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TÍTULO DEL ENSAYO: ¿DEBERÍA SER LEGAL EL ABORTO?

AUTOR: Chacón Zelada, Steeven Sergio


ESTUDIANTE: UNC
Es una de las cuestiones que fomenta más discusión al respecto, e inicia una serie de
argumentaciones ya sea en contra, o en todo caso, a favor; pero, el problema principal
radica en que esta cuestión es capaz de dividir masas, es decir, que no existe un grupo
minoritario que defienda una postura, sino, que ambas posturas se encuentran
defendidas por sectores considerables de la población.

Esta discusión genera tanta controversia, por lo que conlleva aceptar una de las dos
posturas como válidas, ya que, tienen efectos que se pueden ver plasmados en la
realidad social, y a su vez, pueden generar el descontento de un gran sector de la
población, teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado.

Y todo esto, ¿por qué?, es una de las grandes dudas que se plantean todos aquellos que
inician a sumergirse en este tema; el origen de la discusión generalmente está
relacionado con los derechos de la mujer, además, agregar a esto que también existe una
discusión relacionada con el momento preciso en el que se puede considerar el origen de
la vida humana, lo que deriva en más cuestiones cómo aquella que va dirigida hacia los
motivos por los cuales debería considerarse o no, como humano a este ser.

Estas discusiones pueden ser planteadas desde dos perspectivas diferentes, aquella que
se muestra a favor del aborto, denominada por los que la respaldan como proaborto, y la
contra postura que en este caso sería nombrada como provida; cabe aclarar que, existen
cuestionamientos también relacionados con el término provida, y que señalan que
debería ser denominado, en todo caso, como antiaborto.

Nosotros en esta discusión nos centraremos en demostrar porque no debería


despenalizarse el aborto, más allá de las discusiones si es correcta o no esta práctica, es
decir, principalmente defenderemos el derecho a la vida, esto quiere decir que no
seremos distantes con el derecho a la vida de la madre ni tampoco del nasciturus, sino
que defenderemos ante todo este derecho; se contraargumentará a su vez, todos aquellos
argumentos que desvaloricen la vida del nasciturus, aclarar que estos argumentos
generalmente son usados por la postura proaborto.
Existen distintos puntos en los que pueden llegar a ser vulnerables los argumentos a
favor de la despenalización del aborto, considerando que su prohibición atenta contra la
intimidad, la libertad personal, la vida y el libre desarrollo de la personalidad de la
mujer, criterios que deben ser tenidos en cuenta, pero que están mal orientados por
bastantes integrantes de aquel grupo que respalda esta postura; usando como uno de sus
argumentos en defensa de todos esos derechos que consideran pueden ser posiblemente
vulnerados, el que se puede resumir en la lamentable premisa “una mujer puede hacer
con su cuerpo lo que desee”.

Si nosotros extrapolamos esta premisa a cualquier escenario posible, excepto a este,


podríamos decir que no carece de razón, sin embargo; en este caso en específico implica
ideas relacionadas con al nasciturus como “pars ventris”, lo cual, por obvias razones, es
del todo falso, no podemos referirnos a este ser como una parte más del cuerpo de una
mujer, solo por el hecho de que esta sea una vida dependiente.

Todo lo anteriormente mencionado sirve para nosotros poder argumentar en contra de


aquella idea que considera al nasciturus como “pars ventris”, debido al hecho de que si
bien, es una vida dependiente, esto no significa que sea una parte más del organismo de
la mujer, en cambio, es todo lo contrario, podríamos decir que es un ser que aún está en
proceso de adquirir una independencia; la cual no le debe ser negada debido al respaldo
que este posee por efectos de la omnipresencia del Derecho en la vida del hombre.

Con lo que mencionado podemos decir que el argumento en el que se basan aquellos
que defienden el aborto considerando que el nasciturus forma parte del cuerpo de la
madre, y sus propuestas de términos como el “derecho al propio cuerpo” para referirse
a tal idea, se encuentran inundados por un mar de errores, entre los cuales el sentido de
la defensa de la postura proaborto está mal orientado.

Antes de pasar al siguiente punto, es necesario señalar que existe una confusión en la
idea de usar como argumento a favor de la defensa del aborto el hecho de que este no
constituye un homicidio, y más aún existe quien respalda esta idea, el punto al que
queremos llegar con lo erróneo de este pensamiento es que, en ningún momento
nosotros podemos referirnos al aborto como un homicidio, ya que, el homicidio es un
delito totalmente distinto, que se puede definir como el darle fin a una vida
independiente y el aborto es, por más redundante que suene, el acabar con una vida
dependiente.
Nosotros en ningún momento estamos tratando al nasciturus como algo más de lo que
es, ni dándole la categoría de vida independiente, la cual por efectos prácticos de la
realidad, se podría decir que tiene un bien jurídico tutelado con distinto valor, el cual
puede llegar a ser o es superior; ya que, podemos considerar al nasciturus como un
“spes vitae” y a la vida independiente como una ya concretada; para resumir toda esta
idea podemos decir que el aborto es un delito distinto al homicidio, no es un tipo de
homicidio.

Ahora bien, el siguiente argumento utilizado a favor de la despenalización del aborto


vendría a ser el de considerar al nasciturus como no humano, lo cual no podría ser del
todo incorrecto si es que nos referimos a un humano como una vida independiente, en
este caso la premisa lleva sin duda alguna razón de sobra, sin embargo, al parecer el
contenido que se le da a la premisa aborda un punto de vista totalmente distinto, es
decir, no se refiere al nasciturus como un ser no humano desde la perspectiva de su
existencia como vida dependiente, sino, que lo llega a considerar como un montón de
células e incluso a compararlo con un tumor benigno, nótese la ironía; en otras palabras
se refiere al nasciturus como una masa de tejido sin más, la cual entonces, no tendría
derecho a la vida.

Esto es sin duda algo totalmente inconcebible, hasta qué punto se puede llegar a
desvalorizar una vida para priorizar la de dos, que acaso el Derecho no busca la justicia
antes que el bien común, porque si nosotros pensamos hacer prevalecer los derechos de
la mayoría a los de un grupo minoritario, es decir, la vida de dos puede ser calificada
como más valiosa que la vida de uno, lo que se está buscando es el bien común, no un
equilibrio entre los derechos que le corresponden a cada uno, el derecho de uno solo
puede ser limitado por el derecho de otro; pero en este caso el derecho de dos
prevalecería al de uno, y esto significa que ese límite se vería superado por la mayoría,
lo cual no podría ser catalogado como un argumento válido para la defensa del aborto.

Nuestro ordenamiento jurídico establece como el inicio de la vida el momento de la


fecundación, es decir, con la penetración del espermatozoide al óvulo, lo cual implica
que el uso de las pastillas del día siguiente, la T de cobre, entre otros, son métodos
abortivos, sin embargo, no hay una pena por su uso, esto significaría totalmente un error
en nuestro ordenamiento, lo cual en esta ocasión debemos ignorar para no argumentar
de manera errónea, y en todo caso, sería mejor tomar en cuenta la teoría de la anidación;
esta establece que la vida se inicia a partir de la anidación del óvulo fecundado en la
parte interior del útero materno, nos basamos en esta teoría debido a que la “spes vitae”
es mucho más palpable y por lo tanto podríamos asegurar que las pastillas del día
siguiente, la T de cobre, entre otros, entran en la categoría de métodos anticonceptivos y
no abortivos.

A partir de estas consideraciones, podríamos decir que el nasciturus va más allá de un


simple aglutinamiento de células, este posee vida, también, podemos decir que
representa la esperanza de una vida independiente, sin embargo, no va más allá de una
vida dependiente, y a su vez, cabe resaltar que nuestro ordenamiento tiene un acierto al
señalar que el no nacido debe ser considerado nacido para todo lo que le favorece, no
obstante, es necesario que el contenido haga referencia por no nacido al nasciturus
específicamente, agregar a esto, que esta distinción es necesaria ya que el cigoto recién
fecundado también puede ser considerado como no nacido, lo cual efectivamente es
respaldado por nuestro ordenamiento jurídico, y que implica errores lógicos en la
aplicación de una pena en el caso del uso de aquellos métodos dudosamente catalogados
como abortivos, por mencionar nuevamente un ejemplo, las pastillas del día siguiente.

Ahora, ¿por qué nosotros podríamos decir que esto conlleva a errores en la aplicación
de alguna pena?; si nosotros consideramos el inicio de la vida a partir de la fecundación,
esto implica que si la mujer en cuestión hace uso de la pastilla del día siguiente estaría
abortando, específicamente sería un autoaborto activo, esto significa que, la mujer fue
la que causó su propio aborto, y el autoaborto está sancionado por el artículo 114 del
código penal por “pena privativa de la libertad no mayor de dos años o con prestación
de servicio comunitario de cincuenta y dos a ciento cuatro jornadas” (Código Penal,
2019); es evidente que la aplicación de la pena en este caso sería casi imposible.

Después de señalar la controversia que existe al respecto, y para desvirtuar todo aquello
que se relaciona con la consideración del nasciturus como objeto, podemos decir que en
principio es posible establecer un punto a partir del cual se origina su vida, es decir, una
vida dependiente, además, al establecerse esto pasa a ser más que un objeto, en segundo
lugar, al decir que el nasciturus no es humano, recalcando nuevamente que por humano
no nos referimos a una vida independiente sino a aquello que caracteriza nuestra
especie, es posible argumentar que el nasciturus ya posee independencia genética y si
esto no es suficiente, agregar finalmente la siguiente pregunta ¿Qué probabilidad existe
de que una mujer engendre un ser no humano?, una vez planteada esta cuestión
podemos dejar de lado este punto usado por la postura proaborto y pasar al siguiente.
Existen diferentes tipos de aborto, jurídicamente hablando, como lo son el autoaborto, el
aborto consentido, el aborto no consentido, el aborto agravado por la calidad de agente,
el aborto no intencional, el aborto terapéutico, el aborto ético o sentimental y el aborto
eugenésico; pero entre todos ellos, aquellos sobre los cuales existe una gran discusión y
más aún, dilemas éticos son precisamente los dos últimos, debido a que se considera
injusta su penalización, sin embargo, esto se produce por la ignorancia que existe
alrededor del tema.

El aborto sentimental, en caso de violación, implica de alguna manera hacer que la


madre se desprenda de aquel suceso traumático, es decir, que no cargue con un
recordatorio del lamentable hecho, como sería el caso de un hijo producto de una
violación; sin embargo, esto también implica un dilema ético, ya que, es una decisión
que perjudicaría a ambas vidas; y en este caso ambos son inocentes y no tienen
responsabilidad; en especial la madre, que no tiene culpa alguna del embarazo, lo que
nos hace cuestionarnos si ella debería asumir la responsabilidad de ser madre, ya que,
podría darse el caso de una mujer que aún ni siquiera esté preparada para tal
responsabilidad, como lo sería una niña de trece años embarazada.

Igualmente sucede en el caso del aborto eugenésico, este se da cuando una mujer decide
abortar debido a que existe la posibilidad de que el nasciturus nasca con
malformaciones o algún tipo de enfermedad producto de desórdenes genéticos, esto
significaría negarle la oportunidad de vivir a un futuro ser humano por el hecho de que
no va a desenvolverse de la mejor manera en la sociedad, individualmente, o tal vez, por
el supuesto en el que la persona que nace con estas dificultades no se encontraría feliz
del todo; como resultado de esto, nos vemos envueltos en otro dilema moral, en este
caso la futura vida independiente tras el nacimiento no lo sería del todo ante un posible
escenario en el que los familiares sean el soporte a través del cual este ser humano tenga
que sujetarse para poder desenvolverse, lo que a su vez puede provocar una posible vida
infeliz o un martirio en vida.

En ambos casos, la mujer que decide abortar tiene un dilema moral, el cual implica no
solo decidir sobre su vida, sino también sobre la del nasciturus; en el primer caso es
complicado, debido a que, no existe en ella una responsabilidad de ser madre aún,
porque lo acontecido es ajeno a sus deseos; el segundo caso resulta ser más polémico,
decidir antes de poder comprobar si una persona puede llegar a ser feliz o no, es un acto
muy cuestionable, pero ¿qué es lo que dice nuestro ordenamiento jurídico al respecto?
En el código penal, específicamente en el artículo 120, se sanciona con una “pena
privativa de la libertad no mayor de tres meses” (Código Penal, 2019); sin embargo,
existen muchos cuestionamientos relacionados con su despenalización, sobre todo por el
inciso primero, el que regula los casos de aborto por violación, pero esto es debido a
que no se está tomando en cuenta la esencia verdadera de este artículo, es decir, la
verdadera intención del legislador; si bien, nuestro ordenamiento jurídico establece una
pena, esta no puede pasar los tres meses de duración, entonces, si nosotros tenemos en
cuenta que el proceso penal sumario tiene una duración de noventa días si incluimos el
plazo ampliatorio, y la prescripción ordinaria se corresponde con la pena, es decir, los
tres meses anteriormente mencionados, entonces no habría forma de sancionar; también
puede darse una prescripción extraordinaria, ya que, podemos tener en cuenta las
investigaciones pre jurisdiccionales en ese caso.

Al final de cuentas, la pena prescribiría y no se podría sancionar, por lo que la decisión


de abortar o no recaería en la madre; en este caso, los motivos por los que ella decida
abortar o no, son totalmente ajenos a nosotros y no son tema de discusión;
principalmente nos estamos centrando en si es posible o no la despenalización del
aborto, pero este significa una protección en el caso de que se alegara violación para
justificar un aborto, y exista un plazo, aunque sea mínimo, para investigar y sancionar si
es que se esté argumentando falsamente; además, esto de ninguna manera busca inhibir
a una víctima de violación a denunciar a quien la violentó, por el temor de ser
sancionada tras un aborto.

Otro de los argumentos a favor de la postura proaborto sería la despenalización del


aborto como solución para evitar el aborto clandestino y el riesgo que sufren las mujeres
con estas prácticas, este argumento se basa fundamentalmente en decir que, si bien el
aborto se encuentra penalizado esto no evita que las mujeres que desean abortar lo
hagan y por esa razón para evitar que ellas recurran a centros de dudosa confiabilidad
para abortar en condiciones sanitarias deplorables, es mejor despenalizar el aborto y así
ellas puedan acudir a clínicas u hospitales que pueden realizar estas prácticas de la
mejor manera posible.

En el caso de aquellos tipos de aborto, que no incluyen el aborto eugenésico y el


sentimental, podríamos decir que el hilo que los separa no favorece moralmente a
quienes están dispuestos a practicarlo en ningún sentido, pero la discusión que uno debe
abordar tiene que ir más allá de lo ético; ¿Por qué motivo despenalizar el aborto si es
claramente una vulneración al derecho a la vida?, acaso para evitar poner en riesgo las
vidas de las madres que decidieron voluntariamente formar parte de un aborto
clandestino, porque más allá de cualquier discusión sobre el riesgo que existe en cada
aborto clandestino, está la decisión de la mujer que quiso someterse, aclaro nuevamente,
de manera voluntaria a tal riesgo, porque en caso haya sido en contra de su voluntad, es
evidente que ella estaría exenta de toda culpabilidad; pero parte de la responsabilidad de
un aborto clandestino recae en quien voluntariamente elige esta opción.

Si nos remontamos más allá de lo que puede motivar un aborto clandestino, entonces,
podemos decir que aquello que generalmente origina un embarazo no deseado es la
irresponsabilidad o descuido de aquellos que cometieron el acto sexual, el Derecho no
se encarga de proteger las irresponsabilidades de los miembros de una sociedad, por lo
contrario, sanciona en caso estas lesionen los derechos de los demás; pero significa esto
que debemos quedarnos de brazos cruzados ante esta triste realidad, porque de todas
maneras se están cobrando vidas.

En cada aborto clandestino se puede perder la vida de la madre, la vida del nasciturus o
ambas; todo esto producto de hacer que recaiga la responsabilidad de estas vidas en la
función ex post del Derecho, y por qué no centrarnos también en las políticas de
prevención, es decir, la función ex ante del Derecho; el problema radica en la actuación
tardía, en la preferencia que se da a actuar después del suceso antes de evitarlo, los
números no mienten, acaso esto no significa que las políticas de prevención actuales no
están funcionando; es realmente lamentable saber que existen aquellos que prefieren
decidir entre hacer prevalecer el derecho de uno sobre otro antes que evitar verse
envuelto en ese escenario centrándose en la prevención.

Es conveniente realizar una observación acerca de la discusión que hemos abordado


sobre la despenalización del aborto, nuestra observación se centra en una idea que
sustenta que en el caso de no encontrarnos a favor del aborto, no lo hagamos, pero
tampoco debemos prohibírselo a alguien más; para dar cuenta del error que se comete al
expresarse de tal manera, tan solo basta un simple ejemplo; si uno está en contra de
delinquir, ya sea cometiendo hurto, asesinato, entre otros delitos, puede no practicarlos;
sin embargo, no puede prohibírselo a alguien más, este es el razonamiento que se
plantea extrapolado hacia otros escenarios donde también se están lesionando los
derechos de los demás, y por obvias razones, no sirve como argumento válido.
Antes de dar nuestras conclusiones con respecto al tema, también debe esclarecerse el
panorama en el que se le exige al legislador ponerse en el lugar de quien tiene que
decidir entre abortar o no, para esto es necesario señalar que, si bien el Derecho debe
inmiscuirse en la realidad social, no puede hacerlo de esa manera, ya que, por ejemplo,
en el caso de una violación a una menor de catorce años, la cadena perpetua es una pena
que debería aplicarse, sin embargo, para la familia de la agraviada o para la misma
agraviada, esta pena puede llegar a ser demasiado leve; estos emocionalmente se ven
afectados por el suceso y tal vez, exigirían la vida de aquel que cometió tan desdeñable
acto, y es posible que ni siquiera eso sacie sus ansias de justicia; por este motivo tal vez
es necesario que el legislador para dictar leyes necesariamente se encuentre como un
tercero frente al hecho, para así evitar la parcialidad y buscar de alguna manera dictar
leyes que regulen de manera justa la naturaleza caótica de la vida en sociedad, teniendo
en cuenta la imperfección inherente a una justicia humana.

Para concluir podríamos decir que el aborto sea cual sea su forma, atenta contra una
vida, que esta vida sea dependiente no significa que deje de serlo; como sabemos la vida
es un derecho fundamental, y defenderlo a toda costa debe ser nuestra prioridad y al
igual que otros derechos fundamentales, nuestro ordenamiento jurídico se encarga de
reconocerlo en nuestra constitución; si bien, existen casos excepcionales en los que la
responsabilidad de esa vida dependiente no recae en la progenitora, como lo es en el
caso de violación, generalmente el nasciturus es responsabilidad de los padres, ya que,
ellos fueron quienes producto de sus acciones se encargaron de procrear a un nuevo ser,
y deshacerse de él negándole el derecho a vivir es un acto totalmente injusto; y como
uno de los fines del derecho es la justicia, buscar su despenalización sería ir en contra de
este fin, es decir, en contra de la justicia.
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