Você está na página 1de 10

El sentido de la historia en las ciencias sociales

Existen múltiples definiciones de la historia, pero casi todas coinciden en


señalar que es el estudio de los acciones humanas reflejadas en el pasado. La
historia, al igual que el resto de las disciplinas sociales , permiten al hombre
obtener conocimiento sobre la realidad. Luis Villoro señala que ese
conocimiento: "le otorga una orientación permanente y segura de sus acciones
en el mundo". La necesidad de dar una explicación a los fenómenos que se
presentan en la realidad en que actúa el hombre, debido a las implicaciones
que tienen para él, lo obligan a tratar de darles una explicación, de llenarlos de
contenido lógico que les de una coherencia y permitan garantizar cierto control
sobre ellos.

No hay conocimiento que no sea consecuencia directa de las dudas que surgen
de la interacción del hombre con su medio. La historia y las ciencias sociales
siguen ese mismo movimiento. Las ciencias sociales en su conjunto intentan
interpretar los fenómenos generados a parir de la acción directa del hombre
sobre su entorno y sus semejantes. La acción puede ocurrir tanto por omisión o
acción, y repercute en la manera en que se configura la realidad social. Las
ciencias sociales se encargan de estudiar de manera general a las acciones del
hombre y sus consecuencias, intentándoles dar una explicación lógica y
coherente, alejada de interpretaciones mágicas o de carácter sobrenatural,
ajenas de la propia acción humana.

Se busca pues, con ambas (tanto la historia como las demás disciplinas
sociales) establecer una orientación del hombre en su medio. Reducir el
margen de incertidumbre en su accionar con el medio que le rodea. La
necesidad de indagar en pasado surge de las necesidades que se imponen en
la vida cotidiana. El conocimiento no es fruto del placer por conocer, sino el
intento del hombre por resolver los problemas que lo aquejan en su vida
cotidiana. Según Villoro,la necesidad de comprender el presente es la que
impele a los hombres a indagar en el pasado para la búsqueda de las
respuestas:

el estudio de la historia parte del presente, el presente plantea las


interrogantes que incitan a buscar en el pasado. La historia intenta dar razón
de nuestro presente concreto.

Como podemos ver, el centro de análisis tanto de la historia como de las


ciencias sociales es la acción humana. La diferencia, aparente, es que la
historia se ocupa de hechos que sucedieron anteriormente, en el pasado,
mientras que el resto de las disciplinas se ocupan del análisis de la realidad
presente, aunque este análisis muchas veces debe hacer alusión al pasado.
Carr lo señala tajantemente:
Los científicos, los especialistas de las ciencias sociales y los historiadores se
encuentran todos trabajando en distintas ramas del mismo estudio: el estudio
del hombre y de su mundo circundante, de los efectos de este sobre el hombre
y de los efectos del hombre sobre el mundo que lo rodea. El objeto que se
propone alcanzar la investigación es el mismo la comprensión y la dominación
de su ambiente por el hombre.

El presente ensayo considera tres puntos, tres posibilidades, sobre la función


de la historia en las demás disciplinas de las ciencias sociales. No son las
únicas sino las que pude descubrir. La primera se refiere a la función de la
historia para mostrar la unidad de la realidad social a los científicos sociales; la
segunda deriva directamente de la primera y es en cuanto la historia y su
método como punto de partida para el análisis de la realidad social mediante la
extrapolación a las ciencias sociales de sus técnicas de investigación y
consideraciones acerca de la naturaleza de su objeto de estudio . La tercera y
última posibilidad que exploro se refiere a la utilización de la historia como
herramienta imprescindible del científico social.

La historia y su método; guía de acción para las ciencias sociales

El hombre, para el entendimiento y manipulación de su realidad, ha dividido en


dos grandes sectores el cúmulo de conocimientos y métodos que derivan de la
comprensión de su entorno. Aunque la división es artificial, ya que la realidad
es única e indivisible, le permite al hombre facilitar el proceso de comprensión
de la realidad. Así tenemos por un lado a las ciencias naturales, referentes al
estudio de los fenómenos de la naturaleza , y las ciencias sociales enfocadas al
estudio de los fenómenos derivados de la acción humana.

La división no termina ahí, entre el mundo natural y el mundo social, sino que
más aun cada una de este gran grupo de ciencias se subdivide a su vez en
diversas disciplinas, como por ejemplo la economía, la sociológica, la política,
la historia, etc. para el caso de las ciencias sociales; mientras que en las
ciencias naturales encontramos a la botánica, la zoología, la biología, etc. Esta
división, como ya he mencionado., nace de la necesidad de aprehender a una
realidad sumamente compleja, para lo cual e hace una disección del objeto de
estudio. Aunque la realidad es una, siendo artificial la división entre el mundo
natural y el social.

Reflejo de esto lo podemos encontrar en disciplinas de reciente aparición que,


para la explicación de los fenómenos que son su objeto de estudio, deben de
partir de una explicación e investigación multidisciplinaria, esto es deben
recurrir a los métodos y conocimientos aportados por oras disciplinas.
Encontramos en este rubro por ejemplo a la ecología, la economía política, la
geografía humana, la etnobiología, la econometría, etc.
Así, la necesidad de aprehender la realidad impele a los hombres a integrar los
conocimientos y métodos de distintas disciplinas, aunque algunas veces los
resultados no son tan exitosos como se esperaba. Esto ha venido sucediendo
sólo recientemente, como producto de una renovación del pensamiento social
luego de la crisis que sufrió en la primera mitad del siglo XX.

La visión de finales del XIX y principios del siglo XX acerca de la humanidad y


su futuro condensada en las ciencias derrochaba un exceso esperanza, por no
decir ingenuidad, sobre sus infinitas posibilidades. El camino hacia el progreso,
de la mano de la ciencia , parecía estar libre de obstáculos. Esta visión se
reflejaba en las interpretaciones que hacia el hombre sobre su pasado,
presente y futuro. Se mostraba sólo un camino permanente y de tendencia
ascendente desde el origen de la civilización, con los griegos y romanos, hasta
aquellos días rumbo al progreso.

Los agoreros que predecían el colapso de la sociedad (Marx, Freud, etc.)


parecían más locos de atar que verdaderos pensadores; aunque ellos basaban
sus estudios en una representación de la realidad como totalidad. La
turbulencia que señalaban estos teóricos y que reptaba debajo de la aparente
estabilidad y tranquilidad de la sociedad no eran mas que meras fantasías. Por
un lado la razón conducía el actuar de los hombres, y no el subconsciente, y
por el otro la sociedad estaba exenta de cualquier turbulencia social, producto
de la lucha de clases.

Sin embargo esta visión idílica de la sociedad se resquebrajaría brutalmente


con sendas guerras Mundiales , que reducirían a la cuna de la civilización
occidental a meras ruinas. El proyecto de la modernización, basado en la
razón, mostraba grietas y se colapsaba al mismo tiempo que millones de judíos
eran sacrificados.

La pérdida de la inocencia, luego de las guerras, obligó a replantear la forma


en que el hombre pensaba su entorno. Nada parecía ya inmutable o intocable,
la misma carencia de comprensión de la realidad que se tenía obligaba a la
sociedad a replantear bajo nuevos esquemas los mecanismos por los cuales
accedía a la interpretación de su realidad. Ni la física clásica estuvo exenta,
Einstein derrumbó los principios sobre los cuales el hombre había considerado
a la materia por mas de 500 años, afortunadamente no terminó en la hoguera.

La historia, otro pilar sobre el que se construía el futuro (aunque venida a


menos por los avances en las ciencias duras), también enfrentó esta crítica
generalizada en contra de los preceptos que la habían guiado durante toda su
trayectoria. Más aún, al ser el ámbito dedicado por excelencia al estudio de la
actividad humana (la sociología, la ciencia política y el resto de las disciplinas
aún estaban en pañales) se le reprochó excesivamente el no haber advertido
sobre las tempestades que se cernían sobre el hombre, fue incapaz de predecir
las guerras.

Se presentó entonces una renovación general de la historia que implicó la


refundación de las ideas acerca de la misma realidad social, la objetividad del
conocimiento científico, la relación entre el sujeto cognoscente y el objeto de
estudio, la historia como encadenamiento de las acciones humanas etc.

Se reconocía, de entrada que la realidad era única e indivisible. Se imponía la


necesidad de ya no realizar mas estudios históricos fragmentarios en los cuales
la mera recopilación de datos era más que suficiente. Se necesitaba de dar
sentido a esos datos y para hacerlo se recurrió a un enfoque en el cual se
empleaban los recursos de las nacientes ciencias sociales (economía y
sociología) con el fin de darle sentido a los datos presentados.

El estudio mismo de la historia revelaba la unicidad de la realidad social al


hacer imposible la explicación de los acontecimientos históricos sin recurrir a
los factores económicos, políticos y sociales. Era imposible comprenderlos sin
considerar antes las múltiples implicaciones del fenómeno. Esta necesidad
surgió sólo cuando se intento interpretar la historia, de conocer el por que de
las cosas olvidándose del simple conocer lo que realmente ocurrió. Al intentar
establecer la explicación de los fenómenos, una explicación lógica y coherente
basada en datos fríos y comprobables se hizo necesario esto.

Junto con esto se renovó la idea de la causación de los fenómenos sociales, de


la comprensión de los fenómenos sociales como consecuencia directa d un
proceso mucho más complejo del que forman parte. Los acontecimientos no se
producían por generación espontánea sino que respondían a l evolución de
procesos que podían identificarse no con mucha dificultad a partir del
encadenamiento de circunstancias.

Se planteó el estudio de la historia como un estudio de causas, Carr establece


algunas condiciones para darle una explicación causal a los fenómenos, para
incorporarlos a un proceso social que los llene de sentido:

• se le deben asignar varias causas al acontecimiento, se debe reconocer


que es resultado de un conjunto heterogéneo de causas económicas,
políticas, ideológicas y personales

• se debe alejar la idea de que las acciones humanas no tienen causa y


son producto del libre albedrío

• se debe establecer una jerarquía causal que fije las relaciones entre una
y otra debido a la multiplicidad de factores causales que hacen acto de
presencia de acuerdo a su relevancia histórica
• el azar sólo puede acelerar o retardar los acontecimientos pero no puede
alterar de modo alguno su curso

• se debe distinguir entre causas racionales y las accidentales; las causas


racionales conducen al establecimiento de generalizaciones, mientras
que las accidentales no pueden de ningún modo conducir a
generalizaciones

No cabe duda que estos postulados para el manejo de las relaciones causales y
la determinación de los acontecimientos dentro de los procesos sociales
resultan de mucha utilidad para el análisis social también. La necesidad de
comprender que los fenómenos no son de carácter extraordinario y único,
represento un paso muy importante en el desarrollo del las investigaciones
dela realidad social.

Otro de los puntos considerados en esta renovación fue el de la objetividad en


la investigación. Se consideraba anteriormente que la objetividad en las
ciencias sociales y la historia estaba dada por la ausencia de juicios de valor en
el desarrollo de la investigación; la labor de científico social era la mera
recopilación de datos sin intentar influir directamente en la determinación de
su objeto de estudio.

Esto limitaba la actividad del investigador y desconocía la interrelación entre


sujeto cognoscente y objeto de estudio. Se olvidaban que no podía un
investigador abstraerse de la realidad social de la que formaba parte para
poder estudiarla. De esta manera, reconociendo la interacción entre el objeto y
el sujeto cognoscente se determinó que la objetividad no estaría ya
determinada por la ausencia de juicios de valor, de interpretaciones del
investigador, sino a partir de la distinción entre los datos reales e importantes
y los datos no tan importantes.

Sin embargo, esta tendencia renovadora de la historia, condensada en los


textos de Carr, Bloch, Braudel, etc. parece que acabó mal, que a fin de cuentas
se desvirtuó su propósito inicial y no concluyó con la tarea renovadora del
estudio de las ciencias sociales. Luego de comprender la unicidad del mundo
social, el siguiente paso era el establecimiento de un método de estudio
apropiado para su investigación, que estableciera conceptos y categorías para
su estudio para que la división de la realidad social fomentada por
aproximaciones fragmentarias concluyera.

Florescano nos señala el panorama de este movimiento a principios de la


década de 1980, el primer paso fue criticar los logros alcanzados y el sentido
mismo del movimiento. Esta crítica argüía:

la falta de una clasificación mínima de los supuestos teóricos y metodológicos


para tal fin (... no construyeron en el proceso de reformulación) una plataforma
epistemológica que uniera los fines de las ciencias sociales con los de la
historia, de manera de crear una teoría del conocimiento dirigida a explicar las
relaciones sociales de los hombres y las modalidades de sus cambios en el
tiempo (.... lo que condujo a no) explicar con rigor las relaciones entre uno y
otro de los múltiples "territorios" en los que penetraba. (El resultado fue que)
los historiadores tengan hoy por objeto de estudio muchas unidades parciales
de análisis, que en el análisis concreto se ordenan por yuxtaposición o
agregación, sin que esta forma fragmentaria de recuperación de la realidad
pueda dar cuenta de las relaciones causa efecto entre ellas ni explicar sus
interacciones o el por que de sus transformaciones divergentes.

Pese a esto, considero que las lecciones aprendidas en este proceso


experimental de reformulación del análisis de la realidad social debe de ser
considerado en el debate epistemológico contemporáneo que involucra a las
ciencias sociales.

Aunque hay que reconocer que muchos de los postulados enunciados por el
nuevo pensamiento histórico ya habían sido formulados con anterioridad por el
materialismo histórico y dialéctico. Lo novedoso, a mi parecer, es que la ciencia
occidental retomara los principios epistemológicos de este método científico
social para intentar renovar las ciencias sociales occidentales.

Ideas como la concreción del mundo real, sobre la realidad como única e
indivisible, los procesos históricos, la interacción entre objeto y sujeto
cognoscente, etc. Eran temas ya abordados con anterioridad por el
materialismo histórico. Sólo la descomposición generalizada de la sociedad y la
incapacidad de las ciencias occidentales por dales siquiera una explicación, no
digamos una solución, obligó a replantear el corpus teórico. La historia fue la
cabeza de playa para la renovación.

La historia era la ciencia dedicada al estudio del hombre más antigua y la que
más mostraba sus limitaciones. Los problemas contemporáneos que afectan a
las ciencias sociales, luego del aparente fin de las ideologías, reproduce la
situación de principios del siglo XX. La solución quizás este en la revalorización
del materialismo histórico como método para la comprensión de la realidad
social.

La historia como herramienta en la investigación social

En este apartado se intenta ver la función de la historia y sus conocimientos


como tema de la investigación social. Esta función se origina de la propia
naturaleza de la realidad social. Se ve aquí a la historia como elemento central
para la indagación científica, constituyéndose en investigación básica de las
ciencias sociales.
Las demás disciplinas de las ciencias sociales se ocupan del estudio de las
acciones humanas encadenadas que van constituyendo procesos sociales que
perduran y se desarrollan a lo largo del tiempo. Se intenta pues explicar el
desarrollo de estos procesos y su manifestación sensorial en el presente. Los
fenómenos sociales que percibimos sensorialmente en la actualidad no son
fenómenos aislados, sino que forman parte de procesos, de encadenamiento
de acciones y voluntades humanas, por lo que para su cabal explicación es
necesario referirse a la gestación y desarrollo de los procesos de loa que
forman parte.

Por ejemplo, no se puede explicar el reinicio de una carrera armamentista


entre la India y Pakistán solamente a partir del ascenso de un gobierno
ultranacionalista en la India: más bien debemos referirnos a los orígenes
mismos de estos países, a la separación de Pakistán de la recién independizada
India. Como se ve, no basta con la percepción sensorial del presente para
explicar un fenómeno, no debemos estudiar los fenómenos aislados sino
enmarcarlos en procesos sociales mucho más complejos.

La primera aproximación, luego de la definición y delimitación de nuestro


fenómeno a estudiar, consiste en buscar en el pasado, recurrir a la historia y
sus conocimientos, para rastrear los orígenes del proceso en cuestión. Pero,
como señala Carlos Pereyra, la investigación no debe concluir ahí:

el conocimiento de las circunstancias a partir de las cuales se gesta una


coyuntura histórica es indispensable para captar la peculiaridad de esta
(aunque...) saber como algo llegó a ser no supone todavía reunir los elementos
suficientes para explicar su organización actual

No cabe duda sin embargo que es necesario un profundo conocimiento del


desenvolvimiento a lo largo del tiempo del proceso del que forma parte el
acontecimiento que queremos explicar. Debemos conocer como se desenvolvió
para poderlo explicarlo aunque la mera descripción del proceso en sí a lo largo
del tiempo no debe ser el resultado final de nuestra investigación.

Existe otro problema, el determinar en hasta que momento en el pasado se


debe indagar en busca de las respuestas del presente, en que momento es
cuando el proceso en cuestión muestra ya sus características básicas. El
estudio retrospectivo deberá de realizarse de acuerdo a las propias
necesidades y objetivos que se planteen en la investigación. Así, de acuerdo
con la propia investigación se determinarán los lapsos históricos a los cuales se
deberá hacer referencia.

De esta manera, por ejemplo, si alguien quiere conocer las razones por las
cuales se da sepultura a los muertos en la actualidad (pregunta derivada quizá
de un problema contemporáneo como lo es la sobrepoblación en los
camposantos y en la búsqueda de su solución) no basta con indagar hasta el
siglo XIX, donde se descubre que a los muertos también se les entierra y por lo
tanto concluir que "por una añeja tradición los hombres son enterrados al
morir". En este caso, para poder resolver satisfactoriamente la respuesta,
pensando ya en actuar a partir del conocimiento obtenido, la búsqueda de la
respuesta nos lleva a los orígenes mismos de la concepción sobre la muerte en
el mundo occidental.

Los problemas al trabajar con el pasado en busca de la evolución temporal de


los procesos sociales no se remiten a la determinación del rango histórico ni a
la determinación de los acontecimientos. Se sitúan también en la manera de
seleccionar los datos a analizar, en definir cuales son los acontecimientos
históricos importantes para el desenvolvimiento del fenómeno y cuales no lo
son. La relevancia o irrelevancia de los acontecimientos históricos estará
determinada por la interpretación que les de el investigador de acuerdo a los
objetivos y necesidades de su investigación. Un fenómeno será relevante en
cuanto modifique, refuerce o elimine las tendencias generales del proceso
estudiado.

El investigador deberá determinar cuales hechos son relevantes para la


explicación del fenómeno. Pero no sólo deberá buscar los acontecimientos
históricos que reafirmen sus postulados originales, sino que está obligado
también a considerar los fenómenos que contravienen a las hipótesis de
investigación, que no estén perfectamente de acuerdo con la interpretación
original del problema. Esta última situación no deberá verse como un
problema, ni como una deficiencia en el proceso de planeación y ejecución de
la investigación sino como una oportunidad para el replanteamiento de la
investigación a partir de la refutación de las primeras aproximaciones al tema
en aras de mejores resultados, partiendo de un estudio más profundo del
fenómeno.

A medida que el hombre vaya conociendo aún más sus objeto de estudio,
aparecerán nuevas dudas, nuevas interrogantes ante las cuales se debe
desarrollar la capacidad analítica del investigador para intentar resolverlas.

Otro elemento a considerar se refiere a las propias fuentes del análisis


retrospectivo. La indagación histórica se dificulta debido a que el investigador
no puede ya asimilar sensorialmente los fenómenos del pasado. No puede ver
por si mismo lo que ocurrió en el pasado y la única forma que le permite
aproximarse a él son las referencias hechas por otros hombres que si tuvieron
la oportunidad de captar directamente el fenómeno en cuestión.

De esta manera el investigador que indaga en el pasado muchas veces tiene


restringido su campo de acción , las referencias no son las que el quisiera sino
las que sobrevivieron al paso del tiempo. Le ayudan a orientarse en este
proceso documentos, restos arqueológicos o arquitectónicos etc. El problema
consiste básicamente a la autenticidad y legitimidad de la información a partir
de la cual se realizará el análisis retrospectivo. El problema principal estriba en
la reconstrucción del pasado.

La reconstrucción del pasado se realiza de manera parcial y pragmática de


acuerdo con los intereses de los hombres que deciden y gobiernan el momento
en que se escribe y redacta la historia. El triunfador reinterpreta y redefine la
historia de acuerdo a su propio proyecto de dominación. Así, el material de
trabajo no constituyen recopilaciones que nos muestren lo que realmente
sucedió sino lo que más convino a la élite; otras interpretaciones alternas y
contradictorias no existen o no están disponibles.

De esta manera nuestra base empírica no son más que interpretaciones ad hoc
de la realidad. No existe la certeza de que la información que nos llega del
pasado en forma de documentos u obras monumentales sean en sí válidas,
representen realmente la realidad en otros tiempos permitiendo un bosquejo
de este pasado.

Nos movemos no en una base firme sino en un bloque nebulosos e


impenetrable. La incertidumbre permanece y nos motiva a mantener una
actitud crítica permanente, a no intentar establecer principios inmutables.
Redescubrimos la relatividad y lo inacabado de nuestro conocimiento; de ahí se
parte que la comprensión de la realidad nunca será un asunto concluiído.

Pero si la incapacidad de aprehender sensorialmente los fenómenos del pasado


resulta un problema, la capacidad de ser contemporáneo a ellos impone
también ciertas trabas. El problema que se presenta con los acontecimientos
más recientes, más cercanos a nuestro presente, es que no percibimos a aún
su importancia dentro de la evolución del proceso social que estamos
estudiando. Se necesita para valorar realmente su importancia ver de que
manera condiciona y determina la realidad futura.

Las consecuencias de nuestros propios actos, la mayoría de las veces, no se


percibe en el mismo instante en que se realizan. Las fuerzas que se
desencadenan a partir de ellos se revelan lentamente y no es posible percibir
su verdadera magnitud sino hasta ver como ha transformado o reforzado las
tendencias en el proceso social que se está estudiando. Es por eso que muchas
veces es casi imposible registrar los acontecimientos del presente. Sólo a
medida que el proceso continúa se podrán ver los resultados finales de la
acción humana.

Las ciencias sociales se nutren en el desarrollo de su investigación de la


información proporcionada por la historia. La historia es en si materia de
análisis de las ciencias sociales. El estudio de la evolución de los procesos
sociales, en aras de comprender sus representaciones fenomeicas, obliga al
investigador a indagar en el pasado en búsqueda de la respuesta a las
preguntas que se plantea en el presente.

La historia se convierte así en un elemento importante para la explicación de


los fenómenos sociales, sin ella muchas interpretaciones serían imposibles. El
problema principal que se plantea es la manera de utilizar ese acervo empírico
que está disponible para el investigador.

Las maneras de utilizar esta información son varias, en el libro de el taller del
historiador se nos muestran distintas aproximaciones a la historia; pero a pesar
de esto se mantienen en todas ellas características comunes, elementales, que
guían las distintas investigaciones. Los principios enarbolados en la
reformulación metodológica de la historia se mantienen y sirven de guía no
sólo para la investigación histórica sino también para la social.

BIBLIOGRAFIA

Anderson Perry Transiciones de la antigüedad al feudalismo, México, Siglo XXI,


1979

-----, El Estado absolutista, trad. Sanntos Julia, México, Siglo XXI, 1979.

Bagú, Sergio, Tiempo, realidad social y conocimiento, México, Siglo XXI, 1980.

Bloch marc, introducción a la historia, México, FCE, 1952.

Braudel Fernand, La historia y las ciencias sociales, España, Alianza, 1974

Carr Edward, ¿Qué es la historia?, España, ariel, 1985

Curtis, El taller del historiador, México, FCE, 1986.1

Pereyra Carlos, Luis Villoro, Arnaldo Córdova, et al. Historia, ¿Para qué?,
México, siglo XXI, 1980