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¿Son los alimentos orgánicos repercutibles en la salud y

causantes de enfermedades crónicas?

Hoy en día, la comida orgánica se ha transformado en un tema relevante de


salud para todas aquellas personas que buscan un nuevo estilo de vida,
principalmente por la baja utilización de conservantes, colorantes, fertilizantes y
pesticidas.
Según el Environmental Working Group, los consumidores pueden reducir su
exposición a los pesticidas en 80%, pero la legítima interrogante es, ¿tendrán
algún beneficio producente?

La mayoría de la población piensa que los productos orgánicos “contienen


menos químicos”, “poseen menor cantidad de bacterias”, “reduce el riesgo
cancerígeno”, “son más saludables”, y por ende son mejores que los productos
convencionales. La única distinción en referencia a plaguicidas no se basa en la
utilización o no de éstos; ambos los usan.

En 2012, un grupo de científicos provenientes de la Universidad de Stanford


realizó estudios acerca de los alimentos orgánicos versus convencionales. El
análisis mostró un índice mayor de pesticidas en los alimentos convencionales,
sin embargo los cultivos orgánicos resultaron ser más bajos en proteína.

Asimismo hay que destacar que la producción orgánica utiliza técnicas muy
respetuosas con el medio ambiente. Un claro ejemplo es la no utilización de
maquinarias contaminantes para sembrar o recoger frutos.

Dado que sí existen beneficios al consumir alimentos orgánicos, la siguiente


incógnita es, ¿tendrán algún efecto nocivo en la salud de las personas?

Como antes mencionado, el hecho de producir alimentos orgánicos no quiere


decir la no utilización de plaguicidas. Existen numerosas empresas encargadas
de estandarizar la calidad de plaguicidas y de moderar su utilización. No
obstante, se encuentran plaguicidas bajo vigilancia debido a su alto riesgo para
la salud y el medio ambiente. Dentro de ellas, se detecta el “glifosato”,
considerado como potencial cancerígeno por la Organización Mundial de la
Salud (OMS).
Este producto químico elaborado para disminuir las malezas de ciertos cultivos
se ha asociado a considerables enfermedades, entre ellas, Alzheimer, alergias,
afecciones cardiovasculares y distintos tipos de cáncer.

Recientemente, una científica americana recalcó un dato relacionado a los


agrotóxicos: “Cada vez nacen más niños con autismo”.
Estudios científicos han demostrado numerosos efectos negativos del herbicida
glifosato como daños mitocondriales, muerte celular, interrupciones hormonales
y alteraciones endocrinas. Por otro lado, existen evidencias de que el glifosato
puede afectar zonas del cerebro, particularmente a las células nerviosas.
Algunos investigadores afirman y relacionan la presencia de este herbicida con
el espectro autista, déficit de atención, hipoxia, entre otras enfermedades
cerebrales.

Finalmente, considero que el herbicida glifosato debería estar estrictamente


prohibido por sus diversas repercusiones en la sociedad y en el medio ambiente.
En la actualidad, el glifosato es el herbicida más vendido del mundo, pero por
fortuna, incesantemente se unen organizaciones al movimiento anti-glifosato,
como ANSES (Agencia Francesa para la Seguridad Alimentaria, Ambiental y
Ocupacional).

En conclusión, pienso que es sumamente necesario la aplicación de principios


de prevención debido a la alta peligrosidad de este herbicida. Asimismo es
imprescindible crear estándares y medidas más rigurosas para evitar futuras
consecuencias negativas en nuestra sociedad.

Lucas Piero Escudero Ramírez