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Universidad Tecnológica de Honduras

Asignatura: Ética Profesional

Catedrático: Lic. Claudia Geraldina Paz R.

Alumno: Alex Fernando González Amador

Cuenta: 201710010488

Tarea: TAREA #1

Fecha: 02 de agosto del 2019


INTRODUCCION
Cada ser humano tiene una concepción distinta de lo que son los valores morales,
lo que, para algunos es moral para otros puede ser inmoral. Los valores se conciben
de acuerdo con los parámetros y necesidades de cada sociedad, es decir que no hay
una definición objetiva al respecto sino que todo es relativo. Sin embargo, siempre
lo relacionamos con el lado bueno, perfecto y valioso. La moral y la ética, son
inherentes al ser humano. Los seres humanos vamos interiorizando
los valores morales desde el núcleo familiar, generalmente con el ejemplo. A medida
que maduramos y crecemos como personas nos vamos familiarizando con otro tipo
de valores, entonces comenzamos a interiorizar los valores sociales.
PERDIDA DE VALORES
La historia de Honduras está marcada por diferentes actos de corrupción que han
marcado la vida de las hondureñas y hondureños de tal manera que el resultado
más inmediato, es que millones vivimos en la pobreza, mientras un reducido grupo
vive entre la ostentación y el derroche de lo robado.

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),


“Panorama Social de América Latina 2014” indica que Honduras es el segundo país
con mayores índices de pobreza del continente.

El primer acto de corrupción que recoge la historia, es la famosa contratación de un


préstamo con los ingleses, para la construcción de un ferrocarril interoceánico por
un monto de 27 mil Libras Esterlinas que nunca llegaron a ingresar siquiera a las
arcas del Estado, gobernado por el dictador José María Medina.

Desde entonces, han sucedido diferentes actos de corrupción tan vergonzosos que,
sin embargo, cada vez que ocurre uno nuevo no deja de sorprendernos, por la
creatividad de los corruptos y por la impunidad histórica con que se ha cometido
cada robo al erario público. Los historiadores no terminan de escribir un hecho,
cuando aparece uno nuevo que supera al anterior.

Una de las principales características de la corrupción y los corruptos es la impunidad


absoluta con que han actuado históricamente en el país, a pesar que investigaciones
realizadas por terceros países han demostrado en los tribunales la existencia de los
mismos.

Un ejemplo de ello es que cuando estalló el escándalo del bananagate, el gobierno


norteamericano investigó el soborno y el presidente de Chiquita, Eli M. Black, cayó
del piso 44 de un edificio en Manhattan, en un aparente suicidio. En Honduras no
pasó nada, a pesar que según medios norteamericanos, se comprobó que se había
pagado un soborno a los altos funcionarios de la administración de Oswaldo López
Arellano, los supuestos responsables han escalado los más grandes puestos dentro
de la gremial empresarial.

Uno de los últimos episodios investigado por autoridades norteamericanas es el caso


de un soborno en la Estatal empresa de telecomunicaciones Hondutel, donde el
gobierno de EEUU hizo lo suyo, en Honduras, la Fiscalía General del Estado nunca
dio a conocer de quien se trataba el testigo B y la impunidad se mantiene en el caso.

Es bien claro que la falta de moral pública, se ha visto reflejada, tanto en quienes
han ostentado el poder político como el económico, los grandes empresarios de este
país, con rarísimas excepciones, han sido cómplices y responsables de grandes
atracos al erario público, prueba de ello es que los acusados de corrupción son
acogidos en el seno de los grupos empresariales, sin ningún tipo de reparo.

Esa corrupción histórica de la clase dominante, sumada a la impunidad generalizada


sobre este tipo de hechos, terminó siendo impuesta y aceptada como una sub cultura
que se impregnó en casi toda la población, donde el ladrón que roba al pueblo “le
entiende al trámite”, una especie de halago a los delincuentes, mientras las personas
honradas son vistas de menos.

En esa exaltación de los corruptos se puede ver a los grandes ladrones de este país
ocupando las portadas de las más glamorosas revistas de sociales, disfrutando del
dinero robado como si se tratase de señores o señoras honorables, incluso algunos
son consultados sobre moral y ética pública.

Para lograr la impunidad en el país los corruptos han estado íntimamente ligados al
poder político y económico del país a través del Partido Nacional y el Partido Liberal.

Los últimos escándalos de corrupción el Instituto Hondureño de Seguridad Social


IHSS y la Secretaría de Salud, muestran esa conexión entre grandes empresarios, el
Congreso Nacional y sectores políticos influyentes, no es casualidad que el robo al
Seguro fue originado en un decreto del soberano Congreso Nacional.

Es como un secreto a voces que, en Honduras quienes han acumulado grandes


cantidades de dinero, lo han hecho mediante la utilización de las “habilidades
inmorales” a través de actos de corrupción que tienen un matiz de legalidad, pero
que son inmorales completamente.

Es difícil obtener una explicación razonable, de cómo algunos de los que ahora son
denominados grandes empresarios, que llegaron a vender retazos de tela en el
mercado o a vender ropa interior como reconoció uno de ellos, en veinte o treinta
años tienen más dinero que familias que tienen empresas de 50 años de antigüedad.

Por eso es necesario recuperar la política como una ciencia social al servicio del
pueblo y no de reducidos grupos que controlan el poder, restablecer la moral pública
en todos los actos del Estado, la honestidad y la ética pública, caso contrario
seguiremos viendo como un reducido grupo tiene el control de todos los recursos
que le pertenecen a todos los hondureños y hondureñas.
PROBLEMAS MORALES EN
HONDURAS
LA UNPUNIDAD Y LA CORRUCUION

Hay una enfermedad global que afecta todo el mundo la cual se llama corrupción y
que desde década se entronizo en los países latinoamericanos, haciendo estragos
en Honduras. La causa es esta enfermedad radica en la ambición, acompañada del
tráfico de influencia, soborno y búsqueda del camino más fácil para lograr lo que
deseo.
Comenzó desde abajo, sobornando a empleados para que, alterando el tiempo de
un trámite, pues para poderlo agilizar, se recurrió a la llamada “mordida” o soborno.
Si alguien deseaba una partida de nacimiento, cuyo trámite normal duraba 7 días,
al pagar una “mordida” la obtenía el mismo día. De igual forma, para sacar una
licencia de conducir, pagando se obtenía la misma sin exámenes y etc.
Este espíritu de conseguir lo que deseo por caminos falsos invadió la política, el
comercio y las iglesias. El dinero se convirtió en el “dios” que todo lo compra, todo
lo manipula y todo lo puede. Lentamente el cáncer de la corrupción se volvió
metástasis, e invadió todas las áreas de la sociedad, gobierno, empresa, trabajador,
iglesias, agentes de orden, sistema judicial, educativo y, en fin, para que seguir
describiendo las áreas que abarco este mal. Esta corrupción destruyo la
“integridad” virtud que convierte al ser humano en una persona honesta. La Biblia
habla de la integridad como uno de los tesoros más grande que un ser humano
puede poseer, y dice Proverbio 19:1 “Mejor es el pobre que camina en integridad,
Que el de perversos labios y fatuo”. Es por esta razón que figuramos en la lista de
los países más corruptos, aunque parece haber una leve mejoría, porque otros nos
han superado, pero es una vergüenza el poseer tan nefasto testimonio.
El otro mal que nos coloca como un país corrupto, es la impunidad existente en el
sistema policial y judicial. De 100 crímenes apenas se resuelve el 8%, y los grandes
asesinatos, como el del querido amigo Alfredo Landaverde, que todavía, después de
un año, sigue en el mayor secreto. Tal parece que la vida no vale nada, porque, al
fin y al cabo, el sistema judicial e investigativo no funciona, ya que los criminales y
los corruptos andan suelto, y aunque se sabe quiénes son, nada se hace, porque el
poder del dinero y la corrupción acuerpan la impunidad.
La desunión de los sistemas de seguridad y justicia, más las leyes proteccionistas
que tenemos, son las bases para que funcione este fenómeno del crimen organizado
y la corrupción. En los centros penales está la sede que planifica el sicariato, la
extorción y el chantaje. Los presos tienen celulares, e introducen armas como nada,
y no es algo nuevo, viene de ya tiempo, y sigue de mal en peor.

Muchos jueces y abogados son asesinados, amenazados e intimidados cuando


tienen que proceder contra magnates del crimen, y bajo esta condición ¿Quién
estaría dispuesto a jugarse la vida para hacer justicia en un país dominado por el
crimen y el sicariato? ¿Qué periodista se atrevería a denunciar la corrupción y la
impunidad, sabiendo que muchos compañeros al hacerlo perdieron la vida?

Estos dos males, corrupción e impunidad son el azote actual de la sociedad moderna,
presa del materialismo brutal. Pero yo hago la pregunta ¿Cuál de los dos males es
más grave? Lógicamente uno da paso al otro. Al haber impunidad, o sea, que los
delincuentes andan sueltos, la corrupción se vuelve endémica. Es decir, que no hay
temor a violentar la ley, porque sabemos que con dinero se compra todo, y la justicia
no funciona como es debido. Así que la existencia de la impunidad abre paso a la
corrupción en sus múltiples facetas. Porque si los corruptos andan sueltos, y el poder
del temor a una muerte segura envuelve a los denunciantes ¿Qué podemos esperar?
Además, jueces y abogados de la justicia no funcionan, porque viven víctima del
miedo, o el mal se convierte en estilo de vida, en donde con el poder del dinero se
compra todo y se encubre lo malo.

POBREZA Y LA INSEGURIDAD

La historia de Honduras está marcada por diferentes actos de corrupción que han
marcado la vida de las hondureñas y hondureños de tal manera que el resultado
más inmediato, es que millones vivimos en la pobreza, mientras un reducido grupo
vive entre la ostentación y el derroche de lo robado.
Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
“Panorama Social de América Latina 2014” indica que Honduras es el segundo país
con mayores índices de pobreza del continente.
El primer acto de corrupción que recoge la historia, es la famosa contratación de un
préstamo con los ingleses, para la construcción de un ferrocarril interoceánico por
un monto de 27 mil Libras Esterlinas que nunca llegaron a ingresar siquiera a las
arcas del Estado, gobernado por el dictador José María Medina.
Desde entonces, han sucedido diferentes actos de corrupción tan vergonzosos que,
sin embargo, cada vez que ocurre uno nuevo no deja de sorprendernos, por la
creatividad de los corruptos y por la impunidad histórica con que se ha cometido
cada robo al erario público. Los historiadores no terminan de escribir un hecho,
cuando aparece uno nuevo que supera al anterior.
Una de las principales características de la corrupción y los corruptos es la impunidad
absoluta con que han actuado históricamente en el país, a pesar que investigaciones
realizadas por terceros países han demostrado en los tribunales la existencia de los
mismos.
Un ejemplo de ello es que cuando estalló el escándalo del bananagate, el gobierno
norteamericano investigó el soborno y el presidente de Chiquita, Eli M. Black, cayó
del piso 44 de un edificio en Manhattan, en un aparente suicidio. En Honduras no
pasó nada, a pesar que según medios norteamericanos, se comprobó que se había
pagado un soborno a los altos funcionarios de la administración de Oswaldo López
Arellano, los supuestos responsables han escalado los más grandes puestos dentro
de la gremial empresarial.
Uno de los últimos episodios investigado por autoridades norteamericanas es el caso
de un soborno en la Estatal empresa de telecomunicaciones Hondutel, donde el
gobierno de EEUU hizo lo suyo, en Honduras, la Fiscalía General del Estado nunca
dio a conocer de quien se trataba el testigo B y la impunidad se mantiene en el caso.
Es bien claro que la falta de moral pública, se ha visto reflejada, tanto en quienes
han ostentado el poder político como el económico, los grandes empresarios de este
país, con rarísimas excepciones, han sido cómplices y responsables de grandes
atracos al erario público, prueba de ello es que los acusados de corrupción son
acogidos en el seno de los grupos empresariales, sin ningún tipo de reparo.
Esa corrupción histórica de la clase dominante, sumada a la impunidad generalizada
sobre este tipo de hechos, terminó siendo impuesta y aceptada como una sub cultura
que se impregnó en casi toda la población, donde el ladrón que roba al pueblo “le
entiende al trámite”, una especie de halago a los delincuentes, mientras las personas
honradas son vistas de menos.
En esa exaltación de los corruptos se puede ver a los grandes ladrones de este país
ocupando las portadas de las más glamorosas revistas de sociales, disfrutando del
dinero robado como si se tratase de señores o señoras honorables, incluso algunos
son consultados sobre moral y ética pública.
Para lograr la impunidad en el país los corruptos han estado íntimamente ligados al
poder político y económico del país a través del Partido Nacional y el Partido Liberal.
Los últimos escándalos de corrupción el Instituto Hondureño de Seguridad Social
IHSS y la Secretaría de Salud, muestran esa conexión entre grandes empresarios, el
Congreso Nacional y sectores políticos influyentes, no es casualidad que el robo al
Seguro fue originado en un decreto del soberano Congreso Nacional.
Es como un secreto a voces que, en Honduras quienes han acumulado grandes
cantidades de dinero, lo han hecho mediante la utilización de las “habilidades
inmorales” a través de actos de corrupción que tienen un matiz de legalidad, pero
que son inmorales completamente.
Es difícil obtener una explicación razonable, de cómo algunos de los que ahora son
denominados grandes empresarios, que llegaron a vender retazos de tela en el
mercado o a vender ropa interior como reconoció uno de ellos, en veinte o treinta
años tienen más dinero que familias que tienen empresas de 50 años de antigüedad.
Por eso es necesario recuperar la política como una ciencia social al servicio del
pueblo y no de reducidos grupos que controlan el poder, restablecer la moral pública
en todos los actos del Estado, la honestidad y la ética pública, caso contrario
seguiremos viendo como un reducido grupo tiene el control de todos los recursos
que le pertenecen a todos los hondureños y hondureñas.
CONCLUSIONES
• No se puede seguir buscando responsables de la violencia, más bien asumir
compromisos sobre que podemos aportar para minimizarla. Incentivar el amor entre los
semejantes y no el odio. Fomentar el amor a la patria y a la familia. La familia es la base
de la sociedad.

• La religión también es parte fundamental de la sociedad, el ser humano debe mantener


creencias religiosas y sentir temor al castigo moral.

• Incentivar no solo en los colegios sino en los foros sociales valores tales como la amistad,
cooperación, justicia, equidad, confianza y tolerancia. Que estos valores sean tomados
en cuenta como premisa del trabajo en equipo de las comunidades.
RECOMENDACIONES
• Mejorar los procedimientos de elegibilidad establecidos para los beneficiarios
de los bonos privilegiando a los hogares más necesitados de ayuda externa
por insuficiencia de ingresos o por características materiales de las viviendas.
• Privilegiar la figura femenina como receptora directa de fondos de asistencia
social, pero también de inversión productiva de corto, mediano y largo plazo.
• Enfatizamos que la carencia más onerosa de resolver es el de vivienda
inadecuada.
• Necesitamos resolver el hacinamiento y el aprovisionamiento de servicios
básicos, agua potable y servicios sanitarios.
BIBLIOGRAFIA
• https://www.monografias.com/trabajos-pdf5/crisis-valores-sociedad-
actual/crisis-valores-sociedad-actual.shtml#introducca
• https://www.elheraldo.hn/otrassecciones/nuestrasrevistas/626900-
373/filosofia-practica-para-la-crisis-de-valores-en-honduras
• https://es.scribd.com/document/54220921/Honduras-Sistema-Politico-
Valores-y-Etica
• http://hondurasenlucha.blogspot.com/2010/06/algunos-problemas-que-
plantea-la-etica.html