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MONUMENTO A LA MADRE

Y OTROS PAISAJES URBANOS

De Luis Mario Moncada


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Espacio tipo pasarela.


De un lado el hombre de los 400 pueblos.

Del otro, el tráfico.

En medio, la Madre.

MADRE:
Oye, chulita… ¿me oyes?… Es que hay como estática… Sí, es que no
te oigo bien… pero mira, dejé la carne descongelándose, ¿ya la
viste?, para que hagas unas hamburguesas. Emanuel lleva un
amiguito de la escuela, así que haz varias… ¿No me hablaron?
Iban a hablar del taller. Bueno, si llaman diles que yo creo que
paso hasta mañana… No me va a dar tiempo, está imposible el
tráfico. O que si pueden pasar a dejarlo y yo les pago mañana.
También. Pero bueno… Dile a Emanuel que cualquier cosa que saque
la tiene que volver a guardar…; no, deja un tiradero; parece
zona de guerra su cuarto, y ni siquiera; ahí por lo menos
recogen los cadáveres, pero el cuarto de Emanuel huele… A ver si
abres las ventanas y que se airee un poco, ¿si?… Bueno, si hace
falta algo dejé dinero en el cajoncito, ya sabes dónde; pero
sólo si hace falta, yo mañana voy al súper… Bueno, cualquier
cosa me llamas, ¿si?… ¿Qué cosa?… No, ¿dijo que iba a pasar?…
¿Habló y te dijo?… Bueno, si llega a ir dile que yo traigo los
papeles, que si quiere se los paso a dejar, pero hasta que tenga
el coche… Bueno, ni modo, me hubiera hablado al celular… En esos
casos diles que me llamen a mí… Ni modo. Entonces no se te
olvide tener las hamburguesas antes de que lleguen, porque a las
cinco los va a recoger la mamá… Bueno, cualquier cosa me llamas.
Ciao.
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Cuelga. Marca de su directorio.

¿Qué pasó, dónde andas?… ¿Dónde?… Uh, te vas a tardar un chorro…


No, yo ya estoy aquí… Sí, sí había tráfico, pero se metió por
acá atrás, por Río Lerma… Bueno, no importa, ya qué… Y ni
siquiera hay una sombra… ¿En el hotel?… Sí, tú, para que se me
queden mirando todos los botones… cómo que… una mujer con lentes
oscuros –y de no mal ver–, entrando sola… ¿Qué diferencia?…
¿Cómo que…? Ay, bueno, no importa. Mejor te espero aquí, pero
métele, ¿si?… ¿Un café?… No veo nada parecido… No, no importa,
aquí me espero, viendo el paisaje… Pero no te tardes… Adiosito…
Cuelga. Marca de su directorio.

Oye, chulita, se me olvidó; había quedado de ayudarle a Perla a


organizar lo de su pobretón, pero no voy a poder; ¿le hablas y
le dices que me salió una chamba? No le quiero hablar yo porque
me va a tener media hora al teléfono; dile que yo le hablo en la
noche… Bueno,… ¿Qué? ¿Habló? ¿Ahorita?… O sea, ahorita… ¿Y qué
te dijo?… ¿Y qué le dijiste tú?… ¿A dónde?… ¿Segura?… Bueno, yo
le llamo ahorita, pero si te vuelve a llamar dile que igual
sigues sin saber nada… No va a hablar, yo ahorita hablo con él,
pero por si hablara… Sale, pues. Ciao.
Cuelga. Marca de su directorio.
Emanuel y su amigo juegan con sus cien coches miniatura.

Hola, mi amor. ¿Cómo te fue en tu junta?… ¿Ajá?… Bueno, las


haces y ya… Pero lo aceptaron, ¿no?… Bueno, ya está… Oye…
¿Dónde?… Acá por el centro… Vine a ver lo de las escrituras,
pero ahora resulta que el de la notaría habló y que pasaba por
los papeles, pero yo los traigo… Pues ni modo… Oye, apenas estoy
saliendo de la notaría y Perla me pidió que la ayudara en lo de
su Pobretón… Así que me voy a quedar por acá… Sí, como no traigo
coche… No, regreso temprano. También por eso voy de una vez…
Bueno. Nos vemos a la noche, ¿no?… ¿Qué? ¿Yo lo pregunté?… No,
pues; nos vemos a la noche… ¿Así está mejor?… Bueno, ciao bye
besos.
Cuelga. Marca de su directorio.
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El hombre de los 400 pueblos muestra una pancarta con


alguna de sus demandas: “NOS MANIFESTAMOS PORQUE LA
SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN NO HONRA NI SU PALABRA NI SU
FIRMA SOLUCIONANDO EL REZAGO AGRARIO”

¿Qué onda, ya mero?… ¿Por dónde?… ¿Pues qué vienes cargando el


coche o qué?… No es cierto. Ya pasaron mucho más de cinco
minutos… No sé, diez, doce… Pero según tú ya estabas acá a la
vuelta… Bueno, pues, pero ya apúrate… Déjalo ahí y vente
caminando, yo creo que llegarías antes… Sale pues me está
entrando una llamada. Besos.
Teclea para recibir llamada.

¿Sí?… ¿quién?… Ah, licenciado, sí, cómo está… Ajá, pero ¿ya está
en mi casa o apenas va para allá?… No, que si ya va para allá,
para que no vaya… Es que yo traigo los papeles… Sí, pero como no
me llamó anoche, y yo me salí temprano, pensé en pasar a
dejárselos, pero el coche no estuvo listo y todo se complicó, ya
sabe… Si, el caso es que me los traje a pasear… Se los paso
mañana, o pase mañana… ¿Unas copias?… No, no le he sacado… Pero
mañana temprano… ¿De verdad es tan urgente?… Qué pasa si… Ya,
bueno, ni modo, si tenemos que esperar otro mes… No, es que no
me da tiempo… Bueno, ¿sabe qué?… Este es su celular, ¿verdad?,
le hablo ahorita para ver a qué hora me desocupo, ¿sale?… Déme
cinco minutos. Bueno, hasta ahora.
Cuelga. Marca de su directorio.

Oye…, no, ya se que no han pasado ni dos minutos, pero es otra


cosa, y no me puedo esperar porque tengo que regresar una
llamada. Así que dime a qué hora tienes que estar tú en tu
chamba… No, no tengo prisa, pero es que estoy viendo a qué hora
voy a dejar unos papeles… ¿A qué hora?… ¿Seguro?… No, no digas
que depende de mí… Ah, bueno, si te refieres a eso, déjame
pensarlo, pero conforme más te tardas más se me van las ganas…
Si, no sabes, ahorita lo que más se me antoja es agarrar a
alguien a patadas; eso sí me liberaría las tensiones… Así que la
que se tiene que aplicar no soy yo… Bueno, acá vemos quién es
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quién… ¿Qué onda, ya?… Ajá…


Cuelga. Marca de su directorio.
El hombre de los 400 pueblos intercambia la pancarta
mostrando otra de sus demandas: “PRIMERO LOS POBRES… COMO
DANTE DELGADO”

Sí, licenciado… No, definitivamente no puedo hoy… ¿Qué?… No,


¿dónde, con quién se los dejo?… No, yo voy a estar en una
reunión de la que no me puedo salir para entregar unos papeles…
No, de verdad… Sí, ya sé que vamos a perder un mes, pero qué le
hacemos… Si la clienta soy yo, oiga… No hay problema… Bueno, esa
vez se lo dije porque el asunto se estaba durmiendo, pero ya no
se lo he vuelto a decir… Bueno, no importa; ¿a qué hora dice que
cierran?… Ok, entonces si puedo le llamo para pasar, aunque sea
en taxi, o le pido a alguien que me lleve… Ya si no le llamo
pues lo dejamos para el próximo mes, ¿de acuerdo?… Bueno,
entonces yo le llamo. Sí, bye.
Cuelga. Por un momento se queda contemplando a la calle.
Emanuel y su amigo han alineado todos los autos en una
sola dirección, como si formaran una carretera de ocho
carriles.
Suena el teléfono. Tarda en contestar.

¿Qué pasó, mi amor?… No, aquí en el tráfico… Sí, está imposible…


¿Qué?… ¿Cuándo?… ¿¡hoy!?… ¿Y por qué me lo dices hasta ahorita?…
No, es que no la voy a hacer. Ya quedé con Perla… Si me lo
hubieras dicho antes… ¿Y cancelarle?… No, qué mala onda… Además,
imagínate, andar en la calle con este sol, para llegar a la casa
a cambiarme y volver a salir?… ¿Se va a ver muy feo si no voy?,
porque tú vas a ir aunque yo no quiera, ¿verdad?… No, no me
molesta, ya lo sabes…, pero nada de andar revoloteando por donde
no… ¿Quién va a ir?… ¿de la oficina nada más?… Ah, no, entonces
mejor ve tú solo… No creo que me extrañen mucho… nomás no le des
entre a la lagartona aquella, ¿eh?… Ay, sí, no te conoceré…
Bueno, ya, ya… ¿Entonces llegas a las mil?… No, no llegues muy
tarde… Sí, bueno… no, está con la muchacha, invitó a un
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amiguito, pero la mamá pasa por ellos para llevarlos no sé a


dónde… Sí, no hay problema, yo creo que llego antes que regrese…
Sale, pues, ciao bye besos.
Cuelga. Marca de su directorio.

Oye, chulita, ¿sabes qué?… No le has hablado a Perla, ¿verdad?…


¿Sí?… ¿Y qué le dijiste?… Pues sí, ¿verdad?… Bueno, es que a lo
mejor sí la veo, pero yo le hablo… Si vuelve a hablar el señor
le puedes decir que me fui con Perla, ¿sale? Que siempre sí.
Bueno, ciao.
Cuelga. Marca de su directorio.

Qué ondas, Perlita… No, hija de mi alma, no es mala onda, es que


estoy en medio de un trance… No, no, nada de vida o muerte,
pero precisamente quería pedirte el favor… Je je, pues tibio
tibio… Oye, no, es que eres mi coartada… Sí, en serio… No, nada,
sólo que si de casualidad llegara a hablar para buscarme, o si
otro día te lo encuentras, yo estuve ayudándote… Oh, bueno,
hija, entiéndeme… Pero mañana te ayudo haciendo algo en mi casa.
Si quieres te preparo algo de comer… Bueno, por cualquier cosa
te hablo en la noche… ¿Perdón?… ¿Qué…? Ah, no, no… Luego te
cuento… No, no lo conoces… Mmm, de esta boca no saldrá
información… Luego te cuento… De verdad, luego… Ay, bueno,
entonces ya sabes, ¿eh?… Me canso de ayudarte… Besitos.
Cuelga. Marca de su directorio.

¿Qué pasa, mi rey?… ¿Así acostumbras hacerlas esperar?… Yo nomás


digo. Estoy tan desesperada que en una de esas me consigo
alguien por aquí, ¿eh?… Sí, por aquí, si vieras, hay toda clase
de gente, para todos los gustos, de veras… Mm, ahora mismo estoy
viendo a un muchacho de buenos bigotes, más joven que tú para
empezar, y más alto… Ah, no sé, no le voy a preguntar, ¿verdad?…
¿Ah, sí, quieres que le pregunte? ¿Y si me dice que lo hace como
dios padre tú pagas el hotel?… Ay, sí… Bueno, ¿entonces dónde
estás?… ¿Todavía no?… Pues qué paso, se cayó una avioneta o qué…
Es que por más que vengas a vuelta de rueda. Bueno, pues,
ahorita nos vemos… Sí, yo también… Baboso.
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Cuelga.
Mira un momento a su alrededor, mira a la gente. Trata de
identificar entre los presentes a un hombre con quien se
animaría a entrar a un hotel.
El hombre de los 400 pueblos muestra otra pancarta con
una nueva demanda: “UN POLÍTICO CORRUPTO Y REPRESOR JAMÁS
ESTARÁ PRESO; AHÍ ESTÁ EL CASO DEL SENADOR DANTE DELGADO”
Los cochecitos van avanzando en bloque.
Suena el teléfono.

¿Sí?… ¿Quién es?… No, está equivocado… No, no es… No sé, ¿yo
cómo voy a saberlo?… Este número siempre ha sido mío, hasta
donde yo sé… ¿Qué? Lo siento, número equivocado…
Cuelga. Marca de su directorio.

Oye, chulita, ¿ya llegó Emanuel?… Pásamelo… ¿Qué?… Dile que le


voy a decir una cosa… ¿Qué está ocupado?, ¿qué están haciendo?…
¡Jugando!, ¿y por eso no puede contestarme?, dile que me
conteste en este momento… ¿Qué?… Bueno, va a ver cuando regrese…
Mentao chamaco, que se coma la ensalada y que no vaya a agarrar
mi ipod… si se enoja dile que el otro día me la dejó toda
cochina. Quién sabe dónde mete las manos ese niño… Y ya dales de
comer porque la mamá va a ir en un rato, ¿sí?… ¿qué?… Sí,
empanizadas… O no, como ellos las quieran… Pero, ¿todavía no las
preparas?… Te dije que las tuvieras listas para cuando llegaran,
porque si llegan y no está la comida se ponen a jugar y a ver
después quién los saca de ahí… Dile que se siente a la mesa y
que se pongan a comer ya. Sírveles la sopa mientras preparas
las hamburguesas… Ay, bueno, hazle como puedas, ¿sí? Ciao…
Cuelga.
La columna de cochecitos sigue avanzando y comienza a
desplazarla del centro hacia el hombre de los 400
pueblos, al que no ha visto.
Suena el teléfono.

¿Y ahora qué?… ¿Dónde?…


Levanta la vista buscando algo.
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No, no veo…
Mira en dirección del hombre de los 400 pueblos, pero su
mirada no se posa en ellos; ve a través de ellos. Levanta
la mano y saluda.

Sí, ya te estoy viendo… ¡Vaya!… Mira, allá en la esquina está el


estacionamiento… No, aquí te espero, en lo que cruzo y me subo,
mejor apúrate y mételo ahí… Ándale que se me va a hacer de
noche… y algunos van a pensar otra cosa… oh, ¿no te digo?…
Entonces te voy a cobrar… y cobro caro… De todo… Tú nomás pide…
Pero ya apúrate que ya estoy… Ándale…
Cuelga y sigue mirando un objetivo móvil.
Cuando ese objetivo parece haber desaparecido ella
descubre que los cochecitos ya casi le dan alcance.
Suena nuevamente el teléfono.

¿Sí?… ¿Buenas tardes?… ¿Quién…? Ah, sí, cómo está, señor… No, no
estoy en mi casa, ¿qué pasa, ya me tiene mi coche?… ¿Qué cosa?…
¿Y entonces?… ¿Qué?… No, pero si me dijo que sólo era un
problema eléctrico y que iba a cambiar no sé qué cosa… No, no,
no, pero si no tenía nada de eso… No, yo no sé si sonaba o no el
motor… ¿Yo cómo voy a saber la diferencia entre la biela y el
cigüeñal? Yo no sé nada de eso, por eso se lo llevo a usted… Sí,
ya sé que está tratando de explicarme, pero no le pedí que me
explicara; no necesito saberlo… ¿Qué?… ¿desvielado?… ¿y eso qué
quiere decir?… Ya le dije que no entiendo, pero no tenía nada de
eso, usted me dijo que nada más le iba a cambiar el aceite y
ahora me sale con que se tronó la mitad del motor… Oiga, no, yo
no tengo por qué saber cómo funcionan las cosas, lo que yo
necesito es que funcionen… Escúcheme…, escúcheme, por favor; si
yo necesitara saber cómo funcionan todas las cosas en el mundo,
imagínese… ahora sólo falta que tenga que saber cómo funciona mi
refrigerador, si no no puedo usarlo… Usted debería hablarme para
decirme cuándo me lo regresa y cuanto le debo, punto; sin
salirme con cosas que no tenía… Ah, yo no sé, pero aparte de que
me va a dejar sin coche como diez días me lo quiere cobrar como
Monumento a la madre… 9

si fuera nuevo… ¿Pero usted qué se cree? No, no le voy a pagar


eso y lo voy a denunciar por abusador… sí, eso es lo que…, ¿sabe
cuánto tiempo llevo con ese coche y nunca le ha pasado nada?…
¡Ah!, y ahora me dice que por eso… Oiga, no; ¿sabe qué? Póngalo
en una grúa y me lo lleva a mi casa… ¿Desarmado? No, como
estaba, exactamente como estaba; lo voy a llevar a la agencia, y
si me dicen que alguien le metió mano y que de pronto le pasó
algo yo lo demando, ¿eh?… ¿De qué nos vio cara?… No, no me
grite, yo no le estoy gritando… Pero oiga, me está dejando sin
coche, no me puede hacer eso ahora, en esta pinche ciudad, ¿qué
no la conoce?… me está cortando las piernas, fíjese, me las está
cortando… Pero a ver si le dice eso a mi marido… Si, yo ahorita
le digo que lo vaya a ver, a ver si le dice lo mismo… sí,
gracias por nada, ¿eh?
Cuelga.
El hombre de los 400 pueblos muestra una nueva pancarta
con otra de sus demandas: “PREFERIMOS LA CORRUPCIÓN DEL
GOBIERO DEL DF QUE LA INSENSIBILIDAD DEL PAN”
Ella permanece alterada, con el rostro demudado por el
coraje que acaba de hacer. Por más que lo intenta no
logra recuperar inmediatamente su gesto tranquilo de
antes. De pronto, descubre por primera vez al
manifestante de los 400 pueblos. Parece alguien salido de
la nada, parte del paisaje, por eso ella no lo veía. Por
eso ahora que lo descubre siente por primera vez que no
entiende el mundo que habita. Petrificada, lo contempla
en silencio por segundos, tal vez minutos. ¿Él la mira?
No lo sabemos; lo más probable es que sí; pero no es él,
sino su cartel el que habla. ¿Qué le dicen esas frases a
ella? ¿Sabe ella quién es Dante Delgado? ¿Alguien sabe
quién es Dante Delgado?
En algún momento ella reacciona y trata de dar vuelta,
sólo para comprobar que está atrapada entre el “tráfico”
de los cochecitos y el hombre de los 400 pueblos. Los
niños se han marchado y han dejado todos los carritos
regados.
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El amante aparece detrás de los cochecitos y comienza a


pasar por encima de ellos como si fuese Godzila o
Ultramán. Viene a rescatarla. Al llegar junto a ella, se
besan.

MADRE
Ya no te quiero.

Y camina rumbo al hotel aplastando todo a su paso.

México DF, noviembre 2008


Monumento a la madre… 11

NOTICIA

Monumento a la Madre fue escrita para participar en un proyecto


de teatro periodístico o “inmediato” que promovía El Milagro a
fines del 2008. Tomé como noticia un suceso que había dejado de
serlo y que, curiosamente, por esos días volvió a cobrar
relevancia: el plantón de los 400 pueblos en la Ciudad de
México. Como habitante de esta metrópoli he convivido
cotidianamente con este plantón durante los últimos cinco años,
al grado de que ha dejado de sorprenderme el desfile de sus
cuerpos semidesnudos por las glorietas de Reforma. Después de
tan prolongada permanencia, y de tan ambigua protesta (pocos
saben exactamente el trasfondo de sus demandas), la
manifestación se había vuelto invisible para los transeúntes y
automovilistas; si acaso seguía siendo foco de atención
turística. Pero a fines de octubre del 2008 su situación volvió
a la palestra con las declaraciones del jefe de la policía,
quien afirmó que si por él fuera, los “sacaría a patadas” de la
Ciudad. Después surgieron otras reacciones, entre ellas un
artículo muy interesante que a continuación reproduzco. Pero
antes comento las dos circunstancias que han impedido la
escenificación de este ejercicio: en primer lugar, la
cancelación del ciclo por falta de recursos, según argumento de
los organizadores; y por otro, la posterior noticia, a fines del
mes de noviembre, de que los 400 pueblos levantaban su plantón
en acuerdo con las autoridades. ¿Habrán resuelto sus demandas?,
me pregunto todavía. El caso es que la obra fue concebida como
teatro de actualidad y, a todas luces, ha pasado a ser teatro
histórico.
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Los plantones y el activismo mexicano :


¿un resurgimiento ?
Par Morgane Govoreanu | Etudiante | 11/10/2008 |

Todos hemos visto alguna vez un plantón, cualquiera sea su forma. En París, con las
tiendas de campaña del colectivo Los Hijos de Don Quijote en el canal Saint Martin, o
con las cobijas de personas que viven en hogares precarios, instalados en la rue de la
banque con el apoyo de la asociación Derecho a la Vivienda. Alguna vez hemos
observado esas coloridas tiendas de lona o plástico que van apareciendo en la ciudad.
Lo constatamos, maravillándonos o criticándolos por los olores o el aparente desorden
que causan.

Esa es la situación del plantón de los 400 Pueblos, instalado en la Avenida Reforma en
pleno Distrito Federal mexicano. Hace ya cinco años que este grupo de unos 600
integrantes protesta contra el despojo de unas 2.000 hectáreas de tierra y la
encarcelación de centenas de campesinos. El colectivo, que denuncia como principal
responsable al ex gobernador de Veracruz Dante Delgado, se ha hecho famoso
internacionalmente gracias a sus marchas de mujeres desnudas llevando carteles y
hombres con taparrabos cargando mantas por las diferentes avenidas del centro histórico
de la capital.

Esta vez los 400 Pueblos están en su día 158 de plantón ininterrumpido desde mayo de
2008, pidiendo la aplicación de los acuerdos municipales firmados en 1992 en Alamo-
Temapache para la repartición de tierras a los campesinos del Estado de Veracruz. Y
esta vez han encontrado en la danza un atractivo adicional : a las horas de mayor
tránsito y actividad en la ciudad -entre 12 y 2 pm y entre 5 y 7 pm- los plantonistas se
ponen a bailar. Son cuatro horas durante las cuales van entrando progresivamente en
transe, gritando sus penas –la falta de tierras- y sufrimientos -la represión y la escasez
recursos-.

Dificultades vecinales

Al principio los transeúntes y automovilistas que los cruzaban en Insurgentes o Reforma


se sorprendían. Actualmente, con una frecuencia de dos viajes por año al D.F., los 400
Pueblos ya forman parte del paisaje urbano. Y al igual que tantos otros plantones,
van generando relaciones complejas y dolorosas con su entorno, fomentando
discusiones y disturbios en la vía pública. Vecinos, trabajadores y policías cercanos a la
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zona en donde se instala un plantón se enfrentan a situaciones extraordinarias : ¿Qué


pensar y cómo reaccionar cuando la gente se lava en la fuente de la plaza abajo de su
edificio ? ¿Cómo soportar los olores de basuras y baños ?

Como los plantonistas son campesinos y vienen de provincia, no cuentan con muchos
recursos y tienen que ingeniárselas cuando vienen a manifestar al D.F. Van a recoger
frutas y verduras tiradas en la basura de la central de abastos, buscan ropa deshecha que
cosen y acomodan, o se lavan en el Monumento a la Madre (ver foto).

Otro caso conocido en México es el plantón de jóvenes maestros frente al ISSSTE


(seguro social para funcionarios) que permanecieron allí más de un año (desde mayo de
2007 hasta agosto de 2008). Aunque plantones como este concientizan a los vecinos,
comerciantes y trabajadores que los rodean, los discursos de reacción son casi
homogéneos en México. Así por ejemplo, las quejas de transeúntes y vecinos contra el
plantón del ISSSTE se multiplicaron, incluyendo reclamos por el ruido o por el cierre de
la calle que hacía difíciles las entregas del lujoso hotel ubicado al lado del ISSSTE.

¿Experiencias de ciudadanía ?

En México todos estos aspectos están tan mediatizados y las molestias que generan los
plantones han sido tan sobreexpuestas, que impiden un análisis de fondo sobre el tema.
Por ejemplo, a menudo se olvida mencionar las relaciones particulares que los
plantonistas crean con los vecinos que les regalan comida y cobijas para el frío, con los
policías encargados de vigilar las intersecciones del plantón, o con gente que trabaja en
las cercanías y que viene a platicar con ellos a escondidas de sus jefes y colegas. Estos
intercambios, ya sean efímeros o de más largo plazo, parecen formar parte de un
proceso de construcción identitaria dentro de los plantones y de una evolución de las
mentalidades a través de la trasmisión de ideas y la concientización política.

Los plantones revelan a una sociedad mexicana enfrentada a una crisis democrática y en
vías hacia una globalización no sólo económica, sino de las ideas. Su elemento más
llamativo es su naturaleza política : todos tienen una pretensión política, ya sea pedir
tierras (los 400 Pueblos), denunciar represiones violentas por parte de estados de
provincia (como la Unión Nacional Anáhuac de Puebla), reclamar mayores
presupuestos (el Movimiento Urbano Popular que pide financiación para la vivienda en
la ciudad de México) o exigir derechos (Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación, Confederación Nacional de Trabajadores de la Educación). Otro aspecto
sorprendente de la multiplicación de estas formas de protesta es la aceptación por parte
de las autoridades, tanto de la protesta misma como de su resolución pacífica.
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Forma de protesta histórica

En México, por razones históricas y culturales, los plantones tienen un sabor particular.
Estos constituyen una forma de manifestación social antigua presente de manera casi
fantasmal en la población (existen por ejemplo, mitos sobre los plantones de la
Revolución Mexicana de 1910). Así lo atestiguan los movimientos obreros
(corporativistas : electricistas, mineros, etc.) de los años 50 o los sindicatos de maestros
(SNTE, CNTE), si bien progresivamente otros temas y causas se van sucediendo, como
por ejemplo los derechos étnicos (APPO), los intereses urbanos (Barzón popular,
Movimiento Urbano Revolucionario), rurales (los 400 Pueblos), o los de la oposición
(Pancho Villa). Sin olvidar la importancia de las vanguardias comunistas (Frente
Popular Revolucionario) y anarquistas (movimientos magonistas, Coordinadora
RIVAL).

Estos movimientos se inscriben en la filiación de las agrupaciones independentistas de


principios del siglo XX que constituyen a la vez un referente ideológico potente para las
organizaciones actuales, y un factor de historicidad –mitificada y fantasmeada a partir
de hechos históricos–. Pero además, la situación geopolítica actual refuerza esta
tendencia nacional gracias a la importancia de nuevos movimientos globalizados de
resistencia y subalternalidad.

Nuevas relaciones con el poder

Tras el simulacro de democratización del régimen iniciado en 2000 con el acceso al


poder del PAN (Partido de Acción Nacional, centroderecha cristiana), reelegido en 2006
(elección apodada popularmente « El Fraude »), los plantones están viviendo un
resurgimiento. Así, estos constituyen no sólo un medio de expresión del descontento
social, sino que también sirven como espacio de control para el régimen político. En
efecto, los plantones están infiltrados por funcionarios judiciales y de la seguridad
pública, prolongando así una larga historia de espionaje en México.

Esto es todavía más sorprendente al considerar el vacío jurídico en el cual se basan para
legitimar sus acciones. El último intento de legislación para limitar el derecho al
plantón, en diciembre de 2007, no logró llevarse a cabo gracias a las presiones de la
agrupación de asociaciones Movimiento Urbano Popular contra la Asamblea
Legislativa del D.F., reivindicando la libertad de expresión y de opinión.

Los plantones y el arte

Uno de los desafíos inexplorados hasta ahora son las perspectivas escénicas que abren
los plantonistas. Tanto los artistas que trabajan con la desnudez, enfrentados a la
vulgarización de la desnudez y a la exposición de cuerpos desnudos en el espacio
Monumento a la madre… 15

público, como aquellos que se cuestionan acerca de la interacción en lugares públicos,


se ven confrontados a la misma situación : los plantonistas con su llamativa forma de
reivindicación le ponen la vara cada vez más alta a los artistas, que deben inventar obras
cada vez más intrépidas. Sin embargo no todos los creadores se compadecen de esta
situación, como lo explica el fotógrafo Ulises Velásquez :
« Los plantones dan un nuevo soplo al arte escénico en México y los 400 Pueblos hacen
más liviano el trabajo sobre la desnudez ».

Publicado en Rue89 : http://www.rue89.com/2008/10/11/los-plantones-y-el-activismo-


mexicano-un-resurgimiento