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HORACIO CERUTTI GULDBERG

Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica


filosófica de nuestra América*

En memoria del amigo fraterno


e inolvidable José Severino Croatto
(1930-2004), maestro en erudición
fecundante para la transformación
de la historia en pro de una vida digna.

Transformados en “amautas” consignistas,


tanto en la función de las ideas como
en la de la práctica, son incapaces
de crear una hermenéutica que supere
el trasvasije de importación1.

Calla, mi buen mochacho Grabielito,


hasta el que no cree es creyente,
y el que cree que cree muchas veces no cree.
Ellos nomás no lo saben y no importa
si lo saben o no.
El que cuenta, el importante es
cómo se vive, no cómo si reza.
Rezo sólo es canal2.

¿Será factible, de modo pertinente y con argumentación rigurosa,


sobrellevar esa dura crítica que el intelectual chileno Ariel Peralta Pizarro

* Agradezco la gentil invitación de Pio Colonnello a participar de esta publicación.


Aunque resulte reiterativo, he señalado en cada caso a quién debo el acceso a los textos
citados, porque sin esa trama generosa de colegas amigas y amigos, sería imposible acceder
a esos aportes tan sugestivos citados. Durante la elaboración de este trabajo se produjo el
lamentable fallecimiento de la querida amiga y colega María Alicia Puente Lutteroth
(Licha), cuya memoria y compromiso nos seguirán acompañando.
1 A. PERALTA PIZARRO, El mito de Chile, Santiago, Bogavante, segunda edición ampliada

1999 [1ª edición 1971], p. 126. Agradezco a Alex Ibarra el acceso al texto.
2 M. BARAONA COCKERELL, Sak’umesh, San José, Germinal, Costa Rica 2010, p. 194.

Tomado del diálogo entre Gabriel y el viejo Culebra. Este último es quien habla y la
redacción refleja el intento del autor de recuperar el lenguaje coloquial en la zona maya
veracruzana. Agradezco a Miguel su texto.

Bollettino Filosofico 27 (2011-2012): 61-76 61


ISBN 978-88-548-6064-3
ISSN 1593-7178-00027
DOI 10.4399/97888548606435
62 Horacio Cerutti Guldberg

realizara justamente a la función “intelectual” tal como suele ser practicada


en la región, no sólo en Chile? Para ello, él mismo sugiere una vía, que
también conviene citar tal cual.

Pretender ser vanguardia, sin conocer el mínimo caudal de las


motivaciones esenciales, por muy alienadas que ellas estén, del pueblo a
que pertenece, es no sólo “arar en el mar” sino desconocer las leyes más
fundamentales de la humanidad y el mecanismo más profundo de la
Historia, entendida como un sistema forjador de ideas, pero en su espacio
temporal y en sus relaciones humanas indestructibles3.

En otras palabras, se trata de poner pie a tierra y no andar divagando en


las nubes. Tampoco refugiándose en generalizaciones supuestamente
universales, aplicables sin más a todo tiempo y lugar. Parece que siempre
es desde coyunturas, inmerso en ellas, que se filosofa y, sólo asumiendo
esta trama, se está en condiciones de aportar algo.
Si aceptamos que la hermenéutica bíblica ha tenido en esta
América nuestra un desarrollo muy creativo, jugando con los términos,
podríamos sugerir lo que intentamos en este artículo, cambiando el orden
de la expresión philosophia ancilla theologiae por theologia ancilla philosophiae.
No en un sentido peyorativo de hacer de la teología una “sierva” de la
filosofía, sino en cuanto al valioso servicio que la hermenéutica bíblica
puede aportar a la reflexión filosófica. E, incluso, detectando aspectos
convergentes durante múltiples intentos de escudriñar nuestros entornos y
procurar transformarlos en búsqueda de plenitud humana. Este juego
enfatiza ciertas idas y venidas, a sabiendas de que resulta prácticamente
imposible detectar orígenes “puros”, si queremos denominarlos así: sólo
filosóficos o sólo teológicos. Más bien, se advierte una larga serie de
dimensiones disciplinarias siempre en contactos, convergencias,
divergencias, complementación, derivaciones, traslapes, confusiones,
asimilaciones, etc.
Una muestra reciente, muy fecunda, muestra la convergencia, diríamos
ineludible, con el análisis social4. Quizá el punto neurálgico a recuperar
aquí de las valiosas reflexiones de ese trabajo, es el que refiere la necesidad

3Ivi, p. 127.
4J. HERNÁNDEZ PICO, “¿Qué aporta la espiritualidad cristiana o la reflexión teológica
al análisis social?”, ECA Estudios Centroamericanos (San Salvador, El Salvador, Universidad
Centroamericana “José Simeón Cañas”), 726 (2011), pp. 381-402.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 63

de “organizar la esperanza” junto a la solidaridad. Y es que «La solidaridad


y la esperanza son hermanas gemelas. Las dos hacen posible la construcción
del reino de la tierra para que venga a nosotros el Reino de Dios»5.
Al mismo tiempo, debemos evitar cuidadosamente entrar en visiones
caricaturescas y deformantes de estos aportes regionales a la reflexión
mundial, a la vez que no debemos eludir las comparaciones y relaciones
con otras dimensiones, como por ejemplo, la literaria. Traslapes
terminológicos, presuntuosos “universalismos”, adjudicaciones simplistas,
ninguneo del pasado de pensamiento inmediato son algunos de los riesgos
ante los cuales cabe precaverse6. Por supuesto, es inviable detenernos aquí
en consignar antecedentes7.
Tampoco entraremos en el examen de propuestas muy relevantes,
como la de la hermenéutica analógica impulsada por el colega y amigo
Mauricio Beuchot8 ni en la recuperación del cuestionamiento de la
hermenéutica inspirado en la obra de Spinoza por parte de Deleuze9.
Interesantes debates sobre dimensiones hermenéuticas y filosofía tampoco

5 Ivi, p. 401 y también p. 397.


6 Cfr. A. R. ROLDÁN y J. L. GÓMEZ-MARTÍNEZ (Coordinador), Teología y pensamiento
de la liberación en la Literatura Iberoamericana, Milenio, Madrid 1996. A estos aspectos me
referí en la “Introducción” de este volumen, para la cual gentilmente José Luis me
convocó.
7 Uno, bastante relegado de la reflexión actual, es T. PAINE, La edad de la razón. Una

investigación sobre la verdadera y fabulosa teología, CONACULTA, México 2003 [1ª edición
1990]. Un trabajo muy cuidadoso permite reconstruir la trayectoria de un protagonista
clave, cfr. O. VILLANUEVA MARTÍNEZ, Camilo: pensamiento y proyecto político, Universidad
Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá 2007. Agradezco al autor el acceso a su obra.
8 Cfr. una pequeña, pero sugerente, síntesis de su propuesta en M. BEUCHOT,

“Filosofía, hermenéutica y religión hoy” en O. WINGARTZ PLATA (Coordinador), Filosofía,


religión y sociedad en la globalización, Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro
2011, pp. 13-26. Agradezco a Oscar el acceso al volumen.
9 Cfr. G. DELEUZE, Spinoza: filosofía práctica, Fábula, Barcelona 2009 [1ª en Francia

1970], entre otros textos relevantes. Agradezco a Manuel Santos su interlocución y sus
sugerencias de lecturas al respecto. Conviene retener esta afirmación del Rabino Daniel
Goldman de la Comunidad Bet-El: «... el texto bíblico es una creación humana al servicio
de la política económica, social y espiritual de los que la crearon y sigue siendo un factor
de composición para los que la interpretamos y nos inspiramos en ella, porque es parte de
una cultura que llevamos encantadoramente a cuesta, sea cual fuere nuestra idea de Dios o
nuestra incredulidad» (“De Bonn a Buenos Aires” Debates: “Se puede ser demócrata y
religioso?”, Página 12, Buenos Aires, 19.01.2012). Para contextualizar la situación judía
resulta indispensable el trabajo del colega de la Universidad de Montreal, Yakov Rabkin,
Contra el Estado de Israel. Historia de la oposición judía al sionismo, trad. Irene Selser, Martínez
Roca, Buenos Aires 2008 [1ª ed. en francés 2004]. Agradezco a Irene el acceso al texto.
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podremos recuperarlos en detalle, aunque no podemos dejar de


referirlos10.
Esa es tarea para futuros esfuerzos. Ahora me interesa concentrarme en
ciertos aportes de la hermenéutica bíblica a la filosofía, a sabiendas de que
no podré abordar todo el inmenso debate sobre la “deformación paulina” y
la “mixtificación de Jesús”11.
Dejando de lado, entre otros, estos aspectos y, por supuesto, sin
minimizarlos de ninguna manera, porque su estudio acucioso es
indispensable, veamos cómo ubicar esta dimensión hermenéutica para
poder atisbar algunos de sus aportes nodales.
Sólo el tópico de cómo entender la hermenéutica requiere de una labor
de reconstrucción inmensa. Por lo menos, conviene retener aquí un modo
de abordarla relacionada con la tradición diltheyana tan relevante en su
momento para la región. Al privilegiar la dimensión gráfica, se arriba a un
nuevo nivel de comprensión

una comprensión técnica. Dilthey lo llama interpretación. “Denominamos


interpretación la comprensión técnica de la vida fijada por escrito”. Y es
aquí donde se encuentra la parte medular del proceso de la comprensión
para las ciencias del espíritu y donde entramos de lleno al campo de la
hermenéutica […] estos esfuerzos han intentado organizar las reglas
descubiertas en una preceptiva que nos guíe y ayude a la correcta
interpretación. Este esfuerzo ha recibido el nombre de hermenéutica. Así,
la hermenéutica “constituye la técnica de la interpretación de testimonios
escritos12.

10 Cf. J. MUÑOZ Y Á. M. FAERNA (editores), Caminos de la hermenéutica, Editorial

Biblioteca Nueva, Madrid 2006. Para antecedentes y fuentes cfr. M. VELÁZQUEZ MEJÍA,
Hermenéutica Exégesis: uso y tradición. Vol. I, Segunda parte, Prolegómenos, UAEM, Toluca
2007, también de Manuel resulta un aporte sugerente su Hermenéutica Filosofía Genealogía,
UAEM, Toluca 2002. Agradezco a Manuel sus trabajos.
11 Cfr. G. CAMPIONI, Nietzsche y el espíritu latino, traducción y prólogo de Sergio

Sánchez, El Cuenco de Plata, Buenos Aires 2004 (particularmente el capítulo II –


agradezco a Sergio al acceso a esta valiosa obra); G. PUENTE OJEA, La existencia histórica de
Jesús en las fuentes cristianas y su contexto judío, Siglo XXI, Salamanca 2008; M. ONFRAY,
Tratado de ateología. Física de la metafísica, Anagrama, Barcelona 2006 [1ª en francés 2005,
en castellano 2006].
12 H. C. ARRIETA VALDIVIA, “La comprensión en Dilthey”, en Inter Alia Hermenéutica.

Memorias del Seminario de Hermenéutica y Ciencias del Espíritu, ENEP-Acatlán (UNAM),


México 1995.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 65

Aquí la atención tiene que volverse a volcar sobre lo que aportan esos
escritos: contenido, forma, modalidades, supuestos, connotaciones,
referencias, lo dicho y lo no dicho. Lo cual conduce directamente a
dimensiones simbólicas y de sentido. Para lo cual, conviene recoger
algunos aspectos ya directamente relacionados con la hermenéutica bíblica.

El hombre es el animal capaz de simbolizar, y gracias a esa simbolización


encuentra un sentido en la realidad y en su propia vida. De ahí la
incongruencia de aquellos/as que pretenden desvalorizar lo simbólico por
temor a la alienación religiosa, o porque no quieren perderse en
construcciones puramente ideales. Se contrapone lo “real” a lo
“simbólico”, como si este último fuera pura ilusión. Pero este rechazo
(bastante frecuente en algunos sectores del mundo religioso
contemporáneo) ignora por completo lo que enseña cualquier
antropología: que el ser humano accede a su humanidad y existe en cuanto
tal por su facultad de distanciarse respecto de lo inmediato y de
representarlo simbólicamente13.

Si esto constituye al ser humano, aquí conviene traer a cuento también


la dimensión metafórica, tomando en consideración otra afirmación
decisiva de Levoratti: «Toda metáfora presupone de algún modo la
percepción intuitiva de una similitud entre cosas desemejantes»14.
Lo cual nos lleva de nuevo al símbolo y su definición, tal como lo
establece más delante de modo conciso y preciso a propósito de la cruz:
«El símbolo es y no es eso. De ahí que su formulación más apropiada sea el
dicho medieval: stat aliquid pro aliquo [“una cosa está en lugar de otra”]»15.
Finalmente, conviene no descuidar los ámbitos en que esta trama se
teje.
Y esto, porque «las cosas son elevadas a la dimensión simbólica por lo
que son y como lo son, pero la razón interpretativa es inseparable del
símbolo. Con mucha frecuencia, son el mito y la tradición religiosa los que
operan el nexo de simbolización»16.

13 A. J. LEVORATTI, “Metáforas y símbolos en el lenguaje de la Biblia”, en Búsquedas y

Señales. Estudios en Biblia, Teología, Historia y Ecumenismo, en homenaje a Ricardo Pietrantonio,


Lumen/ISEDET, Buenos Aires 2004, p. 117.
14 Ivi, p. 120.
15 Ivi, p. 126 y nota 13, cursivas en el original.
16 Ivi, p. 127.
66 Horacio Cerutti Guldberg

Los aportes de la Antropología de la Religión son también sugerentes


en este sentido y ayudan a relacionar dimensiones religiosas con
simbolismos y visiones del mundo, lo cual opera a la base de toda esfuerzo
de interpretación o búsqueda de sentido y lo hace posible. Elio Masferrer
ha señalado de modo sugerente:

Una consecuencia de la adopción de la categoría de sistema religioso es el


abandono de la noción de lealtad de los creyentes con la denominación
religiosa. Nuestra hipótesis plantea que la lealtad de los feligreses se debe
fundamentalmente a su modo de consumo de bienes simbólicos y que en la
medida que se produce un desfase del sistema con respecto a la
denominación de origen, los creyentes tienden a relacionarse con las
distintas denominaciones en la medida que les son útiles para configurar un
sistema religioso propio y en condiciones de operar. Desde esta
perspectiva, no reconocemos el concepto de deslealtad con las creencias
religiosas propias, sino que –por el contrario- la lealtad con su sistema de
visión del mundo lleva a los creyentes a retomar aquellos aspectos
pertinentes de las denominaciones religiosas para operar su sistema
religioso específico17.

Por cierto, demás está decir que aquí se juegan dimensiones fronterizas
entre laicismo y fideísmo (en los múltiples sentidos del término). Y Carlos
Mondragón se ha encargado de señalarlo con precisión:

La reproducción del espíritu laico no es cosa fácil. Y me atrevo a afirmar


que los distintos credos religiosos ortodoxos y sincréticos de la religiosidad
popular, están más presentes y juegan una función más importante en la
vida cotidiana de la población que cualquier ideología política o convicción
republicana. Es más fácil que el individuo común se autoconciba como
“creyente” que como “ciudadano”18.

O, también, las reflexiones agradecidas de Emmanuel Lévinas a


propósito de la solidaridad cuando la persecución nazi, recordando el caso
de Hanahh Arendt, quien contaba por radio lo que le había dicho al rabino

17 E. MASFERRER KAN, Religión, poder y cultura. Ensayos sobre la política y la diversidad de

creencias, Libros de la Araucaria, México 2009, p. 126. Agradezco a Elio el acceso a sus
trabajos.
18 C. MONDRAGÓN, “El laicismo y las minorías religiosas”, en VV. AA., El Estado laico

una conquista histórica, Instituto Nacional de Formación Política del PRD, México 2009,
pp. 30-31. Agradezco a Carlos el acceso a este volumen.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 67

que le enseñaba religión: «… “he perdido la fe”. Y el rabino le contestó:


¿Quién te la pide? La respuesta es típica. Aquello que importa no es la fe
sino el “obrar” […] ¿Con qué creemos? ¡Con todo el cuerpo! […] El
rabino quería decir: “Hacer el bien es creer”. Esta es mi conclusión»19.
Así termina su reflexión agradecida Emmanuel Levinas y nos deja una
compleja trama inescindible como tarea de fondo en esta reflexión. Lo cual
nos reconduce, a las palabras del personaje campesino maya, el
protagonista Culebra en la novela de Miguel Baraona, citadas como
epígrafe. ¿Sabiduría analfabeta o sumamente (sobre)vivida?
Tenemos que seguir adelante, a pesar de la sensación de no haber
avanzado un milímetro. Porque el acoso al asunto va dando lentamente sus
frutos, como espero se vea a continuación. Examinemos, entonces
sucintamente, algunas dimensiones particularmente sugerentes para esta
reflexión.
La compleja relación inmanencia / trascendencia se hizo más accesible
en la reflexión de Severino Croatto, cuando indicaba con toda precisión,
que le aparecía como “evidente”: «que “trascendencia” es un vocablo
simbólico; no implica que el Misterio esté “en otro lado”; es también
inmanente en el hombre, por cuanto se le manifiesta de alguna manera.
Aquí se divisa ya la importancia del lenguaje simbólico, matriz de todo
lenguaje religioso»20.
Un poco más adelante insistirá en otro detalle, también decisivo para
estas reflexiones: «Las imágenes y los símbolos pueden decir más que las
palabras»21.
Aunque siempre sin poder eludir el enredo de las palabras. Su
enmarañada trama. En todo caso, supongo, Severino no descartaba que el
Misterio pudiera estar en otro lado. Lo que quería resaltar era su
adherencia o pertenencia al ser humano en tanto manifestación inmanente.

19 E. LÉVINAS, Lévinas: Gracias cristianos, Inédito. La confesión vibrante del gran filósofo:

durante el nazismo la Iglesia nos ayudó a los hebreos, in Anatéllei se levanta (CEFyT,
Córdoba, Argentina), 18 (2007), p. 37. Marta Palacio en la Editorial, “Otros textos para
Emmanuel Levinas” aclara: «… sincera y emotiva confidencia […] publicada post-mortem
por el periódico italiano Avvenire en septiembre de 2000 en un artículo en que agradece a
las religiosas de San Vicente de Paul el haber escondido a su esposa y su hija durante la
persecución nazi. En este número de Anatéllei hemos recogido y traducido este texto
inédito que tiene el encanto de la sencilla cercanía coloquial» (p. 9).
20 J. S. CROATTO, Experiencia de lo sagrado y tradiciones religiosas. Estudio de fenomenología

de la religión, Verbo Divino/Guadalupe, Navarra 2002, p. 59.


21 Ivi, p. 201.
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Lo cual no resuelve el problema, pero lo reubica de un modo sugerente,


sin duda.
Esto conduce, inexorablemente, a un complejo e irrenunciable
discernir, para quienes tienen fe y, por tanto, asumen el Misterio. Los
riesgos son claros y los asume explícitamente Gilberto da Silva Gorgulho,
cuando señala:

Además, en el plano del análisis hermenéutico, hay que destacar el


progreso y la madurez del uso de las mediaciones sociales de análisis. La
comprensión de la realidad del “fetiche” en el dinamismo de la sociedad,
marcó un nuevo inicio para la reflexión. La teología tiene la tarea de
discernir entre el “fetiche” y el “Espíritu” […] y remitiendo a
Hinkelammert añadirá] La hermenéutica es un discernimiento de las armas
ideológicas de la muerte y una búsqueda de las fuerzas del Espíritu de la
vida (cfr. 1 Jn 4)22.

La salvación es visualizada de este modo como un proceso y no como


una acción puntual efectuada por un deux ex machina. La trama es más
compleja y sólo desde ese proceso es factible avanzar hacia modalidades de
plenitud humana. A propósito de la teología de género, lo ha mostrado con
mucha perspicacia Violeta Rocha, partiendo de su propia experiencia de
vida en un contexto machista y patriarcal, como son la mayoría de nuestras
sociedades. Ello la lleva a apreciar que: «El proceso hermenéutico es
también un proceso de aprender para desaprender»23.
Lo cual requiere, como ella misma lo señala, cuestionar la ‘autoridad’
impuesta del canon. Conviene retener sus términos: «Desde el momento
en que aceptamos una autoridad de la Biblia que va por encima de la vida,
la justicia y la auto-afirmación humana, estamos hablando de una palabra
que mata, de una palabra que no es palabra, pues la verdadera palabra
crea»24.
La palabra creadora no está dada, sino que es aprehendida en medio del
proceso histórico. Un proceso que exige enfrentar desafíos, como el de la

22 G. DA SILVA GORGULHO, “Hermenéutica bíblica”, en I. ELLACURÍA Y J. SOBRINO

(coordinadores), Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la teología de la liberación,


UCA, San Salvador-El Salvador 1993 [1ª 1991], p. 181.
23 V. ROCHA, “Género y Biblia. Una perspectiva latinoamericana”, en J.-J. TAMAYO Y

J. BOSCH (editores), Panorama de la Teología Latinoamericana, Verbo Divino, Estella-Navarra


2001, p. 503.
24 Ivi, p. 505, cursivas mías.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 69

teología de género. Y nuevamente reitera Violeta Rocha: «La principal


estrategia es la educativa. El proceso de desaprender y aprender es una
dinámica de nunca acabar»25.
Y este proceso de aprendizaje y desaprendizaje interminable exige
replantear múltiples dimensiones de dominación, subordinación,
invisibilización y ninguneo, finalmente, denigrantes para quienes son. El
énfasis lo coloca en aspectos: sexuales, genéricos, identitarios, eróticos,
familiares, hogareños, cotidianos. Es en el día a día que se juega el logro,
reconocimiento y respeto a la dignidad humana en este mundo y en esta
historia. Fuera de mundo e historia no hay salvación, aunque las retóricas al
respecto abrumen.
No hay forma de evadirse del proceso histórico, tampoco de
interpretar esa salvación como un hecho aislado. Cabe enfatizar el sujeto de
este proceso: un pueblo en éxodo. Por cierto, una noción de pueblo que
en ningún momento homogeniza a sus integrantes y que no elude, al
contrario, destaca el conflicto social. No es un detalle menor que Jorge
Pixley reconociera la relevancia provocativa de las reflexiones de Porfirio
Miranda en Marx y la Biblia de 1971. Al punto de afirmar: «Para nosotros
los protestantes este libro fue el detonante decisivo para la teología de la
liberación» y más adelante añadirá: «Con Miranda, Buber y Mendenhall
pude encontrar una lectura de la Biblia»26.
En su cuidadosa y pertinente relectura del Éxodo, Jorge procuró
responder a «…la línea de lectura que el pueblo latinoamericano nos está
abriendo». Una relectura cuestionadora, justamente por estas
movilizaciones, de los reduccionismos “nacionalistas” de la interpretación
de este texto. Lo expresaba con toda precisión:

En América Latina estamos acostumbrados a teorías revolucionarias anti-


religiosas, o cuando menos arreligiosas […] Los creyentes tenemos una
dificultad inversa para leer este texto a la vez religioso y revolucionario. La
arraigada tradición liberal de separar religión y política, hace muy difícil
para los creyentes percibir que el éxodo [sic] es el texto guía de un pueblo
en revolución. Al contrario de los teóricos revolucionarios, para nosotros
la acción de Dios en la historia del pueblo de Israel no presenta ningún
problema. Pero nos resulta difícil leer la experiencia de Israel como una

25 Ivi, p. 509.
26 J. PIXLEY, “Una vida sorprendida por la Gracia”, en J.-J. TAMAYO y J. BOSCH
(editores), Panorama de la Teología Latinoamericana, cit., p. 455.
70 Horacio Cerutti Guldberg

auténtica revolución, una gesta donde el pueblo tomó en sus propias


manos su destino histórico que le había sido arrebatado por los reyes.
Siguiendo la interpretación nacionalista de la redacción yavista, se nos
había enseñado a leer el éxodo como el rescate por Dios de su pueblo,
después de la aberración de un periodo transitorio de esclavitud. En esta
lectura la nacionalidad es anterior al éxodo, que no sirve más que para
restaurarla. Al ubicar la producción del relato del éxodo dentro de las
luchas de los campesinos israelitas por lograr y defender sus condiciones de
vida frente a los reyes de Canaán, le devolvemos el carácter revolucionario
a la lucha contra el Faraón […] Experiencias históricas como las luchas
populares en América Central nos están abriendo los ojos al éxodo como
el texto guía de la revolución de un pueblo campesino profundamente
religioso27.

La cita ha sido muy extensa, pero muestra con toda claridad la


dimensión socio política ineludible de ese pueblo en marcha hacia su
liberación y las características de una liberación enfrentando sin rodeos el
conflicto social, siempre y cuando se aborde el esfuerzo de leerlo crítica y
problematizadoramente.
Un último tópico al que conviene hacer referencia nos remite a la
dimensión trinitaria. No podemos entrar aquí en los detalles de cómo esa
dimensión ha sido interpretada como trama dialéctica por otros autores,
con las indispensables referencias a Karl Rahner, Ignacio Ellacuría y Carlos
Cirne-Lima, por mencionar algunos de los más relevantes. Tampoco
detenernos en el prolijo e indispensable examen de la perijóresis. Aquí
quiero llamar la atención sobre la tesis presentada en Frankfurt por
Antonio González en 1991, en la cual procuró recuperar la articulación
trinitaria operando siempre al interior del proceso histórico. Para ello
requirió de aportes filosóficos y de las ciencias sociales, como él mismo
señaló. «Dios es trascendente en las cosas, no trascendente a las cosas»28.
La trinidad es pensada comunitariamente y no previamente como
‘personas’ que después se unen y esto cuestiona también la noción

27J. PIXLEY, Éxodo, una lectura evangélica y popular, Casa Unida de Publicaciones,
México 1983, pp. 171-172. Así lo señalé oportunamente en mis comentarios a este texto
nodal, cfr. H. Cerutti Guldberg, "La dimensión utópica del Éxodo” en Presagio y tópica del
Descubrimiento (Ensayos de utopía IV), UNAM/Eón, México 1991, pp. 165-172. Le
agradezco por brindarme su texto y pedirme que lo comentara hace ya muchos años.
28 A. GONZÁLEZ, Trinidad y liberación. La teología trinitaria considerada desde la perspectiva

de la teología de la liberación, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, El


Salvador-San Salvador 1994, p. 57. Agradezco a David Gómez el acceso al texto.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 71

superficial de ‘sujeto’, para enfatizar la idea de agente plural realizador29.


Conviene retener algunas observaciones donde González deja sugerida su
línea argumental.

más que hablar en términos estáticos y duales de tres relaciones en Dios,


sería más adecuado decir, en términos dinámicos y más unitarios, que en la
Trinidad hay tres respectividades por haber tres personas que se
autoposeen entregándose absolutamente a las otras […] Dios se ha
manifestado también como Espíritu que resucita a Jesús y que continúa en
la historia del lado de los oprimidos y de todas las víctimas la obra de
deiformación hasta la consumación de los tiempos30.

En otro contexto, recuperó también esta dimensión trinitaria Pablo


Richard y retengo sus términos:

En esta situación caótica irrumpen desde lo más profundo del Pueblo de


Dios tres fuerzas positivas y trascendentales: la fuerza de la Solidaridad, de
la Palabra y del Espíritu. La raíz de estas fuerzas es la realidad misma de
Dios que es AGAPE (Amor, Misericordia, Justicia, Solidaridad), LOGOS
(Palabra de Dios) y PNEUMA (Espíritu o Poder de Dios). Agape, Logos y
Pneuma es la fuerza de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo actuando en
nuestra historia. La fuerza del Dios-Agape se vive en los movimientos de
solidaridad. La fuerza del Dios-Logos se vive en el movimiento bíblico. La
fuerza del Dios-Espíritu se vive en la multifacética y variada espiritualidad
liberadora. Estas tres fuerzas irrumpen desde la profundidad misma del
pueblo de Dios […] El movimiento solidario, bíblico y espiritual es un
solo movimiento: el movimiento liberador de Dios Uno y Trino en
nuestra historia31.

En fin, nos toca recuperar, finalmente, uno de los trabajos de


referencia ineludible para la comprensión de la Teología de la Liberación.
Presentado como tesis de Doctorado en Estudios Latinoamericanos en la
UNAM en 1978, el puertorriqueño Samuel Silva Gotay indicaba con toda

29 Cfr. Ivi, p. 171, nota 22.


30 Ivi, pp. 219-234.
31 P. RICHARD, “Hermenéutica: camino de encuentro con la Palabra de Dios (Diez

principios teóricos sobre la Lectura Comunitaria de la biblia)”, en G. HANSEN (editor), Los


caminos inexhauribles de la Palabra (Las relecturas creativas en la Biblia y de la Biblia). Homenaje de
colegas y discípulos a J. Severino Croatto en sus 70 años de vida, 40 de magisterio y 25 en el
ISEDET, Lumen / ISEDET, Buenos Aires 2000, p. 551.
72 Horacio Cerutti Guldberg

precisión el punto neurálgico que brinda la clave de esta reflexión. Sólo


recupero aquí unas líneas para dejar indicado cómo visualizaba en ese
momento el tópico.

La afirmación de la historia real como “única historia” y la historia como


única esfera de la realidad reconocida por la biblia lanzará la teología por
caminos no previstos por nadie y creará la posibilidad de un movimiento
ideológico capaz de acompañar y de justificar ideológicamente el modo de
producción socialista de la misma manera que la teología medieval
acompañó al feudalismo y de la misma manera que la teología protestante
acompañó al capitalismo liberal32.

En estas palabras y a pesar de identificar toda la producción teológica de


la liberación con el acompañamiento al socialismo, generalización muy
discutible y sobre la que se ha trabajado mucho posteriormente, lo decisivo
es la concepción de la historia, del proceso histórico como único y no
evadible. Este aspecto, en apariencia mínimo, resultó un disparador nodal
para la reflexión teológica y, sobre todo, para la hermenéutica bíblica.
¿Qué podríamos recuperar de este conciso y apretado recorrido
por algunas de las dimensiones nodales de la hermenéutica bíblica de la
liberación para nuestra reflexión filosófica? Saltan a la luz algunos aspectos
ineludibles. Dejando entre paréntesis – con todo respeto – nada menos
que la experiencia de la fe, resulta que las interpretaciones son construidas
desde disciplinas humanas donde la teología queda plenamente incluida. La
dimensión “ancilar” aparece como sumamente cuestionable, debido a que
la interpretación hace sus juegos asimilándose e, incluso, identificándose
con filosofía, teología, sociología, historiografía, antropología, psicología,
etc., según los casos. Con lo cual, no hay garantías ningunas de
interpretaciones presuntamente incuestionables. Siempre están las
dimensiones abiertas.

32S. SILVA GOTAY, El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y el Caribe.


Implicaciones de la teología de la liberación para la sociología de la religión, Cordillera/Sígueme,
Puerto Rico 1983 [1ª 1981], p. 96. Agradezco a Sammy el acceso a su texto. Una década
antes lo había puntualizado también Gustavo Gutiérrez en su texto decisivo para este
movimiento. Lo fundamental de este aspecto sería recuperado en una antología reciente
bajo el título “Una sola historia”, en G. GUTIÉRREZ, Textos esenciales. Acordarse de los pobres.
Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima 2003, pp. 210-211. Agradezco a Gustavo el
acceso a su texto.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 73

Como suele suceder, las reflexiones de Gustavo Gutiérrez ayudan a


completar facetas de este rompecabezas interminable. Al distinguir,
apoyándose en Gabriel Marcel, misterio de enigma y problema, lo
reconoce como no inefable, aunque no resulte fácil decirlo y comunicarlo.
Por ello: «La teología es un lenguaje. Intenta decir una palabra sobre esa
realidad misteriosa que los creyentes llamamos Dios. Es un logos sobre un
theos»33.
Ese lenguaje se traduce en la historia efectiva en lenguajes, con todas
sus dificultades de traspasar sus propias reglas y límites interpretativos.
Con todo, a Gustavo le parece a favor la diversidad de lenguas, a favor de
la dignidad humana, aunque dificulte en el paso a paso la interlocución
espontanea. ¿Será que nos fuerza al reconocimiento y al respeto mutuo,
mediante la referencia a reglas específicas en cada caso?
«En este telón de fondo [el “rechazo a la ficción de una comunidad humana
expresada en una lengua única”] la diversidad de lenguas, lejos de ser un
castigo para los pueblos dominados, es una protección de su libertad.
Impide que un poder despótico se imponga sin trabas»34.
No se trata, por tanto, de una mera visión instrumental o
instrumentalizadora del lenguaje, sino de vernos como seres de lenguaje,
donde las narrativas, la discursividad, el habla, el decir, la comunicación
resultan inherentes.

Debajo del vocablo logos empleado por Juan está el dabar hebreo, que
significa simultáneamente palabra y acontecimiento […] un
acontecimiento debe ser contado, dicho […] Se establece de este modo
una cadena narrativa, hecha a la par de memoria de sucesos pasados y de
factura de otros nuevos […] La narración incorpora dentro de ella al
oyente35.

Y, por si la evasión de lo histórico se hubiera filtrado por algún lado, no


queda más que re-volvernos, regresarnos a ella, de donde nunca podemos
salir. Por ello, se trata de abrir cauces nuevos en ese proceso
constituyente.

33 G. GUTIÉRREZ, “Lenguaje teológico, plenitud del silencio”, en ID., La densidad del


presente, Salamanca, Sígueme, 2003, p. 41.
34 Ivi, p. 57.
35 Ivi, pp. 64 y 67.
74 Horacio Cerutti Guldberg

«La teología es en verdad una hermenéutica de la esperanza» 36.


Y se llega así a un punto de culminación reflexivo y hasta normativo,
aunque sin pretensiones deterministas. Uno de los máximos sueños
diurnos, al que habrá que sumar, por cierto, otra dimensión en la que no
cabe abundar aquí: la resurrección de los cuerpos.
«Cada vez estamos más convencidos de que no es la muerte la última
palabra de la historia, sino la vida. Por eso la fiesta cristiana es siempre una
burla de la muerte: “Muerte, ¿dónde está tu victoria?”. Toda fiesta es una
pascua»37.
Lo cual nos devuelve a preocupaciones siempre presentes en esta
reflexión. ¿Cómo transformar de raíz esta realidad histórica intolerable?
Ignacio Ellacuría privilegió la dimensión revolucionaria sobre otras tareas
urgentes y dejó muy claro que no debe confundirse ni con reformismos, ni
con delegaciones de representatividad38. Otros autores añadirán elementos
para pensar la complejidad de las posiciones religiosas en medio de las
represiones, siempre con acento en lo político39.
Podríamos enfatizar lo que queda como saldo de este esfuerzo –
como juego lo referimos al comienzo- de relacionar filosofía y teología
para vislumbrar aportes de la hermenéutica bíblica al filosofar. Si
prescindimos – procedimentalmente – de la experiencia de la fe, no para
negarla o minusvalorarla, sino, reitero, por cuestiones metodológicas,
aparece con toda nitidez la identificación entre estos esfuerzos
interpretativos siempre en curso. Para decirlo de otro modo, es como si
resultara impracticable alejarse de la interpretación y, más bien, siempre se

36 Ivi, p. 67.
37 G. GUTIÉRREZ, “Juan de la Cruz desde América Latina”, en ID., La densidad del
presente, cit., p. 128.
38 Cfr. I. ELLACURÍA, “Utopía y profetismo”, en I. ELLACURÍA Y J. SOBRINO

(coordinadores), Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la teología de la liberación.


cit., p. 435.
39 Cfr. M. QUIROGA GISMONDI, “El pensamiento de la Iglesia Católica durante las

dictaduras militares (1964-1978)”, en D. CAJÍAS, M. CAJÍAS, C. JOHNSON E I. VILLEGAS


(compiladoras), Visiones de fin de siglo Bolivia y América Latina en el siglo XX, Coordinadora de
Historia / IFEA / Embajada de España en Bolivia, La Paz 2001, pp. 599-615; L. RUANO
RUANO, “La experiencia colectiva e individual en el estudio de la identidad de la Acción
Católica Mexicana”, en L. LOEZA REYES Y M. PATRICIA CASTAÑEDA SALGADO
(coordinadoras), Identidades: teorías y métodos para su análisis, CEIICH-UNAM, México
2011, pp. 87-106; Y. ÁLVAREZ, “La Revolución argentina y los inicios de la radicalización:
juventud universitaria y catolicismo posconciliar en Mendoza (1966-1973)”, Latinoamérica
(CIALC-UNAM), 51 (2010/2), pp. 85-108.
Aportes de la hermenéutica bíblica a la hermenéutica filosófica de nuestra América 75

está en un terreno interpretable, interpretado, por interpretar. El núcleo


central de estas ocupaciones y preocupaciones se ubica inevitablemente en
el proceso histórico. Allí estamos, allí somos, nosotros los constituimos y
es en esa trama donde pretendemos vivir en plenitud con toda la dignidad a
nosotros debida. Por lo tanto, aspiramos a cambiar y transformar todo
aquello que lo impida. Aquí no se puede eludir el paso heideggeriano del
círculo hermenéutico, donde del método se pasa a una dimensión
constituyente del ser humano; un ser hermenéutico. Con toda precisión se
lo ha señalado: «Surge una interrogante: ¿No es acaso la relación
perceptiva la primaria entre el hombre y los entes cosas?»40.
Lo cual nos coloca frente a la reiterada dificultad de esclarecer qué
significa precisamente percibir y sus relaciones con la conceptuación. Un
terreno en el cual se reabre la cuestión decisiva en nuestros tiempos del
poder de los medios de (‘des’) información para modelar percepciones o
producir un desangelado “analfabetismo medial”41.
Conviene concluir estas reflexiones abiertas recuperando las palabras de
Manuel Velázquez Mejía, cuando señalaba con toda precisión:

La hermenéutica alcanza su propia esencia sólo cuando se transforma de


disciplina que está al servicio de una tarea dogmática en disciplina que
reviste la función de órgano de la Historiografía […] Hermenéutica es
recuperación del significado por el sentido […] tocar las raíces que hacen
de la interpretación algo más que un mero instrumento gramatical-
filológico apto para escudriñar literalidades y textualidades, necesario,
sí, pero inacabado por la reducción técnica, práctica frecuente en la
búsqueda de sentido […] ¿no será que lo que llamamos a secas Historia
está fundada y configurada, explícita e implícitamente, y siempre y en
cada caso consciente o inconscientemente por un quehacer hermenéutico
cuyo ejercicio se constituye, se funda como valor y estructura
originantes de todo modelo histórico o historicidad interpretativa?42.-

40 W. NAVIA ROMERO, “Proyección en el siglo XXI de la hermenéutica del ser del


hombre, del ser y del lenguaje”, en L. TAPIA MEALLA (coordinador), Pluralismo
epistemológico, Muela del Diablo Editores, La Paz 2009, p. 155. Agradezco a Luis el acceso
al volumen.
41 Cfr. G. MICHEL, Una introducción a la Hermenéutica Arte de Espejos, Castellanos

Editores, México 1996, p. 47. Agradezco a Carlos Castellanos el acceso al texto.


42 M. VELÁZQUEZ MEJÍA, “Tres momentos de la hermenéutica” en ID., Hermenéutica,

Filosofía, Genealogía, cit., pp. 140-141, cursivas en el original.


76 Horacio Cerutti Guldberg

Abstract

One of the most creative areas in intellectual production in the region


has been the Biblical Hermeneutics, closely related to liberation theology,
though not as served as desirable. The purpose of this paper is to examine
some of these nodal contributions and consider their possible assimilation
of philosophical reflections for release. Dimensions as immanence or
historical significance, salvation as a process, people in exodus, Trinity
Convergence, among others, will be examined from a selection by
specifying criteria-it-works within the abundant available.