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Liderando en el Servicio - Pedro Fuentes

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PRÓLOGO
El nuevo milenio representa una oportunidad sin precedentes para
compartir el Evangelio con un mundo hambriento y sin soluciones en el
marco de esta sociedad post-moderna, ligth, cuyas banderas son el
consumismo, la permisividad, la relatividad, unidos por el hilo invisible del
materialismo superficial. Mundo hambriento integrado por hombres sin
valores que rijan sus conductas, desorientados, que reconocen solamente la
“ética del ahora”, "ética situacional" sin importarles el pasado ni el futuro.
Usted tiene en sus manos un libro por el que dará gracias a Dios y que
seguramente recomendará u obsequiará a algún amigo o familiar.
Muchos autores escriben para maestros y teólogos, y sólo en raras
ocasiones logran el interés del público en general. Esa es la razón por la cual
algunos libros tienen vigencia limitada y terminan sus días en los estantes de
una biblioteca sin ser consultados.
En este caso no será así, ya que con conceptos claros y precisos, Pedro
Fuentes logra hacernos reflexionar sobre el Liderazgo en el Servicio. Enfatiza
tanto en los principios de administración, como en aquellas cualidades
personales y virtudes cristianas que producirán los mejores líderes posibles,
independientemente del tiempo y lugar en donde les corresponda actuar.
Cotidianamente, la literatura secular nos ofrece la oportunidad de
descubrir nuestras actitudes y patrones de comportamiento (manera de ser-
ver- y hacer las cosas), trabajar la autoestima, la creatividad, la visión y el
equilibrio, sugiriéndonos que cada persona es formadora de su propia
realidad.
La complejidad en las relaciones humanas, la necesidad de prestigio y
de poder, la ausencia de ética en el tejido social en general, dificultan aún
más la tarea del Liderazgo en este tercer milenio, los cristianos parecemos
ajustarnos a la época que nos toca vivir, cómodos, faltos de interés,
indiferentes, sin compromisos, materialistas, tolerantes frente a un peligroso
relativismo bíblico. Sin embargo en este contexto Pedro Fuentes afirma,
“Liderar es Servir”, y quienes sirven bajo los principios de la Palabra
concluyen siendo reconocidos y ejerciendo el liderazgo. “...Y todo o que
hagas te saldrá bien”…Josué 1:8

Juan Carlos Ciccone


Anciano de la Iglesia en Villa Real.
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PARA QUE TE VAYA BIEN


Liderando en el servicio

Cuando Dios encomendó a Josué la gran tarea de liderar al pueblo de


Israel en la conquista de la Tierra Prometida, luego de darle varias
instrucciones le aseguró que si cumplía la indicación del Libro de la Ley, “todo
te saldrá bien”. Tenemos que aceptar y creer que Dios desea que nos vaya
bien en el servicio del liderazgo, como le dijo a su siervo Josué, aunque éste
debía cumplir ciertas condiciones para que así sucediera.

En ocasiones la obra del Señor sufre aparentes fracasos; digo


aparentes, porque la obra de Dios no fracasa, somos nosotros quienes
fracasamos en la obra. La mayoría de las veces se debe a problemas en el
liderazgo y no a otras razones. Quizás sea por esta causa que la Biblia abunda
en ejemplos y principios acerca de cómo debe ser la conducción y el liderazgo
en la obra de Dios.

Durante varios años inquietaron mi mente pasajes bíblicos que


describen el desarrollo de la obra de Dios, conducida por Dios mismo, pero
utilizando a hombres que lideraban la acción. Tengo en mi Biblia más antigua
(esa que no sacamos de casa por estar muy gastada), varios pasajes
remarcados con algunas anotaciones sobre el liderazgo que deseo compartir.

Unos días antes de comenzar a realizar este trabajo, recorrí algunas


librerías cristianas importantes en nuestra ciudad para ver libros que tratasen
el tema. La primera impresión que tuve es que no era necesario escribir un
nuevo libro sobre liderazgo. La gran cantidad de títulos sobre este asunto me
sorprendió, así que dediqué un tiempo más a orar hasta tener la convicción,
de parte del Señor, de iniciar esta obra. Por ello me atrevo a compartir estas
reflexiones. Procuré hacerlo bajo el temor del Señor, deseando que sirvan
para edificación y motivación para un mejor servicio en el liderazgo cristiano.

Quiero dedicar un párrafo especial a nuestros hermanos mayores,


quienes han dedicado sus vidas al servicio del Señor y, por lo tanto, al
liderazgo bíblico. Ellos hicieron un gran trabajo, con virtudes y fallas, pero
gracias a su labor y a sus vidas de abnegación, nosotros conocimos a
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Jesucristo como Salvador y fuimos motivados y animados, con sus palabras y


ejemplo, para servir a Jesucristo y ocupar un lugar de liderazgo en su obra.
¡MUCHAS GRACIAS HERMANOS MAYORES!

Este libro está dirigido especialmente al liderazgo joven e intermedio,


para aquellos que anhelan ser cristianos de bendición en la vida de otros y
desean profundamente que Dios los utilice en el privilegio de liderar
sirviendo a sus hermanos.

El propósito de este libro es que:


 Reflexionemos juntos sobre nuestra forma de liderar en la obra del
Señor.
 Identifiquemos distintos tipos y formas de liderazgo en las
Escrituras.
 Y seamos desafiados a tener un mejor liderazgo, ayudados y
guiados por la Palabra, bajo la dirección y la supervisión del
Espíritu Santo.

Al publicar este nuevo trabajo, siento una profunda gratitud al Señor


por concederme el privilegio de compartir su Palabra a través de este medio,
y mi oración constante será que Dios lo utilice para la bendición de su pueblo
y para que su glorioso nombre sea honrado.
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Capítulo 1

LA GRANDEZA DEL LIDERAZGO


“No será así entre ustedes”

El liderazgo en la iglesia no es como en el mundo. Los parámetros son


totalmente distintos, porque la economía de Dios es distinta a la nuestra.
Bajo el criterio del mundo, la grandeza del liderazgo está directamente
relacionada con el poder, mientras que en el reino de Dios, la grandeza está
relacionada con el servicio.
El mayor entre los seguidores de Jesús es el número uno en servir a los
demás, es eso lo que habilita a una persona para el liderazgo.
La búsqueda de mayor liderazgo no está mal. Jesús lo dio como algo
natural al declarar “el que quiera hacerse grande entre vosotros...”. No tiene
nada de malo tener esa pretensión. Lo que sucede es que debe cumplirse la
condición para lograrlo: “será vuestro servidor”.
Es verdad que transitamos por un camino muy ambiguo que podría
llevar a cierta confusión. ¿Cómo saber si quienes sirven lo hacen para ganar
alguna posición dentro del cuerpo de Cristo o porque aman al Señor y desean
servirle? No hay forma de saber las intenciones del corazón de los demás,
pero sí podemos observar la realidad. Si quien sirve es reconocido por los
demás, está bien; esto es lo que dice el apóstol Pablo en 1Te. 5:12: “que
reconozcáis a los que trabajan entre vosotros...”Pero si dicho reconocimiento
se transforma en un “derecho” de mandar y ejercer dominio sobre los
demás y no en una bendición de Dios y un estímulo para seguir sirviendo,
entonces estamos en presencia de alguien que no entendió el principio
bíblico sobre el liderazgo.

Diferencias entre el liderazgo cristiano y el del mundo.

“Mas Jesús llamándolos les dijo: Sabéis que los que son tenidos por
gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen
sobre ellas potestad.
Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor.
Y el que quiera ser el primero, será siervo de todos.
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Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar
su vida en rescate por muchos”
Marcos 10: 42-45

Jesús hizo una muy clara descripción de cómo se ejerce el liderazgo


bajo los parámetros del sistema del mundo. Él dijo que los que son tenidos
por gobernantes, refiriéndose a los dirigentes, tienen dos pretensiones muy
claras: la primera es enseñorearse sobre sus dirigidos, y la segunda es ejercer
potestad sobre ellos. Matthew Henry hace el siguiente comentario
refiriéndose a estos señores: “El interés de los gobernantes de este mundo
suele ser, no lo que pueden y deben hacer por sus súbditos, sino el apoyo
que de ellos esperan para prosperar su propia ambición y grandeza”.
(Comentario Bíblico de Matthew Henry, pág.1237).

La expresión “enseñorearse” refiere a la pretensión de sentirse “señor”


de los demás, lo que implica dominio y manejo de las voluntades. El señor en
los tiempos de Jesús era el amo y dueño absoluto de todo lo que estaba bajo
su propiedad, aun de las personas. Jesús dijo que esto era lo que hacían los
gentiles, pero que entre sus seguidores no debía ser así. Nadie debe
arrogarse el derecho a dominar a los demás. Es verdad que a ninguno de
nosotros se nos pasa por la cabeza el decir que somos “señores” y que deben
hacerse las cosas como nosotros queremos. Sin embargo nuestras actitudes y
nuestra práctica en el ministerio suelen llevarnos a esta desviación. Y esto se
nota precisamente cuando nos fastidiamos mucho porque las cosas no se
hicieron como hubiéramos querido.

La segunda expresión que utilizó Jesús fue: “ejercen sobre ellas


potestad”. La potestad es el poder de mando de unos sobre otros, es ese
poder que obliga a que se obedezca. La versión Internacional traduce: “los
altos oficiales abusan de su autoridad”. Nada más lejos de lo que la Biblia
enseña sobre el ejercicio de la autoridad. Un texto muy clarificador sobre el
uso de la autoridad nos lo da el apóstol Pablo en su segunda carta a los
Corintios:

“Por esto os escribo estando ausente, para no usar de severidad


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cuando esté presente, conforme a la


autoridad que el Señor me ha dado,
para edificación
y no para destrucción”.
2Crónicas 13:10

Pablo marca tres conceptos muy claros sobre el tema de la autoridad:


primero hace referencia al origen, luego al propósito positivo del ejercicio de
esta autoridad y finalmente una aclaración sobre el mal uso de la autoridad.
Bien haríamos en tener estos conceptos siempre presentes en nuestro
ministerio.
En primer lugar nos presenta el origen de la autoridad. El apóstol
reconoce que la autoridad le fue conferida por el Señor. Esto implica que
Pablo no atribuye ningún mérito personal a su autoridad ya que ésta le
pertenece al Señor y por delegación, él la ejerce temporalmente. Sabe que de
esta autoridad que él administra tendrá que dar cuenta al Señor, la haya
usado bien o mal.
En segundo lugar dice que el ejercicio de su autoridad es para
edificación. Cuando él hace uso de su autoridad lo hace con el propósito
definido de edificar, es decir que será para bendición de sus hermanos, nunca
para provecho personal. Quienes lideran en el ministerio cristiano, no
debieran preocuparse tanto por sentirse bien o quedar bien posicionados
frente a los demás, sino más bien pensar en qué medida se está edificando a
los receptores del servicio.
En tercer lugar Pablo nos dice que esa autoridad conferida por el
Señor, que es para edificación, no es para destrucción. Suena casi como una
advertencia para quienes ejercen alguna autoridad. El apóstol sabe que el
mal uso de la autoridad puede llevar a destruir vidas. Lamentablemente
somos testigos de cómo en muchos ámbitos cristianos, quienes tienen cierta
autoridad no tienen problemas en dejar personas heridas a su paso, con tal
de hacer las cosas a su manera. Esto puede ser muy común pero siempre
será una deformación del uso de la autoridad espiritual y una deshonra al
Señor, quien confiere la autoridad para edificación de su pueblo.

Volviendo al relato de Marcos, Jesús afirma categóricamente que en su


reino este sistema del mundo no funciona. Por ello dice: “No será así entre
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vosotros”, porque no fue así con Jesús, por el contrario, él declaró que había
venido para servir y para dar su vida.
Jesús lanza un tremendo desafío a sus seguidores y les dice: ¿Quién
quiere ser grande en mi reino? y ¿ Quién quiere ser el primero? En términos
humanos esto atraería a cualquiera porque todos tenemos, como dice
Charles Swindoll, “el síndrome de la celebridad”. Pero las condiciones que
Jesús impone son categóricas y nadie que responda afirmativamente a estas
preguntas podrá tomar un atajo. ¿Sabe por qué?, porque Jesús no lo tomó. El
apóstol Pablo, cuando habló de la grandeza de Jesús en esa famosa frase de
Filipenses 2:9: “por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo...”, hizo una
tremenda descripción de cómo Jesús estuvo dispuesto a renunciar a todos
sus privilegios por agradar a su Padre.
Las condiciones para ser un grande son muy claras: “Será vuestro
servidor y ... será siervo de todos”.

Jesús utilizó dos palabras muy conocidas por los discípulos y que
lamentablemente se han ido deformando con el paso del tiempo.
Para servidor utilizó la palabra DIAKONOS, que en el lenguaje
eclesiástico (no sólo católico sino también en algunos grupos evangélicos)
indica una jerarquía y denota funciones específicas. Cuando Jesús utilizó la
palabra diáconos no estaba pensando en esto, porque él mismo dijo que
había venido para “servir” utilizando la misma palabra, es decir para realizar
un diaconado. El termino diácono está relacionado con acciones que se
hacen a favor de los demás, con un servicio que se brinda.
Hay una interesante ilustración que cita Carlos Morris al hacer el
comentario de Marcos 10:45, para ilustrar lo que significa tener una actitud
correcta de servicio:

“Durante la guerra por la independencia de los Estados Unidos ciertos


soldados estaban procurando alzar un tronco pesado para colocarlo en su
lugar en una empalizada. En eso se acercó un hombre de aspecto distinguido
que al ver que un oficial observaba sin ayudarles, le preguntó por qué. El
oficial, indignado y sintiéndose muy importante como para “servir”, le
contestó: “ ¿Es que no se da cuenta que soy el coronel? Entonces el otro
respondió: “Bueno, si usted no lo hace, lo haré yo”. Y así fue que con la ayuda
de ese hombre por fin se terminó la tarea. El coronel quiso saber el nombre
del caballero. Éste, abriendo su abrigo para revelar el uniforme que llevaba
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debajo, le contestó: “Soy el general Washington, y cuando necesite más


ayuda, llámeme”. (Carlos A. Morris. Comentario Bíblico del Continente
Nuevo, San Marcos, pag.185).

La otra palabra que utilizó Jesús es DOULOS para referirse a siervo.


Esta palabra se utilizaba para referirse a los esclavos. Lamentablemente este
término también ha sufrido algunas desviaciones, de tal manera que en
ocasiones se habla de “el siervo de Dios”, para darle cierta jerarquía y
reconocimiento, cuando en realidad ni Jesús ni los apóstoles tenían esta idea
en sus mentes, ya que “doulos” hace referencia siempre a “una persona
esclava y privada del uso de su voluntad”.

Cuando el apóstol Pablo se define como “siervo de Jesucristo”, está


indicando que es propiedad de Jesucristo; que no es dueño de su vida. Es
oportuno aclarar, como dice don Roberto Ocho, que el concepto paulino de
siervo no tiene correspondencia directa con la idea griega de la palabra
doulos. Ésta siempre refiere a quien no tiene ninguna posibilidad de dejar la
condición de esclavo, mientras que la idea que transmite el Antiguo
Testamento en Éxodo 21:1-6 es la de un esclavo por voluntad propia. El
apóstol Pablo tiene claro que fue comprado por precio, pero su servicio es
voluntario nunca por obligación.

Esta magistral enseñanza que dejó Jesús a sus seguidores no podía


terminar mejor que con el ejemplo supremo de su propia vida:

“Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para
dar su vida en rescate por muchos”.
Marcos 10:45

Por tal motivo no debiera haber en nuestro liderazgo ninguna actitud


de señorío ni de autoritarismo, sino más bien de practicar el diaconado
bíblico y de conducirnos como verdaderos siervos.
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Capítulo 2

LIDERAZGO DE APARIENCIAS
Un liderazgo negativo

Acabamos de ver el tremendo desafío que les hizo Jesús a sus


seguidores que estaban preocupados por saber quién sería el primero y
quienes los demás debían seguir. Imaginamos que luego de esta magistral
explicación que les hizo el Maestro, el tema ya habría quedado claro y no
habría más discusiones ni peleas; sin embargo no fue así. En varias ocasiones
los vemos regresar al mismo asunto, porque las ansias de dominio sobre
otros es algo difícil de superar a menos que el Espíritu del Señor trabaje en
nuestros corazones.

Nos preguntamos: ¿Es posible liderar en el servicio cristiano sin cumplir


las condiciones que estableció Jesús? Él dijo que: “ el que quiera ser el
primero y el más importante debía ser servidor y siervo de todos”. La
respuesta es obvia, así y todo observamos que no siempre se cumplen estas
condiciones ya que podemos ver en nuestra propia experiencia y en la de
otros, que muchas veces caemos en la trampa de querer figurar, sin estar
dispuestos a pagar el precio del liderazgo.
En la carta de Judas hay una descripción muy gráfica de cómo
funcionaban este tipo de líderes. El escritor está hablando de los falsos
maestros que aparecían en las iglesias del primer siglo al igual que en nuestro
tiempo. Estas personas son atractivas y muy carismáticas, suelen arrastrar a
muchos tras ellos, pero éste es un liderazgo negativo, porque dicen una cosa
y hacen otra, confundiendo a muchos. Para indicarnos cómo debemos
identificarlos y cuidarnos de ellos Judas utiliza cinco imágenes muy conocidas
por sus lectores.

Vamos a darle un vistazo a esta descripción para estar advertidos sobre


el falso liderazgo que puede aparecer y para que nos sirva como reflexión
sobre nuestra propia forma de actuar.

“Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente


con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para
allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y
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desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza;


estrellas errantes, para las cuales está reservada
eternamente la oscuridad de las tinieblas”.
Judas 12-14

MANCHAS en vuestros ágapes.


La reunión de comunión que tenían los primeros cristianos, era una
verdadera fiesta, a la que llamaban ágape. Se reunían para participar de una
comida, a la que todos llevaban de sus casas algo para compartir. Algunos
comentaristas sugieren que esta era posiblemente la única comida
sustanciosa que comían los cristianos pobres y los esclavos.
Estos maestros o falsos líderes perturbaban con su presencia la
comunión cristiana, pues vivían pensando sólo en ellos mismos; el texto nos
dice “se apacientan a sí mismos”. Nada les importaba de los hermanos
pobres que, posiblemente, no tuvieran mucho para compartir. El apóstol
Pablo hace una seria advertencia a aquellos que menosprecian esta cena en
1Corintios 11.20-22.
Cuando quienes deberían, por su condición de líderes, hacer que los
demás disfrutaran y se alegraran, en cambio piensan en su propia
satisfacción, se está ejerciendo un falso liderazgo. Esto es lo que denuncia
con palabras muy fuertes el apóstol Pedro en su segunda carta:

“...Estos son inmundicia y manchas, quienes aún mientras comen con


vosotros, se recrean en sus errores”.
2Pedro 2:13.

Todo creyente que desee liderar en el servicio cristiano o que lo esté


haciendo debe saber que su función fundamental es que Dios sea honrado y
que los demás disfruten.
Creo que son muy oportunas las palabras de Heny J.M. Nouwen
cuando habla de los principios básicos en la administración de prioridades:
"El ministro que quiere hacer posible la celebración es un hombre de oración.
Sólo un hombre de oración puede llevar a otros a celebrar porque todo el
que tiene contacto con él se da cuenta de que saca poder de una fuente
difícil de localizar, pero obviamente fuerte y profunda. Las cosas que suceden
a su alrededor lo conmueven profundamente, pero no permite que lo
abrumen. Escucha atentamente, habla con una autoridad evidente, pero no
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se altera ni se pone nervioso fácilmente. En todo lo que dice o hace


demuestra tener una visión que guía su vida y es obediente a ella. Le hace
distinguir con claridad lo que es o no importante. No es insensible a lo que
altera a la gente, pero evalúa sus necesidades de otro modo al verlas en la
perspectiva de su visión. Lo que dice suena convincente y obvio, pero no le
impone su opinión a nadie y no se irrita cuando la gente no acepta sus ideas
o no cumple su voluntad. Todo esto demuestra cuánto significa su visión y
cómo lucha por lograrla”.

La segunda imagen que utiliza Judas en esta descripción es la de:


NUBES sin agua.
Las nubes siempre despiertan las expectativas de lluvia. Recuerdo que
cuando vivíamos con mi familia en la provincia de Santiago del Estero, en una
zona muy árida, pasaban largos meses sin llover. Cada vez que veíamos una
nube nos alegrábamos mucho esperando que lloviese. La desilusión que
sentíamos cuando esto no sucedía era tremenda. Judas dice que estas
personas son así, presentan una apariencia pero no son auténticos.
Despiertan expectativas en los seguidores y prontamente los desilusionan.
¡Cuánto cuidado debemos tener para no dejar a nuestro paso personas a las
que les prometimos algo que luego no cumplimos! Muchas veces tendremos
la tentación de hacernos pasar por lo que no somos para sacar alguna
ventaja; esto no agrada al Señor y acarrea mucho perjuicio a otros.
El profeta Oseas denuncia la clase de vida que llevaba el pueblo de
Judá cuando dice:
“ ¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, oh Judá? La piedad vuestra
es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se
desvanece”. Oseas 6:4

El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento vivía esta misma triste


experiencia. La vida de piedad de estos hombres era comparada a la nube de
la mañana o al rocío que prontamente desaparece. Dios espera de los líderes
que no sean como estas nubes, sino que tengan contenido, que cumplan con
las expectativas que crean en los dirigidos.

Una tercera imagen que nos presenta Judas es la de: ARBOLES


otoñales sin fruto.
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La figura es por demás elocuente. Que un árbol no tenga fruto en


otoño no es extraño, pero en este caso, la descripción es: “dos veces
muertos”. Es decir que no sólo tienen una imagen exterior de estar secos,
como casi todos los árboles en esta estación del año, sino que estos árboles
están secos por dentro. No sólo que no tienen fruto, sino que nunca lo
tendrán, porque están sin vida interior.
Cuando Jesús habló de los frutos que producen sus seguidores, dijo
que el Padre estaba muy interesado en esta producción. Por ello habló en
Juan l5, de llevar: fruto, más fruto, mucho fruto y fruto que permanezca.
¡Qué tremenda diferencia con estos falsos líderes! Ellos no llevan ningún
fruto.
Cuando se habla del reconocimiento a los líderes de la Iglesia en el
libro a los Hebreos se indica con claridad lo que éstos deben mostrar: no
cuánto saben, ni cuánto hacen sino cuál es el fruto de su vida, es decir, el
resultado de su conducta. En la Nueva Versión Internacional el texto dice:
“Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios.
Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe”.
Hebreos 13:7

Una cuarta figura es la de FIERAS ONDAS DEL MAR


Esta imagen es sumamente desagradable. El texto agrega “que
espuman su propia vergüenza”. Barclay hace una interesante descripción de
esta imagen: “cuando las olas han castigado la costa con su espuma, después
que la tormenta se ha calmado y las olas han retrocedido, queda siempre
sobre la costa una franja de algas marinas y maderas flotantes y toda clase de
resaca. Esta es siempre una escena fea y desagradable de contemplar”.
(Willam Barclay, El Nuevo Testamento volumen 15, pág. 212).
Nada más gráfico para decirnos cuál es la antítesis de un liderazgo
bíblico. El Señor espera de las personas que le están sirviendo y por lo tanto
ejerciendo algún tipo de liderazgo, que sean atractivas por su carácter y por
su estilo de vida. Isaías dice cómo ve Dios a aquellos que están llevando su
mensaje a los necesitados:
“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres
nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica
salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!”
Isaias 52:7
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Una última imagen que describe a los falsos líderes es la de ESTRELLAS


errantes.
Los comentaristas hacen referencia a varias interpretaciones sobre las
estrellas errantes. Me parece que la idea más sencilla y gráfica es
compararlas a las estrellas fugaces. Éstas no tienen ninguna dirección y su
luz es momentánea, no pueden ser guía para el viajero ni se las puede tomar
como punto de referencia.
Es interesante cómo las estrellas fugaces atraen nuestra atención,
todos queremos verlas y nos alegramos al observarlas. Aparecen
repentinamente y con la misma rapidez desaparecen. Así es como funcionan
los falsos líderes, duran, como decía mi padre “lo que dura un suspiro”. Pero
los verdaderos líderes son aquellos que poniendo toda su confianza en el
Señor y no dependiendo de ellos, se mantienen firmes y sólidos
cumpliéndose así la sentencia del Salmo 125:1:
“Los que confían en el Señor son como el monte de Sión, que no se
mueve, sino que permanece para siempre”.

Nuestra sociedad está harta de apariencias, de estrellas fugaces, como


los escribas y fariseos en los tiempos de Jesús. Por esta razón los verdaderos
líderes, los creyentes que quieren servir al Señor y ser canales de bendición
en la vida de los demás, no podrán tener sólo apariencia.
Repasemos las cinco figuras que nos presenta Judas respecto de este
falso liderazgo, estas eran: manchas en los ágapes, nubes sin agua, árboles
otoñales, fieras ondas del mar y estrellas errantes. Todas nos hablan de una
desagradable forma de tener un liderazgo, que ninguno de nosotros desea.
Recordemos que si queremos un verdadero liderazgo en el servicio,
tendremos que vivir una vida de continua comunión con el Señor para poder
tener vidas auténticas y con autoridad espiritual como la tuvo Jesús, de
quién se dijo:
“...les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”
Mateo 7:29.
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