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FONDO
«CARDO COVAÄRUBIAS
E M I L I O Z O L A

PÁGINAS DE ORO
TRADUCCION

Centro Editorial P R E S ñ

SEGUNDA EDICIÓN

BARCELONA : , w ' .
' - - 0

CENTRO EDITORIAL PRESA


Tip- EL ANUARIO. Diputación, 344--F. GRANADA y C."
344 — DIPUTACIÓN — 344
(Obra computila con máquina» LINOTYPE;
..

ÍNDICE

Págs.

0 commiAs
fOWQO Prólogo 7

Carta á la juventud . n

¡ Y o acuso á . . . ! , carta á Félix Faure . . . . 23

Mis odios 53

De la moralidad en la literatura 61
C A P I L L A A L F O N 8 l « f
BIBLIOTECA UN1VFRSITABIA La democracia 115

BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
"ALFONSO REYES"
FONDO R1CARQO COVARRUBl^l
PROLiOGO

Al publicar en nuestros L i b r o s S e l e c t o s los tres


documentos más sensacionales del proceso Drey-
fus, creemos rendir un digno tributo á Emilio Zola,
de quien siempre fuimos admiradores.
Zola se nos revela como uno de los más gran-
des escritores del siglo pasado. Su obra es sólida,
indestructible, asombrosa: es la obra del porvenir,
la cual no conocemos bastante todavía para juz-
garla sin pasión: es menester que atraviese ese pe-
ríodo de gestación necesario á todo lo que en un
principio ha sido sometido á las más violentas
contrariedades: luego aparecerá, radiante, pura,
rebosando verdad, y sobresaliendo por encima de
todos los gustos y sistemas literarios.
Zola no nos ha legado sólo esos 50 volúmenes
que constituyen un precioso monumento á las le-
tras y en donde se difundió á raudales su ingenio
cultivando la Novela, la Crítica, el Teatro, la Po-
lítica... nos legó otra obra, tanto ó más valiosa;
la obra de defender á un ser inocente, obra admi-
rable, imponente. Zola, como es sabido, logró dis-
PÁGINAS

frutar de un bienestar que le permitía consagrar


en duda: son documentos imperecederos, intere-
su existencia á escribir libros con libertad é inde-
santes siempre, y que testifican la nunca bastante
pendencia de criterio. Pues bien, con objeto de
alabada labor del maestro. Por eso hemos creído
documentarse para terminar el segundo tomo de
conveniente reunir aquí la C a r t a á la Juventud,
sus T r e s Ciudades, en 1894 emprendió un viaje á
el célebre ¡ Y o acuso! y la Declaración ante el ju-
Roma, en tanto que en Francia se suscitaba la
rado, que son los más renombrados de aquella
cuestión Dreyfus. Zola, entregado á la tarea, no le
campaña y que bastan por sí solos para dar idea
quedaba tiempo de enterarse de los periódicos de
de la tan debatida cuestión Dreyfus.
su país. Solamente al regresar del campo en No-
viembre de 1897,^comenzó á fijarse en el proceso
Dreyfus., primero como escritor apasionado por
las muchas figuras y documentos en juego, que
le hacía concebir el plan de una novela, y luego
como hombre, que convencido de la inocencia "de
un semejante, no titubea en lanzarse ú la pelea,
emprendiendo desde aquel instante una campaña
que le acarreó muchos disgustos y sinsabores.
Desde luego publicó en L e F í g a r o tres artículos
valientes que cayeron como una bomba, lo cual le
cerró las puertas de los periódicos. Constante y
seguro de su opinión, Zola no se arredró, y por su
cuenta publicó en folleto la C a r t a á la juventud,
C a r t a á la F r a n c i a y la C a r t a al Presidente de la
República, que luego dió á L a A u r o r a cuyo perió-
dico le cedió sus columnas con independencia y
abnegación loables. En ese mismo periódico siguió
publicando los restantes artículos de su campaña
que después reunió en un volumen con el título de
L a verdad en marcha.

En todos esos documentos vibra el alma de un


escritor honrado y firmemente convencido de sus
ideas: son documentos aplastantes, saturados de
verdad que no hay medio de discutir ni de poner
C a r t a á la ¿ a l e n t a d

¿ A d ó n d e vais, j ó v e n e s ; adónde vais estudian-


tes, que corréis en grupos por las calles manifes-
tando vuestra cólera y vuestros entusiasmos, sin-
tiendo la imperiosa necesidad de d e s a h o g a r públi-
camente vuestras conciencias indignadas?
¿ V a i s á protestar contra algún abuso del poder?
¿ H a n ofendido el deseo ardiente de verdad .y •
equidad, que rebosa en vuestras almas jóvenes,
ignorantes aun de las combinaciones políticas y
de las infamias diarias de la vida?
¿ V a i s á deshacer algún entuerto social, á poner
la protesta de vuestra vibrante juventud en la
desigual balanza donde se pesa la suerte de los
felices y de los desventurados?
¿ V a i s á defender la tolerancia, la independen-
cia de la r a z a humana? ¿ V a i s á silbar algún secta-
rio de la inteligencia, de juicio estrecho, que habrá
querido arrastrar vuestros criterios claros á las
rancias y falsas creencias, pretendiendo demostrar
la bancarrota de la ciencia?
PÁGINAS D E O R O 13

¿ V a i s á proclamar, b a j o la ventana de algún tud de las escuelas, siempre se la v e r á indignarse


embustero escondido, vuestra fe invencible en el por la injusticia, estremecerse y amotinarse por
porvenir, en ese siglo p r ó x i m o que vosotros re- los humildes, los abandonados, y los perseguidos,
presentáis y que debe realizar la p a z del mundo y arremeter contra los feroces y los poderosos.
en nombre de la justicia y del amor? E s a juventud se ha manifestado en f a v o r de los
— ¡ N o , no! ¡ V a m o s á silbar á un hombre, á un pueblos oprimidos, abrazó el partido de Polonia,
anciano quien tras de una l a r g a v i d a de trabajo y el de Grecia, y ha defendido siempre á todos los
de lealtad, se le antoja q u e puede impunemente que sufrían y a g o n i z a b a n , b a j o la brutalidad de
sostener una c a u s a g e n e r o s a , tratando de esclare-
una muchedumbre bárbara ó de un déspota. E n
cer los hechos y de reparar un error, escudándose
otros tiempos, cuando el B a r r i o Latino se insu-
en la propia honra de la patria f r a n c e s a '
rreccionaba, podía a s e g u r a r s e que ardía en él una
llama de juvenil justicia, que indiferente á las
componendas, s e g u í a con entusiasmo los impulsos
del corazón. ¡ Y qué espontaneidad la s u y a enton-
ces! ¡ Q u é torrente desbordado se precipitaba por
¡ A h í Y o lo he visto, cuando también era joven • las calles!
y o he visto ese Barrio L a t i n o poseído de las v a - Y a sé que el pretexto actual es también la patria
amenazada, la F r a n c i a entregada al e n e m i g o ven-
^ T r ^ 13 jUVentUd> e l a m o r á liber-
cedor por un g r u p o de traidores. Solamente me
tad, el odio á la f u e r z a brutal que aplasta los cere-
pregunto, ¿dónde-se encontrará la clara intuición
bros y oprime las almas. L o he visto b a j o el Impe-
de las cosas, la sensación instintiva de lo que es
n c , haciendo su valiente campaña de oposición,
verdad, de lo que es justo, sino en esas almas
injusta algunas veces, pero siempre con el deseó
jóvenes, en esos muchachos que nacen á la vida
de libre emancipación humana. Silbaba á los auto-
pública, y en los que nada debe aun obscurecer la
res que a g r a d a b a n á las T u l l e r í a s ; maltrataba á
razón sana y recta? Q u e los hombres políticos
los profesores c u y a s enseñanzas le parecían obscu-
corrompidos por los años de i n t r i g a ; que los pe-
^ C ° n t ~ m a l q u i é r a l e se m Í s L .
riodistas desequilibrados por los compromisos de
se partidario de las tinieblas y de la tiranía; y e n
su oficio, puedan aceptar las más impúdicas men-
l ocura
o c u r a ^ T, " - T 656 f ü e g ° S 3 g r a d 0 d e 13
tiras, cerrar los ojos á evidentes claridades, se ex-
de lcs veinte años> q u e t r a n s f o r m a

W a d e s las ilusiones, y q u e después aparece como plica, se comprende. P e r o ¿ e s posible que la ju-
el triunfo seguro de la Ciudad perfecta ventud se haya g a n g r e n a d o hasta tal punto que su
Y s . nos remontamos más alto en esta historia pureza y su candor natural, no se subleven y apa-
de pasiones nobles, q u e han sublevado la j u v e n ! rezcan de pronto en medio de inaceptables errores
aclamando de una v e z lo que es evidente, lo cjue
rra no comprará ciertas conciencias. E s preciso
es claro como la luz del mediodía?
l l e g a r á la realidad, que es la expansión natural,
N o h a y historia m á s sencilla. Un oficial ha sido
lenta, invencible, de todo error judicial. L a histo-
condenado y á nadie s e le ocurre sospechar de la
ria e s esa. U n error judicial lo impulsa t o d o ; y
buena fe de sus jueces. L e han condenado, según
algunos hombres de conciencia se sienten atraídos
su conciencia, y basándose en pruebas que han
y s u b y u g a d o s , consagrándose más y más obsti-
creído ciertas. P e r o l u e g o sucede que un hombre
nadamente y arriesgando su fortuna y su v i d a
ó muchos hombres dudan y a c a b a n por conven-
para conseguir que se h a g a justicia. H e aquí ex-
cerse de que uno de los documentos, el más im-
plicado lo que hoy p a s a ; el resto no es más que
portante, ó por lo menos el único en que los jueces
abominables pasiones políticas y religiosas, to-
se habían apoyado públicamente, h a sido falsa-
rrente desbordado de calumnias y de injurias.
mente atribuido al condenado, estando sin duda
¡ Q u é g r a n disculpa tendría la juventud si por
a l g u n a , escrito por otra mano. E s t o s hombres lo
un instante se obscureciesen en su cerebro las ideas
dicen y es denunciado el culpable por el hermano
de justicia y de humanidad! E n la sesión del 4 de
del prisionero, que cumple así un ineludible deber.
Diciembre, la C á m a r a francesa se cubrió de ver-
Y es por eso que forzosamente debe empezar un
g ü e n z a v o t a n d o una orden del día, en que se des-
nuevo proceso que ha de traer la revisión del pri-
honraba á los jefes de la campaña odiosa que turba
mero, si hay condena. ¿ N o es esto perfectamente
la conciencia pública. E s o lo d i g o muy alto para
claro, justo y razonable? ¿ D ó n d e podrá hallarse
los que en el porvenir me lean: semejante voto es
esa pretendida maquinación para salvar á un
indigno de nuestro generoso país, y aparecerá
traidor? Q u e hay traidor, nadie lo n i e g a ; lo justo
como una mancha imborrable. Los agitadores son
es que sea el culpable y n o un inocente quien ex-
los hombres de conciencia y de valor que, séguros
pié ese crimen. T r á t a s e , pues, de entregaros al
de que existe un error judicial, le han denunciado,
traidor verdadero.
para que la reparación s e h a g a , animados por la
¿ N o debía bastar un poco de buen sentido? ¿ A convicción patriótica de que una g r a n nación
qué móvil obedecen los hombres que desean la donde se tolera que un inocente agonice en medio
revisión del proceso D r e y f u s ? Descartad el imbécil de mil torturas, es una nación condenada. La
antisemitismo, cuya feroz monomanía v e en él campaña odiosa es el g r i t o de la verdad, el g r i t o
un complot de raza y el oro de los judíos esforzán- de justicia lanzado por esos h o m b r e s ; es la obsti-
dose en reemplazar uno de los suyos por un cris- nación que ponen en querer que delante de esos
tiano en la infamante cárcel. E s t o no tiene razón pueblos que la miran, la F r a n c i a s i g a siendo la
de s e r ; las inverosimilitudes y las imposibilidades Francia humana, la F r a n c i a que ha sabido hacer
caen las unas sobre las o t r a s ; todo el oro de la tie- libertad y que sabrá hacer justicia. E s t á visto: la
C á m a r a h a cometido un crimen, corrompiendo la
juventud de nuestras Escuelas, y de aquí que esa Europa. Procede de los tiempos heroicos de nues-
juventud e n g a ñ a d a , extraviada, se arrastre por tra F r a n c i a republicana, y me imagino que se pue-
nuestras calles, en manifestación como nunca se de considerar autor de una obra sólida y g r a n d e ,
había visto, contra todo lo que hay de m á s noble, arruinando para siempre el despotismo y conquis-
de más valiente y de más divino en el alma hu- tando la libertad, sobre todo esa libertad que y o
mana. concibo, la libertad humana, que permite á cada
conciencia afirmar su deber en medio de la tole-
rancia de otras opiniones.
¡ O h , sí! T o d o ha sido conquistado: pero todo
está por tierra una vez más. T o d o son r u i n a s ; rui-
nas en su a l m a ; ruinas por doquier. H a b e r sido
Después de la sesión del Senado se habló del
arrastrado por la necesidad de verdad es un cri-
derrumbamiento nacional, promovido por mon-
men ; haber querido la justicia es un crimen. E l es-
sieur Scheurer-Kestner. ¡ Infeliz! ¡ Buen derrum-
pantoso despotismo h a v u e l t o ; la más dura de las
bamiento tiene en su corazón y en su alma! M e fi-
mordazas está de nuevo sobre las bocas. Y no es
g u r o su a n g u s t i a , su tormento cuando veía hun-
el pie de un C é s a r lo que aplasta la conciencia
dirse á su alrededor todo lo que amaba de nuestra
pública, es toda una C á m a r a la que afrenta á los
República, todo lo que h a ayudado á conquistar
que sólo con la pasión de lo justo se inflaman.
para ella en el noble combate de su v i d a : la liber-
¡ Prohibición de hablar! L o s puños aplastan los la-
tad primero, después las varoniles virtudes de la
bios que defienden la v e r d a d ; se a g u i j o n e a á las
lealtad, de la franqueza y del valor cívico.
muchedumbres para que h a g a n enmudecer á los
M . Scheurer-Kestner es uno de los últimos su- aislados. N u n c a tan monstruosa opresión se ha
pervivientes de su fuerte generación. B a j o el Im- organizado para utilizarla contra la discusión li-
perio evidenció lo que es un pueblo, sumiso á la bre. Y el v e r g o n z o s o terror reina, los m á s valien-
autoridad de uno solo, y obligado á devorar su tes se vuelven cobardes, nadie osa decir una pala-
fiebre y su impaciencia con la boca amordazada bra de lo que piensa por miedo de ser denunciado
ante las denegaciones de la justicia. E l ha v i s t o como vendido al traidor. L o s pocos periódicos que
nuestros defectos, y con el corazón brotando san- han permanecido honrados se han humillado, y
g r e h a conocido las causas, todas debidas á la han concluido por enloquecer á sus lectores con ne-
ceguedad, á la imbecilidad despótica. L u e g o h a cias historias. N i n g ú n püeblo creo que haya atra-
sido de los que han trabajado m á s acertada y m á s vesado horas de más turbulencia, más encenaga-
ardientemente para levantar el país de sus escom- das y de m a y o r angustia por su razón y su d i g -
bros y devolverle el lugar que le correspondía en nidad.
p. • -. , .. .

\
a

En estas circunstancias, verdaderamente, toda


la lealtad y el p a s a d o de M . Scheurer-Kestner, se ligiosas no quieren oir nada, y la juventud de
ha venido abajo. Si todavía cree en la bondad y nuestras escuelas da al mundo el espectáculo de
en la equidad de los hombres, posee un sólido op- silbar á M . Scheurer-Kestner, llamándole traidor
timismo. S e le a r r a s t r a diariamente, hace tres se- y vendido, diciendo que insulta al ejército y que
manas, por el lodo, por haber supeditado los ho- compromete á la patria!
nores y la alegría de su vejez al espíritu de justi-
cia. N o hay angustia m á s dolorosa que la de este
hombre, que sufre el martirio por su honor. En él
asesinan la fe del porvenir, se envenena su espe-
ranza, y si muere, dirá: «Todo acabó, no h a y nada Sé muy bien qu» a l g u n o s jóvenes manifestantes
m á s ; todo lo bueno que he hecho se va c o n m i g o , no representan toda la juventud, y que un cente-
la virtud es sólo una palabra, el mundo es n e g r o nar de alborotadores en la calle hace más ruido
y vacío». que diez mil estudiosos trabajadores encerrados
en sus casas. P e r o de todcs modos, esos cien albo-
¡ Y para abofetear en él al patriotismo, se ha
rotadores sobran, porque semejante movimiento
elegido á este hombre, que es en nuestras asam-
por pequeño que sea es un triste, sin toma para el
bleas el último representante de la AIsacia-Lore-
Barrio Latino.
na! ¡ E l , un vendido, un traidor, un insultador del
¡ Por lo visto existen jóvenes antisemitas! ¡ H a y
ejército, cuyo nombre debiera bastar para desva-
cerebros nuevos, almas nuevas que este imbécil
necer las más sombrías inquietudes! Sin duda tuvo
veneno tiene desequilibrados! ¡ Q u é tris'teza, qué
la debilidad de creer que s u cualidad de alsaciano,
inquietud para el siglo x x que v a á empezar!
su .renombre de patriota ardiente, sería suficiente
Cien años después de la declaración de los Dere-
g a r a n t í a de su buena fe en el delicado papel de
chos del hombre, cien años después de este acto
justiciero. D e su intervención en el asunto, ¿ n o
supremo de tolerancia y de emancipación, volve-
parecía deducirse la necesidad de que todo acaba-
mos á las luchas religiosas, el más odioso y estú-
se pronto, para el bien del ejército y de la patria?
pido de todos los fanatismos. Y menos mal que
P e r o no: dejad al proceso que se arrastre unas
esto suceda en ciertos hombres que desempeñan
semanas más, tratad de esconder la verdad, de
un papel, que tienen una actitud y una ambi-
rehusar la justicia y veréis como nos habéis' en-
ción v o r a z que s a t i s f a c e r ; pero ¡ entre los jóvenes,
t r e g a d o á las burlas de toda Europa, como habéis
entre los que nacen y se desarrollan llevando en
puesto la F r a n c i a en el último r a n g o de las na-
su alma el g e r m e n de todos los derechos y de
ciones.
todas las libertades que nosotros habíamos soñado
I N o ; no! j L a s estúpidas pasiones políticas y re- ver resplandecer en el próximo siglo! ¡ V o s o t r o s
los obreros esperados, declarándoos antisemitas! continúas nuestra obra y que realizas nuestros
¡ V o s o t r o s en quien cifrábamos nuestras mejores ensueños.
esperanzas comenzáis el siglo exterminando todos ¡ J u v e n t u d ! ¡Juventud! Acuérdate de los sufri-
los judíos porque son conciudadanos y enemigos mientos de tus padres en las terribles batallas
de otra raza y de otra f e ! Buen principio para la donde supieron vencer para conquistar la libertad
Ciudad de nuestros sueños, ¡ la ciudad de la igual- que tú disfrutas ahora. Si te sientes independien-
dad y de la fraternidad! Si tal es el destino de la te, si puedes ir y venir á tu g u s t o , decir en la
juventud, será cosa de llorar, y de n e g a r toda es- prensa lo que piensas, tener una opinión y expre-
peranza y toda felicidad humana. sarla públicámente; es porque tus padres han da-
¡ O h juventud, juventud! Piensa en la g r a n obra do para ello su inteligencia y su sangre. T ú no has
que te espera, y o te lo s u p l i c o ; tú eres el obrero nacido b a j o la tiranía; tú ignoras lo que es des-
futuro que has de echar los cimientos del s i g l o pertar cada mañana con el pie de un tirano sobre
próximo, que sin. duda viene llamado á resolver el p e c h o ; tú no te h a s batido para escapar al sable
los problemas de verdad y de igualdad planteados del dictador y á las falsas razones de un mal juez.
por el siglo que a c a b a ; nosotros, los viejos, los A g r a d é c e l o á tus padres, y no cometas el crimen
mayores te dejamos el formidable montón de nues- de aclamar la mentira, ayudando la campaña de la
fuerza brutal, la intolerancia de los fanáticos y la
tras investigaciones, muchas contradicciones y
voracidad de los ambiciosos. A l fin de ese camino
obscuridades tal vez, pero seguramente el esfuerzo
hallarías la dictadura.
más apasionado que siglo alguno ha hecho hacia
la v e r d a d ; los documentos m á s verídicos y el más ¡ Juventud, juventud! Inclínate siempre hacia la
sólido fundamento de este v a s t o edificio de la cien- justicia. Si la idea de justicia se obscurece en ti,
c i a que tú debes seguir edificando p a r a tu honor y te amenazarán todos los peligros. Y no te hablo
de la justicia de nuestros códigos, que no es más
p a r a tu felicidad. Sólo te pedimos que seas m á s
que la g a r a n t í a de los lazos sociales. Ciertamente
g e n e r o s a , m á s libre de espíritu, que nos sobrepu-
hay que respetarla, pero hay una más alta idea
jes por tu amor á la v i d a normalmente vivida, por
de justicia: la que sienta por principio que todo
tu esfuerzo, puesto por entero en el trabajo, en
fallo de los hombres puede hallarse sujeto á error,
esta fecundidad de los hombres y de la tierra q u e
y admite la inocencia posible de un condenado,
sabrá hacer crecer al fin, la desbordante cosecha
sin creer que por esto s e insulta á los jueces. ¿ N o
de alegrías b a j o el sol radiante. Nosotros te cede-
es este un asunto que debe sublevar tu ardiente
remos fraternalmente el sitio, felices de desapare-
pasión de derecho? ¿ Q u i é n se levantará para exi-
cer, y descansar de nuestra parte de labor cum-
g i r que se h a g a justicia, sino tú que no estás en
plida, en el reposo de la muerte, si sabemos que tú nuestras luchas de intereses y de personas, que no
22

estás aun atada ni comprometida por ningún ne-


g o c i o a m b i g u o , que puedes hablar alto, con toda
pureza y buena fe?
¡ J u v e n t u d , juventud! S é ' h u m a n a , sé generosa.
Aunque nos equivoquemos, ven con nosotros pues-
to que decimos que un ¡nocente sufre una pena
horrible y puesto q u e nuestro corazón sublevado iVO ñCUSO...!
se parte de a n g u s t i a . Admite por un momento el
error posible y , al considerar tan desmesurado
C A R T A Á M. FÉLIX FAURE
c a s t i g o el corazón se te oprimirá y las lágrimas
brotarán en tus ojos. ¡ Bueno que los carceleros Presidente de la República Francesa
permanezcan impasibles, pero tú, tú, que todavía
lloras y que debes ser accesible á t o d a s las mise-
rias, á todas las piedades! ¿ C ó m o no te atrae ese
ideal caballeresco? Si en cualquier parte hay un Señor: ¿ M e permitís que, agradecido por la
mártir sucumbiendo b a j o el odio, ¿ c ó m o no sue- bondadosa acogida que me dispensasteis, me pre-
ñas en defender su causa y libertarle? ¿ Q u i é n , si ocupe de vuestra gloria y os d i g a que vuestra es-
no tú acometerá tan sublime aventura, se lanzará trella, tan feliz hasta hoy, está amenazada por
en una causa peligrosa y grande, y hará frente á la más v e r g o n z o s a é imborrable mancha?
un pueblo en nombre de la ideal justicia? ¿ Y no te Habéis salido sano y salvo de b a j a s calumnias,
sientes a v e r g o n z a d a , en fin, de que sean tus ma- habéis conquistado los corazones. Aparecisteis ra-
y o r e s , los ancianos, los q u e se apasionen y h a g a n diante en la apoteosis de la fiesta patriótica que,
hoy tu obra, esa obra, de radiante generosidad? para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os
preparáis á presidir el solemne triunfo de nuestra
Exposición Universal, que coronará este g r a n si-
g l o de trabajo, de verdad y de libertad. ¡ Pero qué
mancha de cieno sobre nuestro n o m b r e — i b a á
— ¿ A d ó n d e vais, j ó v e n e s ; adónde v a i s estu- decir sobre vuestro reino—puede imprimir ese abo-
diantes que corréis las calles en manifestación, minable proceso D r e y f u s ! Por lo pronto un Con-
lanzando en medio de nuestras discordias la bra- sejo de g u e r r a se atreve á absolver á Ester-
vura y esperanza de vuestros veinte años? hazy, bofetada suprema á toda verdad, á toda
justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa
— V a m o s á la humanidad, á la verdad y á la
mancha y la historia consignará que semejante
justicia.
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estás aun atada ni comprometida por ningún ne-


g o c i o a m b i g u o , que puedes hablar alto, con toda
pureza y buena fe?
¡ J u v e n t u d , juventud! S é ' h u m a n a , sé generosa.
Aunque nos equivoquemos, ven con nosotros pues-
to que decimos que un ¡nocente sufre una pena
horrible y puesto q u e nuestro corazón sublevado iVO ñCUSO...!
se parte de a n g u s t i a . Admite por un momento el
error posible y , al considerar tan desmesurado
C A R T A Á M. FÉLIX FAURE
c a s t i g o el corazón se te oprimirá y las lágrimas
brotarán en tus ojos. ¡ Bueno que los carceleros Presidente de la República Francesa
permanezcan impasibles, pero tú, tú, que todavía
lloras y que debes ser accesible á t o d a s las mise-
rias, á todas las piedades! ¿ C ó m o no te atrae ese
ideal caballeresco? Si en cualquier parte hay un Señor: ¿ M e permitís que, agradecido por la
mártir sucumbiendo b a j o el odio, ¿ c ó m o no sue- bondadosa acogida que me dispensasteis, me pre-
ñas en defender su causa y libertarle? ¿ Q u i é n , si ocupe de vuestra gloria y os d i g a que vuestra es-
no tú acometerá tan sublime aventura, se lanzará trella, tan feliz hasta hoy, está amenazada por
en una causa peligrosa y grande, y hará frente á la más v e r g o n z o s a é imborrable mancha?
un pueblo en nombre de la ideal justicia? ¿ Y no te Habéis salido sano y salvo de b a j a s calumnias,
sientes a v e r g o n z a d a , en fin, de que sean tus ma- habéis conquistado los corazones. Aparecisteis ra-
y o r e s , los ancianos, los q u e se apasionen y h a g a n diante en la apoteosis de la fiesta patriótica que,
hoy tu obra, esa obra, de radiante generosidad? para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os
preparáis á presidir el solemne triunfo de nuestra
Exposición Universal, que coronará este g r a n si-
g l o de trabajo, de verdad y de libertad. ¡ Pero qué
mancha de cieno sobre nuestro n o m b r e — i b a á
— ¿ A d ó n d e vais, j ó v e n e s ; adónde v a i s estu- decir sobre vuestro reino—puede imprimir ese abo-
diantes que corréis las calles en manifestación, minable proceso D r e y f u s ! Por lo pronto un Con-
lanzando en medio de nuestras discordias la bra- sejo de g u e r r a se atreve á absolver á Ester-
vura y esperanza de vuestros veinte años? hazy, bofetada suprema á toda verdad, á toda
justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa
— V a m o s á la humanidad, á la verdad y á la
mancha y la historia consignará que semejante
justicia.
crimen social se cometió al amparo de vuestra
presidencia. de observarle en una habitación revestida de espe-
Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré j o s ; es á él á quien nos presenta el comandante
Prometo decir la verdad y la diré si antes no lo Forzineti, armado de una linterna sorda, pre-
h a c e el tribunal con toda claridad. E s mi deber: tendiendo hacerse conducir junto al acusado que
no quiero ser cómplice. T o d a s las noches me des- dormía para proyectar sobre su rostro un brusco
velaría el espectro del ¡nocente q u e expía á lo chorro de luz y sorprender su crimen en su an-
lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha g u s t i o s o despertar. Y no hay para qué lo diga y o
cometido. todo: busquen y encontrarán cuanto h a g a falta.
Y o declaro sencillamente que cL comandante Paty
Por eso me dirijo á v o s g r i t a n d o la verdad con
de C l a m , e n c a r g a d o de instruir el proceso Drey-
toda la fuerza -de mi rebelión de hombre honrado.
fus y considerado en su misión judicial, es en el
E s t o y convencido de que ignoráis lo que ocurre.
orden de fechas y responsabilidades el primer
¿ Y á quién denunciar las infamias de esa turba
culpable del espantoso error judicial que se ha
malhechora de verdaderos culpables sino al pri-
cometido.
mer magistrado del país?
La nota sospechosa estaba y a desde algún tiem-
po antes, entre las manos del coronel Sandherr,
jefe del N e g o c i a d o de informaciones, que murió
poco después de una parálisis general. H u b o fu-
gas, desaparecieron papeles (como siguen desapa-
Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la
reciendo aún), y el autor de la nota sospechosa
condenación de D r e y f u s .
era buscado cuando se afirmó a pñori que no po-
Un hombre nefasto ha conducido la trama- el día ser más que un oficial del E s t a d o M a y o r , y
coronel P a t y de C l a m , entonces comandante Él precisamente del cuerpo de Artillería; doble error
representa por sí solo el asunto D r e y f u s ; no se manifiesto q u e prueba el espíritu superficial con
le conocerá bien hasta que una investigación leal que se estudió la nota sospechosa, puesto que un
determine claramente sus actos y sus responsabi- detenido examen demuestra que no podía tratarse
lidades. Aparece como un espíritu borroso, compli- más que de un oficial de infantería.
cado, lleno de intrigas novelescas, complaciéndose
Se procedió á un minucioso r e g i s t r o ; examiná-
con recursos de folletín, papeles robados, c a r t a s
ronse las e s c r i t u r a s ; aquello era como un asurrfo
anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos,
de familia y se buscaba al traidor en las mismás
mujeres enmascaradas que facilitan en la sombra
oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. D e s d e que
pruebas abrumadoras. Él imaginó lo de dictarle á
una sospecha ligera recayó sobre D r e y f u s , apare-
D r e y f u s la nota sospechosa; él concibió la idea
ce el comandante P a t y de C l a m , que se esfuerza
en confundirle y en hacerle declarar á su antojo.
denegación de justicia, que afecta profundamente
Aparecen también el ministro de la Guerra, el
á nuestra Francia. Quisiera hacer palpable como
general Mercier, c u y a inteligencia debe ser muy
pudo ser posible el error judicial, como nació de
mediana, el jefe de E s t a d o M a y o r , general Bois-
las maquinaciones del comandante Paty de Clam
deffre que habrá cedido á su pasión clerical, y el
y como los generales Mercier, Boisdeffre y Gonse,
general Gonse, cuya conciencia elástica pudo aco-
sorprendidos al principio, han ido comprometien-
modarse á muchas cosas P e r o en el fondo de todo
do poco á poco su responsabilidad en este error,
esto no hay más que el comandante P a t y de C l a m ,
que más tarde impusieron como una verdad santa,
que á todos los m a n e j a y hasta los hipnotiza por-
una verdad indiscutible. Desde luego sólo hubo
que se ocupa también de ciencias ocultas, y con-
de su parte incuria y t o r p e z a ; cuando más cedie-
v e r s a con los espíritus. Parecen inverosímiles las
ron á las pasiones religiosas del medio y á prejui-
pruebas á que se ha sometido al desdichado D r e y -
cios de sus investiduras. ¡ Y v a y a n siguiendo las
fus, los lazos á que se h a querido hacerle caer,
torpezas!
las investigaciones desatinadas, las combinaciones
monstruosas... ¡ Q u é denuncia tan cruel! C u a n d o aparece D r e y f u s ante el C o n s e j o de g u e -
rra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor
¡ A h ! por lo que respecta á esa primera parte, es
hubiese abierto las fronteras al enemigo para con-
una pesadilla insufrible, para quien está al co-
ducir al emperador de Alemania hasta Nuestra
rriente de sus detalles verdaderos. E l comandante
P a t y de C l a m prende á D r e y f u s y lo incomunica. Señora de París, no se hubieran t o m a d o mayores
Corre después en busca de la señora D r e y f u s y la precauciones de silencio y misterio. S e murmuran
infunde terror, previniéhdola que si habla, su es- hechos terribles, traiciones monstruosas y , natu-
poso está perdido. E n t r e tanto el desdichado se ralmente, la Nación s e inclina llena de estupor, no
arranca la carne y proclama con alaridos su ino- halla c a s t i g o bastante severo, aplaudirá la d e g r a -
cencia, mientras la instrucción del proceso se hace dación pública, g o z a r á viendo al culpable sobre
como en una crónica del siglo x v , en el misterio, su roca de infamia devorado por los remordimien-
con una terrible complicación de expedientes, todo tos... ¿ L u e g o es verdad de que existen c o s a s in-
b a s a d o en una sospecha infantil, en la nota sos- decibles, dañinas, capaces de revolver toda Euro-
pechosa, imbécil, que no era solamente una trai- pa y q u e ha sido preciso para evitar grandes des-
ción v u l g a r , era también un estúpido engaño, por-
dichas enterrar en el m a y o r secreto? ¡ N o ! D e t r á s
que los famosos secretos vendidos, eran tan inúti-
de tanto misterio sólo se hallan las imaginaciones
les que apenas tenían valor. Si y o insisto es
románticas y dementes del comandante Paty de
porque v e o en esto el g e r m e n de donde saldrá
Clam. T o d o esto no tiene otro objeto que ocultar
más adelante el verdadero crimen, la espantosa
la más inverosímil novela folletinesca. Para ase-
PÁGINAS DE ORO
gurarse, basta estudiar atentamente el acta de
acusación leída ante el C o n s e j o de g u e r r a . naturalmente á absolver al reo, y desde entonces,
con obstinación desesperada, para justificar la
¡ AH! ¡ Cuánta vaciedad! Parece mentira que con
condena, se afirma la existencia de un documento
semejante acta, pudiese ser condenado un hombre.
secreto, a b r u m a d o r ; el documento que no se pue-
, D u d o que las gentes honradas puedan leerla sin
de publicar, que lo justifica todo y ante el cual to-
que su alma se llene de indignación y sin que
dos debemos inclinarnos: ¡ e l Dios invisible é in-
asome á sus labios un g r i t o de rebeldía, imagi-
cognoscible! E s e documento no e x i s t e ; lo niego
nando la expiación desmesurada que sufre la
con todas mis fuerzas. ¡ Un documento ridículo,
víctima en la isla del Diablo. D r e y f u s conoce v a -
s í ; tal v e z el documento en que se habla de mujer-
n a s l e n g u a s ; crimen. E n su casa no se hallan pa-
cillas y de un señor D . . . que se hace muy exigen-
peles comprometedores; crimen. A l g u n a s veces vi-
te, algún marido, sin duda, que j u z g a b a poco re-
sita su país n a t a l ; crimen. E s laborioso, tiene ansia
tribuidas las complacencias de su mujer! P e r o un
de s a b e r ; crimen. Si no se t u r b a ; crimen. Si se
documento que interese á la defensa nacional, que
t u r b a ; crimen. T o d o crimen, siempre crimen...
no puede hacerse público sin que la g u e r r a se de-
¡ V las ingenuidades de redacción, las formales
clare inmediatamente, ¡ n o , no! E s una mentira,
aserciones en el v a c í o ! N o s habían hablado de
tanto más odiosa y cínica, cuanto que se lanza im-
catorce acusaciones y no aparece más que una:
punemente sin que nadie pueda combatirla. L o s
la nota sospechosa. E s m á s : a v e r i g u a m o s que los
que la fabricaron, conmueven el espíritu francés
peritos no están de acuerdo y q u e uno de ellos,
y se ocultan detrás de su legítima e m o c i ó n ; hacen
M. Gobert, f u é atropellado militarmente porque
enmudecer las bocas angustiando los corazones y
se permitía opinar contra lo que se deseaba. H a -
pervirtiendo las almas. ¡ N o conozco en la historia
blábase también de veintitrés oficiales, cuyos tes-
un crimen cívico de tal magnitud!
timonios pesarían contra D r e y f u s . Desconocemos
aun sus interrogatorios, pero lo cierto es que no H e aquí, señor Presidente, los hechos que de-
todos le acusaron, habiendo que añadir, además, muestran cómo pudo cometerse un error judicial.
que los veintitrés oficiales pertenecían á las ofici- Y las pruebas morales, como la posición social de
nas del ministerio de la Guerra. S e las arreglan D r e y f u s , su fortuna, su continuo clamor de ino-
entre ellos como si fuese un proceso de familia, cencia, la falta de motivos justificados, acaban de
fijaos bien en ello: el E s t a d o M a y o r lo hizo, lo ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias
j u z g ó y acaba de j u z g a r l o s e g u n d a vez. maquinaciones del comandante P a t y de C l a m , del
medio clerical en que se movía, y del odio á los
Así, pues, sólo quedaba la nota sospechosa acer- puercos judíos que deshonran nuestra época.
ca de la cual los peritos no estuvieron de acuerdo.
Se dice que, en el Consejo, los jueces iban y a ,
PÁGINAS

Y llegamos al asunto Esterhazy. H a n pasado


D r e y f u s ; y el Estado M a y o r á ningún precio que-
tres años y muchas conciencias permanecen tur-
ría desautorizarse.
badas profundamente, se inquietan, buscan, y aca-
Debió haber un momento psicológico de angus-
ban por convencerse de la inocencia de D r e y f u s .
tia suprema entre todos los que intervinieron en
N o historiaré las primeras dudas y la final con- el a s u n t o ; pero es preciso notar que, habiendo lle-
vicción de M. Scheurer-Kestner. P e r o mientras : g a d o al ministerio el general Billot, después de la
él rebuscaba por su parte, acontecían hechos de : sentencia dictada c o n t i a D r e y f u s , no estaba com-
importancia en el E s t a d o M a y o r . Murió el coronel prometido en el error y podía esclarecer la verdad
Sandherr y sucedióle como jefe del N e g o c i a d o de sin desmentirse. P e r o no se atrevió temiendo aca-
informaciones-, el teniente coronel P i c q u a r t , quien so el juicio de la opinión pública y la responsabi-
por esta c a u s a , en el ejercicio de sus funciones, lidad en que habían incurrido los generales Bois-
t u v o un día ocasión de ver una carta telegrama deffre y Gonse y todo el E s t a d o Mayor, f u é un
dirigida al comandante E s t c r h a z y por un agente combate librado entre su conciencia de hombre y
de una potencia extranjera. E r a su deber abrir lo que él suponía el buen nombre militar. P e r o
una información, y no lo hizo sin consultar sus luego, acabó por comprometerse, y desde enton-
dudas con sus jefes, el g e n e r a l Gonse y el general ces, echando sobre sí los crímenes de los otros, se
Boisdeffre y luego con el general Billot, que había hace tan culpable como ellos; es más culpable
sucedido al general Mercier en el ministerio de la aun, porque fué árbitro de la justicia y no fué
Guerra. E l f a m o s o expediente Picquart, de que justo. ¡Comprended esto! H a c e un año que los
tanto se ha hablado, no fué más que el expediente generales Billot, Boisdeffre y Gonse, conociendo
Billot, es decir, el expediente instruido por un la inocencia de D r e y f u s , g u a r d a n para sí esta es-
•subordinado cumpliendo las órdenes del ministro, pantosa verdad. ¡ Y duermen tranquilos, y tienen
expediente que debe existir aún en el ministerio mujer é hijos que los aman!
de la Guerra. L a s investigacione duraron de M a y o
El coronel Picquart había cumplido sus deberes
á Septiembre de 1896, y es preciso decir bien alto
de hombre honrado. Insistió cerca de sus jefes, en
que el general Gonse estaba convencido de la
nombre de la justicia, suplicándoles, diciéndoles
culpabilidad de E s t e r h a z y y que los generales
que sus tardanzas eran inconvenientes ante la
Boisdeffre y Billot, no ponían en duda que la cé-
terrible tormenta q u e se Ies venía encima, para
lebre nota sospechosa fuera de E s t e r h a z y . E l in-
estallar, en cuanto la verdad se descubriera. Mon-
forme del teniente coronel Picquart había condu-
sieur Scheurer-Kestner rogó también al general
cido á esta prueba cierta. P e r o el sobresalto de
Billot que por patriotismo activara el asunto an-
todos era grande porque la condena de Esterhazy
tes de que se convirtiera en desastre nacional.
obligaba inevitablemente á la revisión del proceso
¡ N o ! el crimen estaba cometido y el E s t a d o M a y o r
no podia ser culpable de ello. P o r eso, el teniente revisión del proceso era el desquiciamiento de su
coronel Picquart fué nombrado para una comisión novela folletinesca, tan e x t r a v a g a n t e como trági-
que le apartaba del ministerio, y poco á poco fue-
1 ca, cuyo espantoso desenlace se realiza en la Isla
ron alejándole h a s t a el ejército expedicionario de del Diablo. Y esto no podía consentirlo. A s í co-
mienza el duelo entre el teniente coronel Picquart,
A f r i c a , donde quisieron honrar un día su bravura,
á cara descubierta, y el teniente coronel P a t y de
encargándole una misión que le hubiera costado
Clam enmascarado. Pronto se hallarán los dos
la v i d a en los mismos p a r a j e s donde el marqués
ante la justicia civil. E n el fondo no hay más que
de Morés encontró la muerte. P e r o no había caído
una cosa: el E s t a d o M a y o r defendiéndose y evi-
aún en d e s g r a c i a ; el general Gonse mantenía con
tando confesar su crimen, cuya abominación au-
él una correspondencia muy amistosa. Su desdicha
menta de hora en hora.
era conocer un secreto de los que n o debieran co-
Se ha preguntado con estupor cuáles eran los
nocerse jamás.
protectores del comandante E s t e r h a z y . D e s d e lue-
E n P a r í s la verdad se abría camino, y sabemos
go, en la sombra, el teniente coronel Paty de
y a de qué modo la tormenta estalló. M . Mathieu
Clam, que h a imaginado y conducido todas las
D r e y f u s denunció a l comandante Esterhazy como
maquinaciones, descubriendo su presencia en los
verdadero autor de la nota sospechosa; mientras
procedimientos descabellados. Después los gene-
M . Scheurer-Kestner depositaba entre las manos
rales Boisdeffre, G o m e y Billot, obligados á de-
del guarda-sellos una solicitud pidiendo la revi-
fender al comandante, puesto que no pueden con-
sión del proceso. D e s d e este punto el comandante
sentir que se pruebe la inocencia de D r e y f u s ,
Esterhazy entra en juego. T e s t i m o n i o s autoriza-
cuando este acto había de lanzár forzosamente
dos le muestran como loco, dispuesto al suicidio ó
contra las oficinas de Guerra el desprecio del pú-
la f u g a . L u e g o todo c a m b i a , y sorprende con la
blico. Y el resultado de esta situación prodigiosa
violencia de su a u d a z actitud. H a b í a recibido re-
es que un hombre intachable, Picquart, el único
fuerzos: un anónimo advirtiéndole los manejos de
entre todos que ha cumplido con su deber, será la
sus enemigos; una d a m a misteriosa que se moles-
víctima escarnecida y c a s t i g a d a . ¡ Oh justicia! ¡ qué
ta en salir de noche p a r a devolverle un documento
triste desconsuelo e m b a r g a el corazón! Picquart
q u e había sido robado en las oficinas militares y
es la v í c t i m a ; se le acusa de falsario y se dice que«_
q u e le interesaba conservar para su salvación.
fabricó la carta telegrama para perder á Esterha- ^
Comienzan de nuevo las novelerías folletinescas,
zv. Pero, ¡ Dios mío! ¿ p o r qué motivo? ¿con qué % -rs
en las que reconozco los medios y a usados por la
objeto? Que indiquen una c a u s a , una sola. ¿ E s t a -
fértil imaginación dei teniente coronel P a t y de
rá pagado por los judíos? Precisamente Picquart
Clam. S u obra, la condenación de D r e y f u s , peli- n v.1
es un apasionado antisemita. V e r d a d e r a m e n t e
g r a b a , y , sin duda, quiso defender su obra. L a
3 i ,
3-n
< i
PÁGINAS

cosa juzgada, ¿queréis que un Consejo de guerra


se determine á desmentirlo formalmente? Jerár-

tezzdtr^izttr
quicamente no es posible ta 1 cosa. El general Bi-
l!ot con sus declaraciones ha sugestionado á los
jueces, que han juzgado cómo entrarían en f u e g o
á una orden sencilla de su jefe: sin titubear. L a
W a n S a s T « t i p r ó r i ™ * corromperse y amqu,- opinión preconcebida que llevaron al tribunal fué
sin duda ésta: «Dreyfus ha sido condenado por
' T e s t o se reduce, sehor crimen de traición ante un Consejo de g u e r r a ;
blica el asunto Esterhazy, un culpable ¿ quien se luego es culpable, y nosotros, formando un Con-
t S de salvar haciéndole parecer inocente Hace sejo de guerra, no podemos declararlo inocente.
dos mesés que no perdemos de v i s t a esa .ntere- Y , como suponer culpable á Esterhazy, sería pro-
sante tebor Y abrevio porque sólo qu.se hacer el clamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe
e s l e Í i grandes rasgos, de la histona cuyas ser inocente».
páginas, un dia serán e s c n t a s con « d a Y dieron el inicuo fallo que pesará siempre so-
extensión. Hemos visto al general J bre nuestros Consejos de guerra, que hará en ade-
„ „ „ „ a l comandante R a v a r y , m i s tarde, hacer lante sospechosas todas sus deliberaciones. El pri-
una información infame, de la cual han de sahr mer Consejo de guerra pudo equivocarse; pero
transfigurados los b r i b o n e s , , perdidas las gentes el segundo ha mentido. El jefe supremo había de-
honradas.
guerra. Después se ha convocado el Conse.o de clarado la cosa juzgada inatacable, santa : supe-
rior á los hombres, y ninguno se atrevió á decir lo
contrario. Se nos habla del honor del ejército; se
nos induce á respetarlo y amarlo. Cierto que s í ; el
i C ó m o se pudo suponer que un Consejo de gue- ejército que se alzará en cuanto se nos dirija la
rra d Í h i c i e s e lo que habla hecho un Consejo de menor amenaza, que defenderá el territorio fran-
cés, lo forma todo el pueblo, y sólo tenemos para
h i p a r t e la fácil elección de los jueces, la ele- él ternura y veneración. Pero ahora no se trata
. a i ' idea de disciplina que llevan esos uul,tares del ejército, cuya dignidad justamente mantene-
en el espíritu, bastarla para d e b i t a r su. recMud mos en el ansia de justicia que nos d e v o r a ; se
Quien loe disciplina dice obedienca^ Cuando el trata del sable, del señor que nos darán acaso ma-
ministro de la Guerra, j e f e supremo, ñana. Y besar devotamente la empuñadura del
núblicamente y entre las aclamaciones de la repre sable, del ídolo, ¡ no, eso no!
sentactón nacional, la inviolabilidad abso!uta de la
Por lo demás queda demostrado que el proceso
insolentemente, derrotando el derecho y la probi-
D r e y f u s no era más que un asunto Particular de
dad. E s un crimen haber acusado como perturba-
las oficinas de G u e r r a : un individuo del E s t a d o
dores de Francia á cuantos quieren verla generosa
M a y o r , denunciado por sus camaradas del mismo
y noble á la cabeza de las naciones libres y j u s t a s ;
cuerpo, y condenado, b a j o la presión de sus jefes.
mientras los canallas urden impunemente el error
Por lo tanto, lo repito, no puede aparecer mó-
que tratan de imponer al mundo entero. E s un cri-
cente, sin que todo el E s t a d o M a y o r aparezca
men extraviar la opinión con tareas mortíferas
culpable. Por esto las oficinas militares, usando
que la pervierten y la conducen al delirio. E s un
todos los medios que les h a sugerido su imagina-
crimen envenenar á los pequeños y á los humildes,
ción y que les permiten sus influencias, defienden
exasperando las pasiones de reacción y de intole-
á Esterhazy para hundir de nuevo á D r e y f u s . ¡ A h
rancia, y cubriéndose con el antisemismo, de cuyo
qué g r a n barrido debe hacer el Gobierno repuoli-
mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe
cano en esa cueva jesuítica (frase del mismo gene-
curarse á tiempo. E s un crimen explotar el patrio-
ral Billot). ¿ C u á n d o vendrá el ministerio, verda-
tismo para trabajos de o d i o ; y es un crimen, en
deramente fuerte y patriota, que se a t r e v a de una
fin, hacer del sable un dios moderno, mientras
vez á refundirlo y renovarlo todo? ¡ C o n o z c o á
toda la ciencia humana emplea sus trabajos en
muchas gentes que, suponiendo posible una gue-
una obra de verdad y justicia.
rra, tiemblan de a n g u s t i a , porque saben en que
manos está la defensa nacional! j E n que albergue ¡ Esa verdad, esa justicia que nosotros busca-
de intrigas, chismes y dilapidaciones se ha con- mos apasionadamente, l a j vemos ahora humilla-
vertido el s a g r a d o asilo donde se decide la suerte das y desconocidas! Imagino el desencanto que
de la patria! E s p a n t a la terrible claridad que arro- padecerá sin duda el alma de M. Scheurer-Kest-
ja sobre aquel antro el asunto D r e y f u s ; el sacri- ner, y le creo atormentado por los remordimientos
ficio humano de un infeliz, de un puerco judio. de.no haber procedido revolucionariamente el día
¡ A h ! , se han a g i t a d o allí la demencia y la estu- de la interpelación en el Senado, desembarazán-
pidez, maquinaciones locas, prácticas de b a j a po- dose de su c a r g a , para derribarlo todo de una v e z .
licía, costumbres inquisitoriales; el placer de al- Creyó que la verdad brilla por sí sola, que se le
a n o s tiranos que pisotean la nación, ahogando tendría por honrado y leal, y esta confianza le h a
en su g a r g a n t a el g r i t o de verdad y de justicia castigado cruelmente. L o mismo le ocurre al te-
b a j o el pretexto, falso y sacrilego, de razón de niente coronel Picquart, que por un sentimiento
de dignidad elevada, no ha querido publicar las
Estado. cartas del general G o n s e ; escrúpulos que le hon-
Y es un crimen más apoyarse con la persona ran de tal modo que mientras permanecía respe-
inmunda, dejarse defender por todos los bribones tuoso y disciplinado, sus jefes le hicieron cubrir de
de París, de manera que los bribones triunfen
PÁGINAS
DE ORO

lodo, instruyéndole un proceso de la manera más Señor Presidente, concluyamos, que y a es tiem-
desusada y ultrajante. H a y , pues, dos víct.mas, j po. Y o , acuso al teniente coronel P a t y de Clam
dos hombres honrados y leales, dos corazones no- como laborante—quiero suponer inconsciente—del
bles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras i error judicial, y por haber defendido su obra ne-
el diablo hacía de las suyas. Y hasta hemos visto ; fasta tres años después con maquinaciones desca-
contra el teniente coronel Picquart este acto inno- i belladas y culpables.
ble: un tribunal francés, consentir que se acusara Acuso al general Merciei por haberse hecho
públicamente á un testigo y cerrar los ojos cuando cómplice, al menos por debilidad, de una de las
el testigo se presentaba para explicarse y defen- mayores iniquidades del siglo.
derse.-Afirmo que esto es un crimen más, un cri- Acuso al general Billot de haber tenido en sus
men que subleva la conciencia universal. Decidi- manos las pruebas de la inocencia de D r e y f u s , y
damente los tribunales militares tienen una idea ; no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto
muy e x t r a ñ a de la justicia. culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa
T a l es la v e r d a d , señor Presidente, verdad tan < justicia con un fin político, y para salvar al Esta-
espantosa, que no dudo quede como una mancha do Mayor comprometido.
en vuestro Gobierno. S u p o n g o que no tengáis nin- Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse
gún poder en este asunto, que seáis un prisionero por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el
de la Constitución y de la g e n t e que os rodea; uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de
pero tenéis un deber de hombre en el cual medi- cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca
taréis cumpliéndole, sin duda honradamente. N o santa, inatacable.
creáis que desespero del t r i u n f o ; lo repito, con Acuso al general Pellieux y al comandante R a -
una certeza que no me permite la menor vacila- vary por haber hecho una información infame,
ción ; la verdad a v a n z a , y nadie puede contenerla.
una información parcialmente monstruosa, en la
H a s t a hoy no principia el proceso, pues hasta hoy
cual el segundo ha labrado el imperecedero mo-
no han quedado deslindadas las posiciones de cada
numento de su torpe audacia.
uno: á un lado los culpables, que no quieren la
l u z ; al otro los justicieros, que daremos la vida Acuso á los tres peritos c a l í g r a f o s , los señores
porque la luz se h a g a . C u a n t o más duramente se Belhomme, Varinard y Couard por sus informes
oprima la v e r d a d , m á s fuerza toma, y la explosión engañadores y fraudulentos, á menos que un exa-
será más terrible. V e r e m o s como se prepara el men facultativo los declare víctimas de una c e g u e -
más ruidoso de los desastres. ra de los ojos y del juicio.
Acuso á las oficinas de Guerra por haber hecho
en la prensa, particularmente en L'Eclair y en
L'Echo de París una campaña abominable para
cubrir su falta, extraviando la opinión pública.
Y por último: acuso al primer C o n s e j o de g u e -
rra ' p o r haber condenado á un acusado, fundán-
dose en un documento secreto, y al segundo Con-
sejo de g u e r r a por haber cubierto e s t a ilegalidad,

Declaración de Zola ante el Jurado


cometiendo el crimen jurídico de absolver cons-
cientemente á un culpable.
N o ignoro que, al formular estas acusaciones,
arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la L e y de
Prensa del 29 de Julio de 1881, que se refieren á
los delitos de difamación. Y voluntariamente me
p o n g o á disposición de los Tribunales.
E n cuanto á las personas á quienes acuso, debo
decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni Señores: E n la sesión de la C á m a r a del 22 de
siento particularmente por ellas rencor ni odio. Enero, M . Méline, presidente del C o n s e j o de Mi-
L a s considero como entidades, como espíritus de nistros, declaró, entre los aplausos frenéticos de
maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, la mayoría complaciente, su mucha confianza en
no es más que un medio revolucionario de activar los doce ciudadanos en c u y a s manos ponía la de-
la explosión de la verdad y de la justicia. fensa del ejército. D e vosotros hablaba, señores
jurados. Y así como el general Billot había dicta-
Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que
do su sentencia al C o n s e j o de Guerra, e n c a r g a d o
la luz se h a g a , y lo imploro en nombre de la hu-
de absolver al comandante E s t e r h a z y , dando á
manidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho
subordinados suyos desde lo alto de la tribuna la
á ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un
consigna militar del respeto indiscutible á la cosa
g r i t o de mi alma. Q u e se atrevan á llevarme á los
j u z g a d a , también M . Méline ha querido daros la
Tribunales y que me juzguen públicamente.
orden de condenarme en nombre del respeto al
A s í lo espero. ejército, que él me acusa de haber ultrajado. D e s -
de aquí denuncio á la conciencia de las g e n t e s
París, Enero 13 del 98. honradas esta presión que los poderes públicos
ejercen sobre la justicia del país. E s a s son costum-
bres políticas abominables que deshonran á una
nación libre.
L'Echo de París una campaña abominable para
cubrir su falta, extraviando la opinión pública.
Y por último: acuso al primer C o n s e j o de g u e -
rra ' p o r haber condenado á un acusado, fundán-
dose en un documento secreto, y al segundo Con-
sejo de g u e r r a por haber cubierto e s t a .legalidad,

Declaración de Zola ante el Jurado


cometiendo el crimen jurídico de absolver cons-
cientemente á un culpable.
N o ignoro que, al formular estas acusaciones,
arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la L e y de
Prensa del 29 de Julio de 1881, que se refieren á
los delitos de difamación. Y voluntariamente me
p o n g o á disposición de los Tribunales.
E n cuanto á las personas á quienes acuso, debo
decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni Señores: E n la sesión de la C á m a r a del 22 de
siento particularmente por ellas rencor ni odio. Enero, M . Méline, presidente del C o n s e j o de Mi-
L a s considero como entidades, como espíritus de nistros, declaró, entre los aplausos frenéticos de
maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, la mayoría complaciente, su mucha confianza en
no es más que un medio revolucionario de activar los doce ciudadanos en c u y a s manos ponía la de-
la explosión de la verdad y de la justicia. fensa del ejército. D e vosotros hablaba, señores
jurados. Y así como el general Billot había dicta-
Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que
do su sentencia al C o n s e j o de Guerra, e n c a r g a d o
la luz se h a g a , y lo imploro en nombre de la hu-
de absolver al comandante E s t e r h a z y , dando á
manidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho
subordinados suyos desde lo alto de la tribuna la
á ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un
consigna militar del respeto indiscutible á la cosa
g r i t o de mi alma. Q u e se atrevan á llevarme á los
j u z g a d a , también M . Méline ha querido daros la
Tribunales y que me juzguen públicamente.
orden de condenarme en nombre del respeto al
A s í lo espero. ejército, que él me acusa de haber ultrajado. D e s -
de aquí denuncio á la conciencia de las g e n t e s
París, Enero 13 del 98. honradas esta presión que los poderes públicos
ejercen sobre la justicia del país. E s a s son costum-
bres políticas abominables que deshonran á una
nación libre.
frazada, confesando así, que tienen un miedo pro-

— t r i í fundo á vuestra comprobación soberana. L a ley


tiene en vosotros su representación total y e s la
justicia del pueblo la que y o deseo, la que y o res-
peto profundamente como buen ciudadano, y no
los obscuros procedimientos, g r a c i a s á los cuales
dar. T o d o el ^ u n a o q u e este obscuro han querido burlarnos.
H e m e aquí, señores, excusado de las molestias
que os ocasioné, sin haber conseguido inundaros
con toda la claridad que yo soñaba. L a luz, toda
la luz, era mi vehemente d e s e o ; y estos debates
acaban de probaros que tuvimos q u e luchar p a s o
á paso contra una voluntad extraordinaria de obs-
« e j é r c i t o , el honor en peligro de la n a c ó n en- tinación y tinieblas. C a d a jirón arrancado á la
verdad costó un c o m b a t e ; se nos ha discutido
teSÍ la l u z no aclaró del todo vuestras conciencias, todo, se nos h a n e g a d o todo, atemorizando á nues-
no f u é por culpa mia. P a r e c e ser q u e j o he sona- tros testigos con la esperanza de que no probáse-
do queriendo traeros todas las | r u e b a s mos nada. Y hemos luchado porque esta prueba
doos los únicos d i g n o s , los talcos c o m p e t e n t e . S e fuese sometida por completo á vuestro juicio, á fin
h a empezado por apartar de vosotros, « V ^ de que pudierais pronunciar sin remordimiento el
• ^o niie se os ofrecía con la d e r e c h a , se fallo de vuestra conciencia. E s t o y s e g u r o de que
a ^ n d a v u e s t r a jurisdicción, pero tomaréis e n cuenta nuestros esfuerzos y que des-
" s e tenía confianza en vosotros para v e n g a r ¿ l o s pués de todo la luz que hicimos pueda ser bastan-
miembros de un C o n s e j o de ^ e r r a o t r o s - te. Habéis oído los t e s t i g o s : l u e g o oiréis mi defen-
íes quedaron intangibles, s u P e r , o r c s á v u e s t r a , ^ sor quien os contará la verdadera historia, esa
ticia. Compréndalo quien pueda. E s d absurdo historia que enloquece á todos y que nadie cono-
en la hipocresía y la C e n c í a siguiéndose de ce. Q u e d o tranquilo. L a verdad se ampara de vos-
aquí que se h a temido v u e s t r o buen sentido, y otros.
S e no se h a querido correr el r i e s g o de
M . Méline creyó imponeros su voluntad con-
l decir todo para que todo lo juzgué, . E l os pre
fiándoos el honor del e j é r c i t o ; y es precisamente
tenden limitar el escándalo, y el escándalo dado
el honor del ejército lo que me hizo apelar á vues-
por mí consistía en procurar que el pueblo encar-
tra justicia. Desde aquí doy á M . Méline el men-
nado en vosotros fuese quien juzgara. Pretenden
tís más f o r m a l ; y o no he ultrajado jamás al ejér-
además que no podían aceptar una revisión dis
c i t o ; al contrarío, expresé mi ternura, mi respeto ha sido condenado justamente y legalmente por
por la nación en a r m a s , por nuestros queridos sol- siete oficiales infalibles, á quienes no se puede su-
dados que defenderán siempre el territorio fran- poner víctimas de un error sin ultrajar al ejército
cés. T a m b i é n es falso que y o ataque á los jefes, á entero. D r e y f u s expía en una tortura v e n g a d o r a
los generales qu-í han de conducirlos á la victoria. su abominable traición; y como es judío se crea
Si a l g u n a s individualidades de las oficinas de Gue- un sindicato de judíos, un sindicato internacional,
rra comprometieron al ejército, con sus manejos, disponiendo de cientos de millones con objeto de
¿descubrir á los culpables es insultar al soldado? salvar al traidor por medio de las más impruden-
Antes bien es una obra de buen ciudadano arran- tes manipulaciones. D e s d e entonces el sindicato
car el g r i t o de alarma para que no se reproduzcan amontona crímenes, soborna las conciencias, arro-
los errores, causando nuevas desdichas. A d e m á s , jando á F r a n c i a en una agitación mortal, decidido
y o no me defiendo y d e j o á la historia el cuidado á venderla al enemigo y á producir una g u e r r a
de j u z g a r mi actitud. P e r o afirmo que se deshonra europea antes que renunciar á su espantoso pro-
al ejército cuando se consiente q u e los gendarmes pósito. E s t o es muy sencillo, infantil é imbécil
feliciten á E s t e r h a z y , conociendo las abominables como v e i s ; pero con ese pan envenenado, la pren-
cartas que ha e s c r i t o ; afirmo que nuestro valeroso sa inmunda desde hace a l g u n o s meses alimenta
ejército es insultado cada día por los bandidos, á nuestro pobre pueblo. Y no hay que sorprenderse
que pretextando defenderlo, le manchan con su de que asistamos á una crisis desastrosa, porque
baja complicidad, arrastrando por el lodo todo lo sembrando de tal modo la torpeza y la mentira, se
que hay aún en Francia de g e n e r o s o y g r a n d e ; recoge forzosamente la demencia.
afirmo que son ellos los que deshonran el ejército
Ciertamente, señores, no he de haceros la injus-
nacional cuando mezclan el g r i t o de ¡ v i v a el ejér-
ticia de creer que hayáis a c o g i d o hasta hoy esos
cito! al de ¡ á muerte los judíos! T a m b i é n han gri-
cuentos de nodriza. O s conozco, sé que sois el co-
tado ¡ viva E s t e r h a z y ! ¡ ¡ G r a n D i o s ! ! E l pueblo de
razón y la conciencia de París, de mi g r a n P a r í s ,
San Luis, de feayard, de C o n d é y de H o c h e ; el
donde he nacido, el que a m o con infinita ternura,
pueblo que cuenta cien victorias g i g a n t e s , el pue-
el que estudio y canto desde hace cuarenta a ñ o s ;
blo de las conquistas de la República y del Impe-
y sé también lo que ahora se a g i t a en vuestros
rio, el pueblo cuya fuerza, c u y a s franquicias y
cerebros, pues antes de venirme á sentar aquí
cuya generosidad asombraron al Universo, hoy
como acusado ocupé otras veces el sitio donde
g r i t a ¡ v i v a E s t e r h a z y ! E s una v e r g ü e n z a de que
vosotros estáis. Representáis la opinión media, la
sólo puede redimirnos un e s f u e r z o g i g a n t e de ver-
prudencia y la justicia. C u a n d o entréis en la sala
dad y de justicia.
de deliberaciones, mi pensamiento os acompañará
Conocéis la leyenda que se ha hecho: D r e y f u s y estoy s e g u r o de que habéis de hacer todo lo po-
dad y la justicia se hace a u g u s t o y s a g r a d o . Mi-
sible para salvar vuestros intereses de ciudadanos
radme bien: ¿ t e n g o y o cara de mentiroso, de so-
que, naturalmente son, s e g ú n vosotros, los inte-
bornado, de traidor? ¿ P o r q u é lucharé, pues? N o
reses de la nación entera. Podéis equivocaros, tengo ambición política, ni pasiones de sectario:
pero si acaso, os equivocaréis creyendo asegurar soy un escritor libre que ha c o n s a g r a d o su vida al
el bien de todos. trabajo y mañana volverá á las filas á proseguir
O s v e o entre v u e s t r a familia, por la noche, á la su labor interrumpida. ¡ Q u é necios los que me
luz del quinqué, os o i g o hablar con vuestros ami- llaman italiano, á mí, nacido de una m a d r e fran-
g o s , os acompaño á vuestros talleres, á vuestros cesa, educado por mis abuelos, campesinos de
a l m a c e n e s ; todos trabajáis en industrias, en co- F r a n c i a ; y o que perdí á mi padre á los siete años
mercios ó ejerciendo profesiones liberales y vues- y que sólo después de cumplir los cincuenta y
tra m á s legítima inquietud la produce el estado cuatro fui á Italia con el único objeto de buscar
deplorable á que llegaron los negocios. L a crisis documentos p a r a un libro! L o cual no me priva de
actual amenaza convertirse en desastre, las ven- sentirme orgulloso de q u e mi padre hubiese naci-
tas b a j a n , las transacciones hácense m á s difíciles do en V c n e c i a , la ciudad resplandeciente c u y a glo-
cada v e z , por esta razón el pensamiento que os ria antigua cantan todos los recuerdos. Y aun
domina y q u e leo en vuestros rostros impone la cuando y o no fuera francés, ¿ l o s cuarenta volú-
necesidad de acabar con todo esto que daña. V o s - menes de l e n g u a francesa cuyos ejemplares á mi-
otros no diréis como a l g u n o s : « ¿ Q u é nos importa llones circulan por el mundo entero, no bastarían
que un inocente perezca en la isla del Diablo? ¿ E l para hacer de mí un francés útil á la g l o r i a de
interés de uno solo puede sobreponerse y turbar de Francia?
tal modo un g r a n país?» P e r o diréis sin duda que
la agitación de los hambrientos de verdad y de N o me defiendo, pero cometeríais un error si
justicia se p a g a muy cara con todo el mal de que creyeseis que condenándome restablecíais el orden
se nos a c u s a ; y si me condenáis no habrá en el en nuestro d e s g r a c i a d o país. ¿ N o comprendéis que
f o n d o de vuestro veredicto más que un deseo de lo que m á s daña á la nación, es la obscuridad en
calmar á los vuestros, la necesidad de que los ne- que se la tiene, y lo que más la hiere es la menti-
g o c i o s vuelvan á su curso natural, y la creencia ra? L a s faltas de los gobernantes amontónanse y
de que hiriéndome detenéis una c a m p a ñ a de rei- encandénanse; un e n g a ñ o reclama otro e n g a ñ o
vindicación perjudicial á los intereses de Francia. mayor para cubrirse, y así llegamos á una farsa
espantosa. U n error judicial se h a cometido y para
P u e s bien, señores, os equivocaríais absoluta- taparlo es preciso cometer c a d a día un nuevo aten-
mente. H a c e d m e la honra de creer que yo no de- tado contra el buen sentido y la equidad. L a con-
fiendo aquí mi libertad; condenándome sólo con- dena de un inocente produjo la libertad de un
seguiríais e n g r a n d e c e r m e ; quien sufre por la ver-
culpable; y aun hoy se os pide que me condenéis
presente resulta bien pequeño, bien alejado de nos-
porque g r i t o con angustia, cuando veo á la patria
otros, bien insignificante c o m p a r a d o con las terri-
en mal camino. Condenadme, pues, pero será una
bles luchas que ha producido. Y a no hay asunto
falta más que añadir á las otras, una falta de que
D r e y f u s ; se trata solamente de saber si Francia
la historia os hará responsables. Y mi condena, en
es todavía la Francia de los derechos del hombre,
lugar de producir la p a z que deseáis, que desea-
la que dió la idea de libertad á todo el mundo y
mos todos, será nueva semilla de pasiones y des-
debía darle también la idea de justicia. ¿ S o m o s
órdenes. L a medida está colmada, os lo a s e g u r o ,
aun el pueblo más nobie, más fraternal y m á s g e -
no la h a g á i s vosotros desbordar.
neroso? ¿ Pretendemos conservar en E u r o p a nues-
tra fama de justos humanitarios? ¿ N o son todas
* las conquistas que habíamos hecho las que ahora
* *
se nos discuten? Abrid los ojos y comprended
que para llegar á tal desorden, el alma francesa
debe estar removida hasta sus más íntimas pro-
¿ C ó m o no os hacéis cuenta e x a c t a de la terrible fundidades y en frente de un peligro temible. U n
crisis que el país atraviesa? Se dice que somos los pueblo no se trastorna de tal modo sin poner su
autores del e s c á n d a l o ; se dice que los amantes de vida moral en peligro. El momento reviste una
la verdad y de la justicia relajan la nación y la gravedad excepcional puesto que se trata de la
conducen á la ruina. En verdad esto es una burla salud de la nación.
sangrienta. ¿ P o r ventura el general Billot, y cito
á uno sólo, no está desde hace año y medio adver- Cuando hayáis comprendido todo esto, sentiréis
tido? ¿ P o r ventura el coronel Picquart no insistió que no hay más que un remedio posible: decir
en que la revisión se hiciera para que la tempes- verdad y hacer justicia. T o d o lo que retarde la
tad no estallase arrastrándolo todo? ¿ Y M . Scheu- luz, todo lo que aumente las tinieblas con otras
rer-Kestner no ha suplicado con lágrimas en los tinieblas, no hará más que prolongar y a g r a v a r la
ojos para que se evitara la catástrofe? N o , no, crisis. L a misión de los buenos ciudadanos, de los
nuestro deseo fué facilitarlo" todo, y si el país que sienten la imperiosa necesidad de que esto
padece, la falta e s de los poderes públicos que concluya, se reduce á exigir que todo se aclare.
para cubrir á los culpables y sirviendo intereses Y a son muchos los que piensan a s í ; los literatos,
políticos, se negaron á todo, creyéndose bastante los filósofos, los científicos, lo afirman por doquie-
fuertes para impedir que la luz se hiciera. Manio- ra en nombre de la inteligencia y de la razón. Y no
braron en tinieblas y son los responsables de todo. hablo del extranjero, del temblor que ha poseído
á la E u r o p a e n t e r a ; lo cual demuestra que no todo
¡ El asunto D r e y f u s ! ¡ A h , señores! A la hora extranjero es forzosamente un enemigo.. N a d a os
d i g o de los pueblos que pueden ser mañana nues- lidades, el Gobierno, que no i g n o r a nada, el Go-
tros a d v e r s a r i o s ; de la poderosa Rusia nuestra bierno, que está convencido cómo nosotros de la
a m i g a , de la pequeña H o l a n d a , de todos los pue- inocencia de D r e y f u s , podrá cuando quiera y sin
blos simpáticos del No/te y también de los que riesgo encontrar testimonios que hagan luz.
hablan nuestro idioma: la Suiza y la Bélgica. ¿ P o r D r e y f u s es inocente, lo juro. E m p e ñ o mi vida,
qué tienen todos el corazón oprimido, e m b a r g a d o empeño mi honor. E n esta hora solemne, ante un
por el sufrimiento fraternal? ¿ Soñáis en una F r a n - Tribunal que representa la justicia humana, ante
cia aislada de todo el mundo? ¿ N o os g u s t a r í a los jurados, que sois la emanación misma del país,
que al pasar la frontera nadie se burlase de vues- ante toda Francia, ante el mundo entero: juro
tra f a m a legendaria de equidad y fraternidad? que D r e y f u s es inocente. Y por mis cuarenta años
¡ A h , señores! C o m o tantos otros, acaso esperáis de trabajo, por la autoridad que mi labor, pudo
también que la prueba que justifique la inocencia valerme: juro que D r e y f u s es inocente. Por cuanto
de D r e y f u s descienda del cielo, violenta como el he conquistado, por la fama que alcancé, por las
rayo. L a verdad no suele ofrecerse así, requiere letras francesas: juro que D r e y f u s es inocente.
a l g o de investigación y a l g o de inteligencia. ¡ L a Que todo se hunda, que mis obras perezcan si
prueba! Sabemos dónde está, dónde encontrarla, Dreyfus no es inocente. ¡ E s inocente!
pero sólo lo pensamos desde el fondo de nuestras T o d o se revuelve contra mí, las dos C á m a r a s , el
almas, y nuestra a n g u s t i a patriótica nos hace te- Poder civil y el Poder militar, los diarios de g r a n
mer que un día se nos ofrezca esta prueba, como circuláción y la opinión pública, envenenada por
una bofetada, después de haber comprometido el ellos. Y en mi ayuda sólo una ¡dea, un ideal de
honor del ejército en una mentira. Quiero decla- verdad y de justicia. E s t o y satisfecho, tranquilo,
rar francamente que si hemos presentado como seguro de vencer.
testigos á ciertos miembros de las E m b a j a d a s , N o he querido que mi país permanezca en el
nuestra voluntad formal era desde l u e g o no citar- error y en la injusticia. Aquí pueden condenarme,
los aquí. H a hecho reir nuestra audacia, pero no pero algún día Francia entera me agradecerá el
creo que se haya reído nadie desde el Ministerio haberla ayudado á salvar su honor.
de N e g o c i o s E x t r a n j e r o s , porque allí han debido
comprendernos. H e m o s querido sencillamente de-
mostrar á todos los que saben la verdad, que nos-
otros la conocemos también. L a verdad se conoce
bien en las embajadas, y pronto ha de ofrecerse á
los ojos de todos. Si nos es imposible buscarla hoy
donde se oculta protegida por invencibles forma-
m i s ODIOS
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El odio es santo. E s la indignación de los cora-


zones fuertes y poderosos, el desdén de las perso-
nas á quienes la medianía y la necedad enojan.
Odiar es a m a r , es tener el a l m a fuerte y g e n e r o s a ,
vivir holgadamente, despreciando lo necio y lo
vergonzoso.
I!
lui
E l odio consuela, el odio hace justicia, el odio
engrandece.
C a d a v e z que me he rebelado contra las socie-
dades de mi tiempo, me he sentido rejuvenecer y
he cobrado más alientos. H e hecho mis compa-
I! ñeros al odio y á la a r r o g a n c i a ; me he complacido
en aislarme, y en mi aislamiento he querido odiar
cuanto atacaba á lo justo y á lo verdadero. Si hoy
v a l g o a l g o , es porque estoy solo y porque odio.

*
* *

Odio á los hombres incapaces é impotentes ; me


molestan. M e han quemado la s a n g r e y han lasti- ritu y del corazón ; almas desdichadas, pero llenas
mado mis nervios. N a d a tan irritante como esos de vida y de fuerza. Quiero escucharles, porque
brutos que a l andar se balancean como los patos siempre espero ver brillar, en medio del caos de
y miran con asombrados ojos y con la boca abier- sus pensamientos a l g u n a verdad suprema. M a s ,
ta. N o he podido nunca dar dos pasos sin encon- por piedad, que maten á los necios y á los tontos,
trar tres imbéciles, y esto me causa pena. P o r to- á los incapaces y á los estúpidos ; establézcanse
das partes los hay. E l v u l g o se compone de necios leyes que nos libren de esas gentes que abusan
que os salen al p a s o para salpicaros el rostro con de su ceguedad para decir que es de noche. E l
la baba de su medianía. E s t o s necios se mueven insolente reinado de los tontos ha cansado ya al
y hablan, y su aspecto, g e s t o y v o z me incomodan mundo; los tontos en m a s a deben ser conducidos
tanto, que c o m o Stendhal, antes quiero un picaro á la plaza de Grève.
que un tonto. ¿ Q u é podemos hacer de tales gentes, L e s odio.
pregunto, en los difíciles tiempos de lucha por
qué atravesamos? A l salir del v i e j o mundo, nos *
precipitamos hacia un mundo nuevo. * *

L o s imbéciles se cuelgan de nuestro brazo, en-


torpecen nuestro p a s o en medio de estúpidas car-
c a j a d a s y sentencias absurdas, y hacen resbaladizo Odio á los hombres que se amartillan en una
y penoso el sendero que hemos de recorrer. En idea personal y van como un rebaño empujándose
v a n o queremos desprendernos de ellos; nos opri- unos á otros é inclinando la cabeza para no ver
men, nos a h o g a n y se pegan cada vez más á nos- el resplandor del cielo. C a d a rebaño tiene su D i o s ;
otros. su ídolo, en aras del cual inmola la g r a n verdad
humana. Prosiguen con seriedad su camino y van
E s t a m o s en la época en que los ferrocarriles y
andando con g r a v e continente en medio de la ne-
el t e l é g r a f o nos transportan en cuerpo y alma á
cedad, lanzando exclamaciones de desesperación
lo infinito y á lo absoluto, en la época g r a v e é
cada v e z que a l g o turba su fanatismo pueril.
inquieta, período de gestación de una nueva ver-
dad de la inteligencia humana, y hay sin e m b a r g o
hombres necios y nulos que niegan lo presente y ¿ D ó n d e están, pregunto, los hombres libres, los
se pudren en el pequeño y nauseabundo charco de que viven abiertamente, los que no encierran el
su trivialidad. P o d e m o s conseguir a l g o de los lo- pensamiento en el estrecho círculo de un d o g m a
cos ; los locos piensan y tienen todos a l g u n a idea, y avanzan francamente hacia la luz, sin miedo á
cuya e x a g e r a d a tensión ha roto el resorte de su desmentirse mañana y sin cuidarse m á s que de lo
inteligencia. L o s dementes son enfermos del espí- justo y lo verdadero? ¿ Dónde están los hombres
que no forman parte de la «claque» juramentada de imparcialidad y de justicia. C a d a vez que veo
y que aplauden á una indicación del jefe, á D i o s un muchacho soltar la c a r c a j a d a para divertir al
ó al príncipe, al pueblo ó á la aristocracia? ¿ Dón- público, le compadezco y siento que no sea bastan-
de están los hombres que viven aislados, lejos de te rico para vivir en la holganza, en lugar de reir
los rebaños humanos, los que a c o g e n bien todo lo de un modo tan poco digno. Mas, para los que
grande, los que desprecian las camarillas y son sólo lanzan c a r c a j a d a s , sin derramar nunca una
partidarios de la libertad de las ideas? C u a n d o es- lágrima, no tengo compasión.
tos hombres hablan, las gentes g r a v e s y estúpi-
L e s odio.
das se enfadan y los abruman con el peso de su
n ú m e r o ; luego, con aire solemne, vuelven á ocu-
parse de su digestión, y cuando están en familia, *
* *
prueban de una manera indudable que todos son
unos imbéciles.
L e s odio.
Odio á los estúpidos, que todo lo miran con des-
d é n ; á los impotentes, que dicen que el arte y la
* literatura mueren de muerte natural. Ellos son los
* *
cerebros más vacíos y los corazones más secos, las
personas que se entierran en lo pasado y ojean con
desprecio las calenturientas obras de nuestra épo-
Odio á los que de todo se burlan, á los caballe-
ca, y las califican de nulas y pequeñas. Y o miro
retes que, no pudiendo imitar la pesada g r a v e d a d
de sus papás, al examinar las cosas, lo hacen las cosas de otra manera. M e cuido poco de la be-
riéndose de ellas. H a y c a r c a j a d a s más desprovis- lleza y la perfección, pues sólo me interesa la vida,
tas de sentido que el silencio diplomático. L a épo- la lucha, la fiebre. E n t r e nuestra generación me
ca de ansiedad en que v i v i m o s trae c o n s i g o una encuentro muy á mi gusto. Me parece que el ar-
alegría nerviosa é impregnada de a n g u s t i a , que tista no puede desear época mejor, ni ambiente
me produce el mismo desagradable efecto que me más á propósito. N o hay maestros ni escuelas.
causaría oir limar los dientes de una sierra. ¡ C a - Vivimos en plena anarquía, y cada uno de nos-
llad todos los que os habéis impuesto la tarea de otros es un rebelde que piensa, crea y se bate por
divertir al público!... sí y para sí mismo. E l momento es decisivo: es-
peramos á los que hieran mejor y más recio, á
Por lo que á mí respecta, lamento que t e n g a m o s aquellos cuyos puños tengan la suficiente fuerza
tantos hombres de chispa y tan pocos de verdad, para cerrar todas las b o c a s ; y cada nuevo lucha-
dor a b r i g a en el fondo la v a g a esperanza de ser el marán eternamente. P e r o los impotentes no quie-
dictador, el tirano de mañana. ren ensanchar el m a r c o ; han hecho la lista de las
obras existentes, y por tal medio han alcanzado
una verdad relativa, que pretenden hacer pasar
por absoluta. N o c r e a n ; imitan. Y he aquí por
Nieguen los c i e g o s nuestros e s f u e r z o s ; vean en qué odio á las gentes neciamente g r a v e s , á las
la lucha que sostenemos las convulsiones de la neciamente alegres, y á los artistas y á los críticos
a g o n i a , sin e m b a r g o de ser estas luchas los pri- que quieren hacer estúpidamente la verdad de hoy
meros quejidos que anuncian el nacimiento. A l fin con la de ayer. N o comprenden que avanzamos y
y al cabo son ciegos. que los países cambian.
Les odio. L e s odio.

*
*
* * * *

Odio á los p e d a g o g o s que nos g u í a n , á los pe- Y ahora, ya sabéis cuáles son mis amores, los
dantes y á los hombres enojosos que rehusan la bellos amores de mi juventud.
vida. Soy partidario de las libres manifestaciones
del genio humano. Creo en una serie no interrum-
pida de expresiones humanas, en una galería in-
terminable de cuadros, y lamento el no poder vi-
vir siempre para asistir á la eterna comedia que
consta de mil actos diversos. Soy un simple cu-
rioso. L o s necios que no se atreven á mirar hacia
adelante, miran atrás.
Quieren constituir el presente con las reglas
del pasado, y quieren que el porvenir tome por
modelo las obras y los hombres de tiempos que
fueron. L o s días amanecerán, y cada cual traerá
consigo una nueva idea, un nuevo arte, una nueva
literatura. L a s obras serán tantas y tan variadas
como las sociedades mismas, y éstas se transfor-
3b la moralidad en la literatura

Se ha fundado un nuevo periódico, el Gil Blas,


que, después de buscar penosamente su vía, ha
obtenido de pronto un g r a n éxito dedicándose en
especial á las historias picantes.
Su c a s o es de los más sencillos: primero tanteó
al público en todo sentido y en todos los t o n o s ;
luego, habiendo aventurado a l g u n a s de esas bufo-
nadas que constituyeran en otro tiempo el éxito
de La Vida Parisiense, y viendo que al público le
gustaban estos artículos, le h a dado cuantos h a
querido de ellos, sin ningún escrúpulo acerca de la
calidad ni de la cantidad. Naturalmente, fuera de
toda real indignación, los demás periódicos no han
visto este éxito con buen ojo. L a m a y o r parte,
especialmente los que se fundan con g r a n trabajo
en este momento, y los que, viviendo en la curio-
sidad pública sienten la necesidad de retener cons-
tantemente á los lectores con nuevos cabos, han
f

dejado ver un soberbio d i s g u s t o ; algunos de ellos, asistido á la confección de una de esas hojas, con
más diestros, se las han ingeniado, sin cesar en frecuencia fabricadas por hombres muy inteligen-
sus gritos, para imitar al Gil Blas. S e han visto, tes, que emplean su destreza en ser brutos, olfa-
pues, pulular por un instante las historias de color teando, apartando el alimento demasiado 'delicado
subido, los dibujos alegres, en medio de una có- ó demasiado substancial, coleccionando solamente
lera tan ruidosa como poco convencida. P a r í s en- los hechos v u l g a r e s , los vaudevilles y los melodra-
tero ha parecido presa de un acceso de virtud mas v E s una especulación franca con la sensibili-
extraordinario. dad de los porteros y la buena f e de los ignorantes
Comenzaré por decir que esto no hace el elogio que creen instruirse.
de la prensa ni el e l o g i o del público. E s verdad A continuación véanse las hojas mundanas, esas
que el Gil Blas no se f u n d ó con la intención for- hojas del bulevar fundadas en las malsanas curio-
mal de trabajar en la basura. Inquieto ante su sidades de la época, en la necesidad de informa-
primer f r a c a s o fué en seguida allí donde le pare- ción inmediata que experimentamos hasta, debiera
ció que estaba el éxito. P a r a mí sus lectores mis- decir sobre todo, en las cosas que á nosotros se re-
mos son -los que han querido que fuese lo que es. fieren. Inútil es insistir, esas hojas han sido una
C u a n t o á los otros periódicos, tendrían que hacer verdadera escuela de desorganización pública.
un terrible examen de conciencia antes de c a e r
tan rudamente sobre el recién nacido y denunciarle
*
á la justicia como un pelado y un sarnoso del cual * *
s u r g e todo el mal.
E s t o hace pensar en el modo de ser de la prensa
contemporánea. Siento amor por la prensa, la ¿ Y si pasase al lado financiero?
creo una herramienta poderosa de los tiempos
Nadie ignora que los periódicos que se declaran
m o d e r n o s ; pero se ha de convenir en que junto á
defensores de la moral, están en su mayor parte
su excelente tarea de información cotidiana es te-
vendidos á compañías financieras, emboscadas en
rriblemente vil con los suscriptores.
la tercera ó cuarta p á g i n a , despojando á los sen-
En toda evolución, hay también una parte de cillos lectores que en ellas se aventuran. Son la-
desastre. ¿ D ó n d e está el periódico que se n i e g a á droneras más ó menos discretas, el robo organi-
seguir á la multitud en sus apetitos? Hasta se pue- zado, chanchullos innumerables, mentiras impresas
de decir que un periódico no existe sino por las en g r u e s o s caracteres y en g r u e s o s números que
pasiones de su público especial. L a s h o j a s de á enganchan públicamente al mundo. ¡ Cuántos ne-
cinco céntimos viven de la estupidez de las clases gocios ilegales implantados, cuántas familias arrui-
ignorantes que las d e v o r a n ; es necesario haber nadas, por haber dado crédito al boletín financie-
64 PÁGINAS
mente á n a d i e ; es conocido, los que lo compran
ro de un periódico cuya primera causa defiende saben lo que en él van á encontrar; mientras que
la propiedad y los buenos principios en bellas hay un continuo e n g a ñ o en las celadas de la polí-
frases! tica y financieras, donde los lectores de buena fe
Piénsese, en fin, en la parte política: un perió- penetran á c i e g a s siempre. A d e m á s , con franque-
dico no es más que el arma peligrosa de la am- za, ¿ s e desmoronará la sociedad porque un perió-
bición de un hombre ó un tráfico d e s v e r g o n z a d o dico h a g a una nueva versión de los cuentos de
con las pasiones de un p a r t i d o ; se zarandea allí, Boccacio y de Brantôme? Ello no pasa de ser
al público que se h a l a g a y se atiborra con lo que agradable, cuando el cuento está bien e s c r i t o ; y
se sabe debe agradarle. H a y allí una explotación si es grosero, un poco de silencio basta para hacer
despiadada y que impulsa á las c a t á s t r o f e s , con el justicia.
fin perfectamente e g o í s t a de hacer fortuna ó de Hablando francamente, nuestros padres eran
elevarse al poder. más despreocupados y tolerantes. ¿ N o causa es-
Aplanamiento en todas partes y en todo ante el tupor esa cruzada brusca de la prensa contra lo
suscriptor, he ahí en surtía la actitud universal de que llama á b o c a ller.a obscenidad? H a descubier-
la prensa. S e habla de la verdad, y hay s e g u r a - to que en la obscenidad está hoy el peligro, que la
mente periodistas c o n v e n c i d o s ; pero siempre im- sociedad está perdida si no se declara una guerra
pera el negocio, en medio de la baraúnda de opi- á muerte á la literatura obscena.
niones contrarias. Pero ¿ dónde diablos v e n ustedes esa obscenidad?
M á s a u n ; tengo amor á la prensa, y no pienso Reventamos, por el contrario, de falsa virtud y de
hacer aquí el proceso suyo. Puede en ocasiones falso pudor. E n estos momentos, en el punto en
pervertir su t a r e a ; sin e m b a r g o , no deja de hacer que nos encontramos d e la evolución científica,
una tarea necesaria y útil. Quiero solamente llegar cuando tan poderosos agentes trabajan los pue-
á esto: viviendo de las pasiones del público, co- blos y los transforman, ponerse frente á periodi-
merciando con la estupidez, la afición al j u e g o y al quillo y declarar que sus cuentos a l e g r e s nos po-
dinero, los robos de unos y la ambición de otros, nen en peligro, me parece tan ridículo y tan imbé-
hace mal efecto al indignarse y reprender cuando cil como el mecánico que en una locomotora lanza-
un c o l e g a conquista a l g ú n é^ito explotando la pi- da á todo v a p o r , se asustara y creyese el tren he-
cardía del público. ¡ Diantre! es una especialidad cho añicos al ver de pronfo una pulga saltando
como cualquiera otra, y encuéntrola mucho menos sobre su máquina.
peligrosa que la especialidad financiera, que des-
Sí, reventamos de tartufismo. U n a nación es
poja á las g e n t e s , y que la especialidad política,
como una mujer que pasa por el impudor sencillo
que escamotea las provincias. Obsérvese que un
de la infancia, por la reserva de la juventud, y que,
periódico como el Gil Blas no e n g a ñ a absoluta-
5
llega por fin á la hipócrita rigidez de la edad m a -
dura. Léase nuestra historia; s e encontrarán cla- va de la juventud. Molière tiene aún á veces una
ramente esas tres edades en nuestras costumbres franqueza y una claridad de lenguaje que hoy nos
y en la literatura nuestra. choca ; pero las cosas no van m á s allá de la pala-
N o insistiré sobre las costumbres: el fondo vi- bra, y aun la palabra es rara y simplemente tole-
cioso está siempre ahí, es la naturaleza h u m a n a rada en el g é n e r o cómico.
m i s m a ; pero, según las épocas, hay m á s ó menos L l e g a en seguida el siglo x v m , de un vicio tan
franqueza en la satisfacción de las necesidades na- refinado, tan aficionado á la g r a c i a y la elegancia
turales. Nuestros padres vivían más libremente. de la frase, y cuya retórica tan lindamente descu-
E r a aquélla una grosería bonachona y sooriente; bre las desnudeces; la hipocresía de la edad ma-
ó al menos su modo de ser nos parece tal, hoy dura comienza, y con ella la ciencia de permitír-
q u e una l a r g a educación de pudor nos ha hecho selo todo en estilo estudiado, expurgado.
más finos. Y llegamos así á nuestra época de protestantis-
Quiero hablar aquí particularmente de la lite- mo, al pudor e x a g e r a d o de las viejas solteronas
ratura, de la expresión escrita de las costumbres. que ocultan sus cabellos. L a s palabras nos asus-
V é a s e todo el siglo x v y todo el x v i : los asuntos tan m á s aún que las cosas. Somos como personas
son libres, el escritor no retrocede nunca ante la cansadas de vivir, podridas de desorden, viendo
palabra. Se encuentra una lengua copiosa, que no una alusión y un ataque personal en toda palabra
oculta nada al hombre, que llama á las cosas por franca y enérgica. L o s borrachos no hablan del
su nombre, y esto hasta el punto de que sería im- vino ni quieren que se hable de él ante ellos.
posible citar ciertas p á g i n a s de los autores más U n a reflexión que me ha sorprendido mucho es
leídos de la época. que el romanticismo, en sus audacias de l e n g u a j e ,
Pero en las obras dramáticas es donde se en- siempre retrocedió ante la palabra verdadera.
cuentran los ejemplos más característicos de esa Puesto que tenía la pretensión de unirse al s i g l o
libertad; sabido es con qué cuidado se evita hoy x v i , por encima del l a r g o período clásico, de re-
la menor palabra equívoca, por miedo á los silbi- montarse al genio nacional, de tomar de su fuente
d o s ; hace trescientos años la comedia hacía uso el verdor y la riqueza del viejo lenguaje, ¿ p o r qué
de todas las licencias, llevaba hasta el fin los en- se contentó con el penacho, con la frase lírica y
cuentros amorosos, sin escasear los actos ni los sonora, con esa oleada de imágenes que desborda
términos. E r a aquello, volviendo á mi compara- en los poetas, sin nunca recurrir á la palabra pro-
c i ó n , el impudor sencillo de la infancia, en nuestra pia, á la franqueza y ia fuerte sencillez de la ex-
naciente sociedad. presión?
L u e g o , con el siglo de Luis X I V , vino la reser- Ocurre esto sencillamente porque el romanticis-
mo, á pesar de sus apariencias de mosquetero y
dades de los miembros, las llagas del pecho, los
su declarado horror del b u r g u é s , no es en realidad
granos del rostro. Se miente, se roba, se mata á
más que un hijo de nuestra edad pudibunda y mie-
cara descubierta; pero el que amase al aire libre
dosa. V i ó el siglo x v i en plena leyenda de melo-
sería silbado y lapidado.
drama, y nos lo devolvió en un cortejo de martes
¿ C ó m o el honor ha a c a b a d o por refugiarse ahí?
de carnaval, no yendo más allá de la audacia del
¿ C ó m o el novelista, que puede contar un asesina-
traje, no cuidándose de penetrar b a j o la carne y
to en sus circunstancias más horribles, no puede
darnos aquella hermosa infancia tan libre y tan
pintar lá unión de dos esposos sin verse entregado
varonil de nuestra sociedad.
al disgusto de las gentes honradas y á la severi-
E n mi concepto, el romanticismo e x p u r g ó al si-
dad de la justicia? ¿ E s s e g ú n eso más propio y
glo x v i para uso de las lectoras y las espectadoras
menos v e r g o n z o s o el asesinato que el acto de la
de 1830. E s t a b a demasiado en la plena fantasía
generación? ¿ E s según eso más conveniente dar
para fijarse en las verdades y las energías de la
muerte á un ser que hacer una criatura?
lengua. Teófilo Gautier no hizo más que protestar
contra la hipocresía literaria en su Señorita de N o comprendo esto. Obsérvese que en la anti-
Maupin; personalmente, retinó aún la m e t á f o r a y güedad los pueblos niños, crecidos al sol, pasea-
la perífrasis, sin atreverse á repetir las palabras ban y los besaban devotamente. F u é necesaria la
de nuestros viejos autores. P a r a que se hiciera tal idea cristiana de la indignidad del cuerpo para to-
tentativa, para que un novelista se atreviese á mar el sexo v e r g o n z o s o y poner la perfección mo-
tratar de devolver a l g o de .su claridad viril á nues- ral en la castidad.
tra lengua, era necesario esperar á que el movi- E l hombre no fué y a hecho para reproducirse,
miento naturalista se produjese y diera á los es- sino para morir. Se predicó la muerte de todo, se
critores la verdad por base y el método por útil. pusieron la dicha y el poder fuera del mundo. D e
ahí nuestras generaciones que tiemblan, que se
Sería un estudio en e x t r e m o interesante el de
ocultan, que consienten en comer en público, pero
esta l a r g a educación del pudor. H e m o s l l é g a d o á
no se reproducen á la luz del sol, que han hecho,
colocar todo el pudcr er, un. p u n t o ; y cuando este
en una palabra, de los ó r g a n o s que perpetúan la
punto e s t á oculto, ó se d e j a pasar simplemente en
raza una v e r g ü e n z a de la cual no se quiere ha-
silencio, todo v a bien, la moral se h a salvado.
blar, aún cuando de ella se abuse hasta la ruina
E s t o recuerda la sencillez del a v e s t r u z que se creía
y la muerte.
invisible después de colocar la cabeza detrás del
guijarro. Nosotros ocultamos el s e x o ; una hoja N o tengo intención de filosofar, de a v e r i g u a r si
de parra basta en ocasiones; á veces h a s t a una el pudor es un sentimiento natural ó un sentimien-
o b l e a ; desde ese momento, en cuanto el sexo está to de educación. M e admiro y deploro sencillamen-
suprimido, podemos enseñarlo todo, las enferme- te como escritor que el estudio del s e x o , en sus
verdades fisiológicas, nos esté prohibido como una
Nosotros, los novelistas naturalistas, observado-
podredumbre casi infamante.
res y experimentadores, analistas y anatomistas,
Otro hecho que á menudo me sorprende es la
estamos sobre todo en g u e r r a abierta con el pro-
influencia cada vez m a y o r del protestantismo en
testantismo, por nuestra continua investigación,
nuestras costumbres, en política y en literatura.
que perjudica á los d o g m a s y á los principios,
L o s doctrinarios, los dogmáticos, los pudibun-
que v a m á s allá de los axiomas morales. A h í está
dos, no son sino protestantes más ó menos decla-
nuestro enemigo. L e siento desde hace mucho
rados ; y tenemos ahí un ejemplo bien caracterís-
tiempo.
tico de una época que, en sus comienzos, nos hizo
E n resumen, tal es la situación á la hora pre-
a v a n z a r en un paso hacia la libertad y la verdad,
sente. Nuestro siglo tiene una l a r g a educación de
pero que, desde entonces, se convirtió en un terri-
pudor, que le hace tanto más hipócrita cuanto
ble obstáculo á nuestra marcha, cortando el cami-
más civilizados son sus vicios. Se hace la cosa,
no y obstinándose en una completa inmovilidad.
pero no se ríe con e l l a ; ocasiona rubor y se hace
H o y , los protestantes, esos revolucionarios,
á escondidas. Consistiendo la moral en ocultar el
esos liberales de otro tiempo, son los peores reac-
sexo, el s e x o se ha declarado infame. Se h a for-
cionarios que conozco, metidos en el d o g m a como
mado así una verdadera actitud pública, conve-
postes, llamándose los únicos defensores de lo
niencias, toda una política social que ha reempla-
bueno y lo verdadero, tapándose los ojos y el oído
zado á la idea de virtud. E s t a evolución h a pro-
ante las nuevas soluciones de las ciencias.
cedido por el silencio; hay cosas de las cuales re-
Por otra parte, tal es la suerte de todas las reli-
sulta inconveniente h a b l a r ; he ahí t o d o ; de tal ma-
g i o n e s : comienzan por un g r i t o de libertad, y en
nera que el hombre distinguido, el hombre honra-
seguida se encierran fatalmente en la negación de
do, es el que hace las cosas sin hablar de ellas,
lo que pueda destruirlas.
mientras que el que de ellas habla sin hacerlas,
Sólo la ciencia marcha de lo conocido á lo des- como ciertos novelistas que conozco, son trata-
conocido, siendo bastante franca para corregir dos de gentes podridas y á diario arrastrados por
constantemente sus errores y apropiarse todas las el arroyo.
nuevas verdades.
S e toleran las verdades á los sabios, por la sen-
E n nuestros días, el protestantismo se ha he-
cilla razón de que nadie se ocupa de los s a b i o s ;
cho, pues, en moral y en literatura, un espantajo
pero si un escritor toma las recientes verdades de
mucho más molesto que el c a t o l i c i s m o ; nos en-
la ciencia y se atreve á utilizarlas en el análisis y
tenderemos con un católico, pero desafío á un ar-
la pintura de sus personajes, rompe el contrato de
tista á que esté en buena armonía con un protes-
silencio ultimado con los miembros de nuestra so-
tante. H a y entre ambos una antipatía de cerebros.
ciedad, se aparta de la idea convenida de la virtud
y pasa al estado de e n e m i g o público, contra el
cual todo está autorizado.
Pues bien, esta situación que nos crea paréceme
» -
intolerable. C r e o que ha llegado sobradamente la II
hora de discutir y resolver la cuestión de la obsce-
nidad en la literatura.
¿ Q u é es, pues, la obscenidad y dónde está? Comencemos por analizar el caso del Gil Blas.
H e explicado cómo este periódico, en busca del
E l momento es á propósito para decirlo, porque
éxito á toda costa, lo q u e es la característica de
la aventura de Gil Blas ha venido á sentar la cues-
nuestra edad, había sentido que al público le g u s -
tión, exaltando á los hipócritas que se han apre-
taban sus ensayos, tímidos al principio, de histo-
surado á embrollarlo todo y á emitir las más ex-
rias picarescas, y se decidió en breve á no darle
trañas opiniones.
más que esta golosina, abiertamente, sin el menor
escrúpulo. H e dicho también que el Gil Blas ni
siquiera tenía el mérito de haber inventado esta
especulación de los instintos alegres de los lecto-
res, pues La Vida Parisiense había publicado an-
tes que él una serie de cuentos muy libres.
E n todo este tiempo, esta literatura atrevida fué
muy del a g r a d o de los franceses. P a s a de nuestros
viejos noveladores, de Brantôme y Rabelais, á los
novelistas del siglo XVIII, Crébillon y los demás,
pasando por L a Fontaine. Por consiguiente, es clá-
sico en el buen sentido de la palabra, forma parte
de nuestro genio nacional, no podemos renegar de
ella sin amputarnos. L a cuestión del talento es
sola la que falta examinar.

*
* *

Para mí, la cuestión del talento lo zanja todo


E s t a cuestión de la forma es tan importantísi-
en literatura. N o sé qué se entiende por escritor
ma, que nunca se injurió á la Vida Parisiense con
moral y escritor inmoral; pero sé muy bien lo
tal pasión, porque, justamente, los cuentos ale-
que es un autor que tiene talento y un autor que
g r e s de aquel periódico estaban escritos con más
no lo tiene. Y cuando un autor tiene talento, creo
fineza y encanto. L a picardía mal hecíia, sin ale-
que todo le está permitido. V é a s e la historia. E n
g r í a ó sin g r a c i a , no es m á s que un excremento
Francia, todo se lo permitimos á Rabelais, c o m o
odioso é inaceptable.
en Inglaterra permitiósele todo á Shakespeare.
U n a p á g i n a bien escrita tiene su moralidad pro- F a l t a j u z g a r la especulación en sí misma.
pia, que está en su belleza, en la intensidad de su
vida y de su acento. E s imbécil querer someterla *
* *
á mundanas conveniencias, á una virtud de educa-
ción y de moda. P a r a mí, no hay más obras obs-
cenas que las mal pensadas y mal ejecutadas.
Por ejemplo, ahí está el Gil Blas. L o he leído H e podido admirarme de que ciertos periódi-
por espacio de a l g u n o s meses con atención ; las cos, que trafican con los apetitos menos nobles y
historias picarescas me producen g r a n placer, más peligrosos del público, se indignasen tan vi-
el placer puramente literario que siento leyendo vamente contra un c o l e g a que hace negocio hala-
un cuento de L a F o n t a i n e ; mientras que me in- g a n d o la picardía de la multitud. P e r o esto no
dignaron otras historias, cuyos asuntos eran no quiere decir en manera a l g u n a que defienda á di-
obstante parecidos. cho periódico; h a s t a encuentro que su m a r c h a es
bastante sucia, tanto más cuanto que por cada
Y nada tan sencillo de explicar: las primeras te-
cuento a g r a d a b l e se encuentran allí veinte com-
nían por autores á escritores de talento, mientras
pletamente innobles. Sólo que es necesario esta-
que las s e g u n d a s estaban perpetradas por perio-
blecer, s e g ú n he tratado de hacerlo, que el Gil
distas útiles para todo, que trabajan en el vicio ó
Blas, con sus picardías, no c a u s a más daño á la
en la virtud por encargo.
sociedad que ciertos periódicos políticos y ciertos
E l delito mayor del Gil Blas consiste en imitar
periódicos financieros con las catástrofes de san-
á Boccacio, Brantôme y L a Fontaine sin genio ;
g r e y de dinero que nos preparan.
necesitaría como redactores á Boccacio, Brantô-
me y L a Fontaine m i s m o s ; y los periódicos vir- Insisto, porque la verdad absoluta está ahí. Se
tuosos harían entonces muy mal papel denuncián- g r i t a que el cuento alegre debe ocultarse en el li-
dole á la justicia, porque lo q u e enviarían á la bro y no repartirse en hojas al público. E n primer
prisión correccional sería todo un aspecto de nues- lugar, el libro queda, mientras que la hoja desapa-
tra literatura rece. E n segundo término, hay muchas c o s a s que
76 PÁGINAS DE ORO 77
debieran quedarse en los libros: las declamaciones que las obras tratadas de obscenas, en montón,
de partido que pudren la nación, toda la ola de es- sin distinción ninguna. Así es como críticos dota-
tupideces y de tunantadas que deshonran la pren- dos de una singular clarividencia me acusan de
sa, cuyo papel principal es ser el instrumento más ser el verdadero padre del Gil Blas, nacido se-
poderoso de nuestra información universal. Su g ú n ellos de las crudezas de Nana y de La Ta-
verdadera tarea no está en otra parte, y los que berna. L o cual es un ejemplo sorprendente de la
la tienen cariño, los que la aceptan como el útil de confusión en que nos encontramos en materia de
la época, se entristecen teniendo que hacer en ella literatura. S e suprime Boccacio, se suprime Bran-
tanto sitio á sus tanteos y á sus errores. tóme, se suprime Pirón, y no se parece dudar ni
¡ Cuánta fuerza perdida! Rechazáis la literatura un solo instante de que mis obras, por desnudas
de la prensa, llenáis al público de política durante que puedan s e r , salen del anfiteatro y no de las
diez a ñ o s ; es natural que se divierta y procure un alcobas galantes. E s necesario, pues, remontarse
éxito á las picardías del Gil Blas. L a b o g a de los á las fuentes y tratar de hacer la m a y o r luz po-
cuentos picantes, que atribuís al naturalismo, lo sible. Analicemos fas obras, tratemos de clasifi-
que en breve examinaremos, viene por el contra- carlas lógicamente.
rio, en mi concepto, de lo profundamente cansa-
dos que están y a los lectores de a g i t a r s e en el
*
círculo estrecho de la polémica de los partidos y * *

de la necesidad irresistible que experimentan al


fin de reir, de mostrarse alegres, bellos, jóvenes,
amantes. Por poco que impongáis aún á Francia
E n t r e nosotros, s e g ú n he dicho, el cuento ale-
vuestras disputas, vuestras ambiciones, vuestra
g r e es un fruto del suelo. Brotó antes de refinarse
fraseología parlamentaria, vuestros artículos pe-
el g é n e r o en Italia. S e le encuentra en los balbu-
sados y mal escritos, esta indigestión de política
ceos de nuestra literatura, y su carácter e s en-
que mata al público, v e r e m o s ciertamente cual-
tonces una grosería de una bonachonería jovial.
quier día á las mujeres y los hombres c o g e r s e de
L a s palabras son crudas, la picardía es enorme,
las manos y ponerse á bailar en las calles, locos
se siente pasar por allí la sonora risa del público
de fastidio, resueltos á distraerse de cualquier
comodón, fácil de divertir. L a s señoras de la
modo y en cualquier parte.
época se reían de buena g a n a con ciertas crudas
Estudiemos ahora la obscenidad en la literatura. historias que hoy no nos atreveríamos á contar
E s esta una expresión v a g a , que se aplica á la entre hombres.
ventura y que es necesario definir. L u e g o , después de las anécdotas de Brantôme
N a d a más distinto como espíritu y como fin de tan bella tranquilidad sencilla en su desnudez,
lante, en v a n o se afina el género, no se ensancha
L a Fontaine continúa haciendo cuentos picares-
mucho. L a observación es nula, reaparecen sin
cos, que viste con su g r a c i a y su m a l i c i a ; á par-
cesar los mismos chistes de a l m a n a q u e ; se ha de
tir de tal momento, las crudezas desaparecen, la
llegar al siglo x v m para encontrar pinturas de
picardía se apura por la indirecta, el siglo de
costumbres desarrolladas.
L u i s X I V d e j a caer un extremo de su púrpura
Insisto, porque hay ahí un g é n e r o perfectamen-
sobre el cintuíón de Priapo.
te distinto, que tiene su lugar bien determinado
E n el fondo de todo movimiento literario, hay
en nuestra historia literaria y que no se ha de con-
simplemente una evolución social. T o d a v í a se ve
fundir con ningún otro, so pena de embrollarlo
esto cuando, en el siglo x v i i i , la literatura alegre
todo y de no ser justo.
se transforma de nuevo y ocupa un l u g a r tan
E s t e g é n e r o ofrece los c a r a c t e r e s ; no tiene la
marcado, tan decisivo. N o puedo escribir una his-
ambición de observar, ni de pintar, ni de decir la
toria completa de esta literatura, historia de g r a n -
verdad acerca de un hecho ó de un s e r ; quiere
dísima utilidad no obstante, y que un crítico jo-
divertir, nada m á s ; es un pasatiempo, un recreo
ven y atrevido debiera darnos, porque habría allí
cuyo asomo de fruto prohibido le hace aún más
una contestación á las acusaciones de inmoralidad
sabroso. C u a n d o es tratado con talento, se hace
con que se persigue al naturalismo, mostrando
un m a n j a r muy fino, que puede prohibirse á las
el abismo que hay entre los cuentistas picarescos,
señoritas, pero es un festín para los espíritus
que proceden de la fantasía, y nosotros, que pro-
cultos. Si es contado sin talento, sin sencillez ó sin
cedemos de la ciencia.
malicia, sin el encanto de un estilo personal, no es
Así, pues, he ahí ún filón de nuestra literatura, más que una b a s u r a , que en el desprecio de los
explotado en todas las épocas, y sólo con las dife- lectores tiene lo que merece.
rencias impuestas por el medio social. Muy libre
T a l es el caso del Gil Blas, lo repito: a g r a d a b l e ,
en el siglo x v y en el x v i , e x p u r g a d a y de un
cuando publica la amable picardía de un perio-
encanto exquisito en el x v n , desbordando y aca-
dista de i n g e n i o ; completamente innoble cuando
bando en ferocidad en el x v m , el cuento ó la no-
el artículo es de un constructor de prosa, que
vela calificado por la crítica de obsceno, ha dado
hace de e n c a r g o cualquier imitación mal hecha
algunas obras maestras á nuestra lengua, en me-
de B o c c a c i o ó de Brantóme.
dio de un montón de medianías y basuras caídas
P o r otra parte, la especulación ha existido,
en el olvido. Al principio son simplemente anéc-
si no en todo tiempo, al menos á partir del si-
dotas sobre maridos e n g a ñ a d o s , sobre mujeres de-
glo XVIII,
masiado ardientes; la imaginación de los cuentis-
tas no es fértil, el mismo asunto y los mismos re-
cursos son utilizados constantemente. M á s ade-
*
* * sólo Rabelais se permitiera. Puesto que se oculta-
ba, puesto que el volumen no estaba destinado á
la libre circulación, toda reserva se hacía inútil,
N a d i e , s u p o n g o , acusa á Brantôme de haber y los autores se condujeron en el libro como se
especulado con la picardía de su época. Parece obra en una alcoba, con las cortinas corridas. E n
haber escrito muy sencillamente sobre hechos de esta época fué cuando B é l g i c a se inundó y un
los cuales hablaba todo el mundo sin ruborizarse ; vastísimo comercio de volúmenes puercos se esta-
y no se le v e haciéndose imprimir en B é l g i c a , re- bleció en el país vecino y en el nuestro. H e ahí
partiendo sus libros en secreto. la infección, la verdadera y única literatura obs-
L o propio puede decirse de L a Fontaine. H a b í a cena que es necesario reprimir y condenar. E s aún
en él un g u s t o literario, rimaba sus cuentos por más estúpida que peligrosa, porque nunca pervir-
puro placer, sin la idea de cosquillear á sus con- tió á n a d i e ; da náuseas á todo lector que g o c e de
temporáneas ni de hacer dinero con el vicio. buena salud, no h a l a g a más que la perversión
enfermiza de los viciosos. E n una sociedad, como
Podemos hablar en el mismo sentido de Pirón,
la nuestra, muy refinada, de una hipocresía sabia
del cual la estupidez de la crítica charlatana ha
y gobernada por conveniencias, me parece ser des-
hecho el tipo del autor o b s c e n o ; Pirón tenía sen-
graciadamente una llaga incurable, como la mis-
cillamente en las venas mucha de la "sangre de
ma prostitución.
nuestros cuentistas picarescos ; reía sonoramente,
como borgoñón que no se intimida ante las bellas Y no sólo es un libro infame aquel que el autor
ni ante el vino, pero era un temperamento, no un no puede ofrecer al comercio abiertamente y que
fabricante en frío de porquerías clandestinas. se vende á escondidas. Después de éste hay el li-
P e r o es verdad que junto á los escritores de ta- bro discreto, construido con prudencia p a r a los
lento que obedecían á su naturaleza a l g u n o s espe- escaparates de las librerías. L a palabra cruda e s
culadores acabaron por producirse, sobre todo en él evitada, el vicio conserva una g a s a b a j o la
cuando la hipocresía se declaró en nuestra socie- cual aparece m á s seductor. E s una excitación á
dad c a d a v e z más civilizada. E s la historia eterna: todos los sueños voluptuosos, á las semiindiscre-
desde el momento en que las picardías demasiado ciones que dan la inmediata necesidad de conocer
sucias hicieron enrojecer, se escupieron y s e tra- el resto, mentiras sobre el amor que turban los
ficó en e l l a s ; hasta tomaron un acento tanto más corazones y las cabezas. E s t o s libros, que se en-
v i v o y perturbador cuanto más en secreto, con el cuentran en todas partes, son en concepto mío
g o c e del pecado, fueron leídas. Y se volvió á la mucho más peligrosos que los volúmenes declara-
grosería del siglo x v ; se fué más lejos aún, se damente puercos, que se venden caros y no pueden
amontonaron las palabras crudas, las palabras que adquirirse f á c i l m e n t e ; seducen, mientras que los. •

m '"
Crebillón hijo, en L a c l ó s , en L o u v e t de C o u v r a y
otros disgustan. E s t a m o s invadidos de ellos: bio-
y en otros muchos, y se vería que la literatura
g r a f í a s de mujeres g a l a n t e s , historias de amor
galante, obscena, como en la actualidad brutal-
con cubiertas rosadas y f o t o g r a f í a de g r a n escote,
mente se dice, tiene su raíz en la sociedad de la
memorias escandalosas de muchachas saliendo del
época, que procede de ella y la g u í a al propio
lecho de u n príncipe, novelas hechas con polvo
tiempo. L o s hermanos Goncourt, aunque desde un
de arroz en que las mujeres se conducen como tu-
punto de vista distinto, han indicado este estudio
nantas, idealizaciones continuas del desorden que
en su obra tan original é interesante, El amor en
le muestran provocativo, omnipotente en una apo-
el siglo x v i i i . Muestran allí la v i d a del tiempo,
teosis de lujo y de placer.
las lentas modificaciones e n los acontecimientos
U n a vez más lo d i g o : he ahí los verdaderos es-
y en las ideas, toda esa materia social que deter-
peculadores de la obscenidad moderna. V i v e n del
mina una literatura. H e aquí una p á g i n a de aquel
vicio engalanado, negocian con la hipocresía de
libro, que ruego se me deje tomar entera, porque
nuestra edad. Estén a b a j o ó arriba, hayan escrito
es característica, y me permitirá hacer la luz so-
las aventuras de Rigolboche ó los amores de una
bre ese terrible marqués de Sade, del cual tanto
gran señora, basta que hayan mentido, que hayan
se abusa en nuestra crítica contemporánea:
- velado la alcoba con una cortina rosa, que hayan
cantado el vicio como idealistas en lugar de mar- « ¿ A dónde, sin e m b a r g o — e s c r i b e n los Gon-
carle con un hierro candente como los naturalis- c o u r t , — d e b í a conducir esa malicia en el amor,
tas, para que su tarea esté envenenada y acabe en cuya d e s v e r g ü e n z a , cuya profundidad, cuyos cre-
una inmoralidad final. cientes é insaciables apetitos á través del s i g l o
hemos tratado de seguir? ¿ D e b í a detenerse antes
E n el siglo x v m , el cuento picaresco extiende
de haber dado como una medida espantosa de sus
su marco y llena volúmenes enteros. Al mismo
excesos y su extremidad? H a y una lógica inexora-
tiempo deja un lugar á la observación y al análi-
ble que m a n d a á las malas pasiones de la humani-
sis, v a hacia la novela de costumbres, de malas
dad que v a y a n al fin de sí mismas y estallen en
costumbres, si se quiere.
un horror final y absoluto. E s t a lógica había asig-
nado á la malicia voluptuosa del siglo x v m su
*
*
*
monstruoso coronamiento. H a b í a habido en los
espíritus una costumbre demasiado g r a n d e , la
crueldad moral, para que esta crueldad permane-
ciera en la cabeza y no descendiera hasta los sen-
N o puedo estudiar esta evolución, que corres- tidos. S e había j u g a d o demasiado con el sufri-
ponde, como siempre, al movimiento s o c i a l ; me miento del corazón de la mujer para no verse ten-
limito á señalarla. Sería necesario detenerse en
tado á hacerla sufrir más s e g u r a y más visible-
mente. ¿ P o r qué, después de a g o t a r las torturas a g u z a b a la voluptuosidad. H a y ahí una imagina-
de su alma, no habían de ensayarse en su cuerpo? ción diabólica, satánica, un g o c e en el dolor, una
¿ P o r qué no se habían de buscar crudamente en rebeldía en medio de los crímenes que caracteriza
su s a n g r e los goces que daban sus lágrimas? E s muy claramente la sombría locura de que pudo
esta una doctrina que nace, que se formula, doc- salir ese pintor de la bestia humana soltada en
trina hacia la cual v a todo el siglo sin saberlo, y plena brama de la carne. Para mí, sale lógica-
q u e no es en el fondo otra cosa q u e la materiali- mente del catolicismo, llega á la agonía del si-
zación de los apetitos. ¿ Y no es fatal que esta g l o XVIII después de las negaciones de los filó-
última palabra se dijera, que el eretismo de la fe- sofos, y desempeña el papel de Satán triunfante,
rocidad se afirmase como un principio, como una del viejo Satán de la E d a d Media, monstruoso y
revelación, y que al final de esta decadencia refi- lúbrico, degollando á las mujeres con la horca,
nada y galante, después de todos aquellos pasos aplastando á los niños con una caricia, predicando
hacia el suplicio de la mujer, un marqués de Sade el incesto y el asesinato, soñando con la d e s o r g a -
viniese á poner, con la s a n g r e de las guillotinas, nización y el desmoronamiento final. E l desorden
el T e r r o r en el Amor?» de un reino ha preparado su venida, á la hora obs-
H e ahí una explicación histórica del papel del cura en que, sobre los escombros de una realeza
marqués de Sade. A p a r e c e como una consecuencia y una religión, las ciencias nuevas aun no habían
fatal, hija de una l a r g a evolución. reconstruido nada. D e ahí ese fin de todo, esa or-
Pero esto no b a s t a ; para comprenderle, es ne- g í a asesina que destruía el mundo, en la victoria
cesario sentar que era un católico invertido, un decisiva de Satán contra Dios. E s , lo repito, el
hijo de la Iglesia exasperado contra su madre. E n catolicismo vuelto del revés, Satán en lugar de
sus orgías, insulta á D i o s con un desbordamiento Dios, el infierno en lugar del cielo, las calderas,
de p o r q u e r í a s ; y le insulta c o m o un hombre cuyo las llamas, las llagas, la s a n g r e , en lugar de la
ateísmo no es sólido; quiero decir que no tiene la música de los serafines y la eternidad serena del
indiferencia científica, que amontona rabiosamen- bienaventurado. Sólo un creyente pudo imaginar
te las infamias p a r a a h o g a r en sí la idea de D i o s tales horrores. S e ve allí la pesadilla de un loco
que no quiere morir. Cree, por otra parte, en el de la fe que se pone á hacer sacrificios al diablo,
diablo, le teme seguramente de un modo horrible. con el f u r o r sombrío y espantado de un fanático
Semejante cerebro debió ser con frecuencia visi- que cambia de altar, más bien por odio que por
tado por la i m a g e n del infierno. E l infierno, y el negación de su Dios.
infierno católico, es el que pinta en sus amores
monstruosos, en los abominables suplicios con que T a l es, pues, el espíritu verdadero del marqués
de Sade. L a demencia religiosa se ha apoderado
ciertos párrafos parece le han sido tomados direc-
de él, como entra en j u e g o siempre que la s a n g r e
tamente: por ejemplo, la mujer á quien un marido
corre en el amor. e n g a ñ a d o sella con el pomo de su puñal, valién-
dose de lacre hirviendo.
*
* * Podría multiplicar los acercamientos, y allí
cuando menos un encuentro singular. L o cual vie-
ne, lo repito, d s que la filosofía es la misma. E n
Abrase la historia del mundo: se encontrarán, Barbey d'Aurevilly nos las habernos con un cató-
en las religiones, en los centenares de sectas que lico exasperado, que no parece aceptar á D i o s
se han disputado los hombres, todas las aberra- sino por tener el placer de creer en Satán. Su
ciones y todas las crueldades imaginables. título ya lo dice: Las Diabólicas, esto es, criaturas
C u a n d o una creencia no diviniza la carne, la fatalmente malas, malditas, nacidas para la in-
t o r t u r a ; y las monstruosidades llegan en seguida, mundicia y el crimen, poseídas y caídas en la
b a j o el aguijón del sexo. monstruosidad. A m a n en la s a n g r e , refinan sus
Actualmente hay en Francia un escritor cuyo g o c e s por la crueldad, desorganizan y triunfan
ejemplo me da una prueba más de esto. Me refiero del desmoronamiento de todo. Y tales son tam-
á Barbey d'Aurevilly. bién las criaturas del marqués de Sade, diabólicas
N o le acuso, es verdad, de ser una continuación que llevan la reve'ación del m a l y que se compla-
del marqués de S a d e ; quiero limitarme á hacer cen en escupir sobre las leyes divinas y humanas.
una comparación con toda clase de reservas. A u n - E l marqués de S a d e fué hasta el fin en su f e loca,
que, en suma, es el umco que pueda ser compa- aventurándose en toda la inmundicia, en toda la
rado lógicamente con el marqués. Obedece al mis- demencia de los apetitos, en una l e n g u a de una
mo espíritu. E s un creyente á quien la i d e a del crudeza innoble. Barbey d'Aurevilly no deja v e r el
diablo atormenta y que cede á veces á la rebelión monstruo más que á medias, como católico que
del infierno. E l mal, para él, es i n n a t o ; y registra sólo tiene caprichos permitidos por el diablo y co-
la carne, está muy cerca de saborear las delicias m o artista á quien el cuidado de una f o r m a origi-
del dolor. A g r é g u e s e el aspecto satánico, extrañe- nal absorbe.
zas de ángel que la maldición atrae.
Se encuentran caracteres en todas las obras
* #
ultrarrománticas de Barbey d'Aurevilly. P e r o se- * *
ñalo sobre todo su colección Je novelas cortas
Las Diabólicas, que el tribunal le rogó retirase de
Si resumimos esta corta exposición de la litera-
la circulación. Se siente allí la inmediata influen-
tura picaresca, la vemos nacer en nuestro país
cia del marqués de Sade, hasta el punto de que
con los buenos cuentos de nuestros padres, afinar-
se en el siglo XVII, ensancharse en el x v m y con-
vertirse en la expresión profunda y v i v a de la so-
ciedad, para caer, en fin, en las suciedades de la
especulación y conducir al lodo sangriento del
marqués de Sade. L a evolución debía necesaria- III
mente ofrecer esta consecuencia final, porque la
historia de nuestra sociedad h a marchado parale-
E n primer lugar, no somos picarescos, en el
lamente.
sentido amable y ligero de la palabra. Se nos acu-
V e a m o s ahora si, como á diario se declara en s a con razón de carecer de alegría y de ingenio,
la prensa, nuestras obras naturalistas de la época porque nuestros estudios son negros, austeros,
actual se unen á la literatura de la picardía y la in- demasiado profundos, para conservar aquella flor
mundicia. E s t o será j u z g a r de su moralidad. superficial que es el g i a n encanto del cuento, tal
como lo entendían nuestros padrés. Estos se de-
tenían, en el adulterio, en la astucia de la mujer,
en el g e s t o cómico del m a r i d o ; y si el drama in-
tervenía, cosa rara, era expeditivo, un simple he-
cho que desenlazaba. N o s o t r o s , en el adulterio,
v a m o s en seguida á lo trágico, tomando la aven-
tura, no por el lado alegre, sino por el lado hu-
mano. P o r otra parte, no nos atenemos al g e s t o ,
á la risa, á la epidermis; registramos á los perso-
najes, llegamos en seguida á las miserias del hom-
bre y de la mujer. H a c i e n d o esto, el ingenio no
es m á s que una campanilla que diera un sonido
alegre, falso y miserable; el asunto se torna g r a -
ve, el vaudeville p a s a al d r a m a ; somos anatomis-
tas que no pensamos poco ni mucho en el adorno.
En una palabra, nuestra novela naturalista, cual-
quiera que fueren sus audacias, no podría ser g r o -
tesca ; es cruda y terrible, si se quiere, pero no tie-
ne ni la risa ni la fantasía galante de la picardía,
que no es nunca otra cosa que un j u e g o ingenioso-
m á s ó menos alegre y delicado con un asunto es-
M e permitiré citar un ejemplo que me es per-
cabroso.
sonal.
E s necesario, pues, dejar á un lado á Boccacio,
C u a n d o publicaba Nana en un periódico, todo
Brantôme, L a Fontaine y los otros. N o procede-
el P a r í s de los bulevares y el demimonde se des-
mos de ellos. E s la suya una fórmula literaria que
hacía en protestas.
ningún parecido tiene con la nuestra.
Y o había podido e n g a ñ a r m e en ciertos detalles
Y , à este respecto, insisto sobre el escaso placer
técnicos, en un estudio tan complejo y tan ates-
que nuestros libros producen á nuestros desorde-
tado de h e c h o s ; pero las protestas iban más con-
nados. S e lee á Brantôme con una sonrisa. Aque-
tra el espíritu del libro, contra las costumbres y
lla serie de anécdotas, en las que sin cesar el g o z o
los caracteres, en particular contra la pintura de
del sexo aparece sin un sufrimiento, está hecha
ese desorden parisiense que bate nuestras aceras.
para consuelo del vicio. El amor es allí fácil y
S e g r i t a b a q u e aquello no era de aquel modo, que
poderoso, no se cogen más que las flores del pla-
aquel desorden era más alegre, m á s espiritual,
cer, es aquello como un paraíso en que los aman-
menos propenso al drama de la carne. Cronistas
tes son despojados de su humanidad enferma y
y autores dramáticos de talento, que vivían en
sucia.
el mundo de las actrices y las prostitutas, juraban
sonriendo que mi Naná no e x i s t í a ; y lamentaban
* evidentemente que no hubiera dibujado con ligero
* » .
trazo uno de aquellos finos perfiles de Grévin, una
de aquellas flores encantadoras del vicio conveni-
do, que tienen solamente el asomo de elegancia
T ó m e s e , por el contrario, una novela naturalis- canallesca á la moda.
ta, La señora de Bovary ó Germinia Lacerteux,
P u e s bien, hubo en esto un fenómeno cuya ex-
y p ó n g a s e en manos de los desordenados: los dis-
plicación es fácil.
g u s t a r á profundamente, los espantará, porque se
encontrarán allí feos y estúpidos, con la miseria H e ahí unos hombres de talento que toman del
temblona de su dicha. H a s t a ocurrirá tal vez que vicio lo que les g u s t a ; g o z a n el buen humor, con
crean que aquello es mentira, rebeldes, no que- el lujo y el p e r f u m e de las prostitutas; cenan con
riendo reconocerse, demasiado acostumbrados, en ellas, se olvidan con ellas, pero aceptando sola-
su galantería, á detenerse en la epidermis, para mente su lado a g r a d a b l e , en un encuentro ó en
aceptar la s a n g r e y el lodo que h a y en el fondo. un convenio. Son flores que ponen en su vida.
Nosotros no cosquilleamos, aterramos, y en eso Hasta cuando una mujer les salpica con su lodo,
está una parte de nuestra moralidad, cuando caen una noche en un sumidero por estu-
pidez ó por locura personal, g u a r d a n silencio.
teniendo por temperamento el horror de lo que
*
no es alegre y amable, prefiriendo verlo todo color * *

de rosa, b a j o una nube de polvos de arroz.


Compréndese, pues, el malestar de esos testi-
g o s , de esos actores de la vida parisiense, en H e ahí por qué Naná f u é declarada falsa por los
cuanto se les pone en presencia, como ocurre en viciosos parisienses, deseosos de atenerse á los
Nana, de un drama sin velos y que desciende has- trazos engañosos y provocativos de La Vida Pa-
ta la infamia de los personajes. risiense.
Si no os atenéis á la superficie encantadora, si Desde hace mucho tiempo, Sé bien que nuestro
vais más allá del vestido para entrar en la piel, principal crimen es ese, á los ojos de los idealis-
más allá del tocador para abrir públicamente la tas. N o embellecemos, no permitimos el ensueño
alcoba, los trastornaréis terriblemente, estropea- con los asuntos sucios.
réis su placer. Se enfadarán si os ven con las Comprendo sin t r a b a j o que se nos reproche el
rameras serios, g r a v e s , escalpelo en la m a n o , re- que desolemos á la pobre humanidad, que necesi-
gistrando el vientre de esas lindas personas, de las ta de la ceguera. Sólo que también fuera menes-
que no quieren conocer m á s que el raso. ter, por otra parte, no acusarnos de h a l a g a r el
Y tendrán razón al enfadarse, y obrarán de bue- desorden, de provocar la picardía con nuestros
na fe si os desmienten; porque, personalmente, cuadros, lo cual no es del todo lógico. N a d a lleva
siempre se negaron á ver la bestia en la criatura. menos á la picardía que nuestros libros: el hecho
Quisisteis demasiada v e r d a d ; por e s o no compren- me parece indiscutible.
den y declaran f a l s a vuestra pintura.
Depende la cosa del punto de v i s t a : si sois pa-
risienses, en el sentido amable de la palabra, ro- *
*
*
zaréis los asuntos, los trataréis como hombres ale-
g r e s , escépticos, paradójicos, tendréis una obser-
vación superficial a g u z a d a por palabras, florecida
P o r consiguiente, no procedemos más de la no-
por la moda, os detendréis en la pequeña comedia
vela licenciosa del siglo x v i i i que del cuento pica-
que se representa ante el público, con toda clase
resco de los siglos precedentes. Encontramos en
de reservas y convencionalismos; si por el contra-
rio sois humanos, agotaréis los asuntos, los tra- esa novela la pintura acariciada é idealizada del
taréis como sabios que quieren verlo todo y de- v i c i o ; hay ahí también una traducción del des-
cirlo todo, desnudaréis vuestros personajes y los orden, hecha para contentamiento del lector. El
perseguiréis hasta en las miserias y las vergüen- fin científico, la lección de verdad, no aparece
zas que se ocultan á sí mismos, n u n c a ; cuando hay un desenlace moral, lo que
ocurre á menudo, este desenlace f u é preparado de
N o conozco nada tan inepto ni tan injusto.
a n t e m a n o ; no se desprende de los hechos, no tie-
E f e c t i v a m e n t e , el marqués de S a d e es un ro-
ne la utilidad de una experiencia ensayada con ele-
mántico exasperado, no tiene absolutamente nada
mentos humano;.
del naturalista, del novelista experimental. L e he
Nuestra novela es, pues, absolutamente origi- estudiado á g r a n d e s rasgo s no hace mucho, y
nal y no tiene nada dé la novela del p a s a d o ; ó, al debe ser evidente para los espíritus lógicos que ese
menos, desde los comienzos de este siglo, la an- diabólico, ese católico invertido, es justamente
tigua fórmula ha sido de tal manera modificada todo lo contrario de nosotros los positivistas, ana-
por el empleo de los métodos científicos, que re- lizadores de la verdad.
sulta de ello una fórmula completamente nueva,
Él parte del hecho extraordinario, casi sobrehu-
que lleva consigo un arte y una moral. E s t a mo-
m a n o ; nosotros partimos de la marcha ordinaria
ral, ha sido por mí definida, en mi estudio sobre
de las cosas. E l tiene tras sí el infierno, el dia-
la novela experimental, y no puedo por menos de
blo en l u g a r de D i o s ; detrás de nosotros está la
repetir esta conclusión: ciencia.
«Mostramos el mecanismo de lo útil y lo perju- Y aquí es donde la separación es decisiva. A m -
dicial, separamos el determinismo de los fenóme- bas filosofías se completan y se excluyen. E n él no
nos humanos y sociales, para que un día puedan hay más que un triunfo de la podredumbre huma-
dominarse y dirigirse estos fenómenos. T r a b a j a - n a ; está en la monstruosidad por la monstruosi-
mos, en una palabra, con todo el siglo en la g r a n dad ; creyó en D i o s , hoy cree en Satán, lo cual es
obra, que es la conquista de la materia, el poder lo mismo, y toda su obra es el chancro horrible de
del hombre decuplado.» una f e extraviada.
N o s o t r o s , cuando tocamos á la podredumbre,
* es únicamente por mostrarla y definirla; somete-
* *
mos las monstruosidades á la experiencia, á fin de
hacernos los a m o s ; no somos obreros de la f e ,
sino los obreros del m é t o d o ; quiero decir que nos
P e r o un ejemplo hará comprender nuestro pa- atenemos á los hechos probados, sin que nos em-
pel.
baracen los d o g m a s de una religión sobre el bien
V u e l v o al marqués de Sade. E n cuanto publica- y el mal. T o d a nuestra tarea consiste en ir de lo
mos una novela, se nos echa á la cabeza ese nom- conocido á lo desconocido, y tenemos la certeza
bre. Y esta es la «tarta de crema» de la crítica. de que somos tanto más útiles cuanta m á s verdad
B a s t a la injuria, se aplica á cualquier obra, sin hacemos.
estudiar su espíritu ni su fin.
E n suma, si el espectáculo del desorden es una
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cosa abominable, el estudio e x a c t o de una pasión
aunque fuera llevado hasta la s a n g r e , toma una encontrará en él al marqués de S a d e : la violación,
elevada moralidad cuando ofrece las certidumbres el incesto, los amores bestiales y contra natura,
de una experiencia y se convierte en un documen- una rabia de fornicación y de asesinato que se
t o que habrán de tener en cuenta los criminalistas sacia á cada instante en la s a n g r e y el lodo. E s la
y los legisladores. misma demencia, el mismo eretismo de la carne,
bajo la conmoción de los d o g m a s católicos.

*
* * *
* *

N o hablo de la lengua infame del marqués de


En nuestra literatura, el marqués de Sade es la
Sade, quien ha prodigado los pocos términos v e r .
expresión directa del sabbat, del infierno tal como
g o n z o s o s del diccionario, sin más intención que
salía de las iglesias, aullando, saltando, ensu-
añadir á la lubricidad de los hechos la excitación
ciándolo y rompiéndolo todo, en ciertos días de li
sensual de la palabra misma. N o es eso ni ia eru-
cencia popular.
dición de un lingüista ni la fantasía de un a r t i s t a ;
es el bramido de un hombre que se excita con pa- Y aquí es donde vuelvo á encontrar á Barbey
labras inmundas. T o d o esto es m o r b o s o y del do- d'Aurevilly.
minio de la patología. E l caso de este hombre re- T i e n e la misma concepción del mal que el mar-
cuerda el de las poseídas," de las convulsionarias, qués de Sade. En él, los personajes malos son po-
que, en la locura de sus creencias, se entregaban seídos que el diablo e m p u j a á actos monstruosos y
al diablo é iban al sabbat, manchando las igle- sobrehumanos. N o v a tan lejos como el marqués
sias con orgías furiosas, poniéndose en cuatro pa- en el delirio sexual, pero dice lo bastante para que
tas ante los altares, holgándose como los ani- el resto se adivine.
males. El también es perseguido por el sabbat y sus
L a ninfomanía está en el fondo de la antigua abominaciones carnales. S e complace, con el es-
superstición; un viento de terror arrebata á los pasmo, en el g o c e a g u d o de un católico que se
creyentes y les hace caer de la fe en la m a g i a . A l expone á ser condenado. E n el fondo experimenta
final hay el milagro, quiero decir lo monstruoso, ternuras por los hechiceros, tiene el dandismo de
lo sobrehumano, lo infernal. oler el tostado. Su fatuidad es hacer creer que
Léase La Bruja, de Michelet, ese terrible cua-
dro de la locura religiosa de la E d a d Media, y se
pasa las noches con sus diabólicas, libre de con-
fesarse de ello al siguiente dia.
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A h o r a bien: ¿dónde está la moral en todo eso? ^

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El señor Barbey d'Aurevilly la pone sin duda s á ; la presta sorprendentes ocurrencias, la quita,
en el temor de D i o s . N o deduce y no sabría de- en una palabra, realidad, para ponerla en una pe-
ducir. sadilla cruel y sangrienta.
C o m o no es un espíritu banal, no quiere desen- H e ahí un marqués de S a d e bien caracterizado.
lazar sus historias, como los novelistas inferiores, E s un cuento abominable inventado por un escri-
haciendo que intervenga la Providencia para cas- tor de una originalidad atormentadora y rara. Y
tigar el c r i m e n ; ó al menos, cuando la hace inter- con seguridad que ese cuento no lleva ni docu-
venir, como por ejemplo en El Cura casado, es de mento verídico ni lección moral, desde el momento
una manera tan extraordinaria, tan milagrosa, en que se ha construido en el aire y en que quiere
que la lección parece sacada de un cuento de ser la expresión satánica del mal. E s t o nos colo-
hadas. ca en plena metafísica V e o ahí, el autor d i g a lo
Con él no se tiene, pues, más que una escapada que quiera, una preocupación enfermiza de lo in-
al infierno, una pintura del mal acariciado con mundo por lo inmundo.
amor romántico, llevada á lo a g u d o y á lo extra- A h o r a , he aquí un novelista naturalista que
ordinario; en una palabra, marqués de Sade posi- quiere estudiar á una prostituta.
ble en la sociedad. Y esta pintura está hecha por T o m a r á esta prostituta en su generalidad, en
el placer de la pintura misma, sin ningún cuidado su vulgaridad. L a mostrará determinada por la
de la verdad, hasta con el desdén de la verdad y la herencia ó por el m e d i o ; si resbala a l ' d e s o r d e n ,
intención bien marcada de la exageración en el es que fué á él empujada por la embriaguez de los
sentido de lo sobrenatural. parientes y por las promiscuidades del arrabal.
T o m e m o s un ejemplo. L u e g o , el autor, siguiéndola p a s o á paso, ana-
El señor Barbey d'Aurevilly pinta una mujer lizándola en sus ropas, en su morada, en los hom-
pública. E s t o le ha o c u r r i d o ; ha puesto particular- bres que se le acercan, mostrará su papel social,
mente una en Las Diabólicas; verdad es que esta establecerá claramente de qué modo o r g a n i z a y
mujer es u n a g r a n señora española que se ha destruye.
hecho prostituta por v e n g a r s e del marido: una Se ve, pues, que una elevada moral práctica se
linda historia según se ve, y bien sencilla, y bien desprende de la obra. N o e s ya la pesadilla de
natural. un católico extraviado por la preocupación del dia-
N o i m p o r t a ; es una prostituta. El autor, no b l o ; es un sabio, un observador y un experimen-
contento con haberla dado tal origen, por aborre- tador que da y clasifica documentos humanos.
cimiento de lo común, se complace en seguida en H e ahí una prostituta, he ahí cómo crece y có-
un cuadro e x t r a v a g a n t e . L a coloca en el fondo de m o funciona en s e g u i d a , he ahí hechos estableci-
«n tabuco, que amuebla de una manera maravillo. dos por la observación y la e x p e r i e n c i a ; en lo su-
cesivo, puesto que la experiencia nos hace dueños
de ser los únicos g r a n d e s , fos únicos virtuosos,
de los hechos, á nosotros nos toca impedir que se
los únicos caritativos, porque dejan desconocido
p r o d u z c a n ; saneemos los arrabales, suprimamos
al hombre.
científicamente las prostitutas. Y aún cuando la
Nosotros creemos que todos los males vienen de
obra no llevase esta conclusión práctica, tendría
lo desconocido, y que la única tarea honrosa es
siempre la utilidad de una información exacta,
disminuir este desconocido, cada cual en la medi-
de una verdad humana puesta en pie, indestruc-
da de su fuerza.
tible.
N o puedo aquí tratar de esas elevadas cues-
¿ He logrado esta v e z hacerme comprender?
tiones; toda mentira lleva el mal consigo, aun
¿ E s t á claro para todo el mundo que, cuando la
cuando esa mentira t e n g a una apariencia de g r a n -
crítica, con su bella inteligencia, nos recuerda al
deza.
marqués de Sade, no sabe absolutamente lo que
P e r o cuando los argumentos de nuestros adver-
dice?
sarios se hacen odiosos es cuando nos acusan de
N u e s t r a concepción científica de la naturaleza
obscenidad y de especulación v e r g o n z o s a .
es diametralmente opuesta á su concepción cató-
H e dicho ya que no procedemos ni del cuento
lica. E l marqués de S a d e es un idealista terrible,
picaresco ni de la novela licenciosa; he demostra-
que triunfa en lo sobrenatural y en lo irracional.
do que los hijos directos del marqués de Sade,
D e manera que sus hijos directos son actualmente
lejos de encontrarse entre nosotros, están por el
nuestros adversarios, los que nos acusan de tra-
contrario entre los románticos impenitentes y
b a j a r en la inmundicia, porque trabajamos en la
exasperados. L a literatura obscena, es decir, la li-
verdad. Declaran la verdad banal y sucia, cuando
teratura de imaginación libertina, que inventa as-
toda la moral está en ella, en ella sola. Creen ser
querosidades por g u s t o y sin ningún fin de in-
tanto más nobles cuanto m á s se pierden en las
formación exacta, no puede crecer más que en la
mentiras de la i m a g i n a c i ó n ; y llegan al brinco fi-
cabeza de un novelista espiritualista. Nuestros
nal, saltan en plena demencia, caen en pleno
análisis no pueden ser obscenos, desde el momento
marqués de Sade, en ese último desmoronamiento
en q u e son científicos y constituyen un documen-
de la razón, en el cual la bestia humana se revüel-
to. H e ahí lo que es menester repetir á cada ins-
ca b a j o la opresión espantada y voluptuosa del
tante, lo que se ha de probar siempre para que
diablo.
cada cual, en nuestras cartas modernas, tome al
Llámesenos positivistas, materialistas, a t e o s ; fin su verdadero puesto al sol.
es esa una disputa filosófica, y la aceptamos.
L o s católicos y aun los simples deístas, sean
románticos ó doctrinarios, tienen la pretensión
g a s repulsiones del público por las novelas de
Stendhal y de B a l z a c ; esos escritores no g a n a r o n
nada mientras vivieron, analizando atrevidamen-
te la realidad.
IV ¿ Y los hermanos Goncourt, de cuya Germinia
Lacerteux no se vendieron al pronto dos ediciones
sino al cabo de diez años? ¿ S e dirá que éstos
Se acusa á los novelistas naturalistas de es- habían querido g a n a r dinero contando los amores
pecular con el vicio. exactos de una criada? E n todo caso, mTiy mal
Lindísima sería su tarea, y fuera la suya una cálculo habrían h e c h o ; porque, mientras sus li-
campaña divertida, si ellos acusasen á sus adver- bros' ásperos y fuertes quedaban en el almacén,
sarios de especular con la virtud. T a r t u f o tiene las engañosas historias de O c t a v i o Feuillet, esas
toda una descendencia que llena los periódicos, historias rodeadas de las virtudes convenientes y
los libros, los teatros. á la moda, se elevaban por lo común á treinta mil
L o que se ha de establecer en primer término ejemplares, en medio de un prurito sentimental é
es que, en suma, la especulación con el vicio no hipócritamente sensual.
lleva l e j o s ; y hablo aquí de la especulación r e a l , '
de la que se refugia en Bélgica y es practicada á
escondidas.
L o s infelices obligados á buscar su pan en tan
* * - • o m w i
v e r g o n z o s o tráfico son todos gente p o b r e ; no se
me citaría uno que h a y a realizado ni una media-
Quiero llegar á lo siguiente:
n a fortuna. Por otra parte, si se quiere someter
L a especulación con la virtud es mucho más
al equívoco y manchar á los verdaderos artistas,
productiva que la especulación con el vicio.
insinuando que estudian al hombre hasta en sus
S e g ú n he dicho y a , nuestras obras son demasia-
v e r g ü e n z a s , para excitar al lector y vender mu-
do n e g r a s , demasiado crueles, sobre todo para
cho, se apoya únicamente esta calumnia en ciertos
cosquillear al público en buen sitio y procurarle
éxitos raros y excepcionales, debidos á c a u s a s
placer. Rebelan, no seducen. Si algunas llegan á
diversas, sin tener en cuenta el f r a c a s o casi gene-
una l a r g a venta, la mayor parte dejan á la mul-
ral de las obras de verdad y de audacia. Se citará,
titud inquieta é indignada. Así, pues, los princi-
sí, la venta enorme de La señora de Bovary, y se
piantes que, por cálculo, se lanzaran en la pintura
dirá que esta venta f u é sencillamente determinada
de la infamia humana, pronto sufrirían terribles
por el episodio del fiacre. Pero se pasarán en si-
desengaños. Comprenderían en primer término
lencio las l a r g a s vacilaciones, diría casi las lar-
que la sinceridad es n e c e s a r i a ; es necesario amar más sin e n g a ñ o nos dará la humanidad, pintándo-
la verdad y tener mucho talento para atreverse la tal cual es.
á intentar la pintura desnuda, sin caer en lo inno- S e mide el genio por las verdades que dice acer-
ble y lo odioso. Notarían en seguida que una hi- ca del hombre y la naturaleza. D e ahí, lo repito,
pocresía real lleva más directamente á la fortuna el peligro que hay en querer desempeñar, con el
que una brutalidad afectada. L a hipocresía es ala- simple objeto del tráfico, el papel de analista,
bada, bien p a g a d a , mientras que la brutalidad tie- atormentado por la necesidad de la verdad ; porque
ne en su contra la masa enorme dé g e n t e s á quie- una convicción sincera y una g r a n intensidad de
nes contraría la franqueza. Si esta brutalidad, si arte son las únicas que pueden salvar del d i s g u s t o
esta audacia de decirlo todo no está en el tem- público las pinturas de nuestras enfermedades y
peramento mismo del escritor, esto se v e en bre- de nuestras bajezas, dándolas vida.
v e , la especulación se hace evidente y el escritor Por el contrario, todo es dulzura y provecho en
especulador cae casi en seguida en un justo des- el oficio de escritor hipócrita. U n g r a n talento es
precio. inútil; perjudicaría. Se l o g r a mucho con un talen-
Quiero decir, en suma, que la especulación de to mediano, flexible, elástico sin esfuerzo. Y hasta
la mentira no presenta ningún peligro, por ha- se obtienen muy bellos triunfos sin poseer el me-
llarse la multitud siempre dispuesta á aprobar y nor talento.
enternecerse; cuando la especulación de la verdad,
por el contrario, es un despeñadero en el cual un *

autor banal acaba por romperse los huesos. * *


H e ahí por qué, si ningún temperamento los
empuja, hacen bien en t r a b a j a - en la virtud antes
que en el vicio. Recapacítese que la multitud no pide más que
Quiero insistir sobre la necesidad absoluta de ser e n g a ñ a d a ; jamás resiste á un autor que la
talento cuando se ataca á las terribles realidades e n g a ñ e ; le acepta en seguida feliz con sus con-
humanas. suelos y sus h a l a g o s . Puede mentir durante medio
E s t o es tanto más evidente cuanto que los espí- s i g l o ; no se enfadará nunca por tal causa, y en-
ritus sólidos son los únicos que se atreven á mirar contrará el brebaje cada vez más delicioso.
estas realidades de frente, y tienen bastante poder D e esta multitud, más de la mitad de las perso-
para analizarlas y sostenerlas. nas saben que el autor miente; no importa, sonríe
E l don de la vida destruye todas las barreras de con aire inteligente. ¿ A qué promover la cues-
las convenciones y de las conveniencias, de ma- tión? ¿ N o v a todo bien? ¿ P a r a qué se ha de lanzar
nera que cuanto más creador sea un escritor, la queja?
N o estamos en el caso precedente cuando el
ideal q u e han puesto en a u g e la hipocresía hu-
público se encuentra ante un escritor amante de
mana. T o d o es ahí placer y facilidad. E n quince
la verdad y se alza contra documentos d e s a g r a -
lecciones, cualquier maestro del g é n e r o os ense-
dables.
ñará el arte del personaje s i m p á t i c o ; y ganaréis
Aquí, los autores son de miel y los lectores no
mucho, y seréis honrados, y podréis permitiros el
pueden hacer más que tragárselos, cerrando bea-
capricho de enlodecernos cuando pasemos. Cuan-
tamente los ojos. S e les dice que las mujeres son
to á aquellos de éstos que tengan talento, no ne-
bellas, que los hombres son buenos, que la tierra
cesitan de nuestros consejos. M e limito á compa-
es un lugar de aventuras extraordinariamente
decerles, porque serán difamados y degollados.
divertidas y de amores siempre felices. Aquello
V e a m o s ahora más de cerca esta especulación
es encantador, á todo el mundo conmueve. Lue-
con la virtud, de la cual se abusa en nuestra lite-
g o no hay l u c h a ; los autores que trabajan en esta
ratura.
virtud ideal están seguros de no encontrar ningu-
n a oposición. N o se les registra,' pueden hacer Se b a s a en el personaje simpático. S e os dirá
entrar de contrabando las cosas m á s sospechosas. que no hay ahí libro, sobre todo pieza posible, sin
E l talento es, pues, inútil, puesto que todo p a s a , personajes simpáticos.
puesto que los lectores están adquiridos de ante- E l personaje simpático representa la idea que
mano. L a s señoras sonríen; un murmullo h a l a g a - la hipocresía de un público m á s ó menos conscien-
dor se eleva al paso del novelista virtuoso. Acla- te se f o r m a de la humana criatura.
mado por los salones, su primer obra, cualquiera Así una joven simpática es una esencia de pudor
que sea, le coloca en el r a n g o de los escritores y de belleza.
«simpáticos». S e le premia en la Academia, en la V é a n s e las heroínas de nuestros dramas y nues-
que se le abren sus puertas de par en par. E s re- tras n o v e l a s : ni una sola v i v a , ni una sola se con-
compensado, condecorado, incensado, y es lo s u y o duce razonablemente, como buena y sencilla cria-
el triunfo de lo mediano, en la apoteosis de la tura. N o son sino abnegaciones sublimes, igno-
estupidez universal. rancias ridiculas, estupideces enfáticas y volunta-
rias. N u e s t r a joven francesa, cuya educación é
Reflexionad, pues, j ó v e n e s ; y si os sentís me-
instrucción son deplorables, y que flota del ángel
dianos, no h a g á i s c a s o de la prensa que pretende
á la bestia, es un producto directo de esa litera-
se hace fortuna rápidamente con el naturalismo,
tura imbécil, en que una v i r g e n es tanto más no-
lo que, para la prensa, quiere decir en lo inmundo.
table cuanto más se acerca á una muñeca mecáni-
S e os e n g a ñ a , jóvenes. O í d m e : si no tenéis ningún
c a bien montada.
talento, no v e n g á i s á nosotros, ¡ por amor de
Instrúyase á nuestras jóvenes, fórmense para
Dios! Id á los virtuosos, á esos caballeros del
nosotros y para la vida que hayan de llevar, pón-
DE ORO
PÁGINAS
ociosos y extraviados, todos los desórdenes tole-
g a s e l a s lo antes posible en las realidades de la
rados de la imaginación.
existencia; la tarea será entonces excelente.
P e r o donde la especulación se hace brutal é irri-
A h o r a b i e n ; lo propio sucede con todos los
tante, en mi concepto, es en el teatro.
personajes s i m p á t i c o s ; siempre mienten. E l hijo
S e trafica allí con los buenos sentimientos del
tendrá honra por el padre, si éste se ha permitido
público con un aplomo impúdico. U n drama es
algunos pecadillos; no una honra sensata y lógica,
mediano, los espectadores bostezan y la obra va
sino una de esas honras de teatro que hacen las
á caer. P e r o el autor, que es un malicioso, ha
delicias del paraíso. E l padre será noble y sober-
sembrado hábilmente la pieza de párrafos virtuo-
bio, una abstracción de todas las virtudes. L a
s o s ; en todas las escenas hay declaraciones sobre
amante abrigará la pureza más implacable, junto
el honor, sobre la virtud, y cada declamación es
á la más tierna p a s i ó n ; mientras que el amante,
forzosamente a c o g i d a por tempestades de bravos.
exento de los bajos cuidados^de este mundo, des-
E l entusiasmo no conoce límites cuando el p á r r a f o
preciará el dinero, tendrá buenos sentimientos,
es patriótico; entonces todos se entusiasman, y
vivirá en ese heroísmo romántico que es la ne-
el autor es declarado n o sólo un g r a n hombre,
g a c i ó n de la vida.
sino también un hombre honrado.
H e ahí, pues, las muñecas fabricadas para dis-
Desde nuestros desastres de 1870, ¡ c u á n t o s de
tracción de las almas sensibles, y con las cuales es
esos dramas sin talento vimos aplaudir, obtener
fácil á cualquiera obtener un éxito.
una apariencia de éxito, g r a c i a s á la especulación
¡ C u á n t a s especulaciones, si examinamos las
con el calvinismo de las multitudes!
obras hechas con personajes simpáticos!
E s una v e r g ü e n z a literaria, es faltar á la simple
probidad eso de e n g a ñ a r así al mundo, plantando
*
al final de cada hemistiquio banderas tricolores.
* * L o s autores de estas obras bastardas aúllan:
¡ V i v a F r a n c i a ! al oído de los espectadores, y
aprovechan el sacudimiento nervioso para robar-
Ahí está el enorme montón de novelas preten-
les aplausos, como un ladrón empuja á un tran-
didas honestas: parrafadas sentimentales, pintu-
seúnte en una acera p a r a robarle el reloj.
ras del bello mundo, quintaesencia de la moda
y del buen tono, refinamiento de la religión ama- *

ble, costumbres extranjeras en que pasan italia- * *

nas color claro de luna y rusas blancas como la


E x a m i n e m o s ahora la moral de estas mentiras.
nieve, todas las tonterías de las cabezas hueras,
todas las mentiras en que se mecen los cerebros Se dirá: «Sí, hay una especulación con la vir-
tud, como la hay con el vicio. Sólo que las gentes b a j o las alamedas mientras canta el ruiseñor, lar-
que negocian públicamente con el bien llevan á g o s juramentos y besos que aseguran una eterni-
cabo una tarea loable, puesto que no dan sino dad de goces. L o s personajes no comen, no enve-
buenas lecciones». jecen, no tienen ninguna de las enfermedades de
Q u e es lo que y o niego en absoluto. la n a t u r a l e z a ; lo que convierte esos libros, con su
N o puedo aquí tratar la cuestión á fondo y re- moral caprichosa, sus tolerancias poéticas, en una
petir lo que he dicho á menudo en otros estudios tierra superior que d i s g u s t a de la nuestra y hace
míos. P e r o diré una v e z más que la mentira, por que se desprecien nuestras realidades, el h o g a r ,
noble que sea, tiene siempre desastrosas conse- el trajín cotidiano, las necesidades del cuerpo,
cuencias. todo lo que al suelo nos tiene unidos. E l desequi-
Si se pudiera abrir el cráneo de un hombre ali- librio cerebral y la perversión sensual son el fin
mentado con estas novelas y estos dramas e n g a - de todo esto.
ñosos, en el cual no repercutiesen más que notas
P o r el contrario, tómese una novela naturalista,
sonoras, y que son lo contrario de nuestra exis-
y continuamente se estarán sacando de ella leccio-
tencia cotidiana, se comprobaría la existencia en
nes de c o s a s reales. L o s ensueños peligrosos no
él de lo vacío, de lo v a g o , de lo obscuro.
están y á permitidos: he ahí el mal en su h o r r o r ;
Semejantes lecturas y semejantes espectáculos he ahí la falta en las suciedades y los tormentos
estimulan los desórdenes solitarios, las reservas de sus consecuencias; he ahi cómo se a m a ; y
jesuíticas, los compromisos y los rodeos del cora- siempre sale la conclusión de que la virtud y la
zón. W a l t e r Scott h a hecho más muchachas culpa- dicha están en la lógica, en la aceptación de lo
bles y más mujeres adúlteras que Balzac. Jorge real, en el justo equilibrio del hombre con la na-
Sand creó toda una generación de soñadoras y turaleza que le rodea.
razonadoras insoportables. E n una mujer que to-
Y lo propio puede decirse del patriotismo, del
ma un amante, hay siempre en el fondo la lectura
cual hace poco hablaba: el verdadero patriotismo
de una novela idealista, sea Indiana ó bien La
no e s t á en esa locura heroica que da su vida, b a j o
novela de un joven pobre.
la conmoción nerviosa de una g r a n excitación
N a d a turba tanto como esas p á g i n a s , que llevan c e r e b r a l ; está en la razón y en el conocimiento
al lector al pensamiento de las grandes pasiones, exacto de las necesidades de la patria, en el estu-
y en las que, cualquiera que sea el desenlace, la dio y la aplicación de las ciencias que la salvarían.
falta se convierte en la única dicha deseable en A esta hora sobre todo, desconfío de los dramas
la tierra, g r a c i a s al cuadro e n g a ñ o s o y seductor con párrafos que cosquillean nuestro orgullo du-
que el novelista hace del amor. N o hay allí más rante una v e l a d a y que se han olvidado al entrar
que torrecillas a'umbradas por la luna, paseos en c a s a de n u e v o ; y preferiría muchas escuelas
en que se enseñase á vencer por los medios nue-
v o s que los recientes descubrimientos puedan pre- los documentos. L o s impotentes y los hipócritas
sentar. pueden insultar al libro y al autor, cubrirles de
E n todo, la observación y la experimentación lodo, renegar de ellos. E l monumento no deja por
deben reemplazar al empirismo, á la demencia eso de elevarse piedra á p i e d r a ; y un día llega en
lírica, al salto en lo desconocido. que, ante la soberbia masa, la posteridad, que
comprende al fin su magnitud lógica, se inclina
N i n g u n a moral práctica podría basarse en obras
de admiración.
de imaginación, mientras que las obras verdad
llevan ciertamente c o n s i g o una lección cierta y
provechosa.
T e n g o que concluir. Y será la mía una conclu-
sión enteramente literaria.
Por encima de las especulaciones con el vicio
y las especulaciones con la virtud, hay los verda-
deros escritores, los que obedecen á un tempera-
mento y no se preocupan ni aún de ser viciosos ó
virtuosos. Estudian el hombre y la naturaleza en
toda libertad. Solamente un tormento les o c u p a :
vivir en los s i g l o s ; y he aquí por qué no se cuidan
de la m o d a y están llenos de desprecio ante las
conveniencias y las convenciones sociales. A s í ,
pues, resulta imbécil v e r , en sus atrevimientos
de lenguaje y de análisis, una explotación preme-
ditada de las curiosidades sucias de la multitud.
Q u e la multitud trate de satisfacer su afán de in-
mundicia en sus obras, pasatiempo innoble es que
sólo mancha á la m u l t i t u d ; hay muchas gentes
que hojean los libros de Rabelais únicamente por
encontrar las palabras puercas. U n verdadero es-
critor, un g r a n novelista como Balzac, hizo su
obra á semejanza de la humanidad, tan elevada
y tan verdadera como debe ser, aún en sus aspec-
tos atroces. L a lección está en la exactitud de
IiA D E m O C ^ A C I f í

Repasando uno de estos días las Memorias de


ultratumba, de M . Chateaubriand, mis ojos se han
detenido en las siguientes f r a s e s :
«Europa corre á la democracia... D e s d e D a v i d
hasta nuestro tiempo, los reyes fueron l l a m a d o s ;
las naciones parecen serlo á su v e z . . . Abundan los
síntomas de la transformación social. E n v a n o se
hacen esfuerzos para constituir un partido para el
gobierno de uno solo: los principios de este g o -
bierno se encuentran... Después de todo, será me-
nester renunciar á él. ¿ Q u é son tres, cuatro, veinte
años en la vida de un pueblo? L a antigua sociedad
perece con la política de que saliera... L a era de
los pueblos ha llegado».
.He ahí lo que escribía, hace próximamente
medio siglo, el despabilado paladín de la monar-
quía. E s t a b a noblemente envuelto en la fidelidad
de su rey, y dejaba oií ese g r i t o de absoluta des-
esperanza ante la nueva sociedad, que irresistible-
mente subía como los mares. H o y , el movimiento realeza no es y a posible si no le da la mitad del
h a continuado, se ha acentuado aún, barre á estas trono.
horas los últimos escombros del viejo mundo. P o r otra parte, no p r e j u z g o la forma de gobier-
P u e s bien, el siglo entero está ahí, en esa evo- n o ; todos los ensayos pueden tentarse; hasta al
lución social. E s el advenimiento de la democracia cabo de cien años, nuestras catástrofes políticas,
el que renueva nuestra política, nuestra literatura, vienen de los tanteos para regular el funciona-
nuestras costumbres, nuestras ideas. Compruebo miento normal de las nuevas sociedades. D e ahí
un hecho, n a d a más. Y a ñ a d o que el que quiera nuestro malestar, nuestras disputas, el desorden
interceptar el camino á ese hecho será arrastrado á que asistimos, y que á veces, en el desaliento de
por él. la hora actual, nos hace olvidar el g r a n trabajo
Comprendo, por otro lado, todos los pesares. del siglo.
U n viejo edificio, de una majestad secular, no cru- Ni siquiera estoy hablando como republicano,
je sin llenar los corazones religiosos de cólera y hablo como hombre.
de dolor. L o s monarquistas ponen su esperanza ¿ P o r qué no tener fe en la vida, en la humani-
en una restauración que creen posible; nada m á s dad? U n trabajo sordo la sacude y la impulsa.
respetable. Hasta admito que esta restauración P u e s bien, ese trabajo no puede ser más que un
tendrá lugar mañana. U n rey reinará diez, veinte, ensanchamiento del ser, una toma de posesión
treinta años. Y luego, ¿ q u é ? C o m o dice Chateau- más v a s t a del mundo.
briand, en ese g r i t o de melancolía suprema: «Des-
N o hay ninguna razón para creer en el mal fi-
pués de todo, será necesario renunciar á la cosa».
nal ; por el contrario, cuando la suma de esfuer-
U n nuevo reflujo a h o g a r á el trono, y la democra-
zos se ha hecho, se comprueba siempre en la his-
cia se dejará ver nuevamente, más amplia y más
toria un paso más hacia adelante, á pesar de los
profunda».
errores de la marcha. A v a n c e m o s , pues, ponga-
mos nuestra certidumbre en el porvenir. A pesar
*
*
*
de todo, el mañana tendrá razón.
T a l e s la creencia inquebrantable que quisiera
ver en todo hombre político, por encima de la abo-
¿ A qué enfadarse? ¿ A qué romperse los puños minable conveniencia de los partidos. L a miseria
contra una fuerza? comienza cuando se desciende á la medianía y á
L a fuerza pasa, siempre debe pasar. A u n cuan- la tunantería de los ambiciosos que son la ver-
d o mañana tuviésemos un r e y , su primer cuidado g ü e n z a de su época. S e es entonces presa de g r a n
sería formar parte de la democracia, porque la indignación, se pelea contra esos hombrecillos por
poca precaución que se t e n g a de la v e r d a d ; y tal
vez se obrara mejor g u a r d a n d o silencio, esperan- pió el terreno, vino el movimiento naturalista,
do el total de los resultados, porque todo entra para asentarse en el nuevo orden. T o d a sociedad
en el trabajo de la vida, hasta los elementos sucios aporta su literatura, y hace mucho tiempo que los
y destructores. A s í como la muerte es necesaria críticos anuncian la transformación del espíritu
á la existencia, los hombrecillos fueron hechos literario. Sainte-Beuve, presa de inquietud ante
sin duda para llenar las fosas, en las cuales caen esa ola creciente, había retrocedido á las edades
de nuevo en el vacío, mientras que el siglo pasa. clásicas, después de poner vanamente su esperan-
za en el romanticismo. A pesar de su amplia com-
L a política no es hoy más que eso. Si la hora
prensión, sentíase desbordado en sus costumbres y
parece turbia aún, los hechos se indican con más
sus g u s t o s , decía que una edad acababa y que ha-
precisión cada v e z , y lo que todo el mundo oye es
bía llegado la hora en que los escritores de la vie-
el zumbido de la democracia, que sube sin cesar.
ja Francia debían irse.
E s el porvenir, nadie es c a p a z de dudarlo. Así,
pues, es necesario aceptarla, se ha de creer en Este sentimiento de terror, estas g a n a s de aca-
ella, dejando que las pasiones de unos la nieguen bar, los he encontrado en todos mis mayores, y en
y que las ambiciones de los otros se la metan en los más ilustres. E s la actitud inquieta y desespe-
el bolsillo. N o tiene ella la culpa de que imbéciles rada de los realistas en política, ante la nación
y tunantes especulen con ella. Y sobre todo, es trastornada, derrumbando las construcciones an-
menester no temblar al ella acercarse, cualquiera t i g u a s ; y lo singular es que los escritores que
que sea la tempestad que nos la traiga. E l mundo tiemblan ante la democracia en literatura son en
se hizo en medio de los cataclismos. C u a n d o se ocasiones los que más trabajaron en su adveni-
haya concluido, la obra será buena. miento. P e r o son los hijos de otra edad, todo les
hiere en la nuestra.
La prensa, con su estrépito ensordecedor, su
* * tarea tan turbia, los arroja fuera de sí mismos.
* *
Permanecen en la torre de marfil de V i g n y , donde
han g u a r d a d o el pontificiado del poeta, rimando á
ratos, llenos de cólera ante la idea de vender sus
P e r o dejo la política que en suma no es mi do-
obras. E n nuestra producción literaria, confusa y
minio, y donde guerreo solamente porque en ella
tardía, hecha una profesión, ven el próximo fin
abundan todos los desórdenes humanos, y paso á
de la literatura, el derrumbamiento definitivo de
la literatura.
esas obras g r a n d e s y bellas.
E n las letras, la evolución democrática se cum-
T r a t o de pintar aquí exactamente un estado de
ple con tanto poder como en la política.
espíritu muy característico. Fáltales tierra, pare-
Después de la insurrección romántica, que lim-
ce que el mundo haya acabado. A lo lejos, el zum- Entre nuestros contemporáneos, conozco otro
bido de la democracia que avanza, paréceles á g r u p o de escritores que, sin lamentarse, perma-
ellos el clamor de los bárbaros, acudiendo á ma- necen escépticos y despreciativos ante el movi-
tar las inteligencias y á implantar en los pueblos miento democrático.
el nivel igualitario de una medianía universal. Y
E s t o s tienen mi edad. Son melodistas de la in-
este espanto, está ideado de que la democracia es
teligencia, que ponen una especie de aristocracia
la enemiga de las artes y de las letras, les da el
en comprenderlo todo y no apasionarse por nada.
odio de su tiempo, de las ideas nuevas, de las mo-
Discuten acerca del arte de peinarse sin peine, se
dernas invenciones, de esa v a s t a corriente positi-
dan como hombres de ingenio y llevan la sutili-
vista, cuya influencia en nuestra literatura con-
dad hasta coger las cosas por la cola, con tal
temporánea es c a d a vez más marcada.
de no parecerse á los otros hombres. Pero, sobre
Háblese de la época á los escritores que tienen todo, tienen la pretensión de estar siempre á un
hoy de cincuenta á sesenta años. lado, con el desdén de la multitud; sé de algunos
A l g u n o s se l a n z a r á n tal v e z á efusiones líricas que afectan escribir para un solo lector, algún
sobre la democracia, á la cual el romanticismo, compañero eminente, diciendo que se burlan de
en las últimas, ha puesto el justillo de Hernani. la opinión del resto de los mortales. L a verdad es
P e r o los otros, los que no pertenecen al carnaval que, en el fondo, no van con su siglo, porque no
humanitario, elevarán los brazos al cielo, ante tienen la pasión de él.
la abominación del país de las letras.
Y , sinceramente, esos jóvenes de la literatura
El antiguo espíritu, ese lindo espíritu de los me entristecen más, con su música de salón, que
jardines académicos, todo de erudición amable y los románticos maestros mayores con sus lamen-
de retórica maliciosa, agoniza en la actualidad, taciones á toda orquesta. Se comprenden los pesa-
para dejar su sitio á otro espíritu, de una claridad res por el pasado, en presencia del p o r v e n i r ; pero
brutal, todo documentos, que reemplaza la recrea- ¿ q u é decir de esos hijos de la hora actual que en-
ción literaria de otros tiempos por las experiencias cuentran espiritual y distinguido abandonar la
del sabio, que acepta al fin el oficio de escritor, tarea para entregarse aparte á esos juegos ¡no-
le practica y vive de la pluma, como el médico centes? L a democracia asciende, y ponen barqui-
vive de su lanceta. chuelos de papel en cubetas de a g u a , so pretexto
E s t e aspecto positivo de las letras es el que in- de que no están calzados con la finura suficiente
digna á nuestros m a y o r e s y les hace predecir el para ir á mojarse fuera.
fin de la literatura francesa, a h o g a d a en el utili-
tarismo y en la tarea igualitaria de la demo-
cracia.
vía empenachada, nuestra observación demasiado
especialmente vuelta hacia ciertos asuntos. T o d a
revolución comienza así, por violencias enfadosas.
E s necesario esperar á que el nuevo E s t a d o se
II funde.

P u e s bien, en literatura como en política, creo


*
que es necesario no tener miedo ante los tiempos * *

nuevos. U n a literatura no muere sino con una


lengua. M a ñ a n a aportará su obra, y tanto más
amplia, lo espero, cuanto más parece a g r a n d a r s e
el hueco en el siglo x x . E s imposible que asista- E s como el estrépito v a c í o de la prensa, esa ola
mos á una a g o n í a , después de la prodigiosa acti- de b a j a literatura que llena la inteligencia públi-
vidad intelectual que marca nuestro t i e m p o ; es ca y desespera á los verdaderos escritores.
seguramente un nacimiento, el comienzo de un V e r d a d es que no es la cosa muy propia y que
g r a n período histórico. hay ahí un resultado democrático que inquieta.
¿ Q u é siglo v a á nacer? N o puede decirse. Pero Sólo que, como en toda evolución humana, se
¿ p o r qué no tener confianza y no esperarle con la debe hacer un apartado de las miserias y las ver-
serenidad de la fe? güenzas.
Sin duda que nuestr-a época literaria está sin- Por otra parte, la prensa lleva á cabo una labor
gularmente turbada. Desde el desmoronamiento ú t i l ; es la v a n g u a r d i a de la democracia, difunde
del tiempo clásico, hemos vivido en la anarquía la lectura y ensancha nuestro público.
de los estilos; la catedral g ó t i c a se derrumbó lue- S é que precisamente de ese público demasiado
g o , como aquellas ruinas ficticias que una g o t a de grande se quejan los antiguos hombres ilustrados
lluvia convierte en barro en los jardines burgue- y los refinados de la joven generación.
ses ; y desde entonces ha reinado la confusión de P e r o ¿ p o r qué hemos de temblar ante una
las fantasías personales, mientras que, lentamen- clientela hecha de toda la nación? Ahí está la ver-
te, la fórmula naturalista se completaba y se im- dadera democracia en literatura: hablar de todo y
ponía. Sólo nuestros hijos podrán mostrarla clara hablar de todos, d a r derecho de ciudadanía en las
y establecerla, pues nosotros estamos aún dema- letras á todas las clases y dirigirse á todos los
siado acalorados á causa de la lucha para tener ciudadanos. Si nuestro público se hace inmenso,
la calma necesaria. D e ahí vienen todas nuestras deber nuestro es tener la v o z bastante poderosa
lamentables e x a g e r a c i o n e s , nuestra lengua toda- para que llegue á los cuatro extremos del país.
porque me basta que llegue por la ciencia y que
Y lo propio ocurre con el mercantilismo que se
la ciencia deba un día determinarla.
reprocha á las letras modernas.
La ciencia enterrará las locuras humanitarias,
H e dicho en otra parte que el dinero nos hace
las concepciones delirantes de los hambrientos y
dignos porque nos hace libres. S o m o s comercian-
los ambiciosos, para establecer el nuevo orden so-
tes, es v e r d a d ; no lloriqueamos como aquel escri-
cial sobre las verdades naturales.
tor de Chattertón, cuando nos vemos obligados
¿ P o r qué, pues, nos hemos de inquietar por lo
á vender nuestros libros; y nuestros libros son
que vendrá, puesto que habrá solamente en ello
justamente nuestros desde que los vendemos. H e -
un producto lógico del trabajo del mundo?
mos conquistado el derecho de decirlo todo en
Ello no podrá ser, lo repito, más que un ensan-
ellos viviendo de nuestro t r a b a j o , como los otros
chamiento de la vida.
productores de la nación.
Dejad correr las a g u a s c e n a g o s a s que todo di-
luvio vierte sobre la tierra y contad con el cielo
*
azul. * *

Sin duda que está obscuro el porvenir, que na-


die puede aspirar á fijarle. Se explican las horas
S e nos reprocha no creer.
de desesperación en tiempos tan turbados como
Quisiera ponerme en pie y hacer en voz muy
los nuestros. ¡ C u á n t a s veces los más firmes, per-
alta mi acto de fe.
diendo la tierra de vista, abandonándose en me-
Creo en mi siglo con toda mi moderna ternura.
dio de la tempestad, "blasfeman contra sus creen-
Sólo los creyentes son fuertes. T o d o aquel, en po-
cias! Y he aquí por qué es necesario dar la cien-
lítica como en literatura, que no crea en su tiem-
cia por base á todas las manifestaciones de la hu-
po, caerá en el error y la impotencia. H e visto á
mana actividad. La ciencia es la única certeza.
mis mayores esterilizarse en medio de sus pesa-
Ponedla en la política y en la literatura, si tenéis
res ; veré ciertamente resbalar al v a c í o á aquellos
necesidad de creer. E n seguida os sentiréis fuer- de mis contemporáneos que ensarten perlas apar-
tes. Estaréis de pie sobre una roca que no se mo- te, por una distinción de escepticismo.
verá.
Creo en la ciencia, porque es la herramienta
Sí, la ciencia regulará la democracia misma. del siglo, porque lleva en sí la única fórmula sóli-
Esta democracia no es aún más que una palabra, da de la política y de la literatura de mañana.
Ella fué quien abrió la revolución, y ella será
un monstruo horrible para unos, una vaca de le-
quien la cierre. Solamente en ella hay salvación
che para otros. N o trato por mi parte de definir-
para la humanidad. Ensanchará nuestro dominio
la, de saber lo que nos trae de bueno y de malo,
sin rechazar nada de él, precisando nuestras fa-
cultades y estableciendo la lógica de nuestras re-
laciones.
OBRAS PUBLICADAS
Creo en el día que transcurre, y creo en el día ADORACIÓN, por Alvaro de la Iglesia.
de mañana, seguro de un agrandamiento cada
MALOS AMORES, por Felipe Sassone.
vez más vasto, por haber puesto mi pasión en las
fuerzas de la vida.
CAPRICHOS, por Rodrigo de Rahavánez.
AZUL... por Rubén Darío.
POR EL CAMINO, por Adrián del Valle.
LA TRANSFORMACIÓN DE L A S RAZAS EN AMÉRICA,
por Agustín Alvarez.
Los SIMULADORES DEL TALENTO, por José María
Ramos Mejía.
IDEACIONES, por Juan Más y Pí.
FIN
MAR Y CIELO, por Luis Reyna Almandos.
L A S ROSAS DEL DESEO, por Juan Julián Lastra.
L A TÚNICA DE SOL, por Luis María Jordán.
CÓMO ESTRENAN LOS AUTORES, por José León
Pagano.
RESONANCIAS DEL CAMINO, por Juan Zorrilla de
San Martín.
H U E R T O .CERRADO. — MITRE. — GÓMEZ. — LAVA-
LLEJA, por Juan Zorrilla de San Martín.
0>y ' - Í-Tíi» V
EN PRENSA
HISTORIAS ÍNTIMAS, por Joaquín V . González.
VIBRACIONES, por Juan Bautista Gómez.
L E Y E N D A S Y PARÁBOLAS, por Salvador Barrada.
BÁRBAROS Y EUROPEOS, por José León Pagano.
Precio de cada volumen $ reales
Los mismos, elegantemente encuadernados
en tela ,
sin rechazar nada de él, precisando nuestras fa-
cultades y estableciendo la lógica de nuestras re-
laciones.
OBRAS PUBLICADAS
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