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El “beato” Juan Pablo II

Sin pretender ser exhaustivo a continuación presento un resumen del curriculum del santo
hombre de Dios:
• Encubrimiento sistemático de pederastas: Una de las labores principales del Papa
durante sus 27 años de pontificado fue el encubrimiento de forma sistemática a
pederastas como Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.
El Papa no alejó de la Iglesia a los curas acusados e incluso condenados por pedofilia. El
papá no tomó suficientes medidas, claras y firmes. Esto es especialmente singular en un
Papa que se caracterizó por su mano de hierro, presto a excomulgar y sacar de la Iglesia a
quienes lo contrariaran, por ejemplo expulso de la iglesia a los teólogos promotores de la
teología de la liberación imponiéndoles fuertes sanciones y sometiéndolos a duras criticas.
El papa promovió practicas como el cambio de parroquia que le permitían al infractor huir de
la justicia secular, al tiempo que le daban la oportunidad de volver a cometer sus actos
repugnantes en un lugar donde no lo conocían.
El hecho de no haber sancionado a eclesiásticos acusados de pedofilia, como el cardenal
austríaco Hans-Hermann Gröer y al influyente religioso mexicano Marcial Maciel, fundador
de los Legionarios de Cristo, figuran entre los grandes crímenes de su pontificado. Maciel,
quien llevaba una doble vida, tuvo varios hijos y fue condenado por abusar sexualmente de
jóvenes, fue recibido -gracias a sus buenas relaciones con importantes jerarcas del
Vaticano- en 2004 por el pontífice.
• La posición de la mujer dentro de la Iglesia Católica: En su vertiente doctrinal ha
reafirmó la doctrina católica de que la mujer no puede ser ordenada sacerdote y en su
vertiente administrativa y de gobierno, la estructura de la Iglesia, formada
íntegramente por varones ordenados, no tiene a ninguna mujer en ningún puesto
relevante. Esta situación es completamente atípica en occidente y únicamente le es
permitida a la Iglesia Católica, en un acto completo de irracionalidad de los fieles
quienes no estarían dispuestos a permitir esto en ningún otro orden social ni público
ni privado.
• La tenaz oposición a considerar, a la luz del Evangelio, la ciencia y la historia,
algunas normativas de ética sexual: Juan Pablo II se mantuvo fiel a las normas de
moral sexual emanadas de la encíclica “Humanae Vitae”, que recordaba la posición
de la Iglesia a lo largo de los siglos sobre este tema (promulgada por Pablo VI en
1968). Al igual que Pablo VI esta posición recibió críticas por algunos sectores
católicos que proclamaban un cambio de ideología y condenó también el uso de
anticonceptivos siguiendo a sus predecesores en el pontificado, representando un
obstáculo para la lucha y la prevención de enfermedades de transmisión sexual como
el sida y el control de la natalidad en países en vías de desarrollo, especialmente.
• La dura confirmación del celibato eclesiástico: Su oposición a relajar las
exigencias de celibato de los sacerdotes, especialmente después de las presiones de
muchos grupos ante los escándalos de algunos ministros en diferentes países.
• La represión de los teólogos de la liberación marxista en América Latina:
Durante su pontificado, la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces
por el cardenal Joseph Ratzinger (actual Benedicto XVI) prohibió la enseñanza a
teólogos católicos como Leonardo Boff, dentro de un exitoso movimiento para aislar y
neutralizar a los promotores de la Teología de la Liberación en América Latina, o
Hans Küng, uno de los más destacados teólogos católicos etiquetados como
"progresistas".
• Intento de imponer sus opciones morales en el ámbito civil: En materia de
asuntos relacionados con la “moral sexual”, como el divorcio, la oposición a la
anticoncepción, al matrimonio entre personas del mismo sexo, la experimentación con
carácter terapéutico con células madre, el aborto y la eutanasia, entre otros, se
destaco la interferencia de la Iglesia en el terreno de lo civil. A través de las
conferencias episcopales o mediante la participación de la Santa Sede en numerosos
organismos y conferencias internacionales, la Iglesia intenta incidir en la legislación a
la que considera en “contra de la naturaleza humana”. La iglesia amenaza con
excomunión a los políticos, sin embargo hace excepciones como en el caso de
España, donde el Rey debía firmar para su aplicación la reforma a la ley de salud que
regulaba entre otras cosas el aborto, la iglesia amenazo a todos los políticos con la
excomunión, pero explícitamente excluyó de sus amenazas al Rey Juan Carlos.
• El alineamiento del papado con las dictaduras militares de América latina: Un
claro ejemplo es la visita de Juan Pablo II a Chile (1988) bajo la dictadura de
Pinochet, donde incluso accedió a tomarse una foto con Pinochet en el balcón del
edificio donde fue asesinado Salvador Allende y además dio la comunión de su propia
mano a uno de los más sanguinarios, crueles y notorios asesinos de America Latina,
el general Pinochet. Además apoyo la labor del nuncio en Argentina durante la
dictadura militar de Pío Laghi, que, según defensores de los derechos humanos en
Argentina, apoyó tácitamente la represión llevada a cabo por los militares. Al tiempo
que esto ocurría, Juan Pablo II criticó públicamente, durante su visita a Nicaragua en
1983 a Ernesto Cardenal, por ocupar un cargo en el Gobierno Sandinista, como
ministro de educación del régimen que había derrocado la dictadura de Somoza en
1979 y aisló al obispo salvadoreño Óscar Romero, asesinado por paramilitares en
1980, a quien incluso le negó una audiencia.
• Vanidad y Shows mediáticos: Se caracterizó por su excesiva proyección externa y
su obsesión por las ceremonias multitudinarias, con la consiguiente presencia en
medios de comunicación. Ello habría contribuido a trivializar la figura del Papa, hasta
el punto de que diversos ambientes católicos le acusan de haber convertido a la
Iglesia en un "parque temático" y no en el lugar de espiritualidad profunda que
debería ser.
• La no aplicación de normas para una mayor democracia interna. El Vaticano es
una Monarquía absolutista anacrónica. Algunos grupos clamaban por un tipo de
democratización de la Iglesia, aparentemente amparada incluso en el Concilio
Vaticano II, Juan Pablo no solo hizo oídos sordos a estos clamores sino que mantuvo
su mano de hierro y verticalidad total y absoluta más propias de un dictador o
monarca que de el líder de una religión que dice seguir las enseñanzas de Jesús. Sin
embargo, el Papa de forma hipócrita clamo en diversos foros por la democracia y
critico a países no democráticos.
Compilado por: Juan Carlos Lobo Zamora.