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ORIGEN Y FUNDACIÓN DEL COLEGIO DE CACIQUES SAN BORJA

EN LA CIUDAD DEL CUSCO 1621

FUNDACION DEL COLEGIO REAL DE CACIQUES “SAN


FRANCISCO DE BORJA”

Durante el gobierno del virrey Francisco de Borja y Aragón se efectuó


el establecimiento de este colegio, con el propósito de extinguir el culto
a la religión andina, que aún se mantenía latente en el alma del
aborigen. Así mismo contribuyo a alas causas mencionadas por
Francisco de Toledo y Domingo de Ros motivos que impulsaron a
Francisco de Borja el interés y la dedicación para el cumplimiento de
este objetivo. Este Virrey mediante consultas realizadas a la Real
Audiencia y el Obispado dispuso la creación de un colegio para los hijos
de los caciques de esta ciudad el 9 de Abril de 1621, en cumplimiento a
una “cedula real de 3 de Setiembre de 1616, fundado con el nombre de
“San Francisco de Borja” (en honor al fundador y también al uno de sus
parientes que era santo).

Don Francisco de Borja y Aragón estableció el colegio bajo las


siguientes bases. Designo la dirección a la Orden de la Compañía de
Jesús, para que puedan ellos impartir la fe cristiana, policía aritmética,
escritura, lectura y especialmente la lengua castellana (para que estos
futuros caciques inculquen en sus poblaciones la doctrina de Cristo.

De igual manera indico que decían de albergarse en este colegio


solamente los hijos primogénitos de los caciques principales que
deberían de heredar a sus padres en el gobierno de los cacicazgos y en
casos de llegar a ser segundas personas de los obispados de
Huamanga, Arequipa y Cusco, los niños debían de ser de corta edad
para ser admitidos en dicho centro en calidad de internados.

Para la alimentación de los alumnos y religiosos, libro en los censos de


encomiendas una cantidad designada para el alimento de los colegiales
y de los religiosos, aplico 2000 ducados de los obispados mencionados
(de los censos y rentas de los repartimientos) más donaciones y
limosnas. El colegio se inició con 12 alumnos, mas no así con 20
alumnos que indicaban otros trabajos cerca del tema.

Sin embargo este colegio dejo de administrarse por problemas que se


presentaron, especialmente económicos y oposiciones esto debido al
desacuerdo con la fundación que se arrastró desde 1620 (mediante un
petitorio del 24 de mayo de 1620, los encomenderos manifestaron su
desacuerdo con el establecimiento de este colegio por el temor de que
el tributo rebajase) hasta el 27 de abril de 1622, fecha donde presento
Don Antonio de Cartagena en nombre de algunos vecinos de la ciudad
del Cusco indicando que se corten los recaudos para la sustentación del
colegio, y del que los dichos “indios” se han reservado para los trabajos
y el pago de sus tributo. Asimismo se indicó que todo lo adquirido para
el establecimiento de este colegio, se venda o se alquile y todo el dinero
obtenido se aporte a las de comunidades.

De aquí se desprende que los encomenderos del Cusco estuvieron en


desacuerdo con el establecimiento de este colegio primordialmente por
la tributación que podía ser afectada y otra razón de oposición fue el
celo natural de no permitir la educación de la clase aborigen (para los
hijos de caciques). Lo que conllevo a un breve cierre del financiamiento
del colegio establecido por un decreto del 13 de Julio de 1622.

Sin embargo cabe resaltar que a la llegada del marqués de


Guadalcazar, desecho todo lo proveído por la Audiencia ( a causa de
los encomenderos), ordenando que se conserve todo lo establecido por
el príncipe de Esquilache( quien le había suplicado para que se
conserve la marcha de este colegio), confirmase la dicha fundación
como lo había establecido.

De esto se deduce que el colegio posiblemente haya estado fuera de


funcionamiento por unos meses, durante el año de 1622.

Con el Virrey Don Luis Jerónimo Fernández de Bobadilla, Conde de


Chinchón, de reajusto la fundación por los problemas que aún se
presentaban, obedeciendo una cedula de la corona española del 30 de
Diciembre de 1628, disponiendo la prosecución y conservación del
dicho colegio estableciendo la tasa de 2000 ducados de a 11 reales
anuales para el sustento de los 20 colegiales que se iban a recibir, como
también para los religiosos como una colaboración a los recursos y
censos de los repartimientos de donde preceden los hijos de los
caciques( Huamanga, Arequipa y Cusco) indicando que la educación y
enseñanza de los colegiales debe ser la fe católica y policía cristiana y
lo establecido por el Príncipe de Esquilache así mismo incluye vestido
y la alimentación y el pago del médico, barbero y medicinas. Igualmente
destino 600 pesos corrientes de a 9 reales con destino a la sustentación
y pago de personas educadas en el colegio y que el rector sea el
encargado de la cobranza de los tributos y recursos de las encomiendas
de los distritos obligados a pagar.

El virrey Esquilache puso en la realización de los colegios la misma


tenacidad que su antecesor Toledo. Ya en 1616 escribía al Rey un
alegato en favor de su fundación y en 1618 escribía otra vez que las
fábricas de la casa de reclusión y el acondicionamiento del colegio de
caciques estaban muy adelantados y que se había enviado por los hijos
de los caciques.

La situación financiera de la Corona era catastrófica, y al no competir


tales gastos a la Compañía, se resolvió sacar el dinero de las cajas de
censos de comunidad, ya no prestado sino otorgado a título de renta.
En la sociedad colonial peruana, la Iglesia como el resto de los
pudientes se resistía a pagar tal es así que el primero colegio fundado
es el de cercado de Lima y el del Cuzco quedaría conocido como de
San Borja hasta la expulsión de los jesuitas. En este arranque, el Virrey
ordenó también fundar otros colegios “el uno en la ciudad de La Plata,
el otro en el Cuzco, y el otro en Quito”. Recibió la total aprobación del
rey Felipe III en una carta del 21 de junio de 1621, 59 quien además
lamenta “la omisión morosa que en la fundación ha habido”

El contexto en que los jesuitas aceptaron encargarse de los dos


colegios, en la segunda década del siglo XVII, difiere mucho del de la
época de Toledo. En cuarenta años se habían establecido en el país,
ganando la voluntad de muchos en la alta sociedad peruana. Ya tenían
el control de los estudios superiores de una buena parte de la juventud
española y criolla, principalmente en sus tres casas de Lima, y en el
colegio de San Bernardo en el Cusco. El número de los obreros de
indios había crecido, y entre ellos se contaban ahora criollos. En Julio
tenían una doctrina que servía de ejemplo para otras iniciativas y a
donde enviaban a los recién llegados de España a aprender la lengua
aimara. Los colegios de caciques podían ofrecerles la misma
posibilidad.

El virrey Esquilache fue quien obró con diligencia para fundarlos,


retomando la tentativa abortada de Toledo en la extirpación. Estaba
emparentado con San Francisco de Borja por los enlaces matrimoniales
de los linajes de Sayri Tupa y los de Loyola y Borja. Por tanto, podía
contar con la colaboración de la Compañía y ella con su apoyo. Escribía
al Rey en abril de 1620

Por tanto entre 1581, fecha de la última disposición del virrey Toledo y
1619, cuando se fundaron los colegios, la situación había evolucionado.
Poco a poco, el dinero de las comunidades vino a ser la solución, pese
a los principios de amparo y protección de los indios que había intentado
mantener el Consejo de Indias. Ante la constante negativa de la Corona,
de la Iglesia y de los encomenderos a participar, no quedaba otro
remedio que quitar a los indios las sumas necesarias para la educación
de sus caciques. Sin embargo, algunas conciencias se resistieron a ello.
Uno de los oidores de la Real Audiencia, Don Francisco de Alfaro, y el
fiscal Cristóbal Cacho de Santillana propusieron que los encomenderos
pagasen la mitad de los gastos “por la obligación que tienen de darles
Doctrina”

Oposición en el cusco

El recién nacido colegio de San Borja fue objeto de una protesta general
de los vecinos y encomenderos que se oponían tajantemente a su
fundación. Si bien el colegio de Lima tenía el apoyo del arzobispo,
enardecido extirpador, y hubo una alianza tácita entre el Virrey, el
arzobispo y la Compañía; en el Cuzco no fue lo mismo. Los vecinos
encargaron su defensa al entonces joven abogado Antonio de
Cartagena, que representó sus agravios ante la Audiencia.
Consideraban que no había ninguna necesidad de un colegio para los
caciques en el distrito, puesto que los curacas eran todos buenos
cristianos y los curas todos buenos “lenguas”, por ser nativos. Por otra
parte, sacar dinero de las cajas de comunidad era condenarlos a una
tragedia. El verdadero motivo de los encomenderos era el de perder
control en la sociedad indígena pues a su criterio los indios no eran
personas asi que por que se les iba a permitir la educación ya que
consideraban una inversión absurda por parte de la corona

UBICACIÓN

Durante el lapso de periodo de 1621 funciono en el local adquirido a la


Sra. Sebastiana de Anaya Maldonado por intermedio de su
representante Fernando de Cartagena de Santa Cruz quien en poder
de una licencia y caraduría efectuó la venta al Padre Jesuita Juan de
Ore primer rector de este colegio ubicado a un costado de la plaza de
Santa Clara la Vieja, que hace esquina con una calle angosta conocida
en la actualidad como la calle siete culebras y por la parte superior
limitaba con la propiedad de la Sra. Constansa de Albornos, adquirida
en 13 mil pesos de a ocho reales. Pero se logró adquirir otro local, pues
el primero se encontraba tan cerca de la Iglesia de la Catedral y que los
colegiales con sus juegos y voces perturbaban los oficios divinos, y fue
tal vez que en 1633 se adquirio otro local para la edificar el inmueble
con el rector Jesuita Luis de Oloris deseaba comprar un solar para
edificar la casa principal para la educación de los futuros caciques
ubicada a un costado de la Cuesta del almirante, pero que se
encontraba bajo la propiedad del licenciado Gaspar Vasquez, quien le
había adquirido el convento de Santa Clara y es asi que un 10 de Junio
de 1633 el corregidor recibió un petitorio por el rector de este colegio
donde manifestaba que dicho solar estaba abandonado y por lo tanto
pide que se le conceda la venta para una causa justa.

La casa de San Borja en el Cuzco fue objeto de compras y ventas. La


primera casa del Cuzco fue la que se compró cerca de la iglesia catedral
en 1621, creando las consabidas dificultades con el cabildo. Ya en 1618
los jesuitas habían pedido un censo de 3500 pesos a favor del
monasterio de Santa Clara para la compra que se efectuaría, en
realidad, tres años más tarde (ADC, Colegio de ciencias: leg. 11). En
1644 el plantel de los caciques se trasladó de esta primera casa a la de
las Sierpes, situada en «la plazuela de Santa Clara la viexa», que es
ahora de las Nazarenas, donde estuvo hasta 1671. Juan de Oré la había
comprado por 13000 pesos, de los que 9739 pesos un tomín y once
gramos cargados a censo con réditos de un 5 %, repartidos entre los
indios de Cotabambas y Omasuyos, los de Tambobamba y Chacaro,
los de Guanaycotas y el monasterio de Santa Catalina (ADC, Colegio
de Ciencias: leg. 16, paq. 21). En 1650, la casa sufrió los daños del
terremoto que fueron estimados, de manera algo exagerada, en 30000
pesos, suma que excedía con creces el precio de compra (Amado,
2003: 221). Las cuentas del padre Madueño revelan una primera rebaja
del principal de 9739 pesos a 8259 (ADC, Colegio de Ciencias: leg. 47).
En otra escritura consta que el rector Jacinto de Arrue había pedido en
1661 otra rebaja del censo que los indios tenían en la casa por dichos
daños.
Pero al parecer, el juez visitador Ayucildegui vino a poner orden en las
cuentas de la caja de censos, formando un libro nuevo. Cuando, durante
la visita del juez, se ajustaron las cuentas de San Borja con la caja de
censos de Cuzco en 1684, cosa que no se había hecho desde 1663, se
calculó que por el sustento de veinte colegiales, la caja debería la
cantidad de 56145 pesos, 6 reales, sobre la base de los 2000 ducados
de a once reales asentados por el virrey conde de Chinchón. Por su
parte, el colegio debía los réditos de la casa de las Sierpes que fueron
rebajados en 1661, de manera que se reducían a 261 pesos cinco
reales cada año.

UNA ADQUISICIÓN RENTABLE


La venta de la casa de las Sierpes tardó dos años en realizarse. En
1673 se vendió al hospital de la hermandad del Dulcísimo Nombre de
María, por 13100 pesos de a ocho, de los cuales 5100 de contado y
8000 a censo sobre las mismas casas, a favor del colegio de San Borja
con una renta de 400 pesos. Los nuevos dueños trasladaron pronto la
casa a favor del beaterio de San Blas. Pero tampoco pudieron pagar las
beatas y en 1682 el beaterio fue desposeído por el rector del colegio de
caciques, según la sentencia del provisor, en la que, además, se le daba
la facultad de volver a vender la casa a cualquier persona al contado o
a censo (Amado, 2003: 223) Es de suponer que durante varios años el
colegio no cobró los censos. Además tardó entonces cinco años en
venderla.
En 1687, el rector Pedro de Espinosa la vendió a Juan Laso de la Vega
por 7300 pesos: 2300 pesos al contado, 1000 pesos en un plazo de dos
meses y 4000 a censo, al redimir y quitar*. El precio tasado fue minorado
de 2000 pesos pero con la condición de que el rector y sus sucesores
siguieran teniendo derecho de uso a la mitad del agua. Podían
conducirla a la casa nueva con aprobación y licencia del Cabildo,
tomando a cargo los gastos de cañería (ADC, Colegio de Ciencias: leg.
8). Esta cláusula y el largo tiempo que estuvo desocupada, explican que
la casa se haya vendido tan por debajo del precio de su compra, 9 años
antes, pero representaba para San Borja una ventaja inestimable por lo
importante que era el agua en esta clase de edificio. En 1726 la casa se
vendió otra vez con licencia de los jesuitas que quedaban censuatarios,
por 5800 pesos y quedaban 2000 pesos de censos a favor de San Borja.
Por fin, en 1745 se vendió por 6000 pesos al obispo Pedro de Morsillo
Rubio de Auñon para el beaterio de las Nazarenas. El obispo canceló
los 2000 pesos a favor de San Borja (Amado, 2003: 225). Los censos
corrieron por tanto desde 1673 hasta 1745.
Lo que significa que la casa comprada por 13000 pesos se vendió dos
veces, sumando 5100 más 3300 de contado son 8400 pesos, a los que
se debe añadir los réditos de los censos cobrados no enteramente entre
1673 y 1682, fecha en que se desposeyó a las beatas de la casa, más
7800 pesos de réditos entre 1687 y 1726 y 3 800 pesos hasta 1745. Al
redimirlos se añadían al principal de 8400 pesos. El colegio además
seguía beneficiándose del agua de la casa vendida. Esta gestión de la
casa revela un beneficio de un mínimo de 5400 pesos (si se considera
el peor de los casos: que no cobraron ningún rédito entre 1673 y
1682).
Los bienes de San Borja incumbían a la caja de censos de indios por
haberse comprado con sus fondos y ser los caciques colegiales los
propietarios de la casa, como se mostró en la ceremonia de toma de
posesión.
Las casas y haciendas podían ser compradas pero también podían
resultar de testamentos otorgados por españoles y criollos en el trance
de la muerte. En 1662, un inventario de los papeles que se encontraban
en el archivo del colegio del Cercado revela 21 testamentos de indios.
Desgraciadamente no tenemos el detalle de esos testamentos y no se
puede saber —aunque se supone— si especificaban algo en favor del
colegio de caciques (BNP: ms. B1557).

ÚLTIMA MUDANZA

En mayo de 1671, el rector de San Borja recibió la aprobación del


provincial Luis Jacinto de Contreras para mudar el colegio a una nueva
casa ya comprada, mejor, más amplia, donde está el actual colegio de
San Borja. Por el tenor de la carta, se entiende que la mejora está sobre
todo en la situación de la casa: «y en aviendo como Vd dice toda
commodidad y conveniencia y mexora conocida hágase la mudanza
que en quanto al citio a la vecindad a la casa mucho se mejora en todo».
(ADC, Colegio de Ciencias: leg. 74 [1618-1734])
Entonces los vecinos de la casa de las Sierpes eran gente principal y el
colegio de San Antonio Abad. Es difícil saber con toda exactitud a qué
se refería Luis Jacinto de Contreras, cuando suponía una gran molestia
por la vecindad. ¿Molestaban los colegiales indios a estos vecinos como
antes al cabildo eclesiástico? ¿No sufrían los colegiales de San Antonio
Abad su proximidad? ¿La rivalidad de los dos colegios —San Bernardo
y San Antonio — recaía sobre San Borja? Quizás todo a la vez. La
nueva casa había sido del obispo Pérez de Grado, tan enemigo del
colegio en sus tiempos. Los jesuitas se quedaron en ella hasta el día de
su expulsión.

San Borja: colegio de «yngas nobles»


Según Vargas Ugarte, si bien no disponemos del libro completo de
entradas de este colegio, quedan en los archivos muchas cuentas y
otros documentos de los jesuitas. Revelan que en el Cuzco también
hubo alumnos españoles. El plantel empezó con ocho caciques,
«número que a los pocos meses llegó a dieciséis, contándose entre
ellos un nieto del último de los incas» (1941: 90). En las cartas anuales
se observa que las cifras dadas para San Borja siempre son más
elevadas que las del Cercado. En 1625, el provincial declara 26 hijos de
caciques en San Borja, otra carta declara 30, mientras que solo 13 en
el cercado; en 1630, 24 y 30, mientras que solo 14 en el Cercado; en
1654, 20; en 1666, 20. En 1672, la carta anual que declaraba 12 a 14
colegiales para el Cercado, da la cifra de 18 para Cuzco. Ya se sabe
que las cifras de estas cartas anuales son poco fiables, sin embargo se
puede suponer, fuera de toda precisión, que en proporción, el alumnado
de San Borja, pasada la primera década del siglo XVII, siempre fue más
numeroso que el del Príncipe.

Hijas de caciques

Dentro de la perspectiva colonialista, educar a los hijos de caciques


tenía un sentido político con sus ventajas e inconvenientes, pero se
puede pensar que educar a sus hijas no ofrecía tanto interés. La
prioridad era educar a los varones. Aún pequeñas, las niñas
representaban un peligro y es evidente que los prejuicios que se
aplicaban a las hijas de españoles y criollos también se aplicaban y con
creces a las indias principales. Esto no significa que no haya existido
ninguna preocupación por su educación. En la mentalidad europea,
importaba que la madre fuese buena cristiana porque en ella
descansaba el honor de la familia.

Huamán Poma, por su parte, exigía que las mujeres e hijas de los
caciques principales aprendieran latín como los varones (1989: 740).
Criticaba que: 218 «don Francisco de Toledo mandó en sus ordenanzas
que los dichos muchachos de la dicha doctrina entrasen a la doctrina de
edad de cuatro años y que saliese de seis años y no declara muchachas
sino muchachos, ni doncellas […]». (1989:446)

En una época aún más tardía, a fines del siglo XVIII, la rebelión de
Túpac Amaru reveló cacicas de mucho valor y fama, el caso de María
Teresa Choque huanca merece ser evocado. Hija del cacique Diego
Choque huanca, colegial de San Borja que luchó contra el rebelde

Los beaterios

Pero también existía según Kathryn Burns otra solución, los beaterios
que las familias nobles podían fundar sin depender de una orden
religiosa y a donde solían mandar a sus hijas a educarse en la
perspectiva de lograr la reputación de decencia y religiosidad que las
alzaba a la altura de las familias criollas. Al estudiar el ejemplo del
beaterio de la Santa Trinidad en el Cuzco, que había sido fundado por
indios nobles para huérfanas pobres, y que observaba unas reglas
severas de aislamiento del mundo y vida cristiana, llega a la conclusión
que estos beaterios, despreciados por los criollos, ofrecían a las jóvenes
indias la posibilidad de lograr un estatus de poder que los conventos les
negaban, puesto que podían llegar a ser abadesas y administrar sus
propios bienes.

Resumen de Perú “colegio REAL SAN BORJA”

En su memoria el virrey Amat focaliza su atención en san Borja por ser


más frecuentado y de mejor reputación. Y como fue en el caso del
príncipe en san Borja también se recibía a estudiantes en la clase de
latinidad. Pero las enfermedades eras generales, después de la retirada
de los jesuitas las administración del colegio y de todos los colegios
estuvieron pésimos y debido a eso las cuestiones básicas como
alimentación e higiene no fueron cubiertos de buena manera (Bouyer,
2007), esta situación se dio en el colegio de príncipes y no cabe la
posibilidad de descartar lo mismo en el colegio de caciques del cusco,
y es así que se tiene una relación de comparas que se encargaba a los
profesores del colegio y estas comparas tienen que ver con las
medicinas que utilizaban para curar el sarampión y otras enfermedades
contagiadas por la mala higiene que se tenía a falta de presupuesto que
no quería disponer la real caja de censos que estaba a cargo de
temporalidades, se encontraron con la muerte algunos estudiantes
como es el caso de Manuel de chavín palpa en 1786 se evidencia que
la caja tampoco corría con los gastos y esto se encargaba a los
familiares. Las pésimas condiciones de alojamiento en el cusco se
hicieron notar cuando se pidió al visitador. En abril de 1782 se recibe a
Fernando Túpac Amaru en el príncipe y se deduce que este fue
trasladado de san Borja, José Gálvez hace una petición y este consiste
en que no se repartan cargos de cacicazgo y por ende eso afectaría a
los colegios cosa que no fue de esa forma, la rebelión pasada afecto
pero beneficio a algunas personas que mostraron en ese periodo la
lealtad asía la corona se admitía a sus hijos para que estudien en el
colegio de caciques del cusco y del príncipe, pero esto hizo que los
caciques legítimos se desinteresaran por mandar a sus hijos a esta esta
escuela. Como categoría de escuela de primeras letras, san Borja a la
caja de censos no le importaba lo que decidiera después el alumno.

El colegio del sol

Después de la expatriación de los jesuitas, el corregidor del cusco


nombro a clemente tapia como rector del colegio de caciques que ahora
se llamaría el colegio del sol, y como sucesor se nombró a don francisco
Joseph de Maran quien dejaría un inventario de las cosas que poseía el
colegio. En 1795 se hace referencia al colegio en la relación del cusco,
Ignacio castro dice que este está en buenas condiciones y que los patios
y jardines están bien cuidadas y que la capilla en general son bellas,
pero en el 1790 los caciques del cusco dan cuenta de la mala situación
del colegio y en 1793 se irrealiza un inventario mostrando el estado de
abandono en que se encuentra y dan la cantidad de 6790 pesos para
refaccionar de nuevo el colegio, en la visita que se hizo por l protector
de los naturales se dio cuenta de 8 estudiantes que no parece haber
cambiado desde la ida de los jesuitas y que no solo estudiaban los
nobles nada más sino niños de toda casta. Esta situación pero en los
cuadros no se dio ya que estas pinturas están bien preservadas en los
pasadizos y salones.

En cuanto a la situación de los estudiantes la cantidad ni fue nada


alentadora ya que en la visita se registran ocho pero esta cantidad
descendió, pero estos estudiantes fueron:

1. Feliciano y Rafael torres del partido de aimaraes


2. Antonio guaman de Paruro
3. Cristobal chuquicahua de andahuaylillas
4. Mariano chalco de san sebastian
5. Francisco atapaucar de Urubamba
6. Vicente challco Yupanqui de acos
7. Y Lorenzo sinchiroca de Urubamba
Pero en la inspección de 1793 esta lista fue un tanto no cierta ya que al
corroborar los nombres de la lista se encuentra que algunos de ellos no
fueron hijos reales de los cacique si no más que unos familiares de
segundo grado como sobrinos, entonces también se ve sobre el tema
de los caciques advenedizos o aquellos que fueron elegidos por
intereses de la corona y no eran legítimos.

En cuanto a los uniformes de los estudiantes estos utilizaban unos y


trajes de españoles, en la vistita se en listo una gran cantidad de
uniformes en la capilla de san Borja y que no había variado desde la
salida de los jesuitas, este colegio fue para 20 estudiantes pero no se
excedía de 10, lo que sucedía es que los jesuitas sostuvieron estas
instituciones con algunos trabajos que realizaban y con ese dinero
podían administrar de mejor manera a estas escuelas y a su salida esto
se para y la administración pasa a ser de los rectores seculares y estos
no lo hicieron de manera buena y la caja no estaba dispuesta a correr
el gasto de estos estudiantes, y esto da a entender que los listados y
las actas de relación de propiedades que tenía el colegio no eran ciertas
se cuenta por fuente de un cacique que su hijo recibió un uniforme y
que lo tubo hasta que salió y su estancia duro allí 9 años.

Tras la rebelión se puso en tela de juicio la existencia por su finalidad


del colegio ya que se había visto la capacidad que tenía los caciques de
mover masas, pero esto se da y se echa culpa a los jesuitas por esos
actos pero los más jóvenes estaban más libres de pensamientos. Pero
igual se cree que los hijos de caciques tuvieron que ir a lima a estudiar,
pero esto sería contra producente ya que esto les daría una nueva forma
más delicada.

Después de la expulsión de los jesuitas se tiene como promesa que los


hijos de caciques tendrán las mismas condiciones de ascender a
carreras religiosas y militares, civiles. Pero después de la gran rebelión
la tendencia fue que los nobles indios estarían apegados a la corona y
esto hizo que tengan esos privilegios.

LA ADMINISTRACION DEL COLEGIO

Colegio seminario de caciques,

San Borja era totalmente independiente de la casa del colegio del


Cusco. Dependía de la caja de censos de los indios.
La Real Audiencia solicito por petición de don Antonio de Cartagena en
nombre de los encomenderos y vecinos del Cusco que suspendieran el
colegio de San Borja, que se acababa de fundar, pidiendo que se
vendiese o alquilase la casa comprada para el efecto del colegio.

DIFICULTADES DEL COLEGIO

La primera suspensión de dio posiblemente entre 1630 y 1634, puesto


que, según el padre de Mexia de Ossa, no se ejecutó la provisión del
conde de Cninchon que necesito ser repetida en 1631 y 34 para ser
finalmente obedecida. Por esto ciertos autores atribuyen erróneamente
a este Virrey la fundación de San Borja, mientras que en realidad solo
reinicio lo que el príncipe de Esquilache había fundado. No obstante, en
1625 todavía funcionaba el colegio de San Borja, y por ello los jesuitas
que lo tenían a cargo, hasta desoían la opinión de Roma. Para subsistir,
criaban gallinas, vendían huevos y velas por la ciudad, lo que el general
Villeschi juzgaba indecente; escribía en febrero de aquel año.
(MONIQUE Alaperrine, pag 92).

Las cartas anuales: mencionaban los números de los colegiales.

- En 1625-26 el provincial escribe que el colegio San Borja cuenta


con 26 hijos de caciques.
- En otra carta de 1625, sin embargo declara que hay 30.
- En 1627 l carta habla del Convictorio del Cercado y, para Cusco
se habla de misiones. Esta omisión puede ser por su clausura
temporal o porque las noticias del colegio San Borja eran pésimas.
Hasta 1628 Luis de Salazar intento conservar el colegio a pesar de
sus reticencias le agradece la edificación y santo celo con que ha
trabajado procurando la conservación y aumento de ese colegio de
asiques.

Luis de Loris que le sucedió dio cuenta al Rey de la situación pésima


del colegio que no había cobrado un céntimo de los censos en seis
años y se había venido a seguir en otros daños e inconvenientes un
grande empeño al dicho colegio con riego de acabarse y disolverse.

Por lo que en 1631 otra carta anual declaraba: “hay 24 hijos de


caciques a que acude un sacerdote que es el rector y dos hermanos
coadyutores que le ayudan en el gobierno de la casa enseñanza de
los niños”. San Borja volvia a funcionar y es muy posible que las
cartas anteriores entre silecion y detalles ideales hayan querido
tranquilizar a Roma que segia hostil al funcionamiento sin renta del
colegio. Sin embargo la reiteración de la cedula real en 1634 indica
que todavia quedaba obstáculos por vencer.

El Rey a petición de los Jesuitas, promulgo una cedula en Diciembre


de 1628 que el conde de Chinchon público, seguida de un auto en
diciembre de 1630 o sea dos años más tarde. Mandaba establecer
lo ordenado por el virrey Esquilache, modificando la cantidad de
dinero y ciertos términos para dar satisfacción a los encomenderos.

Con lo cual se asignaba la colegio de Cusco una suma global para


un número determinado de colegiales en vez de cantidades
detalladas que hasta entonces se debían de pagar por separado.
Esta modificación permitió a ciertos rectores pedir dos mil ducados
como cosa debida sin dar justificación del número de hijos de
caciques, ya que se dejaba sentado que eran 20.