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Los nuevos centros de poder surgieron en la persona de los reyes, pero las antiguas ciudades

no fueron dejadas de lado y todavía surgieron algunas nuevas. Ambas instituciones


constituirán el marco del presente capítulo. La relación no era simplemente de dominación.
Aunque las ciudades tenían que cuidar de no provocar enemistad, los reyes que despreciaban
a las poleis también habían de atenerse a las consecuencias de ello. Por tanto, la imagen de los
reyes, fuera creada por ellos mismos para presentarse ante sus súbditos o por éstos para
relacionarse con aquéllos, representaba un compromiso entre el cambio y la continuidad. Era
natural que los reyes (griegos también culturalmente) emplearan y desarrollaran los códigos
simbólicos existentes al presentar una imagen pública a sus súbditos mediante monedas,
estatuas y documentos escritos.

Las ciudades hacían lo mismo en sus peticiones y en los honores que dispensaban. Los reyes
encaraban tres problemas particulares. En primer lugar, las poleis habían sido gobernadas por
ciudadanos bien conocidos por sus conciudadanos, mientras que los nuevos gobernantes eran
foráneos desconocidos y políticos principiantes. En segundo lugar, las antiguas autoridades
estaban sancionadas por las «constituciones ancestrales», mientras que los conquistadores
militares tenían que crear su propia legitimidad. En tercer lugar, las poleis eran centros
urbanos con territorios relativamente pequeños, mientras que las zonas controladas por los
reyes se extendían sobre vastos territorios. Mediante la imagen pública de las familias reales,
incluidas las mujeres, y por el modo en que sus amigos y allegados formaron «cortes»
reconocibles como tales, los reyes buscaron legitimar su poder y utilizarlo efectivamente.

El rey se beneficiaba de que se le viera realizar la función casi sagrada de asegurar que la
memoria del pasado se mantuviera viva.2 Estas actividades no eran meras «relaciones
públicas»; los reyes eran, o deseaban ser vistos como, griegos, y consideraban natural utilizar
su riqueza en promover las tradiciones y la cultura que definía la helenidad. Además, la
diferencia con el pasado era más de escala que de carácter. Podía tratarse de mera adulación
poética, pero resume los atributos reales que eran esenciales para el éxito: un ancestro divino,
un gran poder, un gran territorio, riqueza, triunfo, generosidad y piedad.

¿Era sólo un cambio de estilo? Evidentemente, no para Plutarco; el nuevo título alteraba el
carácter de los hombres y por tanto modificaba la historia. Para Polibio también, aunque éste
yuxtapone a la figura real un nuevo estrato de análisis, en la creencia de que el jefe militar más
exitoso es aquel de un superior cálculo racional. Los diferentes autores operan con diferentes
marcos conceptuales y escriben para públicos diferentes, pero todos presuponen que los reyes
están obligados, por su posición y su dignidad, a comportarse de cierta manera.

El esfuerzo de defender la toma de decisiones democrática frente al poder real habría


estimulado el debate. Hasta cierto punto, es probable que aquellos que formularon las ideas
sobre la realeza trataran de ayudar a los griegos a lidiar con los problemas de un nuevo
sistema político antes que rendirse a las relaciones de poder verticales prevaleciente, o bien
intentaran cambiarlas. Los reyes podían modificar su imagen pública adoptando como
patronos a los dioses o a antepasados divinos. El rey era el benefactor de sus súbditos y
aliados; es un triunfador; su reino tiene una riqueza espectacular; la ciudad mantiene una
lealtad inconmovible hacia él; ambos eran piadosos y reverenciaban a los dioses. Un título
usado en los documentos en vida de un rey probablemente reflejaba una imagen que le
satisfacía propagar, fuera esto hecho o no por su propia iniciativa.

Aunque es probable que no vistieran con fasto, los reyes se diferenciaban por su estilo de vida.
Para los ciudadanos de la poleis, el symposion (un banquete de hombres donde se hacían
libaciones) era, y quizá siguió siendo, un ritual crucial de la vida cívica. Bajo Filipo II y sus
sucesores, adquirió una escala mayor y un nuevo significado. Arriano describe una serie de
banquetes en que Alejandro manifestó importantes decisiones de política; para Plutarco y
otros biógrafos el banquete suele ser la ocasión en que el carácter del rey se revela más
claramente. El banquete era la demostración visible de la gran riqueza del rey, y era obligado
que el jefe honrara a sus subordinados invitándolos a su mesa. Al mostrar hospitalidad, los
reyes mantenían las tradiciones de hospitalidad griega y macedonia. La diferencia con la
práctica anterior era, al menos en muchas ocasiones, el tamaño y el lujo del agasajo.

El lenguaje del ritual, como el del arte, se utilizaba para expresar nuevas relaciones sociales. En
estas y otras maneras, los reyes estaban adoptando un código ceremonial griego derivado de
las tradiciones del symposion y de las festividades de la polis. En efecto, el código de
significados y asociaciones simbólicas era el que, como griegos, compartían. En este aspecto
como en otros, los reyes desde cierto punto de vista eran «preservadores» que «asumían la
tarea de conservar los valores de la ciudad clásica».

Es importante no exagerar la novedad de las estatuas reales; erigir estatuas de los reyes no era
en sí mismo un trastorno de las normas griegas, pues las ciudades habían levantado con
frecuencia estatuas de personas reales así como de héroes y de dioses. En la moneda,
también, los reyes se estaban asociando, o siendo asociados, con las tradiciones cívicas
existentes. En ambos contextos el rey era legitimado al ser incorporado al repertorio visual de
las tradiciones de la ciudad griega. La validación era por tanto mutua.

El término basilissa (reina) parece haber sido aplicado a las esposas de los reyes macedonios
sólo a partir de 360/365, cuando las nuevas monarquías surgieron,20 lo que sugiere un papel
más importante para las mujeres reales que durante la vida de Alejandro. Olimpia, la madre de
Alejandro, tenía un poder enorme en Macedonia después de la muerte de éste, guerreando
por sus propios derechos y ejerciendo las prerrogativas reales allí. Después de las guerras de
los diadocos, las mujeres reales fueron con más frecuencia las portadoras de las ambiciones
dinásticas en favor de los hombres que participantes autónomas

El matrimonio con la hermana era una especie de costumbre entre los Ptolomeos que
obedecía al precedente egipcio. En términos dinásticos era un proceder seguro que evitaba la
división de la propiedad o del reino y también el problema de escoger entre otras familias
dominantes, o ramas de la misma familia, al establecer nuevos vínculos dinásticos

Parte del deber de un rey era dar muestra patente de respetar la libertad de las comunidades
griegas en su territorio. Autonomía (al menos en una interpretación reciente) significaba no
meramente «autonomía», la libertad de aprobar leyes; significaba independencia real.27 En
tales proclamas había una disyuntiva irreconciliable entre la libertad como beneficio del rey y
la libertad desde el punto de vista de la ciudad y su clase dominante, para quienes la libertad
no era real si se trataba de algo otorgado y retirado al capricho del rey, «una condición
pasiva». Es demasiado simple ver a los reyes como embusteros; las ciudades hostiles eran en
potencia sumamente problemáticas, y un rey al que se considerara estar «contra» la libertad
griega estaba destinado a que no le fuera muy bien.

Antígono I de «sinoicizar» — fusionar en una sola ciudad— la diminuta polis de Lebedos en


Jonia con su vecina mayor de Teos, y posiblemente trasladar ésta a un nuevo lugar. Era
probable, efectivamente, que un epistates fuera un intermediario, que negociara con el rey en
nombre de la ciudad; su papel no era forzosamente represivo por completo, pues podría haber
conseguido una reducción de los impuestos reales o del acantonamiento de tropas. El donativo
de coronas (con frecuencia de oro, un costo mayor para la ciudad) es otra característica común
de los tratos de las ciudades con los reyes. Hay diferencias: la «corte» abarca una compleja
gama de administradores que a menudo estaban a cargo de grandes territorios, lo cual no era
un rasgo de las antiguas tiranías. Con todo, la semejanza es importante, pues nos recuerda que
aunque el poder real era, en teoría, absoluto o ilimitado, dependía de un apoyo robusto y leal.

Los philoi (amigos) .La tradición tenía su origen en la monarquía macedonia, pero era útil para
administrar los nuevos territorios y satrapías. Aquellos que eran reclutados entre la élite de
una polis tenían un papel mediador importante entre el rey y la ciudad, como cuando ésta
tenía que hacer una demanda.

Uno puede dar por sentado que las ciudades rivalizaban entre sí en ofrecer regalos y alabanzas
a los reyes; de igual modo los reyes podían realzar su reputación de modo más pronunciado al
ser considerados como benefactores de las ciudades. Con frecuencia se agradecía a una ciudad
por haber enviado a un grupo de dikastai (jurados o jueces) para resolver las disputas internas
en otra ciudad. El rey podía aprovechar el sistema. En Creta en el siglo II pudo haber existido
un sistema de arbitraje ordinario, el koinodikion, para arreglar las disputas particulares entre
miembros de diferentes poleis

El crecimiento de la «industria de la diplomacia» puede apreciarse en el número de


documentos que registran que una ciudad reconoce la asilia o inviolabilidad de otra ciudad o
lugar de culto. En este caso los intereses de la ciudad, del rey y de los santuarios operaban
juntos: el intercambio de formalidades permite que la munificencia real para con la ciudad y su
saludo formal al santuario sea proclamada al mundo griego en Delfos, reforzando a su vez el
prestigio del centro panhelénico. Las concesiones de asilia se han vinculado a veces con la
decadencia religiosa (un fenómeno del que no hay pruebas reales; véase el capítulo 5) o con el
deseo de proteger a los exiliados políticos, refugiados o criminales fugitivos; es más plausible
que puedan ser considerados como intentos de conseguir ayuda militar en tiempos agitados, o
de limitar la piratería de pueblos como el etolio o el cretense. Las medidas contra la piratería
habían sido probablemente previstas en los estatutos de la liga griega fundada en el 302 por
Antígono I. Después los rodios asumieron el papel de controlar la piratería, en especial de las
ciudades cretenses.

Parece probable, por tanto, que se trate de un intercambio de reconocimiento y prestigio,


cosas que, aunque en cierto nivel no tienen eficacia práctica, son importantes indicadores de
valor y puede suponerse que entrañasen ventajas intangibles o a largo plazo como resultado
del realce que daban a las ciudades y los santuarios.

Se esperaba que los reyes como sus predecesores macedonios y griegos fueran ricos y que
edificaran espléndidamente, En Egipto, Alejandro fundó una nueva capital en Alejandría. En
Asia, él y sus sucesores crearon una red relativamente densa de nuevos centros urbanos,
aunque el número de las fundaciones de Alejandro en el antiguo imperio persa ha sido a veces
sobreestimada.64 No todas fueron grandes ciudades —algunas fueron poco más que un
pequeño mercado o ciudades de guarnición, generalmente asentamientos para soldados
macedonios veteranos—, pero son una afirmación resonante del poder del nuevo orden para
transformar el paisaje. La construcción de Ai Janum en Bactriana aunque incorpora elementos
de la arquitectura no griega, es el más sorprendente ejemplo (aunque sólo sea por ser el más
lejano) de la imposición de la forma urbana griega sobre un paisaje extraño.

A veces un rey asumía temporalmente un papel público, como el de alto magistrado o sumo
sacerdote, que implicaba el financiamiento de festividades u otros eventos públicos. Las
ciudades trataban de obtener dones de los reyes. Se ha sugerido que la frecuencia de los
dones reales a las comunidades griegas llevó a un cierto estancamiento económico, que
permitió a las ciudades eludir la tarea de esforzarse por desarrollar sus economías. Pero
muchos de estos edificios espléndidos fueron pagados por potencias extranjeras.

Los cambios deben ser vistos en el transfondo de un nuevo orden político. Pese a la
continuación de la amplia participación en Atenas y la adopción casi universal de las
estructuras políticas de tipo democrático en otras partes, la democracia radical era algo del
pasado incluso en Atenas. Las ciudades se apoyaban cada vez más en benefactores
extranjeros. Aunque los nuevos edificios que su generosidad financiaba eran una mejora de los
servicios urbanos, de los cuales disfrutaban muchas personas y sin duda eran particularmente
bien recibidos por aquellos miembros de la élite ciudadana amigos de los reyes, el efecto era
que el entramado urbano quedaba expuesto ante el poder (y los gustos) de la riqueza privada,
que con frecuencia no estaba en manos de ciudadanos. La planificación urbana en el período
helenístico se desenvolvió dentro del esquema existente, aunque las nuevas estructuras
monumentales y los espacios reservados a ellas le dieron un carácter distintivo

La ciudad tenía una función primordialmente militar, como Goridza, pero el área residencial
fortificada se mantenía bastante separada de la acrópolis militar; ambas partes se asientan en
el paisaje sin hacer concesiones a los contornos, Incluso en estas fundaciones con un propósito
principalmente militar, se dio espacio para el crecimiento de una cultura ciudadana, cuando no
era promovida activamente. Los reyes macedonios parecen haber dado a sus arquitectos
militares libertad para adaptar un esquema básico al terreno y a las circunstancias, esto es,
para experimentar con nuevas versiones. Se adherían al ideal tradicional de forma urbana,
pero también armonizaban con los valores culturales griegos. Fundar una polis era una
manifestación de helenidad, pero no era una práctica normal imponer un plan
predeterminado; la variedad y la adaptación eran parte de la cultura. En muchas nuevas
ciudades se reservaba una zona para un palacio. Los palacios helenísticos se pueden dividir en
reales (sean edificios únicos o conjuntos), gubernamentales y privados (o casas palaciegas); los
dos últimos han sido llamados «pálidos reflejos» de los primeros

Además de ser expresión del helenismo o aun de la helenización y del ideal urbano (aunque
generalmente en un nuevo contexto monárquico), este florecimiento del estilo griego
representa la manifestación más espectacular de la habilidad de los reyes para
monumentalizar su poder y alterar el paisaje. Los recursos para sostener estos programas
masivos habrán procedido, como la riqueza de los reyes, de una combinación de ganancias de
la guerra, impuestos al comercio, rentas de las propiedades reales, contribuciones financieras
y laborales de las ciudades, y en suma, de la extracción de riqueza de una gran masa de
población.

Las mercedes regias eran parte de un fenómeno más amplio, para el cual los historiadores han
inventado el término de «evergetismo», acuñado a partir de la palabra griega para
«benefactor», euergetés (el apellido de varios reyes helenísticos). Un nombre alternativo es el
antiguo término griego de euergesia, que significa tanto una sola merced como la práctica
general. Las ciudades generalmente rendían honores a los extranjeros por un trato justo en los
tiempos de escasez; Podría haber estado tratando de preservar el estilo de vida de sus colegas
de la élite, no de reducir la tensión social. Las numerosas referencias a un sitônés (comprador
de trigo) en los documentos oficiales pueden ser indicios de euergesia antes que de crisis
económica (aunque hubo crisis, particularmente en época de guerra) La euergesia, fuera local
o regia, permitió a las ciudades disfrutar de una gama más amplia de servicios públicos.
La euergesia era una manera en que los ciudadanos de los estados griegos (la mayoría de los
cuales ya no sacaban provecho de hacerse la guerra uno al otro o a los no griegos, como
habían hecho antes) trataban de mantener los privilegios asociados con la ciudadanía. Por una
parte, la euergesia puede representar un reemplazo del sistema de «liturgia» (leitourgia) de la
ciudad clásica. Durante el siglo II a.C, bajo la influencia del creciente poderío de los romanos,
de la restricción de la democracia participativa que paso a paso consiguieron y de la protección
a las élites que simpatizaban con ellos, la euergesia comenzó a asociarse con la dominación
política sobre los conciudadanos de uno; de modo que los benefactores comenzaron a parecer
alejados del demos.

El hecho de que algunas mujeres regias fueran figuras poderosas pude haber afectado el modo
en que las demás mujeres fueron consideradas. Sin embargo, podemos estar razonablemente
seguros de que esas mujeres, como las mujeres de la realeza en otras partes, ejercían su
influencia dentro de un sistema de valores dominado por los hombres. Quizá sólo en el
período helenístico tardío fue puesta en cuestión la imagen exclusivamente masculina del rey,
por cuanto las reinas ptolemaicas ejercieron el poder efectivamente.

No debemos exagerar el significado de estos ejemplos, como si testimoniaran la existencia de


un sistema educativo que hubiera sido ampliamente accesible para las mujeres;118 estos
ejemplos aparecen en relación con filosofía y estilos de vida anti-ortodoxos. Había habido
antes algunas mujeres notablemente educadas, siendo la más famosa la amante de Pericles,
Aspasia, en la Atenas del siglo V. Por otra parte, hay indicios de que ahora era perfectamente
aceptable, aunque no habitual, que una mujer fuera muy educada. Asimismo, aunque las
mujeres todavía necesitan un tutor de sexo masculino (kyrios) para muchas transacciones
legales, hay numerosos indicios de que las mujeres griegas disfrutaban de un papel más
público. El período helenístico se ha representado a veces como una época en que la libertad
individual aumentó y en que surgieron nuevas oportunidades para la realización del destino
individual.

Muchos atenienses emigraron a Délos cuando cayó en su poder en el 167. En esta sociedad
cosmopolita, las lápidas de atenienses y no atenienses en su conjunto apuntan a una visión
más convencional del papel de los hombres y las mujeres que el señalado por la escultura no
funeraria de la propia ciudad de Délos y de Atenas.124 Sin embargo, esto parecería quizá el
caso excepcional de una sociedad próspera, parcialmente colonial, que se hizo más
convencional que la sociedad dejada atrás, y que transmitió su tradicionalismo a los que
provenían de lugares que no eran el Ática.

Se ha encontrado insuficiente el argumento de que la polis llegó a su fin en Queronea en el


338. Muchas poleis, particularmente en el Peloponeso y el Egeo, permanecieron libres de la
dominación macedónica y disfrutaron de relaciones diplomáticas con reyes, que, al menos
formalmente, las trataron como estados soberanos. Sólo los rodios y los etolios
permanecieron continuamente independientes hasta la conquista romana, y por tanto
pudieron hacer la guerra y la paz sin restricciones. El poder ptolemaico y antigónida se basaba
en mantener contentas a las ciudades; habría sido imposible imponer una lealtad en todos los
extensos territorios y los imperios marítimos por medio del poder militar solamente.

Algunos pueden argumentar que la polis clásica no era el telos (fin u objetivo, en la
terminología aristotélica) de la sociedad griega, sólo un paso evolutivo en el camino a los
estados federados (véase el capítulo 4) o a estados territoriales como los representados por los
reyes helenísticos y el imperio romano. El sistema de la polis, incluso como elemento de las
monarquías territoriales, resultaba flexible en gestionar recursos y en encaminar con éxito la
competencia de los individuos hacia fines sociales.