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Estado nutricional de los cultivos y susceptibilidad a enfermedades

Las enfermedades de fin de ciclo de la soja (EFC) son aquellas que afectan al cultivo
en los estadios reproductivos intermedios y avanzados, provocando un anticipo en la
maduración de las plantas y comprometiendo el rendimiento de granos y/o la calidad de la
semilla cosechada. Estas enfermedades pueden causar pérdidas anuales de rendimiento
promedio del 8%, llegando al 30% en ciertas regiones de nuestro país.
Las principales EFC son: tizón de la hoja y mancha púrpura (causado por Cercospora kikuchii),
mancha marrón (Septoria glycines), antracnosis (Colletotrichum truncatum), tizón de la vaina y
tallo (Phomopsis sojae), mildiu (Peronospora manshurica), mancha ojo de rana (Cercospora
sojina) y mancha foliar por Alternaria (Alternaria spp.). La prevalencia de una u otra depende de
las condiciones de manejo del cultivo y de las condiciones climáticas de la zona. También
debemos incluir la roya asiática de la soja causada por Phakopsora Pachyrhizi.
La predisposición de las plantas al ataque de enfermedades se relaciona de manera
sustancial con el estado nutricional del cultivo. La reacción ante las enfermedades dependerá
del adecuado o deficiente nivel nutricional de la planta, como lo fundamenta el concepto de
trofobiosis (F.Chaboussou), en la ocurrencia de procesos mediados por fitoalexinas (factores
de resistencia de las plantas) y en las interacciones alelopáticas.
La Teoría de la trofobiosis, explica que la vulnerabilidad de las plantas al ataque de
"plagas" es una cuestión de equilibrio nutricional. La planta equilibrada, ya sea por encontrarse
en crecimiento vigoroso o en descanso hibernal o estival, no es nutritiva para el parásito. En
muchos casos este carece de la capacidad de realizar proteólisis por si mismo. No tiene
condiciones para descomponer proteínas extrañas, solamente sabe hacer proteosíntesis.
Necesita, por lo tanto, encontrar en la planta hospedera alimento soluble, en forma de
aminoácidos, azúcares y minerales todavía solubles; esto es, no incorporados en
macromoléculas insostenibles. Esto acontece cuando hay inhibición en las proteosíntesis o
cuando hay un exceso de producción de aminoácidos. La inhibición de la proteosíntesis puede
ser consecuencia del desequilibrio nutricional de la planta. Este último es muy común en las
actuales condiciones de la agricultura.
En una planta equilibrada, durante su proteosíntesis, no hay acumulación de nutrientes
solubles, por lo que los parásitos no tienen qué comer ni tampoco pueden aumentar su
población exponencialmente.
En cuanto a los fosfitos, son sustancias derivadas del acido fosfórico. Esta línea de
defensivos posee por un lado una acción nutricional, aumentando a través de sus iones
acompañantes la performance del cultivo y así el metabolismo del mismo; por otro, una acción
fungostática ya que los hongos no pueden metabolizar el fosfito y se impide el crecimiento
micelial inhibiendo la formación de estructuras reproductivas; y mecanismos de defensa natural
de la planta (estimula la produccion de fitoalexinas por el cultivo).
La presencia de determinadas concentraciones de fosfito en plantas contaminadas por un
patógeno aumenta la producción de fitoalexina. Concentraciones elevadas pueden inhibir la
actividad fisiológica del hongo inhibiendo la acción del mismo dentro de la planta.
Las fitoalexinas tienen como características sobresalientes las siguiente:
• Antes de la infección no son detectables
• Se sintetizan muy rápidamente dentro de las horas siguientes al ataque.
• Solo se forman en las células adyacentes a las dañadas en respuesta a sustancias que
fluyen desde las células dañadas.
• Son tóxicas para un amplio espectro de hongos y bacterias patógenas.

La fertilización foliar es una forma eficiente en el aporte de nutrientes. El uso de fosfitos


complementados con nutrientes es una de las variantes a utilizar para conjugar un equilibrio
nutricional y control de enfermedades adecuado.
Los resultados que se muestran a continuación fueron obtenidos de un ensayo en Soja
en Monte Cristo (Córdoba) realizado por el Ing. Agrónomo Mario Rubiolo de Stoller Argentina
S.A. Se tomaron 6 plantas de cada tratamiento que estuvieran en “competencia perfecta” A
cada planta se le contó el número de hojas y el número de vainas en sus 3 estratos, superior,
medio e inferior. Los tratamientos están detallados a continuación.
Tratamiento 1 (T1): Phytogard Zinc: (2 litros/ha) en R2
Tratamiento 2 (T2): Starter: (2 litros/ha) en R2 + Stoller Manganeso: (1 litro/ha) en R2
Cantidad de hojas
Nº de hojas
Control 85

T1: Phytogard Zinc 90

T2: Starter + Stoller Manganeso 131

Cantidad de vainas
Inferior Medio Superior Total
Control 42 79 51 172

T1: Phytogard Zinc 11 93 112 216

T2: Starter + Stoller Manganeso 34 133 125 292

Rendimiento
Tratamiento Rto./ha Diferencia
Control 3166 kg
T1: PhytogardZinc 3837 kg 670,34 kg
T2: Starter + Stoller Manganeso 4000 kg 833,34 kg

Rendimientos en kg/ha
+ 833 kg
4100 + 670 kg
3900
3700
3500
kg/ha

3300
3100
2900
2700
2500
Control T1: PhytogardZinc T2: Starter + Mn

Phytogard Zinc: (40% Fósforo y 10 % Zinc)


Starter: (5% Zinc, 4% Azufre, 0.5% Boro, 0.5% Cobre y 3% Manganeso)
Stoller Manganeso: (7% Manganeso y 3% Azufre)

En conclusión se observa que en las parcelas tratadas, se miden mayor número de


hojas y de vainas en comparación con el testigo. Esto trajo aparejado un aumento de rendi-
miento sobre el testigo.

Estos resultados, hacen interesante la exploración de estas pautas de manejo en busca


de la mejora del estado sanitario, nutricional y de aumentos productivos en al cultivo de soja.

Gustavo Moreno Sastre Ingeniero Agrónomo


Mauricio Frezzi. Asistente de Dpto. Técnico
Stoller Argentina S.A.