Você está na página 1de 4

Para iluminar tu reflexión… Evangelio en verso…

El evangelio de hoy nos sorprende con un


llamado a la responsabilidad y al radicalismo en Nadie construye una «torre»
el discipulado, ya que ser discípulo de Jesús tiene sin poner fuertes cimientos.
un precio y hay que asumirlo. En el evangelio de Nadie es tan tonto que ponga
hoy aprendemos que para seguir a Jesús se «batalla perdida» en juego.
requiere salir del anonimato y comprometerse en
primera persona. En tiempos del ministerio Nosotros somos discípulos
terreno de Jesús, mucha gente le seguía como de Jesús, nuestro Maestro.
admiradora suya, quizás atraída por su proyecto. Él pone las «condiciones»
Aquí vemos cómo Jesús expone claramente las para el que sale a su encuentro.
condiciones para llamarse “discípulo” suyo: (1)
el desapego afectivo, completo e inmediato para Jesús dice claramente
darle la prioridad a Jesús; (2) la disponibilidad que Él es el «amor primero»,
para la cruz y la renuncia a todo. Esto presupone por encima de la vida,
un gran realismo y prudencia ante el entusiasmo la familia y el dinero.
inicial en la decisión por el discipulado.
Jesús va a Jerusalén
Se requiere, como lo ilustran las dos pequeñas a morir en un madero
parábolas que leemos hoy, el realismo del y todos sus «seguidores»
arquitecto que construye un edificio y la pagarán el mismo precio.
prudencia de un rey que enfrenta una guerra.
En otras palabras, hay que evitar las falsas A veces, somos cristianos
ilusiones, puesto que no basta la buena voluntad con poco convencimiento,
para ser cristiano, y hay que ser suficientemente con una fe rutinaria,
sabio, para poder enfrentar los riesgos que este por temor, por cumplimiento.
compromiso implica. Ser discípulo de Jesús
comporta decisiones y riesgos que determinan la Es preciso decidirse
vida entera de quien hace la opción. por Jesús y su Evangelio,
dispuestos a vender todo
por la alegría del Reino.

Señor, es dura la cruz,


pero son suaves tus besos.
Danos las «cruces» que quieras
y «hombros» que aguanten su peso.

(José Javier Pérez Benedí)


Para iluminar tu reflexión… Evangelio en verso…
El evangelio de hoy nos sorprende con un
llamado a la responsabilidad y al radicalismo en Nadie construye una «torre»
el discipulado, ya que ser discípulo de Jesús tiene sin poner fuertes cimientos.
un precio y hay que asumirlo. En el evangelio de Nadie es tan tonto que ponga
hoy aprendemos que para seguir a Jesús se «batalla perdida» en juego.
requiere salir del anonimato y comprometerse en
primera persona. En tiempos del ministerio Nosotros somos discípulos
terreno de Jesús, mucha gente le seguía como de Jesús, nuestro Maestro.
admiradora suya, quizás atraída por su proyecto. Él pone las «condiciones»
Aquí vemos cómo Jesús expone claramente las para el que sale a su encuentro.
condiciones para llamarse “discípulo” suyo: (1)
el desapego afectivo, completo e inmediato para Jesús dice claramente
darle la prioridad a Jesús; (2) la disponibilidad que Él es el «amor primero»,
para la cruz y la renuncia a todo. Esto presupone por encima de la vida,
un gran realismo y prudencia ante el entusiasmo la familia y el dinero.
inicial en la decisión por el discipulado.
Jesús va a Jerusalén
Se requiere, como lo ilustran las dos pequeñas a morir en un madero
parábolas que leemos hoy, el realismo del y todos sus «seguidores»
arquitecto que construye un edificio y la pagarán el mismo precio.
prudencia de un rey que enfrenta una guerra.
En otras palabras, hay que evitar las falsas A veces, somos cristianos
ilusiones, puesto que no basta la buena voluntad con poco convencimiento,
para ser cristiano, y hay que ser suficientemente con una fe rutinaria,
sabio, para poder enfrentar los riesgos que este por temor, por cumplimiento.
compromiso implica. Ser discípulo de Jesús
comporta decisiones y riesgos que determinan la Es preciso decidirse
vida entera de quien hace la opción. por Jesús y su Evangelio,
dispuestos a vender todo
por la alegría del Reino.

Señor, es dura la cruz,


pero son suaves tus besos.
Danos las «cruces» que quieras
y «hombros» que aguanten su peso.

(José Javier Pérez Benedí)


Para iluminar tu reflexión… Evangelio en verso…
El evangelio de hoy nos sorprende con un
llamado a la responsabilidad y al radicalismo en Nadie construye una «torre»
el discipulado, ya que ser discípulo de Jesús tiene sin poner fuertes cimientos.
un precio y hay que asumirlo. En el evangelio de Nadie es tan tonto que ponga
hoy aprendemos que para seguir a Jesús se «batalla perdida» en juego.
requiere salir del anonimato y comprometerse en
primera persona. En tiempos del ministerio Nosotros somos discípulos
terreno de Jesús, mucha gente le seguía como de Jesús, nuestro Maestro.
admiradora suya, quizás atraída por su proyecto. Él pone las «condiciones»
Aquí vemos cómo Jesús expone claramente las para el que sale a su encuentro.
condiciones para llamarse “discípulo” suyo: (1)
el desapego afectivo, completo e inmediato para Jesús dice claramente
darle la prioridad a Jesús; (2) la disponibilidad que Él es el «amor primero»,
para la cruz y la renuncia a todo. Esto presupone por encima de la vida,
un gran realismo y prudencia ante el entusiasmo la familia y el dinero.
inicial en la decisión por el discipulado.
Jesús va a Jerusalén
Se requiere, como lo ilustran las dos pequeñas a morir en un madero
parábolas que leemos hoy, el realismo del y todos sus «seguidores»
arquitecto que construye un edificio y la pagarán el mismo precio.
prudencia de un rey que enfrenta una guerra.
En otras palabras, hay que evitar las falsas A veces, somos cristianos
ilusiones, puesto que no basta la buena voluntad con poco convencimiento,
para ser cristiano, y hay que ser suficientemente con una fe rutinaria,
sabio, para poder enfrentar los riesgos que este por temor, por cumplimiento.
compromiso implica. Ser discípulo de Jesús
comporta decisiones y riesgos que determinan la Es preciso decidirse
vida entera de quien hace la opción. por Jesús y su Evangelio,
dispuestos a vender todo
por la alegría del Reino.

Señor, es dura la cruz,


pero son suaves tus besos.
Danos las «cruces» que quieras
y «hombros» que aguanten su peso.

(José Javier Pérez Benedí)


Para iluminar tu reflexión… Evangelio en verso…
El evangelio de hoy nos sorprende con un
llamado a la responsabilidad y al radicalismo en Nadie construye una «torre»
el discipulado, ya que ser discípulo de Jesús tiene sin poner fuertes cimientos.
un precio y hay que asumirlo. En el evangelio de Nadie es tan tonto que ponga
hoy aprendemos que para seguir a Jesús se «batalla perdida» en juego.
requiere salir del anonimato y comprometerse en
primera persona. En tiempos del ministerio Nosotros somos discípulos
terreno de Jesús, mucha gente le seguía como de Jesús, nuestro Maestro.
admiradora suya, quizás atraída por su proyecto. Él pone las «condiciones»
Aquí vemos cómo Jesús expone claramente las para el que sale a su encuentro.
condiciones para llamarse “discípulo” suyo: (1)
el desapego afectivo, completo e inmediato para Jesús dice claramente
darle la prioridad a Jesús; (2) la disponibilidad que Él es el «amor primero»,
para la cruz y la renuncia a todo. Esto presupone por encima de la vida,
un gran realismo y prudencia ante el entusiasmo la familia y el dinero.
inicial en la decisión por el discipulado.
Jesús va a Jerusalén
Se requiere, como lo ilustran las dos pequeñas a morir en un madero
parábolas que leemos hoy, el realismo del y todos sus «seguidores»
arquitecto que construye un edificio y la pagarán el mismo precio.
prudencia de un rey que enfrenta una guerra.
En otras palabras, hay que evitar las falsas A veces, somos cristianos
ilusiones, puesto que no basta la buena voluntad con poco convencimiento,
para ser cristiano, y hay que ser suficientemente con una fe rutinaria,
sabio, para poder enfrentar los riesgos que este por temor, por cumplimiento.
compromiso implica. Ser discípulo de Jesús
comporta decisiones y riesgos que determinan la Es preciso decidirse
vida entera de quien hace la opción. por Jesús y su Evangelio,
dispuestos a vender todo
por la alegría del Reino.

Señor, es dura la cruz,


pero son suaves tus besos.
Danos las «cruces» que quieras
y «hombros» que aguanten su peso.

(José Javier Pérez Benedí)