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Antropología rural Control de lectura

Mtra.: Verónica Garza Navejas Josué E. Villegas Chim

Fay Brown, Denise (1998). “La construcción de identidad en Chemax, Yucatán”, en


Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán, núm. 204, enero-febrero1.

La autora aborda en su texto el problema de la construcción de la identidad con


relación a una localidad o lugar. Para ejemplificar el desarrollo del concepto de lugar
como proceso de construcción de identidades, nos refiere a su investigación realizada en
la zona indígena maya de Yucatán: en la comisaría de Chemax. De las preguntas que se
plantea la autora, resalta particularmente ¿cuál es la importancia del lugar en la
identidad de las personas que viven en esta comunidad? De allí la relevancia de definir
la manera en que se re-construyen las identidades cuando la comunidad afrenta
influencias externas tales como la modernidad, la desestabilización de la economía
local, la migración humana hacia los polos de atracción turística (Cancún), y por
consecuencia la recomposición de las estructuras tradicionales locales.
La autora acierta al sostener que muchas veces el sentido de la pertenencia a
un grupo social está mediado por la experiencia del lugar. Muchas variables se pueden
desprender de aquélla: lo étnico, político, económico, emocional, y cultural. También la
autora recalca que los significados del sentido de lugar no son estáticos sino dinámicos
y construidos continuamente. El proceso de esto es dialéctico: fuerzas internas que
intentan mantener sus estructuras, y fuerzas externas que presionan para el cambio.
Todas juegan un papel al momento de definir la identidad de las personas que viven
dentro y fuera de la cabecera municipal de Chemax.
Primero se contextualiza históricamente la formación de la comunidad de
Chemax. Una de las principales características a resaltar es su ubicación en la zona de
conflicto durante el periodo de la llamada “guerra de castas”. Ubicada al oriente de la
península de Yucatán –aunque la situación geopolítica de entonces no estaba definida de
tal manera, fue sitio de refugio de las comunidades mayas rebeldes. Con el paso del
tiempo los grupos rebeldes se desplazaban de la selva a la comunidad de Chemax por
“alimentos y mujeres”. Nos menciona la autora que los ancianos que ella entrevistó se
referían a estos rebeldes como “indios”; de allí la importancia de la jerarquía cultural al
momento de definirse como perteneciente a Chemax: eetcahal Chemax.
En el texto se observa la división de dos momentos históricos que vive la
comunidad chemaxeña: el tradicional y el moderno. En el primero, los datos
etnográficos e históricos le permiten interpretar a la autora ciertas características de los
pobladores chemaxeños: la referencia a su pueblo (in cah), y la jerarquía cultural para
diferenciarse de los indios y de los dzules. La membresía a la comunidad de Chemax
lleva consigo ciertos requisitos tales como trabajar de agricultor, contribuir a las
festividades locales, poseer en sí una propiedad (terreno) para cultivar. El cumplimiento
de tales labores garantiza la membresía al pueblo de Chemax, es cuestión de orgullo, de
sentido de pertenencia y aceptación a cierto grupo socio-espacial.
Existe otro grupo que vive en el centro de Chemax, pero también tiene
residencias en la ciudad de Valladolid. Estas personas no tienen la membresía antes
mencionada, sin embargo conviven con los que la tienen; son denominados como los

1
El título del artículo, tanto en el temario del curso como en la bibliografía del examen extraordinario,
lleva el nombre de “Los conceptos de lugar y de jerarquía cultural en la construcción de la identidad del
chemaxeño”; el resto de la información es la misma. Supongo es el mismo artículo, cabría revisar la fe de
erratas por algún tipo de error en la edición de la revista num. 204.

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dzules. Hay un tercer grupo que no tienen la membresía chemaxeña, ni tampoco
pertenecen a los dzules, son los indios o salvajes llamados así por los chemaxeños. No
pertenecen al cah, por lo que no gozan de los privilegios de los adeptos. Aquí es
importante el concepto de jerarquía cultural ya que los chemaxeños se refieren
despectivamente a los llamados indios al decir que son inferiores estos a los que
pertenecen a la comunidad de Chemax. El indio no tiene los requisitos culturales para
formar parte de la comunidad chemaxeña, andan con tapa rabos, viven en la selva, no
poseen terrenos, y por lo tanto no tienen cah.
El segundo momento histórico se refiere al impacto económico de las nuevas
zonas convertidas en polos de atracción de capital extranjero: el caribe mexicano. En
este contexto se ha desmantelado las relaciones sociales construidas en base a la
referencia del lugar como construcción de la identidad. Las personas se han visto
obligadas a migrar a lugares como Cancún para trabajar en la construcción de la
infraestructura turística. La referencia al cah si bien no se ha perdido, sí ha sufrido
cambios considerables en términos identitarios. Chemax ha pasó a ser una zona
marginal regionalmente en la retórica oficial nacional, un lugar de paso hacia el caribe
mexicano. La participación de los habitantes a las festividades ha disminuido en su
forma “tradicional”, aunque ha tomado otros tintes de organización. La jerarquía
cultural como medio de definición ha perdido fuerza, aunque en el lenguaje cotidiano se
sigue utilizando términos como indio, dzul, o inclusive la gente chemaxeña vista por los
segundos como atrasada.
Ahora bien, la comunidad de Chemax continúa la definición identitaria por la
referencia del lugar: el eetcahal. Esto a pesar de no contar con los requisitos antes
mencionados. Chemax se pasa a formar parte de a minoría regional que se ubica en la
clase y en la etnia. Cabe mencionar que la autora no habla de una estrategia etnopolítica
o etnobotánica como en otros grupos humanos, más bien el “ser del pueblo” no parece
contradecir las políticas indigenistas nacionales. El recurso de lo étnico en el discurso
oficial no siempre toma en cuenta la referencia empírica que tales personas utilizan para
definir su identidad en relación a un lugar (cah).
La autora concluye argumentando la importancia del estudio del lugar como
herramienta procesual en la construcción de las identidades múltiples. Esto no es para
menos, el desplazamiento de grandes grupos humanos obliga a nuevas experiencias del
lugar de los afectados ubicados en claras desventajas respecto de otros, y además a re-
plantear argumentos teóricos para explicarla. La lógica de mercado marca las pautas y la
cadencia de tales movilizaciones. Guerras, conflictos, hambrunas, pandemias, y nuevos
miedos surgen cuando un grupo humano es arrancado de su lugar de origen. Sin
embargo, el problema no sólo debe ser de interés teórico como menciona la autora, sino
también de sentido ético. No se trata sólo de teorizar sobre modos culturales que surgen
constantemente, sino participar como investigadores en los procesos de forma política
in situ más que ex situ.2 Es por ello que la mercantilización del conocimiento científico
es la última frontera que el investigador debe romper.

2
La objetividad como excusa de la apatía política del personal de investigación.