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Colegio San Antonio – 4º B – Historia – Prof. Lardizábal.

Trabajo práctico: límites del modelo agroexportador.

Fecha de entrega: viernes 9 de abril


Actividad nº 1

A partir de la lectura del texto y de los mapas que aparecen a continuación, respondé las
siguientes consignas:
a) Explicá cuatro motivos por los cuales los empresarios ingleses estuvieron muy
interesados en invertir en ferrocarriles en la Argentina.
b) Establecé una relación entre el trazado de las vías férreas y la estructura económica que
adquirió el país.
c) ¿Qué críticas realiza el autor (Scalabrini Ortiz) a la instalación de los ferrocarriles?

FERROCARRILES Y DEPENDENCIA ECONÓMICA

Todo progreso argentino daña alguna partícula de la hegemonía inglesa. Toda


industria argentina desplaza una industria similar inglesa o de alguno de sus
satélites, con cuyos productos ella comercia. El zapato o el traje confeccionado en la
Argentina, disminuye la ganancia de una tejeduría inglesa, de una compañía naviera
y de una empresa ferroviaria. Si se descubriese y explotase algún gran yacimiento
metalífero, miles de desocupados irían a engrosar las legiones parasitarias de los sin
trabajo, muchos altos hornos se extinguirían, muchos buques navegarían en lastre.
Mantener inactivos esos yacimientos sería, en ese caso, la lógica de la política
inglesa.
El instrumento más poderoso de la hegemonía inglesa para lograr sus propósitos
entre nosotros es el ferrocarril. El arma del ferrocarril es la tarifa. Las tarifas juegan
un papel preponderante en la vida de un pueblo. Con ellas se pueden impedir
industrias, crear zonas de privilegio, fomentar regiones, estimular cultivos especiales
y hasta destruir ciudades florecientes. Es un arma artera, silenciosa.
Así, tenemos, por ejemplo, que la bolsa de harina remitida por vía Central Argentino
desde Rosario a Mendoza, con 814 kilómetros, paga $ m/n $ 26,26, y en cambio
remitida desde Córdoba con 715 kilómetros, paga $ m/n 32,67. La bolsa de harina
cargada en Buenos Aires con destino a Salta paga $ m/n 2,06 por 1.600 kilómetros.
Enviada desde Córdoba paga $ m/n 2,53 por 882 kilómetros. Naturalmente los
molinos de Córdoba debieron cerrar, salvo los que estaban en combinación con los
mismos ferrocarriles, y el salteño tiene forzosamente que alimentarse con harina
molida en Buenos Aires. Análogas cosas ocurren con la cal, granito, mármoles, etc.,
cuyas canteras han debido cerrarse en su mayor parte, mientras se introducen al país
mármoles y cementos que compiten ventajosamente con aquellos.
Relatamos entonces algunos ejemplos de elaboraciones elementales, no de
verdaderas industrias. Si algún provinciano emprendedor quiere utilizar la valiosa
mano de obra de su Provincia, como una maldición caen sobre él las tarifas
ferroviarias. Es imposible fabricar cigarrillos en los centros tabacaleros, hilar y tejer
en los centros laneros, destilar maderas en las zonas boscosas. El imperativo de
primitivismo y aniquilamiento cierra todos los horizontes a la actividad humana. En la
provincia de Corrientes, por ejemplo, cuya población fue particularmente diestra para
la tejeduría, ya no se puede ni lavar la lana que se envía a los centros consumidores.
Ahora los cargamentos de lana deben embarcarse tal como se esquilan. Porque si se
lava en Corrientes, el aumento de flete para la lana lavada supera en mucho el
incremento del precio del producto.
En conclusión el ferrocarril extranjero extendió el área comercialmente cultivable con
cereales y el perímetro de las praderas aprovechables para la cría del ganado, pero
impidió sistemáticamente el comercio interior y las industrializaciones locales. El
ferrocarril fue el arma primordial de que se valieron los extranjeros para sofocar todo
progreso que de alguna manera pudiera hacer vacilar su hegemonía. Fueron, los
nuestros, ferrocarriles coloniales destinados a mantenernos en la rutina sin salida del
primitivismo agropecuario. Tal es la triste consecuencia que se deduce de nuestra
historia ferroviaria, y tal fue la misión para la cual fueron construidos.
El poder financiero interno de las empresas ferroviarias, es decir, la suma de
caudales que anualmente manejaban, ha sido apenas ligeramente inferior a los
caudales de que disponían los gobiernos.
Los fondos que los ferrocarriles extraían anualmente de la economía argentina
carecían de todo control y fiscalización, tanto en su percepción como en su inversión;
por eso el poder de corrupción de los ferrocarriles era prácticamente
inconmensurable.
Párrafos seleccionados de Scalabrini Ortiz, Raúl. Política Británica en el Río de la Plata e Historia de los Ferrocarriles
Argentinos. Editorial Plus Ultra.

Los beneficios otorgados por el Estado al capital extranjero


“Para fomentar la inversión extranjera en ferrocarriles, el Estado comenzó
garantizando a las empresas beneficios mínimos que llegaban hasta el 7% del capital
empleado… Las concesiones de tierras adyacentes a las vías, la introducción de
materiales libres de derechos y, finalmente, la Ley Mitre de 1907, que eximía a las
empresas del pago de todo tipo de impuestos nacionales, municipales o
provinciales… constituyeron un poderoso estímulo para la inversión ferroviaria.”
Rapoport, Mario. Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000). Ed. Macchi.
Actividad nº 2

Leer las fuentes que aparecen a continuación y luego responder:


a) Sintetiza los argumentos de Juan B. Alberdi en defensa del modelo económico
implementado en Argentina entre 1880 y 1914.
b) ¿Qué críticas se desprenden del texto de Ciafardini (Fuente 2) a esas opiniones?

Fuente 1
“La América del Sud depende industrialmente de la Europa, en provecho, no en perjuicio de la libertad.
Cuando yo digo que Sud América depende industrialmente de la Europa, no lo señalo como una calamidad
que la política económica debe tratar de remediar por leyes protectoras de las industrias nacientes. Al
contrario, esa falta que debe al error del sistema colonial español, se torna hoy en provecho de su
civilización porque la liga más estrechamente con la Europa industrial, es decir, con Inglaterra, Francia,
Alemania, etc., que es lo más civilizado del mundo.
Teniendo a la Europa más civilizada por su fabricante universal y favorito, teniendo en ella el taller que la
provee de muebles, vestidos, objetos de artes liberales, máquinas de locomoción y de agricultura, ¿qué le
importa carecer de esas industrias, si tiene productos de riqueza natural, para comprar a la Europa los
productos de su industria?”
Juan Bautista Alberdi. Citado en Terán, O. Alberdi Póstumo, Puntosur editores, Buenos Aires, 1988.

Fuente 2
“La Argentina entra de lleno en el mercado mundial con modalidades similares a las contemporáneas
en la segunda mitad del siglo XIX. Y lo hace no precisamente a partir de la formación de una economía
compleja, en lo fundamental autodeterminada, sino con la modalidad de una especialización extrema
convirtiéndose, como por lo general las naciones oprimidas de aquel entonces, en mera exportadora de
materias primas y alimentos.
(...)La Inglaterra industrial que abre sus mercados a los productos agropecuarios extranjeros, se
convirtió en poco tiempo en el polo dominante de una relación que tendría en el otro polo a la economía
argentina agroexportadora, subordinada, dominada y especializada en extremo.
(...)Debe identificarse pues al elemento interno de la sociedad argentina que hacía posible este tipo
de complementación, al otro miembro de la alianza histórica que configura y va afianzando un esquema
económico y social de complementariedad subordinada. Se trata de los grandes terratenientes,
fundamentalmente de la pampa húmeda, una clase social que se tiene por fundadora del Estado argentino
moderno; la clase más poderosa de la sociedad argentina desde sus orígenes aún desde los tiempos
coloniales; la dueña de la tierra, es decir, del medio de producción histórico fundamental de nuestra
economía (principalmente las praderas pampeanas); cuyos privilegios, basados en la propiedad territorial,
requerían sin embargo para perpetuarse, y aun afianzarse, que la sociedad no se complejizase
descontroladamente encaminándose por la vía de una industrialización precoz.
(...)Pero éste no es el único modo desde el cual una nación oprimida puede encontrar su
complemento en un centro imperialista: está el otro aspecto, que es el de las inversiones de capital
extranjero(...)
Entonces, en los años locos de principios de siglo, mientras la Argentina se presentaba como
extremadamente próspera, como Meca de inversiones en escala internacional, su economía estaba
desnacionalizándose aceleradamente”.

Ciafardini, Horacio. Crisis, inflación y desindustrialización en la Argentina dependiente. 1990.