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Revista de Historia Contemporánea

Año 2020 • Nº 24

LAS AMENAZAS A
LA DEMOCRACIA
Alcores es el nombre con el que Machado alude a las colinas que, coloreadas de
una u otra forma, habitan en los campos de Castilla. Y Alcores es también el título
de esta revista de Historia Contemporánea desde cuyas páginas se pretende otear
el horizonte de un pasado próximo o no excesivamente lejano. Impulsada por la
Fundación Fermín Carnero y con la colaboración de las áreas de Historia Contem-
poránea de las universidades públicas de Castilla y León –Burgos, León, Salamanca
y Valladolid–, la revista aspira a convertirse en una publicación plural, en la que
tengan cabida todos los enfoques historiográficos que estén planteados con rigor
científico. Alcores no restringe su mirada a ningún ámbito geográfico concreto, si
bien la presencia de temas castellanos y leoneses será constante.
La revista Alcores, que se publica desde el año 2006, está recogida en las bases de da-
tos y plataformas ISOC-CSIC, DICE, MIAR, el catálogo de Latindex y en Dialnet.
En RESH, ocupó el puesto 9 entre 44 revistas de Historia Moderna y Contempo-
ránea en 2009 según la opinión de expertos.
Alcores, 24, 2020 ISSN: 1886-8770

Índice

Dossier
Las amenazas a la democracia

Álvaro Soto Carmona (ed.)

Presentación. Las amenazas a la democracia


Álvaro Soto Carmona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13-18

La democracia menguante
Álvaro Soto Carmona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21-40

En torno al orden internacional del siglo XXI


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos . . . . . . . . . . . . . . . . 43-64

Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia


Roberto Muñoz Bolaños . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67-88

Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo


conservador de derechas hace a la democracia
Stéphane Boisard . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91-110

El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón


Angela Alonso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113-135

Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI


Donato Fernández Navarrete . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137-156

El retorno de la pasión democrática.


Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020
Héctor Romero Ramos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159-180

Varia

Legitimación y represión política en Palencia


durante el Trienio Liberal (1820-1823)
Fco. Javier de la Cruz Macho . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185-214

El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista


y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo
Andrea Vincenzini . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 217-239
Alcores, 24, 2020 ISSN: 1886-8770

Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos


durante el franquismo (1955-1974): objetivos, tiempos y contenido
Guillermo Revuelta Sierra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241-260

Haciendo Historia

La Administración provincial en la
España contemporánea: revisión bibliográfica
José Antonio Lorenzo Cuesta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 265-281

Contexto

Las botas sobre los votos. Las elecciones en Cuenca como


decantador del liderazgo de la trama golpista de 1936
Ángel Luis López Villaverde . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 285-306

Colaboradores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 310-314
Alcores, 24, 2020 ISSN: 1886-8770

Index

Dossier
Threats to democracy

Álvaro Soto Carmona (ed.)

Presentation. Threats to democracy


Álvaro Soto Carmona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13-18

Waning Democracy
Álvaro Soto Carmona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21-40

Around the international order of the 21st century


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos . . . . . . . . . . . . . . . . 43-64

Left populism and Armed Forces: Venezuela versus Bolivia


Roberto Muñoz Bolaños . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67-88

Èthnos and Plèthos vs. Dèmos: what right-wing


conservative populism does to democracy
Stéphane Boisard . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91-110

The Brazilian anti-statesman and the rhetoric of Bolsonaro’s heavy supporters


Angela Alonso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113-135

Ideologies and economic crises. The experience of the 21st century


Donato Fernández Navarrete . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137-156

The return of democratic passion. Inequality and


national retreat in Europe, 2007-2020
Héctor Romero Ramos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159-180

Varia

Legitimation and political repression in Palencia


during the “Trienio Liberal” (1820-1823)
Fco. Javier de la Cruz Macho . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185-214

The myth of hierarchical brotherhood in fascism interventionist


and Africanism. The aristocrats of “combatentismo”
Andrea Vincenzini . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 217-239
Alcores, 24, 2020 ISSN: 1886-8770

Approach to the bilateral agreements on social security established


during francoism (1955-1974): objectives, times and content
Guillermo Revuelta Sierra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241-260

Haciendo Historia

The provincial administration in


contemporary Spain: bibliographical review
José Antonio Lorenzo Cuesta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 265-281

Contexto

Boots on votes. Elections in Cuenca as a decanter


of the leadership of the 1936 coup plot
Ángel Luis López Villaverde . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 285-306

Colaboradores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 310-314
Dossier
Las amenazas a la democracia

Álvaro Soto Carmona (ed.)


Alcores, 24, 2020, pp. 13-18 ISSN: 1886-8770

Las amenazas a la democracia


Álvaro Soto Carmona
Universidad Autónoma de Madrid
Fecha de aceptación: 15 de noviembre de 2020

El triunfo de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974 abrió un nuevo


ciclo político, en el que las democracias representativas se fueron extendiendo por
todo el mundo, siendo cada vez más numerosos los países con dicha forma de
gobierno y la población que disfrutaba de la misma.
La caída de la mayor parte del mundo comunista, de las Dictaduras de la
Seguridad Nacional, en especial en América Latina (Argentina, Chile, Uruguay,
Brasil…), y el proceso de la “segunda liberación” en África (Benín, Senegal, Sierra
Leona, Sudáfrica…) favorecieron la extensión de las democracias, pese a la apari-
ción de regímenes islámicos o la resistencia de algunos países comunistas.
Esa tendencia se ha visto quebrada en los últimos años con el rechazo del actual
modelo de democracia, el desorden del sistema internacional, las crisis económi-
cas, el protagonismo de nuevos actores sociales, las formas novedosas de protesta y,
por último, por la profunda crisis cultural. Agregándose a todas ellas una circuns-
tancia inesperada: la aparición y extensión de la pandemia del COVID-19. Todo
lo cual nos conduce a pensar que estamos a las puertas de un nuevo mundo, que
sustituye las formas de gobernanza habidas en los últimos cincuenta años, debido
a la caída de la legitimidad de los sistemas políticos actuales, al modelo económico
basado en un mercado con funcionamientos perversos, al aumento de las desigual-
dades y al convencimiento, por parte de sectores amplios de la población, de que
la salida a todo ello debe fundarse en una nueva legitimación.
El cuestionamiento de las democracias existentes se vincula con la desconfianza
en las instituciones, especialmente los gobiernos, los parlamentos y los partidos po-
líticos. Dicha situación no tiene que ver con la pertenencia a una determinada clase
social, sino que se produce en el conjunto de la población, donde a la hora de evaluar
la “democracia actual” se la define con “grandes problemas” y como “poco eficaz”.
A esto último ha contribuido la existencia de la corrupción entre los políticos que
si bien no es nueva, sí lo es su conocimiento y extensión. A ello se añade la existencia
del crimen organizado que constituye otro de los problemas acuciantes.
La aparición de actitudes autoritarias dentro de gobiernos democráticos es cada
vez más habitual. Las “democracias iliberales” restringen derechos y libertades,
13
Álvaro Soto Carmona

pero sobre todo acaban con la división de poderes, aunque se mantenga la com-
petencia electoral y la existencia de la oposición. Se dan en Europa, como serían
los casos de Hungría, Polonia, o en Asia, caso de Filipinas y en Turquía.
En cuanto al sistema internacional, como nos indica Pedro A. Martínez Lillo
y Javier Castro, hay pruebas inequívocas del declive del poder de Estados Unidos,
del creciente papel en el mundo de la República Popular China, de la avidez de
ciertas potencias regionales, de la erosión del multilateralismo, la crisis de la glo-
balización y un nuevo impulso nacionalista.
Los actores internacionales se han incrementado, y con ello también sus pro-
blemáticas. El Estado se ha debilitado como figura principal en la escena mundial.
Junto a las organizaciones intergubernamentales o grandes bloques regionales,
se asiste a una proliferación de actores no gubernamentales y fuerzas transna-
cionales. Desde activas ONGs, grupos religiosos, conglomerados mediáticos o
movimientos de la sociedad civil y empresas transnacionales, hasta los propios
individuos organizados a través de un sistema de redes, cada uno con sus agendas,
enfoques y sensibilidades hermenéuticas. Nunca como hasta ahora el juego inter-
nacional fue tan interactivo, evidenciando cómo la gobernanza mundial no es ya
ámbito exclusivo de los Estados.
El complejo presente del multilateralismo coincidiría con la crisis de descon-
fianza extensiva en gran parte de las instituciones públicas de los países occiden-
tales, a la que se suma la desconfianza democrática y la desconfianza estructural
que convergen y se consolidan. Estos diferentes factores son los que han llevado a
hablar de la entrada de una “sociedad de la desconfianza generalizada” para calificar
el mundo contemporáneo. La irrupción de los populismos y partidos nacionalis-
tas que acceden a los gobiernos se explica, entre otras razones, por la desconfianza
generalizada hacia las élites políticas. En este caldo de cultivo el relato mesiánico,
que busca reinventar diseños nacionales e internacionales, se juzga sin miramien-
tos las instituciones ya fundadas.
El papel de las Fuerzas Armadas en los populismos de izquierda sirve de línea
argumental a Roberto Muñoz para mostrar cómo los proyectos desarrollados por
Chávez y Maduro en Venezuela y Morales en Bolivia tenían por objeto la subver-
sión de las instituciones democráticas y la conversión de sus respectivos países en
regímenes iliberales gobernados permanentemente por la misma élite. La diferen-
cia entre el éxito de este programa en Venezuela y su fracaso en Bolivia radica en
que en el primero de estos países, los populistas lograron ideologizar e incorporar
a sus planes a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, al establecer sobre ella un
“control por socialización revolucionaria”, complementado con la militarización
de la Administración y la economía del país. Por el contrario, Morales, aunque
intentó aplicar dinámicas similares a las venezolanas en las Fuerzas Armadas boli-
vianas, fracasó en su intento de extender la ideología del Movimiento al Socialismo
14 Alcores, 24, 2020, pp. 13-18
Las amenazas a la democracia

(MAS) entre los militares y optó por mantener el “control por contención” he-
redado del periodo democrático, siendo al final la causa de su ruina política. No
obstante, el reciente triunfo electoral del candidato de este partido, Arce, puede
abrir una ventana de oportunidad a ese proyecto, aunque el nuevo presidente ha
declarado: “vamos a gobernar para todos los bolivianos”.
Se está viviendo actualmente un momento de debilidad histórica de las iz-
quierdas en casi todo el planeta, afirma Stéphane Boisard. Tanto los planteamien-
tos social-liberales como los radicales parecen incapaces de imponerse a corto
o medio plazo en elecciones democráticas. El mundo está gobernado hoy día
mayoritariamente por partidos conservadores y/o de derechas (aunque el término
sea de un uso polémico en muchos sistemas políticos extraeuropeos).
El fenómeno político del “trumpismo” en Estados Unidos y, en menor medida,
de las derechas radicales xenófobas, ultranacionalistas (según el caso, ultraliberales
o profundamente proteccionistas en lo económico) se inscribe en lo que podría-
mos llamar una cuarta ola reaccionaria siguiendo la perspectiva trazada por Albert
Hirschman. Según este autor, las embestidas antiestatistas de la “tercera ola reac-
cionaria”, que se oponen al Estado de bienestar construido con el advenimiento
del keynesianismo, suceden a una primera, hostil a la afirmación del principio de
la igualdad ante la ley y, de manera más general, al reconocimiento de derechos
civiles después de las grandes revoluciones liberales de finales del siglo XVIII; y a
una segunda, que se opuso a la extensión del sufragio universal en los siglos XIX y
XX. La cuarta ola reaccionaria, la de los defensores del pueblo-èthnos que se apo-
yan en el pueblo-plèthos de la postdemocracia digital, ha jugado con las frustracio-
nes y el descrédito generalizado que ha caído sobre la democracia como régimen
fundado en el pueblo-dèmos y sobre el personal político que lo representa. En un
mundo sobre determinado por poderes económicos transnacionales, estos líderes
han ganado legitimidad debido a la imposibilidad de una verdadera participación
significativa de los ciudadanos en las decisiones importantes. Son entonces los
límites de la democracia representativa, la influencia de las redes sociales, el peso
de una oligarquía y una tecnocracia intocables, el escaso impacto de la alternancia
electoral en la política pública, los que contribuyen a nutrir el populismo.
Uno de los ejemplos más interesantes de populismo de derecha es el de Brasil.
Así el estudio de Ángela Alonso nos enseña que “la comunidad moral bolsona-
rista” no está formada por los ignorantes, insanos, sin “conciencia”. Son personas
que encuentran en el patriotismo una identidad, en la familia tradicional una
organización para la vida práctica y en la violencia un recurso de autodefensa.
Familia, religión y patria son sus lenguajes y recursos para moverse en un mundo
en que todo cambia vertiginosamente. Su odio a la diferencia nace del miedo a la
desestructuración de su identidad, sus creencias y su estilo de vida por las políticas
inclusivas, identitarias, igualitarias y democráticas. Su énfasis en la educación o
Alcores, 24, 2020, pp. 13-18 15
Álvaro Soto Carmona

subversión de los niños viene de su temor a que sus hijos no sean como ellos. Las
violencias simbólicas y físicas son su estrategia de autodefensa. No se ven a sí mis-
mos como autoritarios, sino como restauradores de un orden bueno y perdido.
Esta “comunidad moral” es minoritaria incluso entre los que votaron por
Bolsonaro, pero comparte valores conservadores, como las jerarquías de género
y de raza, y la crítica a lo políticamente correcto y a las acciones afirmativas, con
millones de brasileños, incluso de la élite social. Su retórica llega más allá de los
círculos sociales autoritarios, e incluye a todos los conservadores.
Desde la redemocratización en los años ochenta científicos sociales y políticos
de izquierda en Brasil hablaban de la “sociedad civil” como terreno de innova-
ción, modernidad y progresismo. Olvidaron mirar al otro lado, a la parte de la
sociedad organizada alrededor de asociaciones y redes de sociabilidad en favor
de las jerarquías, la familia y las armas. Esta parte conservadora de la sociedad
celebra, desde la elección de Bolsonaro, su libertad de sacar a la luz ideas, valores
y comportamientos reprochables mientras gobernaba la izquierda.
El cambio del modelo económico, como plantea Donato Fernández Navarrete,
en el último cuarto del siglo XX ha supuesto el abandono progresivo del keynesia-
nismo y su sustitución por el modelo neoliberal. Desregulación, privatizaciones,
internacionalización financiera, deslocalización de las empresas, junto a otras me-
didas que defienden el mercado como la fórmula más eficaz, mientras consideran
al Estado un problema. Todo ello ha ido acompañado de una retórica ensalzadora
de la libertad, que en realidad oculta una defensa a ultranza del capital frente al
trabajo, como denunció Joseph Stiglitz: un ataque al Estado de Derecho y a las
reglas de la democracia.
En 2008 se inició una profunda crisis económica, sobre todo financiera, debi-
do a los excesos desreguladores, que en la Unión Europea se vieron agravados por
el incremento de la deuda pública. Dos hechos impidieron la plena recuperación,
por un lado la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, lo
que incrementó las incertidumbres debido a su política errática; por otro lado, la
crisis sanitaria provocada por la pandemia que bajo la existencia del falso dilema
salud o economía, ha dado lugar a medidas de freno de la actividad económica, lo
que ha restringido la oferta e inmediatamente la demanda, y cuyas consecuencias
están aún por ver.
La actual situación se caracteriza por el incremento de la deuda pública, un
mayor proteccionismo, el freno a la globalización, los cambios en las formas de
trabajo, o el aumento de las desigualdades. Esto último es muy importante no
sólo por lo que supone de cuestionamiento global del sistema, sino por ser una
de las causas principales del malestar existente en determinados países, como en
el caso de Chile, donde las protestas de la población contra sus gobernantes han
obligado a la refundación del Estado.
16 Alcores, 24, 2020, pp. 13-18
Las amenazas a la democracia

Héctor Romero ha revisado algunos aspectos teóricos sobre la crisis de la de-


mocracia. Apoyándose en algunos conceptos clásicos (de Tocqueville) destaca, de
un lado, la relevancia que en las sociedades democráticas adquiere no ya el creci-
miento de la desigualdad, sino el aumento de la percepción social de la desigual-
dad y el privilegio. Conviene recordar que no solo el mal gobierno o el liderazgo
antidemocrático (acción) socavan la legitimidad de las democracias, sino que lo
hace muy singularmente la erosión de sus bases sociales (estructura). Asimismo,
y en este caso apoyándose en los trabajos de Charles Tilly, señala la relevancia de
comprender la democracia como un proceso siempre abierto y determinado de
manera fundamental por el grado de permeabilidad de las élites políticas respecto
de las demandas de los ciudadanos.
La Gran Recesión provocó un aumento importante de la desigualdad social
en la mayor parte de los países europeos. Incluso en aquellos casos donde el
impacto sobre la desigualdad no fue tan acusado, la percepción social de la des-
igualdad creció favoreciendo la consolidación de un relato basado en la quiebra
del contrato social intergeneracional. En este sentido se desarrolló un fuerte
discurso contra las élites políticas empapado de retórica anti aristocrática, que
ha tenido entre sus efectos la deslegitimación de las opciones políticas tradicio-
nales, el auge de partidos populistas a izquierda y derecha del espectro político,
la manifestación de una crisis de reconocimiento, que se mantenía latente, y
la aceleración de un proceso de deterioro de algunas instituciones, que ya ve-
nían dando síntomas de fatiga como consecuencia de la tensiones propias de la
globalización.
La llamada crisis de los refugiados abundó en algunos de los problemas de
legitimación que la crisis económica ya había puesto de manifiesto, alimentó la
retórica nacional-populista e impulsó sus bases electorales. Pero los análisis han
desatendido uno de los efectos de deslegitimación que no tiene tanto que ver con
el auge de la xenofobia, como precisamente con la desatención de las demandas
de amplios sectores de la ciudadanía, que promovían una política migratoria de
acogida y asilo más ambiciosa, basada en principios liberales y valores cosmopoli-
tas. Ha hecho más daño al proyecto europeo en relación con la crisis de los refu-
giados la impermeabilidad de las instituciones comunitarias ante esas demandas,
que el auge de las opciones xenófobas del grupo de Visegrado, cuyos fundamentos
habían arraigado antes de esta crisis migratoria.
El Informe Anual del 2019 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
afirmaba que 26 personas tenían la misma riqueza que la mitad de la humanidad;
un tercio de los alimentos producidos en el planeta se desperdicia, a la vez que
una de cada diez personas pasa hambre. Además, las desigualdades de las nuevas
generaciones han aumentado a raíz del cambio climático, los conflictos y las des-
igualdades de género.
Alcores, 24, 2020, pp. 13-18 17
Álvaro Soto Carmona

Durante el segundo lustro del siglo XXI se han puesto en marcha movimien-
tos de protesta influidos por el inicio de la crisis económica y su fuerte impacto
sobre los trabajadores y los jóvenes, con unos sindicatos a la defensiva. Son mo-
vimientos ciudadanos transversales en su composición, con un importante prota-
gonismo de mujeres y jóvenes, que defienden demandas a contracorriente de las
políticas gubernamentales. La utilización de las redes sociales se ha convertido en
el medio principal de movilización.
Desde el punto de vista cultural, se viene poniendo de manifiesto un cier-
to cansancio generacional con el sistema democrático, que, como afirma Yascha
Mounk, se “está desconsolidando”. A mayor edad, el apoyo a la democracia es
mayor; en cambio los más jóvenes la valoran menos y reducen la importancia de
vivir en ella, siendo más favorables a los “liderazgos fuertes” en sintonía con polí-
ticas autoritarias. Es significativa la cada vez mayor “influencia” de las fuerzas ar-
madas en las decisiones políticas en América Latina, y la fuerte confianza que los
ciudadanos conceden a dicha institución, sólo superada por las diferentes iglesias.
El endurecimiento del lenguaje político, donde se trata como “enemigo” al
“adversario”, va ligado a la creciente mediocridad de los líderes, que desconfían
de los mecanismos de control parlamentario, acudiendo a procedimientos don-
de se elude el debate y aplicando la excepcionalidad en función de sus intereses
y no de la sociedad. En conclusión, estamos ante un cambio en el paradigma
dominante.

18 Alcores, 24, 2020, pp. 13-18


Alcores, 24, 2020, pp. 2140 ISSN: 1886-8770

La democracia menguante
Álvaro Soto Carmona
Universidad Autónoma de Madrid
Fecha de aceptación: 15 de noviembre de 2020

Resumen: El triunfo de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974 abrió un nuevo


ciclo político, en el que las democracias representativas se fueron extendiendo por todo el
mundo. Esa tendencia se ha visto quebrada en los últimos años por el cuestionamiento del
actual modelo de democracia, el desorden del sistema internacional, las crisis económicas,
el protagonismo de nuevos actores sociales y nuevas formas de protesta, acompañado
todo ello por una profunda crisis cultural. En el último año una circunstancia inesperada
agrava la situación: la aparición y extensión de la pandemia de COVID-19. Todo lo cual
nos conduce a concluir que estamos a las puertas de un nuevo mundo, que hace tambalear
las formas de gobernanza habidas en los últimos cincuenta años.

Palabras clave: democracia, autoritarismo, política, desigualdades, protestas.

Abstract: The triumph of the Carnation Revolution in Portugal in 1974 opened a


new political cycle, in which representative democracies spread throughout the world.
This trend has been broken in recent years by the questioning of the current model of
democracy, the disorder of the international system, economic crises, the role of new
social actors and new forms of protest, all accompanied by a profound cultural crisis. In
the last year, an unexpected circumstance aggravates the situation, the appearance and
extension of the COVID 19 pandemic. All of which leads us to conclude that we are at
the gates of a new world, which has shaken the forms of governance that existed in the
last fifty years.

Keywords: democracy, authoritarianism, politics, inequalities, protests.

21
Álvaro Soto Carmona

Estamos ante el fin de un ciclo político marcado por el avance de las demo-
cracias y las libertades iniciado en el último cuarto del siglo XX. Esa tendencia se
ha visto quebrada en los últimos años, con el cuestionamiento del actual modelo
de democracia representativa, el desorden del sistema internacional, las crisis eco-
nómicas, el protagonismo de nuevos actores sociales y nuevas formas de protesta
y, por último, por la profunda crisis cultural1, agregándose sobre todo ello una
circunstancia inesperada: la aparición y extensión de la pandemia. Todo lo cual
nos conduce a concluir que estamos a las puertas de un nuevo mundo que cues-
tiona las formas de gobernanza habidas en los últimos cincuenta años, debido a
la decreciente legitimidad de las instituciones políticas actuales, del sistema eco-
nómico basado en una intensificación de las desigualdades sociales y al creciente
convencimiento, por parte de sectores numerosos de la población, de que la salida
a todo ello debe de fundarse en una nueva legitimación. Estamos ante un cambio
en el paradigma dominante2.
Desde el 2018 las democracias y las libertades vienen sufriendo un retroceso,
aumentando los países donde dicho sistema político está ausente o en quiebra y
donde la falta de libertades y de respeto a los derechos humanos son cada vez más
patentes. Si durante unos años fue la República Popular China, junto a los países
árabes e Irán, y pequeños países como Cuba o Corea del Norte, los “agujeros
negros” de la democracia, en los últimos años se han incorporado países como
Rusia o Venezuela. Además, la aparición de comportamientos autoritarios dentro
de sistemas democráticos son más habituales. Las denominadas “democracias ili-
berales”3 restringen derechos y libertades, pero sobre todo acaban con la división
de poderes, aunque se mantenga la competencia electoral y la existencia de la
oposición, y se extienden por Europa, como representan los casos de Hungría,
Polonia y Turquía, o en Asia, Filipinas y la India.
En Hungría y Polonia la crisis de refugiados, provocada por la guerra civil
en Siria, ha dado lugar al incremento de los nacionalismos radicales excluyentes
con componentes xenófobos, alejados del multiculturalismo. Estos movimientos
ponen en cuestión la pérdida de soberanía frente a Bruselas. Todo ello ha favore-
cido la aparición y desarrollo de grupos de extrema derecha con influencia en la
población.

1
  Roncaglia, Alessandro: Economistas que se equivocan. Las raíces culturales de la crisis, Zaragoza.
Prensa de la Universidad de Zaragoza, 2015; Mounk, Yascha: El pueblo contra la democracia. Por qué
nuestra libertad está en peligro y cómo salvarla, Barcelona, Paidós, 2018, en concreto el capítulo 3.
2
  Khun, Thomas: La estructura de las revoluciones científicas: ensayo preliminar de Ian Hacking,
Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2013.
  Zakaria, Fareed. The Future of Freedom: Illiberal Democracy at Home and Abroad, New York-
3

London, W.W. Norton & Company, 2007.

22 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

Las transformaciones habidas en los antiguos países comunistas, con singu-


lares procesos de cambio, han configurado espacios políticos diferenciados a los
existentes en las democracias de Europa Occidental. En el caso de Hungría y
Polonia se dieron aspectos ligados al irredentismo, la identificación de valores
religiosos y la homogeneidad étnica4. Así, los partidos que fueron surgiendo,
tras la debacle de comunismo, tendieron a idealizar el pasado anterior a la ocu-
pación soviética, con un discurso ultranacionalista y, tras una primera etapa de
ilusión por su entrada en la Unión Europea (UE), terminaron frustrados e incó-
modos en la misma, por no coincidir sus planteamientos con los de los Estados
que la integran y las tradiciones políticas de los países con un mayor arraigo del
europeísmo.
Los grupos de extrema derecha se han ido extendiendo por toda Europa:
Austria, Países Bajos, Alemania, Italia, Francia o España, entre otros. Todos ellos
han incrementado sus apoyos electorales y sociales. El creciente cuestionamiento
de las democracias existentes se vincula con la desconfianza hacia los políticos y
las instituciones, especialmente los gobiernos, los parlamentos y los partidos polí-
ticos. Esta situación no tiene nada que ver con la pertenencia a una determinada
clase social, sino que es un fenómeno transversal y se produce en el conjunto de la
población, la cual a la hora de evaluar la “democracia actual” la define con “gran-
des problemas” y como “poco eficaz”.
En el caso de Francia, el Frente Nacional, luego trasformado en Reagrupamiento
Nacional, tuvo sus raíces en el programa político del régimen de Vichy, adaptando
su programa y objetivos centrales a las demandas electorales. Así, tras un primer
momento anticomunista coincidente con el desplome de la Unión Soviética, se
centró en la lucha contra la emigración, para posteriormente convertir el “anti-
mundialismo”5 en el objetivo político que conseguir. Ello se apoyó en un fuerte
nacionalismo. No debemos olvidar que si no fuera por la ley electoral existente en
Francia su presencia en la Asamblea Nacional, sería muy significativa.
El avance de las democracias electorales fue continuo desde 1974 (Revolución
de los Claveles en Portugal), con un significativo crecimiento tras el hundimiento
y posterior desaparición de la Unión Soviética (1991) y la crisis del mundo co-
munista. A ello se unía la creencia cada vez más extendida de que la democracia
representativa era la única forma de gobierno dotada de legitimidad.

4
  Martín de la Guardia, Ricardo y Pérez Sánchez, Guillermo: “Democracia sin liberalismo: el
nacional-populismo en Hungría y Polonia (1990-2018)”, en Á. Soto Carmona (coord.), La democracia
herida, Madrid, Marcial Pons, 2019, pp. 179-217.
5
  Como nos recuerda Bruno Vargas, Juan-Marie y Marine Le Pen no hablan de mundialización,
sino de “antimundialismo” para recalcar que no se trata de un fenómeno económico irreversible, sino,
según ellos, de una apuesta ideológica puesta en marcha por las grandes corporaciones financieras y las
élites políticas.

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 23


Álvaro Soto Carmona

Tabla 1.- El crecimiento de las democracias electorales:


1974, 1989, 1990, 1993, 1994, 1999, 2005, 2010, 2011 y 2016.
Año Número de democracias Número de países Porcentaje de democracias
sobre el total de países (%).
1974 41 150 27
1989 69 167 41
1990 76 165 46
1993 108 190 56
1994 113 191 59
1999 120 192 63
2005 123 192 64
2010 115 194 59
2011 117 195 60
2016 135 195 69
Elaboración propia a partir de los datos aportados por Freedom House.

Pese a este convencimiento, siempre existieron alternativas alejadas del respeto


a los derechos humanos y las libertades democráticas, como fue el caso de algunos
países comunistas, que se mantenían bajo el síndrome de “la fortaleza asediada”.
Este sería el caso de Corea del Norte, Cuba u otros países que con una ideolo-
gía similar apostaron por convivir con el mercado, bajo la autoridad del Partido
Comunista, como fue la República Popular China; o por fórmulas supuestamen-
te nuevas desde la izquierda procomunista, combinadas con comportamientos
populistas, apoyadas en poblaciones indígenas, donde las hubiera, y con fuertes
liderazgos. Sería el caso de Venezuela, Ecuador o Bolivia. El saldo de estos últimos
países fue el reforzamiento de las fórmulas autoritarias y el incremento del empo-
brecimiento y las desigualdades. Todo un fracaso.
La directora del Latinobarómetro, Marta Lagos, afirma en el Informe del año
2018 que se puede hablar del “fin de la tercera ola de la democracia”. En América
Latina el apoyo a la democracia se encuentra en su punto más bajo desde media-
dos de los años noventa del siglo pasado, con un porcentaje del 46 por ciento.
En los únicos países donde no descendió fueron Costa Rica, Chile y Nicaragua,
pese a que este último país se ha incorporado a las no democracias bajo el régimen
autocrático de Daniel Ortega. También ha sucedido con Venezuela, pese a que
el apoyo a la democracia entre los ciudadanos es el más alto de América Latina,
un 75 por ciento. Pero la destrucción de las instituciones desde el Palacio de
Miraflores, cuyo responsable máximo es Nicolás Maduro, y su política contraria
a los derechos humanos son evidentes, como ha puesto de manifiesto la Misión
de la ONU realizada en dicho país en 2020, en la que se recogen violaciones
sistemáticas de los derechos humanos por parte del Estado “constituyendo así
24 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40
La democracia menguante

crímenes de lesa humanidad”. No olvidemos que al frente del Alto Comisionado


de Naciones Unidas se encuentra la expresidenta de Chile y miembro del Partido
Socialista, Michelle Bachelet, nada sospechosa de parcialidad.
Merecen un comentario aparte la situación de Ecuador en la que el expresi-
dente, Rafael Correa, ha sido condenado por corrupción; y la de Bolivia, donde
tras un proceso electoral fraudulento (2019) el presidente, Evo Morales, tuvo que
exiliarse a Argentina por la movilización policial y la “sugerencia” de las Fuerzas
Armadas, entrando así en un periodo de interinidad bajo la presidencia de Jeanime
Áñez. Esta es unas de las fórmulas señaladas por Samuel Finer de intervención de
los militares en política6. En noviembre del 2020 se celebraron nuevas elecciones,
venciendo el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), Luis Arce, con el
55 por ciento de los votos. Ello ha supuesto la vuelta de Evo Morales a su país y,
aunque todas las incertidumbres se encuentran abiertas, lo sucedido muestra un
grado de madurez, esperemos que en sentido democrático.
Como alternativa a las democracias también se plantearon las “revoluciones
islámicas”, que tuvieron un estreno espectacular con la caída de la dictadura “bue-
na” para Occidente, la del sha Mohammad Reza Pahlaví en 1979, y la implanta-
ción de la Revolución islámica, tras la llegada a Teherán del ayatolá Jomeiní, con
el visto bueno de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la República Federal
Alemana, temerosos del avance de los comunistas en dicha zona geográfica. Una
vez tomado el poder por las autoridades religiosas, Irán situó el fundamento de
autoridad en la ley islámica (sharia). Se rompió la relación clérigos-pueblo, al
hacerse los primeros con el poder y ejercerlo de forma dictatorial. La lucha contra
el mal, los Estados Unidos, y contra el invasor, Irak, sirvieron para construir su
base de legitimidad ante la población. El islamismo se convirtió en un punto de
referencia frente al mundo occidental. Se cambiaba el paradigma de la Guerra
Fría por el de “choque de civilizaciones”7.
Pese a esto último y siguiendo los datos aportados por Freedom House, el peso
de los países libres fue cada vez mayor, así como el de la población que vivía en
ellos. Nunca en la historia hubo tantos países y tanta población en esa situación,
lo que condujo a un exceso de optimismos y a menospreciar los peligros que se
iban incubando en dichas sociedades y el cada vez mayor alejamiento de las nue-
vas generaciones a las formas de funcionamiento de los gobiernos.

6
  Finer, Samuel: The Man on Horseback: The Role of the Military in Politics, London, Pall Mall, 1962.
7
  Brzezinski, Zbigniew: El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus impera-
tivos estratégicos. Barcelona, Paidós, 1998; Ebadi, Shirin: El despertar de Irán. Madrid, Aguilar, 2007;
Kapuscinski, Ryszard: El sha o la desmesura del poder. Barcelona, Anagrama, 1987; Soto Carmona,
Álvaro: “¿Qué demonios es eso de un ayatollah?, Revista de Occidente, 454 (marzo 2019), pp.  9-25;
Huntington, Samuel P.: El choque de civilizaciones y la configuración del orden mundial, Barcelona,
Paidós Ibérica, 2005.

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 25


Álvaro Soto Carmona

Las protestas. El descontento de la población


Los síntomas se venían poniendo de manifiesto con el descontento de la pobla-
ción y de los sectores más jóvenes de la sociedad. Así sucedió en París en octubre del
2005, cuando tras la muerte de dos africanos musulmanes se puso en marcha un mo-
vimiento de jóvenes que simbolizaron su rabia en la quema de vehículos estacionados
en la calle. Otra muestra del descontento existente fueron los diversos movimientos
de protesta de los estudiantes de secundaria, primero, y luego los universitarios en
Chile, pese a que dicho país había recuperado la democracia a comienzo de la década
de los noventa del siglo pasado, tras una “transición tutelada”8.
Durante el segundo lustro del siglo XXI, se pusieron en marcha movimientos de
protestas influidos también por el inicio de la crisis económica (2008) y su fuerte im-
pacto sobre los trabajadores y los jóvenes, con un movimiento obrero a la defensiva
y la desorientación de las direcciones sindicales. Fueron movimientos de ciudadano,
transversales en su composición, con demandas a contracorriente de las políticas gu-
bernamentales y con la utilización de las redes sociales9 como medio de movilización.
Dichos movimientos hicieron suyos lugares públicos como las plazas (Puerta
del Sol en Madrid, plaza de Tahrir en El Cairo o la plaza de la Perla en Baréin)
para convertirlos en espacios reivindicativos. Está recuperación recogía la memo-
ria histórica y lo que en su momento supusieron la plaza de San Wenceslao en
Praga, la plaza de la Constitución (el Zócalo) en México DF o el Barrio Latino
durante el Mayo francés en París.
Un buen ejemplo fue España, donde nos encontramos un movimiento obrero a la
defensiva, debido al impacto de la crisis económica y la desorientación de los dirigen-
tes sindicales10. Pero esto no fue obstáculo para que se pusieran en marcha una serie
de protestas, con un bajo nivel de institucionalización y, en ocasiones, con fuertes
dosis de espontaneidad y de violencia. Las tres protestas más importantes fueron el
Movimiento del 15M, Rodea al Congreso y las denominadas Mareas.11 Las demandas se
centraron en la necesidad de democratizar el Estado y la sociedad12.

8
  Soto Carmona, Álvaro, “La transición tutelada”, L’Ordinaire Latino Americain, 193 (julio-sep-
tiembre 2003), pp. 63-73.
  Castells, Manuel: Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet,
9

Madrid, Alianza Editorial, 2012.


10
  Soto Carmona, Álvaro: “El declive del poder sindical: el 29-S”, El País (18-IX-2010).
11
  Las denominadas Marchas de la dignidad, contra el gobierno presidido por Mariano Rajoy, constituye-
ron las “mareas” que según el color que tenían se identificaban con una determinada demanda: en defensa de la
sanidad pública y contra la privatización (marea blanca); contra la emigración forzada (marea granate); en defensa
del medio ambiente (marea marrón); en defensa de los servicios sociales (marea naranja); contra los recortes en la
función pública (marea negra); contra el desempleo (marea roja); por la educación pública (marea verde); en defensa
del sistema público de bibliotecas (marea amarilla), o contra los recortes en políticas de igualdad (marea violeta).
  Monge Lasierra, Cristina: 15M. Un movimiento político para democratizar la sociedad, Zaragoza,
12

Prensa de Zaragoza, 2017, p. 64.

26 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

Bajo la denominación genérica de Indignados13, el movimiento de protesta se


extendió a numerosos países, fue “el más planetario de todos los existentes hasta
el momento, el más ilusionante, el más masivo. Fue una explosión de esperanza
ante las inercias del sistema. Casi una fiesta”14.
En el mundo occidental la protesta tuvo su continuidad con los denominados
“chalecos amarillos”, que nacieron en Francia en el 2018, extendiéndose a Países
Bajos, Alemania, Suecia y Canadá. Se trató de un movimiento transversal, sin
líderes, que utilizó las redes sociales para las convocatorias de manifestaciones o
bloqueo de carreteras. Dichas movilizaciones hicieron uso de la violencia, sobre
todo en París. Sus demandas tienen una estrecha relación con el descrédito de la
clase política, la pérdida de poder adquisitivo y la injusticia fiscal.
Las movilizaciones y la incorporación activa de jóvenes, mujeres e indígenas a
las protestas vienen siendo una realidad desde hace años. Los jóvenes muestran su
descontento con los políticos por no cumplir sus promesas y crear frustración en
los mismos. La mejora de los sistemas educativos y la incorporación a la enseñan-
za superior de jóvenes procedentes de clases sociales, que anteriormente no ha-
bían tenido dicha oportunidad, generó protestas que, si bien tenían antecedentes
en los diversos “setentayochos” de Europa y América15, ahora eran más radicales.
Ello se explica por la desesperanza que sienten una vez que finalizan estudios
superiores y el mercado de trabajo no es capaz de acogerles de acuerdo a sus titu-
laciones y a la inversión realizada en su preparación. Esa frustración ha llevado en
ocasiones a acciones violentas o al rechazo de las transiciones a la democracia, que
como en el caso de Chile habían tenido que realizar cesiones al poder autoritario
para poder completarse.
Las manifestaciones de las mujeres reivindicando la igualdad en torno al 8 de
marzo, Día Internacional de la Mujer, fecha que se institucionalizó por decisión
de Naciones Unidas, han ido aumentando de forma exponencial. Son cada vez
más los países que celebran dicha jornada reivindicativa, y también aumenta de
forma considerable la participación de mujeres. En 2017 se convocó un “Paro
internacional de mujeres” con una importante repercusión mediática y de par-
ticipación. El término igualdad en el campo político, social y económico se vio
completado con demandas en el ámbito sexual y cultural. Las mujeres, sin duda,

13
  El nombre de Indignados tuvo su origen en el pequeño libro de Stéphane Hessel, uno de los
redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, donde se ponía de manifiesto la
existencia de injusticias en la sociedad, el desprecio a los más débiles, la amnesia colectiva o la competen-
cia excesiva, llamando a luchar contra la indiferencia a través de una “insurrección pacífica”.
14
  Estefanía, Joaquín: Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), Barcelona, Galaxia
Gutenberg, 2018, p. 241.
15
  Soto Carmona, Álvaro, “Abandonando el pasado”, Revista de Occidente, 444 (mayo 2018),
pp. 7-21.

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 27


Álvaro Soto Carmona

tomaron iniciativas novedosas para salir de su invisibilidad, constituyéndose en


un sujeto activo de los cambios habidos durante los últimos años.
Un buen ejemplo es lo sucedido en Chile durante el último año, aunque
hunde su explicación en las frustraciones originadas por el proceso de transición
a la democracia de país. Recordemos que las denominadas “protestas nacionales”
tuvieron como objetivo acabar con la dictadura entre 1983 y 1986. A partir de
ese año y debido al descubrimiento de los arsenales de Carrizal Bajo y el aten-
tado contra Augusto Pinochet, la oposición frenó la movilización y apostó por
conseguir la mayoría política en el plebiscito que se debía de celebrar, según las
disposiciones transitorias de la Constitución de 1980, en octubre de 1988.
La aceptación de la legalidad de la dictadura supuso una alianza estrecha en-
tre los demócratas cristianos y los socialistas, marginando a los comunistas. La
creación de la Concertación de Partidos por el No y la necesidad de elaborar nuevos
registros electorales, ya que los antiguos fueron quemados poco después del golpe
de Estado de 1973, permitieron mantener la movilización social para lograr la
inscripción de los electores. El desacierto de la Junta Militar en proponer como
candidato a Pinochet facilitó la victoria del NO (54,7 por ciento) en el plebiscito
celebrado el 5 de octubre de 1988. Ello supuso el fracaso del proyecto político de
la dictadura y el inicio de la transición a la democracia.
A partir de ese momento hubo que negociar con los militares los cambios po-
líticos y, en demasiadas ocasiones, se cedió a sus pretensiones conviviendo con los
“enclaves autoritarios” y las “leyes de amarre”. Así la Concertación de Partidos por
la Democracia, que había propuesto un programa rupturista, tuvo que gestionar
la reforma, frenando cualquier tipo de movilización y generando rechazo entre los
que en otros momentos apoyaron sus planteamientos16.
La sociedad chilena se fue alejando de sus políticos, mientras veía cómo no
se construía el estado del bienestar, sino un estado de asistencia social, incapaz
de frenar las desigualdades sociales y los excesos del mercado. Privatizaciones,
desregulación, flexibilización y mercado informal se fueron convirtiendo en las
constantes del nuevo sistema. Todo ello bajo una creciente desmovilización.
Está situación cambió hace poco más de un año, el 6 de octubre del 2019, cuando
se produjo un “estallido social” que recordaba al “Bogotazo” de 1948 o al “Caracazo”
de 1989. Bajo una mínima justificación, el alza de las tarifas del sistema público de
transporte en Santiago, las protestas se fueron extendiendo por todo el país con una
inusitada violencia, tanto de los manifestantes como de los carabineros, que fueron
denunciados, por organizaciones defensoras de los derechos humanos, por el excesivo
uso de la fuerza o por la realización de torturas en locales policiales.

  Hidalgo, Paulo: El ciclo político de la Concertación (1990-2010), Santiago de Chile, Uqbar


16

editores, 2011.

28 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

Los motivos del “estallido” o del “despertar” de Chile venían de atrás, debido
al rechazo a la clase política y al descredito institucional, que se concretaba en la
ausencia de legitimidad de la Constitución heredada de la dictadura. A ello se
sumaban el alto coste de la vida, las bajas pensiones o el desprestigiado y discri-
minatorio sistema de salud.
El presidente, Sebastián Piñera, desbordado por los acontecimientos, fue inca-
paz de entender lo que sucedía con declaraciones muy desafortunadas (“estamos
en guerra”) y actuaciones excesivas como la declaración del “estado de emergen-
cia”. El paso del tiempo no desalentó a los manifestantes, que mantuvieron una
presión constante. El movimiento de protesta estaba encabezado por mujeres,
jóvenes, clases bajas y clases medias que estaban perdiendo su posición social. Fue
un movimiento trasversal y sin líderes.
Ante esta situación, el Gobierno trató de retomar el control del proceso políti-
co y en noviembre llegó a un acuerdo con el Congreso para realizar un plebiscito
nacional, en el que se preguntaba si se debía de hacer una nueva Constitución
y si los que la elaborasen debían de ser una convención constitucional. Ambas
propuestas salieron adelante en el plebiscito celebrado el 25 de octubre de 2020
con cerca del 80 por ciento de los votos. Hemos asistido a un claro ejemplo de
refundación del Estado, una vez que la transición a la democracia no fue capaz
de hacerlo17.
En el caso de los indígenas, su presencia en la política de América Latina ha
tenido un fuerte impulso. Los países con una importante población de pueblos
originarios, como sería el caso de México, Ecuador o Bolivia, han sufrido cambios
políticos profundos.
En México el pensamiento populista del presidente López Obrador se mue-
ve en torno a una sociedad conservadora, nacionalista revolucionaria y marxista
tropical. Reivindica el papel de los pueblos originarios y demanda al rey Felipe
VI la petición de disculpa a dichos pueblos por no protegerlos del crimen de los
españoles durante el descubrimiento, la conquista y la colonia. Su pensamiento
se resume así:
(…) el presidente López y su movimiento tienen una visión holística de la so-
ciedad, donde el todo es más importante que el individuo, donde cada quien tie-
ne un lugar en la sociedad y romper el orden preestablecido genera caos. México
y su pueblo son un gran organismo que necesitan de un gran hombre, sincero y
populachero, que interpreta y expresa la auténtica voluntad popular, y forma un
partido para aglutinar y ordenar su propio poder18.

17
  Una comparación con España sería interesante.
  Villela Aranda, Fernando: “La ideología de López Obrador”, Wall Street International
18

Magazine, (27-II-2020).

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 29


Álvaro Soto Carmona

En Ecuador la presencia indígena fue especialmente importante en las mo-


vilizaciones habidas contra el presidente durante el mes de octubre del 2019. El
Gobierno presidido por Lenín Moreno, delfín de Rafael Correa19, anunció medi-
das dirigidas a la liberalización de la economía el 1 de octubre, dando lugar a la
subida de los precios del diésel y la gasolina. De forma inmediata se pusieron en
marcha protestas organizadas, entre otros, por el Frente Unitario de Trabajadores
(FUT) y la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), que poco a poco
fueron extendiéndose a toda la población, siendo junto a estos últimos otros focos
activos las universidades y los jóvenes.
El corte de calles y carreteras, la toma por poco tiempo de la Asamblea Nacional
y la ocupación de los lugares más representativos de Quito obligaron al presidente
a cambiar la sede del Ejecutivo a Guayaquil, a la vez que se declaraba el estado de
excepción y el toque de queda en Quito. La violencia contra los manifestantes fue
denunciada por Amnistía Internacional.
Por mediación de Naciones Unidas se llegó a un acuerdo el día 13 de octubre
por el que se derogaba el decreto 883 sobre eliminación de subsidios de la gaso-
lina. La situación política sigue siendo muy conflictiva, no solo por el giro dado
por el actual presidente a la política del anterior presidente Rafael Correa, sino
también por el enfrentamiento entre ambos y las acusaciones de corrupción y
procesamiento de este último.
Tras una transición a la democracia muy compleja, Bolivia llegó a un acuerdo,
Pacto por la Democracia, por el cual el antiguo dictador y luego presidente electo,
Hugo Bánzer, permitió la elección como presidente de Víctor Paz Estensoro (1985-
1989) y más tarde de Jaime Paz Zamora (1989-1993). Ambas presidencias conta-
ron con el apoyo de diversos partidos para hacer efectiva la democracia y entrar en
una senda de estabilidad política. Las coaliciones políticas que se formaron dieron
continuidad con Gonzalo Sánchez Lozada y el propio Hugo Bánzer20, pero no
fueron capaces de ver el profundo malestar que sentía la mayoría de los bolivianos
frente a la “clase política” que actuaba al margen de los intereses populares.
Mientras tanto se fundó en 1997 el Movimiento al Socialismo-Instrumento
Político por la Soberanía del Pueblo, encabezado por Evo Morales. En las elec-
ciones presidenciales de 2002 ganadas por Sánchez Lozada, Evo Morales obtuvo
la segunda plaza con el 21 por ciento de los votos. En las elecciones del 2005,

19
  Pese a ello, las diferencias políticas han tendido a ensancharse. El 17 de abril de 2017 el líder de
Alianza País e impulsor de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa, fue reemplazado por Lenín Moreno,
que en menos de un año pactó con la oposición una serie de reformas que desmontaron buena parte de
lo realizado por Correa. Dichas reformas fueron plebiscitadas favorablemente el 24 de enero de 2018.
20
  Mayorga, René A.: “Presidencialismo parlamentarizado y gobiernos de coalición en Bolivia”,
en J. Lázaro (comp.), Tipos de presidencialismos y coaliciones políticas en América Latina, Buenos Aires,
CLACSO, 2001, pp. 101-135.

30 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

consiguió una histórica mayoría absoluta, con el 54 por ciento de los votos, re-
validando su mandato en el 2009 (64 por ciento) y el 2014 (63 por ciento). Tras
modificarse al año siguiente el periodo del mandato presidencial por el Congreso,
dicho cambio fue plebiscitado el 21 de febrero del 2016, perdiendo la opción que
defendía el presidente Morales, ya que el NO obtuvo algo más del 51 por ciento.
Pese a ello, Evo Morales siguió un camino marcado por irregularidades perma-
nentes y por la creencia de poder situarse por encima de la ley, lo que condujo a
la anulación de las elecciones de 2019 y a la intervención de las Fuerzas Armadas,
dando lugar al exilio temporal de Evo Morales.
La complejidad étnica es uno de los factores diferenciadores de Bolivia. ¿Quiénes
son los indígenas originarios? Es una polémica abierta, junto a la existencia de otro
grupo, el de los criollos. La delimitación de las fronteras de los grupos es fuente de
continuo conflicto. Desde la llegada de Morales a la presidencia, no se ha tratado
de promover la cohesión y el orden social, minimizando la diferencia étnica-racial,
sino todo lo contrario: agudizar la división provocando fuertes fracturas sociales
y una alta polarización. “La identidad racial está ideologizada en Bolivia a conse-
cuencia de las nuevas formaciones de la etnicidad política”21. Desde el Gobierno de
Morales solo se identifica la “pertenencia nacional con la raza ‘indígena-originaría’
producto de una ansiedad post-colonial nacida de la heterofobia”22. Así, en vez
de buscar una solución al conflicto lo agudiza, todo ello alimentado en las fuertes
desigualdades sociales y el injusto reparto de la riqueza.

Populismo y crisis de la política


La desconfianza hacia los políticos y la política ha favorecido la aparición y la
extensión de los “populismos” en Europa, sobre todo de derecha o ultraderecha
(United Kingdom Independence Party [UKIP] en el Reino Unido; Frente Nacional,
reconvertida en Reagrupamiento Nacional en Francia; Liga Norte en Italia; VOX
en España; Amanecer Dorado en Grecia; Alternativa por Alemania; Partido por la
Libertad en los Países Bajos; Partido de la Libertad en Austria; Ley y Justicia (PIS)
en Polonia; Fidesz en Hungría…), aunque no faltan los de izquierda (Francia insu-
misa, Podemos en España, Syriza en Grecia…). Proponen reformas sin tener apoyo
electoral, con el fin de generar expectativas imposibles de cumplir y fomentar frus-
traciones que les proporcionen réditos electorales. Los “populismos” no están para
solucionar problemas, sino para agravarlos, a través de un “círculo virtuoso” de de-
magogia y frustración. Su fórmula es negar la existencia de la política para hacerse
con el poder. Comenzaron siendo antieuropeístas, aunque con el tiempo fueron

21
  Loyaza Bueno, Rafael: Eje MAS. Ideología, representación social y mediación en Evo Morales Ayma,
La Paz (Bolivia), Konrad Adenauer Stiftung, 2011, p. 245.
22
  Ibidem, p. 246.

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 31


Álvaro Soto Carmona

matizando dicha oposición al ser conscientes de las ventajas para ciertos países de
la Unión Europea. En todo caso, su actitud y la crisis de liderazgo e identidad que
vive la UE han provocado un incremento de los euros escépticos.
Es complicado llegar a una definición de populismo, teniendo en cuenta ade-
más que se entiende de manera diferente en América Latina y en Europa, pero se
podía afirmar que existen unos mínimos en su acción política: “hay una apelación
al pueblo, y la correspondiente denuncia de una élite, subrayándose el antagonis-
mo entre uno y otra y su vinculación a una visión de la democracia contraria a la
propiamente liberal”23.
La llegada a las más altas instituciones de gobierno de personas con comporta-
mientos populistas que se consideran inaceptables rompe con las reglas básicas de la
política democrática. El caso más llamativo, por su trascendencia mundial, es el de
Donald Trump en los Estados Unidos, al amenazar con encarcelar a sus oponentes
políticos, despreciar a los medios de comunicación o no aceptar los resultados de las
elecciones. Pese a las numerosas críticas que se plantearon desde sectores políticos
muy diferentes, el hecho más sorprendente fue su elección como presidente. Los
analistas políticos no supieron ver lo erróneo de los análisis que venían realizando y la
falta de objetividad de los mismos, al estar muy condicionados por la ideología. De
esta forma se desoyó la dura realidad de los datos y se confundió a la población, ya
que trataron como irreales o ridículas las posibilidades que estaban presentes desde
hacía años en la población, pero que no habían sido detectadas o no se les había con-
cedido la suficiente credibilidad. En suma, de nuevo asistimos a límites de predicción
importantes por las ciencias sociales. Así lo tuvo que reconocer uno de los más sobre-
salientes intelectuales y Premio Nobel de Economía, Paul Krugman:
La gente como yo, y probablemente como la mayoría de los lectores del New
York Times, realmente no entendemos el país en que vivíamos. Pensábamos
que nuestros conciudadanos no votarían, al final, por un candidato tan ma-
nifiestamente descalificado para el cargo, con un comportamiento tan de-
mente, tan ridículo que da escalofrío (…).
Ha quedado claro que estábamos equivocados. Ha quedado claro que hay
un gran número de personas –blancos que viven principalmente en áreas
rurales– que no comparten nuestras ideas de lo que es América. Para ellos,
se trata de sangre y estiércol, de patriarcado tradicional y jerarquía racial. Y
hay muchas otras gentes que no pueden compartir esos valores antidemo-
cráticos, pero que estaban dispuestos a votar por cualquiera que llevase la
etiqueta de republicano.
No sé cómo hemos llegado hasta aquí. ¿Es América un Estado y una socie-
dad fallida? La verdad parece posible. Creo que tendremos que recogernos

  Vallespín, Fernando y Martínez-Bascuñán, Máriam: Populismos, Madrid, Alianza Editorial,


23

2017, p. 52.

32 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

a nosotros mismos e intentar encontrar un camino hacia adelante, pero esta


ha sido una noche de revelaciones terribles y no creo que sea autoindulgente
sentirse absolutamente desencantado24.
Las políticas de Trump trajeron consigo unilateralismo, proteccionismo, des-
confianza en las organizaciones internacionales, radicalización contra los emigran-
tes, incremento de la carrera de armamento o islamofobia. Todo ello favoreció la
consolidación y extensión de los populismos. Sin embargo, cuatro años después de
su llegada a la Casa Blanca perdió las elecciones, pese a las denuncias no demostra-
das de fraude. Esperemos que el nuevo presidente demócrata, Joe Biden, revierta
la situación, aunque el proceso será lento y el daño ya está hecho.
Una lectura similar podríamos hacer a raíz de la elección de Jair Bolsonaro
como presidente de Brasil, en la segunda vuelta, en octubre de 2018. Las críti-
cas hacia el mismo desde importantes sectores de la intelectualidad brasileña no
impidieron su elección. Los excesivos silencios a la corrupción existentes tanto
con Luis Ignacio da Silva (Lula), el líder carismático de la izquierda no social-
demócrata brasileña, como con su sucesora, Dilma Rousseff, en un ambiente de
conflicto abierto con el poder judicial y de movilizaciones, favorecieron la victoria
de Bolsonaro, con un discurso populista de derechas, presentándose como un
“hombre común” y como miembro de una comunidad que iba a reestablecer la
moral y conducir a la “tierra prometida”. Su liderazgo se construyó sobre un na-
cionalismo beligerante, un moralismo jerárquico, el antielitismo y “trasladando a
lo Divino el futuro” (“O futuro a Deus Pertenece”)25.
El populismo influyó en los resultados del referéndum celebrado en el Reino Unido
en junio del 2016 y en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz de La Habana realizado
en Colombia en octubre del mismo año. En el primero de los casos26, la percepción
negativa de los habitantes de dicho país a la permanencia, primero, en la Comunidad
Económica Europea y, después, en la Unión Europea (UE) fue una constante, con con-
tadas excepciones. A ello se sumó la crisis económica iniciada en 2008, lo que favoreció
los discursos nacionalistas y el ascenso de la ultraderecha representada por el UKIP,
partido fundado en 1993, que en las elecciones europeas de 2009 consiguió el 16,5
por 100 de los votos, convirtiéndose en el segundo partido más votado, y cinco años
después, en 2014, ganó dichas elecciones con el 27,5 por 100 de los votos.
El discurso xenófobo contra todos los extranjeros se hizo cada vez más po-
pular, fueran refugiados, exiliados o inmigrantes económicos, vinculándolos a

24
  Krugman, Paul: “Nuestro país desconocido”, El Confidencial (9-XI-2017).
25
  Alonso, Ángela: “A comunidade moral bolsonarista”, en S. Abranches et al., Democracia em
risco? 22 ensaios sobre Brasil hoje, Sau Paulo, Companhias Das Letras, pp. 52-70.
26
  Quiroga Fernández de Soto, Alejandro: “Reino Unido. Brexit o el niño que quería jugar
solo”, en Á. Soto Carmona (coord.), La democracia herida…, pp. 259-287.

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 33


Álvaro Soto Carmona

la violencia, criminalidad y pobreza. Al mismo se sumó el partido conservador


liderado por David Cameron, siendo ministra del Interior Theresa May, que
veía conveniente limitar la llegada de ciudadanos comunitarios procedentes del
sur de Europa. En este clima contra los extranjeros, David Cameron anunció
que en el caso de que los conservadores ganasen las elecciones se convocaría un
referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la UE. Fue esta una clara
apuesta electoral que permitió al partido de Cameron obtener la mayoría abso-
luta en las elecciones del 2015 y un año después, en junio de 2016, celebrar el
referéndum prometido.
Si bien se pensaba que la opción de continuar en la UE iba a salir vencedora
sin problemas, al contar con el apoyo de los dos grandes partidos, no se tuvo en
cuenta la fuerte atracción de los líderes del brexit, en especial Boris Johnson y
Nigel Farage, que recuperaron la mitología de la grandeza británica y se identifi-
caron con las “personas comunes”, alejándose de las élites políticas e intelectuales,
centrando su campaña en el miedo a lo extranjero. Todo un ejemplo de populis-
mo de derechas que les permitió obtener el 51,9 por 100 de los votos a costa de
una intensa ruptura generacional (jóvenes frente a personas mayores), territorial
(Escocia e Irlanda del Norte frente a Gales e Inglaterra) y socioeconómica (medio
urbano frente a rural. También provocó la ruptura de los partidos tradicionales, y
en la UE un auténtico trauma, seguido del caos, al no tener prevista una situación
similar en sus normas de funcionamiento.
La democracia en Colombia siempre estuvo bajo sospecha debido a la falta de
control sobre el territorio por parte del Gobierno de Bogotá y a la existencia de
grupos guerrilleros, influidos por ideologías revolucionarias de izquierda, grupos
paramilitares, que reemplazaban la “violencia legítima del Estado”, y narcotrafi-
cantes con una enorme influencia en la sociedad y con capacidad para corromper
a buena parte de la clase política. Tanto es así que se especuló con la posibilidad
de que fuera un “Estado fallido”.
El conflicto armado fue en este país especialmente intenso desde la década de
los sesenta del siglo pasado. Mientras, la capacidad de corromper a los políticos
y asesinarlos, dado el poder que adquirió Pablo Escobar, condujo a que durante
la campaña electoral de 1990 fueran asesinados cuatro candidatos presidenciales:
Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro.
A partir de dicho momento se pusieron en marcha profundas reformas desti-
nadas a la transformación, ampliación y extensión de instituciones democráticas.
Como se puede apreciar, su punto de partida fueron los sistemas políticos en
descomposición. Lo mismo ocurrió en Venezuela y México27.

27
  Garretón, Manuel Antonio: La sociedad en que viví(re)mos. Introducción sociológica al cambio de
siglo, Santiago, LOM Ediciones, 2000.

34 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

La refundación del Estado se inició con la Constitución de 1991 y las presi-


dencias de César Augusto Gaviria (1990-94), Ernesto Samper (1994-98) y Andrés
Pastrana (1998-2002). El cómo hacer frente a la guerrilla fue una preocupación
constante de los políticos y de la sociedad. Mientras la posición más dura era la
encabezada por Álvaro Uribe, su sucesor Juan Manuel Santos buscó la vía nego-
ciadora con el principal grupo guerrillero, las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia-Ejército del Pueblo. Tras unas largas negociaciones, primero en Oslo
y luego en La Habana, se llegó al Acuerdo para la Terminación definitiva del
Conflicto el 26 de septiembre de 2016. Dicho acuerdo tenía que ser sometido a
referéndum para su entrada en vigor, pero la excesiva confianza del presidente
Santos le llevó a una presentación triunfalista con el apoyo de importantes diri-
gentes internacionales.
Finalmente, la celebración del referéndum dio como resultado, con una alta
abstención (62,6 por ciento), el triunfo del NO (50,2 por ciento) frente al SÍ
(49,8 por ciento). Toda una victoria para la posición intransigente de Álvaro
Uribe y una derrota imprevisible para Santos, que tuvo que rectificar los Acuerdos
para que entraran en vigor.
Los síntomas de cambio del ciclo político, que no fueron capaces de detectar
los gobernantes, se pusieron en evidencia con el resultado de los referéndum en el
Reino Unido y Colombia. Y también lo que suponen las fórmulas plebiscitarias
simplificadas (sí vs. no) alentadas por las democracias participativas, frente a los
debates parlamentarios y a las democracias representativas.
Uno de los aspectos que no debemos olvidar es la extensión de la corrup-
ción y la desconfianza en los políticos debido a este tipo de comportamientos.
Mientras es evidente que en los países no democráticos la corrupción forma
parte intrínseca de su naturaleza, su existencia en países democráticos es más
limitada, aunque incluso en democracias recientes, como es el caso de España,
la corrupción ha estado presente tanto en los gobiernos socialistas como en los
conservadores. Y en otros países con escasa corrupción ha reaparecido en demo-
cracia, como sucedió en Chile.
En América Latina la sangría de la corrupción es preocupante, pese a haber
conseguido que la mayor parte de los países tuvieran gobiernos democráticos.
La empresa brasileña Odebrecht ha llegado con sus tentáculos a numerosos paí-
ses, manchando con sus corruptelas hasta nueve presidentes y vicepresidentes:
Rafael Correa (Ecuador), Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y
Pablo Kuczynski (Perú). Luis Ignacio Lula Da Silva (Brasil), Cristina Fernández
de Kirchner (Argentina), Amado Boudou (vicepresidentes de Argentina) y Raúl
Fernández Sendic (vicepresidente de Uruguay).
La situación es especialmente compleja en Perú, donde desde la destitución de
Alberto Fujimori por “permanente incapacidad moral” en 1999, se ha establecido
Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 35
Álvaro Soto Carmona

una constante inestabilidad política en la que junto a presidentes transitorios,


como Valentín Paniagua o el recientemente nombrado Francisco Sagasti, hubo
otros que tuvieron que dimitir por corrupción (Toledo, Humala, Kuczynski
y Vizcarra), o por el rechazo de la población. Este ha sido el caso de Manuel
Merino, que tan solo ha ocupado la presidencia durante cinco días y ha teni-
do que dejarla por “incapacidad moral”, según el Congreso, y por la represión
contra los manifestantes en desacuerdo con su nombramiento, que provocó dos
muertos y un número de desaparecidos sin aclarar.
El movimiento en Perú está protagonizado por jóvenes vinculados a la lucha
por los derechos humanos, creció en las movilizaciones contra el fujimorismo y
la corrupción. En la masiva protesta contra Merino tuvieron mucho que ver las
redes sociales, en especial Instagram y TikTok. Gracias a estos jóvenes se grabó y
difundió por todo el mundo la represión ejercida por las autoridades.
La existencia del crimen organizado constituye también otro de los proble-
mas acuciantes. Diecisiete de los 20 países con más asesinatos en el mundo es-
tán ubicados en Latinoamérica y el Caribe, llamando la atención El Salvador,
Venezuela y Honduras, que tienen una tasa de entre 50 y 60 homicidios por cada
100 000 habitantes, y Brasil, Guatemala, Colombia y México, que fluctúan en-
tre 20 y 28 homicidios por cada 100 000 habitantes. A nivel mundial, la media
es 6 por cada 100 000 habitantes, lo que muestra la difícil situación que se vive
en América Latina28.
En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, cedió frente a las
mafias, como se puso de manifiesto con uno de los hijos de Joaquín Guzmán
Loera (“El Chapo”), jefe del Cartel de Sinaloa. Al igual que en otros países de la
región, se fueron incorporando a la lucha contra el mismo las Fuerzas Armadas,
incrementando su influencia en el campo político.29

Crisis cultural
Con los anteriores ingredientes, los ciudadanos se encuentran cada vez más
proclives a soluciones con rasgos autoritarios. Las encuestas de opinión para
Estados Unidos son claras y en menor medida para Europa Occidental, donde el
panorama es algo más complejo30.

  Muggah, Robert y Aguirre Tobón, Katherine: “Citizen Security in Latin America: Facts and
28

Figures”, Strategic Paper 33 (abril 2018), Igarapé Institute, p. 4.


29
  Sampó, Carolina y Alda, Sonia (comps.). La transformación de las Fuerzas Armadas en América
Latina ante el crimen organizado, Real Instituto Elcano y Centro de Estudios Estratégicos de Perú, 2019.
  Mounk, Yascha: El pueblo contra la…, p. 111.
30

36 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

Porcentaje de encuestados estadounidenses que opinan


que vivir en una democracia es “esencial”, por década de nacimientos.

La edad se ha convertido en un dato decisivo para apoyar la democracia. Las


experiencias que condujeron a la II Guerra Mundial y las luchas contra los totali-
tarismos, así como la tensión habida durante la Guerra Fría, favorecieron el apoyo
a la democracia como el sistema político preferido. Pero el fin de la Guerra Fría
y el deterioro institucional de las democracias han cambiado las tendencias. Hoy
los jóvenes no se encuentran tan comprometidos como sus padres o abuelos por la
democracia, entre otros motivos porque siempre han vivido en ella y desconocen
lo que supone su ausencia.
En los Estados Unidos los datos son claros (ver el gráfico anterior). Ello coin-
cide con la baja confianza en las instituciones: tan solo el 30 por ciento confiaban
en el Tribunal Supremo, el 29 por ciento en la Presidencia, o el 7 por ciento en
el poder legislativo. Cualquier comparación con las décadas anteriores muestra
una clara disminución de la confianza que se alimenta del mal funcionamiento
en muchos casos de las instituciones que integran el sistema democrático: corrup-
ción política, abusos policiales no juzgados, falta de oportunidades vitales.
Como ya dijimos, el panorama es más complejo fuera de los Estados Unidos,
ya que existen países que hace poco sufrieron dictaduras, junto a otros que son
“democracias duraderas”. En este caso, las pertenecientes al mundo anglosajón,
como el Reino Unido o Canadá, muestran tendencias similares. En otros países
se observa un cierto cansancio, como en los Países Bajos o en Austria. En cambio,
en los países que tuvieron procesos de transición a la democracia recientes, como
España y Chile, se mantiene un mayor apoyo a la democracia, aunque aparecen
síntomas de cansancio.
Aunque el reforzamiento de la legitimad democrática se fue incrementando,
como pudimos ver en la tabla 1, cuanto más nos acercamos al tiempo presente
Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 37
Álvaro Soto Carmona

se aprecia un agotamiento de la democracia representativa y una cada vez mayor


complacencia con alternativas autoritarias, como pueden ser las demandas de un
“líder fuerte”. Todo ello tiene que ver con la falta de credibilidad de los “políticos”
que con sus actuaciones han contribuido a erosionar las normas democráticas.

Preferible un gobierno autoritario. América Latina 2018 (%)

La corrupción, como ya hemos indicado, el desinterés por la política, la des-


confianza hacía las instituciones, tanto las parlamentarias como las dependientes
del poder judicial, el obstruccionismo parlamentario (filibusterismo), el recuso
sistemático a los decretos leyes, tratando de evitar el control y el debate parla-
mentario, la degradación de los partidos políticos, o el abuso de las situaciones
extraordinarias (estado de alarma, estado de emergencia…) de suspensión de li-
bertades para evitar la actividad de control de la oposición. Todo ello pone de ma-
nifiesto una profunda crisis que sobrepasa situaciones puntuales, para convertirse
en recurrente y permanente, es decir, en estructural.

Desigualdad y mercado, una fuente constante de conflictos


En su Informe Anual de 2019 el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) concluye:
En el 2019, 26 personas tenían la misma riqueza que la mitad de la huma-
nidad. Un tercio de todos los alimentos producidos en el planeta se desper-
dició, a la vez que una de cada diez personas pasó hambres. Además, las

38 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


La democracia menguante

desigualdades de nueva generación como el acceso a la educación terciaria


y a la banda ancha han aumentado a raíz del cambio climático, los conflictos
y las causas profundas de la desigualdad de género.
La existencia de fuertes desigualdades sociales, originadas por el capitalismo y
el sistema de mercado vienen a ser una constante en las denuncias que se produ-
cen sobre el mismo31. Más recientemente el libro de Thomas Piketty32 ha vuelto
a poner de actualidad el tema, mostrando el carácter cíclico del capitalismo, en el
que las crisis son una parte estructural, dándose el caso de que en la fase actual del
mismo se ha intensificado su funcionamiento perverso con una profundización
de las desigualdades.
Estas afectan tanto a los ingresos como al acceso al capital y al empleo. Abarcan
numerosos campos como la educación, el poder político, el respeto y la dignidad
con que son tratadas las personas. Afectan en mayor grado a las mujeres, la pobla-
ción rural y las regiones atrasadas, a los pueblos originarios, donde existen, y a las
personas de las diversas minorías.
En muchos países se redujo la desigualdad de ingresos debido a la reducción
de la brecha salarial entre los trabajadores de mayor y menor cualificación. No
obstante, esto no implica una reducción en términos absolutos sino relativos, en
sociedades donde existe una fuerte concentración de los ingresos y la riqueza. La
existencia de bajos salarios con largas jornadas de trabajo, debido a los procesos
de desregulación, da lugar a situaciones en las que no se cubren las necesidades
básicas, manteniéndose las familias en la línea de pobreza o por debajo de la
misma. Ello se ve agravado en el caso de las mujeres que reciben un salario más
bajo. Las razones de ello tienen que ver con trayectorias laborales interrumpidas
por razón de la maternidad, porque asumen la mayor parte del trabajo del hogar,
por las prácticas discriminatorias de los empleadores y por la desvalorización del
trabajo femenino.
Los salarios bajos producen inseguridad económica, estando la trayectoria labo-
ral fuertemente estratificada: estabilidad frente a desempleo, inactividad y trabajo
informal. La alta rotación del empleo genera un mundo “incierto”. Por último, las
bajas pensiones, si existen, no permiten hacer frente a las necesidades vitales.
La mayor parte de las desigualdades salariales se explican por el tipo de em-
presas (economía dual). Empresas de alta productividad y empleo más estable

31
  Existe una abundante literatura sobre el tema, pero podemos citar entre otros: Kaelble,
Hartman: Desigualdades y movilidad social en los siglos XIX y XX, Madrid, Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social, 1994; Williamson, Jeffrey G.: Capitalismo y desigualdades económicas en Gran Bretaña,
Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1987; Jodar, Pere y Martín Artiles, Antonio: Crisis
económica y relaciones industriales. Ensayos sobre el conflicto Capital/Trabajo. Estrategias y alternativas,
Madrid, Grupo Cultural Zero, 1985.
32
  Capital in the Twenty-First Century, Cambridge (MA), Harvard University Press, 2014.

Alcores, 24, 2020, pp. 21-40 39


Álvaro Soto Carmona

conviven con otras de baja productividad, trabajadores menos cualificados y alta


rotación. Ello va acompañado de la segmentación de los mercados de trabajo y de
una mayor flexibilidad33.
Por último, los sindicatos y la negociación colectiva se convierten en margina-
les. El papel del Estado es subsidiario y el sistema fiscal regresivo, centrándose en
los impuestos indirectos.
Para el caso de Chile, el PNUD publicó un informe muy completo34,
en el que se ponía de manifiesto el trato diferencial que recibían las personas por
razón de su posición en la estructura social. La pertenencia a las clases más bajas,
el hecho de ser mujer, o el lugar donde se vive son las “razones percibidas” más
importantes para recibir malos tratos. El país es calificado en dicho informe como
clasista y machista, poniéndose de manifiesto las desigualdades a la hora de tener
acceso a la salud o a la educación.
En este mismo país, los apellidos marcan las desigualdades, así las clases altas
tienen apellidos castellano-vascos, ingleses, franceses, italianos y alemanes, mien-
tras que las clases bajas tienen apellidos mayoritariamente provenientes de los
pueblos originarios. Concluyendo, las desigualdades en Chile tienen connotacio-
nes clasistas y étnicas. Siendo las clases altas predominantemente blancas, las bajas
mestizas e indígenas y las más bajas mulatas y negras. El aspecto físico se convierte
así en una señal para detectar la clase social y condicionar el trato.
En suma, un mundo injusto, que da como resultado las protestas y las de-
mandas de cambios en la sociedad que están vigentes hoy en día. Estamos ante
el agotamiento de un modelo político que puede arrastrar al modelo social y al
sistema económico.

  Pollert, Anna (comp.): ¿Adiós a la flexibilidad?, Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad


33

Social, 1994; Gordon, David M., Edwarda, Richard y Reich, Michael: Trabajo segmentado, trabajadores
divididos. La transformación histórica del trabajo en los Estados Unidos, Madrid, Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social, 1986; Baglioni, Guido y Crouch, Colin (eds.): European Industrial Relations. The
challenge of flexibility, London, SAGE Publications Ltd., 1990; Murphy, Edna: Flexible Work, Great
Britain, Director Books, 1996.
  Desiguales. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile. Santiago de Chile, Uqbar,
34

2017.

40 Alcores, 24, 2020, pp. 21-40


Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 ISSN: 1886-8770

En torno al orden internacional


del siglo XXI
Pedro A. Martínez Lillo
Universidad Autónoma de Madrid

Javier Castro Arcos


Centro de Estudios Internacionales-Pontificia
Universidad Católica de Chile
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2020

Resumen: Este trabajo aborda los principales factores que enmarcan la crisis del
sistema multilateral en las relaciones internacionales a lo largo de la década 2010-
2020. Las temáticas inciden en una pluralidad de cuestionamientos que incluyen
desde la incertidumbre económica, y la guerra comercial entre EE.  UU. y China; el
comportamiento de los países BRICS o el excepcionalismo norteamericano; sin olvidar,
el surgimiento de los nacionalismos y la emergencia de modelos democráticos iliberales,
junto a los nuevos conflictos del siglo XXI, dentro de un mundo convulsionado por la
pandemia de la COVID-19. Aspectos considerados imprescindibles a la hora de analizar
el estado del multilateralismo contemporáneo y sus repercusiones en la gobernanza global.

Palabras clave: multilateralismo, relaciones internacionales, conflictos del siglo XXI.

Abstract: This paper explain the main milestones of the current crisis in the multilateral
system during the 2010-2020 decade. It is aware of themes that address questions that
range from explaining economic uncertainty, and the trade war between the US and
China; the performance of the BRICS countries, North American exceptionalism; and
the resurgence of nationalisms and the emergence of illiberal democratic models, besides
to the new conflicts of the 21st century, in a context of a global pandemic due to the
effects of COVID-19. Aspects that we consider to analyze the state of contemporary
multilateralism and its repercussions on global governance.

Keywords: Multilateralism, International Relations, Conflicts of the XXI century.

43
Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

Introducción
Aunque el sistema internacional sea intrínsecamente anárquico no supone, de
forma necesaria, un desorden total. Por el contrario, surgen formas para dotarlo
de estabilidad, de orden. Todo orden internacional –recordaba Moreau Defarges–
reposa sobre tres elementos: los valores comunes, la configuración aceptada de la
fuerza, a saber, la jerarquía de potencias y, las instituciones y redes organizadas que
permiten la comunicación e impiden a las crisis degenerar en conflictos abiertos.
Dinámicos por naturaleza, su evolución refleja las alteraciones y pulsiones sobre-
venidas en la comunidad mundial, y que –en procesos históricos de cambio y
continuidad– dan paso a una nueva construcción frente a las amenazas.1 Y es que
la escena internacional es indisociable de los actores sociales que la integran, de sus
comportamientos y culturas, así como de sus objetivos y deseos. Mucho es el ca-
mino recorrido desde el concierto europeo del siglo XIX que vinculaba a príncipes
y dinastías bajo un mismo espíritu y proyecto hasta el mundo actual2.
Nuestro tiempo internacional evidencia pruebas inequívocas de transforma-
ciones, tanto estructurales como de agencia (crisis de la globalización, erosión
del multilateralismo, declive del poder norteamericano, ascendente liderazgo de
China, codiciosas potencias regionales, emergencia de modelos democráticos ili-
berales, impulsos identitarios nacionalistas o amenazas globales) 3, cuyas repercu-
siones impactan de lleno en la gobernanza mundial, generando interrogantes so-
bre nuestro presente y futuro. Ante un panorama exterior -sin duda- incierto, nos
preguntamos por la evolución y características de la vida internacional; si asistimos
a la conformación de una nueva Guerra Fría o si presenciamos el regreso de los
imperios; incluso si, dada esa inestabilidad, caminamos del orden al caos. El juego
de las percepciones deja su impronta en los imaginarios colectivos: el 25 de enero
de 2018, el comité científico del Bulletin of the Atomic Scientists adelantaba el reloj
del apocalipsis, un cronómetro metafórico que simboliza la inminencia de la guerra
nuclear y otros cataclismos, al punto más próximo de su hora fatídica, dos minutos
antes de las 12 de la noche: una posición jamás alcanzada desde 1953, en plena
guerra de Corea4. De respuestas complejas, solo un correcto análisis del devenir

  Moreau Defarges, Philippe: L’ordre mondial, París, Armand Colin, 1998. Fougier, Eddy:
1

“L’ordre mondial”, Politique Étrangère, 1, 64 (1999), pp. 154-155. Sanz, Carlos: “El nuevo orden in-
ternacional. La Organización de las Naciones Unidas”, en J. C. Pereira (coord.), Historia de las relaciones
internacionales contemporáneas, Barcelona, Ariel, pp. 470-473.
2
  Badie, Bertrand: New perspectives on the International Order. No longer alone in this world,
Londres, Palgrave MacMillan, p. 53.
3
  Sanahuja, José Antonio: “Crisis de la globalización, el regionalismo y el orden liberal: el ascenso mun-
dial del nacionalismo y la extrema derecha”, Revista Uruguaya de Ciencia Política, 28(1) (2019), pp. 61-62.
4
  Pelopidas, Benoît y Ramel, Fréderic: “Penser le fait guerrier au XXe siècle” en B. Pelopidas y
F. Ramel (dirs.), L’Enjeu mundial. Guerres et conflicts armés au XXe siècle, París, Sciences-Po Les Presses,
2018, p. 7.

44 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

internacional, atendiendo a hechos y procesos, ofrecería claves para aproximarnos


a una mejor comprensión y problematización de esta sociedad mundial.

De la Post Guerra Fría a la crisis de la globalización


El orden de la Guerra Fría fue estable y bastante rígido, y dotaba de una cierta
previsibilidad a las relaciones internacionales. Sin embargo, no sería estático, pro-
duciéndose en su interior transformaciones que, a la larga, explicaron su final5. La
caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición de la Unión Soviética y del
socialismo real, significó la emergencia de un posible esquema multipolar o direc-
tamente unipolar –según otras opiniones–, tomando como referencia el triunfo
norteamericano en el pulso frente a la URSS. Enmarcada por la globalización
económica –generalización de las leyes de mercado, incremento de los intercam-
bios comerciales, movilidad de capitales sin restricciones–, la arquitectura mun-
dial revalorizaba –en lo político–, la democracia y los derechos humanos desde la
base de un orden liberal y una apuesta por el multilateralismo bajo influencia de
Estados Unidos, para proclamar el fin de la Historia.
Los actores internacionales se incrementaron, y con ello también sus proble-
máticas. El número de países miembros de la Naciones Unidas pasó de 150 en
1979 a 180 en 1992, hasta los 193 actuales. El Estado, en todo caso, se debilitaba
como figura principal en la escena mundial. Junto a las organizaciones intergu-
bernamentales o grandes bloques regionales, se asiste a una proliferación de acto-
res no gubernamentales y fuerzas transnacionales. Desde activas ONG (40 000 en
2009), grupos religiosos, conglomerados mediáticos o movimientos de sociedad
civil y empresas transnacionales (60 000 en el año 2000) hasta los propios indi-
viduos organizados a través de un sistema de redes, cada uno con sus agendas,
enfoques y sensibilidades hermenéuticas. Nunca como hasta ahora el juego inter-
nacional fue tan interactivo, evidenciando cómo la gobernanza mundial no era ya
ámbito exclusivo de los Estados6.
Zbigniew Brzezinski planteó que el horizonte posterior a la Unión Soviética
significó la “búsqueda de la certidumbre” dentro de la conformación de un nue-
vo orden mundial de Post Guerra Fría7. En efecto, mientras la hegemonía nor-
teamericana y la globalización económica fueron consolidándose, intensifican-
do los tratados de libre comercio y acuerdos representados en el Consenso de
Washington, la culminación de la Ronda Uruguay (1986-1993), y la creación de

5
  Sanz, Carlos: “El nuevo orden internacional…”, pp. 470-473.
6
  Gerbet, Pierre: “Les organisations internationales”, en R. Frank, Pour l’histoire des relations inter-
nationales, París, PUF, 2012, pp. 255.
7
  Brzezinski, Zbigniew: El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos
geoestratégicos, Buenos Aires, Paidós, 1998.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 45


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

la Organización Mundial de Comercio (OMC, 1994), las guerras interétnicas y


los conflictos de los países catalogados como “Estados Fallidos” aumentaron la
percepción de inestabilidad del orden global.
La Primera Guerra del Golfo (1990-1991) involucró la participación de una
coalición multinacional de 43 países liderados por Estados Unidos, y contó con
el apoyo soviético en el Consejo de Seguridad de la ONU, el soporte financiero
alemán y japonés a las operaciones militares y un amplio apoyo del mundo árabe
a esta acción contra un “Estado villano”, identificado como antagonista al nuevo
orden mundial de posguerra8. El modo de operación concertada para hacer frente
a estas amenazas parecía funcionar. Por el contrario, el múltiple brote de focos
de conflictos en la “periferia” superaría los esquemas de los programas de inter-
vención humanitaria conducidos por Estados Unidos, y articulado en Naciones
Unidas. Los casos de Haití (1994), Somalia (1993‐94), el genocidio de Ruanda
(1994), Bosnia Herzegovina (1995), Sudán y Afganistán (1998), Yugoslavia
(1999 en la guerra de Kosovo) y el aumento del crimen organizado en América
Latina9 agudizaron la percepción de inestabilidad global en detrimento de una
paz ilusoria, que ofrecía la implementación de la democracia liberal de la mano de
la globalización financiera. El prestigio norteamericano –y la unipolaridad simbo-
lizada– parecía contradictorio: Estado victorioso de la Guerra Fría, no era capaz
de ganar las guerras planteadas contra grupos tribales mal armados y escasamente
entrenados o contra ejércitos irregulares. La señal que se enviaba era que realmen-
te no existía una fuerza global de contención10.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 sellaron una nueva etapa de
neoaislacionismo norteamericano, donde el inicio de la guerra global al terro-
rismo y la posterior intervención en Irak (2003) implicaron una profunda trans-
formación de las realidades de la Post Guerra Fría. Sin contar con el apoyo del
Consejo de Seguridad ni mandato de la ONU, Estados Unidos recurrió a una
acción unilateral interviniendo en Irak. De esta forma, el multilateralismo dis-
minuido acentúa los intereses particularistas de las grandes potencias y exigencias
estratégicas que pueden existir en cualquier caso específico (desde temas como
minas antipersona o protocolo de Kyoto), por encima del consenso multilateral11.

  Corigliano, Francisco: “Configuraciones de orden (¿o de desorden?) mundial, de Westfalia a


8

nuestros días”, Mural Internacional, 5(1) (enero-junio 2014), p. 64.


9
  Alcalde, Javier: Después de la Guerra Fría: Introducción a la dinámica del orden internacional
(1815-2013), Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Escuela de Gobierno y Políticas Públicas,
2014, pp. 52-53.
10
  Patiño, Carlos Alberto: “De la bipolaridad al fracaso de la unipolaridad”, Analecta política, 1(1)
(julio-diciembre 2011), p. 41.
  Costa, Oriol: “Introducción: El multilateralismo en crisis”, Revista CIDOB d’Afers Internacionals,
11

101, (2013), p. 13.

46 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

En el inicio de la década de 2010, el mundo se enfrentaba a una compleja


realidad. Actuando como parteaguas entre épocas, la Gran Recesión –2008–, ex-
plica Sanahuja, evidenció la crisis de una forma de globalización que como etapa
histórica se había conformado en los años noventa, para dar paso a una nueva re-
volución tecnológica y productiva12. La crisis se alimentaba –también– por el as-
censo mundial del nacionalismo, de formaciones de extrema derecha y populistas
en países avanzados y emergentes que configuraría un grupo de nuevos patriotas
–Washington, Moscú, Brasilia y, con matices, Beijing–, y renovadas formas de ce-
sarismo, cuyas políticas exteriores muestran el rechazo social a esa globalización y
cuestionan las normas y estructuras del orden liberal internacional definido tras la
Segunda Guerra Mundial13. Sus discursos, con matices y diferencias –propias de
las circunstancias locales o regionales de cada caso– inciden en dialécticas comu-
nes que abarcan desde la defensa del proteccionismo hasta el rechazo al concepto
de las sociedades abiertas o el cosmopolitismo.
El alejamiento del instrumento de la cooperación en los modelos exteriores
nacionalistas acentúa las discrepancias en torno al funcionamiento del multilate-
ralismo, erosionando los mecanismos para una gobernanza capaz de enfrentar los
retos y desafíos de la humanidad. El posicionamiento exterior de Estados Unidos
bajo Trump –y de los euroescépticos en la Unión Europa– subrayaba el retroceso
liberal de 1945, por quien fue clave en su arquitectura y diseño, perdiendo como
potencia mundial autoridad e influencia, y lastrando la dirección de la comuni-
dad internacional14.
El hecho de un cambio de ciclo histórico en el sistema internacional parece,
por lo tanto, indiscutible. El modelo hegemónico Post Guerra Fría de globa-
lización económica y democracia liberal llega a un punto culmen. Sanahuja,
de nuevo, señala que si con el 11-S y la guerra contra el terrorismo terminó el
confiado optimismo democrático posterior a la Guerra Fría y el fin de la Historia,
con la crisis económica iniciada en 2008 se cerraría el ciclo de la globalización
económica en su forma actual, basada en la transnacionalización productiva y la
financiarización15. Es más, las consecuencias de la pandemia mundial involucra-
rán repensar lo que entendemos por interdependencia global, justamente porque
sus repercusiones afectarán al conjunto de la humanidad con variadas formas de
impacto.

12
  Sanahuja, José Antonio: “Crisis de la globalización…”, pp. 60-63.
13
  Sanahuja, José Antonio: “Crisis de la globalización…”, pp. 84-85.
  Palacio, Ana: “Multilateralismo sin añoranzas”, Pensamiento Iberoamericano, 2, III.ª época,
14

(2019), pp. 23-25.
  Sanahuja, José Antonio: “¿Bipolaridad en ascenso?”, Foreign Affairs Latinoamérica, 20(2)
15

(2020), p. 82.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 47


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

Hitos para una crisis del multilateralismo 2010-2020


• La incertidumbre económica. De la Gran Recesión a la guerra comercial
EE. UU. y China
La crisis financiera global de 2008 fue un hito central en el declive del multi-
lateralismo entre 2010-2020, enfrentando el mundo la mayor debacle económica
desde 1930. La Unión Europea –por ejemplo– parecía incapaz de sobrevivir, con
Grecia, Portugal, España, Irlanda e Italia, sufriendo sus graves secuelas tras la re-
ducción de las inversiones internacionales y la precarización del empleo.
El origen de la crisis parte del 15 de septiembre de 2008, cuando el importan-
te banco de inversión estadounidense, Lehman Brothers16, se declaró en quiebra
generando pánico global a ahorradores e inversores, provocando el congelamiento
de los mercados de crédito a corto plazo. Las hipotecas subprime norteamerica-
nas fueron el síntoma de una debacle inminente. Los deudores no pagaron sus
hipotecas de baja calidad crediticia, el precio de los bienes raíces disminuyó, se
paralizaron los créditos, y la crisis sistémica se desató.
La red financiera global recibió en su conjunto el impacto negativo de la crisis.
El impacto inicial de la crisis de 2008 fue más intenso que el provocado por la de
1929, pero se observa una recuperación más rápida tras el colapso contemporá-
neo17. Durante 1980-2007, la economía del orbe creció a 3 % promedio anual,
en contraste, a partir de 2008 y hasta 2012, lo hizo a 1.8  %, según cifras del
Fondo Monetario Internacional18.
La Gran Recesión desplomó la demanda agregada. La industria automotriz,
las empresas inmobiliarias, los principales bancos de inversión de entidades finan-
cieras en Estados Unidos y en Europa recibieron grandes inyecciones económicas
por parte del Gobierno federal en Washington (838 mil millones de dólares) y los
de la Unión Europea (4,5 billones de euros, un 38 % del PIB europeo). Ambos
decidieron intervenir directamente para intentar salvar, sin grandes resultados, las
principales compañías y bancos en quiebra19.
La década 2010-2020 estuvo marcada por una recuperación desigual. Las eco-
nomías más desarrolladas del centro (Estados Unidos, Alemania, Reino Unido,

  Su valor ascendía a más de 600 mil millones de dólares, la suma del PIB de Argentina, Bolivia,
16

Chile, Paraguay, Uruguay, Perú y Ecuador.


17
  Marichal, Carlos: Nueva historia de las grandes crisis financieras, Buenos Aires, Debate, 2010,
pp. 274- 275, y p. 326.
18
  Juárez, Gloria, Sánchez, Alfredo y Zurita, Jesús: “La crisis financiera internacional de 2008
y algunos de sus efectos económicos sobre México”, Contaduría y Administración, 60, supl. 2 (diciembre
2015), pp. 128-146.
  Rapoport, Mario y Brenta, Noemí: “La crisis económica mundial: ¿El desenlace de cuarenta
19

años de inestabilidad?”, Problemas del Desarrollo, 41(163) (diciembre 2010), pp. 7-30, p. 20.

48 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

Francia) se recuperaron más rápidamente que las periféricas europeas (Grecia,


Portugal, España, Italia, Islandia, Irlanda). En la Unión Europea se impulsa-
ron políticas de austeridad, asesoradas por el Fondo Monetario Internacional, el
Banco Central Europeo y la propia Unión (Troika) en países como Grecia, donde
el producto nacional por habitante cayó en su fase de ajuste más de 25 puntos
porcentuales respecto al 2007, el desempleo promedio se mantuvo –en diez años–
por encima del 25 % y el desempleo juvenil alcanzó niveles superiores a 50 %20.
A pesar de que Estados Unidos sufría desequilibrios similares a los de algunos
países europeos, los mayores efectos impactaron con más fuerza en la zona euro.
En cambio, las economías emergentes se vieron menos afectadas y enseguida re-
cuperaron los rápidos ritmos de crecimiento, en particular China21.
En 2017, recién asumido el 45º presidente de Estados Unidos, Donald Trump,
el enfoque económico proteccionista comenzó a marcar un claro sendero para la
administración republicana. Con la Organización Mundial de Comercio (OMC)
se tomaron decisiones que directamente debilitan el multilateralismo financiero
y, sin mayores consideraciones diplomáticas, Washington abandonaba el Acuerdo
Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el gran compromiso sobre el
libre comercio para la Cuenca del Pacífico suscrito con 11 países. El embaja-
dor norteamericano ante la OMC, Dennis Shea, alegó, entre otras cosas, que el
Órgano de Apelación de la institución multilateral se excedía en sus competencias
y creaba nueva jurisprudencia en lugar de limitarse a aplicar las reglas22.
Impidiendo cualquier sanción de la OMC, y sin sometimiento a la aproba-
ción del Congreso (para no consultar al legislativo, la Administración Trump se
valió de una antigua cláusula por motivos de seguridad nacional), la Casa Blanca
decretó nuevos aranceles a las importaciones de China, Europa e incluso Canadá.
En primer lugar, se impusieron aranceles a una lista de productos a los cuales se
les añadió un arancel de 10 % con relación a sus últimos precios de importación.
Posteriormente, se traspasó el incremento del arancel del 10 % a importaciones
valoradas en más de 200 mil millones de dólares23. Ya en abril, las exportaciones
chinas a Estados Unidos se redujeron un 13,1 %, mientras que las importaciones
de productos estadounidenses cayeron un 25,7 %, ampliando aún más el déficit
comercial estadounidense con China. Los efectos fueron globales, acuñándose

20
  CENTRO DE ESTUDIOS PÚBLICOS (CEP), ¿Hacia dónde va el capitalismo global? a 10
años de la crisis financiera de 2008, Santiago de Chile, agosto de 2018.
21
  Comín, Francisco: Historia económica mundial. De los orígenes a la actualidad, Madrid, Alianza
Editorial, 2014, p. 720.
22
  Martínez, José Antonio: “La crisis del multilateralismo”, Información Comercial Española,
Revista de economía, 913 (marzo-abril 2020), pp. 17-32, p. 29.
  Agosín, Manuel: “Guerra comercial y su impacto en el mundo”, Mirada FEN, Revista de
23

Economía y Administración, Santiago, Universidad de Chile, 173 (diciembre 2018-enero 2019), p. 7.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 49


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

entre la opinión pública y los medios de comunicación el término de “guerra


comercial” entre Washington y Beijing. Para los especialistas, acciones como la
que el país norteamericano llevo a cabo contra la OMC, y consecutivamente
con China, terminan por normalizar el proteccionismo económico y erosionan el
multilateralismo, deslegitimando la institucionalidad liberal de posguerra, cons-
truida precisamente bajo la salvaguardia de Estados Unidos24.
En el debate sobre si Estados Unidos acentúa su declive con estas prácticas co-
merciales hacia Beijing, desde distintos ámbitos se sostiene, por el contrario, que
Washington saldría fortalecido en tanto que potencia hegemónica, ya que nin-
guno de los otros países o regiones que, en principio, pudieran competir –Unión
Europea, Japón, China o Rusia– están en condiciones políticas, militares y/o eco-
nómicas de reemplazar en el corto plazo el dominio norteamericano25.

• “América Primero”. El marco de la política exterior norteamericana


Una de las razones por las que Donald Trump resultó elegido presidente de
Estados Unidos radicó en el voto de protesta de una endeudada clase trabajadora
amenazada por la evolución económica del país. Y atraída, igualmente, por un
discurso de rechazo, primero, a la globalización –identificada como responsable
en parte de ese deterioro–, y, segundo, a la inmigración, figurando ambas ideas en
el relato nativista blanco que proponía volver a tomar el control de la frontera, y
construir muros. Frases clásicas del excepcionalismo estadounidense volvieron a
aparecer: “América para los americanos”, y en palabras de Trump “Haz América
grande de nuevo”. El ideal soberanista de “América primero” ha guiado las pautas
de la actual política exterior norteamericana26.
La guerra comercial con China y el debilitamiento del multilateralismo han forta-
lecido cierto tipo de polaridad norteamericana con visión unidimensional del poder,
que transmite la percepción de poseer toda la autonomía necesaria para resistir la
influencia de otros actores. Comportamiento que podría problematizar aún más la
interacción multilateral global27. En noviembre de 2019, Estados Unidos inició su
salida del Acuerdo de París, el mayor pacto vinculante frente al cambio climático;
denunció y se retiró del Acuerdo Nuclear de Irán (JCPOA); en junio de 2018 se
apartó del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, mientras subraya-
ba su rechazo a aceptar cualquier investigación de la Corte Penal Internacional que

24
  Rosales, Osvaldo: “El conflicto económico Estados Unidos-China”, Mirada FEN, Revista de
Economía y Administración, 173 (diciembre 2018-enero 2019), p. 11.
  Rapoport, Mario y Brenta, Noemí: “La crisis económica mundial…”, p. 26.
25

  Alejo, Antonio: “Make America Great Again: ¿expresión de un nativismo blanco contemporá-
26

neo?”, Revista CIDOB d’Afers Internacionals, 119 (septiembre 2018), pp. 185-207.


  Sanahuja, José Antonio.: “¿Bipolaridad en ascenso…?”, pp. 76-84.
27

50 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

pudiera involucrar a Estados Unidos. Esta agenda se remataba con el abandono de la


Unesco y, en mitad de la pandemia, de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
acusándola de beneficiar a China. En paralelo ha optado por una senda de amenazas
y ruidosas guerras comerciales –ya señaladas– con sus principales rivales y por nego-
ciaciones estrictamente bilaterales28. Podría parecer anecdótico, pero la decisión de
la administración republicana -a finales del 2020- de reconocer unilateralmente la
soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, ignorando los pronunciamientos
de Naciones Unidas y las normas del derecho internacional relativas a la descoloniza-
ción, es todo un símbolo de ese comportamiento exterior.
Es posible ver en Trump elementos de un aislamiento ya ensayado antes en la
historia norteamericana29. Pero el escenario del excepcionalismo es hoy predominante
en su agenda exterior. El desenganche multilateral no significa abandonar acciones
internacionales significativas y –por supuesto– unilaterales. En enero de 2020, el ge-
neral iraní Qassem Soleimani fue alcanzado por un dron norteamericano en suelo ira-
quí, tensionando el Golfo Pérsico, espacio donde opera la Quinta Flota. La posición
beligerante hacia Irán, por no entregar garantías para poner término a su proyecto
nuclear, refleja una deriva intervencionista –manifestada también con Venezuela–,
algo contradictoria con la posición dialogante sostenida con la dictadura de Kim
Jong Un en Corea del Norte. Un Gobierno, el de Pionyang, que aún no se muestra
dispuesto a acabar con su programa nuclear y que no ha recibido desde Washington
el mismo trato que Irán. Conviene recordar cómo una de las promesas electorales de
Trump –el repliegue de tropas– solo se ha ejecutado de manera limitada.
Para Joseph S. Nye, fueron precisamente las dislocaciones económicas acentua-
das por la Gran Recesión, los cambios culturales relacionados con las etnias, el pa-
pel de la mujer y la identidad de género los que polarizaron al electorado estadouni-
dense. Trump vinculó con éxito la animosidad redkneck por la creciente visibilidad
e influencia de las minorías raciales y étnicas con la política exterior, al culpar de
los problemas económicos a “malos acuerdos comerciales con países como México
y China, y a inmigrantes que compiten por puestos de trabajo”30.
En definitiva, y siguiendo al mismo académico, es evidente que el sistema de
alianzas de seguridad, instituciones multilaterales y políticas económicas relativa-
mente abiertas, fundamento básico de la política exterior de Estados Unidos du-
rante 70 años, está siendo cuestionado por nuevas potencias como China y una ola
de populismo dentro de las democracias. Estados Unidos –en este contexto– está

28
  Van Klaveren, Alberto: “La crisis del multilateralismo y América Latina”, Análisis Carolina,
Madrid, 2020.
29
  David, Charles-Philippe: La politique étrangère des États-Unis. Fondements, acteurs, formulation,
París, Sciences-Po, 2015, pp. 158-164.
30
  Nye Jr, Joseph S.: Do morals matter?: Presidents and Foreign Policy from FDR to Trump. Nueva
York, Oxford University Press, 2020, p. 8.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 51


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

fallando en dos elementos centrales: la promoción de la democracia sin bayonetas


y el apoyo a las instituciones internacionales. Nye se pregunta:
¿Podemos aprender a promover los valores democráticos y los derechos hu-
manos sin intervenciones militares y cruzadas, y al mismo tiempo ayudar
a organizar las reglas e instituciones necesarias para un nuevo mundo de
amenazas transnacionales como el cambio climático, las pandemias, los ci-
berataques, el terrorismo y la inestabilidad económica?
En este momento, Estados Unidos está fallando en ambos frentes. En lugar
de liderar la mejora de la cooperación internacional31.
Nadie podrá ignorar, dadas las circunstancias, la relevancia del resultado de
las elecciones presidenciales norteamericanas, donde la reelección del candidato
republicano o el triunfo demócrata de Joe Biden, supondrá apostar por construir
un modelo diferente de gobernanza mundial.

• El papel de las potencias emergentes: BRICS


En octubre de 2001, Jim O’Neill, jefe de Investigación Económica Global de
Goldman Sachs, acuñó el término BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica)
para referirse a un conjunto de países que proyectaban un emergente crecimiento
económico, producto de una combinación favorable de datos demográficos, ven-
tajas comparativas por la abundancia de recursos naturales, ventajas competitivas
de costos de producción y grados cada vez más aceptables de estabilidad macro-
económica. Juntos poseen el 42 % de la población global, el 26 % del territorio
y el 23 % del PIB mundial32.
El BRICS se visualizó como un espacio reconocible para las potencias emer-
gentes en el ámbito económico. El grupo de países, así, compartió la premisa de
tener derecho a un papel más decisivo en la política mundial y, para ello, han
generado instancias, declaraciones y negociaciones destinadas a poseer mayor ca-
pacidad de influencia en los foros internacionales, a la vez de fortalecer estrategias
de cooperación económica, en resguardo del discutible desempeño logrado en la
década 2010-2020.
La consolidación y “ascenso pacífico” de la República Popular China se forjó
después de casi tres décadas de crecimiento económico superior al 10 % anual33.

31
  Nye Jr, Joseph S: “American Exceptionalism in the Age of Trump”, Analysis & Opinions - Project
Syndicate, Belfer Center. Harvard Kennedy School (5-VI-2020).
32
  Turzi, Mariano: “¿Qué importancia tiene el BRIC?”, Estudios internacionales: Revista del Instituto
de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, 168 (2011), pp. 87-111; O’neill, Jim: “Building
Better Global BRICS”, Global Economics, Paper N.° 66, Goldman Sachs, Nueva York (octubre, 2001).
  Neila, José Luis (ed.): Historia de las Relaciones Internacionales, Madrid, Alianza Editorial, 2018,
33

p. 382.

52 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

Esa irrupción mundial, a partir de su fuerza comercial, dinamismo tecnológi-


co-científico, desarrollo militar o influencia político-diplomática, se acompaña de
un proyecto exterior articulado, precisa Borrell, sobre tres rasgos: firme defensa
de sus intereses, expansionismo y autoritarismo. Si para el primero se persigue un
sistema multilateral selectivo con características chinas, donde derechos econó-
micos y sociales priorizan sobre políticos y civiles (socavando normas del derecho
internacional), el expansionismo apunta al mar de China Meridional, así como
Nepal, Myanmar y Sri Lanka, o el pulso con la India34. China se ha propuesto
abrir nuevos focos de multilateralismo dependientes de su propio impulso eco-
nómico y de normas de cooperación no sujetas a acuerdos gestionados desde la
OMC, u otras instancias de Naciones Unidas.
El proyecto “One belt, one road” (“Un cinturón, una ruta”) consiste en crear
la “Nueva ruta de la seda del siglo XXI” que, de acuerdo a Müller-Markus, repre-
senta una cadena de conectividad compuesta por corredores económicos maríti-
mos y terrestres entre China, Eurasia, Oriente Medio, Europa y África. La ruta
une –por tanto– continentes, océanos, regiones, países, ciudades, organizaciones
internacionales y regionales, instituciones financieras y tratados multilaterales y
bilaterales ya existentes y nuevamente creados, yendo más allá de las fronteras na-
cionales y delimitaciones geográficas. Y no solo para influir a vecinos, sino –tam-
bién– a lejanos socios europeos o latinoamericanos. Propone múltiples sectores
de cooperación que se centran primordialmente en la inversión y construcción
de una red de infraestructuras y en el comercio a través de estas35. De inmediato
surgen las interrogantes por la gobernanza en la propuesta del modelo de coope-
ración chino, y las formas de resolución de conflictos internacionales, más allá de
los marcos multilaterales representativos. Desde junio de 2020, la disputa entre
India y China por Cachemira escaló con operaciones militares que acabaron con
la vida de varios soldados indios. Ambos países comparten una frontera de más
de 3440 kilómetros, con históricas reclamaciones territoriales superpuestas desde
el proceso de descolonización británica. India construye carreteras en la zona de
conflicto, y asegura que China está ocupando 38 000 kilómetros cuadrados de
su territorio.
Por otra parte, Beijing no ha confirmado el patrón liberal por el cual el desa-
rrollo capitalista –a saber, ingreso en la OMC y liberalización económica– con-
ducía a la apertura democrática. Bajo una atmósfera nacionalista, las reformas
constitucionales de 2018 y la concentración de poder en Xi Jinping acentúan un

34
  Borrell, Josep: “La doctrina Sinatra”, Política Exterior, 197(XXXIV) (septiembre-octubre
2020), pp. 48-52.
35
  Müller-Markus, Christina: “One Belt, One Road: el sueño chino y su impacto sobre Europa”,
Notes Internacionals CIDOB, 148 (mayo 2016).

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 53


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

modelo de autoritarismo político36. A las violaciones de los derechos humanos o


el trato a las minorías, se sumaba la nueva Ley de Seguridad Nacional para Hong-
Kong, instrumento represivo ante las movilizaciones en la excolonia británica,
vulnerando compromisos con la comunidad internacional37.
Por su parte, la estrategia geopolítica “multivectorial” de Vladimir Putin en
Rusia ha estado apuntando a diversos frentes estratégicos:1) restaurar el poder
ruso en la exesfera soviética; 2) establecer y estabilizar un sistema internacional
multipolar, promoviendo la cooperación con China e India; 3) mantener relacio-
nes amistosas con Occidente, y 4) asociarse con la Unión Europea38. El naciona-
lismo de Putin –como clave– se entrega a reconstruir el espacio antes dominado
por la Unión Soviética, interpretando su caída como la mayor catástrofe geopolítica
del siglo XX 39. Pero en la defensa del interés nacional, donde se pronostica la
recuperación de pasados legados imperiales, prima un concepto de seguridad a
partir de una política de poder de matriz hegemónica que explicaría la actuación
en Georgia (2008), el control de una Crimea arrebatada a Ucrania (2014), su
presencia en la guerra del Donbass (2014) o la participación en el conflicto sirio.
En Brasil, el presidente Bolsonaro no solo ha sido crítico del multilateralis-
mo, también ha tomado contundentes medidas concretas. En la cumbre del G7,
renunció a recibir ayuda de Alemania y Noruega para la conservación de la región
amazónica, acusando a los primeros de haber esquilmado sus propios bosques, y
a los segundos de auspiciar la caza ilegal de ballenas40. El multilateralismo, la go-
bernanza global, la defensa de los derechos humanos o la lucha contra el cambio
climático –opinaba– formarían parte del denominado globalismo marxista, frente
al cual solo cabe utilizar las herramientas de la guerra cultural 41.
De esta forma, la aspiración multicultural del BRICS –según algunos espe-
cialistas– es solo un símbolo útil, pero poco más. No habrían logrado emerger
hasta ahora como un actor importante en el escenario mundial cuando se tra-
ta de enfrentar una amplia variedad de desafíos globales y regionales. Al fin y
al cabo, afloran las aspiraciones soberanas de cada uno de sus integrantes. Las
reuniones de los miembros del BRICS se habrían convertido en espacios comu-
nes de la diplomacia: convocatorias de think tanks, consejos empresariales, foros

  Sanahuja, José Antonio: “Crisis de la globalización…”, pp. 85-86.


36

  Borrell Josep: “La doctrina Sinatra…”, pp. 52-53.


37

  Leiva, Diego: “Russia is back: análisis de la evolución de la política exterior rusa en la ‘era Putin’”,
38

Estudios Internacionales: Revista del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, 49(187)
(2017), p. 12.
  Elorza, Antonio: “El regreso de los Imperios”, El País (20-VIII-2020).
39

  Bachiller, Juan Vicente: “La diplomacia insolente de Bolsonaro”, Estudios de Política Exterior,
40

(septiembre 2019).
  Van Klaveren, Alberto: “La crisis del Multilateralismo y América Latina…”, p. 10.
41

54 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

parlamentarios, reuniones medioambientales y compromisos a nivel ministerial.


Pero las propuestas de políticas concretas han tardado en llegar42.

• Erosión de la legitimidad democrática en la gobernanza global: de la


profundización de los nacionalismos al Brexit
El complejo presente del multilateralismo coincidiría con la crisis de desconfian-
za extensiva en gran parte de las instituciones públicas de los países occidentales.
Pierre Rosanvallon plantea que la desconfianza democrática y desconfianza estruc-
tural convergen y se consolidan. Estos diferentes factores son los que han llevado a
hablar de la entrada de una “sociedad de la desconfianza generalizada” para calificar
el mundo contemporáneo43. La irrupción de los populismos y partidos nacionalistas
que acceden a los gobiernos (casos de Bulgaria, Estonia o Polonia) se explica, entre
otras razones, por la desconfianza generalizada hacia las élites políticas. En este caldo
de cultivo el relato mesiánico que busca reinventar diseños nacionales e internacio-
nales juzga sin miramientos las instituciones ya fundadas.
En el debate por las garantías democráticas en países cuestionados por su com-
promiso multilateral surge el concepto de “democracias iliberales”, que para algu-
nos podrían también situarse entre las categorías de “democraduras” (democracias
virtuales, de fachada, con funcionamiento real autoritario), democracias delega-
tivas (en manos de élites de hecho incontrolables) o democracias solo electorales
(de muy baja o nula calidad en todas las demás dimensiones). Como democra-
cias iliberales se han apuntado desde la Rusia de Putin hasta algunos países del
Oriente Medio, de África, o de Europa Central)44.
Para Rodríguez-Aguilera, las “democracias iliberales” incluirían legislaciones
que restringen derechos y libertades; crecientes trabas al asilo y acogida de refugia-
dos; recortes sociales y laborales, y endurecimiento punitivo en ámbitos de expre-
sión, asociación y reunión45. Casos paradigmáticos son el del presidente filipino
Rodrigo Duterte (democráticamente electo), que en su campaña antinarcóticos
ha validado en público el exterminio de narcotraficantes y drogadictos; la India de
Narendra Modi radicaliza, por su parte, las acciones violentas contra los grupos
musulmanes exhibiendo un autoritarismo problemático para el desenvolvimiento

42
  Stronski, Paul y Sokolsky, Richard: Multipolarity in practice: understanding Russia’s engagement
with regional institutions, Washington DC, Carnegie Endowment for International Peace, 2020, p. 19.
43
  Rosanvallon, Pierre: La contrademocracia: la política en la era de la desconfianza, Buenos Aires,
Manantial, 2011, p. 29.
44
  Delsol, Chantal: “Democracias Iliberales”. Anales de la Cátedra Francisco Suárez, 53 (2019),
pp. 339-343, p. 342.
  Rodríguez-Aguilera, Cesáreo: “¿Democracias iliberales?”, Estudios CIDOB, 413 (mayo
45

2016).

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 55


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

democrático del país; y Víctor Orban, en Hungría, es asociado al modelo de de-


mocracia iliberal a cuenta de sus conocidas actuaciones unilaterales, tanto en el
marco de su política interna como en la acción exterior.
Las crecientes demandas populares en diferentes rincones del mundo han
apuntado a inspeccionar y exigir mayor igualdad, y mejor calidad democrática.
Un ejemplo fue la Primavera Árabe. Desde 2010, las sociedades de Túnez, Libia,
Egipto, Sudán, Arabia Saudí, Marruecos, Líbano o Yemen protagonizaron diferen-
tes formas de protestas y levantamientos en contra de dictaduras o regímenes auto-
ritarios, denunciando la violación de derechos humanos y la ausencia de libertades.
Conflictos sociales duramente reprimidos y que derivaron en guerras civiles, golpes
de estado u otro tipo de protestas mayores, con nuevas escaladas de persecución
hacia grupos minoritarios, religiosos y mujeres. Los avances alcanzados en cuanto a
reformas internas resultan mínimos en términos democráticos46.
La salida del Reino Unido de la Unión Europea, Brexit, ha significado una
nueva derrota del multilateralismo. El 23 de junio de 2016, se realizó el refe-
réndum en el cual los ciudadanos británicos evidenciaron una sociedad dividida
ante la participación en la Unión Europea. El 51.9 % de los votantes apoyaron
la salida frente al 48.1 % que voto en contra. Entre sus razones explicativas se
encuentran precisamente la desconfianza al multilateralismo tras los efectos de la
crisis económica europea, y las respuestas populistas que diversos líderes europeos
han gestionado de la crisis. Jeffrey Sachs apunta a que quienes votaron por el
Brexit manifestaban una triple protesta: “Contra la oleada migratoria, contra los
banqueros de la City londinense y contra las instituciones de la Unión Europea,
en ese orden”47. En este cuadro, los populismos y los nacionalismos aprovechan
dicha aprehensión ciudadana para situar en el blanco de sus campañas y promesas
electorales transformaciones estructurales profundas que incluyen en la hoja de
ruta a las instituciones multilaterales.

Conflictos armados y guerras en el siglo XXI


La percepción de un orden desestabilizado coincidiría con un incremento de
la brutalidad organizada y de la violencia, a pesar del relato progresista que in-
siste en su declive y el final de las grandes guerras48. La idea de que los conflictos
armados disminuyen se sustenta en la perspectiva de la larga duración. Para el

46
  Zaccara, Luciano: “Del “11S” a la “primavera árabe”: ¿Qué nos dice la opinión pública árabe?”,
Estudos Internacionais, 1(1) (enero-junio 2013), pp. 95-108, p. 107.
47
  Torrecuadrada, Soledad y García, Pedro: “¿Qué es el Brexit? Origen y posibles consecuen-
cias”, Anuario Mexicano de Derecho Internacional, XVII (2017), pp. 3-40, p. 19; Sachs, Jeffrey: “El signi-
ficado del «Brexit»”, El País (26-VI-2016).
  Pelopidas, Benoît y Ramel, Fréderic: L’Enjeu mundial…, p.8.
48

56 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

sociólogo Steven Pinker, la humanidad viviría el periodo menos violento de su


historia, no habiendo disfrutado nunca antes de tanta seguridad y de tanta liber-
tad49. Estudios actuales, centrados en el corto plazo, adivinan otros escenarios.
El Institut for Economics and Peace (IEP) advertía –en su último informe de
2020– del deterioro de los índices de paz global. Los conflictos y crisis originados
la década anterior podrían estar remitiendo, pero no es un dato esperanzador. El
mundo –concluía el IEP– es hoy menos pacífico que hace doce años, en una cons-
tante de retroceso estable, donde Afganistán, Siria, Iraq, Sudán del Sur y Yemen
ofrecen las peores estadísticas. A los factores ya conocidos (actividad terrorista,
intensificación de la inestabilidad en el Próximo Oriente, tensiones regionales en
Europa Oriental y Asia Nororiental, refugiados…) se añadirá una nueva ola de
tensión e incertidumbre provocada por la pandemia de la COVID-1950.
Resulta complicado trazar un cuadro nítido del actual estado de la conflictivi-
dad mundial, debido a la disparidad de criterios y/o metodologías empleadas por
las instituciones especializadas. Igualmente, sería necesario precisar y distinguir
los términos y categorías que integrarían aquella definición. A pesar de esas con-
troversias pueden identificarse varias tendencias firmes sobre la violencia armada
para los últimos diez o veinte años.
En primer lugar, el aumento sustancial de los conflictos armados desde 2012,
rompiéndose con una relativa calma entre el periodo 2000-2010. Según el
Uppsala Conflict Data Program (UCDP) de la Universidad de Uppsala (Suecia),
si en 2003 se observaban 32 conflictivos activos, en 2015 ascendían a 52, un
pico jamás visto desde 1991. El Heidelberg Institute for International Conflict
Research (HIIK) cifraba, a su vez, los enfrentamientos armados –para 2010– en
28, frente a los 46 de 2014. Solo el Internationale Institute for Strategic Studies
(IISS) mostraba ciertas discrepancias en sus conclusiones51.
Mayor consenso existe, en segundo lugar, respecto al coste humano de esa con-
flictividad: el número de víctimas de guerra ha crecido considerablemente en estos
años, con un importante aumento para 2014/2015, momento en que se alcanzó
la tasa más alta de fallecimientos desde 1989, resultado de combates. Un pico re-
lativizado si se compara en una perspectiva más amplia, la del periodo 1945-1990.
Por otra parte, son las poblaciones civiles quienes soportan una parte considerable
de ese costo humano. Junto a los datos relativos a la muerte de civiles, otras cifran

49
  Pinker, Steven: Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones,
Barcelona, Paidós, 2012.
50
  INSTITUTE FOR ECONOMICS & PEACE, Global Peace Index 2020: Measuring Peace in a
Complex World, Sidney, IEP (junio 2020), pp. 1-3.
51
  David, Charles y Rapin, Alexis, “Quantifier l’inquantifiable: de la mesure de la guerre”, en B.
Pelopidas y F. Ramel (dirs.): L’Enjeu mundial. Guerres et conflicts armés au XXe siècle, París, Sciences-Po
Les Presses, 2018, p. 28.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 57


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

son impactantes: desde 2007, el número de personas desplazadas –consecuencia


en su mayor parte de conflictos– alcanza en la actualidad una cifra histórica, con
cerca de 65, 6 millones de individuos exiliados a través del mundo52.
En tercer lugar, si los conflictos no desaparecen, cambian de forma. Lejos
de ser monopolio de los Estados y/o de una competencia interestatal, las nuevas
guerras son intraestatales, fruto del fracaso, pérdida de legitimidad o implosión
del Estado, incapaz de hacer frente a una descomposición social e institucional
que deriva en fragmentaciones y divisiones étnicas, religiosas, tribales o clien-
telares, con una proliferación de actores difíciles de identificar y, a menudo,
inestables53. Son enfrentamientos de una inusitada violencia sobre la población
civil, con la violación masiva de los derechos humanos y de las minorías, y la
depuración étnica54. Desde 1989, solo el 5  % de las guerras han enfrentado
formalmente a dos Estados55. En el mejor de los casos, se asiste a combates
asimétricos enfrentando un actor estatal a uno que lo no es. La descomposición
social –debe subrayarse– actúa ahora como un factor de guerra, añadiéndose así
a la serie de vectores desencadenantes tradicionales. Para Badié es tal la transfor-
mación operada que prefiere emplear el término nuevos conflictos internacionales
al de guerras contemporáneas 56.
Aunque la mayoría de dichas guerras son locales, incluyen formas de repercu-
sión transnacionales, de forma que la distinción entre lo interno y lo externo es
difícil percibir57. Así, los conflictos intraestatales, con mayor frecuencia, se inter-
nacionalizan por la actuación de potencia extranjeras sosteniendo militarmente
a una de las partes implicadas (Siria, Libia, Yemen). Una última reflexión nos
remite a las causas derivadas de los problemas medioambientales, guerras verdes.
Sin ser la clave de los conflictos actuales, la grave crisis ecológica planetaria multi-
dimensional (cambio climático, deterioro de la biodiversidad, erosión de los sue-
los o disminución de los recursos) opera como un multiplicador de amenazas, lo
que determina la elaboración de políticas de seguridad específicas58. En definitiva,

52
  David, Charles y Rapin, Alexis, “Quantifier l’inquantifiable…”, pp. 29-30.
  Badie, Bertrand: “Guerres d’hier et d’aujourd’hui”, en B. Badie y D. Vidal (dirs.), Nouvelles
53

guerres, París, La Découverte, 2014, pp. 14-17; Ramonet, Ignacio: Guerras del siglo XXI. Nuevos miedos,
nuevas amenazas, Barcelona, Mondadori, 2002, p. 15.
54
  Pereira, Juan Carlos: “El estudio de la sociedad internacional contemporánea”, en J. C. Pereira
(coord.), Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, Barcelona, Ariel, 2018, pp. 60-61.
  Armitage, David: Las guerras civiles. Una historia en ideas, Madrid, Alianza Editorial, 2018.
55

  Pelopidas, Benoît y Ramel, Fréderic: L’Enjeu mundial…, pp.76-77.


56

  Kaldor, Mary: Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global, Barcelona, Tusquets,
57

2001, pp. 15-17; Münkler, Herfried: Viejas y nuevas guerras. Asimetría y privatización de la violencia,
Madrid, Siglo XXI, 2005.
  Compagnon, Daniel: “Les “guerres vertes”, du fantasme médiatique aux nouveaux enjeux de
58

sécurité”, en B. Pelopidas y F. Ramel (dirs.), L’Enjeu mundial…, pp. 63-67.

58 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

en los últimos diez años –por tanto– la conflictividad ha crecido notablemente,


incrementándose asimismo el número de víctimas con respecto a las cifras de
comienzos del siglo XXI59.
La carrera armamentística parece retomar impulso, poniéndose fin a un
ciclo bajista del gasto militar observado a comienzos de la década 2010. Frente
al período 1998-2011, caracterizado por su crecimiento sostenido, los años
posteriores certificaron un descenso que, sin embargo, desde 2015 cambió de
tendencia para volver a situar –en 2017-–los gastos militares en un umbral
similar al récord histórico alcanzado en 2011. El estallido de varios conflictos
armados mayores –principal motor de los gastos en defensa–, que se sumaban
a las largas guerras en Afganistán e Irak, así como la expansión mundial de la
demanda de armas cada vez más sofisticadas, explicarían esos incrementos60.
El caso de las grandes potencias es ilustrativo. En los últimos 30 años, el gasto
militar chino, según el Instituto Internacional para la Investigación de la Paz
de Estocolmo (SIPRI), ha pasado de poco más del 1 % al 14 % mundial. Y en
2020 lo aumentará un 6,6 %61. Aun así, sus capacidades militares son todavía
muy reducidas en comparación con las de EE. UU., cuyo presupuesto militar
–para este 2020– alcanza la cifra de 738 000 millones de dólares, diez veces
superior al de Rusia.
Tampoco el capítulo nuclear ofrece perspectivas tranquilizadoras, al erosionar-
se o desaparecer instrumentos claves de control y desarme en la comunidad inter-
nacional, aprobarse mayores programas armamentísticos, y asistirse a la emergen-
cia de otras potencias nucleares, en especial China62.
En 2018, Trump anunciaba una nueva política nuclear, ampliando el cam-
po de las respuestas posibles y modernizando sus arsenales, algo ya sugerido
por la Administración Obama. Lo que tendrá respuesta por otros actores. Ese
mismo año, Washington se retiraba del histórico Tratado de Fuerzas Nucleares
de Alcance Intermedio (INF), que suscrito en 1987 por Reagan y Gorbachov
había sido clave para el final de la Guerra Fría. Para Estados Unidos las viola-
ciones efectuadas por Putin con su propia estrategia nuclear dejaban desfasado
el INF. En la misma línea de replantear estrategias, Trump dejaba la puerta
abierta a no renovar el nuevo START, el último gran tratado de control de armas
nucleares entre Washington y Moscú, si China no era incluida en el acuerdo,
algo rechazado desde Pekín. Paralelamente, Pakistán, India, Israel o Corea del

59
  David, Charles y Rapin, Alexis: “Quantifier l’inquantifiable…”, p. 33.
60
  Fleurant, Aude-Emmanuelle y Quéau, Yannick: “Les dépenses militaires aux niveaux mondial,
régional et français”, en B. Pelopidas y F. Ramel (dirs.), L’Enjeu mundial…, pp. 81-83.
61
  Borrell, Josep: “La doctrina Sinatra…”, p. 49.
62
  Pelopidas, Benoît. y Ramel, Fréderic: L’Enjeu mundial, p. 7.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 59


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

Norte se afianzan como actores con capacidad nuclear, mientras el Tratado de


No Proliferación (TNP), firmado en 1968, ofrece un balance ambivalente y
preocupante por su deterioro63.

La COVID-19 y su impacto en el multilateralismo


La pandemia de la COVID-19 aparece como prueba de fuego en el futuro
del multilateralismo. La ejecución de medidas humanitarias globales debería ser
contemplada en la configuración de estrategias destinadas a contener un desastre
epidemiológico cuyos contagios se contaban –en octubre 2020– por millones y
los muertos superaban el medio millón. Todo lo contrario. Las tensiones entre
los proteccionismos, simbolizado en el cierre de fronteras y en la unilateralidad
de generar soluciones internas, chocan con quienes buscan revitalizar los canales
multilaterales para la cooperación de la comunidad internacional64.
En la Unión Europea, los partidos de extrema derecha y nacionalistas en Francia,
Alemania o Italia reclamaron la introducción de controles más estrictos en las fron-
teras. Marine Le Pen, presidenta del Rassemblement National, exigió la reinstaura-
ción de unas fronteras que protegieran a los ciudadanos “sea cual sea la situación”,
es decir, más allá del coronavirus65. En esta línea, un estudio del Eurobarómetro
de 2019 concluye que los ciudadanos de la UE situados a la derecha del espectro
político estaban menos convencidos que aquellos de otros segmentos ideológicos
de la eficacia de la prestación de asistencia financiera a los países en desarrollo como
medio para reforzar la influencia europea en el mundo. Según Loes Debuysere, si
estos partidos nacionalistas prosperan durante la próxima recesión económica cau-
sada por la COVID-19, podríamos esperar en el futuro discusiones más politizadas
sobre la cooperación internacional y la ayuda al desarrollo66.
La tensión entre proteccionismo y multilateralismo se ha agudizado con la
pandemia. La historia mundial ilustra que, en escenarios adversos de similar mag-
nitud, ningún grupo por sí solo puede proporcionar estabilidad, ya sea financiera
o política. Y ahora tampoco será la excepción. Jeffrey Sachs recalca que con la
COVID-19 nos enfrentamos a una calamidad global sin poder hegemónico y
con una cooperación global muy debilitada67. Y es precisamente por la naturaleza

63
  Editorial: “Volver al desarme”, El País (6-VIII-2020).
  Bremmer, Ian: “Coronavirus and the World Order to Come”, Horizons, Journal of International
64

Relations and Sustainable Development, 16 (primavera 2020).


  Colomina, Carme: “Coronavirus: Infodemia y desinformación”, CIDOB Opinión, 613 (marzo
65

2020).
66
  Debuysere, Loes (ed.), “‘Coronationalism’ vs a geopolitical Europe? EU external solidarity at
the time of Covid-19”, Report, European Policy Institutes Network (junio 2020).
67
  Sachs, Jeffrey: “COVID-19 and Multilateralism”, Consilience, 22 (julio 2020), pp.1-5.

60 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

global de este virus que la superación de las disputas de poder EE. UU.-China


debería orientarse al fortalecimiento de un multilateralismo cooperativo técni-
co-científico, que como manifiestan Rodríguez y Kleiman esté anclado en las
organizaciones internacionales, como la OMS u otras. Es la vía que conduciría
a la gobernabilidad global de procesos que, de otra manera, es decir, de forma
unilateral o soberanista, no resistirían el paso del tiempo ni, mucho menos, en las
esferas públicas nacionales o ampliadas68. Ello no impide reclamar, asimismo, for-
mas mejoradas de gestión, más profesionales y menos burocratizadas en la misma
Organización Mundial de la Salud.
Para algunos analistas desde que se surgió la COVID-19 en China, a fina-
les de 2019, todos los países afectados han reaccionado individualmente y en
descoordinación, olvidando el diálogo y la colaboración, y no considerando
ningún modelo predictivo de respuesta organizada. Bajo este escenario, los más
perjudicados son los sectores más vulnerables y desposeídos, donde se agudi-
zan las brechas socioeconómicas, trayendo consigo nuevos ciclos de estallidos y
protestas sociales, así como –a la larga– de tensión regional e internacional69. La
pandemia ha agravado –de igual modo– las tendencias que venían registrándose
en el mundo de la ayuda humanitaria. El compromiso de los países desarrolla-
dos de aportar el 0,7 % de su PIB al socorro y la lucha contra el subdesarrollo
nunca se cumplió, pero nadie puede asegurar que, en el momento actual, con
el mundo rico sufriendo drásticas caídas y el aumento de la pobreza y el desem-
pleo, puedan aportarse mayores recursos para financiar el sistema humanitario
internacional70.
Esforzándose por superar los soberanismos norteamericano y chino, y con
el objetivo de articular una respuesta a los procesos de transformación global,
la Alianza por el Multilateralismo agrupó a 24 países71 que, en abril de 2020,
realizaron una declaración donde, al abordar los estragos del virus, apostaban
firmemente por el multilateralismo, entendiéndolo en un sentido humanitario
y global72. Esta idea se ve reforzada por el informe de Naciones Unidas “Política

68
  Rodrigues, Gilberto y Kleiman, Alberto: “Covid-19: ¿una nueva oportunidad para el multila-
teralismo?”, Foreign Affairs Latinoamérica, 20(33) (julio-septiembre 2020), p. 37.
  Lucatello, Simone: “La cooperación internacional en tiempos del coronavirus”, Foreign Affairs
69

Latinoamérica, 20(3) (2020), pp. 44-49.


70
  Rieff, David: “El futuro de la acción humanitaria”, Política Exterior, 197(XXXIV) (septiem-
bre-octubre 2020), p. 137.
71
  Argentina, Bélgica, Canadá, Chile, Costa Rica, España, Estonia, Etiopía, Finlandia, Francia,
Alemania, Indonesia, Irlanda, Italia, Jordania, México, Noruega, Países Bajos, República Dominicana,
Perú, Singapur, Sudáfrica, Suecia, Suiza.
72
  Declaración Conjunta de la Alianza para el Multilateralismo. “Necesitamos fortalecer la coope-
ración global y la solidaridad para combatir la COVID-19” (abril 2020).

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 61


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

para el desarrollo y multilateralismo después de la COVID-19”, donde la inter-


dependencia global debería ganar protagonismo73.
En todo caso la lógica de la incertidumbre por las incógnitas aún que despejar
es evidente. Cómo será el mundo tras esta pandemia, se preguntaba Joseph S.
Nye. En su respuesta adivinaba cinco posibles futuros: el fin del orden liberal
globalizado; un desafío autoritario al estilo de los años 30 derivado del desempleo
masivo y la mayor desigualdad; un orden mundial dominado por China; el triun-
fo de una agenda internacional verde que acentuaría la lucha a favor del cambio
climático y la conservación ambiental, y, por último, más de lo mismo, al ser los
efectos geopolíticos del virus limitado en el largo plazo, como lo fue la gran gripe
de 1918-192074.

Conclusiones
Los procesos asociados al desempeño del multilateralismo entre 2010-2020
distinguen los múltiples focos de tensión global que han propiciado un escenario
complicado para la cooperación internacional y sus instituciones multilaterales.
La década se iniciaba con la Gran Recesión, que socavó las proyecciones del cre-
cimiento y profundización del modelo neoliberal en la era de la globalización y
de la revolución de los medios de comunicación digital. Sus consecuencias per-
mitieron un fortalecimiento de las democracias iliberales y la emergencia de po-
pulismos y nacionalismos a escala mundial, alejando las expectativas despertadas
sobre los BRICS.
No es casual que dos de las organizaciones símbolo del multilateralismo liberal
(ONU y OTAN) celebren sus aniversarios con pesimismo. Naciones Unidas –de
cuya entrada en vigor, 25 de octubre de 1945, se cumplieron recientemente 75
años– está lejos de ser el referente en el mantenimiento de la paz y la seguridad.
Tal como se ha mencionado, a sus fracasos de la Post Guerra Fría en Ruanda
(1994) o Srebrenica (1995), se añade la impotencia ante las guerras de Siria, Libia
y Yemen, o la crisis de los refugiados de 2015 y, ahora, su bloqueo institucional
con la epidemia de la COVID-1975. La lucha contra la pobreza y el hambre,
así como a favor del desarrollo sostenible y de una cultura en defensa de los
derechos humanos –pilares de la Agenda 2030– matizan ese balance. Y, como
sostiene Áurea Moltó, la ONU cuenta con notables activos, ya sea su legitimidad
como foro para discutir problemas mundiales o el respaldo de la opinión pública

73
  COMMITTEE FOR DEVELOPMENT POLLICY. POLICY NOTE: “Development Policy
and Multilateralism after COVID-19”, Nueva York, Naciones Unidas (julio 2020).
  Nye, Joseph S.: “Los futuros posibles tras la pandemia”, El País (11-X-2020).
74

  Moltó, Áurea.: “Tercera edad”, Política Exterior, 197(XXXIV) (septiembre-octubre 2020), p. 4.
75

62 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


En torno al orden internacional del siglo XXI

internacional: en 2019 la encuesta de Pew Research mostraba un apoyo del 61 %


a su labor, frente a un 26 % con opinión negativa76.
Pero –bajo el control último de las potencias con derecho a veto– fracasan
las necesarias reformas para ajustar la organización a las actuales complejidades
geopolíticas y a la variedad de actores presentes. Y no las reglas creadas tras la
Segunda Guerra Mundial que, actualmente, rigen aún su funcionamiento. La
propia composición del Consejo de Seguridad –sin presencia de actores del Sur
global– es buena muestra. Además, en última instancia, la antigua pugna soviéti-
co-norteamericana parece actualizarse entre Estados Unidos y China, apoyada –a
veces– por Rusia. Temo la posibilidad de una Gran Fractura: un mundo dividido en
dos, con las economías más grandes de la tierra creando mundos separados y compi-
tiendo el uno con el otro, advertía en 2019 su secretario general Antonio Guterres77.
El menor peso político de la ONU, paralizado su Consejo de Seguridad, incre-
mentará los obstáculos al funcionamiento de las entidades del sistema humani-
tario, cada vez con menos recursos y trabajando en escenarios más complejos. La
acción humanitaria no augura buen futuro, sostiene David Rieff78.
La Organización del Tratado de la Alianza Atlántica cumplía –en 2019– 70
años como garante de paz y estabilidad a ambas orillas del Atlántico. Pero, asi-
mismo, sin el liderazgo norteamericano y ante las circunstancias estratégicas cam-
biantes o los desafíos de Rusia y China, su presente resulta problemático. Para
algunos es la estructura al completo la que corre el riesgo de derrumbe79. Desde
2011, cuando Obama proclamó el “giro hacia Asia”, la seguridad europea co-
menzó a dejar de ser prioridad para Estados Unidos, una orientación acentuada
bajo Trump. En este tiempo las disfunciones aumentan. De un lado, por la falta
de respuesta europea para asumir mayores responsabilidades en materia de se-
guridad, incrementando sus aportaciones económicas, asegurando su capacidad
militar y poder dotar a la organización de visión global, una alianza más política80.
Y de otro, por las abiertas disputas entre sus socios (Francia y Turquía). Si el auge
de China continúa atrayendo la atención estadounidense hacia el este de Asia, a
la Alianza le esperan momentos difíciles81. Con una OTAN, según Macron, en

76
  Moltó, Áurea: “Tercera edad…”, p. 5.
77
  Discurso del secretario general de la ONU en la apertura del 74 Debate General de la Asamblea
General (24 de septiembre de 2019). https://news.un.org/es/story/2019/09/1462642 [consultado el 13
de octubre de 2020].
78
  Rieff, David: “El futuro de la acción humanitaria…”, pp. 132-135.
79
  Palacio, Ana: “La OTAN se muere”, El País (2-VIII-2020).
80
  Stoltenberg, Jens: “Adaptarnos a los desafíos del siglo XXI”, Política Exterior, 197(XXXIV)
(septiembre-octubre 2020), pp. 10-15.
81
  Shifrinson, Joshua: “Una imagen de poderío a bajo precio”, Política Exterior 197(XXXIV),
(septiembre-octubre 2020), pp. 23-24.

Alcores, 24, 2020, pp. 43-64 63


Pedro A. Martínez Lillo y Javier Castro Arcos

muerte cerebral, y sin una adecuada reacción, los europeos, ya no tendremos –con-
cluía el presidente francés– el control de nuestros destinos.
El principal factor geopolítico internacional –actualmente– es la fuerte com-
petencia entre Estados Unidos y China, y donde la COVID-19 ha actuado como
catalizador de un marco bilateral ya tensionado. Las guerras arancelarias, el cierre
de consulados, la expulsión de diplomáticos, el pulso sobre la tecnología G5, el
reforzado respaldo norteamericano a Taiwán o las polémicas sobre el Mar Oriental
de China antecedieron a la denuncia de Donald Trump sobre el virus chino. Ese
pulso de dos superpotencias hace recordar –advierte Borrell– una suerte de nueva
Guerra Fría, formulando un enfoque que, si bien es ilustrativo como imagen,
resulta, en el fondo, engañoso: Estados Unidos y la URSS nunca estuvieron tan
interconectados como China y Estados Unidos. El gobierno de Beijing –sirva de
ejemplo– es el segundo del mundo, detrás del japonés, con más bonos del Tesoro
estadounidense82. Y tampoco parece probable -en opinión de Javier Solana y Óscar
Fernández- que China trate de moldear a otros países a su imagen, como hizo la
Unión Soviética, y como ha continuado haciendo EE. UU83. Ni el deterioro del
multilateralismo ni una mentalidad de Guerra Fría permitirán abordar con efica-
cia los grandes desafíos de nuestro tiempo, ya se trate de combatir la COVID-19,
frenar el cambio climático, gestionar con dignidad los desplazamientos humanos
o asegurar una recuperación económica verde, sostenible e inclusiva.

  Borrell, Josep: “La doctrina Sinatra…”, pp. 46 y 54.


82

  Solana, Javier y Fernández, Óscar: “Evitemos una nueva Guerra Fría”, El País (20-VI-2020).
83

64 Alcores, 24, 2020, pp. 43-64


Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 ISSN: 1886-8770

Populismo de izquierdas y Fuerzas


Armadas: Venezuela versus Bolivia 1

Roberto Muñoz Bolaños


Profesor ayudante doctor Universidad Francisco de Vitoria
Profesor asociado Universidad Camilo José Cela
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2020

Resumen: El objetivo de esta investigación es explicar el papel jugado por las Fuerzas
Armadas en el desarrollo de regímenes populistas de izquierdas en Venezuela y Bolivia.
La hipótesis de trabajo que desarrollamos es que el «chavismo» pudo consolidarse y
permanecer en el primero de estos países porque contó con el apoyo de los militares.
Por el contrario, el «evismo» fracasó porque no pudo atraer a las Fuerzas Armadas a su
proyecto político. Las fuentes utilizadas para su desarrollo han sido fundamentalmente
hemerográficas y bibliográficas.

Palabras clave: Bolivia, Fuerzas Armadas, Populismo, Relaciones entre civiles y militares,
Venezuela.

Abstract: The objective of this research is to explain the role played by the Armed Forces
in the development of left-wing populist regimes in Venezuela and Bolivia. The working
hypothesis we developed is that «chavismo» was able to consolidate and remain in the first
of these countries because it had the support of the military. On the contrary, «evismo»
failed because it could not attract the Armed Forces to its political project. The sources
used for its development have been mainly hemerographic and bibliographic.

Keywords: Armed Force, Bolivia, Civil-military relations, Populism, Venezuela.

1
  Este artículo se ha hecho dentro del proyecto «Imagen y relato en tiempos convulsos: España en la
crisis de los setenta y en la Gran Recesión». RTI2018-094817-B-100. Ministerio de Ciencia, Innovación
y Universidades.

67
Roberto Muñoz Bolaños

El Ejército ha sido siempre la base del poder, y lo sigue siendo. El poder está
siempre en manos de los que tienen el mando del Ejército.
León Tolstoi

Introducción
En 1962, el politólogo británico Samuel E. Finer escribió:
Las Fuerzas Armadas poseen grandes ventajas políticas con respecto a las
organizaciones civiles: una notable superioridad en la organización, una con-
dición simbólica en la cual intervienen elementos sumamente emocionales y
el monopolio de las armas. Constituyen una corporación o una orden pres-
tigiosa, que goza de gran superioridad en cuanto a las maneras de emplear la
fuerza. La duda, por lo tanto, no está en el motivo por el cual se rebelan contra
sus amos civiles, sino en la razón por la cual los obedecen alguna vez2.
Esta investigación gira en torno a la duda que planteó Finer: ¿por qué el ré-
gimen populista de izquierdas de Venezuela gozó y goza del apoyo de las Fuerzas
Armadas (FAS), lo que le ha permitido sobrevivir mientras que el similar de
Bolivia fue derrocado por una intervención militar? Para responder a esta pre-
gunta hemos planteado la siguiente hipótesis: La supervivencia del régimen ve-
nezolano se ha producido porque sus dirigentes incorporaron a los militares a su
proyecto político, convirtiéndolos en el principal bastión no solo político, sino
económico del «chavismo». Por el contrario, los Ejércitos bolivianos, a pesar de
los intentos de Evo Morales, quedaron al margen del proyecto del Movimiento
al Socialismo (MAS), permaneciendo como fuerza «vigilante» capaz de intervenir
en el proceso de toma de decisiones políticas en contra del Gobierno.
Para desarrollar esta hipótesis hemos utilizado como fuentes fundamentales
las hemerográficas y bibliográficas, estructurando nuestra investigación en tres
puntos. En el primero, explicaremos los conceptos de populismo y populismo de
izquierda, así como las relaciones entre civiles y militares. En el segundo, analiza-
remos la conformación del «Estado campamental» venezolano. Y en el tercero, las
relaciones de Morales con los militares hasta su caída el 10 de noviembre de 2019.

Populismo y democracia iliberal. El control de las fuerzas armadas


El populismo puede definirse «como una estrategia discursiva de construcción
de la frontera política entre “el pueblo” y “la oligarquía”»3, siendo el primero la
piedra angular sobre la que se articulan estos proyectos políticos. Evidentemente,

2
  Finer, Samuel E.: Los militares en la política mundial, Buenos Aires, Editorial Sudamericana,
1968, p. 17.
3
  Mouffe, Chantal: Por un populismo de izquierda, Siglo XXI, Buenos Aires, 2018, p. 9.

68 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

el pueblo también constituye un componente central en las democracias libera-


les4. Sin embargo, existe una notable diferencia entre las ideologías democráticas
y el populismo, como ha explicado De La Torre5. Las primeras estiman que el
pueblo es plural, y, por tanto, incapaz de decidir y actuar de acuerdo a un pen-
samiento único. Igualmente, asumen que la voluntad popular no es estable en el
tiempo, sino cambiante. Por eso, sus invocaciones a la misma son siempre tem-
porales6. Precisamente, este relativismo –que implica la asunción de que ninguna
ideología tiene el monopolio de la verdad– permite el libre juego democrático,
una de cuyas reglas básicas no escritas es la tolerancia mutua, apoyada sobre la
idea de que cualquier grupo político que acate las leyes tiene el mismo derecho
a existir, competir por el poder y gobernar que el resto7. Por el contrario, el con-
cepto de pueblo en el populismo es totalmente opuesto al de las ideologías demo-
cráticas por tres razones. La primera, porque es considerado como una colectivi-
dad homogénea capaz de tomar decisiones8. La segunda, porque su construcción
implica una dicotomía absoluta: «un “nosotros”, un “pueblo” capaz de enfrentar
a un adversario común: la oligarquía»9. De este planteamiento se derivan tres
dinámicas de especial trascendencia. La primera, el fin de la tolerancia mutua,
pues los populistas consideran a los «otros» como «oligarcas», imposibilitando
así el respeto por el adversario. La segunda, la expulsión de los «oligarcas» de la
comunidad política, al considerarles fuera del «pueblo». La tercera, que el pueblo
así «construido» se convierte en el instrumento fundamental para el acceso y el
control permanente del poder político. Por tanto, y a diferencia de los políticos
democráticos que siempre consideran su estancia en el gobierno como un hecho
coyuntural, el líder populista aspira al «ejercicio del poder como una posesión y
no como una ocupación temporal»10.
La manifestación específicamente izquierdista del populismo tiene su origen en
la obra de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Ambos autores realizaron una relectu-
ra del pensamiento de Karl Marx y Friedrich Engels, utilizando como instrumentos
las aportaciones de Jacques Derrida, Antonio Gramsci, Martin Heidegger, Jacques

4
  Näströn, Sofia: «The Legitimacy of the People», Political Theory, 35, 3 (2007), p. 624-558.
5
  De la Torre, Carlos: «El populismo y la promesa de una democracia más inclusiva», en
Á. Rivero, J. Zarzalejos y J. del Palacio (coords.), Geografía del populismo: un viaje por el universo del po-
pulismo desde los orígenes hasta Trump, Madrid, Tecnos-Faes, 2018, pp. 48-49.
6
  Ochoa Espejo, Paulina: «Power to Whom? “The People” between Procedure and Populism», en C. de
la Torre (ed.), Promise and Perils of Populism, Lexington, Kentucky University Press, 2015, pp. 74-75.
7
  Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel: Cómo mueren las democracias, Madrid, Ariel, 2018, p. 97.
8
  Abst, Koen y Rummens, Stefan: Populism versus Democracy. Political Studies, 55 (2007), p. 409.
9
  Mouffe, Chantal: Por un populismo…, p. 23.
10
  Arditi, Benjamin:  Politics on the Edges of Liberalism: Difference, Populism, Revolution,
Agitation. Edinburgh, Edinburgh University Press, 2007, p. 83.

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 69


Roberto Muñoz Bolaños

Lacan y Ludwig Wittgenstein, para plantear el proceso de construcción del pueblo


a partir de «una cadena de equivalencia» entre las demandas de los trabajadores,
ecologistas, feministas, antirracistas, étnicas, religiosas, de las minorías sexuales,
emigrantes y de las clases medias precarizadas11, capaz de enfrentarse «a un adversa-
rio común: la oligarquía»12, derrotarle electoralmente y crear «una nueva hegemo-
nía» en el ámbito político13. El objetivo final de esta dinámica sería «la radicaliza-
ción de la democracia»14 y «de las instituciones democráticas»15. Esto permitiría al
ejecutivo populista permanecer sine die en el poder, permitiendo así transformar la
estructura económica del país de acuerdo a un modelo socialista.
A partir del análisis del populismo y de su manifestación específicamente iz-
quierdista, se puede afirmar que, cuando la palabra se convierte en acción y los
populistas acceden al poder, la democracia liberal está en peligro, como señaló
la politóloga turca Melis Gülboy  Laebens: «Los gobernantes elegidos democrá-
ticamente que intentan expandir sus poderes y mantenerse en el cargo son hoy
la principal amenaza a la democracia»16. De hecho, el análisis de las experien-
cias populistas demuestra que su objetivo es la transformación de los sistemas
democráticos en regímenes iliberales o, más raramente, autoritarios. El término
«iliberal» tiene su origen en un artículo que, en 1997, el politólogo indio-esta-
dounidense Fareed Zakaria publicó en la revista Foreign Affaire. En el mismo,
advertía precisamente de la eclosión de «regímenes elegidos democráticamente,
que con frecuencia han sido reelegidos o reafirmados mediante referenda, que
ignoran sistemáticamente los límites constitucionales de su poder y privan a sus
ciudadanos de derechos y libertades básicos»17. A estos sistemas políticos los deno-
minó «democracias iliberales». 
En 2018, dos académicos de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky
y Daniel Ziblatt, publicaron una obra donde analizaban las dinámicas que pro-
vocan el deterioro de los sistemas democráticos hasta su conversión en regí-
menes iliberales. La tesis fundamental que manejaron era que estos procesos
se desarrollan «paso a paso» hasta el extremo de que resultaban imperceptibles
para la mayoría de los ciudadanos: se celebran elecciones, los partidos opositores
siguen estando representados en los parlamentos y existe una prensa libre. De
hecho, «cada uno de esos pasos por separado, se antoja insignificante: ninguno

11
  Ibidem, p. 27.
12
  Ibidem, p. 23.
13
  Ibidem, p. 24.
14
  Mouffe, Chantal: Por un populismo…, p. 24.
15
  Ibidem, p. 38.
  Gülboy Laebens, Melis: «Enemigos internos: democracia y amenazas de autocratización»,
16

Nueva Sociedad, 282 (2019), p. 147.


  Zakaria, Fareed: «The Rise of Illiberal Democracy», Foreign Affaire, 76, 6 (1997), p. 22.
17

70 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

de ellos parece amenazar realmente la democracia». Es más. Los movimientos


que toman los gobiernos en esta dinámica subversiva se presentan siempre do-
tados de una «patina de legalidad» –son aprobados por el Parlamento o los altos
tribunales de justicia– o se adoptan con el pretexto de conseguir un objetivo
positivo –combatir la corrupción, mejorar el sistema democrático o potenciar
la seguridad nacional–18. En esta dinámica, juega un papel fundamental el con-
trol de los «árbitros»: poder judicial, las Fuerzas de Orden Público, los servicios
de inteligencia, las agencias tributarias y los organismos reguladores. Pues, «si
mantienen la independencia, pueden poner al descubierto y castigar los abusos
del Gobierno. Al fin y al cabo, la función de un árbitro es prevenir las estafas»19.
Por el contrario, si caen bajo el control de un gobierno iliberal, «le ofrece una
poderosa arma que le permite aplicar la ley de manera selectiva y castigar a los
adversarios al tiempo que protege a los aliados»20. Sin embargo, resulta significa-
tivo que no hicieran mención a la institución más importante que esos ejecuti-
vos deben controlar si quieren culminar su proyecto político: las FAS. Pues, por
un lado, son las únicas que tienen la capacidad real para detener estas dinámicas
mediante su intervención en el proceso de toma de decisiones políticas. Pero,
por otro, pueden sostener a gobiernos iliberales incluso cuando existe una ma-
yoritaria oposición popular a los mismos.
Por tanto, todo régimen populista está obligado a controlar a los militares
si quiere permanecer sine die en el poder. Samuel P. Huntington estableció dos
posibles modelos para lograr ese objetivo. Al primero, le denominó «control civil
objetivo», característico de las democracias liberales, y lo consideraba el ideal para
articular las relaciones entre el poder civil y los militares porque se basa en un
equilibrio por separación, ya que los valores de ambos grupos son contrapuestos.
Las autoridades civiles definen la política de defensa y militar y asignan los recur-
sos para las FAS, y las castrenses son responsables de su instrumentación. El resul-
tado es que los militares carecen de poder político, pero gozan de la autonomía
necesaria para preservar los valores y principios necesarios para la existencia de la
profesión castrense21. Por el contrario, el segundo, el «control civil subjetivo» tiene
por objetivo la subordinación de las FAS a un grupo o facción civil con intereses
políticos particulares. Esta dinámica puede producirse porque existe una comu-
nidad de valores de la institución militar con ese sector o por mera conveniencia
mutua. Bajo este modelo, el poder militar se reduce al mínimo y el control civil al
máximo, pero solo por parte de una facción política, lo que le convierte en ideal

18
  Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel: Cómo mueren las democracias…, pp. 74-75.
19
  Ibidem, p. 75.
20
  Ibidem, p. 76.
  Huntington Samuel P.: El soldado y el Estado, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano,
21

1995, pp. 91-95

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 71


Roberto Muñoz Bolaños

para un proyecto populista. Las consecuencias de este tipo de control son siempre
negativas, pues los militares, al inclinarse hacia un sector político en detrimento
de otro, se desprofesionalizan y terminan convirtiéndose en un actor determinan-
te en el proceso de toma de decisiones políticas, lo que a medio plazo supone la
desaparición del control civil sobre la profesión castrense22.
En el caso específico de Iberoamérica, el politólogo venezolano Harold
Trinkunas estableció una tipología sobre el control civil sobre las FAS a partir de
tres posibles situaciones: el «control por contención», el «control por supervisión»
y el «control por socialización revolucionaria». El «control por contención» es
propio de países donde existe una subordinación militar al poder político que
convive con distintos niveles de autonomía castrense, cuyo alcance está directa-
mente vinculado con la incapacidad de las instituciones civiles para supervisar de
forma efectiva las actividades de las FAS. El resultado de esta autonomía es que
los políticos delegan en los militares –profesionales y apartidistas– el diseño de las
misiones, la estrategia y cualquier actividad relacionada con la gestión cotidiana
de los Ejércitos, limitándose a aprobarlas, rechazarlas o congelarlas23. El «control
civil por supervisión» existe «cuando los políticos y los burócratas son capaces
de determinar las políticas de defensa y aprobar las actividades militares a través
de una burocracia especializada que se ha institucionalizado»24. Esta situación
implica la existencia de un Ministerio de Defensa dotado de los recursos huma-
nos, legales y materiales, dirigido por civiles, y con la capacidad para diseñar,
implementar y controlar la política militar y de defensa25. Además, la legislación
otorga a los políticos las prerrogativas para la dirección y conducción de las FAS26.
El «control por contención», así como el «control por supervisión» se inscribiría
dentro del «control civil objetivo». Por el contrario, el «control por socialización
revolucionaria» se corresponde con el «control civil subjetivo», pues la politiza-
ción de los militares es el instrumento que permite su control. Para lograr este
objetivo, se socializa a los militares en las ideas, valores e ideología del gobierno.
Cuando este proceso culmina positivamente, superando las resistencias corpora-
tivas, los militares obedecen a los políticos no porque sea su deber, sino porque

  Ibidem, pp. 81-82.
22

  Trinkunas, Harold: Crafting Civilian Control of the Military in Venezuela: a Comparative


23

Perspective, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 2005, pp. 19-20.


  Ibidem, p. 20.
24

  Radseck, Michael: «From Casa Militar to an Instrument of Political Control: A Functional


25

Analysis of the Defense Ministries in Argentina and Chile», Defense and Security Analysis, 21, 2 (2005),
pp.179-199; Weeks, Gregory: «Is the Mold Being Broken? Defense Ministries and Democracy in Latin
America», Journal of Political and Military Sociology, 31, 1 (2003), pp. 23-37.
26
  Pion-Berlin, David: «La organización de la defensa y relaciones civiles-militares en América
Latina», en D. Pion-Berlin y J. M. Ugarte (comps.), Organización de la defensa y control civil de las Fuerzas
Armadas en América Latina, Buenos Aires, Jorge Baudino Ediciones, 2013, pp. 21-52.

72 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

están de acuerdo y se identifican plenamente con su ideología. En este modelo,


por tanto, la autonomía militar se reduce a su mínima expresión27.
La diferencia en el destino del «proyecto político revolucionario»28 de Bolivia
y de Venezuela hasta 2020 radica en que Evo Morales, líder del MAS, solo consi-
guió establecer un «control por contención»29 muy débil sobre las FAS, mientras
que Hugo Chávez instauró un «control por socialización revolucionaria» sobre la
Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB)30.

El «Estado campamental» de Venezuela


En 2009, Trinkunas escribió: «En el área de las relaciones civil-militares, el
objetivo de Hugo Chávez ha sido establecer un control directo e inmediato sobre
los militares, para involucrarlos en su propósito más importante: lograr una trans-
formación revolucionaria de Venezuela»31. Y lo consiguió.
A diferencia de otras democracias iberoamericanas surgidas en los años cin-
cuenta y sesenta del siglo XX, la venezolana no sufrió la intervención de la Fuerza
Armada Nacional (FAN) en el proceso de toma de decisiones políticas desde la
caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958 y la creación del
sistema democrático por el «Pacto de Punto Fijo». No obstante, los civiles solo
lograron establecer sobre ella un «control por contención»32.
Sin embargo, esta situación comenzó a modificarse en los años ochenta y no-
venta del siglo XX cuando las políticas de austeridad diseñadas por sucesivos gabi-
netes –Luis Herrera Campins (1979-1984), Jaime Lusinchi (1984-1989) y Carlos
Andrés Pérez (1989-1993)– provocaron un deterioro del sistema político y de los
diferentes partidos que lo sostenían, así como de las expectativas de los venezola-
nos y del nivel de vida de los oficiales, aunque no de los altos mandos, que recibie-
ron importantes recompensas monetarias no oficiales desde el Gobierno. Esta di-
námica se desarrolló paralelamente a otra que tenía el mismo origen: el empleo de
los militares para reprimir los disturbios provocados por las políticas económicas

27
  Trinkunas, Harold: «Las Fuerzas Armadas Bolivarianas en los tiempos de Chávez ¿Desde el
papel protagónico a la subordinación revolucionaria?», en F. Agüero y Cl. Fuentes (eds.), Influencias y
resistencias: militares y poder en América Latina, Santiago, Santiago de Chile, Flacso Chile y Catalonia
Editores, 2009, pp. 81-106.
  Agüero, Felipe y Fuentes, Claudio: «Introducción: políticos y militares en América Latina»,
28

ibidem, p. 18.
29
  Battaglino, Jorge: «Políticos y militares en los gobiernos de la nueva izquierda sudamericana»,
Política y Gobierno, 22, 1 (2015), p. 23.
30
  Ibidem, p. 13.
31
  Trinkunas, Harold: «Las Fuerzas…», p. 87.
  Bigler, Gene E.: «Profesional Soldiers and Restrain Politics in Venezuela», en Robert Wesson
32

(comp.), New Military Politics in Latin America, New York, Praeger, 1982, pp. 85-142.

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 73


Roberto Muñoz Bolaños

de estos ejecutivos, destacando el llamado Caracazo, que tuvo lugar entre el 26 de


febrero y el 8 de marzo de 1989, saldado con la muerte de más de 3000 personas33.
Muchos oficiales y reclutas terminaron identificándose con las víctimas de estas
acciones, pues procedían socialmente de la misma clase, creándose en la FAN un
núcleo favorable para un cambio político y económico radical en el país34.
Fue en este contexto cuando tuvo lugar el golpe de Estado de cuatro tenien-
tes coroneles, pertenecientes a la organización izquierdista radical Movimiento
Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200), liderados por Hugo Chávez Frías,
el 4 de febrero de 199235. Aunque la operación fracasó, recibió un fuerte apoyo
popular por sus planteamientos contrarios a las políticas del Gobierno, convir-
tiendo a este militar en un personaje popular. El nuevo presidente, Rafael Caldera
(1994-1998), perdonó a los golpistas, pero un nutrido grupo de ellos abandonó
el Ejército, convirtiéndose en la base de un «partido militar» que apoyó Chávez
en las elecciones presidenciales del 2 de febrero de 1999, donde se presentó como
líder del Movimiento V República (MVR), un movimiento populista de izquier-
da36. La figura más destacada de este «partido militar» fue el antiguo teniente
Diosdado Cabello, hombre fuerte del régimen «chavista» hasta la actualidad. Por
tanto, y esta fue una diferencia fundamental con el devenir de la presidencia de
Evo Morales, el líder venezolano fue un militar que desde el primer momento
fue apoyado por un importante grupo de sus compañeros de armas, identifica-
dos ideológicamente con él, que como antiguos miembros de las FAS conocían
las características de esta institución y su importancia para sostener un proyecto
político permanente. Y como populistas contrarios al sistema político vigente no
tenían en alta estima a las organizaciones políticas. Por tanto, el proyecto político
de Chávez y de sus antiguos compañeros en la milicia se articuló desde el primer
momento sobre un principio fundamental: militarizar completamente Venezuela,
creando un «Estado campamental» controlado por unos Ejércitos leales, que les
sostendrían en el poder de forma perpetua37.
Este proceso se desarrolló en tres fases. La primera abarcó desde 1999 a 2006,
y su objetivo fue el control total de la FAN como instrumento clave para poner
en marcha un proyecto político que se plasmó en la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela de 1999. En esta nueva carta magna, se eliminó el califi-
cativo de «apolítico» de los Ejércitos por el de «sin militancia política», con lo cual

33
  Olmo, Guillermo D.: «Triunfo de Hugo Chávez en 1998: cómo era la Venezuela en la que triun-
fó Chávez hace 20 años (y en qué se parece a la actual)», BBC (6-XII-2018).
  Trinkunas, Harold: «Las Fuerzas…», pp. 88-92.
34

  Rivas Leone, José Antonio: La experiencia populista y militarista en la Venezuela contemporánea,


35

Barcelona, Institut de Ciències Polítiques i Socials, 2012, p. 4.


  Trinkunas, Harold: «Las Fuerzas…», pp. 92-94.
36

  Rivas Leone, José Antonio: La experiencia.., p. 16.


37

74 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

se abría una ventana de oportunidad al activismo político. Además, los ascensos


militares que hasta ese momento eran concedidos por el Parlamento pasaron a
ser una atribución exclusiva de la FAN, previa autorización del presidente de la
República. Pero, sobre todo, se eliminó la obligación de que los militares velasen
por la estabilidad de las instituciones democráticas que antes estaba establecida
expresamente, y, en consecuencia, de obedecer la Constitución y las leyes38. Es
decir, Chávez estaba poniendo las bases para subordinar la FAN a su persona y al
proyecto político que representaba, y no al Estado como institución. Era el pri-
mer paso para culminar un «control por socialización revolucionaria».
Paralelamente, se inició el proceso de militarización de las principales insti-
tuciones del Estado. Así, numerosos miembros de la FAN en activo o retirados
se presentaron a sucesivas elecciones para los cargos de gobernador y alcalde, se
convirtieron en ministros o fueron nombrados embajadores39. El resultado fue la
aparición del «pretorianismo» en Venezuela, definido como la influencia abusiva
y desmedida que ejerce en todos los campos el sector militar sobre el sector civil
en una determinada sociedad40.
Pero Chávez no solo pretendía que los militares de su confianza ocupasen
puestos políticos claves, sino que también extendiesen sus actividades sobre toda
la población, con el objetivo de incrementar sus funciones y mejorar su imagen.
Así, puso en marcha el «Plan Bolívar» en el año 2000, con la finalidad de que la
FAN pudiera:
(…) construir casas, puentes, vender productos alimenticios, pintar escue-
las, reparar hospitales, entre otros, manejando importantes y cuantiosos
recursos financieros por parte de los comandantes de guarnición militar
de cada Estado, quienes se constituían prácticamente como autoridades pa-
ralelas frente a los gobernadores electos (…) tuvo sonadas denuncias ante
la Contraloría General de la República por casos de corrupción y manejos
irregulares41.
Dichas irregularidades económicas son un elemento distintivo de los militares
venezolanos hasta la actualidad.
Sin embargo, el proceso iniciado por el presidente no fue aceptado por todos
los miembros de la FAN. En 2002 se produjo un intento de golpe de Estado; en
2003, tuvo lugar la «huelga» militar en la Plaza Altamira, y en 2004 determina-
dos militares participaron activamente en la recolección de firmas para celebrar

38
  Brewer Carias, Alan: Estudios sobre el Estado Constitucional (2005-2006), Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana-Universidad Católica del Táchira, 2007, pp. 61-78.
39
  Rivas Leone, José Antonio: La experiencia…, p. 15.
40
  Irwin, Domingo: «Pretorianismo e historia en Venezuela», Tiempo y Espacio, 50 (2008),
pp. 221-250.
41
  Rivas Leone, José Antonio: La experiencia…, p. 15.

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 75


Roberto Muñoz Bolaños

un referéndum de revocación del presidente de la República. El fracaso de estas


acciones permitió a Chávez purgar definitivamente la FAN, eliminando a todos
los generales, jefes y oficiales considerados desafectos a su proyecto político42.
La segunda etapa se desarrolló entre la reelección de Chávez el 6 de diciembre
de 2006 y su fallecimiento el 5 de marzo de 2013. Durante la misma, se puso en
marcha un proyecto político iliberal que presentaba las siguientes características43:

• Una ideología determinada: el «socialismo del siglo XXI».


• Una organización política única: el nuevo Partido Socialista Unido de
Venezuela (PSUV).
• Concentración de atribuciones y funciones en manos del presidente de la
República.
• Desconocimiento de derechos elementales y garantías constitucionales.
• Criminalización de la oposición.
• Ausencia real de la división de poderes.
• Ejercicio arbitrario del poder en manos de un grupo reducido (militares,
miembros del PSUV, etc.).
• Pluralismo político limitado.

En el desarrollo de esta dinámica, la FAN debía jugar un papel fundamental,


por lo que era preciso transformarla en una institución partidista, cuyos miembros
se identificasen con la ideología oficial, transformándola así en el bastión funda-
mental del «chavismo». La primera decisión que tomó en este sentido fue cambiar
el lema de la FAN por «Patria, socialismo o muerte. Venceremos», vulnerando el
art. 328 de la vigente Constitución de 1999, que señalaba que los Ejércitos eran
una institución profesional y sin militancia política44. Sin embargo, el aspecto más
trascendental fue la promulgación el 22 de julio de 2008 de la nueva Ley Orgánica
de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, por la que se creó la FANB. Esta nor-
ma –ampliada por sucesivas reformas– destacaba por cuatro aspectos45:

1. La incorporación del término «bolivariana» (art. 1), lo que implicaba que los
Ejércitos pasaban a ser un componente más del proyecto político de Chávez.

  Trinkunas, Harold: «Las Fuerzas…», p. 95.


42

  Rivas Leone, José Antonio: La experiencia…, p. 25.


43

  Jácome, Francine: «Los militares en la política y la economía de Venezuela», Nueva Sociedad,


44

274 (2018), p. 122.


  «Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana»: https://www.resdal.org/atlas/vene-
45

zuela-lofan.pdf

76 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

2. La inclusión de la Milicia Nacional Bolivariana (MNB) como un brazo más


de la FANB (art. 5), compuesta hasta entonces por cuatro ramas (Ejército,
Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional). Esta fuerza armada, un ejér-
cito de partido, dependería directamente del presidente de la República
y entre sus competencias se incluía el mantenimiento del orden público.
3. La creación del Comando Estratégico Operacional de la FANB, presidi-
do por el presidente de la República (art. 19-22). Este órgano tendría las
competencias operativas sobre los militares venezolanos, mientras que el
Ministerio para la Defensa quedaba reducido a un departamento de carác-
ter exclusivamente administrativo.
4. La creación de las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (art. 24),
definidas como «un espacio del territorio nacional con características
geoestratégicas, establecido por el Presidente o Presidenta de la República
Bolivariana de Venezuela y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada
Nacional Bolivariana sobre la base de la concepción estratégica defensiva
nacional para planificar, conducir y ejecutar operaciones de defensa in-
tegral, a fin de garantizar la independencia, la soberanía, la seguridad, la
integridad del espacio geográfico y el desarrollo nacional». Estas demarca-
ciones militares que respondían al concepto de «seguridad integral» esta-
ban divididas a su vez en Zonas Operativas de Defensa Integral (art. 27),
repartidas en Áreas de Defensa Integral (art. 28).

Las novedades introducidas en esta norma implementaban el papel de los


miembros del estamento castrense en el proyecto político «chavista», no solo por-
que se militarizaba la MNB, sino porque se creaba un sistema defensivo territorial
que suponía la ocupación y control del país por una FANB adherida ya al proyec-
to populista del presidente.
La tercera etapa se inició tras el fallecimiento de Chávez y la llegada al poder de
su sucesor, Nicolás Maduro, el 14 de abril de 2013, y se prolonga hasta nuestros
días. En este periodo se produjo la culminación de la militarización de la sociedad y
la administración venezolana, iniciada con Chávez, convirtiendo a los miembros de
la FANB en el grupo dominante del país. Esta dinámica fue posible por la suma de
dos variables. Por un lado, Maduro carecía del prestigio y carisma de su antecesor,
y además no era militar. Por otro, el progresivo deterioro de la situación política y
económica de Venezuela como consecuencia de la caída de los precios del petróleo a
partir de 201646, que incrementó notablemente la oposición al Gobierno. Ante esta

46
  Lander, Edgardo: «La implosión de la Venezuela rentista», Cuadernos de La Nueva Política,
1 (2016). Esta serie se publica en Ámsterdam por el Proyecto Alternativas Públicas del Transnational
Institute (TNI).

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 77


Roberto Muñoz Bolaños

tesitura, el presidente decidió entregar amplias parcelas de poder a los militares para
que sus intereses como institución, pero también privados, se identificasen con los
del régimen, comprometiéndose entonces completamente en su defensa. Para lo-
grar este objetivo, tomó dos vías. La primera, aumentar su poder político tanto en
el ejecutivo como en la administración territorial. Los miembros de la FANB han
llegado a ocupar desde entonces el 30 % de las carteras ministeriales, controlando
de forma permanente dos de las más importantes: Defensa e Interior, Justicia y Paz.
En este último departamento, sus sucesivos titulares –el general Miguel Rodríguez
Torres (2013-2014), la almirante Carmen Meléndez López (2014-2015) y los
también generales Gustavo Enrique González López (2015-2016), Néstor Reverol
(2016 hasta la actualidad)– no han tenido demasiado éxito en el mantenimiento
del orden público, pues Venezuela se ha convertido en uno de los países más pe-
ligrosos del mundo, contabilizándose 16 506 muertes violentas en 2019, lo que
supone una tasa de 60,3 homicidios por cada 100 000 habitantes47. A nivel territo-
rial, permitió que el 22 de enero de 2018 el Comando de Abastecimiento Soberano
emitiese un decreto prohibiendo a las autoridades regionales y municipales llevar
a cabo acciones relacionadas con el control y la distribución de alimentos, que se
convirtieron en competencia exclusiva de la FANB48.
No obstante, el cambio más significativo introducido por Maduro fue el papel
que asignó a los militares en el ámbito económico. Esta dinámica hay que contex-
tualizarla dentro de la crisis económica que vive el país, y su objetivo fue y es que
los miembros de la FANB mantengan su nivel de vida, pero a la vez adquieran
un gran poder, convirtiéndose así en los mayores enemigos de un posible cambio
político. Chávez ya había designado a militares para ocupar la presidencia de
la principal empresa pública del país, Petróleos de Venezuela (PDVSA). Pero,
con Maduro han pasado a controlar el sector eléctrico, el metro de Caracas,
las empresas de aluminio, hierro y acero del sur del país, los puertos y las adua-
nas. Además, desde 2013, ha permitido la creación de cuatro empresas militares:
el Banco de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), Televisión de la
Fuerza Armada Nacional Bolivariana (TVFANB), Empresa Militar de Transporte
(Emiltra) y la Empresa Agropecuaria de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana
(Agrofanb)49. No obstante, los dos sectores más importantes dominados por la
FANB son los programas de abastecimiento de alimentos y artículos sanitarios y
la industria extractiva50. En agosto de 2016 se puso en marcha la «Gran Misión

47
  Alcalde, Carolina: «Venezuela: OVV reporta más de 16 500 muertes violentas en 2019», VOA
(27-XII-2019).
  Jácome, Francine: «Los militares en la política y la economía de Venezuela…», p. 124.
48

  Jácome, Francine: «Los militares…», pp. 125-126.


49

  Guillemi, Rubén: «Petróleo, oro y alimentos, el verdadero poder de los militares en Venezuela»,
50

La Nación (5-V-2019).

78 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

Abastecimiento Soberano y Seguro», bajo el mando del ministro para la Defensa,


el general en jefe Vladimir Padrino López, en el cargo desde 2014. Los encar-
gados de dirigirla fueron dieciocho generales que se encargarían de las compras
y el abastecimiento. Sin embargo, aunque el programa se dotó con millones de
dólares, no ha funcionado y actualmente más del 80  % de la población sufre
algún tipo de desabastecimiento51. Igualmente, en el mismo año, se puso en mar-
cha la Compañía Anónima Militar de Industrias Minera, Petrolífera y de Gas
(Camimpeg), a la que se le otorgó un papel importante en el Arco Minero del
Orinoco, explotando minas de oro, diamantes y coltán, las últimas bajo la direc-
ción del hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra52.
Estas cesiones a los militares fueron denunciadas incluso por antiguos «cha-
vistas» como Roland Denis, viceministro de Planificación entre 2002 y 2003,
quien no dudó en afirmar que su origen estaba en que Maduro era «un presidente
mucho más débil que Chávez», que había permitido «a los militares abrazar mu-
chos más espacios, no solo en el mando directo sobre diferentes instituciones,
sino también estableciendo una estrategia corporativa», con el objetivo «obvio»
de mantener a los militares lo más apegados posible a su obediencia, aunque esta
sea una «obediencia negociada»53.
A pesar de estas críticas, de la corrupción que asola a la FANB54 y de la des-
profesionalización de sus integrantes55, la política de Maduro ha resultado efecti-
va para sus intereses, como quedó patente en el fracaso completo del proceso ini-
ciado en enero de 2019 por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela,
Juan Guaidó, para convocar elecciones. De hecho, a pesar de aprobar una Ley
de Amnistía para los funcionarios civiles y militares el 25 de enero de 2019,
con objeto de traer especialmente a los segundos, y de contar con el apoyo de la
Unión Europea (UE) y de Estados Unidos, no ha podido derribar a Maduro56.
La causa es obvia: el actual presidente cuenta con el apoyo entusiasta de la FANB
porque ha proporcionado a sus miembros una posición de poder dentro como
jamás tuvieron en la historia de Venezuela. Por tanto, solo una intervención ar-
mada –impensable en las circunstancias actuales– podría desalojar al sucesor de
Chávez del poder.

51
  Jácome, Francine: «Los militares…», p. 126.
52
  «Las 1900 minas ilegales de oro, diamante y coltán de Venezuela», La Razón (11-XII-2019).
53
  Marcano, Patricia: «Camimpeg es un proyecto de derecha, de élite militar», La Razón (Caracas)
(II-2016).
54
  Tarre Briceño, Marco: «La corrupción militar y policial: un mal que crece en Venezuela»,
InSight Crime (23-9-2016).
55
  Jácome, Francine: «Los militares…», pp. 127-128.
  Laya, Patricia: «How Venezuela’s Presidential Standoff Fizzled Out», Washington Post
56

(31-VII-2020).

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 79


Roberto Muñoz Bolaños

Evo Morales y los militares


Cuando llegó al poder Morales en 2006 –aconsejado por Chávez– intentó de-
sarrollar en las FAS bolivianas dinámicas similares a las venezolanas. Sin embargo,
el resultado final fue muy distinto porque la base de partida era dispar.
A diferencia de lo que había ocurrido en Venezuela durante la segunda mi-
tad del siglo XX, los Ejércitos bolivianos habían sido un actor fundamental en
el proceso de toma de decisiones políticas desde el final de la guerra del Chaco
(1932-1935) hasta 1982, gobernando ininterrumpidamente el país entre 1964 y
ese último año. Esta actuación había tenido carácter poliédrico. Así, si bien al-
gunos militares como el general Hugo Banzer, dictador entre 1971-1978, habían
desarrollado una política conservadora vinculada con la de Estados Unidos en la
Guerra Fría, otros intentaron poner en marcha programas nacionalistas e inclu-
so socialistas: Germán Busch (1938-1939), Gualberto Villarroel (1943-1946),
Alfredo Ovando Candía (1966 y 1969-70) y Juan José Torres (1970-1971)57.
Tras el colapso del régimen militar en 1982 y el establecimiento de una demo-
cracia liberal basada en el consenso, las FAS se retiraron a los cuarteles, limitán-
dose a ejercer dos grandes competencias bajo el principio de «Estado es Patria»:
el mantenimiento del orden interno, especialmente en relación con los movi-
mientos indígenas, y a partir de 1997, con la llegada al poder democráticamente
de Banzer, la lucha contra el narcotráfico dentro de la Doctrina de Seguridad
Nacional auspiciada por Estados Unidos. Precisamente, como consecuencia del
ejercicio de estas competencias, las FAS se convirtieron en una organización re-
presiva policial, siendo su actuación más sangrienta la que tuvo lugar en octubre
de 2003 –«Octubre negro»– contra una insurrección popular que protestaba por
las políticas liberales del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. El resultado fue
de 67 manifestantes muertos y más de 400 heridos en la ciudad de El Alto, ve-
cina a La Paz58. Como contraprestación por actuar como salvaguarda del sistema
democrático, los ejecutivos de este periodo permitieron un alto grado de autono-
mía a los militares, ejerciendo un «control por contención» bastante informal, y
paralelamente –a semejanza de lo ocurrido en Venezuela– les entregaron grandes
partidas de dinero no oficiales para que fueran repartidas entre los altos mandos
con el objetivo de que no disminuyese su poder adquisitivo como consecuencia
de la dinámica inflacionista característica de este periodo59.

57
  Barrios Morón, J. Raúl: «El nacionalismo militar boliviano. Elementos para la reformulación
estratégica», Nueva Sociedad, 81 (1986), pp. 36-45.
58
  Este episodio provocaría posteriormente el enjuiciamiento de Sánchez de Lozada, su gabinete y
el Comando Conjunto Militar –jefatura militar de las FAS bolivianas–, dando por resultado importantes
condenas de prisión. El País (31-VIII-2011).
  Mayorga, Francisco: «Bolivia: Militares y política en tiempos de cambio», en F. Agüero y Cl.
59

Fuentes (eds.), Influencias y resistencias…, pp. 117-144.

80 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

Esta importancia de los militares en el entramado político boliviano trató de


ser aprovechada por Morales desde que alcanzó el poder. Su objetivo era convertir
las FAS en el bastión defensivo de su proyecto revolucionario, a semejanza de lo
ocurrido en Venezuela. Así, en su discurso de toma de posesión, el 22 de enero
de 2006, recordó que había servido como soldado raso en 1978, como la mayoría
de los indígenas, y reclamó que todos los bolivianos cumplieran el servicio militar
obligatorio –generalmente eludido por las clases altas– para que se extendiera la
mentalidad del «soldado que defiende el territorio nacional, el soldado que de-
fiende a las Fuerzas Armadas, el soldado que participa en el desarrollo nacional»60.
A partir de ese día, y buscando siempre alcanzar el objetivo señalado, su política
militar se articuló sobre cuatro dinámicas. La primera –siguiendo los consejos
de Chávez– purgar al estamento castrense, eliminando a todos los altos mandos
vinculados con el periodo anterior. La figura clave en este proceso fue –como
en Venezuela– un antiguo miembro de las FAS: el comandante retirado y aca-
démico Juan Ramón Quintana –enlace entre los militares y el MAS–, ministro
de la Presidencia. Sus primeras decisiones fueron nombrar al general de división
Wilfredo Vargas Valdez comandante en jefe de las FAS y enviar a la reserva activa
a los veintiocho generales más característicos de los Ejércitos, por falta de con-
fianza en sus personas. Según el general de división retirado Gary Prado, famoso
por ser quien capturó a Ernesto Che Guevara en 1967, «fue un consejo de Hugo
Chávez como él mismo reconoció públicamente». Esta purga, según el mismo
militar, «constituyó un golpe muy duro para el Ejército, porque ahora nadie de
dentro se siente seguro»61. Con estas medidas pretendía evitar un golpe de Estado,
asegurando la lealtad del estamento castrense al proyecto revolucionario del MAS.
Como contraprestación, Morales tuvo que reconocer públicamente que los mi-
litares no habían sido las culpables de los cruentos actos de la dictadura, «justifi-
cándolos con el argumento según el cual se habían limitado a obedecer órdenes
civiles e imperialistas»62.
La segunda, la incorporación de las FAS al proceso de desarrollo económico
nacionalista defendido por el MAS. Esta dinámica tuvo su base en el nuevo para-
digma de «seguridad integral», similar al venezolano, que condujo a un aumento
de las funciones de los militares. Así quedó establecido en la Constitución de
2009 –que configuró el Estado Plurinacional de Bolivia–, donde se les asignó la
misión de «defender y conservar la independencia, seguridad y estabilidad del
Estado, su honor y su soberanía; asegurar el imperio de la Constitución, garanti-
zar la estabilidad del gobierno legalmente constituido y participar en el desarrollo

60
  «Descontento en Bolivia por cambios militares», El Litoral (26-I-2006).
61
  «Evo Morales mima al Ejército», El País (3-XII-2007).
  Dasso, Agostina: «Los militares antes del golpe. Radiografía de las Fuerzas Armadas en Bolivia»,
62

Nueva Sociedad, I (2020): https://nuso.org/articulo/los-militares-antes-del-golpe/

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 81


Roberto Muñoz Bolaños

integral del país» (art. 244). Este papel poliédrico de los Ejércitos, a semejanza
de lo ocurrido en Venezuela, se manifestó en varios planos. Así, los militares
fueron implicados en programas de alfabetización, sanitarios, de entrega de ali-
mentos y transferencias de efectivo –bonos– para distintos sectores vulnerables
de la población, como ancianos, mujeres embarazadas, estudiantes, etc. Además,
se recuperaron algunas empresas militares que habían sido privatizadas; se creó
una Empresa de Construcciones del Ejército para desarrollar proyectos de infraes-
tructuras públicas, que quebró en 201563, y se potenció la aerolínea Transportes
Aéreos Militares (TAM), que trasladó hasta septiembre de 2019 a unos 500 000
pasajeros por año con aviones de veinte y treinta años de antigüedad, sobre todo
en rutas secundarias. Igualmente, y a semejanza de lo ocurrido en Venezuela,
numerosos generales retirados fueron designados embajadores64. Sin embargo, y
a diferencia de lo ocurrido en el país caribeño, estas dinámicas si bien tenían por
objeto lograr el apoyo de los miembros de las FAS al proyecto político del MAS,
no podían desvincularse del hecho de que Bolivia tenía y tiene grandes déficits
estructurales, una burocracia muy pequeña y un Estado débil incapaz de cubrir
las necesidades de la población en todo el territorio, lo que obligaba a recurrir
a los militares para paliar estas deficiencias65. Paralelamente, y en el plano espe-
cíficamente militar, las «Bases para la Discusión de la Doctrina de Seguridad y
Defensa del Estado Plurinacional de Bolivia», aprobadas en 2010, fijaron entre
los objetivos de los Ejércitos la «seguridad y defensa integral», es decir, la protec-
ción del territorio y su población, así como la defensa de sus recursos naturales
de carácter estratégico ante amenazas de índole externa e interna. En este sentido,
jugó un papel fundamental el proceso de nacionalización de los hidrocarburos el
6 de mayo de 2006, apoyado por la mayoría de los militares. Además, hubo un
crecimiento importante del presupuesto de Defensa, que se mantuvo entre 1,5 %
y 1,9 % del PIB entre 2008 y 201866.
No obstante, y a pesar de su parecido con la política desarrollada por Chávez y
Maduro, estas medidas no resultaron en Bolivia tan efectivas como en Venezuela
para lograr el objetivo que se perseguía: convertir a las FAS en un instrumento
al servicio del MAS. Este fracaso fue consecuencia de dos dinámicas. La prime-
ra, que Morales no modificó el «control por contención» heredado del periodo
anterior, permitiendo la autonomía de los militares a cambio de la lealtad a su
persona de la élite de las FAS: «Morales ha establecido un sistema de prebendas

  «Quiebra la empresa de construcciones del Ejército boliviano», Correo del Sur, 7-9-2015.


63

  Molina, Fernando: «“Patria o muerte. Venceremos”. El orden castrense de Evo Morales», Nueva
64

sociedad, 278 (2018), p. 128.


  Battaglino, Jorge: «Políticos…», p. 16.
65

  Molina, Fernando: «“Patria”…», pp. 127-128.


66

82 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

y tiene totalmente sometido al alto mando»67, según denunció el general Prado.


La manifestación más explícita de esta política del mandatario populista fue el
rol que asignó al Ministerio de Defensa, convertido en uno de los departamentos
menos relevante de su ejecutivo, hasta el extremo de que no solo tenía menos
competencias que el Comando Conjunto Militar, sino que su titular no tenía
mando sobre el comandante en jefe de las FAS –cuyo poder era paralelo e igual al
del ministro–, que estaba solo a las órdenes del presidente de la República68. Sin
embargo, la mayor parte de la oficialidad no asumió la posición del Alto Mando,
manteniendo una posición de «vigilancia» sobre el proceso político iniciado por
el MAS. La segunda, que la asignación de nuevas tareas a las FAS no solo poten-
ció su autonomía, sino que permitió la protección de sus intereses, y legitimó e
incrementó su rol dentro de la sociedad boliviana69.
La tercera dinámica puesta en marcha para controlar las FAS fue la univer-
salización –como elemento socializador– del servicio militar y la inclusión de
los indígenas en la oficialidad. La primera de esas medidas –una de las grandes
promesas de Morales– fracasó completamente. La segunda –recogida también
en su discurso inaugural, donde deploró que no existiese “ningún general que
se apellide Mamani, Condori o Aima”–, tampoco tuvo éxito. El presidente se
encontró con unas FAS cuyas bases étnicas procedían del siglo XIX: la oficia-
lidad pertenecía a la élite blanca mientras que los suboficiales y soldados eran
indígenas70, que intentó revertir tomando un conjunto de medidas simbólicas:
la presencia de los pueblos indígenas en el desfile militar de agosto de 2006, la
inclusión de veinticinco indígenas –veinte varones y cinco mujeres– en el Colegio
Militar del Ejército en 200771 y la adopción, a partir de 2009, de la wiphala –la
bandera indigenista con los colores del arco iris– en las FAS y en los uniformes.
La oficialidad acató estas medidas por disciplina, pero nunca se identificó con
ellas, como se demostró en el conflicto interno más importante que tuvo lugar en
los Ejércitos bolivianos durante el Gobierno de Morales. El 3 de abril de 2014,
los suboficiales y sargentos indígenas, organizados de una manera cuasisindical,
propusieron a la Asamblea Legislativa una modificación de la Ley Orgánica de las
FAS con una serie de medidas para superar la «discriminación» que les afectaba,

67
  «Evo Morales mima al Ejército», El País (3-XII-2007).
68
  Alda Mejías, Sonia: «Los cambios en las fuerzas armadas y la defensa en la revolución democrá-
tica de Evo Morales», en H. Mathieu y C. Niño Guarnizo (eds.), Anuario 2010 de la seguridad regional en
América Latina y el Caribe, Bogotá, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia, p. 231.
69
  Dasso, Agostina: «Los militares…».
70
  Sobre este tema, destaca el libro de la esposa de Quintana, Loreta Tellería. Tellería Escobar,
Loreta: Indios y soldados en Bolivia: movimiento indigenista, discurso y represión militar en la primera mitad
del siglo XX, Madrid, Editorial académica española, 2012.
71
  Mayorga, Francisco: «Bolivia…», p.132.

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 83


Roberto Muñoz Bolaños

permitiendo su transformación en «oficiales técnicos». Ante esta petición, que fue


acompañada por una huelga de hambre de sus esposas, el Comando Conjunto
Militar reaccionó con especial dureza, acusándoles de haber desencadenado un
motín: 715 suboficiales y sargentos fueron dados de baja, de los cuales 630 fueron
reincorporados posteriormente; se arrestó y expulsó de las FAS a los líderes de la
protesta, y otros participantes fueron castigados en los establecimientos militares.
El Gobierno intentó suavizar estas medidas, pero no pudo detener la represión,
demostrando no solo su incapacidad para poner en marcha su proyecto de «des-
colonizar» los Ejércitos, sino también su escaso control sobre los mismos72.
La cuarta, la ideologización de las FAS bolivianas para vincularlas con el
proyecto del MAS. Esta dinámica se vinculaba históricamente con la tradición
nacionalista, entendida como recuperación de la soberanía bajo postulados «an-
tiimperialistas» y, por tanto, contrarios a los Estados Unidos, que había sido
característica de un sector de las FAS bolivianas en el siglo XX. Morales no
solo por su ideología socialista, sino también por su antiguo liderazgo del sin-
dicato de campesinos productores de hoja de coca, consideraba a este país su
principal enemigo. Su fracaso fue tal vez la causa fundamental de la caída del
mandatario indígena, pues, desde el primer momento, importantes sectores mi-
litares se opusieron a esta dinámica porque su tradición histórica y formación
técnica les identificaba con los Estados Unidos. Así, cuando firmó un convenio
en materia de Defensa con Venezuela el 26 de mayo de 2006, que supuso una
importante inyección financiera para los Ejércitos bolivianos, el presidente tuvo
que tranquilizar a los militares, diciéndoles: «Jamás vamos a someternos a nadie
y no estamos sometidos a ningún país y nunca voy a llevar a los militares a que
se sometan a otras Fuerzas Armadas. Imposible»73. Esta actitud suspicaz hacía
el país caribeño se manifestaría explícitamente cuando en 2008 se produjo la
revuelta contra el Gobierno de la «Media Luna», conformada por los departa-
mentos de la zona oriental del país. Cuando Chávez amenazó con intervenir
militarmente si Morales era derrocado o asesinado, el comandante en jefe de
las FAS, general de división Luis Trigo, le respondió que los Ejércitos bolivianos
«no permitirán que ningún militar o fuerza extranjera pisen territorio nacio-
nal»74. Pero el rechazo de los militares bolivianos no era solo hacia una posible
injerencia de Venezuela en los asuntos internos de Bolivia, sino también a la
ideología del MAS. En 2010, acataron disciplinadamente que se modificase
el lema tradicional de «Subordinación y constancia. ¡Viva Bolivia!» por el cas-
trista «Patria o muerte. ¡Venceremos!». Sin embargo, cuando ese mismo año, el

  Molina, Fernando: «“Patria”…», pp. 126-127.


72

  «Evo Morales mima al Ejército», El País (3-XII-2007).


73

  «Fuerzas Armadas de Bolivia le dicen ‘No a la intromisión de Chávez’», La República (12-IX-2008).


74

84 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

general de división Antonio Cueto Calderón, comandante general del Ejército,


declaró que las FAS «son socialistas, comunitarias, antiimperialistas y anticapitalis-
tas», hubo una reacción en contra de buena parte de los militares, obligando a
Morales a salir en su defensa75.
El fracaso en la ideologización de las FAS intentó ser revertido en 2016, con
la creación de la Escuela Antiimperialista, por los acuerdos del Gobierno con la
Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). A este centro
de enseñanza –bautizado «Juan José Torres» y situado en Warnes– debían asis-
tir todos los militares obligatoriamente para ascender al empleo de capitán. El
contenido de sus enseñanzas no era técnico, sino ideológico, con cursos como
«Geopolítica del imperialismo» y otros relacionados con la ideología del MES76.
Sin embargo, sus resultados no fueron perceptibles a corto plazo. Así, cuando
en 2018 el Gobierno pidió a los militares que rindieran un homenaje al «Che»
Guevara en el 50º aniversario de su muerte, se negaron completamente. De he-
cho, lo único que el ejecutivo logró fue que las FAS no hicieran su tradicional
celebración a los veteranos que acabaron con la guerrilla comunista de los años
sesenta del siglo XX77.
Aunque estas cuatro dinámicas no habían culminado con éxito, Morales debió
convencerse de que los militares no actuarían directamente contra su Gobierno.
Esta convicción le permitió poner en marcha un proceso característico de todo
régimen populista: la destrucción de las instituciones democrático-liberales.
En 2015, el mandatario indígena decidió presentarse a un cuarto mandato
presidencial, en contra de lo que establecía el art. 168 de la Constitución de 2009.
La asamblea legislativa aprobó la modificación del mismo el 26 de septiembre de
2015. Sin embargo, para culminar el proceso de reforma, era necesario el aval del
pueblo mediante referéndum. Esta consulta tuvo lugar el 21 de febrero de 2016,
triunfando el «no» a la reforma con el 51,3 % de los sufragios. Pero Morales no
se detuvo ante este resultado, que deslegitimaba sus planes, sino que recurrió a un
«árbitro» bajo su control: El Tribunal Constitucional Plurinacional. Este organis-
mo, en una sentencia no ajustada a derecho del 29 de noviembre de 2017, permi-
tió al mandatario indígena volverse a presentar porque los «derechos políticos» de
una persona estaban por encima de los artículos de la Constitución que limitaban
el número de veces que podía ser reelegida78.

75
  «Evo sale a defender a general Cueto y dice que Ejército tiene origen antiimperialista», Eju!
(19-XI-2010).
76
  Molina, Fernando: «“Patria”…», p. 125.
77
  Ibidem, p. 126.
  «El Tribunal Constitucional de Bolivia autoriza a Evo Morales a buscar la reelección como presi-
78

dente sin límites», BBC (29-XI-2017).

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 85


Roberto Muñoz Bolaños

Así, el líder del MAS pudo participar en los comicios presidenciales del 20 de
octubre de 201979. El recuento se inició ese mismo día, pero a las 20:00 horas se
interrumpió, cuando alcanzaba el 83,7 %. Morales había obtenido el 45 % de los
votos hasta ese momento, mientras que el principal líder opositor, Carlos Mesa,
había alcanzado el 38 %. La diferencia inferior al 10 % obligaba a una segunda
vuelta donde el presidente podría resultar derrotado gracias a la unión de todas
las fuerzas de la oposición como en el referéndum del 21 de febrero de 2016. El
recuento se reanudó al día siguiente con el 95 % de las papeletas escrutadas y una
ventaja de más del 10 % para Morales, lo que le convertía automáticamente en
presidente. La oposición rechazó inmediatamente estos resultados, denunciando
la existencia de un fraude e iniciando una serie de movilizaciones con el lema «Mi
voto se respeta», cuyo objetivo era la celebración de una segunda vuelta electoral.
El 22 de octubre, el líder del MAS pidió una auditoría sobre las elecciones a la
Organización de Estados Americanos (OEA). Pero las movilizaciones continua-
ron, exigiendo ya la renuncia de Morales.
Las FAS se mantuvieron al margen hasta el 9 de noviembre, cuando el Comando
Conjunto Militar emitió una disposición por la que se negaba a reprimir a los
manifestantes80, desobedeciendo a Morales que les había solicitado que actuaran
contra la oposición. Esta decisión del alto mando de las FAS bolivianas, y más
concretamente de su comandante en jefe, general de división Williams Kaliman,
un seguidor entusiasta de Evo Morales y del MAS81, solo se puede explicar sobre
la base de lo ocurrido dos días después: los coroneles al mando de las unidades
amenazaron con una intervención militar, obligando a Kaliman y a los jefes de los
tres Ejércitos a sacar las tropas a la calle para reprimir a los seguidores de Morales
y acabar con los desórdenes82. ¿Por qué se dividieron las FAS bolivianas? Porque
el Alto Mando era leal a la persona del presidente y a su proyecto político, pero el
resto de los militares no estaban dispuestos a permitir que el programa del MAS,
que implicaba no solo cambios económicos, sino también la subversión de las ins-
tituciones bolivianas, siguiera adelante. Esta fractura demostró los límites del con-
trol de Morales sobre los militares y sobre todo su errónea política de considerar

  Sobre el proceso de la destitución de Evo Morales, destacan los recientes análisis en contra y a
79

favor de la misma de Mayorga y Brockman. Mayorga, Fernando: «Derrota política del MAS y proyecto
de restauración oligárquico-señorial», en F. Mayorga (coord.), Crisis y cambio político en Bolivia. Octubre
y noviembre de 2019: La democracia en una encrucijada, Cochabamba, Centro de Estudios Superiores
Universitarios-Universidad Mayor San Simón (CESU-UMSS), 2020, pp. 1-28; Brockman Quiroga,
Erika: «Tentativa de toma gradual del poder: Prorroguismo fallido y transiciones», Ibidem, pp. 29-60.
  «El Ejército de Bolivia asegura que nunca irán en contra del pueblo», El Tribuno (9-XI-2019).
80

  Brockmann Quiroga, Erika: «Kalimán: venezolanización de las FFAA», Desde el faro


81

(15-VIII-2019).
82
  «Fiel a Evo hasta el final, Kaliman sacó a las tropas amenazado por su Estado Mayor», Pagina
Siete (1-XII-2019).

86 Alcores, 24, 2020, pp. 67-88


Populismo de izquierdas y Fuerzas Armadas: Venezuela versus Bolivia

que la lealtad del Comando Conjunto Militar le aseguraba la obediencia del resto
de la oficialidad de las FAS. Al día siguiente, 10 de noviembre, tras conocerse el
informe de la OEA que reconocía la existencia de fraude en el recuento electoral,
Morales anunció la repetición de las elecciones presidenciales. Pero fue demasiado
tarde. La situación de enfrentamiento que existía en las calles entre seguidores y
detractores del presidente, y la propia división en las FAS, llevó a Kaliman a solici-
tar su renuncia, que tuvo lugar ese mismo día, junto a la del vicepresidente Álvaro
García Linera, la presidenta del Senado Adriana Salvatierra y el presidente de la
Cámara de Diputados Víctor Borda. ¿Fue un golpe de Estado? Sí, bajo la forma de
«desplazamiento» de acuerdo con la tipología de Finer83, ya que el poder pasó de
un gobierno civil –Morales– a otro –Jeanine Áñez–. ¿Estuvo justificada la inter-
vención militar? Siguiendo el paradigma desarrollado por Marinov y Goemans84,
sí, porque abrió una ventana de oportunidad para el restablecimiento de la demo-
cracia liberal en Bolivia. Así, el nuevo gobierno convocó comicios presidenciales
para el 18 de octubre de 2020, que se desarrollaron en una situación de estabilidad
y paz, y cuyo escrutinio fue “seguro, confiable y verificable”85. El triunfo corres-
pondió al candidato del MAS, Luis Arce en la primera vuelta, al obtener una ven-
taja superior al 10 % sobre el siguiente candidato, Carlos Mesa, de Comunidad
Ciudadana, además de superar el 50 % de los votos, y fue reconocido desde el
primer momento por este y Áñez86.

Conclusión
En las líneas anteriores hemos demostrado cómo los proyectos populistas de
izquierdas desarrollados por Chávez y Maduro en Venezuela y Morales en Bolivia
tenían por objeto la subversión de las instituciones democráticas y la conversión
de sus respectivos países en regímenes iliberales gobernados permanentemente
por la misma élite. La diferencia entre el éxito de este programa en Venezuela y su
fracaso en Bolivia radica en que, en el primero de estos países, los populistas lo-
graron ideologizar e incorporar a sus planes a la FANB, al establecer sobre ella un
«control por socialización revolucionaria», complementado con la militarización
de la administración y la economía del país. Por el contrario, Morales, aunque
intentó aplicar dinámicas similares a las venezolanas en las FAS bolivianas, fraca-
só en su intento de extender la ideología del MAS entre los militares y optó por
mantener el «control por contención» heredado del periodo democrático, siendo

83
  Finer, Samuel E.: Los militares…, p. 201-216.
84
  Marinov, Nikolay y Goemans, Hein: «Coups and Democracy», British Journal of Political
Science, 44, 4 (2014), pp. 803-807.
85
  Infobae (18-X-2020).
86
  Infobae (19-X-2020).

Alcores, 24, 2020, pp. 67-88 87


Roberto Muñoz Bolaños

al final la causa de su ruina política. No obstante, el reciente triunfo electoral del


candidato de este partido, Arce, puede abrir una ventana de oportunidad a este
proyecto, aunque el nuevo presidente ha declarado que «vamos a gobernar para
todos los bolivianos»87.
Los proyectos populistas de izquierdas de Venezuela y Bolivia no han sido los
únicos movimientos de esta ideología en comprender la importancia del con-
trol de las FAS para su permanencia en el poder. Otras organizaciones políticas
creadas bajo su influencia también incorporaron este objetivo en sus programas
electorales. Así, por ejemplo, la coalición española Podemos incluía entre sus pro-
mesas para los comicios legislativos del 20 de diciembre de 2015 la reforma de
«la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros
de las Fuerzas Armadas, para propiciar una nueva regulación de los derechos fun-
damentales de reunión, manifestación, asociación, libertad de expresión, sindica-
ción y afiliación a partidos políticos»88.

  El Mundo (19-X-2020).
87

  Queremos, sabemos, Podemos. Un programa para un país, p.  187: https://www.lasprovincias.es/


88

elecciones/generales/201512/08/programa-electoral-podemos-para-20151208174919.html

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Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 ISSN: 1886-8770

Èthnos y Plèthos vs. Dèmos:


lo que el populismo conservador de
derechas hace a la democracia
Stéphane Boisard
Institut National Universitaire Jean-François Champollion
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2020

Il n’est pas sûr que notre époque ait manqué de dieux. On lui en a proposé
beaucoup, et le plus souvent bêtes et lâches. Il semble bien, au contraire, qu’elle
manque d’un dictionnaire. C’est une chose, du moins, qui paraît évidente à
ceux qui espèrent pour ce monde, ou tous les mots sont prostitués, une justice
claire et une liberté sans équivoque […] la critique du langage ne peut éluder
ce fait que nos paroles nous engagent et que nous devons leur être fidèles. Mal
nommer un objet, c’est ajouter au malheur de ce monde.
Albert Camus, «Sur une philosophie de l’expression», 1944.

Resumen: En un mundo gobernado hoy día mayoritariamente por partidos conservadores


y/o de derechas, se impuso como una categoría esencial de la ciencia política el término
“populista” para calificar a ciertos de estos líderes y regímenes. Este artículo analizará la
definición que dan del pueblo y la democracia los gobiernos y dirigentes llamados populistas.
Se planteará que frente al pueblo-dèmos inclusivo de la democracia liberal, los nacional-
populismos conservadores contemporáneos se fundan en la idea excluyente de un pueblo-
èthnos que trataría de protegerse de agresiones exteriores (emigrantes, comunistas, “desviados
sexuales”, feministas, ecologistas…). El nacional-populismo conservador no solo pone en
peligro la democracia, porque no se limita a cuestionar las reglas formales de una democracia
pluralista, sino que contribuye también a una “brutalización” del debate político.

Palabras clave: populismo, derecha, conservadurismo, democracia, pueblo.

91
Stéphane Boisard

Summary: In a world governed mainly by conservative and/or right-wing parties


nowadays, the term “populist” has become an essential category of political science to
qualify certain of these leaders and regimes. This article will discuss how “so-called”
populist governments and leaders define the people and the democracy. It will argue
that, in contrast to the inclusive people-dèmos of the liberal democracy, contemporary
conservative and nationalist populisms are based on the exclusive concept of people-èthnos
that would try to protect itself from external aggressions (immigrants, communists,
“sexual deviants”, feminists, ecologists...). Conservative national-populism endangers
democracy because it does not only question the formal rules of the pluralist democracy,
but it also contributes to a “brutalization” of the political debate.

Keywords: populism, right-wing, conservatism, democracy, people.

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Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

Se está viviendo actualmente un momento de debilidad histórica de las iz-


quierdas en casi todo el planeta. Tanto la social-liberal como la radical parecen
incapaces de imponerse a corto o medio plazo en elecciones democráticas. El
mundo está gobernado hoy día mayoritariamente por partidos conservadores
y/o de derechas (aunque el término sea de un uso polémico en muchos sistemas
políticos extraeuropeos). No se trata de hacer aquí una lista exhaustiva de estos
gobiernos, sino de hacer hincapié en la pluralidad de esta familia política y en su
expansión geográfica en un tiempo T.
La mayoría de las instituciones de la Unión Europea están actualmente con-
troladas por las derechas vinculadas al Partido Popular europeo: la “neoliberal”
a la cabeza de la Comisión Europea, con Ursula von der Leyen que proviene
de la CDU alemana, y la “liberal” en el Consejo Europeo, con el belga Charles
Michel. Gran parte también de los países están hoy día gobernados por partidos
y líderes de derechas: por un lado, por partidos “neoliberales” u “ordoliberales”,
como es el caso de Francia y de Alemania respectivamente con el “disruptivo”
Emmanuel Macron y la “austera” Angela Merkel, o el “grotesco” Boris Johnson
en Inglaterra; por el otro lado, por la llamada “derecha radical”, como la que está
en el poder en Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa, que forman el
Grupo de Visegrado.
En las regiones extraeuropeas se repite el mismo fenómeno. Con el telón de
fondo de las desigualdades explosivas, los países llamados “del Sur” también están
experimentando un giro reaccionario, caracterizado por el aumento casi simul-
táneo de fuerzas sociales y políticas regresivas. Muchos de los antiguos países de
la Unión Soviética están hoy en día en manos de “demócratas iliberales” como
la Rusia con Vladimir Putin. Otros dirigentes, como Recep Tayyip Erdoğan, se
asemejan más a dictadores conservadores “electos por voto popular”1. El Asia
meridional y sudoriental, el mundo árabe, África y América Latina también es-
tán atravesados por poderosas corrientes retrógradas que, aquí y allá, adoptan la
forma de auténticas movilizaciones populares, capaces de hacer o deshacer go-
biernos e influir en los programas políticos: acontecimientos promonárquicos en
Tailandia, terrorismo de Estado en Filipinas de Duterte, surgimiento de corrien-
tes fundamentalistas en Malasia, en Indonesia y en el mundo árabe, gigantescas
manifestaciones de apoyo al reaccionario presidente brasileño Jair Bolsonaro, re-
presión brutal de los movimientos populares por el Gobierno de Sebastián Piñera
en Chile, creciente poder e influencia de los movimientos extremistas hindúes en
la India, los movimientos budistas en Birmania y Sri Lanka, resurgimiento de la
violencia interétnica, religiosa y xenófoba en África…

  Temelkuran, Ece: Comment conduire un pays à sa perte. Du populisme à la dictature, París, Stock,
1

2019.

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 93


Stéphane Boisard

Last but not least, ese panorama sería incompleto sin mencionar a los Estados
Unidos de América de Donald Trump, elegido en el año 2016 con el apoyo en-
tusiasta de evangélicos liderados por el vicepresidente Mike Pence. En el contex-
to electoral actual que tiene a gran parte del mundo en ascuas, el mandato de
Donald Trump ha permitido a grupos de la Alt-Right encabezados, entre otros,
por el mediático Steve Bannon y a milicias paramilitares ejercer influencia o, por
lo menos, presión en el sistema político estadounidense. Todo parece indicar una
victoria hegemónica de fuerzas conservadoras que llegan a veces a unos niveles de
violencia represiva que dificultan la diferenciación entre gobiernos conservadores
y regímenes dictatoriales. A pesar de pletóricos, y a veces excelsos, estudios sobre
este fenómeno, resulta dificultoso calificar con las categorías tradicionales de la
ciencia política o por mera pereza intelectual a esos líderes que se suelen tildar, por
lo menos a algunos de ellos, de populistas.
Si se considera que el populismo es una (la?) teoría del pueblo, como premisa
cabe rendirse ante las evidencias: ¿la tarea de definirlo es la de Sísifo2? ¿Será ese
vocablo un mero elemento retórico meramente performativo o tiene una realidad
sociológica objetivable? ¿Es sinónimo de pueblo la palabra “gente” que algunos
partidos usan hoy día para describir lo que fueron antaño las clases sociales tra-
bajadoras? Si bien hoy se considera el término “clase” como inadecuado para
describir las sociedades posindustriales, el de “pueblo” (y sus derivados “popular”,
etc.) apela a un imaginario social (político, estético, ético, etc.) heteróclito y mu-
chas veces contradictorio. Sin que se pueda examinar la palabra “pueblo” en su
totalidad, se usará a continuación sin cursiva y sin comillas para referirnos no a
un referente estabilizado y esencializado, sino a un referente construido discursiva
e históricamente que no supone una mayoría numérica, sino un grupo lo sufi-
cientemente homogéneo como para afirmar su adhesión a una serie de criterios
lingüísticos, culturales y socioeconómicos. La problemática de este artículo se
enfocará exclusivamente en los populismos de derechas y/o conservadores y en
la definición que estos líderes y movimientos conservadores dan del pueblo, su-
poniendo que el enfoque que se da a este concepto impacta necesariamente en la
definición de la democracia.
Se podría plantear la hipótesis de que el populismo, al ser una retórica que se
refiere a la gente común y que actúa en su nombre, es sobre todo una estrategia de
izquierdas, puesto que las derechas han estado tradicionalmente más orientadas
hacia la élite y la defensa de sus intereses. En el caso del populismo como una
forma de retórica de izquierda, no debería suponer ningún peligro para la demo-
cracia en sí a pesar de la desconfianza hacia las instituciones de la democracia re-
presentativa. Sus demandas se limitan a más democracia, entre otras cosas a través

  Badiou, Alain (comp.): Qu’est-ce qu’un peuple?, París, La Fabrique, 2013.


2

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Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

de consultas directas más frecuentes al pueblo considerado como dèmos, es decir,


como cuerpo de ciudadanos que participan de la polis. Frente a este pueblo-dè-
mos inclusivo, los movimientos populistas de derechas y/o conservadores con-
temporáneos se fundan en la idea excluyente de un pueblo-èthnos que trataría de
protegerse de agresiones exteriores (emigrantes, comunistas, “desviados sexuales”,
feministas, ecologistas…). Se postulará que el nacional-populismo conservador
pone en peligro la democracia porque no se limita a cuestionar las reglas formales
de una democracia pluralista, sino que su retórica antisistema (anti-establishment)
cuestiona los fundamentos mismos de este régimen al negar el pueblo-dèmos. En
la primera sección se estudiará el valor interpretativo y heurístico del término po-
pulista. En la segunda parte se examinará si –y cómo– estos líderes y movimientos
contribuyen a una “brutalización” del debate político (para retomar el concepto
que acuñó George Mosse al analizar la Primera Guerra Mundial3).

El populismo: cuatro escollos y una definición mínima


En el caso del populismo “hoy y ahora”, parece más simple, fructuoso y perti-
nente empezar por definir lo que no es. Primero consta que esta teoría no describe
exclusivamente partidos o movimientos de derecha, ni tampoco de izquierda,
sino que puede aplicarse a los dos a la vez. Tampoco puede usarse exclusivamente
para describir partidos que no son “ni de izquierda ni de derecha”, como calificó
el historiador Zeev Sternhell al fascismo y a la derecha revolucionaria francesa,
a la que consideró como un protofascismo4. La lista de líderes tildados de “po-
pulistas” corrobora esta idea de que la referencia “derecha/izquierda” no arroja
luces a este fenómeno político. Nada permite asemejar a D. Trump y el Partido
republicano estadounidense que lo apoya a M. López Obrador en México; a la
France Insumise, a Die Linke y Syriza, a Boris Johnson y al Partido Conservador
británico que empujó el Brexit en Inglaterra y a la mayoría de los movimientos
de extrema derecha como el Vlaams Block belga, el Frente Nacional francés, la
Liga del Norte Italiana o el AFD alemán. En el caso español, el populismo puede
abarcar tanto a Pablo Iglesias y Podemos como a los nacionalistas vascos y cata-
lanes (que representarían la vieja burguesía tradicionalista) y a Vox. Pero, ¿cómo
calificar a un líder como Emmanuel Macron, que se vanagloria de ser un anti-
populista de izquierda y de derecha “al mismo tiempo”, pero que presenta cierto
parecido familiar con actores o movimientos que se identifican inequívocamente

3
  Mosse, George: Fallen Soldiers. Reshaping the Memory of the World Wars, Oxford, Oxford
University Press, 1990. El concepto aparece en la traducción francesa del libro: De la Grande Guerre au
totalitarisme. La brutalisation des sociétés européennes, París, Hachette, 1999.
4
  Sternhell, Zeev: Ni droite ni gauche. L’idéologie fasciste en France, Paris, Seuil, 1983 y La droite
révolutionnaire 1885-1914: les origines françaises du fascisme, París, Seuil, 1978.

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Stéphane Boisard

como tales? Me refiero a la personalización a ultranza del poder con su partido


En Marche (que son también las iniciales de su nombre y apellido), su menos-
precio por el Parlamento, su negación de los cuerpos intermedios de la sociedad,
su hipermediatización y sus modos directos de comunicación, su no pertenencia
a los circuitos tradicionales de la carrera política, etc. Para el sociólogo Michel
Wievorka, Emmanuel Macron es el prototipo de un “populismo desde arriba”
por defender un discurso de “extremo-centro”5. Ello lo confirma Étienne Balibar:
(…) De hecho, existe también un “populismo de centro” muy poderoso: en
el sentido de que el “populismo” evoca una opinión pública manipulada por
estructuras de poder contra un “enemigo” imaginario que sirve para impe-
dir que los ciudadanos se informen y descubran dónde están sus propios
intereses. Entiendo el término “centro” en dos sentidos a la vez: el “centro”
político, en oposición a los extremos, y el “centro de poder” dominante, es
decir, el “centro” político, en oposición a los extremos6.
Otra líder afín al ultraliberalismo, Margaret Thatcher, fue tildada también en
su tiempo de populista por Stuart Hall7. Según este autor, representaba un “popu-
lismo autoritario” porque defendía una forma excepcional del Estado capitalista
que, a diferencia del fascismo clásico, conservó la mayor parte de las antiguas ins-
tituciones representativas, mientras construyó a su alrededor un consentimiento
popular activo.
Tampoco parece oportuna una definición que limitaría el populismo a un
mero “antidemocratismo”. Si bien el término «populista» implica hoy día una
supuesta amenaza a la convivencia democrática, asimilando el sujeto así califi-
cado a un extremista peligroso, en la historia de los populismos desde el siglo
XIX, ni el antidemocratismo, ni la demagogia, ni el fascismo aparecen como
características dominantes. Muy por el contrario. En el populismo ruso como en
el estadounidense de finales de siglo XIX, está presente la orientación reformista
y “progresista” propia del socialismo humanista. Es un movimiento de defensa
de la democracia contra la captura oligárquica del poder económico y político.
No implica ningún culto al líder ni hostilidad al pluralismo; no conlleva ningún
proyecto socialista (no pretende crear una nueva sociedad), sino que defiende
la democracia existente en nombre de un sentido común democrático compar-
tido por todos. En cuanto a los populismos latinoamericanos, si bien muchos
líderes pueden considerarse como demagogos, fueron también partidarios y/o

5
  Wieviorka, Michel: «Emmanuel Macron incarne un « populisme d’en haut», Le Monde (19-II-2017).
https://www.lemonde.fr/idees/article/2017/02/19/emmanuel-macron-incarne-unpopulisme-d-en-haut_
5081979_3232.html
6
  Balibar, Etienne: «Du populisme au contre-populisme», Populismus Interventions, 3 (2015)
(http://www.populismus.gr/.). Todas las traducciones de libros o artículos extranjeros son nuestras.
  Hall, Stuart: Le populisme autoritaire. Puissance de la droite et impuissance de la gauche au temps
7

du thatchérisme et du blairisme, París, Editions Amsterdam, 2008.

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Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

defendieron a las clases populares e impidieron a veces golpes de estados militares.


Por esta razón y sin negar el carácter difuso del concepto, Alain Touraine definía
el Estado nacional-popular como la interdependencia de tres componentes: el
Estado como defensor de la identidad nacional frente a una dominación extran-
jera, mecanismos políticos y sociales de integración  y la defensa de la cultura
nacional y popular8. Este aspecto del populismo no merece más desarrollo aquí
por ser tratado en todos los libros sobre populismos.
Hablando de esta corriente política, no puede considerarse el populismo tam-
poco como un resurgimiento del virilismo que traduce un exceso de testosterona.
Son muchas las mujeres populistas que encabezan hoy movimientos de extrema
derecha. Basta citar a las estrellas de esta familia política, como Pia Kjaersgaard
(presidenta del Partido Popular Danés); Krisztina Morvai (eurodiputada húngara
del partido “nacional-radical” Jobbik); Anke Van Dermeersch (senadora belga del
Vlaams Belang); Siv Jensen encabezando el Partido del Progreso noruego; Céline
Amaudruz (presidenta del Partido Popular Suizo UCD); Marine Le Pen, presi-
denta del Rassemblement Nacional en Francia; Pauline Hanson, presidenta del
Partido Liberal en Australia, e incluso Alice Weidel y Frauke Petry, de Alternativa
para Alemania (AFD). A diferencia de la extrema derecha tradicional, que es in-
trínsecamente misógina y sexista, y alienta medidas retrógradas (como la supresión
del aborto o la remuneración de los padres) y es reacia a promover los derechos
de la mujer, esas líderes desdibujan los códigos del populismo, llegando incluso a
hacerlo pasar por un movimiento liberal desprovisto de estos residuos totalitarios.
Es esta imagen suavizada la que atrae un nuevo electorado, joven y femenino. Las
mujeres, al ser consideradas como altamente sensibles según la sociedad patriarcal,
están mejor capacitadas para llevar a cabo una política social de proximidad. A
pesar de que sean todavía dos veces más numerosos los hombres que votan a la ex-
trema derecha en comparación con las mujeres, estas dirigentes contribuyen a un
proceso de depuración de esta familia política. Invernando conceptos y corrom-
piendo el lenguaje, la extrema derecha sigue denunciando el multiculturalismo
como si se tratara de un totalitarismo moderno. A los enemigos de antaño -judíos,
comunistas y masones-, sucede hoy el musulmán que representaría una amenaza a
la sexualidad y a la libertad femenina. Esta evolución dota al populismo de extre-
ma derecha de un carácter proteico; se va adaptando al contexto migratorio actual,
pero no deja de defender una tradición cristiana conservadora llena de prejuicios
sexistas y homófobos. Incluso partidos inicialmente ateos como el Partido por
la Libertad de Geert Wilders o anticlericales como el Partido de la Libertad de
Austria austriaco (FPÖ) hacen hoy día de la referencia a las raíces y a los valores
cristianos o “judeo-cristianos” de Europa el centro de sus programas políticos.

  Touraine, Alain: La Parole et le Sang: Politique et société en Amérique latine, París, Odile Jacob,
8

1988, p. 167.

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Stéphane Boisard

Por fin, resulta también irrelevante el criterio económico para dibujar una
línea divisoria entre los populistas y los demás. Cabe subrayar primero que la se-
paración de estos partidos de la derecha radical populista parece basada principal-
mente en la distinción socioeconómica izquierda-derecha: el “nacionalista” cree
que los partidos están a la izquierda, favoreciendo una fuerte intervención estatal
(incluidas las nacionalizaciones y las políticas de bienestar elaboradas), mientras
que se dice que la derecha radical populista está a la derecha porque defiende
una modelo de libre mercado (es decir, el neoliberalismo). Para enfocarnos en la
parte derecha del espectro político, esta distinción no encaja con los estimulantes
trabajos de Cas Mudde, politólogo de la Universidad de Georgia, sobre el popu-
lismo de la derecha radical. Este politólogo distingue dos categorías “la derecha
radical populista (populist radical right), más bien proteccionista, y los populistas
neoliberales (neoliberal populist). Es importante recalcar que estas dos categorías
pueden evolucionar en el tiempo adaptándose a un contexto histórico diferente
o transformándose con el cambio generacional de los dirigentes. Es notable al
respecto la evolución del ex Frente Nacional francés (hoy día Rassemblement
National) entre Jean-Marie Le Pen y su hija Marine. Cuando aquel se vanagloria-
ba de haber anticipado la reaganomics, esta defiende ahora una postura cercana a
la economía socialdemócrata, en defensa de los más pobres y míseros. La postura
actual de Marine Le Pen, que no concita un apoyo unánime dentro del partido, se
limita sin embargo a aplicar medidas sociales a los franceses “étnicamente puros”
(français de souche), excluyendo de esta protección a los extranjeros, un welfare
chauvinism que Jörg Haider sintetizó otrora con una fórmula : “social pero no
socialista”. Aunque ningún partido de la derecha populista ha proyectado nunca
suprimir la propiedad privada, algunos de ellos sí han evolucionado hacia una
suerte de “capitalismo chauvinista” que mezcla economía neoliberal con “nacio-
nalismo económico”. Sin que sea una verdadera novedad -si se piensa por ejemplo
en el poujadismo de los años 1950 en Francia-, este nacionalismo económico
afirma una “preferencia por un sistema capitalista nacional(ista)”, en defensa de
las pequeñas y medianas empresas, frente a un sistema capitalista globalizado
en manos de grandes empresas transnacionales. Se trata a la vez de defender a
los trabajadores nacionales, víctimas de dumping social, y de fortalecer el Estado
mediante una política económica que define sectores estratégicos excluidos de la
economía neoliberal financiera global. Como lo subraya Cas Mudde:
La idea de que el neoliberalismo predomina dentro del programa económi-
co de los partidos populistas de derecha radical no es la única percepción
errónea dentro de la literatura. Igualmente errónea es la afirmación de que
la economía es primordial para la ideología y el éxito de esta familia política.
Como la economía es un tema secundario para los partidos de la derecha
radical populista, estos la instrumentalizan para seguir su programa ideo-
lógico prioritario, es decir, el nativismo, el autoritarismo y el populismo.
Los argumentos liberales se utilizan para debilitar el poder de los partidos

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Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

mayoritarios (por ejemplo, la privatización de las instituciones estatales


controladas por partidos), mientras que se implementan medidas sociales
para proteger o fortalecer la nación (por ejemplo, los subsidios agrícolas y
familiares)9.
Frente a ese inventario heteróclito, verdadero “cajón de sastre”, Cas Mudde
considera el populismo como “una ideología delgada” en contraposición a “ideo-
logías gruesas o plenas”10 como el liberalismo y el marxismo, que tienen un cuer-
po de pensamiento construido en torno a ideas fundacionales. Inspirado en la
estrategia de Sartori de elaborar definiciones mínimas de conceptos11, el populis-
mo puede servir a una de estas “ideologías gruesas”, pero tendría además, y esto
es lo que lo define, una “ideología delgada” que se basaría en algo muy simple:
la división de la sociedad en dos partes. Por un lado, el pueblo, un grupo puro
cuya superioridad moral es indiscutible, y un grupo corrupto que existe al lado
y en contra del pueblo sin formar parte de él. Esta definición se compone de
tres conceptos centrales y necesarios: la centralidad del pueblo, visto como una
comunidad homogénea y virtuosa; la denigración de las elites, construidas como
actores malvados y corruptos, y la concepción de la política basada en el princi-
pio de la soberanía popular. Esta definición trata de superar los sesgos históricos,
normativos y regionales del populismo.
Arthur Borriello nota tres deficiencias en esta lectura teórica cuya finalidad
solo es elaborar una línea divisoria entre grupos en lucha por la legitimidad po-
lítica12. Una fragilidad teórica, en primer lugar. El concepto de una ideología
“gruesa” es como una contradicción lógica. Si una ideología es, por definición,
una visión totalizadora del mundo, o bien el populismo es más “grueso” de lo
que suena, o no es una ideología. Una modestia meramente descriptiva y expli-
cativa, entonces. Este enfoque no ofrece una teorización seria de las causas del
surgimiento del populismo. La razón es que, si el populismo es solo un elemento
marginal que se apoya en la verdadera “ideología gruesa” de un movimiento,
se convierte de hecho en un elemento secundario que no justifica la atención
que está recibiendo. No es de extrañar que la mayoría de los autores que basan
su análisis en esta definición terminen trabajando no sobre el populismo como
tal, sino sobre la tradición que hay detrás de él, generalmente el nacionalismo
autoritario. Hipocresía normativa, por último: pretender ser “neutral” y libre de

9
  Muddle, Cas: Populist Radical Right Parties in Europe, Cambridge, Cambridge University Press,
2007, p.127.
  Sartori, Giovanni: «Concept Misformation in Comparative Politics», American Political Science
10

Review, 64(4) (1970), pp. 1033-1053.


11
  Borriello, Arthur, «Populisme partout, populisme nulle», Revue Ballast, 13 (6-VI-2020). www.
revue-ballast.fr
12
  Borriello, Arthur: «Populisme partout… ».

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Stéphane Boisard

las connotaciones peyorativas que conlleva el término populismo cuando este


enfoque sigue transmitiéndolas explícita o implícitamente. Explícitamente, aso-
cia el populismo con una moralización de las oposiciones políticas –que es am-
pliamente discutible– y con una concepción homogeneizadora y antipluralista
(por lo tanto, protototalitaria) del pueblo.
Por su lado, Ernesto Laclau, considerado como “el único teórico del populis-
mo”13, propone una perspectiva discursiva. Para este autor (2005), el populismo
tiene una lógica política, intrínseca y racional que permite la expresión de deman-
das sociales insatisfechas. Al ser una “lógica política” y no un movimiento identi-
ficable con una base social especial o con una determinada orientación ideológica,
el populismo puede ser tanto de izquierda como de derecha y hacerse vocero de
los más variados intereses sociales. Por consiguiente, el populismo se encuentra
“en grados variables en prácticamente todos los partidos políticos” al ser un estilo
político que agita las pasiones populares y busca ganar apoyo popular mediante
un discurso excluyente. Esta lectura abre sin embargo la puerta a un “populismo
de izquierda” que da a la oposición entre el pueblo y las élites un significado
“social” y permite así una convergencia de luchas sectoriales de los “dominados”.
El populismo de izquierda insiste en el ethos y la praxis liberacionalista de esta
perspectiva, siendo una forma de construir identidades políticas articulando las
demandas democráticas entre ellas. Otra vez Arthur Borriello señala el límite de
esta perspectiva:
Sin embargo, paradójicamente también termina por dificultar la identifica-
ción de los movimientos populistas de una manera concreta: su dimensión
excesivamente formalista –el populismo es despojado de cualquier conteni-
do ideológico, programático o sociológico, incluyendo la centralidad de la
referencia a la “gente” en sí misma– conduce a que el populismo no sea más
que un sinónimo de política en general, lo que lleva a que sus manifestacio-
nes se vean en todas partes.
Estas consideraciones parecen llevar a una imposible categorización satisfacto-
ria del populismo y confirman la conclusión que sacaron tan temprano como en
1969 G. Ionescu y E. Gellner, para quienes no existía una definición unívoca y
aplicable a todas las situaciones (Ionescu y Gellner, 1969). Se privilegiará entonces
en este trabajo una definición mínima y, por lo tanto, lo más neutral posible del
populismo para no incurrir en postulados normativos a priori. Como teoría del
pueblo, los populistas pretenden encarnar al pueblo, lo que les otorga una supues-
ta legitimidad superior a las instituciones o a los demás grupos sociales14. Pero
además, como lo precisa Pierre-André Taguieff, el populismo es también:

13
  Vallespín, Fernando y Martínez-Bascuñán, Máriam: Populismos, Madrid, Alianza Editorial,
2017, p. 61.
  Müller, Jan-Werner: Qu’est-ce que le populisme?, París, Premier Parallèle, 2016.
14

100 Alcores, 24, 2020, pp. 91-110


Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

(…) un estilo político capaz de dar forma a diversos materiales simbólicos


y de asentarse y establecerse en múltiples lugares ideológicos, asumiendo la
coloración política del lugar de recepción. También, e inseparablemente, se
presenta como un conjunto de operaciones retóricas implementadas a tra-
vés de la explotación simbólica de ciertas representaciones sociales: el gesto
de apelar al pueblo presupone un consenso básico sobre lo que es y vale el
“pueblo” (demos o etnos), y sobre lo que quiere15.
Esta definición tiene el evidente mérito de subrayar uno de los problemas
teóricos fundacionales del populismo como teoría/doctrina del pueblo, que estos
ensayos no ubican en el centro de la problemática. Se intentará desdibujar qué es
“el pueblo del populismo de derechas”.

El populismo de derechas y la democracia: la victoria del pueblo-èthnos frente al


pueblo-dèmos
Si se procede a una historización del término pueblo partiendo de la raíz griega
del vocablo pueblo, se pueden discernir varias acepciones que permiten caracterizar
el pueblo de los populistas conservadores. Desde el período micénico (de 1650 a
1100 a. C.) y aún en el mundo de la épica (850 a 750 a.C.), damos coexiste con
laos16. Laos designa un grupo, más o menos numeroso, que se define en relación
con un jefe. No hay jefe sin laos, no hay laos sin jefe. Como laos expresa además
una noción de movimiento, a menudo se considera que laos es el pueblo en armas.
Frente a laos, que representa una suma de individuos, el dèmos, desde el principio se
referiría a una verdadera comunidad, dotada de su propia realidad. En la época clá-
sica, cuando laos cayó en desuso, los demos siguen siendo utilizados para designar
la reunión de los individuos que conforman la ciudad, ya que actúa políticamente.
El pueblo (dèmos) es mayoritario en número y se refiere a los ciudadanos varones
como grupo. Existen otros términos para referirse a ese cuerpo social. El singular
polis (la ciudad) y su derivado politai (ciudadanos) se utilizan para referirse a la co-
munidad cívica, mientras que èthnos se refiere a una comunidad racial o a una or-
ganización social y política que no es la de la ciudad. La definición del dèmos como
el equivalente exacto de la polis marca así el fundamento mismo de la ideología

  Taguieff, Pierre-André: «Le populisme et la science politique du mirage conceptuel aux vrais
15

problèmes». Vingtième Siècle, 56 (octubre-diciembre 1997), pp. 4-33, p.8.


16
  Los estudios lexicógrafos de referencia son Vernant, Jean-Pierre: Les origines de la pensée grecque,
París, PUF, 2007 [1.ª ed. 1962]; Benveniste, Émile: Le vocabulaire des institutions indo-européennes, 2
vols., París, Les Éditions de Minuit, 1969; Roberts, Jennifer Tolbert: Athens on Trial: The Antidemocratic:
Tradition in Western Thought, Princeton, Princeton University Press, 1994; Cassin, Barbara (ed.):
Vocabulaire européen des philosophies, París, Le Seuil-Le Robert, 2004; Werlings, Marie-Joséphine: Le
dèmos avant la démocratie. Mots, concepts, réalités historiques, París, Presses universitaires de París Ouest,
2010, y Chantraine, Pierre (dir.): Dictionnaire étymologique de la langue grecque. Histoire des mots, París,
Klincksieck, 2009 [1.ª ed. 1968-1980].

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 101


Stéphane Boisard

democrática. La unidad del dèmos se basa en el hecho de que la ciudadanía tiene


prioridad sobre todos los demás, incluyendo el linaje biológico (gènos), el buen
nacimiento (eugenia) o el prestigio del linaje o la pertenencia a la comunidad racial
(èthnos). El pueblo-dèmos es el único pueblo del régimen popular llamado isono-
mía (es decir, “distribución igualitaria” o “igualdad ante la ley”). El pueblo-èthnos,
por su parte, se opone al establecimiento de procesos igualitarios de deliberación
y elección entre los ciudadanos de una comunidad, porque solo una parte de esta
comunidad puede gozar de derechos de ciudadanía exclusivos. ¿Cómo se encarna
hoy en día la noción pueblo-èthnos en los llamados regímenes “populistas” de de-
recha, y con mayor razón en los partidos y movimientos de extrema derecha que
los apoyan? La democracia de los populistas de derecha se basa, en diversos grados
y formas, en la xenofobia “racial”. Se da, al menos discursivamente, un cambio de
la democracia política a la democracia racial a través de la naturalización o la esen-
cialización del extranjero (xènos). En la ciudad ateniense, los xènos y los métoïkos
(metecos), es decir, quienes han cambiado de residencia, podían prever su integra-
ción en la comunidad política (dokimasia) a través de sus contribuciones a la vida
cívica; su extrañeza y/o impureza quedaban entonces borradas.
Pero hoy en día el discurso populista de derecha no acepta a los xènos y métoïkos
en nombre de una especie de alabanza a la autoctonía. Este concepto de autoctonía,
tomado del mito de que los primeros atenienses salieron de la tierra, fue revisado
en la segunda mitad del siglo XIX por las teorías racistas de Gobineau y Vacher de
Lapouge. Se estableció entonces un racismo sistémico, que permitió distinguir a
los nativos de los demás estableciendo una jerarquía de miembros de la polis. Los
buenos nativos representan un nosotros, provenientes de una tierra cuyos habitantes
habrían permanecido iguales, “los mismos”, desde el principio, y esto sin discon-
tinuidad, gracias a una cultura heredada de los antepasados. Frente a esta insigne
estirpe, están los otros, multitudes de extraños, personas, que vienen de otros lu-
gares, del exterior, necesariamente impuros y que viven en ciudades híbridas. A
través de sus múltiples reconfiguraciones actuales, la autoctonía mezcla alegremente
tierra, sangre, muertos, ancestros, raíces y cultura. Diferentes países tendrán di-
ferentes historias. Aunque la nación es una construcción histórica muy reciente,
su cimentación permite señalar al enemigo y consolidar un territorio en torno a
un destino nacional común (la “estatogénesis”). M. Heidegger traza un legado de
los griegos a los arios, a través de los alemanes, de los que se dice que fueron los
precursores17. Alrededor de una red de nociones como “nación, pueblo, estado,
socialismo, trabajo, combate, comunidad, destino, misión”, Heidegger llama a la
“revolución” nacionalsocialista (o “revolución alemana”), que se supone que va a
provocar una inversión del “destino” alemán. En la misma perspectiva, se podrían

  Sommer, Christian: «Présentation Autour de Heidegger, Discours de rectorat (1933): contextes,


17

problèmes, débats», Les Études philosophiques, 93 (2010/2), pp. 155-162.

102 Alcores, 24, 2020, pp. 91-110


Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

citar aquí algunos ejemplos de las recientes políticas de limpieza étnica en todo el
mundo llevadas a cabo en nombre de esta autoctonía: desde los bosnios en la anti-
gua Yugoslavia, los tutsis en Ruanda, los rohingyas en Birmania, o en otra forma la
política de “genocidio cultural” de los uigures en Xinjiang. El caso de la política del
presidente indio Narendra Modi hacia los Estados de Jammu y Cachemira, presen-
tado como una variante hindú del nacional-populismo, es otro18.
No es posible asimilar todos estos regímenes que practican el terror contra una
parte de sus poblaciones y agruparlos bajo el término de populismo, lo que borraría
las diferencias fundamentales, tanto más cuanto que no todos los populistas de dere-
cha están a favor de la violencia directa y física contra las personas que se consideran
exógenas al cuerpo social. Si nos atenemos al caso francés y a la lectura más radical
del pueblo-èthnos, podemos trazar una genealogía intelectual de inspiración racial
que alimenta un panteón de héroes que se supone encarnan este pueblo. Se dibuja
una Francia “eterna” según la fórmula del escritor y figura del nacionalismo francés
Maurice Barrès. En Les Déracinés afirma que el primer deber de los franceses es de-
fender su ego contra los “bárbaros”, es decir, contra todo lo que pueda debilitar el
florecimiento de su propia sensibilidad19. El segundo se resume en la expresión “la
tierra y los muertos”, porque, según él, “los cementerios y la enseñanza de la his-
toria” son necesarios para hacer una nación y para forjar la “conciencia nacional”.
Alimentado a menudo por un antisemitismo virulento que se expresó a finales del
siglo XIX a través de las plumas venenosas de Édouard Drumont y Charles Maurras,
el populismo francés conservador alaba hoy en día a los “franceses nativos”, que cons-
tituyen un pueblo “fundado en su propia génesis”, los autóctonos (“nativos del país”),
oponiéndose necesariamente a los alogénicos (“nacidos en otro lugar, extranjeros”).
A los “cuatro estados confederados de Maurras” (el judío, el protestante, el masón y
la mezquita) se añaden hoy en día otras “figuras de maldad” a esta lista de enemigos
interiores y exteriores. El mahometano (responsable de la “halalización” de la socie-
dad francesa) ocupa un lugar destacado, pero se suman también las y los feministas,
intelectuales, multiculturalistas del mayo del 68, activistas “xenófilos” de los dere-
chos humanos, ecologistas santurrones y “arrepentidos descoloniales” que fomentan
el “odio a sí mismo” de los franceses mediante la condena del régimen de Vichy y la
denuncia del pasado colonial de Francia. Tampoco debemos olvidar, por supuesto,
en esta lista de extranjeros, al “comunista” y sus avatares. Al respecto, es interesante
observar que estos populistas de extrema derecha hoy en día se proclaman los verda-
deros republicanos y garantes de los valores del laicismo, pero no pueden considerarse
como demócratas al excluir una parte significativa del cuerpo social20.

18
  Jaffrelot, Christophe: «Narendra Modi ou la variante hindou du national-populisme», Outre-
Terre, 54-55, (2018/1), pp. 42-48.
19
  Barres, Maurice: Les Déracinés, París, Gallimard, 1988.
20
 https://rassemblementnational.fr/communiques/laicite-cest-a-la-republique-detre-revendicative/

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 103


Stéphane Boisard

Sería imposible hacer una lista exhaustiva de este nebuloso grupo de defensores
del pueblo-èthnos que prosperan en todo el mundo. Cabría preguntarse sobre la
reivindicación del término populista por la extrema derecha nacionalista y xenófoba
(como la de Viktor Orbán, Nigel Farage, Éric Zemmour, Steve Bannon, Alain de
Benoist). Esta extrema derecha se presenta hoy como opuesta al “elitismo” y pretende
una legitimidad democrática a la que no tiene derecho, ya que ninguna de las me-
didas que propone puede pasar, en ningún sentido de la palabra, como medida de
democratización, ampliación o consolidación de los derechos. Autoproclamada “po-
pulista”, esta derecha antiliberal es fundamentalmente hostil al estado de derecho y a
la democracia, tal como se conciben hoy día en Europa. Sin embargo, llega al poder
por la vía democrática si se considera la fuerza electoral de partidos de extrema dere-
cha que han ganado posiciones importantes como Alternativa para Alemania (AfD),
que logró elegir más de 80 diputados, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), que
gobernó con el canciller Sebastian Kurz, el poderoso Vlaams Belang belga, partidario
de la independencia de Flandes, el movimiento Vox en España, que pretende ser un
“hacedor de reyes” y Hermanos de Italia (FDI), que compite con Mateo Salvini por
el liderazgo de esta corriente en Italia. En el caso estadounidense se han hecho visi-
bles durante la presente campaña electoral grupos supremacistas que abiertamente
rechazan el sistema democrático a pesar de apoyar a Donald Trump: como el com-
plotista QAnon, las tropas de choque de extrema derecha The Proud Boys, Boogaloo
Bois, Three Percenters, Oath Keepers, Patriot Prayer o Wolverine Watchmen... Este
último grupo se convirtió en noticia con su plan de secuestrar a la gobernadora de
Michigan, pero salieron del anonimato al participar en el mitin de extrema derecha
en Charlottesville en Virginia en 2017, luego en las protestas contra las medidas
de contención en la primavera o en las protestas contra la brutalidad policial des-
de este verano. Todos participan hoy de la creciente tensión originada por Donald
Trump, que culpabilizó sin embargo a la izquierda de la situación, al mismo tiempo
que llamó a esos grupos de ¡‘Stand Back and Stand By’! Una declaración que según
Kathleen Belew prepara una verdadera guerra civil21. Acorde a la sobrevaloración del
pueblo-èthnos, el mismo director del FBI reconoció en septiembre que estos grupos
supremacistas representan hoy la principal amenaza terrorista interior en el país:
Within the domestic terrorism bucket, the category as a whole, racially mo-
tivated violent extremism is, I think, the biggest bucket within that larger
group. And within the racially motivated violent extremist bucket, people
subscribing to some kind of white supremacist-type ideology is certainly
the biggest chunk of that22.

21
  Belew, Kathleen: Bring the War Home. The White Power Movement and Paramilitary America,
Nueva York, Harvard University Press, 2018.
22
  Beavers, Olivia: “Wray: Racially motivated violent extremism makes up most of
FBI’s domestic terrorism cases”, The Hill (17-IX-20). https://thehill.com/policy/national-security/
516888-wray-says-racially-motivated-violent-extremism-makes-up-most-of-fbis

104 Alcores, 24, 2020, pp. 91-110


Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

La fuerza de esta corriente ideológica, en su versión más radical, se considera


hoy en día lo suficientemente amenazadora como para que la Dirección Ejecutiva
del Comité contra el Terrorismo de la Organización de las Naciones Unidas emita
una advertencia muy clara en abril de 2020: “Los Estados miembros están preo-
cupados por la creciente y cada vez más transnacional amenaza del terrorismo de
extrema derecha”23. Cabe señalar que la lista de atentados mortales perpetrados
por extremistas de derecha se ha triplicado en el espacio de cinco años, según el
Índice de Terrorismo Mundial 2019 (GTI) del Instituto de Economía y Paz. No
quedan claros todavía los vínculos que existen realmente entre todos los grupos
nacional-populistas, más o menos violentos24. Sin embargo, todos parecen com-
partir la misma obsesión en el mundo occidental, un temor a lo que llaman la
“gran sustitución”, una teoría popularizada en 2010 por Renaud Camus, escritor
francés de extrema derecha, a quien se atribuye muchas veces la paternidad del
concepto25. Presente en realidad desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo
XX, esta tesis se apoya en la idea de que hay un complot mundial de las élites
transnacionales y multiculturalistas que conduce a un proceso deliberado de sus-
titución de la población francesa y europea por una población no europea. Según
el contexto nacional y la época, los reemplazos poblaciones fueron en Europa los
judíos, italianos, armenios y hoy en día son los norafricanos musulmanes. Los
mismos autores de los atentados de Christchurch, o de El Paso y Poway en 2019,
se autodefinieron como seguidores de esta teoría.
Es interesante notar que estos grupos conspiracionistas y/o paramilitares han
prosperado en Internet desde hace ya varias décadas. Martin Gurri no llega a
atribuir completamente a la ola populista (derecha o izquierda) este cambio de
paradigma tecnológico, pero lo implica fuertemente26. Según él, Internet da voz
a todos y cada uno, permitiendo la expresión de intereses y emociones instantá-
neas. Las redes sociales virtuales causan por consiguiente una disfunción social
importante, puesto que una sola persona, un solo evento, una sola alerta potente,
puede atraer a miles de personas y crear un movimiento viral de opinión. Este
nuevo actor (el Público o las multitudes digitales) suele posicionarse contra los
poderes organizados en absoluto rechazo al orden establecido. Según este autor,
la Era digital destruye la idea de una sociedad organizada según una jerarquía de

23
  “CTED organizes Global Research Network virtual roundtable about extreme right-wing te-
rrorism”. https://www.un.org/sc/ctc/news/2020/10/08/cted-organizes-global-research-network-virtual-
roundtable-extreme-right-wing-terrorism/
24
  Hasday, Antoine, Macé, Maxime y Plottu, Pierre, «Au nom de la «race blanche», Slate (15-
VI-2020. http://www.slate.fr/story/191526/terrorisme-extreme-droite-attentats-menace-occident-theo-
rie-grand-remplacement-racialisme-xenophobie).
25
  Camus, Renaud: Le Grand Remplacement, Neuilly-sur-Seine, David Reinharc, 2011 (reed. 2012).
  Gurri, Martin: The Revolt of The Public and the Crisis of Authority in the New Millennium, San
26

Francisco, Stripe Press, 2018.

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 105


Stéphane Boisard

conocimientos y posiciones formalizados en gobiernos, empresas y universidades.


Y la dinámica y forma de pensar de las multitudes digitales no se orientan hacia
una participación en el debate público como lo haría el pueblo-dèmos, puesto
que precisamente se oponen a los medios de comunicación y a los dispositivos
culturales de las élites más tradicionales que implican verticalidad, centralización,
normas, procedimientos y deliberaciones. En ese sentido, el dèmos difiere de la
“masa” (plèthos), de la “muchedumbre” (ochlos) o del “grupo” (homilos) (sin refe-
rencia al número de gente). Plèthos, que casi siempre tiene un significado peyora-
tivo, se refiere a la gran multitud en estado bruto, la multitud indistinta y, en un
contexto político, a la “chusma” deshumanizada, inaccesible a la razón, dominada
por sus impulsos. Así pues, el plèthos no es más que un conjunto de singularidades
dispersas que reacciona apasionadamente a una situación dada, y por lo tanto
transgrede el orden político instituido. Mientras que el dèmos entiende al pueblo
como el órgano de la ciudad, plèthos se refiere a un agregado prepolítico que es
a la vez una consecuencia de y una causa del desencanto democrático, lo que al-
gunos autores también han llamado la posdemocracia en la era de la inteligencia
artificial y el big data27.
Aunque pretende someter sus perspectivas de observación y reflexión como
un nuevo campo de experimentación para un uso más amplio y contemporáneo,
Elias Canetti en Masa y poder también nos invita a pensar en nuestra constitu-
ción y nuestros reflejos arcaicos, que se expresan en nuestras actitudes y com-
portamientos, espontáneamente y sin nuestro conocimiento, con la dificultad, a
veces, de reconocernos en nuestras acciones y gestos cuando “hacer masa” se hace
necesario en el sentido filosófico del término. Si “nada teme más el hombre que
ser tocado por lo desconocido”, y que “solo inmerso en la masa puede el hombre
redimirse de este temor al contacto”, se llega entonces a cuestionar el dèmos de la
democracia que constituye el pueblo que se construye mediante la deliberación28.
¿Y qué son el perfil y el papel del líder en esta configuración? Elias Canetti men-
ciona el papel muy especial que desempeña el héroe:
El enemigo quería su vida [la del héroe], como él la del enemigo […]
Colmado por el monstruoso hecho de su supervivencia, se abalanza al
próximo combate. Nada le pudo afectar, nada le podrá afectar. De victoria
en victoria, de un enemigo muerto al otro, se siente cada vez más seguro:
su invulnerabilidad aumenta, se convierte en una armadura cada vez más
perfecta […] El pueblo quiere a su héroe invulnerable29.

  Cardon, Dominique: La démocratie Internet, París, Le Seuil, 2010; Crouch, Colin,


27

Post-démocratie, Zürich, Diaphanes, coll. «Transpositions», 2013, 140 p., trad. Yves Coleman,
ISBN: 9782889280032.
  Canetti, Elias: Masa y poder, Barcelona, Muchnik Editores, 1981, pp. 3 y 4.
28

 Ibidem, p.140.
29

106 Alcores, 24, 2020, pp. 91-110


Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

Aunque no era la intención de Elias Canetti definir el populismo, ¿podría el


líder “populista” disruptivo ser considerado este héroe? Situado en la intersec-
ción de una voluntad popular y una vocación de sacrificio, el “líder”, hombre
providencial, está investido de una doble legitimidad, ascendente y descendente:
espejo del pueblo-plèthos, del que emana, es también emblema de la comunidad
eterna cuyos valores encarna. Estamos en una lógica del espejo, una lógica de
la identidad donde la representación política se concibe solo en términos de su
reproducción.
Estos líderes del nacional-populismo se alimentan de mitemas transhistóricos
en los que la violencia sobredetermina el discurso y estructura las relaciones hu-
manas, de acuerdo con una visión hobbesiana de la sociedad. Estos mitemas crean
comunidades imaginarias, para usar la terminología de Benedict Anderson30, en
las cuales el lenguaje proporciona un capital de identidad que compensa la acción
política impotente. Estos líderes populistas invitan a sus electores a experimentar
la historia como una tragedia en la que la vida y la muerte del pueblo están en
juego en todo momento. Esta amenaza inminente justifica una moral de sacrifi-
cio, disciplina y un movimiento de “salto” y unión popular que trascendería los
intereses particulares, es decir, una despolitización de la lucha política, ya no vista
como un enfrentamiento entre partidos y programas, sino como la oposición
esencialista entre autóctonos y xènos. Se trata de un discurso que provoca ansiedad
y que, sin embargo, es tranquilizador, porque valida un sentimiento de desvalo-
rización individual y lo trasciende a un destino colectivo, cuyo resultado sería la
recuperación del orgullo. También es una palabra excluyente que crea un vínculo
y un sentimiento de pertenencia que es tanto más fuerte cuanto se ofrece como
exclusiva. En la era de las comunidades imaginarias virtuales, en la que el uso
de las redes sociales parece garantizar el anonimato y la total impunidad, es fácil
comprender la lógica de la brutalidad del debate público en el que la invectiva ha
sustituido al diálogo. Aunque el insulto en la política no es algo nuevo31, Donald
Trump debe ser reconocido como una figura excepcional en esta lid. El New York
Times publicó de hecho la lista de las 598 personas insultadas por D. Trump en
Twitter (hasta la fecha del 24 de mayo de 2019)32.
Aunque la reflexión sobre la personalidad autoritaria ha sido objeto de muchí-
simos trabajos que no es posible citar en este trabajo, sí es posible proponer aquí

30
  Anderson, Benedict: Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism,
Londres, Verso, 2006 [1.ª ed. 1991].
31
  Bouchet, Thomas: Noms d’oiseaux. L’insulte en politique de la Restauration à nos jours, París,
Stock, 2010.
32
  Lee, Jasmine C. y Quealy, Kevin: «The 598 People, Places and Things Donald Trump Has
Insulted on Twitter: A Complete List», The New York Times (24-V-2019). https://twitter.com/
realDonaldTrump/status/675174167591985152.

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 107


Stéphane Boisard

tres figuras en torno al líder. Una lectura clásica de la personalidad autoritaria


que podría representar R. T. Erdogan sería la del líder bonapartista. Pertenecería
entonces a la derecha bonapartista teorizada por René Rémond, aquella de
Napoleón III, que colocaba el acento en el rol del líder, la endeblez de los orga-
nismos intermedios y el llamamiento al pueblo –con el uso del referéndum– en el
desprecio manifiesto por los partidos políticos y las instituciones de la democracia
representativa. Algunos autores sugieren hoy día que tanto R. T. Erdogan como
Donald Trump han caído ya en la categoría de “césares nacionalistas”33, “dictado-
res”34 o “líderes fascistas”, como lo sugiere, por ejemplo, el profesor de Yale Jason
Stanley35. Por su lado, el historiador norteamericano Robert O. Paxton prefiere
hablar de “plutocracia” en lugar de “fascismo”. Paxton distingue en la retórica de
Trump motivos típicamente fascistas (“lamento por la decadencia nacional, atri-
buida a los extranjeros y las minorías; desprecio de las normas legales; incitación
implícita a la violencia contra opositores, y rechazo a todo lo que es internacional,
sea el comercio, instituciones o tratados”). Sin embargo, la fuente de legitimidad
política adquirida por Trump descansa en su fortuna personal, su poder mediáti-
co y su proximidad con grandes empresarios –algunos de los cuales forman parte
de su gabinete, lo que lo aleja de los movimientos fascistas de masas de los años
30–. En nuestra era digital y comunicacional, el trumpismo no sería más que una
“plutocracia” cínica capaz de aprovechar los medios modernos de comunicación
para imponerse en las urnas.
Otra figura podría ser la del pagliacista (de pagliaccio, que significa payaso en
italiano). Analizando el gobierno italiano de la Liga del Norte y del movimiento
Cinque Stelle, el filósofo Jean-Louis Vullierme propone denominar su gobierno
como pagliacismo, es decir un “poder grotesco” en referencia a la commedia dell’ar-
te. Sería, según él, una forma de idiocracia que consiste en llevar sistemáticamente
al poder a las personas más incompetentes, bajo la égida de un matamore (un per-
sonaje que se jacta de hazañas imposibles)36. Parte esta teoría entonces de la idea
de un pueblo idiota que se deja manejar por personas que hacen un uso recurren-
te del tema del “antisistema”. Este recurso al “antisistema” permite criticar tanto
a la élite financiera globalizada como a los migrantes considerados no “blancos”
(musulmanes del Próximo Oriente como mexicanos o centroamericanos). Esta
“postura exógena” al sistema político tradicional permitiría alcanzar la meta final

33
  Pranchere, Jean-Yves, «Le pagliacisme n’est pas un populisme», en INRER (Institut de recher-
ches et d’études sur les radicalités). https://inrer.org/2020/06/pagliacisme-populisme-discussion/
  Temelkuran, Ece: Comment conduire….
34

35
  Stanley, Jason: How Fascism Works The Politics of Us and Them, Nueva York: Random House,
2018
  Vullierme, Jean-Louis: «Du pagliacisme», Cosmocène (10-V-2020). https://cosmocene.
36

eu/2020/05/10/du-pagliacisme-par-jean-louis-vullierme/.

108 Alcores, 24, 2020, pp. 91-110


Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

de restablecer un orden perdido y una fantasmal grandeza pasada. Cuanto más


grotesca la figura del líder, como pueden ser Boris Johnson, Donald Trump, Pepe
Grillo, Jair Bolsonaro, más atracción puede ejercer sobre el pueblo-plèthos de las
multitudes digitales. Como suele ocurrir muy a menudo, Michel Foucault ya
había pensado en esta figura política grotesca:
Creo que existe una categoría precisa; en todo caso, habría que definir una
categoría precisa del análisis histórico político, que sería la de lo grotesco o
ubuesco. El terror ubuesco, la soberanía grotesca o, en otros términos más
austeros, la maximización de los efectos de poder a partir de la descalifi-
cación de quien los produce: esto, creo, no es un accidente en la historia
del poder, no es una avería de la mecánica. Me parece que es uno de los
engranajes que forma parte inherente de los mecanismos del poder. […] El
grotesco es uno de los procedimientos esenciales de la soberanía arbitraria.
Pero como sabrán, también es un procedimiento inherente a la burocracia
aplicada […] El grotesco de alguien como Mussolini estaba absolutamente
inscripto en la mecánica del poder. Este se atribuía la imagen de tener su
origen en alguien que estaba teatralmente disfrazado, modelado como un
payaso, como un bufón. Me parece que desde la soberanía infame hasta
la autoridad ridícula, están todos los grados de lo que podría llamarse la
indignidad del poder37.

Conclusión
¿Es la democracia “the government of the people, by the people, and for
the people”, como lo dijo el presidente Lincoln en su Gettysburg Address38?, ¿o
será la democracia “simply the bludgeoning of the people by the people for the
people”, como lo dijo Oscar Wilde en uno de sus famosos aforismos39? Al revés
de las conquistas democráticas –aunque incompletas en muchos casos– de las
últimas décadas, gobiernos nepotistas y élites plutocráticas exacerban tensiones
de identidad basadas en divisiones étnico-religiosas. En un contexto de frus-
traciones socioeconómicas y de descrédito generalizado de los profesionales de
la política, son muchos los indicadores que señalan una fase de “regresión”40,
de “derechización del mundo”41: tensiones identitarias e histeria en torno a la

37
  Foucault, Michel : Los anormales, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2000, pp. 25-26.
38
  Lincoln, Abraham: «The Gettysburg Address (Nov. 19, 1863)», en William E. Gienapp (ed.),
This Fiery Trial: The Speeches And Writings of Abraham Lincoln, Nueva York: Oxford University Press,
2002.
  Wilde, Oscar: «The Soul of Man under Socialism», en The Fortnightly Review (New Series),
39

49(290) (febrero de 1891), pp. 292-319.


40
  Geiselberger, Heinrich (dir.): L’Âge de la Régression Pourquoi nous vivons un tournant historique,
París, Premier Parallèle, 2017.
41
  Cusset, François: La droitisation du monde, París, Textuel, 2016.

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 109


Stéphane Boisard

seguridad, auge del conservadurismo moral y del fundamentalismo religioso,


resurgimiento del nacionalismo extremo y étnico, auge de partidos políticos y
corrientes abiertamente xenófobos, multiplicación de las plutocracias demagó-
gicas que eluden el imperio de la ley para enriquecerse desvergonzadamente,
banalización de los discursos racistas, misóginos y homofóbicos. En el debate
público y en ambientes políticos han ganado mucho espacio líderes radicales y/o
grotescos que se pretenden guardianes del orden y la moral, oponentes acérrimos
del universalismo de los derechos humanos y del multilateralismo, opositores al
Estado social, nostálgicos de un pasado fantástico o simples partidarios del statu
quo. Se habla de “populismo” para caracterizar a esos líderes autoritarios “electos
por voto popular”, aunque en muchos casos sería inapropiado hablar de demo-
cracia debido a la ausencia de garantías mínimas de libertad de voto o de respeto
a las y los candidatos opuestos. Y es más, muchos de estos líderes son vistos como
amenaza a la democracia.
El fenómeno político del “trumpismo” en Estados Unidos y, en menor medi-
da, de las derechas radicales xenófobas, ultranacionalistas (según el caso, ultrali-
berales o profundamente proteccionistas en lo económico) se inscribe en lo que
podríamos llamar una cuarta ola reaccionaria, siguiendo la perspectiva trazada
por Albert Hirschman en su libro sobre la retórica reaccionaria42. Según este au-
tor, las embestidas antiestatistas de la “tercera ola reaccionaria”, que se oponen al
Estado de bienestar construido con el advenimiento del keynesianismo, suceden
a una primera, hostil a la afirmación del principio de la igualdad ante la ley y, de
manera más general, al reconocimiento de derechos civiles después de las grandes
revoluciones liberales de finales del siglo XVIII, y a una segunda, que se opuso a la
extensión del sufragio universal en los siglos XIX y XX. La cuarta ola reaccionaria,
la de los defensores del pueblo-èthnos que se apoyan en el pueblo-plèthos de la
posdemocracia digital, ha jugado con las frustraciones y el descrédito generaliza-
do que ha caído sobre la democracia como régimen fundado en el pueblo-dèmos y
sobre el personal político que lo representa. En un mundo sobredeterminado por
poderes económicos transnacionales, estos líderes han ganado legitimidad debido
a la imposibilidad de una verdadera participación significativa de los ciudadanos
en las decisiones importantes. Son entonces los límites de la democracia represen-
tativa, combinados con la influencia de las redes sociales, el peso de una oligar-
quía y una tecnocracia intocables, el escaso impacto de la alternancia electoral en
la política pública, los que contribuyen a nutrir el populismo.
El populismo actual no se puede pensar, como fenómeno político, fue-
ra del marco de la democracia. Se suele atribuir a André Malraux una frase

  Hirschman, Albert: The Rhetoric of Reaction: Perversity, Futility, Jeopardy Cambridge, The
42

Belknap Press of Harvard University Press, 1991.

110 Alcores, 24, 2020, pp. 91-110


Èthnos y Plèthos vs. Dèmos: lo que el populismo conservador de derechas hace a la democracia

–probablemente apócrifa– que “el siglo XXI será espiritual o no será”43. Es posi-
ble que el regreso del conservatismo moral actual le dé la razón. Ante unas hara-
pientas e indigentes izquierdas que no logran oponerse a las derechas que tienen
viento de cola, y ante una banalización del estado de vigilancia generalizada44, es
posible que el siglo XXI sea también autoritario como lo sugirió el filósofo Ralf
Dahrendorf45. Sin embargo, en la era del antropoceno, marcada por el cambio
climático, las pandemias de enfermedades, la crisis de terrorismo, la desigualdad
económica y la desesperación de los ciudadanos condenados a trabajos indignos,
Robyn Eckersley plantea un nuevo desafío a la democracia
El problema, sin embargo, no es simplemente que la globalización haya de-
bilitado las fronteras entre los territorios y la distinción “interna/externa”
que había sido fundamental para la creación y la práctica de la democracia
y el Estado modernos. Más bien, la raíz del problema proviene precisamen-
te de esta cuestión de los límites, que es en sí misma inherente a la propia
noción de democracia […] Las democracias representativas modernas se
han construido sobre los límites territoriales preexistentes, cuyos contornos
habían sido determinados por soberanías no democráticas [...] El antropo-
ceno pone a prueba la validez de este problema de las fronteras re-intro-
duciendo la noción de límites planetarios. A menos que consideremos la
colonización del espacio, el dèmos ya no tiene a su disposición otros límites
territoriales que el propio planeta. Esto nos obliga a imaginar un nuevo y
decisivo cambio para la democracia y la ciudadanía, que desafíe las tradicio-
nales coordenadas democráticas de espacio, tiempo y comunidad sobre las
que se ha construido la moderna democracia representativa46.

43
  Santelli, Claude y Verny, Françoise: André Malraux. La légende du siècle, ORTF (29-IV-1972).
44
  Foessel, Michaël: Etat de vigilance. Critique de la banalité sécuritaire, París, Le Bord de l’eau,
2010.
45
  Geisser, Vincent, Dabène, Olivier y Massardier, Gilles (dirs.), Autoritarismes démocratiques et
démocraties autoritaires au XXI siècle, París, La Découverte, 2012.
46
  Eckersley, Robyn: «La démocratie à l’ère de l’Anthropocène», La Pensée Écologique, 1(1) (2017).

Alcores, 24, 2020, pp. 91-110 111


Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 ISSN: 1886-8770

El antiestadista brasileño y la retórica de


los bolsonaristas de corazón 1

Angela Alonso
Universidad de São Paulo
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2020

Resumen: Este artículo analiza la retórica utilizada por el presidente brasileño Jair Bolsonaro
y por sus seguidores más aficionados. Se argumenta que esos seguidores conforman una
comunidad moral, organizada alrededor de lo que Albert Hirshman ha definido como
“retórica de la intransigencia”, es decir, un conjunto de argumentos de reacción al cambio
social o político. En ese caso, las políticas identitarias, igualitarias y democráticas llevadas
a cabo en Brasil en las últimas décadas son vistas por los bolsonaristas más aficionados
como una amenaza de desestructuración de sus identidades, creencias y estilo de vida. La
reacción consiste en reiterar al patriotismo como identidad, a la familia tradicional como
el único estilo de vida legítimo y a la violencia como recurso de autodefensa. Se trata
de una retórica sencilla y fragmentada, pero que utiliza formas modernas de difusión,
y que no se puede explicar por simples recuperaciones de conceptos antiguos, como
“neofascismo”.

Palabras clave: comunidad moral, retórica de la intransigencia, Jair Bolsonaro.

1
  El artículo se basa en la larga investigación de los ciclos nacionales de protesta en Brasil (2013,
2015 y 2016), desde la primera elección de Dilma Rousseff, en 2011, hasta la elección de Jair Bolsonaro,
en 2018. En dicha investigación se han manejado datos cuantitativos sobre los eventos de protesta y sobre
las asociaciones liberales, conservadoras y autoritarias creadas en dicho período. Además de eso, se han he-
cho 50 entrevistas con líderes de las asociaciones y con autoridades políticas, en unión del periodista y do-
cumentalista Paulo Markun. Los proyectos de investigación han sido financiados por Fapesp (Fundación
de Amparo a la Investigación del Estado de São Paulo) y desarrollados en el Núcleo de Movimientos
Sociales e Instituciones Políticas de Cebrap, bajo mi coordinación. Agradezco a todos los que han par-
ticipado, de una manera o de otra, en ese trabajo, en particular a los investigadores que han ayudado a
localizar y analizar los materiales aquí presentados: Viviane Brito, Lilian Sendretti, Rafael Souza y Hellen
Guicheney. El artículo también recupera ideas presentadas parcialmente en mi columna de prensa del
periódico Folha de S. Paulo. Versión menos desarrollada ha aparecido como “A comunidade moral bolsona-
rista” en Democracia em Risco – 22 Ensaios sobre o Brasil hoje (2019) y ha sido presentada en mesas redondas
en el Máster en Gobernanza y Derechos Humanos de UNAM, en Madrid, en febrero de 2019 y en el
Congreso de la Associação de Brasilianistas na Europa (ABRE), en París, septiembre de 2019. Agradezco
los comentarios de los participantes, en particular los de Álvaro Soto y Stéphane Boisard.
La versión en castellano que tiene el lector en su mano ha sido realizada por la profesora de la
Universidad Autónoma de Madrid Gabriela Lima. Le agradecemos su dedicación y comentarios.

113
Angela Alonso

Summary: This article analyzes the Brazilian President Jair Bolsonaro´s and his hard
supporters´ rhetoric. It is argued that these supporters are a moral community, organized
around a “rhetoric of reaction,” (as Albert Hirshman has defined it), that is, a set of
arguments on reaction to social or political changes, raised by those who understand
the changes -in particular, the identity-based, egalitarian and democratic policies- as a
threat to theirs own identity, beliefs and lifestyle. The Bolsonaro hard supporters reaction
consists in reiterating patriotism as identity, the traditional family as the legitimate way of
life and the violence as a resource of self-defense. It is a simple and fragmented rhetoric,
but relying on modern forms of diffusion, and which cannot be explained by mere
retrieval of old concepts, such as “neo-fascism”.

Keywords: moral communities, the rhetoric of reaction, Jair Bolsonaro.

114 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

El ascenso de un exmilitar de extrema derecha a la presidencia, en 2019,


ha sido una sorpresa en Brasil, como la elección de Donald Trump en Estados
Unidos. Una inmensa producción intelectual busca explicar qué ha pasado en
esos y en otros casos de elección democrática de líderes antidemocráticos. Se es-
cribe mucho acerca del tema como “novedad”, añadiendo al cuadro explicativo
nociones como “nueva derecha”, “neofascismo” y “neopopulismo”.
Sin embargo, es posible mirar el fenómeno desde otro punto de vista, es decir,
el de la no “novedad”. En Retóricas de la intransigencia, Albert Hirshman ofrece
un camino alternativo: concebir los movimientos de afirmación de prácticas tra-
dicionales como reacciones a reformas –hechas o intentadas– en el orden social.
Desde por lo menos la Revolución francesa, todas las reformas en Occidente han
sido recibidas con los mismos argumentos: peligro, futilidad, amenaza. Sobre
todo esa última es muy frecuente, sintetiza una visión del cambio como amenaza
al modo de vida rutinario, a las costumbres tradicionales y a las jerarquías tácitas
que organizan la vida social, y que, si realizado, produciría el caos social2.
Brasil tiene una larga historia de movilizaciones anticambio, pero en los tiem-
pos recientes la reacción aumentó cuando un partido de izquierda (el Partido de
los Trabajadores, PT) llegó a la presidencia de la República, en 2003. Un campo
de contrarios empezó a organizarse y creció en la sociedad desde entonces. Hubo
contestaciones liberales, con think tanks (como el Instituto Mises Brasil, creado
en 2007), talleres (como el Foro de la Libertad de Porto Alegre), periódicos (O
Antagonista) programas de radio, televisión e Internet (con activistas de YouTube),
movimientos sociales (el Basta! que llevó a 50 mil personas a las calles en contra
de la corrupción, en 2011), partidos (el Partido Novo empezó a organizarse en
2013) y editoriales (como É Realizações y Biblioteca Antagonista, que lanzaron
títulos antiizquierda, y, además de los nacionales, traducciones de autores como
Roger Scruton y Michael Oakeshott). Parte importante de esa movilización ha
sido del sector liberal, pero crecieron también asociaciones y redes cívicas y reli-
giosas de orientación conservadora y autoritaria en contra el “marxismo cultural”,
el “gayzismo”, el “bolivarismo”, el “llavismo”, etc.
Estos eran, por lo tanto, movimientos muy distintos en objetivos, como dife-
rentes eran sus bases sociales. Había desde miembros de la élite empresarial hasta
pequeños emprendedores, profesionales liberales, industriales, élite financiera,
iglesias neopentecostales, el agrobusiness, los militares y la policía. Distintos, pero
todos adeptos de la misma retórica de reacción, bajo el eslogan “ética en la polí-
tica”. El énfasis en la corrupción permitió aunar a movimientos sociales libera-
les, conservadores y autoritarios, grupos nacionalistas, militaristas, monárquicos,

  Hirschman, Albert O: Retóricas de la intransigencia, México, Fondo de Cultura Económica,


2

1991.

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 115


Angela Alonso

anticomunistas, antitasas, anticorrupción, en favor del libre mercado, de la reli-


gión y del control de las costumbres. Todos bajo la aspiración por una sociedad
más “ética”, mientras cada uno entendía “ética” de formas distintas. De esta ma-
nera, pudieron organizarse de forma conjunta en una misma campaña de “reno-
vación” de la política, por nuevos partidos y nuevos liderazgos3.
Todo este escenario se fue construyendo durante casi una década, antes de
que su relevancia numérica en las calles, en las protestas AntiDilma de 2015,
preocupase a los científicos sociales. Por entonces, ya eran muy visibles las medias
sociales, los talleres, el marketing y los libros difundiendo narrativas de reproche
del enemigo común. Hubo lobbies en el Parlamento y alianzas entre diferentes
élites sociales insatisfechas con los gobiernos petistas.
Al contrario de lo que las tesis sobre neopopulismo y neofascismo en Brasil
han defendido, el fenómeno se presenta como un universo heterogéneo y com-
plejo, con clivajes, matices, variaciones respecto a las costumbres, la economía o
las instituciones políticas. Cada uno de esos sectores se ha guiado por sus propias
expectativas y razones estratégicas para adherir a la coalición que ha tornado po-
sible, a la vez, el impeachment de Dilma Rousseff y la elección de Jair Bolsonaro.
Es decir, el actual presidente se ha beneficiado de la organización política de la
sociedad desde el centro hasta la derecha, que, sin embargo, jamás ha liderado ni
controlado.
En este sentido, el apoyo electoral que Jair Bolsonaro logró había nacido de
una reacción articulada de distintas facciones políticas contra los gobiernos petis-
tas. Por lo tanto, ni todos se han convertido automáticamente en defensores de
la Administración Bolsonaro, tampoco son fieles personalmente al presidente ni
profesan todos sus valores. Los bolsonaristas “de corazón”, pues, son un grupo
bastante más pequeño, ya que los más fieles que están de acuerdo en todo con el
presidente, son una minoría. Sobre este grupo, específicamente, es sobre el que
tratará este artículo.

La comunidad moral bolsonarista y su antiigualitarismo


Bolsonaro ha vencido las elecciones con el 55,13 % del total de los votos4.
Una parte de sus votantes le había elegido por el enfado con las otras opciones
que representaban otros candidatos, pero pronto dejaron de apoyarle. No obstan-
te, desde que empezó su mandato, en enero de 2019, el presidente cuenta con
un apoyo de un tercio de los brasileños que aprueban tanto su política como su

3
  Por ejemplo, 44 asociaciones de oposicionistas de calle crearán la Alianza Nacional de los
Movimientos Democráticos, y sus manifestaciones reunieron casi un millón de personas por la salida de
Dilma Rousseff del gobierno, en 2015.
4
  https://g1.globo.com/politica/eleicoes/2018/apuracao/presidente.ghtml [Acceso en 09/10/2020].

116 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

persona, pase lo que pase. Hubo crisis políticas, enfrentamientos del presidente
con las autoridades del Parlamento y con el Supremo Tribunal Federal; marcha-
rán del gobierno, lanzando criticas fuertes, dos ministros muy prestigiados, el de
Justicia y el de Salud; hubo denuncias de camaradería entre la familia presidencial
y milicias, pero nada de eso ha afectado a la popularidad de Bolsonaro que cuenta
con un 30 % de fieles.

Aprobación del presidente: óptimo o bueno

Fuente: Encuestas Datafolha.

El subsidio monetario en la pandemia explica la subida reciente de la


popularidad de Bolsonaro, sobre todo en las regiones más pobres del país5.
Aunque el gobierno se esté aprovechando de esta medida, no ha sido iniciativa
suya, sino del Congreso Nacional. Además, el incremento de su apoyo es una
consecuencia, por lo menos hasta ahora, coyuntural, mientras que el citado
30% constituye una base más firme, que poco oscila con las políticas –o falta
de ellas–, del gobierno.
Involucrado en ese tercio sobresale un subgrupo más pequeño, que tiene una
variación entre el 12 % y el 15 % del electorado (lo que no es poco –son entre 6,9
y 8,7 millones de personas–), siendo un grupo bastante cohesionado de apoyos
“hard”6. Este grupo está formado por personas que desde el inicio no solamente
han apoyado al presidente, sino que se ponen de acuerdo con él en todo lo que
dice y hace. Mantienen con Bolsonaro una relación de identificación moral. Son
miembros de una misma comunidad moral, basada en la creencia en principios
comunes de interpretación de la realidad social y de orientación para la acción en
las vidas pública y privada que Bolsonaro sintetiza. Están unidos por sentimien-
tos, más que por razones prácticas.

5
  En la encuesta después de las medidas compensatorias, su popularidad pasó al 40 % (Ibope,
24/9/2020).
 https://www1.folha.uol.com.br/poder/2020/07/adeptos-fieis-a-bolsonaro-sao-15-da-popula-
6

cao-adulta-indica-datafolha.shtml [Acceso en 09/10/2020].

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 117


Angela Alonso

¿Quiénes son esos bolsonaristas de corazón? Los seguidores más aficio-


nados del presidente eran, después de 8 meses de gobierno, los hombres
blancos, neopentecostales, con ingresos medios, que se ganan la vida como
empresarios:

Tabla 1 – Seguidores aficionados del presidente


Perfil %
Empresarios 48
Neopentecostales 46
Hombres 33
Blancos 36
Ingreso de 5 a 10 S.M. 39
Residentes de Sul o Centro-Oeste 37

Fuente: Datafolha 29 y 30/08/2019.

Pasado un año de Gobierno, este perfil no ha cambiado prácticamente. Los


que todavía lo aprobaban por encima del 30% eran los hombres blancos (37 %)
y de religiones neopentecostales (36 %). Perdió parte del apoyo sobre todo de
la región centro-oeste (región del agronegocio), pero creció en la región sur de
Brasil (40 %), donde están muchos empresarios, entre los cuales ha crecido en 10
puntos (del 48 al 58 %); y se ganó además a los jubilados (34 %)7.
La encuesta se repitió pasados otros seis meses, y en junio de 2020 encontró
poco cambio: son todavía hombres, blancos, empresarios, de la región sur. En esa
última encuesta se añadió la edad: los jubilados son todavía relevantes, pero la
concentración de apoyo está en los que tienen entre 35 y 44 años, correspondien-
do a un 37 % de los bolsonaristas de corazón8.
Así como Bolsonaro emula a Trump, los entusiastas de ambos se parecen.
Una encuesta de diciembre de 2019 de Gallup para los Estados Unidos muestra
que la figura de Trump es más sólida entre hombres blancos (56 %), con más
de 55 años, estudios superiores incompletos (51 %) y (no se ha preguntado en
esa fecha, pero sus encuestas anteriores encontrarán una sobrerrepresentación de
los evangélicos. El Gallup trae una información ausente en la pesquisa brasileña,
pero que ayuda a entenderla: el 74 % de los trumpistas son conservadores en las
costumbres9.

  Datafolha, 05 y 06/12/2020.
7

  Datafolha, 23 y 24/06/2020.
8

  Para Bolsonaro también evangélicos (36 %).


9

118 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

Respecto a la dimensión de adhesión moral, Arlie Hochschild la encontró es-


tudiando a los miembros del TEA Party en la Luisiana que votaron por Trump10.
Aunque estuviesen bajo el impacto de la recesión económica de 2008 y de la
destrucción ambiental local, su reclamación principal no era económica. Sus que-
jas se concentraban en el tipo de intervención que el Estado ejercía en sus vidas.
Se veían a sí mismos como los “makers” que construyen la vida con esfuerzo y a
quien el Estado castigaba con tasas, mientras privilegiaba a los “takers”, con pro-
gramas sociales (el Obamacare sobre todo). El sentimiento resultante ha sido el de
injusticia, lo que ha conllevado la defensa del libre mercado (al revés de la inter-
vención estatal) y una protección social suministrada por los propios particulares
(las iglesias, no el Estado).
Bolsonaro ha expresado esa incomodidad en Brasil, en manifestaciones en
contra de las políticas redistributivas de los gobiernos petistas. Todas las veces
que tuvo oportunidad se puso contra el programa asistencial iniciado por el ex-
presidente Lula, en 2003, el Bolsa Familia (Beca Familia). Cuando era todavía
diputado, Bolsonaro tildó diversas veces al programa, que atendía a 12 millones
de familias, de “asistencialista”. En febrero de 2011 señaló:
“El Bolsa Familia no es más que un proyecto para sacarse dinero de los pro-
ductores y darlo a quien se queda flojo, para que use su papeleta de votante
y mantenga a quien está en el poder”.11.
No cambió su perspectiva: en 2018 volvió a afirmar que los programas de
redistribución eran una limosna del Estado y que lo mejor para hacer era “inserir
en el mercado laboral. Esa es mi política de distribución de la renta”12.
Otra dimensión, que Hochschild ha encontrado en Estados Unidos y que tam-
bién se presentó en Brasil, nació de la distancia moral de los ciudadanos medios
frente a las políticas identitarias. Lo “políticamente correcto” al valorar a las minorías
–negros, mujeres, etc.–, ha producido la insatisfacción de muchos, sobre todo de los
hombres blancos y heterosexuales, obligados a reprimir públicamente sus sentidos de
bueno y malo en cuestiones morales. Estigmatización y resentimiento, argumentó
Hochschild, que los medios conservadores (Fox News) y movimientos sociales de
derecha (como el Tea Party) han llevado hacia una política antiestablishment.
La semejanza con Brasil es enorme. Desde el Gobierno Lula, han surgido
movimientos sociales en oposición, por una parte, a las políticas identitarias –en

10
 En Hochschild, Arlie: Strangers in Their Own Land. Anger and Mourning on the American right,
New York, The New Press, 2016.
11
 https://noticias.uol.com.br/politica/ultimas-noticias/2019/10/17/antes-de-ampliar-bolsa-fami-
lia-bolsonaro-defendeu-fim-do-beneficio.htm [Acceso en 09/10/2020].
 https://www.folhape.com.br/politica/bolsonaro-quer-combater-desigualdade-de-renda-com-es-
12

colas-militarizada/65144/ [Acceso en 09/10/2020].

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 119


Angela Alonso

contra del aborto, por ejemplo–. De otro lado, reaccionaron mientras empezaban
políticas redistributivas, sobre todo las educacionales, de acción afirmativa y de
transferencia de renta –por ejemplo, abriendo el acceso a la universidad a la po-
blación negra y a miembros de los estratos sociales más bajos–. Los cambios han
perturbado la percepción de todos los estratos sociales acerca de la validez de los
principios seculares de estratificación social en Brasil, produciendo incertidum-
bre sobre las distancias entre los grupos sociales y las jerarquías de estatus. Este
descontento se plasmó en diversas reacciones difusas, y que después empezaron a
organizarse a través de artículos de prensa y movimientos de protesta.
La diferencia con los Estados Unidos es que Trump cuenta sobre todo con
los poco educados, mientras que Bolsonaro encuentra un apoyo transversal. Los
estratos bajos son apoyos inestables, ya que se ven atraídos por sus políticas com-
pensatorias; los apoyos más concentrados se encuentran más bien entre los estra-
tos sociales de rendimiento medio y alto. Por esta razón no se puede asociar la
comunidad moral bolsonarista con una clase social particular.
En Brasil, como en los Estados Unidos, hay un contingente de miembros de
estratos medios que vivieron la ascensión económica de los de abajo como una
amenaza. Pero están también los que no fueron económicamente penalizados por los
gobiernos petistas, aunque se sintieron moralmente amenazados por los cambios
sociales de las últimas dos décadas, que les han quitado poder y prestigio relativos.
Su oposición se funda en el rechazo a un Estado que interviene en su vida econó-
mica (la iniciativa privada) y que invade la gestión de su vida privada (el control
moral de la familia). A estos les molesta la idea de igualdad en cualquier plan,
pero antes de todo en las cuestiones de género, lo que se ha potencializado con la
elección de una mujer por primera vez como la presidenta del país, en 2010. Los
cambios legales recientes en Brasil13, dilatando las formas legítimas de sexualidad,
familia y estilos de vida, abalaron sus creencias en la capacidad de las autoridades
públicas de mantener el padrón de moralidad colectiva que les parece adecuado.
No sorprende que el presidente y su círculo directo estén todo el tiempo hablando
de sexo. Es lo que conmociona a su comunidad moral.
Es una comunidad que piensa a base de polarizaciones, dividiendo el mundo
entre el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, las buenas personas y los pervertidos,
los éticos y los corruptos, los nacionalistas y los globalistas. Esos binomios simplifican
la realidad y reducen su complejidad a estereotipos administrables, facilitan los juicios
instantáneos, que activan sentimientos colectivos intensos –el miedo, el odio– que
estigmatizan a los de fuera y refuerzan los lazos compartidos por una comunidad de
iguales, la de los ciudadanos de bien, que siguen una misma orientación moral sana.

  El Supremo Tribunal Federal legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en mayo de
13

2013.

120 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

Bolsonaro no ha inventado esos binomios. Hace mucho que esta comunidad


moral está activa en la esfera privada brasileña, consolidándose progresivamente
en la esfera pública, en Internet, en la prensa, en discursos de políticos y en pro-
testas callejeras desde el inicio de los gobiernos del PT, en particular desde que
empezó el mandato de Dilma Rousseff, en 2011. Bolsonaro se ha convertido en
su “Mito” por entrar en sintonía con esa comunidad moral, en su campaña, com-
batiendo la moralidad “izquierdista”, que tantos intelectuales y parte de la prensa
presentaban como más moderna que la suya.
Como en el caso del Movimiento de Steve Bannon, las redes sociales han ser-
vido a los bolsonaristas para difundir una retórica fragmentaria. Sus mensajes
cortos, ásperos, reiteran los binarismos morales sin organizarse en un sistema ló-
gico de pensamiento. Armonizan bien con las formas también cortas de Internet,
los tuits y memes, que acogen a lo autoexplicativo, al estereotipo, y dispensan el
raciocinio complejo. Una retórica de haikais.

La moralización: de la casa al Estado


El énfasis en la moralidad atraviesa los discursos de Bolsonaro. Una moralidad
presentada como representativa de la mayoría de los brasileños. Desde la cam-
paña por la presidencia, Bolsonaro se presentó al país como un hombre común.
Un padre de familia tradicional, dedicado a los placeres sencillos, a estar con los
suyos, irse a la playa, al fútbol, sin conocimiento o gusto por la cultura erudita.
El vídeo “Señor Mito”, producido en el proceso electoral por sus partidarios, lo
enfatizaba: “Bolsonaro es como nosotros”. El entonces candidato aparecía vestido
con una remera de fútbol en su casa, decorada con lo típico de la clase media
baja brasileña, mientras cocinaba un asado.14 El ambiente reflejaba a la desorga-
nización rutinaria de las moradas sencillas, con un trajín de cosas de cocina mal
compuestas. Bolsonaro aparecía comiendo el asado con amigos, todos hombres,
sin tenedores ni platos.
Toda su propaganda, ya como gobernante, gravita en esa estética de la
improvisación del hombre común. Siempre que se pone en público lejos del
ejercicio de las funciones presidenciales, se dedica a lo trivial: cortarse el pelo,
ir a la iglesia, cenar con los hijos y los amigos. Proyecta una imagen de reli-
gioso, humilde, un hombre de familia. Como la mayoría de los brasileños,
lee poco. En el primer vídeo después de ser elegido, reposaba a su lado una
Biblia adaptada al gusto mediano –el best seller La Mensaje–. El presidente es
un provinciano y, aunque miembro de la élite política desde hace tres décadas,
se presenta como outsider.

  https://www.youtube.com/channel/UCYZsxv_KrU0QjUsRYWcnbzQ [Acceso en 09/10/2020].


14

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 121


Angela Alonso

Su fuerza no viene del carisma de un líder excepcional, todo lo contrario,


enraíza en hábitos que comparte con la media de los brasileños. La ausencia de
ilustración o brillo le permite encarnar a todos los de corazón –e intelecto– sen-
cillo. Posee representatividad.
En tanto la pandemia mataba a miles de brasileños, Bolsonaro se fue de visita
a la ciudad adonde vive su madre viejita. En una tienda sencilla de barrio, entró
sin mascarilla a tomarse una soda con el hermano mientras la gente se acercaba a
él. Señalaba que las mascarillas son para los “débiles”, lo que él no es. Todo lo con-
trario, la virilidad es su valor supremo. En sus años de formación en el Ejército,
llevaba el apodo de “Caballón”, alusión a sus cualidades atléticas –no intelectua-
les–. Su atributo principal es la fuerza, como ha dicho uno de sus hijos en Twitter
después de que el padre se salvó de un cuchillazo: “El ‘Caballón’ está bien”. “El
viejo es fuerte como un caballo”15.
El presidente es un macho también por sus capacidades sexuales. Metáforas y
ejemplos remiten siempre al tema. Ya ha dicho que mantenía un departamento
solo para “follar a la gente”16 y se orgullece de conquistas sexuales y de sus cuatro
varones, que, como el padre, exhiben testosterona. Su ideal de masculinidad es
polisémico: combina la fuerza física (su “historia de atleta”), la virilidad repro-
ductiva, el desprecio por los “maricones”, el elogio del cuerpo sano (de los que no
están a drogarse) y la disposición para el combate. La masculinidad se presenta
así como superioridad innata, que hace potentes al presidente y a sus seguidores,
para luchar en contra de los desviados, los “gayzistas”. El tema es un tabú al revés,
en derredor del cual Bolsonaro y los bolsonaristas hacen bromas todo el tiempo,
aterrados y fascinados por las “degeneraciones” de la sexualidad más allá del he-
tero-normativo. Por ejemplo, en el Carnaval de 2019 tuiteó acerca del “golden
shower”, una práctica sexual que el presidente conocía, la mayoría de los brasile-
ños, no17. La sexualidad está en el centro de su lenguaje político.
La masculinidad potente se completa con una visión de la subordinación fe-
menina como “natural”. Las mujeres que aceptan esa posición son descritas como
princesas, como hace Bolsonaro con su hija. Deben ser delicadas y cultivar los
atributos físicos para la seducción, en acuerdo con los principios estéticos tradi-
cionales, como quitarse los vellos de las piernas. Ese fue el blanco del movimiento
de mujeres bolsonaristas en contra de la estética “feminazi”, de las feministas

15
 https://noticias.uol.com.br/politica/eleicoes/2018/noticias/2018/09/13/filho-diz-que-bolsona-
ro-passa-bem-apos-cirurgia-forte-como-um-cavalo.htm [Acceso en 08/10/2020].
16
 https://noticias.band.uol.com.br/noticias/100000895436/bolsonaro-diz-que-usou-auxilio-mo-
radia-para-comer-gente-.html [Acceso en 08/10/2020].
 https://g1.globo.com/politica/noticia/2019/03/06/apos-postar-video-com-pornografia-bolsona-
17

ro-pergunta-o-que-e-golden-shower.ghtml [Acceso en 08/10/2020].

122 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

“peludas”, en la campaña #EleSim, justo antes de las elecciones18. Esa es la mujer


soltera. La casada tiene acceso a la posición de reina del lar. Debe dirigir la casa,
educar a los hijos y sobre todo a las hijas en los valores con que ha sido educada.
Es una retórica que domestica la sexualidad y afirma la jerarquía entre géneros
–la virilidad como superioridad biológica, intelectual y moral de los hombres– y
entre generaciones –la esposa y los hijos obedecen al varón–.
El páter familia los defiende de las amenazas. Sus esfuerzos más grandes son
evitar el aborto y la pedofilia, que ponen en cuestión la capacidad de los varones
de producir una descendencia. Uno de los movimientos sociales que han apoyado
a Bolsonaro en la campaña surgió como una red de cazadores de pedófilos y se
expandió para la defensa de todo el modo de vida tradicional:
En realidad nosotros teníamos algunas agendas: rebelión contra los malos
tratos a los animales; violencia contra la mujer; degradación del medio am-
biente; lucha contra la corrupción; y lucha contra las drogas; eso afuera la
pedofilia, que era el buque insignia, el combate a la pedofilia19.
La gran enemiga de los bolsonaristas es la corrupción de las costumbres: el “iz-
quierdismo de comportamiento”, la “ideología de género”, la estética “feminazi”,
el “gayzismo”. En resumen, reaccionan a todo lo que se ha legitimado progresi-
vamente en la esfera pública brasileña, a lo largo de las últimas tres décadas, pero
que quedó más visible en el curso de los gobiernos petistas: las nuevas identidades
sexuales, la pérdida de la exclusividad masculina como jefe de familia o la rela-
tividad de los valores. La comunidad bolsonarista está en lucha contra todo eso,
que amenaza a la familia heterosexual, que, creen, es la base de las formas sanas
de sociabilidad y pensamiento. Esa idea patriarcal de familia, que parte del país
considera ultrapasada, Bolsonaro la comparte con otros millones de brasileños.
La familia patriarcal es su modelo para toda la organización social. Hay una
extrapolación de su lógica autoritaria para la madre de todos, la patria. Se rompe,
así, la frontera moderna entre público y privado. Lealtades de sangre y credo (los
“hermanos en Cristo”) orientan a los matrimonios, a las amistades, a alianzas
partidarias y negocios del círculo íntimo del presidente. El comando de la vida
colectiva se rige, como la familia, por afecto y respeto por la autoridad. Una tóni-
ca autoritaria y protectora.
El patriarcalismo orienta el gobierno. Las mujeres ganan, en el mundo públi-
co, funciones equivalentes a las que tienen en la vida privada. Al revés de disputar

18
  h t t p s : / / w w w. g a ze t a d o p ovo. c o m . b r / p o l i t i c a / re p u b l i c a / e l e i c o e s - 2 0 1 8 / e l a s - d i -
zem-ele-sim-o-que-pensam-as-mulheres-que-votam-em-bolsonaro-dkf7vuf6mgxf3sunyyuxcl715/ ]
Acceso en 09/10/2020].
  Entrevista de Marcello Reis, Revoltados On Line, São Paulo, a Paulo Markun y Angela Alonso,
19

12/12/2018.

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 123


Angela Alonso

el mando (como la presidenta Dilma Rousseff), o luchar por derechos (como las
feministas), asumen deberes: cuidar a los débiles –los niños, los viejos, los necesi-
tados– por el sendero de la filantropía, a la manera de la primera dama Michelle
Bolsonaro, vinculada a la Iglesia batista. La única señora en el gobierno es la
líder religiosa neopentecostal Damares Alves. Bajo el apoyo de 118 asociaciones
militares, evangélicas, católicas, antiaborto y antilegalización de la marihuana lle-
gó a ministra de Mujeres, Familia y Derechos Humanos20. Sus encargos son los
femeninos: combatir la “erotización infantil”, la “deconstrucción de la familia”, y
el aborto. En el vídeo del Día Internacional de la Mujer de 2018, la ministra dijo:
“La mujer ha nacido para ser madre”. “Hoy, la mujer se encuentra todo el tiempo
fuera de su casa. Yo bromeo que me gustaría quedarme en mi casa todas las tardes,
en una hamaca, y mi marido trabajando mucho, mucho, mucho para mantener-
me y llenarme de joyas y regalos. Ese sería el modelo ideal de sociedad”21. Todas
las “Mujeres con Bolsonaro”22 que están en la política –en movimientos sociales,
partidos políticos e incluso como diputadas– siguen ese lema.
La lógica privada se adentra en lo público también en la socialización educa-
cional. El movimiento Escuela Sin Partido y el Ministerio de la Educación comba-
ten la “contaminación ideológica” de los jóvenes23. La educación tiene gran relie-
ve, porque es donde se hace la otra parte de la reproducción social, que completa
el trabajo de la familia, pero que no puede ponerse arriba de ella.
La utopía de la comunidad moral bolsonarista consiste en poner toda la so-
ciedad bajo su metro moral. Promete el retorno o la manutención de valores,
costumbres y jerarquías típicas de las sociedades tradicionales. En un tiempo en
el que se presentan distintos estilos de vida y sistemas valorativos laicos y cos-
mopolitas, muchos se sienten sin raíces, desorientados, desamparados, y buscan
seguridad y certeza. Anhelan la sombra protectora de un patriarca.
Esa retórica moralizadora de Bolsonaro habla a los afligidos con el cambio de
costumbres y a los deseosos de rescatar la jerarquía de género, el matrimonio hetero-
sexual, la orientación religiosa de la conducta, la educación basada en la autoridad.
Por eso tiene éxito, porque, de manera diferente a la de las utopías de izquierda, que
imaginan un futuro incierto, promete el retorno a un pasado conocido, de valores,
costumbres y jerarquías confortables. Como ha afirmado la ministra Damares: “En
los últimos 15 años, las agendas progresistas no ayudaron en nada a controlar la

20
 https://www.semprefamilia.com.br/blogs/blog-da-vida/118-entidades-pro-vida-e-pro-fami-
lia-lancam-nota-pedindo-damares-alves-como-ministra/ [Acceso en 09/10/2020].
 https://extra.globo.com/noticias/brasil/damares-alves-assessora-de-magno-malta-vai-coman-
21

dar-ministerio-da-mulher-familia-direitos-humanos-23285605.html [Acceso en 08/10/2020].


22
 https://epocanegocios.globo.com/Brasil/noticia/2018/09/grupo-mulheres-com-bolsonaro-reu-
ne-mais-de-440-mil-integrantes-em-dois-dias.html [Acceso en 09/10/2020].
  http://escolasempartido.org/programa-escola-sem-partido/ [Acceso en 08/10/2020].
23

124 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

violencia, no ayudaron en nada a proteger a la familia”24. Es de protección que se ha-


bla, pero no de cualquier familia, solamente de la de sangre, heterosexual y religiosa.
La moralización de la vida pública es vista como una extensión del ideal de moraliza-
ción de la vida privada. Los valores de una son transpuestos a la otra.
El hombre común de la esfera privada se prolonga en la pública también por
medio de la negación de la liturgia presidencial. Bolsonaro retomó el estilo de un pre-
sidente general que prefería el olor de caballos al del pueblo25, resucitando así una ma-
nera de gobernar que hibernaba en Brasil desde el final de la dictadura a mediados de
los años 80. Desde entonces, todos los presidentes habían respetado la simbología del
cargo y las convenciones democráticas. A Bolsonaro le aburre la formalidad, lo que
suena a sus fieles como la elevación de los modos del hombre común al primer cargo
de la República. La indistinción entre público y privado le permitió incluso convertir
una vendetta personal en asunto de Estado: cuando un diputado LGBTQIIA+ se au-
toexilió, denunciando falta de garantías de vida para ejercer su mandato, el presidente
lo festejó en sus redes sociales como un “gran día”26.
La continuación de la moral familiar en la política apareció aún en el tema de la
corrupción. En la campaña electoral, Bolsonaro definió la corrupción administra-
tiva del gobierno del PT como una inmoralidad pública, análoga a la inmoralidad
privada. Su solución, una vez electo, ha sido la moralización de la política con la
inclusión de la moral de su familia en el gobierno. De otra parte, habla de reducir
la corrupción aminorando la esfera de acción del Estado. Menos Estado, menos co-
rrupción. Así es que el tradicionalismo de Bolsonaro puede darse las manos con el
ultraliberalismo de su ministro de Economía, alumno de la University of Chicago.
A los dos les interesa revolucionar el Estado. Para uno porque no es eficiente y se
deberían transferir muchas funciones y políticas públicas a los agentes económicos.
Para el otro porque las carreras de Estado han sido “corrompidas” por la ideología
de izquierda, donde la necesidad de cambiarse funciones y personas, para que solo
se encarguen de la Administración los buenos ciudadanos, que, para el presidente,
son su familia de sangre, la de adopción (el Ejército) y sus amigos personales. Así, el
Gobierno Bolsonaro golpea al Estado moderno por dos flancos, con sus atribucio-
nes transferidas de una parte al mercado y de otra a la familia. Juntas disminuyen
la circunferencia y la relevancia del propio Estado.
Hay, así, un mezcla de sentidos entre moralidades privada y pública, que hace
de toda corrupción pública un pecado y de toda “inmoralidad” sexual un asunto
de Estado.

  http://expressonacional.com [Acceso en 08/10/2020].


24

  https://www1.folha.uol.com.br/folha/brasil/ult96u10538.shtml [Acceso en 08/10/2020].


25

 https://www.atribuna.com.br/noticias/atualidades/ap%C3%B3s-jean-wyllys-anunciar-que-
26

deixaria-o-brasil-bolsonaro-posta-grande-dia-no-twitter-1.10992 [Acceso en 09/10/2020].

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 125


Angela Alonso

Como todos los conservadores, los miembros de la comunidad moral bolso-


narista sostienen un código de doble filo: criterio rígido para los otros y flexible
para los suyos. Aunque la familia sea tan importante como principio, el mismo
no ocurre en la práctica. El presidente se ha casado tres veces y ha incentivado a
uno de sus hijos a competir en la política en contra de su madre en las elecciones
de 200027. La ministra de la Familia es sospechosa de adopción ilegal de su hija28 y
una diputada bolsonarista, líder de la Iglesia neopentecostal y amiga de la primera
dama, está acusada de asesinar al marido y de mantener relaciones sexuales con
sus hijos adoptivos29.
Con el avance del tiempo de Gobierno, las alianzas que se hacen y las deci-
siones que se toman, hay desacuerdo obvio entre lo que dicen y lo que hacen los
bolsonaristas. Desde ese punto de vista, su retórica moralizadora se asienta en
arena movediza. Pero la contradicción entre lo que se dice y lo que se hace es otra
cosa que el presidente comparte con la mayoría de los brasileños tradicionalistas.

La patria armada: el elogio de la violencia


Además de la superposición de sentidos entre moralidades privada y pública,
existe otra entre violencias simbólica y física. La superposición permite a los bol-
sonaristas presentarse además como los defensores de la patria en dos planos: el
retórico y el bélico.
La comunidad moral bolsonarista se vale, en su retórica de reacción, de una
sobrevalorización de la legitimidad de la violencia. Lo ven como una necesidad
de las familias para la autodefensa contra los que las amenazan. Por eso son par-
tidarios de que los “ciudadanos de bien” tengan derecho a la propiedad de armas
de fuego y que se imponga la pena capital a los criminales.
El plebiscito sobre el desarme de la sociedad, intentado por el Gobierno Lula
en 2005, suscitó la organización del “Frente por el Derecho a la Legítima Defensa”,
que en el Parlamento fue la semilla del grupo que en adelante se llamaría “bancada
del balazo”. Reunía a profesionales de seguridad pública y sectores de la élite social
favorables a la pena capital bajo la coordinación del coronel retirado de la Policía
Militar, Alberto Fraga, que estaba de diputado, y hoy es miembro de la base parla-
mentaria del Gobierno Bolsonaro. La campaña ha utilizado el lenguaje americano
de la libertad para la seguridad, diferenciando “ciudadanos de bien” y bandidos,

27
 https://www1.folha.uol.com.br/poder/2020/06/carlos-bolsonaro-tera-chance-de-redencao-20-
anos-apos-derrotar-a-mae-nas-urnas.shtml [Acceso en 09/10/2020].
28
 https://congressoemfoco.uol.com.br/direitos-humanos/damares-e-acusada-de-seques-
trar-e-criar-ilegalmente-crianca-indigena/ [Acceso en 09/10/2020].
 https://ultimosegundo.ig.com.br/politica/2020-02-09/flordelis-bolsonaro-e-um-ser-humano-
29

incrivel-e-que-luta-para-dar-seu-melhor.html [Acceso en 08/10/2020].

126 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

con el eslogan “derechos humanos para los humanos de bien”30. Bolsonaro ha


sido una de sus voces en la Cámara de Diputados. El 23 de setiembre de 2005,
homenajeó a militares que “están en contra del voto sobre el Referéndum del
Desarmamiento”, antes de dirigirse a sus contrarios de la izquierda:
Nosotros no podemos hacer la defensa del bandido, del crimen organizado.
El MST [Movimiento de los Sin Tierra] se adhirió a la campaña de desarma-
miento. ¿Para qué? ¿Para facilitar a las invasiones de haciendas productivas?
¿Ustedes necesitan de algo más para votar no el día 23 de octubre?31.
Bolsonaro estuvo del lado ganador en el plebiscito, con un 63.9 %32. La vota-
ción ha sido más expresiva en el Estado de Rio Grande do Sul, donde están ahora
concentrados los partidarios empedernidos del presidente. Hay, por lo tanto, un
enraizamiento antiguo de Bolsonaro en esa comunidad moral.
Estos buenos ciudadanos que se hicieron oír en 2005 pasaron a sentirse bajo
amenaza mientras gobernaba el PT, vigilantes para defenderse a sí mismos. Su
defensa espiritual es la teología neopentecostal, con su énfasis en el dios puniti-
vo del Viejo Testamento, que presidente y seguidores mencionan siempre. Para
la protección del cuerpo, las armas de fuego. La comunidad bolsonarista siente
fascinación por las pistolas, destacando el esfuerzo del gobierno por ampliar el
derecho de comprarlas y de quitarles las tazas33.
A la policía le toca usarlas en la guerra de los buenos ciudadanos contra los
delincuentes. Son criminales, para los bolsonaristas, los portadores de “desvíos”
o “anormalidades”. Los desvíos del cuerpo son, en particular, los sexuales y los
relativos a los narcóticos. Recientemente, el ministro de Medio Ambiente equi-
paró a los ambientalistas con los usuarios de marihuana34. Por su parte, los des-

 https://noticias.uol.com.br/ultnot/referendo/ultimas/2005/10/23/ult3258u118.jhtm
30
[Acceso
en 09/10/2020].
31
 https://www.camara.leg.br/internet/SitaqWeb/TextoHTML.asp?etapa=3&nuSessao=261.3.52.O&nu-
Quarto=6&nuOrador=1&nuInsercao=0&dtHorarioQuarto=09:15&sgFaseSessao=PE%20%20%20%20
%20%20%20%20&Data=23/09/2005&txApelido=JAIR%20BOLSONARO&txFaseSessao=Pequeno%20
Expediente%20%20%20%20%20%20%20%20%20%20%20%20&dtHoraQuarto=09:15&txEtapa=-
Com%20reda%C3%A7%C3%A3o%20final [Acceso en 09/10/2020].
32
 https://noticias.uol.com.br/ultnot/referendo/ultimas/2005/10/23/ult3258u118.jhtm. [Acceso
en 09/10/2020].
  “Armado, Eduardo Bolsonaro defende liberação de armas”. En https://www.youtube.com/wat-
33

ch?v=R6vc4GQ1OkQ [Acceso en 09/10/2020].


“Em vídeo, Bolsonaro diz querer população toda armada contra ‘ditadura’”. En https://www.correiobra-
ziliense.com.br/app/noticia/politica/2020/05/22/interna_politica,857515/em-video-bolsonaro-diz-que-
rer-populacao-toda-armada-contra-ditadura.shtml [Acceso en 09/10/2020].
http://g1.globo.com/globo-news/jornal-globo-news/videos/t/videos/v/eu-quero-todo-mundo-arma-
do-que-povo-armado-jamais-sera-escravizado-diz-bolsonaro/8573601/ [Acceso en 09/10/2020].
 https://g1.globo.com/fantastico/noticia/2020/10/11/ministerio-chama-de-maconheiros-mani-
34

festantes-que-protestaram-contra-salles-em-goias.ghtml [Acceso en 09/10/2020].

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 127


Angela Alonso

víos de la mente son los “izquierdismos” y los que los producen, los artistas y
los intelectuales de las humanidades. Las universidades públicas serían sede do-
ble, centros productores de pensamiento “izquierdizante” y de consumidores de
marihuana.
La “guerra cultural” es contra el “marxismo cultural”. Es uno de sus frentes
principales en las redes sociales, aunque el gobierno también haga intervenciones
en las universidades federales.35
Los bolsonaristas de corazón usan los colores, la bandera y los himnos patrió-
ticos en contra del color rojo de los “terroristas comunistas’’. En su lectura de la
historia nacional, la dictadura militar se postuló como la defensora de la libertad
que estaba siendo amenazada por los comunistas. Es aún contra eso que pelean,
en contra de partidos y movimientos de izquierda en Cuba, Venezuela y Brasil.
En esa lectura, los comunistas son siempre terroristas y la dictadura militar ha
sido “obligada” a utilizar la censura, prisión, tortura y ejecución para detener a
esos enemigos violentos de la patria.
El presidente, sus hijos, el vicepresidente y otros miembros del gobierno exal-
tan con frecuencia a los generales que han dado órdenes de ejecución y tortura en
la dictadura. Son sus “salvadores de la patria”. La fascinación por la violencia se
corporifica en el gesto-símbolo del presidente desde la campaña, en la que simu-
la empuñar un arma. Violencia simbólica prolongada en violencia física contra
todos los que no son “nosotros”: la represión policial, la reducción de la mayoría
de edad penal, darles armas a los ciudadanos, son las formas de autoprotección
imaginadas por la comunidad bolsonarista. Su retórica da la sensación de protec-
ción amuchos brasileños, que juzgan ineficaces los gobiernos anteriores respecto
a la seguridad pública.
Es una guerra desigual que se está pasando aquí en Brasil, en que sólo un
lado puede disparar, porque el bandido no va a respetar [a nadie] (...). Él
va a comprar su arma en el mercado negro de alguna manera y va a seguir
robando, matando, porque sabe que el otro lado no tiene defensa”36.
En la guerra hay dos lados. Cuando dicen “patria”, los miembros de la co-
munidad bolsonarista no involucran a todos los brasileños, solamente a sus her-
manos morales. La nación, Benedict Anderson ha argumentado, es una “comu-
nidad imaginada” que pone bajo el mismo estandarte a clases, etnias y partidos

  Una de las acciones en esa dirección ha sido no repetir la lista de indicaciones de la comu-
35

nidad académica para el rectorado, hasta entonces una tradición: https://g1.globo.com/educacao/


noticia/2019/08/31/governo-interveio-em-6-de-12-nomeacoes-de-reitores-de-universidades-fede-
rais-ate-agosto.ghtml [Acceso en 08/10/2020].
  Entrevista de Clay Zeballos, Movimento Brasil Contra a Corrupção, Brasília, a Paulo Markun y
36

Angela Alonso, 05/02/2019.

128 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

distintos37. El problema es que no se imagina la nación de una sola manera. Su


sentido y su contenido están todo el tiempo bajo disputa, con diferentes partes
de la misma sociedad intentando imponer su visión de la nacionalidad sobre
las otras. No se disputa solo el presente y el futuro, sino también el pasado. Los
bolsonaristas lo hacen al presentar su nación como la verdadera en contra de la
nación izquierdista.
En la celebración de la independencia nacional, el 7 de setiembre de 2020, el
presidente habló con franqueza, representando la nación imaginada por su comu-
nidad moral, no la de todos: “Nosotros somos una nación temerosa a Dios, que
respeta a la familia y que adora a su Patria”. Como gesto de “tolerancia”, habló de
negros, indígenas e inmigrantes. Sin embargo, no los consideró como ciudada-
nos del presente, mencionó solamente su contribución pasada a la formación de
una cultura brasileña –las “costumbres nacionales”– y al “mestizaje” étnico. No
mencionó que este proceso se había dado mediante la violencia de la esclavitud38.
La patria del presente, en su discurso, es familista, religiosa, jerárquica, arma-
da y liberal (como antónimo de comunista). Los brasileños serían un conjunto
de familias, no de clases sociales. Nada separaría a ricos y pobres, sino talento y
esfuerzo. La única jerarquía reconocida es la que respecta a la nación y a Dios. De
ahí el lema: “Dios por encima de todo. Brasil por encima de todos”.
De otra parte, la patria, como valor supremo, no se puede representar por par-
tidos (el presidente ni siquiera está afiliado a uno) o por el Parlamento. En el inicio
del gobierno, miembros de las élites sociales “íntegras” –un juez, un economista
y los militares–, considerados moralmente superiores a los políticos profesionales,
fueron llamados a ayudar al presidente en el gobierno de la nación. Después de
casi dos años de gobierno y muchas crisis, el presidente ha reducido su esfera de
confianza a los militares, con los cuales se identifica por completo.
En ese mismo discurso del 7 de septiembre, el presidente se presentó como
protector de la democracia, definida como “libertad” en contra del nazismo, fas-
cismo y comunismo –formas simultáneas de corrupción y totalitarismo– y designó
al Ejército como el representante de la patria. Son los militares sus “héroes nacio-
nales”: han defendido a la monarquía en contra de los invasores en los inicios de la
historia de la nación, han luchado por la libertad en la Segunda Guerra Mundial,
y, con “millones de brasileiros”, han sido “activos” en el golpe de estado de 1964,
que los bolsonaristas llaman “revolución”. El ejército es así la joya de la corona de
esa nación. Encarna la patria y le toca vigilar contra sus enemigos.

37
  Anderson, Benedict: Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacio-
nalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 2007.
 https://noticias.uol.com.br/politica/ultimas-noticias/2020/09/07/bolsonaro-pronunciamen-
38

to-7-setembro.htm [Acceso en 13/10/2020].

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 129


Angela Alonso

Ese nacionalismo beligerante organiza la comprensión del mundo con-


temporáneo. En Europa, está a menudo acompañado de xenofobia. La co-
munidad moral bolsonarista, al revés, teme la reencarnación doméstica de la
amenaza comunista de la Guerra Fría, representada por Cuba y Venezuela,
como ha dicho el presidente en otro discurso, en las Naciones Unidas, el 22
de septiembre de 2020. Además de reiterar su encanto personal por Trump,
señaló la inmoralidad pública de los “comunistas”, partidarios de Lula y Hugo
Chávez, y la amenaza que representan para la religión –el presidente denomi-
nó al pensamiento laico “cristófobo”39.
La progresiva militarización del Gobierno Bolsonaro tiene un doble sentido.
De un lado, en sintonía con la comunidad moral bolsonarista, presenta a las
Fuerzas Armadas como encarnación de la nación, capaces de moderar conflictos
y crisis, y de comandar el país. Por otro, el gobierno encarna el principio de la
tropa: la obediencia, la jerarquía, la prontitud para el combate. Eso se aplica a
enemigos externos abstractos y a enemigos internos muy concretos: los corrom-
pidos políticos (la izquierda), los corrompidos morales (los “desviantes”) y los
criminales (“marginales” que amenazan a la gente de bien). Así hacen equiva-
lentes el crimen político, el crimen moral y el crimen común en una mezcla de
Guerra Fría, guerra cultural y guerra justa, que convierte a los que son distintos
en enemigos de la patria.
Esta manera bolsonarista de pensar anima a una guerra santa de los “verda-
deros” patriotas en contra de los que están fuera de los límites de su comunidad.
Es una retórica deshumanizadora de lo diferente, un antihumanismo, que separa
dos mundos, irreconciliables y en guerra, el de los buenos y el de los torpes. La
violencia –física, simbólica, política– es su manera de proteger a esa comunidad
de verdaderos brasileños, los ciudadanos de bien, amenazados por “corrompidos”
morales y políticos. Bolsonaro deja así de ponerse de líder de todos los brasi-
leños para presentarse como representante de su comunidad moral particular.
Disminuye la esfera de la presidencia, es un antiestadista.

Una retórica fragmentaria


La celebración del hombre común, sin gusto por la alta cultura, hace pareja
con el antiintelectualismo. El presidente empezó su segundo año en Brasilia con
el siguiente discurso:
En [20]21, todos los libros serán nuestros. Hechos por nosotros. Los padres
se quedarán contentos. El estandarte del Brasil estará en la portada, tendrán

 https://www1.folha.uol.com.br/mundo/2020/09/veja-a-integra-do-discurso-de-bolsona-
39

ro-na-onu-com-checagens-e-contextualizacao.shtml [Acceso en 09/10/2020].

130 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

el himno nacional. Los libros hoy en día, por lo general, son un montón...
Mucha cosa escrita, hay que suavizarlo40.
Al presidente le gusta remarcar ese desprecio hacia los libros. En su posesión,
el único texto al que se refirió fue a la Biblia y, en ella, a una misma cita que ha
transformado en su marca: “Conoceréis la verdad y la verdad os libertará”. Para
componer su despacho, tenía sobre la mesa la Constitución y las memorias de
Winston Churchill, un líder que ha hecho leyenda gracias a la estrategia bélica en
la Segunda Guerra Mundial. Pero lo más probable es que el presidente no haya
leído ninguno de los dos libros. Lo que quizás habrá leído es Verdad Sufocada –la
historia que la izquierda no quiere que Brasil conozca–, obra de defensa de la dicta-
dura del general Brilhante Ustra, su más famoso torturador41.
En su división familiar del trabajo, quien se ocupa de la “guerra cultural”,
que se lleva a cabo bajo ese nombre, es su hijo Eduardo Bolsonaro, que ido-
latra a Trump y tenía la ambición de convertirse en el embajador brasileño en
Washington en tanto su papá administra Brasil. El “mitito” ha malogrado en eso,
pero siguió empeñado. Como responsable de la Conferencia de Acción Política
Conservadora, en Brasil, en octubre de 2019, registró en Facebook:
El CPAC no tiene que ver con Bolsonaro, gobierno o políticos. Se trata de
identificarnos a nosotros, saber lo que significa ser conservador y levantar
nuestras banderas. Así, en mi discurso hablé un poco sobre cómo combatir
en la guerra cultural, con énfasis en la juventud (...) y después discurrí so-
bre la historia del marxismo y revoluciones del siglo XX, XXI, pasando por
Venezuela, hasta llegar a las elecciones de 201842.
Además de demostrar así toda su erudición histórica, Eduardo Bolsonaro ha
sido incansable en post y tuits acerca de la Conferencia, que sirven de fotos ex-
presivas de sus puntos de vista –compartidos con su padre– sobre la plétora de
temas preferidos de la comunidad moral bolsonarista. Por ejemplo, apareció con
una remera donde se leía “Liberty, Guns, Bolsonaro, Trump”, bajo la inscripción:
“el concepto de LGBT ha sido actualizado”.
El conservadurismo fue celebrado con emoción por conferencistas-ministros
en la misma Conferencia. Ese esfuerzo de guerra se desdobló con la multiplicación
de “fórums conservadores” en dos capitales de Estado, Belo Horizonte y Recife,
y en dos ciudades medias. Pero ha sido en las redes sociales donde ha encontrado
su éxito más grande, con youtubers, MCs, websites, periódicos, talleres y hasta un

  https://veja.abril.com.br/politica/bolsonaro-critica-livros-didaticos-muita-coisa-escrita/ [Acceso
40

en 08/10/2020].
41
  Ustra, Carlos Brilhante: A Verdade Sufocada: A história que a esquerda não quer que o Brasil
conheça, Brasília, Editora Ser, 2007.
42
  https://www.facebook.com/bolsonaro.enb/posts/1259239120935376/ [Acceso en 08/10/2020].

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 131


Angela Alonso

posgrado dedicado a salvar las mentes del izquierdismo. Lo que así se difunde es
la lucha contra el marxismo cultural, la ciencia y su sede, la Universidad.
Si Bolsonaro es el antiestadista, el intelectual del bolsonarismo es, por su-
puesto, un antiintelectual. Olavo de Carvalho mantuvo una columna de prensa
durante muchos años en un influyente periódico de Río de Janeiro. Aunque no
se haya jamás diplomado, se presenta como filósofo y erudito –antes se decía un
astrólogo–.
Ha sido Carvalho uno de los propagandistas más destacados en la difusión de
los “neocons” en Brasil. Desde el final de 1999 hasta 2008, habló en su columna
del filósofo inglés Roger Scruton, uno de los fundadores del Conservative Action
Group, que apoyó al gobierno de Margaret Thatcher. Le ha encantado la capaci-
dad de Scruton de “convertir íconos intelectuales de la izquierda” en “el estado de
momias”. Aunque:
(...) la élite izquierdista dominante en los medios universitarios y editoriales
no sólo se abstuvo de leer libros conservadores, sino que también tomó to-
das las medidas para que nadie más los leyera43.
Mientras gobernaba el PT, el interés por la crítica al redistribucionismo, a los
derechos de minorías, a lo políticamente correcto creció bajo los esfuerzos de la
sociedad organizada. Think tanks, como el Instituto Mises, empezaran cursos de
proselitismo de las ideas liberales, sobre todo antitributación. De otro lado, una
parte de la prensa, como el semanario Veja, el más vendido del país, contribuyó
con un claro enfoque en la corrupción y la difusión de autores conservadores. En
2011 publicó una larga entrevista a Scruton (volvería a hacerlo en septiembre de
2014), llena de lo políticamente incorrecto, con críticas al ambientalismo, a la
inmigración y a los derechos de minorías. De sus libros, 11 fueron traducidos,
desde 2010, en Brasil, incluso su best seller Cómo ser un conservador.
Es posible que partidarios de Bolsonaro lo hayan leído –es un librito corto,
con aspecto de manual–. Pero lo que es más cierto es que habrán leído en la pren-
sa o en Internet los artículos de Carvalho. En 2013 fueron compilados por un
entonces joven periodista de la revista Veja y hoy fuerte bolsonarista: El mínimo
que uno necesita saber para no ser un idiota. En 2017 ya había vendido 100 000
ejemplares, y siguió cosechando lectores. En 2019, sumándose a ese otro título de
Carvalho, El imbécil colectivo, vendió 400 000 ejemplares44.

43
  Diário do Comércio (21-IX- 2011).
  De Carvalho, Olavo:  O Imbecil Coletivo: Atualidades inculturais brasileiras, Rio de Janeiro,
44

Editora Record, 2013.


De Carvalho, Olavo: O mínimo que você precisa saber para não ser um idiota, Rio de Janeiro, Editora
Record, 2018.

132 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135


El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

El libro no tiene una estructura cronológica. Su opción es poner juntos diver-


sos bloques de artículos de fechas muy alejadas, pero sobre temas similares, des-
contextualizando los textos y borrando las réplicas que ha recibido. Termina por
ser un conjunto de opiniones: el autor juzga, y con malos nombres, a todo lo que
considera de izquierda: “marxismo cultural”, políticamente correcto, intelectuales
y artistas, sobre todo al intelectual muy popular en Brasil, Antonio Gramsci.
Los razonamientos son juicios sumarios y sin demonstración o prueba. La
verdad es que no hay una retórica organizada, un pensamiento que aspire a la sis-
tematicidad. Es un estilo de combate fragmentario y violento, que también utiliza
en sus “cursos” de formación online y en las publicaciones que realiza diariamente
en internet. Ahí se pueden leer, entre otras, cosas como: “Los Beatles han sido
medio analfabetos en música. No sabían ni tocar la guitarra. Quien ha compuesto
sus canciones ha sido Theodor Adorno”45.
Este antiintelectual es el intelectual bolsonarista.
Su fuerza en el inicio del gobierno se materializó en las indicaciones que hizo
de los ministros de educación y relaciones exteriores, áreas clave de la “guerra
cultural”. Y aunque viva entre amores y críticas al gobierno, sus ideas orientan a
muchas personas del círculo cercano al presidente, entre ministros e hijos –uno de
ellos ha dicho que no hay como llevar a cabo los valores de esa comunidad moral
en los límites impuestos por la democracia–.46
Esa retórica de guerra cultural orienta a cerca de 27 movimientos sociales
autoritarios, creados en Brasil desde el inicio de los gobiernos petistas47. A la ma-
nera de Carvalho, no se caracterizan por una retórica orgánica, más bien operan
por frases sueltas, sin pretensión de coherencia, movilizando argumentos muchas
veces contradictorios, conforme tienen que combatir a un enemigo particular,
sean los redistribucionistas, los identitarios o incluso los liberales y conservadores
tradicionalistas, con los cuales mantienen relaciones de alianza y conflicto.
En este sentido, la etiqueta “fascista” no es la más adecuada para referirse al
bolsonarismo, tampoco cuando se habla de sus “ideólogos”. Primero porque no
producen pensamiento organizado, conformando un sistema. Sus expresiones

https://www.record.com.br/produto/o-minimo-que-voce-precisa-saber-para-nao-ser-um-idiota/ [Acceso
em 09/10/2020].
https://blogs.oglobo.globo.com/lauro-jardim/post/quanto-venderam-os-livros-de-olavo-de-carvalho.
html [Acceso em 09/10/2020].
45
 https://f5.folha.uol.com.br/musica/2019/09/olavo-de-carvalho-diz-que-quem-escreveu-as-mu-
sicas-dos-beatles-foi-sociologo-alemao.shtml [Acceso en 08/10/2020].
46
 https://g1.globo.com/politica/noticia/2019/09/10/carlos-bolsonaro-diz-que-pais-nao-te-
ra-transformacao-rapida-por-vias-democraticas-e-e-criticado-por-autoridades.ghtml [Acceso en
08/10/2020].
  Fuente: Banco de Asociaciones Civiles y Grupos Políticos activos en protestas - BACO/Cebrap.
47

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 133


Angela Alonso

son más bien fragmentarias, contradictorias, coyunturales. A los bolsonaristas les


falta la organicidad ideológica de la derecha de los años 40. El cerebro de Olavo
de Carvalho no tiene la estatura de un Goebbels.

Conclusión
La comunidad moral bolsonarista no está formada por los ignorantes, insanos,
sin “conciencia”. Son personas que encuentran en el patriotismo una identidad, en la
familia tradicional una organización para la vida práctica y en la violencia un recurso
de autodefensa. Familia, religión y patria son sus lenguajes y recursos para moverse
en un mundo en que todo cambia vertiginosamente. Su odio a la diferencia nace del
miedo a la desestructuración de su identidad, sus creencias y su estilo de vida por las
políticas inclusivas, identitarias, igualitarias, democráticas. Su énfasis en la educación o
subversión (la pedofilia) de los niños viene de su temor a que sus hijos no sean como
ellos. Las violencias simbólicas y físicas son su estrategia de autodefensa. No se ven a
sí mismos como autoritarios, sino como restauradores de un orden bueno y perdido.
Esta comunidad moral es minoritaria incluso entre los que votaron por
Bolsonaro, pero comparte valores conservadores, como las jerarquías de género
y de raza, y la crítica al políticamente correcto y a las acciones afirmativas, con
millones de brasileños, incluso de la élite social. Su retórica llega más allá de los
círculos sociales autoritarios, e incluye a todos los conservadores. A los que optan
racionalmente por valores tradicionales para orientar su vida privada y el mundo
público, y no quieren políticas inclusivas e igualitarias.
La retórica de reacción de la comunidad bolsonarista se exprime en las formas
más modernas de comunicación y marketing, los tuits y memes. La combinación
de ultramodernidad de medios y tradicionalismo del mensaje dificulta clasificar
el fenómeno en categorías previas y anticipadas, como “fascismo”. Hacerlo es un
anacronismo y una simplificación. La sociedad contemporánea es mucho más
compleja que la de las décadas de 1930 y 1940, y hay nuevas tecnologías y temas
–sobre todo las nuevas formas de sexualidad– involucrados. Es cómodo recuperar
conceptos, pero puede que no sea productivo.
Desde la redemocratización, en los años 1980, científicos sociales y políticos
de izquierda en Brasil hablaban de la “sociedad civil” como terreno de innova-
ción, modernidad y progresismo. Olvidaron mirar al otro lado, a la parte de la
sociedad organizada alrededor de asociaciones y redes de sociabilidad en favor
de las jerarquías, la familia y las armas. Esta parte conservadora de la sociedad
celebra, desde la elección de Bolsonaro, su libertad de sacar a la luz ideas, valores
y comportamientos reprochables mientras gobernaba la izquierda.
La ruptura de la liturgia presidencial por parte de Bolsonaro liberó a toda
esta parte de Brasil para decir lo que piensa, expresar lo que siente, defender lo
134 Alcores, 24, 2020, pp. 113-135
El antiestadista brasileño y la retórica de los bolsonaristas de corazón

que considera cierto. En esto, el presidente es un rompedor. Su mandato abrió la


puerta para que la extrema derecha se enorgulleciera de sí misma, los prejuiciosos
pudieran lucirse y los violentos salieran a la calle. Desde hace más de tres décadas
el país se había acostumbrado, en política, ciencia, cultura y costumbres, al pre-
dominio de la izquierda. Ahora ese mundo está puesto boca abajo.
La comunidad moral bolsonarista es demográficamente reducida pero pode-
rosa, porque está formada por personas emocionalmente motivadas. Tipos que
aceptan riesgos y toman las armas. Es una comunidad pequeña pero cohesionada,
y está lista para todo.

Alcores, 24, 2020, pp. 113-135 135


Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 ISSN: 1886-8770

Ideologías y crisis económicas.


La experiencia del siglo XXI
Donato Fernández Navarrete
Universidad Autónoma de Madrid
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2020

Resumen: Las crisis económicas obedecen, por lo general, a tres factores: a causas naturales,
a conflictos bélicos o a factores económicos; aunque lo habitual en su desencadenamiento
es que intervengan más de uno. En lo que sigue nos proponemos centrar la atención en
dos aspectos: en primer lugar, en las ideologías que fundamentan los modelos teóricos
explicativos de las crisis; y, en segundo lugar y de manera más específica, en las dos crisis
del siglo XXI. 

Palabras clave: crisis, liberalismo, keynesianismo, socialismo, coronavirus.

Abstract: Economic crises are generally due to three factors: natural causes, armed
conflicts or economic factors; although the usual thing in its triggering is that more than
one intervene. In what follows, we propose to focus attention on two aspects: first, on the
ideologies that underpin the theoretical explanatory models of crises; and, secondly and
more specifically, in the two crisis of the 21st century.

Keywords: crisis, liberalism, Keynesianism, socialism, coronavirus.

137
Donato Fernández Navarrete

Una aproximación a la explicación de las crisis. Los postulados teóricos en su


contexto histórico 
La historia nos demuestra que las crisis económicas son permanentes, que
siempre han existido y que continúan existiendo en algún lugar del mundo aun
cuando no sean objeto de atención especial por los medios de comunicación. 
Las crisis provocadas por factores económicos se han producido tras la irrupción
del sistema capitalista a partir del descubrimiento de América, que es cuando co-
menzó a adquirir relevancia el comercio internacional. El sistema capitalista, que se
basa en el crédito, lleva incrustado en su ADN el virus de la crisis que aflora perió-
dicamente, que es lo que se conoce como ciclos económicos. Los grandes debates
teóricos entre las diferentes corrientes del pensamiento han girado en torno a cómo
amortiguar los efectos negativos de las fases depresivas de los ciclos. 

• El modelo clásico. Sálvese el que pueda


Hasta el siglo XVIII, salvo escasas excepciones –caso de las compañías de las
indias–-, los mercados se basaban mayoritariamente en el trueque. La práctica
totalidad de las empresas eran muy pequeñas y estaban dirigidas por sus pro-
pietarios: las sociedades anónimas y otras formas jurídicas de separación entre el
capital de la dirección, eran prácticamente inexistentes. Al existir muchos oferen-
tes y demandantes para cada tipo de producto, la libre competencia, se daba por
supuesta, al igual que la libertad de comercio, incluido el exterior. El papel del
Estado en la economía debía limitarse a lo imprescindible, básicamente a garan-
tizar el cumplimiento de los contratos que libremente estableciesen los agentes
privados. En palabras de Keynes sobre la doctrina de Adam Smith:
A la doctrina filosófica de que el gobierno no tiene derecho a interferir, y a la
doctrina divina de que no tiene necesidad de interferir, se añade una prueba
científica de que su interferencia es inconveniente1.
Sobre estos principios, los economistas clásicos defendieron la doctrina de
laissez faire o de competencia perfecta; y unas leyes económicas que consideraban
universales e inmutables. 
Teóricamente el modelo de competencia perfecta es muy flexible en su fun-
cionamiento. Cuando se produce algún desequilibrio, se considera transitorio y el
nuevo equilibrio se restablece rápidamente y de forma automática: si, por ejem-
plo, la demanda se contrae, los precios bajan hasta alcanzar el nuevo equilibrio.
El modelo da por supuesto que la economía funciona con plena capacidad de
ocupación de los factores, esto es, con pleno empleo, hipótesis a la que contribuyó

1
  Keynes, John M.: Ensayos sobre intervención y liberalismo, Barcelona, Ed. Orbis, 1987,
p. 66.

138 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156


Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

la llamada Ley de Say, según la cual toda oferta crea su propia demanda; es decir,
parte del supuesto de que toda la renta generada se gasta y no se producen recur-
sos ociosos. Tampoco tomaba en consideración la existencia de clases sociales y
sus conflictos lo que, en opinión de Schumpeter, era … un intento de arrebatar a
la teoría económica su contenido social 2. 
El siglo XIX fue la panacea del liberalismo en la práctica económica. También
lo fue de lo que se ha dado en llamar capitalismo salvaje por estar impregnado del
principio darwiniano en la selección natural de los más fuertes. Y lo más significativo,
tal estado de cosas se consideraba como lo normal y toda desviación, como una ano-
malía. El sistema económico imperante se basaba en una desigual distribución social
de la renta y la riqueza: unos pocos acumulaban mucho y otros muchos consumían
poco, lo que se traducía en una primacía absoluta del ahorro frente al consumo. 
La Primera Guerra Mundial (PGM) y la crisis de 1929 trastocaron este esta-
do de cosas. La desigualdad en la distribución de la riqueza no era razonable y
la abstención al consumo, un mito. La euforia librecambista fue dando paso al
proteccionismo. Alemania inició ya este viraje en los años setenta del siglo XIX, y
también lo hizo Estados Unidos; en Francia, tuvo lugar en la década de los noven-
ta a medida que fueron expirando los tratados internacionales que tenía suscritos;
y algo similar ocurrió en Italia; en el caso de España, el proteccionismo irrumpió
de la mano de Antonio Cánovas del Castillo con la restauración borbónica de
finales de 1874. El único país importante que mantuvo el librecambio hasta los
años treinta del siglo XX, fue el Reino Unido, que acabó abandonando como
consecuencia de la crisis económica de esos años. 
Tras la PGM, el liberalismo fue sustituido por otros modelos más interven-
cionistas, como fueron los casos de la planificación económica centralizada, del
corporativismo fascista y del keynesianismo. En propiedad, las alternativas que
surgieron frente al liberalismo fueron dos: la socialista, un modelo alternativo al
capitalismo; y la keynesiana, que nacía del propio sistema capitalista.

• El modelo socialista: otro mundo es posible


En 1917, en plena guerra mundial, tuvo lugar uno de los acontecimientos
clave del siglo XX: las revoluciones rusas de febrero y octubre de dicho año.  Por
la primera, que duró solo unos meses, se puso fin al viejo régimen zarista. Por la
segunda, conocida como Revolución de Octubre, los bolcheviques, liderados por
Vladimir Lenin, tomaron por asalto el poder que, democráticamente, había cons-
tituido el gobierno provisional. Se inició una guerra civil entre el nuevo gobierno

2
  Schumpeter, Josepth A.: Historia del análisis económico. Barcelona, Ed. Ariel, 1971,
p. 614.

Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 139


Donato Fernández Navarrete

y los zaristas que concluiría en 1922 con la victoria del ejército rojo de Lenin. En
dicho año, la Rusia Imperial pasó a denominarse Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS). 
Desde los inicios, los bolcheviques implantaron la dictadura del proletariado,
consistente, en lo político, en un gobierno comunista, que suprimió las libertades
políticas y sindicales; y, en lo económico, la sustitución del mercado por la pla-
nificación centralizada mediante la nacionalización progresiva de los medios de
producción. El nuevo modelo, una verdadera alternativa económica al capitalis-
mo, levantó grandes expectativas entre las clases sociales más deprimidas y entre
muchos intelectuales.
A partir de la Segunda Guerra Mundial (SGM), el sistema implantado en Rusia
se fue expandiendo a otros muchos países del mundo, comenzando por Europa que,
a raíz de dicha guerra, fue dividida en dos bloques, bajo la hegemonía de las dos
grandes potencias del momento: la Occidental, en la órbita de Estados Unidos, y
la del Este, satelizada por la URSS. El enfrentamiento ideológico, político y econó-
mico entre dichos bloques se fue acentuando dando lugar a lo que George Orwell
bautizó, en 1945, como la Guerra Fría: un mundo bipolar enfrentado en todos los
terrenos y que duraría hasta el desmembramiento de la URSS en 1991. 
El socialismo real, allí donde se implantó, fue de un colosal fracaso en lo po-
lítico y en lo económico, con la excepción de China. En lo político, la represión
sin límites que había ejercido sobre la sociedad y las rebeliones reprimidas por la
Unión Soviética en algunos de los países del este europeo, no resistieron las refor-
mas introducidas por Gorbachov en 1987 (la Perestroika –reconstrucción econó-
mica–-) y 1988 (la Glásnost –apertura política–-). Y en lo económico, la sustitu-
ción del mercado por la planificación centralizada, basada en un sistema artificial
de precios, se demostró como un pésimo asignador de recursos y un desincentiva-
dor del trabajo, que incidieron en su progresivo estancamiento económico. 

• El modelo keynesiano: un capitalismo con rostro humano


Por su parte, el modelo keynesiano nacía de las propias cenizas del modelo
clásico, cuyas bases teóricas revisaba en toda su extensión. Keynes desarrolló el
grueso de su teoría en uno de los periodos más complicados de la historia uni-
versal: el que media entre las dos guerras mundiales (1918-1939), un periodo
muy inestable política y económicamente, sobre todo en Europa. A esta situación
contribuyó de forma decisiva la crisis económica que se desencadenó en 1929 en
Estados Unidos y que rápidamente se transmitió a Europa y al resto del mundo.
Como resultado de la misma, en muchos países europeos se impuso el más puro
bilateralismo en el comercio; y, en algunos del Este, se llegó prácticamente a la
autarquía (Polonia, Hungría y Rumanía). 
140 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

En el ámbito político, la crisis económica de 1929 impidió la consolida-


ción de las democracias europeas y facilitó el nacimiento de los autoritarismos
que se extendieron como una mancha de aceite por un gran número de paí-
ses (Alemania, Bulgaria, Eslovaquia, Italia, Rumanía, etc.), en buena medida
utilizando como argumento su oposición al peligro bolchevique que se había
instalado en la URSS. 
Keynes no solo vivió estas situaciones, sino que fue un actor destacado en
los principales foros del momento: Conferencia de Paz de París de 1919, sobre
las reparaciones de Alemania en la PGM (cuyo desacuerdo quedó reflejado en
su magnífico libro Las consecuencias económicas de la paz); New Deal, el ambi-
cioso programa de reformas económicas y sociales de lucha contra la crisis de la
Administración Roosevelt, sobre el que fue consultado; en la creación, en 1945,
del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), en el que
tuvo un papel muy destacado, etc. 
El libro que le ha dado fama universal a Keynes ha sido la Teoría general del
empleo, el interés y el dinero, publicado en 1936, que causó una auténtica revolu-
ción entre sus contemporáneos. Sus aportaciones a la teoría económica eran tan
importantes que, tras él, las escuelas del pensamiento económico se clasifican en
keynesianas y anti-keynesianas. Se le puede considerar, con todos los merecimien-
tos, como el padre de la macroeconomía. 
Sostiene el propio Keynes que su crítica a la teoría clásica, no ha consistido tan-
to en buscar sus defectos, sino en señalar que los supuestos en que los que se basa,
raramente se cumplen; por eso no puede resolver los problemas del mundo real. Las
principales críticas, pueden resumirse, a grandes rasgos, en las siguientes: 
- La economía no funciona en competencia perfecta, sino en imperfecta. Los
monopolios y, en general, la competencia imperfecta, no son una anomalía
en la realidad económica, sino que cada vez tienen más presencia en la mis-
ma, como pondría de manifiesto la discípula de Keynes, Joan Robinson.
No se pueden relegar al olvido, como hacen los clásicos, sino que deben ser
incorporados al modelo. 
- La ley de Say es falsa. Los mercados no son flexibles. No se puede presu-
poner, como sostiene la teoría clásica, que toda oferta genera su propia
demanda y que se alcance el nivel de equilibrio con pleno empleo de forma
automática. Si una parte de la renta se ahorra y no se gasta, la economía
puede entrar en equilibrio con desempleo. 
- El dinero es un activo que puede ahorrarse. Para Keynes el dinero, además de
ser un medio de pago por motivo de transacción, es también un activo que
se puede ahorrar e invertir cuando se espera obtener una mayor rentabili-
dad del mismo (motivo especulativo). 
Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 141
Donato Fernández Navarrete

- Las decisiones de ahorrar y de invertir, son bastante independientes entre sí.


El ahorro es la parte de la renta no consumida, en tanto que la inversión
depende de muchas variables: estabilidad política, tipos de interés, ren-
dimientos esperados, etc. En épocas de depresión, es posible que exista
ahorro y no se invierta todo él, lo que origina recursos ociosos.
- El tipo de interés depende de la oferta y demanda de dinero. Es falso, como
suponen los clásicos, que el tipo de interés depende del ahorro y la inver-
sión: depende de la oferta y demanda de dinero. La oferta monetaria o
cantidad dinero, la controla la autoridad monetaria (a través del banco
central), mientras que la demanda depende de las preferencias del público.
Por lo tanto, en épocas de depresión, cuando los tipos de interés suelen ser
reducidos, si la autoridad monetaria decide incrementar la oferta de dine-
ro, de no existir una demanda suficiente que la absorba, no se reactivará la
inversión debido a la trampa de liquidez. 
- Salarios y paro. La doctrina clásica sostiene que reduciendo los salarios, se
soluciona el paro. Para Keynes, este supuesto también es falso: los salarios
dependen del consumo y la inversión; es decir, de la demanda agregada.
Si se reducen los salarios, dicha demanda disminuye y, en consecuencia, la
renta también lo hará y el paro se incrementará. 
- El Estado debe ser un actor económico. El papel del Estado como regulador
de la actividad económica, es, sin duda, una de las mayores aportaciones
keynesianas. Al introducir en su modelo que, en periodos de depresión,
puede ahorrarse y no invertirse, se puede incrementar el gasto público para
utilizar tales recursos ociosos e incluso incurrir en déficit. Esta es una de
las claves básicas para luchar contra los ciclos económicos: en las crisis,
el problema reside en la insuficiencia de la demanda efectiva y sus duras
consecuencias sobre el empleo. En otras palabras, es necesaria la presencia
activa del sector público en la economía con el objeto de suplir las caren-
cias del sector privado. 
Pero la teoría keynesiana también contiene un mensaje político de la máxima
importancia en esos momentos. Keynes constata el relativo éxito en la creación
de empleo de los programas públicos llevados a cabo por regímenes autoritarios
en su lucha contra la crisis económica. Señala al respecto:
Los sistemas de los estados totalitarios de la actualidad parecen resolver el pro-
blema de la desocupación a expensas de la eficacia y la libertad…, pero puede
ser posible que la enfermedad se cure por medio de un análisis adecuado del
problema, conservando al mismo tiempo la eficiencia y la libertad.3

  Keynes, John M.: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero.  México, Fondo de
3

Cultura Económica, 1965, p. 335.

142 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156


Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

Por lo tanto, un capitalismo regulado y controlado por el Estado puede ser


económicamente eficiente y plenamente compatible con la democracia. Para ello,
hay que hacer las correspondientes reformas que sean compatibles con la defensa
de las libertades económicas y políticas. 
El capitalismo después de Keynes, y gracias a él, tuvo que cambiar su ros-
tro, pero se hizo mucho más potente. De ese capitalismo más democrático y
redistribuidor surgió una de las principales conquistas sociales: el Estado de
bienestar.
El modelo keynesiano fue el que imperó en Europa Occidental y en otros paí-
ses desarrollados hasta la crisis de los setenta del pasado siglo (del sistema Bretton
Woods, y del petróleo).

El neoliberalismo y las crisis del siglo XXI: la era de la incertidumbre


A partir de la crisis de los setenta, el keynesianismo fue progresivamente sus-
tituido por el modelo neoliberal. En el cambio de paradigma influyeron tres fac-
tores decisivos: en primer lugar,  los demoledores efectos -inflación, paro, etc.- de
la mencionada crisis; en segundo lugar, los programas económicos liberalizadores
de la economía que pusieron en marcha en los ochenta Thatcher y Reagan, ambos
muy influenciados por Milton Friedman, y, en tercer lugar, la desmembración de
la URSS tras la caída del Muro de Berlín en 1989, lo que daría lugar al surgimien-
to de un mundo unipolar regido por Estados Unidos. 
Aunque era ya evidente la presencia de las multinacionales, los sectores bási-
cos de la economía todavía estaban, de alguna forma, controlados por el Estado,
básicamente a través de empresas públicas nacionales que operaban generalmente
en régimen de monopolio. Todo eso fue cambiando a partir de los años ochenta.
Se procedió a la desregulación económica, a la privatización de empresas públicas,
a la internacionalización –principalmente financiera–-, a la deslocalización de la
producción, etc. De este proceso resultó una creciente concentración de empresas
que operaban en régimen de oligopolio imponiendo sus precios a los consumido-
res; a lo hay que añadir la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y
la comunicación (TIC) y su incidencia en el cambio de las relaciones sociales. A
todo eso le llamamos globalización. Es en ese contexto en el que se han producido
las dos grandes crisis del siglo XXI: la de 2008, conocida como la Gran Recesión,
y la de 2020, la del coronavirus, que pasamos a analizar.

• Neoliberalismo: libertad para el más fuerte


El modelo neoliberal no es propiamente una doctrina económica. Se limita a
recuperar el modelo clásico (de A. Smith, Ricardo y otros), revestido de un nuevo
Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 143
Donato Fernández Navarrete

ropaje ideológico ajustado a la situación del momento. Es una corriente ideológi-


ca favorable a un mercado libre y sin restricciones. 
El término neoliberalismo se le atribuye al profesor de economía alemán,
Alexander Rüstow, que lo utilizó por primera vez en el Coloquio de Walter
Lippmann (en honor del célebre periodista), celebrado en París en 1938, con el
objeto de debatir alternativas a las intervenciones públicas del momento, en parti-
cular al New Deal de Roosevelt y los programas sociales británicos. Consideraban
que atacaban las libertades individuales y que eran tan dañinos como el nazismo o
la propia planificación rusa. Al mismo asistieron los más prestigiosos economistas
liberales del momento, entre ellos, Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises y
Wilhelm Röpke. 
Por entonces, las ideas liberales estaban relegadas al ostracismo y así continua-
ron por unas décadas: las del triunfo del keynesianismo. Silenciosamente, los neo-
liberales, de la mano de Hayek y otros, fueron reclutando –-sobre todo en Estados
Unidos y Reino Unido–-, intelectuales e instituciones financieras favorables a su
causa. Son buenos ejemplos las Escuelas de Economía de las universidades de
Chicago y Virginia, el American Enterprise Institute, la Heritage Foundation,
el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies, el Adam Smith
Institute, etc. La corriente liberal se fortaleció considerablemente con la crisis
económica de los setenta que le ofreció la oportunidad de criticar, desde todos los
frentes, al keynesianismo aduciendo que sus postulados, basados sobre la deman-
da, no eran apropiados para luchar contra la misma, que había sido provocada
por factores de oferta. Lo que procedía, en esta situación, era eliminar las rigideces
que atenazaban a la economía, y lo más adecuado era su desregulación y la dismi-
nución del peso del Estado.
El principal teórico e ideólogo del nuevo paradigma fue Milton Friedman,
padre de la Escuela de Chicago. Sus principales ideas se contienen en dos de
sus libros: Capitalismo y libertad (1962) y Libertad de elegir (1980). Ambos
pasarían a ser el catecismo del pensamiento económico conservador-liberal
que orientaronó, durante un tiempo, las políticas monetaristas de la Reserva
Federal de EE. UU. y del Banco de Inglaterra, y que pronto las abandonaron
por inconsistentes. Sus ideas también influyeron en los organismos econó-
micos internacionales radicados en Washington (FMI y BM) y en algunos
gobiernos, caso de Pinochet en Chile. 
En Capitalismo y libertad, Friedman sostiene que la organización de la acti-
vidad económica en un capitalismo competitivo ha de sustentarse en empresas
privadas y en valores e instituciones políticas favorables a la libertad, ya sean eco-
nómicas o políticas; porque un capitalismo sin libertades políticas está condenado
al fracaso. Parte del supuesto de que la libertad económica producirá crecimiento
y que este se extenderá, por efecto derrame, a todas las capas sociales. 
144 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

Los neoliberales defienden un mercado libre y universal con las menores interfe-
rencias posibles. Lo predican para todo tipo de mercados, ya sean de bienes, financie-
ros, de trabajo, educación, sanidad o incluso de drogas. Todo se confía al principio de
eficiencia de los mercados y a la teoría de las expectativas racionales. 
Un buen conocedor de este modelo, Joseph Stiglitz, en Capitalismo progre-
sista. La respuesta a la era del malestar, lo entiende de otra manera. Dice del
liberalismo que es una ideología político-económica al servicio de una minoría,
que pretende saltarse los controles económicos y las reglas de la democracia y el
Estado de Derecho. 
Lo que esconde el modelo neoliberal con la sacrosanta virtud de libertad de
los mercados, es la defensa a ultranza del capital frente al trabajo (se opone a los
sindicatos y a todos los colectivos que defienden sus intereses), en su lucha del
reparto de las rentas. Un mundo de libertades que, en palabras de Monbiot, se
refugia en el anonimato:
Modelos de franquicias que aseguran que los trabajadores no sepan para
quién trabajan; empresas registradas en redes de paraísos fiscales tan com-
plejas y secretas que ni la policía puede encontrar a sus propietarios; siste-
mas de desgravación fiscal que confunden a los propios Gobiernos y pro-
ductos financieros que no entiende nadie.4
El neoliberalismo fue avalado por los principales organismos económicos in-
ternacionales. El economista británico, John Williamson, lo bautizó, en 1989,
como Consenso de Washington (por radicar su sede en dicha ciudad). El recetario
económico del Consenso de Washington se fundamenta en los siguientes princi-
pios: disciplina presupuestaria, basada en la disminución de tipos impositivos y
en el control del gasto público; liberalización de los tipos de interés, de los tipos
de cambio, del comercio internacional y de las inversiones extranjeras; desregu-
lación de la actividad económica; privatización de las empresas públicas, y salva-
guardia y garantía de los derechos de propiedad (garantía para el inversor de que
su propiedad no sería expropiada y de que los créditos serían devueltos).
La desregulación de la actividad económica y la privatización de empresas pú-
blicas, que fueron fenómenos paralelos en el tiempo, se iniciaron a gran escala, en
el RU por el gobierno de Thatcher y en Estados Unidos por el de Reagan. De ahí
se extendió a otros países, entre ellos, a España (fue iniciada por Felipe González
y concluida por el gobierno de Aznar). 
Está al alcance de cualquiera que observe la realidad económica que, cuando
se producen privatizaciones, sobre todo de servicios esenciales, se generan, tres

4
  Mombiot, George.: “Neoliberalismo: la raíz ideológica de todos nuestros problemas”, Diario.
es, (1-V- 2016). (https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/neoliberalismo-raiz-ideolo-
gica-problemas_1_4016189.html).

Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 145


Donato Fernández Navarrete

efectos inmediatos: un deterioro en la calidad de su prestación, un encarecimien-


to en su coste y una reducción del empleo. Por lo general, la libertad del consu-
midor se limita a elegir entre empresas oligopolistas, con contratos de adhesión
que contienen oscuras cláusulas que casi nadie lee ni entiende.
Los efectos de la globalización no han sido los mismos en todas partes. En
EE. UU. y RU, precursores del proceso han resultado, por lo general, negativos para
la industria: se ha producido una considerable deslocalización de empresas en busca
de reducción de costes; en cambio, se han beneficiado considerablemente países tales
como China o India y otros. También ha tenido consecuencias políticas: la precarie-
dad e inseguridad creciente del mercado laboral han provocado el surgimiento de
corrientes políticas populistas defensoras del proteccionismo y hasta de la xenofobia.
De ello son buenos ejemplos el triunfo del Brexit en el Reino Unido -para salir de la
Unión-, la elección de Donald Trump en Estados Unidos y de Bolsonaro en Brasil, el
separatismo catalán en España, la radicalización del islamismo, etc. 

• La crisis de 2008: el liberalismo no responde


Los excesos desreguladores de la economía, sobre todo de la financiera, a partir
de los ochenta del siglo XX, fueron los grandes responsables de la crisis de 2008. 
En los inicios del siglo XXI, se produjeron en EE. UU dos hechos que expli-
can los antecedentes inmediatos de dicha crisis. El primero, fue el pinchazo de
la burbuja tecnológica (la caída en bolsa de las cotizaciones de las empresas pun-
tocoms), que llevó a los inversores a buscar otros activos más seguros, entre ellos,
la vivienda; y el segundo, los atentados terroristas de 2001 que obligaron a la
Reserva Federal a bajar los tipos de interés para mantener la actividad económica.
En busca de su rentabilidad, los bancos estadounidenses comenzaron a conce-
der créditos hipotecarios cuyos tipos de interés y comisiones crecían en la medida
en que lo hacía la insolvencia del prestatario. Es lo que se conoce como hipotecas
subprime o hipotecas basura. La mayor parte de estos créditos hipotecarios, debi-
damente empaquetados (por grupos y con distinto grado de riesgo), los bancos
los titularizaron y los vendieron –a un interés menor al de concesión– a otros
bancos, a los hedge funds (fondos de cobertura de riesgos o también fondos de
inversión libre) que, a su vez, eran administrados por bancos de inversión.
Para controlar la inflación, la Reserva Federal de Estados Unidos, comenzó a
aumentar los tipos de interés a partir de 2007, política que fue seguida por otros
bancos centrales, lo que condujo a incrementar la morosidad en la devolución de
los préstamos y a las quiebras bancarias. Ese fue el caso de Lehman Brothers, el
cuarto de los grandes bancos estadounidenses: el Gobierno de Estados Unidos,
siguiendo la lógica del modelo neoliberal, y tras no encontrar comprador, lo dejó
quebrar, el 15 de septiembre de 2008, 
146 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

La quiebra de Lehman  Brothers, produjo un pánico financiero generalizado


y una profunda desconfianza en el sector bancario. Como resultado de la mis-
ma, se paralizó el mercado interbancario, hubo una masiva retirada de dinero
por parte del público de sus cuentas y cayeron de forma brusca las cotizaciones
en la bolsa. 
En la UE, la situación fue más grave: al efecto subprime estadounidense –en
el que habían participado numerosos bancos– se añadió el de la deuda pública
en varios de sus Estados. El más importante fue el de Grecia, que durante años
había tenido mayor deuda de la comunicada a la Comisión, lo que levantó con-
siderables sospechas sobre el control de ésta sobre la eurozona. La reacción de los
mercados frentes a la deudas soberanas, fue la de incrementar su coste, haciéndose
popular un concepto hasta esos momentos prácticamente desconocido: la prima
de riesgo; esto es, la diferencia entre el tipo de interés que pagaba cualquier país
de la eurozona por sus bonos a largo plazo con el que pagaba Alemania, que era
el tomado como referencia. 
La crisis puso en cuestión la propia supervivencia del sistema capitalista. El
neoliberalismo no ofrecía ninguna respuesta, porque no la tenía. Hubo que re-
currir de nuevo al keynesianismo, a la intervención del Estado, para solventar la
situación. Los neoliberales lo admitieron silenciosamente: en tiempo de crisis,
todos somos keynesianos.
Con toda celeridad, a propuesta de Nicolas Sarkozy, entonces presidente de
la República francesa y presidente de turno de la Unión Europea, se convocó el
llamado Grupo de los 20 (G-20, creado en 1999), los 20 países más desarro-
llados del mundo para buscar, de forma coordinada, soluciones a la crisis. El
G-20 se reunió en tres ocasiones entre noviembre de 2008 y octubre de 2009
(en Washington, Londres y Pittsburg, respectivamente); las dos últimas con la
asistencia de Obama como presidente de Estados Unidos, que reconoció la res-
ponsabilidad de su país en el origen de la crisis. 
Como resultado de tales encuentros, se adoptó un ambicioso plan de actua-
ciones. Se acordó una intervención pública masiva para revertir la situación de
crisis; se dotó a los organismos multilaterales crediticios con un billón de dólares
para que pudieran conceder créditos; se comprometió una reforma profunda del
sistema financiero para no dejar quebrar a ningún otro banco o aseguradora; y
también se adquirió el compromiso de luchar contra el proteccionismo.
Bajo estas premisas, los gobiernos de los países con problemas, que eran mu-
chos, procedieron a regular, supervisar e intervenir el negocio bancario. El Tesoro
Público de EE. UU. y el de los Estados de la Unión pusieron a disposición de los
bancos en dificultades ingentes cantidades de recursos públicos, ya fuera para na-
cionalizarlos o concederles incentivos de todo tipo para que fueran adquiridos por
otros bancos saneados (recuérdese el caso de las cajas de ahorro españolas). 
Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 147
Donato Fernández Navarrete

Estados Unidos prestó ayuda o rescató a 24 bancos y en Europa esta acción se


extendió a  más de 60. En el primer caso, el coste de la crisis bancaria ascendió a
unos 350 mil millones de dólares y, en el conjunto de la Unión, en torno a 565
mil millones (solo Alemania empleó unos 225 mil millones y España, 41,3 mil).
En Estados Unidos,  las ventas de esos activos intervenidos permitieron recuperar
en su totalidad los recursos públicos empleados. No ocurrió así en la Unión –caso
por ejemplo de España–- debido a la debilidad de la bolsa, lo que ha obligado a
transferir tales pérdidas al presupuesto, incrementando el déficit público. 
Estas sobrecargas sobre las deudas soberanas, que ya estaban muy afectadas,
obligó a la Unión a intervenir la economía de cinco Estados de la Eurozona:
Grecia, Irlanda, Portugal, España y Chipre; los tres primeros, de forma integral
y los dos últimos parcialmente (sus sectores financieros). La troika impuso, en
todos los casos, duros programas de ajustes (presupuestarios y de reformas es-
tructurales), que contribuyeron a deteriorar mucho más su situación económica. 
Los bancos centrales también contribuyeron a la salida de la crisis. Lo hicieron
recurriendo a una medida no convencional conocida como Quantitative Easing
(expansión cuantitativa de dinero), consistente en la compra de activos finan-
cieros con el fin de que la banca comercial se dedicase a su función tradicional:
dar créditos al sector privado en lugar de al tesoro. La inició el Banco Central
de Japón a comienzos del presente siglo y fue seguida, a partir de 2008, por la
Reserva Federal de Estados Unidos (FED) y el Banco de Inglaterra. En la eurozo-
na, también la arbitró el BCE en 2015, aunque no de forma directa, sino a través
del mercado secundario, al tener prohibida legalmente la financiación directa de
las Administraciones públicas. 

• La coronacrisis: ¿salud salud o economía?


Cuando algunos países apenas se habían recuperado de la gran recensión de
2008 y la situación económica internacional era de gran inestabilidad por las
continuas y provocadoras medidas de Trump, apareció, a finales de 2019, la crisis
sanitaria de la COVID-19, de consecuencias todavía imprevisibles. 
En este caso, la crisis no ha sido provocada por factores económicos, sino por
la naturaleza. No es la primera crisis de origen natural. A lo largo de la historia
han existido muchas y con graves consecuencias económicas. Baste recordar, entre
otras, la peste antonina (o de Galeno, en honor del médico que la descubrió), una
de las primeras de las que se tiene noticias, una pandemia de viruela que se inició
en el año 165, originaria de oriente y que afectó al Imperio romano causando la
muerte de entre tres y cinco millones de personas; la peste de Justiniano (nombre
que tomó del emperador bizantino,  Justiniano  I, que la padeció personalmente,
aunque sobrevivió a ella), del año 541, de origen desconocido, aunque se atribuye
148 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

a algún puerto del este de África y que produjo entre 25 y 50 millones de muer-
tos; la peste negra, iniciada en 1346 y probablemente originaria de Uzbekistán,
la más letal de la historia (murieron entre 75 y 200 millones y aún con brotes
activos), que fue causada por la bacteria Yersinia pestis y transmitida por las ratas;
la mal llamada gripe española de 1918, originaria del Estado norteamericano de
Kansas, virus que fue transmitido por el movimiento de tropas al final de la PGM
y que causó unos 50 millones de muertos; el virus de inmunodeficiencia adquiri-
da (VIH) de 1981, conocido como SIDA, de origen animal, que se transmite por
contacto humano y que ha producido unos 25 millones de muertes, etc.
La actual pandemia ha sido provocada por un virus, de la familia de los co-
ronavirus, que afecta a humanos y a algunos animales, habiéndose transmitido
de éstos a los primeros. Su nombre obedece a su composición formada por una
comunidad de virus que tienen una especie de corona alrededor del núcleo cen-
tral del mismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha bautizado
como SARS-CoV-2 por su  proximidad al SARS (severe acute respiratore respira-
tory syndrome o síndrome respiratorio agudo severo), que se propaga por contacto
entre personas. La enfermedad contagiosa que lo transmite, recibe el nombre de
COVID-19 (Coronavirus disease 2019). 
La COVID-19 se detectó en el mercado mayorista de mariscos de la ciu-
dad china de Wuhan, a mediados de diciembre de 2019, aunque algunas teorías
conspirativas de tipo político –difundidas desde el entorno de Trump–,- y que
los científicos rechazan, la atribuyen a una acción provocada de forma directa o
negligente por parte de China. Las autoridades chinas notificaron la nueva enfer-
medad a la OMS el 31 de diciembre de dicho año. El 11 de marzo de 2020, el
director general de la OMS, Tedros Adhanom, comunicó que la epidemia pasaba
a ser declarada pandemia.
Desde Wuhan se transmitió a otras partes de China y Hong Kong, a países
limítrofes (Corea del Sur, Japón, Singapur, Taiwán, Tailandia, etc.) y a Europa,
vía Milán, Turín y París; y, desde esos focos, a la práctica totalidad de países y
territorios del mundo. 
Con la finalidad de controlar su expansión (por el colapso sanitario que se
estaba produciendo), las autoridades restringieron, entre otras libertades, la de
movimiento de la población (bien a escala nacional, regional o local), lo que,
en términos redondos, ha afectado aproximadamente a la mitad de la población
mundial. El primer Gobierno que decretó la cuarentena fue el chino, el 23 de
enero de 2020, circunscrita a la provincia de Hubei, a la que pertenece la ciudad
de Wuhan. España declaró el Estado de Alarma a escala nacional, el 14 de marzo
de dicho año, obligando a la población a uno de los confinamientos más duros
entre los países europeos.
Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 149
Donato Fernández Navarrete

Operando con las estadísticas del Coronavirus Resource Center de la Johns


Hopkins University, a 6 de octubre de 2020, la COVID-19 había infectado, hasta
esa fecha, a 35. 687. 343 personas en el mundo, de las que 1. 048. 742 habían fa-
llecido y 26. 871. 025 se habían recuperado. En términos absolutos, los países con
más infectados habían sido, por este orden: Estados Unidos (7. 722. 746), India
(6. 754. 179), Brasil (4. 970. 953),  Rusia (1. 237. 504), Colombia (869. 808)
Perú (832. 929) y España  (825 .410). Esos siete países representan el 28.1 %
de la población mundial, pero sus afectados, suponían hasta esos momentos el
65,0 % del total mundial y los fallecidos el 55,5 %. Si tomamos el número de
afectados por cada 100. 000 habitantes, en ese grupo de países, el primer lugar
lo ocupaba Perú con 2.603,7 casos y el último la India con 499,2 (España con
1.758,4, ocupaba el cuarto lugar). Por número de fallecidos, también por cada
100. 000 habitantes, el primer lugar correspondía igualmente a Perú con 102,9
y el último a India, con 7,7 (España ocupaba el tercer lugar, con 69,2). Entre
los países que más éxito han tenido en combatir la pandemia (muertos por cada
100. 000 habitantes), se encuentran, por este orden: Angola, Antigua y Barbuda,
Afganistán, Argelia, Alemania, Albania, Arabia Saudí, Armenia, etc. A la vista de
los resultados, puede decirse que, hasta esa fecha, los países desarrollados no han
tenido, en general, más éxito que los subdesarrollados en su combate. 
Para controlar la expansión de la pandemia, la mayor parte de los países han
sacrificado temporalmente gran parte de su actividad económica. Solo se han
mantenido activas las estrictamente necesarias, tales como las agrarias y cadena
alimentaria, las de otros bienes y servicios de primera necesidad, las relacionadas
con la sanidad (centros hospitalarios, farmacias, ópticas y productos ortopédicos),
productos higiénicos, combustibles, telecomunicaciones, comercio electrónico y
pocas más. En esta tesitura, ha entrado en juego el debate sobre el binomio sa-
lud-economía, ¿cuál de ellos debe atenderse con prioridad? En realidad se trata
de un falso dilema porque ambos son necesarios para subsistir, lo que obliga a
combinarlos en las proporciones adecuadas. 
Las restricciones en la oferta, automáticamente, se han trasladado a la deman-
da. La limitación de la movilidad de la población (que se hace máxima en el caso
de confinamiento domiciliario) y la incertidumbre que ha despertado la situación
sobrevenida, han afectado gravemente a la demanda en todos sus componentes, y
de manera especial a los que tienen una elasticidad-renta más elevada (superior a
1), como son los casos, por ejemplo, de la compra de automóviles, ocio y cultura,
restauración (bares, restaurantes, hoteles), etc., que absorben gran cantidad de
empleo. 
Es obvio que la crisis económica durará hasta que no se consigan los reme-
dios adecuados para combatir la sanitaria, y se deposita la confianza en encon-
trar pronto una vacuna que inmunice a la población. Según la OMS, en estos
150 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

momentos, se están investigando unas 180 de las que 35 ya se están en fase de


ensayo humano, aunque ninguna de ellas –-según este Organismo–-, estará ple-
namente operativa antes de 2021. Por lo tanto, antes de esa fecha parece poco
probable que se produzca una clara recuperación económica que, en cualquier
caso, llevará unos años más en alcanzar los niveles macroeconómicos de pre-crisis
(los de 2019). Al desconocerse la duración de la crisis sanitaria, no se puede eva-
luar el de la económica y, sobre todo, los efectos que tendrá, aunque se vaticina
que pueden ser superiores a los que originó la Gran Depresión de 1929.
La incertidumbre es tal que, hasta el momento, los principales organismos
internacionales, apenas se arriesgan a realizar previsiones más allá de 2021. Las
publicadas para 2020 sobre la economía mundial, son muy negativas. Por ejem-
plo, las caídas del PIB que estima el FMI, en su Informe de Perspectivas Financieras
de la Economía Mundial para octubre de 2020 en los principales países, son las
siguientes (en % respecto a 2019): España, - 12,8; Italia, - 10,6; India, - 10,3;
Francia y  Reino Unido, - 9,8; México, - 9,0; Sudáfrica, - 8,0;  Canadá, - 7,1;
Alemania, - 6,0; Brasil, -5,8; Japón, 5,3; Rusia, - 4,1, etc. Para el único país im-
portante que prevé un crecimiento positivo, aunque sea pequeño, es China, 1,9.
El caso de España es muy llamativo: encabeza todos los rankings en caída del
PIB entre los países desarrollados para 2020. Estimaciones que confirman, con
ligeras diferencias, los organismos españoles más acreditados: Banco de España,
BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria), Funcas (Fundación de las Cajas de
Ahorros), AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), etc.
España es, en fin, uno de los países que hasta el momento peor ha gestionado la
crisis sanitaria, lo que se atribuye principalmente a la descapitalización que sufrió
la sanidad en la crisis de 2008; a los errores iniciales del Gobierno en la toma de
decisiones y, sobre todo, a la mala coordinación entre el gobierno central y los
autonómicos; y por supuesto también al comportamiento social. La vertiente
económica es muy negativa, aunque en este caso, sí se han tomado medidas rá-
pidas y adecuadas, muchas de ellas consensuadas con las fuerzas sociales; la mala
situación obedece, en buena parte, a la desequilibrada estructura productiva de la
economía española, con un peso muy destacado en las actividades más castigadas
por la crisis: las situadas en el sector de los servicios como son, por ejemplo, el tu-
rismo (un monocultivo en determinadas zonas), la hostelería, el ocio y la cultura,
etc., con gran peso en el PIB y en el empleo. 
La respuesta que están dando los países a la coronacrisis, en particular los
desarrollados, está siendo muy rápida. En general, consiste en arbitrar políticas
fiscales (incremento del gasto público) y monetarias (proporcionar liquidez abun-
dante a través de los bancos centrales) muy expansivas y ágiles, que sean capaces
de reforzar la protección social (proporcionando recursos directos a trabajadores
y hogares), y apoyo a las empresas y autónomos para evitar la quiebra de las más
Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 151
Donato Fernández Navarrete

débiles financieramente. Entre tales medidas y con carácter transitorio (mientras


la economía esté asistida artificialmente en la incubadora), se encuentran las ayu-
das a los cesantes de empleo y otros programas sociales; la suspensión temporal
de impuestos, incluidas las contribuciones a la Seguridad Social; la suspensión del
pago del alquiler y gastos de agua y luz para pymes con problemas; la creación
de fondos de solidaridad  financiera para emprendedores, pymes y trabajadores
independientes; la suspensión, también temporal, de los plazos de las hipotecas;
la concesión abundante de créditos a empresas a través de instituciones crediticias
públicas (o bien con garantía pública de los préstamos privados); la protección
de empresas –en particular las de los grandes de sectores estratégicos–  de ataques
en bolsa, recurriendo, llegado el caso, a la participación pública en sus capitales o
incluso a la nacionalización; el reforzamiento del sistema sanitario y los servicios
de protección civil, etc. 
Por la envergadura de los recursos aprobados, los mayores de su historia, des-
tacan la Unión Europea y Estados Unidos. La UE como tal –al margen de sus
Estados–, pone a disposición de la crisis un total de 2,74 billones de euros; de
ellos, 1,23 billones proceden de recursos ya existentes (casos del BEI, MEDE y
presupuesto común) y del nuevo Fondo de Recuperación que se ha creado; y los
restantes 1,47 billones los proporciona el BCE a través de recompras en el mer-
cado secundario de activos públicos (deuda pública de los Estados) y privados
(compra de acciones de empresas). En el caso de Estados Unidos, el Congreso ha
aprobado un programa de 2,2 billones de dólares (unos 1,9 billones de euros),
que duplica al de 2008 y que se destina a ayudas directas a las familias, ampliación
de la cobertura del desempleo, préstamos a empresas (que no serán reembolsables
si mantienen el empleo y restantes condiciones que se les impone), protección del
sistema de salud y ayudas a sus Estados y ciudades; a esta cantidad hay que sumar
otros 3,3 billones de dólares (unos 2,8 billones de euros) a cargo de la FED (la
Reserva Federal) para la compra de bonos emitidos por los Estados y las ciudades,
para compras de activos de las empresas y para incrementar la capacidad financie-
ra del sistema bancario, etc. 
En fin, la crisis del coronavirus ha sometido al mundo a una gran incertidum-
bre económica. Se prevé que se incremente el proteccionismo –que se evitó en la
Gran Recesión de 2008–, que los precios sean más inestables, que se aumenten
las desigualdades sociales y las migraciones, etc.; y, sí sabemos, ya con certeza,
que habrá mucha más deuda pública y privada, que se hará una aplicación ma-
siva de las nuevas tecnologías y que el teletrabajo ha llegado para quedarse. La
crisis también ha puesto de manifiesto que es necesario enfrentarse con urgencia
a algunos de los problemas que ya existían, que eran conocidos, pero sobre los
que se actuaba con lentitud; y ha sacado a la luz otros nuevos que también es
necesario abordar.
152 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

El modelo económico que emerja de esta crisis, será diferente al que hemos
conocido hasta ahora. Entre los principales retos que se presentan, están, entre
otros, los siguientes: 
- Lucha contra el cambio climático. Existe ya suficiente evidencia científica
que demuestra que de no mediar políticas de reducción de emisiones de
CO2 (los 10 países más ricos son responsables de más del 70  % de las
mismas y China ocupa el primer lugar), la temperatura media mundial
aumentará entre 1,1 °C y 6,4 °C a lo largo del siglo XXI, y los riesgos se
consideran ya irreversibles si se superan los 2 °C sobre los niveles preindus-
triales. Las consecuencias que se derivarán, algunas ya se está viendo, son
bastante graves: fenómenos climáticos más extremos (lluvias intensas, se-
quías prolongadas, grandes olas de calor, etc.), incremento del permafrost
(deshielo del subsuelo de las tierras árticas, que ya se ha iniciado), aumento
de incendios forestales y desertización, desaparición de glaciares y subida
del nivel del mar, variaciones en la distribución –-incluso extinción– de
especies de fauna y flora, incremento de plagas y otras enfermedades, etc.
Si seguimos maltratando a la naturaleza como hasta ahora, vendrán otras
pandemias y quizás más devastadoras que la actual porque, como escribe
Noah Harari,
Al utilizar los humanos su poder para contrarrestar las fuerzas de la natura-
leza y subyugar al ecosistema a sus necesidades y caprichos, pueden causar
cada vez más efectos colaterales no previstos y peligrosos5. 
Según el Informe Stern de 2006 (a demanda del Gobierno británico), el coste
anual de la gestión del calentamiento del planeta lo estima en torno al 1 % del
PIB mundial; pero la no actuación, podría elevarlo entre el 5-20 % de dicho PIB.
Por lo tanto, el debate actual entre salud y economía será sustituido por el de
medio ambiente y economía. 
Incremento de la deuda pública. Es un hecho constatable que esta crisis está
incrementando la deuda pública de todos los países del mundo, lo que llevará a
más inestabilidad en los mercados financieros y a una mayor carga fiscal para los
ciudadanos. Y, probablemente, conduzca a tensiones inflacionistas en los próxi-
mos años, ahora mitigadas por la reducción de la actividad económica.
Aumento de la desigualdad. Se prevé un importante incremento de las des-
igualdades entre Estados y entre los ciudadanos. Esta crisis beneficiará más a las
grandes empresas, principalmente a las tecnológicas y farmacéuticas (que se loca-
lizan en países desarrollados); y, castigará a las actividades de menor valor añadido
(que se sitúan en los subdesarrollados). Entre las 1.600 millones de personas que,

  Noah Harari, Yuval. : Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad.


5

Barcelona, Editorial Debate, 2014, p. 386.

Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 153


Donato Fernández Navarrete

según la Organización Internacional del Trabajo (OMT), se podrían ver afectadas


en el mundo por pérdidas de horas de trabajo como resultado de la pandemia, se
encuentran los miembros más vulnerables de la sociedad, que se emplean en la
economía informal y muchos de ellos en el turismo. También se incrementará la
brecha digital, lo que afectará gravemente –ya lo está haciendo– a la educación;
la falta de infraestructura física y cultural (familiarización con las nuevas tecnolo-
gías), está impidiendo en la actual pandemia que casi la mitad de los estudiantes
del mundo puedan acceder a Internet, como ocurre en los países pobres y en las
capas más bajas de la sociedad.
Repliegue de la globalización. La crisis también nos enseña que tal vez hemos
ido demasiado lejos en la globalización y en la deslocalización de la producción,
que el Estado débil (la abolición de regulaciones, reducción de impuestos, preca-
rización de los salarios, etc.) origina un elevado coste social. 
No se espera que en un futuro se produzcan cambios radicales en el proceso
globalizador, pero sí en alguna de sus vertientes. Eso puede ocurrir con la deslocali-
zación manufacturera, un proceso que ha beneficiado mucho a China, India y otros
países asiáticos y de otros lugares, como por ejemplo, a México. Pero las favorables
condiciones que ofrecían (sobre todo en coste de mano de obra), han cambiado
bastante y esta pandemia las ha acelerado. Los salarios se han ido incrementando
(claramente en China) y la robotización ya permite producir en los países desarro-
llados a costes similares que en los deslocalizados; la lejanía entre la producción y
el consumo aumenta los costes de transporte y, sobre todo, la inseguridad en el
abastecimiento, como ha demostrado la coronacrisis que, en sus inicios, obligó a
cerrar temporalmente muchas de las plantas de producción en China, entre ellas las
de productos farmacéuticos y sanitarios. El proceso de vuelta ya se ha iniciado. Más
de 350 empresas (unas 200 europeas y  150 estadounidenses), lo han hecho o están
en trámite (entre las españolas se encuentran: Brava Beer, Berria Bike, Dicarcono,
Orbea, Mango, NBI Bearings Europe, etc.); o bien han paralizado sus planes de
inversión, entre las que están algunas automovilísticas norteamericanas. 
Pero mientras la producción de bienes puede retroceder e incluso incrementar
el proteccionismo, aquellas actividades que permitan el teletrabajo, que son cada
vez más, se pueden expandir permitiendo que las empresas contraten su mano de
obra allí donde se encuentre. El teletrabajo, acelerado por la pandemia, incremen-
tará la deslocalización de los trabajadores, nacionales y extranjeros.
Menos multilateralismo y más proteccionismo. Estados Unidos, el adalid del
nuevo orden internacional tras la SGM, no ha cesado de ponerlo en cuestión
desde los años setenta en adelante (recuérdese el cambio en las reglas del FMI),
apostando por el unilateralismo y el bilateralismo frente al multilateralismo. 
Con Trump se han superado todos los límites imaginables, al romper o cues-
tionar la mayoría de los grandes consensos mundiales en la búsqueda de un mayor
154 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156
Ideologías y crisis económicas. La experiencia del siglo XXI

proteccionismo para EE. UU. Comenzó con la retirada de EE.UU, en enero de


2017, del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, firmado en febrero
de 2016; en junio de 2017, se retiró del Acuerdo de París contra el cambio cli-
mático, firmado en abril de 2016 por 195 países; en diciembre de 2017, aban-
donó el Pacto Mundial de la ONU sobre Migración y Refugiados; en mayo de
2018, lo hizo con del  Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio
(INF), firmado con Rusia en  1987 y, en diciembre de 2018, abandonó la Unesco
(Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).
Trump también ha criticado duramente, incluso con amenazas de retirada, a la
OMC y la OTAN; y ha obligado a renegociar, en 2018, el  Tratado de Libre
Comercio para América del Norte (TLCAN) suscrito en 1994. 
Incremento de las tensiones entre China y Estados Unidos. Tras las reformas aco-
metidas por China a partir de 1978, para dar paso a una economía de mercado,
que coincidieron con las desregulaciones en EE.  UU y RU, China ha tenido,
hasta la crisis sanitaria, una etapa ininterrumpida de intenso crecimiento que le
ha llevado de representar en torno al 4 % del PIB mundial en los años sesenta
del siglo pasado, al segundo puesto del mundo en 2017, con un 16,3 % (tras
EE. UU., con el 24,5%). Es el primer exportador comercial del mundo (con el
12,8 % del total) y el segundo en importaciones (10,2 %), invirtiendo los papeles
con EE. UU. (8,7 % y 13,4 %, respectivamente. 
El superávit comercial de China frente a Estados Unidos es muy elevado (as-
cendió, en 2018, a 323. 000 millones de dólares), saldos que, en buena parte, ha
utilizado para la compra de bonos estadounidenses y otros activos. China es el
principal acreedor de deuda pública de dicho país; y le está disputando la hege-
monía en todos los terrenos, al que superará en un futuro no muy lejano.
La llegada de Trump al poder ha tensionado mucho la situación entre ambos
países (y también, aunque en menor medida, la ha extendido a otros países). En
2018, le declaró la guerra comercial a China bajo el argumento de que realizaba
prácticas desleales en el comercio. Una larga lista de productos importados por
EE. UU de este país (cuyo valor ascendía a 50. 000 millones de dólares), fueron
sometidos a un arancel del 25  %; en reciprocidad, China hizo otro tanto con
sus importaciones americanas. Como resultado, el déficit comercial de Estados
Unidos frente a China se redujo respecto de años anteriores: en 2019 fue de 
295. 800 millones de dólares, pero ambos países lo acusaron en sus tasas de cre-
cimiento del PIB.
Al conflicto comercial, ha seguido el tecnológico, en este caso alegando razo-
nes de seguridad nacional por su posible uso militar. En mayo de 2019, Google
anunció que dejaría de suministrar a la empresa china Huawei, actualización de
sus aplicaciones. Y ha proseguido con el principal cliente de Huawei, la también
empresa pública china Semiconductor Manufacturing International Corporation
Alcores, 24, 2020, pp. 137-156 155
Donato Fernández Navarrete

(SMIC), el mayor productor de semiconductores de este país que tiene pretensio-


nes de crear una industria de chips independiente de EE. UU.; para impedirlo,
el Departamento de Comercio americano, exigirá a las empresas estadounidenses
que trabajen con SMIC una licencia para exportar sus productos a la mencionada
compañía. 
En conclusión, el mundo económico que se avecina será diferente al que he-
mos conocido hasta ahora. La globalización proseguirá, pero experimentará cier-
tos cambios, sobre todo en la deslocalización de la producción de actividades
esenciales, que serán más protegidas por los Estados. La digitalización, la roboti-
zación y otras tecnologías, alcanzarán unas dimensiones hasta ahora desconoci-
das. Se prevé que se incrementen las desigualdades económicas y, como resultado,
las migraciones y los conflictos sociales.

156 Alcores, 24, 2020, pp. 137-156


Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 ISSN: 1886-8770

El retorno de la pasión democrática.


Desigualdad y repliegue nacional en
Europa, 2007-2020
Héctor Romero Ramos1
UNED2
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2020

Resumen: En la literatura última sobre la crisis de la democracia predominan, de un


lado, las perspectivas políticas e institucionales frente a las sociales y culturales y, de otro
lado, el análisis de las acciones frente al de las estructuras. En este trabajo reflexionamos
sobre la situación actual atendiendo a la relación entre la cultura de la democracia y
las bases sociales que la hacen posible, valiéndonos de las ideas de Tocqueville sobre la
igualdad de condición y el papel de las emociones en la vida política, explorando sus
manifestaciones ambivalentes y poniendo el foco en los efectos que sobre las sociedades
democráticas han tenido la Gran Recesión y la llamada crisis de los refugiados. Se cierra
con un apunte sobre la tercera crisis sucesiva y aún en curso: la crisis sanitaria provocada
por la pandemia de covid-19.

Palabras clave: democracia, desigualdad, bases sociales de los regímenes políticos, crisis de
los refugiados.

Abstract: In the latest literature on the crisis of democracy, on the one hand, political and
institutional perspectives prevail over social and cultural ones and, on the other hand,
the analysis of actions versus that of structures. In this paper we reflect on the current
situation, taking into account the relationship between the culture of democracy and
the social bases that make it possible, making use of Tocqueville’s ideas on equal status
and the role of emotions in political life, exploring its ambivalent manifestations and
focusing on the effects that the Great Recession and the so-called refugee crisis have had
on democratic societies. It closes with a note on the third successive crisis, still ongoing:
the health crisis caused by the Covid-19 pandemic.

Keywords: democracy, inequality, social bases of political regimes, refugees’s crisis.

1
  Agradezco a Julio del Pino y Andrés Pedreño su lectura de la primera versión de este artículo. Por
distintas razones no he podido incorporar todas las sugerencias que me hicieron, que habrían mejorado
sustancialmente este trabajo.
2
  Departamento de Sociología I (Teoría, Metodología y Cambio Social)

159
Héctor Romero Ramos

Introducción
Durante estas primeras dos décadas del siglo XXI hemos caído en la tentación,
quizá inevitable y no necesariamente estéril, de trazar paralelismos históricos con
las décadas convulsas que definieron la primera mitad del siglo pasado y cuyos
acontecimientos y su memoria nos persiguen y determinan hasta hoy. Aunque los
años previos a la Gran Guerra del 14 han quedado fijados en nuestro conocimien-
to convencional como una época idílica, el historiador alemán Philipp Blom, en
su libro Años de vértigo (2010), advertía que quienes vivieron aquella supuesta
belle époque no habrían compartido esa visión “embellecida por el recuerdo”:
Fue más cruda y estuvo marcada por fascinaciones y temores mucho más
cercanos a nuestro tiempo. Entonces como ahora, en las conversaciones y
en los artículos periodísticos se hablaba sobre todo del veloz avance de la
técnica, de globalización, de los progresos en el ámbito de la comunicación
y de los cambios que afectaban al entramado social; entonces como ahora,
dejaba su sello en la época la cultura del consumo de masas; entonces como
ahora, la sensación de vivir en un mundo en imparable aceleración, de estar
lanzándose hacia lo desconocido, era arrolladora”3.
La historia cultural de la Europa de principios del siglo XX que nos relata
Blom es una historia donde “se batían marcas de velocidad todas las semanas” y
donde la producción en serie de máquinas fotográficas de mano cambiaba la vida
de todos.
El vértigo estimula, pero también asusta. Hoy nos preguntamos si la nuestra
es una época de aceleración del tiempo histórico donde lo que era un rasgo ar-
quetípico de la experiencia de la modernidad (es decir, de las sociedades urbanas,
capitalistas, individualistas y cientificistas), el orden del cambio, un implacable
y terco aumento del ritmo de cambio social donde “todo lo que era sólido se
desvanece en el aire”, ha devenido en una experiencia frenética de destrucción
creativa donde la incertidumbre, la creciente precariedad y la fragmentación de
las identidades colectivas cercenan todo proyecto de biografía tal como esta solía
entenderse: como una historia coherente y relativamente previsible donde valores
e intereses se adecuaban a un modo de vida. Lo que Richard Sennett llamó “la
corrosión del carácter”.
Con el estallido de la crisis financiera internacional en 2007, muchos comen-
taristas no tardaron en advertir de que fue tras el crac del 29 y la Gran Depresión
que le siguió cuando Europa alumbró los fascismos y muchas democracias que-
braron. El hallazgo retórico de la denominación Gran Recesión para esta nueva
crisis es un indicador de la búsqueda de tal paralelismo histórico. Aunque la ad-
vertencia apenas trascendió entonces el discurso mediático convencional, la crisis

  Blom, Philipp: Años de vértigo. Cultura y cambio en Occidente, 1900-1914, Barcelona, Anagrama,
3

2010, p. 104.

160 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

de los refugiados sirios de 2015/16 (la mayor crisis de refugiados que ha vivido
Europa desde la que provocara la Segunda Guerra Mundial, como no tardó de
nuevo en señalarse) y los efectos que su difícil (y mala) gestión en Bruselas causó,
tanto en cuanto al auge de las formaciones de extrema derecha xenófoba y la
consolidación de gobiernos nacional-populistas en el Este como en cuanto a la
deslegitimación y desencanto que provocó entre los sectores europeístas de orien-
tación liberal y cosmopolita en el Oeste, abundaron en el diagnóstico de la crisis
de las democracias y abrió una discusión fértil sobre la pujanza de los regímenes
“iliberales”. El imprevisto por impensable triunfo en las elecciones presidenciales
de Estados Unidos en 2016 de Donald Trump, quien había desplegado un dis-
curso inusualmente demagógico y conservador, estratégicamente impúdico en su
racismo y su misoginia, así como por su recurso a la manipulación y la mentira en
una campaña sobre la que una hipotética injerencia rusa está aún por esclarecer,
hizo el resto. Desde entonces las voces y publicaciones sobre la quiebra de las de-
mocracias en occidente se multiplicaron, casi siempre con ese elemento común:
la reminiscencia del siglo XX.
“La historia no se repite, pero sí alecciona”, decía Timothy Snyder en el prólo-
go de una de estas obras, su libro Sobre la tiranía4, y en él recordaba que:
(…) la historia de la democracia moderna es también una historia de decli-
ve y caída. Desde que las colonias americanas declararon su independencia
de una monarquía británica que los fundadores calificaban de “tiránica”, la
historia de Europa ha asistido a tres importantes momentos democráticos:
en 1918, tras la Primera Guerra Mundial; en 1945, tras la Segunda Guerra
Mundial; y 1989, tras el fin del comunismo. Muchas de las democracias fun-
dadas en esas coyunturas fracasaron en unas circunstancias que se asemejan
a las nuestras en algunos aspectos importantes. La historia puede familia-
rizar, y puede servir de advertencia. A finales del siglo XIX, al igual que a
finales del siglo XX, la expansión del comercio mundial generó expectati-
vas de progreso. A principios del siglo XX, igual que a principios del siglo
XXI, esas esperanzas fueron puestas en entredicho por nuevas visiones de
la política de masas en las que un líder o un partido afirmaban representar
directamente la voluntad del pueblo.
El tono, como se puede apreciar, es muy parecido al del pasaje del libro de
Blom traído a estas primeras líneas.
No es ahora el momento de recorrer o glosar estas publicaciones5, pero sí me
interesa señalar algunas de sus convergencias en cuanto al enfoque, las líneas de

4
  Snyder, Timothy: El camino hacia la no libertad, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 12-13.
5
  Destacan de entre los libros traducidos al castellano, Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel: Cómo
mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018, y Runciman, David: Así termina la democracia, Barcelona,
Paidós, 2019. Si bien los primeros se sirven de la misma estrategia argumental –comienza el libro recor-
dando la llegada de Mussolini al poder y la marcha sobre Roma y el ascenso del nazismo–, Runciman,

Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 161


Héctor Romero Ramos

causalidad que establecen en sus análisis, y sus propuestas y soluciones. El propio


Snyder publicaba un año después El camino hacia la no libertad: “El siglo XX
estaba muerto y enterrado sin que hubiéramos aprendido sus lecciones. Estaba
naciendo una nueva forma de política en Rusia, Europa y Estados Unidos, una
nueva no libertad para una nueva era”6. El camino hacia la no libertad es en el
relato de Snyder un camino de acontecimientos, de hechos imbricados que van
desde la injerencia de Rusia en Polonia y Ucrania y el debilitamiento diplomático
de la Unión Europea hasta la victoria de Trump, el primer candidato prorruso a
la presidencia de los Estados Unidos. Las causas, a su juicio, son la normalización
de la desigualdad social, la normalización de la propaganda y la reconversión de
una fe en la inevitabilidad histórica del progreso en un relato cargado de victimis-
mo y resentimiento. Y las soluciones pasan, igual que en su libro anterior sobre
la tiranía, por el ejercicio convencido de las virtudes cívicas: “la individualidad,
la resistencia, la cooperación, la novedad, la honradez y la justicia”7. Las causas
del deterioro institucional radican pues en la acción política directa de quien las
socava, y para sostenerlas se requiere del ejercicio cotidiano de la virtud política
de los ciudadanos.
Para Levitsky y Ziblatt8, la amenaza viene también de la mano de la acción po-
lítica del potencial tirano, pero lo que resulta determinante para su triunfo, como
demuestran los casos del fascismo italiano, el nazismo alemán y la Venezuela de
Chávez, es la sutil coalición de élites que en el momento decisivo permite que
accedan al poder:
Todas las democracias albergan a demagogos en potencia y, de vez en cuan-
do, alguno de ellos hace vibrar al público. Ahora bien, en algunas demo-
cracias, los líderes políticos prestan atención a las señales de advertencia
y adoptan medidas para garantizar que las personas autoritarias perma-
nezcan marginadas y alejadas de los centros de poder. Frente al auge de
extremistas o demagogos, protagonizan un esfuerzo conjunto por aislarlos
y derrotarlos. Y si bien la respuesta de las masas a los llamamientos de ex-
tremistas reviste importancia, más importante aún es que las élites políticas
y, sobre todo, los partidos políticos actúen de filtro. Dicho sin rodeos, los
partidos políticos son los guardianes de la democracia.

por el contrario, se separa de ella: “Estamos atrapados en el paisaje del siglo XX. (…) No creo que haya
muchas probabilidades de que lleguemos a un escenario como el de los años treinta del siglo XX. No
estamos en los prolegómenos de un segundo amanecer del fascismo, la violencia y la guerra mundial”.
6
  Snyder, Timothy: El camino hacia la no libertad, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 12-13.,
p. 15.
7
  Ibid., p. 22.
8
  Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel: Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018, p. 30.

162 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

Una conclusión en consonancia con el trabajo clásico de Juan Linz9, deuda


que los autores reconocen sin pasar por alto que Linz nació en la Alemania de
Weimar y creció durante nuestra Guerra Civil10.
En cierta medida –pero solo en cierta medida– el imaginario colectivo sobre
la actual crisis de la democracia se alimenta de esta tendencia a comparar situa-
ciones históricas, lo que no deja de tener una dimensión esotérica que, por lo
demás, conviene no descartar en cuanto esotérica, pues no hay ley sociológica
más estricta e infalible que el célebre teorema de W. I. Thomas, aquel que enun-
cia que todo lo que las personas definen como real es real en sus consecuencias.
Además, no solo los discursos o las definiciones de la situación, sino los hechos
y acontecimientos que se han sucedido en Europa y en los Estados Unidos (y de
manera creciente en América Latina, con casos como el de Brasil) desde 2008
hasta hoy nos permiten hablar objetivamente de crisis de las democracias. El que
sustente buena parte de mi análisis en la percepción social de determinados fac-
tores estructurales (la desigualdad, la corrupción o la presencia de inmigración,
por ejemplo) no quiere decir que soslaye la existencia de estos. Hay evidencia
empírica de una mayor tolerancia hacia el autoritarismo entre la opinión pública,
sobre todo entre los jóvenes, en países de larga tradición democrática como los
Estados Unidos11. También hay muestras de la cada vez más extendida –entre
los jóvenes– idea de que los gobiernos deben impedir que circulen determinadas
ideas u opiniones en función de la consideración moral que estas les suponen. Se
generalizan prácticas de gobierno que, aun siendo legales y estando contempladas
en el orden de los procedimientos, son sin embargo indicativas de un abuso de
instrumentos que hasta ahora solo se entendían como excepcionales, como la
aplicación del decreto ley y la omisión del debate parlamentario en contextos de

9
  Linz, Juan: La quiebra de las democracias, Madrid, Alianza, 1987.
10
  También Yascha Mounk pone el énfasis en la desestabilización del sistema tradicional de partidos
como elemento clave en nuestros días para el ascenso de líderes “fuertes”: Mounk, Yascha: El pueblo con-
tra la democracia. Por qué nuestra libertad está en peligro y cómo salvarla, Barcelona, Paidós, 2018.
11
  Ver informe Libertad en el mundo 2019 de Freedom House. Respecto de los Estados Unidos
el informe señala que si bien “se mantiene robusta bajo parámetros internacionales, la democracia esta-
dounidense experimenta un declive sostenido durante los últimos ocho años. Los ataques del presidente
actual dirigidos hacia lo medios, el estado de derecho, y otros principios y normas de la democracia
pronostican un deterioro aún mayor en el futuro”. Su evaluación del estado global de la democracia es
igualmente preocupante: “Un total de 68 países vivieron empeoramientos en materia de derechos polí-
ticos y libertades civiles durante 2018” y “registra el debilitamiento de las normas democráticas a nivel
global, particularmente con relación a elecciones y derechos de migrantes. El año pasado es el decimo-
tercer año consecutivo en el que la libertad global se encuentra en declive. La fracción de países no-libres
ha incrementado durante este periodo, y una crisis de confianza en varias democracias longevas se ha
intensificado”. Democracia en retirada: La libertad en el mundo 2019 (4-II-2019): https://freedomhouse.
org/article/democracia-en-retirada-la-libertad-en-el-mundo-2019

Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 163


Héctor Romero Ramos

creciente fragmentación política12. Y por último, claro, se manifiesta en la mayor


presencia en parlamentos y gobiernos, nacionales y regionales, de formaciones
políticas con discursos y prácticas abiertamente antidemocráticas en Europa (y
no solo en el Este13).
Vemos, en fin, cómo en la literatura última sobre la crisis de la democracia pre-
dominan, de un lado, las perspectivas políticas e institucionales frente a las socia-
les y culturales y, de otro lado, el análisis de las acciones frente al de las estructuras.
En este artículo reflexionaré sobre la situación actual atendiendo, por el contrario,
a la relación entre la cultura de la democracia y las bases sociales que la hacen po-
sible (y que son producto en Europa de una excepcionalidad histórica). Me valdré
para ello de la revisión de algunas nociones clásicas, como la idea de Tocqueville
sobre la relación entre democracia e “igualdad de condición”, y poniendo el foco
en el papel que cumplen las emociones en la vida política, explorando sus mani-
festaciones ambivalentes. Atenderé para ello a los efectos que sobre las sociedades
democráticas han tenido la Gran Recesión y, singularmente, la llamada crisis de
los refugiados. Por último, introduciré un apunte, necesariamente más especula-
tivo, sobre la crisis sanitaria provocada por la pandemia de covid-19 y los efectos
que esta puede tener sobre algunos de los procesos de des-democratización que
hemos venido observando.

La pasión democrática: percepción social de la desigualdad y erosión de


legitimidad
En La democracia en América, Alexis de Tocqueville sostenía que lo que define
a las sociedades democráticas es una tendencia irreversible hacia la igualdad, un
valor que pasaría a considerarse supremo, prioritario sobre cualquier otro princi-
pio político, incluida la libertad. En buena medida todo el tratado es una adver-
tencia sobre cómo se puede equilibrar o atenuar ese impulso arrollador para que
no acabe con las instituciones democráticas.

12
  A propósito de estos indicadores ver Soto, Álvaro: La democracia herida, Madrid, Marcial Pons.
Biblioteca de Gobernanza y Derechos Humanos, 2018, p.21, quien también hace notar cómo “el len-
guaje político se ha ido endureciendo, los rivales electorales se convierten en enemigos que deben “des-
aparecer”. (…) Se han rebasado límites inimaginables y el lenguaje existente nos recuerda al periodo de
entreguerras”.
13
  Acaba de aparecer un informe de la Comisión Europea (30 de septiembre de 2020) sobre la
situación del Estado de derecho en los países de la Unión. Para el caso de la Hungría presidida por el
ultranacionalista Viktor Orbán, el Informe advierte de injerencia directa en la independencia del poder
judicial, ausencia de mecanismos de control suficientes para combatir la corrupción de altos funciona-
rios de la Administración y de una acción legislativa lesiva para la libertad de prensa. En una entrevista
reciente, el comisario europeo de Justicia Didier Reynders afirmaba que “las vulneraciones del Estado de
derecho en Polonia y Hungría son un problema sistémico” y que “en Europa hay una tendencia negativa
sobre la libertad de prensa y el lugar de los medios y los periodistas”. El País (8-VIII-2020).

164 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

Ciertamente, Tocqueville fue un pensador de enorme capacidad analítica e


interpretativa, pero estaba exento de las exigencias actuales de precisión concep-
tual. Cuando habla de democracia, algunas veces se refiere efectivamente a una
forma de gobierno, caracterizada a la Montesquieu por la división de poderes y
un determinado marco jurídico e institucional; otras veces la palabra democracia
adquiere en su obra, sin embargo, una connotación más abstracta, que sirve para
definir el espíritu de la época y que podemos leer casi como sinónimo de mo-
dernidad. La democracia es, en este sentido, una cultura; la cultura propia de las
sociedades modernas. Lo mismo sucede con su idea de igualdad, y es importante
precisarlo porque se trata de un concepto hoy cincelado por la tradición de pen-
samiento político socialista posterior que, leído sin los matices oportunos, puede
llevar a una interpretación no ya equivocada, sino simplemente incomprensible
del clásico de Tocqueville. De nuevo, cuando en La democracia en América leemos
“igualdad”, algunas veces se refiere a igualdad ante la ley; otras, muy pocas, a algo
parecido a lo que hoy llamamos igualdad de oportunidades; casi nunca se refiere a
lo que llamaríamos igualdad material, que Tocqueville nunca creyó ni deseable ni
posible; y generalmente se refiere a lo que él denomina “igualdad de condición”,
concepto difícil de precisar que, como sucede con el de democracia, implica una
cierta dimensión cultural, subjetiva e incluso anímica: algo así como vivir igual
que los demás, de manera parecida a todos, compartiendo hábitos e inclinaciones
y, sobre todo, no sintiéndose por debajo de nadie, menos que nadie.
Sin embargo, aunque Tocqueville observa cómo esa tendencia hacia la igual-
dad propia de las sociedades democráticas se ve reflejada también en su estructura
social, pues la distancia entre clases se acorta, la cultura del igualitarismo no deja
de estar arraigada en una sociedad marcadamente desigual. Aunque la singulari-
dad histórica de los entonces embrionarios Estados Unidos de América hace que
no existiera allí una aristocracia como la del Antiguo Régimen en Francia, hecho
decisivo para evitar el terror revolucionario que atormenta y motiva toda su obra,
sí existía una suerte de aristocracia industrial y financiera cuyo estilo de vida que-
daba muy lejos del de la homogénea medianía de las mayorías que el sabio fran-
cés se esmeró en escrutar. Sucede entonces que para calibrar ese sentimiento de
igualdad, el individuo de la vida democrática debe medirse con aquellos a quienes
considera efectivamente como iguales. Y si esa homogeneidad se quiebra, la “en-
vidia democrática” emerge. Es entonces, en momentos de crisis y frustración de
expectativas, cuando se desata el igualitarismo como pasión democrática. Una ira
ciega contra cualquier forma de privilegio que, advierte Tocqueville, acaba con
todo. Tal y como dejó escrito en un pasaje célebre: “soportarán la tiranía, pero no
tolerarán la aristocracia”. Ese vínculo entre percepción de la desigualdad “de con-
dición”, frustración de expectativas y reacción emotiva contra las élites de nuevas
mayorías sociales resulta decisivo a la hora de pensar la cultura de la democracia
Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 165
Héctor Romero Ramos

en contextos de crisis social, como muestra el análisis de distintas experiencias


históricas de quiebra democrática14.
Despojado de la pátina elitista inevitable aunque contenida en Tocqueville, la
idea de la pasión democrática resulta analíticamente útil y debe ser comprendida
en su condición ambivalente: ayuda a pensar las distintas formas en que se ma-
nifiesta el descontento entre aquellos sectores sociales que, más que vulnerables,
se sienten vulnerados. Ayuda, por tanto, a pensar tanto el auge del resentimiento
xenófobo entre las clases populares (que construyen al inmigrante como sujeto
privilegiado y dicen sentirse abandonados por los suyos) como la nueva ola fe-
minista o la explosión de ira antirracista: nuestras vidas no valen menos; nuestro
trabajo no vale menos; nuestro tiempo no vale menos.
Hoy la vivencia y la percepción de la desigualdad intraclase (algo tan sencillo
como que quien tiene empleo sea considerado como un privilegiado para quien
lo ha perdido) alimentan la desafección ciudadana hacia las élites. En otro tra-
bajo15, a partir del caso español, he tratado de mostrar cómo en épocas de crisis
y con relativa independencia de cómo estas repercutan objetivamente sobre la
desigualdad social se ha producido un aumento de la percepción social de la
desigualdad, que se manifiesta en la emergencia de narrativas con una alta carga
retórica antiaristocrática. Entre, por ejemplo, las crisis económicas de 1993 y la
de 2008 en España encontramos en el debate público una reiteración de fórmulas
e interpretaciones de la situación política que presentan similitudes evidentes: del
“abrazo aristocrático” y la “beautiful people” a “la casta”.
La desigualdad social en España aumentó durante los años de la crisis, siguien-
do una tendencia general previa de acentuación de la desigualdad dentro de cada
país (y entre países, si bien la desigualdad global decrece progresivamente y muy
particularmente desde el comienzo del siglo XXI). De acuerdo con la evolución
del índice de Gini, la desigualdad social (de ingresos) en España entre 2007 y
2013 osciló entre el 0,31 y 0,34. Notablemente superior al de los países nórdicos
(0,25) y al de Alemania o Francia (0,29). Diferencias que, sin embargo, se ate-
núan cuando se calcula Gini con relación a la desigualdad respecto del consumo
(España está en la media de la UE, 0,35; de nuevo lejos de los nórdicos, pero
también de los más desigualitarios, y con datos muy similares a los de Francia
o Alemania) y cambian notablemente si lo que calculamos es la desigualdad de
riqueza, donde España se sitúa entre los más igualitarios de la UE16.

  Moya Valgañón, Carlos: Religión y política. Manuscrito inédito, 2008.


14

15
  Romero Ramos, Héctor: “Los males de la patria. Un estudio comparado de las retóricas de la
crisis de 1993 y 2007”, en José Antonio Castellanos (coord.), Facetas políticas, ideológicas y culturales de las
crisis en España (1898-2008), Madrid, Sílex, 2020, pp. 277-294.
  Datos recogidos en Martínez Pastor, Juan Ignacio: Los datos sin tapujos. Cómo interpretar y
16

difundir las estadísticas sociales, Madrid, La Catarata, 2019, pp. 34 y ss.

166 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

Sobre si este aumento de la desigualdad es mucho o poco los analistas discre-


pan, pero ahora nos interesa valorar el impacto que ha tenido en la percepción so-
cial de la desigualdad tal y como se ha expresado en los medios de comunicación
y en los estudios de opinión pública. Un informe reciente17 señala que “la per-
cepción en España (de la desigualdad social) resulta ser una de las más negativas
en Europa occidental” y que esto es así “como quiera que se mida la percepción:
en términos de desigualdades de ingresos, de distancia entre clases sociales o de
igualdad de oportunidades”, si bien matiza que esta percepción “apenas ha varia-
do en los últimos veinticinco años” y que está “en consonancia con unos datos
de desigualdad que son de los más elevados en ese ámbito geográfico”. Y un dato
más llamativo:
(…) ese ajuste no se corresponde en absoluto con el tipo de conocimientos
de la desigualdad que pueden obtener al proponer a los encuestados que
estimen la porción de la renta de la que disponen los que más ganan (el 20 %
superior) y los que menos ganan (el 20 % inferior). Tanto en España como
en el conjunto de Europa occidental las estimaciones medias al respecto
están en absoluta falta de sintonía con las cifras que pueden medirse con las
encuestas al uso, produciendo en bastantes ocasiones resultados absurdos,
tales como que los ingresos per cápita correspondientes al 60 % intermedio
serían inferiores a los del 20 % que menos gana”18.
Es decir, las personas tienen una visión estable y generalmente ajustada del
estado de la desigualdad social, pero una percepción muy distorsionada de la
realidad de la estructura social y del lugar que ocupan en ella.
Estudios cualitativos orientados al análisis del discurso de la población joven
en relación con la crisis económica encontraron “un consenso prácticamente ab-
soluto en cuanto a la reducción generalizada de los salarios y el empeoramiento
radical de las condiciones de trabajo que ha tenido lugar a lo largo de la crisis,
reconociendo que la situación ha llegado a un límite” y que “se asume que la
presión a la baja de este último periodo ha conseguido reducir la capacidad de
resistencia de los trabajadores (y) se comparte además la percepción de que solo la
población en situación límite tiene acceso a las ayudas estatales”19.
La Gran Recesión ha dejado un panorama social impregnado de desconfianza
reflexiva hacia las instituciones y desconfianza emocional hacia la clase políti-
ca que contrasta con un relativamente alto grado de confianza en la sociedad

17
  Pérez Díaz, Víctor y Rodríguez, Juan Carlos: “Las desigualdades económicas en España: rea-
lidades y percepciones”, Estudio Funcas, serie Economía y sociedad, 93 (2020).
18
  Ibid., p. 152.
19
  Alonso, Luis Enrique, Fernández Rodríguez, Carlos Jesús e Ibáñez Rojo, Rafael: “Juventud
y percepciones de la crisis: precarización laboral, clases medias y nueva política”. Empiria, 37 (2017),
p. 175.

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Héctor Romero Ramos

(entendida en términos de ‘quienes son como yo’)20; una llamativa sensación de


desclasamiento entre los grupos de ingresos medios; una alta percepción general
de la desigualdad social, de quiebra del ‘pacto social’ y muy singularmente del
pacto intergeneracional (la idea, tan extendida como difícil de medir, de que
por primera vez una generación vivirá en peores condiciones que la generación
anterior), y el predominio de una retórica emotiva y agresiva contra las élites (que
en España dio alas a Podemos en la coyuntura 2015/16; hoy impulsa a VOX)
expresada en términos antiaristocráticos (ocupan una posición de privilegio que
no merecen), agravada en el caso español por la presencia cotidiana de los casos
de corrupción política21.
La literatura sociológica sobre las bases sociales de la democracia contemporá-
nea es nutrida. Ya Montesquieu advertía en El espíritu de las leyes sobre la relación
entre estructura social y régimen político y sobre la importancia que para la bue-
na salud de una república tenía el que en su Parlamento se vieran representadas
las distintas clases sociales no solo por una equilibrada defensa de los intereses de
todos, sino también por alcanzar el adecuado equilibro entre los valores de unos
y de otros, de sus respectivas virtudes y pasiones. Más cerca de nuestro tiempo, la
discusión clásica sobre la afinidad electiva entre capitalismo y democracia, estado
nacional y mercado nacional, sin haber quedado resuelta en el orden teórico, sí pa-
rece confirmar la correspondencia entre una estructura social específica, la solidez
de las instituciones liberales y la calidad de la democracia en relación con los proce-
dimientos, la confianza y la cultura. Es lo que Salvador Giner llamó “la estructura
social de la libertad”. Resulta difícil obviar que la experiencia democrática de la
Europa de posguerra, muy reciente en términos históricos, se ha sostenido sobre
sociedades de amplias y plurales clases medias, si bien distintas tradiciones políticas
y trayectorias históricas muestran que el peso de la desigualdad que soportan los
cimientos de la democracia es muy variable. Por eso es, a mi juicio, analíticamente
relevante el concepto tocquevilleano de “igualdad de condición” y su énfasis en la
dimensión subjetiva, emotiva y cultural para pensar la democracia22.

  Callejo, Javier y Ramos, Ramón: “La cultura de la confianza en tiempos de crisis: análisis de los
20

discursos”, Revista Española de Sociología, 26(2) (2017), p. 13.


  También en este punto es relevante destacar la dimensión subjetiva. España, por ejemplo, no
21

muestra malos indicadores de corrupción de acuerdo con los criterios de transparencia internacionales.
Los casos de corrupción afectan casi exclusivamente a los partidos políticos y están directamente relacio-
nados con la cuestión de su financiación.
22
  A propósito del alcance explicativo de la sociología política de las “pasiones” en Tocqueville, ver
la lectura de Elster, Jon: Alexis de Tocqueville, the first social scientist, NY: Cambridge University Press,
2009, pp.  59 y ss. Sobre la democracia como cultura y su relación con la estructura social ver Giner
(2000). En cuanto al debate sobre las bases sociales de la democracia hay que volver a los estudios, ya clá-
sicos, de Schumpeter, Lipset, Dahl o Michael Mann y, sin duda, al libro de Barrington Moore Los orígenes
sociales de la dictadura y de la democracia (Barcelona, Península, 1990, e. o. 1966).

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Ecos tocquevilleanos, de hecho, resuenan en estas palabras de Steven Levitsky,


autor del ya citado Cómo mueren las democracias, cuando afirma que estamos ante
“una democratización de las democracias que genera mucha incertidumbre, más
populismo”. ¿Volverá el establishment?: “Imposible, la gente no lo tolera. Hay que
aprender cómo hacer funcionar una democracia en una época en la que el establi-
shment no pesa nada”23.
La Gran Recesión, elemento catalizador del proceso de fragmentación de las
clases medias (objetivo y subjetivo), ha acentuado la lucha por el reconocimiento
(utilizando el término de Axel Honneth) de amplios sectores sociales. Ha exa-
cerbado la crisis de representación política y erosionado la confianza en las insti-
tuciones. Desconfianza que deriva en crisis de legitimidad. La falta de reconoci-
miento se ha convertido en los últimos años en un elemento clave en la formación
de aquellas identidades colectivas que la crisis había precarizado; identidades que
crecen sobre el suelo fértil de los “lugares que no importan”24. Quienes allí residen
hoy escuchan expectantes esa voz que viene del desierto. Una voz que les asegura
que volverán a ser importantes, que no son menos que nadie, que volverán a estar
entre iguales. Que democratizarán las democracias.

Repliegue nacional y crisis de representación


“El racismo es veneno; el odio es veneno. Y este veneno existe en nuestra so-
ciedad y ya es responsable de demasiados delitos”. Con estas palabras valoraba la
canciller Angela Merkel la situación tras el atentado ultraderechista que costó la
vida a diez personas, cinco de ellas de nacionalidad turca, en la ciudad de Hanau,
a unos veinte kilómetros de Frankfurt, el 19 de febrero de 202025. Meses antes,
dos personas habían sido asesinadas en otro ataque xenófobo contra una sinagoga
en el este del país y, en junio de 2019, fue asesinado a tiros en su domicilio Walter
Lübcke, político conservador que se había pronunciado a favor de las políticas de
integración de inmigrantes y refugiados impulsadas por la canciller. En 2018, de
acuerdo con los datos del Ministerio del Interior de Alemania, los ataques racistas
y antisemitas habían aumentado en el país en un 20 %.
Alemania fue el país europeo que mejor disposición mostró hacia la acogida
cuando a partir de 2013 y de manera muy intensa en 2015 y 2016 la población
siria que huía de la guerra llamó a las puertas de Europa en busca de asilo y re-
fugio. Una sucesión de naufragios y muertes frente a las costas de Grecia e Italia
y las dificultades crecientes para gestionar la afluencia masiva de la población

23
  Entrevista de Amanda Mars a Steven Levitsky para El País, Ideas (12-IV-2019).
  Rodríguez-Pose, Andrés: “The Rise of Populism and the Revenge of the Places That Don’t
24

Matter”. London School of Economics Public Policy Review, 1(1): 4 (2020), pp. 1-9.
25
  “Alemania y la xenofobia”, La Vanguardia (21-II-2020).

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desplazada en las zonas fronterizas entre Grecia y Alemania (la que fue llamada
ruta de los Balcanes) obligaban a la Unión a una respuesta coordinada y solidaria
que nunca llegó.
El llamamiento de la canciller alemana a la práctica de la Willkommenskultur
(cultura de bienvenida) convirtió edificios públicos en lugares de recepción de
refugiados; alquiló albergues juveniles para su uso como espacio de acogida mien-
tras se tramitaban las solicitudes de asilo; promovió campañas de concienciación
de la ciudadanía que hablaban abiertamente de convertir Alemania en un país
de inmigración, y aprobó la creación de 4000 puestos de trabajo para la Oficina
Federal de Inmigración y Asilo. La ciudadanía respondió acudiendo a las estacio-
nes de tren con pancartas de bienvenida, cargados de comida y de ropa; colabo-
rando con las ONG que gestionaban campos de acogida y con las parroquias lo-
cales que conformaban los Círculos de Asilo, en los que se ofrecían asesoramiento
y clases gratuitas de alemán a cargo de profesores jubilados voluntarios26.
Las explicaciones de la actitud de tolerancia del Gobierno y el compromiso
cívico de los alemanes han oscilado entre el análisis de la biografía particular de la
canciller (nacida y crecida en la Alemania oriental, de origen y tradición familiar
protestante) y el de la biografía colectiva del país tras la Segunda Guerra Mundial,
cargando el énfasis causal bien en la gestión de la memoria y en una sempiterna
búsqueda de redención27, bien en su experiencia histórica de acogida. Se especuló
también con una estrategia económica de reclutamiento de una primera oleada
de refugiados sirios de alta cualificación.
Conviene en todo caso recordar que la sociedad alemana de hoy es el resultado
de sucesivos procesos de integración. Un país que estando aún en ruinas hubo de
acoger en virtud del ius sanguinis a 12 millones de personas que pertenecían a la

  Schriewer, Klaus y Rico Becerra, Juan Ignacio: “Los refugiados en Alemania: hechos, de-
26

bate y perspectivas”, en N. Moraes y H. Romero (eds.), La crisis de los refugiados y los deberes de Europa,
2016, pp.  55-80. Un excelente retrato de la actitud y de los sentimientos ambivalentes de los ciu-
dadanos alemanes ante la situación migratoria en la novela de Jenny Erpenbeck, Yo voy, tú vas, él va
(Anagrama, 2018).
27
  Es la tesis de la periodista Geraldine Schwarz en su libro Los amnésicos. Historia de una familia
europea (Barcelona, Tusquets, 2019). Como dice José Álvarez Junco en su epílogo: la disputa de los his-
toriadores durante la década de los ochenta “permitió abrir finalmente el baúl de los recuerdos y las de-
nuncias, que acabaron por ser en Alemania occidental más completas que en cualquier otro país europeo.
Alemania se convirtió así, desde el punto de vista de la forma de procesar el pasado, en la excepción, más
que la norma. Indicio de ello es que, en el segundo decenio del siglo XXI, ante la crisis de los refugiados
sirios, nadie ha reaccionado con la generosidad de la Alemania de Angela Merkel. Schwarz describe con
emoción la acogida de los trenes de refugiados en 2015, con pancartas de “¡Bienvenidos!” en varios idio-
mas y cientos de ciudadanos con bolsas de comida, agua, ropa, pelotas u ositos de peluche. Estos trenes
redimieron a Alemania, si tal cosa es posible, de los de 1942-44”: Álvarez Junco, José: “El peso de un
pasado sucio”. Epílogo a Geraldine Schwarz, Los amnésicos. Historia de una familia europea, Barcelona.
Tusquets, 2019, p. 390.

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El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

comunidad alemana y habían sido expulsados, perseguidos y represaliados en los


países del Este tras la derrota; que en su Constitución de 1949 (RFA) ya reconocía
sin restricciones el derecho de asilo a los perseguidos políticos; que en la década
de los cincuenta y sesenta experimentó su particular ‘milagro económico’ movili-
zando a millones de “trabajadores invitados”28, pioneros de la llamada “migración
fordista” que industrializó la Europa de la reconstrucción; que tras la revolución
húngara de 1956 atendió 16 000 solicitudes de asilo y, en 1980, tras el golpe de
Estado en Turquía, superó las 100 000 solicitudes. Un país, en fin, que en 1992
recibió, como consecuencia de la guerra de Yugoslavia, a 438 000 personas so-
licitantes de asilo. Pero conviene igualmente recordar, como ha apuntado Klaus
Schriewer29, que:
(…) no es casualidad que en 1993 se apruebe un cambio en el artículo 16
de la Constitución, restringiéndose el derecho de asilo en dos sentidos: por
una parte se introduce la cláusula de los llamados terceros países, que dicta
que una persona que entra a la RFA desde un país tercero que reconoce el
derecho de refugio no puede pedir asilo en Alemania; y por otra, permite
que los ciudadanos procedentes de un país considerado “seguro” tampoco
lo puede solicitar.
Una reforma que habría de orientar las políticas de la UE en 2016, cuando
Alemania consideró que su sistema de acogida había colapsado y que la situación
en Grecia era insostenible.
A esta definición de la situación contribuyó desde 2016 la creciente división
de la sociedad alemana. Los sondeos de opinión mostraban cada vez mayor es-
cepticismo respecto de la política de “puertas abiertas”, el partido ultraderechista
Alternativa por Alemania (AfD) subía en las encuestas e iba alcanzando espacios
de poder y se multiplicaban los ataques xenófobos.
Además, el poder y la capacidad de influencia de Merkel en Bruselas no fueron
suficientes en esta ocasión. Los países del grupo de Visegrado, en creciente fervor
nacionalista y con los partidos de señalada ideología nativista escalando posi-
ciones en parlamentos y gobiernos, cerraron sus fronteras. Los países del sur de
Europa, especialmente Grecia e Italia, eran los principales puertos de llegada de
refugiados y a la vez países de tránsito, añadiéndose al drama de sus costas el con-
flicto de intereses y valores dentro del propio país (Italia) y el resentimiento hacia

28
  A propósito de la relación entre adquisición de derechos, cultura democrática e inmigración a
partir del caso de la migración española a Europa occidental durante el franquismo ver Latorre Catalán,
Marta: “Lecciones del pasado: ciudadanía y aprendizajes políticos de la España migrante”, en N. Moraes
y H. Romero (eds.), Asilo y refugio en tiempos de guerra contra la inmigración, Madrid, Los Libros de la
Catarata, 2019, pp. 158-176.
29
  Schriewer, Klaus y Rico Becerra, Juan Ignacio: “Los refugiados en Alemania: hechos, debate
y perspectivas”, en N. Moraes y H. Romero (eds.), La crisis de los refugiados y los deberes de Europa, 2016,
p. 62.

Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 171


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Alemania por la posición del Gobierno de Merkel en Bruselas durante la gestión


de la crisis de la deuda en la eurozona. Los países nórdicos, algunos de ellos con
una larga tradición de acogida, tampoco respondieron como cabía prever. El caso
sueco es en este sentido parecido al alemán. País con un historial escrupuloso en
el cumplimiento de la Convención de Ginebra, en 2015 había acogido a 163 000
solicitantes de asilo, lo que representaba el 1,63 % de su población y cuya ges-
tión implicaba un esfuerzo presupuestario correspondiente al 1 % del PIB. Las
crecientes dificultades logísticas, como la escasez de viviendas para la acogida o
de plazas en las escuelas, especialmente en las ciudades del sur del país, sumado al
auge electoral de la extrema derecha, provocaron un giro hacia el cierre de fron-
teras, discutiéndose en el Parlamento la posibilidad de restringir temporalmente
la política de asilo30. Mientras tanto, se producían devoluciones masivas hacia
Rusia por la ruta del Ártico. Una política de devoluciones que también practicaría
Noruega, en cuyo Gobierno de coalición había miembros del antiinmigración
Partido del Progreso, fomentando el endurecimiento de los requisitos para la re-
agrupación familiar, el recorte de las ayudas públicas destinadas a los refugiados,
sustituidas por un aumento de los incentivos económicos al retorno31. Políticas
similares se aplicaron en Dinamarca, un país que en 1951 había firmado antes
que nadie la Convención de Ginebra.
Hungría cerró su frontera con Serbia el 14 de septiembre de 2015. En mar-
zo de 2016 la cerró Macedonia y, un mes después, Austria, entonces con un
Gobierno socialdemócrata, pero con el partido ultraderechista FPÖ ganando con
claridad la primera vuelta de unos comicios que finalmente perderían, por un
estrecho margen de 35  000 votos, frente a Los Verdes. El Gobierno eslovaco,
también socialdemócrata, fue el primero en oponerse al acuerdo alcanzado en
Bruselas a instancias del Gobierno alemán para repartir a los solicitantes de asilo
de acuerdo a una política de cuotas. Un acuerdo precario e insuficiente, resultado
de una negociación grotesca donde a la intransigencia de países como Hungría, la
República Checa o Polonia se unió la mezquindad de los responsables de interior
de países como Reino Unido (antes del Brexit) o España. Un acuerdo que nació
muerto como consecuencia de la explícita voluntad de incumplimiento de prác-
ticamente todos los Estados miembros.
Viktor Orbán, presidente del Gobierno húngaro desde 2010 y líder de Fidesz,
convirtió entonces el discurso antiinmigración en uno de los ejes prioritarios de

  Un balance del caso sueco y su cambio de orientación en relación con la política de asilo en
30

Montesino, Norma, “De un régimen de protección a un régimen de exclusión y rechazo”, en N. Moraes


y H. Romero (coords.), Asilo y refugio en tiempos de guerra contra la inmigración, Madrid, La Catarata,
2019, pp. 67-81.
  Moraes, Natalia y Romero, Héctor (eds.): La crisis de los refugiados y los deberes de Europa,
31

Madrid, La Catarata, 2016, p. 41.

172 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

su estrategia nacionalista, sosteniendo que la crisis de refugiados era una crisis de


seguridad32 y alimentando la falsa creencia de la infiltración yihadista entre sus co-
lumnas. La construcción del inmigrante a la vez como sujeto privilegiado y como
triple amenaza: como elemento de desnaturalización del país, como acaparador
de recursos económicos y competidor en el mercado laboral y como caballo de
Troya del terrorismo islámico.
El rechazo a la inmigración es, para Carlos Waisman33, el elemento distintivo
principal para distinguir hoy entre los populismos de izquierda y de derecha que,
de acuerdo con la definición sustantiva que propone, convergerían en dos princi-
pios programáticos básicos: el nacionalismo extremo en economía y la concepción
plebiscitaria de la democracia. Así, el “contexto generativo” de los populismos de
derecha estaría compuesto de dos factores, a saber: las amenazas económicas y
políticas atribuibles a la globalización (libre comercio frente a manufactura do-
méstica; competencia laboral entre trabajadores locales e inmigrantes y un conse-
cuente descenso de los salarios; terrorismo islámico) y el convencimiento de que
los partidos políticos tradicionales son incapaces de revertir la situación.
En realidad, la caída del empleo en la industria manufacturera y el deterioro
de los salarios y condiciones laborales en estas sociedades se deben más a
la revolución tecnológica que a la globalización, pero las importaciones y
la inmigración no calificada aparecen, en el sentido común de los sectores
amenazados o que temen estarlo en el futuro, como causas más visibles y
susceptibles de control mediante la acción política; y solo sectores minori-
tarios de las comunidades islámicas apoyan a los yihadistas34.
Es por la percepción social de que la cuestión migratoria es efectivamente con-
trolable por medios políticos y securitarios lo que convierte al inmigrante en el
chivo expiatorio del deterioro económico. Su alcance simbólico en cuanto recurso
retórico para la movilización electoral35 se manifiesta asimismo en el hecho de
que es en aquellos lugares donde la presencia de población inmigrante es menor
y donde, en consecuencia, la experiencia de convivencia en contextos multicul-
turales o de conflictos religiosos o de competencia directa por los recursos eco-
nómicos o los puestos de trabajo es mínima, donde más y mejor acogida tiene el

32
  Martín de la Guardia, Ricardo y Pérez Sánchez, Guillermo: “Democracia sin liberalismo:
el nacional-populismo en Hungría y Polonia (1990-2018), en Á. Soto (coord.), La democracia herida,
Madrid, Marcial Pons. Biblioteca de Gobernanza y Derechos Humanos, 2018, pp. 179-217.
33
  Waisman, Carlos: “Populismos del sur y del norte: incorporación vs. defensa social”, Sociología
Histórica, 10, 2019, pp. 387, 388.
34
  Id., p. 389.
35
  Sobre la relación entre “narrativas tóxicas” y políticas antiinmigración en Europa ver Cutillas,
Isabel: “Racismo y xenofobia en Europa: de las narrativas tóxicas a las políticas antiinmigración”, en N.
Moraes y H. Romero (eds.), Asilo y refugio en tiempos de guerra contra la inmigración, Madrid, Los Libros
de la Catarata, 2019, pp. 121-136.

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Héctor Romero Ramos

discurso del odio. Y esto es así tanto a nivel comparado entre países (Hungría y los
Balcanes son territorios de paso para los refugiados, no destino) como entre regio-
nes. Así, como señala Schriewer36 “se observa una división geográfica-histórica de
la sociedad alemana ante el fenómeno (de los refugiados). La gran mayoría de los
ataques xenófobos se producen en territorio de la antigua República Democrática
Alemana. Es también ahí, en concreto en la ciudad de Dresde, donde se manifies-
ta más vivamente el movimiento xenófobo Pegida (Patriotas Europeos contra la
Islamización de Occidente). Lo sorprendente de este dato es que prácticamente
no hay extranjeros que vivan en estas regiones. El 98 % de esta población reside
en territorio de la antigua RFA”. Una contradicción solo aparente y cuya pauta
vimos reproducida en Reino Unido durante la campaña del Brexit, en la que el
recurso del nacional-populismo británico a la retórica antiinmigración en el con-
texto de la crisis de los refugiados sirios fue decisivo.
En lo fundamental, el nacional-populismo europeo se ha gestado lentamente
desde hace al menos tres décadas. La crisis de los refugiados solo ha supuesto una
coyuntura propicia para su empuje y consolidación. Los principales elementos
ideológicos del nacional-populismo en el Este responden a líneas de fractura con-
formadas durante los en muchos aspectos fallidos procesos de transición postso-
viéticos37. Francia lleva dos décadas lidiando con la posibilidad real de un triunfo
del Frente Nacional.
Desde el punto de vista teórico, muchas de las manifestaciones del repliegue na-
cional se viene observando desde la década de los 90. Un fenómeno que, como el de
la pasión democrática, debe ser pensado desde la ambivalencia inherente a lo social,
a todo proceso de cambio social. La ambivalencia de la globalización38, “las dos caras
de la moneda del presente” –dice Giacomo Marramao– donde “desterritorialización
y reterritorialización se engarzan en un mismo vector y se traducen en una crecida
exponencial de las preguntas sobre la autonomía y la pertenencia identitaria”. Un
retorno a la comunidad que en la Europa post-muro “se concreta en la irrupción de
la etnopolítica, mientras que en América del Norte proliferan las ‘políticas de la dife-
rencia’ (cuyo brazo secular está representado por lo políticamente correcto). Retorno
a la comunidad “como un sentimiento de nostalgia de los orígenes” que “tendrá un

36
  Schriewer, Klaus y Rico Becerra, Juan Ignacio: “Los refugiados en Alemania: hechos, debate
y perspectivas”, en N. Moraes y H. Romero (eds.), La crisis de los refugiados y los deberes de Europa, 2016,
p. 75.
37
  Martín de la Guardia, Ricardo y Pérez Sánchez, Guillermo: “Democracia sin liberalismo:
el nacional-populismo en Hungría y Polonia (1990-2018), en Á. Soto (coord.), La democracia herida,
Madrid, Marcial Pons. Biblioteca de Gobernanza y Derechos Humanos, 2018, pp. 179-217.
  Una buena síntesis de los debates en torno a la tensión entre nación, identidad nacional y glo-
38

balización en Donézar, Javier: “Nación, identidad nacional y globalización”, en A. Rovira (coord.),


Gobernanza democrática. Madrid, Marcial Pons, Biblioteca de Gobernanza y Derechos Humanos, vol.
1., 2013, pp. 233-259.

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El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

carácter de reclamo, de ‘indemnización de daños’ de la modernidad y de búsqueda


compensadora de calor comunitario contra el ‘gran frío’ de las instituciones puramen-
te procedimentales de nuestras democracias”39.
Por eso considero importante enjuiciar el daño que ha hecho a nuestras sociedades
democráticas el otro lado del fracaso de Europa en la gestión de la crisis migratoria:
el de la desatención de las demandas ciudadanas de una política de asilo integradora
y ajustada al derecho internacional y los valores que supuestamente sostienen el pro-
yecto europeo en cuanto a su capacidad para generar identidad colectiva.
En 2015 y 2016 no solo se movilizaron los sectores xenófobos y la extrema
derecha populista. Pero solo a ellos se les escuchó. Hubo movilizaciones masivas
en las principales capitales europeas en defensa del derecho de asilo; una gran mo-
vilización de recursos privados (y en algunos casos públicos, como en las ciudades
que se sumaron al movimiento municipal Welcome Refugees), y una importante
atención mediática y académica40 ¿Por qué la Unión no fue capaz de canalizar
estas demandas?
Se ha argumentado que en el centro del fracaso de la respuesta europea radica
el hecho de que la política migratoria sigue siendo prerrogativa innegociable de
los Estados miembros. Y ciertamente así es. A pesar de la importancia (no solo re-
tórica) que en el proyecto de integración europea tiene la memoria de la Segunda
Guerra Mundial y su posguerra (y no olvidemos que todo el sistema jurídico
internacional de protección de refugiados se construyó en respuesta a la situación
de la Europa de posguerra), en el desarrollo político y la arquitectura jurídica de
la UE, el enfoque prioritario en relación con la cuestión migratoria ha sido el de la
seguridad y la política interior. Así quedó establecido tanto en el Tratado de Roma
como en el Acta Única Europea de 1985 y en el Tratado de Maastricht. Solo con
el Tratado de Ámsterdam (Título IV) podemos atisbar un intento de política
común de asilo, con pocos efectos prácticos debido a la forma en que se gestionó.
Pero sí había instrumentos jurídicos para haber dado una respuesta común y,
sobre todo, diferente, ante la situación excepcional vivida en el Mediterráneo en
el periodo 2013-2016: la Directiva 2001/55/CE, recogida en el Sistema Europeo
Común de Asilo (SECA) de 1999 y que incorpora un mecanismo para hacer
frente a la afluencia masiva de personas. Pero la directiva no se activó41. Por el

39
  Marramao, Giacomo: “Politeísmo de los valores y conflicto de las culturas. Por una cartografía
del presente”, en S. Giner (coord.), La cultura de la democracia: el futuro, Barcelona, Ariel, 2000, p. 29.
40
  Ver, para el caso italiano, Accardo, Yasmine: “Las movilizaciones sociales dentro y contra el
sistema de (mala) acogida en Italia. Una historia desde abajo”, en N. Moraes y H. Romero (coords.), Asilo
y refugio en tiempos de guerra contra la inmigración, Madrid, La Catarata, 2019, pp. 221-235.
41
  Pérez González, Carmen: “Consideraciones jurídicas sobre la respuesta de la Unión Europea
a os flujos de refugiados y migrantes”, en N. Moraes y H. Romero (eds.), La crisis de los refugiados y los
deberes de Europa, 2016, p-128.

Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 175


Héctor Romero Ramos

contrario, se opta por promover una muy cuestionable reforma del SECA, firmar
con Turquía el “pacto de la vergüenza” (por el que pasaba a ser considerada ‘país
seguro’ en materia de respeto a los derechos humanos) y reforzar la presencia mi-
litar en el Mediterráneo, recurso a la OTAN incluido.
En uno de sus últimos libros, Charles Tilly42 propuso una redefinición del
concepto de democracia que lo hiciera más flexible y útil respecto de los mo-
delos teóricos más asentados (Dahl) en un contexto como el actual, donde la
distinta suerte de los últimos procesos de transición democrática nos plantean
una casuística cada vez más difícil de conciliar con taxonomías rígidas. Así, le-
jos de establecer una escala de ítems adecuada, las definiciones constitucionales,
sustantivas, procedimentales o procesales de democracia, entendía esta como un
proceso siempre abierto, siempre sujeto a vaivenes a veces de profundización de-
mocrática y otras veces de desdemocratización. El elemento fundamental de esa
definición radica en la negociación que establecen gobiernos y ciudadanos por los
recursos significativos, el establecimiento de la agenda política y la canalización
de demandas legítimas.
Ante la crisis migratoria la Unión ha sido ineficaz por distintas razones: por
impulsar una política equivocada; por las disfunciones habituales relacionadas
con su estructura política y sistema de toma de decisiones; por los problemas
de escala en parte inherentes a un sistema político postsoberano o de soberanía
dispersa; pero también porque no ha sido capaz de articular frente al auge rena-
cionalizador un espacio europeo de discusión de los asuntos públicos y establecer
a partir de este una dinámica de incorporación de demandas.
La amenaza para la democracia no proviene solo de quienes actúan expresa-
mente para socavarla, sino también de la carencia de estructuras y procedimientos
adecuados para la participación y cohesión de quienes están dispuestos a defen-
derla en los momentos de crisis y de mantenerla viva en todos los demás.

Conclusión
En este artículo he tratado de revisar algunos aspectos teóricos sobre la crisis
de la democracia que, a mi juicio, no han sido suficientemente atendidos a la
hora de evaluar la situación actual de las democracias liberales. Apoyándome en
algunos conceptos clásicos (de Tocqueville) he querido destacar, de un lado, la
relevancia que en las sociedades democráticas adquiere no ya el crecimiento de
la desigualdad, sino el aumento de la percepción social de la desigualdad y el
privilegio, y, de otro lado, recordar que no solo el mal gobierno o el liderazgo an-
tidemocrático (acción) socavan la legitimidad de las democracias, sino que lo hace

  Tilly, Charles: Democracia, Madrid, Akal, 2010.


42

176 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

muy singularmente la erosión de sus bases sociales (estructura). Asimismo, y en


este caso apoyándome en los últimos trabajos de Charles Tilly, he querido señalar
la relevancia de comprender la democracia como un proceso siempre abierto y
determinado de manera fundamental por el grado de permeabilidad de las élites
políticas respecto de las demandas de los ciudadanos.
Partiendo de estas premisas teóricas, he tratado de mostrar los efectos que
particularmente sobre las democracias europeas han tenido dos crisis sucesivas: la
crisis económica de 2008 y la crisis migratoria de 2015.
La Gran Recesión provocó un aumento importante de la desigualdad social en
la mayor parte de los países europeos. Incluso en aquellos casos donde el impacto
sobre la desigualdad no fue tan acusado, la percepción social de la desigualdad
creció favoreciendo la consolidación de un relato basado en la quiebra del contra-
to social intergeneracional y un fuerte discurso contra las élites políticas empapa-
do de retórica antiaristocrática, que ha tenido entre sus efectos la deslegitimación
de las opciones políticas tradicionales, el auge de partidos populistas a izquierda
y derecha del espectro político, la manifestación de una crisis de reconocimiento
que se mantenía latente y la aceleración de un proceso de deterioro de algunas
instituciones que ya venían dando síntomas de fatiga como consecuencia de la
tensiones propias de la globalización. A la crisis de legitimidad derivada de los
problemas de escala y de eficacia se sumó la falta de ejemplaridad.
La llamada crisis de los refugiados abundó en algunos de los problemas de
legitimación que la crisis económica ya había puesto de manifiesto (de nuevo,
por ejemplo, los problemas de escala), alimentó la retórica nacional-populista e
impulsó sus bases electorales. Pero los análisis han desatendido uno de los efectos
de deslegitimación que no tiene tanto que ver con el auge de la xenofobia como
precisamente con la desatención de las demandas de amplios sectores de la ciu-
dadanía que promovían una política migratoria de acogida y asilo más ambicio-
sa, basada en principios liberales y valores cosmopolitas. Ha hecho más daño al
proyecto europeo en relación con la crisis de los refugiados la impermeabilidad
de las instituciones comunitarias ante esas demandas que el auge de las opciones
xenófobas del grupo de Visegrado, cuyos fundamentos habían arraigado antes de
esta crisis migratoria.
Saskia Sassen43 ha advertido sobre “la importancia del papel que desempeña el
forastero en el proceso de adquisición de derechos. La historia demuestra que, en
coyunturas críticas, reconocer las reclamaciones del inmigrante acaba ampliando
los derechos formales de los ciudadanos”. Conviene hablar claro sobre este punto:
en la gestión de la cuestión migratoria nos jugamos la democracia. Hay evidencia
histórica suficiente que demuestra la relación directamente proporcional entre los

43
  Sassen, Saskia: Inmigrantes y ciudadanos, Madrid, Siglo XXI, 2013, p. 13.

Alcores, 24, 2020, pp. 159-180 177


Héctor Romero Ramos

esfuerzos de integración y acogida y una mayor calidad de las instituciones demo-


cráticas, una sociedad civil más fuerte y una mayor prosperidad económica. Hay,
asimismo, evidencia histórica no ya suficiente sino simplemente contundente de
cómo el proceso opuesto, a saber, la expulsión del diferente y el hostigamiento de
las minorías han devenido, en el mejor de los casos, en procesos de desdemocra-
tización y, en los peores, en elemento decisivo para la quiebra de los regímenes
democráticos.
La crisis de los refugiados sirios pudo ser coyuntural, pero el aumento expo-
nencial de las movilizaciones forzadas de población en todo el mundo no lo es.
Nadie atento a las tendencias económicas, demográficas y ecológicas (o climáti-
cas) puede obviarlo.
Acabo estas notas con un apunte, necesariamente especulativo, sobre la tercera
crisis que hoy afrontamos: la sanitaria, derivada de la pandemia por covid-19. Las
consecuencias que sobre las instituciones y las bases sociales de los regímenes de-
mocráticos vaya a tener y la previsible recesión económica que le seguirá es mucho
más difícil de explorar. Sin embargo y de momento, sí conviene anotar algunos
acontecimientos y manifestaciones que señalan eventuales cambios de tendencia
que en el corto plazo se pueden consolidar, pero también frustrar.
En primer lugar, a falta de próxima constatación electoral, la pandemia puede
haber marcado los límites de la estrategia nacional-populista, al menos en parte.
Tanto Trump en Estados Unidos, como Bolsonaro en Brasil y Boris Johnson en
el Reino Unido optaron en un primer momento por alimentar el irracionalismo
–o el cinismo anti “razón común” – y flirtearon con una salida de corte darwinis-
ta social. Los tres enfermaron y Johnson cambio de estrategia radicalmente. Su
primera apuesta tuvo resultados calamitosos y han perdido credibilidad. Trump
perdió las elecciones. Su liderazgo, al quedar retratados los límites del discurso
demagógico y su estrategia de descrédito de la verdad, se ha resentido necesa-
riamente. La verdad de los contagios y la presión sobre los sistemas de salud ha
resultado ser demasiado terca.
En segundo lugar, durante la primera oleada de contagios hemos visto una
importante movilización social impulsada por el reconocimiento de la labor de
los “trabajadores esenciales”. Es lo que Andrés Pedreño44 ha llamado el “momen-
to durkheimiano” de esta crisis: amplios rituales de interacción (el aplauso a las
ocho de la tarde desde las ventanas de nuestros hogares) e iniciativas sociales de
ayuda mutua (jóvenes organizados para hacer la compra a sus vecinos mayores o
vulnerables durante el confinamiento) que en su capacidad para generar energía
emocional refuerzan la identidad colectiva. Rituales de interacción muy similares

  Pedreño Cánovas, Andrés: “Un momento durkheimiano y un momento marxiano en la crisis


44

sanitaria de la covid-19”, Trabajo y Sociedad, 35, vol. XXI (2020), pp. 223-233.

178 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


El retorno de la pasión democrática. Desigualdad y repliegue nacional en Europa, 2007-2020

a los que analizó Randall Collins45 en Nueva York tras el 11-S, en aquella ocasión
en reconocimiento colectivo y solidaridad social con los bomberos, elevados a
la categoría de héroes nacionales. Una cohesión social cimentada esta vez en el
reconocimiento de muchos trabajadores cuyas condiciones laborales y vitales se
habían precarizado en los últimos años y en la glorificación de los “cuidados” y
los valores de la economía no monetarizada o injustamente retribuida. Esto en
sí mismo no revierte la brecha de desigualdad acentuada durante la crisis eco-
nómica, pero sí atenúa la crisis de reconocimiento de la que hemos hablado en
este artículo y nos recuerda, tras décadas de hegemonía de las ideas (y políticas)
individualistas, que en las sociedades modernas, cada vez más complejas, la in-
terdependencia derivada de la división social del trabajo es fuente de solidaridad
social. Cierto también que ese momento ha pasado y quizá habremos de enfrentar
en adelante lo que Pedreño ha llamado el “momento marxiano”: una reacción de
las clases privilegiadas que “no nos va a perdonar estos meses dedicados al trabajo
concreto del cuidado y en los que no se está produciendo valor”46 ). Una “rebelión
de los ricos” sostenida sobre el argumento de un supuesto recorte de derechos
cívicos y libertades individuales.
Por último, esta tercera crisis sucesiva (económica, migratoria, sanitaria) ha
reforzado una tendencia ya visible en las otras dos: un proceso de re-estataliza-
ción. La crisis financiera internacional y su derivada, la crisis de la deuda, nos
hicieron volver la mirada hacia el Estado para bien (masiva inyección de dinero
público en el sistema financiero, nacionalización de bancos y aseguradores, ba-
jada de tipos, políticas de estímulo fiscal, medidas todas ellas que sirvieron para
aplacar el impacto de la crisis) y para mal (crisis de eficacia y de credibilidad
de las estructuras supranacionales como la UE, que acusó falta de solidaridad
entre los Estados miembros). La crisis migratoria, de nuevo, ha sido respondida
desde el Estado: repliegue nacional, cierre de fronteras que se suponía abiertas,
obsesión soberanista y, otra vez, fracaso de instancias supranacionales (UE) a la
hora de articular respuestas políticas comunes y solidarias que han derivado en
ineficacia y deslegitimación. La crisis sanitaria ha sucumbido también a la pulsión
estatalizadora: de nuevo cierre de fronteras, competencia (a veces desleal) entre
Estados en el acopio de medicamentos y tecnología en un mercado internacional
saturado, recurso (y en algunos casos, quizá abuso) a medidas de excepcionalidad.
Pero con una salvedad: en esta ocasión y ante las consecuencias económicas de la
pandemia, la Unión parece haber aprendido la lección y las políticas de estímulo
económico y solidaridad entre los Estados miembros muestran, al menos en prin-
cipio y tras tensa negociación, muy distinto cariz. Aunque la salvedad muestra

45
  Collins, Randall: Cadenas de rituales de interacción, Barcelona, Anthropos, 2009.
46
  Id., p. 233.

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Héctor Romero Ramos

también su doble cara: la aspiración de Bruselas a combatir la deriva autoritaria


de países como Polonia y Hungría supeditando las ayudas al cumplimiento de
las exigencias de la Unión en relación con la garantía de derechos fundamentales
pone en dificultades a aquellos Estados miembros (entre ellos, España) que no
pueden esperar para recibirlas.
Así, si en la década de los noventa cundía el convencimiento de la superación
de los Estados nacionales por la globalización y su réplica (la exacerbación de las
identidades nacionales subestatales) y diez años después ya se advertía que nos
habíamos precipitado a firmar el certificado de defunción del viejo Leviatán47 o
que, en todo caso, la relación entre globalización económica, soberanía nacio-
nal y democracia (el célebre y últimamente premiado ‘trilema’ de Rodrik) iba a
resultar más compleja de lo previsto, hoy empezamos a pensar si, como sostiene
Sassen48, “el Estado nacional de nuestra época participa en la producción de lo
que llamamos lo global, la economía global, los imaginarios de lo global. No es
simplemente la víctima”. Y lo hace desnacionalizando lo que antes había nacio-
nalizado, con los mismos instrumentos con los que lo había nacionalizado49. Así
lo dejó escrito Tony Judt en uno de sus testamentos intelectuales: “El Estado,
lejos de desaparecer, podría estar a punto de lograr su plena realización: los privi-
legios de la ciudadanía, las protecciones de los derechos de los poseedores de tar-
jetas de residencia, serán esgrimidos como triunfos políticos. Habrá intolerantes
y demagogos en democracias establecidas que pedirán test –de conocimientos,
de lengua, de actitud– para determinar si los desesperados recién llegados me-
recen ostentar la “identidad” de británicos o de holandeses o de franceses. Ya lo
están haciendo”50.
Tras un balance inconcluso de doce años de crisis y una democracia herida
sabemos que la vuelta al Estado no soluciona los problemas, solo los aplaza.

47
  Mann, Michael: The sources of social power. Vol. 4: Globalizations, 1945-2011. NY: Cambridge
University Press, 2013; Bayón, Juan Carlos: “¿Democracia más allá del Estado?”, en A, Ruiz Miguel (ed.),
Entre Estado y cosmópolis. Derecho y justicia en un mundo global, Madrid, Trotta, 2014, p. 136.
  Sassen, Saskia: “Entrevista con Saskia Sassen”, Sociología Histórica, 4 (2014), pp. 183.
48

  Sobre los retos de las “democracias desnacionalizadas” ver Galarraga, Auxkin: “Los retos de las
49

democracias desnacionalizadas. Apuntes para el debate”, Sociología Histórica, 10 (2019), pp. 350-379.


  Judt, Tony: El tren de la memoria, Madrid, Taurus, 2010, p. 220.
50

180 Alcores, 24, 2020, pp. 159-180


Varia
Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 ISSN: 1886-8770

Legitimación y represión política en


Palencia durante el Trienio Liberal
(1820-1823)
Fco. Javier de la Cruz Macho
Universidad de Valladolid
Fecha de aceptación: 23 de julio de 2020

Resumen: Tradicionalmente, el interior peninsular se ha considerado, durante el


reinado de Fernando VII, como el principal baluarte del absolutismo. Pero las capitales
de provincia, sin embargo, no fueron ajenas al liberalismo. Las instituciones políticas
locales y la ciudadanía se movilizaron, durante el Trienio Liberal, con un gran dinamismo,
poniendo de manifiesto la difusión del liberalismo en estas pequeñas ciudades del interior.
El caso de Palencia es un ejemplo más de que la población y sus autoridades participaron
activamente en el proceso de legitimación del nuevo régimen liberal. No es Palencia un
caso aislado. Estudios sobre otras localidades castellanas y de otras zonas del interior han
evidenciado una situación similar.

Palabras clave: Trienio Liberal, liberalismo, movilización, Palencia.

Abstract: Traditionally, the interior peninsular is considered the main bulwark of


absolutism during the reign of Fernando VII. However, the provincial capitals were not
alien to liberalism, and both local political institutions and citizens mobilized intensively
during the liberal triennium, highlighting the spread of liberalism in these small towns. In
the case of Palencia, the population and their authorities were not only actively involved
in the legitimization process of the new liberal regime. Palencia was not an isolated case,
and other studies of Castilian towns have revealed similar evidence to support this.

Keywords: Liberal Triennium, liberalism, mobilization, Palencia.

185
Fco. Javier de la Cruz Macho

Introducción
El Trienio Liberal en Palencia supuso, como mostraremos en este artículo, un
periodo de intenso dinamismo político-social marcado por una doble dinámica:
legitimación del liberalismo y represión del absolutismo, que se invertirá tras el
fin del Trienio. “La radicalización del conflicto entre liberales y absolutistas que se
produjo en 1814 determinó el carácter excluyente de sus respectivas posiciones.
(...) La lucha política fue entonces sustituida por la lucha contra el régimen, tanto
si éste es absolutista como si es liberal”1.
Legitimación y represión, analizadas desde la óptica de una pequeña capi-
tal de provincia del interior peninsular, que no es ajena a la evolución política
del país2. Con la descripción que de los hechos acaecidos en Palencia presenta-
mos, pretendemos poner de manifiesto que las ciudades del interior3, lejos de
ser una mera caja de resonancia en el devenir del liberalismo, jugaron también
un papel activo en el intento de consolidar y legitimar el nuevo régimen. La
intensidad de este proceso es, muchas veces, desconocida por carecer de estu-
dios específicos4.

  Artola, Miguel: La burguesía revolucionaria (1808-1874) (9.ª ed.), Madrid, Alianza Universidad,
1

1983, p. 48.
2
  Los propios observadores extranjeros de la época parecen no “tener ojos” para lo que acontece más
allá de los grandes núcleos de población. Los informes que, por ejemplo, se envían desde el Consulado
británico a Londres “coinciden en considerar a los habitantes de las grandes ciudades, y particularmente
a las de puerto de mar, como a las más simpatizantes con la causa liberal” (Moreno Alonso, Manuel:
“La revolución liberal de 1820 ante la opinión pública española”, Revista de Estudios Políticos, n.º 52,
julio-agosto 1986, pp.  91-110, p.  103) y consideran que “Castilla, en términos generales, constituía
la región española menos adicta a las nuevas ideas liberales. En León, Salamanca, Palencia, Cuenca y
Guadalajara se pensaba que las elecciones para los representantes en las Cortes estarían influenciadas por
los Grandes, los grandes propietarios de tierras y el clero (…) Lo mismo, prácticamente, ocurría en Ávila,
Zamora y Jaén…” (ibidem, p. 107).
  Esta idea ya ha sido puesta en cuestión por otros historiadores, como Gil Novales, quien afirma
3

“…pero aún en el interior del país, a pesar de su relativo aislamiento, puede recibir favorablemente la co-
yuntura liberal. Aunque no lo exprese intelectualmente, el pueblo busca siempre su propia liberación. Lo
de “Viva las cadenas” es absolutismo y propaganda interesada. Nada más. Sabemos que la clase artesanal
va a participar ampliamente del movimiento político del liberalismo, que la pequeña burguesía, aun con-
tradictoriamente de unas ciudades a otras, e incluso en el seno de una misma ciudad, empieza a tomar ac-
titudes populares de libertad”. Gil Novales, Alberto: El Trienio Liberal, Madrid, Siglo XXI, 1980, p. 73.
4
  Una excepción es la ciudad de Zamora, para la que contamos con un gran estudio que pone de
manifiesto la conflictividad sociopolítica vivida en la ciudad durante el Trienio: Codesal Pérez, Matilde:
La ciudad de Zamora en el Trienio Liberal (1820-1823) (Conflictividad sociopolítica en un contexto de cri-
sis), Ed. Uned, 2008, 371 p. También es el caso de Benavente: Fuentes Ganzo, Eduardo: “El Trienio
Liberal en Benavente, 1820-1823. El gobierno local: doctrinarismo y acción”, en II congreso de Historia
de Zamora, Vol. 3, Edad Contemporánea, Zamora 2008, pp. 165-182. Otra ciudad que cuenta con un
estudio sobre el Trienio es Segovia: García Sanz, Ángel: “Cambio institucional y actitudes políticas en
Segovia durante el Trienio Liberal (1820-1823), Estudios Segovianos, n.º 85, 1978, pp. 7-48. Más reciente
es el análisis del Trienio Liberal en La Rioja de Díez Morras, Francisco Javier: Los inicios del constitucio-
nalismo en La Rioja. El Trienio Liberal (1820-1823), Tesis doctoral inédita, Logroño, 2019.

186 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

El comienzo del Trienio Liberal en la ciudad de Palencia


Como en otras muchas zonas, el inicial pronunciamiento de Riego en Cabezas
de San Juan contó con escaso apoyo. Los militares destinados en la ciudad de
Palencia permanecieron en sus cuarteles, al igual que ocurrió en el resto de
España. Será a finales de febrero y principios de marzo, cuando el movimiento se
extienda a otras zonas5. En Palencia, mientras el Ejército permanecía acuartelado,
la ciudadanía estuvo más dispuesta a impulsar el movimiento revolucionario6.
El 1 de marzo de 1820 aparecieron dos pasquines en las calles de Palencia.
Uno enfrente del edificio de Correos en el que se leía: “Palentinos todos unidos.
Viba la libertad y mueran los opresores”7, escrito con letras de molde.
El otro se encontraba en el Peso Real. Solo el primero llegó a manos del co-
rregidor, el segundo desapareció quemado en la hornacha de una casilla de con-
sumos. El pasquín quemado se diferenciaba del anterior en las letras de mayor
tamaño de la última fila y en que la letra B de “viva” era en realidad una “P” a la
que, con plumilla, se había completado el trazo que faltaba8.

Figura 1: Pasquín pegado frente al edificio de Correos. Archivo Histórico de la


Provincia de Palencia (en adelante AHPP), Sección Legajos, n.º 7910.

5
  Artola, Miguel: La burguesía revolucionaria…, p. 46.
6
  La Parra, Emilio: Fernando VII. Un rey deseado y detestado. Madrid, Tusquets, 2018, hace refe-
rencia, en varias ocasiones al papel de la ciudadanía en el triunfo del Trienio Liberal, afirmando que “En
cierto modo había fracasado la insurrección militar, pero había triunfado el movimiento revolucionario”
(p.  376). Establece, en este sentido, paralelismos con los sucesos de 1808 aludiendo a como “el pue-
blo tomó la iniciativa, mostró desconfianza ante las autoridades existentes” (p. 377), y al papel de los
Ayuntamientos, en concreto el de Madrid, ante el que monarca juró la Constitución.
7
  Grafía y puntuación original.
8
  AHPP, Sección Legajos, n.º 7910.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 187


Fco. Javier de la Cruz Macho

El acontecimiento causó un gran revuelo en la ciudad y, aunque los pasquines


fueron vistos por escasas personas, la noticia se extendió con suma celeridad.
El día 5 de marzo aparecieron dos nuevos pasquines, escritos a mano y con-
trarios a la Constitución: “Ciudadanos Palentinos. Todos unidos a defender a
Nuestro soberano, nuestra Familia, Nuestra Patria y Religión, y mueran los que
intentan la Constitución”9.

Figura 2: Pasquín en contra de la Constitución. AHPP, Sección Legajos, n.º 7910.

Los liberales palentinos contraatacaron el 6 de marzo con una nueva proclama


firmada bajo el seudónimo de “Juan Cierto”. En ella pedían a los palentinos que
se sumasen a la asonada que en otras partes de España se estaba produciendo a
favor de la Constitución y a favor del liberalismo10.
Finalmente, el 8 de marzo el rey aceptaba la Constitución. El Ayuntamiento
comunicó el 11 de marzo el decreto por el que el rey juraría la Constitución y,

9
  AHPP, Sección Legajos, n.º 7910.
  “Autoridades Civiles y Militares de Palencia, ¿será posible que vuestra desconfianza y pasión
10

a la injusticia permita sea la Provincia de vuestro mando una de las últimas que se acojan al Gobierno
Legítimo?¿Por qué unánimes y conformes, imitando a la Ysla Andalucía, Valencia, parte de Aragón y
Cataluña, Segundo Alcázar de la Livertad Española, ciudad de Santander y algunos Pueblos de Navarra,
no les ofrecéis vuestros respetos? Pues mirad que...Y vosotros Palentinos decid conmigo, viva el Rey unido
a la Constitución, pero mirad que el día que se proclame en este Pueblo la libertad ofrecida, no os acojáis a
aquella que en todas Épocas havéis abrazado para ultrajar a las Personas, sus Derechos y Propiedades, por
que se cumplirá en vosotros la pena capital que tienen ofrecida las Cortes en su decreto de 21 de Febrero
último. Esto os lo dice a unos y a otros el que está Comisionado para ello en vuestra misma Capital a 6
de marzo a las tres de su mañana. Fdo.: Juan Cierto”. La documentación en la que se ha basado todo este
relato se puede localizar en AHPP, Sección Legajos, n.º 7910.

188 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

el día 15, el decreto que convocaba nuevas elecciones municipales11. No hubo


oposición por parte de los regidores, que acataron las órdenes, produciéndose
un importante cambio político a nivel local, sin convulsiones, constituyéndose
un nuevo Ayuntamiento el 28 de marzo. Nueva corporación que supuso todo
un vuelco en cuanto a la identidad política, económica y profesional de sus
integrantes12.

AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE 1820


Personas Actividad Profesional
Joaquín Calleja, Comerciante de mantas
Manuel García Durango Fiel de rentas
Matías Rodríguez de la Plaza Notario
Alejo Prieto Comerciante
Domingo Presa Panadero, labrador y ganadero
Manuel Clemente Martínez Fabricante y comerciante de lanas
Juan Balbuena Comerciante
Miguel Palacios Copropietario de tinte
Antonio Cirés Caballero Cajero de la tesorería real de rentas
Elías Hernández Boada Comerciante
Pedro Regalado de la Fuente Fabricante de lana
Leonardo Lerma Comerciante de vino
Manuel Baamonde Arquitecto
Julián Estrada Labrador
Manuel Escalada González Abogado
Eduardo Obejero Hacendado

Un cambio muy significativo, con un Ayuntamiento totalmente renovado, sin


presencia de los antiguos regidores perpetuos, y con una escasísima presencia del
mundo rural y agrario.
El nuevo Ayuntamiento, procuró, desde el principio, rodearse de adep-
tos al nuevo régimen, desarrollando una labor de “limpieza” política de su

11
  Archivo Municipal de Palencia (en adelante AMP), Actas Municipales del 11 y 15 de marzo de 1820.
12
  Mientras en las anteriores corporaciones municipales existía una mayoría de nobles y grandes
propietarios agrícolas, durante el Trienio predomina un personal dedicado a profesiones liberales, comer-
cio e industria. Un estudio más detallado de este cambio se puede ver en Cruz Macho, Francisco Javier:
Palencia la ciudad y sus alcaldes. 1808-1936, Palencia, PITTM, 2019. Este fenómeno también se puede
observar en ciudades como Segovia (García Sanz, Ángel: “Cambio institucional...”) o Zamora (Codesal
Pérez, Matilde: La ciudad de Zamora...).

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 189


Fco. Javier de la Cruz Macho

personal13. Se procedió a cesar a algunos trabajadores, contratando a otros,


en función de sus amistades y simpatías políticas. No es por ello de extrañar
que una gran cantidad de trabajadores presentasen, bien de forma individual
o colectiva, memoriales al nuevo Ayuntamiento para que se les mantuviese
en su puesto de trabajo. Algunos incluso presentaron informes de su gestión.
Ocurrió el mismo día de la toma de posesión del nuevo Ayuntamiento, el 28
de marzo, y se repitió a lo largo del mes de abril14. Ello no impidió que mu-
chos trabajadores fuesen retirados de sus puestos, entre ellos el secretario del
Ayuntamiento15 y el alcaide de la Cárcel16.
Un colectivo sobre el que se pidieron informes fue el personal de Hacienda,
interesándose sobre su “adhesión a las nuevas instituciones y demás calidades
morales, políticas y cibiles...”17. El Ayuntamiento contestará aduciendo que todos
los empleados eran “adictos al régimen constitucional”18, puesto que ya se había
encargado él de que así fuese desde los primeros días de su gestión.
La solicitud de información alcanza, incluso, al antiguo corregidor. El
Ayuntamiento emitió por dos veces un informe sobre Agustín Tosantos Laprada,
en el primero se decía que “es adicto a la Constitución” y que apoya la libertad e
independencia política de la nación19. En el segundo, que “goza de buen concepto
y opinión, que está acreditado por su ciencia, desinterés y moralidad, adicto a la
Constitución de la Monarquía…”20. Estas palabras favorables derivan de la con-
dición de juez de primera instancia que aún ostentaba Agustín Tosantos, lo que
provocaba recelo entre los regidores y miedo a desacreditarle, ya que podían verse
envueltos en un juicio que, seguramente, perderían, como ya les había ocurrido
a otros regidores bajo su corregiduría21. Finalmente, el gobierno cesó a Tosantos
como juez de primera instancia el 1 de enero de 182122. La población celebró su

  Este proceso fue similar al de otras localidades. En Logroño se solicitaron informes también del
13

antiguo corregidor, se cambió de secretario, se informó sobre el personal de Hacienda, etc. Díez Morras,
Francisco Javier: Los inicios del constitucionalismo…, pp. 234-243).
  AMP, Actas Municipales, 28-3-1820, 1-4-1820 y 5-4-1820.
14

  AMP, Actas Municipales, 1-4-1820.


15

  AMP, Actas Municipales, 12-5-1820.


16

  AMP, Actas Municipales, 9-6-1820.


17

  AMP, Actas Municipales, 23-6-1820.


18

  AMP, Actas Municipales, 12-6-1820.


19

  AMP, Actas Municipales, 15-9-1820.


20

  Agustín Tosantos Laprada fue bien conocido durante su mandato por sus elevadas multas y su
21

acoso a algunos regidores que se opusieron a sus decisiones, valiéndose de su condición de juez.
  La actitud de oposición de los corregidores y el intento de los ayuntamientos liberales por ex-
22

pulsarlos del panorama público, e incluso de la ciudad, son algo común en otros entornos urbanos del
interior peninsular. Está muy bien documentado el caso de La Rioja (Díez Morras, Francisco Javier: Los
inicios del constitucionalismo…, pp. 234-243).

190 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

cese con cohetes y, según relato del propio corregidor, recibió insultos en la calle,
le cantaron El Trágala e incluso fue amenazado con la horca por algunos ciudada-
nos23. Otro colectivo sobre el que se pidieron informes, en dos ocasiones24, fue el
de los abogados de la ciudad25.
Además del personal laboral y político del Ayuntamiento se revisó también la
gestión municipal anterior. En la inspección se descubrieron contratos de arren-
damiento que no estaban formalizados notarialmente, por lo que no se estaban
ingresando los pagos pertinentes, o al menos no era el Ayuntamiento el que los
recibía. Se acusó también al absolutista Manuel Díez Valdivieso de su gestión al
frente del pósito, mientras que el liberal Telesforo Martínez de Azcoitia volvió a
presentar los recursos, que el anterior Ayuntamiento le había rechazado, sobre su
gestión en el almacén de granos, resultándole ahora favorables. Se premiaba así a
los amigos y leales políticamente, y se condenaba y rechazaba a los opositores al
nuevo sistema, siempre que estos no resultasen peligrosos.

Sacralización y propaganda
Triunfante, momentáneamente, el movimiento liberal, las autoridades trata-
ron de involucrar a la Iglesia en el proceso constitucional y aprovechar su poder
para difundir la Constitución desde las iglesias y conventos, otorgando, además,
un halo de religiosidad al nuevo sistema político. En este sentido, el Ayuntamiento
dictó una orden para que se explicase la Constitución durante las celebraciones
eclesiales. Sin embargo, la Iglesia no estuvo dispuesta a la colaboración y la mayo-
ría de los sacerdotes hicieron caso omiso de esta solicitud en sus celebraciones26.
Ante este rechazó, el Ayuntamiento intentó beneficiarse del sermón que Gaspar
de Cos, canónigo magistral de la catedral, leyó el mismo día de la proclama-
ción constitucional. Sermón laudatorio de la Carta Magna que el Ayuntamiento
quiso imprimir y difundir. Gaspar de Cos, sin embargo, se negó a entregarlo al
Consistorio debido a las presiones que recibió desde el Obispado27.

23
  Esta breve exposición se puede encontrar con más detalle en las Actas Municipales del 31 de
mayo de 1823 (AMP).
24
  AMP, Actas Municipales 9-10-1820.
25
  AMP, Actas Municipales, 5-10-1820.
26
  “Pues yo casi siempre asisto á la parroquia y puedo decir con verdad no haber oído hablar
una sola vez de la Constitución. Y habiendo preguntado á personas de otras parroquias y pueblos
si se hablaba de ellas en las suyas, me respondieron que jamás, y que no tienen noticia de un solo
párroco del Obispado que lo haga, aunque en partes semanales que dan al Gefe político los Alcaldes
testifiquen lo contrario”: Semanario Patriótico de la Provincia de Palencia, n.º 34, 25-8-1821, en
De Castro Matía, Santiago: Edición Facsímil del Semanario patriótico de la provincia de Palencia,
Palencia, Santiago de Castro Matía, 1981.
27
  AMP, Actas Municipales, 10-4-1820.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 191


Fco. Javier de la Cruz Macho

Además de buscar el apoyo eclesial, las autoridades trataron de sacralizar el


nuevo régimen, especialmente su norma fundamental, la Constitución. El 19 de
marzo se procedió a celebrar el aniversario de la Constitución de Cádiz, lo que
supuso, por un lado, obviar la celebración de San José y, por otra, involucrar a la
Iglesia en la exaltación de un hecho no religioso. La celebración se inició con una
ceremonia religiosa, seguida de un tedeum28, que fue presidida por los canónigos
y no por el obispo, quien intentó así rebajar la “magnitud” de la celebración29.
Las actas capitulares recogen las invitaciones del Ayuntamiento y del jefe político
a participar en la ceremonia. Las respuestas son evidencia del escaso interés y la
nula predisposición a la colaboración por parte del Obispado y el Cabildo. A
todas ellas responden con un “se da por enterado”, mientras que, a la invitación
para participar en los demás eventos de ese día, simplemente se manifiesta un “se
agradece la invitación”, sin definir su participación30.
Esta identificación, entre Constitución y religión, trató de hacerla explícita
el Ayuntamiento mediante un bando publicado el 7 de abril de 1820: “Que esta
Constitución manda que todos los Españoles sean no solamente justos, sino tam-
bién benéficos y que recíprocamente se amen los unos a los otros según lo manda
el adorable Evangelio de Jesucristo”31. No se podía ser más claro, la Constitución
tenía el mismo mensaje que el Evangelio.
Otras celebraciones fueron también “modificadas” para exaltar y sacralizar el
naciente régimen liberal. El 2 de mayo32 se convirtió “en el aniversario de los
primeros mártires de la libertad”33, reorientando el sentido de la celebración hacia
una exaltación del liberalismo34. El Cabildo celebró, a petición del jefe político,

28
  En Segovia también se escenificó la vuelta al constitucionalismo con un tedeum. García Sanz,
Ángel: Cambio institucional..., pp. 7-48.
29
  Esta actitud del obispo es semejante a la del obispo de Zamora, quien no asiste a los homenajes
a los comuneros, delegando su función en otros cargos eclesiásticos menores. Codesal Pérez, Matilde:
La ciudad de Zamora..., p. 134
30
  Archivo Catedral de Palencia (en adelante ACP], Actas Capitulares, 14, 15 y 18 de marzo de
1820. Más proclive, sin embargo, parece la iglesia de Santo Domingo de la Calzada, que se unió de forma
más entusiasta a los actos iniciales de proclamación y exaltación del nuevo régimen. Seguramente, las
relaciones previas entre las nuevas autoridades y el clero determinarían esta relación, pues el nuevo alcalde
riojano era un antiguo regidor perpetuo. Diferente es el caso de Calahorra, donde algunos eclesiásticos
se negaron a participar en la celebración. Díez Morras, Francisco Javier. Los inicios del constitucionalis-
mo…, pp. 220-222.
  AMP, Actas Municipales 7-4-1820.
31

  Es un hecho común esta celebración en otros lugares de Castilla y León, así por ejemplo en
32

Benavente se celebra este acontecimiento asistiendo al mismo la Milicia de León capital. Fuente Ganzo,
Eduardo: “El Trienio Liberal...”, pp. 169.
  AMP, Actas Municipales, 26-4-1822.
33

  En muchas localidades castellanas se recuperó la figura de los comuneros, sin embargo, esta
34

exaltación comunera no se produjo en la ciudad de Palencia.

192 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

una “misa solemne de difuntos con responso al final y cirios, poniendo en el cru-
cero la tumba pequeña y seis achas”35.
Pero los poderes públicos locales desarrollaron, además, una activa labor pro-
pagandística del liberalismo y la Constitución más allá del ámbito religioso y
festivo. El espacio público se convirtió, así, en un elemento más de exaltación. El
nuevo Ayuntamiento, a semejanza de lo que ocurría en otras ciudades36, dispuso,
inmediatamente, la colocación en la fachada del Ayuntamiento de una lápida con
la leyenda “Plaza de la Constitución”, que se inauguró solemnemente con novi-
llos, bailes, fuegos artificiales, repique de campanas, etc.37. De este acontecimien-
to el Ayuntamiento decidió enviar un acta al Gobierno para mostrarle su apoyo y
la clara vocación constitucional de la ciudad de Palencia38.
La difusión de las “bondades” del nuevo régimen y de la Constitución39 fue
también una tarea prioritaria, ordenando el Ayuntamiento la enseñanza de la
norma constitucional en los colegios y centros de enseñanza sostenidos por el
consistorio municipal.
En la tarea de difusión entre la población destacó la figura del jefe político de
Palencia, José Álvarez Guerra, quién decidió establecer una Tertulia patriótica40
en la ciudad en el verano de 182141. La tertulia empezó a reunirse el 29 de julio
en el teatro todos los domingos y días festivos, dando comienzo a las 10 de la

35
  ACP, Actas Capitulares, 29-4-1821.
36
  “La exaltación de la libertad durante el Trienio (1820-23) no sólo se inaugura con la restitución
de las lápidas conmemorativas de la Constitución gaditana, generalmente en las Plazas Mayores (en la fa-
chada del Ayuntamiento), sino también con dedicatoria de calles…”. VV. AA.: Historia de Castilla y León,
liberalismo y caciquismo (siglo XIX), Valladolid, Ámbito, 1986, p. 26. Díez Morras, Francisco Javier: Los
inicios del constitucionalismo…, pp. 234-243
37
  AMP, Actas Municipales, 28-4-1820.
38
  AMP, Actas Municipales, 12-5-1820. Lamentablemente esta acta no se ha conservado en el ar-
chivo, tan solo el acuerdo municipal de su envío.
39
  “A pesar del entusiasmo por la Constitución y la alegría por el cambio de régimen, ante todas
estas actuaciones los liberales se sienten inseguros, y tienen miedo por el porvenir. Adoptan la costumbre
de reunirse en cafés y otros lugares públicos para comunicarse las noticias, leer los periódicos –papel
fundamental de la lectura colectiva para la formación de una opinión pública– y, pronto, proponer ideas
y soluciones. Nacen así las Sociedades patrióticas (…) su fundación obedece a la necesidad de difundir
las ideas liberales y el significado de la Constitución a capas cada vez más amplias del pueblo, pensando
siempre que se actúa de acuerdo con el gobierno”. Gil Novales, Alberto: El Trienio..., p. 11.
40
  En Castilla y León hubo un total de 21 sociedades patrióticas, desde las que se imprimen los pri-
meros periódicos y en las que “se integraban prioritariamente las clases medias-altas urbanas, y el aparato
oficial, civil y militar”. VV. AA.: Historia de Castilla y León..., p. 107. Descripción que coincide con la
Sociedad Patriótica Palentina.
41
  AMP, Actas Municipales, 17-7-1820: “(…) con el objeto de instruir al público, dándole a cono-
cer las ventajas que proporcionará a la nación en general y a los individuos de ella la Constitución política
de la Monarquía, desvaneciendo las funestas preocupaciones que puedan oponerse a su observación…”.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 193


Fco. Javier de la Cruz Macho

mañana42, y estuvo activa durante todo el Trienio. Tertulia que no solo se dedi-
caba al adoctrinamiento a través de las reuniones, sino que organizó diferentes
actividades dirigidas a promocionar el liberalismo y la Constitución y a denigrar
al absolutismo y sus partidarios. Entre ellas, una función el 12 de agosto de 1821,
desfilando las autoridades por la ciudad, representándose una obra de teatro43 y
entonando diferentes canciones patrióticas. Por la noche se iluminó la ciudad y se
realizó un repique de campanas44.
La prensa jugó también un papel destacado en esta labor propagandística.
Unos años antes la ciudad había visto nacer el primer periódico palentino bajo el
nombre de El zelo palentino45. Tras su desaparición no hubo otra iniciativa perio-
dística hasta el Trienio, impulsada, en esta ocasión, por el jefe político José Álvarez
Guerra, bajo el nombre de Semanario Patriótico de la Provincia de Palencia. De
periodicidad semanal, no dejaba, en este caso, de ser una iniciativa institucional,
aunque no tuviese “oficialmente” ese carácter. No duró mucho la experiencia,
ya que inició su andadura el 6 de enero de 1821 y finalizó el 25 de agosto de
1821, cuando se puso en marcha la Tertulia Patriótica. Su redactor principal fue
Domingo Blanco de Salcedo46.
El semanario contaba con un primer artículo en el que se desarrollaba y ex-
plicaba uno de los artículos de la Constitución. Se acompañaba de noticias del
mundo y de España. A veces contenía comunicados o avisos del jefe político, ar-
tículos en los que se trataban de difundir las bondades de la Constitución, criticar
actitudes de la Iglesia o demostrar que Constitución y catolicismo no solo no eran
contrarios, sino que incluso eran afines.

42
  AMP, Actas Municipales, 21-7-1821. En el Semanario Patriótico de 28 de julio de 1821 se en-
cuentra la primera convocatoria y las normas de intervención, mientras que en el del 11 de agosto de
1821 se recoge íntegramente el discurso de inauguración pronunciado por el juez de 1.ª instancia.
43
  A pesar de portarse el retrato del rey, la obra representada no suponía una exaltación de la mo-
narquía, sino una advertencia sobre quiénes debían ser los nuevos compañeros de viaje del monarca.
“En agosto de 1821 se representó en una tertulia patriótica reunida en Palencia por iniciativa de José
Álvarez Guerra, jefe político de la provincia, el drama Fernando VII desengañado por los héroes de la na-
ción en 1820, cuyo título es suficiente para percatarse de la importancia del argumento”. Gil Novales,
Alberto: Las sociedades patrióticas, Madrid, Tecnos, 1975, I, p. 168.
  AMP, Actas Municipales, 10-8-1821.
44

  Cruz Macho, F. J. de la: “El primer periódico palentino (“El zelo palentino”)”, en  Diario
45

Palentino (20-10-2013).
46
  Domingo Blanco de Salcedo estaba emparentado con los “Blanco de Salcedo” residentes en la
ciudad de Palencia, regidores perpetuos y vinculados al absolutismo. Sin embargo, Domingo colaboró
con los franceses y llegó a ocupar la alcaldía de la ciudad de Valladolid. Para más información sobre esta
persona se pueden consultar Carasa Soto, Pedro: Diccionario biográfico de alcaldes de Valladolid, 1810-
2010, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2010 y Matilla Quiza, M.ª Jesús y Frax Rosales,
Esperanza: “La trayectoria de un afrancesado. Domingo Blanco de Salcedo”, en M. Pérez Ledesma y J. M.
Donezar (coords.): Antiguo Régimen y liberalismo: homenaje a Miguel Artola, Vol. 2, Economía y Sociedad,
Madrid, Alianza Editorial, 1994, pp. 519-536.

194 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

Pero el movimiento de prensa en la ciudad era mayor. Periódicos de otras


provincias se difundían en la ciudad y buscaban el amparo de las instituciones.
Así, el periódico Tribuno envió ejemplares al Ayuntamiento palentino solicitando
su suscripción al mismo. El Ayuntamiento contestó que ya se hallaba suscrito a
otros periódicos y que “no se halla en el caso de hacerlo del que se presenta...”47.
Ciudadanos anónimos también recibían prensa foránea e incluso algunos colabo-
raban enviando crónicas de la ciudad. Hay constancia de la recepción del periódi-
co El Patriota Riojano, que hace referencia a sus lectores palentinos48.

Movilización ciudadana
Pero no fueron solo las instancias políticas las que trataron de impulsar la
Constitución. La ciudadanía jugó un papel muy importante, tomando partido, a
favor y en contra, del nuevo régimen político49.
Al inicio del artículo ya aludimos a los pasquines que circularon por la ciudad
durante el pronunciamiento. Aunque el cambio político a nivel local se produjo
sin conflictos, la población no actuó tranquila y pacíficamente50. Algunos exci-
tados por el cambio político cometieron perturbaciones y alborotos callejeros,
atacando especialmente edificios religiosos, por lo que el Ayuntamiento se vio
obligado, el mismo día de la toma de posesión, a publicar un bando de buen
gobierno51.
A pesar del bando, los alborotos nocturnos, peleas, cánticos y desórdenes
continuaron en estos primeros meses. Por ello, el 5 de abril se decidió mante-
ner en sus puestos a los “comisionados celadores de la Parroquia y auxiliares de
la Jurisdicción ordinaria para que continúen con el ejercicio y desempeño de
sus funciones coadyuvando a la conservación del buen orden y tranquilidad
publica…”52.
Dos días más tarde el Ayuntamiento tuvo que hacer una nueva declaración,
ya que la tranquilidad seguía alterada, pidiendo el mantenimiento del buen

47
  AMP, Actas Municipales, 22-5-1822.
48
  Delgado Idarreta, José Miguel, El patriota riojano, Edición Facsímil (1822-1823), La Rioja,
Instituto de Estudios Riojanos, 1994. La referencia se encuentra en el núm. 16, p. 3, del 22 de noviembre
de 1822.
49
  “Pero el pueblo no estaba quieto, esperando a ver qué decidían aristócratas, burgueses y funcio-
narios. El pueblo es también protagonista”. Gil Novales, Alberto: El Trienio..., p. 63.
  En Segovia, por ejemplo, antes de la proclamación del Ayuntamiento constitucional, se acor-
50

daron medidas para evitar desórdenes públicos, para que la transición política transcurriese en calma.
García Sanz, Ángel: Cambio institucional..., pp. 7-48.
51
  AMP, Actas Municipales, 28-3-1820.
52
  AMP, Actas Municipales, 5-4-1820.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 195


Fco. Javier de la Cruz Macho

orden y la concordia entre la ciudadanía “cerrando la voca a los viles calumnia-


dores que se esforzaban a turbar el orden y despedazar sangrientamente el seño
de la madre Patria”53.
Tanta tensión terminó convirtiéndose en un estado de alerta permanente, por
mucho que los bandos y órdenes comiencen alabando el carácter pacífico de los
habitantes de la ciudad. Por ello, en junio, el jefe político dictó la siguiente orden:
Aunque no es de esperar del carácter pacífico de los habitantes de esta
ciudad la menor discordia (...) espero se servirá vs facilitar la tropa nece-
saria que patrulle y auxilie a los Alcaldes y regidores del Ayuntamiento
Constitucional de esta ciudad especialmente las noches del 23-24 y 28-29
(…) distribuirse y patrullar en las referidas noches, tanto en el interior de la
ciudad como extramuros de ella y su circunferencia... 54.
Especialmente tensas resultaron las épocas de festividad religiosa. La presencia
de la Iglesia y sus símbolos en la calle parecían atraer a los alborotadores. En mar-
zo de 1821, con motivo de la Cuaresma, el jefe político ordenó que se suspendiese
la predicación que, durante los jueves, se realizaba en la calle. El motivo no fue
otro que evitar desórdenes, puesto que varios vecinos pasaban al lado de los pre-
dicadores pronunciando palabras soeces. Algo que también ocurría en las calles
en las que había imágenes religiosas, por lo que se solicitó que estas se retirasen
de los sitios públicos55.
Un par de meses después, en abril de 1821, el Ayuntamiento palentino, a
instancias del jefe político, prohibió las reuniones públicas, ya que estas solían dar
lugar a tumultos, y el reparto o colocación de “papeles sediciosos perturbadores
de la paz”, que incitaban a los alborotos, además de provocar miedos y “movi-
mientos extraños” entre la población.
Todos estos bandos y peticiones son una clara señal de que la población dis-
taba mucho de la tranquilidad y de que en la calle existían un dinamismo y un
ambiente de revuelta casi permanente. Además, la aparición de pasquines56 era
algo habitual57. Este “movimiento” no era anecdótico, ya que el jefe político había
solicitado, unos días antes, que se armase a otros 100 voluntarios “para proteger y
conservar la tranquilidad publica...”58.

  AMP, Actas Municipales 7-4-1820.


53

  AMP, Actas Municipales, 23-6-1820.


54

  AMP, Actas Municipales, 10-3-1821.


55

  Los pasquines son un hecho habitual en otras localidades, valga como ejemplo los que en
56

Benavente aparecieron en contra de la orden de derribo del rollo. Fuentes Ganzo, Eduardo: “El Trienio
Liberal..., p. 172.
  AMP, Actas Municipales, 14-5-1821.
57

  AMP, Actas Municipales, 11-5-1821.


58

196 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

De hecho, las autoridades se temían que, en cualquier momento, pudiese


producirse un alboroto de cierta magnitud. Este ocurrió en diciembre de 1821,
teniendo que establecer patrullas militares:
Noticioso de que en las noches últimas se han cometido varios excesos con
los que se ataca la seguridad individual y perturba la tranquilidad pública
por cuya conservación nos debemos sacrificar las autoridades juzgo opor-
tuno que VD disponga se patrulle desde hoy todas las noches con tropas de
la guarnición acompañada de un individuo de ayuntamiento...59.
Aunque el Ayuntamiento llevó a cabo dicha medida, no se consiguió tranqui-
lizar a la población. Poco a poco la tensión fue creciendo en la ciudad y, durante
los días 24, 25, 26 y 27 de diciembre, milicianos y paisanos mantuvieron una
serie de enfrentamientos que provocaron el miedo en la ciudad y obligaron a
movilizar al Ejército y al desarme temporal de la Milicia60.
En la noche del 24 se habían producido ya algunos enfrentamientos entre milicia-
nos, que no estaban de servicio, y realistas. Aunque el conflicto no había pasado de
las voces y los insultos, los ánimos estaban exaltados. El 25 de diciembre, a las cuatro
de la tarde, dos milicianos voluntarios, Blas Sánchez y Tomás Pérez, abofetearon a
Tomás Rodríguez y a Juan Soto. El conflicto no fue casual, pues, de forma inmediata
a la agresión, un grupo salió en defensa de Tomás Pérez, mientras que Blas Sánchez
se refugió en una casa inmediata propiedad de otro miliciano, Juan Picón, en la que
se encontraban “¿casualmente?” otros tres milicianos armados. Uno de ellos, Pedro
García Prádanos, mostró amenazante su fusil por la ventana de la casa.
Los hechos provocaron un gran alboroto rodeando los realistas la casa de Juan
Picón, procediéndose al intercambio de insultos, amenazas y a la exhibición de
armas. Alertado el jefe político se desplazó con algunos concejales hasta la casa
acorralada. No consiguieron calmar los ánimos ni disolver a la turba, siendo ne-
cesario recurrir al Ejército y a la Milicia Nacional para disolver a los amotinados.
No se calmaron los ánimos hasta que no se produjeron el arresto del agresor,
Tomás Pérez, el desarme del resto de milicianos involucrados y el establecimiento
de patrullas nocturnas. Además, se realizó una inspección en la casa de Juan Picón
al considerarla el lugar de una reunión de “agentes exaltados”61.
Pero estas medidas no consiguieron su efecto. El día 26, a las nueve de la
mañana, una multitud de partidarios del absolutismo empezó a desfilar por las
calles clamando contra la Milicia Nacional y protestando por la agresión sufrida
por Tomás Rodríguez. La protesta iba encabezada por niños de corta edad en un

59
  AMP, Actas Municipales, 7-12-1821.
60
  La narración de los siguientes hechos se puede seguir en AMP, caja 326, perteneciente al apartado
de las Milicias y en las Actas Municipales de finales de 1821 y principios 1822.
61
  AMP, Actas Municipales, 29-XII-1821.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 197


Fco. Javier de la Cruz Macho

intento, por parte de los manifestantes, de evitar que la Milicia o el Ejército car-
gasen contra ellos. Ante la magnitud de la protesta, el jefe político reunió no solo
al Ayuntamiento, sino también al Ejército y a los prelados de las comunidades
religiosas.
La primera medida fue el establecimiento de patrullas por las calles para evitar
conflictos mayores, que no consiguieron que los manifestantes volvieran a sus
casas. A las seis de la tarde, tras la reunión convocada por el jefe político, salieron
del Ayuntamiento diferentes comisiones escoltadas por tropas del Ejército para
“amonestar a los bulliciosos” y conseguir que volviesen a sus casas. No surtió efec-
to alguno dicha intimidación.
En un último intento de recuperar la calma, el jefe político aceptó una reu-
nión con unos “comisionados” de los alborotadores. En dicha reunión le pidieron
el desarme de toda la Milicia Voluntaria, a la que acusaban de la intranquilidad y
de los alborotos, además de indemnizar al herido, que había quedado inútil de un
brazo. A ambas peticiones accedió el jefe político.
Estas concesiones hicieron fuertes a los amotinados que incrementaron sus
demandas solicitando la disolución de la Milicia Voluntaria, lo que también fue
aceptado, firmándose el consiguiente decreto. Pero los amotinados no se detu-
vieron aquí y realizaron nuevas peticiones acabando con la paciencia del jefe po-
lítico, quien suspendió la reunión y ordenó al Ejército patrullar las calles, con
amenaza de arresto a todo el que encontrasen en ellas.
Esa orden y la noche trajeron algo de calma a la ciudad, aunque en el
Ayuntamiento permaneció una numerosa guardia, junto con los regidores y el
secretario. El alcalde dictó un bando62, que se hizo público al día siguiente, lla-

62
  “Ciudadanos leales de Palencia. Reunidos en la Sala del Ayuntamiento los individuos de él,
con su presidente el Sr. Jefe Superior Político con las autoridades Militares, Civiles y los Prelados de las
Comunidades Religiosas ofrecen al pueblo toda la garantía de que son susceptibles en sus atribuciones a
beneficio de la tranquilidad pública. Confiado en vuestra bondad bien propia de vuestro carácter pacífico
os ruega el Ayuntamiento con su presidente, los comandantes militares, los párrocos, los prelados de
las comunidades religiosas que guardéis orden y que haya tranquilidad general: estad seguros de que los
acontecimientos ocurridos de que ha resultado gravemente herido Tomás Rodríguez serán castigados con
el rigor que disponen las Leyes a cuyo fin se ha formado causa por el Juez de primera instancia a quien
compete su conocimiento y no al Jefe Político por no estar en sus atribuciones más que lo gubernativo
y la formación de causa a los reos con la imposición del castigo a que son acreedores es privativo de la
Justicia que se halla formando la causa con la mayor premura para satisfacer al público sus justos deseos
de que se castigue lo malo para asegurar la tranquilidad en que se afianza la felicidad de un pueblo que
hasta aquí ha dado pruebas las más nobles y pacíficas. No os engañéis amados conciudadanos: el interés es
general y todos estamos obligados a proceder en los términos que os llevamos anunciados supuesto de que
la causa es común. Al mismo tiempo que os rogamos y exhortamos en los términos que va anunciado nos
vemos precisados a manifestaros quán doloroso será si la tropa tiene necesidad de usar la fuerza armada
para restablecer el orden siendo en este caso inevitables las funestas consecuencias que debemos evitar de
vuestro sensible corazón. Así lo esperamos en este Ayuntamiento Constitucional de 26 de diciembre de
1821”. AMP, Actas Municipales, 29-XII-1821.

198 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

mando a la calma e informando de que se recurriría nuevamente al Ejército en


caso de proseguir los alborotos.
Ciudadanos (…) estad seguros de que los acontecimientos ocurridos de que
ha resultado gravemente herido Tomás Rodríguez serán castigados con el
rigor que disponen las Leyes a cuyo fin se ha formado causa (…) con la ma-
yor premura para satisfacer al público sus justos deseos de que se castigue lo
malo para asegurar la tranquilidad (…). Al mismo tiempo (…) nos vemos
precisados a manifestaros quán doloroso será si la tropa tiene necesidad de
usar la fuerza armada para restablecer el orden…63.
El día 27 se crearon diferentes comisiones, una para cada distrito, para colocar
otro edicto64 y pedir nuevamente calma. Finalmente, al mediodía, llegó a la ciudad
el capitán general de Castilla la Vieja, con tropas de caballería e infantería, quien se
hizo cargo de la situación. Prohibió reuniones de más de tres personas, ordenó el
mantenimiento del alumbrado durante toda la noche, exigió que toda persona que
tuviese necesidad de salir por la noche llevase su propia luz para poder ser identifi-
cado y avisó de que todo altercado sería severamente castigado65.
La mayor presencia del Ejército y las medidas adoptadas por el capitán general
intimidaron a la población, que regresó a sus casas recuperando la ciudad “cierta”
normalidad.
No obstante, el Ayuntamiento decidió que los nueve presos, fruto de los albo-
rotos ocasionados, fuesen trasladados a la cárcel de Valladolid, ya que consideraba
que su presencia en Palencia suponía un peligro para los encarcelados y para la
tranquilidad de la ciudad. Además, se solicitó que permaneciese una parte del
Ejército del capitán general hasta que se consiguiese una calma total.
En enero de 1822, pasados los alborotos navideños, la Milicia Voluntaria pre-
tendió recuperar su credibilidad y honor con una campaña de presión que con-
siguió no solo paralizar la prometida disolución (que aún no se había llevado a

63
  AMP, Actas Municipales, 29-XII-1821.
64
  “El Sr. Jefe Superior Político de esta ciudad, el Ayuntamiento Constitucional de ella y las au-
toridades civiles y militares, eclesiásticas seculares y regulares reunidas en la sala del Ayuntamiento para
facilitar la tranquilidad pública han observado con el mayor sentimiento que los grupos de gentes que
alteran el orden pacífico van dirigidos por niños de corta edad a la vista de sus padres y personas de quien
dependen sin que estos les impidan el desorden que ocasionan con sus griteríos y expresiones alarmantes,
por lo mismo exhortan dichos señores y mandan que los padres de familia retiren a sus hijos de los gru-
pos de gentes y los trasladen a sus casas al cuidado de ellos y a los trabajos y ocupaciones de su industria
practicando los mismo los curadores y personas de quien dependan en inteligencia de que si continuase
el desorden serán apremiados los jóvenes y responsables al castigo que a estos se les había de imponer
los citados sus padres y demás a quienes están sujetos todo lo cual se ejecutará así y por ello se publica y
firma el presente dado en Palencia a 27 de diciembre de 1821”. AMP, Actas Municipales, 29-XII-1821.
65
  Estas revueltas fueron de tal magnitud que merecieron la atención de la prensa nacional. Las
mismas fueron recogidas, entre otros, por El Espectador, en su número 264, del 3 de enero de 1822, criti-
cando a las autoridades municipales por no haber defendido con suficiente ahínco a la Milicia.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 199


Fco. Javier de la Cruz Macho

efecto), sino también su rearme. No obtuvo, sin embargo, la libertad para los nue-
ve encarcelados, que se encontraban ya en manos del juez66. Esta conflictividad
forma parte no solo de la lucha entre absolutistas y liberales, sino también de la
división del liberalismo entre moderados y exaltados, más favorables los segundos
a la Milicia que los primeros67.
Finalizados estos tumultos navideños, la calma no volvió a la ciudad. El 18
de enero de 1822 el jefe político pidió al Ayuntamiento para que se estableciesen
rondas nocturnas con el objeto garantizar la tranquilidad por las noches y evitar
el surgimiento de conspiraciones. El Ayuntamiento organizó las rondas68, siendo
acompañados los civiles por personal militar.
El 9 de febrero de 1822 el jefe político insistió en el establecimiento de nuevas
rondas nocturnas durante toda la noche. El Ayuntamiento, intentando no cargar
con nuevas responsabilidades a los ciudadanos, respondió con la propuesta de
creación de un cuerpo de serenos que serían los encargados, entre otras cosas, de
las patrullas nocturnas.
El número de serenos fijados inicialmente fue de seis (número considerado in-
suficiente, pero era el que el Ayuntamiento podía permitirse), aunque finalmente
se contrataron solo cuatro. De su reglamento se puede constatar la existencia de
diferentes tertulias en la ciudad durante la noche, tertulias de carácter político co-
nocidas públicamente, ya que cuando sus integrantes volvían hacia sus casas eran
insultados o agredidos. A los serenos se les pedía que evitasen estos altercados69.
El 4 de marzo de 1822 se contrataron los cuatro serenos iniciando las
rondas nocturnas acompañados de la tropa militar70. Pero los serenos no

66
  Varios son los concejales que forman parte de la Milicia Nacional, de ahí la predisposición del
Ayuntamiento a las demandas de la Milicia y su oposición a la decisión del jefe político de disolver la
Milicia Voluntaria, entre otros el 2.º alcalde Miguel de Soto y el regidor Vicente Astudillo.
67
  “La historiografía se ha encargado de poner de manifiesto la tensa lucha que a lo largo del Trienio
Liberal protagonizaron las diferentes familias políticas liberales (simplificadas en moderadas y exaltadas),
confrontación que tuvo un extraordinario marco de desarrollo en los debates sobre organización y con-
trol de la milicia nacional”. Calles Hernández, Claudio: La Milicia Nacional en Salamanca durante el
Trienio Liberal (1820-1823). Salamanca, Tesis doctoral inédita, Universidad de Salamanca, 2015, p. 55.
68
  (…) se formará una lista comprensiva de los ciudadanos conocidamente honrados y amantes de
la paz y buen orden para que turnando patrullen en número de los que se consideren necesarios desde
la anochecer hasta las doce de la noche y desde esta hora hasta el día serán relevados o reemplazados por
otros avisándolos con la oportunidad conducente y acompañándolos cada moche un señor capitular se
juzgase necesario debiendo ponerse de acuerdo con las patrullas militares que les servirán de escolta y
auxiliaren competentemente”. AMP, Actas Municipales 18-1-1822.
  AMP, Actas Municipales, 20-2-1822.
69

  “En este Ayuntamiento se propuso que el vecindario recivía vastante incomodidad con la alter-
70

nativa al servicio de patrulla y rondas por la noche y no considerándose motibo en el día para hacer este
servicio en el número de tres rondas y seis horas continuas parecía que sería bastante para hacer conserbar
el orden y tranquilidad pública el que se formase una sola ronda o patrulla con la tropa permanente esto

200 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

resultaban suficientes. Al acercarse la celebración del aniversario de la publi-


cación de la Constitución, el jefe político solicitó que se formasen patrullas
extraordinarias:
(…) para evitar que tal vez se perturbe la tranquilidad pública en la noche
de este día y en la del siguiente con el pretesto de solemnizar el aniversa-
rio de la publicación de la Constitución dispondrán que desde el toque de
retreta hasta el día y hora en que se abran las puertas se patrulle por v.v.
con el número de vecinos honrados de su confianza y de conocido arraigo
auxiliados de la fuerza militar competente que facilitara el Sr. Comandante
de armas...”71.
A pesar de todas estas medidas preventivas: patrullas, cuerpo de serenos, ban-
dos, etc., la tranquilidad no se consiguió, y un mes más tarde hubo que prohibir
el canto del Trágala y otras canciones en público realizadas con el objeto de insul-
tar a los realistas72. Por ello, las rondas de ciudadanos y de la Milicia se mantuvie-
ron durante todo el año de 182273.
La ciudad volvió a ponerse en tensión en octubre de 1822 con motivo del
fusilamiento de dos “facciosos”. El propio comandante pidió al Ayuntamiento
que la Milicia estuviese preparada “para acompañar y prestar auxilio necesario a
la conservación de la tranquilidad pública, y que se obserbe el buen orden en la
execución de la Justicia de dos reos facciosos …”74.
En 1823 los alborotos continuaron. Los movimientos para restablecer el ab-
solutismo van dando sus frutos y la población se agita en el mes de enero con
ataques y burlas a los liberales. En febrero son los milicianos los causantes de des-
órdenes e indisciplinas, obligando al Ayuntamiento a pedir un informe e iniciar
una investigación. A la vez se vuelven a establecer patrullas que, sin haber sido
suprimidas, habían dejado de realizarse en las navidades de 1822.
La intensa actividad ciudadana tuvo también su reflejo en la elevada participa-
ción en la Milicia Nacional:
Una de las principales funciones de la milicia nacional consistió en la par-
ticipación directa para mantener el orden dentro de la ciudad, realizando

por ahora sin perjuicio de que a proporción que lo exijan las circunstancias se restablezca el orden hasta
aquí se ha observado en el presente mes”. AMP, Actas Municipales, 22-2-1822.
71
  AMP, Actas Municipales, 18-3-1822.
72
  AMP, Actas Municipales, 11-4-1822.
73
  “(…) combenía que los próximos días festivos en que por lo común ofrecen diversión y están
exaltados los ánimos convenía se patrullase y estableciesen rondas por la noche para que con la mayor
vigilancia se atendiese a conservar la calma (…) se acordó que para las próximas noches del 23, 24, 28
y 29 de este mes se formen tres patrullas o rondas en cada noche (…) que cada una de estas rondas sea
auxiliada por la Milicia Nacional y tropas del ejército permanente (…) y en las noches de intermedio abra
una patrulla o ronda ordinaria como en los demás días…”. AMP, Actas Municipales, 22-6-1822.
74
  AMP, Actas Municipales, 17-10-1822.

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Fco. Javier de la Cruz Macho

labores propias de policía, pues los liberales se negaron, tanto en Cádiz


como en los primeros años del Trienio, a crear un cuerpo específico de
policía…75.
En Palencia existían, a finales de 1820, cinco compañías de la Milicia Nacional
integradas por 459 personas. A ellas hay que añadir la Milicia Voluntaria, para la
que no tenemos datos exactos de participación, aunque sabemos que estaba, al
menos, formada por una milicia de caballería, compuesta por más de 80 personas,
y por una milicia de artillería, cuyo número no sería inferior a 100 personas. Ello
nos da una cifra de integrantes de la Milicia de, al menos, 650 personas, muy
superior a las de las ciudades de similar tamaño, y cercana a la cifra de milicianos
de Valladolid76 y Salamanca77. Una milicia con un fuerte componente popular y
con un sesgo más democrático que el de la burguesía dirigente, moviéndose entre
la libertad y el mantenimiento del orden78.
También hay que reseñar, en relación con este proceso de movilización ciu-
dadana, que durante el Trienio Liberal funcionó una sociedad masónica en la
ciudad. Su actividad nos es desconocida, aunque no así el nombre de sus inte-
grantes: Gaspar Blanco, Ramón Cadiñanos, Rafael Guerra, Eusebio López, Luis
Peña Medrano, Francisco Tapia y Francisco Zuluaga79. Seguramente también for-
maron parte personalidades como Casimiro Junco Polanco, Fernando Monedero,
Juan Monedero, Eudosio Polanco y Cirilo Tejerina, entre otros. Es de suponer

  Calles Hernández, Claudio: La Milicia Nacional en Salamanca…, p. 194.


75

  En el caso de la ciudad de Valladolid el número de milicianos era de 700 según VV. AA.: Historia
76

de Castilla y León..., p. 107. Escaso era el número también en Benavente, donde solo hubo una compañía,
es decir, menos de 100 hombres (la población de Palencia en ese momento era 2,5 veces superior a la
de Benavente, pero el número de milicianos fue al menos 7 veces superior) (Fuentes Ganzo, Eduardo:
“El Trienio Liberal...”, p. 179), y en el caso de Segovia no tenemos datos, pero ante las demandas del
Ayuntamiento a los jefes de la Milicia, estos responden que “la adhesión de los milicianos es dudosa”.
García Sanz, Ángel: Cambio institucional..., pp. 7-48. En la ciudad de Zamora, la Milicia no contó con
gran respaldo por parte de la población, incluso algunos absolutistas se infiltraron en la misma, intentado
un golpe sedicioso el mismo día del acto de bendición de banderas (Codesal Pérez, Matilde: La ciudad
de Zamora..., p. 161), aun así “contaba con 622 hombres, según recuento de 2 de febrero de 1821, canti-
dad importante si la comparamos con los 500 efectivos que tenía una ciudad más grande, Barcelona, en
enero de ese año”. Ibidem, p. 181.
  Calles Hernández, Claudio: La Milicia Nacional en Salamanca…, p. 249.
77

  “Mientras tanto, y para el caso del Trienio, la Milicia era necesaria; e igualmente necesario su con-
78

trol por los grupos dirigentes de la revolución. Revolución hecha en nombre de la libertad. Y libertad que
de inmediato se ve constreñida por un nuevo orden. Entre ambos polos se desenvuelve la actuación de la
Milicia, predominando en la coyuntura del Trienio el sesgo democrático, a pesar de las capas dominantes
y gracias al empuje de las capas populares”. Pérez Garzón, Juan Sisinio: Milicia Nacional y revolución
burguesa. Madrid, CSIC, 1978, p. 204.
79
  Sánchez García, José Luis: “Represión de masones en un ejercicio histórico apretado y urgente
sobre la Masonería en Palencia”, en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), Masonería, revolución y reacción, Vol.
1, Madrid, 1990, ISBN 84-404-7606-X, pp. 557-569.

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Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

que, como en otras partes de la península, intentaron garantizar el cumplimiento


de la Constitución de 1812, alineándose con las corrientes exaltadas80.

La Iglesia: apoyo, oposición y represión


La actuación de la Iglesia y su relación con el Ayuntamiento fue ambivalen-
te81. Por un lado, el poder público recurrió a su ayuda para difundir y explicar la
Constitución en los colegios y parroquias. Pero también la increpó, amenazó y
trató de frenar sus manifestaciones públicas y de dificultar su actuación. Por su
parte la Iglesia mostró, a veces, su cara más colaboradora y otras se opuso o sim-
plemente dilató los procesos82.
En los momentos iniciales el Ayuntamiento tuvo que salir en defensa de la
Iglesia, ante el ataque que sufrieron algunos templos y su profanación mediante
blasfemias e injurias por parte de ciudadanos exaltados:
Encargamos se (…) trate a las Iglesias y Templos con el respeto y veneración
debida a la casa de Dios (...) Prohibiere a toda persona proferir blasfemias,
maldiciones palabras obscenas y provocativas, como ofensivas y perturba-
doras de las costumbres religiosas y de buena educación (...)83.
La orden no surtió efecto y el 7 de abril el Ayuntamiento dictó una proclama
en la que recordaba que la religión de España era la católica y afirmaba
(…) que todas las autoridades presten igual juramento de conservar y pro-
teger la misma Religión y administrar rectamente las Justicias. Que esta
Constitución manda que todos los Españoles sean no solamente justos, sino
también benéficos y que recíprocamente se amen los unos a los otros según
lo manda el adorable Evangelio de Jesucristo (…) cerrando la voca a los
viles calumniadores que se esforzaban a turbar el orden y despedazar san-
grientamente el señor de la madre Patria84.
No volveremos a tener noticia de esta actividad anticlerical hasta 1821 cuan-
do el jefe político ordenó suspender las predicaciones callejeras de los jueves
de Cuaresma, ya que algunos ciudadanos pasaban al lado de los predicadores

80
  Bustos, Sophie: La nación no es patrimonio de nadie. El liberalismo exaltado en el Madrid
del Trienio Liberal (1820-1823): Cortes, Gobierno y opinión pública. Madrid, Tesis doctoral inédita,
Universidad Autónoma de Madrid, 2017, pp. 55-60.
81
  Lo mismo ocurre en Segovia donde se pasa de una colaboración inicial a una oposición radical,
sobre todo tras la supresión del diezmo y del inicio de las medidas desamortizadoras. García Sanz,
Ángel: Cambio institucional..., pp. 7-48
82
  Su oposición no llegó, a diferencia de otros lugares (como en el caso riojano: Díez Morras,
Francisco Javier: Los inicios del constitucionalismo…, pp. 465-467), a un enfrentamiento violento y arma-
do, pasando parte del clero a integrar las guerrillas, más allá de algún caso aislado.
83
  AMP, Actas Municipales, 28-3-1820.
84
  AMP, Actas Municipales 7-4-1820.

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Fco. Javier de la Cruz Macho

pronunciando “palabras soeces”. En esa orden se decretada, además, la retirada


de santos e imágenes religiosas de los sitios públicos, convertidos en lugares para
blasfemar, organizar bailes y “otras atrocidades”85. El jefe político parecía así de-
fender la religión, pero estaba, a la vez, poniendo una cortapisa a la presencia
pública de la Iglesia.
El 19 de marzo se procedió a celebrar el aniversario de la Constitución de
Cádiz. Como hemos comentado con anterioridad, se recurrió a la Iglesia para
celebrar y sacralizar este acontecimiento. Desde el Obispado no hubo oposición
a participar en los actos religiosos, pero el obispo no presidió la celebración re-
ligiosa, delegando en sus canónigos y rebajando así la importancia del acto. En
1822, sin embargo, la Iglesia palentina, cansada del acoso del Ayuntamiento, se
negó a participar en el acto público de reintegración de los milicianos apartados
del servicio tras los sucesos de navidad de 1821, contestando que “Enterado el
Cabildo del modo imperioso con que se le mandaba y no parecerle necesaria la
asistencia acordó se contestare pidiendo la declaración de ser precisa su asistencia
a dicho acto”86.
Pero la actitud más hostil por parte de la Iglesia vino de Gregorio Ceruelo,
obispo de Oviedo que, debido a su talante absolutista, había sido deportado de su
diócesis. Originario de Paredes de Nava, pasó parte de su exilio en Palencia. Las
autoridades municipales estuvieron atentos a su actividad, ya que era conocido
por su extremo absolutismo. De hecho, a su llegada a Palencia se produjo cierto
tumulto, ya que algunos realistas le tributaron un gran recibimiento. Incluso el
Cabildo catedralicio acogió con gran alegría el establecimiento en la ciudad de
Ceruelo, nombrando una comisión de bienvenida87.
En junio de 1821 Gregorio Ceruelo desafió al Gobierno ordenando a un sa-
cerdote en su propia casa. El jefe político presentó una queja al Ayuntamiento por
consentir estas actuaciones, ante lo que el Ayuntamiento intervino amonestan-
do a Gregorio Ceruelo. Este se defendió de las acusaciones, alegando que había
sido expulsado de Oviedo, pero que no se le había desposeído de su condición
de obispo. Además, alegó que la ordenación sacerdotal la hizo a petición del

  AMP, Actas Municipales, 10-3-1821.


85

  ACP, Actas Capitulares, 14-3-1822. Unos días más tarde, el Cabildo redactó la contestación ofi-
86

cial al Ayuntamiento, en la que exponía que no se negaba a participar en la celebración de la Constitución


y en la restitución de los milicianos, pero no aceptaba el tono imperioso del Ayuntamiento: “más al leer
en el referido oficio que se hace preciso que asista no ha podido menor de hacérsele desconocido este len-
guaje, sin que alcanze, ni pueda alcanzar las razones que causan tal precisión. Por lo que espera que V.S.Y.
se sirva ilustrarle sobre este particular…”. Por su parte, el canónigo Mollinedo expuso “…que no admitía
la Comisión caso de que el Cabildo le nombrase, por haber advertido que el Ayuntamiento no guardaba
la atención debida al Cabildo, representado en sus comisionados”. (15-3-1822) El subrayado es original.
  ACP, Actas Capitulares, 17-5-1820
87

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Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

propio obispo de Palencia, Almonacid, que se encontraba impedido. El obispo de


Palencia no desmintió este particular88.
La casa de Gregorio Ceruelo se convirtió, además, en lugar de tertulias abso-
lutistas y centro de reunión de “conspiradores”. La deuda que el Ayuntamiento
arrastraba con su hermano Vicente89 actuaba de bálsamo ante las protestas
municipales.
Ante los constantes desaires de la Iglesia, y su escasa disposición a colaborar, el
Ayuntamiento palentino puso en marcha una política de presión. Bajo la excusa
de cobrar las deudas de contribución, que vecinos e instituciones tenían con el
Ayuntamiento, se inició un acoso al Cabildo para que pagase la suya, que era la
más elevada. Mientras al resto de los vecinos les ponían “plantones” en sus casas,
al Cabildo se le inició un expediente de embargo de los batanes que poseía en la
ribera del Carrión90. La expropiación, aunque no se llevó a cabo, fue una amenaza
recurrente utilizada en otras ocasiones ante negativas eclesiales.
Fruto de esas amenazas fue la respuesta que, en 1822, con motivo de la cele-
bración del aniversario de la Constitución de Cádiz, dio el Cabildo, quien infor-
mó que celebraría el tedeum solicitado, pero que no participaría en más celebra-
ciones debido “al tono imperioso que el Ayuntamiento utiliza cuando se dirige
al Cabildo”91.
El Ayuntamiento estuvo también atento a la adquisición en propiedad de di-
ferentes edificios religiosos afectados por los decretos de extinción. Uno de estos
edificios fue el hospicio, que el Ayuntamiento se apresuró a convertir en cuartel,
a pesar de la oposición por parte de su director y del Obispado. También se inició
el control del colegio de los Doctrinos que contaba solo con dos alumnos y un
cofrade.
La Iglesia sufrió, por lo tanto, el embate de los ciudadanos y el de las auto-
ridades, jefe político y Ayuntamiento. Pero tuvo además otro enemigo, la pren-
sa. Desde el Semanario Patriótico de la Provincia de Palencia no solo se atacó a
la Iglesia, sino que se intentó convencer a los católicos de las bondades de la
Constitución y de su sintonía con el mensaje evangélico.

88
  AMP, Actas Municipales, 16-6-1821.
89
  Vicente Ceruelo adelantó al Ayuntamiento más de 60 000 rs. para liberar a varios presos palen-
tinos en manos de los franceses durante la guerra de la Independencia.
90
  AMP, Actas Municipales, 17-12-1821.
91
  AMP, Actas Municipales, 18-3-1822 y ACP, Actas Capitulares del 16-3-1822, en estas últimas se
expone que “El Cabildo no reconoce en V.S.Y competente autoridad para hacerle sus mensajes en el tono
imperioso que ha usado hace algún tiempo. Por lo que si bien estaremos prontos para celebrar el Te Deum
y demás acordado por el Govierno, para solemnizar el aniversario de la publicación de nuestro actual y
feliz sistema, nos abstendremos de asistir a otra qualquiera función dispuesta por V.S.Y. entre tanto, que
no se nos able en el lenguaje análogo y qual corresponde a nuestro fuero”.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 205


Fco. Javier de la Cruz Macho

Los artículos que tratan de mostrar la afinidad entre Constitución y doctrina


católica aparecen firmados por El teólogo constitucional (n.º 7), o el Cristiano
Constitucional (n.º 34). Otro, firmado simplemente por Don Ambrosio, lleva
el sugerente título de “El Sacristán convertido” (n.º 14-15). Todos ellos, según
parece, obra de un canónigo catedralicio, llamado Andrés Martín Pérez.
No es de extrañar que, ante la cercanía de los Ejércitos realistas y portugueses,
el Cabildo nombrase una comisión de dos personas para acercarse a los mismos y
solicitarles entrasen en la ciudad, ofreciéndoles todo el apoyo necesario92.

Obstrucción y oposición absolutista. Guerrilla, restauración y represión93


• Partidas y guerrillas absolutistas
El absolutismo seguía vivo en la ciudad de Palencia. Pero, además de los peli-
gros internos, había que defenderse, también, de los externos.
Los forasteros se convirtieron en motivo de sospecha desde el primer mo-
mento94. La obsesión por evitar que agentes venidos de fuera perturbasen la
tranquilidad y alterasen el orden era una constante. Por ello, el jefe político
ordenó95 que las personas que acogiesen a forasteros diesen parte al Gobierno,
que las posadas extramuros informasen de los que hubiesen dormido durante
la noche y que los dueños de fincas y huertas no permitiesen que en ellas pa-
sasen la noche gentes de paso96. El objetivo era evitar tumultos y no albergar
a personas sospechosas.
Esta precaución era debida a que, en los entornos de la ciudad, existió un
continuo movimiento de entrada y salida de elementos absolutistas. Pequeñas
partidas merodeaban por los alrededores, alimentándose de los descontentos que

  ACP, Actas Municipales, 27-4-1823.


92

  “La restauración del absolutismo fernandino incluía: represión, vuelta a los ayuntamientos ante-
93

riores a marzo de 1820, donde regidores y párrocos habían de actuar como comisiones de purificación;
desarme y supresión de las milicias y creación de un cuerpo sustitutorio, los Voluntarios Realistas, or-
ganizados en partidos paramilitares, inhabilitación de nombramientos y ascensos producidos durante
el Trienio; retirada de las licencias eclesiásticas a frailes exclaustrados; forzada emigración política de
liberales, militares, eclesiásticos, negociantes y hombres de profesiones liberales, a Francia e Inglaterra”.
Sánchez Jiménez, José: La España contemporánea, Vol. 1, 1808-1874, col. “Fundamentos”, núm. 117,
Madrid, Istmo, 1995, p. 187.
94
  Lo mismo ocurría en otras localidades como Benavente, donde el alcalde Francisco Roperuelos
advierte sobre los extranjeros “que pueden ser promotores de desórdenes y sediciones”, en Fuentes Ganzo,
Eduardo: “El Trienio Liberal...”, p. 179.
  AMP; Actas Municipales, 28-7-1820.
95

  Idéntica preocupación hubo en La Rioja (Díez Morras, Francisco Javier: Los inicios del consti-
96

tucionalismo…, p. 248).

206 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

huían de la ciudad97, o entrando en ella para aprovisionarse, aprovechando la


noche. De estas partidas no se encargaba el Estado98, sino las autoridades locales
a través de la Milicia99, que hacía batidas periódicas para su persecución100, conta-
bilizándose más de 100 salidas cada mes.
Pero la gran amenaza venía de partidas de mayor entidad101. A principios de
enero de 1822, el cura Merino se presentó a las puertas de la ciudad, huyendo
ante la presencia del Ejército102.
A finales de octubre es el “Rojo de Valderas” el que se acerca, coincidiendo
con el fusilamiento de dos facciosos. En este caso se movilizó al Ejército y a toda
la Milicia.
En noviembre es la partida de Periquillo. En esta ocasión se decide colocar:
(…) treinta hombres con armamento y la instrucción necesaria al Puente de
D. Guarín para que le ocupen y fortalezcan impidiendo el paso del faccioso
Periquillo y sus compañeros; que se fortifique dicho puente con carros que
también impidan el paso...103.
Tres días permaneció la guardia en el puente hasta la definitiva marcha del
faccioso.

97
  “El jefe político informa de que ha habido dos personas que se han ido de la ciudad para unirse a
las cuadrillas de facciosos Tomás Merial (albañil) y Juan Castrillejo Mediavilla”. AMP, Actas Municipales,
14-5-1821. El Semanario Patriótico del 19 de mayo de 1821 se hace eco también de este hecho, incre-
mentando hasta los siete el número de personas involucradas, entre unos un barbero conocido como
“Morenillo” que ya en 1814 había intentado atentar contra el jefe político. El número de estos fac-
ciosos llegó a ser elevado, si tenemos en cuenta solo el número de prisioneros, ya que el 6-12-1822 el
Ayuntamiento eleva una propuesta al Gobierno para cubrir el cupo de reemplazo que tiene que aportar
el municipio al Ejército con los presos palentinos que se encuentran en la cárcel de Burgos por facciosos..
98
  Algo, por otra parte, habitual en el interior peninsular: “Es necesario destacar que no fue la
maquinaria del endeble Estado liberal la que llevó a cabo la acción de defensa, pues fueron repelidos y
detenidos por los liberales de los pueblos de la riojana sierra de Los Cameros con la ayuda de liberales
de Logroño, si bien algún alcalde constitucional participó liderando alguna emboscada”. Díez Morras,
Francisco Javier: Los inicios del constitucionalismo…, p. 248.
99
  Este papel de la milicia, frente a las acciones de partidas y guerrillas absolutistas, está bien docu-
mentado en el caso de Salamanca. Calles Hernández, Claudio: La Milicia Nacional en Salamanca…
100
  Son continuas las referencias, en las Actas Municipales, a salidas de la Milicia en persecución
de facciosos. A modo de ejemplo: AMP, Actas Municipales de 25-5-1821 y 4-2-1822. Abundando en
este hecho, baste mencionar que el 9 de septiembre de 1822 la Milicia da cuenta de haber efectuado 120
salidas de la unidad de caballería y 630 de la unidad de infantería durante lo que se llevaba del año de
1822, lo que hace una media de casi 100 salidas al mes, más de tres por día. Eso sin tener en cuenta las de
la patrulla volante que permanecía por las localidades cercanas en continuo desplazamiento.
101
  El cura Merino y su partida rondaron de forma más continua por la zona de Benavente, donde
tuvieron que hacer frente a otras partidas, teniendo que solicitar ayuda a León, dado que solo contaban
con una compañía de la Milicia. Desde León llegaron a enviar hasta cuatro compañías en algunos mo-
mentos. Fuentes Ganzo, Eduardo: “El Trienio Liberal en Benavente...”, pp. 165-182.
102
  AMP, Actas Municipales, 5-1-1822.
103
  AMP, Actas Municipales 13-11-1822.

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Fco. Javier de la Cruz Macho

A principios de enero de 1823 se acercó nuevamente Merino. En marzo fue la


partida de Villoldo la que rondó la ciudad:
La milicia nacional voluntaria de esta ciudad (…) ha tenido la dulce satis-
facción de alcanzarlos en la villa de Valdespina (…) cuyo número ascendía
á 100 de caballería; y empezando a salir de los alojamientos, en que hacían
algunos un vivísimo fuego, fueron tan cobardes que no solo abandona-
ron el pueblo los que pudieron, sino que (…) algunos se van acogiendo al
indulto104.
A principios de abril el cura Merino se acercó nuevamente tras pasar por Espinosa
y Baltanás. Unos días después, la Diputación mandó revisar y reparar la muralla ante
el acoso que estaba sufriendo la ciudad por parte de diferentes partidas.

• Depuración política. Personal municipal y ciudadanía


La irrupción, el 14 de abril de 1823, de las tropas francesas supuso el fin del
Trienio Liberal, restableciendo a Fernando VII en su carácter absoluto. Muchos
liberales abandonaron la ciudad, entre ellos varios integrantes del Ayuntamiento.
Los que permanecieron sufrieron la represión absolutista.
A nivel municipal, una de las primeras consecuencias fue el cese del
Ayuntamiento y la restauración del existente en 1820, antes del triunfo del
Trienio Liberal105:
La vuelta de los absolutistas al poder fue seguida de medidas de represión,
aún más sistemáticas de las que se aplicaron en la anterior restauración, al
mismo tiempo que se decretaba nuevamente el retorno a la situación exis-
tente en marzo de 1820, que era tanto como volver a marzo de 1808106.

104
  Da buena cuenta de este hecho El Universal, n.º 75 de 16 de marzo de 1823: “La milicia nacio-
nal voluntaria de esta ciudad (…) ha tenido la dulce satisfacción de alcanzarlos en la villa de Valdespina,
capitaneados por el cabo de la milicia provincial de Burgos, conocido por Villoldo, á las once y media
de la noche del 5 del actual. A las voces de viva la Constitución dadas por una columnita de milicianos
voluntarios de infantería y caballería de esta capital, y de la compañía volante de cazadores de la provin-
cia, que en todo componían 52 hombres al mando del primer ayudante de la milicia activa de la misma,
D. Pedro Ruiz de la Peña, un terror pánico se apoderó de aquellos ilusos, cuyo número ascendía á 100
de caballería; y empezando a salir de los alojamientos, en que hacían algunos un vivísimo fuego, fueron
tan cobardes que no solo abandonaron el pueblo los que pudieron, sino que quedaron en el campo un
muerto, 2 heridos de gravedad, y en poder de los valientes milicianos y cazadores, 16 prisioneros, 26
caballos, una porción de armas, capas, municiones y una caja de guerra, sin desgracia alguna por su parte,
reduciéndose la gavilla a 20 hombres, habiéndose dispersado los restantes, de los cuales algunos se van
acogiendo al indulto”.
  Unos días antes, el 16 de abril, tras la noticia de la irrupción de las tropas extranjeras en España,
105

las autoridades municipales, asustadas, abandonaron la ciudad, trasladándose con parte del Ejército y los
presos a la vecina Valladolid. El capitán general de Castilla tuvo que escoltar a las autoridades y hacerlas
regresar a la ciudad, a la vez que tranquilizar a la población, alarmada ante el abandono por parte de sus
dirigentes. Nuevo Diario de Madrid, n.º 1114 (21-4-1823).
106
  Artola, Miguel: La burguesía revolucionaria..., p. 50.

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Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

La restitución del Ayuntamiento del 1 de marzo de 1820 supuso también el


regreso del corregidor Agustín Tosantos, pero no de todos los regidores, ya que al-
gunos fueron objeto de la purga política. Miguel Palacios, Andrés Ovejero y Alejo
Prieto fueron separados de su cargo por supuesta falta de fidelidad a la monarquía
absoluta. Por su parte, Tomás Vélez recuperó su puesto de regidor el 17 de julio de
1824, más de un año después de reinstaurarse el Ayuntamiento de 1820. Durante
ese tiempo vio cómo la junta de purificación examinó su conducta y su fidelidad.
El 4 de junio de 1823 se decidió examinar la “conducta moral y política de los tra-
bajadores del Ayuntamiento”107, así como la actuación del Ayuntamiento durante
el Trienio Liberal108. Además, se revisó a los diputados a Cortes, y quienes habían
participado en las Cortes liberales sufrieron embargo de sus bienes.
Uno de los primeros colectivos en sufrir la purga fueron los maestros, a los que
se cesó de forma inmediata109. Posteriormente el Ayuntamiento votó uno por uno
a cada empleado municipal con un sencillo sistema de habas negras y blancas. Si
predominaban las blancas era considerado apto, si predominaban las negras era
expulsado de su cargo110.
Fruto de esta votación fueron las expulsiones, entre otros, de Manuel
Morrondo, médico y Francisco Polo, cirujano.
Terminada la depuración de regidores y de los trabajadores del Ayuntamiento
se abordó la ciudadana111. Para ello se creó en la ciudad la Junta de Agravios112

107
  “La depuración de funcionarios (…) contó como brazo ejecutivo con los voluntarios realistas
que, a escala local sobre todo, jugaron con resentimientos, venganzas y represalias”. Sánchez Jiménez,
José: La España contemporánea…, p. 226.
108
  AMP, Actas Municipales, 28-9-1824.
109
  Se suspendió a los dos maestros, Iglesias y Pintado, de las escuelas de niños sostenidas con
fondos públicos, y se mandó cerrar la escuela privada de Cermeño. El único que se salvó fue el maestro
interino D. Tomás de Poza, que se hizo cargo de las llaves de las escuelas. A la vez se privó de salario a
la maestra de niñas de la escuela sostenida con fondos públicos, creada durante el Trienio, además de
negarle el alquiler de la casa donde estaba establecida la escuela y reclamarle la devolución de todos
los utensilios y efectos de la escuela. Iglesias y Pintado fueron además encarcelados. Iglesias huiría a La
Coruña tras su liberación y Pintado permaneció más de medio año en la cárcel, huyendo a Santander
tras su liberación. Sobre la represión de los maestros en Palencia: Gutiérrez Barba, Alfonso: “El Trienio
Liberal y la represión absolutista en los maestros de primeras letras durante la Década Ominosa: el caso
palentino”, en Cabás, n.º 7, junio 2012, p. 15. Publicación online: http://revista.muesca.es/documentos/
cabas7/El_Trienio_Liberal.pdf. Fecha de acceso 22/09/2018.
110
  AMP, Actas Municipales, 10-6-1823. En la sesión de ese día aparece la lista de empleados y el
resultado de la votación.
  Aunque los encarcelamientos son un hecho frecuente en otras localidades, no por ello tendrán
111

la magnitud en cuanto al número de personas y al tiempo que tuvieron en Palencia. Para el caso de
Benavente: Fuentes Ganzo, Eduardo: “El Trienio Liberal...”, p. 175. En el caso de Segovia, fue la Junta
de Notables Realistas la encargada de purificar a los liberales de la ciudad, encarcelándolos en el alcázar.
García Sanz, Ángel: Cambio institucional..., pp. 7-48.
112
  AMP, Actas Municipales, 12-6-1823.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 209


Fco. Javier de la Cruz Macho

y, unos días más tarde, a petición del conde de Castroponce, se reinstauró la


Inquisición113.
El 16 de marzo de 1823 el corregidor leyó el oficio del superintendente por
el que se pedía:
Se forme un estado de todos los sospechosos y criminales de los Pueblos de
su Partido o que estén a su cargo así por razones políticas como morales,
remitiéndomelo original y quedándose una copia testimoniada del mismo,
en la inteligencia que presentará uno de los servicios más importantes en
cumplir exacta y fielmente con tal encargo114.
Y es que el recelo era permanente y todo se revisaba. Fue el caso de Fco. Javier
de Cea, cuya solicitud para abrir una botica se demoró durante casi un año.
Otros, por el contrario, se apresuraron a demostrar su lealtad y la no vinculación
con el liberalismo. Fue el caso de Telesforo Martínez Azcoitia, quien solicitó un
certificado de haber sido sorteado para la Milicia tocándole en suerte formar par-
te de esta, siendo posteriormente alistado en la Milicia de Caballería115. Como
él, cientos de ciudadanos hicieron esta misma solicitud y trataron de conseguir
una prueba falsa, ya que Telesforo fue uno de los impulsores de la Milicia de
Caballería, de carácter voluntario116. Telesforo, como otros muchos, se jugaba el
cobrar las deudas que el Ayuntamiento tenía pendientes con él y el seguir sumi-
nistrando sus productos al Ayuntamiento.
Pero no solo las instituciones llevaron a cabo una purga y represión, sino que
la propia ciudadanía participó en ella por medio de la Milicia Realista. El 26 de
mayo de 1823, la Milicia Realista llevó a cabo más de 200 encarcelamientos de
personas adictas al liberalismo117. El 3 de junio el Ayuntamiento presionó para
que se liberase a algunos presos, especialmente los que no estuviesen encausados
por asuntos graves. A pesar de conseguirlo, la presión de la Milicia y de los ab-
solutistas hizo que, el 24 de junio, se volviese a arrestar y a encarcelar a los que

  AMP, Actas Municipales, 27-6-1823.


113

  AMP, Actas Municipales, 16-3-1823.


114

  AMP, Actas Municipales, 16-10-1824.


115

  AMP, Actas Municipales, 7-12-1820.


116

  Situación que se vivió en otras ciudades del interior peninsular. De similar intensidad fue el caso
117

riojano: Díez Morras, Francisco Javier: Los inicios del constitucionalismo…, pp. 651-667 Allí, además de
la reposición del corregidor, encarcelamientos y persecuciones, se dictó una orden contra los liberales “La
orden estaba destinada a la persecución de los liberales huidos, pues el artículo primero indicaba que todo
vecino o habitante que se hubiese ausentado de su domicilio por haber servido en la Milicia Nacional,
ya fuese la voluntaria o la reglamentaria, por haber tenido algún empleo del gobierno constitucional,
o por sus simples opiniones políticas, debía volver a casa en quince días. Estos, en principio, no serían
molestados a no ser que hubiesen causado daños a terceros por su conducta, evidentemente política,
pudiéndoseles abrir en ese caso una causa judicial. A los no retornados la orden les imponía una multa de
200 ducados, o el arresto de dos meses, y si pasaba un mes se debía proceder al embargo de bienes y a la
apertura de causa”. En la ciudad de Logroño fueron más de 70 los encarcelamientos.

210 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

se liberó el día 3, aunque 25 de las personas liberadas habían abandonado ya la


ciudad, escapando al nuevo arresto118.
A partir de ese momento fueron los propios presos los que empezaron a soli-
citar, de forma individual, su liberación. Hasta 94 cartas hay documentadas en
el Archivo Municipal de presos que solicitan su liberación, lo que nos habla del
elevado número de encarcelados119.
El 9 de julio, fruto de las presiones, la Milicia consintió liberar a algunos presos.
Pero esa misma noche, una parte de la población protestó, generándose tumultos
y desórdenes120, por lo que al día siguiente se volvió a encarcelar a los liberados.
Permanecieron varios meses en la cárcel y algunos incluso fueron conducidos
a Valladolid, donde terminarán siendo juzgados.

• La recuperación absolutista del espacio público


Si los liberales decidieron ocupar la calle durante el Trienio, los realistas hi-
cieron lo propio tras el regreso del absolutismo121. En septiembre de 1823 el
Ayuntamiento informó de que “por algunos individuos de la Milicia Realista
Voluntaria de esta ciudad se andaba por las calles con las armas por la noche y aun
después de la hora de queda cantando repetidas veces...”122.
Pero no eran solo los cánticos lo que preocupaba al Ayuntamiento, ya que
también se prohibió que por la noche anduviesen personas con armas y, sobre
todo, que “no hagan descarga alguna con el objeto de evitar los daños que en
ellos se pueden ocasionar...”123, y es que los voluntarios realistas disparaban por la
noche, bajo las casas de conocidos liberales.

118
  AMP, Actas Municipales, 29-6-1823.
119
  Todas siguen un patrón parecido: “Telesforo Martínez Azcoitia vecino de esta ciudad a VSY con
el respeto debido hace presente hallarse preso en la Casa titulada de la Tarasca con motivo de haber sido
Miliciano Voluntario en tiempo del Sistema Constitucional. El suplicante es cierto se uniformó de Soldado
de Caballería pero esto lo hizo porque otros le comprometieron a ello pues de no hacerlo le hubieran insul-
tado y aun castigado como sucedió con algunos, y más le llevaron sus máximas a subsistir en dicha Milicia
para que reunido con otros Yndividuos que eran de su modo de pensar, contener los grandes excesos que
algunos Constitucionales exaltados cometían a cara descubierta es bien público y notorio que el que repre-
senta no ha causado perjuicio a terceros y que es adicto al Trono y al Altar, por lo tanto y atendiendo a la
falta que hacer para el gobierno de su fábrica y familia tendrá a bien VSY soltarle de dicha prisión bajo las
fianzas que tengan a bien imponerle. Así lo suplica y espera de VS Y en que reciviría mr. Palencia y Julio 1
de 1823. Por el suplicante. Telesforo Martínez de Azcoytia”. AMP, Caja de solicitudes, 1823.
120
  AMP, Actas Municipales, 10-7-1823.
121
  Zamora también vio cómo el restablecimiento absolutista provocó ataques a las casas de signifi-
cados liberales, lo que obligó a las autoridades a recurrir al Ejército para evitar una escalada en el conflicto.
Codesal Pérez, Matilde: La ciudad de..., p. 305.
122
  AMP, Actas Municipales, 22-9-1823.
123
  AMP, Actas Municipales, 22-9-1823.

Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 211


Fco. Javier de la Cruz Macho

Los realistas también se dedicaron a fijar pasquines en algunos de los princi-


pales sitios de la ciudad. Pasquines no genéricos, sino dirigidos contra personas
concretas, a quienes acusaban de sus antiguos actos liberales, realizados con letra
desfigurada y sin firma. El Ayuntamiento tuvo que intervenir ante el peligroso
cariz que tomaba este tipo de actuaciones124.
El clima de tensión se elevó tras el acto de exaltación de la Milicia Realista que
tuvo lugar el 4 de septiembre. El número de voluntarios realistas pasaba de 700, y
el acto finalizó con un cántico en contra de la Constitución y recordando los actos
heroicos de los palentinos a lo largo de la historia, entroncando la restauración
absolutista con ellos125.
Y, aunque el tiempo pasaba, los desórdenes nocturnos no cesaron. El 18 de
noviembre de 1823 se decidió poner una guardia nocturna de nada menos que
12 hombres en la sala de la audiencia, ya que “se notan bastantes desórdenes por
la noche”126.
Estas rondas permanecerán, al menos, hasta el 14 de febrero de 1824. Casi un
año después del fin del Trienio Liberal, los desórdenes callejeros seguían estando a
la orden del día, y las amenazas e insultos eran un hecho cotidiano.

Conclusión
El liberalismo durante el Trienio Liberal fue cuestionado desde sus inicios.
Aceptado a regañadientes por el monarca, desde el principio se conspiró para
derrotarlo y retornar al absolutismo.
Sin embargo, desde el Gobierno y las instituciones locales se intentó mante-
ner el orden público, adoctrinar a la nación sobre las bondades del liberalismo y
controlar y someter a los opositores. El poder local participó de esta dinámica,
tratando, además, de vincular a los ciudadanos al nuevo proyecto político.
En la ciudad de Palencia, como en otras ciudades del interior peninsular, se vi-
vió este proceso en una doble dirección. Por un lado, desde una labor doctrinaria
a favor de la legitimación del régimen liberal, con una gran diversidad de medios
de transmisión: Sociedad Patriótica, prensa, proclamas, festejos, lápidas, conme-
moraciones, etc., buscando además la implicación de la Iglesia en la difusión de

  AMP, Actas Municipales, 29-9-1823.


124

  El Restaurador, n.º 66 (11-9-1823): “Resuenen los himnos/ tremole el pendón/que á los


125

Palentinos/ es signo de unión/Recordad ufanos/ fieles Palentinos/ a vuestros vecinos/ el día de honor/ y el voto
solemne/ que al Cielo habéis hecho/ inflame su pecho/ de tan noble ardor/ A su ardiente rayo/se aterre el
cobarde/ que un día hizo alarde/ de nuestra opresión/ huya para siempre/ de este suelo hermoso/ al seno
horroroso/ del negro masón/…”. La canción se compone de 20 estrofas y un estribillo (la primera estrofa)
que se repite cada dos estrofas.
  AMP, Actas Municipales, 18-11-1823.
126

212 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Legitimación y represión política en Palencia durante el Trienio Liberal (1820-1823)

la Constitución y en la “sacralización” del liberalismo. Labor doctrinaria que fue


apoyada por la población con su participación en la Sociedad Patriótica, en la
Milicia, en los diferentes actos y en su actitud en la calle, con pasquines, cánticos
y manifestaciones. El poder local, por lo tanto, se constituyó en correa de trans-
misión del liberalismo y no en una rémora del mismo.
Por otra parte, se ejerció una intensa represión, depurando a funcionarios y
políticos absolutistas, que vieron cómo perdieron trabajo o bienes. La Iglesia su-
frió también este acoso a medida que su actitud fue siendo más hostil y menos co-
laborativa con el poder local. Primero tratando de recortar su presencia en los es-
pacios públicos, y luego amenazándola con la expropiación de bienes. Es decir, no
solo se difundió localmente el liberalismo, sino que se combatió el absolutismo,
negándole su presencia pública, y atacando sus intereses sociales y económicos.
Destacada fue la participación de la ciudadana, no solo en la campaña de legi-
timación y difusión, bien de manera espontánea u organizada, bien participando
en las actuaciones impulsadas desde el poder local, sino sobre todo en la labor de
represión. Su mecanismo principal fue la Milicia Nacional, cuerpo responsable de
gran parte de los altercados de orden público, fruto de su actividad “extraoficial”,
amedrentando y amenazando a los absolutistas, bien como colectividad, o como
grupos aislados de la misma. Otra parte de la ciudadanía, la formada por los ab-
solutistas, no permaneció indiferente ni pasiva, sino que también salió a la calle
para denigrar la Constitución, manteniendo sus propias tertulias y no dejando
pasar ninguna ocasión para tratar de debilitar al poder y a la Milicia Nacional,
obligando, como hemos visto, al jefe político a pedir ayuda al capitán general de
Castilla para poner orden en la ciudad. Junto a los absolutistas de la ciudad, las
partidas realistas y algunos forasteros participaron en esta oposición al régimen
constitucional. En cualquier caso, una ciudadanía alejada de la pasividad e indi-
ferencia, y en la que la pugna política estaba a flor de piel.
La vuelta al absolutismo no supuso la calma en la ciudad ni el fin de la lucha
política. Varios fueron los liberales que huyeron de la ciudad ante el miedo a re-
presalias. Muchos fueron los que perdieron sus empleos públicos, y más de 100
personas permanecieron encarceladas durante más de medio año por su vincula-
ción con el liberalismo. Otros muchos desfilaron por las Juntas de Purificación.
Por su parte, los voluntarios realistas acosaron y amedrentaron a la población que
había colaborado o se había significado durante el liberalismo. La tensión en la
ciudad, fruto de esta represión ciudadana, se alargó, al menos, durante un año
tras el fin del Trienio.
Por último, hay que destacar que este análisis de una capital de provincia inte-
rior, junto a otros ejemplos citados en el estudio, completa la visión que del Trienio
y la difusión y permeabilidad del liberalismo durante el periodo de Fernando
VII tenemos, aportando elementos que ayudan a pergeñar un panorama más
Alcores, 24, 2020, pp. 185-214 213
Fco. Javier de la Cruz Macho

enriquecido. Con estos estudios se ponen en cuestión algunos tópicos sobre el in-
terior peninsular, con relación a su carácter absolutista o su desmovilización que,
a fuerza de repetirse, parecen convertirse en verdad, pero que las investigaciones
locales ayudan a cuestionar y matizar.

214 Alcores, 24, 2020, pp. 185-214


Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 ISSN: 1886-8770

El mito de la hermandad jerárquica


en el fascismo intervencionista y en
el africanismo. Los aristócratas del
combatentismo
Andrea Vincenzini
Universidad de Cantabria
Fecha de aceptación: 15 de junio de 2020

Resumen: Con este trabajo nos proponemos analizar como la Gran Guerra fue la chispa
que contribuyó a crear las condiciones culturales, sociológicas, políticas y sociales para el
nacimiento y la sucesiva evolución del fascismo. De hecho, en aquellos años los grupos
intervencionistas más extremistas elaboraron una concepción social que hemos llamado
de la hermandad jerárquica, basada en la absolutización de la política y la extensión de
la lógica militar a la vida civil. De la misma manera, nos proponemos investigar cómo
Marruecos en palabras de Ortega y Gasset “hizo del alma dispersa del Ejército español y
sobre todo de su núcleo duro (los africanistas) un puño cerrado moralmente dispuesto
para el ataque”. De hecho, cuando empezó la Guerra Civil, los generales africanistas
llegaron a creer que tenían la capacidad de interpretar la voluntad nacional y transfirieron
al conjunto del Ejército rebelde los valores del Ejército colonial.

Palabras clave: hermandad, jerarquía, nación, Africanistas, fascios revolucionarios.

Abstract: With this work we propose to analyze how the great war was the spark that
contributed to create the cultural, political, sociological and social conditions for the
birth and succesive evolution of fascism. Infact, in those years the most extremist
interventionist groups elaborated a social conception that we have called the hierarchical
broterwood based on the absolutizacion of politics and the extension of the military logic
to civilian life. In the same way, we propose to investigate how Morocco in the words
of Ortega y Gasset “made the dispersed soul of spanish army and especially of its hard
core (the africanist) a closed first morally ready for the attack. In fact, when the civil war
began, the africanist generals came to believe thatthey had the capacity to interprete the
national will and transferred the values of the colonial Army to the rebel army as a whole.

Keywords: brotherwood, hierarchy, nation, africanist, fascism.

217
Andrea Vincenzini

En un famoso folleto escrito en 1914 titulado “Qué es el nacionalismo y


qué quieren los nacionalistas”, el más importante teórico de la doctrina nacio-
nalista, el jurista Alfredo Rocco, no solo definía la nación como el conjunto de
los individuos que viven en el mismo territorio gracias a la coincidencia de los
orígenes, de la lengua y de las tradiciones, sino también describía cómo debía
desarrollarse en la visión nacionalista la correcta relación entre los ciudadanos y
la comunidad de pertenencia:
La Nación es un organismo que tiene vida continua. La Nación no es la
suma de los individuos actualmente vivientes: pues la nación no es el pue-
blo. La nación incluye no solo la generación presente, sino también las pasa-
das y todas aquellas que se sucederán a lo largo de los siglos. Los individuos
concluyen su ciclo vital mientras las naciones duran siglos y milenios. Por lo
tanto, el individuo es un elemento pasajero e infinitesimal de la nación. No
hay que considerar, pues, a la nación como medio para obtener el bienestar
individual, sino, más bien, el individuo como instrumento de los fines na-
cionales. No hay que sacrificar nunca la nación a las personalidades indivi-
duales, sino, cuando ocurre, el individuo a la nación. Es cierto que es interés
de la nación que los ciudadanos pertenecientes a ella vivan en buenas condi-
ciones materiales y morales; pero solo porque es interés de todo organismo
que sus órganos vivan fisiológicamente1.
En la concepción del jurista, el nacionalismo estribaba en la prioridad abso-
luta de la prosperidad, de la potencia y del porvenir de la nación italiana; todas
las otras cuestiones estaban subordinadas a estos objetivos; quien no participaba
en este esfuerzo era un cobarde y quien criticaba era un traidor. En 1914, para
los intervencionistas, cada ciudadano tenía que sentirse un soldado, partícipe
de una misma indiscutible disciplina. De manera llamativa estas ideas conlle-
vaban la extensión de la lógica militar a la vida civil. Las varias almas del movi-
miento intervencionista empezaron a organizarse inmediatamente después de la
declaración de neutralidad de Italia en agosto de 1914. Aunque en los últimos
decenios del siglo XIX el país había experimentado un notable crecimiento eco-
nómico (entre 1896 y 1914 Italia tuvo una media de crecimiento económico
anual del 6,7 %), estos resultados fueron obtenidos a precio de la perpetuación
del transformismo parlamentario y de los tradicionales métodos caciquiles. El
estadista piamontés Giovanni Giolitti fue acusado de gobernar solo para satis-
facer su sed de poder, de sobornar a los diputados repartiendo compensaciones
materiales o sillones, y finalmente de no activarse para resolver las cuestiones
más urgentes, es decir, la creación de la unidad moral del país y la construcción
de una conciencia nacional. En este sentido, el escritor y filósofo Francesco
de Sanctis, ya en 1880, había achacado la causa de la inmoralidad italiana al

  Ventrone, Angelo: La seduzione totalitaria, Roma, Donzelli, 2003, pp. 26-27. Véase también
1

Rocco, Alfredo: Scritti e discorsi politici, Milán, Giuffrè, 1938.

218 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

hombre descrito por Francesco Guicciardini, esto es “Al italiano de los siglos
oscuros de la dominación extranjera de la península, que vivía y operaba con
hipocresía y doblez solamente para cultivar il suo particulare y al beneficio per-
sonal había sacrificado la patria, la religión y la libertad”2. También según el filó-
sofo y socialista revolucionario Arturo Labriola, Italia, en vísperas de la Primera
Guerra Mundial, parecía “Una nación mezquina, inconcluyente y resignada,
monárquica, incierta entre la sacristía y el laicismo, pusilánime de novedades3”.
En presencia de un régimen parlamentario corrupto y de un escepticismo impe-
rante, los intelectuales italianos cercanos a las posiciones futuristas, nacionalistas
y sindicalistas revolucionarias expresaron cada día con más vigor la voluntad de
redimir una Italia castrada y desangrada y de despertar a los durmientes4. Ahora
bien, la edad de los nacionalismos había potentemente relanzado la ética de la
guerra, es decir, la convicción de que a la experiencia bélica fuera encomen-
dada la tarea de rejuvenecer y regenerar una civilización en plena decadencia
que, a menudo, los intelectuales de las corrientes irracionalistas comparaban
con la época de la caída del Imperio romano5. Los partidarios de la intervención
consideraban entonces que la guerra podría ser la herramienta más eficaz para
elevar la moralidad del pueblo, enseñarle la capacidad de sacrificarse y obligarlo
a renunciar a todo egoísmo personal. Más detenidamente, los intervencionistas
pensaban que el conflicto sería el instrumento más adecuado para unir al país
en un ímpetu renovador, recuperar el retraso acumulado y propiciar la llegada al
poder de una nueva y valiente clase dirigente. Según Massimo Rocca, anárquico
disidente y futuro fundador de los fascios revolucionarios:
Las estirpes y las poblaciones que se habían quedado durante mucho tiem-
po aisladas, sin revoluciones y sin guerras, degeneraron a niveles ínfimos
como algunas tribus de Sudáfrica. Solo en la lucha y no en la concordia se
hallan el progreso y la vida, porque solo así pueden sobresalir los mejores,
los dominadores, capaces de imponerse y de arrastrar a los otros miembros
de la comunidad a una convulsión destinada a renovar el mundo. Se puede
decir que las guerras cumplen para los pueblos la misma función que la
revolución para las clases sociales6.

2
  Gentile, Emilio: La Grande Italia. Il mito della nazione nel XX secolo, Roma, Laterza, 2006,
pp. 39-40. De Sanctis, Francesco: I partiti e l’educazione della Nuova Italia, a cargo de N. Cortese, Turín,
Einaudi, 2008.
3
  Labriola, Arturo: Spiegazioni a me stesso. Note personali e culturali, Napoli, Centro studi sociali
problemi dopoguerra, 1945, p. 61.
4
 Véase Oriani, Alfredo: La rivolta ideale, a cargo de O. Lorenzo, Milán, Aragno, 2015.
5
  Spengler, Oswald: La decadencia de Occidente, Barcelona, Espasa libros, 2011.
  Rocca, Massimo: L’anarchismo contro l’anarchia. Studio critico documentario, Pistoia, Il
6

Rinascimento, 1914, pp. 446-447. Véase también, Busetto, Andrea: È l’ora. Bisogna compiere l’unita
nazionale, Venecia, Libreria editrice L’Avanguardia Nazionalista, 1914.

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 219


Andrea Vincenzini

En diciembre de 1914, con la finalidad de protestar contra la neutralidad de


Italia, Mussolini en el Popolo d’Italia afirmó:
Hay que decidirse: o la guerra, o si no tenemos que acabar con la comedia
de la gran potencia. Volquémonos en casas de juegos, hoteles, burdeles y
engordamos. Es posible que un pueblo tenga este ideal, pero engordar es el
ideal de la zoología inferior7”.
La oposición a las corrientes neutralistas (compuestas por los católicos demo-
cráticos, los liberales giolittianos y la gran mayoría del partido socialista) estaba
constituida por los liberales conservadores de Salandra y Sonnino, los socialistas
reformistas de Bissolati, los sindicalistas revolucionarios, los futuristas, los de-
mócratas irredentos, los republicanos y la Asociación Nacionalista, formación
inicialmente favorable a la alianza con los Imperios centrales. Este último era un
grupo conservador, monárquico e imperialista situado en la extrema derecha del
espectro político. Según Enrico Corradini, su principal exponente, el contraste
fundamental no era más aquello entre las diferentes clases de un mismo país, sino
entre países ricos y pobres, naciones capitalistas y naciones proletarias8. Los sindi-
calistas revolucionarios y su líder, Angelo Oliviero Olivetti, se habían convertido
del antimilitarismo al intervencionismo gracias a las teorías del pensador francés
George Sorel9. En la visión de los sindicalistas, la guerra servía para abatir la mo-
narquía, sustituir a la burguesía liberal en el poder y provocar la superación del
sistema capitalista con la definitiva conciliación de las inclinaciones individuales
con los intereses colectivos. Los sindicalistas auspiciaban un aprendizaje de masa
al heroísmo y al sacrificio, y exaltaban el papel de las minorías conscientes10.
El amor por el gesto perturbador y desconcertante y la ruptura de los puentes
con el pasado eran los dogmas futuristas. Los futuristas odiaban del mismo modo
el socialismo patriótico e internacionalista, definido como “filosofía del vientre”,
y el conservadurismo clerical. El futurismo glorificaba las virtudes de la juventud
rebelde y violenta, el coraje y el amor para la aventura, despreciaba las doctrinas
y ensalzaba la improvisación. Sobre todo, los futuristas negaban los privilegios
del dinero y no reconocían algún derecho al mando que no fuera la calidad del
genio11. Sin embargo, en la heterogénea galaxia intervencionista, las ideas de los

7
  Mussolini, Benito: L’Italia nel gennaio del 1915, in Scritti e discorsi di Benito Mussolini, dall’inter-
vento al fascismo, Milano, Hoepli, 1934, p. 33.
8
  Sobre Corradini, léase Gaeta, Franco: Il nazionalismo italiano, Roma, Laterza, 1981.
  Sorel, Georges: Scritti politici, riflessioni sulla violenza, a cargo de R. Vivarelli, Roma, UTET,
9

2017.
10
  Gentile, Emilio: Le origini dell’ideologia fascista (1918-1925), Roma, Laterza, 1975.
  Marinetti, Filippo. Tommaso: Primo manifesto politico, Florencia, Salimbeni, 1980. Véase
11

también Settimelli, Emilio: «Cancellare la gloria romana con una gloria italiana più grande», Roma
Futurista (13-X-1918).

220 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

demócratas y de los republicanos se colocaban en una vertiente muy lejana con


respecto a las de los grupos de la derecha nacionalista o liberal. De hecho, los radi-
cales, los socialistas reformistas y los republicanos agitaban argumentos ausentes
en los sectores conservadores; sus objetivos eran la lucha contra el imperialismo
y el militarismo de Alemania y Austria-Hungría, y el apoyo a la causa de las
nacionalidades oprimidas y de la misma democracia. Además, eran admiradores
del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson. De hecho, el socialista e
irredento de Trento Cesare Battisti consideraba la Gran Guerra como una cuarta
guerra de independencia, necesaria para completar el Risorgimento y consolidar
la unidad nacional. En 1914, el socialista democrático Gaetano Salvemini y los
exponentes de la revista La Voce12 hablaban de patriotismo humanitario derivado
de la tradición del Risorgimento y lo contraponían al nacionalismo autoritario de
la Asociación Nacionalista. No obstante, con el paso del tiempo, el recuerdo de
los sacrificios cumplidos y de los muertos, la exaltación por la victoria final y la
perspectiva de convertir Italia en una importante potencia europea, transformaría
muchos partidarios de la autodeterminación de los pueblos en intransigentes pro-
pugnadores del derecho a la posesión italiana de la costa adriática.
Durante el conflicto, las fundamentales distinciones antes citadas fueron pues-
tas de lado por la intención de todos los sectores del intervencionismo de afrontar
sin divisiones internas la terrible prueba de la guerra. Por lo tanto, durante el pe-
riodo bélico, hubo una ósmosis entre derecha, centro e izquierda intervencionista
que se llevó a cabo reivindicando no solo la total compatibilidad, sino también la
íntima conexión entre las palabras revolución y nación13. De hecho, en 1914, los
demócratas se asociaron a una gran parte de las parafernalias ideológicas de las de-
rechas: el mito de la misión civilizadora, la necesidad de la solidaridad nacional y
el afán hacia la unión total de los italianos. En el interior del partido republicano,
por ejemplo, empezaron a surgir opiniones según las que era necesario sentirse
italianos antes que republicanos y colaborar con la monarquía porque “La patria
pertenecía a todos, fueran esos monárquicos, republicanos, socialistas, negros o
rojos, y los beneficios de la victoria alcanzarían a todos, proletarios e industria-
les14”. La prueba general del acercamiento entre las temáticas sindicalistas y las
nacionalistas tuvo lugar en 1911, durante la guerra de Libia, gracias a la colabo-
ración de exponentes de las dos corrientes en la revista La Lupa. En opinión de
Angelo Oliviero Olivetti, a pesar de las profundas diferencias:
La sindicalista-revolucionaria y la nacionalista eran ambas doctrinas de
energía y de voluntad, que albergaban el mismo odio por todas las formas

  Prezzolini, Giuseppe: «Come faremo “La Voce”», La Voce (7-XI-1912).


12

13
 Véase Gibelli, Antonio: La Grande Guerra degli italiani 1915-1918, Milán, Sansoni, 1998.
14
  Servanzi, Luigi.: «La Conquista di Tripoli e il partito repubblicano», Lucifero (30-IX-1911),
p. 4. y Premuti, Costanzo: Come Roma preparò la guerra, Roma, Tipografía Italiana, 1923, pp. 245-247.

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 221


Andrea Vincenzini

blandas y flojas de burguesía y de democracia; eran movimientos antidemo-


cráticos, anti-pacifistas y aristocráticos que querían hacer revivir el culto del
heroico en una sociedad hedonista y materialista15”.
En los últimos meses de 1914, nacieron comités, asociaciones, agrupaciones de
ciudadanos y de protagonistas del intervencionismo para forzar la entrada en gue-
rra de Italia y presionar el Parlamento en su mayoría neutralista. El 5 de octubre
de 1914, surgió el Fascio Revolucionario de Acción Internacionalista compues-
to por varias facciones de los partidos de la extrema izquierda intervencionista.
Mussolini entró en esta formación solamente en enero de 1915, pero, en 1922, se
atribuyó el mérito de su constitución, declarando: “Creé los fascios, un grupo de
jóvenes que actuaban para favorecer la entrada en guerra; yo era el jefe16”. A partir
de entonces, los prefectos definieron como fascistas a los afiliados de este grupo,
y el mismo Mussolini denominó fascistas a algunos compañeros que morirían en
las trincheras. Contemporáneamente, los intervencionistas comenzaron a agitar
el mito de las dos Italias17. Según ellos, la primera Italia se identificaba con los
productores y con el Ejército y se fundaba sobre la ética de la regeneración nacio-
nal y el mito de la primacía de la italianidad. El segundo modelo se basaba en el
parasitismo y en los privilegios expresados por el Parlamento18.
En las manifestaciones a favor de la guerra los miembros de los comités
intervencionistas utilizaron la violencia verbal y política, anticipando los mé-
todos con los que los fascistas actuarían a partir de 1919. De hecho, en mayo
1915, fueron agredidos los diputados filo-giolittianos, fue asaltada la Cámara
de los Diputados, fueron escrachadas las casas de los líderes neutralistas más
representativos y, en Roma y Milán, fueron destrozadas algunas de las Cámaras
del Trabajo controladas por los socialistas. En la propaganda de los interven-
cionistas más extremistas, el partido socialista oficial (PSU) fue llamado Pus,
representado así como un peligroso vehículo de infección en detrimento de
todo el cuerpo social19. Después de la entrada en guerra de Italia (propiciada
por la actitud belicista del rey y del presidente de Gobierno Salandra), varias
asociaciones pro-guerra animaron a los italianos a unirse ordenadamente en una
única voluntad para respaldar el esfuerzo bélico. Por ejemplo, Giovanni Calò,

15
  Olivetti, Angelo Oliviero: “Sindacalismo e nazionalismo”, Pagine Libere, n. 2 (15 de febrero
de 1911), p. 7.
16
  Mussolini, Benito: La mia vita, Milano, Rizzoli, 1999, p. 53.
  Prezzolini, Giuseppe: «Le due Italie», Il Regno (22-III-1904). Gentile, Emilio: Il mito dello
17

Stato nuovo dall’antigiolittismo al fascismo, Roma, Laterza, 1982.


18
  Mussolini, Benito: «La prima guerra d’Italia», Il Popolo D’Italia. Sobre el cambio de Mussolini
del socialismo neutralista al intervencionismo, léase De Felice, Renzo: Mussolini il rivoluzionario (1883-
1920). Turín, Einaudi, 2019.
  Belardelli, Giulia y Sabbatucci, Giovanni: Miti e Storia dell’Italia unita, Bolonia, Il Mulino,
19

1999. Véase también “D’Annunzio parla alla folla”, en Corriere della Sera (14-V-1915).

222 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

miembro del grupo de los nacionales liberales, redactó un decálogo de deberes


de los ciudadanos, agrupándolos en cuatro categorías: los deberes morales, civi-
les, económicos e higiénicos20.
Por lo que concierne a los deberes morales, Calò recomendaba zanjar las
polémicas y derrotismos varios, aceptando todas aquellas medidas que limita-
ban la libertad personal como un enfermo soportaría una operación quirúrgi-
ca. Los deberes civiles prescribían que todos tenían que trabajar gratuitamente
en las Administraciones públicas y en las factorías para sustituir a los comba-
tientes; cumplir con los deberes económicos significaba conservar la confianza
en los bancos, no retirar los depósitos y comprar los bonos emitidos por el
Estado. Finalmente, los deberes higiénicos invitaban a la población a evitar el
uso de alcohol, eliminar las juergas nocturnas, y conducir una vida sexual lo
más austera posible.
Es más, las ligas de acción antialemanas presentes en la península empezaron a
proponer con insistencia la creación de campos de concentración para los alema-
nes y los austriacos residentes en Italia, el embargo de sus bienes y la constitución
de una actividad de espionaje de masa paralela a la del Estado. De esa manera,
algunas asociaciones de ciudadanos intentaban sustituir a la ley y a las autoridades
estatales en la definición de lo justo y de las actividades lícitas e ilícitas. Mientras
tanto, en el frente militar, la subordinación del individuo a la totalidad represen-
tada por la nación se reflejaba en los folletos de los voluntarios. El republicano
Costanzo Premuti escribió, durante Le radiose giornate di maggio 1915, que la
nación se había convertido en una divinidad, una entidad trascendente capaz de
garantizar la beatitud o la damnación eterna21. Según Agostino Lanzillo, expo-
nente sindical-revolucionario, mientras la clases trabajadoras habían renunciado
a la revolución social, los intervencionistas, al contrario, estaban derramando su
sangre para impulsar la revolución nacional22. Según Mussolini, un gran líder
como Cesare Battisti no se había sacrificado ni en nombre del socialismo, ni del
cristianismo, sino que se había inmolado por la patria:
No se explica de otra manera el hecho de que millones de hombres se hayan
precipitado a combatir y a morir empujados por una fuerza superior que
ha hecho callar todos los otros intereses, todos los otros amores, incluido el
instinto primordial de la conservación. Es la idea de patria que ha consegui-
do sus mártires, su consagración de sangre, su precinto de gloria23.

  Calò, Giovani: Doveri del cittadino in tempo di guerra, Milán, Rava, 1915.
20

  Premuti, C.: Come Roma, preparò la guerra…, p. 335. Nenni, Pietro: «L’ora storica. Agli italia-
21

ni», Lucifero (6-IX-1914).


22
  Lanzillo, Agostino: La disfatta del socialismo. Critica della guerra e del socialismo. Florencia,
Libreria della Voce, 1918, pp. 136-141.
  Mussolini, Benito: «Battisti», Il Popolo d’Italia (12-VI-1917), p. 1.
23

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Andrea Vincenzini

También para un hombre equilibrado como Leonida Bissolati (voluntario


de guerra a los 58 años), la vida militar suscitaba alegría, entusiasmo y una gran
emoción24. La sensación de fusión y de comunión de almas con los soldados
y las victorias contra los austriacos le daba la sensación de haber rejuvenecido
30 años. A guerra concluida, solía decir que mirándose en el espejo tenía la
impresión de asemejar a Faust. Incluso un escritor-soldado de ideas democráti-
cas como Renato Serra alababa la camaradería y el sentimiento de compacidad
presente en su batallón militar:
Allá abajo, en la ciudad, quizás se habla todavía de partidos, de tendencias
opuestas, de gente que no estaría de acuerdo; de gente que tendría miedo,
que vendría de mala gana. Podría haber también algo de verdadero, hasta
que una persona se quedara entre aquellas carreteras, entre aquellas casas.
Pero yo vivo en otro lugar. En aquella Italia que me parecía sorda y vacía
cuando la miraba desde lejos; pero ahora tengo la percepción que puede
estar llena de hombres como yo, apretados por la misma ansiedad y enca-
minados hacia un idéntico recorrido, capaz de apoyarnos el uno con el otro,
de vivir y de morir juntos, aún sin saber por qué25.
Sin embargo, había también la otra cara de la moneda. Como ha evidenciado
Enzo Traverso, la Grande Guerra había acelerado en la organización militar la
difusión del modelo de producción de Ford y Taylor, mediante la monotonía de
gestos repetidos, la total pérdida de autonomía y de posibilidad de autodirección
de las operaciones y la ambientación sonora ensordecedora que impedía la co-
municación26. Por lo tanto, el soldado sin calidad parecía la traducción bélica del
obrero de la cadena de montaje. Pero los intervencionistas creían que la guerra
debía ser sobre todo garibaldinismo, ímpetu y llama latina27 y, por eso, se habían
incorporado en las unidades de los Bersaglieri, de los Arditi28 y de los Alpinos29.
Los memoriales de guerra destacaban, muy a menudo, el intenso vínculo afectivo
que unía los soldados a los oficiales que compartían con ellos los riesgos de la
línea del fuego. A este respecto, el oficial de los Alpinos Piero Jahier redactó este
comentario en los diarios de guerra:
Lo escribiré porque nunca he estado así de feliz. Y es la primera vez que
estoy feliz. Estoy tranquilo y feliz. Cómo me quieren: me miman como un
rey, exactamente como un rey. Es un peso tremendo este amor. Cada uno de

24
  Bissolati, Leonida: Diario di guerra, Turín, Einaudi, 1935.
25
  Serra, Renato: Esame di coscienza di un letterato, Roma, Newton Compton, 1973, pp. 50-51.
26
  Traverso, Enzo: A ferro e fuoco: la guerra civile europea (1914-1945), Bolonia, Il Mulino, 2007.
  Ferrero, Guglielmo: «Il genio latino», Rivista delle Nazioni Latine (1 de junio de 1916). Papini,
27

Giovanni: «Amiamo la guerra», Lacerba (1-X-1914).


  Giuliani, Reginaldo: Gli Arditi, Milán, Treves, 1934.
28

 Lussu, Emilio: Un anno sull’altipiano, Turín, Einaudi, 1997.


29

224 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

ellos sacrificaría con gusto su vida por mí. Pero estoy tranquilo y contento
porque yo haría lo mismo para ellos30.
Sin embargo, este vínculo no era un sentimiento a la par; de hecho, los oficia-
les, en el imaginario del fascismo intervencionista, debían ser la élite31 dirigente
que con amoroso paternalismo cuidarían a los soldados, los cuales necesitaban
unos jefes que los acaudillasen, como ellos mismos, insistentemente, pedían32.
Pero en el interior de los cuerpos especiales, como recordaba el capitán de los
Arditi Ferruccio Vecchi33, había un modelo de disciplina muy diferente respecto
a la vigente en el Ejército tradicional. Los Arditi, por ejemplo, confiaban en sus
jefes, no por su cargo, sino por el valor personal que demostraban, y, una vez que
apreciaban a un oficial, lo seguían en cualquier hazaña. Además, lucían símbolos
que reflejaban su exaltada psicología: estandartes negros, cráneos blancos con la
navaja entre los dientes sobre un fondo negro. Los Arditi vivían la experiencia de
la guerra con mayor riesgo personal, pero envueltos en un halo de nacionalismo
romántico, de mística del heroísmo individual y de absoluto desprecio por las re-
glas convencionales de la disciplina militar. Finalmente, los Arditi se adherían a la
concepción del antipartido de los combatientes y se consideraban los electos de la
victoria y de la bella muerte. Ellos indicaban en el activismo, el nacionalismo y el
juvenilismo los rasgos típicos de su mentalidad; y, más tarde, el fascismo los hizo
suyos, utilizándolos como arma psicológica fuertemente sugestiva para atraer a los
jóvenes34. El acercamiento entre estos hombres, que tenían en principio culturas
diferentes y que encontraron un terreno común de expresión en el deseo de una
movilización total de la población civil y de una disciplina militar extendida al
frente interior, empezaba a prefigurar esa Italia que, en palabras de Mussolini “En
lugar de presentar el aspecto normal de los viejos tiempos, ofrecería finalmente
la apariencia de un arsenal donde cada uno y todos trabajaban, según sus propias
actitudes y capacidad, para lograr un objetivo común35”. Consecuentemente, en
estos años de guerra, comenzó a delinearse la cultura de la hermandad jerárquica,
la cual encontraría su consagración definitiva con el fascismo, es decir, la unidad
moral y la cohesión nacional refrendada por la capacidad de conjugar justicia
social, disciplina, camaradería y fe en la élite destinada a guiarla. El sindicalista

30
  Isnenghi, Mario: Il mito della Grande Guerra, Bolonia, Il Mulino, 2007, p.189.
31
  Sobre la teoría de las élites, véase Mosca, Gaetano: La classe política, en Elementi di scienza
política, a cargo de N. Bobbio, Norberto Bari, Laterza; Pareto, Vilfredo: Trasformazione della democra-
zia, Roma, LIT Edizioni, 2016, y Michels, Robert: La sociologia del partito politico, a cargo de J. Linz,
Bolonia, Il Mulino, 1966.
32
  Sobre este aspecto véase Passerini, Luisa: Mussolini immaginario, Roma, Laterza, 1991.
 Véase Vecchi, Ferruccio: Arditismo civile, Milán, Libreria Editrice de L’Ardito, 1920.
33

 Cordova, Ferdinando: Arditi e legionari dannunziani, Roma, Manifesto libri, 2008.


34

  Mussolini, B.: «Disciplina di guerra», Il Popolo d’Italia (9-XI-1917), p. 3.


35

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 225


Andrea Vincenzini

y futuro dirigente fascista Sergio Panunzio comentó satisfecho que, en ese mo-
mento, “Todos los italianos se habían convertido en instrumentos animados de
aquella sinfonía, verdaderamente beethoviana, que era la vida nacional”36. Según
este modelo, que correspondía a la comunidad de trinchera, todos eran herma-
nos, pero en el interior de una estructura jerárquica37. Pues el fascismo abogaba
por una concepción geométrica de los derechos, donde quien se demostrara más
fuerte y más audaz gozaría de derechos más completos que los débiles y los su-
bordinados38. Estos últimos, no sobrepasarían sus roles, pero se beneficiarían del
bienestar social que el Estado liberal les reconocía en teoría, pero les negaba en la
práctica. Como hemos analizado, la extraordinaria abundancia de experiencias e
iniciativas florecidas en el curso de la Primera Guerra Mundial, no solo había per-
mitido imaginar la construcción de un sistema que anunciaba algunos caracteres
típicos de los futuros regímenes totalitarios, sino que había constituido también
una riquísima reserva de la que el régimen se aprovecharía para convertir en per-
manente y definitiva la unidad sagrada de la nación conseguida con la resistencia
del río Piave y el triunfo de Vittorio Veneto.

La forja de los africanistas


Hasta la última década del siglo XX no encontramos en la historiografía es-
pañola estudios específicos relacionados con los aspectos socioculturales de la im-
portante familia castrense que se forjó en las guerras norteafricanas del periodo
1909-1927 y conocida como la de los africanistas. La primera obra que desarrolla
un tratamiento explícito del africanismo es la monografía del militar Andrés Mas
Chao La formación de la conciencia africanista en el ejército español39. Mano Chao
identifica a todos los que sirvieron en las colonias musulmanas españolas como
africanistas y los ensalza por su valentía y su entrega constante al servicio frente
a los militares burócratas de la península. En realidad, el panorama del Ejército
español en África es bastante más complejo incluso para un área homogénea como
el protectorado del norte de Marruecos. De hecho, muchos de los militares que
sirvieron en la unidad de retaguardia o fueron destinados a plazas seguras como
Ceuta, Larache y Tetuán trataron de reproducir los comportamientos burocráticos
de la metrópoli, huyendo de las tareas más peligrosas. Hubo que esperar hasta la

  Panunzio, Sergio: Che cos’è il fascismo, Milán, Alpes, 1924.


36

  Pellizzi, Camilo: Problemi e realtà del fascismo, Florencia, Vallecchi, 1924 y Fascismo y aristocra-
37

zia, Milán, Alpes, 1925.


38
  A este respecto véase James Gregor, Anthony: L’ideologia del fascismo, il fondamento razionale del
totalitarismo, Milán, Biblioteca del Covo, 2013.
  Mas Chao, Andrés: La formación de la conciencia africanista en el Ejército Español (1909-1926),
39

Madrid, Talleres del Servicio Geográfico del Ejército, 1988.

226 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

publicación de la obra de Sebastian Balfour Abrazo mortal: de la guerra colonial


a la guerra civil en España y Marruecos40 (2002) para encontrar una monografía
científica que se ocupa del africanismo. Sin embargo, el historiador británico fija
su atención en Marruecos para enriquecer la explicación de la guerra civil. Esta
actitud presenta el inconveniente de que se exportan determinados rasgos de los
años treinta a las previas guerras norteafricanas. A continuación, de cara al presen-
te artículo, destacan las obras publicadas por María Rosa Madariaga, entre las cua-
les sobresale un libro editado en 2005 con el título En el Barranco del Lobo41. En
esta monografía, la autora compone un marco claro y completo de las guerras de
Marruecos en sus vertientes políticas, sociales y militares. Sin embargo, Madariaga
no ha analizado en profundidad la cuestión de la creación de la Legión y su inci-
dencia en el panorama de la guerra. En los últimos años, una importante contribu-
ción sobre los africanistas, sus elementos culturales de pertenencia, y su percepción
de la realidad circunstante ha sido realizada por Daniel Macías Fernández en su
libro Franco nació en África: los africanistas y las campañas de Marruecos42. Según
Macías Fernández, el imaginario africanista se forjó en un proceso complejo que
no se puede entender sin tener en cuenta el contexto histórico nacional e interna-
cional. Las circunstancias domésticas y el magma intelectual e ideológico occiden-
tal son marcos referenciales de obligada observación para el encuadramiento de un
fenómeno análogo al de otros países del entorno español.
En las primeras décadas del siglo XX, el Ejército español era una institución
bastante diferente de las fuerzas armadas de los otros países europeos. Los mili-
tares se consideraban parte integrante de una élite, hasta el punto de que forma-
ban un grupo familiar cerrado. Muchos de ellos mostraban un claro sentimiento
de superioridad hacia los civiles aposentados y un menosprecio profundo para
las clases populares y los partidos de izquierda43. Los africanistas abogaban por
un fuerte nacionalismo españolista, un poder ejecutivo fuerte, el afán por el
orden interior y una política exterior agresiva e imperialista44. El hecho de que

40
  Balfour, Sebastián: Abrazo mortal: De La guerra colonial a la guerra civil en España y Marruecos,
Barcelona, Península, 2002. Véase también Pando Despierto, Juan: El desastre de Annual, Madrid,
Altaya, 2008 y Pennell, Charles R.: La guerra del Rif: Abd-el-Krim el Jattabi y su Estado rifeño, Melilla,
UNED, 2001.
  Madariaga, María Rosa: En el Barranco del Lobo: Las guerras de Marruecos, Madrid, Alianza
41

Editorial, 2019 y Los moros que trajo Franco, Madrid, Alianza Editorial, 2015.
42
  Macías Fernández, Daniel: Franco “nació en África”: Los africanistas y las campañas de Marruecos,
Madrid, Editorial Tecnos, 2019 y Gómez Ochoa, Fidel y Macías Fernández, Daniel: El combatiente a
lo largo de la historia. Imaginario, percepción, representación, Santander, Unican, 2012.
43
 Véanse Cardona, Gabriel: El problema militar en España, Madrid, Biblioteca Historia, 1990 e
Historia del ejército: el peso de un grupo social diferente, Barcelona, Marcial Pons, 1983.
 Véanse González Cuevas, Pedro Carlos: Historias de las derechas españolas. De la Ilustración a
44

nuestros días, Madrid, Biblioteca, Nueva, 2000 y González Calleja, Eduardo: «La cultura de guerra

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 227


Andrea Vincenzini

el Ejército gozara de amplios privilegios lo demuestra el hecho de que en 1906


se aprobara la Ley de Jurisdicciones que otorgaba a los tribunales militares la
potestad de juzgar los delitos contra los militares y contra la patria. Dentro del
Ejército, el colectivo africanista mantenía unas características peculiares. El nú-
cleo duro de los africanistas estaba constituido por los militares destinados a las
intervenciones y a las fuerzas de choque. A lo largo de la experiencia colonial, el
sentimiento de identidad compartida entre los mandos y los oficiales desbordó
la propia unidad para abarcar todos los cuerpos coloniales norteafricanos. Una
de las características básicas de los africanistas era su obsesión imperial, derivada
de la impronta ideológica del desastre de 189845. La pérdida de Cuba, Puerto
Rico y Filipinas supuso un verdadero trauma para los intelectuales y la sociedad
española, y afectó aún más gravemente al Ejército. De hecho, muchos africa-
nistas habían nacido en las colonias pérdidas y los más veteranos habían parti-
cipado en otras campañas coloniales46. La mayoría de los militares se sintieron
traicionados por numerosos sectores de la sociedad metropolitana que los había
abandonado a su suerte. También, percibieron que habían jugado el papel de
cabezas de turco en toda una representación teatral en la que la opinión pública,
los políticos y los enemigos de la patria se habían señalado como adversarios del
estamento castrense47. Según Macías Fernández, esta perspectiva propició en los
mandos castrenses el desarrollo de una mentalidad de cerco, en la que todo lo
que les rodeaba era antipatriótico; “Ante esa situación, los militares se vieron a sí
mismos como los cirujanos de hierro a los que se referían algunos intelectuales
regeneracionistas”48. En 1907, el general Fanjul afirmó “Que España había per-
dido la guerra y con ella sus posesiones, nada más que por falta de españoles49”.
A partir de entonces, Marruecos constituyó la única posibilidad que le quedaba
a España de desempeñar un papel de protagonista en el concierto internacional.
Para los militares africanistas, la empresa norteafricana era la única vía para su-
perar la vergüenza de la pérdida de Cuba. La mayoría de los africanistas estaban
interesados en la guerra colonial porque creaba una nueva escuela de combate,
facilitaba la disponibilidad de un mayor sueldo y proporcionaba la posibilidad
de ascender rápidamente en los escalafones del Ejército. A este respecto, según

como propuesta historiográfica: una reflexión general desde el contemporaneísmo español», Historia
Social, 61 (2008), pp. 69-87.
  Núñez Florencio, Rafael: El Ejército español en el Desastre de 1898, Madrid, Arco, 1997.
45

  Alonso, José Ramón: Historia política del ejército español, Editora Nacional, Madrid, 1974.
46

  Mola Vidal, Emilio: Obras completas, Santander, Aldus, 1940.


47

  Macías Fernández, Daniel: Franco nació en África…, pp.  102-131. Véase también Suárez
48

Cortina, Manuel: El regeneracionismo en España, Valencia, Universidad de Valencia, 2007.


  Nerín, Gustau: La guerra que vino de África, Barcelona, Crítica, 2005, p. 71. Fanjul, Joaquín:
49

La función social del Ejército, . Editorial Eduardo Arias, Madrid,1907

228 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

Alfonso Iglesias Amorín, solo entre 1909 y 1913 se concedieron 132 925 con-
decoraciones y 1587 ascensos por méritos de guerra50. Además, era llamativo el
hecho de que, en 1921, el Ejército español contaba con solo 111 435 hombres,
frente a los 374 000 del Ejército británico. Pero España disponía de 419 corone-
les y 60 generales de división51. En Italia y Alemania había un oficial para cada
veinte soldados; en España, uno para cada cuatro. Sin embargo, los fracasos del
Ejército español en 1909 y 1911 pusieron en peligro el difícil equilibrio de la
Restauración. De hecho, las protestas contra la leva y contra la guerra, consi-
derada solo una oportunidad de ganancia para los militares y los contratistas,
desembocaron en la Semana Trágica de Barcelona, que tuvo lugar del 26 de julio
al 2 de agosto de 1909. Los trabajadores y sus familias aborrecían el sistema de
la quinta, gracias a la cual las familias de las capas medio-altas podían eludir
mediante el pago de una cuota de 1200 pesetas el reclutamiento obligatorio,
mientras ellos estaban obligados a cumplir con un servicio militar de tres años52.
Entonces, en 1912 el gobierno dirigido por Canalejas se vio obligado a reformar
las fuerzas del protectorado, creando nuevos cuerpos integrados por soldados
profesionales europeos y marroquíes dirigidos por militares especializados en la
lucha colonial.
Cuando la Primera Guerra Mundial tocaba a su fin, el Ejército español re-
tomaba su ofensiva en Marruecos. Ante el fracaso de las unidades metropolita-
nas, se planteó la posibilidad de crear un cuerpo integrado exclusivamente por
profesionales, pues el gobierno decidió tomar como modelo de la nueva unidad
la célebre Legión Extranjera Francesa. En 1920, Millán Astray fundó el Tercio
de Extranjeros53. El nombre que se adoptó inicialmente era el de la unidad de
infantería y pieza militar maestra del sistema español del siglo XVI, los tercios,
tan famosos en la historia militar como las falanges macedonias o las legiones
romanas. En opinión de Luis Togores, en la creación de la Legión, el fundador se
basó en tres claros ejemplos: los viejos tercios españoles de infantería de Flandes,
los samuráis japoneses y, finalmente, la Legión extranjera francesa. De la mezcla de

50
  Iglesias Amorín, Alfonso: «La cultura africanista en el Ejército español», Revista de Historia
Contemporánea, 15 (2016), pp. 99-122.
51
  Datos y estadísticas en Nerín, Gustau: La guerra que vino de África…, pp. 100-120. Véase tam-
bién Busquets, Julio: El militar de carrera en España. Estudio de sociología militar, Barcelona, Ariel, 1967
y Busquets, Julio y Losada, Juan Carlos: Ruido de sables. Las conspiraciones militares en la España del siglo
XX, Barcelona, Crítica, 2003.
  Payne, Stanley G.: Ejército y sociedad en la España liberal, 1808-1936, Madrid, Akal, 1977.
52

 Véase, Franco, Francisco: Papeles de la guerra de Marruecos, Madrid, Fundación Nacional


53

Francisco Franco, 1986, pp. 193-194; Kindelán, Alfredo: Ejército y política, Madrid, Aguilar, 1947, y
también Alonso Baquer, Miguel: «La selección de la élite militar española», en M. Hernández Sánchez-
Barba y M. Alonso Baquer, Historia social de las Fuerzas Armadas españolas. La Restauración, Madrid,
Alhambra, 1986.

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Andrea Vincenzini

estos tres modelos de soldado de sociedades militares surgiría el legionario espa-


ñol. A este este respecto, para Togores:
Millán Astray, hijo de su tiempo y soldado profesional por encima de todo,
sintetiza en el recién nacido Tercio de Extranjeros los valores del soldado al
servicio de los Austrias, tan bien retratados en algunas obras cervantinas,
la concepción de la vida del pre-fascismo futurista, el sentido de honor y la
actitud ante la muerte del Bushido japonés y la eficacia en la guerra moderna
del legionario francés. No es casualidad que Millán Astray copiase en todo lo
posible a los viejos Tercios Españoles. Los tercios salvaron Viena y Malta de
los turcos, derrotándolos irremisiblemente en Lepanto. En Nördlingen aca-
baron con el legendario ejército sueco. Entraron al asalto por la brecha de
Budapest y navegaron en la Invencible para dominar Inglaterra […] Si la tro-
pa española en Flandres estaba orgullosa de servir como servían a su Rey, no
lo estarán menos los legionarios de Dar Riffien. Allí donde se ve un miembro
de los Tercios, viejos o nuevos, se encuentra un soldado profesional orgulloso
de su trabajo […] El motor espiritual que movía a los soldados en Pavía o en
Rocroi iba a moverlos en Anual o ante las murallas de Badajoz. En revivir este
espíritu radica en buena medida el éxito de Millán Astray54.
Este nuevo cuerpo se llamaba así a pesar de estar abierto a la recluta de es-
pañoles. Según José Luis Jiménez, entre 1920 y 1930, se alistaron en la Legión
4303 voluntarios extranjeros, de los cuales 1085 procedían de Portugal, 912 de
Alemania y 546 de Cuba. De hecho, una vez terminada la guerra mundial, sol-
dados desmovilizados, muchos de ellos sin empleo y con dificultades para rein-
corporarse a la sociedad civil, echaron de menos la camaradería de los campos de
batalla y se agregaron a la Legión. Sin embargo, si consideramos que entre 1920
y 1926 la Legión participó en 899 hechos de armas y sufrió, entre muertos, he-
ridos y mutilados, 8096 bajas, que equivalían al 38 % de las tropas55, podemos
percatarnos que la gran mayoría de los voluntarios eran españoles. No obstante
la reciente creación de la Legión, España padeció en Annual56 una de las derrotas
más humillantes de su historia, el equivalente del desastre que había involucrado
al Ejército italiano en Adua, en 1896. Con frecuencia, los militares españoles
protestaban por la penuria de los abastecimientos y criticaban la falta de aviones,
automóviles y cartuchos. Ese era un argumento cínico si tenemos en cuenta que
lo que realmente decidió la guerra del Rif fue la superioridad numérica, arma-
mentística y logística de las tropas españolas y la colaboración con Francia en el

54
  Togores, Luis: Millán Astray, legionario, Madrid, La esfera de los libros, 2011, pp. 167-170 e
Historia de la Legión española, Madrid, La esfera de los libros, 2016.
55
  Rodríguez Jiménez, José Luis: ¡A mí la Legión! De Millán Astray a las misiones de paz, Barcelona,
Editorial Planeta, 2006, pp. 150-160. Véase también García Figueras, Tomás: Recuerdos de la Campaña
(del vivir del soldado), Jerez, Litografía jerezana, 1925.
 Véase Luis Miguel, Francisco: Morir en África: La epopeya de los soldados españoles en el desastre de
56

Annual, Barcelona, Crítica, 2014, y Yuste, Javier: 1921, El Rif, Barcelona, Cascaborra, 1919.

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El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

desembarco de Alhucemas. A finales de 1924, los soldados presentes en las partes


oriental y occidental del protectorado ascendían a 150 000 unidades; frente a este
imponente Ejército, nunca jamás visto en tierras africanas, Abd-el-Krim contaba
con unos 10 000 combatientes57. Según Gustau Nerín:
Los rebeldes marroquíes jamás dispusieron de tantos hombres armados
como los españoles. En el ataque a Annual probablemente no participaron
más de tres mil luchadores rifeños, que causaron más de diez mil bajas al
ejército español. Las tropas rifeñas estaban en inferioridad de condiciones
a nivel armamentístico. Ruiz Albéniz confesaba que, en 1909, entre los co-
lonizadores, la mayoría de los contusos fueron de palos. En 1921, muchos
soldados españoles resultaron heridos por pedradas. Los rebeldes habían de
reutilizar los cartuchos recargándolos a mano y hacían balas de plomo con
una sartén. En Annual, los rifeños se apoderaron de muchos rifles, pero, a
pesar de todo, siguieron escasos de bombas de mano; tuvieron que impro-
visarlas con latas de sardinas rellenas de dinamita. Debido a la carencia de
explosivos, la guerrilla anticolonial realizaba sabotajes a pico y pala58.
El 20 de enero de 1922, se habló de Annual en el Congreso. El diputado
Ramón Solano, hijo de militares, hizo acusaciones gravísimas al Ejército subra-
yando que el juego de azar, la corrupción y la prostitución se habían extendido
hasta el punto de hacer imposibles los deberes militares59. Solano explicó que las
razones de que todos los rifeños tuvieran un máuser, idéntico al de las tropas es-
pañolas, se debía a que había oficiales, que para mantener sus lujos y sus vicios en
Melilla y Tetuán, hacían habitualmente contrabando de armas. Según el diputado
del partido reformista había individuos que cobraban seiscientas pesetas, pero se
gastaban 12 000 o 14 000 pesetas al mes en mujeres y juergas, mientras que los
soldados indígenas se encontraban en un estado lamentable porque los capitanes
se embolsaban las raciones. El caso más sonado de desfalco en aquellos años fue lo
del famoso millón de Larache, detectado en diciembre de 1922. El truco consistía
en que los parques de Intendencia entregaban a los cuerpos de tropa, a cambio
de vales, mercancías compradas por gestión directa. Este mecanismo de compra
se prestaba a combinaciones con los abastecedores, a los que se exigía recibos en
blanco o a precios más altos. Por estos procedimientos, en el parque militar de
Larache se obtenían corrientemente 300 000 pesetas de ahorros, que se repartían
entre los oficiales y sus cómplices. Sin embargo, Solano, que había pasado un mes
en Melilla después de la derrota, manifestó haber visto cómo algunos soldados del
Tercio acercándose a un teniente le dijeron “Usted es Dios”. En esa circunstancia,

57
  Datos en Madariaga, María Rosa: El barranco del Lobo…, p. 342.
58
  Nerín, Gustau: La guerra que vino de África…, pp. 67-69.
  López Rienda, Rafael: El escándalo del millón de Larache, Madrid, Sáez Hermanos, 1922. Véanse tam-
59

bién Prieto, Indalecio: Discursos parlamentarios sobre la guerra de Marruecos, Málaga, Servicio de Educación,
Diputación provincial de Málaga, 2003 y Crónicas de guerra, Melilla 1921, Málaga, UNED, 2001.

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los legionarios exaltaron con aquellas palabras la acción de un oficial que había
saltado las trincheras para recoger a un herido pese al hostigamiento del enemigo.
Aunque los africanistas mantenían una relación tremendamente ambigua con la
prensa y la culpaban del desastre de Anual, esta derrota histórica despertó por
unos meses la adhesión casi unánime de los periodistas al Ejército. El enviado
especial Eduardo Ortega y Gasset reconocía que “No había ido al Rif guiado por
su deseo de informar, sino llevado por sus deberes de sincero amor a mi país”60.
La campaña de venganza fue impulsada vitoreando a los defensores de la patria.
Así como había pasado en Italia después de Caporetto, por todas partes se orga-
nizaron recogidas de fondos para el Ejército de África. En numerosos pueblos
se improvisaron funciones en homenaje a los soldados, centenares de mujeres se
ofrecieron como madrinas de guerra de los legionarios, y en los espectáculos de
variedades proliferaron los cuplés nacionalistas.
Pero el idilio entre prensa y Ejército se reveló efímero: a los pocos meses una
multitud de periodistas exigía la depuración de responsabilidades. Para apoyar su
propia causa, los africanistas se transformaron también en periodistas improvisados
e intentaron construirse una reputación de hombres cultos61. Ahora bien, aunque
encontramos evidentes excepciones, con oficiales doctos que hablaban idiomas y con
una formación intelectual variada, en general, los altos mandos africanistas mani-
festaban un desinterés por la cultura e incluso un rechazo hacia la intelectualidad.
Sin embargo, dos publicaciones se convirtieron en portavoces permanentes de las
reivindicaciones de los militares coloniales; El Telegrama del Rif, fundado en Melilla el
1 de marzo de 1902 por el capitán de Artillería y periodista Cándido Lobrera Girela
y, sobre todo, La Revista de tropas coloniales, que inició las publicaciones en Ceuta en
enero de 1924 bajo la dirección de Gonzalo Queipo de Llano y del entonces teniente
coronel Francisco Franco62. En esas revistas, se reivindicaba la labor de España en
Marruecos a través del Ejército, considerado como el pilar sobre el que se cimentaba
la obra civilizadora y se imponía la calma y el orden en el territorio. La prensa afri-
canista representaba también la casta militar como el brazo de la unidad nacional.
La prensa amiga, entre las cuales podemos citar el ABC, El Heraldo de Madrid y El
Debate trataba de desmontar las acusaciones contenidas por el Expediente Picasso. La
puesta en marcha del Expediente Picasso fue la gota que colmó el vaso causando un

60
  Ortega y Gasset, José: Annual, Madrid, El Viento, 2008, p.  121. Léase también Giménez
Caballero, Ernesto: Notas marruecas de un soldado, Barcelona, Planeta, 1983.
61
 Véase Atienza Peñarrocha, Antonio: Africanistas y junteros: el ejército español en África y el
oficial José Enrique Varela Iglesias, Valencia, Universidad CEU Cardenal Herrera, 2012; Berenguer,
Dámaso: Campañas en el RIF y Yebala. 1921-1922, Madrid, Editorial Voluntad, 1923, y Godet Llopis,
Manuel: Marruecos, las etapas de la pacificación, Madrid, CIAP, 1932.
62
  Sobre la biografía de Franco como militar, Preston, Paul: Franco, “Caudillo de España”,
Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1994 y Fontenla, Salvador: Franco Caudillo militar, su historia en los
campos de batalla, Madrid, La Esfera de los Libros, 2019.

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El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

divorcio entre los militares y los partidos políticos. Los africanistas rechazaban que
el Parlamento discutiera los asuntos bélicos, argumentando que los debates en las
Cortes agudizaban el rechazo popular a la colonización. Como en el caso de los in-
tervencionistas italianos, los odios de los africanistas se concentraba en el Parlamento,
según García Figueras “Feria de ambiciones y vanidades, verdadera meta de los po-
liticastros de masas63”. Pero ni siquiera el establecimiento de un directorio militar
satisfizo plenamente a los africanistas. Las vacilaciones de Primo de Rivera en materia
colonial desagradaban en extremo a los altos mandos coloniales. A este propósito, es
famoso el incidente de Bien Tib, campamento de las tropas de legionarios y regula-
res en la región oriental, visitado por Primo De Rivera en julio de 1924. En aquella
ocasión Franco, en calidad de jefe de la Legión, manifestó la necesidad de avanzar y el
rechazo a retroceder, y declaró que la vanguardia del avance en la conquista les corres-
pondía a ellos, los legionarios. Al parecer, la leyenda narra que el menú para la comida
consistía en platos compuestos a base de huevos. De hecho, el mismo Franco en un
artículo redactado en la revista África confirmaba: “Lo que tan brillantemente con-
quistan las armas, puede perderlo luego una mala política64”. Otra característica de los
militares coloniales era la vehemencia y la violencia verbal y física contra los enemigos
(internos y externos). Por lo que concierne a los llamados moros se les dibujaba como
crueles, bárbaros, salvajes y codiciosos a la vez. El capitán Bajo describía a los merce-
narios marroquíes al servicio de España como apátridas, infieles y traicioneros65. De
acuerdo con este discurso, los colonizadores se presentaban como misioneros de la
civilización muy al estilo de “la carga del hombre blanco” de Rudyard Kipling. A este
respecto, el teniente coronel Múgica tenía una opinión clara: “Cuando hay un país
que quiere proteger y otro que no quiere ser protegido, hay que imponer el respeto de
la ley con la fuerza”66. Además de la prensa no alineada y de los políticos, los militares
coloniales despreciaban a los masones, a los judíos (acusados de vender armas a los
rifeños), a los intelectuales, a los catalanistas y a los izquierdistas. Asimismo, estaban
obsesionados por la existencia de un enemigo exterior empecinado en socavar los
derechos históricos de España. De hecho, a lo largo de las sucesivas negociaciones, el
débil Estado Español perdió posesiones en favor de las grandes potencias. En el mis-
mo Marruecos, el protectorado hispano llegó a ser, con el tiempo, un simple residuo
del protectorado galo67. Diversamente de los nacionalistas italianos, que detestaban a

63
  Leguineche, Manuel: Annual 1921, El desastre de España en el Rif, Madrid, Librería 7 soles,
1996, p. 101.
  Franco, Francisco: «Pasividad e inacción», África, 26 (abril de 1924), p. 3.
64

  Bayo, Alberto: Dos años en Gomera, Madrid, Cleto Vallinas, 1928, p. 16.
65

  Mugica, Salvador: «Notas sobre Marruecos», en el Memorial de infantería de enero de 1922,


66

Biblioteca Nacional de España, p. 49.


67
  Morales, Lezcano, Víctor: El colonialismo hispano-francés en Marruecos, 1898-1927, Siglo XXI,
Madrid, 1976 y España y el Norte de África: El protectorado en Marruecos, 1912-1956, Madrid, UNED,
1986.

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Andrea Vincenzini

Alemania, los africanistas simpatizaban por los Imperios centrales y concentraban sus
iras sobre Francia por evidentes rivalidades históricas y coloniales. Entre los teóricos
africanistas el recurso a la historia fue un hecho evidente e innegable. La historia fue la
legitimadora del cimiento de una determinada cohesión grupal africanista. El general
Goded Llopis afirmó que los derechos históricos de España en Marruecos arrancaron
de las expediciones en tiempos de Alfonso X el Sabio en 1260 y continuaron con la
campaña de 1859 dirigida por O’Donnell y Prim. Sin embargo, para los africanistas,
el año 1492 fue el punto más importante de inflexión de la historia de la coloniza-
ción española. De hecho, el testamento de Isabel la Católica que hacía referencia al
interés de la reina en impulsar la constitución de un imperio católico-español en
África fue instrumentalizado por el discurso africanista para argumentar el derecho de
España a la participación en el reparto colonial internacional. Además, para justificar
el derecho de conquista, los africanistas añadían a las consideraciones geopolíticas un
componente puramente emotivo: lo de la sangre derramada por los soldados espa-
ñoles que habían regado el territorio colonial. En el fondo, los africanistas creían que
quienes tenían derecho a gobernar España eran exclusivamente los que arriesgaban la
vida por ella; es decir, ellos mismos. Por ejemplo, Millán Astray68 era adorado por los
camaradas de armas porque había perdido un ojo y un brazo en el Rif. (José María
Pemán lo definió como “El tronco medio consumido por amor a España”). Como en
el caso de los Arditi italianos, El credo legionario establecía que morir en combate era el
mayor honor. Este culto a la muerte provocaba una auténtica veneración a los caídos
y degeneró en una apología del heroísmo inútil. Los actos intrépidos se convirtieron
en una característica peculiar del Tercio: a veces un oficial tocaba el violín en pleno
combate y en algunos casos se celebró la misa a cielo abierto durante un bombardeo.
La pérdida en combate no se percibía como una tragedia, sino como un orgullo. El
legionario ideal era aquel que se mantenía al margen de la sociedad. Se intentaba
evitar que los legionarios fueran fieles a nada que no fuera el Tercio o la patria, que
era definida como la amante ideal siempre fiel, la que no traiciona. A cambio de aban-
donar su mundo anterior, al neófito se le ofrecía una cultura legionaria basada en la
camaradería y el sacrificio. En su libro La Legión, Millán Astray hablaba del espíritu
de compañerismo que los oficiales tenían que demostrar a la tropa, especialmente
después de cruentas batallas:
El primer acto después será el de visitar a los heridos y a los enfermos e ir a
orar en las tiendas de los muertos, si los hubo en el combate. Entonces, todo
vuestro afecto, todo vuestro cariño ponedlo a contribución. Preguntad con
afán y con interés a todos; acariciad como a niños a los graves. Y a los muy
graves o a punto de expiar, sentaos a su lado y coged sus manos: ¡así seréis
los dueños del corazón de vuestros soldados!69.

  Millán Astray, José: La Legión, Madrid, Editorial Palomeque, 1922.


68

  Rodríguez Jiménez, José Luis.: ¡A mí la Legión!..., p.122.


69

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El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

Franco mitificó esta fraternidad castrense en el Diario de una Bandera, al ha-


blar de oficiales que “Se abrazaban con cariño de hermanos expresando la her-
mandad que habíamos de confirmar un día en combate70”. Además, los oficiales
imponían a sus hombres una mítica propia del cuerpo mediante distintas estra-
tegias: la lectura diaria del Credo legionario, las arengas constantes, el culto a los
símbolos colectivos y las ceremonias continuas. Los legionarios se pasaban horas
cantando sus propias canciones (La Madelón, La canción del legionario). Se les
enseñaba a entrar en combate cantando canciones sanguinarias para aterrorizar
al enemigo. La solidaridad que ofrecía la comunidad legionaria no se limitaba
al ámbito simbólico. El Credo Legionario imponía a los miembros del Tercio la
obligación de no abandonar a los heridos en mano de los enemigos. A la voz ¡A
mí, la Legión!, sea donde sea, los combatientes tenían que acudir todos y defender
al legionario que había pedido auxilio. Sin embargo, no todos los testimonios
coincidían en una narración exaltada y hagiográfica del Tercio y de su fundador.
El general Batet remarcaba en uno de sus informes:
Compárense estas conductas con la del teatral y payaso Millán, que tiembla
cuando oye el silbido de las balas, rehúye su puesto y explota de la manera
más inicua una herida que en cualquier otro caso hubiera sido leve (El co-
ronel Serrano Oribe y el General Federico Berenguer pueden dar fe de ello
si quieren estar bien con su honor y su conciencia)71.
También el oficial de artillería Antonio Cordón reflejaba en sus memorias los
cambios de personalidad que habían involucrado a los oficiales enrolados en la
Legión:
Algunos oficiales que yo había conocido antes de que se alistaran en la le-
gión los vi después convertidos en otros moralmente distintos, jactanciosos,
chulos, bebedores, la mayoría siempre alardeando de valientes, crueles con
el enemigo y sus propios soldados72.
Las malas relaciones de la Legión con los Junteros y otras unidades derivaron,
sobre todo, de estas actitudes a las que se añadían una clara sensación de superio-
ridad y un fanatismo difícil de encontrar en el resto del Ejército73.
Desde luego, en ese período histórico, la Legión, para bien o para mal, era
tema de actualidad. Además de Millán Astray y Franco, eran varios los escritores
que llevaban la Legión a sus páginas contribuyendo a montar una propaganda

70
  Franco, Francisco: Marruecos. Diario de Una Bandera, Madrid, Doncel, 1976, p. 67.
71
  Raguer, Hilari: El General Batet, Barcelona, Publicacions de L’Abadia de Montserrat, 1994,
p. 65.
72
  Cordón, Antonio: Trayectoria: recuerdos de un artillero, París, Editiones de la Librairie du Globe,
Colección Ebro, 1971, p. 74.
  Alonso Ibáñez, Ana Isabel: Las juntas de defensa militares (1917-1922), Ministerio de Defensa,
73

Madrid, 2004.

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 235


Andrea Vincenzini

bien orquestada. Los relatos eran estereotipados y contaban hazañas que se ase-
mejaban a los romances estilo Beau Geste franceses74. La vieja historia del hombre
que busca en la guerra el olvido de su amada mediante el ingreso en la Legión
impulsó la pluma de Fidel Prado para escribir la letra de la que se acabará convir-
tiendo en la canción legionaria más importante a lo largo de su historia, El novio
de la muerte. También es interesante El héroe de la Legión escrita por José María
Carretero. Aquí se nos presenta a un noble que despachado por amor se alista en
la Legión para morir peleando. También el cine prestó una creciente atención a
la guerra de Marruecos. El tema legionario se había puesto de moda también en
Estados Unidos. La película Marruecos tenía como protagonistas nada menos que
a Gary Cooper y Marlene Dietrich, esta última en el papel de una mujer loca de
amor que acaba siguiendo a su héroe por las dunas del desierto. Sin embargo, la
dura realidad de los hechos era diferente. Dado que los que se habían alistado
(frecuentemente con nombres ficticios) en la Legión eran mayoritariamente gente
conflictiva, ladrones, asesinos e inadaptados, para evitar que la brutalidad de los
legionarios derivara en agresiones a sus jefes, se les imponía una disciplina salvaje
inspirada en los samuráis japoneses. En uno de los espíritus, se recordaba a los
miembros del cuerpo que tenían que cumplir su deber hasta morir. Las penas cor-
porales eran frecuentes, los soldados a causa de un ejercicio físico agotador sufrían
un proceso acelerado de despersonalización. La deserción y la insubordinación
eran castigadas con la ejecución inmediata.
Estos aspectos inherentes a la realidad del protectorado fueron puestos en evi-
dencia en toda su crudeza por Arturo Barea, escritor de una autobiografía novela-
da titulada la Forja de un rebelde y dividida en tres partes. En la novela llamada La
ruta, Barea describía las marchas agotadoras75 de los soldados y evidenciaba el vín-
culo espontáneo que se instauraba entre los combatientes. Además destacaba que,
en la lucha, el hombre se convertía en un animal de rebaño sin más instinto que
el de su autopreservación. Acerca de la condición de la tropa que no pertenecía
a los cuerpos especiales, María Rosa de Madariaga ha subrayado cómo, más que
los combates, eran sobre todo las malas condiciones higiénicas y sanitarias las que
causaban estragos entre los soldados, muchos de los cuales estaban cubiertos de
piojos, y con sarna, paludismo y otras enfermedades de la piel. La experiencia co-
lonial dejó huellas muy profundas en la sociedad española. Todos los sectores de
la sociedad directamente o indirectamente, en el protectorado o en la metrópoli,

 Véase Santa Marina, Luys: Tras el águila del César: elegía del Tercio (1921-1922), Barcelona,
74

Planeta, 1980 y Ros Andreu, Juan Bautista: La conquista de Alhucemas o en el Tercio está el amor, Las
Palmas, Tipográfica La Provincia, 1932.
75
  Barea, Arturo: La forja de un rebelde, Barcelona, Random House Mondadori, 2004, pp. 340-341
y La ruta, Barcelona, Random House, Mondadori, 2006. Véase también Sánchez Rodrigo, Juan: Diario
de un soldado en la campaña de Marruecos 1921-1922, Serradilla, El Cronista, 1922.

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El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

se encontraron involucrados en un conflicto que, aunque considerado periférico


en la Europa de entonces, duró desde 1909 hasta 1927, cobrándose la vida de
25 000 soldados. En Marruecos, alejados físicamente y anímicamente de la socie-
dad española, los africanistas fueron forjando una identidad colectiva y una cul-
tura de grupo: unos valores compartidos y unos rituales propios. Sus principios
ideológicos, surgidos del proceso de deshumanización inherente a las campañas
bélicas, eran de gran simplismo, pero a la vez de gran eficacia: disciplina de hierro,
culto a la patria y a los caídos, fidelidad a los compañeros de armas y exaltación
de la violencia. En el protectorado los militares coloniales se beneficiaron de una
posición de superioridad jerárquica derivada de la situación colonial; en el Estado
español trataron de reproducir esa jerarquía, imponiendo su hegemonía sobre el
conjunto de la población. Esta táctica funcionó: hacia el fin de la guerra civil,
los rebeldes habían conseguido imponer su peculiar sentido del mando sobre el
conjunto del país.

Conclusiones
Una vez se ha desarrollado el mito del crisol de la hermandad jerárquica en
el fascismo y en el africanismo gracias a las experiencias de la Gran Guerra y
de la guerra colonial de Marruecos, vamos a exponer algunas consideraciones
conclusivas. Es evidente que entre la Primera Guerra Mundial y la guerra colo-
nial de Marruecos, a primera vista, pueden detectarse diferencias muy profundas
y solamente analogías superficiales. De hecho, el fascismo intervencionista y el
africanismo son realidades muy distintas y de cronología dispar. Sin embargo, en
nuestra opinión, entre los dos fenómenos existen innegables sugestiones comunes
que sería difícil negar y que intentaré tratar a continuación.
La Primera Guerra Mundial fue el conflicto que desencadenó en las socieda-
des europeas los efectos de la brutalización de la política mediante la destrucción
total del enemigo y la separación irreversible entre amigo y enemigo, sin ninguna
posibilidad de mediación. Fue una guerra de desgaste y de trincheras. Por prime-
ra vez, durante la Gran Guerra, aquellos estereotipos raciales que las potencias
coloniales habían aplicado a los habitantes de los países africanos y asiáticos fue-
ron trasladados al Viejo Continente en la lucha por el predominio mundial. Sin
embargo, la Guerra Mundial fue una contienda intensa y sangrienta pero breve.
Al contrario, como ha subrayado Gustau Nerín, ni siquiera hay acuerdos sobre
la denominación del conflicto que se desarrolló en el norte de Marruecos entre
1909 y 1927. ¿Guerra del Rif? ¿Guerra de Marruecos? ¿Guerra de África? No
obstante, fue un enfrentamiento largo, la mayoría de los historiadores hablan de
campañas integradas por un conjunto de operaciones militares a menudo inter-
mitentes y espaciadas en el tiempo, a lo largo de dos décadas. Es más, buena parte
de estas campañas estuvo constituida por tiroteos a posiciones aisladas, ataques a

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 237


Andrea Vincenzini

soldados extraviados, guerrillas de columna, asaltos a poblados indefensos o in-


cluso bombardeos a rebaños y campos de cultivo. Además, en la Primera Guerra
Mundial, las tropas italianas fue constituida exclusivamente por autóctonos, bien
sea militares de leva, bien sea voluntarios de los cuerpos especiales. En cambio, el
Ejército colonial español, formado inicialmente por militares de leva españoles,
fue integrado a lo largo de la guerra por militares indígenas mercenarios y, sobre
todo, por la Legión, formada sí por voluntarios españoles y jóvenes desarraigados,
pero también por mercenarios extranjeros de todas las nacionalidades. Asimismo,
en el caso español, no hubo una contaminación entre las varias facciones inter-
vencionistas como la hubo en Italia, donde una parte minoritaria, pero relevante
de la izquierda, se pronunció por varios motivos (hundimiento de los Imperios
centrales, desmoronamiento de la sociedad capitalista, irredentismo) en favor de
la guerra. En España, no se formaron comités espontáneos, asociaciones de ciuda-
danos, movimientos culturales como el futurismo italiano que empujaron desde
abajo la participación activa de la ciudadanía en favor de la vocación expansio-
nista de España. Al contrario, la movilización de los socialistas contra la guerra
de Marruecos en el período 1921-1924 había sido, en efecto, impresionante y se
centraba sobre el carácter inmoral e injusto de la guerra, el despilfarro de dinero,
la corrupción y las miles de víctimas.
Sin embargo, ambos fenómenos, aunque tuvieron una cronología diferente,
se desarrollaron en el caldo de cultivo de las influencias del ambiente ideológico
finisecular. Es decir, un período histórico caracterizado por el éxito de corrientes
de pensamiento como el darwinismo social, el racismo biológico, el evolucionis-
mo, el irracionalismo, el vitalismo y el belicismo, esto es, doctrinas contrarias a
la tradición parlamentaria y liberal-burguesa. Por lo tanto, entre los pensadores
más influyentes de la época destacamos a Oswald Spengler, George Simmel76,
Ferdinand Tönnies, Carl Schmitt77 y Ernst Jünger78. En segundo lugar, no hay
que olvidar que en el período entre Annual y Alhucemas, el fascismo logró con-
quistar el poder en Italia utilizando buena parte de la armazón ideológica (autori-
tarismo, encendido espíritu patriótico, antiliberalismo y anticomunismo) que los
africanistas estaban orgullosos de exhibir en el protectorado. No era descabellado
pensar que los africanistas, de alguna manera, se inspiraban también en el fascis-
mo triunfante de aquellos años. No es casual que la oratoria de Millán Astray era
la propia del periodo de entreguerras, y sus discursos y posturas recordaban el es-
tilo del soldado y poeta Gabriele D’Annunzio. Otra afinidad interesante consiste
en el análisis de la mentalidad expresada por los respectivos cuerpos especiales, es

  Simmel, Georg: La filosofía del dinero, Barcelona, Capitán Swing, 2013.


76

  Schmitt, Carl: Ensayos sobre la dictadura (1916-1932), Madrid, Editorial Tecnos, 2013.
77

  Jünger, Ernst: Tempestades de acero, Barcelona, Tusquets Editores SA, 2005.


78

238 Alcores, 24, 2020, pp. 217-239


El mito de la hermandad jerárquica en el fascismo intervencionista y en el africanismo. Los aristócratas del combatentismo

decir, los Arditi y La Legión. De hecho, a pesar de la diferente composición de las


fuerzas de choque, en ambos casos, entre las dos experiencias, podemos detectar
unas reglas de conducta y unos principios similares: el espíritu de una ciega y fe-
roz acometividad, el de compañerismo, el de unión y socorro, el de combate y el
de llevar con orgullo la bandera del cuerpo. Finalmente, sobresalía el espíritu de
muerte. En el decálogo de la Legión se podía leer: “El morir en el combate es el
mayor honor”. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir
no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde79”. El
lema de los Arditi “Me ne frego”, es decir, “Me importa un bledo”, escrito sobre
la venda de una herida, manifestaba el mismo concepto. Por último, quiero des-
tacar que en ambas realidades se hacían continuas referencias a la virilidad. En
este sentido, los intervencionistas italianos y los africanistas ligaron los conceptos
de debilidad, subordinación, individualismo, cobardía y materialismo a la esfe-
ra femenina, mientras relacionaron la masculinidad con las nociones de Estado,
política, potencia y jerarquía. Concluyendo, podemos afirmar que así como la
Gran Guerra fue la chispa que determinó las condiciones culturales, sociológicas,
políticas y sociales para el nacimiento y la sucesiva evolución del fascismo, de
la misma manera, la índole del imaginario castrense de los africanistas generó
el humus cultural que contribuyó a fraguar las condiciones para que estallara el
levantamiento militar de julio de 1936.

  Rodríguez Jiménez, José Luis: ¡A mí la Legión!..., p. 123.


79

Alcores, 24, 2020, pp. 217-239 239


Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 ISSN: 1886-8770

Aproximación a los convenios bilaterales


sobre seguridad social establecidos durante
el franquismo (1955-1974): objetivos,
tiempos y contenido
Guillermo Revuelta Sierra
Universidad de Cantabria
Fecha de aceptación: 10 de septiembre de 2020

Resumen: Desde 1956, el gobierno franquista firmó numerosos convenios sobre


seguridad social con países europeos. En un principio, el objetivo era afirmar las relaciones
diplomáticas con estos países. Pronto, estos convenios sirvieron para impulsar la
emigración a dichos países, enviando al extranjero mano de obra parada, potencialmente
contestataria al régimen. Este conectaba así su política social con la política exterior. En
los convenios estudiados, se aseguraba, al menos formalmente, la equiparación en la
protección entre el trabajador nacional y el emigrante. En teoría, y tras el giro económico
de 1959, dos millones de emigrantes españoles se habrían beneficiado de tal protección.

Palabras clave: convenios sobre seguridad social, franquismo, emigración, política exterior,
política social.

Abstract: Since 1956, francoist government signed numerous social security agreements with
europeans states. At first, the objective was to make firm the diplomatic relations with these
states. Soon, these agreements were used to impel emigration, sending labour hand unemployed,
potentially contestatory to francoism. Thus, the regime conected the social policy with foreign
policy. In the agreements studied, equality between national and migrant workers in terms of
protection was ensured, at least formally. In theory, and after the economic draft of 1959, two
million Spanish emigrants would have benefited from such protection.

Keywords: social security agreements, francoism, emigration, foreign policy, social policy.

241
Guillermo Revuelta Sierra

Introducción
La política de seguridad social franquista dentro de la política exterior está
prácticamente inexplorada por la historiografía. Solo conocemos el trabajo de
Margarita Vilar y Jerònia Pons, centrado en el caso iberoamericano entre 1942 y
1959. Para ellas, esta política tenía dos objetivos: primero, propagandístico, con
el fin de legitimar al franquismo, mostrando una «España imperial defensora de
valores católicos»; y, segundo, diplomático, buscando la integración del régimen
en la comunidad internacional. Una vez conseguido el segundo objetivo, el régi-
men relajó la estrategia iberoamericana, aunque no la abandonó ante el temor de
una posible regresión en las relaciones exteriores con el bloque occidental1.
Nuestro objetivo es profundizar en los «Convenios sobre Seguridad Social»,
bilaterales, firmados por España con algunos países europeos. Especialmente nos
centraremos en las cuestiones relacionadas con la protección de la seguridad so-
cial: quiénes eran los sujetos a los que se dirigía; qué protección se comprometían
a ofrecer los Estados, y cómo se llevaría a la práctica. Los análisis sobre el tema,
prácticamente tangenciales, se encuentran en el estudio de la emigración españo-
la. Así, en la historiografía, «este apartado [el de los Convenios sobre Seguridad
Social] constituye uno de los ámbitos en el que profundizar y que deberá formar
parte de la agenda de la investigación histórica sobre la emigración española en
los próximos años»2.
Además de estudiar su contenido, pretendemos revisar cuáles fueron los moti-
vos para la firma de los convenios desde el lado franquista. Para explicarlo se han
aducido dos causas: una, la posición internacional del Estado español en el table-
ro internacional; otra, la emigración económica. Así lo sintetizan Vilar y Pons:
A mediados de los años sesenta, una vez integrada en los organismos inter-
nacionales de la mano de Estados Unidos, el interés de España por mante-
ner la estrecha colaboración en materia de Seguridad Social con los países
americanos disminuyó. Las autoridades volvieron la mirada hacia los países
europeos e intentaron conseguir acuerdos de protección social para los emi-
grantes españoles en Europa3.
La emigración referenciada se ligaba a la coyuntura económica occidental de
los cincuenta, donde España formaba parte del «conjunto de países de la periferia
mediterránea, excedentarios en mano de obra, para surtir de factor trabajo a las

1
  Vilar, Margarita y Pons, Jerònia: «La extensión del seguro de salud en Iberoamérica: una es-
trategia de política exterior del Franquismo en la inmediata posguerra (1942-1959), Asclepio. Revista de
Historia de la Medicina y de la Ciencia, 67.1 (2015) pp. 3-5.
2
  Fernández, M.ª José, Sanz, Carlos y Sanz, Gloria: «La asistencia social del IEE. Una perspectiva
general», en VV. AA., Historia del Instituto Español de Emigración. La política migratoria exterior de España
y el IEE del Franquismo a la Transición, Madrid, Ministerio de Trabajo e Inmigración, 2009, p. 109.
3
  Vilar, Margarita y Pons, Jerònia: «La extensión del seguro…», p. 11. Las cursivas son nuestras.

242 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

economías europeas que vivían un excepcional período de crecimiento»4. Este


tipo de emigración corresponde a una segunda fase de la emigración española,
que comenzó a finales de la década de los cincuenta y que perduró hasta los pri-
meros sesenta, impulsada por la creación de la Comunidad Económica Europea
(CEE)5. Aunque estimamos que las dos causas para la firma de los convenios
son correctas, consideramos, han de ser matizadas en los aspectos resaltados: los
objetivos y los tiempos.
Para el estudio del contenido, los objetivos y los tiempos, hemos selecciona-
do los convenios firmados por el franquismo con Italia, Bélgica y Francia. Ello
responde a dos cuestiones. En primer lugar, fueron acordados antes del cambio
ministerial de febrero de 1957 (en el caso de los convenios firmados con Italia
y Bélgica), que promovió la apertura de la economía española y el fin de la au-
tarquía, o inmediatamente después, como en el acuerdo con Francia en junio de
19576. Esto mostrará que la firma de los convenios no respondió, en sus inicios,
a las cuestiones socioeconómicas que la emigración laboral española hubiese po-
dido generar en los países de destino. En segundo lugar, y ligado con los tiempos,
con estos países se firmaron varios convenios, que complementaron o sustituye-
ron a los acordados en 1957, respondiendo a cambios normativos en la cobertura
de la seguridad social de alguno de los países contratantes o a la coyuntura eco-
nómica, mostrando la existencia de tres fases. Por su parte, el marco cronológico
del estudio se extiende desde noviembre de 1955, cuando desde el franquismo se
planteó oficialmente la necesidad de establecer convenios bilaterales de seguridad
social, hasta 1974, cuando se firma el convenio con Francia que sustituye al de
1957, respondiendo al fin de la coyuntura de crecimiento económico internacio-
nal tras la crisis de 1973.
El estudio será eminentemente normativo, aplicado a los convenios bilaterales
sobre seguridad social establecidos por el franquismo en la cronología apuntada.
El enfoque escogido obliga a realizar dos aclaraciones. La primera se refiere al
empleo del término seguridad social, que es el que titula todos los convenios y el
empleado en sus textos. Esto se debe a la amplia popularidad del término tras la
Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo realmente regulado en los convenios
era previsión social. La previsión social hace referencia a la protección por medio
de seguros sociales a los trabajadores frente a los riesgos laborales y sociales que

4
  VV. AA.: La España de Franco (1939-1975). Economía, Madrid, Síntesis, 2001, p. 294.
5
 Ibidem.
6
  Las fechas consignadas en el cuerpo del texto responden al momento de acuerdo del convenio,
lo que no coincide con las fechas de los documentos empleados en este trabajo (los del Boletín Oficial de
las Cortes Españolas) ni con las fechas de ratificación final. Para estas últimas, los convenios debían pasar
antes por la aprobación de las Cortes, de ahí su uso. Todas las fechas se encuentran en «Convenios de
seguridad social y legislación de aplicación», Economía y Sociología del Trabajo, 8-9 (1990), pp. 148-149.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 243


Guillermo Revuelta Sierra

le imposibiliten para obtener rentas salariales. La seguridad social trasciende la


protección a los trabajadores, incluyendo a toda la población y frente a todos los
riesgos, por lo que el Estado se atribuye un importante control sobre los seguros
sociales, financiándolos con su presupuesto7. Como veremos, los convenios re-
gulaban la cobertura social frente a los riesgos que imposibilitaban la obtención
de las rentas salariales a personas a las que se presuponía una ocupación laboral
y retribuida. Solo a través del derecho causado por los trabajadores, podían ser
beneficiarias sus familias. La segunda aclaración se refiere al hecho de que lo ex-
puesto en la normativa y su aplicación práctica no tienen por qué coincidir. La
historiografía que ha estudiado la previsión y seguridad social durante el fran-
quismo así lo ha puesto de manifiesto8. La comprobación de la aplicación de la
normativa recogida en estos documentos en la realidad social requiere de estudios
empíricos que superan con mucho los objetivos del presente trabajo, aunque este
se propone como una base para aquellos.

Objetivos de los convenios de seguridad social en la política internacional


franquista
El inicio de esta política exterior basada en la seguridad social estuvo ligada a
la diplomacia, pues su primer impulso vino de la mano del ministro de Asuntos
Exteriores, con un Decreto de 11 de noviembre de 1955 «por el que se crea la
Comisión Interministerial de Convenios de Seguridad Social»9. La propuesta de
este Decreto fue del ministro de Asuntos Exteriores, «de acuerdo con los Ministros
de Trabajo y Secretario General del Movimiento»10. El objetivo era crear «en el
Ministerio de Asuntos Exteriores la Comisión Interministerial de Convenios de
Seguridad Social» donde los puestos más destacados (presidente, vicepresidente
y secretario) se ligaron a subsecretarías y direcciones del Ministerio de Asuntos
Exteriores, quedando los puestos de vocales para personas de los Ministerios de

7
  Comín, Francisco: «Los seguros sociales y el estado del bienestar en el siglo XX», en J. Pons y J.
Silvestre (eds.), Los orígenes del estado del bienestar en España, 1900-1945. Los seguros de accidentes, vejez,
desempleo y enfermedad, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2010, pp. 20-21.
8
  Una síntesis de gran parte de la historiografía sobre el tema que así lo refleja en Ortiz, Manuel y
González, Damián A.: «El mito de la política social franquista: vivienda, educación y seguridad social»,
en M. Ortiz (coord.). ¿Qué sabemos del franquismo? Estudios para comprender la dictadura de Franco,
Granada, Comares, 2018, pp. 43-67; y González, Damián A y Ortiz, Manuel: «El franquismo y la
construcción del Estado de Bienestar en España: la protección social del Estado (1939-1986)», Pasado y
Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 17 (2018), pp. 361-388.
  BOE, N.º 335, 01-XII-1955, p. 7255.
9

  Fundamentado en la necesidad de «preparación, estudio y negociación de los Convenios de


10

Seguridad Social con otros Estados, para asegurar la reciprocidad de derechos a favor de los españoles que
trabajan en ellos, y la aplicación de la legislación vigente española a los extranjeros».

244 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

Trabajo y Secretaría General del Movimiento11. Esta medida se inscribía en una


política exterior más amplia, apoyada en el cambio de percepción de la comunidad
internacional respecto al franquismo, impuesto por el contexto de la Guerra Fría y
la actividad del Ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo12.
Estos convenios también se relacionan con objetivos sociales y políticos, así
como con postulados ideológicos. La emigración era vista por las autoridades del
régimen desde su imposición como una válvula de escape para el paro y el subem-
pleo (especialmente importante en el campo) que podían suponer un peligro para
el orden social y político. Este peligro social se agravaba por el hecho de que el régi-
men político había surgido de una terrible guerra civil, lo que siempre cuestionaba
su legitimidad. Además, las autoridades e ideólogos franquistas consideraban el
paro como un rasgo intrínseco del Estado y economía liberales, que abiertamente
despreciaban y rechazaban13. Por ello, se estimaba que la emigración podía aliviar
el problema del paro, un problema social, potencialmente político, y garantizar, al
menos en apariencia, el cumplimiento de los postulados ideológicos del régimen.
Por todo ello, la emigración se conectó con la política social. Tal competencia que-
dó en el gestor de la política social, el Ministerio de Trabajo. Tres condiciones se
quisieron imponer sobre el modo de llevar a cabo esta política: primero, no fomen-
tar explícitamente la emigración; segundo, planificar esta basándose en los exce-
dentes de mano de obra, y tercero, escoger y dirigir a los emigrantes, evitando que
el mercado laboral español perdiese sus elementos más valiosos. Además, y demos-
trando que, hasta mediados los cincuenta, aún no se quería potenciar la emigración
a Europa continental, se ayudaba a emigrar a Iberoamérica, pero no a Francia, don-
de existía un gran número de exiliados, que podían «contaminar» ideológicamente
a los emigrantes14. Esto puede explicar que el convenio con Francia se acordase en
junio de 1957, más tarde que con Bélgica, en noviembre de 1956.
El acuerdo con Bélgica combinaba la oportunidad diplomática y la puesta en
práctica de esta peculiar política social. El convenio se enmarcaba en un acuerdo
más amplio sobre emigración a Bélgica, y se explica por la cancelación de Italia de
su emigración oficial a tal destino, motivada por el accidente en un pozo minero,
la catástrofe de Marcinelle, provocado en parte por las pésimas condiciones labo-
rales y donde murieron 132 italianos. El acuerdo firmado entre España y Bélgica

11
 Ibidem.
  Dicha tendencia comenzó en 1950 con la vuelta de embajadores al país y la entrada del Estado
12

en organizaciones internacionales, normalizada completamente con la entrada en la ONU el 15 de di-


ciembre de 1955. Espadas, Manuel: Franquismo y política exterior, Madrid, RIALP, 1987, pp. 184-186.
13
  Gálvez, Lina: «Paro sin seguro de desempleo: la lucha contra la desocupación durante el primer
franquismo (1939-1961)», 4 (2010), pp. 252, 253, 273 y 274.
14
  Kreienbrink, Axel: «La política de emigración a través de la historia del IEE», en VV. AA.,
Historia del Instituto Español de Emigración, Madrid, Ministerio de Trabajo e Inmigración, pp. 16-17.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 245


Guillermo Revuelta Sierra

solo permitía, oficialmente, la emigración para el trabajo en las minas. Así, hasta
1965, en el marco del acuerdo había 7273 españoles en Bélgica, aunque la emi-
gración irregular supuso entre un 60 y 80 % de la regular15.
Aunque siete millares de españoles son una cifra ínfima comparada con los dos
millones que emigraron entre 1960 y 197516, por primera vez se ensayó la cone-
xión entre la política exterior y la social. De un lado, diplomáticamente, Bélgica
legitimaba al franquismo como interlocutor internacional válido; de otro lado, el
franquismo intentó aliviar el problema social del paro, pues no envió mineros o
profesionales cualificados y especializados, a los que, además, suponía una clara
conciencia sindical y política, sino a trabajadores poco cualificados, dedicados a
labores agrícolas17, donde el subempleo era un rasgo muy importante18.
La política social también explica la creación en 1956 del Instituto Español
de Emigración (IEE) como organismo autónomo, adscrito al Ministerio de
Presidencia, creado absorbiendo algunas competencias del Ministerio de
Trabajo19. Se ligaba así la política social a la planificación económica, pues el
ministro de Presidencia Luis Carrero Blanco había «apadrinado» al «tecnócrata»
Laureano López Rodó, artífice del cambio económico de 1959. Dos fueron los
objetivos con los que se creó el IEE: dirigir los flujos migratorios, con la creación
del Registro Central de Emigración; y ofrecer asistencia a los emigrantes, en la
organización del viaje y en lo religioso. En cualquier caso, la conexión con la
política social obligó a que, conservando su autonomía, se acabase integrando
el Instituto en el Ministerio de Trabajo en 1958, compartiendo algunas com-
petencias con el de Asuntos Exteriores, el de Educación y el de Organización
Sindical20. Toda esta elaboración normativa e institucional provocó las reflexiones
doctrinales, donde se destacaba el trato privilegiado que recibían iberoamerica-
nos, andorranos y filipinos en la legislación laboral española, y la necesidad de
establecer la «reciprocidad diplomática» con el resto de extranjeros por medio de
estos convenios21.

15
  Sanz, Carlos: «Las relaciones del IEE con otros países europeos: Bélgica, los Países Bajos y el
Reino Unido», en VV. AA., Historia del Instituto Español de Emigración, Madrid, Ministerio de Trabajo e
Inmigración, pp. 212-214.
  Kreienbrink, Axel: «La política…», p. 20.
16

  Sanz, Carlos: «Las relaciones…», p. 214. El Socialista también destacaba el envío de estudiantes
17

o licenciados que no encontraban un puesto de trabajo: El Socialista (31-X-1957).


  Gálvez, Lina: «Paro sin seguro…», p. 253.
18

  Kreienbrink, Axel: «La política…», p. 21.


19

  Ibidem, p. 22. La creación de este organismo forzó un cambio en la Comisión Interministerial,


20

por el que a los vocales se añadieron los directores generales de Trabajo, y del IEE: BOE, N.º 166, 13-
VII-1959, pp. 9695-9696.
  Borrajo, Efrén: «El trabajador extranjero en el derecho laboral de España. Notas para un estu-
21

dio», Cuadernos de Política Social, 38 (1958), pp. 57 y 58; y Alonso, Manuel: Instituciones de Seguridad

246 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

Tiempos y contenidos de los convenios sobre seguridad social


Hubo varias fases en la firma de los convenios. En la primera los convenios
adaptaban la diversa legislación de los sistemas de previsión social de los países
contratantes. La segunda fase respondía a la modificación del sistema de previsión
social franquista. La tercera era reflejo del cambio de coyuntura en la economía
occidental y de las medidas restrictivas de emigración de los países de destino para
reservar el mercado laboral a sus nacionales.

Primera fase en la firma de los convenios


En esta primera fase, la adaptación de las legislaciones se hacía con base en un
modelo compartido entre el Estado español y los otros países con los que estable-
ció relaciones bilaterales, el modelo continental. Las características de este modelo
son: la protección exclusivamente laboral, ligada a tal tipo de contrato; la consi-
deración aislada de las contingencias, constituyéndose así un régimen de sistema
múltiple, con una administración diferenciada de los seguros, pues cada riesgo
tenía su propia unidad organizativa, y la financiación con base en las contribucio-
nes de los asegurados22. Con este modelo, y complementado por el mutualismo
laboral, el franquismo ofertaba, a través del Instituto Nacional de Previsión (INP),
protección contra las contingencias de vejez e invalidez; de accidentes de trabajo y
enfermedades profesionales; de enfermedad, y prestaciones familiares.

La seguridad social franquista en 1956


La vejez y la invalidez eran cubiertas por el Seguro Obligatorio de Vejez e
Invalidez (SOVI), que se extendía a todos los trabajadores por cuenta ajena,
mayores de catorce años, cuyas rentas salariales no superasen las 40 000 ptas.
anuales. Para percibir las prestaciones se debían tener 65 años y haber satisfe-
cho las cotizaciones de, al menos, 1800 días23. La enfermedad era cubierta por
el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), que otorgaba indemnizaciones
económicas por la pérdida de retribución y por los gastos funerarios en caso de
fallecimiento, y prestación sanitaria en caso de enfermedad y de maternidad. La
gestión del INP no era exclusiva en este seguro, estableciendo conciertos con
entidades privadas24.

Social, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1959, pp. 225-228.


22
  Rubio, M.ª Josefa: La formación del estado social, Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad
Social, 1991, p. 275.
23
  González, Pedro: La política social franquista: el Ministerio de José Antonio Girón de Velasco
(1941-1957). Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 1998, pp. 807 y 812-813.
24
  Un estudio pormenorizado del SOE se encuentra en Pons, Jerònia y Vilar, Margarita: El seguro
de salud privado y público en España. Su análisis en perspectiva histórica, Zaragoza, Prensas Universitarias

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 247


Guillermo Revuelta Sierra

Los accidentes de trabajo, y luego las enfermedades profesionales, eran de ase-


guramiento obligatorio, pero la gestión era exclusivamente privada. Desde 1943 se
otorgaban cuatro tipos de pensiones según el grado de incapacidad: 75 % del salario
en caso de incapacidad permanente absoluta; el 55 % en el caso de incapacidad per-
manente total para la profesión habitual; 35 % en el caso de incapacidad permanente
y parcial para la profesión o clase de trabajo habitual, y 150 % en el caso del «gran
inválido», pues el 50 % extra se otorgaba para pagar la asistencia al inválido25.
En la agricultura, regía el Régimen Especial de los Seguros Sociales
Agropecuarios, establecido por Decreto-Ley de 23 de julio de 1953, que se ex-
tendió a los eventuales el 1 de julio de 1958. A los trabajadores fijos agrícolas se
les equiparaba con los trabajadores industriales en las contingencias de vejez y
enfermedad, así como en las prestaciones familiares. A los eventuales, la medicina
se les limitaba a la general y unas pocas especialidades26.
Los seguros profesionales del Mutualismo Laboral, organizados por ramas de
producción, complementaban las contingencias cubiertas por el INP. A pesar del
nombre, que remite a una solidaridad profesional y a la participación voluntaria de
los mutualistas en la administración, su inclusión en las Mutualidades Laborales
era obligatoria. Además, como las instituciones eran dependientes del Ministerio
de Trabajo y el Sindicato Vertical tenía un gran protagonismo en sus órganos
de gestión, la participación de los mutualistas no fue real27. Las Mutualidades
Laborales, financiadas con las aportaciones obligatorias de los empresarios y los
trabajadores, estaban obligadas a otorgar unas prestaciones, denominadas «regla-
mentarias». Estas eran económicas: o sustitutivas del salario (jubilación, invalidez
y enfermedad de larga duración, percibidas por los mutualistas; y de orfandad y
viudedad percibidas por sus familiares) o ayudas para sufragar gastos extraordi-
narios (subsidios de nupcialidad, maternidad, asistencia sanitaria o defunción).
La cuantía de las prestaciones y las cuotas era diferente según las Mutualidades,
siendo la prestación más dispar entre las mismas las de jubilación28.

de Zaragoza, 2014. Para profundizar en el marco temporal aquí mencionado remitimos a su capítulo
segundo, «El seguro de enfermedad en el primer franquismo (1940-1959)», pp. 103-200.
  Pons, Jerònia: «La gestión patronal del seguro obligatorio de accidentes de trabajo durante el
25

franquismo (1940-1975)», Revista de Historia Industrial, 45 (2011), pp. 113, 117 y 120.


26
  Vilar, Margarita y Pons, Jerònia: «La cobertura social de los trabajadores en el campo español
durante la dictadura franquista», Historia Agraria, 66 (2015), pp. 186-189.
27
  De la Calle, M.ª Dolores: «Mutualidades laborales en el régimen de Franco», Revista de la
Historia de la Economía y de la Empresa, 4 (2010), p. 210.
28
  Ibidem, pp. 216-217. La complementariedad del Mutualismo Laboral con respecto del INP se
percibe claramente en las prestaciones de vejez. Las prestaciones del INP consistían en 250 ptas. mensua-
les para los trabajadores por cuenta ajena de la rama general, pescadores y autónomos del campo, siempre
que tuviesen la cobertura de alguna mutualidad laboral. De no percibir tal cobertura, la prestación se
incrementaba hasta las 400 ptas. González, Pedro: La política social franquista…, p. 813.

248 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

Estructura y contenido de los acuerdos con Italia, Bélgica y Francia


El convenio con Italia (julio de 1956)29 se consolidó como el modelo que
siguieron los demás acuerdos, salvo en la terminología, pues regulaba «seguros so-
ciales». Se componía de tres partes. En la primera se trataban las disposiciones ge-
nerales, que indicaban a quién se dirigía la protección, las prestaciones ofrecidas, y
las matizaciones y excepciones a las cuestiones anteriores. La protección se dirigía
al «trabajador», aquel «retribuido bajo dependencia ajena» y, en general, a todos
aquellos «a quienes alcancen los beneficios de las legislaciones especificadas en el
artículo 2.º», y se equiparaba completamente a los emigrantes con los nacionales
de los países de recepción. En el caso de que un trabajador no pudiese inscribirse
en los seguros obligatorios del país de recepción, se le posibilitaba beneficiarse de
un seguro voluntario en cualquiera de los dos países (art. 1).
Los seguros otorgados se especificaban en el artículo segundo. Italia incluía
los siguientes: invalidez, vejez y supervivencia; accidentes de trabajo y enfermeda-
des profesionales; enfermedad, incluidas la indemnización por gastos funerarios y
prestaciones en especie para los beneficiarios de pensiones y rentas; tuberculosis;
la tutela física y económica de las madres trabajadoras; paro involuntario; los
subsidios familiares, y los regímenes especiales de seguros establecidos para de-
terminada clase de trabajadores en cuanto a riesgos o prestaciones cubiertos por
las legislaciones indicadas. En España se otorgaban los seguros de accidentes de
trabajo y enfermedades profesionales; SOVI; SOE; seguro contra el paro tecno-
lógico30; subsidios familiares, de nupcialidad y natalidad, viudedad y orfandad,
y familiares; regímenes especiales para determinadas clases de trabajadores en lo
que respecta a riesgos cubiertos por las legislaciones indicadas anteriormente, y
el mutualismo laboral (art.; 2). También se establecían matizaciones para deter-
minados trabajadores: los que se desplazaban un máximo de doce meses entre los
países contratantes; los de empresas de transporte; los de tripulaciones de barcos,
y los agentes diplomáticos y consulares de carrera, así como los funcionarios y
trabajadores de las representaciones diplomáticas y consulares (art. 3).
En la parte segunda se trataban las disposiciones especiales, reguladoras de las
contingencias cubiertas. La normativa otorgada era garantista, y equiparaba a emi-
grantes y nacionales. Para la percepción de las pensiones de invalidez, vejez y super-
vivencia, en el caso de no cumplirse perfectamente los requisitos de la legislación de
uno de los dos países, se totalizaban los períodos de trabajo y cotización al seguro
que se hubiesen cumplido en ambos países (art. 5). En los accidentes de trabajo,

29
  BOCE N.º 541, 08-XI-1956, pp. 10875-10882.
30
  Establecido en 1955, y gestionado por el INP. De autorizarse el despido por el Ministerio de
Trabajo, los trabajadores percibirían doce mensualidades con una prestación igual al 75% de su salario.
Este seguro careció de importancia cuantitativa. González, Pedro: La política social franquista…, p. 829.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 249


Guillermo Revuelta Sierra

la prestación y la determinación de su especie y cantidad se daba en función de la


legislación del país donde se produjese el siniestro. Lo mismo ocurría con las en-
fermedades profesionales, aunque el afectado podía reclamar contra las entidades
aseguradoras del país en que, «por naturaleza de los trabajos anteriormente efec-
tuados, pudiese corresponder la cobertura del mencionado riesgo de enfermedad
profesional» (art. 8). Para los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales,
así como para la supervivencia, invalidez y vejez, las prestaciones eran otorgadas,
aunque el trabajador no permaneciese en el país encargado de hacerlo, a pesar de
que la legislación reguladora incluyese el requisito de residencia (art. 10). En los
casos de la enfermedad y la maternidad, y del paro, las prestaciones se otorgaban a
los emigrantes y a sus familias, siempre que cumpliesen los requisitos indicados por
la legislación del país receptor (arts.12-16). En el mutualismo laboral se equiparaba
a los italianos con los españoles, si cumplían los requisitos establecidos para los es-
pañoles. En el caso específico de las pensiones de vejez, cuya percepción requería de
una carencia de 10 años, se tendrían en cuenta los períodos de trabajo por cuenta
ajena cumplidos en Italia en actividades correspondientes a las encuadradas dentro
del mutualismo laboral en España (art. 17).
La tercera parte regulaba disposiciones diversas, transitorias y finales. Estas
indicaban que las autoridades diplomáticas y consulares serían las encargadas de
recolectar datos sobre sus nacionales en el otro país (art. 19). Se realzaba la im-
portancia de los ministros de Asuntos Exteriores al convertirlos en los interlocu-
tores entre las autoridades competentes, cuando se estableciesen disposiciones
que modificasen las legislaciones indicadas en el artículo segundo (art. 27). Si
hubiese divergencias entre las autoridades acerca del derecho aplicable, se debía
conceder al trabajador interesado una asistencia provisional hasta que se resolviese
la controversia (art. 29). Finalmente, el convenio se concertaba por cinco años,
renovándose tácitamente de año en año, salvo que se denunciase con, al menos,
tres meses de antelación a su vencimiento (art.; 33).
La equiparación normativa, casi absoluta, entre el emigrante y el nacional en la
protección de las contingencias; la garantía de asistencia al trabajador, cuando no
existiese acuerdo entre los organismos de ambos países; la importancia que adqui-
rían los ministros de Asuntos Exteriores, y la duración de cinco años del acuerdo
muestran cómo este convenio no pretendía solventar un problema migratorio, sino
afianzar las relaciones bilaterales entre los Estados contratantes.
El convenio con Bélgica (noviembre de 1956)31 sigue la misma estructura que
el anterior. En este, se entendía como trabajadores a todos aquellos «asalariados o
asimilados por las legislaciones de seguridad social enumerados en el artículo 2.º»
y se garantizaba a tales trabajadores y a sus derechohabientes quedar sujetos a las

  BOCE, N.º 582, 26-II-1958, pp. 12074-12083.


31

250 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

legislaciones del país receptor al igual que a sus súbditos, «a reserva de la prueba
de nacionalidad conforme a la legislación de cada uno de los países contratantes»
(art. 1). Los seguros y legislaciones de aplicación en España eran: SOVI, incluidos
los regímenes especiales; de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales;
SOE; subsidios familiares, incluidos los regímenes especiales; paro tecnológico,
paro involuntario en la industria del algodón, y el paro resultante de la falta de
energía eléctrica32; el mutualismo laboral, y el régimen de protección a las familias
numerosas. En Bélgica, las legislaciones incluidas eran el seguro de enfermedad-in-
validez de los obreros, de los empleados, de los obreros mineros y asimilados, y de
los marinos de la marina mercante; vejez y muerte prematura de los obreros, de los
empleados y de los marinos de la marina mercante; régimen de pensiones de los
obreros mineros y asimilados; subsidios familiares de los asalariados; accidentes de
trabajo, incluyendo a las gentes del mar; enfermedades profesionales, y organiza-
ción del sostenimiento de los parados involuntariamente y el pago por expectativa
de colocación de los marinos de la marina mercante (art. 2). Las excepciones y
matices de los beneficiarios eran iguales a los del convenio hispano-italiano.
El tratamiento de las contingencias era garantista en los accidentes de trabajo y
enfermedades profesionales (arts. 21-22), siendo la redacción muy similar al conve-
nio con Italia, y en el caso del mantenimiento de los parados involuntariamente se
requería cumplir los requisitos que exigiese el Estado al que se solicitaba, aunque se
contabilizaban los períodos de afiliación en el otro país (art. 23). Dentro de esta lí-
nea garantista se encuentran las prestaciones familiares. Si la legislación subordina-
ba su percepción al cumplimiento de períodos de trabajo, se tendrían en cuenta los
períodos efectuados en ambos países, en el caso de que no se hubiese cumplido un
período suficiente en un único país (art. 20). En la enfermedad (arts. 5-7), la garan-
tía era menor, pues se otorgaban las prestaciones a los derechohabientes «que vivan
bajo el mismo techo en el país del nuevo lugar de trabajo». A los trabajadores se les
daría tal protección, siempre que «hayan sido reconocidos aptos para el trabajo a su
última entrada en el país». Las prestaciones ligadas a la investigación del origen de
la enfermedad, que imponía la legislación belga, se preveían a los derechohabientes
sin estas investigaciones. El tratamiento de la vejez (arts. 14-18) era mucho más
restrictivo, aunque se formulaba de una forma muy semejante a la italiana, existía
una singularidad para los trabajadores de las minas. Lo que suponía una excepción
sobre el papel, realmente afectaba a la inmensa mayoría de los emigrantes españoles
en Bélgica. La legislación belga sobre la seguridad social de las minas reconocía
una pensión anticipada. El convenio aclaraba que, para percibirla, el cálculo de las

  Los seguros de paro por falta de algodón y por escasez de energía eléctrica se establecieron en
32

1940 y 1945, respectivamente, y tienen relación con las carencias provocadas por la Segunda Guerra
Mundial. Para poder percibir las prestaciones del segundo, el trabajador debía estar afiliado al SOE.
González, Pedro: La política social franquista…, pp. 829-831.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 251


Guillermo Revuelta Sierra

condiciones exigidas por la legislación se haría «teniendo en cuenta solamente su


trabajo en las minas de hulla belgas». Además, para calcular con el salario la pensión
anticipada no se reconocía «más que a los interesados que continuasen trabajando
en las minas de hulla belgas» (art. 16).
Las mayores diferencias se daban en la parte tercera. Los contactos entre «las
autoridades y los organismos de seguro o de seguridad social de los dos países
contratantes» se harían directamente. Los Ministerios de Asuntos Exteriores eran
omitidos (art. 25). Se establecían, además, «como Autoridades Administrativas
Supremas a los fines del presente convenio», el Ministerio de Trabajo en España
y el Ministerio de Trabajo y Previsión social en Bélgica (art. 31). La duración del
convenio se establecía en un año (art. 35). Las similitudes con el caso italiano en
los puntos de esta parte eran la potestad de las autoridades diplomáticas y con-
sulares a la hora de obtener información sobre sus nacionales33, y el método de
renovación y denuncia del convenio.
Aunque parecía darse una equiparación plena, el convenio era muy restrictivo:
primero, se esperaba que fuesen las autoridades belgas las prestatarias de los ser-
vicios comprometidos, ya que España no era receptora de emigración belga. De
ahí que no se regulase el mutualismo laboral en la parte de las disposiciones espe-
ciales, aunque en España fuese un sistema de previsión complementario y obliga-
torio. Segundo, la excepción restrictiva se daba, precisamente, en el único sector
que las autoridades belgas reservaban oficialmente a los emigrantes españoles, el
trabajo en las minas. Este convenio, además, estaba pensado para una coyuntura
económica positiva en que un Estado se definía como receptor y el otro como
emisor de la migración, como demuestra su firma solamente por un año, y que
la percepción de las prestaciones de enfermedad de los trabajadores se hiciese tras
un reconocimiento de su aptitud para el trabajo. Esto último también muestra la
pretensión de controlar la emigración, tanto por parte de las autoridades belgas
como las franquistas. Las disposiciones ventajosas para los acompañantes de los
emigrantes españoles en Bélgica muestran las medidas natalistas y demográficas
llevadas a cabo por las autoridades para poblar la zona valona belga34.
En el caso francés (junio de 1957) se añaden al convenio general un acuer-
do complementario sobre los trabajadores fronterizos y dos protocolos especia-
les relativos a prestaciones de la tercera edad. La redacción de la parte primera
del Acuerdo general35 es prácticamente igual al realizado con Bélgica, aunque se

  Potestad utilizada por el cónsul franquista en Bélgica en 1960, acción entendida por el exilio
33

socialista como una forma de control sobre él. El Socialista (21-I-1960).


34
  Ruiz-Jiménez, Joaquín: «La falacia de la protección jurídica», Cuadernos para el Diálogo, 40
Extra (1974), p. 51.
  BOCE, N.º 575, 03-XII-1957, pp. 11865-11873.
35

252 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

añade la cláusula del seguro voluntario (art. 1.4), igual que en el caso italiano.
Como novedad, se indican los territorios de los dos Estados donde se aplica este
acuerdo (art. 1.3). Este matiz de la territorialidad es importante, pues las pres-
taciones son ofertadas siguiendo las «Leyes y Reglamentos aplicables, según el
territorio». En Francia, las legislaciones aplicadas eran: organización de la segu-
ridad social; el régimen general de seguros sociales aplicable a los asegurados de
profesionales no agrícolas en riesgos de enfermedad, invalidez, vejez, muerte, y
a la cobertura de las cargas de maternidad; régimen de seguros sociales aplicable
a los asalariados y asimilados de profesionales agrícolas, con las coberturas de los
mismos riesgos y cargas anteriores; prestaciones familiares; prevención y repara-
ción de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales; regímenes especiales
de seguridad social, correspondientes a los riesgos y prestaciones que se indican
en los apartados anteriores, «y especialmente al régimen de Seguridad Social en
las minas». España aplicaba SOVI; accidentes de trabajo y enfermedades profe-
sionales; SOE; prestaciones familiares, regímenes especiales para determinadas
clases de trabajadores en lo que respecta a riesgos cubiertos por las legislaciones
anteriores; mutualismo laboral, y régimen de protección a las familias numerosas
(art. 2.1.). A las excepciones y matizaciones a la hora de aplicar la legislación,
iguales al caso italiano y belga, aquí indicadas en los artículos tercero y cuarto, se
añaden los estudiantes (art. 2.2.) y los reclusos en la prevención y reparación de
los accidentes de trabajo (art. 2.3.).
Las disposiciones de la parte segunda son también garantistas. Tanto la enfer-
medad, maternidad y muerte (arts. 5-7) como la invalidez y vejez (arts. 8-13), a
excepción del trabajo en las minas, se tratan de un modo semejante al italiano.
La excepción no tiene que ver con una discriminación, sino con la imposibilidad
de una equiparación plena «a falta de un régimen especial sobre seguridad social
en las minas en España». Sin embargo, se totalizaban los períodos de trabajo en
España en explotaciones que en Francia hubiesen creado tal derecho (art. 11.2).
En las prestaciones por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales (arts.
14-15), aparte de las básicas, las mejoras o subsidios complementarios, concedi-
dos como complemento de las rentas de accidentes de trabajo, se mantendrían
para quienes los perciben, aunque trasladasen su residencia de un país a otro (art.
14). En las prestaciones familiares había plena equiparación (art. 16).
El mutualismo laboral tendía a la equiparación con los españoles en las condi-
ciones y períodos de carencia. Los trabajadores franceses podrían beneficiarse de
una pensión de vejez del mutualismo laboral con algunas condiciones restrictivas.
Sin embargo, la percepción de esta pensión por el trabajador no le imposibilitaba
percibir la del SOVI en su totalidad (art. 17). La parte tercera es idéntica al belga,
en los puntos analizados, aunque se indica que el Convenio de 2 de noviembre de
1932 seguiría en vigor hasta que este lo hiciese (art. 33).
Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 253
Guillermo Revuelta Sierra

El Acuerdo complementario36 regulaba un «Régimen de Seguridad Social apli-


cable a los trabajadores fronterizos». Se trataban las prestaciones de enfermedad,
maternidad y muerte, las de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, y
los subsidios familiares. En todas ellas se indicaba que las prestaciones en dinero y
en especie se entregaban de igual forma: las primeras se pagarían en el país donde
se efectuase el trabajo, por el organismo encargado del país, o, si la legislación así
lo indicase, por el patrono; las segundas se otorgarían en cualquiera de los dos
países. Los protocolos especiales37, que regulan las prestaciones de la ancianidad,
servirían para dar «una base firme a un criterio de reciprocidad entre ambas par-
tes»38. El primero suponía un reconocimiento firmado «para tener en cuenta los
servicios prestados a la economía francesa por los viejos trabajadores asalariados
españoles». El segundo era más técnico, y afectaba fundamentalmente a las perso-
nas referidas en su amplia denominación. En ambos casos, para su percepción, se
exigían 15 años de residencia ininterrumpida en Francia.
Este convenio, como hemos indicado, no fue el primero acordado por los
Estados francés y español, ya que existía uno de 1932. La equiparación normativa
de los emigrantes españoles con los nacionales franceses en el convenio general
muestra la tendencia a la mejora de las relaciones diplomáticas bilaterales, reto-
madas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1948 por medio de un trata-
do comercial, que supuso un reconocimiento para el franquismo39. El convenio
complementario regulaba una situación eminentemente laboral, por lo que solo
se regulan contingencias asociadas a los riesgos del trabajo (y prestaciones como
maternidad y familiares que se ligaban en ambos sistemas de previsión social a
la figura del trabajador). La vejez se trataba en dos protocolos, y se esperaba que
Francia fuese la que otorgase las prestaciones. Esto significaba el reconocimiento
de la movilidad entre ambos Estados y los procesos migratorios existentes, en que
se definía perfectamente el país emisor, España, y el país receptor, Francia.

Segunda fase en la firma de los convenios


Por Ley de 22 de julio de 1961 el franquismo estableció el seguro de desem-
pleo40. Su aprobación supuso que el franquismo completase normativamente el
cuadro de contingencias cubiertas por su sistema de seguros sociales. El intento
de unificación de los seguros sociales en un sistema integrado de Seguridad Social

  BOCE, N.º 575, 03-XII-1957, pp. 11873-11875.


36

  Ibidem, p. 11875.
37

  Borrajo, Efrén: «El trabajador…», p. 56.


38

 VV. AA.: La España de Franco…, p. 158.


39

  BOE, N.º 175, 24-VII-1961, pp. 11006-11009.


40

254 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

se dio con la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963, y su desarrollo, la Ley


General de la Seguridad Social, de 1967.

La seguridad social española a partir de 1963-1967


Como destaca Francisco Comín, la reforma de 1963-1967 siguió los criterios
planteados en el Informe Beveridge de 1942, aunque realmente ninguno de los obje-
tivos se alcanzó41. El diseño de este Informe sentó las bases del denominado «modelo
anglosajón», caracterizado por la tendencia a la universalización de las prestaciones;
a las contribuciones uniformes para la financiación del sistema, con una importante
aportación estatal; y a la consideración conjunta de los riesgos, pues no atendía a
consideraciones laborales, sino a la situación de necesidad que tales riesgos creaban.
Como consecuencia de esto último, la gestión devenía en unificada y pública42.
El mutualismo laboral no desapareció, pero quedó plenamente integrado en
el sistema de previsión, por lo que ya no se le podía considerar como un sistema
complementario. Tanto es así que dejó de ser regulado en los convenios. Ahora,
cada régimen especial era gestionado por una mutualidad laboral, encargada en
su totalidad de todas las contingencias cubiertas por tal régimen, con capacidad
jurídica independiente, patrimonio propio y exención tributaria absoluta, bajo la
dirección y tutela del Ministerio de Trabajo. Además, toda la normativa planteaba
que todos estos regímenes debían tender a la equiparación con el régimen general.
Este, gestionado por el INP, afectaba a todos los trabajadores por cuenta ajena que
no estuviesen integrados en un régimen especial, con independencia del salario
percibido y su categoría profesional. Además, al establecer el régimen general,
que cubría todas las contingencias del riesgo profesional (dentro del cual el INP
y el Mutualismo Laboral gestionaban unas prestaciones concretas cada uno)43, se
disolvieron todos los seguros obligatorios, a excepción del seguro obligatorio de
accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, que siguió gestionado por las
mutuas patronales, excluyendo a las organizaciones con ánimo de lucro44.

Estructura y contenido de los convenios con Italia y Bélgica


El convenio con Italia (julio de 1967)45 de esta fase mantiene la estructura,
aunque existen novedades, pues el artículo primero define once expresiones. La
legislación que se aplicaba en este convenio es idéntica a la del primer convenio en

41
  Comín, Francisco: «Los seguros…», p. 32.
42
  Rubio, M.ª Josefa: La formación…, p. 275.
43
  Comín, Francisco: «Los seguros…», p. 36.
44
  Pons, Jerònia: «La gestión patronal…», p. 128.
45
  BOCE, N.º 990, 08-I-1968, pp. 21147-21159.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 255


Guillermo Revuelta Sierra

el caso italiano, pero no así en el caso español. En el de España hay una división
entre el régimen general y los regímenes especiales, en los cuales se incluían el de los
trabajadores por cuenta ajena del régimen especial agrario, el de los trabajadores del
mar, el de los trabajadores de las minas, y el de los servidores domésticos. En el régi-
men general se especificaban las contingencias cubiertas: maternidad, enfermedad
común o profesional y accidentes, «sean o no de trabajo»; invalidez provisional o
permanente; desempleo; vejez, muerte o supervivencia; protección a la familia; los
servicios sociales para la reeducación y rehabilitación de inválidos, y prestaciones de
asistencia social graciable (art. 2.1.). Además, a través de los Ministerios encargados
del cumplimiento de este convenio46, se podría aplicar a los regímenes especiales de
trabajadores autónomos (art. 2.2.). Quedaba garantizada la posibilidad de acogerse
al seguro voluntario como en el convenio anterior (art. 4), y se ampliaba el período
que afectaba a la movilidad temporal de los trabajadores a veinticuatro meses (art.;
5.2.). Finalmente, dentro de esta primera parte, se añadía una nueva cláusula en
que se acordaba que, si un Estado otorgaba sus prestaciones en un tercero a sus
súbditos, los súbditos del segundo Estado en el tercero también deberían percibirlas
«en las mismas condiciones y cuantía» (art. 8).
En la parte segunda, la equiparación vuelve a ser la tónica dominante. Sin em-
bargo, hay un incremento en las regulaciones de los accidentes de trabajo y enfer-
medades profesionales, así como en las prestaciones familiares. En el primer caso,
se trataba de una forma específica la silicosis (art. 16); y, en el supuesto de haber
una muerte por accidente laboral, se debía indicar a la representación consular o
diplomática del país de origen «sin demora» (art. 19). Las prestaciones familiares
se regulaban de una forma garantista para los trabajadores. En la parte tercera,
se mantenían las características del primer acuerdo. Así, los ministros de Asuntos
Exteriores seguían manteniendo importancia a la hora de la comunicación entre
las partes, aun por encima de las autoridades competentes (art. 46); se garantiza-
ba la asistencia provisional al interesado en el momento de desacuerdo entre los
Estados (art. 48), y el convenio se firmó por cinco años (art. 51.3).
Aunque el sentido diplomático seguía primando en el convenio, el proceso
migratorio se hacía tangible. De este modo se vislumbra una intensificación de
las relaciones económicas, pues había trabajadores de un país que laboraban más
de doce meses en el otro; los accidentes de trabajo se habían intensificado de tal
modo que una redacción genérica era insuficiente, y la muerte causada por tales
accidentes se hizo lo suficientemente importante cuantitativamente como para
tener que ser regulada la celeridad en la notificación a las autoridades del país de
origen. A la vez, se reconocía implícitamente la posición similar de ambos países,
origen de emigrantes, en la coyuntura económica internacional.

  Ministerio de Trabajo en España y de Trabajo y Previsión Social en Italia (art. 1.4).


46

256 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

En el caso belga (octubre de 1967), el convenio firmado fue «de revisión»47,


por lo que no tiene una estructura tripartita como los anteriores. En su lugar, este
convenio se estructura en artículos formados por párrafos. El convenio modifi-
ca el anterior, luego todo lo no nombrado en este queda redactado como en el
anterior. Es lo que ocurre con las prestaciones belgas legisladas. En el caso de las
españolas, la redacción es igual a la acordada con Italia, con la excepción de que
no se menciona el régimen especial de los mineros (art. 1). A los matices y excep-
ciones se añade el caso de empresas de un país que tuviesen sucursales en el otro,
en cuyo caso los trabajadores de estas sedes quedaron sometidos a la legislación
de este último país (art. 2.2.). Las prestaciones por enfermedad para los familiares
del trabajador emigrante se modificaban en el sentido de que se seguiría estricta-
mente la legislación del país, por lo que la excepción, beneficiosa para los fami-
liares de emigrantes en Bélgica, se suprimió (art.; 5.2.). El artículo 11 adaptaba
el seguro de vejez a la legislación belga, regulándose el derecho a la pensión «que
se adquiere año por año». Otra gran modificación es la de la redacción del artí-
culo 20 del antiguo convenio, relativa a las prestaciones familiares. En este caso,
se aseguraba que un trabajador emigrante junto con su familia pudiese percibir
la prestación familiar, si cumplía con los requisitos que la legislación de tal país
indicase. Esto es igual al anterior convenio, pero el nuevo permitía al trabajador
emigrante percibir tales prestaciones, aun con su familia en el país de origen,
pero siempre bajo los beneficios de las prestaciones españolas «con exclusión de
todo subsidio especial o mejorados resultantes de la legislación belga» (art. 13).
Finalmente, se muestra el grado de especificidad de la previsión social en Bélgica
a nivel institucional, al adquirir el rango de Ministerio, ya que se sustituye la re-
dacción de «ministro de Trabajo y Previsión Social» del anterior convenio por el
de «ministro de Previsión Social» (art. 17).
En este caso, se sigue observando cómo las autoridades belgas entendían su
país como receptor de emigración, pues no permitían que sus súbditos emigran-
tes (cantidad ínfima, al menos en España) percibiesen las prestaciones familiares
belgas, y también se evidencia un cambio en sus políticas demográficas48. Como
hemos visto, la emigración irregular en Bélgica oscilaba entre el 60 y el 80 % de la
oficial. Es posible que buena parte de estos emigrantes hubiesen encontrado em-
pleo tras 1965, ya que el Estado belga detuvo la recluta para la minería y permitió
que los extranjeros pudiesen obtener otro tipo de empleos49. Podemos suponer
que parte de la emigración irregular la componían familiares de los trabajadores.
Esto explicaría que las autoridades belgas no considerasen rentable políticamente

47
  BOCE N.º 993, 26-I-1968, pp. 21161-21166.
48
  Fundamentalmente a partir de febrero de 1967. Ruiz-Jiménez, J.: «La falacia», p. 51.
49
  Sanz, Carlos: «Las relaciones…», p. 215.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 257


Guillermo Revuelta Sierra

ofertar protección contra determinadas enfermedades sin investigaciones previas


a familias españolas, cuando sí se las exigían a las belgas50. De otro lado, desde el
gobierno franquista se enviaban trabajadores que dejaban en su país a sus familias.
Con una equiparación absoluta en las prestaciones familiares, la familia de los
españoles percibiría unas prestaciones superiores a las de España, aun estando en
dicho país. Este convenio abortaba tal posibilidad. De nuevo, primó la realidad
social en Bélgica sobre cualquier otra variable, y el acuerdo se volvió más restricti-
vo que el convenio anterior, precisamente porque tal realidad había superado las
necesidades belgas de primera hora.

Tercera fase en la firma de los convenios


La firma de convenios de esta nueva fase se relaciona con la crisis económica
de 1973. En esta coyuntura, el marco en que se había iniciado la emigración
cambió radicalmente. Ahora, «los inmigrantes dejaron de ser, de la noche a la
mañana, un factor reconocido de la producción para convertirse en una amenaza
para el pleno empleo, una sangría para el Estado del Bienestar y en indeseables
extraños»51. Con Italia y Bélgica no se firmaron nuevos convenios, pues no era
necesario. En Italia, la emigración española era numéricamente insignificante, y
en Bélgica las medidas restrictivas hacia la emigración ya se tomaban desde la fir-
ma del convenio de revisión. En los convenios de la tercera fase, antes del propio
articulado, se expresaban desideratas, para garantizar la protección al trabajador
inmigrante, que, implícitamente, muestran esta crisis.
En el caso francés52, entre los deseos destacan «garantizar a los trabajadores de un
país que desempeñen o hayan desempeñado una actividad asalariada en el otro país
la conservación de los derechos adquiridos» y unificar todas las disposiciones que han
complementado el anterior convenio. Su estructura es similar a la de las otras, aunque
se compone de cuatro partes, por desdoblamiento de la parte tercera.
La definición de trabajador y las condiciones de reciprocidad que en otros con-
venios constituyen el primer artículo, en este, devienen en cuatro artículos (arts.
1-4). El artículo quinto especifica las legislaciones de seguridad social aplicables.
En el caso español se indican algunas prestaciones del régimen general, a excepción
del desempleo, y las legislaciones sobre regímenes especiales en lo que se refiere a
las prestaciones antes indicadas. La parte francesa tenía una redacción similar a la
del anterior convenio, aunque se exceptuaban las disposiciones relativas al seguro

  Aunque hacen referencia a una situación de 1974, emigrantes en Bélgica mencionan el «extremo
50

casi racista del trabajador belga». MESA redonda.: Cuadernos para el diálogo, N.º 40 Extra, (1974), p. 9.
51
  Mazower, M.: La Europa negra. Desde la Gran Guerra hasta la caída del Comunismo, Barcelona,
Ediciones B, 2001, p. 363.
  BOCE N.º 1412, 11-II-1975, pp. 34316-34333.
52

258 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Aproximación a los convenios bilaterales sobre seguridad social establecidos durante el franquismo (1955-1974):
objetivos, tiempos y contenido

voluntario de vejez de los franceses que trabajasen o hubiesen trabajado en el ex-


tranjero. De las prestaciones familiares se excluía el subsidio de maternidad. Como
en la legislación aplicable en España, la regulación del régimen especial de los tra-
bajadores del mar se dejaba a un futuro acuerdo administrativo. El resto de la parte
primera es semejante a las ya analizadas. Lo mismo ocurre con la parte segunda.
En este caso, el número de artículos aumentó, pero los fines eran los mismos:
garantizar la protección a los emigrantes y realizar una equiparación plena entre
los súbditos. Las novedades más importantes están en las disposiciones especia-
les de las prestaciones de enfermedad-maternidad; de las prestaciones de vejez y
supervivencia, que, como en el anterior convenio, especificaban la situación de
los trabajadores de las minas; de las prestaciones de accidentes de trabajo y enfer-
medades profesionales, y de las prestaciones familiares. También se regulaba dife-
renciadamente la situación de los trabajadores fronterizos, a quienes se otorgaban
las prestaciones descritas por los organismos del país en que se realizase el trabajo,
cuya cuantía debía ser reembolsada por las autoridades del país de residencia a tales
organismos (arts. 22, 24, 50, 51 y 52). El convenio se firmaba por un año, con las
tópicas condiciones de renovación (art. 77) y se acompañaba de un protocolo53,
cuya función era asegurar «una mejor garantía de los derechos adquiridos». En este,
se garantizaba la aplicación del régimen especial de los trabajadores autónomos a
los franceses (pues Francia sí se lo aplicaba a los españoles), y otras prestaciones y
subsidios como, por ejemplo, el régimen especial de los estudiantes.
Aunque se pretendían mantener los derechos adquiridos por los sujetos que ha-
bían mostrado el fuerte nexo entre ambos países (más allá del crecimiento económico
en la década de los sesenta), la nueva y difícil coyuntura económica era palpable.
La exclusión por parte de la parte francesa de la prestación de maternidad muestra
el rechazo a continuar siendo un país de recepción migratoria. El protocolo, por su
parte, iba en la línea del mantenimiento de los derechos adquiridos y la extensión en
la equiparación a prestaciones de la previsión social, y que muestran la intensificación
de las relaciones. Así, el Estado español se comprometía a aplicar la misma legislación
que aplicaba a sus nacionales a los franceses en el ámbito del trabajo autónomo. Esto
indica que el número de trabajadores autónomos franceses en España era lo suficien-
temente importante o/y cualitativamente significativo, como para que sus quejas al
gobierno francés forzasen a revisar su situación. Pero los lazos excedían el ámbito
laboral, por cuanto la equiparación también se pretendía para los estudiantes.

Conclusiones
Los primeros convenios bilaterales sobre seguridad social firmados por el fran-
quismo en 1957 no respondían a una cuestión social que la emigración hubiese

53
  Ibidem, pp. 34333-34335.

Alcores, 24, 2020, pp. 241-260 259


Guillermo Revuelta Sierra

generado en los países contratantes, puesto que la emigración laboral hacia el res-
to de Europa no fue importante hasta la aplicación del Plan de Estabilización y
Liberalización de 1959. Esta firma responde a un objetivo diplomático, de ahí que
la iniciativa partiese del Ministerio de Asuntos Exteriores y antes del giro econó-
mico de 1959. Estos convenios formaron parte de una estrategia más amplia de
política exterior que servía a los intentos de inserción y legitimación del régimen
franquista en el concierto internacional. Esto es especialmente claro en el acordado
con Italia. Sin embargo, estos convenios también se plantearon para cubrir la nece-
sidad socioeconómica que se produciría cuando el régimen apostase decididamente
por una opción que sus ideólogos venían defendiendo desde el momento de su
imposición: la emigración como solución al paro. Por medio de esta, se pretendía
establecer una válvula de escape para el paro y el subempleo, evitando así las ten-
siones sociales que un alto porcentaje del mismo podría generar. Tensiones sociales
que devendrían en problemas políticos para un régimen dictatorial, impuesto tras
una guerra civil, y que basaba parte de su legitimidad en la solución del desempleo,
que ideológicamente asoció a la economía y estado liberales, los cuales despreciaba
y rechazaba. El convenio con Bélgica responde a este tipo de política social, por
cuanto, pese a lo acordado, desde España se enviaron trabajadores de las zonas don-
de mayor desempleo y subempleo existía, no mineros cualificados. Estos dos conve-
nios, a mediados de los sesenta, dejaron de responder a la realidad institucional del
sistema de previsión social franquista, y, con Bélgica, a las necesidades demográficas
y políticas, por lo que se establecieron otros nuevos.
Con Francia, el primer convenio acordado durante el franquismo en 1957
sustituía a otro de 1932, ya que la evolución institucional de ambos lo había
dejado anticuado. No se revisó hasta 1974, cuando el cambio de la coyuntura
económica internacional había modificado las percepciones de las élites políticas
de los Estados tradicionalmente receptores de mano de obra. Ahora, se trataba
de garantizar las buenas intenciones recogidas en los anteriores acuerdos y re-
compensar los importantes servicios prestados por los trabajadores españoles en
Francia, pero desincentivando la llegada de más emigrantes.
El contenido de estos convenios, por su parte, hacía hincapié en la equiparación
formal de los emigrantes y los nacionales de los países contratantes, e, incluso, ciertos
beneficios para estos en los convenios de la primera fase. Sin embargo, esta equipa-
ración no tenía por qué materializarse en la realidad. Tengamos en cuenta que el
franquismo, uno de los contratantes, a pesar de lo indicado en sus normativas y pro-
clamas, no materializaba la protección social prometida. El estudio normativo de los
contenidos que hemos realizado es un primer paso para profundizar en este tipo de
convenios. Para comprobar el grado de aplicación de tales contenidos en la realidad,
son necesarios estudios empíricos, de los que este trabajo puede ser una base.

260 Alcores, 24, 2020, pp. 241-260


Haciendo Historia
Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 ISSN: 1886-8770

La Administración provincial
en la España contemporánea:
revisión bibliográfica
José Antonio Lorenzo Cuesta
UNED Palencia
Fecha de aceptación: 30 de marzo de 2020

Resumen: A pesar de que las diputaciones provinciales representaron un papel fundamental


en la configuración del Estado centralista liberal en España, hasta la década de los ochenta
del siglo XX escasearon los trabajos de carácter científico sobre estas instituciones.
Este artículo pretende realizar una síntesis del trabajo historiográfico existente sobre la
evolución histórica de la Administración provincial en la España contemporánea. El
principal objetivo de este estudio es analizar aquellas investigaciones que permitan un
mejor conocimiento del nacimiento y desarrollo histórico de las diputaciones provinciales.

Palabras clave: diputaciones provinciales; Administración local; liberalismo, centralismo;


historia local.

Abstract: Although the local councils played an essential role in the configuration of the
liberal centralized State in Spain, until the eighties of the twentieth century there was a
shortage of scientific work on these institutions. This article expects to make a synthesis
of the historiographic work on the historical evolution of the Local Administration in
contemporary Spain. The main aim of this study is to analyze those investigations that
allow a better access to knowledge of the birth and historical development of the local
councils.

Keywords: provincial councils; local administration; centralism; liberalism; local history.

265
José Antonio Lorenzo Cuesta

Introducción
En el año 2012 se cumplió el bicentenario de la creación de las diputaciones
provinciales por las Cortes de Cádiz, pensadas como instrumento del liberalis-
mo en contra de las tentaciones involucionistas de los nostálgicos del Antiguo
Régimen, que encontraban sus últimos reservorios ideológicos en los municipios
del país. Las diputaciones sirvieron al poder central como una perfecta herra-
mienta de control de la vida sociopolítica del ámbito provincial, escenario de
frecuentes actividades revolucionarias a lo largo de buena parte del siglo XIX. En
una época en la que las comunicaciones eran deficitarias, la mejor forma de asegu-
rarse de que los municipios fuesen receptivos a los intereses de las élites políticas
liberales era crear una institución que ejerciese la tutela de los mismos como su
superior jerárquico, pero con un poder delegado del Gobierno central. Las dipu-
taciones provinciales representaron un papel fundamental en la configuración del
Estado centralista liberal en España. No obstante, hasta la década de los ochenta
del siglo XX escasearon los trabajos de carácter científico sobre estas instituciones.
Sin embargo, desde entonces y hasta la actualidad, algunos investigadores se han
acercado desde la ciencia histórica a esta parcela de la vida nacional, casi siempre
desde la perspectiva de la historia administrativa y del derecho.

Revisión bibliográfica
Los trabajos de investigación sobre la Administración local en la España con-
temporánea no son muy abundantes y, si nos fijamos en la historia de las diputa-
ciones provinciales, pocos son los autores que han dedicado sus investigaciones a
indagar sobre el funcionamiento de esta institución. Entre la producción investiga-
dora sobre las diputaciones provinciales, sobresalen los trabajos que han abordado
el estudio desde una perspectiva histórico jurídica. De entre ellos, cabe destacar la
obra de Adolfo González-Posada1, en la que analiza la evolución de la institución
provincial dentro del régimen local del Estado liberal español en el siglo XIX y
parte del XX. Del mismo modo, Sebastián Martín-Retortillo Baquer2 ofrece, en
el primer volumen de su obra, un completo estudio de la política local en España,
tratando, en consecuencia, el tema de las diputaciones provinciales.
La tesis doctoral de Manuel Santana Molina3, proyecto desarrollado dentro del
Departamento de Historia del Derecho español de la Facultad de Derecho de la

1
  González-Posada y Biesca, Adolfo: Evolución legislativa del régimen local español 1812-1909,
Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, 1982.
2
  Martín-Retortillo Baquer, Sebastián: La provincia: pasado, presente y futuro, Madrid, Civitas,
1991.
  Santana Molina, Manuel: La Diputación Provincial en la España decimonónica, Madrid,
3

Instituto Nacional de Administración Pública, 1989

266 Alcores, 24, 2020, pp. 265-281


La Administración provincial en la España contemporánea: revisión bibliográfica

Universidad de Alicante, constituye otra obra de referencia desde la óptica jurídica.


Santana Molina realiza un estudio de la evolución de la Diputación Provincial a lo
largo del siglo XIX en España, apoyándose en bibliografía de carácter mayoritaria-
mente legislativa, con alguna pincelada histórica, y en fuentes primarias compues-
tas por leyes, reales decretos, órdenes reales, etc. En este trabajo de investigación se
describe el organigrama institucional de la Diputación española decimonónica, su
naturaleza jurídica, ámbito territorial de actuación y funcionamiento institucional.
El estudio de las instituciones provinciales, desde la óptica de la historia de
la Administración, se ha enriquecido con investigaciones de autores como Jesús
Burgueño Rivero, con dos obras fundamentales para entender la evolución his-
tórica de la división administrativa en España. La invención de las provincias4 y,
sobre todo, Geografía política de la España constitucional: la división provincial5
son referencias obligadas para comprender el origen de las diputaciones provin-
ciales. Jesús Burgueño señala en sus obras que la organización administrativa de
España, a partir del fin del Antiguo Régimen, fue un camino lleno de obstáculos
en el que las ideas de liberales, ilustrados, afrancesados y absolutistas pugnaron
para alumbrar una institución que fuese a la par representación del Estado en el
ámbito local y motor del desarrollo territorial de un país muy poco centraliza-
do6. El autor permite que el lector decida si las diputaciones provinciales fueron
instituciones tan novedosas como la mayoría de la historiografía defiende, o si
realmente su creación no fue más que un artificio administrativo carente de sen-
tido en la España contemporánea. En este apartado no puede dejarse de destacar
la obra de Francisco Javier Cuerva Sellés7. Aunque realiza un estudio referido a
Sevilla, su investigación clarifica las complicadas relaciones entre el Estado y la
Administración local. El análisis minucioso de la labor de los subdelegados de
Fomento, gobernadores civiles y jefes políticos ayuda a comprender la interde-
pendencia entre el poder central y el poder local en España en el periodo de las
regencias de María Cristina y Espartero. Sobre la figura del gobernador civil en
la II República, que tanto mediatizó la labor de las diputaciones provinciales,
realiza un detallado estudio Joan Serrallonga i Urquidi8 . Su investigación, a la
vez que analiza las funciones del gobernador civil en la etapa republicana, permite

4
  Burgueño Rivero, Jesús: La invención de las provincias, Madrid, La Catarata, 2011.
  Burgueño Rivero, Jesús: Geografía política de la España constitucional: la división provincial,
5

Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1996.


6
  La supresión de las jurisdicciones señoriales por el liberalismo dejaba sin control un espacio de or-
ganización administrativa que el Estado debía llenar con una institución que vertebrase el territorio y fuera
al mismo tiempo correa de transmisión de la ideología del poder central más allá de la capital de la nación.
7
  Cuerva Sellés, Francisco Javier: El gobierno provincial en los inicios del Estado liberal (1833-
1844), Valencia, Editorial Tirant lo Blanch, 2014.
  Serrallonga I Urquidi, Joan: “El aparato provincial durante la Segunda República. Los gober-
8

nadores civiles, 1931-1939”, Hispania Nova: Revista de Historia Contemporánea, 7 (2007).

Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 267


José Antonio Lorenzo Cuesta

conocer el funcionamiento de las diputaciones provinciales en esta etapa históri-


ca, diferenciando una fase más descentralizadora, durante el primer bienio, y más
centralizadora, durante el segundo bienio.
Desde una visión más cercana a la investigación histórica, destaca el trabajo de
José Antonio González Casanova9, en el que se lleva a cabo un recorrido por las
diferentes etapas por las que ha discurrido la vida institucional de la Diputación
Provincial, desde su nacimiento, contradictorio y polémico en Cádiz en 1812, has-
ta su consolidación. González Casanova muestra cómo la Diputación Provincial
ha representado el papel de punto de encuentro entre la vida local y sus «fuerzas
vivas» en la provincia, y el frágil Estado burocrático, a través de un esquema que
centra su atención en la estructura básica, organización y funcionamiento, y no
tanto en cuestiones de carácter histórico. La obra se presenta estructurada en una
introducción y cuatro capítulos, en los que el autor conduce a los lectores partien-
do de los supuestos históricos del origen de las diputaciones provinciales, primer
capítulo, su nacimiento en la Constitución de 1812 y hasta 1864, segundo capí-
tulo, su evolución durante la Restauración, tercer capítulo, y el cuarto capítulo,
donde se analizan los proyectos de reforma provincial y la influencia del fenómeno
regionalista sobre la configuración de estas instituciones provinciales.
La publicación de trabajos sobre la historia local se ha intensificado reciente-
mente. Se trata de investigaciones dirigidas por una metodología propia de la cien-
cia histórica que han renovado la producción historiográfica sobre las institucio-
nes locales y provinciales. Aunque de forma breve, parece obligado mencionar las
obras que estudian los primeros pasos de las diputaciones provinciales como ente
jurídico en la España liberal. Las funciones y el encaje institucional de las dipu-
taciones provinciales, en los distintos ámbitos geográficos nacionales, constituyen
los dos principales aspectos estudiados. Las obras sobre las diputaciones gallegas
y catalanas son pioneras en este campo. Autores como Pablo González Mariñas10,
y su obra sobre las primeras diputaciones provinciales en Galicia, Fariña Jamardo
y Pereira Figueroa11, y su trabajo sobre la Diputación Provincial de Pontevedra,
abrieron el camino a investigaciones posteriores. En su obra, Pablo González
Mariñas realiza un breve repaso sobre las competencias de las diputaciones, cen-
trando su investigación en la influencia de la situación política sobre su actividad
administrativa. También las diputaciones catalanas han sido objeto de estudio por

9
  González Casanova, José Antonio: Las diputaciones provinciales en España. Historia política de
las diputaciones en España desde 1812 hasta 1985, Madrid, Mancomunidad General de Diputaciones de
Régimen Común, 1986.
10
  González Mariñas, Pablo: Las diputaciones provinciales en Galicia: del Antiguo Régimen al
Constitucionalismo, La Coruña, Diputación Provincial de la Coruña, 1978.
  Fariña Jamardo, José y Pereira Figueroa, Miguel: La Diputación de Pontevedra (1836-1986),
11

Pontevedra, Diputación Provincial de Pontevedra, 1986.

268 Alcores, 24, 2020, pp. 265-281


La Administración provincial en la España contemporánea: revisión bibliográfica

parte de autores como José Lladonosa Pujol12, con su obra sobre la Diputación
Provincial de Lérida, Pedro Voltes Bou13, con un trabajo sobre la Diputación
Provincial de Barcelona, y Antonio Jordá Fernández,14 con su estudio acerca de la
Diputación Provincial de Tarragona, de más reciente publicación. Deben citarse,
además, trabajos como la obra dirigida por Borja de Riquer y Permanyer15, aleja-
da del esquema habitual de este tipo de aportaciones, puesto que se interesa casi
exclusivamente por el estudio de cuestiones políticas y, solo de manera marginal,
aborda la labor gestora de la Diputación en la provincia de Barcelona.
A partir de los años noventa del pasado siglo, otros autores siguen el camino
abierto por estos primeros trabajos. En algunas ocasiones, son los cronistas de la
vida local, más que profesionales de la ciencia histórica, los que nos acercan a la
historia de las diputaciones provinciales, por lo que su enfoque va dirigido a un
análisis de la vida cotidiana más que a un estudio de su desarrollo institucional.
En el territorio levantino, destaca la obra dirigida por Manuel Chust Calero16,
sobre la Diputación Provincial de Valencia, o el trabajo de Vicente Ramos Pérez17,
sobre la Diputación Provincial de Alicante, en el que, a lo largo de cuatro tomos,
va desgranado la historia política de la Diputación y su labor en la gestión de la
educación y la beneficencia, desde 1822 hasta 1929.
En este repaso no puede olvidarse el trabajo de Manuel Martí Martínez18 sobre
el caciquismo y las diputaciones provinciales en la Restauración. Las diputaciones
de Castilla-La Mancha también han sido estudiadas por los investigadores de
la historia local. Luis Moreno Nieto19, diputado provincial y cronista de la vida
provincial, realiza un repaso de la historia de la Diputación Provincial de Toledo,

12
  Lladonosa Pujol, José: Historia de la Diputación de Lérida, Lérida, Diputación Provincial de
Lérida, 1974.
13
  Voltes Bou, Pedro: “Orígenes de la Diputación Provincial barcelonesa”, en Instituto de Ciencias
Sociales, La provincia. Dimensiones histórica y política, Barcelona, Diputación Provincial de Barcelona,
1966, pp. 63-70.
14
  Jordá Fernández, Antonio: Las diputaciones provinciales en sus inicios. Tarragona 1836-1840.
La guerra como alteración en la aplicación de la norma jurídica, Tarragona, Diputación Provincial de
Tarragona, 2002.
15
  De Riquer y Permanyer, Borja (dir.): Historia de la Diputación de Barcelona, Barcelona,
Diputación Provincial de Barcelona, 2007.
  Chust Calero, Manuel (dir.): Historia de la Diputación de Valencia, Valencia, Diputación
16

Provincial de Valencia, 1995.


17
  Ramos Pérez, Vicente: Historia de la Diputación Provincial de Alicante, Vol. I (1822-1870),
Alicante, Diputación Provincial de Alicante, 2002.
18
  Martí Martínez, Manuel: “Las diputaciones provinciales en la trama caciquil: un ejemplo cas-
tellonense durante los primeros años de la Restauración”, Hispania: Revista Española de Historia, 51(179)
(1991), pp. 993-1041.
  Moreno Nieto, Luis: Historia de la Diputación Provincial de Toledo, Toledo, Diputación
19

Provincial de Toledo, 1986.

Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 269


José Antonio Lorenzo Cuesta

investigando la labor de la Diputación como entidad gestora de funciones tan


fundamentales para la vida provincial como la asistencia benéfica. La obra de
Pedro Ortego Gil20 sobre la Diputación Provincial de Guadalajara en sus prime-
ros años de funcionamiento puede encuadrarse en el modelo jurídico de estudio
de esta institución.
Dentro del ámbito manchego, no puede obviarse la obra sobre la Diputación
Provincial de Albacete21, coordinada por Manuel Requena Gallego. Este trabajo,
al contrario que el trabajo precedente, examina el mundo político y social de la
corporación provincial y aborda, solo de forma marginal, aspectos jurídicos. El
periodo comprendido entre 1835 y 1999 constituye el espacio temporal al que se
circunscribe la obra coordinada por Isidro Sánchez Sánchez22, sobre la historia de
la Diputación Provincial de Ciudad Real entre los años 1833 y 1999, en la que se
realiza un estudio pormenorizado de la actuación de la Diputación en el campo
hacendístico y se analiza la formación y evolución de los presupuestos provincia-
les. El autor estudia como un todo el periodo de la Restauración y la dictadura de
Primo de Rivera, y profundiza en dos aspectos fundamentales de la historia de la
Diputación Provincial, la sociedad y la política. A través del análisis de la gestión
de la Diputación en diversos ámbitos, realiza una semblanza de la sociedad de la
Ciudad Real de la época, completando esta visión con el tradicional estudio de
este tipo de trabajos sobre las tendencias políticas de los diputados provinciales.
La bibliografía y las fuentes primarias, como el Boletín Oficial de la Provincia
(BOP) y las Actas de la Diputación, constituyen la base sobre la que se sustenta
esta interesante obra.
En muchas ocasiones, se olvida que Madrid, además de ser la capital del
Estado, engloba un territorio que debe ser administrado. Loreto Maluenda
Abadía23 inicia su obra sobre la Diputación de Madrid con esta misma crítica. La
autora elabora un estudio sobre los treinta primeros años de andadura histórica
de la Diputación Provincial madrileña. La Administración provincial en el terri-
torio aragonés también ha sido estudiada por parte de los investigadores. Alicia
Sánchez Lecha24, en su tesis doctoral, indaga sobre la función de la Diputación

20
  Ortego Gil, Pedro: Historia de la Diputación Provincial de Guadalajara (1813-1845),
Guadalajara, Digibis, 2002.
21
  Requena Gallego, Manuel (coord.): Historia de la Diputación de Albacete, 2 vols., Albacete,
Diputación provincial de Albacete, 1993.
22
  Sánchez Sánchez, Isidro (coord.): Historia de la Diputación Provincial de Ciudad Real: (1835-
1999), Ciudad Real, Diputación de Ciudad Real, 1999.
23
  Maluenda Abadía, Loreto: Orígenes de la Diputación Provincial de Madrid (1813-1843),
Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1997.
  Sánchez Lecha, Alicia: Estado liberal y provincia: los orígenes de la Diputación de Zaragoza,
24

Zaragoza, Diputación provincial de Zaragoza, 1998.

270 Alcores, 24, 2020, pp. 265-281


La Administración provincial en la España contemporánea: revisión bibliográfica

Provincial como institución de ámbito local en los inicios del liberalismo español
y su acoplamiento dentro de la estructura institucional del Estado liberal.
Las diputaciones provinciales andaluzas han merecido, asimismo, varios tra-
bajos de investigación. Destaca, entre estos estudios, la obra de Miguel Ángel
Chamocho Cantudo25 sobre la Diputación Provincial de Jaén. El autor establece
una interesante relación entre la evolución histórico-política de la institución pro-
vincial y la aprobación de la normativa estatal que regulaba su funcionamiento.
No debe obviarse la obra de Julio Ponce Alberca, dentro del trabajo coordina-
do por Rafael Sánchez Mantero26, sobre la Diputación Provincial de Sevilla en
la época de la dictadura de Primo de Rivera. El autor se centra en las medidas
adoptadas por el Directorio que afectaron al funcionamiento institucional de la
Diputación sevillana. Asimismo, Ponce Alberca examina la influencia que tuvo
la proclamación del Estatuto provincial de 1925 en el desarrollo funcional de la
institución provincial. La obra de María del Carmen Martínez Hernández27, so-
bre la Diputación provincial de Córdoba en el periodo comprendido entre 1925
y 1991, centra su investigación en los aspectos políticos de la vida provincial, sin
olvidar la labor asistencial, estructura típica en este tipo de investigaciones.
También las diputaciones provinciales de los territorios insulares han estado
en el punto de mira de los estudiosos de la Administración local liberal. Ramón
Piña Homs28, en el caso de las Islas Baleares, es pionero del estudio de la histo-
ria de las diputaciones provinciales desde el punto de vista histórico, desde el
inicio de la andadura institucional de la Diputación como ente administrativo
en 1812 hasta 1979, fecha de publicación de su obra. No menos interesante
es la obra de Eduardo Galván Rodríguez29, que, como Piña Homs, se remonta
a los orígenes de la Diputación Provincial canaria en el año 1813. La historia
de la Diputación sirve al autor para tratar el tema de la descentralización en el
Estado liberal. El Estatuto provincial de 1925 fija la fecha de cierre del periodo
de investigación del trabajo.

25
  Chamocho Cantudo, Miguel Ángel: La Diputación Provincial de Jaén en el primer Estado cons-
titucional, Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 2004.
26
  Ponce Alberca, Julio: “Un modelo de estudio de la administración provincial: la Diputación
de Sevilla durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República (1923-1936)”, en R. Sánchez
Mantero, (coord.), En torno al 98: España en el tránsito del siglo XIX y XX: Actas del IV Congreso de la
Asociación de Historia Contemporánea, Huelva, Universidad de Huelva, Servicio de Publicaciones, 2000,
pp. 435-452.
27
  Martínez Hernández, María del Carmen: Política y Administración provincial: La Diputación
de Córdoba: 1925-1991, Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba, 2004.
28
  Piña Homs, Ramón: La Diputación Provincial de Baleares, Mallorca, Diputación Provincial de
Baleares, 1979.
29
  Galván Rodríguez, Eduardo: El origen de la autonomía canaria. Historia de una Diputación
Provincial (1831-1925), Madrid, Ministerio de Administraciones Públicas, 1995.

Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 271


José Antonio Lorenzo Cuesta

En este breve repaso geográfico, no deben ignorarse las obras referidas a los
territorios uniprovinciales. Francisco Bermejo Martín y José Miguel Delgado
Idarreta30 son coautores de un libro sobre la Diputación Provincial de La Rioja,
desde su creación en 1822 hasta su desaparición en 1982, cuando se constituyó la
Comunidad Autónoma de La Rioja. La obra comprende un estudio político de la
institución, así como de su labor en diversos aspectos de la vida de la provincia, tales
como obras públicas, beneficencia, instrucción pública, etc. En Cantabria, Manuel
Estrada Sánchez31, profesor de Historia del Derecho y de las Instituciones, confec-
ciona su trabajo desde la óptica de la historia jurídica de la Diputación Provincial
santanderina en el inicio de la andadura histórica del Estado liberal.
Antes de finalizar este análisis con el espacio castellano y leonés, conviene
mencionar los trabajos sobre las diputaciones provinciales de régimen foral. Javier
Pérez Núñez32 es autor de una obra sobre el encaje del foralismo en el entramado
administrativo del liberalismo español. La Diputación Foral de Vizcaya sirve de
ejemplo al autor para este estudio. En el mismo sentido puede entenderse la obra
de Consuelo Juanto Jiménez33, que realiza un recorrido histórico sobre la evolu-
ción institucional de la Diputación Foral de Navarra en el siglo XIX. Bartolomé
Clavero Salvador34 , en su obra El código y el fuero. De la cuestión regional en la
España contemporánea, analiza el difícil encaje del foralismo en la España constitu-
cional de comienzos del siglo XIX y la resistencia del régimen foral a formar parte
de la uniformidad administrativa, que el liberalismo doctrinario quería establecer
en un Estado que aspiraba a controlar el territorio como nunca había sucedido en
el Antiguo Régimen. El autor logra que el lector comprenda el recorrido histórico
de esta pugna desigual entre el centralismo y el fuerismo, especialmente en el País
Vasco y Navarra, desde comienzos del siglo XIX hasta la actualidad.
Las obras referidas a las diputaciones provinciales de Castilla y León cierran esta
revisión bibliográfica. El estudio de Enrique Orduña Rebollo35 constituye una re-
ferencia obligada por sus trabajos sobre la Diputación Provincial de Segovia y la

30
  Bermejo Martín, Francisco y Delgado Idarreta, José Miguel: La Administración provincial
española en la Diputación Provincial de La Rioja, Logroño, Universidad de la Rioja, 1989.
31
  Estrada Sánchez, Manuel: “Delimitación territorial y poder político: La Diputación Provincial
de Santander durante la configuración del Estado liberal”, I Encuentro de Historia de Cantabria, Vol. 2,
Santander, Universidad de Cantabria, 1996, pp. 997-1010.
32
  Pérez Núñez, Javier: La Diputación Foral de Vizcaya. El régimen foral en la construcción del
Estado liberal (1808-1868), Bilbao, Centro de Estudios Constitucionales, 1996.
33
  Juanto Jiménez, Consuelo: “Navarra en la Administración provincial de España del siglo XIX.
La Diputación Foral”, Rudimentos Legales: Revista de Historia del Derecho, 4 (2002), pp. 197-215.
34
  Bartolomé Clavero, Salvador: El código y el fuero. De la cuestión regional en la España contem-
poránea, Madrid, Editorial Siglo XXI, 1982.
  Orduña Rebollo, Enrique: Evolución histórica de la Diputación provincial de Segovia. 1883-
35

1990, Valladolid, Ámbito, 1986.

272 Alcores, 24, 2020, pp. 265-281


La Administración provincial en la España contemporánea: revisión bibliográfica

Administración local. En ellos realiza un análisis del recorrido de la institución pro-


vincial desde el año 1883 hasta el año 1990. El autor introduce al lector en la época
de la Restauración mediante tres conceptos fundamentales que sirven para definirla,
«turnismo», «caciquismo» y «regeneracionismo». Tras un detenido estudio del mar-
co legislativo, en el que desarrollaba sus funciones la institución provincial, Orduña
muestra su organización y funcionamiento, destacando su labor en la asistencia social
a través de la gestión en el campo de la beneficencia y la sanidad, la instrucción pú-
blica, las obras provinciales, cultura y fomento de la agricultura, y la lucha por el esta-
blecimiento del ferrocarril en el territorio provincial. El autor se basa en la bibliografía
específica sobre el periodo y en las fuentes primarias de documentación generadas
por la propia institución, como las actas de la Comisión Provincial de la Diputación.
No menos interesantes son los trabajos sobre las diputaciones de León, de Soria y de
Valladolid, porque las relaciones institucionales entre las diputaciones provinciales de
Castilla y León fueron numerosas al defenderse intereses comunes, como la política
proteccionista acordada con respecto a la importación de grano. La obra dirigida por
Francisco Carantoña Álvarez y Gustavo Puente Feliz36 sobre la Diputación Provincial
de León, compuesta de dos volúmenes, realiza un análisis diferencial de la actividad
política y de la gestión la Diputación leonesa en la Restauración, al abordar estos dos
aspectos en el tiempo del reinado y regencia, y de la dictadura de Primo de Rivera. El
estudio de la labor de gestión de la Diputación en instrucción pública, beneficencia,
obras públicas, etc., se completa con un repaso sobre la ejecución presupuestaria que
aclara muchas de las actuaciones en los citados campos. Las actas de la Diputación
Provincial de León, la prensa local y nacional, la Gaceta de Madrid, el Archivo
Histórico Nacional, el Boletín Oficial de la Provincia y la legislación de la época, jun-
to con la bibliografía que incorporan, sirven a los autores para lograr una completa
visión de la vida provincial de León en esta etapa. Este libro finaliza con un apéndice
documental y anexos de gráficos, estadísticas y mapas que refuerzan al texto y apor-
tan mayor claridad expositiva a sus diferentes apartados. María Concepción García
Segura37 es la autora del libro dedicado a la historia de la Diputación Provincial de
Soria. Desde un triple enfoque, histórico, administrativo e institucional, y tomando
como hilo conductor de la obra el desarrollo del movimiento liberal, enmarca su
estudio, desde el ámbito provincial de Soria, en el contexto nacional de las diputa-
ciones provinciales. García Segura diferencia entre Restauración y regencia, a la vez
que emprende un seguimiento de la actividad política de la Diputación en estos dos
periodos, excluyendo, en la bibliografía consultada, el reinado de Alfonso XIII y la
dictadura de Primo de Rivera.

36
  Carantoña Álvarez, Francisco y Puente Feliz, Gustavo (dir.): Historia de la Diputación de
León, León, Instituto Leonés de Cultura, 1995.
  García Segura, María Concepción: Historia de la Diputación provincial de Soria. Siglo XIX: años
37

1843-1902, 2 vols., Soria, Diputación provincial de Soria, 2003.

Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 273


José Antonio Lorenzo Cuesta

En la obra de Heliodoro Pastrana Morilla38 sobre la Diputación Provincial de


Valladolid, el autor realiza un estudio sobre dos terrenos muy bien diferenciados,
el de la política y el de la gestión, algo que no resulta novedoso en la mayoría de
las obras mencionadas. La existencia de personajes de la talla política de Germán
Gamazo o Santiago Alba, vinculados a Valladolid, permite al autor realizar un aná-
lisis pormenorizado del campo de batalla entre conservadores y liberales en el que
se convirtió la Diputación de la provincia, reflejo fiel de lo que sucedía en España.
En la obra citada, destaca el minucioso estudio de la labor de la Diputación en los
diversos campos de su actuación como entidad gestora de la beneficencia, la ins-
trucción pública, los intereses agrarios, la economía provincial y los funcionarios
provinciales. Pastrana relaciona la evolución histórica de la Diputación Provincial
con lo acontecido en la época a nivel provincial y regional, incluyendo en la obra
el típico nomenclátor de los diputados provinciales. La prensa constituye una
fuente histórica de primer orden en la elaboración de este trabajo, además de
la documentación generada por la propia Diputación Provincial y una cuidada
selección bibliográfica. Pablo Martín Bobillo39, en su trabajo sobre la Diputación
de Zamora, investiga sobre los primeros años de evolución histórica de la corpo-
ración provincial, desde la creación de la institución hasta el inicio de la Década
Ominosa y la restauración del absolutismo fernandino.
Los trabajos de investigación sobre la Diputación de Palencia en la Restauración
cierran este recorrido. Hasta el año 2017, no existía ninguna investigación que
reuniese en una sola obra el estudio de la Diputación Provincial de Palencia en
la Restauración, entendida como el lapso temporal comprendido entre los años
1875 y 1931. Los diversos Congresos de Historia de Palencia han servido como
marco de presentación de diversas ponencias sobre variados aspectos de la historia
contemporánea de la localidad. Enrique Orduña40, en su obra sobre la Diputación
palentina en la etapa primorriverista, aporta luz sobre la actividad institucional de
la corporación provincial en la dictadura. El autor basa su estudio en los libros de
actas del pleno de la Diputación y de la comisión provincial, en las memorias de
la comisión permanente, en el anuario de la vida local y la prensa local, sin olvidar
el aporte bibliográfico. El objetivo de su investigación se centra en el estudio de
los aspectos relacionados con la labor que, como gestora, desarrolló la institu-
ción provincial en ese periodo. Como es habitual, beneficencia, obras públicas,

38
  Pastrana Morilla, Heliodoro: La Diputación provincial de Valladolid: 1875-1930: política y
gestión, Valladolid, Diputación provincial de Valladolid, 1997.
39
  Martín Bobillo, Pablo: Orígenes de la Diputación provincial de Zamora (1813-1823), Zamora,
Diputación provincial de Zamora, 1988.
40
  Orduña Rebollo, Enrique: “La gestión de la Diputación de Palencia durante la dictadura de
Primo de Rivera”, en Actas del II Congreso de Historia de Palencia, Edad Contemporánea, Tomo III, Volumen
II, Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1990, pp. 725-748.

274 Alcores, 24, 2020, pp. 265-281


La Administración provincial en la España contemporánea: revisión bibliográfica

instrucción pública, agricultura y un detallado estudio sobre la hacienda local


constituyen los aspectos que desvelan cómo transcurría la vida en la provincia de
Palencia durante la segunda década del siglo XX.
Del mismo modo, el trabajo de José Daniel Reboredo Olivenza41 prioriza el
estudio del papel desempeñado por la Diputación Provincial palentina en las rei-
vindicaciones castellanas, consecuencia de la grave crisis que presentaba el sector
primario en la etapa estudiada. Da cuenta, Reboredo Olivenza, de la participa-
ción de la institución palentina en las asambleas de las diputaciones provinciales
celebradas en el periodo para consensuar propuestas que luego serían formuladas
ante el Gobierno de la nación. Las actas del pleno de la Diputación y de la comi-
sión provincial constituyen las principales fuentes de información de las que se
sirve este autor en su investigación.
Por último, señalar trabajos que, aunque no muestren la totalidad de la reali-
dad de la Diputación Provincial de Palencia en la Restauración, abarcan aspectos
en los que esta institución desempeñó un papel de protagonista, como la bene-
ficencia o la instrucción pública. Autores como María Paz Corredera García42,
Pedro Carasa Soto43, Delfina Herreras Vidal44 y Abilio Sierra Jorrín45 han inves-
tigado sobre la beneficencia y sanidad en Castilla y León y en Palencia, durante
los siglos XIX y XX. Con una metodología diferente, las fuentes empleadas para
la elaboración de sus investigaciones han sido, en numerosas ocasiones, las actas
de la Diputación Provincial, además del imprescindible apoyo bibliográfico. El
trabajo de Abilio Sierra Jorrín, ya citado, constituye un ejemplo de lo dicho, al
describir en su obra cien años de historia de los establecimientos provinciales
de la beneficencia provincial. Respecto a los estudios sobre la instrucción pú-
blica, Rafael del Valle Curieses46, María Concepción Álvarez García47, Carmen

41
  Reboredo Olivenza, José Daniel: “La crisis agrícola de finales del siglo XIX y la Diputación
de Palencia”, en Actas del II Congreso de Historia de Palencia, Edad Contemporánea, Tomo III, Volumen II,
Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1990, pp. 769-783.
42
  Corredera García, María Paz: “La beneficencia en Palencia en el primer tercio del siglo XX: la
sociedad de la pobreza”, en Actas del II Congreso de Historia de Palencia, Edad Contemporánea, Tomo III,
Volumen II, Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1990, pp. 833-848.
43
  Carasa Soto, Pedro: “Beneficencia en Castilla y León: trasformaciones del sistema hospitalario
(1750-1909)”, en Actas del I Congreso de Historia de Castilla y León, Edad Contemporánea, Volumen III,
Valladolid, Diputación provincial de Valladolid, 1982, pp. 299-326.
44
  Herreras Vidal, Delfina: “Beneficencia y Sanidad”, en VV. AA., Historia de Palencia: siglos XIX-
XX, Valladolid, El Norte de Castilla, 1996, pp. 277-288.
45
  Sierra Jorrín, Abilio: Primer centenario de las Hijas de la Caridad al servicio de una buena obra:
25-enero-1879, 25-enero-1979, Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1979.
46
  Del Valle Curieses, Rafael: “El Instituto viejo”: comienzos de la segunda enseñanza en Palencia:
1845-1915, Palencia, Caja España, 1992.
  Álvarez García, María Concepción: La enseñanza secundaria en Palencia durante el siglo XIX
47

(1845-1901), Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1997.

Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 275


José Antonio Lorenzo Cuesta

Labrador Herráiz48, Pablo García Colmenares49 o Carmen García Colmenares50


han tratado el tema de la educación en Palencia en el siglo XIX y, en menor me-
dida, en el siglo XX.
El año 2017 se publica la obra de José Antonio Lorenzo Cuesta51, el primer
autor que recopila la historia de la Diputación palentina, una institución con una
existencia de doscientos años, en una etapa histórica homogénea, la Restauración.
Motivo por el cual la investigación introduce un estudio previo del contexto histó-
rico del país en la etapa examinada, para luego desarrollar una importante labor de
recopilación legislativa sobre las leyes nacionales que afectaban al funcionamiento
de las diputaciones provinciales. A lo anterior, debemos añadir que esta obra no solo
examina la labor desarrollada por los servicios provinciales, sino también presenta
un riguroso estudio sobre su estructura orgánica, composición, y, sobre todo, del
ámbito presupuestario. La estructura del trabajo permite al lector obtener una ima-
gen muy completa del desarrollo institucional de la Diputación, los medios de los
que disponía y la situación en la que ejercía las funciones que la ley le atribuía a nivel
nacional. Lejos de las clásicas obras sobre la Administración local y provincial, en las
que política, economía y asistencia pública aparecen como compartimentos estan-
cos de una misma institución, en este libro se realiza un ejercicio de interrelación
entre estos aspectos, al considerar que ningún ente administrativo opera en espacios
autárquicos y demostrando que toda su labor está mediatizada por la política, la
disponibilidad presupuestaria, el factor humano, etc. Este trabajo ofrece al lector
una magnífica oportunidad de vincular sobre el papel aquello que se relaciona de
manera obvia en la vida real, para alcanzar una comprensión del fenómeno estudia-
do mucho más completa que en trabajos precedentes.

Conclusiones
Se destaca que, si bien hasta los años ochenta del siglo XX no eran demasia-
dos los estudios sobre la historia de la Administración local, a partir de entonces
y hasta la actualidad, son pocas las provincias que no cuentan con un estudio más

  Labrador Herráiz, Carmen: “La escuela en el antiguo régimen. Acciones benéfico-sociales y en-
48

señanza en la provincia de Palencia”, en Actas del II Congreso de Historia de Palencia, Edad Contemporánea,
Tomo III, Volumen II, Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1990, pp. 657-671.
49
  García Colmenares, Pablo: “El Instituto provincial de Palencia (1845-1915). Historia de
la Segunda Enseñanza Provincia”, en VV.  AA., IB Jorge Manrique: LXXV aniversario, Palencia, 1992,
pp. 15-25.
50
  García Colmenares, Carmen: “La Escuela Normal de Palencia: apuntes histórico-pedagógicos
(1861-1940)”, en Actas del I Congreso de Historia de Palencia, Edad Moderna y Contemporánea, Volumen
III, Palencia, Diputación provincial de Palencia, 1987, pp. 523-537.
  Lorenzo Cuesta, José Antonio: La Diputación provincial de Palencia en la Restauración, 1875-
51

1931, Palencia, Diputación provincial de Palencia, 2017.

276 Alcores, 24, 2020, pp. 265-281


La Administración provincial en la España contemporánea: revisión bibliográfica

o menos completo sobre la andadura histórica de las diputaciones provinciales


desde su nacimiento, en 1812, hasta el tiempo presente. Fueron las facultades de
Derecho las primeras que se interesaron por la evolución histórica de estas insti-
tuciones provinciales y utilizaron, a este fin, la metodología propia de la historia
del derecho. En los años noventa del siglo XX comenzaron a elaborarse trabajos
que abordaban el estudio de las diputaciones provinciales desde el campo de la
historia local, centrando su estudio no tanto en el fondo de estas instituciones
como en la forma, en otras palabras, no importaba el cómo, cuándo y de qué
forma surgieran y se organizaran las diputaciones provinciales y cuál fuera su
actividad e influencia en la vida provincial. Tras el estudio de la bibliografía exis-
tente sobre las diputaciones provinciales, puede concluirse que ha sido desde la
ciencia jurídica y de la administración y el derecho administrativo desde donde
se han realizado estudios más rigurosos sobre el desarrollo institucional de la ins-
titución de la Diputación. Solo en los últimos años la historia se ha ocupado de
esta parcela fundamental de la historia local española, adoleciendo, no obstante,
la mayor parte de estos estudios, de la inexistencia de un vínculo que relacione
la historia de la nación con el ámbito territorial de actuación de la Diputación
Provincial, la provincia.
En resumen, de forma general, los primeros trabajos sobre las diputaciones
provinciales se focalizaron, en su mayor parte, en el estudio de la institución
desde el punto de vista jurídico y administrativo. A partir de la década de los
años noventa del siglo XX, la metodología empleada por varios autores ha vuelto
su mirada hacia el estudio de las diputaciones provinciales desde la perspectiva
de la historia, y no tanto del derecho. Todas las líneas de investigación presentan
una uniformidad en su metodología de trabajo, estudio del entorno político de
la Diputación, por un lado, y de la labor como gestora por otro, permitiendo co-
nocer el desarrollo del sistema institucional español a nivel local y las principales
características de la sociedad en la provincia.

Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 277


José Antonio Lorenzo Cuesta

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Alcores, 24, 2020, pp. 265-281 281


Contexto
Alcores, 24, 2020, pp. 285-306 ISSN: 1886-8770

Las botas sobre los votos. Las elecciones en


Cuenca como decantador del liderazgo de
la trama golpista de 1936
Ángel Luis López Villaverde1
Universidad de Castilla-La Mancha, SPEC
Fecha de aceptación: 02 de julio de 2020

Resumen: Entre el 20 de abril y el 3 de mayo de 1936, las dos semanas que separan la fecha
prevista, y luego abortada, para el golpe militar diseñado por la Junta de Generales y la
segunda vuelta electoral en Cuenca, la trama golpista contra el Gobierno de la República se
recompuso. El presente artículo estudia el proceso que llevó a convertir una convocatoria
electoral de una provincia del interior, sin apenas trascendencia parlamentaria, en un
acontecimiento que centró no solo el foco político nacional, sino también el militar. Aunque
es un episodio histórico conocido, la novedad que se ofrece aquí estriba en el enfoque, pues
lo inserta, por un lado, en el debate sobre el supuesto fraude electoral y, por otro, y lo que
es más importante, le concede una dimensión que sobrepasa sus perfiles sociológicos y
politológicos. Sus urnas escondían un señuelo para reconducir el golpe contra la democracia
republicana. Las botas importaban en esa coyuntura más que los votos.

Palabras clave: Francisco Franco Bahamonde, José Antonio Primo de Rivera, Segunda
República y Guerra Civil, Cuenca.

1
  Este artículo está vinculado al proyecto de investigación científica y transferencia de tecnología sub-
vencionado por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Comunidades de Castilla-
La Mancha, cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, DOCM de 28 de diciembre de
2018, SBPLY/19/180501/000054, “Catálogo de vestigios de la Guerra Civil (1936-1939) en Castilla-La
Mancha: mapa interactivo”, dirigido por Francisco Alía Miranda y Ángel Ramón del Valle Calzado.

285
Ángel Luis López Villaverde

Abstract: Between April 20 and May 3, 1936, the two weeks separating the date
scheduled, and then aborted, for the military coup designed by the “Junta de Generales”
and the second round of elections in Cuenca, the plot of the coup against the Government
of the Republic was recomposed. The present article studies the process that led to the
conversion of an electoral convocation of a province of the interior, with hardly any
parliamentary transcendence, into an event that focused not only the national political
focus but also the military one. Although it is a well-known historical episode, the novelty
offered here lies in the approach, as it inserts it, on the one hand, into the debate on
the alleged electoral fraud and, on the other hand, and more importantly, it gives it a
dimension that goes beyond its sociological and political profiles. Their ballot boxes were
hiding a decoy to redirect the blow against republican democracy. The boots mattered at
that juncture more than the votes.

Keywords: Francisco Franco Bahamonde, José Antonio Primo de Rivera, Second Republic
and Civil War, Cuenca.

286 Alcores, 24, 2020, pp. 285-306


Las botas sobre los votos. Las elecciones en Cuenca como decantador del liderazgo de la trama golpista de 1936

Los precedentes electorales2


Las elecciones constituyentes de junio de 1931 habían sido en Cuenca, como
en buena parte de la España rural, unos comicios de transición entre los viejos
usos electorales y los nuevos tiempos. Con el Gobierno Civil en sus manos, el
triunfo correspondió a la conjunción republicano-socialista, que obtuvo las cua-
tro actas para las mayorías, teniendo que conformarse las derechas no republica-
nas con las dos de las minorías
En noviembre de 1933, siguiendo la tónica general, se produjo un vuelco electoral
en esta circunscripción. Los socialistas no se aliaron entonces con los republicanos.
Las cuatro actas de las mayorías correspondieron a las derechas no republicanas y las
dos de las minorías a los republicanos radicales. El conservador electorado conquen-
se, que se había inclinado hacia el centro-izquierda en 1931, se escoró a la derecha
en 1933 y dejó a la izquierda sin escaño. Los ganadores se beneficiaron entonces del
control de la mayoría de los ayuntamientos. Los centristas contaron con la ayuda
gubernativa, aunque no fue suficiente para vencer, de modo que el “gubernamenta-
lismo” –entendido como tendencia a la victoria de los candidatos del partido convo-
cante de las elecciones–, sufrió, por vez primera, un serio contratiempo. Los grandes
perjudicados por ello –y por errores propios– fueron las izquierdas.
Durante las elecciones de febrero de 1936, se volvió a repetir la pugna entre las
derechas no republicanas –que seguían contando con la ventaja de controlar gran
número de municipios– y la candidatura centrista (“portelista”), ayudada por el
gobernador3. De nuevo volvieron a verse perjudicadas las izquierdas, unidas en el
Frente Popular, las terceras en discordia. La gran sorpresa fue comprobar cómo
las derechas fueron al copo y obtuvieron las seis actas. Pero las denuncias de irre-
gularidades llevaron al Congreso a anular sus resultados.
En todos estos procesos electorales conquenses aparecen, no obstante, ciertas
peculiaridades. Por un lado, la representación de un modelo de conservadurismo
que la hacía ser conocida en el resto del país como la “Covadonga del resurgimiento
derechista español”. Y, por otro, el peso y procedencia de los candidatos derechistas
que acudieron a la competencia electoral, un personal vinculado a la “vieja políti-
ca”, bien por sus antecedentes personales o familiares, bien por sus prácticas4.

2
  Para un análisis electoral pormenorizado, vid. López Villaverde, Ángel Luis: Cuenca durante la
II República. Elecciones, partidos y vida política. Elecciones, partidos y vida política, 1931-1936, Cuenca,
Diputación Provincial / UCLM, 1989, pp. 225-280.
3
  El nombre deriva del apellido del entonces presidente del Gobierno, Portela Valladares, interesado
en organizar una fuerza política centrista, al margen de los bloques, partiendo de los aparatos guberna-
tivos provinciales. Aunque, en la práctica, solo en nueve circunscripciones, de las treinta y seis en que
presentó candidatos, tuvo una candidatura propia. Entre ellas, Cuenca.
4
  Para un análisis del personal político, vid. López Villaverde, Ángel Luis: Cuenca durante la
II República…, pp.  63-106. Un recorrido más amplio en González Calleja, Eduardo, Moreno

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Ángel Luis López Villaverde

Sin duda, el más destacado era el general Joaquín Fanjul Goñi. Se puede con-
siderar el líder político de la derecha conquense de mayor tirón electoral, debido a
la pervivencia de antiguos usos y comportamientos caciquiles. Antiguo diputado
maurista por Cuenca desde 1919, Fanjul representaba el caso más claro de caci-
quismo, con especial influencia en La Alcarria y en el partido judicial de Cuenca.
Obtuvo acta de diputado en las tres elecciones en que fue candidato (1931, 1933
y febrero de 1936), siempre con la etiqueta de “agrario independiente”. En mayo
de 1936 cedió su puesto a Primo de Rivera y fue uno de los mayores impulsores
de la candidatura del líder de la falange por Cuenca.
Compañero de escaño de Fanjul durante todos estos años fue el ingeniero
Modesto Gosálvez y Fuentes Manresa. Descendiente del diputado conservador
Modesto Gosálvez y Barceló, había sido antiguo diputado “romanonista” en los
distritos de Cañete y Motilla del Palancar. Representó a Acción Nacional en 1931
y a la CEDA en 1933. Pero ante la presentación como cedista en 1936 de su
viejo rival político en el distrito de Motilla, el “garciaprietista” Manuel Casanova
Conderana, Gosálvez prefirió concurrir como independiente.
De una familia política bien conocida era también Enrique Cuartero Pascual.
A este abogado del Estado y exalcalde de Las Mesas no lo desanimaron sus malos
resultados en las Constituyentes y volvió a presentar su candidatura en 1933. Pese
a ser el menos votado de su candidatura, logró el escaño en 1933 y, de nuevo, en
febrero de 1936. Pero, en vista de la debilidad de sus apoyos electorales, cedió su
puesto en mayo de ese año para que lo ocuparan Primo de Rivera o Franco.
Uno de los antiguos contrincantes de Fanjul en el distrito de Cuenca, el exre-
formista Tomás Sierra Rustarazo, se pasó al republicanismo al proclamarse el nue-
vo régimen. Como candidato liberal-demócrata, luchó en solitario para lograr un
acta en 1931 y se quedó a las puertas de conseguirlo. En 1933, cuando ya militaba
en el Partido Radical, logró su propósito, ahora como integrante de la candidatu-
ra centrista. Ante el hundimiento de su partido en febrero de 1936 se sumó a la
lista derechista, contradiciendo los pasos de dos sus antiguos compañeros, de los
que hablaremos a continuación, que se decantaron por la candidatura impulsada
por el presidente Portela Valladares.
El primero de ellos es el político conquense que aunaba apellido ilustre con una
mayor capacidad de adaptación, en función de las diversas coyunturas. Se trata de
José María Álvarez de Mendizábal y Bonilla. Descendiente del ministro progre-
sista cuyo apellido dio nombre a la desamortización eclesiástica del siglo anterior
y procedente de una familia de terratenientes de Las Pedroñeras, era considera-
do, en vísperas de la proclamación de la República, como un “hijo” del distrito

Luzón y Javier: Elecciones y parlamentarios: dos siglos de historia en Castilla-La Mancha, Toledo, Junta de
Comunidades de Castilla-La Mancha, 1993.

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Las botas sobre los votos. Las elecciones en Cuenca como decantador del liderazgo de la trama golpista de 1936

de S. Clemente, donde tenía los apoyos de las principales personalidades locales,


como le ocurría también en el conjunto de La Mancha. Obtuvo el acta de dipu-
tado en todas las elecciones celebradas en los años treinta, aprovechando que iba
preferentemente con la avalada por el gobernador de turno. En las Constituyentes
formó parte de la conjunción republicano-socialista, en representación del Partido
Radical. En 1933 giró en torno a él la candidatura centrista. En febrero de 1936
acudió en representación del “portelismo”, en una candidatura centrista, al margen
de los polos enfrentados a su derecha e izquierda. No obstante, en la segunda vuel-
ta, celebrada en mayo de ese año, se incluyó la lista del Frente Popular, en un nuevo
giro “gubernamentalista”, para aportar moderación a esa candidatura.
De ilustre apellido conquense era también, aunque de menor peso político
que el anterior, su correligionario, Jesús Martínez Correcher. Perteneciente a una
familia de industriales madereros que habían aportado dos diputados a la pro-
vincia en décadas anteriores, Correcher fracasó sin embargo en su intento de
conseguir el escaño tanto en 1933 –dentro de la lista centrista, en representación
del Partido Radical–, como en febrero de 1936 –como aspirante “portelista”–, y
desapareció de la lucha electoral en la convocatoria de mayo por los pobres resul-
tados cosechados con anterioridad.
Dado el sesgo conservador que, mayoritariamente, tenía el electorado con-
quense, los candidatos foráneos, sin arraigo en la circunscripción, los llamados
“cuneros”, solían mirar para Cuenca en busca de una buena recompensa en forma
de escaño. Ya lo decía la célebre coplilla: “si aspiras a diputado / busca un distrito
en La Mancha / que allí no siendo manchego / segura tienes el acta”5. El “cunero”
más relevante de los años treinta en esta provincia fue el monárquico Antonio
Goicoechea Cosculluela. Este antiguo maurista, exministro primorriverista y lí-
der nacional de Renovación Española, tuvo como mentor político en estas tierras
a Joaquín Fanjul, que le ofreció un hueco en la candidatura derechista conquense
en las elecciones de noviembre de 1933. Perteneciente al grupo de los “conserva-
dores subversivos”6 y representante de la derecha autoritaria alfonsina, se mantu-
vo leal a Alfonso XIII, fracasando en su objetivo de plantear una alternativa a la
CEDA y a la carlista Comunión Tradicionalista. Tampoco dio sus frutos su ten-
tación fascista de financiar la Falange de José Antonio, ni su colaboración política
con el carlismo en la TYRE. Fue relegado su protagonismo dentro del bloque
monárquico tras el regreso a España de José Calvo Sotelo. No tuvo especial tirón
en Cuenca. Quedó tercero en 1933 y segundo en febrero de 1936, pero en la
segunda vuelta fue el menos votado de los candidatos. También se podría incluir

5
  Diario de La Mancha, 1910. Cit. en Sánchez Sánchez, Isidro: Castilla-La Mancha contemporá-
nea (1800-1975), Madrid, Celeste, 1998, p. 124.
  Gil Pecharromán, Julio: Conservadores subversivos. La derecha autoritaria Alfonsina, Madrid,
6

EUDEMA, 1994.

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en este fenómeno del cunerismo la presentación de dos candidatos foráneos, en


mayo de 1936, José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde,
que cobrarán protagonismo en las páginas siguientes.
Terminaremos este repaso con la “nueva” clase política conquense, bási-
camente ligada a las candidaturas republicanas de izquierda y socialistas. Sus
principales referentes eran tanto los socialistas Aurelio Almagro Gracia y Luis
García Cubertoret como los republicanos azañistas Aurelio López Malo y
Albino Lasso Conde.
El político socialista más significativo en la Cuenca republicana fue el médi-
co de la Sociedad Obrera “La Fraternal” –y maestro masón7– Aurelio Almagro
Gracia. Consiguió el acta de diputado en las elecciones de 1931, retiró su candi-
datura en las elecciones de 1933 y reapareció en las de febrero de 1936. Aunque
prefirió cambiar y presentarse por Granada en mayo para dejar sitio al republica-
no Mendizábal. Fue entonces cuando ganó relevancia el otro candidato socialista,
el abogado Luis García Cubertoret, que solo concurrió a las elecciones de 1936,
tanto en febrero como en mayo, en la candidatura del Frente Popular. Este último
resultó una apuesta estratégica para buscar, además del propio, el voto anarquista,
tras haber defendido a unos anarcosindicalistas acusados de conspiración meses
antes, lo que le valió ser el candidato más votado en la capital conquense, donde
los cenetistas predominaban entre los trabajadores sindicados.
La izquierda republicana estuvo representada por otros dos candidatos:
Aurelio López-Malo Andrés y Albino Lasso Conde. López-Malo era masón, como
Almagro. Obtuvo unos resultados pobrísimos en las constituyentes de 1931 por
presentarse en solitario. Mejoró algo en 1933, pero sin recompensa. Repitió, en
representación de Izquierda Republicana, en la candidatura del Frente Popular,
en febrero de 1936, aunque tuvo que esperar al mes de mayo para obtener el
escaño con el porcentaje más alto de votos de todos los aspirantes, por lo que su
perseverancia acabó teniendo su recompensa. Detrás de él quedó, en la segunda
vuelta, otro correligionario suyo, el ingeniero Albino Lasso Conde, un republica-
no moderado cuyas vicisitudes biográficas son conocidas8.

7
 Vid. López Villaverde, Ángel Luis y Del Valle Calzado, Ángel Ramón: “Masonería conquen-
se durante la II República: el triángulo Electra”, Cuenca, 36 (1990), pp. 59-70.
8
  Este diputado, catalogado de republicano “moderado”, fue comandante durante la guerra y deci-
dió regresar a España en 1956 de su exilio iberoamericano: es “un ejemplo que puede servir para arrojar
cierta luz sobre aspectos poco estudiados del exilio español: la asunción de la derrota por parte de los
vencidos”. Aunque su regreso a la España franquista y la incorporación de este “antiguo diputado a la
vida nacional, con la promesa expresa por su parte de fidelidad al nuevo régimen, era un triunfo notable
para los vencedores”. Vid. Campanario, Juan Miguel: “La aventura política de Albino Lasso Conde, un
ingeniero de caminos que fue diputado del Frente Popular y acabó siendo condecorado por Franco”, en
T. M. Ortega y M. A. del Barco (ed. lit.), Claves del mundo contemporáneo, debate e investigación, Actas del
XI Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, 2013.

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Las botas sobre los votos. Las elecciones en Cuenca como decantador del liderazgo de la trama golpista de 1936

De febrero a mayo de 1936. Las elecciones de la discordia


Antes de aplicar la lente al caso electoral conquense, conviene utilizar el gran
angular de la realidad demoscópica española, en su conjunto, lo que nos remite a
un libro tan exitoso en ventas como controvertido historiográficamente. Tras ad-
mitirse ya en la literatura especializada, desde los años setenta, que el fraude había
sido limitado en 1936 y que no podía cuestionarse el triunfo del Frente Popular,
favorecido por una legislación electoral que dos años atrás había premiado a las de-
rechas, Manuel Alvarez Tardío y Roberto Villa9 han puesto patas arriba el consenso
historiográfico al identificar un mayor volumen de irregularidades, localizadas en
determinadas circunscripciones y vinculadas preferentemente a la izquierda, que
pudieron hinchar el número de diputados frentepopulistas. Tras un rastreo de las
actas electorales y de los actos de violencia que acompañaron el recuento de votos
en febrero de 1936, estos autores han vinculado las irregularidades, sobre todo,
al precipitado cambio de Gobierno, tras la dimisión de Portela, en un contexto
de desórdenes y “maniobras para modificar el reparto de escaños o, al menos, la
interrupción del recuento en las circunscripciones con un resultado ajustado”. No
obstante, no han podido cuantificar el volumen exacto del fraude ni, por consi-
guiente, negar la evidencia de la victoria del Frente Popular, aunque de ello se han
encargado después una suerte de divulgadores, tertulianos y publicistas, ávidos de
recuperar la vetusta tesis de la ilegitimidad de origen del Gobierno de izquierdas,
primer paso para blanquear el golpe militar del 18 de julio.
Este último extremo es fruto de una lectura sesgada, cuando no tergiversa-
da, del libro referido, que ha merecido numerosos elogios y no pocas críticas.
Algunas de ellas, han desmontado buena parte de su relato10. Una de sus caren-
cias más señaladas es su escaso uso de la bibliografía especializada de ámbito
local. El caso de Cuenca es particularmente representativo de estas sombras.
Y no debió de ser la única provincia en que el control municipal favoreció a
las derechas, pues en sus manos estaban los gobiernos locales, con los reajustes
producidos por las elecciones parciales de 1933 y las destituciones de concejales

9
  Álvarez Tardío, Manuel y Villa, Roberto: 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente
Popular, Madrid, Espasa, 2017, p. 380.
10
  López Villaverde, Ángel Luis: “Lo que la verdad esconde. A propósito de fraudes y violencias
en 1936”, Ctxt. Revista Contexto (3-V-2017) (https://ctxt.es/es/20170503/Firmas/12537/II-republica-
frente-popular-golpe-de-estado-alvarez-tardio-roberto-villa.htm). En una línea similar, Caro Cancela,
Diego: “El canon del revisionismo y la historia local. A propósito de 1936: fraude y violencia en las
elecciones del Frente Popular”, La Voz del Sur (14-VII-2017) (https://laandalucia.lavozdelsur.es/2017/07/
el-canon-del-revisionismo-y-la-historia-local-a-proposito-de-1936-fraude-y-violencia-en-las-eleccio-
nes-del-frente-popular/). También, Martín Ramos, José Luis: “¿Fraude y violencia en las elecciones
del Frente Popular? Unas notas de réplica a Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa”, Rebelión (22-IV-
2017/6-V-2017) (https://www.rebelion.org/noticia.php?id=225669; http://www.rebelion.org/noticia.
php?id=226004; https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226271).

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de izquierdas a raíz de la fallida revolución de octubre de 1934. Tampoco hay


que olvidar que los gobernadores civiles, obedientes a Portela, también actua-
ron para favorecer a sus candidatos. Esta es otra de las carencias de la tesis del
supuesto fraude izquierdista, la evaluación de la incidencia del control de los
gobiernos municipales, en manos del centro y la derecha, y de los manejos gu-
bernativos en los resultados.
Curiosamente, en la documentación de la trama militar, apenas encontramos
alusiones a las irregularidades denunciadas en el recuento. A los conspiradores no
les importaba tanto la forma de llegar al poder como que este estuviera en manos
de sus enemigos políticos, porque el “peligro comunista” suponía el “derrumbe de
España”, según confesaba Mola a Sanjurjo en el mes de junio. Poco importa que
este peligro fuera descartado por otro de los informadores de Sanjurjo, el tenien-
te coronel Fidel de la Cuerda11. Lo relevante no era, pues, el procedimiento del
recuento, sino el resultado, no digerido por las derechas. Lo verbalizó el propio
general Sanjurjo en una carta dirigida al líder carlista Fal Conde, para convencerle
de que se sumara a la trama, a escasos días del golpe militar: había que “volver a lo
que siempre fue España”. Y desde que se formó el Gobierno del Frente Popular,
la trama militar avanzó improvisadamente (“con frustraciones y liderazgo débil”,
según Fernando del Rey), pero sin descanso, hasta su culminación. En un efecto
de lo que se ha llamado “bola de nieve”12, el “ruido de sables” creció hasta que su
propio peso lo precipitó, colapsando las instituciones republicanas. El alimento
fue la conflictividad social que acompañó el proceso, aunque, paradójicamente,
fue generada, en buena parte, y sobredimensionada mediáticamente, por los mis-
mos sectores que se acabaron sumando al golpe13.
Descendamos ahora a la perspectiva “micro”. Las elecciones del 16 de febrero
de 1936 habían vivido una pugna desigual entre las tres candidaturas presentadas
en Cuenca. Las derechas disponían del control de la mayoría de los gobiernos mu-
nicipales desde abril de 1933. La candidatura “portelista” confiaba en los manejos
del gobernador civil. Sin embargo, las esperanzas centristas se frustraron cuando
el gobernador –el republicano radical José Andreu de Castro– fue cesado, tras
dos años en el puesto, apenas unos días antes de las elecciones, por no seguir las
directrices del Gobierno de Portela. La más perjudicada por el control municipal

11
  Del Rey Reguillo, Fernando: “Los papeles de un conspirador. Documentos para la historia de
las tramas golpistas de 1936”, Dimensioni e problema della ricerca storica, 2 (2018), pp. 146-149.
  Grandío Seoane, Emilio: “Rumores a gritos: ruido de sables contra el Frente Popular (febre-
12

ro-mayo 1936)”, en J. Prada Rodríguez y E. Grandío Seoane (coords.), “Dossier. La Segunda República:
nuevas miradas, nuevos enfoques”, Hispania Nova, 11 (2013). http://hispanianova.rediris.es/11/dos-
sier/11d012.pdf.
  González Calleja, Eduardo: Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda
13

República española (1931-1936), Granada, Comares, 2015.

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Las botas sobre los votos. Las elecciones en Cuenca como decantador del liderazgo de la trama golpista de 1936

derechista y la frustrada operación gubernamental fue la candidatura del Frente


Popular. Por su parte, las derechas consiguieron un resultado tan excepcional que
ganaron las seis actas en litigio.

Cuadro 1: Elecciones legislativas de 16 de febrero de 1936 en la provincia de Cuenca


Candidatos Filiación política Votos %
Manuel Casanova Conderana CEDA 56.415 42,7
Antonio Goicoechea y Conderana Renovación Española 53.491 40,5
Joaquín Fanjul Goñi Independiente 53.277 40,3
Modesto Gosálvez Fuentes Manresa [CEDA] 52.291 39,6
Enrique Cuartero Pascual CEDA 50.609 38,3
Tomás Sierra Rustarazo P. Republicano Radical 46.429 35,1
Aurelio López-Malo Andrés Izquierda Republicana (FP) 34.753 26,3
Aurelio Almagro Gracia PSOE (FP) 32.544 24,6
Albino Lasso Conde Izquierda Republicana (FP) 31.373 23,8
José Mª Álvarez Mendizábal Bonilla Centro 31.289 23,7
Luis García Cubertoret PSOE (FP) 30.446 23,1
Jesús Martínez Correcher Centro 22.656 17,1
Cayo Faustino Conversa Martínez Monárquico Indep. 18.578 14,1
Manuel Alique 25
José Ignacio Fanjul Sedeño 10

Fuente: BOPCu, núm. 23 (21-2-1936). Ángel L. López Villaverde,


Cuenca durante la II República, p. 272.

Si analizamos la treintena de actas electorales conservadas, se confirman las irregu-


laridades14. Achacar el copo de las derechas en Cuenca a la debilidad de sus adversa-
rios15 es una burda simplificación. Basta consultar la historiografía local especializada16
para comprobar la campaña tan activa del Frente Popular en esta circunscripción, en
contraste con una derecha que no pudo contar con su líder, el general Fanjul, destina-
do entonces en Canarias. Desde luego, un resultado tan apabullante para la candida-
tura derechista, y con tanta precisión entre sus votantes para que fueran equilibrados
los votos de los seis candidatos, no se explica sin listas confeccionadas ad hoc y fuertes

14
  A diferencia del resto de convocatorias electorales, solo se publicaron los resultados de treinta
municipios, incluida la capital. Tampoco se han conservado las actas de la Junta Provincial del Censo
Electoral ni las remitidas a la misma desde las distintas mesas electorales, por lo que es imposible averiguar
con precisión el nivel de fraude.
15
  Álvarez Tardío, Manuel y Villa, Roberto: 1936. Fraude y violencia… Sobre Cuenca, vid.
pp. 415 y 434.
16
 Vid. López Villaverde, Ángel Luis: Cuenca durante la II República…, pp. 262-280.

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presiones municipales. Así lo denunciaron tanto las izquierdas como el candidato


gubernamental y ministro de Agricultura José María Álvarez Mendizábal.
Las denuncias de las irregularidades obligaron a las Cortes a anular sus resul-
tados. La provincia de Cuenca fue una de las dos que pusieron de nuevo las urnas
el 3 de mayo de 1936. Deberían haber sid