicas e históricas en que
los griegos: especie de fuerza se desenvuelve el curso de nues­
universal, ciega y misteriosa, tra vida intencional: cuando el
que dispone los sucesos y los curso de esta vida se encuentra
destinos de los hombres arbitra­ con lo imprevisto, lo inesperado,
ria y despóticamente, fatalmen­ que choca con los moldes inten­
te; b), lo que sucede sin causa, cionales y los rompe introdu­
sin finalidad, fuera de la ley, ciendo en ellos el desorden y el
casual se opone a causal; c) , acon­ cambio de orientación, entonces

24
A
decimos que suceden, las cosas gencia no podía tener una re­
al acaso, palabra con que encu­ presentación comprensiva y ade­
brimos nuestra ignorancia de las cuada de nada; por consiguien­
causas, aun sabiendo que éstas te, n o hay verdad absoluta, que­
existen. da siempre lugar para la duda.
Objetivamente, sin embargo, Este escepticismo, fundado en
el acaso tiene m i fundamento, la incomprensión integral de las
110 en el sentido de ausencia de cosas, ha reaparecido h o y en las
causalidad y de finalidad; las teorías relativistas y pragmatis­
series de afectos causales, v o ­ tas (Bergson, L eroy): la verdad
luntarios y naturales, no siguen n o sería una cosa definitiva,
líneas independientes, sino que sino cambiante y relativa a las
se entrecruzan y chocan produ­ condiciones personales del espí­
ciendo interferencias y efectos, ritu; la verdad de h oy error de
no solamente imprevistos, sino mañana. Cierto, n o podemos co­
imposibles de prever; entonces nocer el todo de nada; la verdad
una causa ordenada natural­ integral, adecuada y perfecta, no
mente a un determinado efecto es de este mundo; pero hay ver­
produce accidentalmente, por la dades parciales, y podemos ad­
interferencia de causas, otro d i­ quirir mi conocim iento absolu­
ferente o el contrario. Cl. Ber- tamente cierto y definitivo de
nard pone de manifiesto la in­ ellas.
tervención del acaso en los Accidentalmente.— Se opone a esen­
descubrimientos científicos; bus­ cialmente. Traducción de las fór­
cando el sabio una cosa, la com ­ mulas per se y per accidens de
probación de mía hipótesis, en­ los escolásticos. Expresan dos
cuentra otro que le obliga a m odos de atribución en el orden
rectificar su plan ideal. lógico (esencialmente el hombre
Bibl.: Cournot, Expos. de la es racional, accidentalmente es
théo-yie des chances et des pyoba- sabio o ignorante), o de acción
bililés, 1843; Maldidier, Le ba­ causal en el orden real (natural­
sará. Rev. Phil., t. X L I II, 1897; mente los alimentos tienen com o
Mentré, Le Róle du hasard. Rev. fin nutrir el organismo y mante­
de Phil., t. IV , 1904; Eolguera, ner la vida, accidental o cir­
Hasard ote Providente, 1902. cunstancialmente pueden causar
Acataléptico.— (Del griego « priv., y la enfermedad).
l?, comprensión.) Los es­ Accidente.— (Del latín accidere: su­
cépticos de la antigüedad grie­ ceder, acontecer, sobrevenir; los
ga, entre ellos el académico cambios y modificaciones que
Arcesilas, sostenían que la inteli­ suceden en la s cosas.) Con­

25
A
viene, ante todo, distinguir el efecto y perfección de la subs­
accidente ontológico, real, cate­ tancia, constituyendo con ella
górico o predicamenlal (tq ou(jl- una sola realidad existencial; son
6^6r¡y.ór de Aristóteles), del ac­ a m odo de realidad aminorada y
cidente lógico, categoremálico o de segundo grado por relación a
predicable, mío de los universa­ la substancia: ¿’vto; ¿'v, ser del
les enumerados en el Isagoge de ser, según frase de Aristóteles.
Porfirio: genus, species, tfifferen- Sola substanti# proprie et vere
Ha, proprium, accidens. Para este dicuniur entia...\ accidens dicilur
último véase P re d ic a b le . magis entis quam ens. (Santo T o ­
E l accidente ontológico se op o­ más, Sum. Th., 1.a q. 90, a. 2.)
ne a la substancia, y comprende De las nueve categorías acci­
las nueve categorías de las diez dentales enumeradas, la de rela­
aristotélicas: cuantidad, cuali­ ción conviene al sujeto, no en sí
dad, relación, acción, pasión, considerado, sino por relación a
espacio, tiempo, situación y há­ otro distinto de él, y se dice
bito. accidente relativo. Los demás
Las realidades de la natura­ se llaman absolutos, no p or­
leza se dividen en dos grandes que tengan existencia indepen­
categorías: el ser y sus cambios; diente de la substancia, sino por­
el fondo permanente, sujeto pri­ que la determinan y perfeccionan
mero de las actividades, cambios independientemente de las rela­
y modalidades de los seres, y ciones con otros seres. Los acci­
estas propiedades y-m o d o s que dentes absolutos son fundamen­
perfeccionan y determinan en to de los relativos: la cuantidad
toda su riqueza y variedad con-, y la cualidad fundan las relacio­
creta la existencia de los seres: nes de igualdad, semejanza, pro­
substancia y accidénte. Se define porción; la acción y pasión, las
el accidente en función de la relaciones de causalidad, etc.
substancia: día realidad que no Los accidentes absolutos se lla­
existe en sí y por sí, sino en otro man modales cuando afectan in­
com o en un sujeto*. Inteligencia, mediatamente, no a la substan­
libertad, sentimiento, no tienen cia, sino a otro accidente prim a­
realidad sino en un sujeto, un rio por relación a ellos: así la
hombre, inteligente, libre, que form a es modo de la cuantidad;
siente; las actividades y m ovi­ la intensidad, la dirección, mo­
mientos de la naturaleza física dos de la fuerza.
exigen cuerpos reales, principios ¿Cuál es la realidad propia de
de actividad y movimiento. Los los accidentes en relación a la
accidentes son así emanación. substancia? ¿Son realmente dis­

26
A
tintos de ésta? Descartes opina- I en los cambios incesantes que
ba que los accidentes se reducen ; sufren los seres, éstos realmente
todos, en último término, a rela­ nada pierden ni ganan; o que
ciones substanciales; por consi­ todo cam bio en la naturaleza es
guiente, 110 poseen una realidad substancial? N i uno ni otro; tes­
distinta de la substancia. Los tigo, la experiencia inmediata
positivistas,' en general, niegan las universal. Si, pues, el ser subs­
substancias y conciben los acci­ tancial permanece el mismo a
dentes (fenómenos) a m odo de través de los cambios accidenta­
substancias o realidades en sí. les, 110 queda medio entre admi­
(Véase Suestanciausm o, F e n o tir su distinción real o elegir una
monismo.) D ejando a un lado los de estas tres proposiciones: «to­
accidentes de relación fundados dos los cambios que se producen
en determinaciones extrínsecas en los seres son substanciales; no
y los modales que son simples hay cambios en la naturaleza;
m odos de los absolutos, la cues­ las contradictorias son idénticas».
tión se limita a los accidentes Y siendo realmente distintos la
absolutos intrínsecos; la cuanti­ substancia y el accidente abso­
dad y la cualidad. Ahora bien, luto, ¿se sigue que sean separa­
la distinción real de estos acci­ bles? Desde luego, en el orden
dentes y la substancia es evi­ natural, el accidente es insepa­
dente. T od o aquello que en un rable de una substancia. Pero
ser, sin dejar de ser el mismo, siendo alguno de ellos, tales com o
puede existir o n o existir en él, la cuantidad y cualidad físicas,
adquirirse, modificarse, perder­ real y adecuadamente distintos
se, es realmente distinto del mis­ de la substancia, n o se ve con ­
m o ser. ¿Se podrá afirmar seria­ tradicción en concebir su sepa-
mente que la riqueza de ideas, labilidad. Sería entonces una
sentimientos, experiencias, los simple ley o exigencia natural
hábitos contraídos y los cambios la inherencia de los accidentes
sufridos en el decurso de su vida en la substancia; y sin contradic­
por un individuo no son nada ción podemos pensar que las le­
real; o que la personalidad subs­ yes naturales fueran de distinta
tancial de este individuo se subs­ manera de com o son. (V. Subs­
tituye por otra tantas veces com o tan cia , C ateg o ría .)
son los cambios psicológicos? El Bibl,: T. Pesch, Inst. logicales;
dilema es inevitable si no hay Mercier, Ontologie, y, en general,
distinción real entre el pensa­ los tratados de Ontología.
miento y la substancia del alma. A com odación.— E n fisiología de la
Y en el orden físico, ¿se dirá que visión, las variaciones de curva­
27
A
tura del cristalino según las di­ la reacción es proporcionada a
versas distancias de los objetos la acción.
en que se fija la mirada, y cuyo Axiomas relativos a la, acción;
fin es hacer data la imagen ob­ Ea acción se atribuye al sujeto
jetiva. E n sentido más general, (actiones siint suppositorum), es
véase A daptació n . decir, a la persona o cosa sub­
Acción.— Una de las nueve cate­ sistentes origen primero de la
gorías accidentales aristotélicas, acción; así, realmente no es la
Troteív, correlativa de la pasión, inteligencia la que entiende, la
xaays'.y, y consiste en el ejerci­ voluntad que quiere, los ojos que
cio de las actividades de los se­ ven, sino el hombre quien en­
res, cuyo movimiento se term i­ tiende, quiere, ve, con la inteli­
na en la producción de una rea­ gencia, la voluntad y los ojos.
lidad nueva. Es categoría uni- Agere seqitiiur esse: la acción res­
versal de la naturaleza: todos los ponde a la naturaleza del ser.
seres poseen potencialidades o Principio de economía en la na­
fuerzas latentes que, puestas en turaleza: la naturaleza nada hace
actuación, determinan los cam ­ en vano (natura nihil facit frus­
bios y la vida en los seres. Este tra), es decir, que sigue siempre
m ovim iento de la potencia al el camino más corto, empleando
acto, de la causa al efecto, que la menor cantidad de tiempo
en términos de la filosofía m o ­ y de fuerza. (V. ACTIVIDAD,
derna pudiera traducirse por E n e r g ía , Causa.)
evolución, fieri, devenir, es la ac­ Acción (F ilosofía de la ).— Se da
ción com o categoría. (V. ACTO, este nombre a una orientación
Cau sal id ad .) X,a acción es in ­ moral y práctica de la filosofía
manente, cuando se termina en en Francia, representada por
el mismo sujeto que la produce: M. Elondel {en su libro L'Aciion,
los actos psicológicos y vitales 1894), discípulo de Ollé-Eaprmie.
en general; y transitiva cuando «¿Ea vida tiene o n o m i sentido,
recae sobre mía realidad exterior y el hombre un destino?» He
al sujeto: las acciones y reac­ aquí el problema fundamental de
ciones de los cuerpos. Estas, a su la filosofía, cuya solución ha de
vez, son mecánicas, f ísicas y quí­ buscarse, n o en un ideal cons­
micas, según los efectos. truido por la dialéctica racional,
A la acción se opone la reac­ sino en las exigencias primitivas,
ción, desplegamiento de las ac­ profundas e inmanentes de la
tividades de un ser determinado vida misma. También se llama
por la acción recibida de otro. inmanentismo moral.— (V. PRAG­
Es ttn principio de dinámica que MATISMO.)

28
A
Bibl.: Tonquédec, Immanencs, posibilidad a la existencia, y
1913; M. Valencin, Immanencs. ' cada una de ellas com o conte­
Dict. Apolog. de la Foi cath.; i niendo virtualidades que van
Poulpiquet, L ’objet integral de V j realizándose en el tiempo. Nada
Apologétique, 1912. j permanece absolutamente lo mis­
Actividad (3úva¡u;, en Aris- I mo, todo cambia; y el cambio
tó t e l e s . ) Facultad, energía, no es sino realización de p o ­
fuerza: principio inmediato de sibilidades, el m ovim iento pro­
acción. Puede considerarse en gresivo de un ser en potencia a
estado potencial (potencia) com o un ser en acto. E l principio del
simple poder de acción, o en ejer­ m ovim iento o aptitud de un ser
cicio (actual). para existir, esto es la potencia',
Los seres se hallan dotados de j el ser realizado en la existencia,
actividades o energías específi- ¡ es el acto. Toda la realidad de la
cas que canalizan la acción orien­ experiencia está, pues, constitui­
tándola según un plan de fina­ da por estos dos elementos esen­
lidad, para el desenvolvimiento ciales, potencia y acto. Y n o se
y perfección de su naturaleza. entienda aquí la potencia com o
Las actividades se clasifican una posibilidad puramente lógi­
según los actos: inmanentes y ca, que lo lógico 110 tiene eficien­
transitivas, psicológicas y físi­ cia alguna en el orden real; su
cas, etc. (Véase PoTRNCTA, realidad es disminuida y rebaja­
E n er g ía .) da, negativa si se quiere, por re­
Acto.— (En latín esc. acius, equiva­ lación al acto, pero siempre prin­
lente a Evepfctot, hzikt/i’.v. de Aris­ cipio real de acción. (V. Po t e n ­
tóteles.) En el sentido meta- cia , P osib ilid ad .) La división
físico de m ayor universalidad es de los actos es la misma del ser:
noción primera, indefinible: sig­ acius essendi, es decir, la existen­
nifica determinación, realidad, cia, y acius forntalis, la esencia;
ser. Toda determinación del ser, acto substancial que determina
substancial o accidental, esencial la substancia, y accidental, el
o existencial, es acto. E n sentido accidente; acto puro exento de
restringido designa el ser exis­ toda potencialidad, el ser a se,
tencial o actual, por oposición al Dios; acto no puro, mezcla de
posible o virtual: potencia y acto potencia y acto, la realidad con­
son nociones correlativas. Su ori­ tingente; acto primero (in actu
gen, com o el de toda noción pri­ prim o), el ser y las actividades,
mera, es la experiencia. Las co­ principios rem oto y próxim o de
sas del m undo aparecen com o acción; acto segundo (in actu se­
fluir universal y continuo de la cundo), esta misma acción o

29
A
el ejercicio dé las actividades. los conocimientos adquiridos se
Relaciones del acto y de la p o­ llaman ciencia habitual, en con­
tencia. (V. P otencia y las cate­ traposición a ciencia actual, los
gorías de A cción y Pa sió n .) actos de volver a pensarlos.
. Fuera de este sentido metafí- Finalmente, en física la ener­
sico, acto es sinónimo de acción gía actual o viva se opone a ener­
(hecho, fenómeno) en el uso c o ­ gía potencial o latente.
rriente, expresa el ejercicio de E n sentido corriente dice rela­
las actividades principalmente ción al tiempo; presente, entre
humanas; y los actos se clasifi­ el pasado y lo futuro. (V. Posi-
can según las actividades y sus b ilid a d , E x ist e n c ia , E n e r g ía .)
modos de actuación: físicos, v i­ Actuar, actuación.— Entrar o
tales, intelectuales, espontáneos, „ poner en acción; dar realidad
libres, morales, etc. Los actos una causa a los efectos, hacién­
determinan y especifican las fa ­ dolos pasar de la potencia al
cultades y naturaleza de los se­ acto, de la posibilidad a la exis­
res, y son primero en el orden tencia. Determinación de la m a­
del conocimiento, «el árbol se teria por la forma.
conoce por los frutos»; en el or­ Actualismo.— Así se suele denom i­
den del ser, al contrario, la na­ nar en Alemania el fenomenismo
turaleza y las actividades son psicológico. La psicología no debe
principios generadores de los ocuparse más que en los hechos
actos. (V. E x ist e n c ia .) de experiencia inmediata, dejan­
Bibl.: Aristóteles, Metaphys., do a un lado las potencialidades
libro XX; Santo Tomás, In y el subslralum substancial que
Meiaphys., 1. I X ; A. Fatges, no caen bajo la experiencia. La
Théorie fond. de Vacie et de la teoría de la actualidad es por
puissance', T . de Regnon, Méta- oposición a la de substanciali-
physique des causes, 1906; Mer- dad. (W undt, H offding, E b-
cier, Métaphysique.Y, en general, binghaus, etc.)
los trat. de Metafísica. Adagio.— (Del latín ad-agendum.
Actual.— D e acto, existente, que es En griego •j’viíjityj. sentencia.) Fra­
efectivo: lo que existe en su rea­ se popular, breve y sentenciosa,
lidad propia y formal. Se opone que encierra un sentido m oral y
a potencial, posible, virtual, m odo, práctico.
por ej., de existir I03 efectos en Adaptación.— (Del latín ad-apíare:
las causas antes de haberse pro­ adaptar, acomodar, ajustar.) Or­
ducido por éstas, o las con­ denación ajustada, acoplamien­
secuencias en los principios. En to de medios afines, de las acti­
psicología se opone a habitual: vidades a sus objetos, de la vida

30
A
en general a las condiciones del adecuado agota la cognoscibili­
medio. E l desarrollo y la educa­ dad de un objeto; y en tal senti­
ción de las facultades del espíri­ do, sólo puede haber conocim ien­
tu, así com o la evolución fisioló­ to adecuado de los conceptos
gica de los organismos, consisten abstractos; de la realidad con­
en una serie gradual de adapta­ creta no conocem os el tod o de
ciones: adaptación intelectual, nada, la idea nunca puede igua­
social, biológica, etc. La adapta­ lar a la realidad: individuum
ción es función de dos factores: ineffabile. (V. V erd a d .) Las ex­
las tendencias naturales o here­ presiones escolásticas ad-izqua-
ditarias y adquiridas, de una tus, co-ísquaíus, designan el c o ­
parte, y de otra, las circunstan­ nocimiento propio, inmediato;
cias variables del medio. en oposición al que tenemos
Se usa especialmente en biolo­ de un objeto en y por el con­
gía para designar la orientación cepto de otro, com o es el ana­
y coordinación de funciones en lógico.
armonía con las condiciones va­ Adhesión.— (Del latín adhesio, de
riables de existencia del vivien­ adherere: unirse a.) Fijación de
te: cuando este ajustamiento es la inteligencia en la verdad co­
estructural {natural y heredita­ nocida con certeza. (V . V e r d a d .)
rio) se llama propiamente adap­ Ad hominem. (Argumento.) — D e­
tación, y cuando es individual y mostración indirecta, basada en
variable, acomodación. Es tópico las mismas afirmaciones del ad­
general en las modernas teorías versario, de tal m odo que se le
de la evolución. haga ver su contradicción.
A daptación visual.— M odifica­ A dlnam ia.— (Del griego a priv., y
ciones en la abertura de la pu­ BjvcrijLi-, fuerza.) Debilidad o
pila y en la sensibilidad retinia- agotamiento de las energías del
11a, determinadas por los diferen­ organismo.
tes grados de iluminación o b je­ Adjetivo.— (Del latín adjectus: agre­
tiva. (V. A c o m o d a c ió n ,) gado, unido.) E n lógica, idea ad­
Adecuación.— (Del latín ad-m^uare: jetiva es lo mismo que acciden­
igualar.) Idea, concepto, conoci­ tal, que representa una cualidad
miento adecuados, que se ajustan o modo; por oposición a substan­
a las condiciones de los objetos. tiva, que representa el ser subs­
Es la definición tradicional de la tancial.
verdad: adeequatio rei et intellec- En gramática, el nombre subs­
lus, conformidad del pensamien­ tantivo designa los objetos, o las
to con las cosas. En. otro sentido cualidades de estos objetos en
más estricto, el conocimiento form a abstracta; y el adjetivo es­
31
A
tas cualidades com o atributos de posibles, opta por una u otra so­
un sujeto. E l vetbo substantivo lución. Sería, pues, más propio
ser expresa la relación lógica del llamarle condicional.
juicio; los demás verbos son ad ■ Admiración.— Sentimiento com ple­
jctivos porque expresan., además jo de novedad, extraneza, sorpre­
de la relación, un atributo de sa, estupor, producido por la con­
ser o de acción. templación de objetos que exce­
Adjetivo ( DerechoJ,— J . Bentham den sobremanera la capacidad in­
llamó así al Derecho penal y de telectual. Resulta del contraste
procedimientos, La naturaleza entre el sistema de ideas habi­
humana está sometida a una ley tuales y las impresiones de o b ­
propia y substantiva que los ju ­ jetos que, o por su novedad o
risconsultos llaman norma o ley por su grandeza, son imposibles
social, para distinguirla de las de enlazar y ser comprendidos
leyes naturales o físicas propia­ cu el sistema. Es, por tanto, de
mente dichas; pero la posibilidad carácter principalmente intelec­
que tiene el hombre de separar­ tual, aunque, com o tod o senti­
se del camino trazado por esas miento de este género, irradia
normas, posibilidad que n o tie­ también en la afectividad, en
ne nada de necesaria, esencial o form a de inferioridad, de im po­
substantiva, sino que es casual, tencia para comprender, por lo
accidental o adjetiva, pide una que el espíritu queda abierto,
reglamentación o conjunto de suspenso y anonadado ante la
condiciones impuestas a la liber­ realidad, que se extiende indefi­
tad individual para que se sub­ nidamente más allá de su com ­
sane, remedie y evite en lo p o ­ prensión. L a admiración es, por
sible el quebrantamiento de la consiguiente, relativa a las con­
norma substantiva. Oudot lla­ diciones intelectuales de los in­
maba al derecho adjetivo sancio- dividuos: el niño se admira de
nador, y tal vez sea más acepta­ toda novedad; el hombre ruti­
ble este calificativo en cuanto nario de toda invención, hasta
que las leyes o normas para que que se habituó a ellas; lo subli­
sean perfectas deben ir acom pa­ me, sea físico, intelectual y m o­
ñadas de la correspondiente san­ ral admira a todos y siempre,
ción. E l Derecho substantivo porque excede siempre las capa­
manda, y por esto convendría cidades psicológicas.
llamarle indicativo o imperativo; Descartes la enumera entre las
el derecho adjetivo comienza su­ seis pasiones simples y prim iti­
poniendo y luego, en conform i­ vas de su clasificación. Pero, pro­
dad con las diversas posiciones piamente hablando, 110 es pasión;

32
A
y de ningún m odo simple ni pri­ sos tipos de imágenes verbales
mitiva. perdidas: afasia auditiva o sor­
Como sentimiento estético, dera verba!, en que se oyen las
véase B elleza , S u b l im id a d . palabras pero n o se comprende
Adventicia (Idea) . —-Descartes cla­ su significado; alexia o ceguera
sificó las ideas por el origen en verbal, en que se leen las pala­
tres grupos; «Unas-— dice— me bras pero no se entienden; afasia
parecen, nacidas conmigo (inna­ motriz o afemia, en que n o se
tas), otras extrañas y venidas de i pueden pronunciar las palabras,
fuera ( adventicias) , y otras, final- | por haberse perdido las imágenes
mente, hechas o inventadas por del mecanismo de los m ovim ien­
mí (facticias).» J tos de articulación; agrafía, im ­
Adversativa (Proposición) , — En ló- j posibilidad de escribir, por pér­
gica y gramática, la compuesta : dida de las imágenes motoras de
de dos o más entre las que ha de ! la mano. Las dos primeras tienen
haber alguna oposición: podrá el i su origen en perturbaciones de
cristiano ser muerto, pero no los centros sensitivos, y las últi­
vencido. La verdad de estas p ro­ mas en los centros m otores.
posiciones exige que las simples Los trastornos afásicos tienen
sean verdaderas, y además que su origen en enfermedades cere­
haya alguna oposición entre brales. E l centro m otor del len­
ellas. guaje corresponde a la tercera
Afasia.— (Del griego ú priv., y circunvolución frontal izquierda;
rfc¡.3'.c. palabra, privación del ha- ¡ su destrucción produce la afasia
bla.) Pérdida total o parcial de ! motora; el centro auditivo a la
la facultad del lenguaje; la eau- j primera circunvolución tem po­
sa está, ordinariamente, eti una I ral izquierda, su destrucción trae
perturbación de los centros sen- j consigo la afasia auditiva; los
sitivos o motores de asociación centros ópticos están en los ló ­
de imágenes, quedando intactos bulos occipitales, y su perturba­
la facultad de comprender y los ción causa la ceguera psíquica.
órganos de fonación. E n el m e­ (V. A m n e sia .)
canismo del lenguaje intervienen Bibl.: Kussmaul, Les Troubles
imágenes visuales (gráficas), fo ­ de la paróte, trad. fr,; Wernicke,
néticas (auditivas), de articula­ Der aphasische Symptomen com-
ciones fonéticas (musculares-fo- plex, 1874; P. Marie, Revisión de
nétieas) y de movimientos de la la queslion de l’aphasie, art. de
mano en la escritura (muscula­ la Stmainv médicale, 23 mayo,
res gráficas). De aquí las varie­ 17 oct., 28 noy. de 1906; Sur la
dades de afasia, según los diver­ fonction du langage. Rev. de Phil.,

33
A
1907; Fcrrand, Le Langage, la bilidad, facultad de gozar y su­
Parole el les Aphasies, 1894. frir#. Los hechos no justifican la
J. Grasset, Le phychisme inf¿- división cartesiana de los fen ó­
rieur, 1906. menos psíquicos en inteligencia,
Afección.— En la psicología moder­ sentimiento ( afectividad) y v o ­
na se emplea con significación luntad. La afectividad acom pa­
imprecisa sinónima de pasión, ña al ejercicio de todas las facul­
emoción, tendencia, impresión, tades y resulta de este ejercicio;
sensación, sentimiento, etc. E n no es, pues, facultad especial-
la psicología tradicional, equiva- i Nuestra naturaleza es un con ­
lente de pasión: «Eos m ovim ien­ junto de actividades latentes,
tos del alma— dice San Agus­ dispuestas a entrar en m ovi­
tín—■, que los griegos llamaban miento, excitadas por los o b je­
-afir, los latinos designaban fre­ tos. E l organismo tiende a apro­
cuentemente affectiones o affec- piarse y asimilarse las substan­
tus, algunos de una manera más cias que han de mantener su
expresiva traducen por passio- vida fisiológica; los ojos buscan
nes.» «Las pasiones del alma son, la luz; el oído, los sonidos; los
pues— añade Santo Tomás— , lo apetitos, la satisfacción de una
mismo que afecciones.» En un necesidad sentida; la inteligen­
sentido más general y com ente, cia es ávida de verdad, la volun­
afección equivale a modificación, tad de bien, de orden y de rec­
impresión, de orden físico o m o­ titud. Hay, en fin, una inclina­
ral, producidas por causas exte­ ción profunda y necesaria de
riores. (V. P asión , E m o ció n 1 tod o nuestro ser a vivir, a des­
Sen tim iento .) ■ envolver esta vida intensa y ar­
* [
Afectivo (Estado, fenómenoJ.— Ene­ mónicamente, no siendo las ac­
ra de la significación general si­ tividades sino irradiaciones par­
nónima de afección, pasión, sen­ ciales de esta energía fundamen­
timiento, se emplea cu psicolo­ tal. E l placer, la alegría y el bien­
gía para designar los fenóm e­ estar son la expresión psicológica
nos de placer y dolor, de ale­ de estas inclinaciones satisfe­
gría y tristeza, de bien o males­ chas. Pero si los estados afecti­
tar que acompañan al ejercicio vos resultan del ejercicio de t o ­
de las actividades. das las actividades, son, además,
Descartes, y después de él la principios estimulantes de la ac­
m ayor parte de los filósofos, ha­ ción; y en este sentido afectan
cen de los fenómenos afectivos de un m odo especial a las ten­
un grupo aparte, que atribuyen dencias apetitivas y del m ovi­
a una facultad especial, «la sonsi- \ miento.

34
A
Tal es la teoría de Aristóteles y Es también frecuente llamar
de Santo Tomás, que lia sido am­ afectivo al aspecto subjetivo de la
pliamente desenvuelta por Ha- sensación, considerada como acto
milton. (iljl placer y bienestar pa­ de un sujeto; por oposición al
recen radicar— dice Aristóteles— lado representativo, que aparece
en la acción. El placer no es el como forma de mi objeto exte­
acto mismo, ni una cualidad del rior. (V. PLACAR, DOLOR, SEN­
acto, sino un acrecentamiento que TIMIENTO, PASrÓN.)
nunca le falta, una perfección úl­ Afinidad. — Fuerza atóm ica que
tima que se le añade, com o ala ju ­ produce las combinaciones quí­
ventud la gracia. Cada acción tie­ micas. Por analogía no es raro
ne su placer propio, y los efectos i llamar afinidad psicológica y aun
de éste son aumentar la intensi- ' lógica a la asociación de estados
dad de la acción a que va ligado.» ¡ psicológicos, y más especialmen­
E l grado de placer depende, ■ te de imágenes e ideas.— (Véase
primero, de la intensidad de la A sociación.)
energía desplegada en la acción, Afirmación.-—A cto de la inteligen­
sin traspasar el límite que pro­ cia que une las ideas en el juicio.
duce fatiga: el juste medio es Entre unir y separar, entre la
fuente de placer y bienestar. En afirmación y la negación, no hay
segundo lugar, de la amplitud o término medio, com o n o le hay
número de actividades que con entre el ser y no ser. Puede
curren a la acción y de la armó­ ser necesaria y contingente,
nica subordinación según el or­ categórica y condicional; cierta,
den natural que debe existir en­ probable, dudosa, etc., según los
tre ellas: el choque de activi­ juicios que la enuncian. (Véase
dades, el desorden interior se Juicio.) — Cualitativamente el
traducen en sufrimiento y m al­ juicio es afirmativo, si expresa
estar. Finalmente, las activida­ la identidad objetiva de dos
des tienen un fin en armonía con ideas, por oposición a negativo.
la naturaleza del ser; esta armó­ Hase de advertir que, el juicio
nica adaptación al fin se tradu­ en sí considerado siempre es
ce en placer; de lo contrario, en una afirmación positiva de la
malestar. Siente la inteligencia inteligencia, que une o divide
placer en la clara visión de la las ideas. Raciocinio afirmativo,
verdad, y sufre con las incohe­ aquél cuya conclusión e3 afirma­
rencias mentales; se complace la tiva, la cual exige que lo sean
voluntad en el bien practicado, las dos premisas. Finalmente,
y sufre los remordimientos de la también las ideas son afirmati­
acción mala. vas, cuando expresan una reali­
35
A
dad positiva, en oposición a ne­ A gotam iento.— Debilidad extrema
gativas, que contienen negación o pérdida total de las energías
de tina realidad, (V- J uicio .) físicas o psicológicas, por el uso
Aforismo. — ■(Del griego n>, excesivo o el abuso de ellas.
definir, limitar.) Sentencia bre­ Agrafía.— (De « priv., y ypdtssLv, es­
ve que encierra profundo senti­ cribir.) Forma especial de la afa­
do doctrinal: ars longa, vita bre- sia, que impide la coordinación
vis; la experiencia maestra de la de los movimientos de la mano
vida. (V. S e n ten cia .) con las imágenes visuales y au­
Agente.— Sujeto causa de la acción, ditivas en la escritura. (V. A f a ­
en contraposición a paciente, que s ia .)
la recibe. Todos los seres son ac­ Agudeza.— -En general se dice de la
tivos; unos (agentes naturales, f í ­ delicadeza y viveza de percep­
sicos) producen sus efectos ne­ ción de las facultades cognosci­
cesariamente, otros (agentes li­ tivas, y especialmente de la com ­
bres, morales) obran libremente, prensión intelectual f á c i l y
con deliberación. (V. A cción', pronta. ■
Ca u sa .) Un psicofisiología se denom i­
Agnosticismo. — (De d priv., y na agudeza visual, táctil, etc., el
incognoscible). Bscepti- grado de delicadeza de los senti­
cismo metafísico que afirma la dos que permite percibir com o
iticognoscibilidad de la naturale­ distintas dos sensaciones cuyos
za de los seres y, sobre todo, de excitantes son de una mínima
las primeras causas y de los úl­ diferencia perceptible. (V. M e d i ­
timos fines. Son agnósticos el cri­ da DE LAS SENSACIONES.)
ticismo derivado de Kant, los po­ Agrícola ( E ta p a ).^ Al estudiar la
sitivismos (subjetivismo, fenome- evolución de la vida económica,
nismo, relativismo) y los moder­ suele tomarse com o punto de
nos pragmatismos. (V. estas pa­ partida el creciente poder del
labras.) De una manera especial hombre sobre la naturaleza.
se denomina modernamente ag­ Mientras éste hubo de conten­
nosticismo a la teoría que, reco­ tarse con el hallazgo y apropia­
nociendo la existencia de m i ser ción de las cosas, tales com o se
«absoluto», le declara incognos­ las ofrece la naturaleza, no hay
cible: tal es, por ejemplo, la «teo­ dominio. Seleccionadas ciertas
ría de lo incognoscible», de Her- cosas y sometidas a cultivo o re­
bert Spencet y A. Comte. producción, dan a la vida eco­
Bibl.: G. Michelet, Dieu et V nóm ica matiz distinto. L os hom ­
agnost. contemp., 1909. (V. ES­ bres se asientan, nace la propie­
CEPTICISMO y la Bibl.) dad territorial, surgen derechos

36
A
nuevos, relaciones nuevas, téc­ en el siglo X I I I ; y otra, más es­
nicas nuevas, que distinguen cla­ pecial aún, la escuela filosófico-
ramente esta etapa de las demás, teológica de la Orden de San
Hasta la form ación de las ciuda­ Agustín, cuya figura más salien­
des medievales prevalece este t e y fundador de la escuela fué
género de vida en Europa. Egidio Rom ano. Aquí interesa
Agustinianismo, Agustinismo.—D e­ la primera, y sólo desde el pun­
signan estas palabras, ya las to de vista filosófico,
doctrinas teológico-filosófieas del E s San Agustín el genio más
gran Doctor y Padre de la Igle­ excelso del pensamiento filosófi­
sia San Agustín, ya también, y co cristiano. E l gran León X I I I ,
más particularmente, la influen­ en su Encíclica Aeierni Patris
cia universal de estas doctrinas (1879) acerca de la restauración
en la historia de la civilización de la filosofía cristiana, escribe
cristiana de Occidente, San Agus­ de él: «Omnibus Ecclesige docto-
tín es el gran inspirador y el pri­ ribus veluti palmam preripuísse
mer maestro de la ciencia teoló­ visus est Augustinus, qui inge­
gica y de la filosofía cristianas. nio praepotens et sacris profanis-
Quede para otro lugar (vol. II, que disciplinis ad plenum im bu-
San Agustín) la exposición de las tus, contra omnes suae aetatis
doctrinas; aquí sólo toca reseñar errores acerrime dim icavit, fide
brevemente la espléndida fecun­ suinma, doctrina pari. Quern ille
didad del espíritu e ideario filo­ philosophite locuin non attigit,
sóficos de San Agustín en el imo vero quem non diligentissi-
curso de la historia. me investigavit, sive cum altissi-
Históricamente, la palabra ma fidei mysteria et fidelibus
agustinianismo se emplea con aperiret, et contra adversariorum
significaciones diversas que con­ ímpetus defenderet; sive cum ,
viene señalar: a ), una general, academicormn aut manicheorum
la influencia constante, univer­ commentis d e 1e t i s, liumanae
sal, de las doctrinas teológico- scientiae fundamenta et firmita-
filosóficas de San Agustín en la tem in tuto collocavit, aut ma-
historia del pensamiento y de la lonixn quibus premuntur homi-
vida cristianas, dentro y al m ar­ lies, rationem et originem et
gen o fuera de la tradición cató­ causas est persecutus.»
lica; b), un episodio de la esco­ E n San Agustín nace la fuen­
lástica, que precede a la inva­ te más abundante de las aguas
sión en ella y al triunfo defini­ que de todas direcciones han v e ­
tivo del peripatetismo de Alber­ nido a constituir el caudaloso
to el Grande y de Santo Tomás, cauce de la gran tradición de la

37
Á

filosofía cristiana; él es el primer larga y m ovida lucha con el


maestro de esta tradición, repre­ agustinismo anterior. L a filoso­
sentando en ella lo que Platón y fía de San Agustín seguirá, sin
Aristóteles en la philosophia pe - embargo, siendo aceptada por los
rennis del pensamiento univer­ escolásticos renovadores con la
sal. Todas las escuelas y todos misma veneración; a excepción
los sistemas acogedores en su de ciertas teorías psicológicas y
seno del ideal cristiano de la metafísicas que no armonizaban
vida, son, en diferente m odo y bien con el peripatetísmo tom is­
grado, tributarios del espíritu y ta, teorías algunas de ellas inspi­
de la doctrina de San Agustín. radas en fuentes extrañas o en
Desde los primeros balbuceos escritos falsamente atribuidos a
del renacimiento de la cultura San Agustín. E l verdadero agus-
después de la invasión de los tmianismo quedó, pues, absorbi­
bárbaros, San Agustín aparece do en la gran síntesis tomista:
como el «gran pedagogo y maes­ al término de las luchas contra
tro del Occidente». Los iniciado­ los partidarios del agustinismo,
res de la cultura en esta época, Santo Tomás «habrá de ser más
compiladores, predicadores (San agustmiano que ellos mismos».
Isidoro, Beda, Alcuino, etc.), b e­ E l más esclarecido represen­
ben con preferencia, si 110 exclu­ tante y fundador a la vez de la
sivamente, en fuentes agustiuia- «escuela agustiniana», Egidio R o ­
nas. E l ascendiente de San Agus­ mano (Aegidius Calonna, doctor
tín com o intérprete del dogma y f undaiissimus (1247-1316), el pri­
com o filósofo 110 tiene rival en mer doctor en París de la Orden
la época pretomista de elabora­ de San Agustín), fué discípulo
ción de la escolástica; las dife­ de Santo Tomás y defensor, du­
rentes escuelas le invocan todas rante su vida, de las doctrinas
con la reverencia debida al maes­ tomistas, salvo pequeñas diver­
tro por excelencia (San Anselmo, gencias en cuestiones particula­
Pedro Lombardo, San Bernardo, ¡ res. E n adelante, 110 hay agusti-
Hugo de Saint V íctor, Alejandro nianismo en el sentido restrin­
de Hales, San Buenaventura, et­ gido de una escuela especial den­
cétera), Durante el siglo X I I I , tro de la escolástica; todas las
época de m ayor grandeza de la escuelas son agustinianas, todas
escolástica, el aristotelismo de acuden a San Agustín con la v e ­
Alberto el Grande y de Santo neración debida al genio y al
Tomás penetra en las Universi­ maestro. Sus ideas inmortales
dades y escuelas hasta imponer penetran todo el desenvolvim ien­
su hegemonía, después de una ¡ to ulterior de la escolástica y de
38
A
su más genuina expresión, el to ­ recimiento y defensa de los d og­
mismo; ellas constituirán la prin­ mas de la Iglesia. Y siendo este
cipal base de restauración de la ideal el centro inspirador y m o­
filosofía cristiana en nuestros tor de su pensamiento y de toda
días. su vida, aquí es necesario bus­
A partir del renacimiento apa­ car la clave de interpretación
recen diversas formas de agusti­ auténtica y del verdadero senti­
nianismo, en los límites, al mar­ do del ideario filosófico esparci­
gen o en oposición abierta con la do en sus escritos. Las doctrinas
tradición escolástica: humanistas teológico-filosóficas de San Agus­
y platónicos, protestantes, carte­ tín penetran e informan toda la
sianos, ontologistas, los filósofos tradición de la ciencia católica;
y teólogos de P ort-R oyal, etc., y los Pontífices, desde León X I I I
por m otivos filosóficos o teoló­ (en su Encíclica Aeiernt Paíris,
gicos y simplemente filológicos 1877), hasta Pío X I (Sludiorum
y literarios, utilizaron la autori­ ducem, 1924), señalan con insis­
dad de San Agustín en favor de tencia y claridad, que 110 deja
sus ideas, o para com batir el lugar a la duda, cuál sea la ver­
aristotelismo de la escolástica dadera y segura tradición que
decadente. E n nuestros días 110 ha de inspirar y orientar el pen­
es raro, entre protestantes libe­ samiento católico en los tiempos
rales y modernistas, expresar su actuales.
simpatía y hacer la apología de Bibl.: E. Pottalié, Augitstin
San Agustín (Harnack, R . Euc- (Saint) y Aicgustínianisme, ai.
ken), contraponiendo su doctri­ tículo del gran Diciionnaire de
nas a la filosofía tom ista y a la Theol. Catholique de A. Vacant,
dogmática teológica de la Iglesia. seguidos de abundante biblio­
E n la época moderna de la grafía; J. Nourrisson, La phi~
filosofía aparecen, pues, clara­ losophie de Saint Angustí?}, 2
mente dibujadas y divergentes volúmenes, 1 8 6 5 ; C. Boyer,
dos orientaciones del agustinis- Christianisme et Néo-platonisme-
mo: mía ve en San Agustín al dans la formaiion de Saint A gus­
genio acogedor y creador de los tín, 1920; L ’idée de verité dans
más altos ideales del espíritu, al la phil. de Saint Agustín, 1921;
platónico, al poeta, al místico; P. Guilloux, S. J., L'dme de Saint
la otra ve todo esto en él, pero Auguslin, 1923; J. Maurbach,
primero y principalmente al cris­ Die Ethik des S. Augusíinus,
tiano, que puso toda la sobera­ 1909. P. Batiffol, Le catholicisme
na grandeza de su genio al ser­ de S. Augitstin, dos vols. 1920.
vicio del ideal católico, al escla­ Alcoholismo.— E l consumo del al­

39
A
cohol, que para la generalidad llamado figurado; ej.: la «alego­
es un consumo de goce, placel ría de la cavernas, en que Platón
o de lujo si se quiete, trae con- expone su teoría de las ideas.
sigo otros efectos que le conde­ (Véase A n al o g ía .)
nan racionalmente. En efecto, el Alegórico ( Sentido) . — El sentido fi­
consumo del alcohol tiene la par­ gurado en la- alegoría.
ticularidad de arraigarse tan Alejandría (Escuela de) . — Desde
fuertemente que, o 110 causa has­ los comienzos de nuestra Era, y
tío, o de causarle le produce en aun antes, Alejandría fué mi
forma tal que sólo se ve libre de gran centro de cultura greco-
él recuniendo a graduaciones oriental. L a filosofía gtiega, el
más fuertes. Arrastra, pues, y pitagorismo especialmente y el
com o de ordinario disminuye la platonismo que m ejor se presta­
suma total de satisfacciones du­ ban a ello, y aun el aristotelis-
rables que el consumidor podría mo, aparecen unidos, en un sin­
disfrutar en la vida, y además cretismo mas o menos coherente,
rebaja la capacidad productiva a las religiones orientales, al ju ­
del alcoholizado en perjuicio suyo daismo, a las tradiciones egip­
y de cuantos dependan de él y cias, al misticismo indopersa, y,
convivan con él, debe conside­ últimamente, al cristianismo. De
rarse com o una plaga social que ¡ aquí nacieron: la escuela greco-
deberá ser exterminada. judía representada por Filón el
Altruismo.— Substituto de la cari­ Judío (30 a 50 años d. de J--C.),
dad en el positivismo. (V. Ca r i ­ quien pretendía conciliar los li,
d a d .) bros santos con Platón; el neopla­
Albedrío (L ibre). — (V. L ib e r t a d .) tonismo de Alejandría (siglo III
Alegoría.— (Del griego alhr„ otro; al V de J.-C.), iniciado por Ain-
y hablar.) Se funda en monios Saccas, biülantemente
la comparación y la analogía y desenvuelto en orientaciones y
consiste en representar, por me­ matices diversos por Plotino
dio de imágenes sensibles con­ (205-270), Porfirio (232-301),
cretas, los conceptos abstractos Jám blico (280-333), Proclo (412-
de los cuales no hay experiencia 485), Simplicio, Am m onio; al
ni, por tanto, imágenes propias lado de las anteriores y en lucha
y directas. con ellas, la escuda cristiana,
También se llama alegoría un ilustrada por T, Flavio Clemente
discurso metafórico o serie con­ (hacia los años 163-220) y por
tinuada de metáforas, con dos Orígenes (185-254) principalmen­
sentidos, 11110 recto o literal, que te. A mediados del siglo VI, el
nos hace comprender el segundo, triunfo del Cristianismo en las

40
A
escuelas de Alejandría es casi aparece com o subslratum inva­
completo; un nuevo ciclo de v i­ riable y origen común de todas
talidad se iniciaba en la especu­ las actividades humanas; la uni­
lación filosófica, cuando los ára­ dad permanente que enlaza en
bes invadieron el E gipto y des­ una sola conciencia individual e
truyeron y quemaron las escue­ incomunicable la vida entera y
las con su famosa biblioteca por la que sentimos la identidad
(640). (V. los nombres en el v o ­ y continuidad de nuestro ser per­
lumen II.) BibL: Barthelemy sonal en medio de los cambios
ñaint-Hilaire, L'école d’ A le- incesantes; esto es el alma, La
xandrie. existencia del alma, de esta reali­
Alexia.— (De á priv., y Xáfoi, leer.) dad primera que sentimos en
Ceguera verbal, imposibilidad de nosotros producir la vida, es,
comprender el sentido de la lec­ pues, un hecho de experiencia
tura. .(V. A f a s ia .) inmediata. Sensaciones, imáge­
Alma.— (Del latín anima, animare; nes, pensamientos, quereres li­
vivificar, dar vida.) En griego, bres, no aparecen a la conciencia
diuy/j, vida; y también voü:, pen­ com o fenómenos puros, sino flu­
samiento, principio de la vida yendo de su causa común, del yo
intelectiva. substancial que los produce. Y en
En el sentido general, alma este sentido la frase de Descar­
es todo principio de vida, en los tes: «pienso, luego existo», es
vegetales, en los animales y en exacta.
el hombre. Es la form a substan­ Pero si tenemos intuición in­
cial del cuerpo viviente (atoo;. mediata de la existencia del
t i s X o í - í v i d e Aristóteles), la alma, no así de su naturaleza,
idea inmanente, el principio fi­ cuyo conocimiento, com o el de
nalista plasmador de las es - la esencia de todo ser, es discur­
tructuras y funciones orgáni­ sivo, y éste, además, indirecto y
cas, haciéndolas converger a la analógico. Operari sequitur essei
realización de un plan y un fin. el ser y el obrar son correlativos;
(V. P sicología , V id a , F in a l i ­ el árbol se conoce por los frutos,
d a d .) la causa por sus efectos. Ahora
Más limitada y propiamente bien; mía parte de la vida del
significa el principio de la vida hombre, la superior y más n o­
en el hombre, el alma humana, ble, la propiamente humana, que
definida por Aristóteles; «el prin­ le Separa loto cáelo de los otros se­
cipio por el cual vivimos, senti­ res, está constituida por activi­
mos y pensamos». dades y fenómenos, en sí, intrín­
Esta realidad fundamental que secamente independientes y fue­

41
A
ra de toda condición material; form ación resulta la substancia
luego la causa de esta vida es completa: el hombre. Alma y
inmaterial, esto es, espiritual. La cuerpo constituyen en el hom­
inteligencia conocedora de lo bre un solo ser substancial y
universal i con sus conceptos, personal; debe, pues, desecharse
juicios y razonamientos, m o ­ com o incompatible con los datos
viéndose en un plano superior a de la experiencia, toda teoría
la materia concreta, fuera del (Platón, Descartes, Leibniz) que
tiempo y del espacio; la volun­ interprete esta unión com o sim ­
tad libre, substraída en sus deci­ plemente accidental o extrínse­
siones al detem i mismo de las ca, Oportet, igitur, ex anima et
fuerzas materiales; el orden m o ­ corpove unum fierí, et non sint
ral incomparable con el de las secundum esse diversa ( Contra
causas físicas, etc., tod o revela Geni., II, c. 57). Es necesario,
en esta vida superior un orden según frase de Santo Tomás, y
de realidades y de leyes sin co­ la experiencia de las relaciones
munidad alguna con las realida­ del alma y el cuerpo exigen esta
des y leyes físicas. Y porque es conclusión, que el alma y el
inmaterial es también simple, in­ cuerpo constituyan una sola
divisible. La materia es cuanti­ existencia substancial.
dad, extensión, divisibilidad; el E l alma es forma del cuerpo,
espíritu no está som etido a de­ y form a única: todo el ser y la
terminaciones cuantitativas, es vida del cuerpo le viene del
uno en todo, indivisible. Final­ alma; ésta es el principio de to ­
mente, su naturaleza espiritual das las actividades, conscientes
incorruptible, el horizonte infi­ y 110 conscientes, vegetativas,
nito de su inteligencia, las aspi­ sensitivas y racionales. Ella es la
raciones de la voluntad a una que plasma el cuerpo en la épo­
felicidad perfecta, la necesidad ca de form ación ontogénica, m o­
de una justicia y sanción moral delando sus órganos y funciones
completas, etc., tod o exige la según leyes inmanentes de fina­
sobrevivencia del alma a la di­ lidad; la que produce la concien­
solución del cuerpo, la inmorta­ cia en la esfera sensible, sensa­
lidad. La inmortalidad del alma ciones, imágenes, tendencias, m o­
es postulado necesario de la vida vimientos, y en el orden supe­
moral. rior, las actividades de la inte­
Alma y cuerpo.— Pero si el ligencia y de la voluntad libre
alma subsiste por sí, es una subs­ con que adquiere conciencia de
tancia incompleta, ordenada a in­ su ser personal, vive fuera del
formar un cuerpo, de cuya in­ plano concreto de las cosas y de

42
A

sus condiciones temporales y es­ tafísica, de la psicología, de la


paciales, concibe y realiza planes moral, de la religión, de la vida
de finalidad, practica libremente social; los relativos a la inteli­
el bien y el mal, y asume la res­ gencia, a la conciencia, a la liber­
ponsabilidad de sus acciones. La tad; los problemas teóricos y
unidad de la vida física y cons­ prácticos relativos a la natura­
ciente exige la unidad de forma- \ leza del hombre y al valor de la
principio generador de esta vida, vida, que interesan sobre todos
Contra la teoría substancialis- los que puede proponerse la in­
ta (de la tradición escolástica), teligencia humana: origen y des­
el fenomenismo positivista niega tino del hombre, «qué es, de d ón ­
o declara incognoscible la subs­ de viene y adonde va»: la so­
tancia, interpretando el alma 1 lución de todos estos problemas
com o una asociación de fenóme­ (que sumariamente se indican
nos o apariencias, sin una reali­ en otros artículos) tienen su base
dad de la que sean apariencias; en la noción de alma.
concibiendo la vida de la con­ Bibl.: Platón, Fedon: A ristó­
ciencia com o fluir incesante de teles, De anima; San Agustín,
realidades en sí, a m odo de subs­ De anima et ejus origine; De
tancias, en el espacio sui géneris itmnort. animeB; Dequant. animes;
de la conciencia. Santo Tomás, Sum. theol., qq.
K ant (y en general el criticis­ L X X V -X C ; De anima; Q. disp.
mo) hace del alma una idea pura de anima; S. c. Gsní., 1. II, c. 46
de la razón., una ley del espíritu y sig.; L . Vives, De anima et
que fundaría la unidad de la con­ vita, Op. ed. Val., vol. II; Suárez,
ciencia; no una realidad efecti­ Disp. met.; A. Farges, Le cerveau,
va, que sería causa primera de YAnte et les facultes, 6.a edi­
la vida, en lo que coincide con ción, 1895; Guibert, L ’dnte hu-
el fenomenismo. maine, 1897; G. de Graeiie, De la
Imposible tocar, en las suma­ spiritualité de Yame, 1897; P. T.
rias indicaciones de un dicciona- Coconnier, L'áme humaine, 1890;
rio-nianual, las cuestiones y los J. Gardair, La natura humai­
problemas que sugiere la idea ne, 1897; Corps et dme, 1892;
de alma. Desde el noscc te ipsum en general, los tratados de P s i­
de Sócrates, esta noción ocupa cología metafísica.
lugar preeminente en la historia Alma del mundo.— Principio uni­
de la filosofía, siendo la llave de versal inteligente, inmanente en
la solución a los problemas de la el mundo, unificador, m otor y
vida y de la naturaleza. Los pro­ plasmador universal de las fo r­
blemas fundamentales de la m e­ mas de la vida de los seres indi­

43
A
viduales. Esta concepción del en casos de suspensión de las
mundo, a m odo de inmenso funciones sensoriales, com o en el
viviente, de origen probablem en­ sueño, o de desequilibrio mental,
te en las teogonias panteístas com o en la locura, histeria, deli­
orientales, se encuentra en los rio, hipnosis, I,a causa física en
filósofos griegos Pitágoras, H c- los estados anormales es una
ráclito, Anaxágoras y Platón; perturbación cerebral: las sobre­
más tarde en los estoicos y en excitaciones agudas causadas por
los neoplatónicos alejandrinos; intoxicaciones; el delirium tre-
desaparece en la E dad Medía mens, v. gr,, produce en el alco­
para reaparecer en algunos filó­ hólico la visión de un enjambre
sofos del Renacimiento, E l mis­ de sabandijas.
mo principia late en todas las I-Iay alucinaciones de todos
concepciones panteístas, que con­ los sentidos, visuales, auditivas
ciben a Dios com o inmanente en etcéteia. Y com o los que ca
el mundo, la natura naturans recen de un sentido desde el
idéntica a la natura naturata de nacimiento carecen de las im á­
Espinosa. genes correspondientes, de aquí
Bibl.: Platón, el Tim eo; Sche- que los ciegos y los sordomudos
lling, El ah/ta del mundo, 1809; de nacimiento no padecen aluci­
Scliidt, E l Universo y el alma del naciones visuales o auditivas.
mundo segtín las ideas de los an­ (Véase I m aginación , S u eño.)
tiguos, 1835, Bibl.: A. Maury, Le Sommeil
Alucinación.— (Del latín alludnari: et les Réves, 1871; J. Sully, Les
perturbarse la razón,) En la lUusions de sens et de l’esprit,
term. psic. moderna, alucinacio­ 1889; E . Parish, Haluc. and Ilius.
nes e ilusiones son percepciones 1897; Alber, Illusions, 1909.
falsas de los sentidos; pero las (Véase, en gen., los trat. de Psi­
primeras son totalmente falsas e cología.)
imaginarias, a diferencia de las Ambición,— (Del latín ambire: bus­
segundas, que suponen una cau­ car con ansia.) Pasión que tiene
sa objetiva pero falseada o mal su origen en el amor de sí mis­
interpretada por la imaginación. mo, que puede ser desordenado
Una imagen o un grupo de im á­ y vicioso: de^eo inmoderado de
genes, de gran intensidad y v i­ placeres, de riquezas, de dom i­
veza a causa de una perturba» nación, de gloria, etc,, inspirado
ción o sobreexcitación cerebra­ por el egoísmo y la exaltación
les, avanzan sobre el plano de la personal.
sensación objetivándose. De or­ Pero h a y también ambi­
dinario ocurren las alucinaciones ciones nobles, inspiradas en el

44
A
deseo de la propia perfección de recuerdos, permanente y pe­
moral, I riódica. Puede, finalmente, afec­
Amistad.— Sentimiento social de tar a una especie determinada
mutua benevolencia que une las j de imágenes: verbales ( afasia),
almas en la comunidad recíproca j conocimientos ( agnosia), visua­
de afectos, tendencias y pensa- j les (alexia), musculares (afe-
mientos, de alegrías y tristezas. | m ia), etc. (V. M e m o r ia , I m a g i­
I^a verdadera amistad une dos j n a c i ó n .)
almas en una sola. Pares invenit • Bibl.: Dromard et Levassort,
aul fácil (Séneca). <¡Hay tres cla­ Amnésie, 1907; R ibot, Lesmalad.
ses de amistad: una fundada en de la mémoiye; Van Biervliet,
el placer, otra en el interés y la Mémaire, 1902; Peillaube, Les
tercera en la virtud» (Aristóte­ images; Pardo, I disturbi della
les). Las dos primeras son inte­ memoria, 1890.
resadas y egoístas; la fundada Amor.— T odo en el universo tien­
en la virtud, desinteresada, es la de a su fin; a ser, a vivir, al bien,
verdadera amistad. a la perfección. Esta tendencia
La amistad era tópico frecuen­ al bien y a la perfección en el
te de discusión en las antiguas hombre constituye el amor, en
escuelas filosóficas constituidas el sentido más general, E l amor
por sociedades de amigos. es, pues, una cualidad de las fa­
Bibl.: Platón, E l banquete; cultades apetitivas, o el acto por
Aristóteles, Eñe, N ic.; Cicerón, el que éstas se mueven hacia su
De amicitia; Séneca, De amici- objeto, que es el bien. E l amor
tia, frag.; L. Dugas, L'amilié an- es principio m otor de la volun­
lique d’aprés les moeurs pop, et tad y resorte de la acción; todo
les Ihéories phil., 1897. movimiento de la voluntad co ­
Amnesia.— (Del griego ¿' priv., y mienza por un acto de amor.
¡r-'fpLí, memoria.) Pérdida de la Amor iHBtts, pondus meum; eo
memoiia. Las funciones de ésta ferov quocumque feror (San Agus­
son adquirir, conservar, organi­ tín) . Adondequiera que voy, soy
zar, evocar y reproducir los re- llevado por el amor.
cnerdos; de donde la variedad H ay una coincidencia o sim ­
de amnesias: de fijación, retró­ patía de la voluntad con el ser
grada, de evocación, de reproduc­ en cuanto bien, del mismo m odo
ción; confusión de los recuerdos > que la hay de la inteligencia en
(paramnesia), exaltación de la cuanto verdadero.
memoria (hipermnesia), etc. L a voluntad aborrece el n o ser
Según la extensión, puede set o la disminución del ser, y tien­
general, o relativa a un grupo de necesariamente a permanecer

45
A
en el ser, y a ser mejor: la atrac­ La voluntad ama el bien de
ción del alma ejercida por el bien dos maneras: para poseerle y
es el fundamento del amor. aumentar su propio ser, amor
H ay en el hombre dos clases de sí mismo, egoísmo; el otro
de amores que responden a los amor ama el bien porque es bue­
dos géneros de tendencias, la v o ­ no, es el amor puro y desintere­
luntad racional y los apetitos sado que tiene algunas semejan­
sensibles: el amor recto, ordena­ zas con el sentimiento que ins­
do, intelectual; y el amor sensi­ pira la belleza.
ble, pasional. E l autor de sí mis>nr> es nece­
De aquí la lucha entre las le­ sario; está en la raíz de la natu­
yes de estos dos amores, entre raleza humana, que no pu=¿de re­
la ley del espíritu y la ley de la [ nunciar a él, y es el principio
carne. E l verdadero amor es el 1 m otor de la vida. Pero hay un
que corresponde al verdadero amor de sí mismo ordenado que
bien, la voluntad recta, la vir­ busca el bien verdadero, la per­
tud; y la verdadera virtud es la fección superior moral del hom ­
que se funda en el bien supre­ bre; y un amor desordenado de
mo, en Dios. sí mismo, amor propio en senti­
El amor es, en la doctrina clá­ do peyorativo, egoísmo, que es el
sica, principio generador de los origen de las pasiones.
sentimientos, afectos y pasiones, E l hombre tiene una natura­
haciéndolos buenos o malos, se­ leza sociable, y de esta comuni­
gún sea el amor. dad de ideas, aspiraciones, fines
í<La voluntad recta—dice San y bienes que relacionan a los
Agustín— es el amor bueno, y la hombres, nacen sentimientos o
voluntad desordenada el malo; y amores altruistas o sociak-s: amor
los diferentes movimientos de familiar, amor de patria, amor
este amor originan todas las pa­ al hombre en general (amistad,
siones. Si se inclina hacia mi ob ­ caridad),
jeto, es el deseo; si goza con su En la sociedad no busca el
posesión, la alegría; si liuye de hombre solamente el bien de los
él, el odio o el temor; .si se ve otros; busca también y primero
obligado a sufrirle, la tristeza. el bien propio. La sociedad es-
Y estas pasiones son buenas o la condición del desenvolvimien­
malas, según que el amor sea to y perfección personales.
bueno o malo,» «Quitad el amor— Finalmente, si Dios es el su­
dice Bossuet— y habréis supri­ premo bien, del que todos los
m ido las pasiones; poned el amor bienes finitos son derivaciones y
y las habréis hecho nacer todas.» pálidos reflejos, el amor supremo

46
A
del hombre será el que responde J quinaria viable para diez años:
a este soberano bien; y la valo­ si cada aijo no se reserva una
ración de los amores particula­ parte de las ganancias que per­
res dependerá de su armonía con mita reemplazar la maquinaria
este supremo amor. 3?1 ideal del inservible, se detendría la expío-
amor perfecto consistirá, pues, tación y cesarían las ganancias;
en amar a Dios sobre todas las si, por el contrario, se ha calcu­
cosas, y a nosotros mismos y a lado bien la magnitud del fondo
los demás por Dios. (V. A petito, de reemplazo, y llegado el m o­
Pasión.) mento se procede a la adquisi­
Amor platónico,-—El amor es­ ción y monta de la nueva m a­
pontáneo y el entusiasmo que quinaria, la empresa continúa
excitan las cosas y las acciones viviendo. Aun en el supuesto de
bellas y buenas, y el horror ins­ no ser oportmia la continuación
tintivo a lo feo y a lo malo. del negocio, es muy conveniente
Un sentido vulgar, amor puro, la práctica de la amortización,
ideal, por oposición al amor bajo pues permite orientarse libre­
y sensual. mente hacia campos más férti­
Amor propio.— El atnor desor­ les. A la cuota de amortización
denado de sí mismo. Origina las se suman los intereses que p ro­
pasiones egoístas: soberbia, am­ duzca.
bición, vanidad, etc., destructo­ De un m odo análogo se pro­
ras del amor que deben*ios a nues­ cede para extinguir deudas: hubo
tros semejantes. (V. C a r id a d , un tiem po en que estuvo en boga
P a s ió n .) la Caja de Amortización, dotada,
Bibl.: San Agustín, Passvm; más o menos espléndidamente,
Santo Tomás, Simi. theol., qq. para que fuese recogiendo títu ­
X V I -X X V I I I ; León Hebreo, los de la deuda al curso del día
Diálogos del amor; Pascal Di se. y los anulase o conservase para
sur les pass. de l’amouy; P. Rous- percibir los intereses en lugar de
sjlot, Pony l’hist. du probl. de los tenedores precedentes. Ha
l'amour ait moyenáge. 1909; caído en desuso, pero no por eso
A .-ü . Sertillanges, L'amour chré- se deja de reconocer la obliga­
lien, 2.a ed., 1920. ción que las entidades públicas
Amortización.— A cto mediante el y privadas tienen de velar por
cual se resta de los ingresos cier­ la amortización de sus deudas.
ta cantidad con objeto de que, A nálisis.— Síntesis. — (Del griego
pasado algún tiempo, se pueda avr/Á.ü3tc, desunión, resolución;
afrontar una necesidad prevista. y de o’jvSsatí, composición.) Dos
H ay una explotación con ma­ procedimientos generales de ín-

47
A
vestigación y de exposición cien­ janzas, refiriéndolos á facultades
tíficas: el análisis descompone lo analíticamente distintas.
com plejo en sus elementos, re­ La confusión comienza en tra­
suelve las consecuencias en sus tándose del orden lógico de las
principios o razones, los efectos ideas, constructivo de la ciencia.
en sus causas, los hechos en las Una ley particular, una teoría
leyes; la síntesis, al contrario, general, el principio de la gravi­
reconstituye el compuesto con los tación, v. gr., se consideran y
elementos, va de las razones o realmente son síntesis de hechos
principios a las consecuencias, o de leyes particulares; se dice
de las causas a los efectos, inte­ las grandes síntesis de la filoso­
gra la ley y el principio abstrac­ fía. Y , sin embargo, las leyes, las
tos en los hechos concretos. Las teoiías, las síntesis filosóficas re­
funciones de la inteligencia se sultan de un trabajo analítico.
reducen en la ciencia a un tra­ Finalmente, se hacen sinónimos
bajo de análisis y de síntesis, de el análisis del espíritu y la in­
lo com plejo a lo simple y de lo ducción, y la síntesis y la deduc­
simple a lo complejo, de lo par­ ción; no obstante que la induc­
ticular a lo universal y de éste ción termina en nna síntesis ge­
a lo particular. E l juicio, función neral, la ley; y la deducción es
central, consiste esencialmente una desgranacióu analítica de lo
en actos de com posición y divi­ particular contenido en lo uni­
sión, de síntesis y análisis. versal.
El significado de estos térmi­ E l origen de la confusión está
nos aparece claro en su evidente en considerar, ya mío, ya otro
oposición; pero no lo es tanto en de los dos aspectos de toda for­
realidad. Desde luego, aplicado ma conceptual, correlativos y
a las realidades concretas, el sig^ opuestos: comprensión y exten­
nificado es bien definido, sin de­ sión. L o que es análisis desde el
jar lugar a equívocos: la quími­ punto de vista de la compren­
ca resuelve los compuestos en sión, es síntesis considerada la
elementos simples y, por proce­ extensión, y viceversa. En el
dimiento inverso, rehace los com ­ juicio, v. gr., el predicado es una
puestos; la física hace el análisis determinación analítica del con­
de la luz en los colores crom áti­ tenido comprensivo del sujeto,
cos y, por mi procedimiento in­ y el sujeto lo es de la extensión
verso, hace la síntesis; la psico­ del predicado. La inducción y la
logía analiza el contenido com ­ deducción aparecen ya com o
plejo de la conciencia y agrupa análisis, ya com o síntesis, se­
los fenómenos, según las seme­ gún este doble punto de vista.
48
A
La ley obtenida en la induc­ cosas y del pensamiento: en el
ción es un análisis, extracto o orden real las causas son antes
esquema, del hecho concreto, que los efectos, y en el lógico
pero es también una síntesis o los principios antes que las con­
generalización comprensiva de secuencias. E l sintético sigue el
un orden de hechos. L a deduc­ orden de las cosas y el lógico de
ción igualmente puede conside­ las ideas, y se llama directo.
rarse com o una síntesis, en cuan­ Aristóteles emplea la palabra
to es aplicación de lo abstracto- análisis com o sinónimo de reso­
universal contenido en lo con­ lución o reducción; v. gr.: reduc­
creto, o com o análisis, en cuanto ción del silogismo a la proposi­
deriva lo particular contenido en ción y a los términos, del silo­
lo universal. gismo im perfecto al perfecto, del
En Aristóteles y en la tradi­ compuesto a sus simples; y es­
ción escolástica, el análisis y la pecialmente resolución de las
síntesis se fundan en la compren­ cosas en los elementos y prin­
sión de las ideas y equivalen, cipios, que son sus causas, a se­
por tanto, a la inducción y a la. mejanza del análisis empleado
deducción; la inducción es un por los geómetras.
procedimiento de análisis, y la En matemáticas, la síntesis
deducción de síntesis. Conside­ va de los principios (definicio­
rada la extensión al revés, la in­ nes, axiomas, postulados) a las
ducción termina en una síntesis consecuencias; la geometría de
general, y la deducción en un Euclides es un ejem plo de sín­
análisis; y así lo entienden con tesis.
frecuencia los modernos. Como E l análisis es un m étodo de
se ve, la divergencia, más que regresión de la consecuencia al
de ideas, es cuestión de pala­ principio y a la ley, y tiene va­
bras. (V. I n d u c c i ó n , D e d u c ­ c ia s formas: método analítico de
c ió n .) reducción, que consiste en redu­
Estos dos métodos se emplean cir un problema a otro, éste a
en las ciencias experimentales y otro, hasta llegar a m ío con oci­
en las ciencias ideales; los proce­ do, del que se deduce el prim e­
dimientos son los mismos, con ro; de reducción al absurdo; el
la diferencia de operar en un método analítico usado por los
caso sobre realidades y en otro antiguos {Platón, Euclides, etc.),
sobre conceptos. que consiste en suponer com o
E l método analítico se suele verdadera una proposición y de­
llamar de regresión, por seguir ducir las consecuencias posibles
un orden inverso al curso de las hasta llegar a una conocida com o

49 4
A
verdadera o com o falsa, La pa­ a la L ógica se contiene en el
labra análisis, después de Des­ Organon, colección de seis libros,
cartes, se usa generalmente com o de los cuales el tercero, que lleva
sinónimo de cálculo algebraico, por título Primeros analíticos,
y más especialmente designa el expone la teoría del silogismo y
método de reducción sistemática sus leyes, y el cuarto, Segundos
de magnitudes geométricas a al­ analíticos, trata de la demostra­
gebraicas por el empleo de las ción y de los principios de la
coordenadas. E l análisis infini­ ciencia
tesimal o cálculo de las cantida­ Analítica transcendental: una
des infinitas. de las dos divisiones que hace
La palabra síntesis se emplea K ant de la Lógica transcendental
para designai las construcciones en su «Crítica de la R azón pura»;
sistemáticas de la filosofía, y Analítica y Dialéctica transcen­
también las grandes teorías de dental. «Esta analítica es— dice
la ciencia que condensan tod o él— la descomposición de tod o
un orden de leyes particulares; nuestro conocim iento a priori en
ejemplo: la teoría de la gravita­ elementos del conocim iento del
ción universal de Newton, entendimiento puro.» Compren­
Bibl.: Véase la palabra M éto ­ de la analítica de los conceptos y
do y, en general, la parte de de los principios del entendi­
metodología en los tratados de m iento puro. (V. T r anscen ­
Lógica. d e n t a l .)
Analítico.— Procedimiento y tesul- Analogía.— (Del griego ávdko\ía-. re­
tado del análisis. lación, proporción).— Relación de
Juicio analítico: así denomi­ semejanza, de proporción, de
nado p oi Kant, denominación conveniencia, entre cosas diver­
hoy corriente, aquel en que el sas. La analogía es, pues, una
predicado se encuentra en el aná­ identidad parcial, y admite una
lisis del sujeto; por oposición a gradación entre la identidad to ­
sintético, en que el predicado 110 tal y lo totalmente diverso.
se comprende en el sujeto. Co­ Puede referirse a las cosas, al
rresponde, aunque n o exacta­ pensamiento y al lenguaje.
mente, a las proposiciones de La analogía real puede ser
materia necesaria y per se notes esencial: coincidencia de seres
de los escolásticos de naturaleza diversa en carac­
Analüica; así llamaban los teres esenciales (las plantas, los
primeros escolásticos a la L ógi­ animales, el hombre, siendo esen­
ca, siguiendo a Aristóteles. La cialmente diferentes coinciden en
doctrina de Aristóteles referente la vida, organización); y acciden­

50
A
tal, que puede ser múltiple: de pio es directo, inmediato, por
formas y actividades, de relación medio de conceptos que repre­
causal y final (las formas crista­ sentan los caracteres del objeto.
linas de los minerales; el calor, la E n el puro simbolismo no hay
luz y la electticidad); de funcio­ relación alguna natural entre las
nes (la tráquea de un insecto, la formas mentales y los objetos
branquia de un pez, el pulmón simbolizados; la relación es ar­
de un mamífero, que tienen la bitraria y convencional: ejem plo,
misma función); de proporciona­ el simbolismo matemático. E n el
lidad (la verdad es a la inteligen­ analógico conocemos un ob jeto
cia com o la luz a la visión; una por medio de conceptos de otro
objeto, basado este conocim iento
proporción matemática : : -¡r ):
en las relaciones existentes entre
homología, relación de posición y ellos, siquiera sean tan lejanas
conexión (en el hombre la mi­ com o en la metáfora y la alego­
tad derecha de los órganos del ría. I*a analogía es el único c o ­
cuerpo en relación con la otra nocimiento posible de aquellas
mitad izquierda), etc. realidades que no caen bajo la
En lógica, la analogía es un experiencia.
modo de atribución de un predi­ Así, conocem os a Dios por las
cado a diversos sujetos, interme­ criaturas: de la contingencia del
dia entre las atribuciones unívo­ mundo y del orden universal, la
ca y equívoca. L a univoca afirma inteligencia concluye por un ra­
un predicado de varios sujetos zonamiento rigoroso en la exis­
en el mismo sentido y secimdum tencia necesaria de una primera
eamdem yaiionem; la equívoca, en Causa y de una Inteligencia su­
Sentidos totalmente diversos, sólo prema, sublimando las perfec­
hay de común el nombre; y la ciones de los seres creados hasta
analógica, en sentidos diversos, lo infinito y negando toda im ­
pero coincidentes en cieitas re­ perfección y limitación.
laciones y aspectos secundarios: Finalmente, el pensamiento
la idea, v. gr., de ser es analógi­ metafórico tan espontáneo y na­
ca, aplicable, bajo razones dife­ tural se funda en la analogía.
rentes, a Dios y a las criaturas, Tiende el espíritu naturalmente
a la substancia y al accidente, a a ammat las cosas inanimadas
lo existente y a lo posible. comunicándolas su propia vida;
De m odo semejante, el cono­ y a su vez a pensar las cosas del
cimiento analógico se opone de espíritu y las relaciones morales
un lado a propio y de otro a por medio de conceptos adqui­
simbólico. E l conocim iento pro­ ridos de la naturaleza física.

51
A

L a analogía explica el desen­ distantes de la ciencia positiva


volvimiento de las lenguas, de y real. Se compara, v. gr., la
un núm eio reducido de formas libertad a una balanza para ne­
primitivas. Las palabras am­ gar la libertad. Las grandes sín­
plían, restringen o cambian su tesis {la evolución universal, ver­
significado en razón de las ana­ bigracia, de Spencer) son con
logías. Ella es el fundamento de frecuencia inmensas metáforas
las comparaciones, metáforas, injertas sobre hipótesis.
tropos, alegorías, de uso vulgar Tal es la teoría biosociológica
tan frecuente, y que constituye de la sociedad, que asimila las
el alma de la poesía. sociedades, hasta en los más pe­
La analogía, com o argumenta­ queños detalles, a los organismos
ción, es la inducción analógica. físicos. «Que se compare— dice
Procede de lo semejante a cau­ Mercier— una sociedad a un or­
sas y leyes semejantes. La seme­ ganismo, está bien; la asimila­
janza de órganos hace suponer ción es ingeniosa y útil por más
la semejanza de funciones; la se­ de un concepto. Pero que se
mejanza de efectos supone cau­ tom e esta asimilación por un ra­
sas análogas. Difiere de la in­ zonamiento y que se erijan en
ducción en que ésta v a de lo conclusiones científicas las de­
idéntico a lo idéntico, de los ducciones subjetivas que de aquí
efectos a sus causas y leyes pro­ pueden sacarse, esto es simple­
pias. Esta engendra certidum­ mente un sofisma.ft
bre; la analogía solamente p ro­ Bibl.: P. de Munnynck, L ’ ana­
babilidad, que será m ayor o me­ logía méiaphys,. R ev. Neo-Scol.,
nor según el grado de las seme­ 19 3; R , Garrigou-Lagrange, Le
janzas. La analogía, sugiriendo sens conimun, la phil. de l'étre et
Hipótesis, es el principio de la les form. dogm., 1910; N. del
inducción por comprobación di­ Prado, Deverit.fund. phil. chñsl.,
recta de las hipótesis. D e aquí 1911; M. Debaísíeux, Analogie el
su empleo e importancia en las symbolisme, 19 1; A. Biese, Die
ciencias. Phil. des metaphorischen, 1895;
Pero los peligros que trae el P. Arnáiz, A buso de las metáforas
abuso de la analogía en la cien­ en las ciencias del espíritu, 1908.)
cia son grandes. Bajo la influen­ Anarquía.— (Del griego ¿vapyítí, de
cia de una hipótesis preconcebi­ i priv., y apyj¡, autoridad: au­
da se acentúan las semejanzas y sencia de autoridad y de ley,
se suprimen las diferencias, y Se desorden, indisciplina, licencia.)
llega fácilmente a conclusiones Estado políticosocial falto de
metafóricas y subjetivas, m uy autoridad y dirección. Por deri*

52
A
vaeión se aplica a la falta de or­ Anarquismo.— Doctrina de organi­
den y rectitud en el pensamiento zación políticosocial que afirma
y en las costumbres: anarquía la absoluta libertad e indepen­
intelectual, moral, social. dencia de los individuos y la ne­
Toda sociedad es un orden, gación de tod a autoridad; la or­
constituido por individuos y por ganización social m odelo sería la
una autoridad base del orden, que resulte de la' libre y espon­
principio de unidad y de acción, tánea asociación cooperativa de
subordinados unos y otra al im ­ los hombres. Semejante ideal, de
perio de la ley. E l abuso de au­ posible realización en una huma­
toridad actuando fuera de la ley nidad tam bién ideal, esencial­
origina la tiranía o la dictadura; mente buena, es una utopía
el abuso de libertad en los indi­ irrealizable mientras la humani­
viduos, debilitando o anulando dad sea lo que es. E n el anar­
la autoridad, origina la anar­ quismo hay que distinguir el
quía, y la anarquía absoluta es ideal y los procedimientos: K ro-
la disolución total de la sociedad. potkin aboga por las prácticas
Los extremos se tocan; las anar­ revolucionarias; Bakunin y Stir-
quías desencadenadas terminan 11er recurren también a la v io ­
en dictaduras. Antes que re­ lencia; Tolstoi y Tucker defien­
signarse a perecer, buscan las den la política de la n o resisten­
sociedades el remedio a la ame­ cia; Godwin y Froudhon pueden
naza de inminente disolución en ser denominados reformadores
la autoridad fuerte: a la dege­ anarquistas.
neración de las aristocracias y Históricamente, el anarquis­
democracias históricas, siguie­ mo procede de dos radicalismos
ron fatalmente las dictaduras sociales: el individualismo y el
imperiales (Grecia, Rom a, N a­ socialismo comunista; los ideales
poleón en Francia); al laisser parecen opuestos, pero coinciden
faifs del individualismo liberal en los procedimientos: la des­
del siglo X I X , cercenando la trucción, por la violencia, de las
autoridad pública hasta dejar formas sociales existentes; su
en indefensión completa las so­ actuación histórica desde m e­
ciedades, han sucedido las n o­ diados del siglo pasado, es un
vísimas dictaduras transitorias, tejido interminable de atenta­
com o único dique contenedor dos y crímenes políticos y so­
y encauzador de los desenfre­ ciales.
nos anárquicos en tod os los Anestesia.— (Del griego « priv., y
órdenes de la vida social. (Véa­ a'ú&Tjaw;, sensibilidad.) Insensi­
se S o c i e d a d .) bilidad de tod o el cuerpo, o de

33
A
una parte de él, producida en saciones, apeticiones y m ovi­
algunas e n f e r m e d a d e s (histe­ mientos espontáneos. B1 reino
ria, hipnosis), o por tóxicos que animal se extiende entre dos
paralizan las funciones nerviosas límites: uno, inferior, los vegeta­
(cloroformo, éter, cocaína, m or­ les, que sólo poseen vida incons­
fina, etc.). L a anestesia central ciente, y el límite superior, el
paraliza las funciones cerebrales, hombre, que además de la sen­
por anemia o intoxicación, y trae sible vive una vida racional,
consigo la inconsciencia e insen­ inteligente, líbre, moral. Las
sibilidad totales. Las anestesias plantas viven; los animales v i­
periféricas pueden ser de la m i­ ven y sienten; el hom bre vive,
tad derecha o izquierda del cuer­ siente y piensa. Aunque en ge­
p o (hemianestesia) o de una re­ neral y en abstracto la línea d i­
gión solamente. visoria que separa el límite in­
Una form a de anestesia es la ferior es clara y definida, n o lo
disminución de la sensibilidad es así en concreto, debido a las
(hipoestesia). dificultades de adquirir un co ­
H ay anestesias parciales c o ­ nocimiento exacto de las cosas.
rrespondientes a distintas sensa­ L a sensibilidad se extiende en
ciones: así, p. ej., se producen una gradación decreciente desde
anestesias del dolor ( analgesia) los tipos más elevados de la es­
sin que se interrumpan las sen­ cala animal a los más inferiores,
saciones de tacto, y viceversa. siendo en algunos de éstos tan
Animal.— Etimológicamente — de p oco diferenciada y tan rudi­
anima, animare— , el ser que p o ­ mentaria, que puede dudarse si
see un principio interno de vida pertenecen al reino vegetal o al
y de movimiento. Bn sentido animal. Por el otro extremo, las
metafísico, ser viviente dotado diferencias esenciales son claras
de sensibilidad, género que com ­ y definidas. Desde el punto de
prende las especies irracional y vista de las actividades psicoló­
racional: los brutos y el hombre. gicas, hay un «abismo infran­
B n sentido vulgar, empleado en queable» entre el hom bre y el
la ciencia y generalizado hoy animal. R1 animal no piensa, no
también en filosofía, animal sig­ cree ni duda, asiente ni disien­
nifica la espccie bruta, es sinó­ te; no es capaz de discurso ni de
nimo de animal irracional. Y en reflexión; n o comprende las le­
este último sentido tomamos yes y relaciones de la naturale­
aquí la palabra animal. za; no construye la ciencia, no
Animal es, pues, el ser vivien­ crea el arte; sólo el hom bre vive
te dotado de sensibilidad, de sen­ libremente, moralmente, religió-
A
sámente, jurídicamente; sola­ es una reproducción del «animal
mente él usa e inventa medios de máquina» ( V e r w o r n , D o e b ,
expresión espiritual; sólo él es Bhon, etc.), la vida animal se
capaz de civilización y progreso. explica p or simples reflejos o
El animal es absolutamente in­ reacciones mecánicas a los exci­
capaz de producir ni de asimi­ tantes exteriores, a lo menos la
larse ningún grado de civiliza­ de los animales inferiores; no
ción intelectual, moral o social. puede, por tanto, hablarse de
Todos los esfuerzos de los evo­ sensibilidad, ni de conciencia,
lucionistas, para salvar este ni de psiquismo animal.
«abismo» que separa el animal «Hay en todo animal un autó­
del hombre, ya rebajando a éste mata; pero también un ser con s­
para colocarle en la misma línea ciente.» Posee actividades con
del animal, ya dotando al ani­ que percibe y recuerda, goza y
mal de las facultades más ge­ sufre; siente necesidades e ima­
niales elevándole a la altura del gina y prepara medios para sa­
hombre, se estrellarán ante este tisfacerlas; imita el razonamien­
hecho de experiencia universal. to humano en sus instintos com ­
De hecho, la conversión o trans­ plicados con que atiende a la
form ación de los animales en conservación del individuo y de
hombres solamente existe en la la especie. H ay en el animal sen­
imaginación teórica de los evo­ saciones, percepciones, imáge­
lucionistas, y en las leyendas de nes, recuerdos, necesidades, ape­
la. imaginación salvaje y popu­ titos, semejantes a los nuestros,
lar. (V. E volucionismo , T r as - o, a lo menos, manifestaciones de
FORMTSMO.) su vida análogas a las expresio­
Naturaleza del animal.— E n la nes de nuestra vida psíquica;
historia encontramos dos errores distingue las cosas y las perso­
extremos. Uno, que supone al nas, busca lo útil y evita lo da­
animal destituido de tod o prin­ ñoso, prevé de algún m odo lo
cipio psíquico de vida, y sus m o­ futuro, y coordina los movimien­
vimientos resultado de la com ­ tos en armom'a con esta previ­
binación. de fuerzas mecánicas. sión, Da inducción analógica nos
G, Pereira, Descartes, Malebran- fuerza a reconocer en. sus accio­
elle, los filósofos de Port Royal, nes instintivas y en sus adap­
hacen del animal una «máquina», taciones vitales un principio
sin duda admirable y perfecta, psíquico de espontaneidad y de
comparada a los mecanismos movimiento, superior al juego
construidos por el hombre. Da fatal de las fuerzas mecánicas.
teoría moderna de los tropismos Por el extremo contrario, no

55
A
es raro atribuir al animal hasta nismo, que todo este desenvol­
las facultades más geniales hu­ vim iento de formas mentales en
manas, a lo menos en grado ru­ el hombre le posee el animal en
dimentario. Y a Montaigne había principio, en germen, com o fuer-
sostenido en sus Ensayos que «el zalatente? ¿Y qué sería una fuer­
instinto es una forma de la ra­ za eternamente latente, incapaz
zón». Este antropomorfismo le en­ de traducirse en actos?
contramos sobre todo en los es­ Naturaleza del alma animal.—.
critos de los naturalistas, que, Operan sequüur esse; el obrar
faltos de hábitos de reflexión filo­ es correlativo del ser. Si, pues
sófica, y fascinados por los ma­ la vida animal se manifiesta en
ravillosos instintos observados en actos de conocimiento, de espon­
los animales, concluyen por pro­ taneidad y de movimientos or­
yectar en el interior de éstos sus gánicos y psíquicos, es necesario
propias ideas. suponer un principio de vida su­
IfOS psicólogos y naturalistas, perior a las fuerzas mecánicas y
L loyd Morgan y Ed. Thorndike, fisicoquímicas y al principio vi­
han criticado con justa severidad tal que organiza estos elementos
esta tendencia vulgar seguida en las plantas. Y si en el animal
por naturalistas com o Romanes, no hay asomo de razón, ni de
Lubbock, etc., de introducir en actividad alguna que intrínseca­
la psicología animal su propia mente no esté ligada a un fen ó­
psicología. m eno material, es necesario que
D ejando a un lado las diferen­ este principio sea dependiente
cias orgánicas, una cosa debe en el ser, lo mismo que lo es en
quedar definitivamente sentada el obrar, de la materia; es decir,
y en la que parece inútil mover que sea material. N o es, por tan­
discusión; a saber: que la acti­ to, una unidad simple e inmate­
vidad humana se extiende a un rial que tenga realidad propia y
orden absolutamente extraño al subsistente fuera de la materia,
animal; el animal no conoce la a semejanza del alma humana,
justicia, la moralidad, la religión; com o han supuesto algunos (Bal-
Carece de libertad y de responsa­ mes), sino que toda su existen­
bilidad en sus acciones; n o habla cia le viene de ser form a subs­
un lengua je conceptual; no inven­ tancial de un organismo, fuera
ta La industria; no construye la del cual no tiene realidad ningu­
ciencia; no crea el arte. Y si en na, al igual que toda form a ma­
esto consiste la razón, evidente­ terial. Y entonces la pregunta
mente los animales carecen de que suelen hacerse los que supo­
ella. ¿Se dirá, con el evolucio­ nen el alma de los brutos simple

56
A
e inmaterial: ¿de dónde viene y llier). Jouffroy profesaba este
qué es de ella antes de la exis­ vitalismo cuando dice: «Somos
tencia y después de la disolución dos en el hombre: y o y este
del organismo?, carece totalmen­ principio desconocido, asociados,
te de sentido. Como todas las dependientes quizá, pero dife­
formas inferiores, nada es antes rentes.» Se opone tam bién a las
y nada después de la destrucción teorías de Descartes, Malebran-
del cuerpo informado. (V. I n s ­ clie, I,eibniz, sobre la indepen­
t in to .) dencia del alma y del cuerpo
Bibl.: Aristóteles, De anima; (ocasionalisino, armonía preesta­
Hist. anim .; Santo Tomás, De blecida) .
anima; H . Joly, L ’homme et i‘ H ay un animismo exagerado
animal, 2.a ed., 188G; De Na- (Sthal) que supone en la vida
daillac, L'Instinct et l'lntelL; vegetativa un principio inteli­
Fabre, Souvenirs entomologiques; gente director y organizador de
De Bonniot, La bile comp. a V las fuerzas orgánicas.
homme, 2.a ed., 1889; L loyd Mor­ En otro sentido son animis-
gan, Animal Life and Intell., tas, v. gr., en la antigüedad las
1890; E d. Thorndike, Animal teorías (Platón, de los estoicos,
Intell, 1898; Wasmann, La vie etcétera) del alma universal del
psyck. des animaux. Rev. de Phil., mundo; y en tiempos modernos
1898, vol. I I , p. 318; E . Peillau- el pampsiquismo, que supone en
be, L ’évol. el l’intell. hum. Rev. todos los seres un principio psí­
de Phil., 1911, vol. II, p. 225; quico de . apetición (I.eibniz,
Gutberlet, Der Mensch, 1896. Schopenhauer, etc.). (V. At,ma,
(Véase, en gen., los trat. de Psico­ V ida.)
logía.) Anormal.— (De a priv. y norma.)
A nim ism o.— Tiene diversas signifi­ Desviación de la regla, de la ley,
caciones. E n psicología, animis­ del tipo común. E n biología y
mo de Aristóteles y los escolás­ en psicología, estructura orgáni­
ticos: el alma humana es forma ca o función desviadas del tipo
substancial del cuerpo y origen específico y general. E n psico-
primero único de todas las acti­ patología se llaman anormales
vidades, orgánicas, sensitivas y los que padecen algún desequili­
racionales. brio mental debido a la heren­
Se opone al vitalismo, que ad­ cia, a enfermedades contraidas,
mite un principio vital distinto abusos, etc.: neurasténicos, his­
del alma racional, para las fun­ téricos, idiotas, alcohólicos, etc.
ciones inconscientes de la vida Es corriente la clasificación de
orgánica (escuela de Montpe- las anomalías mentales en cua-

W
A
tro grupos: una función puede cipaciones de la experiencia»,
desviarse de la normalidad: p ri­ conjunto de representaciones
mero, por imposibilidad total de constructivas de una experien­
ejercicio; este caso se designa con cia futura, dispuestas a entrar en
el prefijo a, en griego a, priva­ acción acompañadas del senti­
ción (anestesia, amnesia, abulia, miento de realidad. Previsión
etcétera); segundo, por s;mple empírica de los hechos, que tam ­
debilitamiento funcional, desig­ bién existe en la psicología ani­
nado por el prefijo hipo, en grie­ mal, y que parece a m odo de
go íitíó, bajo de, en grado infe­ raciocinio en acción.
rior a lo normal (hipoestesia); Kant llama «anticipación», en
tercero, exaltación anormal de general, a todo conocim iento por
una función, hiper, del griego el que se puede conocer y deter­
ÓTcsp, sobre lo normal (hiperes­ minar a priori lo que pertenece
tesia) ; cuarto, perturbación ge­ al conocim iento empírico; y en
neral de las funciones, designada particular, «anticipaciones de la
con el prefijo para, del griego percepción# a la cuantidad in­
icapa, al lado, error, confusión tensiva o grado de sensación en
(paramnesia, parestesia). general, que puede ser conoci­
Antagónico. Antagonismo. — (De da a priori sin que una sensa­
dvtf, v com batir.) ción particular sea dada.
Contrariedad, oposición, rivali­ Antilogía. — (aun' - Xdfos: razones
dad. Tiene sentido general; se contrarias.) Contradicción de ra­
dice de las fuerzas, actividades, zones respecto de un m ism o ju i­
ideas, sentimientos, sistemas de cio. L os sofistas griegos defen­
doctrinas: antagonismos m ora ­ dían el pro y el contra de todo,
les, sociales, económicos. sosteniendo que todos los juicios
Antecedente.— (Del latín anteceda- tenían razones en contra, sin que
re: ir delante.) Correlativo de unas fueran mejores que otras.
consiguiente: en el orden real, el «Antilogías de la voluntad» se
antecedente puede ser causal, suelen llamar en psicología las
condicional o de simple sucesión impulsiones obscuras e irreflexi­
temporal (la causa por relación vas que asaltan a la voluntad en
al efecto, la condición a lo con­ su ejercicio.
dicionado, dos hechos que se su­ Antinomia.— (De «mí, oposición, y
ceden uno a otro); en el orden (jópe, k y -) A n t i l o g i a , contra­
lógico, el principio es el antece­ dicción entre leyes o razones.
dente de la conclusión. K an t llama «antinomias de la
A nterioridad.— (V . P r i o r i d a d . ) razón pura» a las contradiccio­
A n ticip ación . — E n psicología «anti­ nes inevitables, nacidas de la

56
A
constitución de la misma razón, y el no yo en una recíproca d e­
en las cuales ésta se ve necesa­ pendencia, síntesis. Así, p or es­
riamente envuelta cuando trata tas tres operaciones, la concien­
de conocer lo absoluto cosmoló­ cia absoluta crea, por evolución,
gico. Cuando tratamos de apli­ tod a la realidad. Análogo es el
car nuestra razón a los objetos empleo que de estos términos
de experiencia y de extenderla hace Hegel, La realidad es un
más allá de los límites de esta desenvolvimiento dialéctico de la
última, «nacen entonces— dice— idea, afirmando (tesis), negando
teoremas dialécticos que no se (antítesis) y componiendo la afir­
puede esperar ni temer ver con­ mación y la negación (síntesis).
firmados ni contradichos por la E l ser es la tesis, el no ser la
experiencia, cada uno de los cua­ antítesis y el fieri o devenir la
les n o sólo n o es contradictorio síntesis, en que los contradicto­
en sí mismo, sino que encuentra rios, el ser y el n o ser, se identi­
en la naturaleza de la razón las fican.
condiciones de su necesidad; pero Antropocentrismo. — D el g r i e g o
ocurre que, por desgracia, el teo ávSpuuicoí, hombre, y xévxpov,
rema contrario tiene también en centro.) Concepción del hombre,
su favor razones n o menos bue­ centro y fin último del universo.
nas ni menos necesarias». Bn el orden del conocimiento, el
Antipatía.— (V. SlMrATÍA..) idealismo, subjetivismo, relativis­
Antítesis.— (De ávcí, c o n tra , y mo, pragmatismo, son, en dife­
fléoic, tesis.) Tesis que se opone rente grado, antropocentrismos,
com o contradictoria o negación que, com o Protágoras, hacen del
de otra. E n la filosofía de h'ichte, conocimiento humano la medida
la tesis, antítesis y la síntesis de la verdad y de las cosas.
constituyen la trilogía de todo E l solipsismo es la última con­
el desenvolvimiento de su idea­ secuencia lógica de estos idealis­
lismo subjetivo. E l yo, principio mos, que, encerrándose en el yo,
absoluto (la x de Kant) se des­ concluyen por cerrar las puertas
envuelve idealmente por tres y ventanas que comunican con
operaciones fundamentales: pri­ el mundo, hasta aislarse en una
mero «se pone» o afirma a sí mis­ incomunicación absoluta.
mo, se concibe com o existente, E n el orden moral, el antropo­
idéntico a sí mismo, tesis; el mis­ centrismo hace del hombre fin y
m o yo se opone a sí mismo el no ley de sí mismo {moral kantiana,
yo, com o contradictorio, en la utilitarismo, egoísmo). E sto es
representación del mundo, antí­ suprimir a Dios para ocupar su
tesis; finalmente, la unión del yo lugar.

59
A
Cierto que el hombre es un ser sociales de los pueblos prim iti­
superior y excepcional en el uni­ vos, etc..
verso, el único capaz de com ­ Se da el nombre, un p oco in­
prenderle; pero también es cier­ congruente, de Antropología cri­
to que tanto en el conocim iento minal, y mejor Criminología, a
como en la vida está subordina­ la ciencia social y estadística
do a este universo. Y si n o es que estudia los factores y condi­
centro y fin de las cosas, menos ciones de la criminalidad. E n la
lo es de sí mismo: Dios es el fin moderna criminología se concibe
último hacia donde gravita con el crünen com o resultado fatal
todo su peso el orden universal. de influencias biológicas y socia­
Antropología.— (Del griego avflpúso;- les; el criminal es un hombre
Xofo?, ciencia del hombre.) Se físicamente anormal, incapaz de
emplea con significados varios y adaptarse al medio. Lom broso
nada concordantes. Etim ológica­ inventó el tipo del criminal nato,
mente «ciencia de la naturaleza haciendo una anatomía y fisio­
human ao; y así es frecuente entre logía detalladas de los estigmas
los escolásticos denominar Antro­ del mismo. Antes de su muer­
pología en lugar de Psicología a la te (1909), hubo de presenciar
filosofía del hombre, del com ­ los funerales de su doctrina.
puesto humano, del alma, de sus Después del Congreso de Cri­
facultades y de sus relaciones minología de Bruselas, la con­
con el cuerpo. E n Alemania se le cepción lom brosiana puede de­
ha dado una significación gené­ cirse' que pasó a la historia.
rica, comprensiva de tod o estu­ V. A. Gemelli, La dottrina mo-
dio que se refiere al hombre: derne delta delinquenza, 1906; Y
filosofía del hombre, psicología, funerali di un uomo e di una dot­
sociología, historia, etnografía, trina, 19ü9; V a u v re scient. et
filología, civilización, etc., una phil. de C. Lombroso, Rev. Neo-
enciclopedia de las ciencias del Scol., 1917.
hombre. A nt r o p o m e t r í a . — (Del g r ie g o
Pero la acepción más genera­ avOpwzo?, hombre, y ¡LÍxpov, m e­
lizada es el estudio positivo e dida.) Significa, y a la técnica de
histórico del hombre en su lado los procedimientos de medida
especialmente físico: prehistoria precisa y numérica del organis­
de la humanidad, form ación de m o humano, ya, también, los re­
las razas humanas y su distribu­ sultados de su aplicación, o sea
ción por la tierra, influencias del la anotación y descripción de las
m edio físico en 3u desenvolvi­ variaciones y diferencias m orfo­
miento, costumbres y maneras lógicas individuales. Se funda en

60
A
los datos anatómicos y fisiológi­ naturaleza, se encuentra en las
cos, y la técnica varía según los concepciones filosóficas antiguas
fines: identificación personal, pe­ y modernas, y aun en la ciencia.
dagogía e higiene, clínica medical, N o es raro, v. gr., en los filó­
etnología, anatomía y fisiología, sofos, dotai al mundo de un alma
etcétera. Se distinguen la ovga- semejante a la humana, o inter­
nomcLvía y la fisiometria o ergo- pretar las fuerzas y movimientos
tnelria, con la cual está relacio­ y la vida de la naturaleza a ma­
nada la psicometria. Partes de la nera de apeticiones y tendencias
antropometría son la cefalome- semejantes a las humanas; y en­
tría, m e d i d a de la cabeza, o tre los naturalistas, el concebir
cvamometyía, que más especial­ la vida y costumbres de los ani­
mente designa la medida del es­ males dirigidas por una inteli­
queleto de la cabeza o cráneo. gencia, sentimientos y tenden­
Se ha generalizado el empleo cias semejantes a los humanos,
de las medidas antropométricas proyectando en ellos las formas
en la identificación personal, y de su propia conciencia. Es líci­
más especialmente de los crimi­ to al poeta fingir, y comunicar
nales. A. Bertillon (Identification la vida de su espíritu a las co ­
anthropométrique, 2.a ed., 1893) sas; al filósofo y al científico no
inventó un atlas detallado y les es lícito convertir en realida­
com pleto de aplicación de estos des las ficciones del poeta. (Véa­
métodos. (V. C r a n i o m e t r í a .) se A n im ism o .)
A n t r o p o mo r f i s mo . —- Del g rieg o Apariencia.— (Del latín apparen-
avAptuiíos-^opcpíj: forma humana.) tia.) Do que aparece en relación
Tendencia del espíritu a huma­ a lo que es. Suelen oponerse
nizar la divinidad y la natura­ apariencia y realidad, especial­
leza, representándolas a imagen mente en las teorías idealistas.
suya. Dos griegos poblaron el Pero de un lado la apariencia
Olimpo de dioses y héroes, per­ en sí es y a una realidad, y de
sonificando en ellos las virtudes otro ella no se concibe sin una
y los vicios humanos: «Fingebat realidad de la que sea aparien­
haec Homerus, et humana ad cia. N o puede el conocimiento
déos transferebat.a ( C i c e r ó n . ) interpretarse com o pura apa­
E l politeísmo personificando y riencia, puesto que es un hecho
divinizando las plantas, los ani­ real y es además representación
males, los astros, las fuerzas to ­ o apariencia de otra realidad:
das de la naturaleza. conocer, sin conocer algo, es una
Esta misma tendencia a pro­ contradicción. E n la filosofía de
yectar la vida del espíritu en la Kant, la apariencia es el fenó­

61
A

meno, en oposición a la realidad la percepción consciente y refle­


en sí o noúm eno. (V. estas pa­ ja. Equivale a la con cien cia re ­
labras,) fle ja en la filosofía tradicional.
Apatía.— (De cnraflsta: insensibili­ Kan t distingue la apercepción
dad, inercia, indiferencia.) Ato- transcendental o pura: la con­
nía o falta de vigor en las fa ­ ciencia primitiva y necesaria de
cultades para reaccionar a los la identidad de sí mismo, ante­
excitantes o para continuar su rior a todo dato de intuición, y
ejercicio. Puede ser constitucio­ cuya unidad fundamental hace
nal {temperamento y carácter posibles todo conocimiento y re­
apáticos) o proceder de enfer­ presentación de objetos; y la
medad (abulia, astenia, etc,). apercepción e m p íric a : conciencia
También significa inercia mo­ de representaciones y fenómenos
ral, indiferencia a los motivos de siempre variables de la percep­
conducta. ción interna. L a primera hace
En la moral de Pirron y de posibles, relacionándolas al yo,
los estoicos, a pa tía es sinónimo las intuiciones empíricas de la
de a ta ra xia , indiferencia com­ segunda. Wundt emplea el tér­
pleta respecto de las cosas sen­ mino apercepción en sentido aná­
sibles y ausencia de toda pa­ logo al de Kant, para designar
sión, (V. A t a r a x ia .) la condición última de toda ex­
La febril actividad que carac­ periencia psicológica, voluntad
teriza a los tiempos modernos pu ra , elemento último a que re­
deja tan poca tranquilidad al duce toda actividad psicológica,
espíritu, que en cierto modo en su metafísica voluntarista.
queda aniquilada la vida de Finalmente, en psicología se
éste. N o se sienten ni se viven llama apercepción la entrada de
los afectos superiores; un mate­ una representación en el campo
rialismo crudo invade a la vida de la conciencia, y, en gene­
individual y social, que se tra­ ral, todo proceso de adquisición
duce en indolencia y apatía es­ ■ mental.
pirituales, decadencia en los me­ Centro de apercepción, por
jores valores de la vida, rebaja­ analogía con el centro de visión,
miento del nivel cultural y des­ es el punto de mirada de la v i ­
censo de moralidad. Un freno sión interior.
que reprimiese las tendencias Apetito.— (Del latín appetitus, de
sensualistas actuaría como re­ appeiere, petere-ad : tender a un
sorte de impulsos espiritualistas. fin, buscar.) Apetición, inclina­
Apercepción.— Neologismo inven­ ción, tendencia.
tado por Leíbniz para designar En Aristóteles y los escolás

62
A

ticos tiene un sentido general: cambio y desenvolvimiento de


la tendencia de todos los seres los seres en el universo. En las
de la naturaleza a un fin, por el metafísicas voluntarxstas poste­
desplegamiento de sus activida­ riores (Schopenhauer, Hart-
des ( apetito n a tu ra l) ; y otro más mann, Paulsen, Wundt) Se en­
restringido y propio, que desig­ cuentra un dinamismo semejan­
na las actividades de los seres te: el fondo último de la reali­
dotados de conocimiento: cuan­ dad es una a p etición o voluntad
do este conocimiento, que prece­ primordial, principio motor de
de y determina la tendencia, es la evolución universal de las co­
sensible, el apetito se llama sen- sas, que aparece inconsciente en
si ble, y cuando es racional, a-pe- los seres inferiores y se revela
tilo ra cio n a l o voluntad. voluntad consciente en el hom­
Y más especialmente se em­ bre. (V. V o l u n t a r is m o .)
plea para designar las inclina­ Apodíctico.— (De aTtoosííjit;, demos­
ciones de la sensibilidad, a sa­ tración.)
tisfacer las necesidades físicas en En Aristóteles, p ro p o s ició n
el hombre y en el animal, o sea apod íctica es la demostración
el apetito sensible, principio de cierta, en oposición a la sim­
las pasiones. Este apetito tiene plemente probable. A rg u m e n ta ­
dos formas, de inclinación y ció n apodíctica, la que de premi­
aversión a los objetos, apetito sas ciertas infiere una conclusión
concupiscible, del que proceden cierta; por oposición a la a rg u ­
seis pasiones fundam entales: m entación dialéctica, en que al­
amor y odio, deseo y aversión, guna de las premisas y la con­
placer y dolor; la segunda for­ clusión son probables, p. ej., la
ma, apetito ira scible, expresa la analogía y la hipótesis.
lucha contra los obstáculos en Desde Kant, este sentido aris­
la posesión de los objetos: espe­ totélico se suele restringir a
ranza y desesperación, temor y las proposiciones necesarias de
audacia, ira. (V. A f e c c ió n , P a ­ orden ideal y a las demostracio­
s ió n , T e n d e n c ia , V o l u n t a d .) nes a p r io r i de ellas derivadas.
Apetición. — Acto de las facultades K a n t divide los juicios en ra­
apetitivas. (V. A petito .) zón de la «modalidad», o sea del
En la metafísica de Leibniz, modo de relacionarse el sujeto y
la a p etición y la p ercepción son el predicado, en problem áticos,
dos atributos de los elementos que enuncian una relación pro­
últimos y simples de toda reali­ bable; aserlóricos, que enuncian
dad, mónadas. I*a apetición se­ una relación de hecho, cierta,
ría el principio dinámico de todo pero no necesaria; e j l o s juicios

&
A

de existencia; y apodícticos, que lógicas se proponen a los creyen­


enuncian una relación absoluta tes; los razonamientos y con­
y necesaria, como los juicios clusiones de la apologética van
matemáticos. Y el razonam iento dirigidos, no sólo a esclarecer la
es a p od iclico cuando los juicios fe de los creyentes, sino también
que le forman son de este género. y principalmente a convencer y
Apologética.— (En griego ¿itoXo-f- preparar el acceso a la fe de los
■/jT'.'íóí, de áxn 'hoya, defensa, jus­ no creyentes. L a función de la
tificación.) Conforme a la eti­ apologética es doble: una, de­
mología, demostración racional mostrativa, justificativa, expo­
de la verdad de la religión cris­ sitiva, establece la verdad del
tiana y católica, y defensa con­ Cristianismo inundándole de luz
tra los adversarios de ella. Eos de modo que sea visible a las
tratados de apologética suelen inteligencias; la otra, polémica
recibir distintas denominaciones: defensiva, de combate, la de­
Tra cia tus de vera yeligione, P r o - fiende contra los ataques de sus
pedeutica o In tro d u cc ió n a la T e o ­ enemigos.
lo g ía , T e olo g ía fundam ental. Es L a primera form a es más sis­
una ciencia especial distinta de temática y científica, es la que
la teología, aunque subordinada reviste la moderna apologética;
a ésta: su objeto es la demos­ la s e g u n d a es circunstancial,
tración científica de la c re d ib ili­ depende de las condiciones del
dad de la fe revelada y de la ataque: tales son las apologías
necesidad de creerla fundada en de los primeros tiempos del Cris­
motivos racionales evidentes y tianismo, desde San Ireneo has­
ciertos: ra tion a b ile obsequium . L a ta San Agustín.
teología supone la fe; su criterio L a primera pudiera llamarse
es la autoridad reveladora de apologética general: establece
Dios, conocida y aceptada por la los métodos y los principios de­
gracia. La apologética es una mostrativos de la verdad cató­
preparación a la fe y, por tanto, lica, de la existencia del orden
no la supone; su criterio es la sobrenatural; la segunda es una
razón, el conjunto sistemático aplicación de estos principios a
de motivos de todo orden, filo­ la defensa del Cristianismo con­
sóficos, históricos, científicos, tra los errores de todo género
psicológicos y morales, que es­ que se suceden y varían según
tablecen con firme solidez la los tiempos y lugares. Cada épo­
verdad de la religión cristiana y ca tiene sus prejuicios, sus pre­
la consiguiente necesidad moral ocupaciones, sus errores; es con­
de ser creída. Las,verdades teo­ dición del error la movilidad y

«4
A

el cambio; y la defensa lia de testimonio de los mártires, la


seguir las condiciones del ata­ santidad y unidad de la doctri­
que. na, etc.; y la apologética inter­
Y la característica de los tiem­ na, que responde a las exigen­
pos modernos es el escepticismo, cias morales del espíritu: nece­
la crisis de la razón y del buen sidad moral y conveniencia de la
sentido filosófico, como si «a la revelación, obligación de creer.
entrada del templo de la filoso­ Este es el llamado método de in ­
fía estuviera sentada la locura» m anencia (Blondell, Brunetiére
(Balines); de donde el desplaza­ Balfour.) Interviniendo en el
miento de la apologética al te­ acto de fe la inteligencia y la
rreno de la filosofía para sanear voluntad, el primero es princi­
la razón y habilitarla para reci­ palmente de orden intelectual,
bir la revelación, que dio que a el segundo de orden moral y se
muchas gentes falta, no es tan­ dirige principalmente a la v o ­
to la religión como la razón». Las luntad, p o r sí solo no puede
verdades más fundamentales de establecer la necesidad ni la
la religión cristiana son a la vez existencia de lo sobrenatural.
problemas también los más fun­ En realidad, sólo hay una apo­
damentales que se propone la logética in teg ra l, comprensiva de
razón filosófica; de donde la ne­ una y otra.
cesidad para la apologética de Bibl.: Además de los tratados
establecer como base preliminar de Apologética y de Teología fun-
una filosofía cristiana. La apolo­ daméntal, v. el D ic t. de A po log éti-
gética filosófica de justificación que, París, 1909,1.1, col. 189-191;
y reconstrucción de la ph iloso- D ia l, de T h é o l , caiholique, Paiís,
p h ia perennis, frente a la inva­ 1909, t. I, col. 1.519-1.579;
sión universal del idealismo y A. de Poulpiquet, L ’ob-jel in té g ra l
del naturalismo en las inteligen­ de l ’A p o log éliqu e , 3.a ed., 1912;
cias y en la vida moderna, in­ P. Gardeil, L a cre d ib ilité et l ’A p o -
compatibles con el ideal cristia­ logétique , 2.a ed., 1912; P. Garri-
no, constituye hoy una parte im ­ gou-Lagrange, T h eol. F u n d . se-
portante aunque indirecta, de cu n d u m S. T h o m o D o ctrin a m ,
la ciencia apologética. 1918.
Se distinguen en razón del mé­ Apólogo.— («KÓXofeK;, cuento, na­
todo, la apologética e xlem a , tra­ rración.) Narración fabulosa o
dicional, fundada en criterios ob­ mítica que, bajo el velo de la
jetivos y externos de credibili­ ficción, contiene una enseñanza
dad: las profecías, los milagros, moral.
la extensión del Cristianismo, el Aporia.— [vTiopíot, duda, incertidum-

65 5
A

bre, perplejidad.) En Aristóteles, intuición empírica, por la que la


duda inicial de la inteligencia, percepción, es decir, la concien­
real o ficticia, al proponerse de­ cia empírica de esta intuición
mostrar lina cuestión, en vista (como fenómeno) es posible.»
de las razones contradictorias Como se ve, estas dos significa­
posibles. ciones sólo tienen de común el
Corresponde en los escolásti­ nombre; en Kant se aplica a las
cos a las rallones d ubita n di, que percepciones de la experiencia,
hacían preceder a las pruebas que ciertamente son sintéticas,
de las tesis. Así, es costumbre en aunque no a p r io r i; en los esco­
Santo Tomás comenzar: V id e lu r lásticos se trata de la percepción
quod n o n ; después: Sed contra, y intelectual resultado de la abs­
luego procede a la demostración: tracción, y, por consiguiente, es
Respondeo dicendum . L a costum­ un análisis ideal operado sobre
bre en Escoto es poner primero la síntesis real.
A r g u ih tr quod non, y luego P o ­ Aprendizaje.— Durante la Edad
li un tu r conclusiones. (V . D u d a Medía, es el aprendizaje de ofi­
m e t ó d i c a .) cios un medio de restringir el
Apreciación,— Juicio práctico de número de individuos en cada
valor, en que las cosas y las ac­ oficio. E l despotismo ilustrado
ciones se juzgan en relación a y las corrientes individualistas
un fin o a un ideal. (V . VAI.OR.) j rompieron estas barreras y abrie­
Aprehensión. — {De apprehendere: ron las puertas del artesanado
asir, apoderarse de.) En los es­ a todos, sin requerir pruebas de
colásticos, uno, el más elemen­ ningún género. L a encarnizadí­
tal, de los tres actos de la inte­ sima lucha perjudicó principalí-
ligencia: aprehensión, ju ic io y ra ­ simámente a la clase artesana
c io c in io , Es la simple represen­ que, convencida poco a poco de
tación de los objetos sin afirmar los inconvenientes que lleva
ni negar nada de ellos; el dato consigo esta actitud, trata de
inicial, la primera noticia que la remediarlos, ya pidiendo la in­
inteligencia recibe de las cosas. tervención del Estado, ya aten­
Son sinónimos: idea, concepto. diendo, por medio de sus orga­
(Véanse estas palabras.) nizaciones, a la educación e ins­
En Kant, la aprehensión es trucción general y especial de
una síntesis a p r io r i que unifica los suyos. De este modo se lim i­
y hace posibles las percepciones ta el número de concurrentes,
empíricas. «Entiendo— dice— por se da cultura general a cuantos
síntesis de la aprehensión la com­ 110 aspiren a la técnica, y técnica
posición de la diversidad en una a los capaces de asimilársela.

66
A

A priori. A posterior).— Un conoci­ científica. (V . D e m o s t r a c ió n .)


miento (concepto, ju ic io , ra­ Aprlorismo.— Denominación gené­
ciocinio) es a p r io r i cuando es rica aplicable a toda teoría del
anterior e independientemente conocimiento o sistema filosófi­
de la experiencia; y a posteriori, co exageradamente intelectua-
cuando resulta de esta expe­ listas e idealistas. E l innatismo
riencia. de Platón, Descartes y Leibniz;
En la filosofía de Kant, todo el formalismo de Kant, los idea­
conocimiento resulta de una lismos postkantianos y, en ge­
materia y formas a p r io r i que neral, toda doctrina que trata
no provienen de la experiencia, de concebir y explicar la reali­
sino que son leyes inmanentes dad por la idea y sin tener la
del espíritu (las formas de tiem­ debida cuenta de los datos de la
po y espacio en las intuiciones experiencia, son más o menos
sensibles, las categorías del en­ apriorístas. (V. I d e a l i s m o .)
tendimiento, las ideas puras de Aprosexia. — (¿KpóatZToí, falto de
la razón). Pero este formalismo atención.) Imposibilidad de fijar
apriorista es arbitrario. Nada la atención, característica de las
hay en nuestro espíritu absolu­ enfermedades mentales, y que
tamente a p r io r i si 110 es la fa ­ se observa principalmente en los
cultad pura de pensar; toda for­ histéricos y psicasténicos, en los
ma conceptual se prolonga in­ idiotas e imbéciles.
mediata o mediatamente en la Aquiles (A r g u m e n t o ). — Uno de los
realidad, y es elaboración de un cuatro (la dicotomía. , el A qu iles,
dato real. la flecha y el estadio) con que
D em ostra ción a p r io r i ; proce­ Zenón de Blea pretendía demos­
de de lo que es p rim e ro en el or­ trar la imposibilidad del m ovi­
den real o lógico, a lo que es miento, y que Aristóteles nos ha
después, de las causas a los efec­ trasmitido en su N a tu r. aus-
tos, de los principios a las conse­ cutí, 1. V, c. 9. E l más famoso
cuencias, tal es la deducción; y es el A q u ile s y la, tortuga. A qu i­
a p o steriori la que procede in­ les, de pies ligeros, en persecu­
versamente de los efectos a la ción de una tortuga, no la al­
causa y a la ley, la inducción. canzará jamás. Cuando Aquiles
Bn Aristóteles encontramos una haya llegado al punto de parti­
división análoga a esta moderna; da de la tortuga, ésta habrá
demostración Su, qida, prueba avanzado algo más; cuando aquél
de hecho, es más bien explica­ haya llegado a este punto, la
tiva; y Biót'.j p ro p te r quid, demos­ tortuga habrá avanzado un poco
tración causal y estrictamente más, y así indefinidamente.

67
En otros términos: supóngan­ célebres filósofos hasta Bergson,
se dos móviles de movimiento se lian ocupado en dar solución
uniforme y de velocidad diez a este sofisma famoso.
veces mayor uno que otro, y el Arabe (F ilo s o f ía ) . — «Iva filosofía
punto de partida a 10 metros árabe— escribe De W ulf— carece
de distancia. Cuando el uno de originalidad. E l genio árabe
haya recorrido 10 metros, el no es original más que en su
otro habrá avanzado uno; cuan­ literatura y en su poesía. Su
do aquél uno, éste 0, 1 ; cuando ciencia y su filosofía son la filo ­
aquél 0, 1 , éste 0,01 , y así en sofía y la ciencia griegas, tras­
progresión indefinida. Y como mitidas por las escuelas sirias.»
matemáticamente la cantidad Y de los griegos, el filósofo
es divisible hasta lo infinito, y por excelencia, infalible, seniidi-
el infinito no se puede traspa­ vino, es el Estagirita; la filoso­
sar, los dos móviles no llegarán fía árabe se reduce, en casi
a coincidir. E l problema plan­ totalidad, a comentarios aristo­
teado matemáticamente no tie­ télicos con infiltraciones neo-
ne solución; o mejor dicho, hay platónicas de la escuela de A le­
aquí una substitución de proble­ jandría.
mas diferentes; en lugar del mo­ 1,a filosofía árabe se desenvol­
vimiento real continuo hacia un vió durante tres siglos y medio
fin, se pone una serie ideal dis­ (del I X al final del X I I ), en e l
continua sin fin. Y aquí está el Imperio de Oriente (Bagdad y
sofisma, que es ig n o v a tio elenchi. Bassora) primero, y después en
Se supone, además, lo que se España, con mayores empuje y
trata de demostrar, a saber; que originalidad. Los cristianos si­
el espacto está constituido por rios fueron los maestros de los
una infinidad actual de elemen­ árabes en la ciencia y filosofía
tos, y el movimiento por una griegas, y los árabes, a su vez,
serie de puntos fijos en el espa­ con su dominación, las llevaron
cio; negada, pues, la continui­ a los pueblos de Occidente.
dad, condición esencial del m o­ En el siglo V I I I , los Abassidas
vimiento, el movimiento es im ­ establecieron un gran centro de
posible. En. una concepción geo­ cultura en Bagdad, llamando a
métrica (Descartes), estática e él a los sabios sirios, para que
inmóvil del movimiento, el pro­ enseñaran a los árabes la ciencia
blema no tiene solución. Pero la griega. E l trabajo de traduccio­
d iv is ib ilid a d infinitesimal es nes del siríaco al árabe fué con­
pura invención del espíritu. tinuado hasta el siglo X por una
Descartes, Iveibniz y los más escuela de cristianos siríacos.

66
A

Los comentarios fueron innume­ rosas monografías, estudios y


rables; la Isagoge de Porfi­ traducciones de filósofos árabes
rio, v. gr., cuenta más de qui­ españoles.
nientos comentarios árabes. Arbitrio ( L i b r e ) . — (V. LIBERTAD.)
Entre los principales filósofos Arbol de Porfirio.— Esquema que,
que florecieron en Bagdad me­ a modo de ejemplo de subordi­
recen citarse: An-Nazzan (ni. nación de los géneros y especies
835), Alkindi (m. 873), Alfa- lógicos, y tomando como tipo la
rabí (m, 949), Avicena, I b n -S in a categoría de substancia, pone
(980-1037), el más fiel in­ Porfirio (neoplatónico, sucesor de
térprete de la s doctrinas de Plotino, siglo I I I ) en su Isa g og e,
A ristó teles; Algacel, A l-G a z a li o In tro d u cción a las categorías de
(1058-1111), místico y defen­ Aristóteles, y al que se suele alu­
sor de las doctrinas del Islam. dir en los Tratados de Lógica:
Bntre los filósofos árabes de E s­ S ubstancia
paña: Avenipace, I b n - Badschci material in m a te r ia l;
(m. 1138), Abubacer, I b n - T o f a i l C uerpo
(m. 1185), y el más notable animado in a n im a d o ;
filósofo árabe, que ejerció gran in­ V ivien te
fluencia en la filosofía occidental sensitivo in sen sitivo;
de la Edad Media, Averroes, I b n - A n im a l
Roschd (m. 1198). (V. estos nom­ racional ir r a c io n a l;
bres en el vol. II.) Con Averroes H o m b re
puede decirse que murió la filo­ individuo A. individuo B.
sofía entre los árabes; pero su Argumentación. Argumento.— (D el
influencia, la de este último es- latín a rgum entar i, a rgu ta ri, a r -
pe ( i ahílente, en los filósofos gu ere: demostrar, probar, aducir
cristianos y hebreos, fué conside­ razones en pro o en contra de
rable. una tesis.) Razonamiento o se­
Bibl.: L a hist, de la filosofía rie de razones ptobaüvas de una
árabe está por hacer. S. Munk, proposición. La argumentación,
M éla n ges de p h il. ju iv e et arabe, por razón de la materia, puede
1659; A, Schmolders, E ssa i sur ser a pod íctica o demostrativa,
les écoles p h il, chez les arabes, que engendra la ciencia cie rta ;
164 ; Carra de Vaux, A v ice n n e , dialéctica, que engendra la o p i­
1900; Gazali, 190 ; Renán, A v e - n ió n y la p ro b a b ilid a d ; y s o fis ti­
rrhoés el l'a verrh oism e, 3 .a ed., ca, que origina el error.
1867; J. Picavet, L ’averrhoism e Las formas de la demostración
et les averrhoisies, 1902. M. Asín, apod íctica son varias: prueba de
A lg a c e l, 1901; ha escrito nume­ hecho (¿t i , q u ia ) y de derecho o

69
A

causal (o«m, propter q u id ); in ­ historia. Con Platón y Aristóte­


ductiva y deductiva; a p rio ri y a les, el genio de la filosofía grie­
posteriori; directa e indirecta ga llega a su madurez y apogeo;
(esta última llamada también en adelante se repartirán los dos,
per impossibile o por reducción ya a la vez, ya alternativamente,
al absurdo) ; circular, ad hom i- la dirección histórica del pensa­
nem, etc. miento filosófico. N o supieron
Bntre los argumentos cuya mantener tanta grandeza los dis­
conclusión no pasa de probable cípulos inmediatos de uno y otro,
(d ia lécticos): entimema, en el pero le cupo peor suerte al fun­
sentido aristotélico, 110 en el dador del Liceo: la vida del L i­
usual de los tratados de lógica; ceo, lánguida y de corta dura­
inducción analógica (analogía y ción, fue una degeneración de
ejemplo), probabilidad matemáti­ las doctrinas del maestro. La
ca, hipótesis, etc. síntesis aristotélica es una pirá­
Finalmente, las argumentacio­ mide de los conocimientos hu­
nes sofisticas: paralogismos y so- manos levantada sobre amplísi­
fism as; sofismas de inspección, ma base de observación, de aná­
sofismas de inducción, y sofis­ lisis y de crítica: la realidad, la
mas de deducción. (V. estas pa­ experiencia en el sentido más
labras.) amplio, contenido de la tradi­
Bibl.: Mercier, Logique , y, en ción, lo mismo el saber popular,
general, los Tratados de Ló­ las ¿.firmadoues del sentido co­
gica. mún, que los resultados anterio­
Aristocracia. — (En griego, ¿picxo* res de la reflexión filosófica y la
páisia, de «pisto;, lo mejor, y observación de la naturaleza; la
xpcho;, pode?, dominación.) E ti­ inducción y el análisis de esta
mológicamente, gobierno de los amplísima base es lo que ha he­
mejores. Forma de gobierno en cho fecunda y duradera su filo ­
que el poder se ejerce por las sofía. Aristóteles es no solamen­
clases superiores de la sociedad: te el tipo del filósofo, es tam­
de la nobleza, del talento, de la bién el modelo del sabio.
riqueza. L a oligarquía y la plu­ Y esta filosofía aristotélica,
tocracia son degeneración de la depurada de sus defectos, y es­
aristocracia. (V. Formas de G o­ pecialmente de la tendencia na­
biern o. ) turalista, completada con el ideal
Aristotelismo.—Desígnase con este cristiano, constituirá más tarde
nombre al conjunto de doctrinas el fondo de la filosofía escolás­
de Aristóteles (v. el vol. I I ) y tica.
su influencia en el curso de la Porque, en medio de su colo­
A

sal grandeza y de sus armonio­ de Aristóteles pasó a los prime­


sas proporciones, til edificio le­ ros escolásticos, juntamente con
vantado por Aristóteles presen­ los comentarios de Porfirio, En
ta defectos capitales. De Platón esta primera época de la esco­
a Aristóteles la filosofía se in­ lástica, sólo se conocieron los
clina al naturalismo, hasta que­ tratados lógicos de Aristóteles.
dar reducida la admirable me­ Por caminos diversos, Aristóte­
tafísica del segundo, en manos les llegará a imponerse, durante
de sus inmediatos discípulos, a los siglos X I I .al X I I I , en la ci­
las proporciones de una física de vilización árabe, con Avicena y
la naturaleza. Y a Aristóteles se Averroes; en la judía, conMaimó-
había colocado en la pendiente nides, y en las escuelas cristia­
naturalista que acentuaron, has­ nas, con Alberto Magno y Santo
ta rayar en el materialismo psi­ Tomás, hasta ejercer una dicta­
cológico o en el inmanentismo dura casi completa; hasta el si­
cósmico, sus discípulos los esco­ glo X V , Aristóteles era, no sola­
liastas Teofrasto, Eudemo, Aris- mente lino, ni el más grande de
tóxenes, Estratón y Licón (si­ los filósofos: era el filó so fo . Des­
glo I I I a. de J.-C.). En el curso de el Renacimiento, que da una
de la historia se ven aparecer vida fugaz a todas las doctrinas
estas dos interpretaciones aristo­ clásicas, con intenciones más li­
télicas, con vistas, la una, a su terarias que científicas, sube la
origen platónico, y orientada la curva platónica en Descartes,
otra hacia el naturalismo. Más Espinosa, L,eibiiiz hasta los trans-
tarde (s. I a. de J.-C. al I I cendentalismos del siglo X I X , de
de J.-C.) aparecen los compila­ filiación más o menos platónica
dores, comentadores y vulgariza- y plotiniana, mientras Aristóte­
dores de Aristóteles: Andrónico les sigue la suerte de la escolás­
de Rodas, Boeto, Alejandro de tica decadente. Finalmente, des­
Afrodisia, Aristocles. Porfirio pués de la ruidosa caída de los
(siglo I I I de J.-C.) inicia la idealismos románticos de una
serie de comentadores neoplató- parte, el espíritu de observación
nicos de Aristóteles, continuada de la naturaleza y la tendencia
por Temistio (s. IV ) en Bizan- a considerar la filosofía como una
zio, por Proclo (s. V), Damascio interpretación universal y coro
y Simplicio en Atenas, y en namiento de las ciencias, de otra,
Alejandría por Ainmonio (si­ y el renacimiento escolástico
glo V I) y sus discípulos Mario y con él el aristotelismo, Aris­
Victorino (s. V I ) y Boecio: tóteles vuelve a ocupar un lugar
principales canales p o r don­ preeminente en el plano de la

71
A

filosofía. (V. los nombres en el armonía musical; el alma, la ar­


volumen II.) monía del cuerpo; todas las co­
Bibl.: A. Trendebnburg, E ls m . sas están constituidas por uni­
L o g . A r is l., 8 .a ed. 1878; Barth.- dades matemáticas combinadas
S. Hilaire, De la logiqu e d 'A r is - en armónica proporción. L a in­
tole, 2 vol. 1838; Da la métaphys. fluencia de las unidades pitagó­
d’A r is t. 1SS0; A ñ s t . et le X I X ricas aparece clara en las dideas»
siécle, 189 ; F. Ravaisson, E ssa i de Platón, y en idealismos pos­
sur la métaphys. d ’A r is t., 1837- teriores. (V. P itag o r ism o .)
47; O. Willmann, A v istó te , 1909; A rm o n ía preestablecida. — Así
Cl. Piat, A ris to te , 1 9 1 F. Bren­ denomina Leibniz su teoría ex­
tarlo, A ristóteles, 1911. S. Tala- plicativa de las acciones mutuas
mo, L ’arisiolelism o nella storia de los seres, y especialmente de
delta filo s o fía , 1873; L*a ristote - las relaciones del alma y el
lism o nella scolastica, 1S75. (V. cuerpo.
la bibl. d e A ristóteles en el vol. II.) Según su N u ev o sistema de la
Armonía,—-(Del griego ¿^.ovía, de naturaleza (M o n a d o lo g ía ), las
concordancia.) Orden, «mónadas» sólo poseen activida­
proporción, subordinación de la des inmanentes: realmente, no
multiplicidad a la unidad. Tiene hay ni puede haber acción de
una aplicación general: el mun­ tinos seres sobre otros. ¿Cómo se
do (zóc{xoí: armonía) es una ar­ explica la apariencia contraria?
monía universal, y las leyes son Dios ha dispuesto en un decreto
su expresión: armonía de formas eterno la armonía concordante
y de movimientos, de causas y de las acciones y modificaciones
efectos, de medios a fines. de los seres, en la sucesión del
Ivas facultades superiores del tiempo, pero sin que haya efi­
hombre buscan la armonía: la ciencia mutua de unos sobre
inteligencia, el orden, el ajuste otros. En especial, el alma y el
de las ideas entre sí y con las cuerpo, sin relación ninguna
cosas; la voluntad, la realiza­ entre sí, producen sus acciones
ción de una armonía moral. La en un acorde perfecto. «El cuerpo
belleza estética, ya sea natural, y el alma son como dos relojes
ya artística, consiste esencial­ fabricados con tal arte que mar­
mente en la armonía: u nitas in chan siempre acordes.»
varietale, (V. ORDEN.) Arquetipo.— (Del griego ¿py_<u, do­
Los pitagóricos hacían de la minar, y Turco;, modelo.) Tipo
armonía el fondo de la realidad. soberano y eterno de la inteligi­
E l mundo de los cuerpos celes­ bilidad de las cosas y de la ver­
tes y terrestres es una soberana dad de las inteligencias. Dios,

72
A

Primera Causa ejemplar y P ri­ teligencia humana está en po­


mer Modelo del universo creado, seerlas y acercarse al ideal. Bste
contiene en sí los arquetipos de «ideal» platónico aparece repro­
toda existencia, las normas ab­ ducido en todas las épocas de la.
solutas, inmutables, eternas que filosofía, y más especialmente en
rigen la posibilidad y existencia las metafísicas del arte.
de las cosas creadas, y la verdad A rquitectónica. — (De «p/tTEXTovstu,
de toda inteligencia. «En la D i­ construir, edificar.) Neologismo
vina Sabiduría— dice Santo T o ­ empleado por Kant. (Bntlendo
más— existen las razones, esto — dice— por A rquitectónica el arte
es, las ideas o formas ejempla­ de los sistemas. Como la unidad
res de todas las cosas. Las cua­ sistemática es lo que convierte
les, airnque son múltiples en re­ el conocimiento vulgar en cien­
lación a las cosas, no son sino cia, es decir, lo que forma un sis­
la misma Bsencia Divina, en tema de un simple agregado
cuanto es imitable y puede ser de conocimientos, la arquitectó­
participada su semejanza de di­ nica es la teoría de lo que hay
versas maneras por las criatu­ de científico en nuestro conoci­
ras. Así, pues, Dios mismo es el miento en general; pertenece,
Primer Ejemplar de todo.» pues, a la metodología.»
En Platón, los arquetipos de Arte.— (Del latín a rs; del griego
las cosas son las «ideas» subsis­ apta, disponer, combinar.) Dis­
tentes, eternas, inmutables; el posición ordenada de medios a fi­
universo es la copia, la imagen nes. Bn el sentido, más generad
movible, siempre imperfecta e correlativo y en cierto modo
inacabada de la idea. Bstas ideas opuesto a la ciencia -, el arte se
contienen a la vez el modelo, la refiere a la acción, como la cien­
causa final y la primera causa cia a la contemplación: la cien­
eíiciente del mundo visible, don­ cia es saber, comprender; el arte
de «nada permanece» y «todo es producir, obrar. Pero así
pasa como las ondas del mar». como la acción es un resultado
Aunque el pensamiento de de la idea, así el arte tiene su
Platón no parece claro respecto principio en la ciencia.
a la manera de ser y existir las Y del mismo modo que el sa­
ideas, parece que tío son modos ber científico es una perfección
del pensamiento divino ni del del conocimiento espontáneo, sis­
humano, aunque sí de la misma tematizado por la reflexión, así
realidad inteligible. E l pensa­ t i arte es la acción espontánea,
miento divino las posee adecua­ natural, disciplinada y modelada
damente; la perfección de la in­ por la idea reflexiva: el arte no
A
es, pues, artificio y menos des­ hábitos en armonía con los fines
viación de la naturaleza, sino humanos. Y este arte general de
perfección y complemento de la vida se resuelve en artes espe­
ésta. ciales de adaptación de la acti­
«Los animales— escribe Mer- vidad a los fines particulares.
cier, comentando a Santo T o ­ C la sifica ción de las artes .— En
más— obran por instinto natu­ la Edad Media se comprendían
ral; sus actos son por esto mis­ en el número de las siete artes
mo determinados fatalmente, de­ libera les: la gramática, la dialéc­
bidamente ordenados, y tienden tica y la retórica ( t r i v i u m ) ; la
por sí mismos a la conservación música, la aritmética, la geome­
del individuo y de la especie. E l tría y la astronomía (q u a d ri-
hombre, por el contrario, tiene v iu m ). Sobre ellas estaba la teo­
la razón por guía en el ejercicio logía, la metafísica, el derecho y
de su actividad; conoce el fin la medicina. Esta, más bien que
que se propone realizar, los me­ clasificación, era simple enume­
dios de que dispone para ello, la ración de disciplinas científicas.
proporción que éstos deben guar­ Es común la división en artes
dar con el fin, y poder así poner­ liberales, cuyo fin es la cultura
se en condiciones de obrar como del espíritu, y las artes m ecá n i­
conviene y de una manera fácil cas, aplicadas al trabajo manual
y segura. y mecánico.
Las reglas que la razón pro­ N o es cosa fácil hacer una di­
pone a este efecto forman un visión del arte bien fundada,
conjunto que se llama arte, las atendida la multiplicidad de
avies, en el sentido objetivo de la fines en la vida y la compleji­
palabra. L a práctica de estas re­ dad de actividades que a un
glas engendra en el sujeto una mismo fin concurren. Podrían
disposición que fortifica y faci­ clasificarse en tres grupos: artes
lita el ejercicio de estas faculta­ cien tífica s, artes estéticas y artes
des; esta disposición se llama ind ustriales.
también avíe, en el sentido sub­ E l primer grupo abarcaría to ­
jetivo de la expresión.» (L o q iq u e , das las ciencias, que como edu­
edición. 1894, p. 41.) cadoras de la inteligencia tienen
En este sentido el arte alcan­ un lado artístico, y más espe­
za a todas las actividades huma­ cialmente las ciencias prácticas
nas, en la medida que éstas pue­ que son y se llaman artes: lógica,
den plegarse a los planes de la metodología, gramática y retó­
razón. La vida es un arte, o crea­ rica; moral, derecho, política, las
ción continua de disposiciones y ciencias administrativas; la pe­

74
A

dagogía, el cálculo matemático, ca de la naturaleza y finalidad


la medicina, etc. del arte. N i uno ni otro; el justo
El segundo grupo comprende medio: el arte es selección e idea­
las bellas artes. (V. esta palabra.) liza ción de la naturaleza.
E l tercer grupo abarca toda E l punto de partida en el arte,
aplicación técnica del trabajo lo mismo que de toda actividad
humano a la explotación, ú til de del espíritu, su fuente inspirado­
la naturaleza (in d u s tr ia s ). ra, es la experiencia, la realidad,
Artes (B e lla s ) . — L a palabra arte, la vida; el arte es, pues, im ita­
empleada sin adjetivos, significa ción de la naturaleza, Pero la
el arte de producir obras bellas obra de arte no es, no puede ser,
(b ella s a rte s ), o sea el trabajo de pura imitación, reproducción me­
concepción , de expresión y de cánica de la realidad de donde
ejecución de la belleza. estuviera ausente la actividad
Según los sentidos a que se creadora del artista; sin ideal con­
refieren y los medios especiales cebido y adecuadamente expre­
de expresión que emplean, se sado, es decir, sin artista, no hay
distinguen las artes plásticas arte. Un a tte semejante sería in ­
(arquitectura, escultura y pin­ útil; la copia habría de ser siem­
tura), y rítm ica s o de movimien­ pre inferior a la realidad. L a in­
to (poesía, música, danza). fancia del arte es pura imitación
Tres disciplinas u órdenes de de la naturaleza; la evolución de
estudio referentes al arte: H is ­ las artes revela un alejamiento
to ria d el arte, C ritic a del arte, cada vez mayor de la técnica ar­
F ilo s o fía del arte. La primera tística respecto de los procedi­
ofrece los materiales a la críti­ mientos de la naturaleza. Los
ca; ésta es una valoración de los medios de expresión artística son
procedimientos técnicos emplea­ siempre, aunque en diferente
dos por el artista; la tercera, ele­ grado, convencionales: nada hay
vándose sobre todas las técnicas en ia naturaleza que semeje a los
y las críticas de arte, trata de procedimientos, líneas, melodías,
estudiar las condiciones esencia­ ritmos, de la arquitectura, la
les de la belleza y de su natura­ música y la poesía; aun en las
leza: tal es la E stética (v. en su llamadas artes de im ita c ió n (es­
lugar), filosofía de la belleza, cultura, pintura, teatro) entra
como la Criteriología es la filo ­ por mucho el artificio conven­
sofía de la verdad, y la Moral la cional. La obra de arte expresa,
filosofía del bien. más que la realidad, el alma del
N a tu ra lis m o e id ealism o en el artista, sus maneras personales
arte: dos teorías extremas acer­ de ver y sentir. De otra parte,

75
A

en la naturaleza no todo es esté­ raleza, las leyes de la razón, de


tico; hay en ella bellezas y de­ la ciencia y de la moral. E l fin
formidades, armonías y disonan­ in trín se co del arte no es enseñar
cias, aspectos agradables y re­ ni moralizar, pero tampoco ex­
pugnantes, cosas que entrañan cluye estos fines extrínsecos,
significación y se hacen admirar, como el valor teórico de la
y cosas insignificantes, vulgares, ciencia no excluye los valores
que nada hablan al espíritu. E l prácticos.
arte realiza una selección, descu­ L a verdad y el bien imponen
briendo en la naturaleza y ex­ límites al artista que éste no pue­
presando esta significación ideal de traspasar sin degradación del
de las cosas, mismo arte. Especialmente la
E l arte p o r el arte .— Con esta moral gobierna como ley supre­
fórmula suele expresarse la in­ ma toda la actividad libre del
dependencia del arte, considera­ hombre; y el arte, producto de
do como un f i n en si, un ju ego esta actividad, no es una excep­
sin finalidad. La fórmula es equí­ ción.
voca. En primer lugar, el arte (V. B e l l e z a , E s t é t ic a y las
lio es un fin, sino un medio de correspondientes bibliografías.)
expresión del ideal y de la emo­ Ascética. Ascetismo,— (Del griego
ción estética y de hacerlas com­ ¿foxY¡atí-á;Jxr¡TLxó<;; de ochíü), me­
prender y sentir a los demás. ditar, ejercitar.) Doctrina y vida
Si la independencia del arte de perfección cristiana por la me­
significa que no tiene otra fina­ ditación y el ejercicio de las v ir­
lidad in trín seca que la estética tudes. Se funda en el conocimien­
del juego de las facultades, ex­ to de Dios y de sí mismo, que re­
cluida cualquiera otra, utilitaria, sumen la sabiduría y perfección
moral, social o religiosa, la fórmu­ de la vida cristiana, según estas
la es aceptable. Pero no lo es en frases de San Agustín: «Deum et
el sentido absoluto de exclusión animam seire cupio. Nihil ne
de otros fines extrínsecos. En la plus? Nihil omnino... Deus sem-
vida humana, como en la natu­ per idem, noverim me, noverim
raleza, todo está relacionado con te.» «Inquietum. est cor nostrum,
todo; y las facultades y los fines doñee requiescat in te.» L a ascé­
estéticos no son independientes tica, obra de purificación moral
de las otras facultades y fines: to­ y de renunciamiento evangélico,
dos se subordinan al fin integral se enlaza y precede a la m ística,
y último de la vida. E l arte no unión con Dios último fin del
puede, no debe contradecir las hombre, por el conocimiento y
leyes fundamentales de la natu­ el amor.

76
A

El ascetismo es una norma de ceptos y consejos evangélicos.


vida reglada, austera, mortifica­ L a Ascética, como disciplina
da por la práctica de las virtu ­ teológica, es una ciencia prácti­
des y especialmente de la tem pe­ ca, subordinada a la dogmática
ra n cia , o trabajo de sujeción de y a la moral, que explica la na­
ola ley de la carne a la ley del es­ turaleza de la perfección cristia­
píritu*: sobriedad y abstinencia, na y propone los medios que han
continencia y honestidad, expia­ de emplearse y la dirección que
ción y penitencia, humildad, d^be seguirse para llegar a este
mansedumbre, asiduidad en el fin supremo de la santidad, a
trabajo, eutrapelia, etc. que está ordenada toda la vida
El ascetismo, trabajo de libe­ humana. {V. M isticism o y la co­
ración del espíritu y de sujeción rrespondiente bibliografía.)
de los bajos fondos de la natu­ Aseidad. — (Del latín escolástico
raleza, es fuente de salud corpo­ asseitas, de esse a se: que existe
ral y espiritual, de equilibrio in­ por sí.) Atributo del Ser que
terior y de orden en toda la vida, existe por sí mismo y por nece­
colocando al hombre sobre el sidad de su propia naturaleza:
curso fatal de las cosas, hacién­ Dios.
dole más libre y dueño de sí mis­ L a aseidad es lo primero que
mo y elevándole a una alta per­ se concibe lógicamente en la na­
fección moral. turaleza divina como origen de
E l ascetismo no es más que el sus absolutas perfecciones, y por
trabajo de depuración de la vida lo que se distingue de los seres
para acercarla al ideal moral y creados. Dios es ocio puyísim o,
religioso. Le encontramos en las la primera causa, que no tiene
filosofías y religiones orientales su causa y razón de ser sino en
(brahmanismo, budismo, hebraís­ sí mismo; los demás seres son ab
mo, mahometismo); en la filo­ a lio, mezcla de potencia y acto,
sofía griega (Pitágoras, Sócrates, y tienen su razón de ser y exis­
Platón); en el abstine, susiine , de tir en otro.
los estoicos; en los neoplatóni- Dios existe por razón y nece­
cos, etc. Pero tanta distancia hay sidad de su esencia; los seres
de estas formas de ascetismo al creados pueden existir o no exis­
cristiano, cuanta va de la moral tir. L a definición más acabada
natural de los filósofos, incom­ de Dios es: E l que es, Q u i ssl..
pleta y mezclada de errores, a A sen tim ien to . A sen so.— (Del latín
la moral del Cristianismo, funda­ asseniire: asentir, dar crédito.)
da en el fin sobrenatural del Acto de la inteligencia de adhe­
hombre e iluminada por los pre­ sión a la verdad formulada en el

77
A

juicio. E l asentimiento constitu­ tas substancias al organismo. La


ye, pues, la esencia del juicio, y desasimilación consiste en la
los diversos modos de asenti­ desagregación de las substancias
miento originan los juicios cier­ mismas de la célula, y en la eli­
tos, probables, hipotéticos, etc. minación de los materiales inúti­
Puede tener un sentido am­ les. (V. M e t a b o l is m o .)
plio, aplicable a toda clase de Por analogía, a sim ila ció n in te ­
juicios, teóricos y prácticos. Pero lectua l, la comprensión de las
en los juicios prácticos, en cuan­ ideas, o su incorporación al or­
to determinados y aceptados por ganismo de conocimientos habi­
la voluntad, se llama con sen ti­ tuales por medio de relaciones
m iento. que las completan y explican.
A s e n tir es decidir lo que son Asimilación (T e o r ía de la ) , — Así se
o no son las cosas; pertenece, llama la teoría aristotélicoesco-
pues, a la inteligencia. Consen­ lástica explicativa del conoci­
t ir es decidir lo que se ha de ha­ miento en general. Aristóteles
cer y pertenece a la voluntad, establece como principio que «lo
que acepta libremente el último semejante solamente puede ser
juicio práctico para obrar. (Véa­ conocido por lo semejante»; y si
se Ju ic io , D e c is ió n .) la inteligencia puede conocerlo
Aserción.— (Del latín as ser ere: afir­ todo, es necesario que participe
mar.) Afirmación categórica, del ser de la3 cosas y se haga
cierta. semejante a ellas: oLa inteligen­
Asertórico (J u i c io ) . — Así denomi­ cia en el conocimiento del mun­
na Kan t los juicios ciertos, pero do se hace en algún modo las
que no implican necesidad, verbi­ cosas del mundo.» E l conocimien­
gracia, los de existencia; a dife­ to es una expansión del ser fue­
rencia de los apodíclicos, que son ra de sí, para participar del ser
necesarios; y de los problemáti­ y de la vida de otros.» Los seres
cos, que expresan una relación dotados de conocimiento difieren
probable. de los que carecen de él en que
Asimilación,— L a a s im ila ció n y la éstos solamente tienen su forma
d esasim ilación constituyen los propia y aquéllos son capaces
dos fenómenos de n u tric ió n de de participar de la forma de una
las substancias orgánicas. L a realidad extraña a ellos; de don­
asimilación comprende dos fa­ de se sigue que la naturaleza de
ses: trasformación de las subs­ los segundos es más limitada,
tancias exteriores hasta hacerlas más restringida, y la naturaleza
utilizables, y la segunda, que es de los seres que conocen más
la principal, incorporación de es­ amplia, más extensa; y por esto

78
A

Aristóteles ha podido decir que tir las cosas en la realidad: c o g n i-


«el alma es, en cierta manera, to ­ tum est in cognoscente secundum
das las cosas#. ( S u m . Th eol., I, m odu m cognosceniis. Así la inte­
q. X IV , a. s.) ligencia, facultad inuiateiial de
El conocimiento es así una concebir por medio de formas,
asim ila ción de la actividad cog- inmaterializa lo material, trans­
nitiva a los objetos, o producción formando lo concreto e indivi­
en el sujeto de formas, determi­ dual en abstracto y universal,
nadas y moldeadas sobre el ob­ para pensarlo.
jeto, por las que aquél se hace L a teoría del conocimiento en
semejante a éste. Aristóteles es un caso particular
De un lado, el conocimiento de su teoría general metafísica
no puede interpretarse como sim­ del fie ri, de la potencia y el acto.
ple aproximación, del sujeto y E l conocimiento es f ie r i o acto
del objeto, o como presencia o de una potencia intelectual. La
aparición del segundo al prime­ inteligencia humana es pura po­
ro; dos seres presentes uno a tencialidad, incapaz para produ­
otro y sin un elemento común cir ningún pensamiento sin un
por el que los dos lleguen a ser complemento extraño a ella mis­
uno, serían completamente ex­ ma que le determine a pensar
traños e ignorados el uno del una cosa u otra; que no hay pen­
otro. En este punto, Aristóteles samiento sin objeto: pensar sin
y Santo Tomás convienen con el pensar algo es una contradicción
idealismo: ex in t d lig ib ili in actu in adjecto.
et in tsllectu in actu f it u n u m . Y si el conocer es una asimila­
De otro lado, esta identifica­ ción, identificación de la inteli­
ción no puede ser absoluta y gencia con las cosas, es necesario
real, sino solamente in ten cion a l, que en el fondo de la misma rea­
esto es, en idea, en representación . lidad haya un elemento al que
Antes y después de pensar la pueda asimilarse la inteligencia:
inteligencia, la realidad existe tal es la idea inmanente en las
independiente de ella, y se ex­ cosas, que las da forma y deter­
tiende indefinidamente y rebasa mina en su ser específico y por
la idea por todas partes, sirvién­ la que se hacen inteligibles. Así
dole de limite y medida; la idea la idea es la forma común por la
es un punto luminoso que brilla que las cosas se hacen inteligi­
en el océano de la inmensa reali­ bles al espíritu, y el espíritu inte­
dad. Además, los modos de ser ligente de la realidad. (V. Co ­
pensadas las cosas por la inteli­ n o c im ie n t o , I n t e l i g e n c i a .,
gencia no son los mismos de exis­ I d e a y las bibl.)

79
A

De una manera especial se las instituciones benéficas, en su


llama «teoría de la asimilación» la mayor parte, si no en la totali­
aristotélicoescolástica de la per­ dad, nacieron al calor de la idea
cepción sensible, por oposición a canónica, que permite la propie­
las teorías de la in tu ic ió n , de la dad particular necesaria para el
ilu s ió n y de la in fere n cia causal. sustento y atribuye el resto a los
(Véase P er c e p c ió n .) necesitados; luego el deber de
Asistencia pública,— Socorro obli­ asistencia corre a cuenta de los
gado a los pobres. Es evidente ricos, y no necesita fijarse ni en
que los padres están obligados a parentescos, ni vecindades, ni
mantener a sus hijos. N o es me­ nacionalidades, sino en el hom­
nos evidente que los hijos deben bre, que tiene derecho a vivir.
mantener a los padres necesita­ Esto no excluye que cada cual
dos, ¿Es igualmente indiscutible prevea, provea, ahorre, ayude,
que los ascendientes deben man­ consuele, etc., etc. ha. asisten­
tener a los descendientes necesi­ cia es deber de caridad; no es
tados, y a la inversa? ¿Cabe lo sólo de justicia. A l trasfor-
mismo entre colaterales? A me­ marle en deber de justicia para
dida que el parentesco se aleja hacerle más eficaz, se le trasfor-
más, queda también más rela­ ma de amoroso y caritativo
jado el vínculo obligatorio, que (limosna) en odioso y molesto
se esfuma por completo cuando (impuesto).
la relación deja de ser parentes­ Asociación económica.— Facultad
co para transformarse en i ela­ natural de que goza el hombre
ción de vecindad, nacionalidad, para constituir una entidad m o­
humanidad. ral que le permita realizar fines
¿En qué título se basará la comunes. Característica funda­
asistencia? Es deber del Estado mental es la honestidad del fin.
y de las entidades públicas sub­ Título justificativo es la realiza­
alternas el socorro a los necesi­ ción más pronta y más eficaz
tados; pero son pocos los que de los fines comunes y confor­
aciertan a alegar el verdadero y mes a la naturaleza del hombre.
justo título justificativo de este Problema fundamental: ¿la aso­
deber. Y sí le hay. Desposeídas ciación ha de ser libre n obliga­
por el Estado las tradicionales toria? H ay fines comunes hones­
instituciones benéficas de cuan­ tos que jamás quedarán substraí­
tos medios tenían para cumplir dos a una asociación obligatoria;
su misión de asistencia, se tras­ verbigracia, seguridad de perso­
pasó al Estado la carga y los me­ nas y cosas; otros honestos de
dios de soportarla. Ahora bien. suyo pero que, sometidos a aso-

80
A

dación obligatoria, degenerarían to patronal. N o cabe, pues, la


en monopolios odiosos, no sólo sindicación obligatoria como un
por el sabor a privilegio que poder distinto del poder del Es­
acompaña siempre al monopolio, tado; cabe, sí, una sindicación
sino por la ausencia de interven­ libre con autoridades autónomas
ción extraña que permita presu­ que se muevan siempre dentro
mir que no hay abusos. En con­ de las leyes del Estado.
secuencia, ¿cómo resolver el pro­ Asociación psicológica,— Barbaris-
blema? A nuestro parecer, no mo usado la primera vez por
admite soluciones absolutas. Los Locke, y después generalizado
gremios responden durante algún en la ciencia psicológica: asocia ­
tiempo a una necesidad; más c ió n de ideas, de im ágenes, de
adelante sucumben, porque su sensaciones, etc. Otras muchas
intransigencia daña al bien co­ palabras expresarían mejor la
mún. El atomismo individualis­ cosa: unión, relación, agrupa­
ta no llega a borrar los acuerdos ción, síntesis, combinación, or­
tácitos o expresos de los elemen­ ganización, etc. Propiedad de los
tos directores; en cambio, acen­ hechos psíquicos de organizarse
túa los daños mutuos entre los en grupos cada vez más comple­
obreros. H o y las asociaciones pa­ jos, y todos ellos bajo la unidad
tronales actúan más eficazmente total de la conciencia. La aso­
que las obreras. En resumen, ciación es ley fundamental del
si en absoluto se hiciera obliga­ espíritu como la atracción de los
toria la asociación, tendríamos cuerpos: se extiende, por tanto,
ip so jacto una desigualdad de a todos los fenómenos de la vida
oportunidad en los diversos gru­ consciente, representativos, afec­
pos asociados que, en vez de fa ­ tivos y volitivos.
cilitar la consecución del bien Pero de una manera especial
común peculiar de cada dase, se aplica el término a la organi­
la dificultaría más, en cuanto que zación habitual de las imágenes
el peso de cada poder manten­ en la memoria y a su reproduc­
dría inclinada la balanza siem­ ción espontánea, independiente
pre del lado del poderoso. Pare­ de la reflexión. Quito la hoja del
ce, pues, ahora misión del Esta­ calendario y leo: «Mayo, 2»; es­
do impedir que, por la unión de pontáneamente y en confusión
empresarios y empresas, desapa­ primero, que luego van aclarán­
rezca la honesta competencia; en dose poco a poco, se agolpan a
cambio, favorecer las asociacio­ la imaginación, alrededor de de­
nes obreras para contrapesar las talles salientes y bien ilumina­
ventajas de que goza el elemen­ dos, remembranzas obscuras de

81 e
la lucha por la Independencia: ro, por con tig ü id a d de tiempo y
Madrid en. 1808, las tropas fran­ espacio; segundo, por sem ejanza;
cesas en la capital de España, tercero, por contraste, y cuarto,
Murat, Napoleón, el pueblo de­ las relaciones de continente y
cidido a sacudir el yugo, Daoiz contenido, de medio a fin y de
y Velarde, el parque de artille­ causa a efecto, que Aristóteles
ría, los cañones, el fuego y es­ no incluye al tratar de la me­
truendo de la lucha en las calles, moria, por ser de carácter ló­
la sangre, el odio al invasor, la gico.
sed de venganza, las heroicida­ Stuart Mili reduce a tres las le­
des del pueblo, etc., etc. L a vis­ yes de asociación: de semejanza,
ta de un objeto, una palabra de simultaneidad y sucesión, y
oída, una idea que surge en la de intensidad relativa.
conciencia, sugieren una serie de Pero los principales represen­
imágenes en cada individuo, tan tantes de la «psicología asocia-
variadas como inconfundibles cionista» que han hecho un aná­
son las fisonomías. A primera lisis más amplio y detallado de
vista parece no tener este pro­ los fenómenos de asociación, son
ceso imaginativo otro funda­ Spencer y, más particularmente,
mento que el acaso, Pero si todo Bam.
en la naturaleza obedece a una Dejando a un lado la concep­
causa y está sometido a leyes, ción mecanicista y atómica que
y a una imagen sigue una deter­ informa la psicología asocia-
minada serie con preferencia a cionista, concepción hoy defini­
otras, esto no será sin causa. Las tivamente pasada a la historia,
leyes de asociación explican las hay en ella otro error grave: el
causas y condiciones de la aso­ de fundir en las mismas leyes y
ciación de imágenes. tratar bajo un mismo plano las
Aristóteles observa, en su tra­ relaciones de hecho, puramente
tado D e M e m o ria et R e m in is ce n - psicológicas, y las de derecho, o
tia (II ), que las ideas se sugieren lógica de las ideas. Las primeras
unas a otras de tres maneras son espontáneas, subjetivas y
principales: por semejanza, por personales, variables con los in­
contraste y por co n tig ü id a d : cnp* dividuos; las asociaciones lógicas
OJIOIOU, 7} SvdVTÍOU, ^ "OLÍ son impersonales y se fundan en
Santo Tomás reproduce y des­ las relaciones objetivas del ser,
envuelve esta división. ley de no contradicción, de causa­
Los principios de asociación lidad, de finalidad, etc. Es pre­
establecidos por Hume no difie­ ciso, pues, reconocer la distin­
ren de los de Aristóteles: prime­ ción radical entre la asociación

82
A

psicológica de las imágenes y las nos jours, 1883; Claparéde, A s -


relaciones lógicas del pensamien­ sociation des idées¡ 1903; en
to: «la lógica de las ideas está general, los Tratados de Psico­
por encima del mecanismo de logía experimental.
asociación imaginaria». Asociacionismo.— Dase este nom­
La asociación crea los hábitos bre a la concepción a ióm ico-m ecá-
psicológicos, y está subordinada n ica de la conciencia, profesada
a los mismos principios que re­ en diferente grado por los psicó­
gulan la formación de los hábi­ logos ingleses Hume, H artley,
tos, en los que intervienen tres J. Mili, St, Malí, A Baúl, H. Spen-
factores principales: la repetición cer. E l asociacionismo es, en pri­
de los actos, la intensidad de los mer lugar, un posi/ivism o fenom e -
mismos y el coeficiente pasional n is la : no hay en la vida psico­
de que se acompañan. La aso­ lógica un principio substancial y
ciación es el principio regulador facultades productores de los he­
de toda la vida sensible: coordi­ chos, la conciencia se reduce a
nación de impresiones, imágenes una colección de fenómenos. En
y movimientos, en la vida ins­ segundo lugar, estos fenómenos
tintiva y espontánea; por ella se son concebidos a la manera de
explican las simpatías y antipa­ fuerzas mecánicas o elementos
tías; las percepciones exteriores químicos, gobernados por leyes
son un resultado de la asocia­ de asociación, «atracción y re-
ción. pulsión», semejantes a las leyes
En la vida superior de la re­ mecánicas o a las combinaciones
flexión presta los materiales a la químicas. El principio fundamen­
inteligencia en sus concepciones, tal de la escuela asociacionista
juicios y razonamientos; consti­ lo formuló Hartley: «Todo se ex­
tuye la dinámica de la imagina­ plica por las sensaciones prim i­
ción y de la memoria en la con­ tivas y la ley de asociación. En
servación, reproducción y com­ otras palabras, los estados de
binación de las ideas. Y, final­ conciencia los más complejos o
mente, es la base del tempera­ más abstractos, las nociones lla­
mento y del carácter, de donde madas a p r io r i, las ideas en apa­
su importancia para la educa­ riencia más distantes de la expe­
ción. {V, IMAGEN, M ijm oria , riencia, los sentimientos más ele­
H á b it o y las bibl.) vados, todo sin excepción, es re-
Bibl.: Además de los autores ductible por el análisis a sensa­
citados: E. Peillaube, Les images, ciones primitivas, asociadas y
1910; L . Ferri, L a psych. de V fundidas de mil maneras por
association depuis Hobbes ju squ ’cl combinaciones y metamorfosis
sufridas.» (Cfr. Ribot, L a P s y - como los cuerpos en el espacio
chol. anglaise co n te m p .) físico.
De la «psicológica de la asocia­ Pero esta interpretación es una
ción», han quedado sus prolijos metáfora sin sentido, en que la
análisis de detalle y de simplifi­ realidad se substituye por nom­
cación como hasta ella no se ha­ bres vacíos y abstracciones ima­
bían hecho; pero como concep­ ginarias, La actividad del yo y
ción atómico-mecánica del espí­ la fin a lid a d son las condiciones
ritu ha muerto, y bien muerta esenciales y llenan toda la vida
está. «Esta doctrina— escribe R i­ del espíritu. No hay realmente
bot— , tal como la han sosteni­ percepciones, imágenes, ideas,
do los dos Mili, Spencer, Bain, emociones, voliciones, como rea­
etcétera, no pertenece ya más lidades en sí, sino sujetos con ac­
que a la historia; es una concep­ tividades que perciben, imaginan,
ción general de donde la vida se piensan, sienten y quieren.
ha retirado.» «Si se considera En el asociacionismo que re­
— dice Hóffding— el espíritu y la duce toda la vida del espíritu a
dirección de la filosofía inglesa relaciones de hecho, los valores
contemporánea, es preciso reco­ lógicos, morales, etc., quedan su­
nocer que la escuela inglesa clá­ primidos. Verdad y error son pa­
sica, que comienza con Locke y labras sin sentido; en esta quí­
cuyo último representante es mica mental, todas las combina­
Spencer, ha dejado de existir.» ciones y síntesis son legítimas,
(P h ilo s op h e s conlem p., p. 52.) todo puede ser idéntico a todo y
E l mecanismo evolucionista diverso. L a ló g ica de Stuart Mili
universal es (nina simple analo­ no es, en el fondo, otra cosa sino
g ía injerta sobre una h ipótesis; la negación de la misma lógica;
y aplicada al espíritu es un ma­ cuando las proposiciones mate­
terialismo «vacío de sentido», máticas son tenidas como pro­
asimilación de dos realidades en­ ducto de hábitos adquiridos y
tre las cuales no puede haber se afirma que dos y dos son cua­
«semejanza alguna visible ni con­ tro porque siempre hemos visto
cebible», al decir del mismo Spen­ lo mismo, que en otras condicio­
cer. nes pudieran no serlo, 110 se pue­
Los fenómenos de la concien­ de hablar de lógica. Las concep­
cia aparecen como realidades in­ ciones de una bien equilibrada
dependientes, dotados de pro­ inteligencia no tienen más v a ­
piedades de atracción y repul­ lor ante la lógica asociaeionista
sión, que se mueven en el espa­ que los despropósitos de un des­
cio sa i generis de la conciencia, equilibrado. Wundt tiene razón

64
A

al decir que «si se pretende exa­ rable y lo adverso es el ideal su­


minar las leyes de la asociación premo de la vida, y el sabio debe
de ideas prescindiendo del prin­ preferir hasta el suicidio antes
cipio regulador de la actividad que perderla. E l e p icu reism o
interna, el mejor método sería pone la felicidad en el placer;
observarlas en las divagaciones pero todo placer positivo entra­
incoherentes de los locos.» (Véa­ ña el dolor; por consiguiente, la
se F e n o m e n is m o , P ositiv ism o , felicidad verdadera es el placer
M e c a n ic ism o , A so c iac ió n psico ­ negativo, la ausencia de dolor,
ló g ic a y las bibl.) la quietud, la indiferencia, la in­
Aspecto. -— (De a spicere: mirar.) acción. La a ta ra xia p irró n ic a
Puntos de vista desde los cuales consiste en la indiferencia a la
la inteligencia puede considerar verdad y al error, al bien y al
las cosas, según sus múltiples mal; la inteligencia es incapaz
determinaciones y relaciones. 33a de conocer nada cierto; el sabio,
ellos se fundan la abstracción y por tanto, no debe decidirse por
el análisis. nada, ha de permanecer indife­
Astenia,— (Del griego era0év;t<z, de­ rente a todo. E l fondo de estas
bilidad.) Comprende un conjun­ doctrinas de carácter moral: una
to de enfermedades caracteriza­ concepción escéptica y a la vez
das por la debilidad y postra­ egoísta y pesimista de la vida.
ción de las fuerzas, por la laxi­ Atavismo.— (Del latín atavus: cuar­
tud de las funciones; de donde to abuelo, antepasado.) Tras­
•neurastenia, psicastenia, etc. misión hereditaria de caracteres
Ataraxia.— (Del griego á priv, y en los individuos de una descen­
Taparü-, emoción.) Pasividad e dencia, pero con intermitencias.
indiferencia a toda emoción, que Ocurre con frecuencia que los
ciertas escuelas de la antigüedad hijos salen con rasgos de fisono­
(cínicos, estoicos, pirrónicos, epi­ mía física y moral semejantes,
cúreos) consideraban como el no a los padres, sino a alguno de
ideal de la sabiduría. los antepasados, o también cola­
La felicidad del sabio consiste, terales, por proceder de un tron­
según los estoicos, en hacerse in­ co común, Este salto atrás, o re­
dependiente de todo m óvil que producción de cualidades ■in te­
no sea la razón, destruyendo de lectuales, de formas y aptitudes
raíz las pasiones y sentimientos, físicas y aun defectos y enfer­
aun de familia y de patria, hasta medades, que existieron en un
llegar a la a p a tía (airaOsta) com­ antepasado mediato y lejano, es
pleta. Esta tranquilidad e indi­ lo que se llama atavism o. E l mis­
ferencia de ánimo ante lo favo­ mo fenómeno se da en los anima­

85
A

les y en las plantas. Cuando por los futuros (expecta ción, p re v i­


industria del hombre, por cruza­ s ió n ); al pensamiento discursivo
mientos, injertos o deformacio­ y abstracto (atención in te le c tu a l),
nes artificiales, un tipo ha sido que según los modos de intensi­
desviado de su forma natural, dad y el carácter teórico o prác­
luego que se le deja abandonado tico recibe diferentes nombres:
a su espontaneidad, o desapare­ m editación, reflexión , contem pla­
ce, o vuelve a las pocas genera­ ción, deliberación, estudio, etc.
ciones al tipo primitivo, Hase de advertir que estas fo r­
El atavismo tiene su explica­ mas de atención responden más
ción en la tendencia natural de bien al análisis lógico que a la
los seres a mantener la estabili­ realidad; la atención es realmen­
dad y la uniformidad de las es­ te sintética, absorbiendo en una
pecies. (V. H eren c ia , M ende- orientación final común, las dis­
USMO.) tintas actividades: en la obser­
Atávico,— Se dice de las disposicio­ vación, v. gr., concurren los sen­
nes nativas, tanto físicas como tidos, la memoria asociativa, la
morales, que intervienen como conciencia, la inteligencia, la acti­
factores importantes del tempe­ vidad emocional y voluntaria,
ramento y del carácter. etcétera.
Atención.— (Del latín atiendeye, ten- Pero la más importante d ivi­
dere-ad: tender a.) Aplicación del sión es la que suele hacerse de
espíritu al conocimiento de las la atención en espontánea o ins­
cosas. N o es facultad especial, tintiva y re fle x iva o voluntaria,
sino modo común del ejercicio de que algunos con menos propie­
las facultades cognoscitivas en dad dicen (Locke-Ribot) pasiva
sus movimientos de adaptación y a ctiva ; la atención, en efecto,
a los objetos. Difiere de la in te n ­ es siempre, aunque en grado di­
ció n ( intendere, ien d e re-in : diri­ ferente, tensión ( tender e-tensio) y
girse a un fin) en que este fin es fijación, es decir, esfuerzo de con­
un ideal práctico o propósito de centración de la actividad y tra­
la voluntad, y el fin en la aten­ bajo que impide su dispersión.
ción es el conocimiento; la aten­ I*a espontánea resulta de dos fac­
ción es una intención de conocer. tores: de la intensidad de la im­
Puede referirse a los objetos ex­ presión objetiva, y principal­
teriores ( sensorial, observación mente de la reacción subjetiva;
externa); a los hechos de con­ es decir, del conjunto de elemen­
ciencia, interiores (re fle x ió n , ob­ tos psicológicos, emocionales y
servación psicológica); a los he­ representativos, que despierta o
chos pasados ( record a ción ) ; a sugiere: necesidades, interés,

86
emociones de placer o dolor, sen­ dolas surgir del fondo amorfo de
timientos de simpatía, de curio­ la conciencia, dándolas estabili­
sidad, de admiración, etc. Del dad, vigor y claridad; de aquí
conjunto de impresiones e ideas su importancia grande en la
que sin cesar surgen espontánea­ educación. La disciplina mental
mente en la conciencia, sólo consiste principalmente en des­
aquéllas fijan la atención que pertar, sostener y vigorizar la
despiertan en algún modo la atención; los métodos científicos
afectividad. Puede decirse que no son sino planes reguladores
los objetos y las ideas atraen la de la atención, que impiden la
atención en la medida que inte­ dispersión del esfuerzo y le orien­
resan. Da v olu n ta ria está subor­ tan a resultados fecundos y se­
dinada a la in ten ción de un fin; guros.
en este caso, la voluntad mueve A la atención se opone la
y dirige la atención haciendo la distracción. H a y dos maneras
selección de ideas y objetos que de distracción: una, que provie­
interesan al fin propuesto. La ne de la atención exagerada y
función atentiva es doble: una profunda a un orden de objetos:
positiva, de fijación y unifica­ las preocupaciones hondas, la
ción, y otra negativa, de inhibi­ absorción del espíritu por una
ción y de disociación. La vida idea, el ensimismamiento, con­
de la conciencia aparece como centran y limitan a veces de ta l
un semillero donde brotan espon­ modo la actividad de la con­
táneamente y se mueven sin or­ ciencia, hasta cerrar el paso y
den ni concierto sensaciones, hacerse ésta insensible a toda
ideas, sentimientos que luchan impresión exterior, y a veces
por acaparar el campo de la con­ hasta a las más imperiosas ne­
ciencia y que sin la intervención cesidades interiores. Proverbia­
de una actividad organizadora les son las distracciones de cier­
serían del todo inútiles para la tos sabios, de tal modo absortos
vida. La atención, actuando en sus contemplaciones, hasta
como fuerza selectiva, fija y da producir una especie de aneste­
relieve a los elementos útiles, sia natural o ausencia de cuan­
rompiendo las asociaciones es­ to les rodea y aun de sí mismos.
pontáneas, y rechaza, dejándolos Otra manera de distracción tie­
perderse en la inconciencia, los ne su origen, al contrario, en la
que carecen de interés o no se debilidad mental, que origina la
prestan a ser asimilados. dispersión y movilidad incons­
L a atención es como el buril tante de la atención, como la
cincelador de las ideas, hacién­ disipación, el aturdimiento, la

87
A

ligereza, la superficialidad, etc. nismo. A la vez ejerce una ac­


Enfermedades de la atención. ción inhibitoria de los m ovi­
Esta debilidad mental que im ­ mientos inútiles al fin de la
posibilita la fijeza de atención atención, que podrían restarle
es la característica de todas las una cantidad de energía. Así, la
enfermedades mentales, desde la atención de uno cualquiera de
imbecilidad hasta la locura, así los sentidos amortigua la acti­
como de todos los trastornos de vidad de los otros, y la aten­
forma delirante; algunos han ción al pensamiento interior re­
creído poder medir el grado de laja las reacciones motrices sen­
la enfermedad por la dificultad soriales. Esta fuerza inhibitoria
de la atención. Especialmente alcanza a las funciones biológi­
esta impotencia de atención y cas, disminuyendo la actividad
de coordinación de las ideas respiratoria y circulatoria; has­
acompaña a las neurosis o p s i- ta la digestión se hace más di­
castenias , caracterizadas por la fícil y lenta en la atención in­
falta de fuerza y de dominio de tensa y prolongada. Finalmente,
la voluntad para poner orden y es fácil advertir un aflujo de la
sistematizar la vida de la con­ sangre al cerebro, proporcional
ciencia, cuyos fenómenos se su­ a la intensidad de su trabajo.
ceden espontáneamente, disgre­ Bibl.; M. Sérol, A n a lyse de V
gados y sin cohesión; el psicas- a tiention ( Rev. de P h il., 1905,
ténico está como ausente de sí v. II , p. 597); Vaschide et Meii-
mismo. E l histerismo ocupa un nier, Pa th o l. de Vatiention, 1908;
grado estremo de la neurosis, Ribot, P s ich o l. de l ’a tien tion ; "Van
que ya no es simplemente debi­ Eiervliet, Esquisse d'une- éduc.
lidad o «pobreza#, sino «miseria* de Vatiention ( R ev. de Q. S cie n -
psicológica; hay aquí limitación tif., 1911, t. II , p. 151 y sig.);
del campo de la conciencia, ab­ De Sanctis, P a to lo g ía dell’A t t m -
sorbida por unas cuantas ideas zione, 1896; Roerich, A tie n tio n
(id eas fija s , m onoideism o ) , que sponianée et v olu n ia ire , 1907;
se imponen despóticamente, anu­ Pedro Janet, A tie n tio n , en el
lando el poder sintético y direc­ D ic i. de phys. de C, Richet, 1895;
tivo de la voluntad. Névroses et idées fix e s , 1898,
F is io lo g ía de la atención. — La vol. I, c. II . (V. los Trat. de Psi­
atención pone en tensión la ener­ cología gen.)
gía motriz, no sólo de los órga­ A to m o. — (Del griego áTO|io<:, de ®
nos sensoriales en sus m ovi­ priv, y Téjtvtu, dividir.) Expresa
mientos de adaptación y de aco­ el límite de la divisibilidad de
modación, sino de todo el orga­ la materia, el elemento último

86
A

de composición de los cuerpos y modo decisivo la existencia de


en que éstos se resuelven. Desde masas atómicas, y menos aún a
el punto de vista de la ciencia, expresar la magnitud absoluta.
el átomo es una hipótesis expli­ Las ciencias parecen haber re­
cativa de la realidad física; des­ suelto recientemente este delica­
de el punto de vista filosófico, do problema y asegurado el
un problem a metafísico acerca triunfo definitivo de la doctrina
de la constitución de la materia. atomística... A creer en el testi­
Q uím icam ente, los cuerpos se monio de los físicos modernos, y
consideraban como agregados de más aún en la concordancia irre­
partículas sumamente pequeñas, cusable de sus pruebas, la exis­
discontinuas e invariables en su tencia de los átomos, su núme­
constitución interior, al través ro, la determinación de su peso
de los cambios químicos. Estos absoluto y de su volumen, se
elementos encierran propiedades imponen como otros tantos he­
diversas según su naturaleza, y chos definitivamente adquiridos
aquí está el origen de las diver­ para la ciencia.» (Cfr.: D. Nys:
sas actividades de los cuerpos. L a con stih U ion de la m atiére d '
La fusión de átomos homogé­ aprds les Ph ysiciens modefnes, en
neos origina los. cuerpos simples la Revue N ev .-S ch o ., mayo 1914.)
de la química, y la combinación En lo que la física actual ha
de elementos heterogéneos en cambiado respecto de la ante­
proporciones determinadas, los rior, es en no considerar las ma­
compuestos. En la masa atómi­ sas atómicas como elementos úl­
ca hay que buscar, pues, la ex­ timos irreductibles e indivisi­
plicación última de las propieda­ bles. Según la hipótesis electróni~
des y actividades de los cuerpos, ca actualmente dominante en
y en su agregación o desagrega­ física, el átomo químico forma
ción el origen de los cambios todo un mundo pequeño, consti­
físicos y químicos. tuido por elementos interatómi­
«No obstante los grandes ser­ cos en número indefinido. E l
vicios prestados a la ciencia por edificio atómico se compone de
la teoría atómica, el átomo se un núcleo central cargado de
consideraba, hasta estos últimos electricidad positiva (io n e s ) y
años, como mía entidad hipoté­ de corpúsculos negativos (e le c­
tica, La hipótesis concordaba con tron e s), que le rodean y gravitan
un numero considerable de he­ sobre él con velocidades enor­
chos, los explicaba de una ma­ mes. A semejanza del sistema
nera sencilla y cómoda; pero no solar, «la atracción mutua del
se había llegado a probar de un centro positivo y de los electro­

89
A _________ - ________ _ __

nes negativos mantiene la cohe­ tensión llamadas átomos, indivi­


sión del sistema atómico hacien­ sibles, invariables, indestructi­
do de él un todo, esto es, un áto­ bles, absolutamente homogéneas.
mo químico neutro, tan estable, L a variedad infinita de seres
a pesar de su complejidad, que que componen el universo físico
permanece inalterable en las re­ no difieren, por consiguiente, en­
acciones químicas ordinarias.» tre sí específica y esencialmente,
La ra d ioa ctivid a d ha puesto en sino sólo accidentalmente, por el
claro la complejidad del átomo; número y disposición de elemen­
hay en este fénómeno un des­ tos que entran en una agrupa­
equilibrio del edificio atómico, ción atómica. Los cuerpos son,
ana desagregación de su compo­ pues, simples agregados atómi­
sición interior y proyección al cos, y el individuo natural no
exterior de corpúsculos positivos sería el cuerpo, sino el átomo,
y negativos, dando origen a idéntico en todos los seres.
substancias nuevas. (Cfr. D. Nys: Conviene distinguir el atom is­
lu g . cit., y también C osm ología .) m o m ecánico y el d in ám ico.
E l atom ism o q u ím ico es distin­ A to m is m o m ecánico (m e c a n i­
to e independiente del atom ism o c is m o ). — En
la naturaleza no
filosófico, y compatible con cual­ hay más que dos principios: masa
quiera explicación filosófica del atómica, cualitativamente ho­
mundo material que se extienda mogénea e invariable, y m ovi­
i tás allá de los datos experimen- miento mecánico, exterior e in­
1 ales: tales son, por ejemplo, el dependiente de la masa.
i tom ism o, el d inam ism o, el h ilo - L a materia atómica está des­
i lorfistno. provista de energías y activida­
Bibl.: J. Perrin, Les alomes, des propias, es absolutamente
1913; L. Houllevigne, L a m a lié re , inerte; el movimiento le viene
sa vie et ses tm nsform ations, 1913; de fuera, es comunicado. Con
G. Urbain, Les d isciplin es d 'im e estos dos principios, extensión y
Science: la chim ie, 1921; Ber- movimiento, el mecanicismo pre­
thoud, Les nouvettes conceptions tende explicar toda la evolución
de la matiére et de Vatóme, 1922; cósmica.
B, Brubnes, L a dégradation de Bajo diversas formas encon­
1‘ Energie, 1908. tramos el atomismo cosmológico
Atomismo filosófico.— Es una teo­ en las escuelas antesocráticas de
ría metafísica de la naturaleza Grecia: en la escuela J ónica
física. Esta se resuelve, en últi­ (Thales, Anaximandro, Anaxi-
mo análisis, en partículas suma­ menes, siglo V I a. de J.-C.); en
mente pequeñas dotadas de ex ­ el dinamismo de Heráclito (534-

90
A

475 a. de J.-C.); en el mecanicis­ toda otra propiedad que no sea


mo deEmpedocles (495-435), y de rednctible a esta primordial, las
Anaxágoras (500); en la escuela formas específicas, las activida­
atomística de Leucipo y Dernó- des, la finalidad, etc. Descartes
crito (460 a. de J.-C.). L a física las relega a la región de los m i­
en Platón (427-347) es una ex­ tos.
plicación geométrica y mecáni­ E l segundo principio es el m o­
ca del mundo. Epicuro (342- v im ien to mecánico, comunicado,
270) reproduce las ideas de De- extrínseco a la extensión; la v a ­
mócrito sobre la constitución riedad de energías de la natura­
atómica de la materia, su per­ leza se reduce a modos de mo­
fecta homogeneidad y la reduc­ vimiento. Descartes excluye,
ción de todos sus fenómenos a pues, del mundo físico la cuali­
movimiento. Con los discípulos dad; en éste no hay más que
de Epicuro, cuya cosmogonía cuantidad, extensión y m ovi­
reproduce Lucrecio (55 a. de miento. «El mundo—-dice— es
Jesucristo) en su poema D e una máquina, en donde no hay
N a tu ra reru m , el atomismo des­ que considerar absolutamente
aparece de la escena hasta el re­ nada más que figuras y m ovi­
nacimiento. Solamente aparecen mientos de sus partículas.» (Véa­
durante la Edad Media algunos se M e c a n ic ism o .)
vestigios de él en la escuela de Bibl.: Descartes, P r in c ip . p h i-
Chartres (Guillermo de Conches, lo s o p h ia ; Mabillan, H is t. de la
1080-1120), en la árabe de los p h il. atomistique, 1895; C. Huit,
«motacálimes» y en el principio L a p h il. de la natu-re chez les a n -
inspirador de los alquimistas. ciens, 1901; A. Annequin, E ssa i
Con el descrédito de la esco­ critiq u e sur l ’hypothése des alomes
lástica renacen en el siglo X V I dans la Science contem p., 2 .a ed.,
todas las teorías de la filosofía 1900; Hirn, N o tio n de la forcé
griega; las cosmogonías de De- dans la Science m od ern e; A n a ly se
mócrito y Epicuro, en Bacón y ¿lém. de l'u n iv e rs ; De Nys, C os-
Gasendi; la física de Descartes m ologie, vol. I, ed. 1918.
hace recordar el geometrismo Atomismo dinámico.— (V. D in a ­
y el mecanicismo de Platón. m is m o , e n e r g e t i s m o .)

«Toda mi física— dice— es geomé­ Atributo.— (Del latín a itrib u lu n t,


trica... N o acepto principios en atribuir, asignar.)
a d -trih m rs ,
física que no sean matemáticos.» Expresa el conjunto de determi­
La propiedad esencial de los naciones lógicas con que la inte­
cuerpos es la. extensión geométri­ ligencia piensa las cosas. Estas
ca, divisible hasta lo infinito, y se resuelven para la inteligencia

91
en mía agrupación de conceptos gano o de una parte del ser v i­
abstractos en la unidad del suje­ viente, debidos a la falta de nu­
to; tales conceptos, en cuanto trición, a exceso de desasimila­
contenidos en el sujeto y deriva­ ción sobre la asimilación, al no
dos de él, y constituyendo con uso del órgano, a causas morbo­
él una sola realidad, le pertene­ sas, etc.
cen y son atribulóles, de donde Por analogía, se dice también
el nombre de atributo. Tal es la de la debilidad o pérdida de las
condición de la inteligencia, que facultades psicológicas por falta
no puede pensar las cosas si no de ejercicio o uso desarreglado
es analíticamente, descompo­ de ellas; así se dice de ciertos v i­
niéndolas en sus elementos lógi­ cios que atrofian la sensibilidad,
cos, que forman los atributos del la memoria, la inteligencia.
juicio. E l conjunto de estas de­ Aturdimiento.— (De aturdir, a -lu r-
terminaciones o atributos cons­ dus, tordo, ave de flaca cabeza.)
tituyen las categorías o p re d ica ­ Palta de serenidad y de domi­
mentos (v. estas palabras). En nio de sí y de las circunstancias
un sentido más restringido, atri­ exteriores. Perturbación psicoló­
buto significa uno solamente de gica causada por emociones físi­
los cinco predicables de Aristó­ cas o morales, que dificulta o
teles: el accidente propio (p r o - impide la coordinación de las
p r iu m ), lo que es propio y ca­ ideas y de los movimientos. Es
racterístico de un ser. Por deri­ una forma de a taxia normal y
vación analógica se empica tam­ pasajera.
bién como sinónimo de sím bolo. Audacia.— (Del latín audere: atre­
En el juicio lógico, el atributo es verse.) En la psicología de las
un concepto abstracto que con­ pasiones de los escolásticos apa­
tiene en su extensión al sujeto, rece clasificada entre las cinco
y a su vez se halla contenido en tendencias del ('apetito irasci­
la compresión del sujeto. En ble»: esperanza, desesperación,
gramática, el atributo es el tér­ temor, audacia, ira.
mino formal de la proposición, Es una tendencia de carácter
y puede ser, o un nombre adje­ agresivo y más o menos violen­
tivo, o un verbo adjetivo, o toda to y dominador, despertado ante
una oración o serie de oraciones la inminencia de un mal futuro
gramaticales. (V. Ca t e g o r í a .) y ante los obstáculos difíciles de
A tro fia , — (Del griego d priv. y vencer que se oponen a la reali­
xpo<p¡, nutrición.) Empobreci­ zación de un fin. La audacia se
miento o degeneración de los opone al temor; ante el mal ame -
elementos anatómicos de un ór­ nazador y las dificultades de e v i­

92
A

tarle, el miedo se retira de la lu­ forman a manera de continuo


cha; la audacia es una reacción lineal entre dos puntos extre­
agresiva contra el mal. L a auda­ mos, límites del sonido musical.
cia va sostenida por la esperan­ La relación de la altura al nú­
za; el miedo engendra la deses­ mero de vibraciones parece se­
peración. (V. P a s ió n .) guir la ley general de la sensa­
Auditivas ( Sensaciones ) . — Física­ ción y la excitación: la altura es
mente, los sonidos son vibracio­ igual al logaritmo, del número
nes, condensaciones y expansio­ de vibraciones.
nes rítmicas del aire que, hirien­ Los límites extremos del tono
do el órgano del oído, producen musical perceptible son de 28 a
la sensación acústica. Los lími­ 30 vibraciones por segundo en
tes inferior y superior del núme­ el inferior y de 4.000 a 6.000
ro de vibraciones por segundo, para el superior; fuera de estos
para que éstas sean percibidas límites, la sensación pierde su
como sensación, oscilan, respec­ cualidad tonal. E l sistema tonal
tivamente, entre 16 y 50.000. se divide en intervalos de rela­
Las vibraciones pueden suceder- ciones constantes a partir de un
se periódicamente constando de punto por relación al que se dis­
tiempos iguales, esto es, pueden ponen las demás; cada uno de
ser regulares, y producen los so­ estos sonidos son los tonos m u s i­
nidos m usicales o tonos, o irre g u ­ cales, y la serie completa la esca­
lares, y resultan los ru id os des­ la m usical. Los intervalos musi­
provistos de color tonal. Kiilpe cales tienen su fundamento en
ha calculado en 11.000 el núme­ nuestra constitución psicofisio-
ro de tonos diferentes; los utili­ lógica, pero son debidos también
zados por el arte musical no a la educación y a circunstancias
llegan a 100. Dos elementos de­ accidentales, como lo comprue­
terminan todas las variaciones ba el que en los distintos pue­
posibles de los sonidos: el cuali­ blos y en épocas diversas de un
tativo ( tono y tim b re ) y el cuan­ mismo pueblo se hayan usado
titativo (in ten s id a d o fu e rz a ). El distintos sistemas tonales, in-
tono o altura depende de la du­ cotnprendidos para oídos habi­
ración de las vibraciones; la in ­ tuados a otros sistemas.
tensidad, de su amplitud; y el E l sonido no es un fenómeno
timbre, de la combinación simul­ simple: resulta de una serie com­
tánea de vibraciones en una re­ pleja de vibraciones, irregulares
lación simple. L a tonalidad o al­ e inarmónicas unas, regulares y
tura es un sistema de sensacio­ armónicas otras, destacándose
nes cuyas variaciones mínimas del conjunto un sonido funda­

93
A

mental que marca la tonalidad. nancia tiene una serie de grados,


La cualidad que dan al tono desde el unísono, que es la más
fundamental los secundarios (I n ­ perfecta y donde coinciden to ­
fe rió n o s ) que le acompañan, es el dos los tonos e hipertonos, has­
tim bre, a manera de color del so­ ta la disonancia, en que no coin­
nido. La variedad inmensa de ciden el mayor número de éstos,
timbres resulta de las innume­ así la discordancia puede au­
rables combinaciones a que se mentar hasta perder la cualidad
prestan los tonos secundarios en tonal y convertirse en ruido.
relación con el fundamental: los Bibl.: Helmholtz, D ie Leh re
timbres, v. gr., de la voz hu­ van den T o n e m p fin d u n qe n , 1863;
mana son tan variados como las Blaserna, T e o ría d il sono, 1875;
fisonomías. El timbre es, pues, Blaserna et Helmholtz, L e S on
una consonancia o fusión de so­ et la M u s iq u e ; Stumpf, T o n p s y -
nidos tan perfecta que aparecen ch ologie, 1890; K o n s o n a n z u n d
como uno solo. Entre el timbre dissonanzj 1898; Bonnier, L ’A u -
y el acorde 0 consonancia de va­ d iiio n , 1901; De Cyon, L ’o reille,
rios sonidos la diferencia sólo es 1911; P. A. Gévaért, H is t, et
de grado, depende solamente de ih éorie de la m usique de l ’a n li-
la intensidad relativa de los ar­ qu ilé, 1875.
mónicos por relación al tono fun­ Austríaca (E s cu e la e c o n ó m ic a ).—Es
damental. La consonancia resul­ una revisión de la escuela clá­
ta de la fu s ió n im p erfecta de sica. Del mismo modo que ésta,
varios sonidos independientes, toma como punto de partida el
en que percibimos, además de la hom o OBconomicus, o sea el estu­
sensación de cada sonido, la de dio del hombre movido única­
la relación entre ellos; la mayor mente por su interés personal.
o menor perfección de la conso­ Ahora bien, el interés personal
nancia de dos sonidos depende se traduce realmente en la ad­
de la coincidencia más o menos quisición mayor con el menor es­
ajustada de la totalidad de sus fuerzo, y condición precisa para
tonos e hipertonos. Cuando éstos que cada cual pueda lograrlo con
no coinciden en toda la serie, mayor facilidad es la libre con­
prodúcese en el oído la sensación currencia, Revisemos primero las
molesta de d iscordancia , debida leyes fundamentales de la escue­
a las interferencias de las vibra­ la clásica:
ciones que se entrecruzan y cho­ 1 .a «El precio varía en razón
can, interrumpiendo el ritmo, directa de la demanda e inversa
causando sonidos intermitentes de la oferta.* Crítica de la escue­
y ásperos. Y así como la conso­ la austríaca: la demanda y la

94
A

oferta son función del precio; lue­ causalidad son los últimos ele­
go la ley no decía nada. Si los mentos que concurren a la ela­
precios son tan elevados que no boración de la teoría. Con los
están al alcance de mi fortuna, bienes se satisfacen las necesida­
mi demanda se queda potencial des, pero los bienes ocupan en
y sólo llegará a ser efectiva cuan­ este orden rangos distintos. Sólo
do los precios desciendan. Si los los de primer orden o de consu­
precios son tan bajos que no re­ mo se relacionan inmediatamen­
muneran mi trabajo, esperaré, y te con las necesidades; los res­
sólo cuando se eleven concurriré tantes distan más o menos, fo r­
a formar parte de la oferta. mando una escala gradual, en la
2 .a «El coste de producción que se acentúa el carácter com­
determina el valor.» Los contra­ plementario o cooperativo de cier­
tistas darán fe de ella. Mientras tos bienes, el elemento tiempo o
todos querrán llevar a cabo sus espera, y el elemento riesgo e
contratas por un poco menos que incertidumbre, que tanto influ­
el valor fijado, los que rebasen yen en los bienes de primer orden
este límite no podrán hacer va­ y en los efectos que naturalmen­
ler esa ley. En la generalidad de te habrían de producir: bienes­
los casos falla por exceso o por tar humano. Valor, por tanto, es
defecto. efecto natural de la limitación
3.a L e y de la distribución: de bienes económicos. Si tene­
del producto se resta primero la mos 100 unidades de un bien, el
renta, luego el interés y el sala­ valor de cada una será mayor
rio, y lo que queda forma el be­ que si tuviéramos 1 .000. Si di­
neficio. Pase que lo primero pue­ chas unidades satisfacen necesi­
da hacerse porque la renta no es dades más urgentes que otras,
elemento integrante del precio; su valor será también mayor.
pero en el interés y en el salario En conclusión, el valor varía en
habría que aplicar las dos leyes razón directa de la urgencia de
anteriores que la escuela austría­ las necesidades e inversa de la
ca rechaza y, por tanto, queda cantidad disponible. Si llamamos
rechazada también la tercera. utilidad marginal a la cantidad
H ay solidaridad en los factores de satisfacción pendiente de una
de la producción; es decir, se de las unidades disponibles, po­
completan y, por tanto, hay que dremos decir que el valor de un
proceder de otra manera. ¿Cómo? bien se determina por su utilidad
Aquí empieza la parte construc­ marginal, la cual varía en razón
tiva de la nueva escuela: inversa de la cantidad. Fijado el
Necesidades, bienes y ley de valor en esta relación causal, se

95
A

ve claramente que valor y coste flujo beneficioso de los bienes


no son idénticos. Valor en los sucedáneos. Algo más correspon­
bienes de primer orden es la re­ de a esta escuela; pero de ello se
sultante de la satisfacción inme­ tratará en los correspondientes
diata que producen; valor en los epígrafes económicos.
bienes de orden superior es la Bibl.: K . Menger, Grttndsátee
resultante de la satisfacción me­ der V olksw irlh sch aftleh re (1884);
diata que pueden producir, E l Wiesser, D e r n a lü rlich e W erth
pan recibe su valor por el ham­ (1889); Bóhiri-Bawerk, G ru n d zü -
bre; la harina, por el pan; el tri­ ge der Th eo rie des w irlsch a flich en
go, por la harina, etc., etc. Güierw erths.
Los factores de la producción Autocracia.—-(Del griego auTrií y
admiten una serie indefinida de y.paxéui, dominar.) Poder personal,
combinaciones; pero la misma absoluto e independiente. Es si­
experiencia indica, con las pérdi­ nónimo du despotismo y se aplica,
das y ganancias, cuál de las com­ en general, al gobierno cuya ley
binaciones es la mejor. En este suprema es la voluntad del go­
caso tenemos que una unidad de bernante: sil p ro lege voluntas .
tierra, capital o trabajo es indis­ Automatismo.— (Del griego c!Vtoh<z-
pensable para lograr los mejores toí, espontáneo, natural, que
resultados; cada mía de ellas, se mueve por sí mismo.) Etim o­
respectivamente, indicará la par­ lógicamente: movimiento natu­
te que habremos de tomar del ral y espontáneo como el de los
producto para retribuir los res­ vivientes que poseen en sí mis­
pectivos servicios prestados por mos el principio del movimiento,
terratenientes, capitalistas y en oposición al mecánico. Ha pre­
obreros, o sea, la clave de la dis­ valecido, sin embargo, el sentido
tribución. Finalmente, la circu­ metafórico de m ovim iento m a qu i­
lación es resultado de las diver­ n a l: el automatismo es un m ovi­
sas apreciaciones que los hom­ miento artificial y mecánico que
bres hacen de las comodidades imita los movimientos naturales
disponibles. H ay abundancia de y espontáneos de los vivientes.
imas y escasez de otras, pues se E l «animal autómata» de Pereira
cederá de las primeras hasta que y Descartes parece como si fuera
con la adquisición de las segun­ movido por la espontaneidad y
das se equilibren las respectivas la sensibilidad; pero realmente
apreciaciones. Esta conducta, ge­ sería uua simple máquina, más
neralizada, iguala precios como complicada sin duda y más per­
se igualan también y tienden a fecta que las construidas por los
generalizarse más gracias al in­ hombres, pero movida como és­

96
A

tas por simples resortes mecáni­ conciencia del movimiento ya


cos. En este sentido, autómata, realizado. Los movimientos au­
automatismo, son sinónimos de tomáticos, por el contrario, son
mecánico, maquinal. debidos, no a una excitación pe­
En otro sentido, más conforme riférica, sino a un estímulo inte­
con la etimología, designa todo rior: tales son los rítmicos de
movimiento necesario, fatal {de- inspiración y expiración pulmo­
terminismo), por oposición a los nares, del corazón. E l reflejo es
deliberados y libres en el hom­ siempre nervioso; el automático
bre. De donde las diversas for­ puede ser simplemente muscular.
mas de automatismo según los L a denominación de «automa­
movimientos: m e c á n ic o -f is ic o , tismo psicológico» ha sido gene­
biológico (re fle jo s fis io ló g ic o s ) y ralizada en psicología para de­
p s ico lóg ico , L a vida psicológica signar la vida psicológica produ­
se desenvuelve en dos planos di­ cida según las leyes espontáneas
ferentes: o dirigida por una idea de asociación, en ausencia de
consciente y deliberada que toda actuación deliberada de la
orienta el proceso psíquico a un conciencia.
fin, o según las leyes espontáneas Automatismo significa en este
de asociación psicológica; cuan­ caso lo mismo que esponta­
do falta lo primero, como en los neidad. E. Peillaube lim ita así
sueños y en el sonambulismo, en el sentido de automatismo como
los hipnotizados y los histéricos, contrapuesto a voluntario: «A
las ideas y los actos se suceden nuestro parecer, estos dos térmi­
fatalmente, en pleno automa­ nos no son contradictorios más
tismo. que en apariencia; en realidad,
Algunos establecen una dis­ no hay oposición absoluta entre
tinción entre los reflejos y el au­ ellos. Las nociones de determi-
tomatismo fisiológico: tienen de nismo y de automatismo pierden
común el producirse indepen­ su rigidez cuando en su aplica­
diente de toda inclinación o ape- ción se pasa de la experiencia
tición conscientes, pero los pri­ externa a la interior. Los hechos
meros son provocados por una psicológicos no son átomos de
excitación periférica, reflejada o conciencia separados unos de
transformada en movimiento en otros y actuando en cierto modo
los centros medulares o subcor- de fuera unos sobre otros; este
ticales; la conciencia puede exis­ atomismo psicológico, lejos de
tir en ellos, pero en este caso no explicar la conciencia, no expli­
es anterior y determinante del ca ni aun la misma asociación
movimiento, sino resultado o de ideas, una de las operaciones.

97 7
sin embargo, la más automáti­ fe.) En lógica crítica, fuerza mo­
ca del pensamiento. E l auto­ ral o derecho que uno tiene a ser
matismo psicológico no es, pro­ creído en lo que dice; se funda
piamente hablando, ni inercia ni en la ciencia (condiciones inte­
pasividad. Bs la actividad men­ lectuales) y veracidad (condicio­
tal disminuida y degradada, la nes morales), y su peso es relati­
misma actividad del espíritu vo a estas condiciones. Así como
considerada anteriormente a la el conocimiento racional engen­
intervención de la voluntad.» dra la ciencia, el criterio de au­
Bibl.: E- Peillaube, Les im a ­ toridad da origen a la fe o creen­
ges, c. I I I ; A u tom a tism e et v o- cia . (V. estas palabras.) «Quod
lon té; Pedro Janet, U autom atis­ intelligimus— dice San Agustín—
me psicologique, 1889. debemus rationi; quod credimus,
Autonom ía,— (D el griego auTO;- auctorilati.» (D e ú til, cred., 11,
vójio;, le y de sí mismo.) Inde­ 25.) Por el origen, la autoridad
pendencia de una sociedad, o es d iv in a o hum ana. La palabra
poder que ésta tiene de dictar de Dios, sabiduría y bondad in­
sus propias leyes y gobernarse finitas, exige de la inteligencia
conforme a ellas. La autonomía humana una fe plena. L a auto­
propiamente dicha es la de los ridad humana es un medio de
estados independientes. Pero hay conocimiento necesario al des­
también autonomías relativas o arrollo de la inteligencia: en la
poderes de legislar y gobernarse vida práctica y en las relaciones
subordinados a otros poderes sociales, la mayor parte de la
superiores: así, los Estados fede­ riqueza mental tiene este origen;
rados de Norteamérica poseen su los conocimientos históricos se
autonomía dentro del Poder cen­ fundan exclusivamente en la au­
tral; de igual modo las provin­ toridad; las ciencias y las artes
cias y los municipios gozan de deben su desenvolvimiento a la
autonomía inversamente propor­ colaboración de los individuos y
cional al centralismo del Estado. de las generaciones. L a autori­
Kan t pone en la base de su dad humana puede ser histórica
filosofía la autonomía del espí­ y dogmática. L a autoridad del
ritu, que en materia de conoci­ testimonio histórico, dotada de
miento o de verdad es legislador ciertas condiciones, engendra
de las cosas, y en materia de certidumbre moral, la cual, como
moralidad es legislador de sí toda certidumbre, se funda en
mismo. la evidencia, no intrínseca y per­
Autoridad (C r it e r io de ). —-(Del la­ sonal, sino extrínseca; es decir,
tín auctoyitas-auctoy: que hace cuando la convergencia de los

98
A

testimonios en favor de un he­ mo, F id e ís m o , y las p p. Fe ,


cho es tal que hacen imposible Cr e e n c i a .)
lo contrario, o imprudente racio­ Autoridad.— Forma de la sociedad.
nalmente 110 admitir el hecho, H ay en toda sociedad pluralidad
en tal caso no son evidentes los de individuos asociados en vista
hechos, pero son evidentes las de un fin común asequible úni­
razones que nos imponen la camente o, si se quiere, más efi­
creencia del hecho. cazmente gracias a la unificación
La autoridad dogmática o dada a las fuerzas individuales.
científica sólo tiene valor proba­ Si esta unificación resultase es­
ble; que la verdad científica exi­ pontáneamente, no habría pro­
ge evidencias y razones intrín­ blema; mas dado que no hay tal
secas, «Cualquiera que sea la so­ espontaneidad, se requiere algo
lidez y la excelencia de la doc­ o alguien que encarne la unión,
trina de aquellos que leo— dice es decir, que pueda reclamar de
San Agustín ( E p . a d H ie r., X IX , los asociados todo cuanto venga
cap. I ) — , no juzgo que una cosa requerido por el fin común. A h o­
es verdad por el solo hecho de ra bien, este fin común puede ser,
que ellos así lo han pensado.» Y no necesario, sino opcional. En
Santo Tomás escribe: «Locus ab este caso, el individuo o indivi­
auctoritate quse fundatur super duos que no sientan la oportuni­
ratione humana... infirmissimus» dad o conveniencia de tal fin, se
(I p. 9, I a S ad 2). Deben aquí quedan fuera de la sociedad y
evitarse dos extremos: el m a gis- al margen de la correspondiente
ter d ix it de los pitagóricos y aris­ autoridad. Pero si el fin común
totélicos, y el rehusar toda colabo­ es de los necesarios, entonces la
ración de la autoridad en la cien­ resistencia a la autoridad (y nada
cia cotno medio necesario de su decimos de la posibilidad de per­
progreso (Descartes, Bacón); que manecer fuera de la sociedad,
la ciencia no es resultado del tra­ porque al suponer necesario el
bajo personal, sino colectivo, ni fin queda excluida dicha posibi­
obra de una generación, sino de lidad) no puede prevalecer y ha­
todas las generaciones. brá de reducirse al revoltoso, in­
Algunos han exagerado de tal cluso recurriendo a la fuerza. N o
modo el criterio de autoridad, es, por tanto, la autoridad una
deprimiendo los criterios perso­ delegación de los asociados, sino
nales de razón y de experiencia, la encarnación de cuanto requie­
hasta considerarle como única ra el bien común para llegar a
garantía suprema de verdad y ser un hecho, Brota, por consi­
de certeza. (V. T r a d ic ió n Ai,is - guiente, de la naturaleza de las

99
A

cosas y, viniendo éstas fijadas semillero de otros muchos: «De


por la mano fírme del Creador, avaritia proditio, fraus, fallada,
del Creador viene toda autori­ perjuria, inquietudo, violentia,
dad. N o n est poiestas n is i a D eo. et contra xuisericordiam obdu-
Avaricia.— (Del latín a v a ritia : afán rationes cordis oriuntur» (Santo
desmedido de adquirir y atesorar Tomás, II , I I q. C X V III).
riquezas, de aveo: desear con Averroísmo.—-Designa en la histo­
pasión. Santo Tomás lo descom­ ria el aristotelismo especial de
pone en aeris avidilas, deseo Averroes, cuyo racionalismo in­
inmoderado de riquezas: A u r i fluyó grandemente en la Edad
sacra jam es (Virgilio), lib id o ha- Media y en el Renacimiento, in­
bendi p ecu n ia m (San Agustín), filtrándose hasta en las escuelas
inm oderatus am or habendi (Santo cristianas. Más particularmente
Tomás). Una-de las manifesta­ designa su teoría del entendi­
ciones del egoísmo; se opone a miento universal (panteísmo psi­
prodigalidad: el justo medio, la cológico), interpretación del e n ­
virtud de la economía. L a rique­ tendim iento activo de Aristóteles,
za es un medio de atender a las a manera de alma universal o
necesidades de la vida; el avaro razón im p e rs on a l de la humani­
convierte el medio en fin, abun­ dad. La filosofía judía sufre esta
dando en riquezas vive misera­ influencia, sobre todo desde
blemente. L a psicología del ava­ Maimónides. En las escuelas
ro tiene dos aspectos: uno posi­ cristianas, París primero (s. X I I I -
tivo, desarrollo desmedido del X IV , Siger de Brabante, Juan de
instinto económico; y otro nega­ Gandun), y después Padua (si­
tivo, atrofia de los demás instin­ glo X V -X V I, Achillinus, A. N i-
tos personales, a veces basta el phus, Zimara, Pomponaüus) fue­
primordial de la vida y de los ron dos focos principales de ave-
afectos y sentimientos sociales. rroísmo. Una de las caracterís­
L a pasión de las riquezas hace ticas de los averroístas es el cul­
al avaro incapaz de sentir y gus­ to por Averroes, como éste le
tar otros placeres que no sea el tuvo por Aristóteles: «La infali­
que resulta de contemplarlas y bilidad filosófica de Aristóteles
aumentarlas; los sentimientos de y de Averroes es im postulado
la amistad, la piedad ante la constante en la pluma de los
■ desgracias del prójimo son inac­ averroístas» (De Wulf, 1. ob. cit.,
cesibles a su alma. Moralmente página 325). Las condenaciones
es un vicio opuesto a las virtu ­ eclesiásticas repetidas, y las re­
des de la liberalidad, la justicia futaciones de Alberto Magno
y la caridad; y un vicio capital, (D e unitate intellectus con tra ave-

100
A

rro ís ia s ), de Santo Tomás, que riormente el significado se ha ex­


escribió otro tratado bajo el mis­ tendido, no solamente a todo
mo título, de Raimundo Iyulio, principio analítico, sino también
etcétera, no logran contener las a las proposiciones más generales
infiltraciones averroístas en las de orden moral (máximas) y de
escuelas, a la sombra de Aristó­ orden empírico (principios par­
teles. A l lado de los averroístas ticulares de las ciencias). H o y se
francos, antiescolásticos, se ad­ emplea de una manera especial
vierten en algunos escolásticos para designar las leyes más ge­
(R. Bacón, Durando, Aureolo) nerales de la matemática. Dos
disonancias averroístas en cues­ principios matemáticos son
tiones no fundamentales. (Véase dos clases, unos formales y p í
A v e r r o e s , vol. II .) muñes a toda matemática (axio- ‘
Bibl,: De Wulf, H is t. de la p h il, mas) y otros materiales y espe­
m éd.; Renán, A verrhoés et l ’ave- ciales (postulados, definiciones).
rrk o ís m e ; J. Picavet, L ’A v e rrh o ls - A diferencia de estos últimos, los
mb et les averrhoistes, 1902; P. axiomas no son principios de de­
Mandonnet, S ig e r de Tiraban t et ducción, sino condiciones o re­
l'averr. la tin a n X I I I siécle, 1899. glas a que debe acomodarse el
Axioma.— (Del griego a£í<u¡ia, dig­ razonamiento matemático. Del
nidad, excelencia; traducido en­ axioma no se deduce nada; pero
tre los escolásticos por di guitas, es como el hilo conductor o ner­
como lo primero y más excelen­ vio oculto de todo razonamiento,
te en la jerarquía de los cono­ y toda deducción ha de hacerse
cimientos humanos.) Con esta conforme a él. Deibniz decía: «De
palabra designa Aristóteles los nada sirve rumiar los axiomas
primeros principios lógicos del si no hay materia de aplica­
conocer y ontológicos del ser, re- ción.»
ductibles al de identidad y de no Conforme a su teoría del ju i­
contradicción. Son estos axiomas cio, Kan t admite dos clases de
primeros y absolutamente uni­ axiomas: analíticos y sintéticos
versales, porque se refieren al ser a p r io r i ; los primeros son esté­
en cuanto ser, y porque todo co­ riles, meras «tautologías»; los se­
nocimiento y toda ciencia los gundos son los que dan su fecun­
presuponen implícita o explícita­ didad a la ciencia; el principio
mente. Son evidentes por sí mis­ de causalidad y los axiomas ma­
mos e indemostrables, y su co­ temáticos son de este último gé­
nocimiento viene a la inteligen­ nero. Son sintéticos porque los
cia de la simple comprensión de términos son heterogéneos, y a
loa términos (analíticos). Poste­ p r io r i porque resultan de una

101
B
Barbara.— Expresa el primer modo condiciones objetivas de la be­
de la primera figura del silogis­ lleza de otra; de donde la difi­
mo, cuyas tres proposiciones son cultad de señalar en unos y otros
universales afirmativas. (V. M o ­ una característica dominante
dos del s ilo g is m o .) universal, base de la definición.
Bello. Belleza.— (Del latín bellus, Añádase el carácter sintético de
bellitas: hermoso, agradable. De la intuición y del sentimiento es­
uso más general: p u lch ru m , p u l- téticos, difíciles de encuadrar en
chrilud o. E n griego, xó. zkXóv.) las categorías puras y en el len­
Noción básica de la estética, guaje de la razón.
como la verdad lo es de la lógica Sin olvidar que una definición
y el bien de la ética. Tiene una de la belleza, resumen de una
significación genérica compren­ teoría estética en relación con
siva de nociones específicas a una teoría filosófica, habrá de
ella subordinadas: sublime, bello ser tan varia como las concep­
en el sentido restringido, bonito, ciones de la filosofía.
delicado, gracioso, trágico, paté­ L a verdad se define en fun­
tico, cómico, humorístico, etc. ción de la inteligencia, el bien
Se aplica a las producciones de de la voluntad, la belleza en fun­
la naturaleza y a las creaciones ción de las facultades estéticas.
del arte: hay belleza física, mo­ Lo bello tiene, pues, dos aspec­
ral, intelectual; la belleza artís­ tos: el subjetivo y el objetivo; los
tica se especifica en formas tan efectos (sentimiento, emoción es­
diversas como son las de expre­ téticos) que nos produce la con­
sión en el arte. templación de las cosas bellas, y
Las definiciones de la belleza la belleza misma de las cosas.
dadas por los filósofos y teóricos «Et prius quaeram— escribe San
del arte son en extremo nume­ Agustín— utnun ideo pulchrae
rosas y divergentes. E llo es de­ sint quia delectant; an ideo
bido a la complejidad psicológi­ delectent quia pulchrae sunt.
ca de los fenómenos estéticos de H ic mihisine dubitatione respon-
una parte, y de los elementos o debitur: ideo delectare quia pul-

103
B

ckraesmit.oNo son las cosas be­ contemplación de una obra be­


llas porque nos agradan, sino que lla natural o artística.
nos agradan porque son bellas. E l placer acompaña al ejerci­
En el orden del ser, las causas cio ordenado y normal de las fa­
son primero que los efectos; pera cultades (Aristóteles); el placer
en el del conocer al revés los o el sentimiento estéticos resul­
efectos primero que las cansas, tan del juego o ejercicio intenso y
conocemos la belleza de las co­ ordenado de todas las activida­
sas por el deleite que al espíritu des, determinado por la contem­
causa su contemplación. plación de los objetos bellos.
L o bello pone en movimiento L a característica del senti­
toda la actividad humana, des­ miento estético es el desinterés,
pertando el juego intenso, fácil sin otra finalidad que el placer
y ordenado de las facultades; de la contemplación. Los otros,
juicios de la inteligencia, ya ana­ sentimientos, intelectuales, mo­
líticos y claros, más frecuente­ rales, físicos, tienen una fin ali­
mente sordos e instintivos en for­ dad extrínseca, la satisfacción
ma de intuiciones espontáneas, de una necesidad y la posesión
reveladores de las relaciones y de los objetos que pueden satis­
armonías de las cosas; emociones facer esta necesidad, de verdad,
de la voluntad, amor, simpatía, de bien, lo útil de todo género.
admiración, entusiasmo, nacidas Kant insiste sobre el desinte­
de la contemplación reposada y rés del placer estético: «El gusto
serena de estas armonías; aso­ —dice— es una disposición del
ciaciones de todo género y su­ alma que nos hace apreciar un
gestiones de la imaginación; ejer­ objeto según el sentimiento agra­
cicio rítmico y adaptación fácil dable o desagradable, pero des­
y espontánea de los sentidos a interesado, que aquél nos hace
las impresiones y, por último, el experimentar. E l objeto que res­
fondo obscuro de la sensibilidad ponde a este sentimiento se llama
afectiva reforzando a manera de bello.»
caja de resonancia la intensidad Santo Tomás había expresado
y matizando con su tonalidad el una idea semejante: el bien, lo
ejercicio de todas estas activida­ útil dice relación al apetito; lo
des. Tales son los efectos subje­ bello, a las facultades de percep­
tivos, difíciles de someter al aná­ ción: «Convenientia entis ad ap-
lisis de la pura razón, causados petitum exprim it hoc nomen bo-
en el alma (en grado diferente num.s> «Pulchrum est id cujus
según las disposiciones psicoló­ apvehensio placet, Pulchra dicun-
gicas de los individuos) por la tur quse visa placent.» E l placer

104
B

ríe contemplar, resultante del «ad pulchr itudinem tria requi-


juego o del ejercicio intenso, runtur: primo quidem integritas
ordenado y sano de las faculta­ sive perfectio..., et debita pro-
des perceptivas: tal parece ser la portio sive eonsonantia, et ite-
característica del sentimiento es­ rum claritas» (Santo Tomás);
tético. «unidad de la variedad» (Cousin);
D e fin ic ió n de la belleza o b je ti­ «lo invisible manifestado por lo
va .— Si «las cosas no son bellas visible» (Jouffroy); «la manifes­
porque nos agradan, sino que nos tación sensible de la idea» (He-
agradan porque son bellas», se­ gel); algunos definen la belleza
gún la frase de San Agustín; si por la verdad: esplendor veri»,
el sentir y el conocer son efectos atribuida a Platón, pero no se
del ser y responden a determi­ encuentra en sus obras; otros,
nadas condiciones del ser: ¿cuá­ por la bondad (Kleutgen, Jung-
les son estas condiciones ontoló- mann); otros, finalmente, por la
gicas de lo bello? Convienen ge­ perfección: «splendor perfecti».
neralmente los metafísicos en se­ Después de un análisis de las
ñalar como características de la condiciones subjetivas y objeti­
belleza objetiva la noción del or­ vas de lo bello, el Cardenal Mer-
den u otras equivalentes o subor­ cier termina con esta definición
dinadas: armonía, proporción, sintética de la belleza: la m a n i­
simetría, perfección, etc. E l ins­ festación de la naturaleza p o r e l
tinto estético-metafísico de los esplendor del orden ( O n tologie,
griegos denominó el universo edición 1902, pp. 535-567). Kant
orden, armonía univer­ define la belleza: «El poder que
sales. Platón y Aristóteles hablan posee un objeto de producir el
de la belleza sólo incidentalmen­ libre juego de la imaginación, sin
te, en relación con sus metafísi­ contradecir las leyes del entendi­
cas de la idea y del ser . «Nmnero miento.» A partir de él, las teo­
y simetrías» (Pitágoras); «la be­ rías estéticas se desenvuelven
lleza de los cuerpos, del alma, en pleno idealismo o psicologis-
de todos los seres vivientes, es mo, suprimiendo las condiciones
el resultado del orden...» (Pla­ ontológicas de lo bello. (V. ARTE.
tón); «la grandeza y el orden» E s t é t ic a y la corr. bibl.)
(Aristóteles); «la belleza es la luz Bien. Bueno.— (Del latín bene, bo-
que resplandece en el ser» (Fio- n u m .) En el sentido más gene­
tino); «esplendor del orden»; ral significa una idea de relación
«nihil est ordinatum quod non de conveniencia; bien, bueno, es
sit pulchrum» (San Agustín); lo que conviene a la naturaleza
«perfección, armonía y claridad»: y fines de un ser. B o n u m est quod

105
B ________________________________

o m n ia appetunt, dice Aristóteles; hombre el bien en sí, honesto ,


y appetere no significa aquí sola­ objeto directo de la voluntad, y
mente apetito o deseo conscien­ el bien ú til, subordinado al an­
tes, sino la tendencia universal, terior y que sólo es objeto de la
inmanente en todos los seres, a voluntad como medio de la
realizar los fines específicos de realización del fin; por último,
su naturaleza ( peters-ad: tender la conveniencia objetiva del fin
a un fin). La inteligencia es ávi­ a la naturaleza y su realización,
da de verdad; la voluntad, de traen consigo el gozar subjetiva­
rectitud moral; los ojos buscan mente en la posesión del bien,
la luz; los apetitos, la satisfac­ que es el bien deleitable.
ción de una necesidad sentida; L a bondad es atributo trans­
los organismos despliegan sus ac­ cendental del ser ( bonum el ens
tividades para apropiarse y asi­ con vertu n tur) ; todo ser encierra
milarse las substancias que han un grado de bondad en la me­
de mantener su vida; los seres dida que es. En efecto, todo
todos de la naturaleza son. con­ cuanto existe, substancia o acci­
junto de fuerzas o tendencias la ­ dente, es acto, perfección por re­
tentes y adormidas dispuestas a lación al no ser y, por tanto,
entrar en movimiento; todo en bueno; el existir es siempre me­
el universo tiende a un fin, a jo r que el no existir. Si, como se
permanecer en la existencia, a ha dicho, el fin es el bien de los
ser más y mejor, y desenvolver seres y la finalidad gobierna
esta existencia según las virtua­ todo el universo, nada hay en él
lidades inmanentes de la natu­ que bajo este aspecto no encie­
raleza. L a realización de los fines rre bondad. «Cum ratio boni in
es el acrecimiento y perfección hoc consistat quod aliquid sit
de los seres, esto es, su bien. perfectivum alterius per mo-
Bien, perfección, ser, son, pues, dum finis; omne id quod inveni-
sinónimos, y la bondad y per­ tur habere rationem finis habet
fección del ser son relativas a su et rationem boni.» (Santo Tomás,
adaptación al fin. L a clasifica­ D e verit., q. 21, a. 2.) Finalmen­
ción de los bienes seguirá, por te, la existencia es para los se­
tanto, el mismo orden de los se­ res primer bien y fundamento de
res y de los fines: bien, absoluto toda perfección; de ahí su ten­
y relativo; bien físico, intelec­ dencia natural a conservarla y
tual, moral, social, etc. Entre la acrecentarla. «Omne ens, in
naturaleza y los fines se inter­ quantum est ens, est in actu, et
ponen los medios, y de esta do­ quodaramodo perfectum: quia
ble relación resultan referidos al omnis actus perfectio qusedatn

106
B ________________ ____________

est. Petfectio vero habc.tr ationem ción de su potencialidad natural.


appetibilis et boni. Unde sequi- (Véase M a i ,.)
tur orane ens, in quantum hujus- Si, pues, el mal carece de rea­
modi, bonum esse.» (S u m . T h eo l ., lidad positiva y la causalidad
I p. q. 5, a 3.) final es la pristiera causa y pri­
Y si todo es bueno en sí, ¿cómo mer motor de las actividades del
se explica la existencia del mal ser, es necesario que todo gra­
en el mundo? Ciertamente el mal vite hacia el bien; nada tiende a
se halla al lado del bien, como su destrucción, la misma v o ­
el dolor al lado de la alegría; y luntad libre tiende necesaria­
entre el optimismo y el pesimis­ mente al bien.
mo absolutos es necesario elegir B ie n m o ra l .— (De m a s: cos­
un término medio. Pero esto no tumbre, conducta.) Es el bien
se opone a la tesis de que todo humano, que conviene a la na­
ser es bueno. De una parte, esta turaleza racional y libre del hom­
bondad de las cosas, como el ser bre. Los seres inferiores se mue­
y la perfección de ellas, no es ven hacia sus fines necesaria­
absoluta, sino relativa: lo que es mente, según leyes inmanentes
bueno para uno es malo para fatales que ellos no conocen y,
otro; lo que conviene en ciertas por tanto, no se imponen a sí mis­
circunstancias deja de convenir mos- como obligatorias; aun el
y es un mal en otras; de otra misino hombre, naturaleza supe­
parte, la perfección relativa de rior compleja, está sometido a
los seres admite una gradación esas leyes fatales en su parte in­
indefinida sin que ninguno pue­ ferior, la misma voluntad Ubre
deja de serlo en su tendencia na­
da agotar toda su virtualidad
tural y necesaria al bien; y sola­
potencial, y todo defecto de per­
mente aquella parte de la vida
fección o impotencia de adap­
humana, acciones, medios y fi­
tación al fin es un mal. E l mal, nes, son buenos o malos m o ra l-
por consiguiente, no es realidad mente que van dirigidos por la
positiva, sino impotencia, imper­ razón y son realizados libre­
fección, negación de ser; y el no mente.
ser en sí, absoluto, no existe, y En el orden natural, la natu­
lo que no existe no puede ser raleza y los fines se enlazan por
causa de nada; luego el mal .es leyes necesarias; el orden moral
necesario que resida en un bien interpone entre ellos una inteli­
como limitación de la perfección gencia que concibe el fin y traza
exigida por su naturaleza, y cau­ los planes de su realización; la
sado por un bien como limita­ razón es, pues, la ley, y las ac­

107
B

ciones serán buenas o malas, se­ tadas a este fin. Son, por consi­
gún que se adapten a la ley ra­ guiente, insubsistentes y preca­
cional o se alejen de ella: recia rios todos los intentos de cons­
ra lio ordi-nem servari jubens p e r- trucción moral sobre los hechos,
h trb a ri vetans. , o sobre el hombre, fin y ley de sí
Pero la razón no crea la ley mismo (positivismo, utilitaris­
y el orden: una y otro preexis- mo, estoicismo, kantismo); la
ten en la naturaleza; ella se lim i­ moral se funda y prolonga sus
ta a descubrirlos concibiéndolos últimas raíces en la metafísica
idealmente y a hacer aplicacio­ y en la religión. (V. M o r a l i d a d ,
nes a la conducta; de aquí el D e b e r , F e l i c i d a d y las bibl.)
carácter absoluto y universal de Bibl.: L a noción de bien, del
los principios morales como la mismo modo que la de verdad,
naturaleza humana. Y si no crea es básica en filosofía; no abun­
la ley y el orden, tampoco pue­ dan los tratados especiales de la
de imponerlos como obligatorios noción de bien, pero con ella se
originando el deber; que nadie relacionan todas las especulacio­
se obliga a sí mismo. Es necesa­ nes filosóficas, teóricas y prácti­
rio, por consiguiente, buscar el cas en la antigüedad (Sócrates,
fundamento último del bien mo­ Platón y Aristóteles, cínicos,
ral más allá de la razón, en el epicúreos y estoicos), la filosofía
Bien absoluto, sin el que no pue­ cristiana de los Santos Padres y
den explicarse ni el carácter uni­ de la escolástica medieval y de
versal y necesario del orden mo­ la mayor parte de los pensadores
ral, ni su carácter obligatorio. en general: Aristóteles, E íic . N ic .
Dios, causa eficiente y final del p a s s im ; Cicerón, D e fin ib u s ho­
hombre, es también su ley últi­ n or. et m a lo r.; San Agustín, D e
ma y fundamento necesario del Sun im o bono contra M a n ic h e o s ;
deber; la ley de la razón es sola­ C on tra episí. fu n d a m en ti; D e C iv .
mente participación y sucedánea D e i, p a ss im ; Santo Tomás, S um .
de la ley eterna. Si, pues, el bien T h eol., I, q. 5 y 6; 5, c. Gentes,
de los seres está en el encamina­ libro I I I , c. 1 y sig. Véanse los
miento a sus respectivos fines, y Tratados gener. de filosofía es­
el fin racional del hombre es la colástica: la «noción transcenden­
Verdad y la Bondad absolutas, te de bien» en la Ontología, la de
aquellas acciones solamente se­ «Sumo bien» en la Teodicea y la
rán buenas que armonicen con el de «bien moral# en la Etica.
fin, y la felicidad humana consis­ BIodinám ica.— (Del griego píos,
tirá en la expansión intensiva de vida; 3uvap.it;, fuerza, potencia.)
las actividades humanas orien­ En oposición al biom ecanicism o,

106
B

que trata de explicar la vida or­ y éstos a mecánicos. L a vida or­


gánica por el juego de fuerzas gánica implica todos estos fenó­
simplemente mecánicas, el b io d i- menos; pero es irreductible a
nam ism o supone en I q s seres v i ­ ellos e inexplicable sin un prin­
vientes fuerzas o principios espe­ cipio superior especifico que or­
cíficos de organización, de fun­ ganiza y dispone todos estos ele­
cionamiento vita l y de adapta- ; mentos y funciones en orden de
ción a un fin. (V . V i d a .) finalidad. Ea moderna teoría de
Biogenia.— (Del griego fítoí, vida; los tropismos, aplicación a los
-[EVcd, generación, nacimiento.) vivientes del mecanicismo uni­
Ciencia biológica que estudia los versal de la naturaleza, es tan
orígenes y primeros desenvolvi­ falsa y apriorística como éste,
mientos de los seres vivientes; e incompatible con la realidad
comprende las diversas etapas de los hechos. (V . O rige n de la
de formación orgánica:' ovogenia, V i d a .)
primeros elementos generadores; Biología.— (Del griego $ioq-kó-¡aq„ es­
em briogenia, desarrollo del em­ tudio de la vida.) Tiene senti­
brión; ontogenia, desenvolvimien­ dos varios y equívocos. E l eti­
to del organismo hasta su com­ mológico y más general, ciencia
pleta diferenciación en el adulto; de la vida, de ios seres vivientes,
filogen ia , en relación con la es­ coincide con el sentido aristoté­
pecie. lico de la P s ic o lo g ía (r; alma,
E l problema filosófico capital vida). E l alma, según Aristóte­
de la biogenia se refiere al origen les, es el primer principio de
y trasmisión de la vida; según vida en los seres vivientes de la
la teoría hom ogénica, comproba­ naturaleza; y la psicología abar­
da por la experiencia universal caría todos los vivientes, vegeta­
y científica, la vida viene de la les, anímales y al hombre.
vida, todo ser viviente proviene Entre los modernos no es raro
de otro semejante, oynne v iv u m dar a la biología este sentido
ex v iv o ; la hetcyogenia o genera­ etimológico, comprensivo de to­
ción espontánea, después de las das las formas de vida, aunque
. experiencias decisivas de Pasteur, con una significación, como aba­
ha perdido todo su valor como jo se verá, muy diferente de la
hipótesis científica. (V. O rige n aristotélica. «La biología— dice
de la V i d a .) H offding—debe presentarnos una
Biomecánica,— Teoría metodológi­ idea de la vida que convenga a
ca que trata de explicar los fe­ todos sus grados, desde la fun­
nómenos vitales reduciéndolos a ción puramente orgánica de la
otros elementales físicoquimicos nutrición en sus más simples for­

109
B

mas, hasta las funciones más origen primero de la vida, gene­


ideales del sentimiento o del pen­ ración de los organismos, evolu­
samiento.» ción ontogénica y específica, de­
E l uso, sin embargo, ha res­ terminación de los caracteres
tringido, y en cierto modo con­ específicos, finalidad, herencia,
trapuesto, el significado etimoló­ selección, adaptación, etc. (V. es­
gico común de estas dos pala­ tas palabras.)
bras, repartiendo entre las dos B io lo g is m o . — Los evolucionis­
los diferentes grados de vida, la tas (Spencer) designan con el
inferior orgánica a la biología y nombre de biología una ciencia
la consciente superior del espí­ universal, especie de metafísica
ritu a la psicología. de la vida (sin metafísica) com­
L a b io lo g ía es así la «ciencia prensiva de todos los grados y
de los organismos vivientes», que formas de vida, orgánica, psico­
puede dividirse en tres partes: lógica, intelectual, moral, social;
biología m orfológica, de las for­ todas las manifestaciones de la
mas exteriores e interiores de los actividad humana, ciencia, arte,
organismos; biología fis io ló g ic a , moralidad, religión, detecho, et­
de las funciones normales, y p a ­ cétera, caerían bajo las leyes
tológica, de las alteraciones del generales de la biología: esto es
funcionamiento vital. En este lo que llamaríamos biologism o,
sentido, hoy corriente, la biolo­ que dista toto cáelo de la concep­
gía es denominación general que ción filosófica aristotélica de la
abarca todo el grupo de las im ­ vida. Aristóteles funda su con­
propiamente llamadas «ciencias cepción en el análisis metafísica
naturales», en contraposición a de la realidad, y guarda las dife­
las «fisicoquímicas»: botánica, rencias esenciales, irreductibles,
zoología, anatomía, fisiología, de las diversas formas de vida,
biología celular, embriología, et­ que la realidad impone. L a bio­
cétera. Tiene también un senti­ logía evolucionista es empírica,
do más restringido de ciencia fundada en la analogía y en la
general de los fenómenos vitales hipótesis de la evolución, pro­
comunes a los vivientes, o f i l o ­ cediendo por reducción de las
sofía de la vida, que comprende­ formas superiores a las inferio­
ría los principios y leyes que res hasta un tipo elemental co­
gobiernan la génesis y evolución mún, que daría la ley a todas
de la vida orgánica, individual y las demás. De este apriorismo
específica. Los problemas raás sistemático y arbitrario, en que
importantes de la biología gene­ se eliminan las diferencias reales
ral o filosófica son: naturaleza y para imponer la unidad de con­

(10
B

cepción, resulta una metáfora y, en general, de todas las for­


continuada, una substitución o mas de la actividad superior del
especie de juego de escamoteo espíritu, equivale a suprimirlas.
de unas realidades por otras, L a (Véase J. Grasset, L o s lim ites de
vida orgánica y la superior del la b iología , traducción castella­
espíritu guardan entre sí relacio­ na, 1907.)
nes, pero están constituidas por (Véase V i d a , E v o l u c i o n i s ­
elementos esencialmente irre­ m o , T r a s f o r m is m o y las co­
ductibles; la interpretación bio­ rrespondientes bibl.)
lógica de la ciencia, de la « o r a l Bondad.— (V. Brew.)
c
Cábala — (Del hebreo kabbalah, teísmo místico emanatista que
tradición.) Doctrina secreta ela­ tiene mucha semejanza con el
borada por los rabinos en los neo-platonismo de Alejandría.
primeros siglos del Cristianismo, Una de las notas salientes es la
o quizá antes, en la que apare­ de la superstición de los núme­
cen mezcladas las tradiciones ros y de la forma y combinacio­
talmúdicas con el teosofismo y nes de las letras encerrando sen­
las prácticas teúrgicas de los tidos misteriosos y profundos;
egipcios, indos y persas. Los de donde le ha venido al térmi­
principales escritos donde se en­ no ( cábala, ca b a lís tico ) la signi­
cuentran recogidas las doctrinas ficación vulgar.
cabalísticas son: el Sepher fe tz i- La cábala ejerció gran influen­
rah (L i b r o de la creación) , atri­ cia en algunos hombres del R e­
buido comúnmente al rabino nacimiento (Pico de la Mirando-
Akiba (s. I I a. de J.-C.), y el la, Reuchlin, Marsüio Ficino,
Z o h a r ( L u z ) , compilación o re­ Campanella, Paracelso, Cardán,
sumen de otros escritos de auto­ etcétera), así como en el espíritu
res y épocas diferentes, atribui­ de algunos teólogos hebraizan-
do a Simón Ben-Joachi, discípu­ tes, que pretendían encontrar en
lo de Akiba; pero el lenguaje es las letras y los nombres de la es­
muy posterior, el de los rabinos critura arcanos y simbolismos
de la Edad Media. Las modernas quiméricos transcendentales.
investigaciones fijan la redacción Bibl.: A. Franck, L a kabbale,
del primero en el final del si­ o a la p h il. re lig . des H é b re u x ,
glo IX , y la del segundo en los 1843; Karppe, E tu de su r les o r i­
comienzos del X IV . Aparte de gines et la nature du Z o h a r, 1901;
las narraciones extravagantes, Busson, O rig in e égyptienne de
reflejo de las teogonias orienta­ la kabbale ; Ginsburg, T h e kabba­
les, de la teoría mística de los lah, its D octrin es, D evelopm en t
números y de las doctrinas má­ and Literatu ra , 1865.
gicas y supersticiosas, el fondo Calum nia. — Acusación falsa mali­
filosófico lo constituye un pan­ ciosamente hecha, en que se

113 s
c
atenta al derecho que todo hom­ Capital.— (Del latín capul, cabeza.)
bre tiene de ser respetado en su Tiene un sentido económico ge­
reputación y buena fama. E l di­ neral sinónimo de propiedad, ri­
famador está, en justicia, obliga­ queza, fortuna, y otro especial,
do a rehabilitar la buena fama uno da los tres factores que con­
que quitó. curren en la producción: n a tu ra ­
Canon.— (Del griego xcrvúv, regla, leza, ca p ita l y trabajo. E l capital
medida.) Algunos filósofos usan suele definirse por los economis­
esta palabra para designar las tas como un instrumento da pro­
leyes prácticas directivas del ducción: un producto económico
pensamiento lógico, en contra­ substraído al consumo y desti­
posición a las leyes especulati­ nado a una nueva producción.
vas. Epicuro y los estoicos die­ A la vez, pues, que resultado del
ron a la lógica el nombre de Ca­ trabajo es auxiliar de éste y con­
n ónica, despojada de toda con­ dición necesaria de su aplicación.
sideración teórica y reducida a E l capital ss forma por el aho­
los cánones prácticos. Kant en­ rro y la previsión . Se llama f ijo
tiende por canon «el conjunto da el que permanece y se utiliza en
principios a p r io r i del uso legí­ varias producciones: instrumen­
timo de ciertas facultades de co­ tos, máquinas, construcciones,
nocer en general. Así la lógica etcétera, destinadas a las indus­
general, en su parte analítica, trias, y circu la n te el que se con­
es un canon para la inteligencia sume en la producción: materias
y la razón en general, pero sola­ primeras, sostenimiento del per­
mente cuanto a la forma, porque sonal, moneda, etc. E l valor eco­
hace abstracción de todo conte­ nómico del capital dspenda de
nido; de igual modo la Analítica su utilidad productiva, dsl tra­
transcendental es el canon del bajo puesto en su formación,
entendimiento puro... Y puesto puesto que es a manera de tra­
que no hay uso perfectamente bajo acumulado, y de las nece­
legítimo de la razón pura, caso sidades económicas que puede
en el que debía tener también su satisfacer. Este valor absoluto
canon, este canon no concierne no coincide de ordinario con el
al uso especulativo de la razón, efectivo o p re cio ( valor en cam ­
sino solamente a su uso práctico, n b io ), que dependa, además, de
Stuart Mili denomina cánones a circunstancias variables: la esti­
sus cuatro métodos de inducción: mación, la oferta y la deman­
de concordancia, de diferencia, da, etc.
de residuos y de variaciones con­ Resultando el producto eco­
comitantes. nómico de la concurrencia deltra-

114
o
bajo y del capital, deben repar­ sino también en proporción a los
tirse entre ellos equitativamente medios de subsistencia requeri­
los beneficios: la parte corres­ dos por los obreros empleados.
pondiente al trabajo es el sala­ El capitalista opta por una de­
r io ; la del capital es la venta, o terminada empresa. Los obreros
interés. ¿Y cómo hacer una dis­ concurren a pedir colocación allí.
tribución equitativa entre dos El contrato de trabajo se cierra
factores tan heterogéneos que mediante una convención resul­
parecen no tener medida común? tante de las posiciones respecti­
Tal es el fondo de la llamada vas de empresario y obreros.
cuestión social. L a escuela eco­ Este reclamaría, por lo menos,
nómica liberal (J.-B. Say, Bas- el coste de su sustento; aquél
tiat, Leroy-Beaulieu, etc.), con su 110 negará esto; pero, sabedor
fórmula laisser-faire, exagera los de que el valor del sustento no
derechos dsl capital, favorecien­ equivale al valor de los produc­
do el capitalismo y la plutocra­ tos de ese mismo trabajo, ve un
cia. Los socialistas suponen margen de ganancia en la dife­
que solamente el trabajo debe rencia de estos dos valores, que
participar en los beneficios. E l tratará de aumentar alargando
problema no es solamente eco­ la jom ada y disminuyendo el
nómico, es también moral y so­ número de horas requeridas para
cial, cuyas leyes deben interve­ la producción de los bienes que
nir en la solución, de manera constituyen e l sustento d e l
que el capital no absorba los de­ obrero. De este modo logran
rechos del trabajo y éste, a su mandar y enriquecerse en pro­
vez, no destruya el capital, con­ porción a los capitales producti­
dición necesaria del trabajo en vos y a los medios de subsisten­
el actual régimen económico. cia del obrero. Si ahora descen­
Capitalismo. — Categoría histórica demos a examinar la proporción
mediante la cual se quiere signi­ en que se hallan los capitales
ficar la posición excepcional en productivos o constantes (Marx)
que se encuentra una determina­ y los fondos de los salarios o ca­
da clase social: los capitalistas. pitales variables (Marx), podre­
Efectivamente, el capitalista mos ver la tendencia que marcan
goza de dos privilegios grandes: en la actualidad los privilegios
por mía parte, manda, ordena, capitalistas. Y a Carey se felici­
dirige, y, por otra, se enriquece taba pensando en que, cuanto
cada vez más, no sólo en pro­ más capital se cree, mayor im­
porción a los capitales propia­ portancia, mayor libertad y ma­
mente productivos que explota, yor independencia alcanza el

T15
c
obrero. Posteriormente se lian cies, razas, variedades, se basan
enterrado tantos capitales en las en caracteres diferenciales de
colosales empresas de las últimas mayor significación. Nos ocupa­
décadas, que sin la vivificación remos aquí solamente en el ca­
del trabajo serían totalmente es­ rácter individual o personal del
tériles. Más conscientes hoy los hombre, o sea el conjunto de
obreros que lo eran a fines de rasgos y elementos psicológicos
siglo, van haciendo valer su pa­ que dan por resultado la fisono­
pel y, si todavía no está permi­ mía personal y moral de cada
tido creer que mandan, llevan individuo.
mucho adelantado en este cami­ Se ha propuesto (Bain) el nom­
no. I/os privilegios capitalistas bre de etología (del griego é'0o;,
van quedando a merced del obre­ costumbre) para designar la
rismo. E l temor que naturalmen­ ciencia del carácter y mejor en
te despierta esta expectativa no plural de los caracteres, parte la
es más que el reflejo de un pri­ más principal de la psicología
vilegio que viene a substituir a s in tética , llamada también dife­
otro. Si éste no admite justifica­ re n c ia l o in d iv id u a l, porque se
ción, difícil será justificar el an­ refiere a las diferencias indivi­
terior; y esto es lo que una sana duales, en oposición a la psicolo­
moral y una prudente política gía analítica o general, que estu­
social deben prevenir. dia las facultades y grupos de
Carácter.— (Del griego xapcntTíJp, se­ fenómenos comunes a los indivi­
llo, distintivo.) Rasgo, propie­ duos.
dad o conjunto de propiedades Es la psicología de los carac­
que distinjguen unas de otras las teres tema manoseado por los
ideas y las cosas, los géneros psicólogos modernos; pero los re­
subordinados a uno superior, las sultados de sus trabajos adole­
especies contenidas en el género cen de vaguedad e imprecisión
y, por último, los individuos; de científicas, lo mismo cuando tra­
donde los caracteres genéricos, tan de determinar la naturaleza
específicos e individuales, que y elementos constitutivos del
sirven de fundamento a la sis­ carácter, que de la clasificación
tematización lógica de las ideas de los caracteres, y quot cafñta
y a la ordenación de los seres tot sensus.
en la naturaleza. Las clasifica­ Y tiene explicación: el carác­
ciones de las ciencias naturales ter, resultado complejísimo de
en una gradación serial de gene­ las modalidades de la vida per­
ralizaciones: reinos, tipos, clases, sonal, variables en su combina­
órdenes, familias, géneros, espe­ ción hasta lo infinito, es más

116
o
accesible a la intuición sintética pues, en la determinación del ca­
del arte que al análisis abstracto rácter. Solamente la personali­
de la ciencia, y se expresa mejor dad fenoménica, es decir, el des­
en los recursos imaginativos y envolvimiento progresivo de las
sugestivos del artista que en los actividades físicas y psicológicas
secos formulismos científicos. con las múltiples orientaciones y
Pero si no hay ciencia de los tonalidades y combinaciones de
caracteres (cada hombre tiene el que son susceptibles bajo la uni­
suyo, y no hay ciencia de lo in­ dad del ser, tal es el fundamento
dividual), es posible el análisis del carácter. De estos elementos,
de sus elementos generadores y unos son nativos, complexión
constitutivos y la reducción a física, predisposiciones heredita­
tipos uniformes que, como tales, rias que imprimen modos y orien­
han de ser abstractos e irreales. taciones especiales a las activida­
Puede el carácter considerarse des psicológicas; otros son adqui­
en su expresión exterior: aque­ ridos en relación con el medio
llos modos habituales de reaccio­ ambiente físico y social, educa­
nar el individuo a los excitantes ción, profesión, etc.
exteriores y de haberse en rela­ La voluntad interviene como
ción con el medio físico y social, factor principal, no constitutivo
que no podremos decir en con­ del carácter, sino como fuerza
creto en qué consisten esos mo­ impulsora y selectiva que pone
dos personales, pero los conce­ orden en el ejercicio de las acti­
bimos tan diferentes como las vidades, creando en ella3 hábitos
fisonomías. permanentes. La naturaleza nos
Interiormente, la naturaleza da el carácter a medio hacer, en
humana está constituida por una estado amorfo; la voluntad lo
realidad fundamental, de donde modela, completando o rectifi­
emana como de su causa prime­ cando la naturaleza. I?n cierto
ra la vida del ser, unificando to­ sentido y medida, el hombre es
das sus actividades (personalidad el artista que lentamente va la ­
substancial), y por la expansión brando, en la práctica de la vida,
y desenvolvimiento de estas ac­ su propio carácter.
tividades (personalidad empíri­ De aquí la importancia peda­
ca). L a primera, aunque distinta gógica de la educación del carác­
numéricamente en cada hombre, ter y, sobre todo, del carácter
es idéntica específicamente en m oral. J?1 verdadero carácter del
todos; el fundamento de su in­ hombre consiste en obrar como
dividualidad no es de orden em­ tal, esto es, en consonancia con
pírico, sino metafísico; no entra, el fin de su naturaleza racional,
c
creando hábitos fuertes de alta Dejando otras clasificaciones,
elevación moral, de orden y de señalamos la de Malapert ( E le ­
rectitud en su interior y en la menta du caractére, 1906), que
vida exterior. Un carácter en el comprende seis grupos: a p á ticos :
sentido moral no se distingue apático puro, sin inteligencia ni
solamente por la fortaleza , sino voluntad; apático inteligente, de
también por la ju s tic ia y la tem ­ inteligencia simplemente asimi­
p era n cia y, sobre todo, por la ladora y calculadora, y apático
p ru d en cia , principal virtud car activo, de actividad calmosa y
dinal con que pondera en la jus­ lenta; a fe ctiv os : que comprende:
ta medida sus actos, adueñándo­ a} , los sensitivas: sensitivo pasi­
se de sí mismo y de las cosas. vo, de sensibilidad dolorosa y de­
De la combinación de los ele­ primente; sensitivo vivo, de sen­
mentos integrantes del carácter sibilidad movible y expansiva, y
y de la preponderancia relativa b ), los em otivos: emotivo melan­
de algunos sobre los demás re­ cólico, de extrema sensibilidad
sultan los diversos tipos del ca­ depresiva con tendencia a la
rácter. melancolía persistente; em otivo
L a antigua clasificación de los impulsivo, de sensibilidad irrita­
griegos fundada en los cuatro ble e incoherente, y e ) , a pa sion a ­
temperamentos (sanguíneo, me­ d os: de sensibilidad profunda,
lancólico, colérico y flemático) ardiente y tenaz; los in telectu a ­
es aun corriente entre los moder­ les: intelectual afectivo v es­
nos (Kant, Lotze, Wundt, entre peculativo; los a ctivos: actividad
otros), a falta de otra mejor, con mediocre, actividad versátil y
variantes que 110 cambian lo actividad dirigida por inteligen­
substancial de la cosa. B ain pro­ cia potente; los tem perados: equi­
puso otra estrictamente psico­ librio en la mediocridad y equi­
lógica, fnttdada en el predominio librio superior, y los de voluntad
de una de las tres facultades: in­ enérgica, dueños de sí mismos y
telectual, emocional y volitiva hombres de acción. N o es nece­
(S tu d y of C haracler, 1861), acep­ sario hacer notar el valor rela­
tada por Fouillée. B. Pérez (I.e tivo y convencional de todas es­
caractére d& l ’enfant d l'h o m m e , tas clasificaciones del carácter,
1892) ha propuesto una, funda­ muy distantes de la precisión y
da en la viveza y energía de los rigor exigidos en las clasificacio­
movimientos; distingue tres t i­ nes científicas. Finalmente, el
pos puros: vivos, lentos y fo go ­ conocimiento de los caracteres
sos, y tres mixtos: vivo-fogosos, en su realidad concreta y vivien­
lento-fogosos y loa ponderados. te, más que en los análisis y es­

116
c
quematismos abstractos de los mos hacer o evitar en la vida; la
científicos, ha de buscarse en las justicia, que inclina la voluntad
producciones de los artistas, de al respeto de los derechos de los
los historiadores y de los mora­ demás; la fortaleza, que mantie­
listas. ne la firmeza y energía en el bien
Bibl.: J. Huarte, E x a m e n de obrar contra los obstáculos exte­
in g e n io s p a ra las ciencias, 1557; riores (apetito irascible), y la
Malapert, C aractére , 1902, y . templanza, que hace al hombre
E lém en ts du caractére, 1906; dueño de sí mismo, moderando
Fouillée, T e m p . et caractére, las pasiones (apetito concupisci­
1895; W , Stern, Veber Ps. der ble) y sometiéndolas a la recta
in d iv . D iffe r e m , 1900. J. Mentré, razón. Pista división de las vir­
Espéces et varietés d ’in lelligen ces, tudes morales es clásica y tradi­
1920; Harteuberg, P h is io n o m ia cional y se remonta a la antigüe­
e tca ra cU re, 1908. Para la educa­ dad griega; la encontramos en
ción del carácter: A. Fymieu, Sócrates, Platón y Aristóteles;
E l gobierno de s í m ism o, trad. en las doctrinas morales de los
cast., 1918; L e gouvernem ent de cínicos, epicúreos y estoicos; en
soi-m$me, 2.a serie, 1913; J. A. Cicerón y Séneca; en los neopla-
Vuillermet, Soyez des kommes , tónicos de Alejandría; en los
1908; Ollé-Laprune, D e la v ir ilit é Santos Padres y los escolásticos.
i n t e ll , 1896; G. Legrand, Styles Bíbl,: Cicerón, D e o ffic ü s , I, 5;
et Caracteres y La forcé in ó ­ San Agustín, D e lib , a rb itrio .
rale, 19]]; P. Gillet, L 'é d u ca lio n I, 13; Santo Tomás, S u m . theol.,
du car adere, 2.a ed. 1914; IJ. Boyd I I a, 11“ q. 51 y sig.; Quces,
Barret, L a fuerza de la voluntad, d isp,. II , y, en general, en los
trad. cast,; Foerster, L 'é co le et le tratados D e v iriw ih u s .
ca r aclare, 1913. (V. los trat. de Caridad.— (De latín ck a rila s, amor,
Psic. y de Pedagogía.) amistad; del griego yaptf&jicu, ha­
Cardinales (V ir t u d e s ). — (Del latín cer bien a otro graciosamente, sa­
ca rd o ; quicio.) Se denominan así crificarse por él.) Virtud cristiana
las cuatro virtudes: p ru d e n ­ que obliga a amar a Dios sobre
cia, ju s tic ia , fortaleza y tem p la n ­ todas las cosas y a nuestros se­
za, porque de ellas derivan y al­ mejantes por Dios. Fundado en
rededor giran todas las virtudes la comunidad de naturaleza, ori­
morales. Se refieren a las cuatro gen y destino que hacen herma­
facultades que intervienen en la nos a todos los hombres, el pre­
práctica de la virtud: la pruden­ cepto de la caridad es universal
cia, que dispone la inteligencia y sin excepción, se debe amar
al conocimiento de lo que debe­ hasta a los enemigos: d ilig ite

119
o
in im ic o s vesir os, benefacile iis estrictos en los demás; en los se­
q u i oderunt vos. E l nombre de gundos, el derecho es de Dios,
caridad, consagrado por la R eli­ que tiene dominio sobre todas
gión y por los siglos, se substi­ las cosas e impone la ley moral
tuye hoy con frecuencia por otros de hacer bien al que se halla
exóticos: a ltru ism o , solidaridad, necesitado de él. L a caridad
etcétera, de origen y sabor, ya comprende todos los bienes es­
que no siempre de significación pirituales y temporales (obras de
anticristiana. L a caridad cristia­ misericordia) y debe ejercerse
na se funda en Dios, no viendo con inteligencia, orden y equi­
en el prójimo sólo al hombre, dad, segxin las necesidades y la
sino la imagen de Dios; y este proximidad de las personas ne­
amor de suprema elevación mo­ cesitadas; la caridad bien orde­
ral que la inspira es el único que nada comienza por sí mismo.
puede purificar de todo egoísmo E l naturalismo moderno pre­
el amor al prójimo hasta los ma­ tende substituir la ley moral de
yores sacrificios y el olvido total la caridad por la ley universal
de sí mismo. L a caridad laica, del egoísmo en la lucha por la
por el Contrario, dislocando esta vida. L a caridad es funesta
relación que debe existir de todos (Spencer) y contraria al desen­
los amores al sumo Bien, es volvimiento y progreso humanos,
tan precaria como los motivos que exigen la desaparición de los
puramente humanos que la ins­ débiles y lisiados para dejar paso
piran, ya sean el sentimentalis­ a los sanos y fuertes; la sociedad
mo o la simpatía, cuando no el debe deshacerse de aquellos que
orgullo y la vanidad, formas t o ­ son para ella carga inútil y no
das ellas más o menos disimula­ merecen vivir. En consonancia
das del egoísmo. Entre la una y con estos principios inhumanos,
la otra hay la distancia del cielo no han faltado médicos preconi-
a la tierra. zadores de una práctica brutal:
En sentido general, la caridad la eutanasia (muerte dulce, es de­
es deber universal y comprende cir, el asesinato o el suicidio)
los deberes de justicia; el respe­ como medio de librar a los en­
tar los derechos de los demás fermos de sus dolencias incura­
supone antes el amor. Sin em­ bles y a la sociedad de una car­
bargo, en concreto, los deberes ga pesada. Estaba reservado a
de justicia y de caridad se dis­ nuestros tiempos exhumar la
tinguen y contraponen en cierto bárbara doctrina sustentada por
modo: los primeros son exigi- Platón en su R e p ú b lica de
bles, por responder a derechos matar a los niños mal confor­

120
c
mados, inútiles para la repúbli­ núa en ciertos países, sobre todo
ca, o de introducir en. Jos pueblos de régimen colonial, entre domi­
civilizados las costumbres inhu­ nadores y dominados, entre los
manas de ciertos pueblos sal­ de diferentes razas, blancos y ne­
vajes. gros, v. gr,, en los Estados Uni­
Cariocinesís.— (Del griego xctpuov, dos. Nada más contrario al es­
núcleo; üÍvyjuií, movimiento.) En píritu del Evangelio que el régi­
biología celular, uno de los dos men y el prejuicio de castas.
modos, in d irecto y ordinario, de (Véase Ci .a s e , R a z a .)
división y multiplicación de la cé­ Casuística.— Parte de la moral en
lula viviente. Comprende todo el que se trata de resolver los casos
proceso sumamente complicado de conciencia. Siendo la moral
de trasformaciones que tienen esent ialtnente práctica, el cono­
lugar en el seno de la célula ma­ cimiento de los principios exige
dre durante el desdoblamiento como complemento una aplica­
del núcleo hasta la reproducción ción sabia a las circunstancias
de la nueva célula independien­ particulares de los casos concre­
te. (V. CÉtULA,) tos; que no basta el conocimien­
Casta.— (Del latín castus, puro, sin to teórico de la ley, es necesario
mezcla.) En sociología, clase so­ saber, además, cuándo y cómo
cial que se mantiene pura y ce­ esta ley obliga prácticamente.
rrada a las otras clases con las Ea ley abstracta es rectilínea,
que convive, consagrada por la sencilla y clara; la realidad de la
tradición, y que tiene su origen vida, sumamente compleja, ro­
en las diferencias de razas, de deada en cada caso concreto de
profesiones, en la dominación y multitud de circunstancias que,
conquista, etc. Frecuentemente aisladas, deberían gobernarse por
se entiende por castas las clases leyes diversas y aun opuestas;
selectas superiores por relación a de donde nace el conflicto apa­
las inferiores. E l régimen de cas­ rente de deberes y las consiguien­
tas era general en los pueblos tes perplejidades prácticas, Pero
antiguos: en la India, casta sacer­ la obligación no puede ser más
dotal, brahmanes, guerreros, sha- que una en cada caso particular;
trias, agricultores y comercian­ es necesario, por tanto, antes de
tes, visas, sudras y parias; entre tomar una resolución, disipar las
los romanos, los senatoves, equi- dudas, resolver el conflicto de
tes, lib e ri, s erv í; en la Edad Me­ deberes aparentes hasta saber
dia^ los nobles, libres y plebeyos cuál es el verdadero; la pruden­
o colonos, etc., etc. H o y las cas­ cia exige no poner un acto cuan­
tas o separación de clases conti­ do se duda de su moralidad. Eo

121
o
que la jurisprudencia al dere­ se cierra la otra, y todo el ros­
cho, eso es la casuística a la mo­ tro toma la misma actitud colé­
ral; hay, pues, una ciencia moral rica; o al juntar las manos en
especulativa y tina ciencia de actitud orante, la cabeza y ojos
aplicación. (V. P. Richard, L e se elevan en tono de súplica. F i­
p ro b a b ilis m e m o ra l el la p h ilo so - nalmente, el hipnotizado, en el
p h ia , 1922; los trat. de T e olo g ía estado cataléptico, repite auto­
m o r a l.) máticamente las palabras del
Catalepsia.— (Del griego hipnotizador y ejecuta los mis­
sorpresa; de y jí« - « en mos movimientos. Tales son, en
comp,: inmovilizar, fijar.) F e­ síntesis, los hechos; revelan, en
nómeno de rigidez o falta de primer lugar, la ausencia de toda
elasticidad muscular que apa­ espontaneidad voluntaria, y a la
rece en algunas enfermedades vez la intervención de fenóme­
nerviosas, como la histeria, la nos psicológicos, imágenes, sen­
epilepsia, etc., y también cons­ saciones, puesto que hay una sis­
tituye una de las fases del hip­ tematización compleja de m ovi­
notismo. H e aquí los hechos: una mientos, inexplicable con el sim­
emoción fuerte provoca el ata­ ple mecanismo reflejo. Podría
que cataléptico en el enfermo, explicarse este automatismo psi­
quedando éste inmóvil, en la cológico de la siguiente manera:
misma posición y actitud en que todo movimiento o actitud del
fué sorprendido; la abulia es tan cuerpo, cuando éste no es un
completa que imposibilita todo simple reflejo sino sistemático,
movimiento para cambiar la po­ va determinado por la imagen
sición de los miembros. Estos de este movimiento; y las imá­
pueden adoptar posiciones fijas genes, que en el estado normal
difíciles que fuera de ese estado se mueven bajo el imperio de
no podrían sostenerse. Si se tra­ la actividad voluntaria, pueden
ta de mover los miembros y dar­ producirse y actuar automática­
les otra posición (al brazo, por mente independientes de esta
ejemplo, que está levantado), dirección superior. Ahora bien,
inmediatamente, y como si fue­ la imagen tiende a persistir y a
ra un maniquí movido por resor­ desarrollarse con el cortejo de
tes mecánicos, al cesar la acción elementos asociados y de movi­
recobra su posición primitiva. mientos correspondientes, siem­
H a y otros casos más sorprenden­ pre que elementos antagónicos
tes aún: se cierra el puño de una no vengan a impedir esta evolu­
mano al enfermo y, como si des­ ción sistemática.
pertara el sentimiento de cólera. L a inmovilidad de las aetitu-

122
c

des en el cataléptico será enton­ p ro p riu m ); otros son contingen­


ces debida a la persistencia de tes y variables, pueden existir o
las sensaciones inmovilizadas en no existir, adquirirse y perderse
la conciencia, y cualquiera sensa­ en la substancia (accidens con-
ción provocada vendría seguida íingttns, o simplemente accidens).
del cortejo de imágenes y movi­ Son, pues, cinco los categore-
mientos sistemáticamente aso­ mas o predicables: género, espe­
ciados. cie y diferencia, propiedad y ac­
Bibl.: P, Jan.net, Autom , psich., cidente. (V. estas palabras.) Con­
1894; Névroses et idees fixes, 1898; siderados en relación al juicio,
E. Peillaube, Les images, 1906. los predicados de los cuatro pri­
Categorema.— (xaTT]Yopoú(j.svav meros predicables dicen una re­
Aristóteles, prtsdicabile de los lación. necesaria al sujeto, de
escolásticos.) I/lámanse en lógica donde los juicios necesarios; el
categoremas o predicables los último da origen a los juicios
modos diferentes de pertenecer contingentes.
una propiedad o atributo (cate­ Categoremático.—En lógica, los
goría) a la substancia, y ser enun­ términos que por sí solos tienen
ciados de ella en el juicio. Estos significación propia completa
modos pueden ser esencial o ac­ (nombres y verbos), por oposi­
cidental; o son notas constituti­ ción a los sincategoremáticos, que
vas de la substancia, o acciden­ no la tienen completa si no es
tes que residen en ella. En. el en relación a otro o como mo­
primer caso, los caracteres pue­ dificación del sentido de otro
den determinar la esencia espe­ (artículo, pronombre, adverbio,
cífica completa (especie), o son preposición, conjunción).
determinaciones comunes a va- ' También designa el infinito
rias especies (género) expresan­ actual, en oposición al sincaiego-
do la esencia incompleta, o di­ remático o potencial, que es el
versifican unas especies de otras infinito matemático o indefi­
contenidas en el género ( diferen­ nido.
cia especifica); huelga añadir Categoría.— (Del griego xtrcrjfoprá,
que la especie lógica y metafísica predicado, atributo.) En gene­
de que aquí se trata nada tiene ral, categoría ha venido a ser
que ver con las especies naturales sinónimo de clase, agrupación
de las ciencias. Los accidentes ordenada y serial de las ideas y
pueden ser de dos clases: unos las cosas. Eli lógica, las catego­
pertenecen a la substancia y de rías (prcsiicam enia de los esco­
ella emanan necesariamente ( ac- lásticos, traducción del griego
cidens propHum, o simplemente introducida por Boecio) repre­

123
o

sentan la ordenación de los con­ es sujeto de toda atribución y


ceptos de la inteligencia en gé­ no es atributo de nada; y conce­
neros y especies subordinados a bida abstracta y universalmente
géneros últimos que no son sus­ ( substancia segunda) , que puede,
ceptibles de ulterior reducción, a la vez, ser sujeto y atributo. Fn
y más especialmente estos mis­ segundo lugar, las derivaciones
mos géneros supremos, a que y expansiones del ser que le de­
pueden reducirse todos los pre­ terminan, ya en sí mismo, ya en
dicados o atributos de los jui­ relación con los otros seres, cons­
cios en que enunciamos la ver­ tituyen los accidentes, realidades
dad de las cosas. Y como los aminoradas y de segundo grado
conceptos responden a modos por relación a la substancia. Los
del ser real, las categorías tienen accidentes son tan heterogéneos
también y primeramente, porque que no pueden incluirse en una
la realidad es la medida del pen­ sola categoría. Aristóteles enu­
samiento, un sentido ontológico mera la cualidad y la
como ordenación de las múlti­ cuantidad (icooáiTjt;), derivadas,
ples modalidades y determina­ respectivamente, de la forma y
ciones del ser en géneros supre­ de la materia; una y otra origi­
mos. Tal es el concepto de las nan la categoría de relación
categorías de Aristóteles, el más (icpóí ti) (de igualdad, semejan­
umversalmente seguido en la za, causalidad, etc.). La subs­
historia de la filosofía. Fúndase tancia es sujeto de cambios y
la deducción de ellas en el aná­ movimientos, de donde las dos
lisis racional de las cosas y en categorías correlativas una de
los modos de concebir la inteli­ otra, de acción (itoistv) y de pa­
gencia y enunciar sus múltiples sión (nao^siv), principio y tér­
determinaciones. Primeramente, mino, respectivamente, del mo­
la realidad aparece como con­ vimiento. La substancia además
junto de ssres individuales, cada es determinable y mensurable,
uno de los cuales es principio de espacial y temporalmente, lo
unidad y sujeto de atribución de que da origen a las categorías
las determinaciones que derivan de espacio o lugar (iroü) y de
de él; este sujeto de toda atribu­ tiempo (itotÉ). Finalmente, la
ción es la primera categoría, la disposición interior de los ele­
substancia (ouckV), de la cual de­ mentos del ser y la exterior ori­
penden todas las demás. La ginan el estado interior (xsLoflect)
substancia puede considerarse en y el hábito exterior (%iv),
su existencia individual y con­ A. Trendelenburg, y otros des­
creta (substancia prim era ), que pués de él, han creído ver en la

124
c
deducción de las categorías aris­ y se han hecho clásicas en los
totélicas un origen gramatical. tratados de filosofía bajo los
«Pero en ninguna parte de sus nombres latinos; substanlia, cua­
obras— dice C. Piat (A ris to - ntas, cuantitas, relatio, actio,
te., p. 16, París, 1912)— se ve que passio, ubi , quando, situs, habitus.
Aristóteles haya seguido tal pro­ Después de las aristotélicas
cedimiento»; su clasificación «re­ merecen atención especial, por
sulta de una deducción sistemá­ su resonancia en la filosofía mo­
tica de la realidad concreta». Lo derna, las categorías de K ant. La
cual no quiere decir que el dis­ deducción de las categorías está
curso gramatical no tenga rela­ relacionada con el sistema críti­
ción con las categorías, siendo co de Kant, ocupando lugar pre­
expresión de las cosas represen­ ferente en la C rítica de la razón
tadas en los conceptos. «Las ca­ pura (L ó g ica transcendental. A n a ­
tegorías designan a la vez las lític a ). Kant considera las cate­
cosas de la naturaleza en cuanto gorías como formas o leyes a
son objetos del pensamiento, es p rio ri del entendimiento, que ha­
decir, del juicio (^évyj 20iva xá cen posibles los juicios de expe­
xpuktf); los conceptos de las cosas, riencia,
en cuanto se relacionan unos a Los juicios del entendimiento
otros en el juicio (xoivfl >:ctr/fppoóp.a- son de dos clases: unos, que llama
vot), y las partes del discurso, que de percepción, expresan estados
traducen al exterior nuestros personales de la conciencia, su
juicios sobre la realidad». (Mer- valor es subjetivo e individual;
cier, Logique, p. 69, ed. 1897.) otros, de experiencia, expresan
En cuanto al número de las relaciones necesarias y universa­
categorías, no es constante el les entre los fenómenos, y su
pensamiento de Aristóteles: ge­ valor es objetivo. Pero hay que
neralmente enumera diez, pero entender este sentido kantiano
más de una vez suprime las dos de objetividad, que no se fun­
últimas, y alguna solamente da da en leyes necesarias y comu­
tres: la substancia, el modo y la nes para toda inteligencia de
relación. Y a la luz de la crítica una realidad extramental, sino
no sería difícil la reducción ló­ en las leyes necesarias y uni­
gica de las diez categorías, in­ versales del espíritu; el enten­
cluyendo unas en otras, lo cual dimiento, al pensar, fabrica los
explica las variaciones del pen­ objetos de su pensamiento, en­
samiento de Aristóteles. Las diez lazando, bajo formas o leyes
categorías fueron admitidas um­ de la conciencia, la multipli­
versalmente por los escolásticos, cidad informe de los fenómenos

125
c
de experiencia {síntesis a p rio ri) ; A cada mío de estos juicios
es, pues, una objetividad creada Kant asigna su correspondiente
por leyes subjetivas, que dan la concepto puro o categoría del
apariencia de realidad. Estas entendimiento, Son, pues, doce:
formas, leyes o síntesis a p rio ri unidad, pluralidad y totalidad;
con que el entendimiento cons­ afirmación, negación y lim ita ­
truye y piensa los objetos de ex­ ción ; substancia, y accidente, cau­
periencia, son las categorías, B1 sa y efecto, acción y reacción;
entendimiento es la facultad de posibilidad e im posibilidad, exis­
juzgar, y en el juicio pueden con­ tencia y no existencia, necesidad
siderarse la materia y la forma, y contingencia.
los conceptos representativos y La concepción kantiana de las
sus relaciones. A diferencia de categorías invierte los términos
las categorías aristotélicas que de la aristotélica: en ésta, las ca­
expresan la materia del juicio, tegorías representan las formas
los simples conceptos, las kan­ generales de la realidad, que da
tianas expresan la forma o en­ la ley al pensamiento; en aqué­
lace de los conceptos, y la clasi­ lla, al revés, son formas del pen­
ficación de las categorías sigue samiento puro que las impone
un orden paralelo a la división como ley a la experiencia; de
de los juicios. Estos se dividen aquí el idealismo transcendental
en razón de la cuantidad o ex­ que informa todo el sistema.
tensión del sujeto, de la cualidad Aparte de este vicio de origen,
del predicado, de la relación en­ la clasificación trícotómica de­
tre uno y otro y, finalmsnte, de rivada de los juicios tiene mu­
la modalidad de esta relación, o cho de arbitraria y artificial, y
maneras de enlazarse el sujeto y difícilmente puede resistir un
el predicado, de donde las cua­ esamen serio, aun desde el pun­
tro categorías fundamentales. to de vista del criticismo.
Cada uno de estos juicios com­ Oirás categorías en la historia
prende varias especies: la exten­ de la filosofía. —-Son numerosos
sión del sujeto da origen a los los sistemas: los pitagóricos con­
juicios universales, particulares taban diez: lo finito y lo infinito,
y singulares; la cualidad del pre­ lo par e impar, unidad y plura­
dicado, a los afirmativos, nega­ lidad, derecha e izquierda, ma­
tivos y limitativos; la relación, cho y hembra, reposo y movi­
a los juicios categóricos, hipoté­ miento, recto y curvo, luz y ti­
ticos y disyuntivos, y la moda­ nieblas, bien y mal, cuadrado y
lidad, a los juicios problemáti­ figuras irregulares. Platón redu­
cos, asertóricos y apodícticos. ce todas las ideas a cuatro géne­
c
ros principales: el movimiento, sa.) Noción primaria de la inte­
el reposo, lo mismo y lo otro, y ligencia y de universal aplica­
todos ellos a un quinto género ción, revelándose como hilo con­
supremo; el ser, I,os estoicos con­ ductor en todos sus discursos,
densan en cuatro las categorías teóricos y prácticos, en la cien­
aristotélicas: substancia, cuali­ cia y en la vida. Esta idea res­
dad, modo y relación. Entre los ponde a la ley universal de la na­
modernos merece citarse C, Re- turaleza, reguladora de sus cam­
nouvier; considera las categorías bios, Todo cambio, substancial o
como los datos primeros de la accidental, toda aparición de un
ciencia, la «llave» de toda filoso­ ser nuevo pide una razón sufi­
fía, y las define al modo kantia­ ciente de la nueva existencia;
no: las condiciones universales de tal es la causa, que podría de­
toda representación. En confor­ finirse en general: slo que deter­
midad con su sistema neocriti- mina la existencia de un ser».
cista, pone como categoría uni­ Aristóteles reduce a cuatro
versal la relación; de ésta derivan categorías las causas que deter­
todas las demás, cuatro ló­ minan y explican los cambios
gicas del entendimiento: el nú­ de la naturaleza: primero, todo
mero, espacio, tiempo y cualidad; cambio, substancial o acciden­
y cuatro de la persona: devenir, tal, ya origine un ser nuevo o
causalidad, finalidad y persona­ simplemente una nueva modifi­
lidad; cada una de ellas compren­ cación, exige un sujeto donde se
de la tesis, la antítesis y la sín­ realice el cambio, que la natura­
tesis. Como Kant, concibe estas leza, como el artista, no crea
categorías como leyes subjetivas nada totalmente nuevo, necesi­
del espíritu que relacionan los ta una materia en donde encar­
fenómenos. nar su obra; además, el cambio
Bibl.: W. Trendelenburg, Ges- da por resultado nuevas formas
chichíe der Kategoñenlehve, IS46; o modos de ser en la materia;
Bulliot, L a théorie des categories, éstas son las causas material y
1897; Sentroul, K ant et Ayist., formal, constitutivas de la natu­
1913. (V. los trat. de Metafísica.) raleza intrínseca del ser. En se­
Categórico.—En lógica, afirmación gundo lugar, como todo ser na­
simple, absoluta, incondicional: tural ha tenido un comienzo y
proposiciones y juicios categóri­ «nada se mueve por sí mismo»
cos. Silogismo categórico, el com­ de modo que pueda producir un
puesto de proposiciones categó­ cambio, es necesaria una deter­
ricas. minación extrínseca del comen­
Causa, Causalidad.— (En latín cau­ zar a existir y del cambiar: tal

127
o
es la causa eficiente o motriz. actividades específicas que orien­
Finalmente, las tres causas an­ tan el ser a sus fines (principios
teriores no completan la razón próximos de acción); los seres
de la existencia de un ser. La creados no obran si no es por
naturaleza no es caos informe de medio de actividades o poten­
elementos; en sus formas y mo­ cias.
vimientos, en el existir y obrar A su vez las actividades cau­
los seres se ajustan a leyes per­ sales necesitan, para pasar dél
manentes y específicas de su na­ estado potencial a la actuación,
turaleza; si, pues, hay en la na­ condiciones, ya positivas que de­
turaleza un orden universal, es terminen su ejercicio y la mate­
necesaria una razón de este or­ ria de su aplicación, que ninguna
den: tal es la causa final, que actividad se mueve por sí mis­
Aristóteles considera como la ma ni en el vacío, ya negativas
primera de las causas fcausa que no limiten su expansión. Es­
causarum ), que subordina y uni­ tas condiciones, influyendo mo­
fica la acción de todas las demás. ralmente en la causa libre, se
Dejando para sus respectivos lu­ llaman ocasiones. La condición
gares las dos primeras y la últi­ y la ocasión no determinan el
ma, hablaremos aquí de la efi­ efecto, sino la acción de la cau­
ciente , la cual se entiende cuan­ sa productora del efecto; hay,
do se nombra la causa sin adje­ pues, mía esencial diferencia en­
tivo, tre aquéllas y ésta; condición ne­
Aristóteles la define «el prin­ cesaria para ver es la luz, pero
cipio activo del movimiento», y la visión es un acto vital del sen­
Santo Tomás: id a quo aliquid tido de la vista.
fil. Lo peculiar de la causa efi­ Distinguen los filósofos varie­
ciente es la actividad, la acción, dad de causas según los diferen­
que determina el tránsito del no tes modos de acción: Prim era,
ser a la existencia, de un modo Dios, de la que dependen todas y
de ser a otro; el término de la ella de ninguna, y segundas, de­
acción es el efecto (effeclus: he­ pendientes unas de otras y todas
cho, acabado), y entre el princi­ de la primera; principal, que obra
pio de la actividad y su término por virtud propia, e instrumental,
el movimiento (fie ri, devenir). subordinada a la anterior y que
E l principio de actividad tiene ésta utiliza como instrumento:
dos sentidos: la naturaleza del absolutamente hablando, todas
ser, raíz última común de sus las causas segundas son instru­
múltiples actividades (principio mentales en relación a la prime­
remoto), y cada una de estas ra; necesaria, determinada ad

128
o
unum en las causas y condicio­ tan extrañas afirmaciones son
nes antecedentes, y libre, exen­ erróneos. La causalidad existe,
ta de determinación completa gobernando como ley dinámica
extrínseca o intrínseca, la última universal los cambios y evolu­
determinación de la voluntad ción de las cosas. Los fenóme­
libre está en ella misma; física, nos de la vida interior y de la
que obra por sí misma, y moral naturaleza exterior se suceden
mediante la representación como en un orden permanente, hay un
motivo o móvil de la causa libre. enlace entre ellos que determina
El enlace de causas subordinadas su aparición. Sentimos en la Vida
da lugar a las causas próxima y interior la misma actividad cau­
remota, y la concurrencia de sal, el esfuerzo productor de los
múltiples causas a la producción fenómenos; y en la exterior, ade­
de un efecto dado, a las causas más de los fenómenos, percibimos
iotal y parciales. Finalmente, la el enlace necesario que regula su
acción de la causa se llama crea­ aparición. En esta necesidad se
ción cuando el término de la ac­ funda toda la vida humana en
ción o efecto es un tránsito total relación con la naturaleza, que
del no ser al ser, Dios es sola­ es previsión; y prever es supo­
mente causa creadora; las causas ner que cada fenómeno está ne­
naturales sólo producen cam­ cesariamente ligado a un ante­
bios, mutaciones, su acción su­ cedente y determinado por él;
pone una materia preexistente esto es, que tiene una causa.
susceptible de cambio. La causalidad es ley también,
L a realidad de las causas en y primera, de la ciencia; en tan­
la naturaleza ha sido negada, y to el sabio trata de investigar
por motivos sistemáticos de or­ las causas de un hecho, en cuan­
den bien diverso, por el ocasio­ to sabe que todo hecho tiene su
nalismo y por el positivismo. causa.
Supone el primero que Dios es Pero la causalidad es no sólo
causa universal y única de todos un hecho y una ley vital y físi­
los efectos; y el segundo que, ca: es también principio metaff-
no habiendo sino un solo modo sico derivado del de contradic­
positivo de conocer que es la ción.
experiencia, y no apareciendo a P rin c ip io de causalidad .— Sue­
esta experiencia el enlace nece­ le enunciarse: ftodo efecto tiene
sario causal que debería unir a una causan; pero no sin razón se
los fenómenos, este enlace, es ha criticado este enunciado de
decir, la causa, no existe. Pero «tautología* (Kant), porque la
los principios de donde derivan idea de efecto implica formal­

129 o
c
mente la de cansa, y equivaldría longue, no en la nada, que sería
a decir: lo que procede de una la contradicción, sino en otra
causa tiene una causa. Se ha existencia anterior. Si el ser es
substituido por este otro: etoda primero que el no ser, y el no
nueva existencia exige una exis­ ser no puede convertirse en ser,
tencia anterior de donde proce- es necesario que todo cambio y
dai>; el cual tampoco es del todo amplificación de la realidad, la
exacto: la causalidad, en efecto, evolución del universo en cada
no debe definirse en función del momento de su existencia, haya
tiempo; se concibe un ser eterno preexistido virtualmente; esta
sometido a la ley de causalidad. preexistencia virtual de todo
Esta se funda en la contingencia cuanto llega a ser es la causali­
del ser, de donde deriva su insu­ dad. (V. P r i n c i p i o )
ficiencia para existir por sí mis­ Bibl.: Aristóteles, M et., Ph ys.;
mo; de aquí el verdadero enun­ Santo Tomás, Sum. theol., p. I;
ciado del principio de causalidad: I n metaphy. comm., I n Ub. de
«todo ser contingente, que pue­ causis comm.] Suárez, D isp. met.;
de existir o no, exige una razón T. de Regnon, L a Métaphysique
de su existencia». La causalidad des causes, 2.a ed., 1906; D. de
es, pues, el mismo principio de Vorges, Cause efficiente et cause
razón suficiente aplicado a la finale, 1888; Ponsegrive, L a cau-
existencia. Puede considerarse la salité efficiente, 1893* A. Lang,
causalidad como ley universal Kausalproblem , 1904; Theoriz der
dinámica de las cosas, a diferen­ K ausaliid ', 1909; G. Ballerini,
cia del principio de identidad o I I p rin cip ia de causalilá, 1904;
de no contradicción, que es su T. Pesch, Inst. logicales, vol. III;
ley estática; y así como el dina­ Mercier, Ontologie. Y, en general,
mismo universal de la naturale­ los tratadas d ; Metafísica,
za (movimiento, fieri, devenir) Ceguera psíquica.— Suelen denomi­
no es sino una derivación o ex­ nar así los psicólogos a la afasia
pansión del ser, así el principio y amnesia visuales, que a causa
de causalidad deriva del de iden­ de una perturbación cerebral im­
tidad y es analítico como éste. piden reconocer y comprender
La identidad exige la incompa­ las impresiones nuevas-por pér­
tibilidad absoluta del ser con el dida de las imágenes correspon­
no ser; la causalidad exige la in­ dientes o imposibilidad de com­
compatibilidad absoluta de la binarlas. Las sensaciones existen,
existencia con la no existencia, pero no pueden interpretarse.
es decir, la necesidad absoluta de Célula,— (Del latín celia, dim. cellu-
que toda existencia nueva se pro­ la, csldilla, cavidad.) En biolo­
o
gía, primer elemento estructural m ilación y desasimilación, de cre­
de los organismos vegetales y cimiento, de reproducción, y las
animales, «la unidad vital ele­ funciones o modos de reacción
mental». La denominación viene específicos según su naturaleza:
de la membrana envolvente que la contractilidad en las muscu­
la encierra y de su agrupación lares, la secreción en la glandu­
para formar los tejidos a la ma­ lar, el reflejo en la nerviosa, etc.,
nera de celdillas de un panal. que recibe el nombre genérico de
La estructura de la célula, o irritabilidad.
del plastido, que así se llama La célula descrita vive in­
también, de la substancia plás­ dependiente en los organismos
tica envuelta en la membrana, unicelulares (amiba, p. ej.), y se
es muy compleja, y la misma, encuentra también aislada en los
en general, de los organismos organismos complejos; tales son
unicelulares y pluricelulares, ve­ los glóbulos blancos de la san­
getales y animales. La. constitu­ gre. Los organismos superiores
yen tres elementos principales, se forman por multiplicación y
que Son, de fuera a adentro: la diferenciación de las células pri­
membrana envolvente, de relati­ mitivas, agrupándose en un or­
va consistencia; el protoplasma den arquitectural especial, de
celular o, citoplasma (xtiroí, ca­ donde resulta la diversidad de
vidad, y xXcÉa|ia, formación), que tejidos, órganos y aparatos con
en su interior contiene el núcleo; funciones también diversas.
los dos últimos son los elementos Célula nerviosa.— Interesa su
esenciales; el primero falta en estudio a la psicología, por ser
algunas y parece ser de la misma la unidad elemental del sistema
contextura y derivar del proto­ nervioso, órgano éste de la sen­
plasma. El citoplasma está for­ sibilidad y de los movimientos
mado por una substancia semi- espontáneos y voluntarios. Su
líquida, atravesada por una red constitución interior es la gene­
filamentosa; el núcleo encerrado ral de toda célula, pero tiene una
en su membrana contiene un jugo morfología especial.
nuclear, también reticulado, y La masa nerviosa contiene cé­
dentro de él un cordón apelotona­ lulas y fib ra s ; de color gris las
do y na. nucléolo. Todos estos primeras, de donde la denomina­
elementos forman una unidad ción de substancia %ris dada a las
orgánica de modo que cada uno regiones de los centros en que
necesita, para subsistir, da los de­ hay aglomeraciones de células;
más. La fisiología de la célula las fibras son de color blanco, y
comprende las funciones de asi­ se llama substancia blanca la

131
o
parte donde éstas predominan. bol su individualidad indepen­
Pero las células y las fibras no diente.
deben considerarse como ele­ La agrupación de células o
mentos independientes, sino que neuronas en masas más o menos
éstas son a manera de órganos o importantes da origen a los
expansiones de la célula, consti­ centros nerviosos, que presiden:
tuyendo su unión la verdadera unos, la vida de relación {sistema
unidad elemental del sistema céfalo-ra-quídeo) , y otros, la vida
nervioso, o neurona. Lo caracte­ orgánica (sistema del gran sim ­
rístico de las células nerviosas p á tico). (V. S i s t e m a n e r v i o s o .)
(de formas variables: piramidal, Bibl.: Ramón y Cajal, Nuevo
piriforme, esferoidal, estrellada, concepto de la Histol, de los cen­
fusiforme) son las expansiones tros nerviosos, 1893; H istología ;
fibrilares o ramificaciones arbó­ A.Van, Gehutchten, Des découver-
reas del protoplasma en varias tes du Syst. nerv. central, 1891;
direcciones con que comunican Anat. du Syst. nerveux de l'honi-
entre sí. Uno de estos prolonga­ me, 3.* ed., 1901.
mientos del protoplasma es el Cenestesia. — (Del griego ge­
cilindro-eje de las fibras nervio­ neral, y «iaflíjaw;, sensación.) Bn
sas. La función de la neurona es psicología, sensación o sentimien­
el reflejo nervioso: recibir las ex­ to general del cuerpo, resultado
citaciones sensitivas y cambiar­ de un conjunto de sensaciones
las en movimientos, reflejar y vagas y mal definidas, viscera­
propagar unas y otros en todas les, musculares, cutáneas, que
direcciones a las células vecinas acusan el estado del cuerpo, de
por medio de las numerosas ex­ vigor o depresión, el buen o mal
pansiones protoplásmicas y del ejercicio de sus funciones, las ne­
cilindro-eje, y también detener cesidades orgánicas, etc. Se ba­
el curso de la excitación en las ilan comprendidas las sensacio­
vías cerebrales. Conviene adver­ nes cenestésicas en el sentido ín ­
tir que la comunicación de las tim o o conciencia sensible de los
neuronas entre sí no es por con­ escolásticos.
tinuidad anatómica, puesto que Centros cerebrales.— (V . S is t b m a
las prolongaciones fibrilares se n e r v i o s o .)
terminan libremente, sino por Centros de p ro yección y de a so c ia ­
contigüidad y por contacto, se­ ció n . — (V. Sistem a n e rv io so .)
mejando así los centros cerebra­ Cerebro.— (V, S i s t e m a n e r v i o s o .)
les inmenso bosque de árboles Certeza.— (Del latín cevtus-cretus,
cuyas ramas se entrelazasen unas de cerno; del griego xpívu), juz­
con otras, conservando cada ár­ gar.) Es el modo perfecto de co­

132
o
nocer, y se define: determinatio total de motivos {duda negativa,
intellectus ad umtm, fijación de ignorancia) o bien porque las ra­
la inteligencia, determinada por zones no son decisivas o se con­
la conciencia de poseer la verdad; traponen (duda positiva, opi­
adhesión plena del espíritu a lo nión, probabilidad, suposición,
enunciado en el juicio por ser o etcétera).
creerlo verdadero. Tiene la cer­ Hay certidumbres espontáneas,
teza, como todo conocimiento, sin aquilatar el valor de los mo­
un doble aspecto, subjetivo y ob­ tivos determinantes de la adhe­
jetivo; la consideramos como un sión; y reflexivas, acompañadas
estado del espíritu y la atribui­ de la conciencia de los motivos
mos también a las cosas: así de­ que justifican racional y plena­
cimos estar ciertos de un hecho, mente esta adhesión. Las prime­
y también que los hechos son ras no son incompatibles con el
ciertos o dudosos. Pero hablando error, hay certidumbres erróneas;
con propiedad, la certeza es el las segundas excluyen toda posi­
estado de quietud y reposo en­ bilidad de error y fundan la
gendrado en el espíritu por la ciencia. La certeza es in tu itiva o
visión de la verdad, y por exten­ inmediata y mediata o discursi­
sión la atribuimos a las cosas vis­ va; y las dos pueden referirse a
tas. Este aspecto subjetivo tiene verdades ideales, certeza racio­
un fundamento objetivo en la nal, o a hechos reales, certeza de
evidencia de los motivos que im­ hecho, experimental. La división
ponen la adhesión. Evidencia y más importante se funda en la
certeza son, pues, términos co­ naturaleza de los motivos: certe­
rrelativos, puntos de vista obje­ za intrínseca, determinada por
tivo y subjetivo del conocimien­ razones fundadas en la misma
to perfecto; la evidencia es la verdad, y extrínseca, cuando las
misma verdad abriéndose al es­ razones del asentimiento son de
píritu, fijándole en ella y deter­ autoridad; en la fe racional no
minando el asentimiento; la cer­ vemos lo que creemos, pero ve­
teza es el estado de reposo y mos las razones y la necesidad
equilibrio, no sólo de la inteligen­ intelectual que estas razones nos
cia sino del alma toda, resultado imponen de creer. La intrínseca
de su necesidad de verdad satis­ puede Ser metafísica, fundada en
fecha. (V. E v i d e n c i a .) Opónese el principio de contradicción y
la certeza a los estados subjeti­ en la esencia de las cosas, lo con­
vos de incertidumbre y de inde­ trario es imposible, absurdo; fís i­
cisión vacilante entre juicios con­ ca, fundada en las leyes de la na­
tradictorios, bien sea por falta turaleza, que son contingentes,

133
o
y para un poder superior a estas cond. et les lim ites de la certi­
leyes no es imposible lo contra­ tude laqique, 1894.
rio; moral, derivado del curso Cesarismo.— En filosofía social, go­
normal de la vida humana. L a bierno absoluto, despótico. El
primera tiene un carácter de ne­ nombre viene de los Césares ro­
cesidad absoluta; las otras dos manos, «tiranos» en Grecia, que,
son relativas y contingentes. apoyados en él ejército o en el
L a inteligencia está hecha para pueblo, se levantaron sobre las
la verdad, y su posesión es una oligarquías de las clases supe­
necesidad teórica y práctica del riores.
espíritu. Quid enim fortius desi- Cinestésicas ( Sensaciones). ----Del
derat anima quam verilateml Los griego juvr¡ci<;, movimiento, y
escepticismos, ya sean universa­ «¿b07]<j'.í, sensación.) Los psicólo­
les o parciales (positivism o, gos agrupan, bajo la denomina­
idealismo, tradicionalismo, etc.) ción de cineslésicas (sentido ci-
son atentados más o menos ■nestésico), la variedad de sensa­
graves contra la naturaleza de ciones productoras y resultantes
la inteligencia. de los movimientos espontá
El estudio de las condiciones neos, reflejos y voluntarios: con­
de la «ciencia cierta», o de la cer­ tracciones musculares y articu­
tidumbre racional, constituye el lares, esfuerzo, atención y resis­
objeto principal de la C riterio- tencia. Tienen una extensión
logia o Epistem ología. {Véase vastísima, enlazándose por un
E v id e n c ia , Cr e e n c ia , V e r d a d .) lado con la «cenestesia» general,
JBibl.: Leibniz, Nuevos ensayos; pues contribuyen más que nin­
Balines, F ilo s , f u n d lib. I; Sa- guna otra a damos la sensación
vary, L a certitude, 1847; Robert, vital del cuerpo, y de otra inter­
D e la cert. et des formes réc. du vienen en las percepciones de
scepticisme, 1880; De la Barre, los sentidos como elemento de
Certitudes scient. et cert. ph il., acomodación y adaptación. Co­
1897; Mercier, C r ite r io lo g ie i rresponden al sentido general
R. Jeanniére, Criterio logia, 1912; del tacto, ya sea exterior de pre­
Farges, L a crise de la certitude, sión y resistencia a los excitan­
1907; Fonsegrive, Essai sur la tes exteriores, ya interior que
conn. Cert. et verité, 1909; L. J. nos revela los movimientos y
Walker, Theories of knowledge, tensión de los músculos, tendo­
1909; L. Noel, Notes d’epislemo- nes, articulaciones, etc. Las sen­
logie thomiste, 19 5; A. Leclérc, saciones cinestésicas son facto­
Essai crit. sur le droit d'affirm er, res principales en las percepcio­
1901; G. Milhaud, Essai sur les nes visual y táctil del espacio.

IM
c
A cada tipo de sensación res­ perfecto, razonado, demostrado,
ponde otro de imágenes; hay de modo que satisfaga la curio­
imágenes cinestésicas (motrices), sidad y las exigencias del espí­
como las hay visuales y acústi­ ritu. Hay dos maneras de cono­
cas. Las imágenes motrices, aun­ cimiento; de los hechos y de las
que de menor relieve en la con­ causas o las leyes; el primero es
ciencia, tienen una importancia imperfecto, se limita a ver pasar
capital en la organización de los los hechos de la naturaleza sin
movimientos, tendencias y há­ comprenderlos, esto no es cien­
bitos físicos. cia, sino sólo principio de la
Ciencia,— (Del latín scieniia; de ciencia; esta es la idea perma­
scire; saber, conocer.) Antigua­ nente, universal, que domina e
mente, ciencia , sabiduría, filoso­ interpreta los hechos. El vulgo
fía tenían sinónima significación: lee el libro de la naturaleza; el
conocimiento profundo y razo­ sabio interpreta el sentido pro­
nado de las cosas. Platón opone fundo oculto bajo el sonar de
la ciencia, conocimiento del mun­ las palabras.
do de las ideas, eternas e inmu­ Es clásica la definición de la
tables, al conocimiento del mun­ ciencia: conocimiento de las co­
do sensible de la experiencia, sas por sus causas o razones.
sombras vanas, apariencias. Aris­ «Scientia est cognitio rerum per
tóteles distingue tres formas de causas» (Aristóteles y los esco­
la actividad humana: ciencia, lásticos). «Vere scire est per cau­
práctica y arte; saber, obrar y sas scireo (Bacón), Razón, causa
producir. (T o p ., lib. VII, c. I.) ley, son palabras sinónimas que
La admiración y la curiosidad designan las ideas que explican
— dice el mismo—fueron el prin­ y nos hacen comprender las re­
cipio de la ciencia; en presencia laciones de las cosas en las cien­
del orden admirable de la natu­ cias de la naturaleza, y las re­
raleza, el espíritu siente la nece­ laciones de los pensamientos en
sidad de Comprender y explicar. las ciencias ideales; ellas respon­
Esta necesidad proviene de la den al eterno interrogante del
tendencia natural del espíritu a espíritu respecto de toda cosa:
vivir la verdad, quedando in­ ¿Qué es, cómo y por qué es? Aris­
quieto hasta no adquirir la ple­ tóteles reduce a cuatro estas cau­
na posesión de ella. Quid enim sas que explican toda cosa: ma­
— dice San Agustín— desiderat terial y form al (problemas de la
foriius anima quam verilalem? La naturaleza constitutiva de ios
posesión plena de la verdad; esto seres), eficiente (problemas de
es, la ciencia: el conocimiento origen) y fin a l {de orden y de

IÍ5
c
fin). Pero hay que distinguir una Las experiencias del químico
doble causalidad: in essendo, la en el laboratorio no tienen por
causalidad real, un hecho que objeto descubrir los elementos
precede y es la causa producto­ del cuerpo concreto que mani­
ra de otro; y la causalidad lógi­ pula, sino la ley abstracta de
ca, in cognoscendo, un principio, todo cuerpo de la misma natu­
una ley que, por vía de deducción raleza, valedera para todo tiem­
y consecuencia, contiene la razón po y lugar. Los hechos pasan,
y explica las verdades particu­ las leyes y la ciencia subsisten
lares. Y esta es la causa cientí­ al través y fuera del tiempo. El
fica: que la ciencia no es lo ver­ conjunto de estas leyes es la es-
dadero en sí, sino nuestro cono­ presión del orden universal; des­
cimiento y explicación lógica de cubrir este orden necesario, in­
lo verdadero. De aquí la defini­ variable y universal, el fondo
ción: «cognitio rerum per cau­ permanente al través de los cam­
sas», que no ha de entenderse bios y del incesante devenir de
reducción de los hechos a sus las cosas: tal es el fin de la
antecedentes causales, sino a los ciencia.
principios y leyes generales. De Se puede resumir el concepto
este modo la causalidad gobier­ de ciencia: un conocimiento per­
na toda ciencia, y más especial­ fecto, esto es, evidente, demos­
mente la c ie n c ia pura, que, trado por sus razones necesarias
como las matemáticas, se desen­ y universales. La demostración
vuelve en la región de los con­ engetidradora de la evidencia y
ceptos lógicos. de la certidumbre racionales es
De aquí deriva el carácter de la condición de la verdad cien­
necesidad y de universalidad de tífica. Las verdades de hecho,
la ciencia. Se conviene unánime­ que se muestran a la experiencia
mente, después de Aristóteles, en y no se demuestran racionalmen­
que «la ciencia consiste en cono­ te; los enunciados del «buen sen­
cer lo universal». En los Segun­ tido» basados en una certidum­
dos A n a liíicos expone las condi­ bre moral, 110 racional; los asen­
ciones de! saber científico, y fun­ timientos de creencia y de fe;
da en la necesidad la universali­ los juicios simplemente proba­
dad: «lo que es por todas partes bles, las opiniones, las hipótesis
y siempre», opuesto a lo singular y las teorías que tanto intervie­
y concreto, «lo que existe hic et nen en la ciencia, etc., etc., no
nunca, Lo universal y abstracto son ciencia.
«fuera del tiempo y de lugar»: La sinceridad y la probidad
tal es el objeto de la ciencia. científicas exigen no colocar en

136
c
mi mismo plano, y dotadas del tal tienda a utilizar la natura­
mismo valor científico, las ver­ leza, sino a descubrir la trama
dades racionalmente demostra­ compleja de sus fenómenos, a
das al lado de enunciados hipo­ medirlos, aquilatarlos y conden­
téticos, invenciones subjetivas y sarlos en fórmulas generales (le ­
teorías esencialmente variables, yes), de modo que éstas sean
desprovistos de carácter cientí­ una traducción mental lo más
fico. La ciencia, además, en el aproximada, cuando no pueda
sentido estricto, es nn sistema: ser exacta, de la realidad; sin
la organización de un conjmito importarle, en cuanto científico,
de verdades subordinadas a un los beneficios que sus descubri­
principio de unidad; de donde mientos puedan reportar a la
viene la especificación de las humanidad. La ciencia llegó a
ciencias basada en la unidad de constituirse cuando pudo desli­
los objetos formales. garse de los intereses prácticos,
Valor y fin de let ciencia ,—La para vivir en las regiones sere­
ciencia tiene un valor intrínseco, nas y desinteresadas de la es­
intelectual, teórico, como expre­ peculación teórica de la verdad.
sión de la realidad, que respon­ Aristóteles pudo, con tazón, de­
de a la necesidad de verdad, que cir qi e una ciencia es tanto más
es el fin de la inteligencia. excelente cuanto es más in ú til y
Y tiene además otros valores desinteresada: ta] es, por ejem­
extrínsecos, de interés práctico, plo, la matemática pura, y so-
tanto desde el punto de vista brt todo la filosofía, Esta con­
material como de la vida moral cepción intelectualista y dogmá­
y social; pero éstos son secunda­ tica de la ciencia ha sido casi
rios y derivados del fin prima­ unánime entre filósofos y cien­
rio, que es el conocimiento des­ tíficos: la ciencia, con sus pro­
interesado de la verdad. La cien­ cedimientos de investigación y
cia, como tal ciencia, tiene su fin con sus fórmulas-leyes, tiende a
único en la verdad; la ciencia en tina expresión cada vez más
formación es una orientación, exacta de la realidad.
una aproximación cada vez ma­ La crisis- del intelectualismo
yor a la realidad, la ciencia he­ en estos últimos tiempos se ha
cha su posesión plena y defini­ traducido por una inversión de
tiva; las derivaciones de todo los valores científicos; el escep­
género que pueda tener en el ticismo de los filósofos ha des­
orden práctico y utilitario son pertado a los sabios de su sueño
ajenas a la ciencia misma. Nin­ dogmático. Se pretende que los
gún sabio cree que su labor de valores prácticos son los priine-

137
a

ros y hasta únicos. El filósofo vista y un valor y un sentido


Bergson ha sintetizado esta in­ pragmatistas. (Poincaré, Duhem,
terpretación industrialista de la Milhaud, Picard, Le Roy, Lodge,
ciencia. Maxwell, Arrhenius, Verworn,
Supone que la ciencia, en su Vries, Driesch, etc., etc.) Otros,
origen psicológico y en su des­ inspirados en el fenomenismo y
envolvimiento histórico, obede­ el escepticismo de Hume, tratan
ce exclusivamente a las necesi­ de asentar la ciencia sobre la
dades prácticas de la vida, que «experiencia pura» (Avenarius,
estimulan a buscar el medio de Ostwald, Mach, etc.) eliminando
satisfacerlas; el espíritu de la todo elemento intelectual, no
ciencia no es, por tanto, explo­ sólo la idea de causa, sino tan­
ración desinteresada, sino con­ tas otras implicadas en la misma
quista activa, utilitaria, indus­ observación de los hechos. Elimi­
trial. «Considerada la inteligencia nado así el elemento racional, la
en lo que parece ser su tenden­ ciencia no tiene como fin ex p li­
cia original, es la facultad de car ni siquiera conocer los fenó­
fabricar objetos artificiales y de menos, como en la realidad son,
variar indefinidamente la fabri­ sino simplemente describirlos de
cación.» La ciencia, por tanto, una «manera económica». Queda
no debe tenerse como expresión así la ciencia convertida en un
de la realidad, sino como mi ins­ simbolismo vacío de verdad, o
trumento ron que ponerla al ser­ en un recetario de fórmulas prác­
vicio de las necesidades; y sus ticas con que utilizar la natura­
leyes son construcciones simbó­ leza y ponerla al servicio de las
licas, fábvicamenta mentís, fór­ necesidades humanas.
mulas prácticas y cómodas, «re­ Y henos aquí, en los comien­
cetas», que permiten utilizar las zos del siglo X X , muy distantes
cosas sin representarlas. Los y en el polo opuesto de aquellos
cálculos científicos no serían, tiempos no lejanos (segunda mi­
pues, verdaderos en el propio tad del siglo X IX ) de dogmatis­
sentido de la palabra, sino sola­ mo intransigente y de idolatría
mente eficaces. de la ciencia experimental, para
La verdadera definición del la que «no había misterios en el
hombre por su inteligencia no universo», y para la que se re­
es la clásica de homo sapiens, clamaba la dirección «material,
sino la de homo faber. Una gran intelectual y moral de las socie­
parte de los teóricos y críticos dades» (Berthelot). Dos radica­
de la ciencia tienden hoy a dar lismos igualmente distanciados
a ésta una interpretación relati­ de la sobriedad y moderación

138
o
intelectual y de las leyes del por servicios; pero tiene tantas
buen sentido. (V . Co n o c i m i e n t o , dificultades que rara vez se hace
V e r d a d , C e r t e z a .) así. Lo corriente es descomponer
Bibl.: Para la teoría general la operación: vender por dinero
de la ciencia, véanse los trata­ y comprar con dinero. Esta es
dos de Lógica y Criteriologia. la circulación en general. Otra
A. Farges, L a crise de la certitu- acepción de la palabra es aque­
de, 1907; L. Baille, Qu’est-ce que lla que significa el movimiento
la Science ?, 1908; Voullemin, de la moneda y de los substitu­
Qu’est-ce, au fond, que la Scien­ tos de la misma. En este senti­
ce?, 1924; E. Picard, L a science do se dice, por ejemplo: la canti­
moderne et son état achtel, 1905; dad de moneda en circulación,
H, Poincaré, Science et hypothése, multiplicada por el número de
1902; L a valeur de la science, veces usada, es igual al precio de
1913; Duhem, L a théorie physi- las comodidades y servicios mul­
que, 1906; J. Tannery, Science et tiplicados por el número de uni­
P h il., 1912. H. Rikett, D ie P h il. dades vendidas, o sea el total
des Lebens, 1920; A. Aliotta, pagado es igual a la suma de los
L a reazione idealislica coniro la precios de las unidades adqui­
scienza, 191 . ridas.
Ciencia y Filosofía.— (V . ■F il o s o ­ Círculo vicioso,— Sofisma lógico en
f ía .) que se trata de demostrar dos
Ciencia y Religión.— (V. F il o s o f í a proposiciones alternativamente
y T e o l o g í a .) la una por la otra; es una forma
Cí cu'acion económica.—Si cada especial de la «petición de prin­
familia produjese cuanto recla­ cipio», en que se supone demos­
man sus necesidades, la mayor trado lo que se trata de demos­
parte de los problemas económi­ trar. Tiene lugar también en las
cos no existirían. Más del 90 por definiciones cuando se define una
100 de la población varonil y cosa por otra y ésta a su vez
cerca del 20 por 100 de la feme­ por la anterior. (V. Di ALELO.)
nina adulta se dedican a traba­ Circunstancia.— (Del latín cicum-
jar para otros. Perciben por ello stare, rodear.) Uno délos tópicos
dinero que convierten en mer­ de accidente en la lógica de Aris­
cancías, cumpliéndose así el ci- tóteles: antecedentes, concomi­
. cío capitalista marcado por Marx, tantes y consiguientes que con­
dinero-mercanc'la-dinero. Podría curren en un hecho, pero que
acortarse el círculo permutando no tienen con él enlace necesa­
mercancías por mercancías, mer­ rio. Las circunstancias de un
cancías por servicios y servicios hecho solamente engendran pro­

139
o

habilidad en el juicio sobre él: medieval, moderna; griega, ro-


quaiia simt circunstantia, talem mana, etc., etc.
verissimile est esse rem quam civ- La filosofía trata de determi­
cunstant. En. moral y en derecho nar el ideal de la civilización; y
las circunstancias son las causas la verdadera civilización consis­
y condiciones de todo género que te en un estado social de perfec­
rodean, v. gr., un delito, y que ción, de felicidad y bienestar, de
entran como elementos de juicio modo que responda lo más ade­
en la apreciación de la culpabili­ cuadamente posible a los fines de
dad; se resume el conjunto de la naturaleza. Civilización y cul­
ellas en lo siguiente: quis, quid, tura suelen oponerse a naturale­
ubi, quibus a uxiliis, cuy, quomo­ za, considerando algunos (Rous­
do, guando. Las circunstancias seau) las primeras como una des­
pueden agravar o disminuir la viación artificial o corrupción de
responsabilidad o eximir total­ la segunda. Pero la cultura, como
mente de ella, y pueden también el arte, no es más que una inten­
cambiar la especie multiplicando sificación de la naturaleza, el
en cierto modo el delito. desplegainiento racional y orde­
Civilización.— (De civiliza r: del la­ nado de todas las posibilidades
tín civilitas, de civis, ciudadano; contenidas virtualmente en la
maneras corteses, ordenadas y naturaleza. La civilización con­
correctas del ciudadano, en opo­ sistirá en realizar los fines de la
sición a las rudas del salvaje.) naturaleza racional humana. Es­
Podría definirse, si cabe defini­ tos fines son de órdenes diferen­
ción de concepto tan amplio tes: físicos (económicos, indus­
y elástico: «un sistema de fines triales), intelectuales (científicos,
y de valores», orientador y plas­ artísticos) y morales y religiosos,
mador de la vida de los pueblos. que responden a la triple vida
Es sinónimo de cultura en su humana: física, intelectual y m o­
acepción más general, aunque ral-religiosa. Pero estos fines no

esta palabra parece más bien son independientes ni tienen


igual valor, debiendo subordi­
referirse a los valores intelec­
narse todos los fines y los dife­
tuales. En historia y en sociolo­
rentes valores de la civilización
gía, los grados y modalidades al valor supremo integral de la
especiales de la cultura de los vida, al fin moral y religioso que
pueblos según las circunstancias marca el último destino del hom­
de tiempo y lugar; de donde las bre.
diferentes formas de civilización: E l ideal de la civilización,
oriental y occidental; antigua, tanto individual como social,

140
c
consiste, pues, en el desenvolvi­ según los casos): el hombre ha
miento completo, pero subordi­ salido por evolución de los seres
nado y armónico, de la triple inferiores; las leyes de su vida
vida material, intelectual y mo­ deberán, por tanto, ser las mis­
ral. Cuando el equilibrio se rom­ mas, y la fundamental será la ley
pe y los ideales del deber y de biológica de la lucha por la exis­
la justicia se eclipsan en las con­ tencia; el horizonte de su vida
ciencias, no es incompatible una limitado a la existencia aquí aba­
espléndida civilización económi­ jo, herméticamente cerrado a los
ca y aun científico-artística al esplendores del ideal, y su fin
lado de un retroceso y degrada­ reducido a buscar, disputarse y
ción de las costumbres y miseria repartirse la pitanza. El valor
del vivir moral. Existe hoy una único y medida suprema de to­
desproporción enorme entre el dos los valores es el económico.
progreso material y el progreso Esta concepción naturalista es
o, para hablar con propiedad, el esencialmente am oral: sometido
retroceso moral. La ciencia, la el hombre, como todos los seres
economía, la industria, impulso­ del universo, a las leyes inflexi­
ras del primero, se desenvuelven bles del determinismo universal,
en un ambiente de amoralidad. no queda lugar para la libertad,
Y mientras el equilibrio roto no condición de toda noción moral:
se restablezca, la sociedad conti­ ley, deber, responsabilidad, jus­
nuará enferma y presa de epilép­ ticia, derecho, etc., etc., son pa­
ticas convulsiones. El ideal mo­ labras vacías de sentido. No hay
ral es necesario a la vida huma­ derecho sobre el hecho y su prin­
na y fundamento de la sociedad; cipio que es la fuerza. La ley fun­
sin ideales, ésta no subsiste; si damental que preside a la vida
no se vive moralmente, esto es, es la del más fuerte, la ley bioló­
como hombres, será necesario gica de la concurrencia vital, de
vivir como fieras. la lucha por la existencia. La lu­
A dos pueden reducirse los cha y la guerra, que eliminan los
ideales de la civilización, que débiles y dan el triunfo a los
responden a las dos concepciones fuertes y más aptos, no son, por
antagónicas y siempre en lucha tanto, accidentes de la vida, sino
de la vida: la concepción natura­ elemento esencial y condición de
lista y la concepción moral y cris­ todo progreso. Esta concepción
tiana. Considera la primera al naturalista de la vida ha inva­
hombre como «cosas o, si se quie­ dido y saturado los medios so­
re, como «cosa animada», es de­ ciales: ideólogos, científicos, eco­
cir, como bestia (fiera o rebaño, nomistas, políticos, sociólogos.
c
etcétera, han sido sus voceros. va de una edad de oro para la
¿Cómo extrañarse de que la se­ humanidad futura, ha puesto
milla haya crecido y dado frutos todos sus recursos al servicio de
maduros? ¿Con qué derecho, bajo la destrucción. El árbol ha dado
qué título la ciencia naturalista sus frutos: luchas violentas por
protesta de las injusticias y crí­ la conquista económica, guerras
menes sociales, de las luchas hu­ criminales y asoladoras, he aquí
manas y guerras asoladoras, el fruto; el egoísmo de indivi­
cuando ellas son la ley esencial duos, clases y pueblos, feroz y
de la vida y la condición de todo salvaje, he aquí el motor único
progreso? Desde la revolución y la única ley de la vida. Barri­
francesa, una conspiración uni­ dos de las conciencias y de las
versal de ideólogos ha venido sociedades los ideales de la civi­
intentando, con tenacidad cre­ lización cristiana por los maes­
ciente, la eliminación de todo tros del naturalismo, se cumple
ideal moral y más especialmente la ley de la evolución y del pro­
del ideal cristiano, de la dirección greso; pero en sentido inverso,
de las sociedades. La misma fór­ hacia el salvajismo. Este egoís­
mula que resume el «cristianismo mo y esta materialización de la
laico» de la revolución francesa: vida es consecuencia lógica de la
«libertad, igualdad, fraternidad», pseudociencia materialista que,
ha sido cambiada por esta otra, fundada en su dogma de la evo­
que resume el ideal naturalista: lución universal, trata de hacer
«determinismo, desigualdad, se­ regresar la humanidad más allá
lección». La última conclusión, del estado salvaje, hasta las for­
no sólo teórica, sino de realidad mas inferiores de la animalidad,
triste y amarga a que se ha lle­ buscando aquí la explicación ge­
gado es ésta: la fuerza es la ley nética, los elementos y hasta el
suprema, moral y jurídica de la modelo y el tipo de las formas
vida social. El naturalismo evo­ superiores de la vida humana.
lucionista había supuesto que el De todas partes, aun de aque­
progreso material y el progreso llas en donde se habían acogido
moral de las sociedades era uno con simpatía las formas sociales
mismo, o a lo meuos que uno y nuevas, se preguntan si el lega­
otro seguirían un curso paralelo: do que nos dejó el siglo X IX , si
la historia, los hechos, manando el progreso biológico, económico
sangre, dolores y odios, han de­ y político no habrán encamina­
mostrado cuán errónea era esta do la civilización por vías que
suposición. La misma ciencia, habrán de terminar fatalmente
que nos anunciaba la perspecti­ en disolución: crisis de idearios

142
c

directores de la conciencia y la moral cristiano, en lucha perpe­


vida de los pueblos, y substitu­ tua con el anterior: el hombre es
ción de ellos por diletantismos una persona libre con fines supe­
escépticos llenos de vacía insin­ riores a los materiales y econó­
ceridad, en el orden del pensa­ micos, simples medios subordina­
miento; y en el de los hechos, dos al fin supremo de la santi­
crisis de los resortes impulsores dad, al ideal moral de la justicia
de la vida moral y de las bases y del derecho. Parte del princi­
sustentadoras del equilibrio so­ pio fundamental de que los hom­
cial. bres deben mirarse los unos a los
Todo progresa, todo es más otros, no como cosas o instrumen­
y mejor alrededor .leí hombre tos útiles, ni como fieras que lu­
menos el hombre mismo, enfer­ chan por la presa, o como reba­
mo su espíritu de anemia y mi­ ño subyugado por el látigo, sino
seria morales, convertido en una como hermanos que se aman y
rueda más de esta horrible má­ son hijos de un mismo Padre.
quina de nuestra civilización. Esta concepción cristiana del
Este problema de la civilización, hombre, que pone en primer pla­
que es el problema de la vida no el ideal, y el ideal por exce­
integral, se presenta hoy con lencia como son los valores mo­
acentos más agudos que en los rales, la dignidad, el respeto y
tiempos de Rousseau, cuando los derechos de la persona, el
escribía: «En medio de tanta fi­ amor y la fraternidad como ba­
losofía, de humanidad, de polí­ ses de la sociedad, es el principio
tica, de máximas sublimes, no único de la verdadera civiliza­
tenemos más que un exterior ción. El ideal cristiano de la vida
engañador y frívolo, honor sin es caridad y amor; todos los
virtud, razón sin sabiduría, pla­ hombres participan de la misma
cer sin felicidad.# naturaleza y tienen un mismo
En vista de tales ideas y tales fin; son, por consiguiente, herma­
hechos, y de las lacras purulen­ nos. Principio fundamental suyo
tas desarrolladas en el seno de la es la dignidad de la persona hu­
¿ civilización inoderna, son muchos mana, libre y responsable, cons­
.los que creen ver aquí síntomas ciente de su vida gobernada por
de la «decadencia de Occidente* la suprema ley del deber. La ar­
(Spengler) semejantes a los que mónica adaptación de las acti­
determinaron las decadencias de vidades libres al fin supremo ra­
las civilizaciones griega y ro­ cional, y de los individuos en la
mana. sociedad al bien común; he aquí
La otra concepción es el ideal la base del bienestar de los pue­

143
o
blos: el orden, la ley, la justicia, vilización europea, 1.a ed., 1842-
el amor, son los ideales de la 1844; Donoso Corté3, Ensayo so­
vida que la hacen feliz y fecun­ bre el catolicismo, el liberalismo
da, en oposición al desorden, la y el socialism o; Le Play, L a
anarquía, el odio, la tirania, ya const. essentiel de l'kumanité,
sea ésta la personal del dictador, 1881; J. de Morgan, Les prem ié-
o, la cien veces peor, la colectiva res civilisations, 1909; A. Nico­
e irresponsable de las masas. lás, Estudios fil. sobre el C ristia­
Y esta moral del orden, funda­ nism o; T. Pesch, P h il. chrétienne
da en el amor y la justicia, es la de la vie, 1901; J . Vialatoux,
cristiana del Evangelio. Históri­ Idée de civilisa iion dans la phil.
camente, el ideal cristiano ha de S. Thom as; Olié-Laprune, Le
sido el educador de los pueblos p r ix de la vie, 1894.
y plasmador de las civilizacio­ Clase.— En sociología, agrupación
nes; la Iglesia católica es la edu­ de los ciudadanos en categorías
cadora de las antiguas socieda­ según el nacimiento, la profe­
des paganas y de los pueblos sión, la cultura, la posición eco­
bárbaros y salvajes. Ninguna nómica, etc. En los pueblos an­
institución puede ostentar como tiguos, las clases eran más o me­
ella el titulo de maestra univer­ nos cerradas, constituyendo las
sal de la civilización, de tal modo castas. Desde la nivelación igua­
que, bajo este respecto, la historia litaria producida por la revolu­
de la humanidad comprende dos ción francesa, que abolió los pri­
épocas, anterior y posterior a la
vilegios de nacimiento, fuera de
civilización cristiana.
las profesionales apenas quedan
El racionalismo y el natura­
otras clases en los países civili­
lismo modernos significan una
zados que las de orden económi­
ruptura con la civilización cris­
tiana y un retorno al egoísmo co: ricos y pobres, capitalistas y
materialista del antiguo paga­ trabajadores, en lucha constan­
nismo y a la glorificación dé los te, agudizada por el régimen in­
Instintos de la animalidad pro­ dustrialista moderno. La verda­
pios del estado salvaje. dera nivelación y armonía de las
Bíbl.: San Agustín, De civitate clases sólo puede fundarse en al­
D ei; Bossuet, Discours sur l ’his- tos motivos de moral y de cari­
toire univer selle; G. Kurth, Les dad cristianas.
origines de la civilisaiion moder­ En las ciencias naturales, da­
na, 1886; J. Balines, E l protes­ se es cada uno de los tipos gene­
tantismo comparado con el catoli­ rales en que se ordenan, para su
cismo en sus relaciones con la c i­ estudio, los seres de la natura­

144
c
leza, según las analogías y dife­ miento acabado de todos los
rencias. caracteres, de su importancia re-
C lasificación . — Agrupación de las lativa y de sus relaciones causa­
ideas y los seres en clases o ca­ les, lo cual es imposible. Impo­
tegorías. Hay una clasificación sible, en efecto, determinar en
general de las ciencias, y cada las clasificaciones naturales cuá­
ciencia ordena sistemáticamente les son los caracteres esenciales,
su -i conocimiento .¡ según un plan dominantes y más significativos,
lógico: las ciencias abstractas y cuáles los subordinados y se­
distribuyen los conceptos en ca­ cundarios; de aquí lo variable y
tegorías, las ciencias concretas convencional en mayor o menor
analíticas sintetizan los fenóme­ grado de todas ellas. Así, Tour-
nos en leyes, las descriptivas nefort funda la clasificación ge­
agrupan los seres en clases. En neral de las plantas en la presen­
estas diversas formas de clasifi­ cia o ausencia de corola, Linneo
cación, el procedimiento es subs- en los estambres y pistilos, Jus-
tancialmente el mismo: la induc­ sieu en los caracteres del em­
ción analítica y la comparación, brión. (V. G e n e r a l i z a c i ó n , I n ­
la abstracción y la generaliza­ d u c c i ó n .)

ción; la clasificación, en efecto, Cleptomanía.— (Del griego -/Aéirretv,


no es más que una generalización robar.) En psiquiatría, tenden­
sistemática y precisa, y como cia morbosa, impulso irresistible
ésta obedece a la necesidad in­ a robar.
telectual de unificar y poner or­ Coacción.— (Del latín coactus: obli­
den en las ideas, y por medio de gado.) Presión física o moral
las ideas en las cosas. ejercida sobre la voluntad, que
h& clasificación debe seguir el disminuye o impide la libertad
orden real de las cosas o aproxi­ de acción exterior, pero no su­
marse lo'más a él; las puramente prime la libertad interior.
metódicas o mnemotécnicas pue­ Se llama libertad de coacción,
den ser útiles, pero no son ver­ o extrínseca, la ausencia de toda
daderas; que hay verdad, no sólo violencia exterior; en contrapo­
en los conocimientos aislados, sición a la libertad de necesidad
sino también en su ordenación interior o de indiferencia, en que
sistemática cuando se ajusta al consiste la esencia de la libertad.
orden natural de las cosas. En derecho, recurso a la fuer­
I<a clasificación perfecta seria za para obligar al cumplimiento
*la expresión exacta y completa del derecho. Autores hubo que
de la naturaleza entera»; para tuvieron como característica el
esto seria necesario un conoci­ derecho a la coacción: miraban

145 10
c
al Estado como el órgano del de­ chos en el tiempo. La coexisten­
recho, y le asignaban como fines cia es una relación extrínseca y
su declaración y cumplimiento, accidental; pero en ciertas con­
incluso con la fuerza, cuando no diciones puede ser reveladora de
se realizaba espontáneamente. otras relaciones más profundas,
De este modo despojaron al de­ intrínsecas y necesarias. La uni­
recho de su atributo más signi­ formidad constante en la apari­
ficativo: la facultad de opción, ción simultánea de dos fenóme­
el ser libre o potestativo. Bre­ nos, indica que entre ellos hay
vemente, si el cumplimiento una relación intrínseca de depen­
material de los deberes no es dencia causal: aquí está el fun­
cumplimiento del deber, el cum­ damento de la inducción y de
plimiento forzoso del derecho las leyes de la naturaleza.
es cumplimiento del derecho, no Para explicar la coexistencia
Codificación.— (Del latín codex, có­ constante de los fenómenos no
digo, y facere, hacer.) Para re­ hay medio entre la casualidad
mediar la dificultad enorme de y la causalidad; el positivismo
conocer el derecho vigente dic­ elige la primera; pero la casua­
tado según lo reclamaba el bien lidad es una palabra vacía de
común circunstancial, se pensó sentido filosófico y científico.
en la codificación como sistema Cogitatlva.— Denominación dada
lógico de leyes vigentes en un por los escolásticos a la facultad
país. El hecho solo de que los estimativa o sentido apreciativo
mismos codificadores viesen la de lo útil y conveniente de las
necesidad de revisar de cuan­ cosas, coimin al hombre y al ani­
do en cuando los respectivos có­ mal, pero que en el hombre ad­
digos, dice ya lo bastante acerca quiere grados superiores de des­
del valor de los mismos. Y es que envolvimiento por la influencia
encerrar la vida en fórmulas rí­ de las facultades racionales. Por
gidas y concretas parece impo­ imitar a la razón en sus a modo
sible. ¿No sería preferible asen­ de juicios individuales e inferen­
tar sólidamente en los códigos cias de lo particular a lo par­
las normas directrices de la jus­ ticular, era denominada también
ticia y dejar a la equidad ancho «razón particular».
campo en que moverse y actuar? ((Cogito ergo sutm.—«Pienso, luego
Coexis' encia.—Relación temporal y soy». Principio puesto a la filo­
espacial de las cosas que existen sofía por Descartes, deducido de
al mismo tiempo y en el mismo su duda metódica. Apremiado
lugar; pero más particularmente por la duda— dice— elimino su­
expresa la coincidencia de los he­ cesivamente de mis creencias las

146
o

enseñanzas de la tradición pri­ minos. San Agustín contra el es­


mero, después el testimonio de cepticismo de la nueva Acade­
los sentidos, las afirmaciones del mia: S i enim fallor sum. N a m
sentido íntimo y, por último, el qui non est utique nec fa llí potest,
objeto de los conocimientos más ac per hoc sum si fallar. Quia
simples y generales, relativos a ergo sum si fallor, quomodo esse
la extensión, al número, etc. me fallor, quando certum est esse
Después de haber dudado de me sj, fallor? (D e civ. D ei, lib. I,
todo esto, quedo yo, que me re­ c. 27).
presento las cosas de que dudo, Y en otra parte: S i dubitat,
«no hay, pues, duda de que yo v iv it; si dubitat, unde dubitet
existo, aunque me engañe...» Co- m em init; si dubitat, dubitare se
gitatio, hese sola a me divelli in te llig it; si dubitat certus esse
nequit, ego sum, ego existo, cer- v u li; si dubitat, cogitat; si dubi-
íum est. «Q uid ig itu r sum?, res tat, scit se nescire; si dubitat, ju -
cogitans; quid est hocP, nempe dicat non se temere consentirá
dubitans, intelligens, affirmans, oportere. (D e T rin it., 10.) En
negans, volens, nollens, im a g i- otro lugar establece el siguiente
nans quoque et sentiensjt ( Medit. diálogo entre él y la razón:
1.a y ,a.) R. T u qui vis te nosse, seis esse
Descartes pretende fundar en te?—A. Scio.— R. Unde seis?—
este principio único el conoci­ A. Nescio. — R. Sim plicem te
miento y la filosofía de toda la sentís, anne m ultiplican? •— A.
realidad: y así el cogito ergo sum Nescio, —R. M o v e ri te seis?—
res cogitans se completa con este A, Nescio.— R. Cogitare te seis?
otro: cogito ergo sunt res cogítala. A. Scio. — R. E rgo verum est
Aparte de la duda metódica uni­ cogitare te?— A. Verum. ( Soliloq.,
versal, imposible y contradicto­ lib. II, c. I.)
ria, el famoso cogito no es prin­ Bibl.: I,. Blanchet, Les A n té-
cipio que puede fundar toda la céd. hist. du «je pense, done je
filosofía, sino simplemente la suisir, 1920.
consignación de un hecho, con­ Cognoscibilidad.— Condición de las
dición primera de todo conoci­ cosas y razón por la que éstas
miento. El prim um cognitum no son representables y pueden ser
es el yo, sino el objeto. Y como objetos del conocimiento.
consignación de un hecho al que Colbertismo.— Mingheti llamó así a
el escepticismo no puede llegar, las innumerables msdidas toma­
le encontramos a cada paso en das por los Estados europeos al
la historia de la filosofía, a ve­ comenzar la Edad Moderna para
ces formulado en idénticos tér­ asegurarse grandes cantidades de

147
c
metal precioso, agrandar el co­ cés Varlin.» (V. S o c ialism o , Co ­
mercio de exportación, impulsar m u n is m o .)
las industrias manufactureras, Colectivo.— (Del latín colligere, re­
favorecer el aumento de pobla­ unir.) Nombres e ideas que ex­
ción y restringir los lujos. N i to­ presan muchos seres relaciona­
das tuvieron éxito, ni en todos dos en unidad: colligere plura in
los países se siguió idéntico pro­ unum , reunión de muchos se­
ceso; unos exageraron, otros se res en uno. De dos maneras un
condujeron tímidamente. La po­ concepto se refiere a la plurali­
sición más ventajosa fué la de dad, según que el principio de
Colbert, y de ahí la denomina­ unidad sea la comprensión o la
ción del sistema en su forma más extensión de las ideas: la colec­
aceptable. tividad nace de la comprensión,
Colectivismo.— Teoría económico- y la extensión da origen a la
social que despoja al individuo universalidad (u n u m versus plu-
del derecho a la propiedad para rim a) . Lo colectivo y lo univer­
vincularla en las colectividades sal, no solamente son distintos,
o en el listado. sino contrapuestos, estando en
En el prólogo que J- Guillau- razón inversa uno de otro como
me puso a las obras de Bakou- la comprensión y la extensión;
nin se lee lo siguiente: «En el en el primer caso, la pluralidad
Congreso general de la Interna­ funda la unidad; en el segundo,
cional en Basilea (1869), la casi la unidad es el elemento genera­
unanimidad de los delegados de dor de la pluralidad. La colec­
la Internacional se pronunció tividad resulta de la adición o
composición de elementos; la
por la propiedad colectiva; pero
universalidad, al revés, se hace
pudo observarse ya que había
por substracción y análisis; la
entre ellos corrientes distintas:
más numerosa y amplia colecti­
los unos, ingleses, alemanes, sui-
vidad reside en lo concreto; la
zoaleinan.es, eran comunistas de máxima universalidad, por el
Estado; los otros, belgas, espa­ contrario, en la máxima abs­
ñoles, suizofranceses y casi to­ tracción.
dos los franceses, eran comunis­ Cólera.— (Del griego ^óXspct, de
tas antiautoritarios, federalistas hiel, bilis.) Por metáfo­
o anarquistas, que tomaron el ra, temperamento bilioso, agrio,
nombre de colectivistas. Bakounin amargo, propenso a los accesos
pertenecía a esta segunda frac­ de ira. Movimiento pasional de
ción, en la que se contaban tam­ irritación violenta ante las con­
bién el belga De Paepe y el fran­ trariedades difíciles o imposibles

146
o
de vencer. Los escolásticos enu­ solo hombre se realizan con el
meran la cólera entre las cinco trabajo combinado. Empresas
pasiones del apetito irascible que que se hacen competencia, se
da el nombre al género y es la combinan para economizar gas­
principal de todas ellas: sinóni­ tos de producción y asegurar la
mo de ira (en latín ira, ir asá, venta de los artículos a precios
ivascibilis). (V. Ira.) de monopolio o muy próximos
Colonia.— (Del latín colonia, de a él. En otro sentido, significa
oolonus, labrador.) Entre los ro­ combinación aquella ordenación
manos adquirió celebridad la de los factores productivos en la
siguiente definición: gente envia­ proporción más conveniente para
da a poblar cierta tierra, culti­ ganar más. No se puede estable­
varla y defenderla. Durante bas­ cer a priori cuál es la combina­
tante tiempo ha persistido la mis­ ción más ventajosa; pero la ex­
ma idea; pero en la actualidad perimentación marca las orien­
se está operando una trasforma- taciones.
ción muy honda, Los pueblos Comodidades.—Término usado co­
fuertes, exuberantes de pobla­ rrientemente para designar los
ción, la dispersan por todos los bienes económicos materiales y
ámbitos del mundo, 110 sólo con loa servicios de carácter per­
el fin de colocarlos, sino con el sonal.
de servirse de ellos como repre­ Comercio.— Profesión habitual de
sentantes y agentes de los inte­ compra de productos pata ven­
reses nacionales. Ellos dan a co­ derlos con lucro. El comercio filé
nocer mercados, contribuyen a mirado con malos ojos durante
la formación de los mismos, de­ mucho tiempo por el carácter de
nuncian riquezas ocultas, se les las personas que lo ejercían y
ayuda en la explotación de ellas por los efectos que causaba en
en beneficio de la metrópoli, es­ los que compraban. La locuaci­
parcen la cultura de su país, su dad tan típica del vendedor am­
lengua, sus costumbres; en mía bulante, fósil vivificado del co­
palabra, se trata de formar im­ merciante primitivo, permite
perialismos nuevos, cuyo último presumir que no hay verdad en
término no es fácil de percibir, la mayoría de las cosas que dice;
aunque se denuncia bastante el sin embargo, embauca, y los in­
interés de sobreponer la raza co­ felices engañados, no sólo no
lonizadora hasta en convivencia confiesan el engaño, sino que
con los colonizados. aun exageran más lo oído al co­
Com binación econ óm ica.— T a re a s merciante, por lo cual se gene­
que su p eran la c a p a cid a d de u n raliza el uso de los artículos ven­

149
o
didos, se crean nuevas necesida­ guen con la muerte o insolven­
des, se dificulta la satisfacción cia de algún partícipe) y por la
de otras más urgentes, se intro­ dificultad de admitir nuevos so­
duce el lujo corruptor y se des­ cios o substituirlos por otros, ya
ordena la vida familiar. No obs­ que se necesitaría la conformidad
tante, hoy, por la utilidad de de todos. Tiene, sí, la ventaja de
tiempo y de lugar que el comer- constituirse y disolverse con fa­
d o añade a la de forma, se le cilidad, así como de adaptarse a
da por legítimo y productivo. lo que las circunstancias exijan,
Gracias a él, lo superfluo se tras- pero sólo en casos en que el nú­
forma en útil, lo caro en barato, mero de socios sea pequeño. En
lo inasequible en vulgar; en una una palabra, ha de aproximarse
palabra, aumenta la riqueza y mucho a la empresa individual
el bienestar. La vida de los pue­ si quiere vivir con soltura. La
blos cultos se uniforma cada vez comanditaria tiene socios geren­
más gracias al comercio. Por él tes, responsables ilimitadamente,
disfrutamos de mercancías que y comanditarios con responsabi­
no podemos producir, o que pro­ lidad limitada al capital aporta­
ducidas por nosotros nos resul­ do. La posibilidad de abusar sin
tarían más caras, o que podría­ que los comanditarios puedan
mos producir a un precio más oponerse basta para marcar los
bajo, pero que obteniéndolas en peligros de esta compañía. F i­
cambio de nuestros productos nalmente, la anónima es la per­
resultan a un coste inferior. Tie­ sonalidad jurídica resultante de
ne razón Ricardo cuando dice: la aportación de capitales que
«Con una suma dada de trabajo se han de destinar a empresas
y capital podemos obtener una grandes y arriesgadas. La res­
cantidad mayor de todos los ar­ ponsabilidad limitada al capital
tículos tomados en conjunto.d suscrito, la permanencia, estabi­
Compañía.—Empresa colectiva. Se lidad y duración proporcionadas
distinguen tres: regular colecti­ a los fines qns persigue, la con­
va, comanditaría y anónima. En centración del poder ejecutivo,
la primera todos los socios son la trasmisibilidad de los títulos
responsables ilimitadamente. Y a constitutivos del haber social, la
esto tiene sus inconvenientes, posibilidad de hacer partícipes a
agrandados después por la difi­ todos o casi todos y la facilidad
cultad de retirarse uno de los de reunir cantidades enormes
socios sin deshacer la compañía merecen seria consideración. No
o comprometiendo el negocio obstante, desaparece aquel po­
(efectos que naturalmente se si­ der mágico de la propiedad que

150
c
convierte la arena en oro. Todas el orden económico actual se re­
las hermosas cualidades que ad­ sume en el empeño que todo el
miramos en el buen proveedor mundo pone para adquirir la
se borran aquí, ya que nadie ve mayor cantidad posible de ri­
todo el enredo que media entre queza a cambio de comodidades
la colocación de un capital en producidas o servicios prestados.
una de estas empresas y la per­ Exceptuados los ociosos, parási­
cepción del correspondiente divi­ tos y bribones, el resto intenta
dendo. Si peligrosa se creyó la descubrir lo que otros necesitan
propiedad en mano muerta, pe­ urgentemente para acertar des­
ligrosa parece en manos que la pués con los medios mejores de
imprimen tanta movilidad que satisfacer esas necesidades, sin
apenas se ve. «[Hacienda, hacien­ descuidar un punto capital: ce­
da, tu amo te vea!#, decían, con der lo menos posible a cambio
gran sentido, nuestros antepa­ de lo deseado por ellos. Por con­
sados. siguiente, el éxito de la concu­
Com paración. —Atención simultá- rrencia está enlazado con la riva­
i nea o sucesiva a varios objetos lidad, por una parte, y por otra,
para descubrir las relaciones en con la astucia. Tiene rivales en
tre ellos; es precedente necesa­ los del mismo oficio, necesita as­
rio del juicio en que se afirman tucia con los de otros oficios que
relaciones, y todos los discursos le proporcionan lo que necesita
de la inteligencia, en su marcha o desea. La intensidad de la com­
hacia la verdad, se reducen a se­ petencia no es siempre idéntica:
ries de comparaciones. a veces quiere la muerte y des­
Com petencia o Concurrencia.—En trucción de las empresas rivales.
economía, proceso mediante el Le basta para ello conocer los
cual se afirma el predominio de gastos de producción y la capa­
unos y el aniquilamiento de cidad propia y. ajena de soste­
otros. Inglaterra, con su gran nerse sin ganar. SÍ supera en esto
sentido práctico, se adelanta a a sus rivales, fija precios que no
todos los países europeos en este dejen ganancia, y unos y otros
punto. Ella es la primera que desaparecerán. Dueño dsl cam­
enarbola el banderín de la liber­ po, se resarce de las pérdidas con
tad económica; pero correspon­ precios de monopolio. Pocas ve­
de a Francia la divulgación y ces se llega hasta aquí. Es de­
sistematización de la doctrina masiado rastrero el procedimien­
que se resume en el laísssr-faíre, to, y el temor de incurrir en el
laisser-passer, le monde va de lu í odio fratricida de sus mismos
méme. A consecuencia de esto, compañeros de profesión indica

151
c
la conveniencia de ensayar otros las censuras que se dirigen a la
procedimientos de efecto más concurrencia, hoy por hoy es el
inmediato y más ventajoso. mejor sistema de organización
Todo se reduce a buscar medios económica. Si a la Economía co­
con los cuales disminuya gra­ rresponde resolver el problema
dualmente el gasto de produc­ de la máxima satisfacción de las
ción y aumente el margen de di­ necesidades humanas con el me­
ferencia entre coste y precio, con nor esfuerzo, esa solución es más
lo cual se asegura una cuasi fácil en un régimen de compe­
renta real bastante preferible a tencia que en el de monopolio.
un monopolio problemático. Cla­ La competencia vigila cuidado­
ro es que con esto se aleja el samente al público consumidor
momento de que abandonen el y, tan pronto como observa en
campo los menos eficientes y él un desso suficientemente in­
desciendan los precios; pero no tenso de disfrutar de ciertas co­
por eso persistirán indefinida­ modidades, hace derivar hacia
mente, sino que los concurren­ la producción de las mismas tra­
tes marginales o premarginales bajos y capitales que hasta aho­
lo irán haciendo Sucesivamente ra se empleaban en comodidades
a medida que encuentren ocupa­ menos apreciadas, y así, con el
ciones más lucrativas. Hemos mismo gasto de energía produc­
supuesto en lo dicho que la con­ tiva, logra la satisfacción de las
currencia se mantiene dentro de necesidades más urgentes.
la moralidad; pero, desgraciada­ Complejo.—Sinónimo de compues­
mente, abundan los atentados a to, sintético, por oposición a
la moralidad, y de aquí la inter­ analítico y simple. La realidad
vención del Estado. Los fraudes concreta y la vida de los seres
consumados en este orden pasan del universo es esencialmente
de lo verosímil. La explotación sintética y compleja, en oposi­
de menores, mujeres y débiles ción a los conceptos analíticos
ha hecho época. Por esto la po­ con que piensa esta realidad la
lítica social se propone igualar inteligencia.
ventajas e inconvenientes hasta Se dice en lógica de los térmi­
poner a cada uno en igualdad nos, de las proposiciones y de
de oportunidad que trasforme los silogismos: el término com­
la lucha asesina en honrada plejo consta de dos o más, for­
disputa, que gradúe los éxitos en mando un solo sujeto o predica­
proporción a la energía y habili­ do de la proposición, siendo uno
dad de los contendientes. Queda el principal y los otros comple­
dicho con esto que, a pesar de mento accidental determinativo

152
o
o explicativo del principal; las substancia compleja o de los ac­
proposiciones complejas lo son, cidentes en el principio substan­
o por la complejidad de los tér­ cial), y accidental (unión de seres
minos, o por la forma o modo bajo una forma accidental, cua­
de expresar la relación entre és­ litativa, cuantitativa o de rela­
tos, modales; finalmente, los si­ ción). La composición puede ser
logismos complejos resultan del orgánica (unidad y correlación
carácter complejo de las propo­ de funciones, v. gr., en los vi­
siciones. vientes), cuantitativa (espacio y
Composición» Compuesto.— (Del la­ tiempo, extensión y movimien­
tín cum-positus, dado juntamen­ to), cualitativa , estática, dinám i­
te, unidad de muchos.) En me­ ca, etc. De aquí viene el que los
tafísica espresa la identidad de seres compuestos bajo mi aspec­
lo distinto, la pluralidad relacio­ to sean simples bajo otro: así, en
nada en unidad. Los seres de química, son cuantitativamente
la naturaleza, inetafísicamente compuestos todos los cuerpos,
unos, aparecen a la inteligencia sean simples o compuestos cua­
como conjunto de elementos o litativamente. Todos los seres
determinaciones formando un creados contienen algún género
todo: unum in actu, pia ra in po- de composición; la simplicidad
tentia; la unidad es como la for­ absoluta es exclusiva de Dios.
ma y la pluralidad la materia El alma humana excluye toda
del ser compuesto. composición cuantitativa, no se
El compuesto será lógico o real, extiende en formas de espacio;
según que la unidad sea produc­ en la vida psicológica todo está
to de la inteligencia (los concep­ en todo; pero no excluye la com­
tos y leyes universales abarcan posición metafísica de potencia
una totalidad de seres o fenóme­ y acto, de esencia y existencia,
nos cuya existencia individual es de substancia y actividades; fi­
independiente), o una forma real nalmente, los cuerpos, además de
de dependencia de los elementos la anterior, están dotados de
entre sí y con la unidad total. composición física cuantitativa.
La composición real puede ser (V. U n i d a d , S im p l ic id a d .)
metafísica, impropiamente lla­ En lógica, proposiciones com­
mada composición, cuyos ele­ puestas, las que constan de más
mentos se conciben pero no sub­ de un sujeto o predicado; silo­
sisten separadamente (potencia gismos compuestos, serias de si­
y acto, esencia y existencia), y logismos enlazados entre sí.
física , que puede ser substancial Comprensión, — (Dal latín com-
(unificación de elementos en la prehendere, comprender.) Se dice

153
c
en general del conocimiento: tituyen la base de los razona­
perspicacia, penetración intelec­ mientos inductivo y deductivo:
tual de las cosas. En lógica, la la inducción es un desenvolvi­
comprensión significa el conjunto miento analítico de la compren­
de notas o determinaciones que sión para terminar en la genera­
entrañan las ideas y en que és­ lización; la deducción es una re­
tas se resuelven analíticamente, solución de la extensión general
opuesta y correlativa de la ex­ en sus particulares de mayor
tensión, que expresa la relación comprensión. Toda la analítica
de las ideas universales a los in­ del juicio y la dialéctica se re­
dividuos. La primera se refiere ducen, en Aristóteles, a estable­
al aspecto cualitativo de las cer las relaciones de las ideas en
ideas, la segunda al cuantitati­ razón de la comprensión y de la
vo, hallándose en razón inversa extensión. (V. I d e a .)
una de otra en los grados de Comunismo.— Sociedad en la cual
universalización conceptual: a reina la completa comunidad de
medida que la extensión aumen­ bienes. Si ésta es incompleta,
ta, disminuye la comprensión, y verbigracia, comunismo de bie­
viceversa; la máxima extensión nes de producción, ya no es co­
de la idea de ser carece de com­ munismo, sino socialismo. Por
prensión, y la máxima compren­ otra parte, el anarquismo puede
sión de los individuos carece de ser comunista, mientras que
extensión. Kn los juicios, la com­ anarquismo socialista sería una
prensión y la extensión expresan contradicción. Ensayos de comu­
la doble relación inversa, cuali­ nismo propiamente dicho no se
tativa y cuantitativa, del sujeto encuentran, ya que ni el mani­
y del atributo: el atributo es una fiesto comunista de 1847, ni las
determinación cualitativa conte­ colonias de Owen, ni las reduc­
nida en la comprensión del suje­ ciones paraquarenses, realizan
to, y éste una determinación por completo la comunidad de
cuantitativa de la extensión del bienes. Kropottin, ccloso defen­
predicado; en los juicios afirma­ sor del comutdsmo basado en el
tivos el sujeto se toma en toda concurso anónimo de la colecti­
su extensión, pero no en toda su vidad al producir la riqueza, re­
comprensión, al revés del predi­ conoce que el tránsito hasta el
cado, que se toma en toda su comunismo no puede hacerse sino
comprensión pero no en toda su por procedimientos revoluciona­
extensión; lo contrario sucede en rios, lo que equivale a decir que
los negativos. Finalmente, la no es viable. La Mano Negra del
comprensión y la extensión cons­ año 83, el terrorismo de los 95

154
c

y 96, 907 y 908, y los más re­ a un sentimiento o tendencia ins­


cientes hechos conocidos de la tintivos de objetivación (Reid),
generación actual denuncian un ya a una inferencia causal de la
estado anárquico con tendencias razón (Descartes, Cousin), o ya
comunistas que confirman lo al trabajo de asociación empíri­
dicho. ca de la conciencia (Stuart Mili,
Concebible.— Accesible a la razón, Taine).
comprensible. Se dice de lo con­ Concepto.— Sinónimo de idea, for­
forme a las leyes absolutas del ma abstracta y universal con que
pensamiento y de la realidad, y la inteligencia piensa las cosas.
es sinónimo de posible o no con­ Se opone a la imagen concreta
tradictorio; de lo que alcanza la ¡ y a las intuiciones de la expe­
capacidad intelectual humana; y j riencia. Kant llama conceptos a
se usa también como sinónimo las formas a p rio ri y generales
de lo imaginable o que está al del entendimiento, en contrapo­
alcance de nuestra previsión. sición, por un lado, a las ideas
Concebir.—Significa, ya la cons- j absolutas de la razón, y por otro,
tracción y expresión ideales, ya [ a las intuiciones de los sentidos.
la asimilación intelectual y la I Conceptualismo.— Se refiere al pro­
comprensión de las cosas: se con­ blema lógico-metafísico de los
cibe un sistema o una teoría, y ¡ universales, central en las especu­
se concibe también la explica­ laciones de la Edad Media. En­
ción racional de un hecho. tre las dos soluciones extremas,
Concepción.—Acto de concebir o nom inalism o , que reduce los uni­
de asimilación intelectual. Cons­ versales a simples palabras, fia -
trucción ideal y discursiva de la tus vocis (Roscelin) y niega la
inteligencia, en oposición a la universalidad a la inteligencia y
percepción real o intuición. a las cosas, y realismo (Guillermo
Concepclonism o. — Teoría de la per­ de Champeaux), que identifica
cepción exterior, opuesta al in - las mismas cosas en la universa­
tuicionismo o percepcionismo. No lidad, está el conceptualismo, que
habiendo percepción inmediata puede entenderse de dos mane­
sino de los hechos subjetivos, la ras: una, vecina del nominalis­
idea de exterioridad y la creen­ mo, supone que la universalidad
cia en la realidad de las cosas del de los conceptos es producto o
mundo nos vendría, no de la per­ forma pura de la inteligencia sin
cepción inmediata de éstas, sino base alguna real; la otra, en sen­
de la actividad de la conciencia. tido realista, supone que los con­
El mundo sería, por tanto, cons­ ceptos son universales y en la
trucción del espíritu, debida, ya realidad todo existe individual­

155
o

mente, pero los individuos reali­ se T e o r ía d e los u n iv e r s a l e s .)


zan en la existencia ideales co­ Conciencia.— (Del latín conscientia,
munes y uniformes que fundan conscius, conscire, con conoci­
la objetividad de los conceptos miento de lo que se hace.) De
y de la ciencia universales: fo r- significación varia y equívoca.
maliter in mente, fundamentaliter En la antigüedad griega y lati­
in re; esta es la teoría general de na, en los Santos Padres y en
los escolásticos; es, por tanto, los escolásticos tiene un sentido
conceptualista y realista a la vez, práctico (prudencia, sindéresis),
y se la designa con el nombre y más especialmente ético (co n ­
de realismo moderado. Ordinaria­ ciencia m oral: que se refiere, ya
mente, el conceptualismo se en­ al conocimiento de los principios
tiende en el primero de estos dos morales — habitus p rin cip io ru m
sentidos, y su nombre suele ir operativi — , ya a los juicios prác­
unido a Abelardo en la historia ticos de discernimiento del bien
del pensamiento medieval; pero y del mal).
es muy poco probable que Abe­ Hasta los tiempos de Leibniz
lardo defendiera este conceptua­ no comenzó a usarse la significa­
lismo nom inalista; sus escritos, ción psicológica, equivalente a
al contrario, parecen contener en «pensamiento)) en el sentido car­
germen la solución alberto-tomis- tesiano, unlversalizada después
ta. El conceptualismo nominalista en la filosofía moderna, para de­
se encuentra principalmente en signar el conocimiento interior,
Occam y en la escuela lerminista subjetivo (conciencia psicológica,
de la decadencia escolástica. El sentido intim o) . Mundo de la con­
problema de los universales es ciencia, hecho de conciencia,
también central en la filosofía realidad consciente, son sinóni­
moderna, aunque el punto de mos de psicológico, subjetivo,
vista sea otro: la génesis y crí­ interior; en oposición al mundo
tica del conocimiento. Las solu­ físico, objetivo, exterior. Bajo la
ciones fundamentales también influencia del idealismo, con­
son análogas: al nominalismo ciencia y conocimiento han ve­
responde el positivism o; al rea­ nido a usarse como términos de
lismo radical, los panteísmos significación equivalente. Los in­
transcendentales; al conceptua­ gleses y los alemanes suelen em­
lismo puro, el formalismo kan­ plear dos palabras diferentes
tiano, y, finalmente, al realismo para designar la conciencia mo­
moderado, el ideo-realismo, que ral y la psicológica: Conscience y
armoniza la idealidad de la cien­ Consciousness, Ge wissen y Be wus-
cia con la objetividad real. (Véa­ stsein.

156
o
Finalmente, en sentido vulgar, la sensibilidad y en general de
designa el juicio acertado y jus­ todas las funciones orgánicas,
to, apreciativo de las cosas y de llamada también sentido intim o,
las acciones en los distintos ór­ que en diferente grado se en­
denes de la vida: conciencia reli­ cuentra en toda la escala animal;
giosa, moral, social, política, ar­ y la intelectiva o racional, que in­
tística, profesional, etc. forma la vida superior de la in­
Conciencia psicológica. —■In­ teligencia y de la voluntad libre,
tuición inmediata de los hechos abarcando en forma de juicios
interiores o subjetivos, el acto más o menos explícitos la esfera
por el que el alma se da cuenta total de la conciencia, unificando
del ejercicio de sus facultades y las actividades y ordenándolas
de sí misma en él. Designa, pues, en planes de finalidad.
ya la materia del conocimiento El dominio de la conciencia
interior, los hechos subjetivos de se limita a la interioridad del
todo género, ya las actividades ■yo; su objeto son los hechos re­
productoras de los hechos, y ya, lacionados en la identidad per­
también, la forma común por la sonal. Da naturaleza de la con­
que todos ellos se hacen presen­ ciencia, sus causas y transcen­
tes y visibles a la mirada inte­ dencia objetiva, las relaciones
rior, al modo como la luz física, de todo género que condicionan
envolviendo los objetos, los hace su aparición, todo esto son ya
visibles a la mirada exterior. Es, juicios discursivos de la razón
pues, la conciencia un conoci­ ajenos a la conciencia, que se
miento. Suele distinguirse la limita a atestiguar los hechos.
conciencia concomitante, empíri­ Da conciencia, como medio de
ca, espontánea, intuición pasiva conocimiento, se llama también
de los hechos subjetivos, a ma­ experiencia psicológica, interior,
nera de sentimiento inherente al subjetiva, introspección, y su tes­
ejercicio de las facultades; y la timonio es absolutamente verí­
conciencia reflexiva, activa, que dico: se comprende que en la
supone la anterior y sobre ella experiencia exterior puedan los
actúa como sobre materia del hechos ser falseados al través de
conocimiento. Desde otro punto los medios de comunicación de
de vista, la conciencia, siendo la conciencia con la realidad ex­
un conocimiento y no una fa­ terior a ella, y aparecer aquéllos
cultad especial, sino forma gene­ de distinta manera de como son;
ral de las facultades cognitivas, pero en la experiencia inmediata
se divide como éstas en sensitiva, subjetiva, siendo uno mismo el
la que acompaña al ejercicio de sujeto y el objeto, aparecer y ser

157
c
son aquí idénticos. En este sen­ si considerados, como desde el
tido, el principio de Descartes: punto de vista de nuestro cono­
cogito, ergo sum res cogitans, ex­ cimiento de ellos. En si conside­
presa una verdad de hecho pri­ rados, lo físico dice relación cuan­
maría y fundamental. titativa al espacio, cada elemento -
¿Cuál es la naturaleza de la posee su realidad independiente,
conciencia? ¿Y cuál su origen? todo aquí es distinto de todo; la
Dos cuestiones solidarias que conciencia es cualidad pura, todo
procede indicar. Dejemos de lado en ella está en todo y relaciona­
los idealismos de todo género, do en unidad indivisible.
transcendentales o empíricos, que Desde el punto de vista del
extienden la conciencia a los lí­ conocimiento no hay medida co­
mites de la realidad; aquélla lo mún entre ellos: la conciencia es
es todo, lo abarca todo, y las inaccesible a la experiencia obje­
formas y modos de la realidad tiva, y viceversa; cada concien­
deberían interpretarse como for­ cia personal constituye un mun­
mas y modos de conciencia: p e r- do cerrado e incomunicable a las
d p i = esse, ser y ser consciente otras conciencias; el mundo ob­
serían idénticos; por tanto, la jetivo, al contrarío, es común y
teoría de la naturaleza y origen abierto a todas las conciencias.
de la conciencia sería una meta­ En el orden empírico, ¿los he­
física del ser. Pero la solución chos conscientes y los físicos
idealista no pasa de ser un com­ constituirán dos series indepen­
promiso dialéctico a p r io r i , con­ dientes y paralelas (V. PARAI,E-
cebido a espaldas de la realidad; i ,is m o psico - físic o ), que podrían
ésta sigue otro camino. El ser es encontrarse en una realidad co­
primero y fundamento del cono­ mún ultraempírica, y de la que
cer y le rebasa indefinidamente; saldrían en direcciones divergen­
el ser es lo substantivo, el cono­ tes, apareciendo así como irre­
cer un adjetivo del ser. ¿Tendrá ductibles y opuestas? El parale­
su origen la conciencia psicoló­ lismo dualista queda asi conver­
gica en lo inconsciente físico de tido en un monismo, que no
la naturaleza? Esta solución, aca­ sería ni psicológico ni físico, sino
riciada en tiempos no lejanos de las dos cosas a la vez, semejante,
dominación materialista, tiende verbigracia, al de Espinosa. ¿Pero
hoy a ser descartada, y se con­ cómo dos realidades que nada
viene casi universalmente en que tienen de común, que son nega­
entre lo físico y lo mental «no ción una de otra, pueden identi­
puede haber semejanza alguna ficarse en una tercera? La lógica,
visible ni concebible», tanto en en nombre del principio de con­
c

tradicción, veda esta reducción. pecífica, como atributo de su


De otra parte, sería necesario ha­ vida natural. (V. Co n o c im ie n t o ,
cer de la conciencia atributo uni­ P s ic o l o g ía , A l m a , Subconceen -
versal del ser; y se pretende, en CIA y las bibl.)
efecto, por algunos, para salvar Conciencia moral. — En un sen­
el apriorismo de la teoría, que tido general significa el sujeto de
todos los seres de la naturaleza, la moralidad, la vida humana en
en diferente grado, poseen un cuanto subordinada a la ley del
principio psíquico de conoci­ bien; la conciencia es a la vez
miento o de apetición. Pero si ley, juez y actor de la vida mo­
la experiencia vale algo, sólo una ral. En sentido más restringido
parte mínima de los seres revela significa, ya el conocimiento
la conciencia. Y , por último, la práctico y obligatorio de los
concordancia de las dos series principios del bien y del deber,
paralelas indica en ellas, no sim­ lo que los antiguos llamaban sin­
ple paralelismo, sino eficiencia y déresis, ya también y especial­
dependencia mutuas de una so­ mente la aplicación de estos
bre otra. Esta hipótesis acerca principios, o sea los juicios mo­
de la naturaleza de la conciencia rales reguladores de las acciones.
parece, pues, concebida, lo mis­ La conciencia moral es así la mis­
mo que la anterior, a espaldas ma razón, no la razón especula­
de la lógica y de la experiencia tiva que dice lo que es, sino la
real. razón práctica que dicta en cada
Es necesario en este punto, caso lo que se debe hacer y lo
como en otros muchos, volver a que se debe om itir. Cuando se
Aristóteles y a los escolásticos dice que la razón es ley de la
continuadores del pensamiento conciencia, no se ha de entender
aristotélico, para encontrar una a la manera de Kant, como si
solución coherente con la lógica fuese autora de la ley con po­
y con la experiencia real. La con­ der de imponerla a la voluntad
ciencia no es una realidad en si, como obligatoria (im perativo ca­
un ser substancial, un absoluto tegórico). La razón es simple me­
(actus prim us en lenguaje de la dio revelador y promulgador de
escuela) como lo pensó después la ley, que es superior y prcexiste
Descartes, sino una realidad de a aquélla en el orden universal
segundo grado, accidental ( actus de las cosas, en la ley eterna de
secundus) , un fie ri o desenvolvi­ Dios. Así la fuerza obligatoria
miento de una realidad ya cons­ del deber moral no viene de la
tituida, Emerge de la realidad, razón, que nadie se obliga a sí
de una realidad substancial, es­ mismo, sino del autor de la na­

159
c
turaleza humana, que ha impues­ como obligatoria una ley que
to a ésta un. fin, y un orden y realmente no lo es. El conjunto
leyes que cumplir para la reali­ de principios y reglas para resol­
zación de este fin. La moral tie­ ver estos problemas morales o
ne, pues, su fundamento último, casos de conciencia se denomina
necesario, en la Religión; y la Casuística. (V. Morai, y la bi­
conciencia moral es inconsistente bliografía correspondiente.)
y precaria si lio se prolonga en Co n clusió n . — (Del latín conclusio,
la conciencia religiosa. cwn-claudere: cerrar.) Juicio que
Como los teóricos, así también termina y cierra el discurso ló­
los juicios prácticos pueden ser: gico. En el silogismo, la proposi­
verdaderos o falsos, ciertos, du­ ción a que encaminan las premi­
dosos, probables, etc.; de donde sas, y cuya afirmación se halla
la conciencia recta y errónea, cier­ virtualmente contenida en éstas.
ta, dudosa, probable, laxa, tim o­ El valor lógico de la conclusión,
rata, etc., según el fundamento su cualidad y cuantidad y el gra­
y valor de las motivos determi­ do de su certidumbre le viene de
nantes del juicio moral. La ley las premisas, según la octava re­
abstracta es simple y clara; los gla del silogismo, que exige de
casos de aplicación concreta, ro­ ella no sobrepujar en nada a las
deados de ordinario de circuns­ premisas: pejorem semper sequitur
tancias complejas, dicen relación conclusio partem. No debe con­
a leyes diversas a veces incom­ fundirse la conclusión con la con­
patibles. Por otra parte, no siem­ secuencia; ésta es el enlace ló­
pre aparece claro si el caso cae gico de la conclusión con las
o no dentro de la ley, lo que im­ premisas, y no puede decirse ver­
plica la di;da de su obligación. dadera ni falsa, sino legítima o
Toda conciencia recta debe, en ilegitima; en un silogismo pueden
primer lugar, resolver el conflic­ ser la conclusión falsa y la con­
to aparente de deberes; debe, en secuencia legítima, y viceversa.
segundo lugar, salir de la duda Concomitancia, Concomitante. —
para obrar racionalmente, pues­ Conjunto de circunstancias que
to que la duda es el acaso y la coinciden en la aparición de nu
aventura, y 110 es lícito, con con­ hecho, ya coexistentes con él, ya
ciencia dudosa de la obligación inmediatamente anteriores o su­
de una ley, obrar en contra de cesivas. La coincidencia puede
esta ley; y por último, importa, ser accidental y fortuita, o cons­
para la rectitud de la propia con­ tante y necesaria; esta última es
ciencia y, sobre todo, a los direc­ el índice apreciativo del enlace
tores de la ajena, no imponer causal de los fenómenos. Stuart

160
c
Mili designa con el nombre de e hipótesis cambiantes de la
«método de las variaciones con­ ciencia.
comitantes» al tercero de sus cá­ Concreto.—Lo individual, determi­
nones inductivos. nado en las condiciones de exis­
Concordancia (M étodo d e). —E l pri­ tencia. I n concreto, in re: se opo­
mero de los métodos inductivos ne a in abstracto, in mente. Cono­
de Stuart Mili. cimiento concreto es el sintético
Concordlsmo. — Sistema exegético de las intuiciones o percepciones
de conciliación de los textos bí­ de la experiencia, en oposición
blicos con los datos de la cien­ al abstracto y analítico de la in­
cia moderna, y en especial del teligencia. También se emplea en
Génesis con las teorías cosmogó­ el sentido de definido o determi­
nicas y geológicas. En este pun­ nado, en contraposición a lo ge­
to ha habido exageraciones en neral e indefinido. Concreto y
el afán de adaptar la interpreta­ abstracto son términos correlati­
ción bíblica a preocupaciones vos; la abstracción, producto
científicas en un tiempo domi­ analítico de la inteligencia en la
nantes, sin tener en cuenta: pri­ concreción sintética de lo real;
mero, que la Biblia no es un tra­ la realidad concreta se convierte,
tado científico, y segundo, que bajo la acción de la inteligencia,
las teorías científicas cambian, y en un semillero de conceptos
los mismos hechos, al completar­ abstractos. (V. A b s t r a c c ió n .)
se con nuevas investigaciones, C oncupiscencia. — (Del latín concu -
son susceptibles de interpreta­ piscere, de concupíre: desear con
ciones diferentes. Entre la reve­ ansia.) En sentido general, todo
lación y la ciencia no puede ha­ deseo o tendencia a un b ie n o
que como tal aparece, y más
ber oposición;' pero no parece
especialmente designa las ten­
prudente subordinar la interpre­
dencias inferiores pasionales.
tación bíblica a las exigencias
Ordinariamente se emplea en
de ninguna teoría o hipótesis el sentido moral, más restrin­
científicas. gido, de movimientos desorde­
En las relaciones de la filoso­ nados de la pasión. (V. Pasión-.)
fía y la ciencia debe el filósofo Concurso divino.—Acción causal de
estar al corriente de los métodos Dios en las acciones de los seres
y conclusiones generales de la creados, en virtud de la necesa­
ciencia; pero no parece tampoco ria y universal dependencia de
prudente la exagerada preocupa­ todo ser, en el existir y en el
ción de concordismo de los prin­ obrar, respecto de la Causa pri­
cipios filosóficos con las teorías mera. Esta influencia de la Cau­

161 11
c
sa primera es absoluta y univer­ ra sobre las acciones de las cria­
sal, lo mismo en el orden natu­ turas no es directa e inmediata,
ral que en el sobrenatural o de sino remota, en cuanto autor y
la gracia, en las causas necesa­ conservador de los seres y de sus
rias que en las libres: Dios ha actividades. Pero esta doctrina
creado los seres y los ha dotado es incompatible con la absoluta
del poder de obrar, los conserva dependencia de toda existencia
en la existencia, determina el respecto de Dios; es necesario
ejercicio y aplicación de sus ac­ afirmar esta dependencia de los
tividades; nada, en una palabra, seres en toda su realidad inte­
viene a la existencia que no pro­ gral, en el existir y en el obrar.
ceda de Dios como de su causa E l concurso inmediato es doctri­
primera y p rin cip a l, no siendo na hoy cierta en la teología ca­
las segundas sino a manera de tólica. Pero los teólogos se divi­
causas instrumentales movidas den en el modo de entender este
por la primera y a ella subor­ concurso inmediato. Los tomistas
dinadas. «Deus est causa actio- (Báñez, 1528-1604) sostienen el
nis cujuslibet-—dice Santo Tomás concurso inmediato previo (p r e ­
(D e Potentia D ei, q. 3, a. 7)—in moción física, predeterminación
quantum dat virtutem agendi et f ísica) : este concurso es ante­
conservat eam, et in quantum rior, a lo menos con anterioridad
applicat actioni, et in quantum de naturaleza, a la acción de la
ejus virtute omnis alia virtus criatura (pvtzm otio), y es físico,
agit.» La palabra concurso no es es decir, real, porque influye real­
acertada, pues más bien parece mente en las causas segundas,
indicar la concurrencia paralela dándolas el obrar eficazmente.
o convergente de dos causas en Los molinistas (Molina, 1535-
una sola acción; y el modo de 1600) sostienen el concurso s i­
actuar la Cansa primera en las multáneo, colateral, paralelo, a
segundas o de subordinarse éstas modo de auxilio indeterminado
en sus acciones a la primera es prestado por Dios a las criatu­
muy otro. No convienen los teó­ ras, para que éstas usen de él
logos en el modo cómo la Causa en el ejercicio de su acción.
primera concurre a la acción de La opinión de los tomistas,
las causas segundas, y más espe­ más conforme con las doctrinas
cialmente a los actos libres del de Santo Tomás y mejor fundada
hombre. Algunos, con Durando en una deducción estrictamente
(siglo X IV ), sostuvieron que el lógica, parece más aceptable.
concurso divino es sólo mediato; Bibl.: P. Schneemann, Contro-
la actuación de la Causa prime­ versiarium de div. gratits liberique

162
o
arbUrii concordia, in itia et p ro - o perfecta, y pueden ser subs­
gressus, 1881; P. Dummermuth, tituidas por otras, y las necesa­
S. Thomas et D octrina presmotio - rias, sine qui bus non.
nis physicts..., 1886; Defensio Condicionado.— Hipotético, que su­
doctrines S. Tkomes Aq. de presm. pone condiciones y, por tanto,
phys.\ N. del Prado, De veritate dependencia de otro. Es sinóni­
fundamentan, p. 427 y sig. (Véan­ mo de relativo y se opone a lo
se los trat. esc. de Teodicea.) incondicionado , como lo relativo
Condición.—Kn la filosofía y la a lo absoluto. Estas denomina­
ciencia modernas se usa en un ciones modernas responden a las
sentido equívoco: conjunto de más significativas de ens ah alio
circunstancias que determinan o y ens a se de la terminología es­
hacen posibles la existencia de colástica.
un ser o la producción de un Condicional.— (V. H ip o t é t ic o .)
efecto, como sinónimo de causa; Conflicto de derechos y deberes.
pero es un abuso del lenguaje. (Véase DEBER.)
La condición y la causa inter­ Confusión.—La idea confusa se
vienen. en los efectos de manera opone a la dara y distinta; y la
muy diversa; ésta por su acción perfección del conocimiento está
positiva, que lo esencial en. toda en razón directa de su distinción
causa es la eficiencia; aquélla ne­ y claridad. La confusión puede
gativamente, limitándose a no originarse, o de tomar una cosa
poner obstáculos a la acción de por otra, o de pensar como cosas
la causa. La causalidad de los distintas los diversos aspectos de
seres exige un medio favorable o una misma, o, en. fin, de identi­
conjunto de circunstancias que, ficar en un mismo pensamiento
sin influir positivamente en el cosas diversas. Aunque la mayor
efecto, permiten y hacen posible parte de los sofismas clasificados
el desenvolvimiento libre y la en la lógica envuelven confusión,
aplicación de la actividad causal; Stuart Mili denomina sofismas de
estas son las condiciones. Así, confusión a los que provienen de
por ejemplo, el abrir la ventana la significación equívoca del len­
es condición, necesaria para que guaje y de las deducciones iló­
la luz del sol ilumine la habita­ gicas.
ción, pero la causa de esta ilu­ Congénito.—Se dice, en los seres
minación es exclusivamente el vivientes, de los instintos, carac­
sol. teres, inclinaciones, aptitudes,
Suelen distinguirse las condi­ etcétera, heredados, que no se
ciones no necesarias que hacen han adquirido por el hábito.
simplemente la acción más fácil (Véase I n s t in t o , H e r e n c ia .)

163
o
Connotar» Connotativo.— (De con­ nos como distintos y situados
notare: decir relación, a.) En lógi­ frente a la actividad de la con­
ca y en gramática los términos ciencia; son. a manera de asimi­
pueden significar un sujeto o lación mental de la realidad en
una cualidad atributo del sujeto, que ésta se hace presente a la
o las dos cosas a la vez, directa­ visión del espíritu. E l conoci­
mente el atributo e indirectamen­ miento es el punto de partida
te el sujeto del atributo: los es­ de nuestra vida psicológica en
colásticos llamaban connotativos relación con el mundo; lo no re­
a estos últimos, porque signifi­ presentado de algún modo «n la
cando la forma cualitativa de conciencia para nosotros no exis­
una cosa, espresan además la te. El segundo grupo no presen­
cosa misma (a liu d significat et ta los objetos, los supone repre­
de alio d ic ilu r), en oposición a sentados; son fuerzas o energías
los primeros, llamados absolutos, que, excitadas por el conocimien­
denotativos. Los nombres conno- to, nacen en el fondo de la con­
tativas, y de esta clase son el ma­ ciencia desplegándose en todas
yor número de los comunes, gra­ direcciones hacia los objetos de
maticalmente substantivos son la representación: tales son las
lógicamente adjetivos, puesto tendencias. E l conocimiento es,
que designan cualidades y sólo pues, unión o asimilación inten­
indirectamente el substantivo de cional de la actividad consciente
las mismas. Stuart Mili conside­ y de la realidad objetiva: ab
ra esta distinción escolástica utroque notitia p a vitm — dice San
«como una de las que más aden­ Agustín— a cognoscente et cogni-
tran en la naturaleza del lengua­ to. Esta asimilación es diversa
je». La connotación se refiere a
según la naturaleza y modos di­
la comprensión de las ideas; de­
versos de las facultades (co g n i-
finir un nombre es fijar su con­
tum est in cognoscente secundum
notación.
modum cognosceniis); de donde
Conocer» Conocimiento.— (Del latín
cum-gnoscere; del griego fvpúraítü, las distintas clases de conoci­
conocer, saber.) Acto o función, mientos: sensitivo e intelectual.
y resultado de las facultades de Comprende el primero las sensa­
conocer. El conocimiento es un ciones de los cinco sentidos exter­
hecho de conciencia. Los hechos nos, musculares, cenestésicas,
de conciencia se agrupan en dos etcétera, y las sensaciones inter­
categorías: unos son. representa­ nas de asociación, que los esco­
tivos de objetos, que si no son lásticos repartían en cuatro sen­
tales objetos, aparecen a lo me­ tidos interiores; sentido común,

164
o
imaginación o fantasía, memoria sus límites y valor; de donde el
sensitiva y estimativa , nombre de criticismo.
El conocimiento intelectual com­ El problema del conocimiento
prende las operaciones lógicas del es psicológico a la vez y metafí-
pensamiento: idea, ju icio y racio­ sico; toda teoría de la inteligen­
cinio, y más especialmente se lla­ cia ha de formularse en función
ma conocimiento el juicio enun­ de una teoría de la realidad; los
ciativo de la verdad a que se problemas del conocer y del ser
subordinan todas las funciones son correlativos. Encerrarse, por
intelectuales: el fin de la inteli­ consiguiente, en el análisis del
gencia es la posesión de la verdad conocimiento excluyendo de él
cierta, y aquí está el conocimien­ la realidad es ya anticipar a
to acabado y perfecto. p r io r i una solución determinada
Teoría del conocimiento .—Ex­ o hacerla imposible. El conoci­
plicación de la naturaleza y con­ miento aparece a la experiencia
diciones del conocimiento huma­ inmediata como síntesis de una
no, de su origen y desenvolvi­ actividad mental y de una reali­
miento, de su valor. Todo siste­ dad independiente que a ella se
ma filosófico entraña una teoría impone como norma y medida,
del conocimiento, y de ésta de­ y este dualismo aparece también
riva como la consecuencia de su a la razón; conocer sin conocer
principio; especialmente los sis­ algo y sin un sujeto del conoci­
temas contemporáneos son inter­ miento, es una contradicción in
pretaciones de la realidad vistas adjecto. De aquí el problema: si
al través de una teoría del cono­ son realmente dos, ¿cómo pue­
cimiento (positivism o e idealis­ den unirse y constituir una sola
mo, escepticismo, relativismo y realidad? Si uno solo, ¿cómo pue­
dogmatismo, subjetivismo y rea­
den aparecer dos? Y en todo
caso, si es necesario unificar el
lismo, transcendentalismo y em­
conocer y el ser, ¿cuál de los dos
pirism o, intelectualismo y prag­
es el fundamental? ¿Es el ser pri­
matismo, etc.). Esta subordina­
mero, y causa del conocer, o, al
ción de la metafísica, o de la revés, la idea produce la reali­
filosofía, a la teoría del conoci­ dad? El idealismo, bajo sus múl­
miento, ha llegado a convertirse tiples formas, pone como primero
en absorción total en los sistemas y fundamental el conocer, absor­
derivados de Kant. La filosofía biendo el objeto en el sujeto y
kantiana es una teoría crítica convirtiendo el mundo en modos
del conocimiento acerca de las de conciencia. Pero, ¿cómo con­
condiciones de su posibilidad, de cebir que el sujeto pueda produ­

165
c
cir el objeto, situándose fuera y mos idealista y materialista, los
enfrente de sí ( ob-jectum ), y con­ traspasa y absorbe en una sínte­
vertirse en negación de sí mismo? sis superior, afirmando la duali­
Por otra parte, si consultamos dad en el seno de la unidad. Pues­
la experiencia inmediata univer­ to que el sujeto y el objeto en el
sal, la contestación no es dudosa: conocer no pueden ser extraños
el ser es anterior y causa del co­ el uno al otro, es necesario un
nocer, la inteligencia se mueve elemento común, por medio del
en una realidad ya constituida, cual el sujeto llega a ser objeto
no la produce, La idea de un ob­ y el objeto sujeto, sin que nin­
jeto supone dados el sujeto y el guno de los dos pierda su ser na­
objeto de esta idea; antes de pen­ tural. Bste elemento es la idea,
sar el hombre las cosas, han de forma común de la realidad y de
existir el hombre y las cosas pen­ la inteligencia, por la que aqué­
sadas; anteriormente a la apari­ lla se hace inteligible y ésta in­
ción de la conciencia en el mun­ teligente de la realidad.
do, llevaba éste en la existencia Las cosas son producto de una
un número de años incontable; inteligencia, encarnación de una
la vida consciente ocupa un lu­ idea que es su form a (eiooí-fioptpi'j;
gar superior, pero muy reducido, sabido es que las ideas de Platón
en la evolución del universo; y las formas de Aristóteles tie­
dentro y fuera de la conciencia, nen una inspiración común); y la
la realidad se prolonga indefini­ inteligencia en el conocer no hace
damente, rebasando la inteligen­ sino reproducir en sí y asimilar­
cia por todas partes, sirviéndole se aquellas ideas o formas inma­
de medida y límite; la idea es nentes de las cosas. Conocer es,
un punto laminoso que brilla en pues, vivir, asimilación de una
el océano de la inmensa realidad. materia proporcionada a la fun­
La identificación absoluta de la ción vital que es la inteligencia;
idea y del ser (idealism o) es, y como el alimento no puede ser
pues, insostenible. Y la filosofía, extraño al que se nutre, es nece­
si no ha de ser especulación vana, sario que la inteligencia y las
no debe ni puede desentenderse cosas, en sí distintas, tengan algo
de estos datos primarios de la de común; esta es la idea, forma
experiencia universal. a la vez del ser y del conocer.
Aristóteles, y después de él la (Véase Idea, INTELIGENCIA.)
gran tradición escolástica, man­ Problem a de origen .— Las so­
tiene intangibles los datos de la luciones históricas dadas a este
experiencia inmediata, y recha­ problema fundamental de la fi­
zando por igual los exclusivis­ losofía pueden agruparse en dos

166
c

extremas: apriorism o y em piris­ sualismo en los sofistas griegos,


mo, y una intermedia que trata epicúreos y estoicos; reproducido
de armonizar los dos extremos, en el siglo X V I I por Condillac,
Tyft primera comprende los idea­ I (ocke, Hobbes, Hume, y por los
lismos de todo género: innatismo materialistas de la enciclopedia.
de Platón: la ciencia pertenece El asociacionismo de la escuela
al mundo de las ideas inmuta­ inglesa (Bain, los dos Mili, Spen-
bles y eternas, en oposición al cer, etc.) interpreta los princi­
inundo de la experiencia, som­ pios como producto de la asocia­
bras vanas, apariencias. Descar­ ción psicológica, el espíritu es
tes limita el innatismo a las pri­ simple registrador mecánico y
meras nociones y principios del pasivo de los hechos. E¡1 evolu­
pensamiento, que son objeto de cionismo (Spencer) interpreta las
una intuición racional, indemos­ nociones y principias del pensa­
trables y a la vez principios de miento como resultado de la evo­
toda demostración; la filosofía lución y de la herencia: el indi­
idealista de los siglos X V II viduo hereda los hábitos menta­
y X V I I I mantiene la concepción les contraidos a lo largo de las
cartesiana, Leibniz admite un generaciones, que pesan inven­
innatismo virtu a l; no es que las ciblemente sobre él, y esto ex­
ideas y los principios nazcan con plica su aparente universalidad
la inteligencia hechos y acaba­ y necesidad. El positivismo, que
dos; pero los posee ésta virtual­ ha saturado los medios intelec­
mente, es decir, el poder de for­ tuales de la segunda mitad de la
mularlos sugeridos por la expe­ pasada centuria, afirma que sólo
riencia, Kant conviene con Aris­ hay un modo de conocer positi­
tóteles en que «ningún conoci­ vo: la experiencia.
miento precede a la experiencia, Las dos soluciones son negati­
todos comienzan con ella»; pero vas: la primera de la experien­
el elemento esencial de todo co­ cia, la segunda de la razón, en
nocimiento, las formas a p rio ri, la constitución de la filosofía y
tiene su origen, no en la expe­ de la ciencia. Ni apriorismo ni
riencia, sino en leyes del espíritu empirismo: el justo medio es la
humano, que éste impone a los solución positiva y racional. Y
objetos para pensarlos. Todo el este justo medio, armonizando la
idealismo contemporáneo ha re­ experiencia y la razón, es el de
cibido inspiración de este form a­ la tradición aristotélico-escolás-
lismo kantiano. tica y de la filosofía del buen
El empirismo ha revestido va­ sentido. Nada prueba de una
rias formas en la historia. Sen­ parte que anteriormente a la ex -

167
o
perfencia el espíritu posea ideas, tados de Criteriología.— (V. In­
ni hechas ni a medio hacer. Con t e l ig e n c ia , V e r d a d , Ce r t e z a
razón Aristóteles rechaza el poe­ y las bibl.)
ma platónico de las ideas inna­ Consecuencia.—Designa la forma
tas, sosteniendo que en el origen del raciocinio, o sea la conexión
la inteligencia es: tamquam tabula lógica de los juicios de tal mane­
yasa. El empirismo contiene una ra, que, admitidas las premisas
parte de verdad; pero sólo una o el antecedente, sea necesario
parte: directa o indirectamente, admitir la conclusión o el consi­
todo conocimiento tiene sus pro­ guiente. En el raciocinio debe dis­
longaciones en la experiencia tinguirse la materia o verdad de
real. Pero el pensamiento huma­ las proposiciones, y la forma o
no, la ciencia, no es una colección rectitud; esta es la consecuencia.
de experiencias; la ciencia es la Puede un raciocinio guardar la
idea, la ley, que interpretan la rectitud en la forma, ser legitima
experiencia y la traspasan. La su consecuencia, y no ser verda­
experiencia presta los materiales dero, y viceversa. Es, sin embar­
a la ciencia; pero ésta es elabo­ go, corriente tomar la forma por
ración de la actividad racional. el resultado, haciendo sinónimos
El empirismo puro y el idealis­ consecuencia y conclusión.
mo puro son incompatibles con Consentimiento, Consentir.— Adhe­
la ciencia; no puede el primero sión de la voluntad al juicio prác­
dar a ésta su valor universal y
tico de la inteligencia. Resulta
necesario, ni el segundo su valor
del concurso de las dos faculta­
real, sin los cuales la ciencia no
des; los escolásticos decían que
subsiste.
el consentimiento procede fo r­
Bibl.: L. J. Walker, Theories
malmente de la voluntad y m a­
of knowledge, 1909; C. Spearman,
The nature of intelligence andthe terialmente de la inteligencia, al
principies of cogniticm , 1923; revés del asentimiento. Entre
P. J. Maréchal, L e point de dé- uno y otro hay relaciones análo­
part de, la métaphysique, 1922-25; gas a las que existen entre la
P. Vallct, Les fondements de la atención y la intención,
connaissance et de la croyance, Consensus. — (Asentimiento, con­
1905; A. Farges, L a crise de la, cierto unánimes.) Empléase con
certitude, 1907; D. Mercier, O rig. frecuencia la forma latina de
de la Psych. contemp.; C riterio- esta palabra en biología y en
logie; Ssntroul, K a n t et Avistóte, psicología pata expresar la co­
1913; M. Amáiz, L a Inteligen­ ordinación de funciones conver­
cia, 1912; en general, los tra­ gentes a un fin común.

168
o
Consentim iento u n iversal.— (Véase perseverancia en el bien; virtud
SENTIDO COMÚN.) moral derivada de la fortaleza,
Conservación de las ideas y las im á ­ una de las cuatro cardinales. En
genes.— U na de las tres funcio­ psicología, uno de los principa­
nes de la memoria: adquisición, les elementos del carácter.
conservación y reproducción; de­ Consubstancial.— Se dice de los se­
pende de la primera y es base de res que poseen la misma natura­
la tercera; no se retiene sino lo leza substancial. Las tres Divi­
antes adquirido y según el modo nas personas son consubstancia­
y condiciones de esta adquisi­ les. El error panteísta consiste
ción, ni se recuerda sino lo que en afirmar la consubstancialidad
de algún modo ha dejado trazas de Dios y el mundo, y en gene­
en la memoria. L a conservación ral todo monismo es un consubs-
de los recuerdos es un caso espe­ tancialismo universal. (V. SUBS­
cial del hábito psicológico y obe­ TANCIA.)
dece a las mismas leyes: depen­ Consumo.—-Destrucción de utili­
de de la duración, intensidad y dad. Si por la destrucción de
repetición de las impresiones, de ciertas utilidades se aumenta la
la intensidad de la atención, del utilidad general, el consumo es
coeficiente afectivo que acom­ productivo; si por idéntico me­
paña a los recuerdos, del núme­ dio se logra la satisfacción de
ro de asociaciones de todo géne­ necesidades, el consumo es de
ro lógicas y empíricas que la de­ goce; si del mismo modo redu­
terminan, etc. (V. M e m o r ia .) cimos la cantidad de utilidades
Consiguiente.— E n lógica, sinónimo disponibles sin lograr satisfac­
de conclusión. E n las proposicio­ ción humana positiva de ningún
nes y silogismos hipotéticos de­ género, el consumo es destructi­
signa el juicio condicionado, por vo. Depende a veces esta des­
oposición al antecedente, que trucción de agentes extraños al
enuncia la condición. En el en- hombre. El tiempo solo y los
timema, la conclusión que de­ riesgos naturales previstos e im­
riva da la premisa antecedente. previstos a que está expuesta
Consiguientemente.— Expresa uno toda riqueza concurren a la des­
de los tres modos de relación trucción de mucha utilidad. Pero
temporal de las cosas, y también también se da la destrucción de
lógica del pensamiento (antece- utilidad sin aumento de produc­
denter, concomitanter, consecuen- ción, ni satisfacción de necesida­
ter), lo que precede, acompaña des, por el empleo irracional de
o sigue a otra cosa. capitales y bienes. La filosofía
Constancia.— Firmeza de alma, del consumo queda fuera del
o
campo económico para la mayor vida todo el tiempo disponible,
parte de los economistas. No sñio la menor cantidad posible,
pensaba así Platón, quien repe­ para filosofar después, o sea so­
tidas veces advierte que las ne­ lazarse con bienes más elevados,
cesidades humanas han de sor más puros, más espirituales.
satisfechas, no por el mejora­ Con esto damos por contesta­
miento de los productos, sino dos los prejuicios muy corrien­
por el freno impuesto a las mis­ tes hoy de considerar preferibles
mas necesidades. Y Aristóteles los consumos de goce, incluso
llega a defender lo indefendible irracionales, a los consumos pro­
por el temor a las revoluciones ductivos, así como incomprensi­
sociales y políticas, que vendrían ble la creencia de que los consu­
tan pronto como el equilibrio mos destructivos son útiles. Am­
entre necesidades y medios de bos diagnostican miopía econó­
atenderlas se rompiese. Tvl Cris­ mica.
tianismo, los Santos Padres y la Contemplación.— Conocimiento in­
Legislación eclesiástica agotan tuitivo, sintético, de la verdad
los recursos conducentes a una que se abre a la inteligencia y
vida morigerada y parsimoniosa, la atrae y fija en ella, acompa­
declarando guerra implacable al ñado de cierto sentimiento de
hambre de oro, al lucro infinito, admiración y quietud. Es de ca­
no faltando en los tiempos mo­ rácter intelectual y afectivo a
dernos hombres saturados de la vez, es decir, estético. Se con­
amor a sus semejantes que, re­ funde frecuentemente con la me­
conociendo el benéfico influjo ditación, pero más bien parecen
del laisser-faire , añaden al lema formas, aunque relacionadas, en
un tercer miembro que resume sí opuestas de la actividad inte­
brevísimamente la filosofía del lectual; la meditación conduce a
consumo. Hay que dar tiempo la contemplación, aquélla es
a las generaciones superfinas esfuerzo discursivo de descubri­
para que pasen (Sismondi). Y miento de la verdad, ésta visión
Stuart Mili, ante la perspectiva quieta y pasiva de la verdad des­
de que la aceleración industrial cubierta; aquélla es analítica, y
se retarde gradualmente, halla así se dice «hondas, profundas
gran consuelo porque entonces meditaciones», ésta sintética que
dispondrán de más tiempo para ve la verdad en sus variadas re­
solazarse con satisfacciones de laciones, y se dice «alta contem­
orden superior a las que procura plación». «Meditatio siquidem est
la riqueza material. Primero vi­ oculta veritatis studiosa inves-
vir, sí; pero que no absorba la tigatio. Contemplatio perspicua

170
c
veritatis jucunda admiratio.o des lois de la nature , 2.a ed., 1895;
(San Agustín.) Según el objeto, la Bergson, L'évol. creatrice; E. Me­
contemplación es ideal o real, f i ­ yerson, De Vexplicaiion dans les
losófico,^o científica, estética, m ís­ sciences, 1921.
tica, etc. Los Santos Padres y Contingente.-— (Del latín contingere,
teólogos distinguen en la vida sinónimo de accidere: llegar a ser,
religiosa la contemplativa y la suceder.) En lógica, juicio sinté­
activa, y describen, en aquélla tico, a posteriori o de experien­
los diversos grados de contem­ cia. En metafísica, lo que es indi­
plación mística por los cuales el ferente a existir o no existir, lo
alma asciende al conocimiento y que puede ser o no ser. Opuesto
amor puros de Dios. ( V , M i s ­ y correlativo de necesario: lo con­
t ic is m o ,} tingente supone lo necesario; si
Contigüidad ( Ley de). — Asociación se supone que todo puede ser y
psicológica de coexistencia y de no ser, nada sería. Modernamen­
sucesión, en el espacio y el tiem­ te se emplea esta palabra para
po. (V. A sociación psicológica.) designar la espontaneidad y la
Contingencia ( F ilosofía de la ). — libertad de los seres vivientes,
Concepción de la naturaleza en contraposición al determinis­
(Renouvier, Boutroux, Bergson, mo mecánico de la naturaleza.
Meyerson) que establece la con­ Continuo. — Cantidad continua,
tingencia de los fenómenos y de compuesta de partes indistintas
sus leyes. 151 determinismo me­ enlazadas en unidad, de modo
cánico no gobierna la naturaleza que el límite de una se confun­
de mi modo tan absoluto que no de con el de la otra. Se opone a
deje paso a la espontaneidad y cantidad discreta, constituida por
a la libertad. La libertad, rele­ partes realmente distintas, te­
gada por Kant al mundo noume- niendo cada una sus límites pro­
nal, es preciso afirmarla en el de pios. El continuo es una serie de
los fenómenos. La necesidad cau­ cambios, estados o posiciones,
sal de la naturaleza, lo que se mentalmente distintos y separa­
llama leyes naturales, son abs­ bles, pero formando un todo
tracciones o aproximaciones ló­ real.
gicas que no se adaptan plena­ Se distinguen el continuo su­
mente a la realidad concreta; la cesivo (tiempo, movimiento), cu­
necesidad implicada en las le­ yas partes esencialmente fugiti­
yes es, pues, una necesidad ló­ vas se suceden en un orden de
gica del pensamiento más bien anterioridad y de posterioridad,
que de las cosas mismas. y el continuo permanente (exten­
Bibl.: Boutroux,D e la conting. sión, en sus tres continuos dimen­

171
c
sionales), cuyas partes existen tos simples inextensos, y el mo­
simultáneamente ocupando po­ vimiento en instantes inmóviles.
siciones diversas en el espacio. E l continuo resulta en este caso
Uno de los caracteres más sa­ imposible; toda cantidad sería
lientes del continuo es la divisi­ esencialmente discontinua, cons­
bilidad: ¿es ésta limitada, o ili­ tituida por simple contigüidad
mitada, es decir, infinita o, me­ de elementos con existencia y
jor, indefinida? Aristóteles afir­ límites propios. Son famosas las
ma la divisibilidad del conti­ paradojas de Zenón de Elea con­
nuo indefinida: id quod in in f i- tra la posibilidad del movimien­
nitum dividí poisst, continuum to, basadas dos de ellas (la dico­
est, y esta es la opinión de Santo tomía y el Aquiles) en la teoría
Tomás y, en general, de los es­ del continuo divisible hasta lo
colásticos. Una extensión o un infinito, y las otras dos en la
movimiento, por pequeños que teoría del espacio y del tiempo
sean, son esencialmente suscep­ discontinuos susceptibles de una
tibles de división, a menos que división limitada. (V. C u an ti­
se supongan inextensos los últi­ d a d , Espacio, Tiempo, M o vi­
mos elementos de la extensión m iento y las bibl.)
e inmóviles los últimos del mo­ Bibl.: Aristóteles, M etaf., li­
vimiento, lo que sería contradic­ bro IV, c. 6 y 13; N a tu r. auscult.,
torio: ¿cómo lo inextenso puede libro V y V I; Santo Tomás,
originar la extensión, y la inmo­ Physic., lib. VI, lee. 1 y 7; Leib-
vilidad constituir el movimien­ niz, Monadologia, n. 2 y 3; Bal-
to? N o se olvide que esta divisi­ mes, F ilos, fund., t. I I , 1. 6, c. 3;
bilidad in in fin itu m se refiere al Léchalas, Etude sur 1‘espace et le
continuo matemático; que el U m ps; Farges, L ’idée de coniinu,
continuo real, la substancia ex­ 1892; D. Nys, Cosmologie, p. 235
tensa de los cuerpos tiene limites y sig.
de división impuestos por la na­ Con tradicción, C on tradictorio.— In ­
turaleza misma de la materia; coherencia del pensamiento, que
pero e3tos elementos-límites de consiste en afirmar y negar a la
división son compuestos, como vez. H a y contradicción en las
toda porción de materia, por pe­ ideas compuestas de elementos
queña que sea. incompatibles, en los juicios cu­
Otros, por el contrario (Leibniz yos predicados niegan lo impli­
y gran número de pensadores mo­ cado en el sujeto, en los racioci­
dernos), suponen que la división nios cuya conclusión niega lo
del continuo es limitada, resol­ afirmado en las premisas; esta
viéndose la extensión en elemen­ última se llama inconsecttencia.

172
c
La contradicción solamente exis­ mo atributo». (V. P r i n c i p i o .)
te en la inteligencia, no en la Contrario, Contrariedad. — Oposi­
realidad, y consiste en una des­ ción cualitativa de las ideas y
viación de la ley fundamental las cosas; en razón de la cuali­
del ser y de lo verdadero. Puede dad, éstas son semejantes o di­
ser im plícita y explícita o formal, ferentes, la máxima diferencia es
esta última formulada en dos la relación de contrariedad: par
juicios, de los que el uno afirma e impar, blanco y negro, princi­
lo negado por el otro; in adjecto, pio y fin. Axiomas relativos a los
cuando se atribuye a un sujeto contrarios: Contm riorum eadem
un predicado, excluido en la mis­ est disciplina, scientia et ratio.
ma definición del sujeto. Contraria ju xla se posita ma -
Se llaman en lógica proposi­ gis elucescunt. Esto es, que los
ciones contradictorias las que, te­ contrarios se esclarecen y defi­
niendo los mismos sujeto y pre­ nen mutuamente. E x contrariis
dicado, difieren en cuantidad y omnia fiu n t ; el contraste y la
en cualidad {universal afirmati­ oposición lo llenan todo en la
va y particular negativa, univer­ naturaleza. Hegel puso como
sal negativa y particular afirma­ principio de su filosofía la iden­
tiva). Es el mayor grado de opo­ tificación, no sólo de los contra­
sición; nunca pueden ser las dos rios, sino de los contradictorios:
verdaderas ni las dos falsas; de «el ser es la nada». En lógica, p ro­
la verdad de la una se infiere la posiciones contrarias son las que,
falsedad de la otra, y viceversa. teniendo los mismos sujeto y pre­
P rin c ip io de contradicción .— dicado, difieren en cualidad y son
Proviene de la comparación del universales: las universales afir­
ser con el no ser y expresa la mativa y negativa. Pueden ser
incompatibilidad absoluta de las dos falsas y no las dos ver­
ellos, siendo universal y prime­ daderas.
ro como la noción de ser; es el Contraste.— {Del latín contrastare,
mismo de identidad en forma ne­ estar en frente, en oposición.)
gativa. Aristóteles lo enuncia así: Relación de las cosas que dentro
Impossibile est idem eidem et se- de un mismo género presentan
eundum idem sim al inesse et non diferencias cualitativas extremas,
inesse. Es imposible que un mis­ sabiduría e ignorancia, bien y
mo sujeto posea a la vez y no mal, colores blanco y negro, los
posea un mismo atributo. De colores complementarios, etc. Se
donde el enunciado lógico: «no funda el contraste en la compa­
se puede afirmar y negar a la ración de las diferencias que den­
vez de un mismo sujeto un mis­ tro de la semejanza genérica liace
c
resaltar aquéllas. La inteligen­ injusta. Clases de contratos: one­
cia procede por semejanzas y roso o bilateral, cuando la obliga­
contrastes en el análisis diferen­ ción es mutua (ejemplo, compra­
cial de las cosas y en su ordena­ venta); gratuito o unilateral,
ción científica en grupos y clases. cuando es de una sola parte (do­
El contraste como ley de aso­ nación); real y personal, según que
ciación psicológica. {V. esta pa­ la materia del contrato sean las
labra.) cosas, o la prestación del trabajo
Contrato.— (Del latín contractus, personal; explícito (verbal o escri­
eontrahere, convenir, pactar.) to) e im p líc ito ; el médico y el
Convenio expreso o t4cito por el abogado, v. gr., se obligan implí­
que dos o más personas se obli­ citamente al secreto profesional;
gan mutuamente. Se funda en el absoluto o condicional, según que
derecho que todo hombre tiene depende o no de alguna condi­
a disponer libremente de sus ac­ ción, etc. Una de las partes más
ciones y de sus bienes, dentro importantes de los códigos civi­
de los limites impuestos por las les está destinada a regular los
leyes morales y sociales y el res­ contratos, determinando las con­
peto a los derechos de los de­ diciones de validez y las obliga­
más. Tiene su origen último en ciones que de ellos nacen.
la naturaleza social del hombre: Contrato de trabajo. — Funda­
la vida social exige, para subsis­ mentalmente, el contrato de tra­
tir, confianza y garantías en las bajo se hace como el de compra­
relaciones y en los compromisos venta de comodidades, y así
■mutuos de los asociados; por como en éste juega papel impor­
tanto, la fuerza obligatoria del tante el regateo (a pesar del des­
contrato, aunque sostenida por uso cada día más acentuado),
las leyes positivas, es superior a también en aquél merece estudio
éstas, es una ley de derecho na­ detenido. Patrono y obrero, ¿con­
tural. Condiciones principales del curren al contrato con iguales
contrato: de parte de los contra­ probabilidades de éxito, o aven­
yentes, libertad y capacidad le­ taja uno a otro en mayor o me­
gal para contraer obligaciones, nor grado? Pocos patronos igno­
que la materia del contrato sea rarán lo que pueden pagar al
posible física y moralmente, es obrero; todos o casi todos cono­
decir, legalmente; las leyes, tanto cerán la ganancia añadida por
naturales como positivas, son an­ el obrero, marginal o premargi-
teriores y superiores a los contra­ nal; hasta sabrán de qué medio
tos, que ipso jacto son nulos cuan­ servirse para ganar otro tanto
do recaen sobre materia ilícita o sin admitir el obrero contratan­

174
c

te; por tanto, conoce el terreno tal (p er accidens) con alteración


que pisa, tiene libertad de op­ de la cuantidad haciéndolas par­
ción y la ganancia esperada ape­ ticulares, la universal negativa
nas ejerce presión suficientemen­ y la universal afirmativa. La ley
te fuerte para optar. En cambio, fundamental de la conversión es
el obrero ignora Ja ganancia que que los términos no deben au­
proporcionará al patrono, su mí­ mentar su cuantidad, de donde
nimum exigible dependerá de la la necesidad de cuantificar el
espera posible y de las ocupacio­ predicado haciéndole particular
nes disponibles. Siendo natural­ al convertirle en sujeto en la con­
mente corta aquélla y reducidas versión accidental; Hay otro
éstas, el contrato se cerrará muy modo de conversión impropia­
cerca del mínimum exigible por mente dicha, que se llama con­
el obrero, aunque haya un mar­ traposición, consiste en antepo­
gen grande hasta el máximum ner una partícula negativa a los
que el patrono podría dar. Por términos haciéndolos indefini­
estas razones se va generalizan­ dos. Los lógicos suelen resumir
do la idea de llevar a cabo el así estos modos de conversión:
contrato de trabajo en forma E - I simplicitev convertitur, E -A
colectiva. Todos los obreros fren­ per accidens, A - 0 p er contra, sic
te a su patrono regatean, y las fit conversio tota. En las proposi­
ventajas y desventajas mutuas ciones equivalentes cuyos térmi­
se compensan entre sí repartién­ nos son idénticos, tales como las
dose los frutos de su trabajo con­ definiciones o en las proposicio­
junto. nes cuantitativas [igualdades
Conversión de las proposiciones.— matemáticas), la inversión es
En Aristóteles a viiotp.oipr¡, .de siempre simple. La conversión
«vTtotpétpsiv:. invertir.) Deduc­ de las proposiciones es- el medio
ción inmediata de una proposi­ de reducción de los modos indi­
ción por la inversión de los tér­ rectos del silogismo a los direc­
minos, o cambio del predicado tos. (V. Mo d o s d e l s il o g ism o .)
en sujeto y de este en predicado, Cooperación.— Convergencia de ac­
sin alteración de la forma y de ciones, en una obra común. La
la verdad de la proposición. Eos unión de voluntades, sentimien­
lógicos distinguen dos modos de tos, y esfuerzos para realizar el
conversión: simple (sim pH citer) bien común constituye la base
sin alteración de la cuantidad, de toda sociedad. En moral y en
y de este modo se convierten derecho, la cooperación a un
la universal negativa y la par­ acto determina el modo y gra­
ticular afirmativa; y acciden­ do de responsabilidad, según que

175
o
aquélla sea p rin cip a l o secunda­ rado. Mientras el móvil de la
ria , directa o indirecta, m oral o cooperación sea la caza del bene­
física, positiva o negativa, etc. ficio, la esperanza de vivir pron­
En el orden económico, la co­ to burguesmente, la satisfacción
operación es la base de las socie­ de no ser mandado, en una pala­
dades llamadas cooperativas ( sin­ bra, móviles materiales, lleva en
dicatos, «cariéis», «trusts»), que sí el germen de descomposición;
según los fines se llaman de pro­ al contrario, cuanto más pesen
ducción, de consumo, de crédito, los móviles morales y religiosos,
agrícolas, comerciales, industria­ el respeto mutuo, la solidaridad,
les, profesionales, etc. (V. Si n d i ­ el amor al prójimo, tanto más
c a t o , S in d ic a l is m o .) fácilmente prosperarán. No se
Cooperativas.—Empresas formadas olvide en este punto que demo­
por los mismos que trabajan en cracia industrial, o sea gobierno
ellas. Es un ideal acariciado por de muchos, denuncia gobierno
la democracia social. El despo­ indeciso, incierto e ineficaz.
tismo que supone la empresa clá­ Cópula.— (Del latín copula, copula­
sica deja al obrero en una situa­ re, unir.) En lógica designa la
ción de inferioridad impropia del form a del juicio; la relación de
ambiente igualitario y fraternal identidad objetiva de sus térmi­
que se viene formando desde que nos o de atribución de un predi­
se inicia la época contemporánea. cado a un sujeto. En la proposi­
Cualquiera se cree capaz de com­ ción gramatical se espresa por
prender y de hacer lo que com­ el verbo substantivo ser, explíci­
prenda y sepa mandar hacer el to, o implícito en los verbos adje­
más aventajado, y de aquí la pro­ tivos.
pensión a ensayarlo. Por cierto, Copulativa.— Proposición compues­
no pasan de ensayos los intentos ta de varios sujetos o predicados
realizados en este punto, satis­ unidos por conjunciones copula­
factorios bastantes, y fracasados tivos. Se resuelve en tantas sim­
algunos. Para que el movimiento ples cuantos son los términos co­
cooperativo adquiera toda la ten­ pulados, y su verdad depende de
sión que naturalmente le corres­ la verdad de las simples.
ponde, tanto en la producción El silogismo copulativo consta
como en la circulación, distribu­ de una o dos premisas copulati­
ción y consumo, necesita elevar vas, resolviéndose igualmente en
más y más lo que nos atrevemos tantos silogismos simples cuantos
a llamar económicamente crédi­ son los términos copulados. La
to personal del obrero y que lógica de Port-Royal entiende de
llamaríamos humanamente hon­ otra manera el silogismo copu­

176
c

lativo: aquél cuya proposición ciones cardiacas y de la respi­


mayor expresa la incompatibili­ ración, haciendo afluir la sangre
dad de dos términos y sólo pue­ impetuosamente al rostro; en ge­
de ser negativa, lo es, por tanto, neral, las emociones placenteras
también la conclusión; es más van acompañadas de una circu­
bien un silogismo disyuntivo. lación vascular rítmica y abun­
Corolario.— (Del latín coroüarium, dante, y las penosas de una
cor olla, coronilla.) Que corona o circulación débil e irregular. Sa­
completa una tesis. Proposición bemos, sin embargo, que el ór­
que fluye espontáneamente de la gano de la sensibilidad, tanto
demostración de una tesis a modo representativa como afectiva, es
de consecuencia, y no necesita el sistema nervioso; y si la con­
nueva demostración. ciencia parece localizar las emo­
Corazón.—En el lenguaje vulgar, ciones en otros órganos, se debe
el símbolo del amor, de la vo­ a que los centros nerviosos son
luntad, como la cabeza lo es de el principio determinante y re­
la inteligencia, Pero ni la cabeza gulador de los movimientos cor­
discurre, ni el corazón siente; porales, que a su vez son recogi­
es un hablar metafórico deriva­ dos y acusados en los centros. Si,
do de las estrechas relaciones del pues, el corazón no es, propia­
cerebro con el pensamiento y de mente hablando, el órgano de la
la sensibilidad afectiva con el sensibilidad afectiva, expresa
corazón. Acomodándose a este mejor que ningún otro, en sus
sentir vulgar, Aristóteles y Santo movimientos, toda la gama de las
Tomás, y en general los filósofos pasiones. (V. E m o c ió n , P a s ió n ,)
y médicos antiguos, suelen loca­ Corpuscular ( F ilosofía ) .— Se deno­
lizar las pasiones en este órga­ mina así también la concepción
no central de la vida vegetativa. atomística de la naturaleza fí­
Y todas las apariencias parecían sica. (V. A to m ism o .)
favorecer tal opinión; la concien­ Correlación. — Relación recíproca
cia espontánea localiza las emo­ entre dos términos. En realidad,
ciones principalmente en el cora­ toda relación es doble; a la rela­
zón, de donde parecen difundir­ ción de un término a otro, res­
se en las regiones viscerales y de ponde la correlación del segundo
un modo especial en el aparato al primero. Pero esta doble y mu­
respiratorio: las emociones, ver­ tua relación en unos casos es ho­
bigracia, de sorpresa, terror, ver- mogénea (mutua), como en la se­
.güenza se manifiestan ordinaria­ mejanza, la igualdad; en otros
mente por cambios bruscos que heterogénea (mixta); v. gr.: una
alteran el ritmo de las palpita­ real y otra lógica, como entre el

177 12
o

Criador y las criaturas, entre el cuentemente se usa en plural,


conocimiento y su objeto; y sien­ como conjunto de seres del
do las dos reales o lógicas, pue­ universo. En derecho, cosa son
den ser de distinta significación, todos los bienes susceptibles de
como entre la causa y el efecto, dominio o propiedad del hombre;
entre el sujeto y el predicado de se opone a persona, sui juri$.
ios juicios.— {V. R e l a c ió n .) Cosmogonía.— (Del griego -/¿on-o;,
Corrupción.— En Aristóteles y los mundo; ?6vo;, generación). Com­
escolásticos se opone a genera­ prende las teorías e hipótesis
ción de la substancia material acerca del origen y evolución de
(corruptio, de con-rum pi, rom­ los mundos estelares y más es­
perse la unión, disolverse). Todo pecialmente de nuestro sistema
cambio substancial entraña la planetario. Del estado actual del
disolución de la forma y la ma­ universo se puede rastrear el pa­
teria, elementos constitutivos sado de su formación y construir
del ser material; la materia pier­ hipótesis más o menos fundadas
de en el cambio la fonná subs­ de sus fases evolutivas, sobre los
tancial anterior y recibe otra datos de la astronomía, de la fí­
nueva; hay, pues, en todo cam­ sica, de la geología, de la paleon­
bio disolución de una substancia tología, sin olvidar las induccio­
y generación de otra nueva, se­ nes racionales de la cosmología
gún el axioma: corruptio unius o filosofía de la naturaleza. De­
generatio alterius. En sentido más jando a un lado las cosmogonías
particular y corriente, muerte del orientales y de los filósofos grie­
ser viviente por desorganización gos, las hipótesis cosmogónicas
y resolución en elementos físico- modernas de carácter científico
químicos. Tiene también un sen­ son en extremo numerosas, des­
tido metafórico moral: disolución de Kant, Laplace, Faye, hasta
de los vínculos morales, rebaja­ Arrhemus.
miento y muerte de la vida mo­ Bibl,: Faye, D V O rigine du
ral; así se: dice: corruptio op iim i monde, théories cosmogoniques,
pessima. 1896; H. Poincaré, Le$ons sur les
Cosa.— {Del latín causa.) Sinónimo hypoihbses cosmogoniques, 1911;
de ser, realidad, algo; equivale A. Véronnet, Les hypothéses cos­
a los términos latinos res, ens, mogoniques, 1914; S. Arrhenius,
hoc aliquid; como éstos, expre­ L e destín des Eioiles, tr. ir., 1921.
sa la realidad indeterminada; su Cosmología.— (Del griego xóoiío;-
opuesto, la nada. Un metafísica, \óyj~, ciencia del mundo.) Se de­
la substancia o naturaleza inde­ signa con este nombre una de
terminada de los s^res. Más fre­ las partes en que suele dividirse

178
o

(desde Wolíf) la filosofía especu­ dimensiones y formas de la ca­


lativa: metafísica general u an­ beza. Comprende dos grupos de
tología, y especial que compren­ medidas: craniales y faciales. Las
de la cosmología, filosofía del medidas fundamentales del crá­
mundo inorgánico, psicología o neo son tres diámetros perpen­
filosofía de la vida, y teodicea o diculares entre sí: anteroposte-
filosofía de Dios. La cosmología rior, transversal y vertical, que
es, pues, una filosofía de la na­ sirven para determinar la forma
turaleza. Es frecuente compren­ en sus tres dimensiones y el vo­
der en ella, no sólo el mundo in­ lumen encefálico. Manouvrier
orgánico, sino también la vida pone como base seis medidas:
orgánica, reservando para la psi­ diámetro anteroposterioy m áxim ot
cología la vida consciente o tam­ anteroposteríor metópico¡ transver­
bién la totalidad de la vida sal m áxim o, bianriculaV, vertical
humana con el nombre de antro- \ subauricular y longitud frontal.
p ología ; pero la primera distri­ La capacidad del cráneo es un
bución parece más aceptable. La producto de los tres diámetros,
cosmología tiene relaciones es­ anteroposteríor metópico, trans­
trechas con las llamadas ciencias versal máximo y vertical, divi­
cosmológicas (físicas), difiere de dido por 2 y luego por el ín ­
éstas en que estudia la natura­ dice cúbico, que en los adultos
leza en sus causas últimas, y las es de 1,20 para los hombres y
ciencias físicas las causas y leyes 1,15 para las mujeres. Este cálcu­
de los fenómenos. lo solamente puede dar la medi­
Bibl.: D. Nys, Cosmologie, da media aproximada del volu­
i vol.. ed. 1918-25; P. Duhem, men encefálico. Las anteriores
Le systéme du monde. H ist. des medidas sirven también para de­
doctrines cosmologiques de Platón terminar la forma general del
á Copernic, 5 vols., 1913-17; E lu ­ cráneo: índices cefálico, vertical
des sur Léonard de Vinci, 3 vols., y frontal. Uno de los caracteres
1900-13; C. Huit, L a phil. de la morfológicos más importantes es
nature chez les anciens, 1902. el índice cefálico , que expresa la
Craniometría,— (Del griego zpavíov- braquicefalia y la dolicocefalia, o
ui-pov, medida del cráneo).Se em­ sea la anchura mayor o menor
plea también la palabra más com­ del cráneo en relación con lo lar­
prensiva cefalomeiría (de ■/.z®akr¡, go, y resulta de multiplicar el
cabeza). Parte de la antropome­ diámetro anteroposteríor máxi­
tría que se refiere a la técnica mo por 100 y dividido por el
de los procedimientos para me­ transversal máximo. El índice
dir con precisión numérica las cefálico normal oscila entre 70 y

179
o
90. Broca divide la escala de las terior del cráneo. Los grados y
variaciones: hasta 77,77, dolico- formas de prognatismo (nasal,
cefalía; de 77,78 a 80, mesatíce- maxilar superior, mandibular)
falia, y más arriba de 80, bra- constituyen la característica im­
quicefalia. «Se ha creído encon­ portante de los tipos etnológicos
trar en las variaciones del índice y de las fisonomías individuales.
cefálico la base de una especie de La medida del ángulo facial de
frenología de las razas; pero esta Camper sirve para determinar el
novedad, que no ha dejado de prognatismo, pero sólo en gene­
hacer ruido en el mundo cientí­ ral y aproximadamente, y desde
fico, es un engaño. Ningún hecho luego no expone analíticamente
biológico la justifica. Todo indu­ las formas de prognatismo.
ce a creer, por el contrario, que Durante el siglo pasado fué
dichas variaciones tienen una im­ explotada, algo infantilmente,
portancia muy insignificante des­ por naturalistas y antropólogos,
de el punto de vista fisiológico. la idea de estas variaciones cé-
En la braquicefalia, el cráneo falométricas como índice de la
gana en anchura lo que pierde potencia psíquica en la escala
en longitud; invetsamente en la animal y en las razas e indivi­
dolicocefalia.» (Manouvxier, lug. duos humanos. «¿Quiere esto de­
ah. d i., p. 577.)
cir—escribe el ya citado Ma-
Las medidas faciales se refie­
nouvrier (p, 581)— que la medi­
ran a la cara mirada de frente y
da de estas variaciones puede
de perfil. La más característica
servir para apreciar el valor psi­
en el primer caso es la relación
de los dos diámetros, frontal y cológico de los individuos? De
bicigomático (índ ice frontalcigo- ningún modo; este valor, en pri­
m á tico), que expresa el desen­ mer lugar, sólo parcialmente está
volvimiento mayor o menor del en relación con el desarrollo re­
cráneo en relación a la cara, y lativo del cerebro; depende, ade­
da origen a los dos tipos de crá­ más, de otras condiciones com­
neos, criptócigos y fenócigos, de pletamente ajenas a la superiori­
pómulos salientes o retraídos. dad cerebral cuantitativa, con­
E l carácter más importante en venientemente analizada; dichas
las medidas de perfil es el p rog­ variaciones no pueden represen­
natismo, o aspecto saliente de la tar sino muy imperfectamente
cara, que avanza más o menos las variaciones del peso relativo
a partir de un plano vertical, del cerebro, y, en fin, aquélla no
perpendicular al punto extremo está sujeta a medida de preci­
anterior del diámetro anteropos- sión.» (V. L- Manouvrier, Céfalo-

160
o
mélrie anthropologique, en L 'a n - en que siendo el mundo contin­
née psych., 1899.) gente, pudiendo existir o no exis­
Creación.—Producción total del tir, esto es, no siéndole necesaria
ser, ex n ihilo sui et subjecti. La la existencia, existiese necesaria­
acción creadora supone mía cau­ mente, y de otra, en identificar
sa infinita que salve la infinita a Dios con el mundo (emanatis-
distancia entre el no ser absolu­ mo, panteísmo), cuyos atributos,
to de una cosa y la existencia en relación uno con otro, son ab­
de la misma; las causas segun­ solutamente incompatibles y con­
das, finitas, solamente producen tradictorios.
cambioSj substanciales o acciden­ Creación ab esterna.— La doc­
tales, en una materia preexisten­ trina de la creación supone, pues,
te, ex subjeto preexistente, I,a dos cosas: la distinción o trans­
creación es el tránsito total del cendencia de Dios respecto del
no ser a la existencia sin sujeto mundo, y la dependencia de éste
precedente; el cambio es una mo­ en el existir y en el obrar respec­
dificación o modo de ser nuevo to de Dios. ¿Pero supone tam­
en lo que ya existía, y supone un bién el comienzo temporal de la
sujeto del cambio. La doctrina existencia del mundo? D e hecho,
de la creación, opuesta a todo gé­ el mundo comenzó a existir en
nero de panteísmos, emanatista o el tiempo; esto lo sabemos por
inmanentista, es la única expli­ la revelación. La creación en el
cación racional del origen prime­ tiempo es dogma fundamental
ro del mundo. Si el mundo es de de la teología católica. ¿Pero es
naturaleza esencialmente con­ concebible racionalmente la exis­
tingente, indiferente a la existen­ tencia eterna del mundo depen­
cia o a la no existencia (ens ab diente de Dios, o sea la creación
a lio ), es preciso admitir un ser ab (Eterno} Los filósofos católi­
necesario (ens a se) de donde cos se dividen en esta cuestión:
proceda y donde tenga la razón unos, con San Agustín, la supo­
suficiente de su existencia, pues­ nen absurda, como sería absur­
to que en si mismo no la tiene; do admitir un número infinito
y es absolutamente necesario, de sucesiones temporales, que,
además, admitir la distinción por otra parte, iría aumentando
esencial entre Dios creador y el en la duración; otros, con Santo
mundo creado. Esta conclusión Tomás, en quien se ve la influen­
deriva inmediatamente de los cia de Aristóteles, admiten la
principios de contradicción y de posibilidad de un número infini­
razón suficiente; habría, en efec­ to actual y, por tanto, de la crea­
to, contradicción, de tina parte, ción ab {eterno. En esta última

181
C

opinión, la razón demostraría la de form a) de un ser en otro. E l


dependencia del mundo respecto alma, siendo forma subsistente
de la Causa primera, pero no po­ inmaterial y sünple, no puede
dría demostrar el comienzo tem­ resultar de la composición de ma­
poral del mundo; esto lo sabría­ teria y forma preexistentes; lue­
mos solamente por revelación. go es efecto de un acto creador
L a palabra creación suele em de Dios.
plearse en nn sentido impropio, Crédito.— E n economía, confianza
como cuando se dice: creaciones otorgada a una persona, pública
de la naturaleza, de la ciencia, o privada, de que cumplirá sus
del arte, etc. compromisos a base de la volun­
En la naturaleza hay trasfor- tad y capacidad de hacerlo. En
maciones, cambios, evoluciones, otro sentido se dice que es el de­
110 creaciones, en el propio senti­ recho a reclamar dinero de al­
do de la palabra, «nada en ella guien en lo futuro. Por consi­
se crea y nada se aniquila»; del guiente, dos elementos integran
mismo modo que en la natura­ al crédito: uno personal y otro
leza, hay en la ciencia y en el real. Con esto queda zanjada la
arte y en la vida, que es un arte, controversia acerca de la prefe­
ejercicio y perfección subjetivos rencia por el crédito personal o
de las facultades y trasforma- por el real. Parece que el crédito
ción objetiva de la realidad como real, verbigracia el hipotecario,
término de la actividad subje­ no es tal crédito, ya que en él se
tiva. manifiesta más claramente la
Creacionismo.— E n psicología ra­ desconfianza que la confianza;
cional, teoría que explica el ori­ por el contrario, parece crédito
gen de las almas humanas por por excelencia el personal, ya que
la acción inmediata creadora de en él la confianza se queda sola.
Dios, en oposición al generado- Pero si al lado de la confianza
nismo, que las supone engendra­ colocamos la voluntad y capaci­
das, como el cuerpo, por los pa­ dad de cumplir los compromisos
dres. E l origen es conforme a la adquiridos, entonces se ve claro
naturaleza del ser; puede ser ésta que el crédito hipotecario, am­
simple o compuesta de forma y pliamente entendido, es el ejem­
materia y de elementos integran­ plo típico, mejor dicho, la única
tes, de donde los dos modos de forma del crédito. L a capacidad
venir los seres a la existencia, de cumplir los compromisos ad­
por creación o tránsito absoluto quiridos es eminentemente real
del no ser al ser, o por genera­ y, por tanto, sin una medida ho­
ción, o trasformación (cambio mogénea no habrá posibilidad de

182
Ü

apreciarla en magnitud. N o sig­ no en razones intelectuales, ple­


nifica esto que la garantía real namente demostrativas, sino en
del crédito haya de ser siempre razones incompletas y menos d a -
material de hecho. ras, reforzadas por la voluntad
H a y garantías reales que to­ y el sentimiento: tal es la llama­
davía 110 son completamente da certidumbre m oral; d ), final­
efectivas, pero que lo serán en mente, en sentido más restringi­
breve plazo, y ellas constituyen do aún, creencia es sinónimo de
garantía del crédito a base de fe, asentimiento prestado al tes­
riqueza realizable. Se atribuye a timonio, divino o humano. (V éa­
Macleod la creencia de que por se, para este último, FE, A u t o r i ­
el crédito se crea riqueza inme- j d a d .) I/js dos primeros sentidos
diatamente. Si cada habitante carecen de interés; el tercero im­
presta su fortuna al vecino, ¿se plica problemas filosóficos de im­
habrá duplicado la riqueza del portancia.
país? No; el crédito facilita la Estas creencias, convicciones y
aplicación productiva del capi­ certidumbres, carentes de condi­
tal e indirectamente concurre al ciones estrictamente científicas,
aumento de producción y bien­ lo llenan todo en la vida, no sólo
estar; pero nada más. moral y social, sino aun intelec­
Creencia.— (Del latín credere, creer, tual. E l despertamiento y edu­
dar fe, prestar asentimiento. E 11 cación de las inteligencias estri­
latín: fides. E n griego: itía-i;.) ban en creencias emanadas del
M uy generalizado el uso de esta magisterio social; la vida prác­
palabra en la filosofía moderna, tica se funda toda ella en creen­
con significación ambigua: ^ . s i ­ cias naturales del buen sentido
nónimo de asentimiento, afirma­ y en creencias sociales; exigir en
ción; en este sentido general, todo la vida evidencias absolutas se­
conocimiento, aun el científico, 0S ría paralizarla: si para pensar
creencia; b ), en sentido opuesto fuera necesario el conocimiento
a ciencia, intermedio entre ésta de las leyes racionales del pen­
y la opinión, siendo una opinión samiento, no se pensaría jamás;
más o menos segura; y ésta es si fuera condición previa para
también la significación vulgar; andar la aplicación racional de
c ), en sentido más restringido, el las leyes mecánicas, no se anda­
más generalizado entre los filó­ ría nunca. L a ciencia misma,
sofos, la creencia es una convic­ siendo obra colectiva, exige la fe
ción firme, una certidumbre, y mutua de los que colaboran en
en esto se opone a la opinión; y ella; aun dentro de la especiali­
a la ciencia en cuanto se apoya, dad, la inteligencia del sabio vive

183
C

en un ambiente de creencia que convicciones, es lo que constituye


no puede razonar integralmente; los dictados del sentido común.
fuera de la especialidad, la creen­ Cierto que a éste no toca decir
cia domina plenamente sobre la la última palabra sobre lo bien
razón. Más aún, lo irracional o mal fundado de sus creencias
(pase la palabra en el sentido de y que la razón puede y debe so­
lo no integralmente comprendi­ meterlas a esamen para descu­
do por la razón) está en la base brir en ellas, evidencias raciona­
de todas las ciencias, aun las les; pero teniendo siempre en
matemáticas, y se mezcla en el cuenta que «para hacer crecer un
tejido de sus construcciones. L a árbol, no debe comenzarse por
ciencia pura, como la inteligen­ cortarle las raíces». Que si hay
cia pura, son abstracciones. dudas prudentes y racionales,
Exigir en la vida, y aun en la las hay también imprudentes y
ciencia, claridad y evidencia ab­ atentadoras a los fueros de la
solutas, de tipo, v. gr., matemá­ razón.
tico, equivaldría a suprimir el L a creencia es obra de la inte­
patrimonio intelectual más im­ ligencia y también de la volun­
portante de la humanidad. E n ­ tad. H a y certidumbres inmedia­
tre la claridad total y la obscuri­ tas como los primeros principios
dad hay grados diversos de ilu­ en donde la voluntad no puede
minación, y el espíritu no debe nada; la simplicidad de los tér­
desdeñar ninguna parcela de esta minos y la clarividencia de sus
luz; la inteligencia es demasiado relaciones fijan de tal modo la
débil para comprender todos los inteligencia, que serían inútiles
aspectos de lo real, para disipar todos los esfuerzos de la volun­
todas las obscuridades, para re­ tad para detener el asentimien­
solver todas las contradicciones. to; del mismo modo en las certi­
Las certidumbres espontáneas dumbres matemáticas. Pero la
que dirigen la vida se fundan de mayor parte de las certidumbres
ordinario en evidencias difusas, no son de este género, ni pueden
indiscernibles, visión reforzada tratarse more geométrico. Concu­
por las creencias naturales en el rre la voluntad a la obra de la
valor de la razón y de los senti­ inteligencia, avivando el foco in­
dos, en. la fe en el magisterio so­ telectual y aproximando la reali­
cial, en su conformidad con los dad para verla mejor, movién­
sentimientos, etc.; y todo este dola al examen de los motivos,
conjunto de motivos, mezcla de ampliando o suspendiendo este
visión y creencia, suficientes examen, cerrando la puerta a
para fijar la inteligencia y formar excitaciones de nuevas dudas

1AJ
o

posibles y, por último, reforzan­ de creer, cuando se ha hecho im­


do el asentimiento y contribu­ potente para ver.
yendo a la quietud del espíritu Pero donde la voluntad inter­
con su adhesión. viene de una manera especial es
■ Exige la certeza fijación de la en los juicios morales y prácti­
inteligencia y cesación de movi­ cos. L a materia de estos juicios
miento ulterior; pero conserva es la vida misma de la voluntad,
ésta siempre el poder de revisar y en esta vida ha de buscar la
sus certidumbres indefinidamen­ inteligencia la norma de su ver­
te y de continuar el movimiento dad. Los principios morales que
de análisis, que puede llegar has­ legitiman toda deducción prác­
ta un límite donde ya no ve; y tica no los posee el espíritu a
esta obscuridad que limita, su p rio ri: son fórmulas conceptua­
evidencia y se extiende más allá les extraídas de los hechos de la
de los fundamentos de sus cer­ vida real, elaborados sobre las
tidumbres, puede ser causa de necesidades y exigencias funda­
turbar la posesión tranquila de mentales de la naturaleza. Toda
la verdad, surgiendo la enferme­ certidumbre moral habrá de te­
dad terrible de la duda. «No hay ner, pues, aquí su fundamento
conocimiento tan bien asegurado último de verdad; habrá verdad
que no pueda en alguna manera en los juicios morales si éstos
quebrantarse a los asaltos de la marcan la rectitud de la vida, y
duda; y las brechas, una vez esta vida solamente será recta si
abiertas en el muro, pueden ex­ marcha en la dirección de las ten­
tenderse poco a poco hasta las dencias naturales. Se comprende
bases del edificio. Los primeros entonces la influencia decisiva de
principios, sin los que ninguna la voluntad y que de ella dependa
ciencia subsiste, pueden en tales el ver más o menos, bien o mal,
casos tener necesidad, no cierta­ en los dictados de la razón prác­
mente de fundamento, pero sí de tica. «En las cuestiones morales,
un apoyo moral.» (L. Baille, obra donde los intereses y las pasio­
citada, pág. 17.) L a inteligencia, nes entran en juego, es necesa­
en semejantes casos extremos, rio, para ver claro, que la buena
perdido el vigor y el equilibrio voluntad calme las pasiones que
normales, incapacitada para de­ tratan de obscurecer la verdad.
cidir el asentimiento ante la duda Es necesario que esta verdad sea
que le acosa y se renueva sin deseada, amada, preferible a otro
cesar, sólo puede evitar el nau­ bien, de corazón puro y recto.
fragio entregándose a la volun­ Sin estas disposiciones morales,
tad que le impone la necesidad hay verdades demasiado difíci­

165
c

les, o tan altas, que un alma baja traremos menos justificada la


y egoísta no llegará a compren­ gananda. Por otra parte, rodea­
der jamás...» (Farges, lug. ob. ci­ do el comerciante de un ambien­
tada, pág. 63.) (V. Ce r t e z a , E v i ­ te de engaño, falsedad, contra­
d e n c i a .) rios a una recta moral, se com­
Bibl.: I*. Baille, Qu’est-ce que prende que su actuación en la
la Science?, 1908; A. Farges, La vida sodal resulte pernidosa. Y
crise de la Certitude, 1907; New- no sólo por esto, sino porque
man, Granimar of assent, 1901; contribuye a la introduedón de
Balfour, The fond. ofbelief, 1901; lujos que trastornan el equilibrio
L- Ollé-Laprune, D e la certitude económico doméstico. He aquí
morále, 1880; J. Brunetíére, D is ­ por qué Aristóteles condena la
co urs de combat, L e besoin de crematística, las ocupaciones no
croire, 1900; A. Gardeil, L a certi­ naturales, el préstamo de dinero
tude probable, 1912; De la Barre y el comercio. En tiempos muy
Certitude scientif. et cert. ph il,, posteriores vuelve a usarse esta
1900; G. Milhaud, Essai sur les palabra para criticar el sabor ex­
cond. et les limites de la certitude cesivamente material de la obra
logique, 1894; A . Leclérc, Essai económica de A. Smith. Sismon-
critique sur le droit d’affirm er, di la llamaba doctrina de la
1901; L/. R.obert, D e la certitude- usura.
et des formes récenles du scepti- Crisis.— (Del griego jípíaic.) Punto
cisme, 1881; Mcrcicr, C riterio- culminante, momento dedsivo
logie. de una enfermedad, que puede
Crematística.— (En.griego, 'H y¿r¡y-a- terminar en resolución o en di­
■EtOTtzíí, el arte de enriquecerse solución. Por extensión se aplica
por los negocios.) Según Aristó­ a los desequilibrios profundos, a
teles, es aquella parte de la Eco­ las desviadones extremas y agu­
nomía que trata de adquirir ri­ das de la normalidad funcional
queza con medios no naturales. en los distintos órdenes de la
Es suficientemente claro que vida: crisis intdectual, moral,
cada cual considere suyo lo que sodal, política, económica, etc.
conquistó con su sangre y sudor; E n Economía, desequilibrio
pero no parece tan daro que se reflejado en los precios que recla­
le atribuya con igual derecho lo man el coste y los que permite
que no le cuesta trabajo. Si aña­ el consumo. Dado un estado de
dimos que a veces se adquiere prosperidad grande, abunda el
riqueza destinando a usos impro­ crédito, hay precios altos y todo
pios (no naturales) riquezas que el mundo tiene ocupadón lucra­
tienen usos propios, aún encon­ tiva. Este feliz estado lleva con­

106
c
sigo gérmenes de descomposición, ciencia; inteligencia o razón para
porque las esperanzas acaricia­ las verdades ideales; sentido co­
das por muchos emprendedores mún, que es la misma inteligen­
pueden fallar y fallan a conse­ cia espontánea, semejante a un
cuencia de hechos naturalísimos sentimiento por lo irreflexivo,
que se dan en la vida. E l crédi­ revelando el conocimiento de los
to y la competencia son los dos principios y de otras verdades
responsables de las crisis, y en prácticas, sobre todo de orden
ellos se ha de buscar el remedio moral; el criterio de autoridad,
de tantas esperanzas fallidas. que funda la fe en el testimonio
Por eso se recomienda en cuan­ de otros. (V. en su lugar cada
to al crédito un sistema de re­ uno de ellos.) Pero todos se ha­
servas bancarias realmente elás­ llan subordinados a la inteligen­
ticas, juntamente con un control cia, facultad del juicio enuncia­
firme de la tasa del descuento. tivo de la verdad.
Y en la competencia, la integra­ E l criterio en sentido propio se
ción de la industria en el orden refiere a la validez y verdad de
patronal, y la unión obrera en los juicios: «la norma o signo por
esta clase. el que distinguimos lo verdade­
Criterio. — (Del griego xpL-j¡piov de ro de lo falso». ¿Existe este cri­
xptW.v, juzgar.) E n el conocimiento terio ú ltim o de verdad, garantía
verdadero y cierto, que es el per­ suprema de la certidumbre en
fecto, se pueden distinguir: los nuestros juicios de las cosas? ¿En
medios o facultades de conocer, qué consiste? E l escepticismo lo
los criterios de verdad y los m oti­ niega; nunca hay seguridad ab­
vos de certeza. E n un sentido más soluta de poseer la verdad, y
general, la palabra criterio signi­ dado que la verdad exista, de­
fica todas estas cosas: ya las fa­ bemos contentamos con la mera
cultades del conocimiento (c r i­ probabilidad. Buscan unos fuera
terios subjetivos) , ya también, y de la inteligencia esta suprema
principalmente, los fundamentos garantía de la verdad, conside­
últimos de la verdad y de la rando que, o no está hecha para
certidumbre ( criterios objetivos) . la verdad, o es tan débil que por
Los criterios subjetivos son múl­ sí sola no la puede alcanzar (tra ­
tiples y responden a los distintos dicionalismo, fideísmo, psicolo-
órdenes de realidades cognosci­ gismo, pragmatismo, etc.); otros,
bles; experiencia externa para las finalmente, hacen de la inteligen­
verdades de hecho del mundo ex­ cia juez de la verdad; pero esta
terior; experiencia, interna para verdad es construcción pura de
los hechos subjetivos de la con­ la inteligencia y no verdad obje­

187
9
tiva de una realidad que existe CHteriologie, y, en gen., los trat.
fuera de la inteligencia (idealis­ de Lóg. critica.
mo, criticismo, etc.). Criteriologfa.— Llam ada también
Si la verdad existe (lo contra­ lógica critica, es la parte de la ló­
rio convertiría al hombre en un gica que trata de la verdad del
absurdo viviente, un monstruo conocimiento o relación de éste
de la naturaleza que le habría a las cosas; en oposición a la
dotado de una inteligencia para dialéctica o lógica form al que tra­
la verdad que jamás podría en­ ta de la rectitud, o sea de las
contrar), es necesario que haya formas y relaciones lógicas del
un criterio o norma con que po­ pensamiento. Es la lógica m ajor
derla distinguir del error; de lo de los tratadistas escolásticos; y
contrario, sería para nosotros modernamente, sobre todo en
como si no existiera; verdad y Alemania, es frecuente la deno­
error serían lo mismo, mejor di­ minación de epistemología (de
cho, no habría uno ni otro. £¡ct3Tí)^i.?}4.0Yo;- doctrina de la cien­
E s necesario, además, que este cia). E l objeto de la criteriolo-
criterio sea intelectual y de la gía es la existencia, naturaleza,
inteligencia individual, puesto fuentes y criterios del conoci­
que la verdad se formula en el miento verdadero y cierto. L a
juicio, y el juicio es un acto de criteriología tiene hoy ima trans­
la razón personal. Por último, si cendencia universal, dado el es­
la verdad es relación de adapta­ píritu critico de la filosofía con­
ción de la inteligencia a un temporánea y la tendencia a mi­
objeto que le sirve de norma y rar, tratar y resolver los proble­
medida ( admqaatio rei et intellec- mas de la metafísica y aun de la
tus), es necesario poner el crite­ ciencia, desde el punto de vista de
rio de la verdad, no en las leyes una teoría del conocimiento. Se
subjetivas de la inteligencia, sino ha llamado, y en realidad es la
en la objetividad real de las co­ criteriología, filosofía fundamen­
sas; que en la relación de cono­ tal, puesto que ella planea las
cimiento, la inteligencia (in te- bases para la solución de los pro­
llectus) es lo mensurable, y la blemas filosóficos.
realidad (re s ) la medida. Este Bibl.: D . Mercier, C riíeriolo-
criterio supremo es la evidencia gie; R , J eanniére, CHteriologie
objetiva. (V. Co n o c im ie n t o , vel C ritica cognitionis certa, 1912;
V e r d a d , C e r t e z a , E v id e n c ia L . Noel, Notes d’epistem. tho-
y las bibl.) miste, 1925.
Bibl.: Balines, F U . fund., 1. I; Crítica.— Apreciación, juicio, dis­
Mercier, CHteriologie; Jearmiére, cernimiento de valores; y según

188
c
sea la materia de valoración, así y principios de la razón especu­
la crítica se llamará filosófica, lativa: legítimo, cuando aplica
científica, literaria, artística, etc. estas formas a p r io r i y piensa
L a critica filosófica puede enten­ según ellas la materia de expe­
derse, o como análisis valorativo riencia; ilegítimo, cuando inter­
de las producciones históricas, o preta estas formas a p r io r i como
como análisis del conocimiento, representación de objetos y ver­
de su naturaleza, de su valor y dades reales. D e donde se sigue
límites, de las condiciones de su la imposibilidad de la metafísi­
posibilidad. Este sentido se ha ca y el escepticismo; solamente
generalizado después de Kant, conocemos lo que aparece según
que le aplicó en sus tres obras: las leyes del espíritu, no lo que
Critica de la razón pura, Critica en sí es la realidad; el espíritu
de la razón práctica y Critica del construye los objetos del pensa­
ju icio. miento antes de pensarlos, no
Criticismo.— Conforme a la etimo­ son éstos dados en la realidad
logía, espíritu de ponderación y como medida del pensamiento.
de crítica, tanto en el plantea­ Pero si la razón es incapaz de
miento y solución de los proble­ resolver especulativamente nin­
mas filosóficos, como en el esa­ gún problema metafísico, la ra­
men de los sistemas. Después de zón práctica se halla en condi­
Kant, la palabra designa más ciones de fundamentar por lo
especialmente el modo de plan­ menos aquéllos de orden práctico
tear él y resolver los problemas que postula la moralidad de las
del conocimiento en sus tres C rí­ acciones y que la razón es incapaz
ticas, y más particularmente en de establecer teóricamente. En
su Critica de la razón pura. Kant el criticismo de K an t se unen así
se propone determinar en qué los dos extremos, el escepticismo
condiciones el conocimiento es teórico y el dogmatismo prácti­
posible, cuáles son sus límites y co, y ésta es la posición del neo-
su valor; en la primera crítica kantismo o neocriticismo. (E l
examina el valor de la razón es­ examen del criticismo, véase en
peculativa como instrumento de la palabra K a n t , volumen II.)
verdad, en la segunda considera Bibl.: Ruyssen, Kant, 1901;
la razón práctica como directo­ Walker, Theories of knowledge,
ra de la acción y subordinada al 1909; C. Sentroul, K a n t et A r is -
fin moral. E l fondo de la Crítica tote, 1913; D. Mercier, Cviterio-
de la razón pura consiste en afir­ logie, y, en general, los tratados
mar que hay uu uso legítim o y de Criteriología; J. Maréchal,
un uso ilegítim o de los conceptos Le point de départ de la M éta -

189
c

physique. Cahier I I I , L a critique cia l) y es atributo de todo ser


de Kant, 1923; P, Charles, L a creado, material y espiritual; así
métaphysique du kantismo, 1925; la vida superior del hombre es
V. Delbos, L a philosophie p ra li- cualidad pura; la cualidad es
que de K a n t (no obstante la res­ principio de unidad en los seres
tricción del título, comprende en y los diferencia específicamente;
realidad toda la obra de Kant); la cuantidad es homogénea y
Menéndez y Pelayo, D e los oríge­ principio de la pluralidad. Se
nes del critic , y del escep., en el opone, finalmente, a la relación,
volumen I X de sus «Obras com­ en cuanto es accidente absoluto
pletas», 1908. que por sí no dice relación algu­
Cualidad.— (Del latín qualitas, de na a otro, aunque pueda deter­
qualis; trad. del griego ito'.ÓTqr, minar múltiples relaciones. No
de ~b ttowv.) Se usa en distintas se infiere de esta oposición, ver­
acepciones: a ), una generalísima, bigracia, entre la cualidad y la
equivalente de entidad, realidad, cuantidad, que hay también se­
se opone en cierto sentido a re­ paración e incompatibilidad; los
lación; b) , otra sinónima de pro­ dos accidentes constituyen en los
piedad, atributo, predicado, y sé seres materiales quid unum tan
opone ya a objeto, ya a sujeto; inseparables como la forma y la
c ), finalmente designa una de materia, de donde respectiva­
las categorías accidentales, y se mente proceden: las cualidades,
opone a cuantidad. Como catego­ energías y fuerzas, color, soni­
ría especial, Aristóteles la enu­ do, etc., se despliegan siempre y
mera entre las nueve accidenta­ son mensurables en formas cuan­
les (-oiótv¡í); qua res tales vel titativas de espacio y movimien­
qualcs dicuntur, decían los esco­ to, y a su vez estas formas cuan­
lásticos. N o es definible, pero se titativas sólo se perciben envuel­
puede delimitar el significado de tas en la cualidad.
la cualidad comparándola a las Aristóteles divide la cualidad
otras tres principales, substan­ en cuatro géneros principales,
cia, cuantidad y relación. Se opo­ advirtiendo que acaso no todas
ne a la substancia en cuanto es las cualidades pueden incluirse
una determinación accidental. en ellas: unas determinan la na­
A la cuantidad, que proviene del turaleza del ser, hábito y dispo­
elemento material ( materia p r i­ sición (s^ic, StaOsoic); otras las
mera) de las substancias físicas, potencias o ti principios de acción,
y solamente en éstas existe, en p o te n cia e impotencia (oúva|u;
cuanto aquélla deriva del ele­ tfua'jíTÍ ¿Suvtz^'a); otras las poten­
mento formal (form a substan- j cias pasivas o el resultado y tér­

190
c

mino de la acción, pasión y cua­ del juicio, dividido en tres sub-


lidades pasibles, xqmtijtsc zaBr¡vxctí categorías: afirmación, negación
■mí E«5r¡); otras, finalmente, de­ y lim itación.
terminan la forma exterior de Cualidad sensible. — (V. S e n s a ­
la cuantidad, figura y form a de c i ó n .)
los cuerpos (oy^acc, (V. en Cuantidad.— (Dellatín quantitas, de
su lugar cada una de estas pala­ quantum.) Tiene una acepción
bras.) Iyas cualidades pueden ser general menos propia: lo que
espirituales y materiales o sensi­ puedeser más y menos, aumentar
bles; éstas, a su vez, prim arias y disminuir. E n este sentido es
(extensión, movimiento) y secun­ también atributo de toda cuali­
darias que afectan a las anterio­ dad; poseen cuantidad lógica las
res (color, sonido, etc.); esta úl­ ideas, tienen mayor o menor in­
tima división responde a los sen- tensidad las actividades psicoló­
sibilia com m uniay sensibilia pro- gicas, hay grados de intensidad
p ria de los escolásticos. P ro p ie ­ en los colores, sonidos, etc., que
dades de la cualidad: tener con­ son cualidades. Aristóteles res­
trario, las cualidades contrarias tringe el significado a la noción de
se excluyen en el mismo sujeto continuo extensivo, y de ella hace
(ciencia e ignorancia, virtud y la categoría de cuantidad (r.üaÓTqz),
vicio, blanco y negro); la cuali­ que deriva de la materia y sólo
dad funda la semejanza o dese­ es atributo de las substancias
mejanza délas cosas. «H ay cuali­ materiales; en oposición a la cua­
dades— dice Aristóteles— que no lidad, que deriva del elemento
son susceptibles de más y de me­ formal. Cuantidad se opone así a
nos; un círculo no es más o me­ cualidad, repartiéndose las dos
nos circular, un triángulo no es los atributos del ser material;
más o menos triangular. Pero la todo lo que no es cualidad es
mayor parte de las cualidades cuantidad. A falta de definición
son susceptibles de más y de lógica de la cuantidad, suelen dar
menos, son capaces de intensi­ los escolásticos ésta u otras seme­
dad, una cosa blanca puede ser jantes: partium extra partes po-
más o menos blanca. & sitio, lo que consta de partes si­
E n lógica, la cualidad designa tuadas unas fuera de otras; exten-
la forma de los juicios y, según sio partium in tolo; ordo partium
ella, éstos se dividen en afirma­ in ord in e ad totum . Resulta, pues,
tivos y negativos. Y este es el la cuantidad de la unidad de
sentido, puramente lógico, dado muchos en que puede dividirse;
por K ant a la categoría de cuali­ y según sea la unidad, lógica,
dad como derivada de la forma tópica o real, así la cuantidad

191
c
puede ser discontinua, contigua suma total es siempre proporcio­
o continua. L a continua puede nal a la magnitud de los suman­
ser coexistente (extensión en sus dos; en la cualidad, la fusión de
tres dimensiones) y sucesiva grados diversos de intensidad no
(tiem po, m ovim iento). Propieda­ guarda esta proporcionalidad, y
des de la cuantidad: divisibilidad, lo mismo puede aumentar que
mensurabilidad, yelación a un lu ­ disminuir la intensidad resultan­
gar, impenetrabilidad. te; así la conjunción de fuerzas
Cuantidad y cualidad. Puesto lo mismo puede aumentar que
que ambas nociones se reparten disminuir el efecto total; la unión
los atributos de nuestros juicios de dos colores débil y fuerte dis­
sobre las cosas, será útil un exa­ minuye la intensidad tonal de
men comparativo que baga re­ este último; un congreso de me­
saltar su oposición y relaciones. dianos matemáticos jamás po­
Expresa la cualidad una reali­ drá equivaler a un Newton. En
dad específica indivisible en par­ geometría, v. gr., sólo pueden
tes integrantes de la misma natu­ adicionarse las cuantidades de
raleza del todo; la cuantidad es una misma cualidad: dos líneas,
un compuesto de partes cuya na­ dos superficies; pero no cualida­
turaleza es idéntica a la del todo. des diversas: una línea y una
Se ha pretendido ver en la in­ superficie, un círculo y un cua­
tensidad cualitativa un princi­ drado. ¿Quiere esto decir que la
pio de reducción de la cualidad cualidad, la cualidad física, sea
a la cuantidad. Cierto: la cuali­ inaccesible a la medida y al cálcu­
dad crece y decrece entre dos lo? N o. L a cualidad y la cuanti­
límites contrarios, y la cuanti­ dad son atributos de la substan­
dad aumenta y disminuye entre cia material, y tan estrechamen­
límites indefinidos; pero esto es te solidarios como la forma y la
una analogía nada más. L a cuan­ materia de donde respectivamen­
tidad es homogénea, aumenta o te derivan. Entre una y otra hay
disminuye por simple adición o relaciones de proporcionalidad
división, es mensurable por una constante, y así, la cualidad es
medida común; la cualidad es valuable en términos de cantidad
heterogénea, no crece por adición matemática. Las fuerzas y ener­
su intensidad, sino por fusión, gías se aprecian en efectos cuan­
resultando una cualidad nueva; titativos de movimiento; el ca­
cada grado cualitativo es espe­ lor, el color, el sonido, etc., son
cíficamente distinto de los de­ mensurables en cuantidades de
más, no habiendo medida común extensión y movimientos corres­
entre ellos. E n la cuantidad, la pondientes. D e este modo, las

192
c

cualidades intensivas en función del universo en términos de una


de cuantidades pueden ser ex­ geometría universal. L a ciencia
presadas, lo mismo que éstas, física, cuyo fin no es explicar la
en el lenguaje de un álgebra uni­ naturaleza de las cosas sino la
versal: el calor, en función del representación simbólica de sus
volumen de los cuerpos; la pro­ fenómenos, está en su derecho
piedad eléctrica, en función de al excluir la cualidad, o a lo
los efectos-movimientos de atrac­ menos a expresar también ésta
ción o repulsión, etc. en términos correlativos de cuan­
I*a noción de cuantidad tiene tidad. Pero este mecanicismo de
en las ciencias físicas una impor­ la ciencia es solamente una abs­
tancia considerable. Desde el si­ tracción, un método, que sería
glo X V II, el ideal de la física ea absurdo convertir en expresión
la exclusión de toda cualidad y metafísica de la realidad. Que
la expresión de los fenómenos en una cosa es la medida y otra la
símbolos de la matemática. Este realidad mensurable. «Cuando
ideal de la ciencia fué converti­ una teoría científica— escribe
do por Descartes en concepción Poincaré— pretende enseñamos
metafísica de la realidad. «Yo no lo que es el calor, lo que es la
admito— dice— principios en Fí­ electricidad, lo que es la vida,
sica que antes no hayan sido re­ está ipso fado condenada.» A c ­
cibidos en Matemáticas.» «No re­ tualmente ésta es la actitud de
conozco en las cosas materiales la ciencia, y los científicos a ella
otra substancia que esta materia se atienen; y si nunca la física ha
susceptible de toda suerte de creído poseer la prueba de que
divisiones, figuras y movimien­ las «cualidades físicas» se reduz­
tos que los geómetras llaman can realmente a movimientos,
cuantidades y que ellos toman de hecho hoy no lo cree. E l emi­
como objeto de sus demostra­ nente historiador de las teorías
ciones; y en esta materia, yo no físicas, Duhem, cree necesario
considero absolutamente nada hoy volver a las ideas funda­
más que estas divisiones, estas mentales de la física aristotéli­
figuras y estos movimientos.., ca. «Tratar de reducir a figuras
L a naturaleza de la materia con­ y movimientos todas las propie­
siste, pues, solamente en «la ex­ dades de los cuerpos parece
tensión en longitud, latitud y una empresa quimérica, sea
profundidad», en «lo que llaman porque semejante reducción ha­
los geómetras cuantidad.» ( P r in , bría de obtenerse a fuerza de
phil,, II, art. 64.) Tal es el meca­ complicaciones imposibles de
nicismo cartesiano: la expresión imaginar, sea también porque

193 13
estaría en contradicción con la relativa de las expresiones silá­
naturaleza de las cosas materia­ bica y notal.
les... Renunciando, pues— aña­ Bibl.: P. Duhern, L'évolution de
de— , a las tentativas, sin cesar la M écanique; L a théorie physique,
renovadas después de Descartes, son objet, son struciure, 1906;
nos vemos obligados a relacio­ D. Nys, Cosmologie, ed. 1922-25;
nar nuestras teorías con las no­ J. Tannery, Science et Ph iloso­
ciones esenciales de la física phie, 1912; P. M. Arnáiz, E l es­
aristotélica.» p ir ita matemático de la filosofía
L a cantidad en física se de­ moderna, 1923. (V. CIENCIA y la
termina en función del volumen bibl.)
y del peso, Usté mide el quan­ Cuantidad l ó g i c a .— Se refiere a la
tum, la composición entitativa universalidad o extensión de las
de la substancia corporal; el vo­ ideas; en razón de ella, éstas son:
lumen, las dimensiones espacía­ individuales o singulares, par­
les. U n a misma cantidad de ticulares, generales, universales,
materia conserva invariablemen­ colectivas. L a cuantidad de los
te su peso; pero puede variar juicios depende de la extensión
su volumen, o sea las dimensio­ del sujeto, y según sea esta ex­
nes en el espacio. tensión, así aquéllos serán sin­
L a cantidad en mecánica se gulares, particulares, universa­
define en función de la masa y les, etc. H a y juicios y silogis­
de la velocidad; el producto de mos de cualidad y de cuantidad/
la masa de un cuerpo por la los primeros afirman la atribu­
velocidad de que está anima­ ción del predicado al sujeto, y
do — mv. entre los dos solamente hay
L a cantidad en matemática-. identidad parcial, no total; los
el número, cantidad discreta; segundos expresan una relación
y la extensión, cantidad con­ de igualdad o equivalencia total;
tinua permanente. «Cuanto a tales son los matemáticos.
las cantidades imaginarias, sería Cuantificacián del predicado.
quizá más correcto llamarlas L a lógica tradicional dividía las
expresiones imaginarias, porque proposiciones, en razón de la
no existe de hecho ninguna can­ cuantidad y de la cualidad com*
tidad real que responda a esta binadas, en cuatro grupos, de­
fórmula matemática: v. gr., la signados por las vocales A, E,
raíz cuadrada de — 2, y/— 2.9 I, O, considerando solamente la
(Nys, ob. abajo cit., pág. 287.) cuantidad del sujeto. Hamilton
L a cantidad prosódica y m usi­ creyó que debía tenerse en cuen­
cal es la temporal, la duración ta también la del predicado.

194
0
puesto que éste es pensado tam­ hay común; el primero es sínte­
bién por el espíritu, lo mismo sis cualitativa del predicado en
que el sujeto, en relación de la unidad comprensiva del suje­
cuantidad, a lo menos implíci­ to; la segunda simple compara­
tamente; y la lógica debe renun­ ción de dos cuantidades; en el
ciar explícitamente lo que se juicio cualitativo, el predicado
piensa de un modo implícito». es idéntico al sujeto; la ecuación
En lugar de cuatro, admite así matemática expresa que dos
ocho clases de proposiciones; cuantidades diferentes son igu a ­
toto-total, tolo-parcial, parti-total les, mayores o menores una que
y parU-parcial, afirmativas y otra. Intencionalmente los jui­
negativas, que designa con las cios lógicos son atributivos; no
cuatro primeras vocales latinas y intentamos incluir los sujetos en
las cuatro griegas. Pretende H a- las categorías del predicado,
milton con esta reforma simpli­ sino, al revés, cualificar el sujeto
ficar y completar la lógica aris­ por medio del predicado; así,
totélica. Las proposiciones serían cuando afirmamos que los cuer­
así simples ecuaciones matemá­ pos son extensos, no pretende­
ticas convertibles con la simple mos incluir los cuerpos en la ca­
trasposición de los términos. E l tegoría de cuantidad, sino, al
silogismo quedaría igualmente revés, que este concepto ^de
simplificado y reducido a una cuantidad se comprenda en nues­
serie de ecuaciones, con la su­ tra idea de cuerpo, que es un
presión de la diversa cuantidad atributo o propiedad de los cuer­
de los términos mayor, menor y pos. Una lógica puramente cuan­
medio, que serían equivalentes. titativa sería lo más artificioso y
Quedaría, en una palabra, con­ contrario a la tendencia natural
vertido el discurso lógico en del espíritu; pensar, juzgar, no
cálculo matemático. es vaciar la realidad ; sujeto) en
Lo de cuantificar el predicado los moldes del pensamiento (c a ­
no es nuevo: ya los escolásticos tegorías-predicados), sino adap­
establecían que en las proposi­ tar el pensamiento a los moldes
ciones negativas el predicado se de la realidad. (V. LOGÍSTICA, y
toma en toda su extensión, y en la bibl.)
las afirmativas sólo en parte de Cuerpo,— En Aristóteles y los es­
ella. Pero la asimilación total de colásticos, substancia compues­
la lógica de la cualidad al álge- | ta de forma y materia. Substan­
bra o lógica de la cuantidad es ¡ cia material, dotada de propie-
imposible: entre el juicio lógico ■ dades físicas accesibles a la per­
y la ecuación matemática, nada cepción de los sentidos. L a for­

195
c

ma (etoo;, jjLopcpiJ) determina la reverenciar, adorar.) Homenaje


esencia, principio de la unidad de reverencia y sumisión, de
específica y de las actividades gratitud y amor que el hombre
del ser corporal; la materia (üX.yj) debe a Dios, como principio y
es el principio de la cuantidad fin de toda existencia. E l culto
homogénea dimensiva. Frecuen­ es así la misma religión, aunque
temente se emplea la palabra frecuentemente se restringe su
cuerpo como sinónimo de mate­ significado a las formas y prác­
ria (no substancia material); pero ticas exteriores religiosas. El
en filosofía esta asimilación se culto, tanto inferior como exte­
presta a equívocos. Rn primer rior, privado y p ú blico o social,
lugar, la materia no es cuerpo, es el primero y fundamento de
sino solamente uno de sus ele­ todos los deberes del hombre,
mentos constitutivos. En segun­ puesto que las relaciones que
do lugar, la palabra materia tie­ ligan a la criatura con el Cria­
ne en la historia del pensamien­ dor son primeras y universales,
to una significación general, abarcando toda su vida, interior
como sinónimo de potencialidad, y exterior, privada y pública.
indeterminación, siendo así atri­ (V. Dios, R e l ig i ó n .)
buto de todo ser contingente, Cultura.— (Del latín cultura, de co-
espiritual o corporal. Platón, al­ lere, cultivar.) Sinónimo de civi­
gunos Santos Padres y escolás­ lización, progreso, más espe­
ticos medievales (A. de Ales, San cialmente intelectuales. Designa
Buenaventura) suponen el alma ya el conjunto de condiciones o
constituida por un elemento ma­ factores determinantes del des­
terial; pero es ésta una materia arrollo y afinamiento intelectua­
espiritual, no corporal. (V. M a ­ les en la vida de los individuos
t e r ia y F o r m a .) (educación) y de los pueblos (ci­
Respecto a la naturaleza de vilización), ya los resultados en
los cuerpos y de sus elementos formas especiales de cultura en
constitutivos esenciales, véanse los diversos pueblos y en las dis­
las palabras ATOMISMO y MECA­ tintas épocas de cada pueblo.
NICISMO, D in a m is m o y E n e r g e ­ Suele oponerse la cultura, pro­
t ism o , H ii ,em o r Fism o y las bibl. ducto de la razón, a la esponta­
C rucial (E x p e rie n c ia ). — E xp eri- neidad del instinto, como la his­
mentum crucis: experiencia que toria a la prehistoria; pero esta
decide entre dos o más hipóte­ oposición es relativa; en la vida
sis que se disputan la interpre­ humana no existen ni la pura
tación de los hechos. racionalidad ni la pura esponta­
Culto.— (Del latín cultus, de oolere, neidad: la razón no trabaja en

196
d

el vacío, sino sobre lo instintivo ciales, moral, religión; y en el


y espontáneo, y el resultado de orden material, el desarrollo de
su trabajo es la creación de nue­ las industrias de todo género,
vos instintos. Ultimamente sue­ las relaciones de unos pueblos
len separarse y aun oponerse las con otros, etc. (V. P r o g r eso ,
ideas de cultura y civilización: C iv iliz a c ió n y las bibl.)
la primera es vida, creación, pro­ Curiosidad.— (En latín, curio sitas,
greso; la segunda, organización, deseo de saber.) «Todos los hom­
inmovilización de lo creado por bres— dice Aristóteles— sienten
la cultura. Las etimologías y el la necesidad de saber, y esto in­
uso establecen una distinción dependientemente de la utilidad
diferente; la cultura se refiere que pueda resultar del conoci­
de una manera especial a la miento.» L a verdad es el alimen­
inteligencia: es lo especulativo, to de la inteligencia, de donde
lo reflesivo, lo racional (se dice la tendencia necesaria a buscar­
cultura científica, matemática,
la y a nutrirse de ella; «quid ením
moral, religiosa); la civilización
desiderat fortius anima quan ve-
tiene un aspecto práctico, so­
ritatem?» (San Agustín.) Esta
cial, vital, resultado de la di­
tendencia es la curiosidad. Pero
fusión de la cultura. Son fac­
hay curiosidades frívolas y mal­
tores de la cultura todos aque­
llos elementos o influencias que sanas, y una curiosidad noble,
directa o indirectamente concu­ fecunda y sana; ésta es el princi­
rren a la elevación intelectual, pio y origen de la ciencia.
moral y social de los pueblos: Bibl.: Santo Tomás, I I a, I I a,
ciencias y artes, lengua y litera­ q. 167, De curiositate; J. Quey-
tura, gobierno, costumbres so­ rat, L a curio sité, 1911.
D
Darvinismo.— Teoría de C. Darwiti gación, son en realidad negativas
(1809-82) sobre la descendencia y vacías de contenido moral.
y evolución de las especies ani­ Una moral sin obligación es un
males y vegetales, que él atri­ contrasentido, una moral esen­
buye a dos factores principales: cialmente amoral. H ay una mo­
la «selección natural» y la «lucha ral general que analiza la noción
por la existencia». (V. TRASFOR- y fundamentos del deber; y una
m ism o , E v o l u c io n is m o .) moral especial que aplica esta
Datum, Data.— Se emplean alguna noción a los deberes particula­
vez, en forma latina, para desig­ res: deberes de justicia y de ca­
nar los postulados o condiciones ridad; deberes para con Dios,
que llevan a la resolución de un para consigo mismo y para con
problema (desiderata). Los da­ los semejantes; deberes indivi­
tos pueden ser a p rio ri, princi­ duales y sociales, profesionales,
pios; a posteriori, hechos de ex­ etcétera.
periencia. Las definiciones y pos­ E l deber es una noción origi­
tulados que fundan la deducción nal, irreductible, sin equivalente
en los problemas matemáticos ni semejante: la ley del bien re­
son de la primera clase; los he­ velada a la conciencia e impo­
chos que llevan a formular una niéndose a ella como obligatoria.
ley y de los que esta ley es una Todos los seres en el obrar es­
interpretación racional, son de la tán subordinados a un fin, a un
segunda. orden, a una ley, en conformi­
Deber.— (Del latín debere, y del dad con la naturaleza del ser.
griego oitu, ligar, obligar, En la ­ Unos realizan el fin y cumplen
tín, officium , deber, obligación.) las leyes sin conocimiento de
Es noción fundamental, lo llena ellos ni libertad, fatalmente, ne­
todo, en la ciencia moral. N o cesariamente; los seres libres, el
hay moral sin obligación; las hombre, conocen el orden y las
morales llamadas positivas, cuya leyes a que han de ajustar libre­
construcción se pretende fuera mente sus actos para su cumpli­
de toda idea de deber y de obli­ miento. L a ley moral de los se-

199
D

fes libres implica la necesidad sí sola carece de fuerza obliga­


moral para la conciencia de so­ toria, sino porque estos dictados
meterse al imperativo de la ley: son expresión de una ley y un
esta doble relación de la ley orden anteriores y superiores a
universal imperando a la con­ ella, impuestos por Dios a la natu­
ciencia su cumplimiento, y de la raleza. Luego el deber, todos los
conciencia acusando la necesidad deberes, tienen su razón última
de subordinarse a la ley, es lo en la Voluntad Dios, autora del
que constituye el deber. ¿Cuál es orden y de la ley y que exige
el fundamento del deber? L a ley su cumplimiento. L a moral del
del bien se revela a la razón deber tiene, pues, su comple­
como necesaria y universal dic­ mento necesario en la religión.
tando a la conciencia, no sólo lo Según Kant, la noción del de­
que es "bueno y lo que es malo, ber es primera y absoluta; no
sino el deber de cumplir lo pri­ deriva de ninguna otra, y ella
mero y abstenerse de lo segun­ funda todo el orden moral. E l
do. ¿Cuál es la razón de este deber es anterior al bien moral;
deber? L a razón última y ade­ una acción 110 es obligatoria por
cuada no puede estar en la mis­ ser buena, sino, al revés, es bue­
ma razón o conciencia humana, na porque es obligatoria. N o hay
que de una parte no puede ser que buscar, por tanto, un fun­
legisladora de sí misma ni obli­ damento racional ulterior al de­
garse a sí misma; de otra, un ber; se afirma su existencia, pero
ser contingente no puede fundar no se le puede razonar. E l im pe­
una ley necesaria y universal; rativo moral es un principio sin­
de otra, finalmente, la razón no tético a p r io r i de orden práctico,
crea teóricamente la verdad ni semejante a los juicios sintéticos
prácticamente el orden y la ley, a p r io r i de orden especulativo;
sino que se limita a expresar en así como la inteligencia especu­
su conocimiento la verdad obje­ lativa crea los objetos de su pen­
tiva y el orden universal de las samiento por medio de las for­
cosas. E l fundamento último de mas o leyes a p rio ri, así la vo­
la verdad, del bien y, por tanto, luntad crea la ley, el deber, y se
del deber, no puede, pues, ser le impone a sí misma como obli­
otro sino la Verdad primera, el gatorio. L a voluntad es así un
Bien sumo origen de toda ver­ «fin en sí», autónoma, legislado­
dad y de todo bien. Se debe, ra de su propia conducta moral;
pues, en último término, practi­ todo motivo inspirador de la
car el bien y evitar el mal, no conducta extraño al respeto y
porque lo dicte la razón, que por subordinación a la ley que la

200
D

voluntad se da a si misma, hace la conciencia es simple reflejo


las acciones, si no inmorales, in­ de la ley superior eterna, suce­
diferentes a la moralidad: lo dánea y profeta de Dios; y Kant,
esencial en la moralidad es la suprimiendo a Dios, ha conver­
«buena voluntad», la rectitud de tido en Dios el profeta. N o se
intención, el obrar sola y exclu­ infiere de aquí que K ant elimine
sivamente por el respeto a la ley. en absoluto al Supremo legisla­
Contra los bajos sistemas de mo­ dor del orden moral; pero su
ral, o más bien de inmoralidad, intervención es extrínseca, el
edonistas y utilitaristas, que orden moral subsiste entero sin
degradan la vida humana, Kant recurrir a El. Dios es un postu­
entona un himno a la ley del lado necesario del orden moral;
deber como fuente inspiradora el orden moral funda la creencia /
de lo más noble y bello y de en la existencia de Dios, no a l 1 *
más subido precio de la vida, revés. «La ley moral— dice— con­
en lo que tiene razón. Pero a su duce, por medio del concepto de
ley del deber falta un comple­ soberano bien, como objeto final
mento necesario en la ley eterna de la razón práctica, a la reli­
y necesaria del Supremo legis­ gión; es decir, que la ley moral
lador, sin la que aquélla es for­ nos conduce a m irar todos los de­
malismo vacío, tejido de contra­ beres como órdenes y mandamien­
dicciones, construcción de des­ tos de Dios.a «No deberá, sin em­
lumbradora a p a r ie n c ia sobre bargo, entenderse por esto que
arena. E s contradictorio dar al sea necesario admitir la existen­
deber absoluto, universal, cate­ cia de Dios como el fundamento
górico, una base tan frágil como de toda obligación en general (por­
la voluntad individual relativa que este fundamento no es otro,
y contingente; es absurdo hacer como hemos tenido ocasión de
de la voluntad un «fin en sí», un poner suficientemente de mani­
absoluto, cuando todo en ella fiesto, que la autonomía de la
implica relatividad, dependencia razón misma) .9 ( Cvít. de la razón
en el ser y en el obrar respecto pura, págs, 332-340; trad. fr.
de los demás seres y, sobre todo, Bami, 1848.) E n suma, todos los
del origen de toda existencia; lo errores y contradicciones de la
es suponerla «autónoma», esto es, teoría moral de K ant son un
legisladora de sí misma y crea­ compromiso y consecuencia del
dora de la ley de su propia na­ vicio origina] que entraña su teo­
turaleza, lo que equivale a hacer­ ría del conocimiento teórico y
la creadora de su propia existen­ práctico.
cia antes de existir. L a ley de Bibl.: Aristóteles, E tic. N ic .;

201
D

Cicerón, De legibus, D e officiis; matemáticas), y mediata cuando


Santo Tomás, Sum . Tháol., I, II, se interpone una tercera entre
q. 95; I I a, I I ffl, q. 57; Suárez, De el principio y la conclusión. (Véa­
legibus; Toledo, Summa cons- se S ilo g is m o .) Se funda en el
cienlice; Kant, M eta}, de las cos­ principio de contradicción: no se
tumbres; C rlt. de la razón p rá c.; puede, sin incurrir en contradic­
D 'H ulst, Le fondement de la ción, negar explícitamente en la
M o ra l; Cathrein, M o ra l ph il., conclusión lo afirmado implícita­
1904; A. Farges, L a liberté et mente en las premisas; la ley fun­
le devoir, 1902; Baets, Las bases damental de la inteligencia es la
de la m oral y del derecho, trad. coherencia consigo misma. De
cast., 1907. E n general, los trat. Bacón acá, los lógicos empiristas
de Etica, (Stuart Mili, Bain, etc.) han tra­
Deducción, D educir.— (Del latín de- tado de presentar la deducción
ducere, sacar una cosa de otra, como un razonamiento estéril,
inferir.) Se emplea a veces en un incapaz de producir conocimien­
sentido general, como procedi­ tos nuevos, y hasta ilógico. Para
miento discursivo contrapuesto a deducir una proposición, se dice,
la intuición: se deducen las con­ de otra u otras antecedentes, es
secuencias contenidas en la ex­ preciso que éstas la contengan;
tensión de los principios analíti­ pero la conclusión será en tal
cos y de las causas, y se deducen caso simple repetición total o
las leyes y las causas conteni­ parcial de lo afirmado en las pre­
das en la comprensión sintética misas, y el espíritu no conocerá
de los hechos. Pero su sentido nada nuevo que no supiese en
propio designa el razonamiento las premisas antes de poner la
(silogism o y método deductivos) conclusión. Esta argumentación
que va de lo general a lo particu- 1 supone un absoluto desconoci­
lar, de la causa y la ley a los ! miento del mecanismo del racio­
hechos, haciendo explícitas las ¡ cinio y, en general, de todo pro­
proposiciones particulares (con ­ cedimiento discursivo, que con­
clusiones) implícitamente conte­ siste esencialmente en hacer
nidas en otras más generales efectivas las relaciones implica­
(premisas, p rin cip io s ). Esta de­ das en los conceptos y juicios,
ducción es inmediata cuando el no siendo la ciencia sino el des­
tránsito de una proposición a envolvimiento continuo y cada
otra se hace sin una tercera que ; vez más amplio de estas relacio­
sirva de intermediario (v. gr., en nes. E l juicio analítico es la per­
la oposición y conversión de las cepción de un predicado dado
proposiciones, en las ecuaciones sintéticamente en el sujeto; ¿se

202
D

dirá que el desenvolvimiento nen en los principios, como los


analítico de este sujeto en sus efectos en sus causas; el princi­
predicados es estéril para la in­ pio es causa lógica de la conclu­
teligencia y que con tener, verbi­ sión. Y así como los efectos, de
gracia, la idea de triángulo, se hecho no son nada real, sin el
posee toda la geometría triangu­ desplegamiento de la actividad
lar? Las ciencias racionales (de­ que los determine y ponga fuera
ductivas) se forman por desen­ de la causa, así las consecuencias
volvimiento progresivo y de­ no sou conocimientos reales y
ductivo de unos cuantos datos efectivos hasta que la actividad
iniciales, definiciones, axiomas, del espíritu no las haya hecho
postulados; ¿y podrá decirse surgir y desprenderse de los
seriamente que quien los posee principios en que, como en sus
sabe ya de antemano toda la causas, se hallaban virtualmente
ciencia, o que las matemáticas, contenidos.
verbigracia, esencialmente de­ Más aún, y como en su lugar
ductivas son vanos juegos lógi se verá, a la inducción misma
eos sin valor? Las premisas con­ le viene todo su valor de la de­
tienen las conclusiones, cierto; y ducción. Si saber, aun empírica­
quien posee las primeras se halla mente, es conocer para prever,
ya en posesión de las segundas, y la previsión es aplicación de­
quien sabe una definición o un ductiva de lo que se conoce, sí­
axioma sabe todo su desenvolvi­ guese que el razonamiento de­
miento posible, esto es falsó. ductivo es el instrumento de
Y es que las consecuencias se toda ciencia y aplicaciones úti­
contienen en los principios (lo les. (V. Silo g ism o , I n d u c c ió n
mismo que las leyes en los he­ y las bibl.)
chos) solamente en germen, de Definición.— (Del latín definitio-
un modo virtual y en potencia, definire, señalar los limites.)
de tal modo que aquellas con- ¡ Proposición convertible, cuyo
clusiones y estas leyes son des- ¡ predicado explica la naturaleza
conocidas, no son nada para el ! del sujeto, diferenciándole de
espíritu, hasta no haberlas hecho ■ cualquier otro. Se distingue la
efectivas por un trabajo de aná- ! definición nominal, que esplica
lisis y de comparación discursi- ¡ los sentidos etimológico, vulgar o
vos. E l razonamiento es aquí un técnico de una palabra, y la de­
instrumento generador de cono­ finición real o lógica, que expre­
cimientos nuevos, que de hecho sa el contenido de una idea. Toda
antes no existían en la inteligen­ definición, sin embargo, consiste
cia. Las consecuencias se contie- 1 en el análisis de una idea; la no­

203
D

minal expresa el sentido ideal de Pensar bien es definir bien:


las palabras, y la real no explica definir el lenguaje es disponer
las cosas, sino las ideas que te­ de un instrumento de expresión
nemos de las cosas. L a defini­ adecuada y exacta de las ideas,
ción puede ser: lógica o esencial, que los vicios de lenguaje traicio­
que contiene la comprensión de nan el pensamiento; definir bien
una idea, y se expresa por el las ideas es adquirir una visión
género próximo y la última di­ clara y distinta de su compren­
ferencia. La. regla fundamental sión interior y de sus mutuas
es que convenga a todo y sólo relaciones, y disponer de un ins­
( om ni et solí) lo definido. Los trumento adecuado con que
conceptos transcendentales y las penetrar en el interior de las
categorías que no se incluyen cosas; definir las cosas es domi­
en un género superior son inde­ narlas mentalmente y expresar
finibles, así como los individuos, su verdad.
que específicamente no difieren Definido,— E n general, determina­
unos de otros. Cuando los obje­ do, preciso, limitado. Puede re­
tos no son definibles, o siéndolo ferirse a la cualidad, y se opone
no es posible determinar sus ca­ a indeterminado; y más propia­
racteres esenciales, se suple con mente a la cuantidad, y se opone
la definición descriptiva, genética a indefinido. En otro sentido,
o causal, final, etc., que designan objeto de la definición.
los caracteres distintivos o más Deísmo.— Etimológicamente sinó­
salientes, el modo de formación, nimo de teísmo; el sentido usual
el fin, etc. vecino de ateísmo. E n general,
L a definición es correlativa de designa el racionalismo en reli­
la división; la primera expresa gión, que admite la existencia
la comprensión de las ideas; la de Dios como causa suprema
segunda, su extensión. ordenadora del mundo, pero
L a definición es disciplina del niega la revelación y el orden
pensamiento, dándole precisión, sobrenatural. E l uso de las pa­
claridad y vigor en su forma labras deísmo, deísta, data ael
interior y en su expresión exte­ siglo X V III, aplicadas a las doc­
rior, L a ciencia en el fondo se trinas y a los hombres del filo­
reduce a definiciones, es decir, a sofismo incrédulo y volteriano
problemas y soluciones: los pro­ de la enciclopedia francesa. A c­
blemas son definiciones hipotéti­ tualmente han caido en desuso
cas, provisionales, y las solucio­ por lo equívocas, puesto que más
nes definiciones comprobadas y bien que la creencia en Dios y
definitivas. en la Religión, que respondería a
D

la etimología, implican la nega­ juicio sobre el valor de un bien


ción de uno y otra. particular o sobre la satisfacción
Deliberación.— (Del latín de-librare, que puede traer al sujeto ejerce
pesar, ponderar.) En ética, una sobre la voluntad un imperio
de las tres fases del acto libre: determinante; a este juicio pue­
deliberación, decisión, ejecución. de siempre seguir otro, a éste un
Movimiento de la inteligencia en tercero, y asi indefinidamente;
la valuación comparativa de los sólo la voluntad tiene el poder
motivos y móviles que solicitan de detener la deliberación y ha­
la acción voluntaria. Este con­ cer decidir cuál es el acto que se
junto de juicios prácticos cons­ ha de querer. Inhibir la delibe­
titutivos de la deliberación, se ración y hacer decidir por la in­
termina y resuelve en la acepta- ] teligencia qué acto es bueno y
ción por la voluntad del último conveniente prácticamente, hic
ju icio práctico, que es la decisión. et nunc, es la obra por excelen­
E l juicio deliberativo recae, tan­ cia de la libertad; y esta es la
to sobre las razones objetivas de razón de llamarse libertad de
bien, utilidad, etc. (motivos), ju icio (liberum arbilriu m , liber­
como sobre los estímulos afecti­ tas arbitrii vel judicii.í> (Mercier,
vos de grado o desagrado, sim­ Psych. p. 404, 1899.) (V. V O L U N ­
patía o antipatía, etc. (móviles), TAD, L i b e r t a d .)
y sobre las consecuencias de la Dem encia, D em ente.— (V. L o c u r a .)
acción en uno y otro sentido, Demérito.— (V. M ér ito , R e s p o n ­
pudiéndose prolongar indefinida­ s a b il id a d .)
mente la deliberación hasta que Democracia. — (Del griego o/jiioc,
la voluntad cierra el proceso eli­ pueblo, y y.¡A-oí, autoridad.) Una
giendo libremente una de las al­ de las tres principales formas de
ternativas y excluyendo las de­ régimen político ya señaladas
más. por Aristóteles (monarquía, go­
La deliberación prepara la de­ bierno personal, de uno; aristo­
cisión o la elección, en donde ] cracia, gobierno vinculado en
principalmente reside la libertad; : las clases altas; democracia, go­
pero no es ésta ajena al curso de bierno del pueblo, de todos).
la deliberación en que la volun- ! Es el régimen político de la so­
tad interviene fijando la aten- ¡ beranía del pueblo. Por pueblo
ción y dando relieve a unos mo- : no ha de entenderse la dase
tívos con preferencia a otros, inferior y más numerosa, sino
suscitando otros nuevos o, final­ el conjunto de todos los ciuda­
mente, cerrando el proceso judi­ danos; la igualdad de los dere­
cial con la resolución. «Ningún chos políticos y civiles parece

205
D
.il

ser el principio fundamental de debe, pues, clasificarse entre los


las democracias modernas. En idola phori de nuestros tiempos;
cuanto a la soberanía, se ejerce lo que así se llama es su antíte­
por los mandatarios del pueblo sis, una verdadera oligarquía.
designados por el sufragio. Ideal­ Tiene hoy la palabra democra­
mente y en abstracto, el régi­ cia mía significación social inde­
men democrático parece realizar pendiente de toda forma política
mejor que ningún otro la justi­ y compatible con cualquiera de
cia social; prácticamente, dege­ ellas: espíritu o tendencia de
nera más fácilmente que cual­ aproximación y de nivelación de
quiera en tiranía y en anarquía; las clases, y de protección a las
la demagogia es la más opresora clases humildes y trabajadoras,
de las tiranías. Y así debe ser; que son las más necesitadas de
el régimen democrático se basa protección, en las luchas del ca­
en el predominio de la cuanti­ pital y del trabajo, agudizadas
dad, del número, sobre la cuali­ por el individualismo económi­
dad; es decir, de los menos so­ co y el régimen capitalista.
bre los más aptos, intelectual y León X I I I empleó la palabra «de­
morahnente. Sólo en condicio­ mocracia cristiana», como sinóni­
nes especiales de cultura y de mo de «acción cristiana popular
independencia personal de los social*, en su encíclica Rerum no-
individuos puede realizarse el varum (1891), especie de caria
ideal democrático, condiciones magna reguladora de las relacio­
que no se han dado ni se darán nes económico-sociales por los
en sociedad alguna. Las demo­ principios del Evangelio. Las lu­
cracias modernas son más nomi­ chas de clases, los conflictos
nales que reales, y sólo a esta económicos del capital y del
mixtificación se debe el que pue­ trabajo, sólo pueden resolverse
dan subsistir; en realidad, son oli­ infundiendo en el pueblo el es­
garquías del talento, de la posi­ píritu de la moral y de la justi­
ción social o económica, que cia cristianas.
imponen su voluntad al pueblo. Bibl.: Uno enquéte sur l'idée de
Realmente, el pueblo es incapaz democratie: «La directiom> de la
de tener conciencia de su man* Rev. de P h il., 1908; art, contest,
dato o, si la tiene, no puede en la misma Rev., de Borrell,
ejercerla libremente. Pensar lo Gayraud, Fonsegrive, D e Pas­
contrario supone un absoluto cal, Gonard, L. de Pesloiian,
desconocimiento de la psicología ¡ Litwinski, Deherme y Boucaud;
de las masas populares. L a de- j P. Feliz, Essai sur les principes
mocracia en el sentido político j fond. des gouvernomcnts, .. 1906;

206
D
L'équivoque démoóratique, 1906; propia de éstas a las verdades
G. Deberme, L a democratia v i­ derivadas de ellos. L a demostra­
vante, 1909; L a crise sociale, ción es así el instrumento de la
1910; G. Sorel, Les illusions du ciencia: cognitio per causas.
progris, 1908; E. Naville. L a Se funda la demostración en
déni. répresentative\ E. de Lave- principios últimos no demostra­
leve. Le guuern. dans la d ;mo- dos e indemostrables, porque la
cmtie. serie de términos no puede ser
Demostración.— Argumento en que infinita; es necesario un primer
de proposiciones ciertas se infie­ punto de apoyo absolutamente
re lógicamente tina conclusión seguro y que a su vez no nece­
cierta. Aristóteles opone el silo­ site apoyo ulterior. Aristóteles
gismo demostrativo que distingue dos clases de principios
funda la ciencia, al silogismo de demostración: los axiomas
dialéctico o probable {iwXszzwA'), (principios de identidad y de
y al sofístico o erróneo con apa­ contradicción), que expresan la
riencia de verdad (adaiajia). «La forma y garantizan la necesidad
filosofía— dice— conoce la ver­ del enlace en la deducción de
dad, la dialéctica trata de alcan­ las proposiciones, y las definicio­
zarla, la sofística la simula.» nes, que definen la materia de
(Mel., IV , 2.) E l fin de la de­ los términos y la verdad de las
mostración es asegurar la verdad proposiciones. (V. P r i n c i p i o .)
de una proposición hasta la cer­ Clases de demostración: Aristó­
teza absoluta. Ahora bien, el teles y los escolásticos distinguen
toque de la certeza es la evi­ la prueba de hecho (íki, quia, si
dencia, que puede ser inmediata de hecho es o no), y la prueba
o directa y mediata o reflejada de derecho o demostración de la
de la anterior. Las verdades de causa y razón del hecho (oióti,
evidencia inmediata, los prin­ propter quid, razón por la que es
cipios y los hechos no se de­ así no puede ser de otra mane­
muestran, se muestran a la in­ ra). Ejemplo de la primera, el
tuición racional los primeros, y satélite de Urano tiene movi­
a la experimental los segundos; miento retrógrado; de la segun­
son puntos de partida y apoyos da, explicación de las causas
necesarios de la ciencia, pero no determinantes de este movimien­
la constituyen. Solamente las to, L a primera no es la ciencia,
verdades de evidencia mediata pero es comienzo de ésta; la se­
son demostrables por reducción gunda es la ciencia hecha y per­
a sus causas o principios, esto fecta. Modernamente se han sus­
es, por difusión de la evidencia tituido estas denominaciones por

207
D
otras que tienen una significa­ los efectos a las causas e Inverso
ción semejante, aunque no del de las causas a los efectos, com­
todo idéntica, y desde luego binación de los métodos induc­
menos precisa: a posteriori y a tivo y deductivo para esclarecer
p rio ri. L a demostración a poste- y comprobar los resultados del
H ori va del efecto a la causa, uno con los del otro. Finalmente,
del hecho a la ley; la a p rio ri, al según la materia de la tesis a
revés, deduce y explica (de ex­ demostrar, la demostración es
plicare, desenvolver) los efectos lógica cuando afirma relaciones
y las consecuencias contenidas de cualidad, de inclusión o ex­
en la causa y en el principio. clusión del predicado en la com­
E n la anterior división se inclu­ prensión del sujeto, o de éste en
ye la demostración racional, la extensión del predicado; ma­
constituida por juicios analíti­ temática, que expresa relaciones
cos, y la experimental, basada en de cuantidad; moral, histórica,
juicios de experiencia, que res­ empírica, etc. (V. A r g u m e n t a ­
ponden a la deducción y a la in ­ c ió n , D e d u c c ió n e I n d u c c ió n ;
ducción, respectivamente. I (a de­ A n á f i s i s y S í n t e s i s .)
mostración se llama directa, Bibl.:.Arist., Analyt. Post., 1.1;
cuando se hace ver la inclusión Santo Tomás, I n analyt. post.'
en las premisas de tina proposi­ comm. (V. los trat. de Lógica.)
ción, o que el predicado se halla Derecho.— (Del latín directus, diri­
contenido en el análisis del su­ gere, dirigir. En latín, jus, de
jeto o le repugna; indirec a o ad donde justo, justicia, conforme a
absurdum, cuando se demuestra derecho.) Significa, ya un atri­
la falsedad de la contradictoria buto real y objetivo del hombre,
por las consecuencias absurdas a el poder moral que éste tiene de
que conduce, en virtud del prin­ poner u omitir ciertas acciones
cipio: ex Víro non sequitur nisi y de exigir ser respetado en ellas;
verum.. Es absoluta la demostra­ ya también el conjunto de leyes
ción cuando su valor no depende o fórmulas que expresan, regu­
de condiciones extrañas a ella, lan e interpretan este poder, o
y relativa (ad hominem, ex con- sea la ciencia del derecho. Nos
cessis) cuando tiene un valor re­ referimos aquí a la materia y
lativo a las condiciones del ad­ objeto del derecho, no a su ex­
versario y se funda en un supues­ presión legal y científica. La
to por él admitido. L a demos­ noción de derecho es correlativa
tración circular o regresiva, que de la de deber, y las dos se es­
no debe confundirse con el círcu­ clarecen y completan: el deber
lo vicioso, es un movimiento de es la necesidad m oral de obede­

206
D
cer a la ley. de cumplir el orden conciencia y revelado por Dios.»
y realizar el fin impuestos por (Boucaud, Rev. de phil., pág. 305,
Dios a la naturaleza racional y 1904.)
libre del hombre; el derecho es Dada la correlación de dere­
el pjdar moral inviolable de es i- j chos y deberes, se suele pregun­
gir que nadie estorbe el cumplí- 1 tar cuáles son primero: ¿El dere­
miento del deber Como deriva­ cho funda el deber, o al contrario?
do de la ley del bien y del orden H ay que distinguir: en las relacio­
natural de las cosas, el derecho nes del hombre para con su Cria­
está sobre la voluntad humana dor, el derecho es primero y funda
y es, como la ley, absoluto, u n i­ el deber; todo deber moral se
versal, inenajenable, inviolable; funda en el derecho absoluto,
de hecho hay injusticias, pero primero, esencial de Dios, princi­
contra el derecho no se prescribe !. pio y fin de la creación y domi­
jamás, ni el heclio prevalece so- ¡ nador supremo de ella. En con-
bre el derecho; del mismo modo j secuencia, hay en el hombre un
que hay inmoralidades, pero la ¡ deber anterior a todo derecho;
ley moral subsiste siempre recia- j eu tanto tiene derecho a los me­
mando contra ellas. E l funda- I dios para realizar su fin, en cuan­
mentó del derecho y del deber | to está obligado a dirigirse a él.
es uno mismo, el bien, como fin j En las relaciones de los hombres
de la naturaleza humana, el or­ entre sí, al revés, los derechos
den universal; y como funda­ determinan los deberes correla­
mento supremo, la voluntad divi­ tivos; en tanto existen los debe­
na, principio del orden y de la res de respetar la vida, la fama
ley, ordenando su cumplimiento y la propiedad del prójimo, en
y prohibiendo su quebrantar cuanto éste posee el derecho in- •
miento. «El derecho es esencial­ violable a ellas.
mente la conformidad del ser a Los sistemas de derecho que
su destino. Para la sociedad, la no prolongan los fundamentos
forma jurídica más perfecta será, de lo recio y lo justo hasta el
pues, aquella que le permita principio supremo de toda ley y
mejor desenvolver su razón de de toda justicia, son, o tan pre­
ser; y la razón de ser de una carios e insubsistentes como el
sociedad está en completar al de Kant, que reduce el derecho
individuo que no se basta a sí a un formalismo puramente ex­
mismo. Para cada individuo, el terno, especie de policía que tie­
derecho será el medio práctico ne a raya las libertades indivi­
de conformarse a su providen­ duales para hacer posible la con­
cial razón de ser, dictado a la vivencia en la sociedad, o, como

209 14
D
el utilitarismo social de Stuart particulares subordinados siem­
Mili, tan falso como su utilitaris­ pre al fin general y último, del
mo moral; o absurdos y nega- que reciben su fuerza y valor.
dores de todo derecho y de toda Todo derecho particular, por
justicia, como los de Espinosa, consiguiente, fuera de este orden
Hobbes, los de Bentham, Prou- general, o sea, contrario al dere­
dhon y Nietzsche, para quienes cho natural, carece de fuerza
«el derecho es la fuerza», el de obligatoria, es injusto, una in­
Spencer, que se basa en la lu­ fracción del mismo derecho. E l
cha por la existencia, ley bioló­ derecho puede ser na:uval, cons­
gica de la supervivencia del más tituido por la ley natural, no
fuerte, del más apto, del mejor escrita, fundamento de todo de­
dotado de medios para la lucha, recho; y posi ivo (lega!, escrito).
lo que en moral y en derecho D ivin o y humano; el primero,
significa la consagración del po­ fundado en las leyes divinas,
der absoluto de la fuerza, del naturales o reveladas; el segun­
aplastamiento y destrucción de do deriva inmediatamente de la
los débiles. Cuando se proclama autoridad humana. Eos derechos
como doctrina científica en una positivos re ulan las obligacio­
civilización (y se practica) el «de­ nes y los derechos en las rela­
recho del león*, que da razón del ciones sociales: eclesiástico, civil,
más fuerte es la razón suprema», político; nacional e internacional,
¿no es ironía ridicula, cuando éstos público y privado. E l dere­
esta crazón suprema» flaquea, cla­ cho de gentes regula las relacio­
mar para sostenerla por el impe­ nes internacionales según el de­
rio del derecho y de la justi­ recho natural, los tratados es­
cia? peciales y las costumbres. (Véa­
Clases de derechos: En realidad, se M o r a l , S o c io l o g ía .)
el derecho es uno, como uno es Bibl.: Fr. de Vitoria, R e'e:-
el orden de la naturaleza a su t i o n e V y V I; D . Soto, Ds jus-
fin, y uno es el principio último, ii.i'i et. ju re ; Suárez, D e legibus;
la voluntad divina, capaz de Montesquieu, L ’E sp rit des lois,
fundar e imponer este orden; 1748; M. Baets, Las bases de la
ninguna voluntad humana pue­ m-'jral y del derecho, tr. cast.,
de ser origen último de derecho 1907; Taparelli, Saggio teoret. di
e imponerle como razón última diritto naturali, 1840-45; P. Me-
de obligación a otra voluntad. yer, Institutiones ju ris naturalis,
Pero hay derechos particulares, 1886-1900; Cathrein, M o ra l p h i­
aplicaciones concretas del de­ losophie, 1904. (V. D rriícho
recho general, como hay fines N a t u r a l y la bibl.)

210
D
Derecho. H echo.— De derecho = implícita una cuestión de dere­
de hecho: son frases contrapues- i cho natural. Sólo una ley es le­
tas de aplicación general; signi­ gítima cuando es racional, esto
fica la primera lo que debe ser: ¡ es, cuando se mantiene dentro
la ley, la norma, el ideal, a p-rio- I del orden impuesto por la na­
H, que deja a un lado las cir- j turaleza o no le contradice; en
cuustancias particulares y con- | caso contrario será un deber de
cretas; la segunda expresa lo que ! justicia salir del derecho legal
es: la existencia, la aproxima­ para entrar en el derecho natu­
ción a la ley y al ideal ¡ ra l: «Es necesario obedecer a la
Derecho natural.— E l dictado por ¡ ]i aturaleza (es decir, a Dios, au­
la razón anterior a la ley positi­ tor de ella) antes que a los hom­
va, y se dice natural porque se bres.»
funda en el orden natural de la E l derecho natural pasa, ac­
vida humana, que es una parte tualmente, por una crisis aguda
del orden universal de las cosas. ante la mentalidad moderna,
Anterior e independiente de toda hasta pretenderse su total elimi­
ley positiva, la naturaleza hu­ nación del cuadro de las disci­
mana existe, dotada de necesi­ plinas jurídicas, a lo menos teó­
dades y tendencias que debe sa­ ricamente, ya que prácticamente
tisfacer, subordinada a fines y toda doctrina jurídica o crítica
leyes, es decir, a un orden hu­ de valoración histórica suponen
mano que debe realizar (si en el implícitamente la afirmación de
orden universal el hombre no ha principios y de criterios de
de ser una monstruosa excep­ valoración, sin los que no puede
ción); este orden esencial de su justificarse racionalmente nin­
naturaleza, concebido por la in­ guna concepción sistemática del
teligencia, organizado y codifi­ derecho.
cado en forma de leyes o prin­ L a causa de este descrédito es
cipios indicativos e imperativos, doble: las ideologías utópicas so­
es lo que constituye el derecho ciales de los siglos X V I I y X V I I I ,
natural. Se opone a positivo, dic­ y el ambiente general positivista
tado y promulgado por la auto­ de la ciencia. Los ideólogos
ridad social; pero es, a la vez, (Rousseau y los enciclopedistas,
postulado fundamental de todo Kant y, más tarde, los eclécti­
derecho positivo, puesto que sin cos franceses), desviándose de la
él no puede justificarse racional concepción clásica del derecho
y científicamente ninguna idea natural (desde Aristóteles, los
de derecho: en el fondo de todo romanos, los escolásticos me­
problema político o social existe dievales, juristas del Renaci­

211
D
miento liasla Grotius) trataron lidad moderna sino esta jicción
de construir un derecho natural de derecho natural, se haya creí­
nuevo, sin sentido alguno de las do definitivamente pasada a la
realidades naturales e históricas, historia toda concepción metafí­
un orden ético-jurídico absolu­ sica del derecho. Pero el derecho
to, inmutable, a p r io r i, deduci­ natural tradicional subsiste: es
do geométricamente de nociones necesario afirmar un orden natu­
primeras hasta en los más mí­ ral anterior al orden positivo, no
nimos detalles. Pero el orden se­ elaborado a p rio ri por la razón,
guido por la realidad y por las sino descubierto en el fondo de
leyes naturales de la evolución la realidad. Hasta los primeros
social seguía otro camino: de principios de la vida moral y
donde la imposible adaptación social, semejantes a los criterios
de la construcción artificial a la supremos del orden especulativo,
realidad histórica viviente, y los revelados e impuestos al espíritu
choques inevitables entre una y como causas universales y abso­
otra, que originaron la desarticu­ lutas, nacen, según Santo To­
lación total de la vida política más, del fondo de nuestro ser, de
y social; no el orden, que es el sus aspiraciones y tendencias, de
ideal y el fin del derecha, sino la experiencia y la vida prácti­
el desorden, las tiranías y las cas. La experiencia de la realidad
revoluciones: el derecho natural viviente, racionalizada y tradu­
revolucionario del siglo X V I I I cida en preceptos o normas de
es el mismo derecho natural vida, no un ideal utópico soña­
conservador, despótico, burgués do a espaldas de la realidad,
del X IX . constituye el método y la subs­
E l positivismo jurídico-social tancia del derecho tradicional.
(escuela histórica de Savigny, 151 oficio de la razón no es crear,
Ihering; utilitarismo de Hobbes, sino descubrir, analizar y discer­
Bentham; la sociología positiva nir el juego de las tendencias y
de Augusto Comte, Durklieim; fines naturales, para determinar
el solidarismo, historiciímo, prag­ el sentido y la dirección en que
matismo, etc., que más o menos deben aquéllos ser encaminados.
radicalmente niegan la existen­ «La razón proclama bueno y de­
cia de mi orden jurídico natu­ seable todo lo que encuentra ser
ral) ha dado buena y fácil cuen­ medio de realizar uno de estos
ta de esta concepción geométri­ fines naturales; y reprueba cuan­
ca, abstracta e individualista del to impide el desenvolvimiento
derecho natural. Y se da el caso del ser en el sentido de su natu­
de que, no conociendo la menta­ raleza. Así, por ejemplo, del he­

212
D
cho de que la vida en sociedad elemento histórico de la morali­
es natural, la razón concluye que dad. Y ine reprocha, con razón,
es necesario querer todo lo que mi ignorancia. Pero tal acusa­
es condición indispensable de la ción se dirige, con infinita más
existencia colectiva, todo lo que razón, a los filósofos modernos y
traiga la paz, asegure el orden, a los teólogos protestantes que
mantenga la justicia y favorezca no han sabido o querido aprove­
el progreso; sólo faltará determi­ charse de pensamientos tan gran­
nar los medios de realizar en la diosos como los de este hombre.
medida de lo posible estos fines Ahora que conozco este vigoroso
generales.» (Deploige, lug, ab. ci­ espíritu, me pregunto cómo es
tado, pág. 309.) E l derecho tra­ posible que verdades como las
dicional, como fundado en el or­ que él ha expuesto hayan podi­
den natural de las cosas, tiene do jamás caer entre nuestros sa­
una parte permanente y otra va­ bios protestantes en un tan com­
riable, según las circunstancias pleto olvido. Qué de errores se
de tiempos y lugares; principios hubieran evitado si se hubieran
absolutos de la ley moral y le­ fielmente guardado sus doctri­
yes naturales de la evolución nas. Por mi parte, creo que, de
social, haberlas conocido a tiempo, lio
llenaos indicado la ignorancia, hubiera escrito mi libro; porque
entre los filósofos juristas mo­ las ideas fundamentales que yo
dernos, de esta concepción clá­ había de publicar se encuentran
sica del derecho. E l caso de ya expresadas, con una claridad
R. von Ihering, la más saliente perfecta y una relevante fecun­
figura de la Escuela histórica, didad de concepción, en este po­
es típico y merece consignarse, tente pensador... Desgraciada­
«En esta segunda edición (de su mente, no me hallo ya en con­
célebre obra D er Zw eckim Recht, diciones de ocuparme en la E s­
2.a ed,, vol. II, pág, 161. Leipzig, colástica medieval y en la Moral
1886) añado— dice— una nota al católica contemporánea, y de re­
texto, debida a la crítica que parar mi negligencia.» (Cit. por
Hohoff ha hecho de mi obra Mercier en los Orig. de la Psio.
(Litíerayischsr Handweiser, año oontemp., trad. cast., 1901.) E l
23, núm, 2.) Me demuestra, por comentario a este texto, por lo
citas de Santo Tomás de Aquino, i que a España se refiere, sale él
que este gran espíritu había ya solo: ¿Cuántos de nuestros juris­
reconocido, con una justeza per­ tas moderna1! han frecuentado
fecta, lo misino el elemento las luminosas y profundas doc­
realista, práctico y social, que el trinas ético-jurídicas de nuestros

213
D

filósofos del siglo X V I, y ellos los caracteres diferenciales y más


son legión; y cuántos ni siquiera salientes. (V. D e f i n i c i ó n .)
saben que tan potentes mentali­ Deseo.— (Del latín desiderium, de-
dades hayan existido? siderare: desear, apetecer.) Incli­
Bibl.: Aristóteles, P o lítica ; San nación o tendencia a la posesión
to Tomás, Sum . Theol., I I a, I I a5, de un bien conocido. Sin cono­
q. 57; I n V E th .; Fr, D e Vitoria, cimiento de una cosa no hay de­
Relediones, V y V I, De In d is et seo de ella; n ih il volitum quin
de jure belli, edit. por la «Carne- prcacognitum. Este movimiento
gie Inst. de Washington», 1917; puede ser de las tendencias y ape­
D, de Soto, De justitia et ju re; titos sensibles, o de la voluntad
Suárez, D í Legibus; H . Grocio, racional; que pueden convergir
De jure belli et pacis; Taparelli, en una misma dirección, o diver­
Derecho natural; Meyer, Inst, ju - gir en distintas y opuestas direc­
ris nat., 1906; Castelein, D ro it ciones, Esta es la lucha interior
naturel, 1904; A . Valensín, Traite de que habla San Pablo: non
du droit naturel, 2 vols, 1925; quod volo bonum hoc fació, sed
S. Deploige, Le conflict de la mo­ quod nolo malum hoc ago; y el
ral et de la sociol., 1911; Baets, poeta: video meliora proboyue, de­
Las bases de la moral y del dere­ teriora sequor. L a palabra deseo
cho, trad. cast.; G. B. Biavaschi, se emplea más especialmente
L a crisi attuale della filosofía del para designar el movimiento de
diriito, 1922; L a concezione filo ­ la voluntad racional al bien.
sófica dello Staío moderno, 2.a edi­ Santo Tomás designa al deseo
ción, 1919; J. Charmont, L a inferior pasional con el nombre
renaissance du droil naturel, 1910. de concupiscencia. Suelen distin­
Descripción.— E n lógica, forma su­ guir los psicólogos modernos la
pletoria de la definición. L a de­ voluntad del deseo, y K an t es­
finición expresa la esencia de las tablece oposición entre ellos: el
cosas por el género próximo y deseo es heieronomia de la vo­
última diferencia; pero de ntia. luntad que sufre el imperio de
parte la esencia de las cosas sue­ las cosas; el querer, al contrario,
le ser desconocida, y de otra, las autonomía de la voluntad due­
nociones más universales que no ña de sí misma. Pero estas dis­
tienen género superior y las co­ tinciones más bien parecen su­
sas individuales que carecen de tilezas verbales que realidades.
diferencia especifica, son indefi­ L a voluntad, ni es absolutamen­
nibles. De aquí que la mayor te autónoma, ni absolutamente
parte de las definiciones son sim­ heterónoma; lo primero, porque
ples descripciones, que explican sería una tendencia sin fin obje­

214
tivo, vacía; lo segundo, porque no D eterm inación. D eterm inado.— Del
sería libre. E l deseo no es, pues, latín determinare, fijar los lími­
otra cosa sino un movimiento de tes, distinguir, concretar.) Es su
la voluntad a su objeto, una fase significación general sinónima de
de su actividad. (V , V o l u n t a d , acto, ser, realidad, cualidad, pro­
A p e t i t o , P a s i ó n .) piedad, atributo, especificantes
Despotismo. Despótico.— (Del grie­ y concretantes de las ideas y las
go osaratrjc, jefe, señor.) Sinónimo cosas; se opone a indetermina­
de tiranía, absolutismo'. Gobier­ ción, potencialidad. Relación de
no no limitado por el derecho y causas y efectos, ajuste de me­
las leyes, inspirado en el #sic volo, dios a fines. En lógica, la com­
sic jubeo, sit pro ratione volun­ prensión de los conceptos, mayor
tas-). Puede existir en cualquiera o menor en razón inversa de la
forma de gobierno, lo mismo en universalidad: determinaciones
las monarquías, que en las repú­ genéricas, específicas, individua­
blicas, que en las oligarquías les; la máxima y plena deter­
democráticas modernas. Hobbes minación responde a lo indivi­
fué un teórico del despotismo, y dual y concreto. En el proceso
en general cuantos fundan el de­ voluntario la determinación (de­
recho sobre el hecho y la fuerza. cisión, elección, resolución) sigue
E l despotismo es contrario al de­ y cierra la deliberación; la volun­
recho natural y, sobre todo, al tad se determina libremente eli­
derecho cristiano, (V. D e r e ­ giendo una entre las diferentes
c ho .) posibilidades de acción que se le
D estino.— En la filosofía griega ofrecen.
(estoicos), encadenamiento nece­ D eterm inism o.— E n sentido obvio,
sario de los sucesos en la natu­ sinónimo de causación, causalis-
raleza, sin dejar cabida para la mo (pasen las palabras), significa
libertad; sinónimo de fatalidad. que todo cuanto es tiene su ra ­
(Véase esta palabra.) En otro zón de ser; que todo cuanto su­
sentido, ordenación de los seres cede, todo efecto, viene a la exis­
a un fin conforme a su natura­ tencia enlazado a causas antece­
leza. Destino del hombre es el fin dentes.
del hombre reclamado por las - Y en este sentido es necesario
exigencias de su naturaleza ra­ admitir un determinismo univer­
cional y libre (destino natural), sal, como es necesario establecer
o superior a esta naturaleza, en la naturaleza la causalidad
otorgado por Dios gratuitamen­ universal, Pero hay causas ne­
te ( destino sobrenatural), (Véase cesarias y causas libres, que de­
F in d e l hombre.) terminan sus efectos: las prirne-

215
D

ras necesariamente, libremente tades de conciliar el determinis­


las segundas. Es necesario que mo y la libertad en la naturaleza
todo esté determinado, pero no humana, por otra parte no inso-
que todo esté determinado nece­ lubles, nunca probarán nada
sariamente. Hay, pues, determi­ contra la existencia misma de la
nación: s libres y determinacio­ libertad, hecho de evidencia in­
nes necesarias. Pero el uso de la mediata universal, fundamento
palabra determinismo ha venido de toda la vida moral y social; y
a expresar solamente las segun­ contra los hechos no hay razones
das: enlace lógico necesario de que prevalezcan. (V. L i b e r t a d ,
las ideas (determinismo intelec­ I n d e t e r m i n i s m o y las bibl.)
tual) y enlace causal necesario Bibl.: San Agustín, De libero
de los sucesos naturales (deter­ arbitrio; Santo Tomás, De V enía­
m inism o de la naturaleza). E l de­ te, qq. X X I I y X X I V ; Summa
terminismo absoluto supone que Theol., I, q. 82 y 83; II, C. Gen­
todo en el pensamiento y en la tes; Leíbniz, Teodicea, P. I y III;
naturaleza está regulado por la Boutroux, De la conting. des lois
necesidad; se opone, de un lado, de la natnre; Fonsegrive, Essai
a la filosofia de la contingencia sur le libre arbitre; Couailhac, La
(véase esta palabra), que reduce liberté et la conserv. de l ’énergie;
el fondo último de las cosas a Fouillée, Liberté et deterininisme.
espontaneidad y libertad, y de D even ir.— Palabra generalizada en
otro, a la teoría tradicional que la filosofía moderna para expresar
concilia la libertad con la nece­ el cambio, el movimiento, el pro­
sidad. Las pretensas razones del greso y la evolución de los seres.
determinismo contra la existen­ Se opone al ser, a la substancia
cia de la libertad en el hombre que permanece. Los escolásticos
son: 1.a, es ésta incompatible usaban dos palabras expresivas:
con los principios de causalidad in fieri, in facto esse. Heráclito
y de razón suficiente (detenni- concebía la realidad como un
nismo m etafísica); 2.a, es incon­ cambio incesante, un perpetuo
ciliable con la causa primera fie ri o devenir: nada permane­
( teológico) ; 3.a, con la necesidad ce, todo cambia (^ctv-a fzi). Par-
lógica de la inteligencia, cuyos ménides, al contrario, afirma­
juicios determinan la voluntad ba que el ser es inmutable.
(p s ico ló g ico ); 4.a, con la necesi­ Sabidas son las traducciones
dad de las leyes naturales que del fu de Heráclito en las
condicionan el ejercicio de la vo­ modernas filosofías evolucionis­
luntad (físico, m ecánico). Pero tas (Hegel, Spencer, Bergson, et­
cualesquiera que sean las dificul­ cétera). Pero en este mundo con­

216
D
tingente todo es relativo al ser dida en el triviu m de las escue­
y al devenir, como pensaban, las medievales. E n los tratados
más acertadamente, Platón y de filosofía designa hoy la parte
Aristóteles; ni todo es fijo ni de la lógica llamada formal, que
todo movimiento; no hay seres estudia las formas y leyes de la
sin actividades o tendencias a la inteligencia, su rectitud; en con­
acción, al cambio, al movimien­ traposición a la lógica material
to, y toda acción exige un ser o criteriología, que estudia la
activo, todo cambio un sujeto objetividad del pensamiento, su
de las mudanzas, todo movi­ verdad. Expresa, pues, la dialéc­
miento un móvil y un término tica el movimiento deductivo de
fijo deí movimiento. «He aquí, la inteligencia partiendo de de­
pues— dice Platón en el Sofis­ finiciones y principios ideales
ta— , cómo el filósofo se ve obli­ para llegar a consecuencias y
gado necesariamente a 110 escu­ aplicaciones concretas. (V. L ó ­
char, ni a los que creen el mun­ g i c a .)
do inmóvil, ni a aquellos otros Kant define la dialéctica, la
que hacen del ser un movimien­ (ilógica de las apariencias», y tra­
to universal. Entre el ser y el ta, en su Dialéctica transcenden­
cambio, entre el reposo y el mo­ tal, de criticar el uso legítimo
vimiento del mundo, es necesa­ (lógico) e ilegítimo (transcenden­
rio hacer como los niños en sus te) de la razón pura, que da,
antojos, que toman lo uno y lo este último, origen a toda clase
otro.» {V. A c c ió n , M o v i m i e n t o , de paralogismos y antinomias,
E vot.tjcióx .) para concluir en la imposibilidad
D ialéctica.— (Del griego de la metafísica construida sobre
de owXijzaÜrj.L dialogar, conver­ los principios de la razón pura.
sar, discurrir.) Arte del discurso; En Hegel, la dialéctica es el pro­
el nombre viene de la forma dia­ greso del pensamiento que se
logada (conversación, disputa, desenvuelve por tesis, antítesis y
controversia) usada entre los síntesis.
griegos (Zenón de 131ea, a quien Diñlclo.— (Del griego ol" oEJAijW/, lo
se supone inventor de la dialéc­ uno por lo otro.) Círculo vicioso
tica; los sofistas; Sócrates; Pla­ o petición de principio, en que
tón en sus D iálogos), En Aris­ se trata de demostrar mía cosa
tóteles comprende una parte de por otra, y ésta, a su vez, por la
la lógica, la argumentación pro­ primera. Los antiguos escépti­
bable que prepara la demostra­ cos denominaban en particular
ción científica, Después vino a dialelo a la demostración de la
ser sinónimo de lógica, compren­ veracidad de la razón humana,

217
D

hecha por la misma razón. E l ar­ lar. En cuanto a nosotros, no


gumento es concluyente; pero decimos que todo saber proven­
se basa en un falso supuesto, a ga de una demostración; soste­
saber, que todo es demostrable; nemos, al contrario, que el co­
toda demostración, en efecto, se nocimiento de los primeros prin­
apoya en principios últimos in­ cipios es sin demostración. Y esto
demostrables. Aristóteles dice: es evidente. Puesto que es nece­
((Admiten unos (los sofistas) que sario conocer primero las propo­
son necesarios principios para la siciones de donde procede la de­
demostración, y concluyen que mostración, y las proposiciones
la ciencia no existe realmente; primeras son su punto de par­
los otros sostienen que la cien­ tida, es necesario, de toda nece­
cia existe y concluyen que todo sidad, que no sean demostradas.»
es demostrable. Ninguna de es­ ( Segundos anal., 1. I, c. Til.)
tas conclusiones es verdadera ni (Véase Tropo.)
necesaria. Pretenden los prime­ Bibl.: D. Noble, Le írope scep-
ros, para sostener que no hay tique du dialléle, Rev. des Scien­
ciencia, que la demostración de­ ces thcol. e tp h il., pág. 497; 1907.)
bería remontar de principio en D ico to m ía.— (Del griego
principio hasta lo infinito, y tie­ división en dos partes.) Uno de
nen razón en decir que no se los cuatro sofismas dialécticos
puede llegar a él. Si se detiene (la dicotomía, el Aquiles, la flecha
en alguna proposición no demos­ y el estadio) con que Zenón de
trada, se detiene, según ellos, en Elea pretendía demostrar la im­
lo desconocido, porque no se posibilidad de la pluralidad ex­
sabe, dicen ellos, sino lo demos­ tensiva y del movimiento, famo­
trado. Y si el punto de partida sos en la antigüedad, y cuya so­
no es sabido, lo que de él se lución ha ocupado a los filósofos
deduce no puede tenerse como hasta los tiempos modernos.
ciencia verdadera y cierta. De «El movimiento—-dice Zenón—
donde concluyen que no se pue­ es imposible.» E n efecto, el mó­
de llegar sino a sistemas hipoté­ vil debe recorrer la mitad de un
ticos. Dos segundos convienen camino antes de llegar al fin;
con los anteriores en que no se cada una de esta mitad es divi­
sabe nada cierto, si no es por sible en otra mitad, y así, suce­
demostración. Pero pretenden j sivamente, hasta lo infinito. Es
que haya de demostrarse todo, necesario, pues que recorra una
pudiéndose derivar unas verda­ infinidad de medios hasta el fin.
des de otras, sin llegar al infi­ Pero lo infinito no se acaba nun­
nito, por una demostración circu­ ca, ni puede ser atravesado por

218
D
etapas sucesivas; luego el movi­ duales son caracteres accidenta­
miento es imposible. En reali­ les.—Método p o r diferencia. (Véase
dad, es el mismo argumento M é t o d o .)
Aquiles. (V. esta palabra.) D iv i­ Diferenciación.— Desenvolvimiento
sión dicotómica: V . D i v i s i ó n . orgánico de los seres, por espe-
Dictamen.— Juicio valorativo de cíalización de órganos y funcio­
las ideas y de los hechos. Dic­ nes, pasando de lo homogéneo a
tamen de la conciencia: juicio lo heterogéneo, de las formas
práctico, apreciativo del valor simples, indeterminadas e im­
moral de las acciones propias o perfectas, a las complejas y más
ajenas. perfectas. Esta misma ley se apli­
«Dictum de onmi. Dictum de nuilo.» ca a las diferencias de razas y
Expresiones que en la lógica de variedades dentro de una misma
la Escuela designan los princi­ especie, determinadas por el
pios del silogismo afirmativo y medio, la herencia, etc. L a dife­
negativo, derivados del princi­ renciación es la ley fundamental
pio de identidad: «lo que se afir­ del evolucionismo; las especies
ma o niega de un sujeto univer­ naturales habrían ido saliendo
sal, debe afirmarse o negarse de unas de otras por diferenciacio­
los particulares comprendidos en nes lentas, sucesivas, y todas
lo universal». A dicto secundum de un tipo común. (V. E v o l u ­
quid, ad dictum simplicitav; so­ c io n is m o .)
fisma de accidente, que consiste Dignidad.— L a escolástica emplea
en pasar, de una afirmación cir­ la palabra dignitates, traducción
cunstancial y relativa, a la co­ de la griega A^wyaTa, para desig­
rrespondiente absoluta. nar los primeros principios de la
Diferencia.— En lógica, uno de los ciencia. «Et in talibus utimur
cinco predicables de Aristóteles: — dice Santo Tomás ( I n Pós­
la nota que, añadida a un con­ ter, 1. 5)— nomine prsedicto sci-
cepto lógico superior, determina licet dignitates vel máximes pro-
y distingue los inferiores subor­ positiones, propter hujusmodi
dinados. Puede ser: genérica, principiormn certitudinem ad
específica, e individual o numé­ maniíestandum alia.»
rica, que distinguen, respec­ Dilema.— (Del griego 3;'; y
tivamente, los géneros inferio­ doble proposición.) Silogismo
res subordinados a uno superior, compuesto, que consta de una
las especies de un género último, premisa mayor disyuntiva en
y los individuos de una misma que se establecen dos o más
especie. Las dos primeras son alternativas posibles, y de tan­
diferencias esenciales, las indivi­ tas menores hipotéticas como

219
miembros tieiie la disyunción, ! que conduce a ecuaciones de mo­
las cuales llevan a una conclu­ vimiento, y la estática, a ecuacio­
sión común. En la Escuela se nes de equilibrio, Por analogía,
denominaba argumentitm co rn il- 1 dinámica del espíritu, mental, so­
tum, utrvnque ferien s. Reglas del . cial, etc., que designan meta­
dilema: la disyunción lia de ser : fóricamente los cambios y evo­
completa, de modo que no haya ■ luciones intelectuales, morales
otra alternativa posible; la con­ y sociales de los individuos y de
secuencia debe ser necesaria, de \ los pueblos. Entre la primera
modo que no sea posible la con- j y las segundas solamente hay
clusión opuesta, que es en lo de común el nombre, como en­
que consiste la retorsión dile- tre las leyes físicas y las mora­
mática. les-sociales. Seria, pues, un abu­
Diletantismo.— Estetismo intelec­ so gramatical y un error de ló­
tual, que antepone al fin de ha­ gica -grave convertir la metáfora
llar la verdad en el trabajo del en realidad.
espíritu, el placer de buscarla y D in am ism o.— Actuación de fuerzas
contemplar las luchas de ideas, físicas o mecánicas; por trasla­
A la manera que el sibarita bus­ ción y metáfora se dice también
ca en los alimentos, no el medio dinamismo psicológico, mental,
del sustento corporal, sino el social, etc. Teoría cosmológica
placer en saborearlos, y a tal que interpreta la naturaleza físi­
grado puede llegar el refina­ ca bajo el tipo de fuerza, de ener­
miento morboso, de procurar el gía, en oposición al mecanicismo,
vómito para continuar el pla­ que supone la materia inerte,
cer, así el «diletante» y el «esteta» desprovista de todo principio
del pensamiento buscan en el intrínseco de actividad. Según
ejercicio de la inteligencia, no el dinamismo, la energía consti­
la verdad como alimento del tuye la esencia de la materia, el
espíritu, sino el placer del ejer­ fondo último del universo físico,
cicio en buscarla, suprimiendo origen de la extensión y de todo
con frivolidades ligeras o escép­ fenómeno corporal. E l mona-
ticas ironías los problemas de la dismo de ]>ibniz, suponiendo
realidad y de la vida. los cuerpos formados por ele­
D in á m ica.— (Del griego fuer­ mentos iiltimos indivisibles, de
za.) En mecánica racional, estu­ fuerzas inmanentes de «repre­
dio de las fuerzas productoras sentación» y la «apetición», e s­
del movimiento, y también del pecie de psiquismo universal,
movimiento en sí mismo ( cine­ es una reacción vigorosa contra
m ática), Se oponen la dinámica, el mecanicismo cartesiano. Bos-

220
D
cowicli, unlversalizando la teoría gún planes concretos y bien de­
de las fuerzas centrales en una terminados de finalidad. L a con­
filosofía de la naturaleza, K an t j cepción aristotélica de la natu­
y posteriormente numerosos fi- ] raleza es, pues, un substancia-
lósofos y físicos, (P. Carbo- i lismo dinámico-finalista, pero no
n -11, Palmieri, Hirn) interpretan ¡ puro dinamismo.
la materia como resultada de | Bibl.; Leibniz, Monadologia,
fuerzas diversas, principalmente 1714; Boscowich, Theoria phil.
de atracción y repulsión. Final­ nahiralis, 1759; Kant, P rin cip io s
mente, la filosofía científica mo­ metaf. de la ciencia de la natura-
derna, orientada por preocupa­ leza, 1786; Hirn, Analyse élémen-
ciones filosóficas, tiende á la tairc de l ’univcrs'. De Nys, Cos-
desmaterialización de la ma­ molugie, págs. 557-586, edición
teria y a concebir el universo 1906; T, Vignon, N o iio n de la
como resultado de una energía forcé, 1900. (V.^E n e r g ía , E n e r ­
fundamental idéntica en todos getism o y las bibl.)
los seres (energetism o). (V. esta , Dinamogenia.— En psicología, po­
palabra.) der motor de los estados psico­
E l dinamismo tiene una signi­ lógicos, o tendencia de éstos a
ficación transcendental (pa-ndi- traducirs en movimientos con­
na mismo) en todos aquellos sis­ venientemente adaptados. De
temas ( voluntarismo, actualismo, una manera especial, las repre­
evolucionismo absoluto) que po~ j sentaciones (id e a s , imágenes,
nen como sabstratum metafísico, ! sensaciones) poseen un poder di-
no el ser, la substancia, sino el namógeno por su enlace con los
fieri, el devenir. sentimientos y con las imágenes
E l dinamismo de la metafísica de los movimientos correspon­
aristotélica difiere de todos los dientes. L a idea de un movi­
anteriores. E l ser de las subs­ miento es ya un comienzo de
tancias corporales está constitui­ este movimiento. De aquí esta
do por dos elementos: materia y ley general: toda representación
forma. L a materia es indetermi­ de un movimiento se acompaña
nación, pasividad, inercia; la de una tendencia a su realiza­
forma es la idea especificante de ción; o, más brevemente, toda
los seres, principio de acción y idea tiende a su realización. L a
de movimiento. L a naturaleza expresión oral y mímica de las
de los seres es, por tanto, esen­ ideas y emociones, la ley de la
cialmente dinámica, conteniendo imitación, la creación de hábitos
en sí energías o potencialidades vitales, los fenómenos de suges­
dispuestas a entrar en acción se­ tión natural o hipnótica, etc.,

221
D
tienen su fundamento en las re­ esté sobre toda categoría del
presentaciones como centros de pensamiento, que, modelado so­
estados afectivos y principios bre las cosas del mundo, es in­
determinantes y directores de adecuado para expresar las co­
los movimientos. (V. I m á g e n e s .) sas divinas; nuestro conocimien­
Dios,— L a idea de Dios ocupa un to de Dios es per speculum et in
lugar preeminente, central, en cenigmate. L a mejor definición,
filosofía; ella es el punto culmi­ la revelada por Dios en la E s­
nante del pensamiento, y sus critura: E go sum qui sum ; qm
problemas se imponen como los est; el ser por esencia, la causa
más transcendentales a la razón y razón primera de cuanto exis­
y a la conciencia humanas. Si, te. E l universo es un simbolismo
por definición, la filosofía es universal revelador de la Inteli­
cognitio rerttm per tiltimas causas, gencia soberana, creadora, con­
explicación del orden universal, servadora y providente. Para el
Dios es la causa suprema que pensador que trata de compren­
subordina todas las causas, y el derle, todo es significativo, en­
primer principio del orden uni­ contrando a Dios en sus obras
versal. Todo en la naturaleza fuera y dentro de sí mismo: in
creada tiene su zo'/.ón de ser y ipso vivimvs, movemur et su?nus.
recibe su ley de este origen pri­ Son tales las condiciones de im­
mero, y toda concepción filosó­ perfección de la razón humana,
fica del universo y del hombre que necesita leer al revés el libro
es solidaria de esta primera no­ de la naturaleza: las causas por
ción, Si el universo no es un caos los efectos, el hombre por sus
ininteligible y absurdo, si el or­ obras, el árbol por los frutos.
den y la ley presiden a toda la Así, el conocimiento de Dios le
evolución serial de las causas, si adquirimos por las maravillas
todo está gobernado por la cau­ de la creación, en donde, como
salidad y la finalidad, es nece­ en un espejo, se reflejan sus so­
saria una Inteligencia soberana, beranos atributos. Existe nn or­
origen primero de toda causali­ den en el universo, la finalidad
dad y término de toda finalidad: gobierna la evolución de los se­
Dios es el alfa y omega de toda res, y la ciencia con sus leyes
existencia. En cnanto a la vida es su expresión; luego existe una
de la conciencia humana, la idea Inteligencia ordenadora y legis­
de Dios es postulado esencial de ladora anterior a su evolución*
su naturaleza racional, moral y E l mundo, los seres y los fenó­
religiosa. menos son esencialmente contin­
Dios es indefinible e inefable; gentes; luego si todo puede ser

222
y no ser, si nada se basta a sí recho, sanción, etc., son palabras
mismo para existir y nada exis­ vacías de sentido, sin un prin­
te sin razón suficiente, es nece­ cipio ideal ant rior y superior al
sario buscar fuera del mundo, hombre y a la sociedad.
en un Ser no contingente, sino En suma, nada subsiste racio­
necesario, la razón de existencia nalmente, ni en fl orden cósmico
del mundo. E l mundo aparece a de la naturaleza, ni en el orden
la ciencia como un sistema or­ moral de la conciencia, si no se
denado de causas y efectos; nada supone una Causa inteligente
subsiste, y el orden es incom­ principio del orden universal. Y
prensible si no se establece en la visión sintética y profunda de
el origen primero una Causa este orden universal pone al es­
transcendente necesaria que sea píritu enfrente de este dilema:
razón de todo, puesto que sin Dios, o la Nada; sin Dios, nada
ella todo es .sin razón; inteligen­ puede ser, y nada se puede com­
te, puesto que el mundo es in­ prender.
teligible y expresión de un ideal; E l estudio de la Causa primera
omnipotente, puesto que ella es constituye el objeto de la Teodi­
el origen de toda realidad; vi­ cea. Esta disciplina filosófica
viente, puesto que es el princi­ comprende las siguientes cues­
pio de toda vida. Si el espec­ tiones: el conocimiento de Dios,
táculo ds*l mundo lleva el alma la existencia de Dios, la natura­
a Dios, la vida interior del alma leza y atributos divinos, el pen­
por otro camino conduce tam­ samiento y la voluntad en Dios;
bién a El. E l alma está hecha la obra de Dios, creación, conser­
para Dios, según la frase de San vación y gobierna providente del
Agustín, y sólo encuentra des­ mundo. Son tan delicados estos
canso en él. ¡'Feeisti nos Domine problemas, y de tal profundidad
ad te, et inrequietum est cor y transcendencia filosóficas, que
nostrum doñeerequiescat inte.» no cabe ni desflorarlos en las
(Confess., 1. I, c. 1.) L a vida dimensiones de un articulo; y
moral y social descansa en pos­ sería, además, aminorarlos y
tulados absolutos y necesarios, empobrecerlo;. Preferimos en­
en un orden ideal que el hombre viar al lector a las obras de re­
no ha creado, anterior y supe­ ferencia.
rior al hombre mismo, y que no Bibl.: San Agustín, La Ciudad
puede imponerse a sí mismo de Dios, y «passiin» en sus obras;
como obligatorio. Las nociones Santo Tomás, Sum. Theol., I,
morales: orden, bien y mal, ley, qq. I -X X V I ; C. Gentes, «passim»;
obligación, deber, justicia y de­ Q. de vertíate; Suárc-z, D isp. meí.\

223
D

en general, ios trat. de Teología todo estos dos modos de pensar


natural o Teodicea; Al. Farges, la inteligencia y comprender las
L'idée de D ie u d'aprés la raison cosas.
et la science, 1894; A.-D . Sertil- h a mayor parte de las intui­
Ianges, Les saurces de la croyance ciones son, en realidad, razona­
en D ieu, 1905; R. P. Pegues, mientos comprimidos e implíci­
O. P., Commentaiye franfais litt. tos, y el movimiento discursivo
de la Sum , Théol. de S. Thomas aparece como una serie de in­
d 'Aquin, t. I: Traité de D ieu , tuiciones sostenidas unas por
2 vols.; M. Michelet, D ieu et otras, o como una intuición ge­
/'agnosticisme contemfiorain, 1909. neral que se prolonga al través
G. Ballerini, L'esistenza de D io de una cadena de juicios hasta
di fronte alia scisn.a e a l pensiero la conclusión, A l modo como en
moderno, 3.a ed. 1918; Garrigou- el mundo planetario el sol di­
Lagrange, D ieu. Son cxistence et funde su luz en los planetas,
sa natuvs, 1915; Mattiussi, Credo mediante la; cual éstos se hacen
in unum Deum, 1905. visibles, así también en el mun­
Discurso. Discursivo.— (En latín, do del pensamiento hay intuicio­
discursits, de discurrere: correr de nes-principios cuya luz ilumina
una parte a otra. Por trasl., dis­ toda verdad; el trabajo del es­
curso mental, movimiento de la píritu enfocando esta luz hacia
inteligencia de unas verdades a las regiones obscuras y hacién­
otras.) Conocer por razonamien­ dola pasar por reflexión de unas
to y deducción. Se opone a in ­ verdades a otras, iluminándolas
tuición, ya sea racional de los y haciéndolas visibles: esto es el
principios, ya experimental de discurso. Conocer, sea por in­
los liechos, que es visión inme­ tuición o por discurso, es siem­
diata y, por decirlo así, contem­ pre ver; el discurso es un instru­
plativa y estática de unos y mento de difusión de la luz, que
otros. E l conocimiento intuiti­ amplía y alarga la visión. (Véase
vo, en sí considerado, e i más R a z ó n , D e d u c c ió n .)
perfecto que el discursivo; pero Disociación.— En psicología desig­
éste es más propio de la inteli­ na el fenómeno inverso de la aso­
gencia humana, y su evidencia ciación. H a sido menos estudiada
calma y satisface al espíritu más que ésta, o casi nada; pero, evi­
aún que la intuición misma di­ dentemente, las dos son co rela­
recta e inmediata. Santo Tomás tivas en la dinámica de la con-
dice que el hombre es más ra ­ ciencia; toda agrupación o nue­
zonable que inteligente. Pero aca­ va síntesis va acompañada de
so no sea necesario oponer del disgregación de síntesis anterio­

224
D

res; esto sin olvidar que las per­ tinción, derivada del moda de
cepciones de la realidad son sin­ conocer la inteligencia una mis­
téticas, y ya los sentidos operan ma realidad, se llama lógica; es
mía disociación analítica de las de pura razón cuando los dos con­
cualidades que se continúa en ceptos expresan una misma reali­
la memoria. En general, puede dad formal (v. gr., los términos
decirse que la asociación recae j de una definición), y virtual > me­
sobre elementos previamente di- i tafísica (cum fundamento in re)
sociados. N o debe confundirse la ¡ cuando responden a la misma
disociación sensorial con la abs­ realidad, pero al análisis de la
tracción intelectual. E n otro sen­ inteligencia se presenta bajo as­
tido, se emplea la palabra para pectos diferentes, representables
designar la falta de poder sinté­ en conceptos distintos (v. gr., la
tico de la conciencia, la disper­ animalidad y la racionalidad en
sión y movilidad de las energías el hombre). L a virtual es com­
psicológicas, la falta de dominio pleta, cuando los dos conceptos
de sí que acusa la debilidad de se encuentran realizados o son
carácter moral. L a disociación, realizables separadamente en la
impotencia de coordinación, es naturaleza (ejemplo, la animali­
el principal elemento de las en­ dad en el bruto sin la racionali­
fermedades mentales. dad), e incompleta-, cuando son
D istinción .— Noción transcenden­ irrealizables separadamente y
tal de relación entre conceptos responden a una realidad única
y seres, de los que uno no es el e indivisible (ejemplo, los con­
otro; se opone a la identidad, ceptos analógicos con que nos
como la pluralidad a la unidad. representamos las perfecciones
En la existencia, y aparte de la divinas). (V. U n i d a d , I d e n t i ­
consideración de la inteligencia, d a d .)
todo es distinto de todo, el ser Distancia (Percepción de la) . —
es uno y distinto de cualquiera (Véase E sp a c io .)
otro, y sólo idéntico a sí mis­ Distracción.— Suele definirse: au­
mo: distinción real. Pero esta uni­ sencia de atención. Pero esto no
dad real de los seres no excluye parece cxacto; la distracción es
la pluralidad de elementos o as­ la misma atención substraída
pectos, de razones ideales repre­ al dominio de la voluntad, des­
sentabas en la inteligencia por viada de la intención final en
conceptos distintos; que una es que ésta ordena sus actos, y lo
la manera de existir las cosas en mismo puede provenir de la dis­
la realidad, y otros los modos de persión y movilidad inconstante
pensarlas la inteligencia; esta dis­ de las facultades, que de la con-

225 15
D

centraeión de ésta y absorción considerarse como una r alidad


por un objeto. Bn uno y otro aparte de la substancia; ¿cuál es
caso, la distracción consiste en la el límite de su división? Se pue­
falta de poder coordinativo de de suponer el continuo cons­
los actos en relación con los fines tituido por elementos últimos
prácticos de la voluntad, (Véase simples, que serían lo 3 límites
A t e n c ió n ,) de la división; pero, ¿cómo la
Distributivamente. Distributivo. — reunión de elementos inexten-
Se dice de lo universal, realizable sos puede constituir la exten­
en los individuos y aplicable a sión?, y ¿cómo la inmovilidad
cada uno de ellos; en oposición de puntos puede engendrar el
a colectivo, que expresa el con­ movimiento? Aristóteles, y en
junto. general los escolásticos, sostie­
Divisible, Divisibilidad.— Atributo nen la divisibilidad del continuo
de la cantidad continua (tiempo hasta lo infinito; por pequeña
y movimiento, espacio y exten­ que sea la extensión, es esencial­
sión). E l continuo es imum in mente susceptible de división.
actu, plura in poíentia; esta plu­ Así, Aristóteles define el conti­
ralidad potencial es el principio nuo: id quod in in fin ü u m dividí
de la divisibilidad. ¿Es ésta limi­ potest, continm im est. (V. Nys,
tada o sin límite? Para respon­ Cosmología, págs. 243 y sig.,
der a la cuestión hay que distin­ 1906.)
guir el continuo matemático, División.— Resolución de un todo
ideal, abstracto, y el real y con­ en sus partes (totius in partos
creto. Bn el primero, producto d is lrib u tio ). B1 todo puede ser
de la inteligencia, puede ésta su­ una realidad concreta (totu m ) y
primir o, mejor dicho, prescindir su división en partes esenciales,
de los límites, y concebirle divi­ accidentales, integrantes, etc., se
sible indefinidamente. B1 conti­ llama física («wKuatc de los anti­
nuo real, la extensión, por el guos, opuesto y correlativo de la
contrario, tiene en la substancia composición, o^vOsa1 , ;); o un con­
material, de la que es propiedadj cepto lógico universal fom ne), y
un límite a la divisibilidad ilimi­ su división en géneros o especies
tada de la extensión matemáti­ inferiores se llama lógica, que es
ca; la substancia, en efecto, para la división propiamente dicha
subsistir, exige cierta cuantidad (oiffiípss'.;, correlativa de la suv«-
de materia, cuya disminución 71 u-fV;).
traería como consecuencia la L a división lógica presupone la
desaparición o disgregación subs­ definición y es su complemento,
tancial. Pero puede la extensión y las dos tienen por objeto defi­

226
D
nir, aclarar y especificar el con­ deben seguir el orden de la
tenido, extensivo o comprensivo, realidad.
respectivamente, de las ideas. D ivisión del tra b a jo .— Ley general
L,a clasificación (V, esta palabra) biológica consistente en la espe-
es una serie coordinada de divi­ cialización de funciones, en ra-
siones lógicas. Reglas de la divi­ 2011 directa de lti perfección y
sión: lia de fundarse en un mis­ diferenciación de los organismos.
mo principio (así el juicio se di­ Máf particularmente designa la
vide en razón de la cualidad, de especialización del trabajo en las
la cuantidad, de la relación, etc.); diversas industrias y en las dis­
ha de ser completa, de modo que tintas manipulaciones de una
el conjunto de los miembros igua­ misma industria. La división del
le al todo; opuesta, que los miem­ trabajo económico favorece la
bros se excluyan entre sí; final­ habilidad profesional, economiza
mente, en la división puede pe- tiempo, disminuye el aprendiza­
carse por defecto y por exceso je, facilita el empleo de las má­
en perjuicio de la claridad: «Quid quinas y fortifica la solidaridad
in majus crevit facilius agrio sei ■ obrera; en una palabra, tien­
tur, si discessit in partes: quas de a realizar la ley fundamen­
immmerabiles esse et parvas non tal de la economía: los mayores
oportet, idem vitium habet nimia resultados en cantidad y en ca­
quod nuil a divisio; simile confu­ lidad con el menor esfuerzo. Pero
so est quidquid in pulverem sec- tiene el defecto de matar la
tum est.» (Séneca, E p ., 89.) iniciativa y libertad del obrero,
La división dicotómica, en se­ convirtiéndole en una peque-
ries de dos miembros contradic­ üa rueda del maqumismo indus­
torios, es la más lógica y exacta; trial.
pero la realidad es demasiado Dogma.— (Del latín dogma, del
compleja para prestarse, en la griego oÓ7|i.a, de ooxéuj, decidir,
mayor parte de los casos, a un pensar, afirmar.) Doctrina o
procedimiento tan simpl'j, Kant creencia que se imponen a la
(división de los juicios-catego­ aceptación de la inteligencia.
rías) y sus sucesores Fichte, Usada primeramente la palabra
Hegel (tesis, antítesis, síntesis), en sentido filosófico: principio,
Krause, etc., muestran preferen­ axioma o conclusión, que por su
cias por la tricotómica; el número evidencia se imponen umversal­
tres toca a veces en lo supersti­ mente a la razón; y también las
cioso. F,videntemeute, las con­ bases fundamentales de un sis­
diciones de la división no pue­ tema. E l usa ha restringido el
den decretarse a p rio ri, sino que significado a los dogmas teológi-

227
D
eos: conjunto de verdades reve­ a negarlo, suprimiría ipso fado
ladas, definidas y propuestas el objeto mismo del debate; la
por la Iglesia a la creencia de cuestión es saber si la inteligen­
los fieles. En filosofía han que­ cia puede o no justificar, en el
dado en uso las derivadas dog­ d-ominio de la reflexión, la certi­
mático, do g m a t is m o , contra­ dumbre de nuestras adhesiones
puestas a escéptico y escepti­ espontáneas. En la afirmativa,
cismo. el dogmatismo tiene razón, y la
D ogm atism o.— Teoría^del conoci­ certidumbre, que sólo era espon­
miento, que afirma la posibilidad tánea, reviste luego el carácter
de justificar el valor de nuestras de una certidumbre reflexiva,
facultades de conocer, y de dar científica; en la negativa, hay
a sus certidumbres legítimas un discordancia entre la actividad
fundamento filosófico inquebran­ espontánea y la actividad refleja
table. Se opone a escepticismo, del espíritu, y 110 queda sino
que niega esta posibilidad, y tam- esta conclusión desesperante: que
bié'i a criticism o; pero más bien la máquina humana está nial
es éste una actitud, un método, construida.» (Mercier, Criterio-
que lo mismo puede conducir al logie genérale, pág. 112, 1900.)
dogmatismo que al escepticismo Esta es la conclusión del escep­
(el criticismo de Kant se resuel­ ticismo metafísico de Kant al
ve en un escepticismo de la ra­ suponer la razón especulativa
zón especulativa en su uso trans­ tendiendo necesariamente al pa­
cendental, y en un dogmatismo ralogismo; y ésta es también la
de la razón práctica, y aun de de todo escepticismo partiendo
la especulativa en su uso simple­ el hombre en dos: uno que razo­
mente lógico). Toda filosofía ha na y niega teóricamente la ver­
de ser en algún modo crítica, y dad, y otro que vive y la afirma
la cuestión entre el dogmatismo prácticamente. Pero es necesario
y el escepticismo no se refiere a afirmar, puesto que es necesario
las certidumbres espontáneas vivir. D e aquí dos clases de dog­
sino al dominio de la reflexión y matismo: 11110 racional, fundado
de la crítica. «Iya verdadera cues­ en la justificación del valor de
tión entre escépticos y dogmáti­ la inteligencia (desde Platón y
cos no consiste en saber si el Aristóteles, toda la tradición de
alma humana encuentra en sí la philosophia perennis), y otro
asentimientos ciertos, es decir, irracional, derivado del escepti­
espontáneamente irresistibles: en cismo teórico (dogmatismo de la-
esto es preciso que todo el mun­ razón práctica de Kant, tradi­
do convenga, y si alguno llegara cionalismo, fideísmo, los prag­

228
D
matismos modernos). Los extre­ juicio; se opone a la certeza. Es­
mos se tocan: al lado del es­ tado de indecisión intelectual,
cepticismo especulativo aparece vacilante entre juicios contra­
siempre, como consecuencia y en dictorios, bien sea por falta
reacción proporcional, el dogma­ de motivos que soliciten la ad­
tismo práctico; el escepticismo hesión (duda negativa, ignoran­
de la primera crítica de Kant cia) o porque las razones no son
exigía como complemento obli­ decisivas o se contraponen imas
gado el «irracionalismo» del im­ a otras (duda positiva: opinión,
perativo moral y ds los postula­ probabilidad, hipótesis, etc.). L a
dos prácticos de la segunda; al duda puede ser racional cuando
anarquismo disolvente de los las razones justifican la absten­
principios fundamentales de la ción del asentimiento, o irra cio­
razón, han sucedido los moder­ nal y sistemática cuando por
nos practici mos. Y es que de­ sistema se niega toda certidum­
trás de la inteligencia está la bre (escepticismo), y puede en
naturaleza con su instinto de casos ser una enfermedad psico­
conservación, para contener la lógica (manía de la duda). L a
primera en sus debilidades e im­ duda, lo mismo que la certeza,
potencias, en sus tendencias al 110 son simples fenómenos inte­
suicidio. Como la naturaleza su­ lectuales, constituyen un deber
ple en los ciegos la falta de vista moral de sinceridad: estamos
poniendo ojos en los dedos, así obligados a decir sí o 110, como
en los extravíos y cegueras men­ Cristo nos enseña, y a asentir a
tales, antes que resignarse a pe­ lo cierto como cierto y a lo du­
recer, busca la naturaleza fuera doso como dudoso en la medida
de la razón, cuando la razón se de las razones que abonan nues­
ha hecho incapaz de prestarlos, tros juicios: «Melius est enim
los resortes y la orientación del dubitate de ocultis, quam litiga­
vivir. (V. V e r d a d , Ce r t e z a , re de incertis.» (San Agustín,
E v id e n c ia , y las bibl.) D e Gen. ad Hit., 8 )
Dolor,— Estado afectivo opuesto al L a posesión consciente de la
placer, original e indefinible como verdad es una necesidad teórica
ésto. L a finalidad y demás con­ y práctica de la vida del espíritu:
diciones psicológicas son en uno quid enim foriius desiderat anima
y otro fundamentalmente las quam veritatem?; todo ejercicio
mismas, (Véase P l a c e r .) intelectual ha de partir de certi­
Duda.— (Del latín dubiuni, dubita- dumbres para terminar en certi­
ve; de la raíz dub, doble.) Sus­ dumbres nuevas; la misma duda
pensión del asentimiento en el no es sino un estado provisional

229
D

y un movimiento hacia el equi­ tando la aplicación de su método


librio de la certeza. Considerada a la ciencia pura. «No es que yo
la duda como estado normal de imite— dice— a los escépticos que
la inteligencia y sin relación a dudan nada más que por du­
la certeza ( escepticismo), es como dar y afectan permanecer siem­
el movimiento del que camina pre irresolutos, sino, al contra­
sin ir a ninguna parte; la duda rio, todo mi propósito se dirige
universal es invención de filó- a asegurarme bien y a remover
sofos y de cerebros recalenta­ la tierra inconsistente y arenosa
dos. para encontrar la roca dura o la
Duda metódica.— Designa el arcilla.» ( D is c. de la M é th ., 3.a p.)
método de filosofar preconizado Espíritu de estructura matemá­
por Descartes en su Discours de tica y, por tanto, dogmática el
la méthode, aunque la denomina­ de Descartes, nadie puede creer,
ción es posterior a él, quien la de la lectura de sus obras, que
denominó duda ((hiperbólica», la duda haya tenido en su mente
equivalente a ficticia , en oposi­ la menor realidad. Pero aun pro­
ción a la real de los escépticos. visional y ficiicia , la duda me­
Consiste en presuponer la duda tódica universal implica contra­
universal al principio de la filo­ dicción; como método, medio de
sofía, para asegurar a ésta un asegurar la verdad, supone la
fundamento con todas las garan­ existencia de la misma verdad
tías de una inquebrantable soli­ y la posibilidad de alcanzaría; su­
dez. Y aunque este método crea pone, además, principios o pun­
fácilmente escépticos en espíritus tos de partida en la ciencia,
sobre todo poco prudentes y avi­ fuera de toda duda e indemos­
sados, en sí nada tiene de común trables, que de la duda abso­
con el escepticismo: dos escép­ luta no puede salir la ciencia
ticos no dudan más que por du­ cierta; si sólo se dispone de
dar; Descartes duda para llegar arena para la construcción, ésta
a la verdad; la duda de los pri­ no podrá levantarse sobre roca
meros es definitiva, la del se­ firme, la suma de ceros no da
gundo provisional; el dudar cu cantidad positiva. (V. Escepti­
los escépticos es un fin, en Des­ cismo.)
cartes, un medio». Su pensamien­ L a duda metódica, no univer­
to es bien claro, e insiste en él sal, sino parcial, es legítima y
previendo sin duda interpretacio­ condición del progreso científi­
nes escépticas: tiene cuidado en co; para encontrar la v e rd a d es
poner a un lado las verdades reli ■ necesario buscarla, y no la bus­
giosas y de la vida práctica, limi­ ca sino el que duda de ella o se

230
D
la propone como si dudara de la vez, puesto que el que le pro­
ella. Puede esta duda ser ficticia voca o le acepta se expone a
o puramente metódica, cuan­ morir o a matar; es atentatorio
do, v. gr., se trata de esclarecer, a la ley divina y natural, que
exponer, o rehacer la demostra­ nos impone el deber de conser­
ción de una tesis ya conocida y var nuestra existencia y de res­
cierta, reduciéndola al estado de petar la de los demás: ni hemos
cuestión; o yeal, cuando se trata sido libres para damos la exis­
de un problema no resuelto. To­ tencia, ni lo somos para supri­
dos los filósofos han practicado mirla; es contrario al derecho y
este procedimiento- Un un diá­ a la justicia sociales, a quienes
logo con Evodio, tratando del corresponde en el orden social
libre albedrío, aprueba San A gus­ el dirimir las contiendas priva­
tín estas palabras de su interlo­ das. Esto, sin contar el lado de
cutor: «Yo creo firmemente todo ridicula superstición que lleva
esto, pero aun no lo comprendo consigo el falso concepto del ho­
bien; busquemos, pues, como si nor, la desproporción entre los
todas estas verdades fuesen in­ medios y el fin que en el duelo
ciertas.» (D e lib. arb., lib. II, ca­ se persigue, el formalismo cómi­
pítulo II.) Este es el método ge­ co del «código del honor», etc.;
neral de los escolásticos; asi San­ en todo ello, y al través del ex­
to Tomás propone uniforme y terior civilizado de las clases en­
simétricamente las cuestiones: tre quienes el duelo suele prac­
Utrum...?, sin que dude de la solu­ ticarse, se ve asomar el ilogismo
ción en la mayor parte de ellas, inconsciente del^salvaje. Es, so­
pero las propone como si dudase; bre todo, el duelo contrario a la
siguen las raliones dubitandi, lue­ moral cristiana, y la Iglesia
go las razones demostrativas, y conmina con severas penas, no
termina con la solución de las sólo a los provocadores y acep­
dudas en conformidad con lo tadores del duelo, sino a todos
demostrado. (V. la bibl. en E s­ los que directa o indirectamente
ceptic ism o ,) cooperan a él: «Duellum perpe­
Duelo.— (Del latín ducllum, lucha trantes, aut simpliciter ad illum
o combate entre dos.) Práctica provocantes, vel ipsum accep-
bárbara, en que la razón y la tantes, vel quoslibet cómplices,
ley dejan el lugar al azar o a vel qualemcumque operam aut
la destreza de las arraas para favorem, prEebent.es, nec non de
resolver contiendas personales industria spectantes, illudque
en combate privado. E l duelo permitientes vel, quantum in
es un suicidio y un asesinato a illis est, non prohibentes, cujus-

23!
cumque dignitatis sínt, etiam Duración.— Permanencia del ser en
regalis vel imperialis.» Todos la existencia. Se distingue la du­
éstos están penados con exco­ ración intemporal ( eternidad)
munión lates sententies R . P . atributo exclusivo de Dios, y la
sim pliciter reservatee. (Pío IX , duración de los seres contingen­
Encicl. A post. Seáis, 1869.) tes mensurable en el tiempo.
E

Ecceldad.— {D el latín escolástico escolástica, en la que han colabo­


ecceitas; de eccc, de en, he aquí, rado todas las generaciones; por
y ce, part. demostrativa.) Desig­ esto, y porque expresa mejor
na, en los escolásticos, la subs­ que ningún otro sistema los dic­
tancia individual concretada en tados universales de la razón
las condiciones de existencia, el humana, como ninguno merece
-'M xi, hoc aliquid de Aristóteles; el dictado de philosophia persn-
en contraposición al vj -i izxí, nis. Más particularmente designa
quidditas, quid quod esi, la esen­ un método filosófico de concilia­
cia específica abstracta multipli­ ción de doctrinas heterogéneas,
cada en los individuos. Duns aun inconciliables, hecha sin
Scoto pone en la eccsidad el discernimiento, que también re­
('principio de individuación» de cibe el nombre de sincretismo.
los seres, considerándola como Eclecticismo francés: el de los
una entidad que, añadida a la universitarios franceses, cuyo
esencia, los determinaría indivi­ principal representante, Víctor
dualmente. Cousin, ejerció, durante la pri­
Eclecticismo.— (Del griego mera mitad del siglo X IX , la
elegir.) Espíritu de selección dictadura de la enseñanza filo­
abierto a toda corriente doctri­ sófica en Francia. Merecen ci­
nal; se opone a espíritu sistemá­ tarse: Jouffroy, Damiron, Ré-
tico personal cerrado a influen­ musat, A. Garnier, J. Bouillier,
cias extrañan. H a y un eclec- ¡ E. Saisset, Pablo Janet, Caro,
ticismo sano, que considera que E. Marión, E. Rabier, E. N a -
ios siglos no han pasado en vano, ville, P. Ravaisson, J. Magi,
y que hasta los errores contie­ E. Vaclierot, J. E. Alaux, Du-
nen un fondo de verdad, o. a lo rand de Gros; los redactores del
menos, enseñanzas aprovecha­ D ictionnaire des sciences philoso-
bles mediante una crítica racio­ phiqa.s (1843-49) de A. Frank.
nal y prudente. Ejemplos de E co n om ía.— (Del griego ohto-, casa,
sabio eclecticismo, el de Aristó­ familia, y vóuo^, gobierno.) E ti­
teles y el de la gran tradición mológicamente, gobierno, buena

233
administración de la. familia; a su Estado, aunque no le propor­
esta significación responden, ver­ cione ganancia inmediata, perte­
bigracia, la Económica de Jeno­ nece a la Economía lo mismo
fonte y la falsamente atribuida que lo destinado a la venta.
a Aristóteles. Por extensión y Objeto capital que se persigue
analogía se dice de toda organi­ es la acumulación, mayor posible
zación social y fisica: convenien­ de bienes económicos, no sólo
te adaptación de medios a fines, para asegurar mejor nuestra
de órganos y funciones. Ley fun­ existencia, sino también para
damental de economía o de par­ poder estudiar y resolver con
simonia (del menor esfuerzo) más seguridad el problema fun­
aplicable a todo orden, físico, damental de la Economía: tener
intelectual, moral y social: los mucho con poco trabajo. Eso
mayores resultados con el míni­ busca el hombre aislado, la fa­
mo esfuerzo; es ley de la natu­ milia, la empresa en todas sus
raleza que «nada hace en vano», formas, el Municipio, el Estado,
ni emplea medios superiores y el mundo entero, cada cual con
complejos en lo que puede hacer sus medios, cada cual con sus
con medios sencillos, es decir, órganos. Por eso la Economía
económicos. estudia los fenómenos sociales
Economía política. Ciencia econó­ exteriorizados al crear las utili­
mica.— N o corresponde el senti­ dades económicas y al consu­
do de la palabra ((economizar» a mirlas. N o es, por tanto, la
lo que supone la actividad eco­ Economía aquella ciencia que
nómica. Un ésta sobresale la estudia al agente que produce
actividad humana desplegada lo necesario, conveniente y lu­
para atender aquellas necesida­ joso de la vida, sino el hombre
des cuya satisfacción es requisi­ para quien se destina lo necesa­
to previo de nuestra existencia. rio, conveniente y lujoso. Podrá
Puede prevalecer el interés per- tener intereses para uno idear
sonalísimo de quien siente las técnicas perfectas que hagan
necesidades y ejercita la activi­ rendir al hombre lo más posible;
dad, pero de ordinario se suma pero, humanamente pensando, no
al interés personal una serie de puede ser éste el fin de la eco­
motivos de carácter familiar, lo­ nomía. E l hombre es fin en sí
cal, regional, de clase, etc., que y nunca puede ser medio. Si
complica cada vez más la vida ahora queremos bosquejar el
económica. Lo que se proporcio­ proceso económico, veremos que
na el individuo para sí, para su fundamentalmente se reduce a
familia, para su pueblo y para esto: con cada conquista econó­

234
E

mica, el hombre es más depen­ por el Estado (mercantilismo,


diente, aunque también goce de absolutismo, centralismo, col-
más libertad. Y a no tenemos que bertismo). E l espíritu crítico
ir por agua a la fuente; pero si demoledor del siglo X V I I I se
hay lina rotura, casual o inten­ ceua también en el sistema eco­
cionada, puede llegar el caso de nómico dominante y le reduce a
muertos por sed. Y en cuanto a la pedazos, colocando en el puesto
teoría, tenemos en Aristóteles de la autoridad a la libertad e
una primera concepción: la Eco­ intentando después la recons­
nomía es una parte de la Moral trucción de la obra a base de
en que se estudian los deberes libertad. Eso cs la fisiocracia,
domésticos. E l Cristianismo pu­ y el smitianismo, y la escuela
rifica la doctrina aristotélica en clásica pesimista y optimista.
lo que tenía de inmoral (escla­ Siete leyes naturales, universa-
vitud, aborto, infanticidio) y la les, perpetuas resumen la doc­
completa con el Corpus ju ris ca- trina clásica: 1) Ley del inte­
nonici. E l escolasticismo hace su rés personal: todo individuo bus­
Economía al estudiar la propie ca el bien (la riqueza) y evita el
dad, el trabajo y su remunera­ mal (el esfuerzo). 2) Ley de
ción, el capital y su interés, los la concurrencia: déjese a cada
cambios y la moneda, y, final­ cual en libertad de buscar su
mente, la población. Una ética fin como le plazca. 3) Ley de
racional contrastada con el dog­ la población: la población sin
ma garantiza las soluciones de frenos trae la miseria. 4) Ley
esta escuela de moderación. E l de la oferta y la demanda: el
contacto europeo con Oriente precio varía en razón directa de
primero y con Occidente des­ la demanda e inversa de la ofer­
pués eleva tanto al comerciante, ta. 6} Ley del salario: el salario
que él es el centro de todo estu­ corriente se determina por la
dio económico. Lucro, oro, artes ley anterior; el natural o nece­
pecuniativas, es lo que interesa, sario por el coste de vida del
y no sólo a los particulares, sino trabajador. 6) Ley de la renta:
al Estado, que interviene am­ cuando la cantidad de trabajo
pliamente con el designio de necesario para abastecer el mer­
afirmar cada vez mós su supe­ cado de ciertos géneros es des­
rioridad frente a todos lo. pode­ igual en las diversas explotacio­
res constituidos. L a iniciativa nes, el precio de los artículos se
privada, o no vale nada, o se la fija por la cantidad mayor de
eleva a iniciativa pública, con trabajo, quedando una diferen­
lo cual queda todo absorbido cial ganancia a favor de aque-

235

líos que requieran trabajo me­ nes típicas. La política econó­
nor. 7) Ley del cambio interna­ mica trata de implantar regu­
cional: con una misma cantidad laciones apropiadas a la realiza­
de trabajo y capital podemos ción de ciertos fines deseables.
obtener una cantidad m ayar de Todas juntas, con sus respectivos
todos los artículos tomados en métodos, completarán el cuadro
conjunto. A medida que avanza de la ciencia económica.»
el siglo X I X se acentúa más el Bibl.: Gide et Rist, Hist. des
miedo a la libertad, vislumbrado doctrines ¿con., 1922; R. Gounard,
ya en los clásicos. Los socialistas H ist. des doctrines ¿can., 1921;
de la cátedra y del Estado y Schmoller, Grundriss der A llgem ei-
los revolucionarios de todos los nen Wolkswirtschaftslehre, 1919;
matices, han asestado rudos gol­ P. Antoine, Cours d'économie
pes a las leyes naturales, univer­ socialc, 1908; Toniolo, Econom ía
sales y perpetuas, apuntándose social, trad. cast., A. Landrv,
el mérito de haber comprobado M a n u el d ’ Economie, T. Ely,
históricamente que ni son per­ Quilines of Economy, 1919; E. A.
petuas, ni universales, ni siquie­ Camian, IVealth, 1022; R. M ar-
ra leyes. Hay, sin duda, mucha shall, P rin c . of Economy, 1918;
exageración en esto. Demos que W . Lexis, Allgem eine Wolkswirts­
las circunstancias de lugar y chaftslehre, 1920; P. H. Wicts-
tiempo influyan en la forma de teed. The Common Se use of P o li -
las leyes vigentes; pero que el iical Economy.
mismo fondo pueda llegar a ser Ecuación personal.— Corrección que
un día categoría histórica que es necesario hacer en las obser­
se pueda moldear a placer la vaciones y experiencias científi­
forma de la vida social, que se cas de gran precisión, de los
pueda llegar hasta la extirpa­ errores provinentes del factor
ción de la libertad y de la pro­ personal, variable en los distin­
piedad, es mucho más utópico tos individuos y en las distintas
que el liberalismo clásico. condiciones de un mismo indi­
Por esto parece acertada la viduo.
posición de K . Menger: «Hay Educación,— (Del latín educare, di­
varias ciencias que estudian las rigir, encaminar.) Desenvolvi­
actividades económicas. L a his­ miento racional de las faculta­
toria económica se preocupa de des y aptitudes. L a naturaleza
fenómenos económicos en su as­ humana nace ineducada, con
pecto estático y dinámico. L a tendencias en estado virtual
teoría económica estudia los que el ejercicio ha de hacer
tipos económicos y las relacio­ efectivas creando hábitos per­

236
E
manentes que íaciliten la acción: fuertes para las luchas de la
despertar, encauzar y adaptar vida y el cumplimiento de sus
ordenadamente estos poderes y destinos, y, sobre todo, hombres
aptitudes naturales a los fines morales que pongan por encima
del ser en relación con el medio de todo el deber y la virtud.
de su vida, es el fin de la educa­ En un sentido restringido, la
ción. L a educación es, pues, un educación se distingue de la ins­
arte, complemento y perfección trucción; la primera tiende a la
de la naturaleza, de manera que formación moral, dirigiendo la
ésta realice sus fines con los voluntad y el corazón, depuran­
mayores resultados y el menor do y elevando los sentimientos;
esfuerzo. La ciencia de la educa­ la segunda tiende a la formación
ción (pedagogía), esencialmente intelectual. L a segunda está
práctica y finalista, postula un subordinada a la primera, como
ideal de la vida, implica una todos los fines particulares de la
concepción moral, social y me­ vida al fin y ley supremos de la
tafísica de la humanidad, del moral.
universo y del lugar que al hom­ E l hombre no ha nacido para
bre corresponde en este univer­ ser sabio, pero sí para ser justo
so, e implica, además, el conoci­ y recto. Nadie está obligado a
miento psicológico del hombre y ser sabio sino en la medida que
de los medios más eficaces para el saber le es necesario para el
encaminarle al ideal. Hay, pues, cumplimiento de sus destinos, y
una filosofía, una ciencia, y una especialmente morales; la cien­
práctica de la educación; a la cia es, pues, un bien, pero un
filosofía corresponde formular bien relativo y subordinado a la
las bases informadoras de la ley suprema de la virtud. De
ciencia y de la práctica. «Antes aquí el error grave de aquellos
de disponerse a educar al niño, que reducen la educación a la
es necesario saber lo que ha de instrucción, tratando de amue­
hacerse de él.» L a pedagogía blar la inteligencia del joven y
puramente científica y empírica, dejando vacío de virtudes y 110*
que elimina el ideal, es como bles sentimientos su corazón;
el que camina sin saber adonde semejante procedimiento es el
va, o sin ir a ninguna parte. La más a prepósito para crear ge­
educación debe tender al des­ neraciones de escépticos y pe­
arrollo integral y armónico del dantes, cuando no corrompidos;
niño, del alma y del cuerpo, que la ciencia teórica es un ins­
mens sana in corporc sano, a fin trumento que sirve para el bien
de preparar hombres aptos y y para el nial, y no es incompa-

237
E
tibie la cultura de la inteligen­ católica, tr. cast., 1912; L'éduca-
cia con una profunda degrada­ tion du caractí’re, 1914; R eligión
ción moral. P rim u m vivere, pos­ et pedagogie, 1914; P. Vigué, Le
tea philosophari: la educación droit natural et le droit chrctien
debe proponerse hacer hombres dans l'éducation, 1913; Ollé-
antea que sabios, que piensen Laprune, L e p r ix de la vie, 1894;
rectamente para vivir moral­ De la viriU té intell., 1S96; T.
mente; que la inteligencia, como Pesch, P h il. chrélienne de la vie,
todas las actividades humanas, 1901; F. Mentré, Espcces et va­
se hallan subordinadas al fin rietés d’intelligences, 1920; N i-
moral que unifica la vida, y la colay, Les enfants mal élevés;
ciencia divorciada de este fin no O. Willmann, Didacktik, 4.a ed.,
es ciencia, sino un instrumento 1909; Páidag. Vortrágc, 4.!l ed.,
de destrucción. 1909; E. Rolf, Lexihon der Pdda-
Finalmente, la educación in­ gogih, 5 vols., 1917 y sig. {Véa­
tegral exige una base religiosa se C a rá c te r, V o lu n t a d y las
que dé consistencia a la moral bibliografías.)
y una orientación concreta a la Efecto.— (Del latín effectum, effici,
vida; toda moral, y en conse­ ser hecho.) Correlativo de causa;
cuencia toda educación del es­ término y resultado de la acción
píritu fuera de la base religiosa, causal: id quod fit. Entra en la
es insubsistente y precaria y categoría de efecto todo lo que
carece de eficacia jjara hacer deviene en la existencia; lo que
frente a las luchas de la vida. es y antes no era o pudo no ser,
Bibl.: Aristóteles, P o lítica , li­ y, por consiguiente, tiene su r a ­
bros IV -V ; Otto Willmann, A n s í, zón de existir en otro, que es su
ais Pddagogu, Didachtiker, 1909; causa, L a idea de efecto va uni­
San Agustín, De magistro, De da a la de cambio o movimiento
catechiz. rudibits, y opassim» en del no ser al ser, o de un modo de
sus obras; Santo Tomás, Sum. ser a otro. (V. Causa, Acción.)
Theol.; Aegidius Col. Romanus, Eficiencia.-—Acción de la causa efi­
De vegiminc p rin cip m n ; ) . Gcr- ciente: que puede ser eficaz y
son, Tract. de parvulis ad Chr. producir el efecto, o ineficaz por
irahendis; L . Vives, De tradendis insuficiencia de la acción o por
disciplinis, D e ratione studii quedar ésta neutralizada en el
puerulis, D e instituí, fe mines concurso de otras causas; se sue­
christ; Dupanloup, D e l'éduca- le llamar esta última causa defi­
tion ; Fenelon, Traite de l ’éduc. ciente. (V. Ca u s a .)
des filies; Balines, E l criterio; Egoísmo.— (De ego, yo.) H a y un
Gillet, V alor educ. de la moral amor ordenado de sí mismo, que

238
E
inspira el deseo del bien y de la de la qué 110 hay un mundo ob­
propia perfección moral, compa­ jetivo ni otras conciencias per­
tible con el amor del prójimo sonales distintas de olla.— (Véase
y con el deseo de su bien. Pero Subjetivismo.)
hay también un amor desorde­ Ejemplar (C a u s a ).— Forma inte­
nado de sí mismo, exclusivista lectual (idea, ideal) que en las
e incompatible con el bien de causas inteligentes determina la
los demás, que pone el centro forma real de los efectos: en las
de la vida en el bien propio y obras de arte, v. gr., la idea mo­
en la exaltación personal: éste dela el efecto, y el efecto imita
es el egoísmo. E l primero es se­ la idea y la realiza in concreto.
millero de virtudes morales; el Ea causalidad ejemplar es uni­
segundo, de toda clase de vicios. versal: toda acción supone la
«El egoísmo trasforma las incli­ idea, ya en su causa inmediata,
naciones personales legítimas en ya en la Causa inteligente últi­
inclinaciones culpables, en vicios: ma que subordina todas las cau­
el amor de la vida se convierte sas. Consideradas las cosas en
en vileza; el amor de la felicidad absoluto, el conocer es primero
en sensualidad y m olicie; el amor que el ser, la idea produce la
de sentir emociones, en melanco­ realidad; en tanto ésta es inte­
lía y en necesidad de espectáculos ligible en cuanto participa de la
violentos (v. gr., la afición de los naturaleza de la idea y es efec­
romanos por los juegos del cir­ to de una inteligencia, si nada
co); el amor de conocer, en cu­ nos es dado, si no es en su idea,
riosidad frivola o culpable; el es necesario que de algún modo
amor de la independencia, en contenga esta idea y, por tanto,
espíritu revolucionario y de insu­ sea producto de una inteligen­
bordinación; el amor de poder, cia. {V. Ideai,.)
en ambición; el amor de la esti­ Ejemplo.— En lógica, argumento
mación ajena, del honor y de la que concluye por analogía de un
gloria, en orgullo; el amor de la caso particular a otro. Puede ser
propiedad, en avaricia. E l egoís­ a pari, a sim ili, a contrario, a
mo lleva a la insensibilidad y al fortiori. E l ejemplo sólo tiene
orgullo, que hace al egoísta in ­ aplicación al orden moral de las
sociable.* (Cfr. G. Sortais, Traite causas libres; en el orden físico
de P h il., vol. I, pág. 102.) cuyas causas son necesarias, es
Egoísmo metafisico; se llama una verdadera inducción. Aris-
también solipsismo (solus ipse), i óteles considera el ejemplo
idealismo que reduce la realidad (kse¡í«oc'.7¡ji«) como argumento dia­
a la conciencia personal, fuera léctico o probable, enumerando

239
E
entre los ejemplos 110 sólo los Elegancia.— (Del latín elegantia, de
sucedidos, sino también las fic­ d igo, elegir, seleccionar.) Con­
ciones, como el apólogo y la cepto estético y, como los de este
parábola, Ningún argumento es orden, de no fácil definición: re­
de uso tan frecuente cu la vida sultado de un coujunto de cuali­
práctica que espontáneamente dades, proporción y armonía,
procede por imitación, y ningu­ nobleza y distinción, cultura y
no como él se presta a tantos delicadeza, naturalidad, facili­
abusos: el ab uno disce omnes, dad, gracia. Se aplica a las con­
sólo tiene valor absoluto en el cepciones de la inteligencia, al
orden necesario de la naturale­ arte, a la vida, a la naturaleza;
za. (V. A n a l o g ía .) ésta procede en la realización de
Eleática (Escuela) . — Fundada por los fines con orden, economía,
Jenófanes en la ciudad griega de sencillez, . iguiendo la línea rec­
Blea, de donde le vino el nom­ ta, el camino más breve.
bre, a fines del siglo V I antes Elemento.— (Del latín elementimi.)
de J.-C. Sus principales repre­ Partes en que se resuelve un
sentantes, Parménides el meta- compuesto cuantitativa o cuali­
físico y Zenón el dialéctico de la tativamente; se aplica al orden
Escuela. Su doctrina es una me­ real de las cosas y al lógico del
tafísica del ser, idealista-estático- pensamiento. Los elementos últi­
panteísta: sólo existe el ser, uno, mos expresan los límites del aná­
eterno, inmóvil, concebido por lisis y la división. Los prime­
la inteligencia; la pluralidad mo­ ros pasos de la filosofía griega
vible de la experiencia es enga­ se dirig ‘n a buscar los elementos
ñosa ilusión de los sentidos. Fs en que se resuelven la com­
la contraposición al imívto (ki de plejidad y confusión de la na­
Heráclito. Conocidos son los fa­ turaleza y que explicarían toda
mosos argumentos con que Zq- la evolución cósmica; estos ele­
nón trataba de probar la impo­ mentos son de orden físico: el
sibilidad del movimiento, cuya agua, el aire, el fuego, en la Es­
solución racional aun hoy ocupa cuela jónica; físico a la vez y
a matemáticos y filósofos, y sa­ metafísico: el número, la armo­
bida es la no menos famosa so­ nía, en la pitagórica; metafísico,
lución de Sócrates, quien por to­ en la eleática, el ser universal
da contestación echó a andar; identificándolo todo; el fuego
de donde ha quedado el prover­ principio del devenir universal,
bio «el movimiento se demuestra en Heráclito; los átomos y el
andando». (V. G r ie g a ( F i l o ­ movimiento, en Demócrito, etc.
sofía.) L a teoría de los cuatro elemen­

2-10
E
tos (fuego, aire, agua y tierra), cia y muy especialmente en filo­
originaria de los griegos, preva­ sofía. tianto Tomás tiene razón
leció, sufriendo diversas trasfor- en advertir que todo falso razo­
inaciones, en la E¡dad Media. F i­ namiento puede reducirse en de­
nalmente, con el advenimiento finitiva a la ignoratio elenchi.
de la química, estas antiguas Emanatismo___U na de las formas
teorías desaparecieron para dar del panteísmo. Designa especial­
lugar a otra nueva: elementos mente la doctrina teológico-
cualitativos, cuerpos simples (m e ­ cosmológica de las escuelas ale­
tales y metaloides) homogéneos jandrinas; los seres del universo
de cuya combinación resulta proceden de Dios, no por crea­
toda la variedad de compuestos ción ex nihilo, sino por emana­
naturales; y elementos cuantita­ ción de la substancia divina; el
tivos, átomos y moléculas quími­ mundo sería, por tanto, consubs­
cos, de cuya agrupación resultan tancial con Dios; de Dios ha­
los cuerpos. bría salido para volver a iden­
Las teorías físicas modernas tificarse en El, como las aguas
lian tratado de prolongar más de los ríos en la inmensidad
allá el análisis elemental, supo­ deí mar. Este panteísmo ema-
niendo, v. gr. (teoría electrónica), natista le encontramos en las
el átomo químico formando un teogonias y filosofías orienta­
pequeño mundo constituido por les, en la cabala judía, en los
infinidad de elementos intra­ gnósticos alejandrinos, y él cons­
atómicos (iones, electrones, etc.), tituye la levadura interior de
(Véase A t o m o .) En el orden del todos los panteísmos modernos,
pensamiento designa las nocio­ desde G. Bruno y Espinosa hasta
nes más simples y generales, los Hegel y Bergson. L a idea de
primeros principios de una cien­ creación ex nihilo, la distinción
cia o un arte. de Dios y el mundo, y la subor­
Elenco.— (Del griego prue­ dinación y dependencia abso­
ba, argumento, refutación.) I g - lutas de este respecto de Dios,
noratio elenchi, ignorancia de la sin llegar a la identificación subs­
cuestión: sofisma lógico que con­ tancial, han sido inspiradas a la
siste en salir de los términos de la filosofía por el Cristianismo.
cuestión, empleando argumentos E m in en te. E m in en tem en te.— En la
que, o prueban demasiado, o me­ terminología de la escuela ( em i­
nos de lo que se trata de probar, nente? ), modo de preexistir vir­
o no prueban nada. Este vicio tualmente los efectos en sus cau­
es de los más frecuentes en las sas adecuadas y en un grado su­
discusiones humanas, en la cien­ perior de ser y de perfección; se

241 16
E
opone a form al (form álite?), soluto, método, ciencia o sistema
modo de existencia específica derivados exclusivamente de la
concreta del ser o del efecto fue­ experiencia, es sinónimo de posi­
ra de sus causas. 151 principio tivismo y se opone a racional.
de razón suficiente pide qne todo Aristóteles opone el arle, es de­
el ser y la perfección de un efec­ cir, la práctica dirigida y escla­
to se contenga en la causa total recida por la ciencia , en donde
de este efecto; y puesto que for­ se sabe lo que se hace y el por­
malmente y como tal efecto qué se hace; al empirismo o prác­
éste 110 existe, sino después de tica debida a la experiencia y
producido fuera de la causa, es la rutina, en que se sabe lo que
necesario que preexista en ésta se hace, pero se ignoran las cau­
y forme parte de su naturaleza; sas y las razones del hacer.
por otro lado, es necesario que Em piriocriticism o. — Teoría de la
este modo sea superior en per­ ■ «experiencia pura» {Avcnarius,
fección y grado de realidad a los Mach, etc.) no deformada por
del efecto, puesto que si fuera las formas conceptuales: la filo­
inferior, el efecto no tendría ra­ sofía se resuelve en una historia
zón suficiente, y si fuera igual natural de los problemas según
agotaría la causa; este modo se el principio de economía del pen­
expresa por el axioma; causatum samiento. Es una teoría bioló­
in cansa est per modum cansa, gica, físico-dinámica, de la con­
esto es, que toda la realidad del ciencia; el problema del conoci­
efecto preexiste en la causa, pero miento se resuelve en ecuaciones
según la naturaleza formal de la de fuerzas, de acciones y reac­
causa. De una manera especial ciones y equilibrios del organis­
se emplea la palabra eminenter i mo psicofísico con el medio.
para designar el modo absoluta- i Bibl.: Avenarius, K ritik der
mente perfecto de contenerse en j reinan Erfahrung, 1890; Macli,
la Causa primera universal las ¡ Analyse der Em pjindungen, 1901;
perfecciones limitadas de las j W. T. Bush, Avenarius and the
criaturas. stand p o in i of puré experience,
Emoción,-— (V. AseJCCión, Pasión.) 1905.
Empírico.— (Del griego Empirismo.—Tendencia sistemáti­
experiencia.) Lo que per­ ca a excluir de la filosofía y de
tenece a la experiencia; se dice ¡ la ciencia todo elemento a priori,
en general de todo método, sis- i y a fundar una y otra exclusiva­
tema, ciencia, arte, ley, etc., que ¡ mente sobre la experiencia. No
se fundan en la experiencia y pro­ hay certidumbres absolutas y ne­
ceden según ella. En sentido ab­ cesarias; los principios y leyes

242
E

de la ciencia tienen valor sola­ del conjunto de los escritos de


mente en la medida y en los un autor que ha tocado todos o
límites en que han sido compro­ la mayor parte de los ramos del
bados experimentalmente. El saber: v. gr., enciclopedia aris­
empirismo es la negación de la totélica. En especial se suelen
razón y hace imposible la cien­ llamar «filósofos de la enciclope­
cia, puesto que «no hay ciencia dia», enciclopedistas, los que en
sino de lo universal»; y si es cier­ el siglo X V I I I (Diderot, d’Alem-
to que la razón necesita apoyar­ bert, etc.) escribieron la E n ciclo­
se en la experiencia, también lo pedia francesa y prepararon la
es que ésta carece de valor cien­ Revolución.
tífico si no es idealizada e inter­ Energetismo,—-Dinamismo radical
pretada por la razón. El em pi­ que pretende reducir toda la
rismo radical (desde Hume a realidad física, y aun la psico­
W. James) es, pues, una mutila­ lógica, moral y social (W. Ost-
ción del espíritu humano, lo ■wald, E. Mach), al concepto
mismo que su opuesto el aprio- fundamental de energía. El ser,
rismo absoluto. (V. P o s it i v i s m o .) la substancia es una acumula­
Emulación.— (Del latín mmulatio, ción de energías, y los fenóme­
de eemulor: imitar, rivalizar, nos trasformaciones de ener­
competir, envidiar.) Sentimien­ gías, Como teoría filosófica es el
to noble derivado de>l amor de energetismo un monismo absolu­
sí mismo, que inclina a imitar to, que pone en el concepto lógi­
lo bueno que hallamos en los co de energía la explicación úl­
demás para igualarlo y sobre­ tima de las cosas.
pujarlo. La emulación es uno Energía.— En la terminología aris­
de los resortes educativos de totélica, Evifiysio expresa la ac­
la voluntad, pero corre el peli­ ción, el acto o ejercicio de la
gro de degenerar en envidia potencia, en oposición a la sim­
y en tristeza del bien ajeno. ple potencia o¿vítate, y tenía un
Enciclopedia.— (Del griego iv, en; sentido universal aplicable a
kúAoí, círculo; racwsía, enseñan­ toda actividad causal, física y
za.) Universalidad de los cono­ psicológica. En la ciencia mo­
cimientos humanos. Se dice de derna, este sentido aristotélico
im sistema o de una obra que se ha ampliado de una parte a
comprenden el conjunto de to­ la actividad tanto potencial
das las ciencias (u n iversa l); o como actual, y restringido de
de un grupo de ellas afines (es­ otra a las actividades físicas, y
pecial: filosófica, histórica, ecle­ sólo por extensión designa las
siástica, etc.). También se dice psicológicas. «La energía, en ge­

243
E

neral, designa el conjunto de energía, desde que hubo salido


causas que, en un sistema mate­ de las manos del Criador.»
rial, pueden producir efectos me­ (Nys, Ibid ., pág. 138.) Este
cánicos. Puede considerarse en principio es una fórmula abs­
los cuerpos en reposo o en mo­ tracta a p rio ri, comprobada sólo
vimiento. E l poder que posee aproximadamente en los domi­
un cuerpo en movimiento de pro­ nios de la física y de la química,
ducir un efecto mecánico recibe pero no en los de la biología, y
el nombre de energía actual. El mucho menos en el conjunto
que posee un cuerpo en reposo, del universo. Pero aun admitido
en razón de la posición que ocu­ como ley mecánica universal, no
pa, se llama energía potencial o supone incompatibilidad con la
de posición.» «Estas dos canti­ espontaneidad biológica, ni con
dades pueden variar, substituir­ la libertad psicológica.
se la una por la otra; pero al dis­ ¿Hay una sola energía funda­
minuir una de ellas gana la otra mental en la naturaleza, o es
exactamente lo que ha perdido necesario admitir energías espe­
la primera, de suerte que la suma cíficamente diversas? La teoría
de las dos energías, actual y po­ de la «unidad de las fuerzas físi­
tencial, o la energía total, perma­ cas», que tiene en su favor la
nece constante, siempre que no mayoría de los sufragios, afirma
intervenga una fuerza exterior lo primero; pero tiene enfrente
al sistema de los cuerpos en que la experiencia y el lenguaje de
se considera. Esta proposición los hechos. «Si partimos— escribe
ha recibido en mecánica el nom­ Hirn—de la diversidad bien de­
bre de p rin cip io de la conserva­ terminada y bien clasificada de
ción de la energía .» (Nys, Cos- los fenómenos, llegamos a la con­
mol., pág. 136, 1906.) clusión de que la palabra fuerza
Si se considera el conjunto to­ debe emplearse en plural. Es
tal del universo como un sistema imposible, por ejemplo, confun­
sobre el cual no actúa ninguna dir la fuerza que determina los
fuerza exterior, conservará siem­ fenómenos de atracción con la
pre la misma cuantidad de ener­ que une dos átomos químicos
gía. «Añádase a este principio el diferentes, con la que he llama­
de la conservación de la masa for­ do fuerza calórica...» «Podemos
mulado por Lovoisier, y podría hoy reducir a cuatro el número
afirmarse que el mundo mate­ de las fuerzas cuya existencia se
rial, considerado en su conjunto, nos manifiesta continuamente: la
no ha perdido nada, ni de su fuerza gravífica, la fuerza eléc­
cuantidad de materia, ni de su trica, la fuerza calórica y la fuer­

244
E
za lumínica... Cada una de estas dad de las fuerzas físicas, 1869;
fuerzas es susceptible de un B. Bmimes, L a dégyadation de
modo de movimiento específico.» l ’énergie , 1908; L. Foincaré, L a
(Obra abajo cit., págs. 69-131.) physique moderne, son ¿vol., 1909;
Las propiedades físicas de los Duhetn, T ra iié d’énérgetique ou
cuerpos y las energías tienen de thermodynamique génér., 1911.
un denominador común cuanti­ Energía (Degradación de la ) . —
tativo; todas dicen relación cons­ (Véase E n t r o p ía .)
tante a determinadas formas de Ente.— (Del latín ens; en griego,
extensión y movimiento y, por -wov.) Expresa el concepto meta-
tanto, son valuables matemáti­ físico del ser en todas sus mo­
camente; este es un postulado dalidades: transcendental, uni­
de la física matemática. Hay co­ versal, individual; substancial y
rrelación y equivalencia entre el accidental, real y lógico. (Véa­
trabajo mecánico y las fuerzas se Ser.)
de la gravedad, el calor, la luz, Entelequla.— (Del griego év-s>.é-¿£in:
la electricidad, substituyéndose -6 syiiv, lo que está termi­
mas a otras en una intensidad nado, acabado,) En Aristóteles
proporcional; pero correlación y designa el acto, la forma, la per­
equivalencia no significan tras- fección del ser; en oposición a
fonnación, o sea interpretación la potencia, la materia, imper­
de estas energías como modos fectas. Es sinónimo de svsp-p.«,
diferentes de una sola funda­ y Aristóteles emplea frecuente­
mental. «Hay equivalencia cuan­ mente un término por otro; pero
titativa desde el punto de vista la palabra Lvip-fzia expresa mejor
de los efectos producidos; pero la idea de la acción , y la
ningún heclio, ni el más mínimo, de perfección. Implica, pues, la
autoriza para afirmar o negar idea de finalidad o estado de
que la luz, el calor, la electrici­ perfección a que tiende la acción
dad deban referirse a un mismo de un ser, Leibniz denomina en-
principio.» (Ib íd ., pág. 326.) telequias a sus «mónadas» o subs­
(Véase Ca u s a l id a d , F u e r z a .) tancias creadas simples, en cuan­
Bibl.; Aristóteles, M e t a p h ., to contienen en sí toda la per­
I, V, V III; D. Nys, Cosmolo- fección. de su desenvolvimiento
gie, 3.a ed., 1918; Him, Analyse ulterior.
élém. de l ’univers. N otion de la Entendimiento.— (Del latín inten-
forcé dans la Science moderne; dere, tender a, comprender.) Tra­
Vignon, La notion de forcé et ducción déla latina intellectus, en
te prínc. de l'énergie et la biol. griego voDc, facultad de abstraer,
g é n é r 1900; F. Secchi, L a u n i­ generalizar, discurrir y juzgar.

245
E
Es la facultad de conocer la viado en qué se sobrentiende una
verdad y la razón de las cosas de las premisas, de ordinario la
por medio de conceptos univer­ mayor, o se encierra todo el argu­
sales, distinta de la imaginación mento en una sola frase, dando
y de la intuición experimental de así a la expresión un aire senten­
los sentidos; entre aquélla y és­ cioso y enérgico; «noriales, no
tas hay un abismo infranquea­ tengáis un odio inmortal.» Aris­
ble. El entendimiento compren­ tóteles le llama «silogismo de los
de dos modos de conocer: por oradores». Pero la razón del en-
intuición (inteligencia) y por dis­ timema no es, en Aristóteles, la
curso (razón). Aristóteles y los circunstancia accesoria de la
escolásticos distinguen dos en­ supresión de la premisa, sino el
tendimientos; el intellectus agens, carácter probable de la conclu­
'.me, iroiTjTotúí, que abstrae de las sión; los principios de donde ésta
imágenes y elabora las formas deriva son juicios confusos, a
conceptuales del pensamiento en veces preocupaciones no bien
que las cosas se hacen inteligibles fundadas, y este carácter proble­
(véase A b s t r a c c ió n ); y el in ­ mático es lo que obliga a pasarlos
tellectus possibilis, vmü;
por alto a fin de no descubrir la
o inteligencia propiamente dicha
debilidad de la argumentación.
que por medio de estas formas
Y así le definí: «un silogismo
piensa las cosas. Kant hace del
sacado de ciertas verisimilitudes
entendimiento una facultad dis­
o conjeturas». (A n a l., pr. 11,27.)
tinta de la razón; ésta contiene
Entidad.— (Del latín escolástico en­
los principios, el entendimiento
tilas.) Ser, esencia, realidad, de­
juzga según ellos. Llama enten­
dimiento puyo a la facultad pro­ terminación. Toda propiedad o
ductora de las categorías o con­ modo que la inteligencia concibe
ceptos a p r io r i; es <iel principio como distintos en los objetos. Se
formal y sintético de toda expe­ ha acusado a los escolásticos de
riencia por medio de las catego­ exagerar las distinciones y las
rías)); en contraposición a la ra­ realidades abstractas (entidades
zón pura, activa, que ordena los escolásticas); esto es verdad en
conocimientos conforme a las el verbalismo de su decadencia,
tres ideas del yo, del mundo y pero no en el período.de su apo­
de Dios. {V. I n t e l i g e n c i a , geo y de los grandes maestros,
R a z ó n .) caracterizado por la sobriedad y
Entlmema.— (Del griego £v6ú(JL7¡^a, la precisión del pensamiento y
reflexión, sentencia.) En los tra­ por un gran sentido de las reali­
tados de lógica, silogismo abre­ dades.

246
E
Entltativam ente.— En los escolásti­ máquinas de vapor nunca tras-
cos, entitative, in re, en la reali­ forman en trabajo más allá del
dad; contrapuesto a representati- 10 o el 15 por 100 del producido
ve, in mente, en el conocimiento, en la caldera; lo demás, el 90 u
Las ideas, entitativamente, son 8 o por 100 no se pierde, pero
hechos subjetivos, individuales y queda inutilizado y disperso.
pasajeros; y a la vez representa­ Todas las fuerzas naturales, en
ciones objetivas, permanentes y los dominios de la física, de la
universales de las cosas. química, de la astronomía, de la
Entropía.— (Del griego vuel­ biología, evolucionan en este
ta, evolución.) Denominación sentido, de modo que el univer­
dada por Clasius al principio de so en su conjunto tenderá cons­
S. Carnot o ley de la degrada­ tantemente al equilibrio y al re­
ción de la energía, definida por poso.
Kelvin: «la tendencia universal a Cfr.; E. Brunhes, L a dégrada-
la disipación de la energía me­ tion de l'énergie, 1908; Eugenio
cánica en la naturaleza»; aun­ d’Ors, E ls fenóm . irreversibles i
que la energía mecánica se con­ la concep. entrópica de Vunivers,
serva, en el sentido aritmético 1911. (V. Energía y la bibl.)
de la palabra, la suma de efec­ Entusiasmo.— (Del griego ¿vOouo'.a-
tos útiles que mi mundo cerrado <jm-\ inspiración, pasión arreba­
es capaz de producir, va cons­ tada.) {Véase S e n t i m i e n t o , A d ­
tantemente disminuyendo. La m i r a c i ó n .)

disminución no es, pues, cuanti­ Envidia.— (Del latín invidia. de in -


tativa, sino cualitativa o de gra­ videre: mirar contra, o mal.) Pa­
do; no contradice, por tanto, a sión egoísta que presenta la fe­
la ley de conservación. La tras- licidad ajena, no como un bien
formación de unas energías en que debemos aplaudir e imitar
otras, luz, electricidad, trabajo (envidia en el buen sentido, emu­
mecánico, calor, etc., va acom­ lación), sino como un mal que
pañada siempre de una disper­ deprime y rebaja considerando
sión o disolución di energía, de nuestra inferioridad. De aquí
una pérdida inútil, que hace irre­ nace el sentimiento de tristeza
versible en su totalidad la tras- del bien ajeno, y de alegría de
formación inversa. Hay equiva­ . su mal; que a su vez engendran
lencia, v. gr., entre el calor y el la antipatía, la aversión, el odio,
trabajo mecánico; pero una can­ la venganza. Los efectos psico­
tidad de calor no produce sino lógicos de la envidia son de for­
una fracción muy débil de tra­ mas opuestas: o la exaltación
bajo mecánico equivalente: las personal, cruel y tiránica opre­

247
E
sora de las demás; o, cuando degradación, aunque sea conse­
aquélla es impotente, la depre­ cuencia lógica, de la ética de
sión melancólica y la misantro­ Epicuro, no muy distante de la
pía. Moralmente es mi vicio ca­ austeridad estoica: el placer es
pital, semillero de otros muclios. el bien supremo, pero un placer
Epágoge. Epagógico.— (Del griego calculado, razonado; el ideal del
kíí-fujj-/;, inducción.) Aristóteles sabio debe ser regular los instin­
define la inducción: ’lS-cquj-frj r, tos y disminuir las necesidades,
¿1Í0 TUJV VSjff SX83TOV £7ül ~a xaOoho'i la supresión del dolor y del es­
{Tóp., libro I,c. X II): fuerzo; partiendo de principios
progreso de los singulares a lo diversos, Zenón el estoico y
universal. Tiene un sentido ge­ Epicuro llegan a la misma con­
neral, ya de formación abstrac­ clusión: el ideal del sabio, la vir­
tiva de los conceptos (abstrac­ tud, consisten en la ataraxia o
ción), ya de constitución de los indolencia. En filosofía de la na­
principios de donde parte el turaleza, Epicuro reproduce el
silogismo deductivo (inducción naturalismo atómico-mecánico
propiamente dicha). E l conoci­ de Demócrito, cantado después
miento de los principios— dice— , por Lucrecio en su poema De
no siendo innatos, ni procedien­ natura rerum.
do de otros conocimientos ante­ Bibl.: Diógenes Laercío, Vites
riores, es necesario que se formen phil., 1, X ; Cicerón, De fin i -
por inducción. (P ost. anal., I/.II, bus, 1. I, I I I; Gassendi, Syniagna
capítulo último.) Más bien que p h il . E p ic u ri, 1655; De vita,
la inducción científica de los ló­ moribus et doctrina E p icu ri, 1647;
gicos, expresa la epágoge aristo­ Ed. Zeller, D ie P h il. der Griechcn,
télica el proceso genético de los 1892; I¿. Mabilleau, Hist. de la
conceptos y principios universa­ phü. atom., 1895; E. Joyau,
les del conocimiento. (V. In ­ E picure, 1911.
ducción.) Epifenómeno.— Término inventado
Epicureismo.— (De Epicuro, filóso­ por Maudsley (conciencia epife­
fo griego, 341-273 a. de J.-C.) El nómeno) con que designaba su
sentido vulgar y también histó­ teoría fisiológica de la concien­
rico, doctrina y práctica de la cia; ésta sería un fenómeno se­
vida gobernadas por el placer cundario accidental que acom­
bajo y egoísta; de grege E p ic u ri: pañaría al fisiológico «como la
los que piensan y viven a lo bes­ sombra al caminante»; generali­
tia, entregados al goce de los zada algún tiempo la metáfora,
placeres sensibles momentáneos. pasó de moda como el viejo
Este sentido histórico parece una fisiologismo que la inspiró. Tam­

246
E
bién designa la serie de los pro­ límites del conocimiento huma­
cesos psicológicos en la teoría no. {V. CRITERIOI.OGÍA.)
del paralelismo psicofísico. Equilibrio.— (Del latín, ezqui-libra-
Epigénesis.— Teoría de la evolución ye: pesar igual.) En mecánica,
biológica ontogénica por diferen­ situación de un cuerpo en reposo
ciación y aparición graduales de o en movimiento rectilíneo uni­
las formas orgánicas, que se ha­ forme cuando la resultante de
llarían contenidas en el germen, las fuerzas que sobre él actúan
no formalmente y delineadas en es nula; se llama estable cuando,
miniatura (teoría de la preform a­ desviado de su posición, tiende
ción), sino sólo virtualmente. La el cuerpo a recobrarla, e inesta­
preexistencia de las formas or­ ble en el caso contrario. Se llama
gánicas en el germen, y aun de equilibrio móvil, el de un cuerpo
todos los organismos individua­ cuya cantidad de masa y energía
les en el tipo primitivo de la permanecen constantes en medio
raza, había sido acariciada por de los cambios físicos o químicos,
no pocos naturalistas (Perrault, de modo que lo perdido y lo re­
Buffon, C. Bonnet, Cuvier, etc.), cibido sean equivalentes; este es
inspirados en la monadología de el equilibrio propio de los orga­
Leibniz. La biología confirma nismos, constituido por una su­
hoy plenamente la primera teo­ cesión de pérdidas y de compen­
ría, conforme con los principios saciones equivalentes; así, verbi­
de la cosmología escolástica. gracia, la composición química
(Véase V i d a .) del protoplasma no varía en me­
Epiquerema.— (En griego lz.':¡zipr¡\xa, dio de los cambios de metabolis­
agresión.) Los lógicos denominan mo; la temperatura tiende igual­
así al silogismo compuesto cuyas mente en los vertebrados supe­
premisas van seguidas de expli­ riores o permanece constante,
cación o prueba. Aristóteles le etcétera.
ñicluye en los argumentos dialéc­ Por extensión y metáfora se
ticos o probables, que opone al dice equilibrio mental, moral, et­
filosofcma concluyente con cer­ cétera, del ejercicio normal de
teza. las facultades subordinado al jui­
Epistemología.— (De ic.atijii.Tjj cien­ cio práctico, recto y seguro de
cia, conocimiento.) Teoría del las cosas; se opone a desequili­
conocimiento y de la ciencia. Se brado, ya por enfermedad psico-
ha generalizado su uso como fisiológica que debilita o impo­
equivalente de criteriologia o c ri­ sibilita totalmente el recto uso
tica, que estudia las condiciones de la razón, ya por insubordina­
de posibilidad, el origen, valor y ción de las pasiones que rompen
E

el orden natural jerárquico de las . na un animal, una ciudad, una


facultades. constelación); se opone a univo­
Sentido, del equ ilibrio: conjun­ co, que expresa la razón común,
to de sensaciones que orientan genérica o específica de muchos
la posición y los movimientos del seres. L a equivocidad responde
cuerpo (estación, marcha, el vue­ sólo a las palabras; la univocidad
lo en las aves, la natación en los es común a las palabras y a las
peces) en relación con la línea ideas. E l término analógico es en
de la gravedad. parte unívoco y en parte equí­
Equipolencia o Equivalencia.— (Del voco, y el metafórico se funda en
latín ¿squi-pollens y csqui-valens: analogías accidentales y exterio­
de igual valor.) Se dice, en lógica, res (ii-e-cí, aépm; llevar fuera) no
de las proposiciones que tienen esenciales. (V. A n a lo g ía .)
los mismos significado y valor, Error.—Doctrina errónea, juicio
y sólo difieren en la expresión. erróneo: disconformidad entre lo
Modo de hacer equivalentes las afirmado en la inteligencia y lo
proposiciones opuestas, por adi­ que es la realidad. E l error
ción o supresión de negaciones: es negación de verdad, y sólo
las contradictorias anteponiendo puede definirse en función de
la negación al sujeto («algunos ésta, como el mal es negación
hombres no son prudentes», equi­ de bien y la obscuridad de luz.
vale a esta otra: «no todos los Del mismo modo que la verdad,
hombres son prudentes»), las así el error sólo reside en el jui­
contrarias posponiéndola, y las cio, en la afirmación o negación;
subalternas poniéndola antes y las ideas y los raciocinios, los
después. Estos cambios de forma datas de los sentidos, de la me­
dependen de la naturaleza de la moria, etc., solamente son erró­
lengua; el latín se presta fácil­ neos en cuanto inducen a la in­
mente a todos ellos; el castellano teligencia a formular juicios fa l­
apenas sufre la primera forma. sos. Las causas del error son de
Algunos lógicos, los de Port-Ro- dos clases: psicológicas o subje­
yal, la escuela Wolffiana, Kant, tivas, y objetivas o lógicas. Las
J. Miiller, suprimen de la lógica primeras (influencia de factores
la equivalencia, considerándola extramentales sobre el juicio de
como verbalismo sofistico, la razón: sentimientos y pasio­
E q u ív o c o .— (Del latín esqüivocus, nes, interés, egoísmo, prejuicios,
de cequus, igual, y vox, palabra.) hábitos contraidos, etc.), inter­
En lógica, término significativo poniéndose entre la inteligencia
de ideas o cosas totalmente di­ y las cosas, hacen ver éstas, no
versas (ejemplo, león: que desig* como son, sino «según el color

250
E
del cristal con que se miran»; se halla subordinada como ésta a
intervienen, sobre todo, en los la ley general del bien moral; la
juicios de orden práctico, donde verdad es, no sólo fin de la in­
el interés y la pasión tienen más teligencia, sino general de la vida
cabida. Los de orden lógico son y, por tanto, un deber moral.
vicios del razonamiento dialéc­ Proclamar, pues, la «amoralidad»
tico, que los lógicos designan de la inteligencia, el «derecho al
con los nombres de falacias; so­ error», es introducir el desorden
fismas y paralogismos. Unas y en la vida, conceder iguales de­
otras causas se mezclan para rechos a la verdad y al error, lo
desviar la inteligencia de su rec­ que equivale a negar el valor de
titud. Balines señala las fuentes una y otro. La frase da inte­
más generales de los errores: ligencia no delinque», o no tiene
«Los falsos axiomas, las propo­ sentido—el sujeto de la morali­
siciones demasiado generales, las dad no es la inteligencia ni la
definiciones inexactas, las pala­ voluntad, es el hombre, libre y
bras sin definir, las suposiciones responsable de sus actos— o es
gratuitas, las preocupaciones en proclamar la amoralidad de la
favor de una doctrina, son abun­ vida intelectual. De un lado, si
dantes manantiales de percep­ la libertad (liberum arbitrium,
ciones equivocadas o incomple­ libertad de juicio) es atributo de
tas y de juicios errados.» ( Crite­ la voluntad, tiene sus raíces más
rio, c. X IV .) hondas en la misma inteligencia;
Remedios contra los errores: y de otro, la inteligencia, lo mis­
pueden reducirse a uno: amar mo que las otras facultades, es
la verdad y buscarla con since­ libre en la medida que su ejerci­
ridad de espíritu y de corazón, cio se subordina a los imperati­
ser justo y recto en el pensar y vos voluntarios, y, por tanto, no
en el vivir: Sapientia et veritas es el pensamiento en absoluto
—dice San Agustín— n isi toíis independiente de la ley moral.
viribus concupiscatur, nullo modo Somos, pues, responsables, en
ínveniri potest. «El mejor precep­ ciertos casos, no sólo de los erro­
to de lógica que puedo darte res admitidos, sino también de
—dice Malebranche—-es que seas las verdades imprudentemente
hombre de bien.» rechazadas; que la verdad es
E l error desde el punto de vista también ley moral de la vida.
moral.—La vida de la inteligen­ (Véase L ib e r t a d .)
cia no constituye un departamen­ Bibl.: Santo Tomás, De verit.;
to independiente, sino que forma De malo; Roland-Gosselin, L a
parte de la vida total humana y théorie tomiste de l ’erreur, en

251
E
Mélanges thomisies, 1923; J. Hen- medio seguro de evitar los erro­
ryf L ’im put. de l’erreur d'aprés res sería no afirmar ni negar; la
S. Th., art. de la Rev. Néo-Scol., duda e indiferencia perfectas
ag. 1905; J. Baltn.es, E l criterio, (ataraxia de los pirrónicos). No
esp. los c. X IV y X X II; M. Bro- debe confundirse la duda escép­
chard, L ’Errear, 1897; (V. los tica con la duda metódica: ésta
tratados de Ilógica.) es medio de llegar a la ciencia
Escatología. Escatológico. — (Del cierta; duda el sabio para asegu­
griego i ú l t i m o ; doc­ rarse de la verdad que busca y
trina.) Doctrina de los fines últi­ sabe que existe; duda el escépti­
mos, sea del hombre o del mundo: co porque supone la verdad in-
postrimerías. Se emplea princi­ accesible al espíritu. El escepti­
palmente en la ciencia teológica. cismo relativo o parcial se refiere
Eácepticismo.— (Del griego ovcs^-u;d;, a las diversas facultades de co­
de ry/.i—m//.'., examinar.) Etimoló­ nocer (subjetivism o e idealismo,
gicamente, espíritu de examen y em pirism o y positivismo, tradi­
de crítica; en sentido usual, re­ cionalismo, fideísmo, agnosticis­
sultado negativo del examen: mo, pragmatismo, etc.: todos en
duda, negación de la verdad o diferente modo y grado son es­
de la posibilidad de alcanzarla. cépticos) o a los diversos órdenes
Doctrina que niega a la razón de verdades: metañsico, cientí­
humana su aptitud para conocer fico, histórico, moral, religioso,
la verdad cierta, o simplemente etcétera. E l primero es la nega­
espíritu de desconfianza respecto ción de la inteligencia humana;
del valor de la razón. Se opone el segundo, su mutilación.
a dogmatismo. El escepticismo Coincide el escepticismo en la
deriva de la critica negativa de historia con las épocas de refina­
las facultades, y sólo es posible miento decadente moral y social,
en el orden especulativo de la o también con las crisis del dog­
reflexión; en la espontaneidad matismo. En Grecia, después de
de la vida práctica sería una Heráclito y Parménides, viene el
enfermedad mental: «la natura­ dialectismo retórico de los sofis­
leza confunde a los escépticos» tas; después de los genios de la
(Pascal). El escepticismo absolu­ filosofía griega, Platón y Aris­
to pone como principio de la filo­ tóteles, nace, al lado de las
sofía la duda universal: antes de escuelas epicúrea, cínica y estoi­
dar fe a la razón es necesario ca, el escepticismo ético de Pirrón
justificar su valor, y no hay otro y Arcesilas y Cameades; continúa
medio que la razón misma; se en las escuelas de Grecia y Ale
impone, pues, la abstención; el jandría durante los tres primeros

252
E

siglos de J.-C., con Enesidemo, de un lado, la lógica de la inteli­


Agripino y Sexto Empírico, el gencia viviendo fuera de la rea­
más radical y sistemático de los lidad, y de otro, la lógica de la
escépticos griegos. El escepticis­ realidad y de la vida inconmen­
mo de la Academia ocupa lugar surable con las leyes de la inte­
preferente en la Roma decadente ligencia. (V. D u d a , D o g m a t is ­
entre los sistemas de ideas im­ mo, C r i t ic i s m o .)
portados de Grecia; académico Bibl.: Platón, Gorgias, E l so­
viene a sonar como escéptico. fista; Sextus Empiricus, Hypot.
(San Agustín, Contra acad., li­ pyrrhon.; Cicerón, Acad. prior.,
bro III.) El escepticismo griego Acad. post.; San Agustín, Contra
considera la filosofía, no como académicos; Montaigne, Essais,
doctrina de la verdad, sino como 1580; E. Sánchez, De magna et
ciencia de la vida moral, que nobili scientia quod n ih il scitur,
estriba, no en certidumbres, sino 1636; Saisset, L ’scepticisme, 1867;
en probabilidades. El Renaci­ Brochará, Les Sceptiques grecs,
miento dió una vida efímera, 2 .» ed., 1923; L. Credaro, L o
artificial y de imitación a las sceüicismo dcgli accndemici, 1888-
escuelas de Grecia, y el escepti­ 1889; R. Richter, D e r Skepiisis­
cismo, más bien literario-social, mas in der Philosophie, 2 vols.,
renace en Montaigne, Charrón, 1904-08; D. Mercier, Cviteviolo-
E. Sánchez, etc. Los escepticis­ gie, ed. 1923. (V. V e r d a d , Ce r ­
mos contemporáneos tienen sólo t e z a , Cr e e n c ia y las bibl.)
un lejano parentesco con los an­ Escientismo.— Se da este nombre
teriores; los motivos no son ya a una ciencia pretenciosa y dog­
de orden moral, sino de crítica mática de ciertos sabias que, en
de las facultades. Hume y Kant tiempos de (fanatismo experi­
pueden considerarse como los mental», reclamaban para la
padres del criticismo escéptico ciencia natural «a la vez la direc­
respecto del valor de la razón, ción material, la dirección inte­
que late en toda la filosofía del lectual y la dirección moral de
siglo X IX ; en el siglo X X , este los indi vi ditos y de las socieda­
escepticismo intelectual se ex­ des». Este espíritu, ayuno de
tiende a todos los dominios del crítica, pasó a la historia. La
saber, en las diversas formas de frase de Berthelot: «para la cien­
pragmatismo. Paralelamente al cia no hay misterios en el mun­
escepticismo teórico se desen­ do;), ha sido reemplazada por
vuelve un dogmatismo práctico esta otra: «el misterio rodea y
de la vida, ya contenido en ger­ limita la ciencia por todas par­
men en las dos Críticas de Kant: tes; la ciencia no puede ni debe

253
explicar el todo de nada». (Véase caban el derecho de éstos a la
Ci e n c i a , P o sit iv ism o .) vida, a la propiedad y a la liber­
Esclavo, E sclavitud. — (En latín, tad de contraer matrimonio. Los
servus; en griego, .s'Kuraía.) Papas no han cesado de conde­
Condición degradada de una cla­ nar la esclavitud como atenta­
se social, desposeída de toda cla­ toria a la dignidad y libertad
se de derechos, cuyos individuos cristianas (Pío II, 1462; Pau­
eran considerados socialmente, lo III, 1537; Urbano V III, 1639;
no como personas, sino como co­ Benedicto X IV , 1741; Grego­
sas. La esclavitud ha existido, rio X V I, 1S39; León X I I I , 1888).
más o menos inhumana y de­ El llamamiento de León X I I I a
gradante, en todos los pueblos las naciones europeas y los tra­
antiguos: en Egipto, en la In ­ bajos del Cardenal Lavigerie
dia (sudras y parias) ; entre los provocaron el Congreso interna­
hebreos era más humana, pues­ cional de Bruselas (1889-90), a
to que la ley prescribía su eman­ fin de desterrar de las colonias
cipación de seis en seis años; africanas la trata de esclavos.
en Grecia (ilo ta s ), en Roma Legalmente, la esclavitud ha
( siervos) ; la condición de esclavo desaparecido de todos los Esta­
se hace más humana en la Edad dos, y sólo queda la doméstica
Media en los Estados cristianos, y privada, sobre todo entre los
pero continúa en los pueblos de mahometanos y tribus de Africa.
dominación musulmana; se re­ Tan arraigada y universal entre
crudece en el siglo X V I con el los pueblos de la antigüedad era
comercio de negros, transporta- esta práctica de la esclavitud,
dos como mercancías de Africa que el mismo Aristóteles, en
a América, y termina en el cuyos libros de P o lítica se en­
siglo X I X con las leyes de eman­ cuentran páginas tan hermosas
cipación dadas por los Estados acerca de la familia, se constitu­
civilizados. La disminución gra­ ye en apologista de la esclavitud,
dual de la esclavitud hasta casi considerando al esclavo de una
su total desaparición en el si­ naturaleza inferior a los hombres
glo X I X es obra del Cristianismo, libres.
predicando la identidad de ori­ Bibl.: Paul Allard, Esclaves,
gen, de naturaleza y destino en serfs et mainmortables, 1894;
todos los hombres. Pueden con­ Wallon, H is tc ire de l ’esclavage
tarse hasta trescientos sínodos o dans l'antiquité, 1879; L. Schiller,
concilios de la Edad Media, que D ie Lehre der A rist. von der
conminan con penas eclesiásticas Shlavsrei, 1847; S. Talamo, I I
la negociación de esclavos y re­ conceüo della schiavitü da Arist.

254
E
ai dottori scolastici, 1908; A, Co- las Universidades españolas del
chin, L'a bohtion de V esclava ge; siglo XVT, la escolástica entra
Balmes, E l protestantismo, capí­ en un largo período de agonía,
tulos X V -X IX , hasta el siglo X V II, en que, re­
Escolástica ( F ilosofía ) . —Dase este fugiada en los seminarios, muere
nombre (del griego ayo/.?;, otium, totalmente a la vida pública.
vacare studiis; y del latín schola, Finalmente, al llamamiento de
la enseñanza cristiana en los pri­ León X I I I (Encíclica JEterni
meros tiempos de la Iglesia, y Patris, 1879) hacia la gran tra­
scholastici, los maestros de esta dición escolástica, y más particu­
enseñanza) al cuerpo de doctri­ larmente a las doctrinas de San­
nas filosóficas enseñadas en las to Tomás, ha respondido un
escuelas y Universidades de la movimiento intenso, universal,
Edad Media. Comprende tres orientado a la solución de los
períodos: el primero, de lenta y problemas filosóficos contempo­
laboriosa formación, se inicia en ráneos y a la interpretación de
las escuelas (palatinas, abaciales las ciencias, según los principios
y episcopales) fundadas por Al­ aristotélico-escolásticos,
alino en tiempo de Carlomagno Un sistema de doctrinas pue­
(fines del siglo VIH), y dura de definirse y clasificarse aten­
hasta los comienzos del si­ diendo a sus caracteres extrín­
glo X III, en que aparecen las secos o intrínsecos; y la mayor
primeras Universidades de Pa­ parte de los historiadores definen
rís (1200) y más tarde de Oxford la escolástica por los primeros.
(1258), coincidiendo con la fun­ Para unos es «la filosofía de la
dación de las Ordenes mendican­ Edad Media», sin tener en cuenta
tes, dominicos y franciscanos. El que al lado de ella surgieron otros
siglo X I I I es la época de apogeo sistemas antiescolásticos, en opo­
y esplendor de la escolástica, sición directa con ella; y otras fi­
cuyos primeros maestros son losofías, judía, árabe, bizantina,
Alberto Magno, Santo Tomás que se desenvolvieron indepen
(llamado (¡Príncipe de la escolásti­ dientes de la escolástica. Esta es
cas y «Angel de la Escuela») y la Escuela por excelencia de la
Duns Scoto. El X IV señala el co­ Edad Media, pero no la única.
mienzo de la decadencia, princi­ Otros la caracterizan por el
palmente en Occara, y el verbalis­ aparato exierior, lenguaje, formas
mo de los termínistas hasta me­ y procedimientos de exposición y
diados del XV, Desde esta época, enseñanza comunes a los escolás­
y aparte de los conatos de brillan­ ticos; pero no es suficiente, pues­
te restauración local y efímera en to que bajo una misma forma

255
E
pueden encerrarse sistemas di­ tributaria de Aristóteles; otras
versos y opuestos. Otros, final­ filosofías bien diferentes han in­
mente, la hacen consistir en la ; tervenido en sus más bellas sín­
fusión de la teología y la filoso- ' tesis. El platonismo, el neoplato­
fía, en la tendencia a la armonía ; nismo, el estoicismo, el pitago­
de la fe y de la razón, a com­ rismo, el agustinismo ocupan
pletar y esclarecer la una por la un lugar en las controversias de
otra. También parece insuficien­ la Escuela, durante mucho tiem­
te, puesto que, de un lado, con­ po desconocido. 2.° Conciencia
tiene la escolástica doctrinas y del axioma de que la verdad no
problemas sin relación inmediata puede contradecir a la verdad:
ni mediata con la fe, y de otro, ; la escolástica busca la concordia
si la armonía de la razón y de la de las enseñanzas de la religión
revelación es carácter esencial de católica y de los resultados de la
la escolástica, 110 es exclusiva de investigación filosófica.o (H is t. de
ella; pueden, en efecto, conce­ la P h il. m é d ié v a le , pág. 147,
birse otras síntesis doctrinales 1900.) «En la escolástica del
distintas de la escolástica y com­ siglo X I I I se encuentran todos
patibles con el dogma católico; los caracteres que revelan el
filosofía escolástica 110 es equi­ movimiento filosófico en las
valente de cristiana o católica, ■ épocas de apogeo. l.DIntegridad
M. de Wulf señala estos dos ; de una síntesis doctrinal. Fami­
caracteres intrínsecos de la es- j liarizada con todos los problemas
colástica: « 1 .° L a escolástica, en que se propone una filosofía
su forma la más perfecta, es el completa, la escolástica les ha
resultado de un eclecticismo inte­ dado soluciones específicas, que
ligente, coit sello de independencia ha sabido organizar entre sí se­
y de originalidad. Sus tradicio­ gún un principio de unidad.
nes la enlazan preferentemente 2.° Individualidad de los filósofos.
al peripatetismo. Pero dista muy El siglo X I I I es mi siglo de indi­
lejos el arístotelismo de la esco­ vidualidades. Si todos los gran­
lástica, del plagio de que el Re- : des escolásticos convienen en
nacimiento yJ la filosofía moder- ■
1
admitir un conjunto de doctri­
na han acusado a los doctores ¡ nas fundamentales, que nosotros
de la Bdad Media; haciendo suya ! llamamos síntesis e s c o lá s tic a ,
la doctrina general de Aristóte­ cada uno de ellos imprime sobre
les, la escolástica ha sabido com­ este fondo común el sello de su
pletarla y aun trasformarla. personalidad; sobre el armazón
Por otra parte, es falso que la del edificio escolástico, esculpe
escolástica sea exclusivamente cada uno motivos de un dibujo

256
E
original; esto es lo que da a Escuela filosófica.—En historia de
cada sistema escolástico su sig­ la filosofía, agrupaciones de filó­
nificación propia.— 3.° L a cultura sofos que profesan doctrinas
preferente de los problemas de idénticas o semejantes, deriva­
psicología y de metafísica , otra das ordinariamente de un maes­
característica de las épocas de tro común. La denominación de
grandeza. En psicología, la doc­ las escuelas en la antigüedad
trina de la génesis de los cono­ griega y en la Edad Media se
cimientos y de la naturaleza del designa por el nombre del filó­
alma; en metafísica, las teorías sofo fundador de las doctrinas
de la materia y de la forma, de o por la ciudad o lugar de sus
la naturaleza y del origen de las enseñanzas. Así, se dice escuelas
substancias, del principio de in­ jónica, eleática, pitagórica, pla­
dividualización, constituyen el tónica o Academia del lugar en
objeto predilecto de las contro­ que enseñaba Platón, aristotéli­
versias en el siglo X III.» (Ibidem , ca o del Liceo , alejandrina o neo-
página 247.) platónica, tomista, escotista, et­
Bibl.: De Wulf, Ob. cit.; Ue- cétera. En la filosofía moderna
berweg, Grundriss der Geschichte el empleo de la palabra es menos
der Philosophie , vol. II, ed. 10, usado (escuela cartesiana, esco­
compl. por Bamugartner, 1915; cesa, ecléctica); en general, se
J. 13. ürdmand, Grundriss der substituye por un nombre deri­
Geschichte d. P h il., 1896; F. Z- vado acabado en ismo, significa­
González, H ist. de la fil., vol. II; tivo de un método o de un sis­
A. Stóckl, Geschichte de P h il. tema de doctrinas: criticismo,
des M ittelalters , 1864-66; Prantl, idealismo, positivismo, etc. {Véa­
Gesch. der L o g ik im A bendlande, se S i s t e m a filosófico,)
1870; Baeumker y von Hertling, Esencia.— (En latín escolástico, es-
Beitráge zur Gesch. der P h il. der sentia; de esse; el ser de una cosa.)
Mittelalters, colección comenza­ No puede definirse; sólo cabe ex­
da en 1891; Hauréau, H ist. de plicar el concepto comparándole
la ph il. scolastique, 1872-80; De a otros también fundamentales
Wulf, Inírod. a la phil. néo-sco- relacionados con él. E l ser, la
lastique, 1904; M. T. Richard, í n - cosa, -cóoí ti ó TtpiIiT7¡ odci'k, substan-
trod. a l ’étude et a l'enseignement cia prim era de Aristóteles, se
de la scolastique, 1914; M. Petitot, resuelve en dos razones de ser
Introd. a la p h il. traditionnelle ou diferentes que se completan: el
clasique, 1914; Gra.hma.nn, Ge­ ser esencial, por lo que las cosas
schichte d. schol. Methode, 1911. son lo que son y se colocan en
{Véase T om ism o y la bibl.) un orden o categoría específica

257 17
E
de seres; y el ser existendal, que las formas de Aristóteles y las
implica la idea de acto, de actua­ ideas de Platón tienen una inspi­
lidad o realización individual y ración común) es la esencia en
concreta de la esencia común. cuanto principio especificante de
La esencia (oujíh, ~i cstl, quod los seres, la idea inmanente en
quid est) expresa, pues, la razón, ellos por la que se hacen inteli­
objetiva común del ser, aquello gibles; la naturaleza {'fist;} es la
por lo que las cosas son lo que esencia misma principio de acti­
son específicamente y se distin­ vidad. De donde esta definición
guen de otros seres, abstracción de Santo Tomás: «Essentia est
hecha de las existencias in d iv i­ illud per quod res constituitur
duales en que se halla indefini­ in proprio genere vel specie, et
damente multiplicada la misma quod significamus per definitio-
razón de ser. La distinción entre nem indicantem quid est res.»
estas dos nociones esencia y exis­ (De Ente et essentia, c. I.)
tencia aparece bien clara en el Nuestro conocimiento de las
pensar espontáneo acerca de las esencias de las cosas es muy im­
cosas; la primera responde a la perfecto; directa e inmediata­
pregunta: ¿ Qué es? (Q u id est?), mente sólo sabemos que son el
y se responde por la definición, principio causal y el sujeto de
que aplicamos a todo un orden atribución de las múltiples de­
de seres, existan o no (aunque terminaciones que las constitu­
no hubiera extensión en el mun­ yen; los modos esenciales de ser,
do, la definición del triángulo las esencias específicas que dife­
(quid est) por el geómetra sería rencian irnos seres de otros, sólo
siempre objetiva y verdadera); las conocemos indirectamente y
la segunda a la pregunta si de al través de sus derivaciones
hecho existe (a n s it); y se con­ atributivas, en que la esencia se
testa, no por una definición, sino manifiesta como en los efectos
por la determinación actual e las causas.
individual del ser. Por abstracción, reflexión y
La esencia tiene significación comparación, y como por tan­
análoga a las de substancia, fo r­ teos, la inteligencia descubre en
ma y naturaleza, y Aristóteles las cosas y distingue los atribu­
emplea frecuentemente unas por tos necesarios de los accidenta­
otras. La substancia (quod substat, les variables; el conjunto de los
'j-oxs'asvov) es la esencia en cuan­ primeros, y sin los cuales las
to sujeto de inhes’ ón y de atri­ cosas no pueden existir, es la
bución de los accidentes; la forma esencia específica. En expresión
o idea aooí; sabido es que gráfica de Santo Tomás, la in-

258
E
telígencia: rerum essentias quasi todo coherente e indivisible,
venaíur. realizable indefinidamente en los
El orden del conocer es in­ individuos: tal es la esencia ideal
verso del ser: el principio, cansa o posibilidad intrínseca de las
o sujeto es aquí primero, y con­ cosas; o in concreto, esto es,
tiene los efectos y modos de realizada en las existencias in­
atribución; en el conocer, al re­ dividuales { suppositum , uiros-asu;;
vés, éstos contienen la causa y el individuo o persona.) Esta dis­
sujeto, y de los modos específicos tinción es importante desde el
de obrar o de atribución inferi­ punto de vísta de la teoría de
mos la naturaleza especifica de la ciencia, y alrededor de ella
la causa-sujeto, según el axioma: giran todos los problemas del
operari sequitur esse. Así, v. gr., la conocimiento; metódicamente, la
definición específica del hombre ciencia parte de lo individual
«animal racional» no expresa di­ concreto de la experiencia, pero
rectamente y en sí la esencia del deja los individuos para cons­
hombre como primer principio truirse en lo universal abstracto
del ser, sino en cuanto contenida de la inteligencia.
en sus modos específicos y ne­ Atributos de la esencia: 1.°, es
cesarios de obrar, animalidad, indivisible: no significa que un
racionalidad, y vista al través de ser compuesto no pueda resol­
éstos. verse en sus constitutivos esen­
Muy diferentes de estas esen­ ciales, sino que, mientras existe,
cias de los seres naturales son no puede perder ninguno de
las definiciones abstractas e ellos, la división sería la destruc­
ideales, del m a tem á tic o por ción del ser; así, v. gr., la esencia
ejemplo, en donde todo es cla­ del triángulo es indivisible y a
ridad, precisión, intuición inme­ la vez compuesta de tres lados
diata; y es que éstas son cons­ y tres ángulos; la división o su­
trucciones más o menos libres presión de cualquiera de los
del espíritu, que encuentra en elementos componentes sería la
ellas lo que ha puesto; y los seres disolución del triángulo. 2 .°f i n ­
reales se nos dan hechos, siendo mutables: todos los seres creados
necesario rastrear por las mani­ son contingentes y mudables,
festaciones exteriores el fondo pero hay un fondo esencial in­
interior oculto de donde todas mutable, sin el que dejarían de
emergen. ser lo que son; el triángulo pue­
Puede la esencia considerarse de variar en las dimensiones de
in abstracto ( genérica-específica) , sus líneas, color, etc.,, pero lo
conjunto de notas formando un esencial no puede variar sin dejar

259
E
de ser. 3.°, necesarias: no que j bargo, que, sin ser secreta, daba
existan necesariamente, sino que, una enseñanza por la mañana
de existir, necesariamente han , de las cuestiones difíciles a los
de realizar el tipo esencial. iniciados, y otra por la tarde de
4.°, in fin ita s: consideradas abs­ cuestiones morales y .políticas
tracta y universalmente, son más accesibles al público. Desig­
realizables eu un número de na también las prácticas ocultas
individuos sin límite. 5.°, eternas: y misteriosas de ciertas socieda­
este atributo se refiere a la esen­ des secretas.
cia ideal o posibilidad intrínseca E spacio.—-(Del latín spatium .) Ca­
de las cosas; antes de existir las tegoría ¡ico de Aristóteles, ubi de
cosas y el mundo, el mundo y las los escolásticos: lugar de la si­
cosas eran posibles, la posibilidad tuación y del movimiento de los
está fuera del tiempo. Estos cuerpos. Atributo principal de
atributos: indivisibilidad, inmu­ los cuerpos es la cuantidad, di­
tabilidad, necesidad, infinidad, fundida en dimensiones extensi­
eternidad de las esencias no son, vas liasta un cierto límite, que
como se ve, absolutos, sino hipo­ termina la realidad de ellos: esta
téticos, y más bien negativos que difusión de las dimensiones, abs­
positivos, y sólo tienen de común tracción hecha del cuerpo y de
el nombre con los mismos atri­ los límites de su extensión real,
butos del Ser absoluto. {Véase es el espacio en general. Se dis­
S u b s t a n c ia , P o s ib il id a d , E x is ­ tingue el espacio real, laextensióu
t e n c ia , y las bibl.) tridimensional limitada por la
Esotérico. E soterism o. — (Del griego superficie exterior de un cuerpo;
zcuixzp'.vAz, interior; de sai», den­ el im aginario, la misma exten­
tro.) Enseñanza secreta de los sión prolongada indefinidamente
antiguos filósofos, especialmente en todas direcciones; y el espacio
de los pitagóricos, reservada a ideal, matemático, que prescinde
mi número selecto de discípulos; de la extensión concreta de los
se opone a exotérico (de cuerpos y sólo tiene eu cuenta
exterior; de fuera), que era las relaciones puramente cuanti­
la enseñanza pública. Parece que tativas de la extensión. El espa­
Platón tuvo también una doc­ cio matemático es construcción
trina esotérica, que se ha perdi­ del espíritu, pero cum fundamen­
do, y otra exotérica, que es la de to in re: el punto sin dimensio­
los diálogos. nes, la línea con una sola dimen­
En cuanto a Aristóteles, es sión, la superficie con dos, el
muy dudoso que practicase esta cuerpo matemático, etc., son con­
doble enseñanza; parece, sin em­ ceptos-limites, abstracciones, que

260
E
sólo tienen realidad en la mente soluciones fundamentales: realis­
del matemático; de donde nacen ta y subjetivista. Suponen unos
la exactitud, precisión y claridad que, independiente de los cuer­
de las definiciones y problemas pos extensos y anterior a la exis­
matemáticos, que sólo aproxima­ tencia del mundo corporal, exis­
damente son aplicables a la reali­ te el espacio real, infinito, eter­
dad. Y puede el matemático, no, indestructible (el vacío de
alejándose aim más de la reali­ Demócrito, Leucipo y Epicuro,
dad, concebir liiperespacios de n la materia de Platón, una esfera
dimensiones. El espacio real es inmensa que envuelve todo el
la capacidad de contener cuer­ universo, de Aristóteles; en los
pos, que puede ser vacio o pura tiempos modernos, Descartes y
capacidad, y lleno o sea las di­ Espinosa conciben un espacio
mensiones limitadas por las su­ real infinito que Newton y Clar-
perficies corporales; total, el con­ ke identifican con la inmensidad
junto de todas las dimensiones de Dios), Kant concibe el espa­
del universo físico, y parcial limi­ cio y el tiempo como formas a
tado a una sola parte del univer­ p rio ri de la sensibilidad, condi­
so, el ocupado, v. gr., por un ciones a p rio ri de la experiencia;
cuerpo. no son realidades, sino represen­
Naturaleza del espacio,— I,as taciones o intuiciones del espíri­
nociones de espacio y tiempo tu; la supresión de éste en el
condicionan toda nuestra vida mundo traería consigo la desapa­
interior y exterior, y son tan rición del espacio y del tiempo.
fáciles de sentir y percibir como Esta concepción subjetivista del
difíciles de comprender y expli­ espacio y del tiempo es general
car. Son como las dos coordena­ en la filosofía moderna; en unos,
das de toda existencia contin­ como idea o fonna a priori', en
gente y temporal, determinando otros, como elaboración subjetiva
el hic et mtnc de la realidad in­ de los datos de la experiencia.
dividual y concreta. Se concibe Entre estas dos teorías extre­
el espacio como el receptáculo mas está la de Leibniz, ni abso­
universal de los cuerpos, a modo lutamente objetivista ni subje­
de esfera de radio indefinido tivista, de reminiscencia escolás­
dentro de la cual existen y se tica: el espacio y el tiempo ab­
mueven en todas direcciones los solutos, anteriores y fuera de las
cuerpos. Esta idea del espacio, cosas que existen en el espacio
¿responde a una realidad? Y, en y duran en el tiempo, carecen
caso afirmativo, ¿en qué consis­ de realidad, son conceptos del
te esta realidad del espacio? Dos j espíritu; pero tampoco son puros

261
£

conceptos, sino que éstos tienen rien, 1882; M, Boucher, Essai sur
un fundamento en la extensión 1‘hyperespace, 1905; L. Couturat,
y en la sucesión real de las cosas: D e V in fin i maih , 1896; J. Evellin,
Spaiium fit ordo coexistentium I n f in i et quantité, 1881.
phanom enontm , ut tempus succe- Origen de la idea de espacio.
sivorum. Análoga es la solución Como toda noción tiene su ori­
general entre los escolásticos: el gen en la experiencia; los espa­
espacio y el tiempo, aparte de cios ideal, matemático, imagina­
las cosas, son relaciones; y las rio no son sino abstracciones,
relaciones existen form aliter in idealizaciones de la experiencia
mente, fundamentaliter in re; el real. Concebimos la extensión o
espacio y el tiempo absolutos, el espacio real como el fondo de
imaginarios, extendiéndose inde­ toda cualidad o percepción sen­
finidamente más allá de las di­ sibles; el color, la presión, la
mensiones y de las duraciones temperatura, etc,, los referimos
de las cosas, son construcciones a la cualidad fundamental de la
del espíritu, simples posibilidades extensión, que los escolásticos
de extender in in fin itu m las di­ llamaron común, y los modernos
mensiones y la duración reales; p rim a ria , lo mismo que otras
finalmente, el espacio y el tiem­ que pueden tenerse como moda­
po matemáticos son sistemas de lidades de la extensión (figura,
relaciones puras cuantitativas movimiento, mimero, etc.). ¿Qué
cum fundamento in re, abstrac­ sentidos y cómo concurren a per­
ciones de la realidad, cibir la extensión? Varias solu­
Bibl.: H. Bergson, Quid A rist. ciones: pretenden unos (Berkeley
de loco senseyit, 1889; Suárez, Helmlioltz, Wundt y, en general,
Metaphysioa, Disput. 50-51; Leib- la escuela empírica alemana) que
niz, Nuevo ensayo sobre el enten­ originariamente solamente el tac­
dimiento hum., trad. Azcárate, to es el sentido perceptor de la
libro II; Correspondencia con extensión; otros {Stuart Mili,
Clarke, vol. IV de la trad, Az- Bain, Spencer y, en general, la
cárale; Kant, C rítica de la razón escuela empírica inglesa) atribu­
pu ra : Estética transcendental; yen esta cualidad al sentido
Balines, Filosofía fund., t. II; Du- muscular de los movimientos de
nan, L a théovíe psych. de l’espace, los órganos sensoriales táctiles y
1895; LecbalaSj Eludes sur l'es- visuales. En una y otra solución
pace et le temps, 1896; Nys, L a se niega la intuición visual de
notion d'espace, 3.a ed., 1922; las formas del espacio; éstas son
J. Varrain, L ’espace, 1908; C, simples símbolos cualitativos
Gutberlet, D ie nevsn Raumtheo- (signos locales), de cuya sínte­

262
E
sis, que los da cierta homogenei­ jetiva del órgano de percepción.
dad («síntesis psíquica» de Wundt, Esta primera noción se completa
«razonamiento inconsciente» de con los movimientos del tacto
Helmholtz), resulta la extensión. sobre los objetos, en que inter­
Así la noción de espacio, conti­ viene el sentido muscular, que
nuidad coexistente de elementos, marcando las direcciones de los
es idéntica en el fondo a la de movimientos y las correspon­
tiempo, continuidad sucesiva, y dientes impresiones, nos ofrece
en ésta tiene su origen. Otros las otras dimensiones de los
íDunati y los nativistas) sostie­ cuerpos. La vista no percibe el
nen que el sentido del espacio color sino bajo forma extensiva
es principalmente la vista. Final­ de continuo superficial, realmen­
mente, otros creen que hay dos te sólo percibe las dos dimensio­
espacios diferentes, visual y tác­ nes; en cuanto al relieve, distan­
til, pero que, asociados en la per­ cias y dimensiones, son resulta­
cepción, nos dan la noción com­ dos de la educación y del hábito:
pleta y total de las distancias y los tonos distintos de ilumina­
dimensiones corporales. ción y de coloración, los movi­
Parece que en diferente grado mientos oculares en unión de
de precisión todos los sentidos las correspondientes sensaciones
concurren a percibir la exten­ musculares, y el tacto que con
sión, puesto que ella va incluida las sensaciones generales de los
de algún modo en toda sensa- ! movimientos viene en ayuda de
ción; y no se ve razón del exelu- ; la vista: he aquí el conjunto
sivismo en favor de un sentido ¡ de sensaciones e imágenes que
determinado. Pero de mía m a- ! forman la educación visual en
ñera clara y precisa, sólo la vis­ la percepción de las distancias
ta y el tacto perciben la ex­ y del relieve de los cuerpos. Una
tensión . vez formado el atlas de localiza­
El tacto es el principal sentido ción y objetivación espaciales,
de la extensión y educador de la visual y táctil, están ya deter­
vista; y los dos nos dan la per­ minadas en él las direcciones y
cepción del espacio real, resul­ las distancias y las posiciones
tado de la asociación y del há­ relativas de los cuerpos en el
bito. Repartido el tacto en toda espacio.
la superficie corporal, es un con­ ¿En qué consiste originaria­
tinuo extenso adaptable a la ex­ mente esta sensación del espacio
tensión de los cuerpos, dándonos real, y cómo el elemento exten­
por el contado la noción objetiva ! sivo nace en la experiencia? Es
de la extensión corporal, y sub- ' la cuestión interminable entre

263
E
nativistas y empiristas; según ias). En la terminología escolás­
unos, es la extensión una forma tica, species inteniionalis, forma
subjetiva, innata, en que el es­ mental objetiva del conocimien­
píritu envuelve las impresiones to: imagen, representación, subs­
de los sentidos (Kant); según los tituto del objeto en el acto del
segundos, es producto de la aso­ conocer. La gnoseología aristoté-
ciación, y se forma por la educa­ lico-escolástica suprime toda for­
ción y el hábito. ma a p rio ri del conocimiento;
N i lo uno ni lo otro: ni hay sabida es la airada violencia con
formas a p rio ri de un lado, ni que Aristóteles rechaza el poe­
de otro educación posible si no se ma platónico de las ideas: la in­
presupone una naturaleza educa- teligencia nace vacía de ideas
ble. Es necesario reconocer la (tamquam tabula rasa), pura
aptitud o facultad de percibir los potencialidad de pensarlo todo,
elementos de la extensión, edu- pero incapaz de pensar nada sin
cable y perceptible, como toda un complemento objetivo deter­
actividad: los sentidos perciben minante de su potencialidad; el
los objetos extensos como deter­ conocimiento es una síntesis de
minantes de su actividad, esto la actividad y el objeto (ab
es nativo, anterior a todo hábi­ utroque notitia pa riiu r, a cognos­
to adquirido; pero esta aptitud, cente et cognito, San Agustín),
como todas, se perfecciona con no real, sino intencional, es de­
el ejercicio y la asociación, crean­ cir, por medio de la representa­
do un mundo interno de la imagi­ ción: tales son el significado y
nación en donde se ordenan las ex­ la función de la «especie inten­
periencias vividas, constituyen­ cional». Distinguen los escolásti­
do el fondo del espacio subjetivo, cos la species impressa, acción
el cual sirve después como de del objeto sobre la facultad, pri­
atlas topográfico que completa, mer momento del conocimiento
interpreta y rectifica las impre­ que semeja al acto de asimila­
siones sucesivas del espacio ob­ ción vital; y la species expressa,
jetivo. (V. Visión'.) ejercicio de la facultad o cono­
Especie.— (Del latín species, de cimiento propiamente dicho: en
specio o sp id o : ver; equiv. de la inteligencia el verbum mentís,
las griegas tosa, stoo<¡, y.r,p<pj.) V i­ la idea o concepto. Las especies
sión, aparición, representación, se diversifican como las faculta­
imagen; forma, idea, concepto,