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Tema y rema

Las nociones de tema y rema pertenecen al ámbito de las funciones informativas, no se


asocian estrictamente con funciones sintácticas (sujeto, objeto directo, etc.) ni
con funciones semánticas (agente, paciente, etc.). Las informativas son aquellas
funciones que nos permiten valorar el aporte que realiza cada segmento a la totalidad del
discurso, y, a diferencia de las otras dos, no están determinadas por el significado de las
piezas léxicas o palabras.

Pensemos en la información que aportan los siguientes ejemplos:

(1) Yo hice eso ayer.

(2) Ayer hice yo eso.

(3) Eso, lo hice yo ayer.

Aquí tenemos oraciones con el mismo contenido proposicional, es decir, son todas
oraciones equivalentes —de las que no podemos decir que una es verdadera y la otra no
lo es—, pero que difieren con respecto a la distribución de la información. En (1) tenemos
un orden neutro (en términos técnicos, orden no marcado: sujeto-verbo-objeto), en tanto
que en los otros dos hay elementos en distintas posiciones que implican un relieve
diferente: en (2) es el adverbio ayer el que cobra importancia, en tanto que en (3), el
demostrativo neutro eso. Estas distintas estructuras informativas, en consecuencia, harán
distintos aportes al discurso.

Para el análisis de la estructura informativa haremos una partición del segmento según
criterios informativos. Para ello debemos tener en cuenta el contexto que precede
al enunciado (el discurso previo) y la situación comunicativa; se trata, entonces, de
nociones que pertenecen al dominio de la pragmática.

Varios son los nombres que se le han dado a este par de conceptos: tema/rema,
tópico/comentario, soporte/aporte, fondo/figura, información conocida/información nueva.
El término tema es ambiguo en lingüística ya que puede referir a las funciones semánticas
(roles temáticos como agente, paciente, tema, etc.) o a la derivación morfológica, además
de a la función informativa. Quizás referirnos en términos de información temática e
información remática sea un designación más neutra y posiblemente menos ambigua.

La información temática denota la materia sobre la que se dice algo, «aquello de lo que
se habla». Hace alusión a la información que el hablante supone conocida o consabida
por el interlocutor. Reparemos en que no es información necesariamente conocida por
este, sino que el emisor elije presentarla de esa manera. Es el fondo o la base sobre la
que se presenta la información nueva.

La información remática es la que el hablante presenta como nueva, desconocida para su


interlocutor. Esta se interpreta como relevante en alguna situación discursiva para
completar la información temática.
Veámoslo con ejemplos:

(4) En 1492 se publicó la primera gramática del español.

(5) La primera gramática del español se publicó en 1492.

Tenemos dos enunciados que contienen la misma combinatoria de palabras, pero la


información que aportan es diferente. En (4) se dice algo acerca de un año, es decir, 1492
aporta la información temática, y en (5) se afirma algo sobre una gramática: el año es
información remática.

En el § 22.4 de la Gramática del español para maestros y profesores del Uruguay se


puede profundizar sobre esta temática.

Algunas características

Generalmente, reconstruir la interrogativa a la que responde una oración sirve para


determinar la estructura informativa preferida para la oración en cuestión. Así, el elemento
interrogativo en una pregunta corresponde a la información remática. En tanto que la
información temática, subrayada en los ejemplos, es generalmente la que aparece en la
formulación de una pregunta y tiende a sustituirse por un pronombre en la respuesta ((7))
o a elidirse directamente ((6)). Comparemos el siguiente par de pregunta-respuesta:

(6) ¿Qué obra se publicó en 1492? La primera gramática.

(7) ¿Cuándo escribió Antonio de Nebrija la primera gramática? La escribió en 1492.

Obviamente en las respuestas es posible la aparición de elementos temáticos:

(8) —¿Dónde vas? — ¿Quién, yo? Ah… Yo voy a la panadería.

Ya que hablamos para decir algo, un hablante no puede presentar un enunciado en el que
toda la información sea temática; por el contrario, sí puede ser todo remático. Por
ejemplo, al comienzo de los cuentos o en otras secuencias narrativas (aunque no
únicamente en este tipo de textos), toda la información es nueva. Por ejemplo,

(9) Había una vez una niña [rema]. Ella [tema] se llamaba Caperucita Roja [rema].

En el ejemplo anterior se ve con claridad que la progresión habitual es de tema a rema.

La información remática no se omite y tiende a aparecer en posición final. En (10)


tendemos a pensar que la información nueva es la respuesta a la pregunta ¿Qué le prestó
Juan a María? Por el contrario, si quisiéramos que el segmento a María fuera el rema de
este enunciado (la respuesta a la pregunta ¿A quién le prestó Juan su colección de
autitos?), debería marcarse con un acento enfático, como se ve en (11).

(10) Juan le prestó a María la colección entera de autitos.

(11) Juan le prestó A MARÍA la colección de autitos. (No a Pedro.)


Observemos además que tema y rema no se corresponden necesariamente con un solo
constituyente sintáctico. Por ejemplo,

(12) ¿Qué le regaló Juan a Pedro? Juan le regaló su libro preferido.

En la respuesta los segmentos subrayados conforman la información temática y se


corresponden en la sintaxis con los constituyentes sujeto, objeto indirecto y verbo. Esta es
la diferencia con los conceptos de tópico y foco, que también refieren a información
temática y remática correspondientemente, pero sí coinciden con un constituyente
sintáctico.