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Rupert de Deutz

Rupert de Deutz (c. 1075-1130)

monge beneditino

Da Trindade e suas obras, 42, 4; PL 167, 1130

«Aqui está quem é maior do que Salomão».


O profeta Natan e Betsabé defenderam o seu projeto perante o velho e sábio rei David, que estava a morrer (1Rs 1).
Foi então que Salomão, cujo nome significa «senhor pacífico», recebeu a unção real. E todos se aproximaram dele e
o seguiram, tocando flauta e fazendo uma grande festa, de modo que a terra inteira vibrava com as aclamações, pois
o rei havia declarado: «Estabeleço Salomão como rei de Israel e de Judá» (v. 35.40). Esta entronização prefigura
indubitavelmente o mistério de que Daniel falava: «O tribunal realizou sessão e foram abertos os livros. Vi
aproximar-se, sobre as nuvens do céu, um ser semelhante a um Filho do homem, que avançou até ao ancião, para
diante do qual O conduziram. E foram-Lhe dadas a soberania, a glória e a realeza» (Dn 7,10-14). Foi, pois, por
iniciativa de um profeta que Salomão foi estabelecido como rei, tal como foi ao cumprir as profecias no seu sentido
espiritual que Cristo, Filho de Deus, foi reconhecido como Rei pacífico, Rei da glória do Pai, atraindo tudo a Si.
Salomão tornou-se rei ainda em vida de seu pai, tal como Cristo foi estabelecido rei por Deus Pai, que não pode
morrer. Sim, Ele fá-lo rei, «herdeiro de todas as coisas» (Heb 1,2), Aquele que não morre nem morrerá nunca. E,
coisa admirável e única, Cristo, o herdeiro de um Pai sempre vivo e que não pode morrer, morreu; mas ressuscitou e
nunca mais conhecerá a morte. Então Salomão foi sentado na mula do rei (1Rs 1,38). Bem melhor, porém, é no
trono de seu Pai, isto é, sobre toda a Igreja [...], «acima de todo o principado, potestade, virtude e dominação» (Ef
1,21), que Cristo está agora sentado «à direita da Majestade nos céus» (Heb 1,3). É por isso que a multidão vai atrás
dele, a multidão que canta e se alegra. E a terra vibra com as suas aclamações. Também nós ouvimos a enorme
alegria daqueles que proclamam esta glória, ou seja, a alegria dos apóstolos falando as línguas de todos (At 2) pois
«por toda a terra se ouve o seu eco, até aos confins do universo a sua palavra» (Sl 18,5).

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130)

monje benedictino

De la Trinidad y sus obras, 42, 4; PL 167, 1130

«Aquí hay uno que es más que Salomón»

     El profeta Natán concertado con Betsabé, presentaron juntos su proyecto ante el anciano, el sabio Rey David que
iba a morir (1R 1). Es entonces cuando Salomón cuyo nombre significa "señor pacífico" recibió la unción real.
Después, todo el pueblo recuperó su situación cotidiana; la multitud estaba contenta y la alegría era tan grande que
los clamores hacían vibrar la tierra, porque el rey había declarado: "Establezco a Salomón como rey en Israel y el sur
de Judea" (v. 35.40). Esta entronización prefigura sin duda alguna, el misterio del que habla Daniel: «Comenzó la
sesión y se abrieron los libros... vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el
anciano y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino» (Dn 7,10-14).       Por lo tanto, por la iniciativa
de un profeta, Salomón fue nombrado rey, así se cumplieron las profecías en su sentido espiritual, que Cristo, Hijo de
Dios, sería reconocido Rey pacífico, Rey de la gloria de Padre, atrayéndolo todo hacia Él. Salomón ha llegado a ser
Rey en vida de su padre, como Cristo fue establecido Rey por Dios, el Padre que no puede morir. Sí, ciertamente, lo
hizo Rey, «heredero de todas las cosas» (He 1,2), el que no muere y ni morirá jamás. Y, lo que es admirable y único,
Cristo, heredero de un Padre siempre vivo y que nunca morirá, murió, una vez por todas; entró en la vida y no morirá
nunca más.       Entonces, Salomón «se sentó en la mula del Rey»(1R 1,38). Mejor dicho, sobre el trono de su Padre,
es decir sobre toda la Iglesia..., «por encima de principados, potestades, tronos y dominaciones» (Ef 1,21), y Cristo
está sentado ahora «a la derecha de la Majestad en los cielos» (He 1,3). Por ello toda la multitud sube a su casa, un
pueblo que canta y acoge con beneplácito. Y la tierra se estremece de su clamor. Nosotros también hemos
entendido la gran alegría de quienes proclamaban la gloria, es decir el júbilo de los apóstoles cuando hablaban en
todos los idiomas (Hchos. 2) ya que "por toda la tierra ha resonado su voz" y "sus palabras han llegado hasta los
confines del mundo" (Sal. 18,5).

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130)


monje benedictino

De la Trinidad y de sus obras, 42, Sobre Isaías, 2, 26

« El novio está con ellos »


« Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios...; como el esposo se pone la corona; como la esposa se
adorna con sus joyas.» Cabeza y miembros, Esposo y Esposa, Cristo y la Iglesia, somos un solo cuerpo. Desde ahora,
en Cristo el Esposo brillará para siempre la corona del triunfo –él, mi cabeza, que ha sufrido por algún tiempo-;
mientras que sobre mí, su Esposa, brillarán las joyas de sus victorias y de sus gracias. «Como el suelo echa sus brotes
como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos». Él es
el Esposo, y yo la Esposa; él es el Señor Dios, y yo su tierra y su jardín; él es el jardinero, y yo su campo. Así como él,
por ser mi Creador es mi Señor y mi Dios, es también mi jardinero porque se ha hecho hombre... Así como el
jardinero «planta y riega y Dios da el crecimiento», de la misma manera él que es el Único, por su humanidad va a
plantar y regar anunciando la Buena Nueva, y por su divinidad dará el crecimiento gracias a su Espíritu. Entonces yo,
la Iglesia haré «brotar la justicia de la fe y la alabanza del Dios», no tan sólo ante el pueblo judío, sino «ante todas las
naciones». Ellas «verán mi buenas obras», leyendo las palabras y las acciones de los patriarcas y de los profetas,
escuchando la voz de los apóstoles y acogiendo su luz; ellas verán y creerán, y «así darán gloria al Padre que está en
los cielos». (Referencias bíblicas: Is 61,10s; 1C 12,12; Rm 12,5; Ef 5,23; Jn 15,1; 1C 3,6-9; Mt 5,16)

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130)

monje benedictino

Sobre la Trinidad y sobre sus obras, I. 42: sobre Isaías, 2

«Una luz se levanta sobre los que habitan en el país de las tinieblas y en sombras de muerte»

     Jesús se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y
Neftalí. Así se cumplió lo que el Señor había dicho por boca de Isaías: «... El pueblo que habitaba en las tinieblas ha
visto levantarse una gran luz»... Seguramente que al hablar de la visión o mejor de levantarse una gran luz, Mateo
quiere hacernos comprender la luminosa predicación del Salvador, el esplendor de la Buena Noticia del Reino de
Dios; antes que otras han sido las tierras de Zabulón y de Neftalí las que la oyeron de la misma boca del Señor... En
verdad es en esta tierra que el Señor empezó a predicar, es en ellas que inauguró su predicación... Y los apóstoles,
que fueron los primeros en ver esta luz verdadera en los territorios de Zabulón y de Neptalí, llegaron a ser ellos
mismos «luz del mundo»... «Acrecentaste la alegría, continua el texto de Isaías, aumentaste el gozo; se gozan en tu
presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín». Esta alegría será, efectivamente, la alegría de
los apóstoles, «una alegría multiplicada», cuando «vendrán como segadores trayendo sus gavillas» «como se alegran
al repartirse el botín», es decir, el diablo vencido... En efecto, eres tú Señor y Salvador, que has quitado de sus
hombros «el yugo que pesaba sobre ellos», ese yugo del diablo que, en otro tiempo, cuando en el mundo reinaba
sobre todas las naciones haciendo doblegar las nucas bajo el yugo de una muy pesada esclavitud... Eres tú quien, sin
ejército, sin efusión de sangre, en lo secreto de tu poder, has liberado a los hombres para ponerlos a tu servicio... Sí,
el diablo será «quemado, devorado por el fuego eterno» porque «nos ha nacido un niño» el humilde Hijo de Dios
«que lleva sobre sus hombros la insignia de su poder» puesto que, siendo Dios, puede, por sus propias fuerzas,
poseer la primacía... Y «su poder se extenderá» porque reinará no sólo sobre los judíos como David, sino que su
imperio se extenderá sobre todas las naciones «desde ahora y por siempre». (Referencias bíblicas: Is 9,1-6; Mt 5,14;
Sl 125,6)

Rupert de Deutz (c. 1075-1130)

monge beneditino

Sobre a Trindade e as Suas Obras, 42; Sobre Isaías, 2,26

«O noivo está com eles»


«Com grande alegria rejubilei no Senhor e o meu coração exulta no meu Deus [...], como o noivo que cinge a fronte
com o diadema, como a noiva que se adorna com suas jóias» (Is 61,10). Cabeça e membros, Esposo e Esposa, Cristo
e a Igreja, somos um só corpo. De hoje em diante, brilhará para sempre no Cristo Esposo a coroa do triunfo - nele,
minha Cabeça, que sofreu algum tempo -, enquanto sobre mim, sua Esposa, luzirão as jóias das suas vitórias e das
suas graças. «Assim como a terra produz os seus gérmenes, e o jardim faz brotar as suas sementes, assim o Senhor
Deus fará brilhar a justiça e os hinos diante de todas as nações» (Is 61,11). Ele é o Esposo e eu a Esposa; Ele é o
Senhor Deus, eu a sua terra e o seu jardim; Ele é o jardineiro e eu o seu campo. Aquele que, como Criador, é meu
Senhor e meu Deus, é também meu jardineiro porque Se fez homem. [...] Assim como o jardineiro planta e rega, e
Deus dá o incremento, assim também Aquele que é o Único plantará pela sua humanidade e regará pelo anúncio da
Boa Nova, dando o incremento pela sua divindade, graças ao seu Espírito. E eu, a Igreja, farei eclodir o gérmen da
justiça, da fé e do louvor a Deus, não somente diante do povo judeu, mas diante de todas as nações. Elas verão as
minhas boas obras (Jo 15,1) lendo as palavras e as obras dos patriarcas e dos profetas, ouvindo a voz dos apóstolos,
e acolhendo a sua luz; verão e acreditarão e glorificarão o Pai que está no Céu (Mt 5,16).

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130)

monje benedictino

Del Oficio Divino, 3, 18

«TODAS LAS NACIONES DEL MUNDO SE LLAMARÁN BENDITAS


POR CAUSA TUYA»
     Se nos lee la genealogía de Cristo en san Mateo. Esta costumbre, tradicional en la santa Iglesia, tiene un bello y
misterioso motivo. Porque en verdad esta lectura nos presenta la escalera que Jacob vio de noche durante un sueño
(Gn 28,11s). En lo alto de esta escalera, que por la parte alta tocaba al cielo, el Señor, apoyado en ella, se apareció a
Jacob y le prometió darle en herencia la tierra... Ahora bien, sabemos que «estas cosas sucedieron en figura para
nosotros» (1C 10,11), ¿Qué prefiguraba, pues, esta escalera sino la casta de la que Jesucristo debía nacer, casta que
el santo evangelista, con boca divina, ha hecho subir de manera tal que acaba en Cristo pasando por José? Es en este
José a quien Jesús, niño pequeño, se apoyó. A través de la «puerta del cielo» (Gn 28,17)..., es decir, por la
Bienaventurada Virgen María, hecho niño por nosotros, salió gimiendo... Durante el sueño, Jacob oyó que el Señor le
decía: «Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya» y ahora por el nacimiento de Cristo, se
cumple esta realidad. Es  esto mismo lo que el evangelista veía cuando puso en su genealogía a Rahab la prostituta y
a Ruth la moabita; porque veía muy claro que Cristo no vino en la carne solamente para los judíos, sino también para
los paganos, él que se digno recibir antepasadas salidas de entre los paganos. Venidos, pues, de los dos pueblos,
judíos y paganos, como los dos lados de la escalera, los padres antiguos, situados a diferentes grados, sostienen a
Cristo Señor que sale de lo alto de los cielos. Y todos los santos ángeles bajan y suben a lo largo de esta escalera, y
todos los elegidos entran, primero, en el movimiento de descenso de esta escalera para recibir, humildemente, la fe
en la encarnación del Señor, y seguidamente son elevados a fin de contemplar la gloria de su divinidad.

Rupert de Deutz (c. 1075-1130)

MONGE BENEDITINO

SOBRE A TRINDADE E AS SUAS OBRAS, 42; SOBRE ISAÍAS, 2,26

«O NOIVO ESTÁ COM ELES»


«Com grande alegria rejubilei no senhor e o meu coração exulta no meu Deus [...], como o noivo que cinge a fronte
com o diadema, como a noiva que se adorna com suas jóias» (is 61,10). Cabeça e membros, esposo e esposa, cristo e
a igreja, somos um só corpo. De hoje em diante, brilhará para sempre no cristo esposo a coroa do triunfo - nele,
minha cabeça, que sofreu algum tempo -, enquanto sobre mim, sua esposa, luzirão as jóias das suas vitórias e das
suas graças. «assim como a terra produz os seus gérmenes, e o jardim faz brotar as suas sementes, assim o senhor
deus fará brilhar a justiça e os hinos diante de todas as nações» (is 61,11). Ele é o esposo e eu a esposa; ele é o
senhor deus, eu a sua terra e o seu jardim; ele é o jardineiro e eu o seu campo. Aquele que, como criador, é meu
senhor e meu deus, é também meu jardineiro porque se fez homem. [...] Assim como o jardineiro planta e rega, e
deus dá o incremento, assim também aquele que é o único plantará pela sua humanidade e regará pelo anúncio da
boa nova, dando o incremento pela sua divindade, graças ao seu espírito. E eu, a igreja, farei eclodir o gérmen da
justiça, da fé e do louvor a deus, não somente diante do povo judeu, mas diante de todas as nações. Elas verão as
minhas boas obras (jo 15,1) lendo as palavras e as obras dos patriarcas e dos profetas, ouvindo a voz dos apóstolos,
e acolhendo a sua luz; verão e acreditarão e glorificarão o pai que está no céu (mt 5,16).

Rupert de Deutz (c. 1075-1130)

monge beneditino

De Divinis Officiis, 3, 18

«NA TUA POSTERIDADE SERÃO ABENÇOADAS TODAS AS NAÇÕES


DA TERRA» (GN 28,14)
Em S. Mateus lemos a genealogia de Cristo, costume tradicional da Santa Igreja que tem belos e misteriosos motivos.
Este texto apresenta-nos a escada que Jacob viu de noite, durante o seu sono (Gn 28,11s). Apoiado no alto dessa
escada, que tocava os céus, o Senhor apareceu a Jacob e prometeu-lhe que herdaria a Terra. [...] Ora, sabemos que
«a sua vinda é-nos apresentada de forma simbólica» (1Cor 10,11). Então o que prefigura essa escada, senão a
linhagem da qual Jesus haveria de nascer, linhagem que o santo evangelista remontou com um sopro divino, de
maneira que chegasse a Jesus passando por José? E a este José o Senhor confiou o Menino. Pela «Porta do Céu» (Gn
28,17) [...], quer dizer, pela bem-aventurada Virgem, sai Nosso Senhor a chorar, feito criança por nós. [...] No seu
sono, Jacob ouviu o Senhor dizer-lhe: «Na tua posteridade serão abençoadas todas as nações da Terra», e esse facto
realizou-se com o nascimento de Cristo. Era o que o evangelista tinha em vista quando, na genealogia de Jesus,
inseriu Rahab, a prostituta, e Rute, a moabita; porque ele viu que Cristo não encarnou apenas para os judeus, mas
também para os pagãos, Ele que Se dignou ter antepassados entre esses pagãos. Por conseguinte, vindos dos dois
povos, judeu e pagão, como dos dois lados da escada, os antepassados de Cristo, colocados nos diferentes degraus,
recebem o Senhor que desce do alto dos céus. E os santos anjos descem e sobem por esta escada, por onde os
eleitos são primeiramente descidos, para receberem humildemente a fé na encarnação do Senhor, sendo depois
elevados, a fim de contemplarem a glória da sua divindade.

Rupert de Deutz 

«O esposo está com eles»


Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
A Santíssima Trindade e as suas obras, livro 42, sobre Isaías, 2, 26

«O esposo está com eles»

«Com grande alegria rejubilo no Senhor e o meu coração exulta no meu Deus.» (Is 61,10). [...] A vinda, a presença do
Senhor de que fala o profeta neste versículo é o beijo que deseja a esposa do Cântico dos Cânticos quando diz: «Ah!
Beija-me com ósculos da tua boca!» (Cant 1,2). E esta esposa fiel é a Igreja: nasceu dos patriarcas, noivou em Moisés
e nos profetas e, com o desejo ardente do seu coração, suspira pela vinda do seu Bem-Amado. [...] Cheia de alegria,
agora que recebeu este beijo, exclama na sua felicidade: «Exulto de alegria no Senhor!»

Participando nesta alegria, João Baptista, o ilustre «amigo do Esposo», o confidente dos segredos do Esposo e da
esposa, o testemunho do seu amor mútuo, declara: «Quem tem a esposa é o esposo; e o amigo do esposo, que o
acompanha e escuta, alegra-se sobremaneira, ouvindo a voz do esposo. Essa é a minha alegria, que agora é
completa» (Jo 3,29). Aquele que foi o precursor do Esposo no seu nascimento, e que o foi também da sua Paixão,
quando desceu aos infernos, anunciou a Boa Nova à Igreja que se encontrava à espera. [...]

Por conseguinte, este versículo ajusta-se completamente à Igreja jubilosa que, na mansão dos mortos, se apressa a ir
ao encontro do Esposo: «Com grande alegria rejubilei no Senhor e o meu coração exulta no meu Deus.» E qual é a
causa da minha alegria? Qual é o motivo do meu júbilo? «Porque me revestiu com a roupagem da salvação e me
cobriu com o manto da justiça» (Is 61,10). Em Adão, tinha sido despida, tinha tido de juntar folhas de figueira para
esconder a minha nudez; miseravelmente coberta de túnicas de pele, fui expulsa do paraíso (Gn 3,7.21). Mas hoje, o
meu Senhor e meu Deus converteu as folhas na roupagem da salvação. Pela sua Paixão, ele revestiu-me com uma
primeira roupa, a do baptismo e da remissão dos pecados; e, no lugar da túnica de peles da mortalidade, envolveu-
me numa segunda roupa, a da ressurreição e da imortalidade.

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Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
La Trinidad y sus obras, libro 42, sobre Isaías, 2,26

«El Esposo está con ellos»

«Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios» (Is 61,10)... El advenimiento, la presencia del Señor, de la
que habla el profeta en este versículo, es el beso que desea la esposa del Cántico de los cánticos, cuando dice: 'Que
me bese con beso de su boca'» (Ct 1,1). Y esta esposa fiel es la Iglesia: ella nació en los patriarcas, se desposó en
Moisés y en los profetas; con ardiente deseo de su corazón suspiraba por la venida del Amado... Llena del gozo ahora
por el beso que ha recibido, exclama gozosa: «¡Desbordo de gozo con el Señor!»

      Participando de este gozo, Juan Bautista, el ilustre «amigo del Esposo», el confidente de los secretos del Esposo y
de la esposa, el testigo de su amor mutuo, declara: «El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del
esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo. Pues esta alegría mía está colmada» (Jn 3,29). Sin duda
alguna, el que fue precursor del Esposo en su nacimiento, también el precursor de su Pasión, cuando el Esposo
descendió a los infiernos anunció la Buena Nueva a la Iglesia que se encontraba allí, esperando...

      Este versículo, pues, se refiere totalmente a la Iglesia exultante, cuando, en los infiernos, se apresura a ir al
encuentro del Esposo: «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios. ¿Cuál es la causa de mi gozo? ¿Cuál
es el motivo de mi exultación? Es porque me ha revestido con traje de gala y me envuelto en un manto de triunfo» (v
11). En Adán fui desnudada, me fue necesario juntar hojas de higuera para esconder mi desnudez; miserablemente
cubierta con túnicas de piel, fui echada del paraíso (Gn 3, 7-21). Pero hoy, mi Señor y mi Dios ha sustituido las hojas
por el traje de gala. A causa de su Pasión en nuestra carne, me ha puesto un primer vestido, el del bautismo y la
remisión de los pecados; y en lugar de la túnica de piel de la mortalidad, me ha envuelto en un segundo vestido, el
de la resurrección y de la inmortalidad.

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Rupert de Deutz 

«O Espírito do Senhor está sobre mim, porque o Senhor me ungiu»


Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Sobre a Trindade, PL 167, 787

«O Espírito do Senhor está sobre mim, porque o Senhor me ungiu»

Este óleo com que Nosso Senhor, o Filho de Deus, foi ungido - e é por isso que Lhe chamamos «o Ungido», ou seja,
«Messias» em hebraico e «Cristo» em grego - é o Espírito Santo; e a unção dos reis, dos sacerdotes e dos profetas
era apenas um sinal, um indício material. [...] A Igreja recebeu o Espírito Santo nos patriarcas, nos reis e nos profetas,
antes de o Santo dos santos, o Sumo Pontífice, Jesus Cristo, o Filho de Deus, ter sido ungido. [...] O sacerdócio da
Antiga Lei, símbolo do sacerdócio novo, é consagrado primeiro pelo óleo, mas depois é-o pelo sangue; porque o
Sumo Pontífice do verdadeiro tabernáculo celeste (Heb 9,11ss) foi consagrado primeiro pelo Espírito Santo, e depois
pelo seu próprio sangue.

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Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 


De la Santa Trinidad, 42
“El Espíritu del Señor está sobre mí”

     “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido’” (Is
61,1). Es como si Cristo dijera: Porque el Señor me ha ungido, he dicho sí, verdaderamente digo y lo sigo diciendo
todavía: El Espíritu del Señor está sobre mí. ¿Dónde, en qué momento, pues, el Señor me ha ungido? Me ungió
cuando fui concebido, o mejor dicho, me ungió a fin de que fuera concebido en el seno de mi madre. Porque no es
de la simiente de un hombre que una mujer me concibió, sino que una virgen me concibió por la unción del Espíritu
Santo. Es entonces que el Señor me selló con la unción real; me consagró rey por la unción y, en el mismo momento,
me consagró sacerdote. Una segunda vez, en el Jordán, el Señor me consagró por este mismo Espíritu…

     Y ¿por qué el Espíritu del Señor está sobre mí?... “Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, curar los
corazones desgarrados” (Is 61,1). No me ha enviado para los orgullosos y los “sanos”, sino como “un médico para los
enfermos” y los corazones destrozados. No me ha enviado “para los justos” sino “para los pecadores” (Mc 2,17). Ha
hecho de mí “un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos (Is 53,3), un hombre manso y humilde de
corazón” (Mt 11,29). “Me ha enviado a proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad”… ¿A qué
prisioneros, o mejor, a qué prisión he de anunciar la libertad? Después que “por un hombre entró el pecado en el
mundo y por el pecado la muerte” (Rm 5,12) todos los hombres son prisioneros del pecado, todos los hombres son
cautivos de la muerte… “He sido enviado a consolar a todos los afligidos de Sión, todos los que sufren por haber sido,
a causa de sus pecados, destetados y separados de su madre, la Sión de arriba (Ga 4,26)… Sí, yo los consolaré
dándoles “una diadema de gloria en lugar de las cenizas” de la penitencia, “aceite de júbilo” es decir, la consolación
del Espíritu Santo “en lugar del dolor” de verse huérfanos y exiliados, y “un vestido de fiesta”, es decir, “en lugar de
la desesperación”, la gloria de la resurrección (Is 61,3).

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Rupert de Deutz 
«O Espírito do Senhor está sobre Mim»

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Sobre a Santíssima Trindade, 42

«O Espírito do Senhor está sobre Mim»

«Cumpriu-se hoje esta palavra da Escritura que acabais de ouvir: "O Espírito do Senhor repousa sobre Mim, porque o
Senhor Me ungiu" (Is 61,1).» É como se Cristo tivesse dito: Porque o Senhor Me ungiu, Eu disse sim, disse-o
verdadeiramente, e volto a dizê-lo: O Espírito do Senhor repousa sobre Mim. Onde foi, pois, em que momento foi
que o Senhor Me ungiu? Ungiu-Me quando fui concebido, ou melhor, ungiu-Me a fim de que fosse concebido no
seio de minha Mãe. Porque não foi da semente de um homem que uma mulher Me concebeu, antes uma Virgem Me
concebeu da unção do Espírito Santo. Foi então que o Senhor Me assinalou com a unção real; consagrou-Me rei
ungindo-Me, ao mesmo tempo que Me consagrava sacerdote. E pela segunda vez, no Jordão, o Senhor consagrou-
Me por esse mesmo Espírito. […]

E porque está o Espírito do Senhor sobre Mim? […] «Ele enviou-me a levar a boa nova aos pobres, a curar os
corações despedaçados» (Is 61, 1). Não Me enviou aos orgulhosos nem aos «que têm saúde», mas como «médico
aos doentes» e aos corações despedaçados. Não Me enviou «aos justos», mas «aos pecadores» (Mc 2,17). Fez de
Mim um «homem de dores, experimentado nos sofrimentos» (Is 53,3), um homem «manso e humilde de coração»
(Mt 11,29). Enviou-Me «a anunciar a amnistia aos cativos e a liberdade aos prisioneiros» (Is 61,1). […] A que
prisioneiros, ou antes, de que prisão venho anunciar a libertação? A que cativos venho anunciar a liberdade? Desde
que «por um só homem entrou o pecado no mundo e, pelo pecado, a morte» (Rom 5,12), todos os homens são
prisioneiros do pecado, todos são cativos da morte. […] Eu fui enviado «a consolar […] os amargurados de Sião» (Is
61,2-3), todos quantos se afligem por terem sido, devido aos seus pecados, privados e separados de sua mãe, a
«Jerusalém lá do alto» (Gal 4,26). […] Sim, consolá-los-ei dando-lhes «uma coroa em vez das cinzas» da penitência, o
«óleo da alegria», ou seja, a consolação do Espírito Santo, «em vez do luto» da orfandade e do exílio, uma veste de
festa, ou seja, a glória da Ressurreição, «em vez do desespero» (Is 61,3).
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Rupert de Deutz 

«Pondo o olhar em Jesus, que passava»

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Homilia sobre o evangelho de João
«Pondo o olhar em Jesus, que passava»

João Baptista estava de pé com dois dos seus discípulos quando Jesus passou. Trata-se efectivamente de uma
atitude corporal, mas que traduz algo da missão de João, da veemência da sua palavra e da sua acção. Mas segundo
o evangelista trata-se também, mais profundamente, de uma tensão sempre presente no profeta. João não se
contentava em cumprir exteriormente o seu papel de precursor; mantinha sempre vivo no seu coração o desejo do
Senhor que havia reconhecido no Seu baptismo. [...] João estava, sem dúvida, totalmente voltado para Nosso
Senhor. Desejava revê-Lo, porque ver Jesus era a salvação para aquele que O confessava, a glória para aquele que O
anunciava, a alegria para aquele que O mostrava. João estava em pé, cheio do ardor do seu coração; mantinha-se
direito, esperando Cristo, ainda dissimulado pela sombra da Sua humildade. [...]

Com João estavam dois dos seus discípulos, de pé como o seu mestre, premissas daquele povo preparado pelo
percursor, não para ele mas para o Senhor. Vendo Jesus que passava, João disse: «Eis o Cordeiro de Deus». Reparai
nos termos deste relato: à primeira vista, tudo é claro; mas para aqueles que lhe descobrem o sentido profundo,
tudo está cheio de mistério. «Jesus passava»: que quer isto dizer, senão que o Filho de Deus veio partilhar a nossa
natureza de homem que passa, que muda? Ele, que os homens não conheciam, dá-Se a conhecer e amar ao passar
entre nós. Ele veio no seio da Virgem; depois, passou do seio de Sua mãe para o presépio, do presépio para a cruz,
da cruz para o túmulo e do túmulo subiu de novo ao céu. [...] Também o nosso coração, se aprender a desejar Jesus
como João, reconhecerá Jesus que passa; e se O seguir, chegará como os discípulos ao local que Jesus habita — ao
mistério da Sua divindade.

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Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Homilía sobre San Juan

«Vio a Jesús que pasaba...» (Jn 1,36)

      «Juan estaba allí, de pie, con dos de sus discípulos cuando Jesús pasaba.» Se trata de una postura corporal que
traduce algo de la misión de Juan, de su vehemencia de palabra y de acción. Pero, según el evangelista, se trata
también, más profundamente, de esta viva tensión, siempre presente entre los profetas. Juan no se contentaba de
desempeñar exteriormente su papel de precursor. El guardaba en su corazón el vivo deseo de ver a su Señor  a quien
había reconocido en el bautismo... Sin duda alguna,  Juan tendía hacia el Señor con todo su ser. Deseaba verlo de
nuevo, porque ver a Jesús era la salvación para quien le confesaba, la gloria para quien lo anunciaba, la alegría para
quien lo mostraba. Juan se tenía de pie, alerta por el deseo profundo de su corazón. Se mantenía de pie, esperaba a
Cristo todavía disimulado en la sombra de su humildad...

      Con Juan estaban dos de sus discípulos, de pie como su maestro, primicias de aquel pueblo preparado por el
precursor, no por él mismo, sino por el Señor. Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice. «Este es el Cordero de Dios!»
Prestad atención a las palabras de esta narración. A primera vista, todo parece claro, pero para quien penetra en el
sentido profundo, todo se manifiesta cargado de significado y misterio. «Jesús pasaba...» Qué significa sino que Jesús
vino a participar en nuestra naturaleza humana que pasa, que cambia. El, a quien los hombres no conocían, se da a
conocer y amar pasando por en medio de nosotros. Vino en el seno de la Virgen. Luego, pasó del seno de su madre
al pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz al sepulcro, del sepulcro se levantó al cielo... Nuestro corazón también,
si aprende a desear a Cristo como Juan, reconocerá a Jesús cuando pase. Si le sigue, llegará como los discípulos al
sitio donde mora Jesús: en el misterio de su divinidad.

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Rupert de Deutz 
O discípulo que teve «o conhecimento do mistério de Deus: Cristo, em Quem
estão escondidos todos os tesouros da sabedoria e do conhecimento» (Col 2,2-3)

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
As obras do Espírito Santo, IV, 10; SC 165
O discípulo que teve «o conhecimento do mistério de Deus: Cristo, em Quem estão escondidos todos os tesouros
da sabedoria e do conhecimento» (Col 2,2-3)

De acordo com graça que fez com que Jesus o amasse e o fez inclinar-se sobre o Seu peito na Última Ceia (cf Jo
13,23), João recebeu com abundância os dons do entendimento e da sabedoria (Is 11,2) – o entendimento para
compreender as Escrituras, e a sabedoria para escrever os seus próprios livros com arte admirável. Para dizer a
verdade, não recebeu este dom no momento em descansou sobre o peito do Senhor, apesar de ter tocado o coração
«em que estão escondidos todos os tesouros da sabedoria e do conhecimento» (Col 2,3). Quando João diz que, ao
entrar no túmulo, «viu e acreditou», reconhece que «ainda não tinham entendido a Escritura, segundo a qual Jesus
devia ressuscitar dos mortos» (Jo 20,9). Como os outros apóstolos, João recebeu plenamente a sua medida quando o
Espírito Santo desceu sobre os apóstolos [no Pentecostes], quando a graça foi dada a cada um «segundo a medida
do dom de Cristo» (Ef 4,7). [...]

O Senhor Jesus amou este discípulo mais do que os outros [...] e abriu-lhe os segredos do céu [...] para fazer dele o
escrivão do mistério profundo sobre o qual o homem não é capaz de falar só por si mesmo: o mistério do Verbo, da
Palavra de Deus, do Verbo que Se fez carne. É o fruto desse amor. Mas, mesmo amando-o, não foi a ele que Jesus
disse: «Tu és Pedro e sobre esta pedra edificarei a Minha Igreja» (Mt 16,18). [...] Embora amasse todos os Seus
discípulos, e especialmente Pedro, com um amor espiritual e da alma, Nosso Senhor amou João com um amor do
coração. [...] Na ordem do apostolado, Simão Pedro recebeu o primeiro lugar e as «chaves do reino dos céus» (Mt
16,19); João, recebeu outro legado: o Espírito de entendimento, «uma alegria e uma coroa de júbilo» (Sir 15,6).

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Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Tratado sobre las obras del Espíritu Santo, IV, 10; SC 165

El discípulo que ha “penetrado el misterio de Dios, en el que están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y
del conocimiento” (Col 2,3)

    En proporción a la gracia que hacía que Jesús le amaba y que le había hecho reposar en el pecho de Jesús en Cena
(Jn 13,23), Juan recibió en abundancia [los dones del Espíritu] la inteligencia y la sabiduría (Is 11,2) - la inteligencia
para comprender las Escrituras; la sabiduría para redactar sus propios libros con un arte admirable.

    A decir verdad, no recibió este don desde el momento en que reposó su cabeza en el pecho del Señor, si más tarde
lo pudo sacar de su corazón " donde estaban escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia " (Col. 2,3).
Cuando dice que entrando en la tumba "vio y creyó ", reconoce "que todavía no conocían las Escrituras, y que hacía
falta que Jesús resucitara de entre los muertos" (Jn 20,9).
    Como los otros apóstoles, Juan recibió la plenitud, cuando vino el Espíritu Santo [en Pentecostés], cuando se dio la
gracia a cada uno "según la medida del don del Cristo " (Ef 4,7)... El Señor Jesús amó a este discípulo más que a otros,
y le descubrió los secretos del cielo... para hacer de él el evangelista del misterio profundo del que el hombre mismo
no puede decir nada: el misterio del Verbo, la Palabra de Dios, el Verbo que se hizo carne.

    Es el fruto de este amor. Pero, aunque le amaba, no es a él a quien Jesús le dijo: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18)... Amando a todos sus discípulos y sobre todo a Pedro con un amor de espíritu y de
alma, nuestro Señor amó a Juan con un amor del corazón... En cuanto al apostolado, Simón Pedro recibió el primer
puesto y "las llaves del Reino de los cielos " (Mt 16,19); Juan, obtuvo otra herencia: el espíritu de inteligencia, " un
tesoro de alegría y de gozo" (Eclo. 15,6).

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Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 


Las obras del Santo Espíritu, IV, 14

El recolector de impuestos liberado para el Reino de Dios


     El publicano Mateo recibió en alimento «el pan de vida e inteligencia» (Si 15,3); y de esta misma inteligencia hizo
en su casa un gran banquete para el Señor Jesús porque había sido hecho partícipe de una abundante gracia,
conforme a su nombre [que quiere decir «don del Señor»]. Dios había preparado un presagio de este festín de
gracia: llamado cuando estaba sentado a su puesto de recolector «siguió al Señor y le ofreció en su casa un gran
banquete» (Lc 5,29). Le ofreció, pues, un banquete, y un gran banquete, que nosotros llamaríamos, un banquete
real.

     En efecto, Mateo es el evangelista que nos muestra a Cristo Rey por su familia y por sus actos. Desde el principio,
dice en su obra «Libro de la genealogía de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mt 1,1). Seguidamente narra cómo el recién
nacido es adorado por los Magos con el título de rey de los judíos; después, entretejiendo todo el resto de su
narración de gestos reales y de parábolas del reino, al final acaba con estas palabras dichas por este rey ya coronado
con la gloria de la resurrección: «Me ha sido dado toda potestad en el cielo y en la tierra» (28,18). Si examinas con
atención todo el conjunto de su redacción reconocerás que en toda ella se respiran los misterios del Reino de Dios.
Nada de extraño hay todo ello; Mateo había sido publicano, se acordaba de haber sido llamado del servicio público
del reino del pecado a la libertad del Reino de Dios, del Reino de la justicia. Un hombre que no quiso ser ingrato para
con el gran rey que le había liberado, sirvió fielmente las leyes de su Reino.

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Rupert de Deutz 

O cobrador de impostos foi libertado para o Reino de Deus

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
As Obras do Espírito Santo, IV, 14
O cobrador de impostos foi libertado para o Reino de Deus

Mateus, o publicano, recebeu por alimento «o pão da vida e da inteligência» (Sir 15, 3); e dessa mesma inteligência,
fez em sua casa um grande banquete para o Senhor Jesus, pois tinha recebido uma graça abundante, em
conformidade com o seu nome [que quer dizer «dom do Senhor»]. Um presságio desse banquete de graças havia
sido preparado por Deus: tendo sido chamado enquanto estava no seu posto de cobrança, seguiu a Cristo e
«ofereceu-Lhe, em sua casa, um grande banquete» (Lc 5, 29). Ofereceu-Lhe portanto um banquete, dos grandes –
um banquete real, diríamos.

Mateus é de facto o evangelista que nos mostra Cristo Rei através da Sua família e dos Seus actos. Logo no início da
obra, declara que se trata do livro da «Genealogia de Jesus Cristo, filho de David» (Mt 1, 1). Em seguida, comenta
como o recém-nascido é adorado pelos magos como rei dos judeus; depois, tecendo o resto da narração com régios
feitos e parábolas do reino, termina por fim com as próprias palavras de um Rei que já está coroado pela glória da
ressurreição: «Foi-Me dado todo o poder no Céu e na Terra» (28, 18). Se examinarmos bem o conjunto da sua
redacção, reconheceremos portanto que toda ela respira os mistérios do Reino de Deus. Nada de espantoso há
nisto; Mateus tinha sido publicano, lembrava-se de ter sido chamado do serviço público do reino de pecado para a
liberdade do Reino de Deus, do Reino de justiça. Como homem verdadeiramente grato para com o grande Rei que o
tinha libertado, serviu portanto com fidelidade as leis do Seu Reino.

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Rupert de Deutz 

«Aqui está Alguém que é maior do que Salomão»


Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Da Trindade e Suas obras, 42, 4; PL 167, 1130

«Aqui está Alguém que é maior do que Salomão»

Combinados, o profeta Natan e Betsabé defenderam o seu projecto perante o velho e sábio rei David, que estava a
morrer (1Rs 1). Foi então que Salomão, cujo nome significa «senhor pacífico», recebeu a unção real. E toda a gente
foi atrás dele a tocar flauta e a fazer uma grande festa, de modo que toda a terra vibrava com as suas aclamações,
pois o rei havia declarado: «Estabeleço Salomão como rei de Israel e de Judá» (v. 35.40). Esta entronização prefigura
sem dúvida alguma o mistério de que Daniel falava: «O tribunal realizou sessão e foram abertos os livros. Vi
aproximar-se, sobre as nuvens do céu, um ser semelhante a um Filho do homem. Avançou até ao ancião, diante do
qual o conduziram. Foram-lhe dadas soberanias, glória e realeza» (Dn 7,10-14).

Foi, pois, por iniciativa de um profeta que Salomão foi estabelecido como rei, tal como foi ao cumprir as profecias no
seu sentido espiritual que Cristo, Filho de Deus, foi reconhecido como Rei pacífico, Rei da glória do Pai, atraindo tudo
a Si. Salomão tornou-se rei ainda em vida de seu pai, tal como Cristo foi estabelecido rei por Deus Pai, que não pode
morrer. Sim, Ele fá-l'O certamente rei, «herdeiro de todas as coisas» (Heb 1,2), Aquele que não morre nem morrerá
nunca. E, coisa admirável e única, Cristo, herdeiro de um Pai sempre vivo e que nunca poderá morrer, morreu; mas
ressuscitou e nunca mais conhecerá a morte.

Então Salomão foi sentado na mula do rei (1Rs 1,38). Bem melhor, é no trono de seu Pai, isto é, sobre toda a Igreja
[...], «acima de todo o Principado, Potestade, Virtude e Dominação» (Ef 1,21), que Cristo está agora sentado «à
direita da Majestade nos céus» (Heb 1,3). Eis porque toda a multidão vai atrás d'Ele, a multidão que canta e se
alegra. E a terra vibra com as suas aclamações. Também nós ouvimos a enorme alegria daqueles que proclamam
esta glória, ou seja, a alegria dos apóstolos falando as línguas de todos (Act 2) pois «por toda a terra caminha o Seu
eco, até aos confins do universo a Sua palavra» (Sl 18,5).

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Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
De la Trinidad y sus obras, 42, 4; PL 167, 1130

«Aquí hay uno que es más que Salomón»

        El profeta Natán concertado con Betsabé, presentaron juntos su proyecto ante el anciano, el sabio Rey David
que iba a morir (1R 1). Es entonces cuando Salomón cuyo nombre significa "señor pacífico" recibió la unción real.
Después, todo el pueblo recuperó su situación cotidiana; la multitud estaba contenta y la alegría era tan grande que
los clamores hacían vibrar la tierra, porque el rey había declarado: "Establezco a Salomón como rey en Israel y el sur
de Judea" (v. 35.40). Esta entronización prefigura sin duda alguna, el misterio del que habla Daniel: «Comenzó la
sesión y se abrieron los libros... vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el
anciano y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino» (Dn 7,10-14).
        Por lo tanto, por la iniciativa de un profeta, Salomón fue nombrado rey, así se cumplieron las profecías en su
sentido espiritual, que Cristo, Hijo de Dios, sería reconocido Rey pacífico, Rey de la gloria de Padre, atrayéndolo todo
hacia Él. Salomón ha llegado a ser Rey en vida de su padre, como Cristo fue establecido Rey por Dios, el Padre que no
puede morir. Sí, ciertamente, lo hizo Rey, «heredero de todas las cosas» (He 1,2), el que no muere y ni morirá jamás.
Y, lo que es admirable y único, Cristo, heredero de un Padre siempre vivo y que nunca morirá, murió, una vez por
todas; entró en la vida y no morirá nunca más.
        Entonces, Salomón «se sentó en la mula del Rey»(1R 1,38). Mejor dicho, sobre el trono de su Padre, es decir
sobre toda la Iglesia..., «por encima de principados, potestades, tronos y dominaciones» (Ef 1,21), y Cristo está
sentado ahora «a la derecha de la Majestad en los cielos» (He 1,3). Por ello toda la multitud sube a su casa, un
pueblo que canta y acoge con beneplácito. Y la tierra se estremece de su clamor. Nosotros también hemos
entendido la gran alegría de quienes proclamaban la gloria, es decir el júbilo de los apóstoles cuando hablaban en
todos los idiomas (Hchos. 2) ya que "por toda la tierra ha resonado su voz" y "sus palabras han llegado hasta los
confines del mundo" (Sal. 18,5).

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Rupert de Deutz 

«O Esposo está com eles»

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
De la Trinité et de ses oeuvres, 42, Sur Isaïe, 2, 26 (a partir da trad. Sr. Isabelle
de la Source, Lire la Bible, t. 6, p. 157 rev.)
«O Esposo está com eles»

«Com grande alegria rejubilei no Senhor e o meu coração exulta no meu Deus [...], como o noivo que cinge a fronte
com o diadema, como noiva que se adorna com suas jóias» (Is 61, 10). Cabeça e membros, Esposo e Esposa, Cristo e
a Igreja, somos um só corpo. De hoje em diante, brilhará para sempre no Cristo esposo a coroa do triunfo - Ele,
minha Cabeça, que sofreu algum tempo, enquanto sobre mim, Sua Esposa, luzirão as jóias das Suas vitórias e das
Suas graças.

«Assim como a terra produz os seus gérmens, e o jardim faz brotar as suas sementes, assim o Senhor Deus fará
brilhar a justiça e os hinos diante de todas as nações» (Is 61, 11). Ele é o Esposo e eu a Esposa; Ele é o Senhor Deus,
eu Sua terra e Seu jardim; Ele é o jardineiro e eu Seu campo. Aquele que, como Criador, é meu Senhor e meu Deus, é
também meu jardineiro porque Se fez homem. [...] Assim como o jardineiro planta e rega, e Deus dá o incremento,
assim também Aquele que é o Único plantará pela Sua humanidade e regará pelo anúncio da Boa Nova, dando o
incremento pela Sua divindade, graças ao Seu Espírito. E eu, a Igreja, farei eclodir o gérmen da justiça, da fé e do
louvor a Deus, não somente diante do povo judeu, mas diante de todas as nações. Elas verão as minhas boas obras
(Jo 15, 1) lendo as palavras e as obras dos patriarcas e dos profetas, ouvindo a voz dos apóstolos, e acolhendo a sua
luz; verão e acreditarão e glorificarão o Pai que está nos céus (Mt 5, 16).

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Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
De la Trinidad y de sus obras, 42, Sobre Isaías, 2, 26

« El novio está con ellos »


     « Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios...; como el esposo se pone la corona; como la esposa se
adorna con sus joyas.» Cabeza y miembros, Esposo y Esposa, Cristo y la Iglesia, somos un solo cuerpo. Desde ahora,
en Cristo el Esposo brillará para siempre la corona del triunfo –él, mi cabeza, que ha sufrido por algún tiempo-;
mientras que sobre mí, su Esposa, brillarán las joyas de sus victorias y de sus gracias.

     «Como el suelo echa sus brotes como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los
himnos ante todos los pueblos». Él es el Esposo, y yo la Esposa; él es el Señor Dios, y yo su tierra y su jardín; él es el
jardinero, y yo su campo. Así como él, por ser mi Creador es mi Señor y mi Dios, es también mi jardinero porque se
ha hecho hombre... Así como el jardinero «planta y riega y Dios da el crecimiento», de la misma manera él que es el
Único, por su humanidad va a plantar y regar anunciando la Buena Nueva, y por su divinidad dará el crecimiento
gracias a su Espíritu. Entonces yo, la Iglesia haré «brotar la justicia de la fe y la alabanza del Dios», no tan sólo ante el
pueblo judío, sino «ante todas las naciones». Ellas «verán mi buenas obras», leyendo las palabras y las acciones de
los patriarcas y de los profetas, escuchando la voz de los apóstoles y acogiendo su luz; ellas verán y creerán, y «así
darán gloria al Padre que está en los cielos».
(Referencias bíblicas: Is 61,10s; 1C 12,12; Rm 12,5; Ef 5,23; Jn 15,1; 1C 3,6-9; Mt 5,16)

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Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 


Sobre la Trinidad y sobre sus obras, I. 42: sobre Isaías, 2

«Una luz se levanta sobre los que habitan en el país de las tinieblas y en
sombras de muerte»
    Jesús se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y
Neftalí. Así se cumplió lo que el Señor había dicho por boca de Isaías: «... El pueblo que habitaba en las tinieblas ha
visto levantarse una gran luz»... Seguramente que al hablar de la visión o mejor de levantarse una gran luz, Mateo
quiere hacernos comprender la luminosa predicación del Salvador, el esplendor de la Buena Noticia del Reino de
Dios; antes que otras han sido las tierras de Zabulón y de Neftalí las que la oyeron de la misma boca del Señor...

     En verdad es en esta tierra que el Señor empezó a predicar, es en ellas que inauguró su predicación... Y los
apóstoles, que fueron los primeros en ver esta luz verdadera en los territorios de Zabulón y de Neptalí, llegaron a ser
ellos mismos «luz del mundo»... «Acrecentaste la alegría, continua el texto de Isaías, aumentaste el gozo; se gozan
en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín». Esta alegría será, efectivamente, la
alegría de los apóstoles, «una alegría multiplicada», cuando «vendrán como segadores trayendo sus gavillas» «como
se alegran al repartirse el botín», es decir, el diablo vencido... 

     En efecto, eres tú Señor y Salvador, que has quitado de sus hombros «el yugo que pesaba sobre ellos», ese yugo
del diablo que, en otro tiempo, cuando en el mundo reinaba sobre todas las naciones haciendo doblegar las nucas
bajo el yugo de una muy pesada esclavitud... Eres tú quien, sin ejército, sin efusión de sangre, en lo secreto de tu
poder, has liberado a los hombres para ponerlos a tu servicio... Sí, el diablo será «quemado, devorado por el fuego
eterno» porque «nos ha nacido un niño» el humilde Hijo de Dios «que lleva sobre sus hombros la insignia de su
poder» puesto que, siendo Dios, puede, por sus propias fuerzas, poseer la primacía... Y «su poder se extenderá»
porque reinará no sólo sobre los judíos como David, sino que su imperio se extenderá sobre todas las naciones
«desde ahora y por siempre».

     (Referencias bíblicas: Is 9,1-6; Mt 5,14; Sl 125,6)

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Rupert de Deutz 
«E aos que jaziam na sombria região da morte surgiu uma luz»

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Da Trindade e Suas obras, I. 42: Sobre Isaías, 2 (a partir da trad. Sr. Isabelle de
la Source, Lire la Bible, t. 6, p. 43)
«E aos que jaziam na sombria região da morte surgiu uma luz»

«Jesus retirou-se para a Galileia. Depois, abandonando Nazaré, foi habitar em Cafarnaum, cidade situada à beira-
mar, na região de Zabulão e Neftali. Assim se cumpriu o que o profeta Isaías anunciara: [...] O povo que jazia nas
trevas viu uma grande luz». Ao falar da visão, ou antes, do aparecimento de uma grande luz, Mateus quer fazer-nos
compreender a pregação luminosa do Salvador, o brilho da Boa Nova do Reino de Deus; primeiro que qualquer
outra, a região de Zabulão e Neftali ouviu-a da própria boca do Senhor. [...]

Com efeito, foi nesta região que o Senhor começou a pregar, foi aqui que Ele iniciou a Sua pregação. [...] E os
apóstolos que, antes de todos, viram esta luz verdadeira na região de Zabulão e Neftali, tornaram-se eles próprios
«luz do mundo». [...] «Eles regozijar-se-ão perante Ti, continua o texto de Isaías, como nos regozijamos ao fazer a
ceifa, como exultamos ao partilhar os despojos dos vencidos». Esta alegria será efectivamente a alegria dos
apóstolos, uma «alegria multiplicada» quando «eles vierem como ceifeiros trazendo os seus feixes de centeio» «e
como os vencedores partilhando os despojos dos vencidos», isto é, do diabo vencido. [...]

Foste Tu, com efeito, Senhor e Salvador, que removeste dos seus ombros «o jugo que pesava sobre eles», aquele
jugo do diabo que outrora triunfava no mundo quando reinava sobre todas as nações e fazia as nucas vergarem sob
o jugo de uma escravidão muito pesada. [...] Foste Tu que, sem exército e sem derramamento de sangue, no segredo
do Teu poder, libertaste os homens para os pores ao Teu serviço. [...] Sim, o diabo será «queimado, devorado pelo
fogo eterno», porque «nasceu um menino», o humilde Filho de Deus, «que traz no Seu ombro a insígnia do poder»
pois que, sendo Deus, pode pelas Suas próprias forças possuir a primazia. [...] E «o Seu poder estender-se-á» pois Ele
reinará não apenas sobre os judeus, como fez David, mas sobre todas as nações «daqui em diante e para sempre».

(Referências bíblicas: Is 9, 1-6; Mt 5, 14; Sl 125,6)

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Rupert de Deutz 

O cobrador de impostos foi libertado para o Reino de Deus

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
As Obras do Espírito Santo, IV, 14
O cobrador de impostos foi libertado para o Reino de Deus

Mateus, o publicano, recebeu por alimento «o pão da vida e da inteligência» (Sir 15, 3); e dessa mesma inteligência,
fez em sua casa um grande banquete para o Senhor Jesus, pois tinha recebido uma graça abundante, em
conformidade com o seu nome [que quer dizer «dom do Senhor»]. Um presságio desse banquete de graças havia
sido preparado por Deus: tendo sido chamado enquanto estava no seu posto de cobrança, seguiu a Cristo e
«ofereceu-Lhe, em sua casa, um grande banquete» (Lc 5, 29). Ofereceu-Lhe portanto um banquete, dos grandes –
um banquete real, diríamos.
Mateus é de facto o evangelista que nos mostra Cristo Rei através da Sua família e dos Seus actos. Logo no início da
obra, declara que se trata do livro da «Genealogia de Jesus Cristo, filho de David» (Mt 1, 1). Em seguida, comenta
como o recém-nascido é adorado pelos magos como rei dos judeus; depois, tecendo o resto da narração com régios
feitos e parábolas do reino, termina por fim com as próprias palavras de um Rei que já está coroado pela glória da
ressurreição: «Foi-Me dado todo o poder no Céu e na Terra» (28, 18). Se examinarmos bem o conjunto da sua
redacção, reconheceremos portanto que toda ela respira os mistérios do Reino de Deus. Nada de espantoso há
nisto; Mateus tinha sido publicano, lembrava-se de ter sido chamado do serviço público do reino de pecado para a
liberdade do Reino de Deus, do Reino de justiça. Como homem verdadeiramente grato para com o grande Rei que o
tinha libertado, serviu portanto com fidelidade as leis do Seu Reino.

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Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Las obras del Santo Espíritu, IV, 14

El recolector de impuestos liberado para el Reino de Dios

     El publicano Mateo recibió en alimento «el pan de vida e inteligencia» (Si 15,3); y de esta misma inteligencia hizo
en su casa un gran banquete para el Señor Jesús porque había sido hecho partícipe de una abundante gracia,
conforme a su nombre [que quiere decir «don del Señor»]. Dios había preparado un presagio de este festín de
gracia: llamado cuando estaba sentado a su puesto de recolector «siguió al Señor y le ofreció en su casa un gran
banquete» (Lc 5,29). Le ofreció, pues, un banquete, y un gran banquete, que nosotros llamaríamos, un banquete
real.

     En efecto, Mateo es el evangelista que nos muestra a Cristo Rey por su familia y por sus actos. Desde el principio,
dice en su obra «Libro de la genealogía de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mt 1,1). Seguidamente narra cómo el recién
nacido es adorado por los Magos con el título de rey de los judíos; después, entretejiendo todo el resto de su
narración de gestos reales y de parábolas del reino, al final acaba con estas palabras dichas por este rey ya coronado
con la gloria de la resurrección: «Me ha sido dado toda potestad en el cielo y en la tierra» (28,18). Si examinas con
atención todo el conjunto de su redacción reconocerás que en toda ella se respiran los misterios del Reino de Dios.
Nada de extraño hay todo ello; Mateo había sido publicano, se acordaba de haber sido llamado del servicio público
del reino del pecado a la libertad del Reino de Dios, del Reino de la justicia. Un hombre que no quiso ser ingrato para
con el gran rey que le había liberado, sirvió fielmente las leyes de su Reino.

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Rupert de Deutz 

«Eis a tua mãe!» 

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Comentário sobre o Evangelho de João, 13; PL 169, 789 (a partir da trad.
Tournay rev.)
«Eis a tua mãe!»

«Mulher, eis o teu filho!» «Eis a tua mãe!» Com que direito passa o discípulo que Jesus amava a ser filho da Mãe do
Senhor? Com que direito é Ela sua Mãe? É que Aquela que trouxera ao mundo, então de forma indolor, a causa da
salvação de todos, ao dar à luz na carne o Deus feito homem, é com enorme dor que agora dá à luz, de pé junto à
cruz.
Na hora da Sua paixão, o Senhor tinha comparado os Seus apóstolos a uma mulher que dá à luz, ao dizer: «A mulher,
quando está para dar à luz, sente tristeza, porque é chegada a sua hora; mas, depois de ter dado à luz o menino, já
se não lembra da aflição, pela alegria de ter vindo ao mundo um homem» (Jo 16, 21). Quanto mais compararia tal
Filho tal Mãe - essa Mãe que esteve de pé junto à cruz - a uma mulher que dá à luz! Comparar? Mas Ela é
verdadeiramente mulher e verdadeiramente mãe e, nesta hora, tem verdadeiras dores de parto. Ela não tinha
sofrido as dores do parto como as outras mulheres quando lhe nascera o Filho; é agora que as sofre, que é
crucificada, que sente a tristeza de quem dá à luz porque chegou a sua hora (cf Jo 13, 1; 17, 1). [...]

Quando tiver passado esta hora, quando esta espada de dor tiver trespassado por completo a sua alma que dá à luz
(Lc 2, 35), também Ela já se não lembrará da aflição, pela alegria de ter vindo ao mundo um homem, o homem novo,
que renova todo o género humano e reina sem fim sobre o mundo inteiro, verdadeiramente nascido, ultrapassado
todo o sofrimento, imortal, primogénito de entre os mortos. Tendo assim trazido ao mundo a salvação de todos nós
na paixão de seu único Filho, a Virgem é claramente a Mãe de todos nós.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=PT&module=commentary&localdate=20090915

Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Comentario al evangelio de Juan, 13; PL 169, 789   

«Ahí tienes a tu madre»

     «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre». ¿Con qué derecho el discípulo que Jesús amaba es el hijo de la
madre del Señor? ¿Con qué derecho ésta es su madre? Es porque ella había dado a luz, entonces sin dolor, al que es
la causa de la salvación de todos cuando de su carne nació el Dios hecho hombre. Ahora es con gran dolor que ella
da a luz estando de pié junto a la cruz.

     A la hora de su Pasión, el mismo Señor había, justamente, comparado a los apóstoles con una mujer que da a luz,
diciendo: «La mujer cuando va a dar a luz está triste porque le ha llegado su hora. Pero cuando el niño ya ha nacido
se olvida de sus angustias pasadas, porque en el mundo ha nacido un ser humano» (Jn 16,21). ¿Cuánto más un hijo
como él ha podido comparar una tal madre, esta madre que se encuentra de píe junto a la cruz, a una mujer que da
a luz? ¿Qué digo, comparar? Ella es verdaderamente mujer, y verdaderamente madre y, en esta hora sufre
auténticos dolores de parto. Ella no experimentó los dolores de parto cuando dio a luz a su hijo tal como las demás
mujeres; es ahora que ella sufre, que es crucificada, que experimenta la tristeza como la que da a luz porque ha
llegado su hora (cf Jn 13,1; 17,1)...

     Cuando esta hora habrá pasado, cuando la espada de dolor habrá traspasado enteramente su alma que da a luz
(Lc 2,35), entonces tampoco ella «se acordará ya más de la angustia sufrida, porque en el mundo ha nacido un ser
humano» –el hombre nuevo que renueva todo el género humano y reina sin fin sobre el mundo entero,
verdaderamente, más allá de todo sufrimiento, nacido inmortal, el primer nacido de entre los muertos. Sí, en la
Pasión de su hijo único, la Virgen ha dado a luz la salvación para todos, por eso es en verdad la madre de todos.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20090915

Rupert de Deutz 
«Para congregar na unidade os filhos de Deus que estavam dispersos»

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Comentário ao Evangelho de São João, livro 10; PL 169, 646 ss. (trad. En Calcat)

«Para congregar na unidade os filhos de Deus que estavam dispersos»

«Caifás, que era Sumo Sacerdote naquele ano, disse-lhes: "Vós não entendeis nada, nem vos dais conta de que vos
convém que morra um só homem pelo povo, e não pereça a nação inteira." Ora ele não disse isto por si mesmo.»
Que significam estas últimas palavras - «ele não disse isto por si mesmo»» -, senão que Caifás não tirou estas
palavras do fundo de si mesmo? Na verdade, já antes de Caifás existir, tinham sido proferidas estas palavras: «Jesus
tinha de morrer pelo povo.» Sim, estas palavras tinham sido reveladas aos santos profetas, tinham até sido
proferidas antes de os profetas virem a este mundo, antes de Abraão ter vindo à existência, antes de Adão ter sido
formado. Estas palavras estavam já na mente do Pai quando declarou: «Façamos o homem à Nossa imagem» (Gn 1,
26). Foi nessa altura que ficou dito que Jesus tinha de morrer pelo povo.

Portanto, Caifás não o disse por si mesmo, mas porque era o «Sumo Sacerdote naquele ano». E o que disse ele? [...]
Que era necessário que um só homem, um homem único, o Santos dos santos, o Sol da justiça, Jesus Cristo,
morresse pelo povo; e não apenas pelo povo saído de Abraão, mas ainda por todos aqueles que Deus tinha
destinado, desde a criação do mundo, a serem Seus filhos (Ef 1, 5). Esses que tinham sido expulsos do paraíso
original e dispersos pelos quatro cantos do mundo; era necessário reuni-los de toda a massa humana, até ao último
eleito.

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Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Comentario al Evangelio de san Juan, libro 10; PL 169, 646ss

«Para reunir a los hijos de Dios dispersos»

     «Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: 'Vosotros no entendéis ni palabra: no comprendéis que os
conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera'. Esto no lo dijo por propio impulso...»

     ¿Qué significan estas últimas palabras: «Esto no lo dijo por propio impulso» sino que Caifás no sacó estas palabras
del fondo de sí mismo? En realidad, antes que existiera Caifás, ya se habían dicho estas palabras: «Jesús debía morir
por el pueblo». Sí, éstas palabras habían sido reveladas a los santos profetas, incluso habían sido pronunciadas antes
que los profetas vinieran al mundo, antes que Abrahán existiera, antes que Adán fuera formado. Estas palabras
estaban ya en el beneplácito del Padre cuando declaró: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» (Gn
1,26). Fue entonces que ya se dijo que Jesús debía morir por el pueblo.

     Caifás, pues, no dijo esto de sí mismo. Sino que «por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente». ¿Y
qué, pues?... Que era necesario que un solo hombre, un hombre único, el Santo de los santos, el Sol de justicia,
Jesucristo, muriera por el pueblo, y no solamente por el pueblo salido de Abrahán, sino por todos aquellos que Dios
había destinado, desde la creación del mundo, a que fueran, por él, hijos (cf Ef 1,5). Habían sido echados del Paraíso
original y dispersados por los cuatro vientos del mundo; era necesario reunir a toda la masa humana, hasta el último
elegido.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20090404

Rupert de Deutz 

«O esposo está com eles»

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
A Santíssima Trindade e as suas obras, livro 42, sobre Isaías, 2, 26 (trad. Ir.
Isabelle de la Source, Lire la Bíble, Mediaspaul, t. 6, p. 156)
«O esposo está com eles»
«Com grande alegria rejubilei no Senhor e o meu coração exulta no meu Deus.» (Is 61,10). [...] A vinda, a presença
do Senhor de que fala o profeta neste versículo é o beijo que deseja a esposa do Cântico dos Cânticos quando diz:
«Ah! Beija-me com ósculos da tua boca!» (Cant 1,2). E esta esposa fiel é a Igreja: nasceu dos patriarcas, noivou em
Moisés e nos profetas; com o desejo ardente do seu coração, suspira pela vinda do seu Bem-Amado. [...] Cheia de
alegria, agora que recebeu este beijo, exclama na sua felicidade: «Eu exulto de alegria no Senhor!»
Participando nesta alegria, João Baptista, o ilustre «amigo do Esposo», o confidente dos segredos do Esposo e da
esposa, o testemunho do seu amor mútuo, declara: «Quem tem a esposa é o esposo; e o amigo do esposo, que o
acompanha e escuta, alegra-se sobremaneira, ouvindo a voz do esposo. Essa é a minha alegria, que agora é
completa.» (Jo 3,29). Indubitavelmente, o que foi o precursor do Esposo no seu nascimento, o precursor também da
sua Paixão quando desceu aos infernos, anunciou a Boa Nova à Igreja que se encontrava à espera. [...]
Por conseguinte, este versículo ajusta-se completamente à Igreja jubilosa que, na mansão dos mortos, se apressa a ir
ao encontro do Esposo: «Com grande alegria rejubilei no Senhor e o meu coração exulta no meu Deus.» E qual é a
causa da minha alegria? Qual é o motivo do meu júbilo? «Porque me revestiu com a roupagem da salvação e me
cobriu com o manto da justiça» (Is 61,10). Em Adão, tinha sido despida, tinha tido de juntar folhas de figueira para
esconder a minha nudez; miseravelmente coberta de túnicas de pele, fui expulsa do paraíso (Gn 3,7.21). Mas hoje, o
meu Senhor e meu Deus converteu as folhas em roupagem da salvação. Pela sua Paixão, ele revestiu-me com uma
primeira roupa, a do baptismo e da remissão dos pecados; e, no lugar da túnica de peles da mortalidade, envolveu-
me numa segunda roupa, a da ressurreição e da imortalidade.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=PT&module=commentary&localdate=20090119

Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
La Trinidad y sus obras, libro 42, sobre Isaías, 2,26

«El Esposo está con ellos»

     «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios» (Is 61,10)... El advenimiento, la presencia del Señor, de
la que habla el profeta en este versículo, es el beso que desea la esposa del Cántico de los cánticos, cuando dice:
'Que me bese con beso de su boca'» (Ct 1,1). Y esta esposa fiel es la Iglesia: ella nació en los patriarcas, se desposó
en Moisés y en los profetas; con ardiente deseo de su corazón suspiraba por la venida del Amado... Llena del gozo
ahora por el beso que ha recibido, exclama gozosa: «¡Desbordo de gozo con el Señor!»

     Participando de este gozo, Juan Bautista, el ilustre «amigo del Esposo», el confidente de los secretos del Esposo y
de la esposa, el testigo de su amor mutuo, declara: «El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del
esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo. Pues esta alegría mía está colmada» (Jn 3,29). Sin duda
alguna, el que fue precursor del Esposo en su nacimiento, también el precursor de su Pasión, cuando el Esposo
descendió a los infiernos anunció la Buena Nueva a la Iglesia que se encontraba allí, esperando...

     Este versículo, pues, se refiere totalmente a la Iglesia exultante, cuando, en los infiernos, se apresura a ir al
encuentro del Esposo: «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios. ¿Cuál es la causa de mi gozo? ¿Cuál
es el motivo de mi exultación? Es porque me ha revestido con traje de gala y me envuelto en un manto de triunfo» (v
11). En Adán fui desnudada, me fue necesario juntar hojas de higuera para esconder mi desnudez; miserablemente
cubierta con túnicas de piel, fui echada del paraíso (Gn 3, 7-21). Pero hoy, mi Señor y mi Dios ha sustituido las hojas
por el traje de gala. A causa de su Pasión en nuestra carne, me ha puesto un primer vestido, el del bautismo y la
remisión de los pecados; y en lugar de la túnica de piel de la mortalidad, me ha envuelto en un segundo vestido, el
de la resurrección y de la inmortalidad.

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Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 


De la Santa Trinidad, 42
«El Espíritu del Señor está sobre mí»
«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido'» (Is
61,1). Es como si Cristo dijera: Porque el Señor me ha ungido, he dicho sí, verdaderamente digo y lo sigo diciendo
todavía: El Espíritu del Señor está sobre mí. ¿Dónde, en qué momento, pues, el Señor me ha ungido? Me ungió
cuando fui concebido, o mejor dicho, me ungió a fin de que fuera concebido en el seno de mi madre. Porque no es
de la simiente de un hombre que una mujer me concibió, sino que una virgen me concibió por la unción del Espíritu
Santo. Es entonces que el Señor me selló con la unción real; me consagró rey por la unción y, en el mismo momento,
me consagró sacerdote. Una segunda vez, en el Jordán, el Señor me consagró por este mismo Espíritu...

     Y ¿por qué el Espíritu del Señor está sobre mí?... «Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, curar los
corazones desgarrados» (Is 61,1). No me ha enviado para los orgullosos y los «sanos», sino como «un médico para
los enfermos» y los corazones destrozados. No me ha enviado «para los justos» sino «para los pecadores» (Mc 2,17).
Ha hecho de mí «un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos (Is 53,3), un hombre manso y humilde de
corazón» (Mt 11,29). «Me ha enviado a proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad»... ¿A qué
prisioneros, o mejor, a qué prisión he de anunciar la libertad? Después que «por un hombre entró el pecado en el
mundo y por el pecado la muerte» (Rm 5,12) todos los hombres son prisioneros del pecado, todos los hombres son
cautivos de la muerte... «He sido enviado a consolar a todos los afligidos de Sión, todos los que sufren por haber
sido, a causa de sus pecados, destetados y separados de su madre, la Sión de arriba (Ga 4,26)... Sí, yo los consolaré
dándoles «una diadema de gloria en lugar de las cenizas» de la penitencia, «aceite de júbilo» es decir, la consolación
del Espíritu Santo «en lugar del dolor» de verse huérfanos y exiliados, y «un vestido de fiesta», es decir, «en lugar de
la desesperación», la gloria de la resurrección (Is 61,3).

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20090110

Rupert de Deutz 

"Na tua posteridade serão abençoadas todas as nações da Terra" (Gn 28,14)

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
De Divinis Officiis, 3, 18 (trad. de Lubac, Catholicisme, p. 333)
"Na tua posteridade serão abençoadas todas as nações da Terra" (Gn 28,14)

Em São Mateus lemos a genealogia de Cristo. Este costume tradicional da Santa Igreja tem bons e misteriosos
motivos. Verdadeirmente este texto apresenta-nos a escada que Jacob viu de noite, durante o seu sono(Gn 28,11s).
Apoiado no alto dessa escada, que tocava os céus, o Senhor apareceu a Jacob e prometeu-lhe a herança da terra. [...]
Ora, sabemos que «a sua vinda é-nos apresentada de forma simbólica» (1Co 10,11). Então o que prefigura essa
escada, senão a linhagem da qual Jesus deveria nascer, linhagem que o santo evangelista, com um sopro divino, faz
subir, de maneira que chegasse a Jesus passando por José? E a este José o Senhor confiou o Menino. Pela «Porta do
Céu» (Gn 28,17)[...], quer dizer, pela bem-aventurada Virgem, sai Nosso senhor a chorar, feito criança por nós. [...]
No seu sono, Jacob ouviu que o Senhor lhe dizia: «Na tua posteridade serão abençoadas todas as nações da terra» e
este facto realizou-se com o nascimento de Cristo.

Era o que o evangelista tinha em vista quando,na genealogia de Jesus, inseriu Rahab, a prostituta, e Rute, a moabita;
porque efectivamente viu que Cristo não encarnou apenas para os judeus, mas também para os pagãos, Ele que Se
dignou receber os anciãos consagrados entre os pagãos. Por conseguinte,  vindos dos dois povos, judeus e pagãos,
como os dois lados da escada, os anciãos colocados em diferentes degraus recebem Cristo Senhor que desce do alto
dos céus. E todos os santos anjos descem e sobem por esta escada, por onde os eleitos são descidos, para
receberem humildemente a fé na encarnação do Senhor, sendo depois elevados a fim de contemplarem a glória da
Sua divindade.
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=PT&module=commentary&localdate=20081217

Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Del Oficio Divino, 3, 18

«Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya»

     Se nos lee la genealogía de Cristo en san Mateo. Esta costumbre, tradicional en la santa Iglesia, tiene un bello y
misterioso motivo. Porque en verdad esta lectura nos presenta la escalera que Jacob vio de noche durante un sueño
(Gn 28,11s). En lo alto de esta escalera, que por la parte alta tocaba al cielo, el Señor, apoyado en ella, se apareció a
Jacob y le prometió darle en herencia la tierra... Ahora bien, sabemos que «estas cosas sucedieron en figura para
nosotros» (1C 10,11), ¿Qué prefiguraba, pues, esta escalera sino la casta de la que Jesucristo debía nacer, casta que
el santo evangelista, con boca divina, ha hecho subir de manera tal que acaba en Cristo pasando por José? Es en este
José a quien Jesús, niño pequeño, se apoyó. A través de la «puerta del cielo» (Gn 28,17)..., es decir, por la
Bienaventurada Virgen María, hecho niño por nosotros, salió gimiendo... Durante el sueño, Jacob oyó que el Señor le
decía: «Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya» y ahora por el nacimiento de Cristo, se
cumple esta realidad.

     Es  esto mismo lo que el evangelista veía cuando puso en su genealogía a Rahab la prostituta y a Ruth la moabita;
porque veía muy claro que Cristo no vino en la carne solamente para los judíos, sino también para los paganos, él
que se digno recibir antepasadas salidas de entre los paganos. Venidos, pues, de los dos pueblos, judíos y paganos,
como los dos lados de la escalera, los padres antiguos, situados a diferentes grados, sostienen a Cristo Señor que sale
de lo alto de los cielos. Y todos los santos ángeles bajan y suben a lo largo de esta escalera, y todos los elegidos
entran, primero, en el movimiento de descenso de esta escalera para recibir, humildemente, la fe en la encarnación
del Señor, y seguidamente son elevados a fin de contemplar la gloria de su divinidad.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20081217

Rupert de Deutz 

“O Espírito do Senhor está sobre mim”

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Sobre a Santíssima Trindade, 42
“O Espírito do Senhor está sobre mim”

“Cumpriu-se hoje esta palavra da Escritura que acabais de ouvir: ‘O Espírito do Senhor repousa sobre mim, porque o
Senhor me ungiu’ (Is 61, 1).” É como se Cristo tivesse dito: Porque o Senhor Me ungiu, Eu disse sim, disse-o
verdadeiramente, e volto a dizê-lo: O Espírito do Senhor repousa sobre Mim. Onde foi, pois, em que momento foi
que o Senhor Me ungiu? Ungiu-Me quando fui concebido, ou melhor, ungiu-Me a fim de que fosse concebido no
seio de Minha Mãe. Porque não foi da semente de um homem que uma mulher Me concebeu, antes uma Virgem
Me concebeu da unção do Espírito Santo. Foi então que o Senhor Me assinalou com a unção real; consagrou-Me rei
ungindo-Me, ao mesmo tempo que Me consagrava sacerdote. E pela segunda vez, no Jordão, o Senhor consagrou-
Me por esse mesmo Espírito. […]

E por que está o Espírito do Senhor sobre Mim? […] “Enviou-me a levar a boa nova aos pobres, a curar os corações
despedaçados” (Is 61, 1). Não Me enviou aos orgulhosos nem aos “que têm saúde”, mas como “médico aos doentes”
e aos corações despedaçados. Não Me enviou “aos justos” mas “aos pecadores” (Mc 2, 17). Fez de Mim um “homem
de dores, experimentado nos sofrimentos” (Is 53, 3), um homem “manso e humilde de coração” (Mt 11, 29). Enviou-
Me “a anunciar a amnistia aos cativos e a liberdade aos prisioneiros” (Is 61, 1). […] A que prisioneiros, ou antes, de
que prisão venho anunciar a libertação? A que cativos venho anunciar a liberdade? Desde que “por um só homem
entrou o pecado no mundo e, pelo pecado, a morte” (Rom 5, 12), todos os homens são prisioneiros do pecado,
todos são cativos da morte. […] Eu fui enviado “a consolar […] os amargurados de Sião” (Is 61, 2-3), todos quantos se
afligem por terem sido, devido aos seus pecados, privados e separados de sua mãe, a “Jerusalém lá do alto” (Ga 4,
26). […] Sim, consolá-los-ei dando-lhes “uma coroa em vez das cinzas” da penitência, o “óleo da alegria”, ou seja, a
consolação do Espírito Santo, “em vez do luto” da orfandade e do exílio, uma veste de festa, ou seja, a glória da
Ressurreição “em vez do desespero” (Is 61, 3).

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=PT&module=commentary&localdate=20080110

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Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
De la Santa Trinidad, 42

“El Espíritu del Señor está sobre mí”

     “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido’” (Is
61,1). Es como si Cristo dijera: Porque el Señor me ha ungido, he dicho sí, verdaderamente digo y lo sigo diciendo
todavía: El Espíritu del Señor está sobre mí. ¿Dónde, en qué momento, pues, el Señor me ha ungido? Me ungió
cuando fui concebido, o mejor dicho, me ungió a fin de que fuera concebido en el seno de mi madre. Porque no es
de la simiente de un hombre que una mujer me concibió, sino que una virgen me concibió por la unción del Espíritu
Santo. Es entonces que el Señor me selló con la unción real; me consagró rey por la unción y, en el mismo momento,
me consagró sacerdote. Una segunda vez, en el Jordán, el Señor me consagró por este mismo Espíritu…

     Y ¿por qué el Espíritu del Señor está sobre mí?... “Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, curar los
corazones desgarrados” (Is 61,1). No me ha enviado para los orgullosos y los “sanos”, sino como “un médico para los
enfermos” y los corazones destrozados. No me ha enviado “para los justos” sino “para los pecadores” (Mc 2,17). Ha
hecho de mí “un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos (Is 53,3), un hombre manso y humilde de
corazón” (Mt 11,29). “Me ha enviado a proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad”… ¿A qué
prisioneros, o mejor, a qué prisión he de anunciar la libertad? Después que “por un hombre entró el pecado en el
mundo y por el pecado la muerte” (Rm 5,12) todos los hombres son prisioneros del pecado, todos los hombres son
cautivos de la muerte… “He sido enviado a consolar a todos los afligidos de Sión, todos los que sufren por haber sido,
a causa de sus pecados, destetados y separados de su madre, la Sión de arriba (Ga 4,26)… Sí, yo los consolaré
dándoles “una diadema de gloria en lugar de las cenizas” de la penitencia, “aceite de júbilo” es decir, la consolación
del Espíritu Santo “en lugar del dolor” de verse huérfanos y exiliados, y “un vestido de fiesta”, es decir, “en lugar de
la desesperación”, la gloria de la resurrección (Is 61,3).

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Rupert de Deutz 

"Pondo o olhar em Jesus que passava"

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
Homilia sobre S. João
"Pondo o olhar em Jesus que passava"

“João estava de pé, com dois dos seus discípulos, quando Jesus ia a passar”. Trata-se, com efeito, de uma atitude
corporal mas que traduz alguma coisa da missão de João, da veemência da sua palavra e da sua acção. Mas, segundo
o evangelista, trata-se ainda mais profundamente daquela tensão viva, sempre em suspenso no profeta. João não se
contentava com cumprir exteriormente o seu papel de precursor; guardava sempre vivo no seu coração o desejo do
Senhor que ele tinha reconhecido no baptismo… Sem dúvida alguma, João vivia totalmente uma tensão para com
Nosso Senhor. Desejava revê-lo, porque ver Jesus era a salvação para quem o confessava, a glória para quem o
anunciava, a alegria para quem o revelava. João estava pois ali, de pé, erguido com todo o ardor do seu coração;
estava hirto; esperava o Cristo ainda oculto pela sombra da sua humildade…
Com João, estavam dois dos seus discípulos, de pé como o mestre, primícias desse povo preparado pelo precursor,
certamente que não para si mas para o Senhor. Vendo Jesus que passava, João diz: “Eis o Cordeiro de Deus!” Notem
os termos precisos desta narrativa: à primeira vista tudo é claro mas, para quem penetra o sentido profundo, tudo é
denso de mistério. “Jesus passava”… Que quer isto dizer senão que o Filho de Deus veio partilhar a nossa natureza
de homem que passa, que muda? Ele, que os homens não conheciam, faz-se conhecer e amar passando no meio de
nós. Veio no seio da Virgem. Depois, passou do seio da Mãe para o presépio e do presépio para a cruz, da cruz para o
túmulo; do túmulo subiu ao céu… Também o nosso coração, se aprender a desejar Cristo como João, reconhecerá
Jesus que passa, se se puser a segui-lo, chegará como os discípulos ao lugar onde Jesus habita – no Mistério da sua
Divindade.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=PT&module=commentary&localdate=20060104

Leer el comentario del Evangelio por 


Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Homilía sobre San Juan

“Fijándose en Jesús que pasaba...” (Jn 1,36)

   “Juan se encontraba (de pie) en aquel mismo lugar con dos de sus discípulos cuando Jesús pasaba.” (Jn 1, 35) Se
trata de una actitud que traduce algo de la misión de Juan, de su vehemencia de palabra y de acción. Pero, según el
evangelista, se trata más profundamente de esta viva tensión siempre en suspense en el profeta. Juan no se
contentaba de desempeñar su papel de precursor; guardaba en su corazón el deseo vivo del Señor que había
reconocido en el bautismo... Sin duda alguna, Juan estaba totalmente pendiente de Nuestro Señor. Deseaba verlo,
porque ver a Jesús era la salvación para aquel que lo confesaba, la gloria para aquel que lo anunciaba, la alegría para
aquel que lo mostraba. Juan se encontraba pues allí, “de pie”, encendido en su corazón. Esperaba a Cristo todavía
escondido bajo la sombra de su humildad...

       Con Juan estaban dos de sus discípulos, primicias de este pueblo preparado por el precursor, no para él mismo,
por cierto, sino para el Señor. Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice: “Este es el cordero de Dios.” (Jn 1, 36) Fijaos en
este relato: A primera vista, todo está claro, pero, para el que penetra en el sentido profundo, todo está cargado de
misterio. “Jesús pasaba”... Qué decir, sino que el Hijo de Dios ha venido a participar en nuestra naturaleza humana
que pasa, que cambia. Él, a quien los hombres no conocían, se ha dado a conocer y a amar pasando entre nosotros.
Ha venido en el seno de la Virgen, luego ha pasado del seno de su madre al pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz
a la tumba, de la tumba se ha levantado al cielo...

       Nuestro corazón aprende también a desear a Cristo como Juan, reconocer a Jesús que pasa. Si nos disponemos a
seguirle, llegaremos, como  los dos discípulos allí donde Jesús mora, en el misterio de su divinidad.

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Rupert de Deutz 
O discípulo que "penetrou o mistério de Deus, onde estão escondidos todos os
tesouros da sabedoria e do conhecimento" (Col 2,3)

Comentário do dia 
Rupert de Deutz (c. 1075-1130), monge beneditino 
As Obras do Espírito Santo
O discípulo que "penetrou o mistério de Deus, onde estão escondidos todos os tesouros da sabedoria e do
conhecimento" (Col 2,3)

Proporcionalmente à graça que fazia que Jesus o amasse e que lhe permitiu repousar sobre o peito de Jesus durante
a Ceia (Jo 13,23), João recebeu com abundância a inteligência e a sabedoria [os dons do Espírito] (Is 11,2) - a
inteligência para compreender as Escrituras e a sabedoria para redigir os seus próprios livros com uma arte
admirável. A bem dizer, ele não recebeu estes dons a partir do momento em que repousou sobre o peito do Senhor,
mesmo se, em consequência disso, ele tenha podido beber nesse coração "onde estão escondidos todos os tesouros
de sabedoria e de ciência" (Col 2,3). Quando diz que, entrando no túmulo, "viu e acreditou", João reconhece "que
eles não conheciam ainda as Escrituras e que tinha sido preciso que Jesus ressuscitasse dos mortos" (Jo 20,9). Tal
como os outros apóstolos, João recebeu a sua medida plena no Pentecostes, quando veio o Espírito Santo, quando a
graça foi dada a cada um "de acordo com a medida do dom de Cristo" (Ef 4,7)...
O Senhor Jesus amou este discípulo mais do que os outros..., e abriu-lhe os segredos do céu... para fazer dele o
escritor do mistério profundo acerca do qual o homem não pode dizer nada por si mesmo: o mistério do Verbo de
Deus, do Verbo que se fez carne. Mas, ainda que o amasse, não foi a ele que Jesus disse: "Tu és Pedro e sobre esta
pedra construirei a minha Igreja" (Mt 16,18)... Embora amasse todos os seus discípulos e sobretudo Pedro com um
amor do espírito e da alma, nosso Senhor amou João com um amor do coração... Na ordem do apostolado, Simão
Pedro recebeu o primeiro lugar e "as chaves do Reino dos céus" (Mt 16,19); quanto a João, ele obteve uma outra
herança: o espírito de inteligência, "um tesouro de alegria e júbilo" (Si 15,15). 

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=PT&module=commentary&localdate=20051227

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 


Homilía sobre San Juan

«Vio a Jesús que pasaba...» (Jn 1,36)


      «Juan estaba allí, de pie, con dos de sus discípulos cuando Jesús pasaba.» Se trata de una postura corporal que
traduce algo de la misión de Juan, de su vehemencia de palabra y de acción. Pero, según el evangelista, se trata
también, más profundamente, de esta viva tensión, siempre presente entre los profetas. Juan no se contentaba de
desempeñar exteriormente su papel de precursor. El guardaba en su corazón el vivo deseo de ver a su Señor  a quien
había reconocido en el bautismo... Sin duda alguna,  Juan tendía hacia el Señor con todo su ser. Deseaba verlo de
nuevo, porque ver a Jesús era la salvación para quien le confesaba, la gloria para quien lo anunciaba, la alegría para
quien lo mostraba. Juan se tenía de pie, alerta por el deseo profundo de su corazón. Se mantenía de pie, esperaba a
Cristo todavía disimulado en la sombra de su humildad...

      Con Juan estaban dos de sus discípulos, de pie como su maestro, primicias de aquel pueblo preparado por el
precursor, no por él mismo, sino por el Señor. Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice. «Este es el Cordero de Dios!»
Prestad atención a las palabras de esta narración. A primera vista, todo parece claro, pero para quien penetra en el
sentido profundo, todo se manifiesta cargado de significado y misterio. «Jesús pasaba...» Qué significa sino que Jesús
vino a participar en nuestra naturaleza humana que pasa, que cambia. El, a quien los hombres no conocían, se da a
conocer y amar pasando por en medio de nosotros. Vino en el seno de la Virgen. Luego, pasó del seno de su madre
al pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz al sepulcro, del sepulcro se levantó al cielo... Nuestro corazón también,
si aprende a desear a Cristo como Juan, reconocerá a Jesús cuando pase. Si le sigue, llegará como los discípulos al
sitio donde mora Jesús: en el misterio de su divinidad.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20050104
Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 
Sobre la Trinidad; PL 167, 787,789,791

“El Espíritu del Señor está sobre mí porque el Señor me ha ungido”


El óleo con que el Hijo de Dios fue ungido es el Espíritu Santo. Por eso se le llama “el Ungido, el Mesías, Cristo en
griego”. La unción de los reyes, de los profetas y de los sacerdotes no era más que un signo, una réplica material de
la unción del Mesías... La Iglesia recibió el Espíritu Santo en los patriarcas, los reyes y los profetas antes que fuera
ungido el Santo de los santos, el Sumo Pontífice, Jesús, el Cristo, Hijo de Dios...

El sacerdocio antiguo, figura del sacerdocio definitivo, es consagrado por el óleo y la sangre, porque el Sumo
Pontífice del Tabernáculo verdadero y auténtico (Hb 9,11ss) fue consagrado primero con Espíritu Santo y luego por
su propia sangre.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20040108

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130), monje benedictino 


Homilía sobre el evangelio de Juan

“Fijándose en Jesús que pasaba”


    “Juan estaba allí, de pie, con dos de sus discípulos cuando Jesús pasaba”. Se trata de una postura corporal que
traduce algo de la misión de Juan, de su vehemencia de palabra y de acción. Pero, según el evangelista, se trata
también, más profundamente, de esta viva tensión, siempre presente entre los profetas. Juan no se contentaba con
desempeñar exteriormente su papel de precursor. El guardaba en su corazón el vivo deseo de ver a su Señor a quien
había reconocido en el bautismo... Sin duda alguna, Juan tendía hacia el Señor con todo su ser. Deseaba verlo de
nuevo, porque ver a Jesús era la salvación para quien le confesaba, la gloria para quien lo anunciaba, la alegría para
quien lo mostraba. Juan se mantiene de pie, alerta por el deseo profundo de su corazón. Se mantenía de pie,
esperaba a Cristo todavía oculto en la sombra de su humildad...

    Con Juan estaban dos de sus discípulos, de pie como su maestro, primicias de aquel pueblo preparado por el
precursor, no por él mismo, sino por el Señor. Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice. “Este es el Cordero de Dios”
Prestad atención a las palabras de esta narración. A primera vista, todo parece claro, pero para quien penetra en el
sentido más profundo, todo se manifiesta cargado de significado y misterio. “Jesús pasaba”: Qué significa sino que
Jesús vino a participar en nuestra naturaleza humana que pasa, que cambia. Él, a quien los hombres no conocían, se
da a conocer y amar pasando entre nosotros. Vino en el seno de la Virgen. Luego, pasó del seno de su madre al
pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz al sepulcro, del sepulcro ascendió al cielo... Nuestro corazón también, si
aprende a desear a Cristo como Juan, reconocerá a Jesús cuando pase. Si le sigue, llegará como los discípulos al lugar
donde mora Jesús: en el misterio de su divinidad.

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=commentary&localdate=20030104

Do Comentário sobre o Evangelho de S. João, de Ruperto de Deutz, abade

O pão que eu darei é a minha carne para a vida do mundo


O pão que eu darei é a minha carne para a vida do mundo  (Jo 6, 51). Os convidados de meu Pai foram consumidos
pela morte por causa do alimento proibido que seu pai comera; descendo suas almas aos abismos e seus corpos aos
sepulcros. Também eu, pão dos anjos, serei consumido e descerei com a substância que alimenta os anjos à mansão
dos mortos, onde as almas passam fome; enquanto isso, meu corpo se esconderá três dias e três noites no ventre do
peixe. Então as almas, recriadas pela visão de Deus reviverão, e os corpos ressurgirão no futuro. Aos que ainda se
acham nesta terra, o mesmo pão é oferecido sob forma apropriada aos vivos, no sacrifício de pão e vinho, segundo a
ordem de Melquisedeque.

O pão que eu darei é a minha carne para a vida do mundo.  Esta é a grande consolação dos pobres: o Espírito Santo,
ao descer sobre mim, enviou-me a evangelizá-los. Seja isto grande e incomparável motivo de alegria para todos os
povos da terra, que pedi a meu Pai e recebi como herança. Estes, aos quais o Pai me enviou,  não receberão menos
que seus antepassados no deserto o pão vivo que o Pai lhes deu e sobre o qualcolocou o seu selo  (Jo 6, 44.27). Pois
vim até eles para saciá-los. Depois que o inferno me houver tragado e eu o tiver vencido, como também à morte
encerrada em seu seio, e depois que eu tiver ido ao encontro dos santos e dos justos que passam fome, dando a
todos a vida, então aos que permanecerem comigo, darei o pão em que está presente a minha própria carne, isto é,
aquele corpo que, saindo são e salvo do ventre do peixe, permanecerá para sempre à direita do Pai. Nesta vida o
homem comerá, de modo a ele apropriado, o pão dos anjos que eu lhe darei e o Pai entrega aos que não estão mais
nesta terra, a fim de que comam e ressuscitem: agora as almas, no último dia os corpos.

O pão que eu darei é a minha carne para a vida do mundo.  Na verdade, o Pai entregou o pão dos anjos para que ele
tomasse um corpo e morresse, a fim de dar vida aos mortos. Este pão do céu nos dá um pão terrestre, que ele
mesmo transforma em sua própria carne, para dar a vida eterna aos vivos que assim o podem comer. O Verbo, pão
dos anjos, fez-se carne, assumindo um corpo; e o mesmo Verbo, tendo assumido a carne, torna-se pão visível, não
porque se transforma em pão, mas porque assume o pão na unidade de sua pessoa.

Conseqüentemente, como pela unidade da pessoa o proclamamos verdadeiro Deus em nossa carne, gerada da
Virgem Maria, também proclamamos, com fé íntegra e católica, que este pão visível, que a invisível divindade do
mesmo Verbo assumiu e transformou em sua carne, é na verdade o corpo de Cristo.

Disse, portanto: O pão que eu darei é a minha carne para a vida do mundo.  Isto é: para que o mundo redimido coma
e viva, purificado primeiro, pelo batismo, da mancha do alimento insinuado e oferecido pela serpente.

Commentarium in Evangelium Sancti Ioannis,  liber 6, 51-52


(Corpus Christianorum Latinorum, Continuatio Mediævalis 9, 356-357)                                                    

 http://www.osb.org.br/lectio_13agosto06.html

Ruperto de Deutz, monje benedictino

Obras: Vino para todos.


Del Oficio Divino, 3, 18.

«Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya» (cf. Mt 1,16).

Se nos lee la genealogía de Cristo en san Mateo. Esta costumbre, tradicional en la santa Iglesia, tiene un bello y
misterioso motivo. Porque en verdad esta lectura nos presenta la escalera que Jacob vio de noche durante un sueño
(Gn 28,11s). En lo alto de esta escalera, que por la parte alta tocaba al cielo, el Señor, apoyado en ella, se apareció a
Jacob y le prometió darle en herencia la tierra… Ahora bien, sabemos que «estas cosas sucedieron en figura para
nosotros» (1Co 10,11), ¿Qué prefiguraba, pues, esta escalera sino la casta de la que Jesucristo debía nacer, casta que
el santo evangelista, con boca divina, ha hecho subir de manera tal que acaba en Cristo pasando por José? Es en este
José a quien Jesús, niño pequeño, se apoyó. A través de la «puerta del cielo» (Gn 28,17)…, es decir, por la
Bienaventurada Virgen María, hecho niño por nosotros, salió gimiendo… Durante el sueño, Jacob oyó que el Señor le
decía: «Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya» y ahora por el nacimiento de Cristo, se
cumple esta realidad.

Es esto mismo lo que el evangelista veía cuando puso en su genealogía a Rahab la prostituta y a Ruth la moabita;
porque veía muy claro que Cristo no vino en la carne solamente para los judíos, sino también para los paganos, él
que se digno recibir antepasadas salidas de entre los paganos. Venidos, pues, de los dos pueblos, judíos y paganos,
como los dos lados de la escalera, los padres antiguos, situados a diferentes grados, sostienen a Cristo Señor que sale
de lo alto de los cielos. Y todos los santos ángeles bajan y suben a lo largo de esta escalera, y todos los elegidos
entran, primero, en el movimiento de descenso de esta escalera para recibir, humildemente, la fe en la encarnación
del Señor, y seguidamente son elevados a fin de contemplar la gloria de su divinidad.

https://www.deiverbum.org/mt-01_01-17/#Concilio_de_Efeso_c_6
Ruperto de Deutz, monje benedictino

Tratado:

Sobre la Trinidad y sobre sus obras, I. 42: sobre Isaías, 2.


«Una luz se levanta sobre los que habitan en el país de las tinieblas y en sombras de muerte» (Mt 4,16).
Jesús se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y
Neftalí. Así se cumplió lo que el Señor había dicho por boca de Isaías: «… El pueblo que habitaba en las tinieblas ha
visto levantarse una gran luz»… Seguramente que al hablar de la visión o mejor de levantarse una gran luz, Mateo
quiere hacernos comprender la luminosa predicación del Salvador, el esplendor de la Buena Noticia del Reino de
Dios; antes que otras han sido las tierras de Zabulón y de Neftalí las que la oyeron de la misma boca del Señor…

En verdad es en esta tierra que el Señor empezó a predicar, es en ellas que inauguró su predicación… Y los apóstoles,
que fueron los primeros en ver esta luz verdadera en los territorios de Zabulón y de Neftalí, llegaron a ser ellos
mismos «luz del mundo»… «Acrecentaste la alegría, continua el texto de Isaías, aumentaste el gozo; se gozan en tu
presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín». Esta alegría será, efectivamente, la alegría de
los apóstoles, «una alegría multiplicada», cuando «vendrán como segadores trayendo sus gavillas» «como se alegran
al repartirse el botín», es decir, el diablo vencido…

En efecto, eres tú Señor y Salvador, que has quitado de sus hombros «el yugo que pesaba sobre ellos», ese yugo del
diablo que, en otro tiempo, cuando en el mundo reinaba sobre todas las naciones haciendo doblegar las nucas bajo
el yugo de una muy pesada esclavitud… Eres tú quien, sin ejército, sin efusión de sangre, en lo secreto de tu poder,
has liberado a los hombres para ponerlos a tu servicio… Sí, el diablo será «quemado, devorado por el fuego eterno»
porque «nos ha nacido un niño» el humilde Hijo de Dios «que lleva sobre sus hombros la insignia de su poder»
puesto que, siendo Dios, puede, por sus propias fuerzas, poseer la primacía… Y «su poder se extenderá» porque
reinará no sólo sobre los judíos como David, sino que su imperio se extenderá sobre todas las naciones «desde ahora
y por siempre».

https://www.deiverbum.org/mt-04_12-17-y-23-
25/#Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia

Ruperto de Deutz, monje

Obras: Cristo reina sobre la muerte.


De la Trinidad y sus obras, 42, 4; PL 167, 1130

«Aquí hay uno que es más que Salomón» (Mt 12,42)

El profeta Natán concertado con Betsabé, presentaron juntos su proyecto ante el anciano, el sabio Rey David que iba
a morir (1R 1). Es entonces cuando Salomón cuyo nombre significa «señor pacífico» recibió la unción real. Después,
todo el pueblo recuperó su situación cotidiana; la multitud estaba contenta y la alegría era tan grande que los
clamores hacían vibrar la tierra, porque el rey había declarado: «Establezco a Salomón como rey en Israel y el sur de
Judea» (v. 35.40). Esta entronización prefigura sin duda alguna, el misterio del que habla Daniel: «Comenzó la sesión
y se abrieron los libros… vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano y
llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino» (Dn 7,10-14).

Por lo tanto, por la iniciativa de un profeta, Salomón fue nombrado rey, así se cumplieron las profecías en su sentido
espiritual, que Cristo, Hijo de Dios, sería reconocido Rey pacífico, Rey de la gloria de Padre, atrayéndolo todo hacia
Él. Salomón ha llegado a ser Rey en vida de su padre, como Cristo fue establecido Rey por Dios, el Padre que no
puede morir. Sí, ciertamente, lo hizo Rey, «heredero de todas las cosas» (He 1,2), el que no muere y ni morirá jamás.
Y, lo que es admirable y único, Cristo, heredero de un Padre siempre vivo y que nunca morirá, murió, una vez por
todas; entró en la vida y no morirá nunca más.

Entonces, Salomón «se sentó en la mula del Rey»(1R 1,38). Mejor dicho, sobre el trono de su Padre, es decir sobre
toda la Iglesia…, «por encima de principados, potestades, tronos y dominaciones» (Ef 1,21), y Cristo está sentado
ahora «a la derecha de la Majestad en los cielos» (He 1,3). Por ello toda la multitud sube a su casa, un pueblo que
canta y acoge con beneplácito. Y la tierra se estremece de su clamor. Nosotros también hemos entendido la gran
alegría de quienes proclamaban la gloria, es decir el júbilo de los apóstoles cuando hablaban en todos los idiomas
(Hch. 2) ya que «por toda la tierra ha resonado su voz» y «sus palabras han llegado hasta los confines del mundo»
(Sal. 18,5).

https://www.deiverbum.org/mt-12_38-42/#San_Pedro_Crisologo_obispo

Ruperto de Deutz

Sobre el Profeta Isaías: Me ha vestido de gala


«Un vestido nuevo» (Mc 2,21)
La Trinidad y sus obras: Libro 42, n. 2, 26

«Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios; como el esposo se pone la corona; como la esposa se
adorna con sus joyas.» Cabeza y miembros, Esposo y Esposa, Cristo y la Iglesia, somos un solo cuerpo. Desde ahora,
en Cristo el Esposo brillará para siempre la corona del triunfo –él, mi cabeza, que ha sufrido por algún tiempo-;
mientras que sobre mí, su Esposa, brillarán las joyas de sus victorias y de sus gracias.

El advenimiento, la presencia del Señor, de la que habla el profeta en este versículo, es el beso que desea la esposa
del Cántico de los cánticos, cuando dice: «Que me bese con beso de su boca» (Ct 1,1). Y esta esposa fiel es la Iglesia:
ella nació en los patriarcas, se desposó en Moisés y en los profetas; con ardiente deseo de su corazón suspiraba por
la venida del Amado. Llena del gozo ahora por el beso que ha recibido, exclama gozosa: «¡Desbordo de gozo con el
Señor!»

Participando de este gozo, Juan Bautista, el ilustre «amigo del Esposo», el confidente de los secretos del Esposo y de
la esposa, el testigo de su amor mutuo, declara: «El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del
esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo. Pues esta alegría mía está colmada» (Jn 3,29). Sin duda
alguna, el que fue precursor del Esposo en su nacimiento, también el precursor de su Pasión, cuando el Esposo
descendió a los infiernos anunció la Buena Nueva a la Iglesia que se encontraba allí, esperando.

Este versículo, pues, se refiere totalmente a la Iglesia exultante, cuando, en los infiernos, se apresura a ir al
encuentro del Esposo: «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios.» ¿Cuál es la causa de mi gozo?
¿Cuál es el motivo de mi exultación? Es porque «me ha revestido con traje de gala y me envuelto en un manto de
triunfo» (v. 11). En Adán fui desnudada, me fue necesario juntar hojas de higuera para esconder mi desnudez;
miserablemente cubierta con túnicas de piel, fui echada del paraíso (Gn 3, 7-21). Pero hoy, mi Señor y mi Dios ha
sustituido las hojas por el traje de gala. A causa de su Pasión en nuestra carne, me ha puesto un primer vestido, el
del bautismo y la remisión de los pecados; y en lugar de la túnica de piel de la mortalidad, me ha envuelto en un
segundo vestido, el de la resurrección y de la inmortalidad.

«Como el suelo echa sus brotes como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los
himnos ante todos los pueblos». Él es el Esposo, y yo la Esposa; él es el Señor Dios, y yo su tierra y su jardín; él es el
jardinero, y yo su campo. Así como él, por ser mi Creador es mi Señor y mi Dios, es también mi jardinero porque se
ha hecho hombre. Así como el jardinero «planta y riega y Dios da el crecimiento», de la misma manera él que es el
Único, por su humanidad va a plantar y regar anunciando la Buena Nueva, y por su divinidad dará el crecimiento
gracias a su Espíritu. Entonces yo, la Iglesia haré «brotar la justicia de la fe y la alabanza del Dios», no tan sólo ante el
pueblo judío, sino «ante todas las naciones». Ellas «verán mis buenas obras», leyendo las palabras y las acciones de
los patriarcas y de los profetas, escuchando la voz de los apóstoles y acogiendo su luz; ellas verán y creerán, y «así
darán gloria al Padre que está en los cielos».

https://www.deiverbum.org/mc-02_18-22/#Pedro_Crisologo

Ruperto de Deutz, monje benedictino

Tratado:

De la Santa Trinidad, 42.


«El Espíritu del Señor está sobre mí» (Lc ,).
“Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido’” (Is
61,1). Es como si Cristo dijera: Porque el Señor me ha ungido, he dicho sí, verdaderamente digo y lo sigo diciendo
todavía: El Espíritu del Señor está sobre mí. ¿Dónde, en qué momento, pues, el Señor me ha ungido? Me ungió
cuando fui concebido, o mejor dicho, me ungió a fin de que fuera concebido en el seno de mi madre. Porque no es
de la simiente de un hombre que una mujer me concibió, sino que una virgen me concibió por la unción del Espíritu
Santo. Es entonces que el Señor me selló con la unción real; me consagró rey por la unción y, en el mismo momento,
me consagró sacerdote. Una segunda vez, en el Jordán, el Señor me consagró por este mismo Espíritu…
Y ¿por qué el Espíritu del Señor está sobre mí?… “Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, curar los
corazones desgarrados” (Is 61,1). No me ha enviado para los orgullosos y los “sanos”, sino como “un médico para los
enfermos” y los corazones destrozados. No me ha enviado “para los justos” sino “para los pecadores” (Mc 2,17). Ha
hecho de mí “un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos (Is 53,3), un hombre manso y humilde de
corazón” (Mt 11,29). “Me ha enviado a proclamar la libertad a los cautivos y a los prisioneros, la libertad”… ¿A qué
prisioneros, o mejor, a qué prisión he de anunciar la libertad? Después que “por un hombre entró el pecado en el
mundo y por el pecado la muerte” (Rm 5,12) todos los hombres son prisioneros del pecado, todos los hombres son
cautivos de la muerte… “He sido enviado a consolar a todos los afligidos de Sión, todos los que sufren por haber sido,
a causa de sus pecados, destetados y separados de su madre, la Sión de arriba (Ga 4,26)… Sí, yo los consolaré
dándoles “una diadema de gloria en lugar de las cenizas” de la penitencia, “aceite de júbilo” es decir, la consolación
del Espíritu Santo “en lugar del dolor” de verse huérfanos y exiliados, y “un vestido de fiesta”, es decir, “en lugar de
la desesperación”, la gloria de la resurrección (Is 61,3).

https://www.deiverbum.org/lc-04_14-22a/#Ruperto_de_Deutz_monje_benedictino

Rupert de Deutz (c. 1075-1130)

monge beneditino

Sobre a Trindade e suas obras, I, 42: Sobre Isaías, 2


«E aos que jaziam na sombria região da morte surgiu uma luz» (Mt 4,16)
«Jesus retirou-Se para a Galileia. Depois, abandonando Nazaré, foi habitar em Cafarnaúm, cidade situada à beira-
mar, na região de Zabulão e Neftali, para que se cumprisse o que o profeta Isaías anunciara: [...] "O povo que jazia
nas trevas viu uma grande luz"» (Mt 4,12-16). Ao falar da visão, ou antes, do aparecimento de uma grande luz,
Mateus quer fazer-nos compreender a pregação luminosa do Salvador, o brilho da Boa Nova do Reino de Deus; a
região de Zabulão e Neftali foi a primeira a ouvir falar dela, e ouviu-a da própria boca do Senhor. [...] Com efeito, foi
nesta região que o Senhor começou a pregar, foi aqui que Ele iniciou a sua pregação. [...] E os apóstolos, que foram
os primeiros a ver esta luz verdadeira na região de Zabulão e Neftali, tornaram-se eles próprios «luz do mundo» (Mt
5,14). [...] «Alegram-se diante de Ti», continua o texto de Isaías, «como os que se alegram no tempo da colheita,
como se regozijam os que repartem os despojos» (Is 9,2). Esta alegria será efetivamente a alegria dos apóstolos, uma
alegria multiplicada quando vierem como ceifeiros «transportando os feixes de espigas» (Sl 126,6). [...] Foste Tu,
com efeito, Senhor e Salvador, que «quebraste o seu jugo pesado» (Is 9,3), o jugo do diabo que triunfava no mundo,
quando reinava sobre todas as nações e vergava as nucas sob o jugo de uma escravidão pesada. [...] Foste Tu que,
sem exército e sem derramamento de sangue, no segredo do teu poder, libertaste os homens para os pores ao teu
serviço. [...] «Porquanto um menino nasceu para nós», o humilde Filho de Deus, que «tem a soberania sobre os seus
ombros» (Is 9,5). [...] E não reinará apenas sobre os judeus, como fez David, mas sobre todas as nações «desde agora
e para sempre» (Is 9,6).

Ruperto de Deutz

Tratado sobre las obras del Espíritu de Santo: En medio de vosotros hay
uno que no conocéis
«Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo
no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.»(Jn 1,26s)
Lib. III, cap 3: SC 165, 26-28
SC
El bautismo de Juan es el bautismo del siervo; el bautismo de Cristo es el bautismo del Señor. El bautismo de Juan es
un bautismo de conversión; el bautismo de Cristo es un bautismo para el perdón de los pecados. Mediante el
bautismo de Juan, Cristo fue manifestado; mediante su propio bautismo, es decir, mediante su pasión, Cristo fue
glorificado. Juan habla así de su bautismo: Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea
manifestado a Israel.  Por lo que a Cristo se refiere, una vez recibido el bautismo de Juan, habla así de su
bautismo: Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!  Finalmente, mediante el
bautismo de Juan el pueblo se preparaba para el bautismo de Cristo; mediante el bautismo de Cristo el pueblo se
capacita para el reino de Dios.
No cabe duda de que los que fueron bautizados con el bautismo de Juan –de Juan que decía al pueblo que creyesen
en el que iba a venir después–,  y salieron de esta vida antes de la pasión de Cristo, una vez que Cristo fue bautizado
en su pasión, fueron absueltos de sus pecados por graves que fueran, entraron con él en el paraíso y con él vieron el
reino de Dios. En cambio, los que despreciaron el plan de Dios para con ellos y, sin haber recibido el bautismo de
Juan, abandonaron la luz de esta vida antes del susodicho bautismo de la pasión de Cristo, de nada les sirvió el
antiguo remedio de la circuncisión; como tampoco les aprovechó la pasión de Cristo ni fueron sacados del infierno,
porque no pertenecían al número de aquellos de quienes decía Cristo: Y por ellos me consagro yo.
Por otra parte, tampoco conviene olvidar que quienes recibieron el bautismo de Juan y sobrevivieron al momento en
que, glorificado Jesús, fue predicado el evangelio de su bautismo, si no lo recibieron, si no juzgaron necesario ser
bautizados con su bautismo, de nada les valió el haber recibido el bautismo de Juan. Consciente de ello el apóstol
Pablo, habiendo encontrado unos discípulos, les preguntó: ¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe? Y de
nuevo: Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?  –se sobreentiende: si ni siquiera habéis oído hablar de un Espíritu
Santo—,  respondiendo ellos: El bautismo de Juan,  les dijo: El bautismo de Juan era signo de conversión, y él decía al
pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús. Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor
Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, bajó sobre ellos el Espíritu Santo.
¡Qué enorme diferencia entre el bautismo del siervo, en el que ni mención se hacía del Espíritu Santo, y el bautismo
del Señor que no se confiere sino en el nombre del Espíritu Santo, a la vez que en el nombre del Padre y del Hijo, y
en el que se otorga el Espíritu Santo para el perdón de los pecados! Luego bajo un nombre común, ambas realidades
son denominadas bautismo; mas a pesar de la identidad de nombre el sentido profundo es muy diferente.

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Ruperto de Deutz
Comentario sobre el Evangelio de San Juan: Reconocer a Jesús que passa
«Vio a Jesús que pasaba...» (Jn 1,36)
Libro II, PL 263
PL
«Juan estaba allí, de pie, con dos de sus discípulos cuando Jesús pasaba.» Se trata de una postura corporal que
traduce algo de la misión de Juan, de su vehemencia de palabra y de acción. Pero, según el evangelista, se trata
también, más profundamente, de esta viva tensión, siempre presente entre los profetas. Juan no se contentaba de
desempeñar exteriormente su papel de precursor. El guardaba en su corazón el vivo deseo de ver a su Señor a quien
había reconocido en el bautismo. Sin duda alguna, Juan tendía hacia el Señor con todo su ser. Deseaba verlo de
nuevo, porque ver a Jesús era la salvación para quien le confesaba, la gloria para quien lo anunciaba, la alegría para
quien lo mostraba. Juan se tenía de pie, alerta por el deseo profundo de su corazón. Se mantenía de pie, esperaba a
Cristo todavía disimulado en la sombra de su humildad.

Con Juan estaban dos de sus discípulos, de pie como su maestro, primicias de aquel pueblo preparado por el
precursor, no por él mismo, sino por el Señor. Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice. «Este es el Cordero de Dios!»
Prestad atención a las palabras de esta narración. A primera vista, todo parece claro, pero para quien penetra en el
sentido profundo, todo se manifiesta cargado de significado y misterio.

«Jesús pasaba...» ¿Qué significa sino que Jesús vino a participar en nuestra naturaleza humana que pasa, que
cambia?. Él, a quien los hombres no conocían, se da a conocer y amar pasando por en medio de nosotros. Vino en el
seno de la Virgen. Luego, pasó del seno de su madre al pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz al sepulcro, del
sepulcro se levantó al cielo. Nuestro corazón también, si aprende a desear a Cristo como Juan, reconocerá a Jesús
cuando pase. Si le sigue, llegará como los discípulos al sitio donde mora Jesús: en el misterio de su divinidad.

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Ruperto de Deutz, Tratado sobre las obras del Espíritu Santo, IV, 10; SC 165
El discípulo que ha penetrado el misterio de Dios

En proporción a la gracia que hacía que Jesús le amaba y que le había hecho reposar en el pecho de Jesús en Cena
(Jn 13,23), Juan recibió en abundancia [los dones del Espíritu] la inteligencia y la sabiduría (Is 11,2) – la inteligencia
para comprender las Escrituras; la sabiduría para redactar sus propios libros con un arte admirable.
A decir verdad, no recibió este don desde el momento en que reposó su cabeza en el pecho del Señor, si más tarde
lo pudo sacar de su corazón » donde estaban escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia » (Col. 2,3).
Cuando dice que entrando en la tumba «vio y creyó «, reconoce «que todavía no conocían las Escrituras, y que hacía
falta que Jesús resucitara de entre los muertos» (Jn 20,9).

Como los otros apóstoles, Juan recibió la plenitud, cuando vino el Espíritu Santo [en Pentecostés], cuando se dio la
gracia a cada uno «según la medida del don del Cristo » (Ef 4,7)… El Señor Jesús amó a este discípulo más que a
otros, y le descubrió los secretos del cielo… para hacer de él el evangelista del misterio profundo del que el hombre
mismo no puede decir nada: el misterio del Verbo, la Palabra de Dios, el Verbo que se hizo carne.

Es el fruto de este amor. Pero, aunque le amaba, no es a él a quien Jesús le dijo: «Tu eres Pedro y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18)… Amando a todos sus discípulos y sobre todo a Pedro con un amor de espíritu y de
alma, nuestro Señor amó a Juan con un amor del corazón… En cuanto al apostolado, Simón Pedro recibió el primer
puesto y «las llaves del Reino de los cielos » (Mt 16,19); Juan, obtuvo otra herencia: el espíritu de inteligencia, » un
tesoro de alegría y de gozo» (Eclo. 15,6).

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