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BILBAO ROJO Y BILBAO NACIONAL

EPISODIOS DE LA GUERRA CIVIL


PO R

LUIS MONTAN

P O R T A D A DE «Q E A C H E »

ILUSTRACIONES DE « I T O *

BILBAO ROJO
Y BILBAO NACIONAL

EPISODIO NÚMERO 10

LIBRBBlA SANTAEÉN - VALLADOLID


Episodios de la guerra civil, por Luis Montán
.... . .. .. ,i | Ilustraciones de « G e a c h e » |—■ 1 ■ ■■■■

LA LLAVE DE BILBAO
Se ha escrito mucho acerca de los últimos momentos que precedie­
ron a la toma die BEibao, y existen acerca, de ellos, numerosas opinio­
nes qu£ en su mayoría difieran notablemente unas de otras. La preci­
pitación, natural por parte de periodistas y corresponsales paja ganar
unos minutos en la transmisión de dos primeros detalles de la conquista,
que podrían constituir un gran éxito informativo, k> disculpa todo y
justifica que en gran proporción de los relatos de preosa que nos son
conocidos existan inmensas lagunas e inexactitudes, que vamos a
procurar subsanar, ofreciendo, dentro de los reducidos límites editoria­
les de esite folleto, una nanración a grandes planos, de lo que fué la
calda dé la capital de Vizcaya, procurando que en ella no falte la de­
bida ordenación ni aquellos destacados detalles, cuya omisión rompe­
rían la sucesión normal e histórica de los sucesos.
El jueves por la mañana, antevíspera de la gnan- conquista, una
d!e nuestras columnas situada en las falid'as d!el Pagasarri recibió orden
de avanzar sobre la altura de dicho monte, iniciando la marcha en
las primeras claridades dé la amanecida. El enemigo, debidamente pa­
rapetado en la cima y en. Jos flancos, ofreció alguna resistencia al
principio, pero debidamente castigado por nuestra artillería, que iba
poniendo una verdadera cortina de fuego delante de nuestras tropas
para proteger el avance a los solidados nacionales, luego de cuatro
horas ¡Largas de tiroteo, y apenas sim bajas por su paitte, lograba arro­
jar a los gudaris de sus posiciones, y a las mueve de la mañana cla­
vaba Ja bandera roja y gualda en el más alto peñón del Pagasarri.
Una nueva orden de avance hacia la derecha, hizo que nuestras
tropas se lanzaran de costado sobre otras dos alturas de capital im­
portancia: Larrasquitu y San Roque, conquistas ambas, que ne-
\

cesitaran más tiempo, especialmente la d¡e San Roque, por estar en


éste situados los grandes mástiles de Ha estación de telegrafía sin hiilos,
cuya posesión disputaron, palmo a palmo Üos rojos, por la capital im­
portancia de dicha estación por una parte, y por 3a otra, porque se­
parado sólo por una pequeña hendidura del terreno del monte de San
Roque, se encuentra el famosísimo de Archanda, cuyo casino es nn
soberbio mirador sobre el centro de h. misma, d'udiad, es decir, que
se sabía que tomando San Roque, Archanda estaba ya pendido para
los separatistas y tener a los nacionales en Archanda era tanto como
tenerlos dentro de Bilbao. No olvidemos que desde el alto de Ar­
chanda los transeúntes de Bilbao quedaban a tiro de fusil, y que
desde é l se podía coctar, con só lo tuna docena de buenos tiradores, la
circulación por el centro mismo dé la villa, de ahí que la gran llave
de Bilbao, la fijase, y con razón., nuestro Mando, en la conquista
de San Roque y Archanda.
Hasta las seis de la taide puede, decirse que no fué nuevamente
de España eJ monte de San Roque, sobra él que. diez y seis baterías,
colocadas en los alrededores de Derio y Lauro,ndo, vomitaron tonela­
das de metralla durante diez horas seguidas.
La aviación nacional comenzaba a volar sobre Archandaba las cin­
co y media, y en sus pasadas barría materialmente todla la crestería
del famoso monte del que dos gudaris salían huyendo, abriendo nuevo
paso al constante avance de nuestras tropas. Desde Larroodo salía
a esa misma hora una coCuanna de refresco hacia das alturas de Ar­
chanda combinado su movimiento con Jos que procedentes dle la iz­
quierda había tomadlo San Roque. Los gudaris siguieron retirándose
hacia la derecha, buscando la protección natural del monte Arrai.
A las siete de la taide, desde Larrondo veíamos tremolar ya, en
el ailto de Archanda, la gloriosa bandera nacional. La gran llave de
Bñbao estaba ya en poder del general Mola.
LOS PRIMEROS ASPECTOS
El viernes, nuestros soldados consolidaron suis posiciones de Ar-
chanda, mientras el grueso de la columna que lo había tomado seguía
conquistando terreno hacia da derecha pitra tirarse por detrás de Plen-
cia y cubrir, el flanco izquierdo de los Flechas ¡negras, que siguiendo
la línea de 'la costa,
tocaba aquella misma
mañana Plencia, Gue-
cho, Algorta y las Are­
nas, llegando por U
noohe a ocupar las ca­
sas dle las Arenas, que
se hallan ya junto a la
ría, frenjte por parte
del transbordador que
los rojos habían votado
en sai hoiídia. Refugia­
dos los secuaces de
Aguinre en la otra mar­
gen del Nervión y for­
tificados en los hoteles de Portugaüete y Santucxe durante toda la no­
che, se cruzó un nutridísimo fuego entre las dos márgenes.
Plenamente conquistada por el sector contrario, el monte Airai, el
sábado por la mañana nuestras tropas, sin tomarse siquiera, un des­
canso pana no dair margen al enemigo a que ae neputaiiena en su haiída^
deseendiie¡ron para ocupar el Coiwen/to de San Francisco, y seguir ade­
lante hasta meterse en las primeras calles de Bilbao. A las once de
fla mañana, la avanzadilla de los requetós que venían de San Fran­
cisco, entraba por la parte alta ded campo de San Maanés, que con­
vertido en lugar de concentración, albergaba en aquellos momentos
cinco compañías de milicianos.
La presencia de l o s requetés, a los que no se esperaba tan pronto,
produjeron tan gran so«npresa en los gudanis, que en. siu inmensa mar
yoda, al verlos de ¡Lejos, salieron, huyendo precipitadamente, abando-
naiucJo hasta los correajes. Sólo amos veinte o treinta, parapetados en
la llamada tribuna de fondo del campo de juego, inteutaron resistir,
disparando con fusil-ametralladoras; pero era tanto el ímpetu de las
bomas rojas que al ver avanzar a éstos itan decididamente, al grito
de ¡Viva España!, el citado puñado de gudaris abandonó su armamen­
to y se dió precipitadamente a la fuga.
El Mando nacional había tenido la habilidad die ocupar pon la
paite Oeste de la ciudad y meter la cuña decisiva por el Este. Desde
el instante mismo que
los r-equetés y soldados
de España se encontra­
ban en el campo de
San Mamés y que por
el otro lado, las restan­
tes columnas naciona­
les podían bajar a la
ciudad por Las Arenas,
Archanda y Santo Do­
mingo, la caída de la
oapital podía darse por
descontada. Ya en Bil­
bao no quedaban ni je­
fes ni jefecilios, porque
éstos habían tenido el buen ouidadb de huir durante la madrugada,
como ya contaremos a su debido tiempo. Sólo escapaban precipitada*
mente aquella mañana de sábado, con nuestras tropas ya en las calles
de Bilbao, los que engañados hasta última hora por los coba/rdes ca­
becillas ya huidos, no creían que Bilbao pudiese ser conquistado
poir las tropas del Caudillo. Al ver a los requetés a ciento cincuenta
metros, la .realidad les hacía comprender su gran error e intentaban
escapar en cuantos coches encontraban a mano, hacia Valmaseda y
Castro. Urdíales, pero ¿a mayoría de los vehículos eran cazados a tiro
por nuestros Regulares y veíase entonces a sus ocupantes abandonar­
los para largarse corriendo carretera adelante y ponerse fueora del
alcance de los nacionales. El último destrozo que hicieron los separatis­
tas al huir aquella misma mañana, fué volar el puente de hiterro so­
bre el río Cadagua, con lo cual creían evitar una ¡peC^grosa pers»-
cución. Mientoas, por el Annai abajo, hacia eü' ánitterior dle Bilbao, Be ti­
raba todo eü grueso de la columna entre ensordecedores vítores y vivas
a España y a Frauoo. Aquel alud ya oo había diques que pudieran
contenerlo.

ANIMACION EN LAS CALLES


La noticia de que los requetés y otras fuerzas se encontraban ya
en el campo de San Mamés, se esparció rápidamente por todo Bilbao,
coincidiendo ello con la aparición en numerosos balcones dé sábanas
y 'lienzos blancos. Las alcantarillas y los tejados se iban llenando
de fusiles, de correajes y de ¡monos que los milicianos, a los que ya no
daba tiempo a huir, tiraban precipitadamente. Se mascaba una espesa
atmósfera de depresión y de derrota por parte de los simpatizantes con
el separatismo que había quedado en la ciudad.
Las calles adquirieron por momentos una animación nueva, in­
esperada, confortante. De las viviendas altas y bajas se lanzaban a
la calzada familias enteras que comentaban apasionadamente aquellos
sensacionales rumores que ya invadían la ciudad.
— ¡Que están en San Mamés!
— ¡Que ya vienen! ¡Y a vienen 1
— ¡Están bajando los de Santo Domingo y Archanda 1
Pero como todo no era aun más que rumores, y entre los grupos
se encontraba mucho separatista que comenzaba a emboscarse, aque­
llas personas que sentían y amaban a la auténtica España y estaban
anhelando la llegada de las fuerzas nacionales, hacían de tripas corazón
y seguían simulando, basta que llegara la hora de atronar el espacio
con los vítores que ya pugnaban por escapar del corazón.

EL PRIMER PASADO
Estando nuestras tropas en el campo de San Mamés, llegó hasta
sus puertas, san saber de dónde había salido, un hombre alto, fuerte,
moreno, todo afeitado. Gritó un i Viva España 1, levantando los brazos,
y avanzó hacia el primer grupo de requetés.
— j Quería hablar coa los jefes I—dijo él recién llegado.
—¿Qué se le ocurre?—preguntó el cabo.
—Puedo dar a los jefes una información completa y reciente de
Bilbao que habrá de facilitarles a ustedes mucha labor.

Era el primer pasado desde la Ihora en que los soldados de España


habían puesto el pie en Bilbao.
Se trataba de un artista bilbaíno, pintor y decorador, casado con
una dama extranjera, llamado Teodoro Guinea, muy apreciado en
Vizcaya.
Guinea fué llevado donde los jefes, y ante éstos depuso en una
larga e interesantísima declaración. Dijo que las tropas rojas marcha­
ban ya todas camino de Somorrositro, que el vecindario llenaba ya ei
Arenal y otras vías céntricas en espera de la entrada de ias fuerzas,
e hizo urna miiMiciosa descripción de la última cena celebrada en la
capital por la Junta de Defensa de Bilbao con el general Gamir.
—¿Estaba usted con ellos?
—No, señor. Yo lo sé
todo por uno de los orde­
nanzas que ¡les sirvió y
me lo ha contado. Todo se
puede comprobar. El or­
denanza me dió también
esta botella de coñac que
le hicieron sacar y que
luego no desconcharon por
el poco huinoc que tenían
para beber; La he traído
paja que se la beban us­
tedes celebrando la conquista.
Y Guinea sacó una botella de «magnífico coñac que llevaba debida­
mente oculta en el bolsillo interior de la americana.
—¿Y qué sabe us­
ted de esa comida?
—No fué comida,
aunque verdaderamen­
te habían dicho que
iban a comer. El dis­
gusto y la contrariedad
eran tan grandes, que
ninguno tenia apetito.
Se reunieron a las diez,
y estuvieron juntos has­
ta las tres de la madru­
gada.
—¿Dónde?
*
tón. La reunión la pre­
sidió Agüitare. Estando reunidos, a eso de las dos, se oyeron unas
grandes explosiones, y al poco entró en la habitación un enlace para
comunicar a los remnidbs que habían volado los puentes. Aguirre co*
menzó a maldecir de Larrañaga, diciendo que lo había hecho sin
saber él nada, pues quedaron, en que le llamarían por teléfono para
pedirle autorización. Uribairi dijo secamente que si hacía falta, cuan­
to antes se hiciera mejor. Los «reunidos, por especial consejo de Leizo-
Ja y Uribarri, acordaron abandonar cuanto antes la ciudad1, cosa que
realizaron todos, seguidos de sus Estados Mayores, a las tres y medía
de la madbugada.
Guinea añadió que desde que terminó la reutnión hasta que
abandonó Bilbao había estado acompañando a uno de los miembros de
dicha Junta, por el que conoce otros interesantes extremos de la fuga
que también facilitó. Guinea hablaba concretando de tal modo los
hechos, que se le creyó en todo, y para solemnizar aquella información
del primer pasado 9e descorchó el coñac y se (brindó por España, por
d Caudillo y por Vizcaya redimida.

LA VOLADURA DE LOS PUENTES


Aun se encontraban los reunidos celebrando las noticias facilitadas
por Guinea, cuando llegó a presencia de los jefes un alférez llamado
Tejero, que comunicó a sus superiores que acababan de llegar también
a Ja avanzadilla dos comandantes rojos a entregarse, y que habían
manifestado que un poco más lejos esperaban también para entre­
gar las armas tres batallones completos de gudaris.
Estos jefes facilitaron también precisos detalles, especialmente
de las voladuras de los puentes, preparadas desde hacía más de un
mes por mineros asturianos y traídos para esa criminal labor por <1
propio Aguirre.
Para volar el llamada puente de Isabel II, que une la Gran Vía
con el Arenal, se habían empleado mil doscientos kilos de dinamita
debajo de uno de los tramos, conmutada esta carga por medio de ua
tendido eléctrico coa las llaves de corriente que se encontraban en los
sótanos de una casa lindante con el Hospital de Basurto. La corriente
eléctrica generadora de la explosión la dió por su propia mano el jefe
comunista Larrañaga, al que esperaba un automóvil en la puerta pan
saflflr (huyendo hada Santander, tan pronto como consumó su vandálico
«tentado.
— 13 —

Los jefes rojos reconocieron lo equivocado de srn táctica en la


defensa de Bilbao, ya que los principales elementos los había acu­
mulado junto a Archanda y Santo Domingo, dejando en cambio des­
guarnecida casi toda aquella parte de la ciudad por donde se metieron
valientemente los primeros requetés. Agregaron los dos comandantes
que Bilbao se podía considerar como tomado, ya que en él no queda­

ban fuerzas, el agua estaba cortada y el vecindario en la calle esperan­


do al Ejército salvador, cuya entrada había que precipitar para dar co­
mienzo en seguida a la gigantesca labor de abastecer una gran ciudad
sin alimentos y sin agua.
En vista de estas declaraciones, los jefes nacionales enviaron varios
enlaces para comunicar al mando la situación en el interior de la ca­
pital y la conveniencia de que el grueso de las columnas anticipara su
entrada. El Mando, en vista de estas noticias, ordenó que a modo de
avanzadilla y para que fueran explorando la situación, que se desta­
cara potr delante una sección de tanques. Los tanques enltraron por las
— 14 —

calles del Correo y San Francisco hasta el Arenal. Seguía a los tan­
ques otra sección de motoristas. El público, al ver llegar los tanques,
sintió primeramente una impresión de temor al no conocer las inten­
ciones, la finalidad y los propósitos que perseguían. Así, pues, la gente
comenzó metiéndose en sus casas precipitadamente, pero al ver que
los tanques no disparaban y que a paso de desfile llegaban al Arenal,
donde sus conductores salían del caparazón de hierro y acero y co­
menzaban a vitorear a España, se echó nuevamente a la calle, y po­
seída de santa locura, adamaba a sus ooupantes y les a r r e b a t a b a n entre
vítores laá banderas nacionales de que eran portadores, para besarlas
como verdaderas reliquias.

LOS DOS PRIMEROS


Como en toda actividad donde tanto juega el amor propio y el
deseo de superación en esta gloriosa acción que terminó con la con­
quista de Bilbao, son muchos los que de buena fe se atribuyen el
laurel de haber sido los primeros en haber puesto sus pies en Bilbao
y haber realizado tal o cual hazaña meritoria.
La primera bandera «nacional que el sábado ondeó en Bilbao fué
la puesta en los balcones de la Diputación, «por los requetés Ignacio
Araumajo y Quimitanilla, quienes conocedores de la orden que se había
dado a los cauros de asalto, avanzan sobre la ciudad!, sin» autoriza­
ción de sus jefes y como arrastrados por un entusiasmo inviolable,
se lanzaron monte abajo, adelantaron a los tanques y atairon en el asta
del citado balcón oficial, el banderín rojo y gualda de su compañía.
Cuando aún la gente estaba en la calle comentando próximas po­
sibilidades acerca de la llegada de las tropas españolas, dos mucha­
chos fuertes, con traje «caqui» y boina roja, fusiil al hombro, y en el
cinto £a -bomba de mano, entraban por las principales rúas bilbaínas,
atronando el espacio con sus vivas como dos posesos dJe su propio en­
tusiasmo. La gente les contemplaba atónita. Aquello era una locura
según muchos; pero Hos que tal creían olvidaban, sin duda, que a los
divinos locos y no a los cuerdos debe la Historia y la vida, las más
aÓtas conquistas y los más sorprendentes fenómenos.
- l a -

Una vez colocado «1 banderín en tal balcón, para lo que hubieron


de tomar la gran escalera de la Diputación y abrir Has puertas d=e.
varias estancias, detrás dte las cuales podía acecharles la sorpresa, la
traición y la muerte, los dos arriesgados jóvenes mancharon al Arenal
dlonde en aquel momento llegaban los carros de aseüto ya menciona­
dos, y de uno de éstos desprendieron una bandera nacional; treparon
hasta el 'tejadillo del templete de la música que se levanta en tan con­
currido (Bagar, a la sazón lleno de, palomas que uevia¡lacón asustadizas
ante tan inopinada visita, y la clavaron en lo más adto, entre los ví­
tores y las aclamaciones del público que seguía interesado toda la ma­
niobra.
Casi al ¡mismo tiempo Jos -bravos capitanes de da primera y tercera
compañía de carros, con el comandante dé los miamos tomaba el
Ayuntamiento y ayudados de los solidados y del falangista de servicio
en los carros, se hacen cargo del edificio y ponen en su balcón la
bandera roja y amarilla de España. Mientras esto, ocurre, un mo­
torista ha marchado a las afueras de la ciudad a comunicar que Jos
tanques han llegado, sin. ser hostilizados, ait Arenal,, donde la gente
los ha ovacionado. Eli Mando dispone entonces la entradla en la villa
del grueso de la columna y entre aclamaciones y delirantes hurras,
potr la esquina de la Albóndiga, por RecaBdebem y por la popular
calle de Gordoniz, se desbordan en él corazón de Bübao las fuerzas
de España. Más que la toma de una ciudad sitiada, él orden es tal,
que el paso de las fuerzas semeja un desfile militar. Las mujeres
se abalanzan, llorando, al cuello de falangistas y requetés y les cubren
de besos.

PAPELES SON PAPELES


Posiblemente los jerifalltcs t o j o s no dudaran ni <un momento d)esde
que muestras fuerzas inauguraron la gran ofensiva sobre Bilbao, que
la capital de Vizcaya, más tande o más temprano caeda en poder de
las tropas de Franco, pero esta certidiumbre la ocuiltaron arteramente
el conocimiento del pueblo y tuvieron engañado a éste y hablándole
de falsas victorias hasta la misma víspera en que 3a villa del Nervión,
— 16 —

fué incorporada, de nuevo a la España legítima. Así, poT ejemplo, el


viernes 18, o sea la víspera, publicaba «El Liberal» de Bilbao, ea
primera página, el siguiente entrefilet:
<(Archa»nda comienza a ser, diesde ayer, la Archanda histórica y
gloriosa de muestro pueblo. En estas cimas se ha logrado una rotun­
da victoria, que es preciso ratificar con mayor brío cuando el enemi­
go pretenda dé nuevo acercarse a 2a villa)).
El mismo día i8, el general Uribam, ascendido de golpe y porrazo
desde capitán a tan alto grado por los separatistas vascos, hacía fijar
en las paredes de Bilbao la siguiente proclama, que copiaba la pren­
sa de Bilbao y la de Santander:
«Soldado maravilloso, ejército incomparable. Este hombre del 'Nor­
te es prodigioso. Todas las fuerzas del infierno convertidas en cata­
ratas de bombas no bastan para quitarle su coraje. Lo encienden,
por el contrario. Su hazaña de ayer y su gesto d>e hoy son dignos de
la más grande epopeya. Yo he luchado en Madrid. Pues bien, ni
aquel heroico pueblo puede compararse con estos jíeones de Euzkadi,
Santander y Asturias. Me siento orgulloso de ser su jefe, y desde este
momento también ascienden todos, todos, al grado superior. He co­
municado con Vajeada y espero que en seguida sea confirmada la.
recompensa. Con un ejército así, somos invencibles».
Por su parte, la Junta de Defensa d!e Bilbao, publicaba también
el mismo día una alocución así encabezada:
«Vibrante alocución de la Junta de Defensa al puebüó dfe Bilbao
en aunas».
Toda ella era una sarta de embustes y de estímulos suicidas. Esta,
que copiamos íntegra, le dará al ¡Lector una justa impresión de lo que
taH documento era:
((Para que no puieda cumplirse el ¡inhumano propósito del enemigo,
tenemos que oponerle todos nuestra decisión inquebrantable y nues­
tro entusiasmo ardiente, que culmine en el más alto heroísmo. Mo­
rir es vivir cuando se muere por no aceptan una vida de oprobio y
de deshonor. Es, pues, precia) resistir, resistir hasta que, asistidos por
todos los elementos que constituyen los más eficaces medios de com­
bate, podamos constituimos en el ejército de la victoria y de la li­
bertad. Resistid, resistid, para que vuestras madres y vuestras her­
— 17 —

manas y los niños de muestro pueblo puedan pomerse a salvo. Re­


sistid hasta que sea llegado el momento de iniciar las jomadas de
la victoria. Resistid, porque la aesistencia es el príncipe real dal triun­
fo que nos aguarda».
Debajo, tranquilamente, firmaban Gamiir; Uribarri, general en jefe
del ejército de Euzkadi; Aznar, secretario; Leizaola, nacionalista, v
Astigainabia, comunista.
Es lo más triste que mientras se estaban fijando estos documentos,
sus autores preparaban ya la huida de Bilbao. Posiblemente que
con ellos lo que se pretendiera fuese llevar un último estímulo para
la defensa heroica a los gudaris, de modo que esta defensa protegiese
las espaldas a Jos ominosos fugitivos.

UN HECHO HEROICO
También es frecuente lia disparidad de criterios cuando 9e trata de
señalar el hecho más culminante die una campaña en la que abundan
los hechos destacados y
heroicos. Sin embargo,
y empezando por reco­
nocer que en los com­
bates que precedieron
a la conquista de la ca­
pital de Vizcaya, hubo
■una superación cons­
tante en el comporta­
miento de nuestros sol­
dados y qte fueron va­
rios los hechos de ar­
mas que más eficaz­
mente contribuyeron a
la caída de Bilbao, po­
siblemente uno de los
de más resalto, abnegación y heroísmo brillantes fué el de la toma
del HamaHn monte de Santo Domingo, otno importantísimo ac-
— 19 —

oeso a la población y la resistencia maravillosa que el Tercio (le


Regona hizo a u¡n verdadero ejército de -tres a cuatro m i gudaris,
escogidos y llevados de refresco, co<n la consigna de recuperar costase
lo que costase, el citado monte. La ludia fué homérica, batiéndo­
se maestros bravos soldados en la propoaxión de uno con/tra ocho. Por
seis veces seguidas, los rojos, en fAjas BUtiidisimas, en forma dfe ola
se lainzaro.il al asalto de Las posiciones tomadas por la muchachada
española el día anterior, y por seis veces fueron rechazados, después
d¡e llegar lia lucha cuerpo a cuieipo, en la que los saldados de España
se defendieron a machetazos, a culatazos, a bocados, al grito uná­
nime die ¡Por EspañaI jViva España! De aqu-ol heroico Tercio re­
sultó herida la mayoría de su brava oficialidad y un elevado pocoentaje
de sois solidaditos, quie escribieron para España una mueva gloriosa pá­
gina. En esta acción se señail&roñ, de un modo especial, tres mucha­
chos: Jaime dJel Burgo, para quiero, aparte dle la Medalla Militar
que le fué concedidla, se le ha pedido la Lcuuireada de San Femando;
Antonio Casago, y un tal ElizaLde.
v

AGUIRRE, GRAN "SEÑOR"


Luego llegaremos a relatar cómo la población de Bilbao pasaba
hambre y cómo se la privaba dle los más elementales medios de vida,
miienjtiras los jefes se enriquecían robando y saqueando; pero antes
hagamos urna pequeña parada en el Presidentuco Aguirre, que habrá
de servirnos como antecedente para comprender mejor el horrendo
orimm que se cometía con aquel vecindario condenado a vivir en­
gañado y fa£!to de lo más necesario.
Aguiitre, joven presuntuoso y vacío, había tenido la habilidad de
destacar su separatismo, llevándole a extremos hasta los que nadie se
había atrevido a llevar la doctrina de Sabino Arana. Buscaba con
ello Aguirre labrarse una personalidad, llamar la atención sobre su
persona para pescar más a sus anchas en el río revuielto que ya co­
menzaba a ser España en materia política y separatista. Y lo consi­
guió a fuerza de un sabinianismo a ultranza. Esto es lo que llevó
al gobierno, soviético» de Largo Caballero a premiarle, nombrándole
Presidente de la República vasca.
Tan pronto Vizcaya alcanzó la personalidad, política que deseaba
Aguirre, y éste se puso al frente de sus tristes destinos, todo cambió
en Bilbao, hasta la decencia, porque los crímenes alternaban con los
saqueos y loe más insospechados despojos.
Lo primero que hizo Aguirre fué controlar la vida dle todos los
Bancos que era una manera simulada dle poner todos sus valores al
alcance de su (mano; pero es que a más de los Bancos, los partir
culaires, .pobres y ricos, teman mucho dinero en su casa, y ¿cómo
apoderarse de ese dinero por el que en el extranjero, en caso de
huid'a, siempre se daría una cotización? El procedimiento fué senci­
llísimo. Aguirre creó, un nuevo papel moneda de Vizcaya, y mandó
retirar el otro, inutilizando su valor. Con <una mano diaba unos bi­
lletes que no valían nada en ningún sitio, ni se aceptaban en Bolsa, y
con la otra oogía los antiguos biilfetes del Banoo de España y la
püata y Ja iba almacenando para ((reservas de la guierara».
Aguirre necesitaba una instalación digna de un Presidiente de la
República vasca, y necesitaba vivir bfien, que no sabía aún lo que
era, y para poder realizar talies designios, requisó el mejor y más
amplio edificio de Bilbao, para domicilio ofidail de Ja Presidencia y
para vivienda suya particular de paso. Y pensado y hecho, se apo­
deró del Hotel Carlton, donde se situó rodeado de un lujo y una
magnificencia dignas de un gran demócrata como lo que él era.
La planta baja y los pisos del Carlton, excepto el último, lo re­
servó para oficinas, alhajándolos con los mejores muiebles que en tien­
das y en estabJecimierutos comerciales encontraba a mano. Y en cuan­
to al «apartemant» suyo particular, aún se anduvo con menos rodeos.
Puso una casa como hasta entonces no pudo haberla tenido ninguno
de los muchos millonarios que tan a sangre fría él perseguía porque
eran millonarios y eran buenos españoles, claro. Y era así porque el
piso de Aguirre, que comprendía, como ya dijimos, todo el piso alto
del Carkon, con una serie de grandes salones construidos «ad hoc»
mediante el derribo de cuantos tabiques fueron necesarios, el piso de
Aguimre, repetimos, era una maravillosa mezda de cuanto d<e valor,
gusto y prosapia había en los palacios (particulares dle Bilbao. A tal
extremo, que cuando nuestras tropas entraron en Bilbao, al tomar
posesión las nuevas autoridades del Hotel Carlton y recorrer sus de­
— SI —

pendencias, al llegar al piso de Aguirre, el asombro de los bilbaínos


que acompañaban a -las autoridades no tuvo dimites. Poco a poco
iban apareciendo en él todos los muebles robados a las más aristocrá­
ticas familias bilbaínas. Eran cosas tan selectas y conocidas, que no
dejaba lugar a dudas. Entre exclamaciones se iba diciendo: «Este
salón es el de Fulano». «Y estos tapices de Zutano». ((Y esta alcoba
de Mengano». «Y este comedor de Perengano». Aguirre se había acre­
ditado con un nuevo título infamante: el de ladrón de alfo copete.
Desde el balcón del Carlton dirigía la palabra a los gudaris y salía
a saludar con el puño cerrado, acompañado del representante de Ru­
sia. Una escolta de cuarenta hombres escogidos y armados de todas
las armas le vigilaba y defendía de día y de noche. Y cuando ya lo
vió todo perdido, dos días antes de salir huyendo como un cobarde,
faltando a su palabra de que él sería el último defensor de Bilbao, sa­
queó los Bancos y con los valores y dinero robado cargó dos buques
y los envió a Francia con Ja consigna de que no se tocase aquel car­
gamento hasta que él llegara. Era el auténtico picaro redomado, la
encarnación del primero de los granujas... con boina.

HAMBRE EN BILBAO
En Bilbao se vivió relativamente bien hasta que los nacionales
reconquistaron San Sebastián, o séase unos tres meses;. tan pronto
llegaron a la capital vizcaína los miles de rojos que huían de Guipúz­
coa, la ciudad sufrió una gran congestión, que -hubo de reflejarse for­
zosamente en los alimentos. Ya desde entonces, de día en día fué
la situación empeorando, y a primeros de Enero el hambre comenzaba
a hacer sus estragos. Hay que tener en cuenta que Vizcaya es una
región eminentemente industrial, pero no agrícola, y que ni Santander
ni Asturias en nadia podían ayudarla, porque bastante hadan con sos­
tenerse ellos. Era de la pesca de lo que preferentemente se alimentaban
los vizcaínos; pero (también ésta fué aminorando notablemente, ya
que los pescadores preferían (más alistarse como gudaris, con buen
sueldo, con derecho al robo y al saqueo y comiendo k> poco bueno que
había aQmaoenado para el ejército rojo, que salir al mar con. poco
— *1 —

jornal y expuestos a no volver ya al puerto, dada la vigilancia cada


vez más extremada que los cruceros y «bous» nacionales realizaban
a todo lo largo de la costa.
Lo primero- que aconteció en Bilbao', como secuela del racionamien­
to, fué la constitución de las clásicas colas. Las pobres mujeres, mu­
chas de ellas con criaturitas al brazo, se lanzaban a la calle en las pn-,
meras horas de la madrugada, y de pie horas y horas esperaban con
lluvia y con frío a que les llegase la vez. Lo trágico era cuando una
de estas pobres mujeres que se habían levantado aun de noche con
objeto de coger un
buen puesto a la cola,
se encontraba con que
otras habían madruga­
do más que ella, y des­
pués de formair cuatro
o cinco horas en la co­
la, e(l despacho se ce­
rraba antes de que le
llegara el tumo potr ha­
berse agotado el pan,
Da carme o el prodnicto
que allí se expendiese.
Bastará d a r una
símpiie 'relfeución de pre­
cios die los que regían
en el mes de Mayo,
para hacerse cargo de
ila gran tragedia que
el hambre del vecindario llevaba aparejada en Oa vid'a de Bilbao.
Por un jamón cíe seis kilos se ha llegado a pagar seis .mil pesetas.
La docena de huevos oscilaba entre 25 y 30 pesetas. Aceite para freí;
no existía, y se guisaba con grasa, sebo o aceite del destinado para en­
grasar las máquinas. El litro de vino se pagaba a 35 pesetas. Bilbao
se alimentaba especialmente de arroz y garbanzos cocidos, y las fami­
lias privilegiadas—las familias de los jefes rojos y separatistas, claro—
comían con alguna frecuencia sardinas, que en la plaza, las pocas
que salían, llegaron a pagarse a diez y ocho pesetas la docena. La
situación llegó a hacerse tan precaria, que como en los grandes sitios
históricos de Gerona, Zaragoza y París, se tuvo que echar mano de
Jos animales domésticos, como gatos, «perros y caballos para dar urt
.poco más de solidez a la alimentación. La carne de caballo era la más
apreciada; pero la hubo muy pocos días, y provenía' de caballos
muertos en el frente, porque decían los cabecillas que un caballo en
la guerra era tan útil o más que un soldado. El kilo de esta clase de
carne hubo días que costó cincuenta pesetas. La libra de carne de
gato se pagaba a 12 pesetas, y los perros de caza, delgados y famélicos,
se pagaba por el Arenal, para hacerlos carne, a diez y ocho duros.
Estos detalles, rigurosamente históricos, habrán de llevar al ániimo del
iectox cuáji trágico era el auadiro d*e un Bilbao famélico y castigado
por los mayores crímenes y vejaciones.

CR MENES Y ASESINATOS
Desde la noche del día 19 de Julio de 1936 comenzaron en Bilbao
las detenciones y los asesinatos. Patrullas de gudaris al mando de un
«responsable», que era portador de una amplia lista, recorría las casas
que en ésta figuraban, y se iban llevando a jóvenes y a viejos, a los
que en ocasiones tenían que arrebatar violentamente de los brazos de
madires, esposas o. hijos, dando íu¡gar a emocionantes escenas.
—Don Fulano de Tal ¿vive aquí?
—Sí, señor.
—Queremos verle.
Se le maniataba, se le metía en un coche que esperaba abajo y r»e
le conducía, en unión de otros, al Cementerio de Derio, donde se les
ponía junto a una ¡tapia y se les fusilaba, incluso con ametralladora,
cuando él grupo era muy numeroso.
A los que caían por la madrugada se les enterraba por lá tarde
del mismo día, para dar lugar durante toda la mañana a que familia­
res y deudos fueran a Derio a reconocer el cadáver. Las detenciones,
precedidas o no de registros domiciliarios, según se negase o not la
presencia del presunto detenido, se realizaban.' por la noche, y los
fusilamientos se hacían a Jas primeras luces del amanecer. En Bilbao
ya se conocía la trágica costumbre. Cuando en una familia era deteni­
do por la noche el padre o el hijo, a la mañana siguiente la esposa ya
sabía que había de encontrar el cadáver del ser querido al pie de la
trágica tapia de Deno.
A otros detenidos, según su filiación o el informe secreto que hu­
biese acerca de ellos, se les trasladaba, bien a los barcos andadlos eji
la ría y convertidos en cárceles flotantes, como el «Quilates», bien al
Cuartelillo de Seguridad, bien a la Consejería de Gobernación, sita en
La Bilbaína, bien a los otros edificios también habilitados para prisión,
como el Carmelo y los Angelíes Custodios, bien ya a las cárceles dte La
Galera y Larrinaga.
Los asesinatos cometidos en Bilbao por los rojos separatistas en
las personas de derechas, que eran los más patriotas e inteligentes de
Vizcaya, se elevan, según cálculos bien computados, a más de seis mil,
entre ellos los de personalidades tan relevantes, entre otras, como los
señores González Olaso, Juaristi, Villota, Careaga, Adán, Ui¡raca, As-
traían, Elordüi y el patriarcal don Pedirá Eguílior.
Relatar la forma de cómo fueron asesinados todos estos mártires,
sería profundizar en el dolor de muchas personas que habrán de leer­
nos ; sin embargo, no podemos eludir, para el cumplimiento de nues­
tros deberes informativos, el relato, lo más suscinto posible, de algunos
episodios que reflejan fielmente el estado de ominosidad y descompo­
sición que alcanzó Bilbao durante la dictadura de ese enfermo mental
que respondía por José Antonio Aguirre.
A primeros de Enero se encontraban abarrotados de presos cuan­
tos edificios y buques los separatistas habían habilitado para tales efec­
tos. Y fué por esas fechas, cuando se registró uno de los más intensos
bombardeos de nuestra gloriosa aviación nacional sobre objetivos pura­
mente militares de la capital de Vizcaya, como parques, polvorines,
depósitos de gasolina, etc.
Tan pronto como nuestros trimotores hicieron aparición y sonaron
las bocinas de alarma, los cuarenta o cincuenta detenidos últimos que
se encontraban hacinados en los pisos bajos semisótanos del Cuartelillo
de Seguridad, por no Ijaber ya sitio libre en las cárceles para ello»,
fueron trasladados a un verdadero sótano de dicho Cuartelillo, una
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•specie de hoyo como de unos ocho metros cuadrados, en el que fueron


metidos a culatazos. Se bajaba a él por una estrecha escalerilla, y sólo
recibía luz por un estrecho ventanuco que tenía a la parte opuesta.
Una vez metidos allí todos, y a la segunda explosión lejana que se
oyó de las bombas de nuestra aviación, se abrió la puerta y vieron los
detenidos, con el consiguiente terror, que en el rellano de la escalerilla
había ya montada una ametralladora apuntando hacia el interior del
sótano. Dos milicianos hallábanse situados detrás de la máquina auto­
mática, que tenía ya puesta una cinta de balas.
Los detenidos comenzaron a implorar perdón ante el temor de ser
vilmente asesinados. La confusión fué espantosa. Muchos se enco­
mendaban a Diosotros oraban por lo bajo, poseídos de un extraño
temblor; otros lloraban acordándose de sus seres queridos. De pronto
se oye a lo lejos otro nuevo estampido, y ai instante bajó um gudari
dando estentóreas voces:
— i Está ardiendo la gasolina de Santurce I j Ha sido la aviación,
la aviación facciosa! Pero aquí todos vamos a hacer lo nuestro, v
dirigiéndose hacia los detenidos, les gritó: -—{Marranos: vosotros tam­
bién vais a arder como si fuérais gasolina!
Se precipitó sobre la culata de la ametralladora, le dió al pulsador,
y una andanada de plomo homicida cayó sobre los pobres cautivos,
q-ue entre ayes de diolor, gritos y la contusión d!e rigor, se revolcaban
moribundos la mayor parte de ellos. Fué una escena de ensañamiento
horrible e inhumano. Cuatro cintas se dispararon seguidas contra aque­
llos desgraciados, hasta que no se oyó ni un quejido ni una respiración
entrécortada. La «máquina cesó en su terrible abaniqueo, cuando un
trágico silencio presidía al sótano. En él habían quedado hacinados
cerca de cincuenta cadáveres.
Al sijguienfte daa que ooumría esto en d cuartelillo, tas turbas esti-
rnuhLajdas por ios jefes rojos que imprecaban llenos de cólera e impo­
tencia a los aviadores oackmaiBes, las turbas asaltaban l'as cáirceiLes de
Lairinaga, los Custodios, la Galera y eU Carmelo. La matanza que
allí se realizaron ¿mearon hamarosas. Se tomó el pretexto de los bom-
baodieoG aéreos, pero luego se supo que aquellos asaltos estaban desde
hada ya preparados y debidamente organizados, sólo pendientes de
un avoso.
Es que también, este día se presentó la awriación «ackwial sob¡m
Bilbao, y en cuanto sonaron las sirenas, la geníte que ya estaba
preparada dte9de la noche anterior, se lanzó a la calle. Quienes pri­
mero se manifestaron públicamente,' llevando lia protesta, fueron los
vecinos rojos dial bainrio rojo de San Francisco, que era la zona comu­
nista por excelencia deJ interior de la caudad.
Conocemos también la wcsión de k> quie se dioe oomirido el día
amíterior en el Cuartelillo, donde fueron, salvados como unos diez de­
tenidos por un ordenanza y hay quien lio oonfumidle con el suceso* an­
teriormente descrito por nosotros. No. Son cosas distintas, aunque
fes dos coinciidenrbes por el lugar y la fecha, -pero no n¿ por el
dfesenüaoe ni por el timbe de tragedia.
El asalto del Carmelo £ué algo épdco. Los presos supieron que
iban a ser atacados y se prepararon a la defensa con. colchones y
gran número de botellas, a modo de proyectiles. Los milicianos
entraron en tromba, muchos dte ellos completamente borrachos, armi-
dios con fusülies y hasta con ametralladoras. Los presos estaban man­
dados por un guardia de seguridad, que murió heroicamente en aquel
empeño, llamado Bermúdiez. La entrada de los milicianos fué algo
ciego. Los presos les recibieron con una lluvia dle botellas, que les
cogió complietamenite desprevenidos y a consecuencia dle lo cual ca­
yeron cerca de una docena con la cabeza abierta, enltre ellos uno que
llevaba una ametralladora y ésta fué cogida por el guamdüa Rermúdez
que la emplazó convenientemente en espesa del segundo intento de
asalto. También en poder de los presos habían quiedado varios fu­
siles y pistolas, y con todo esto esperaron ya más confiados.
La segunda escaramuza fué aún más sangrienta. Se cruzaron mul­
titud dle disparos enltre unos y otros y se vió caer ai guardtia Ber-
múdez tocado por una bala en mitad dleJ pecho, pero los rojos fue­
ron nuevamente rechazadlos, ¿lando esto lugar a una tregua dle me­
dia hora, durante la quie los rojos, con. objeto dle podler penetrar en
el Canmelo, acudieron a la estratagema de decir que eran fascistas,
que llegaban* en ayuda de los detenidos,, pero con ello no lograron
engañar más que a medía docena dle asirianos dle la planta baja, a
Los que asesinaron vütm'ernte tan pronto les frawqueairon la entradla..
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Acto seguido, vienido fracasado también eáte intento, apelaron de


n/uevo a la violencia por medio del incendio y le prendieron fuego
a la cárcel, que fué pronto gran parte de ella, pasto dle las llamas,
entre las cuales iban a perecer los presos allí reducidos; pero estos
pudieron huir a tiempo de la nave donde primeramente se encontra­
ban y refugiarse a través deu patio en otra casa alejada fuera comple­
tamente die la acción del fuego. Y en ésta organizaron la mediocre
defensa contra otro posible ataque. Pero ya se había echadio la
noche encima y los milicianos se retiraron def.iriitivamente. .
En la cárcel de Lariimaga la matanza de presos fué algo dfe es­
pantó. También en Laxrinaga los detenidos habían organizado su de­
fensa, pero ésta Jes falló dado el número de asaltantes, y entonces,
tanto en el patio central corno por las galerías altas, el asesinato se
convirtió en una espeluznante caza del hombre. Hasta a puñaladas
y a hachazos eran rematadlos los presos en sus propias camas. La
mayor parte de ellos fueran fusilados en montón en uno dle los patios
centrales de la cárcel.
La matanza en las cárceles tornó tal'es proporciones quie a las diez
dle la noche llegaban a ella varias compañías de milicianos de Se-
gurMíad y Orden público oon objeto de restabDecer el ociden y am­
parar a los presos. Pero lo que éstos hicieron fué llevarse los pocos
que habían dlejado los asaltantes, que claro está sie habían retirado
hacía rato, ahitos ya de sangire. En Bilbao se conocían ya los des­
mames cometidos en las cárceles con sus nuevos destalles, ya que los
propios asaültanites se habían encairga>do 'de divulgarlos y la impresión
en la ciudad' eirá gramde. Aguiime había recibido indíuso varios tele-
famsmas die amigos íntimos suyos protestando enérgicamente de los
hécthos. La protesta mayor fué no obsitante la del día siguiiem/te. ■
Cecea de doscientos aniitomóviDes haciendo sonar ruildtxsamenite sus da-
xnes y bocinas, dlesfilarron por la plaza Elíptica y por fremtie aJ; Caiten.
El desfile estaba organizado poir elementos monárquicos y nacioma-
íes que transitoriamente se habían cobijado bajo la bandera del na-
cicunajlismo para salvar su vóda.
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Uno de los capítulos más emocionantes del Bilbao rojo fué la eva­
sión de las prisiones del Carmelo la víspera de la entrada de las tro­
pas nacionales en Bilbao. La falta de espacio nos impide relatar como
antecedente todos los sinsabores, privaciones y sacrificios por los que
hubíeroffi de pasar los presos en el Carmelo durante siu espantoso
cautiverio de cerca de
c__ un año, obligándoos a
C r r dormir hacinados sobre
^ unas tablas, en reduci­
das habitacio'nes s i n
ventilación, y oEigán-
doselés a beber del
agua die la vasija don-
die hacían sus necesida­
des. El cauitiverio de
estos desgraciados era
tan grande, que cuan-
ido estaban trabajando
en las trincheras cons­
truyendo el famoso cin­
turón dle hiesiro de Bil­
bao y aparecía vodan-
do la aviación nacio­
nal que bombardeaba
se quedaban de pee junto a ellas, deseando qué les alcanzase un trozo
de metralla y terminase con tanto sufrimiento.
Pues bien, también a estos buenos patriotas óéi Cálmelo llegó
•la hora de su liberación, cuando Bilbao aun era rojo. Por medio de
un enlace se habían puesto de acuerdo, respecto a la hora y al sitio
por donde tenían que huir y pasarse a las filas nacionales, con los
jefes que mandaban las avanzadillas de éstas que más próximas a la
prisión se encontraban. En la fuga estaban también complicados al­
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gunos jefes de la prisión, y de acuerdo, como es natural todos los de­


tenidos, para prestarse mutua ayuda en caso de que sorprendidos en
plena huida tuvieran que defenderse. Entre los prisioneros, como es
natural, los había a quienes la privación y los sufrimientos había
llenado de alifafes; algunos reumáticos apenas podían moverse; pero
en cuanto se circuló «la orden de marcha», tullidos y reumáticos,
cojos y enfermos, con la sugestión única de que el éxito en la evasión
era el regreso a la España auténtica, a la madre querida, se lanzaron
por las puertas abiertas por una mano amiga, en la oscuridad de xa
noche, y trepando monte arriba, conteniendo la respiración, llegaron
los primeros a pocos metros de las avanzadas nacionales.
La consigna estaba ya incluso acordada:
— I Alto 1 ¿Quién vive?
—|E1 Carmelo por España!
Y un abrazo largo, apretado, fraterno, entre los falangistas y re-
quetés con los evadidos, era como el primer saludo de la nueva Es­
paña a sus mártires supervivientes.
EPISODIOS PUBLICADOS:
Núm. 1.— C óm o fué tom ado el A lto de! L e ó «.
> B.— L os centauros de España en el Puerto del P ico.
> 6.— La conquista de Retamares por la columna de Castofón,
» 4 - A salto y defensa heroica del Cuartel de la Montafia.
»* 5. - C ó m o conquistó S evilla el G eneral Q ueipo de Llano.
» 6.— Tortura y salvación de M álaga.
* 7.— P o r qué fué rojo Madrid.
» 8.— iGuadalajara, heroica y mártir!
.» 9.—M artirio y reconquista de Vizcaya.