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Panorama de Seguridad y Defensa

Centro de Investigaciones y Estudios Estratégicos - ANEPE

DESEMPOLVANDO EL CONCEPTO DE DISUASIÓN

Jorge Gatica Bórquez


Editor Panorama de S&D

En los términos más clásicos y según lo indica André Beaufre, la disuasión ”busca impedir
que una potencia adversa tome la decisión de emplear sus armas o más generalmente, que actúe o
reaccione frente a una situación dada, mediante la existencia de un conjunto de disposiciones que
constituyan una amenaza suficiente” 1.
Para Chile, como lo declara el Libro de la Defensa Nacional 20102, la disuasión es “…tanto
un efecto como la acción que lo causa”. Un efecto, dado que persigue “…generar en el potencial
adversario la convicción de que el costo de interferir coactivamente contra intereses vitales propios
será más alto que los beneficios por obtener”; y una acción “… susceptible de ser materializada por
medio de la estrategia de un Estado para conseguir el efecto descrito anteriormente”.
Aunque el propósito de disuadir es tan antiguo como el conflicto mismo, toma forma de
estrategia a partir de mediados del siglo pasado, cuando Estados Unidos elabora su Estrategia
Nuclear, estableciendo que el propósito principal de las Fuerzas Armadas debía mutar desde “ganar
la guerra” hacia “evitar la guerra”3. De esta manera el poder nuclear con su demostrada y terrorífica
capacidad de destrucción, tendría por propósito impedir que cualquier adversario potencial de
Estados Unidos se inhibiera de emplear la violencia, por el solo hecho de saber que sus eventuales
beneficios serían mucho menores que el alto costo de enfrentar el castigo de las armas nucleares. El
desarrollo del armamento atómico, por parte de otras potencias, haría de la disuasión nuclear un
actor relevante en el mundo de la Guerra Fría. De hecho, el liderazgo político ejercido por Estados
Unidos, en oposición fundamentalmente al comunismo, y su indiscutible superioridad en el desarrollo
del armamento nuclear, hizo surgir desde Washington la teoría de la disuasión como respuesta a sus
enormes preocupaciones estratégicas4.
Sin embargo, a pesar que hay tendencia a circunscribir la disuasión a lo estrictamente
nuclear en tanto concepto de nivel estratégico, es posible también encontrar formas de aplicación de
ésta en un ámbito convencional. Como lo indican Bustos y Rodríguez refiriéndose a la disuasión

1
BEAUFRE, André (1980). Disuasión y Estrategia. Buenos Aires: Editorial Pleamar, p. 23.
2
MINISTERIO DE DEFENSA NACIONAL (2010). Libro de la Defensa Nacional. Cap. XIII N°2, pp. 185-186.
3
OLIVARES, Luis (1985). Disuasión, conflicto y estrategia. Estado Mayor general del Ejército, p. 14.
4
BUZAN, Barry (1987). An Introduction to Strategic Studies. Military technology and international relations. London:
Palmgrave Macmillan, p. 138-139.

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nuclear “…lo expuesto podría inducir a determinar que la disuasión tiene un marco esencialmente
atómico, incluyendo a diversos autores que niegan la posibilidad de su desarrollo fuera de este
marco, pero por tratarse de un concepto que tiene el carácter de medio y no de fin, es posible
extrapolar su empleo mucho más allá del campo de la amenaza nuclear, incluso fuera del espectro
del conflicto internacional” 5.
LA DISUASIÓN Y LA PREVENCIÓN DE CONFLICTOS
Asumiendo que el conflicto puede haber cambiado en sus formas e incluso en su
naturaleza, es innegable que sigue presente en el mundo actual. Siguiendo a Dougherty y Pfaltzgraff,
quienes planteaban que el conflicto se incoa en grupos humanos que conscientemente persiguen
objetivos contrapuestos o que al menos parecen ser incompatibles6 es evidente que éste es
inherente a la naturaleza humana. Aunque los actores del sistema internacional han dejado de ser
solo los Estados-naciones dando paso a otros protagonistas, qué duda cabe que se mantiene el
enfoque weberiano en cuanto a que son los Estados los únicos administradores del uso legítimo de
la fuerza.
Al parecer, no podría ser de otra manera. Aun negando el paradigma estatocéntrico, en el
cual se asume que los Estados se sitúan en un sistema internacional anárquico, “la ausencia de un
autoridad central es un elemento suficiente en sí mismo para justificar el carácter eminentemente
conflictivo de la política internacional. En un sistema de estas características, los responsables
políticos han de procurar poseer aquellas cuotas de poder que garanticen la consecución de los
intereses nacionales de sus respectivos países”7.
Como lo plantean Artaza y Ross la política exterior debe ser diseñada en función de una
estrategia de mediano y largo plazo destinada a maximizar el rédito de los ciudadanos y cautelar los
intereses nacionales: “…el diseño y la implementación de la Política Exterior de un actor cualquiera,
especialmente de un Estado, presupone examinar tres aspectos centrales: las características
generales del contexto internacional, identificar la naturaleza y características de aquello que para
el estado ha sido llamado clásicamente el “interés nacional” y esbozar aquello que se conoce
específicamente por “política exterior” 8. Esta política exterior debe ser elaborada, entonces, en
función de los intereses nacionales definidos y utilizando la totalidad de los recursos y estrategias
disponibles, donde la disuasión es una de ellas.
Es importante recordar que la disuasión no es una estrategia militar, sino política. Los
Estados-naciones disuaden no solo con su fuerza militar, sino también con todos los elementos de
poder con los que cuentan: la cohesión interna, la estabilidad institucional, el desarrollo económico, la
estatura estratégica y el prestigio en el sistema internacional, son factores cuya presencia y fortaleza
podrán inhibir a potenciales adversarios que pretendan usar la violencia en la consecución de sus
propios objetivos.
5
BUSTOS, Marcos; RODRIGUEZ, Pablo (2005). La disuasión convencional. Conceptos y vigencia. Santiago: MAGO
Editores, p. 16.
6
DOUGHERTY, James; Pfaltzgraff, Robert (1981). Contending Theories of International Relations. New York: Harpet
Collins Publisher, p. 186.
7
SODUPE, Kepa (1991). La teoría de la disuasión: un análisis de las debilidades del paradigma estatocéntrico. Revista
CIDOB d'Afers Internacionals, p. 55. Recuperado en línea en
http://www.raco.cat/index.php/RevistaCIDOB/article/view/27870
8
ROSS, César; Artaza, Mario (Edt) (2012). La Política Exterior de Chile, 1990-2009: del aislamiento a la integración global.
Santiago: RiL editores, p. 855.

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En tal sentido, la disuasión como elemento de prevención de conflictos interestatales sigue


plenamente vigente en conjunto con la diplomacia, la integración, los sistemas de seguridad
colectivos y cooperativos, las medidas de confianza mutua, los acuerdos y tratados, la transparencia
en la inversión en defensa, el control de armamento, entre otras herramientas que poseen y
administran los países para minimizar o neutralizar las fuentes de fricción con otros.
No obstante, a partir de los cambios en el sistema internacional experimentados desde el
término de la Guerra Fría, la guerra interestatal ha cobrado una menor incidencia. “La configuración
de un ambiente flexible, muchas veces generado de manera bilateral, se ha traducido en la
transformación de las hipótesis de conflicto en hipótesis de cooperación en los años 90. La teoría
subyacente es la funcionalista, que propugna que los actores internacionales (los estados) pueden
ver modificada su conducta si hay entre ellos señales de carácter positivo” 9. La identificación de
intereses comunes entre los países debería predominar bajo una lógica racional, modificando las
relaciones internacionales.
Por otra parte, la masificación y desarrollo de la tecnología, así también cambios sociales
como el incremento en la transparencia y la gobernanza, han redefinido categorías de seguridad tan
propias de la Guerra Fría, tales como el secreto y la función Inteligencia. Al respecto, la disuasión
presenta una paradoja: para ser disuasivos hay que ser fuertes y demostrarlo de forma tal de lograr
la credibilidad; pero a la vez, no es posible mostrar todas las cartas, siendo imperativo mantener un
grado de incertidumbre en el adversario potencial. Ese complejo equilibrio es hoy mucho más difícil
de lograr.
CUBA 1962 Y COREA DEL NORTE 2017: DISUASIÓN EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN
La diplomacia, en tanto articuladora de los esfuerzos nacionales para relacionarse con los
otros países del mundo y limitar el conflicto, encuentra en la disuasión una gran aliada. La adecuada
combinación de estos factores ha demostrado su eficacia, como veremos a continuación a través de
dos casos icónicos para la seguridad internacional.
La crisis de los misiles de octubre de 1962, para muchos el momento más álgido para la
seguridad planetaria jamás vivido por la humanidad, constituye un evento histórico que permite
dimensionar el beneficio que reporta un empleo racional de los recursos de poder de un Estado, en
procura de lograr una salida pacífica a un conflicto. Por otra parte, la situación que se enfrenta
actualmente con los ensayos de misiles y cabezas nucleares desarrollados por Corea del Norte que
han alcanzado una gran intensidad durante los últimos años, es una reedición moderna de lo
ocurrido entonces (y según muchos expertos la más peligrosa después de aquella), aunque con
notables diferencias tales como la duración e intensidad de la crisis10, los arsenales nucleares de los
contendores11, el orden internacional imperante y los países que ostentan la calidad de potencia
nuclear.

9
GARAY, Cristian (2003). Las políticas de defensa nacional en el Mercosur y asociados. Historia, procesos, tendencias
1990-2000. Santiago: Servicios gráficos, p. 47.
10
Mientras en 1962 la crisis escaló de manera explosiva, la situación que ocurre en Corea del Norte ha sido de una tensión
sostenida en los años, con incrementos importantes durante los dos últimos.
11
Aunque el arsenal nuclear de Estados Unidos en 1962 era superior al de la entonces Unión Soviética, ésta tenía un
considerable potencial en este tipo de armamento; actualmente en cambio, existe una enorme superioridad nuclear de
Estados Unidos sobre Corea del Norte. No obstante, en ambos casos, los efectos del empleo de este tipo de armas
llevarían a un desastre de nivel mundial.

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Pese a las diferencias, hay un factor común observable en ambas situaciones: la


disuasión, la que se manifiesta a través de una clara voluntad política de emplear la fuerza, por parte
de los presidentes en ejercicio. En el primer caso, cuando la crisis alcanzó su punto máximo,
Kennedy fue capaz de enviar claros indicativos sobre la decisión de emplear el recurso militar si
Jrushchov no ordenaba el retiro de las armas nucleares desplegadas en Cuba y el regreso de la flota
soviética, mientras a la vez su diplomacia ejecutaba negociaciones secretas con sus pares
moscovitas. En el segundo, aun sin negociaciones directas con la potencia desafiante pero sí
logrando a través de la diplomacia aunar esfuerzos incluso con otros países contendores como China
y Rusia, Trump ha emitido fuertes señales, tales como la amenaza de “destruir totalmente Corea del
Norte” durante su reciente discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
REFLEXIONES FINALES
La disuasión convencional y la nuclear, en términos generales se mantienen vigentes como
complemento a otras formas de prevención del conflicto interestatal, como ya se indicó
anteriormente. Sin embargo el atributo de credibilidad es insoslayable, lo que implica mantener y
demostrar la operacionalidad de los recursos de poder que tiene un Estado, entre los cuales se
encuentra el militar. Es un grave error, en consecuencia, suponer que debido a que la lógica de las
relaciones interestatales se ha desplazado desde el conflicto a la cooperación, se puede disminuir el
potencial que le permite a un Estado defender sus intereses. Es exactamente al revés: uno de los
supuestos para que exista la cooperación en el tiempo, es que los países mantengan un equilibrio de
poder.
En función de lo anterior, el concepto de persuasión adquiere una gran relevancia. Para los
efectos, los mensajes y señales que se emitan deben ser cuidadosamente elaborados de forma tal
de evitar interpretaciones erradas por parte de quienes se quiere disuadir. Debe existir coherencia
entre lo que dicen y hacen las autoridades que representan los diferentes niveles y áreas de la
conducción del Estado, como también una colaboración del mundo privado, académico y de los
medios de comunicación social.
En otro orden de ideas, parece importante revisar ahora de qué forma, si es que resulta
pertinente, el concepto de disuasión pudiera servir para resolver los problemas de seguridad que
están afectando a los Estados en forma individual o a la seguridad internacional asumida como un
todo.
¿Aplica la disuasión contra amenazas no estatales? ¿Podrá diseñarse y ser efectiva una
estrategia de disuasión, utilizando todas las herramientas que la sociedad internacional y los Estados
han implementado, para enfrentar este tipo de amenazas?

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