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Título: Sobre el carácter renunciable de la prestación compensatoria


Autor: Solari, Néstor E.
Publicado en: DFyP 2014 (julio), 14/07/2014, 8
Cita Online: AR/DOC/1884/2014
Sumario: I. Introducción.— II. Las prestaciones compensatorias proyectadas.— III. Conclusiones
La naturaleza de las prestaciones compensatorias impide que se pueda pactar previamente su exclusión, pues
quedaría desvirtuada la razón y fundamento para la cual ha sido instituida.
I. Introducción
Una de las instituciones novedosas que presenta el Proyecto de reforma al Código Civil y Comercial del
Poder Ejecutivo, en materia de derecho de familia, es lo referente a las denominadas compensaciones
económicas —a las que preferimos llamarla prestaciones compensatorias—.
La inclusión de la misma ha sido justificada en los fundamentos del Anteproyecto (1), sumándose a la
tendencia de los últimos años en la legislación extranjera, que fueron incorporando paulatinamente en sus
respectivos ordenamientos jurídicos esta institución, con perfiles propios y razones diversas.
La institución de las prestaciones compensatorias permite que luego del cese la convivencia —fuere en el
matrimonio o en las uniones convivenciales— las partes no sufran un desequilibrio como consecuencia de la
misma, en atención a las distintas circunstancias intervinientes y a los roles y funciones desempeñados por cada
uno de sus integrantes durante la vigencia de la normal convivencia.
Puede decirse que las prestaciones compensatorias constituyen una institución sui generis, pues se integra
con variados elementos que lo diferencian de los alimentos, del enriquecimiento sin causa, de los daños y
perjuicios, así como de otras instituciones afines del ordenamiento jurídico.
En este contexto particular y específico en que se halla prevista la prestación compensatoria, consideramos
que se trata de una protección para el integrante más débil de la pareja —tanto del matrimonio como de la unión
convivencial— cuando por el cese de la plena comunidad de vida se ocasiona un desequilibrio a una de las
partes. De ahí que la ruptura origina el derecho a solicitar una compensación económica. Es al cónyuge o
conviviente más débil a quien se busca proteger.
Sobre tales lineamientos, analizaremos las normas proyectadas a los fines de distinguir las situaciones
derivadas del divorcio y de las uniones convivenciales, en aplicación de la referida compensación económica.
II. Las prestaciones compensatorias proyectadas
La compensación económica ha sido contemplada en el Proyecto de reformas al Código Civil y Comercial
tanto para la institución matrimonial como para las uniones convivenciales. No obstante ello, se diferencian
sustancialmente en cuanto al carácter renunciable de la misma, pues para el matrimonio son irrenunciables,
previamente, mientras que en las uniones convivenciales la compensación económica podrían ser objeto de
renuncia previa por parte de los integrantes de la pareja.
Lo cual significa que tienen distinto fundamento legal ambas instituciones, dada la diferencia que presentan
según estemos ante la institución matrimonial o la derivada de la unión convivencial.
En efecto, cuando se trata del matrimonio, no es posible su renuncia anticipada, ni en convención
matrimonial ni durante la vigencia del matrimonio. (2) La imposibilidad de pactar la renuncia sobre las
compensaciones económicas es atinado, porque la protección al cónyuge más débil lleva a que el ordenamiento
jurídico no avale semejante eximición, en el entendimiento de que luego del divorcio uno de los esposos se
encuentre impedido de solicitar la correspondiente compensación económica ante el desequilibrio que la ruptura
produjo.
También están previstas las compensaciones económicas en las Uniones Convivenciales. Así, en los
fundamentos del Anteproyecto se expresa: "Se extiende a las parejas convivientes la posibilidad de que el
integrante que sufre un desequilibrio manifiesto que signifique un empeoramiento de su situación por causa de
la convivencia y su ruptura sea compensado, de modo similar al supuesto del divorcio".
Asimismo, las normas proyectadas contemplan un piso mínimo inderogable por las partes. (3) Las demás
cuestiones derivadas de la convivencia podrían ser objeto de acuerdos mediante el pacto celebrado por los
integrantes de la pareja, entre las cuales estarían las prestaciones económicas contempladas en los arts. 524 y
525. De esta manera, podrían pactar su exclusión.
Por caso, si una unión convivencial se prolonga durante quince años y uno de los integrantes de la pareja
desempeña sus roles en el hogar y el otro ejerce una profesión rentable, con su correspondiente desarrollo y

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crecimiento durante la normal convivencia, al momento del cese de la unión —cualquiera haya sido el que lo
hubiere provocado—, ante un pacto previo de exclusión, el conviviente más débil no podría reclamar la
correspondiente compensación económica, fruto de aquélla autonomía de la voluntad.
La solución es desatinada en atención a las normas constitucionales que protegen a la familia. Se
desconocerían los efectos derivados de la protección constitucional de la familia.
Además, cabe resaltar lo preceptuado en el art. 515, intitulado 'límites': "Los pactos de convivencia no
pueden ser contrarios al orden público, ni al principio de igualdad de los convivientes, ni afectar los derechos
fundamentales de cualquiera de los integrantes de la unión convivencial".
Una particular visión de los derechos y garantías constitucionales exhibe el Proyecto, en punto a esta
cuestión, pues por aplicación de la autonomía de la voluntad las partes podrían eximirse de una futura
compensación económica, basada en la desigualdad y el desequilibrio provocado durante la normal convivencia.
Si se reconoce como forma de familia a la unión convivencial sería difícil imaginar la posibilidad de tal pacto de
exclusión.
En tal contexto, nos parece que la autonomía de la voluntad imposibilitaría corregir un desequilibrio entre
las partes, convalidando una desigualdad surgida de la convivencia. Habilitaría a un derecho a la explotación.
Ante ello, entendemos que la declaración de inconstitucionalidad se impondría, en protección del
reconocimiento constitucional de la familia, a pesar de la norma interna. Lo contrario, significaría avalar la
regresividad de derechos de una norma interna, en detrimento de derechos humanos esenciales, de naturaleza
constitucional.
Lo antedicho no obsta, claro está, de que luego de cesada la convivencia —tanto en el matrimonio como en
la unión convivencial— las partes renuncien al derecho a pedirla. Ello así, pues las compensaciones económicas
previstas en las normas proyectadas operan a pedido de parte y nunca de oficio. En tal entendimiento, para que
la misma prospere debe ser pedida por cualquiera de las partes. Su omisión, importaría una renuncia al referido
derecho.
Sin perjuicio de ello, en punto a esta cuestión, cabe poner de resalto la defectuosa técnica legislativa al
contemplarse la compensación económica derivada del matrimonio, pues la pérdida del derecho a pedirla, por
parte de los cónyuges, puede plantear discusiones en atención al contenido de lo dispuesto en el art. 439 y el
último párrafo del art. 442. En efecto, según el primer artículo es obligatoria la presentación del convenio
regulador al solicitarse el respectivo divorcio. En tales hipótesis, durante la sustanciación del juicio de divorcio
las partes tendrán que acompañar las cuestiones que involucran a dicho matrimonio. Entre ellas, se enumera
expresamente "las eventuales compensaciones económicas entre los cónyuges".
A su turno, el art. 442, en su último párrafo señala: "La acción para reclamar la compensación económica
caduca a los seis meses de haberse dictado la sentencia de divorcio." Por lo que el derecho de solicitarla se
extiende hasta los seis meses de haber quedado firme la sentencia de divorcio.
De la conjunción de ambas normas, habrá que preguntarse cuál será la situación jurídica derivada ante la
omisión de los cónyuges sobre las compensaciones económicas al presentar el convenio regulador y sus
respetivas propuestas. Es decir, si tal omisión debe interpretarse como una renuncia a pedirla luego del divorcio
o si, por el contrario, mantiene tal derecho durante los seis meses posteriores a la sentencia de divorcio, tal como
lo establece el art. 442. Ello así, pues el art. 439 establece que "debe" contener las distintas cuestiones que
involucran a dicho matrimonio.
La cuestión no resulta intrascendente porque el convenio regulador presentado en el juicio de divorcio puede
verse sustancialmente alterado, según se admita o no introducir con posterioridad al divorcio lo atinente a las
compensaciones económicas cuando de ningún modo hubieren sido invocadas en el convenio regulador. (4)
Problema procesal y de fondo que originará relatividad en los convenios reguladores.
A pesar de la defectuosa técnica legislativa utilizada, y admitiendo que la misma originará interpretaciones
contradictorias, nos inclinamos por la subsistencia del derecho, en los términos previstos en la última parte del
art. 442 proyectado.
III. Conclusiones
La naturaleza de las prestaciones compensatorias impide que se pueda pactar previamente su exclusión, pues
quedaría desvirtuada la razón y fundamento para la cual ha sido instituida.
Máxime si, en el mismo ordenamiento jurídico que la contempla, se impide pactar su exclusión en el
matrimonio y se permite pactar su exclusión en las uniones convivenciales. La contradicción expone claramente
que se trata de dos fuentes distintas para las prestaciones compensatorias. La primera, derivada del matrimonio,

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indisponible, respondería a la protección y reconocimiento de la familia, por encima de la autonomía de


voluntad.
En cambio la segunda, derivada de las uniones convivenciales, representaría una naturaleza meramente
contractual, ajena a las normas del derecho de familia. Luego, no se podría sostener válidamente que las uniones
convivenciales previstas en el Proyecto constituyen una forma de familia protegida por el Estado.
El reconocimiento de las distintas formas de familia, por el ordenamiento jurídico, no permiten avalar la
distinción arbitraria que efectúa el proyecto, en punto a las prestaciones compensatorias, cuando legisla sobre el
matrimonio y cuando lo hace para las uniones convivenciales.
(1) Dice: "El Anteproyecto recepta una figura que tiene aceptación en varias legislaciones del derecho
comparado, y que es coherente con el régimen incausado de divorcio; en efecto, con fundamento en el principio
de solidaridad familiar y en que el matrimonio no es causa fuente de enriquecimiento o empobrecimiento
económico de un cónyuge a costa del otro, se prevé la posibilidad de que, para aminorar un desequilibrio
manifiesto los cónyuges acuerden o el juez establezca compensaciones económicas".
(2) Luego de señalar los objetos posibles en Convenciones Matrimoniales (art. 446), en sus distintos
incisos, en los cuales no se halla prevista las referidas compensaciones económicas, el art. 447 determina, bajo
el nombre de nulidad de otros acuerdos: "Toda convención entre los futuros cónyuges sobre cualquier otro
objeto relativo a su matrimonio es de ningún valor." De ahí que no será posible el pacto de exclusión de las
compensaciones económicas entre cónyuges.
(3) Dice el art. 513: "Las disposiciones de este Título son aplicables excepto pacto en contrario de los
convivientes. Este pacto debe ser hecho por escrito y no puede dejar sin efecto lo dispuesto en los arts. 519, 520,
521 y 522".
(4) Ningún inconveniente habría, en cambio, si las partes expresamente desisten de pedirla luego del
divorcio, en el respectivo convenio regulador, pues en esta etapa procesal sería perfectamente renunciable.

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