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Género y problemáticas sociales en la

antigua Grecia

Cristian Valencia Paredes

Licenciatura en Historia

Profesor: Sebastián Salinas Gaete

El legado Griego, Módulo Historia


1)

La mujer en Grecia y la figura femenina, ha sido materia de estudio durante


principalmente el siglo XIX, siendo objeto de crítica y comparación con sociedades
y culturas contemporáneas, tanto como dentro de la misma Grecia entre distintas
polis, pese a todo, para llevar a cabo un buen análisis, es fundamental evitar caer
en anacronías y demás errores que descontextualicen la situación estudiada.

Las características de la mujer que analizaremos a continuación, son aquellas


observables en la polis Ateniense, que aparentemente es sobre la que se tiene
mayor información a día de hoy (no solo en este tópico, sino en la gran mayoría,
junto a Esparta). Atenas es caracterizada como una polis mayormente y cada vez
más urbanizada, a diferencia de otras polis como Esparta, que comprendía una
zona, en la que grupos rurales convivían, esta característica de la organización de
cada polis, u otras de carácter político, de cierta manera determinan la visión que
se tiene sobre un u otro sexo, su “función” y sus roles en la sociedad.

La mujer y labores de la inmanencia

La mujer en Atenas, está destinada a labores siempre domésticas, labores de


crianza y de limpieza, en distinta medida dependiendo de la clase a la que
pertenezca, pero de todas maneras son tareas invisibles, de una u otra manera, la
mujer en Atenas, hacia todo lo que el hombre no hacía, hacía todo excepto aquello
que le podría otorgar algo de protagonismo, o acción en su vida, ya sea en lo
político, en lo militar, o en lo administrativo y empresarial.

La mujer en Atenas era invisibilizada hasta su máxima expresión, se asociaba la


belleza con su ausencia en la vida cotidiana: “La piel blanca era considerada
atractiva pues ella probaba que una mujer era suficientemente rica para no
necesitar exponerse al sol”(Pomeroy, Sarah.(1999):101), esto evidencia además
de aquella invisibilización de la mujer, un componente clasista, no solo la piel
blanca era bien vista porque no se exponía a las miradas de otros hombres, sino
porque como es explicado por Sarah Pomeroy, esto es propio de las clases más
altas, teniendo en cuenta también que en Atenas una mujer con una herencia
prometedora, era más atractiva que una mujer pobre.

Mientras las mujeres de clase baja se dedican a las labores domésticas, a la


crianza de sus hijos, al aseo, a llevar baldes de agua sobre sus cabezas, las
esclavas (y también algunas mujeres de bajos recursos) realizan estas mismas
labores en casas de la clase alta, adicional a las que realizan en las suyas. Así las
mujeres de la clase alta en Atenas, se dedican a vigilar y organizar a las esclavas
que realizan esas labores en sus casas, mientras ellas realizan “labores
femeninas”, las cuales “se han inventado para disimular esta horrible ociosidad;
las manos bordan, tejen, se mueven; no se trata de un verdadero trabajo” (De
Beauvoir, Simone. (1998):562), Ociosidad por lo demás, que no simpatizaba
tampoco a los hombres de la época, lo cual parece ser contradictorio ya que la
mujer de clase alta no debía salir de casa, “Aristarco se quejaba de que(…)catorce
de sus familiares de sexo femenino se habían metido en su casa en demanda de
protección”(Pomeroy, Sarah.(1999):89) de las cuales ninguna trabajaba,
finalmente estas fueron puestas a hilar y tejer, algo que nunca antes habían hecho
a cambio de un beneficio económico.

La mujer como eterno infante

“Mientras los hombres llegaban a la mayoría de edad a los dieciocho años, las
mujeres no llegaban nunca a la suya; criaban niños y ellas eran también niñas en
realidad.”(Pomeroy, Sarah. (1999):92)

En Atenas la mujer era eternamente una niña, en múltiples ámbitos, no solo por la
“incapacidad” de realizar labores de mayor complejidad en ese entonces, como lo
eran los negocios, las compras y la administración de las propiedades, sino
también, por el “cuidado” que se le daba, siempre que las condiciones económicas
familiares lo permitían, la mujer era vista como una propiedad que los hombres
debían conseguir y debían proteger, ya sea de los peligros exteriores, como de la
mirada de otros hombres y de las infidelidades(de las cuales, en la mayoría de los
casos, se encontraba culpable al hombre), por eso esta permanecía en reclusión
en su casa, realizando labores que anteriormente llamamos “labores femeninas”.

Hablamos de la mujer como infante, no porque sea de personalidad infantil, sino


porque se le obliga a permanecer, y se le mantiene en una posición intelectual y
física inferior a la que mantiene un hombre, “las discrepancias entre los niveles de
educación de hombres y mujeres, añadidas a la gran diferencia de edades entre
los novios y las novias, daban como consecuencia un trato de condescendencia y
de paternalismo por parte de los maridos” (Pomeroy, Sarah. (1999):92), Sarah
Pomeroy también señala que el estatus legal de una mujer casada con su esposo,
era el mismo que existía entre una menor y un adulto, la relación entre la mujer y
su esposo en Atenas, era una relación de dominación frente a alguien que “debe”
seguir instrucciones, ya que como explicamos, la mujer es caracterizada como
incapacitada para la mayoría de labores cívicas y labores importantes que
realizaban los hombres.

La mujer como receptáculo necesario para la procreación

La principal tarea de la mujer era asegurar la preservación y reproducción del


oikos, es por esto que el principal “uso” de la mujer, era la reproducción, sin
embargo, la mujer no era apreciada como una parte fundamental del proceso
reproductivo, sino que era vista solo como un depósito en el que el hombre
“plantaba su semilla”, esta visión, no es algo propio de la antigua Grecia, o algo
que sólo ocurría en Atenas, de hecho “a menudo se ha asimilado el óvulo a la
inmanencia y el espermatozoide a la trascendencia”(De Beauvoir, Simone.
(1998):54), De esta manera, una vez más, las tareas masculinas eran asociadas a
la acción, y las femeninas a la sumisión y a la obediencia, a la inmovilidad,
también las tareas y procesos en que participaba la mujer eran menospreciados,
no solo en este ámbito, sino también en el laboral, en el que solían hacer trabajos
que hacían también esclavos, y por consiguiente realizar el mismo trabajo que los
esclavos la denigraba aún más.

Las mujeres en Atenas, se casaban desde los 14 años en adelante, siempre con
hombres mayores, alrededor de 30 años, esto no es mera coincidencia, teniendo
en cuenta que a los 14 años en promedio es la edad de la menarquía, es decir,
que desde el momento en que pueden quedar embarazadas, son casadas con un
hombre, precisamente para esto, lo cual solo es un signo más de la opresión y de
la “utilidad” de la mujer vista como objeto y no como sujeto independiente. El parto
era una operación peligrosa para la vida de la madre, lo cual también era reflejado
en la esperanza de vida de ese entonces, considerablemente más baja que la de
los hombres, sin embargo, ellas no tenían opción, por ejemplo “Medea decía que
prefería permanecer por tres veces en la primera línea del campo de batalla que
dar a luz a un hijo” (Pomeroy, Sarah. (1999):102)

Podemos decir entonces que en Atenas la mujer, en cuanto a la maternidad, solo


era un receptáculo, como evidencia también Apolo en “Euménides”: “La que es
llamada la madre no es el origen de su vástago, sino sólo la que cuida del embrión
recién sembrado.”(Pomeroy, Sarah. (1999):82) Y que de ninguna manera esta era
una elección, lo cual lo podemos ver también en las palabras de Medea respecto a
esto.

Pese a todo esto, esta información comparada y entregada no es general a todas


las polis griegas, distinta era la situación en Esparta, polis en la cual, la madre era
mejor alimentada y poseía también igualdad ante la ley frente a un hombre, algo
que no ocurría en Atenas, lo cual puede parecer contradictorio y fuente de crítica
para la polis fundadora de la tan admirada hoy en día “Democracia”.

Las 3 características estudiadas de la mujer en Atenas, primero como una mujer


recluida e incapaz de labores de importancia, luego como una niña y finalmente
como una obligada madre, no son más que evidencia de la histórica opresión
patriarcal hacia la mujer, que nunca ha gozado de igual autonomía de acción,
laboral, económica, judicial y cultural que su par masculino.
2)

La polis, como tal, otorga a cada uno de sus habitantes un carácter político, de
personas que conviven en un lugar y que deben tomar decisiones para
transformarlo en uno mejor y solucionar los imprevistos que la vida en comunidad
generan, sin embargo, el modelo griego de la democracia no es precisamente
democrático como lo entendemos hoy en día. Este tipo de problemas no es el
único, ya que también en Grecia un grave problema, era la tierra, ya que no existía
gran cantidad de tierras aptas para practicar la agricultura y mantener cosecha de
forma segura.

Democracia Aristocrática en la Ekklesia

Uno de los principales problemas de ese entonces, es la existencia de una


democracia, pero no como la conocemos hoy en día, sino que es una democracia
que podemos catalogar de aristocrática, ya que las decisiones tomadas en ella
principalmente pertenecían a los aristoi, a los mejores. Es posible llamarla de esta
manera debida a la estratificación social de la época, la cual dividía a los
habitantes entre Libres y No libres, dentro de los libres existían ciudadanos, pero
también existían aquellos que no eran ciudadanos, y por otro lado, dentro de los
no libres, se encontraban principalmente esclavos y en algunos casos a las
mujeres. Dentro de todo el universo, solo el selecto grupo de ciudadanos tenía una
participación política completa e influyente en la toma de decisiones.

En el período clásico en el que Atenas alcanzó su máximo esplendor, la polis tenía


alrededor de 250.000 habitantes, de los cuales 40.000 eran ciudadanos, y de
ellos, frecuentemente solo asistían 5000, aquello se asemeja bastante a lo que
llamamos sufragio censitario, característica que marcó las elecciones en nuestro
país por gran parte del siglo XIX. Pero si analizamos las razones por las cuales
asisten solo 5000 personas en la mayoría de ocasiones, nos damos cuenta que
además de aristócrata, es plutócrata esta democracia, en la cual, aquellas
personas que no tienen necesidades de trabajo y dinero de sobra “tenían además
otras cosas que hacer como para cada cuatro días dirigirse a la asamblea popular”
(Gschnitzer, Fritz (1987):146)

Guerra y La Mujer

La guerra siempre ha sido causante de numerosos desastres y catástrofes, y en


esta época la guerra del Peloponeso causó estragos entre la población Ateniense
debido a que”La disminución de varones se convirtió en un hecho crítico ya que la
guerra continuaba.”(Pomeroy, Sarah. (1999):83), Esto generó desestabilizaciones
políticas, económicas e incertidumbre dentro de la población ateniense y a
Pericles que “exhortaba a las mujeres casadas a que tuvieran más hijos” para
poder sobrellevar la guerra ya que los hombres se le acababan y comenzaban a
armar incluso a sus esclavos.

Incluso frente al aumento en proporciones de la población femenina por sobre de


la población masculina, las desigualdades políticas y culturales no fueron
resueltas, ni siquiera como excepción ante un estado de emergencia.

La reclusión de gran parte de las mujeres de la clase alta, y de la desviación del


resto de mujeres hacia determinadas labores siempre significó una pérdida en
cuanto al desarrollo y al progreso que cada polis podía alcanzar, teniendo en
cuenta que la mujer tenía una proporción alta en estos momentos, podemos decir
que la fuerza femenina fue desaprovechada y significó un problema social, tanto
en la relación y en la formación de un imaginario de la mujer de la época y el daño
hacia ella, como también en términos políticos-económicos de la polis.

La desigualdad y la representatividad

Un gran problema, quizás no visible de esta manera en ese entonces (pero si es


posible deducirlo de otros problemas) es la desigualdad política y económica y su
relación con la representatividad de las decisiones tomadas en la asamblea o en
Consejo, las cuales como es mencionado anteriormente, están formadas por la
más alta clase de la polis.
Esto nos hace preguntarnos hasta qué punto, en una sociedad tan desigual en la
que ni siquiera el 20% correspondía a la categoría de ciudadanos, se iban a
atender las demandas y las complicaciones del 80% restante que poseía
dificultades económicas, que trabajaban una tierra que no daba a vasto a la zona;
se hace difícil pensar que aquel mínimo porcentaje que asistía a las asambleas y
que eran elegidos para cargos públicos entenderían las demandas no
representadas por nadie, y las necesidades de la mayoría de la población
Bibliografía

 De Beauvoir, Simone. (1998), El segundo sexo, Madrid, España, Cátedra.


 Gschnitzer, Fritz. (1987), Historia social de Grecia, Madrid, España,
Ediciones Akal.
 Pomaroy, Sarah. (1999), Diosas, rameras, esposas y esclavas, Madrid,
España, Ediciones Akal.