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Sexualidad, género y juventud: análisis de un consumo cultural de

la población joven

Felicitas Valdivia Alatorre

Para dar cuenta de la compleja diversidad de manifestaciones de la sexualidad en


las y los jóvenes es importante considerar diferentes elementos que entran en
juego en los procesos de significación de lo erótico-afectivo y su interrelación con lo
genérico, significaciones que mediatizan de manera importante las prácticas
sexuales de la gente joven.

Una de las herramientas que nos permite hacer un acercamiento a los


elementos de construcción de esa realidad significativa es el análisis de los
consumos culturales, en la medida que los medios de información masiva son un
instrumento de ideologización cotidiano al que las y los jóvenes tienen fácil acceso.

El presente artículo es parte de un proyecto de investigación en la especialidad


“Estudios de género y educación”, del cual uno de sus objetivos es realizar un
diagnóstico de apoyo al diseño de procesos educativos y materiales didácticos que
promuevan la resignificación de la vivencia de género en la población joven y de la
relación que esa vivencia guarda con sus experiencias erótico-afectivas.

Este proyecto surge de la inquietud de acercarnos y replantear los modelos de


feminidad y masculinidad en la población joven, en tanto son elementos base en la
significación y vivencia de la sexualidad, principalmente en lo que respecta a las
actitudes que mujeres y hombres jóvenes manifiestan en relación con tomar
medidas preventivas y de autocuidado, y a la autodeterminación, la
corresponsabilidad y la libertad en sus prácticas eróticas y sus vivencias afectivas.

Los elementos que me interesa plantear en el presente análisis tienen como eje
los aspectos vinculados al sujeto y objeto de mi tema de investigación: jóvenes,
género y sexualidad.

A partir de esta consideración, la propuesta es revisar en el consumo cultural


elegido cuáles son las ideas de lo femenino y lo masculino y su relación con la
significación de lo erótico-afectivo.

Este elemento irá cruzado a su vez con las categorías que propone Carola
García:1

1. Espacios/tiempos
2. Personajes
3. Modelos de identidad y aspiración

He seleccionado la revista 15 a 20 (publicación mensual editada por el Grupo


Editorial Notmusa), dirigida a mujeres jóvenes, justamente porque entre quince y
veinte años es la edad de la población de mi proyecto.

La elección de esta revista se debió a que fue una referencia constante en un


sondeo de preferencias en consumos culturales que hice con un grupo de jóvenes
de características similares a quienes participaran en la investigación (aunque se
trata de una revista “para chicas”, algunos varones reconocieron haber leído la
revista “alguna vez”). Un dato interesante es que cuando busqué la revista en los
puestos de periódicos, los voceadores me señalaron que no tenían números
atrasados porque “vuelan, las chavitas se las llevan en cuanto sale”, lo cual me hizo
comprobar que la revista está en la preferencia de las jóvenes —y quizá de los
jóvenes. Los números revisados son los dos últimos que han salido al momento en
que se realiza esta investigación, correspondientes a los meses de enero y febrero
de 2001.

Presento primero una descripción general del contenido de la revista para


plantear posteriormente algunos puntos de análisis, rescatando los aspectos que se
acercan a mi tema central.

Las secciones de las que se compone la revista 15 a 20 son:

• Guapísima: en esta sección se ofrecen consejos de belleza por medio de tips de


maquillaje y peinado, rutinas de ejercicio físico (todo para “deslumbrar de día y
de noche”, para lograr “un cuerpazo de artista”, “unas manos que él quiera tocar”
o unos “labios perfectos”).*

• Fachas: esta sección corresponde al vestuario (ropa, zapatos y accesorios)


presentando la “tendencia” de la temporada para estar de moda “lucir más
delgada”, “resplandecer” y “lucir superchic”, ropa de cama para tener una
aventura —onírica— “increíble”, zapatos para “llamar la atención”, los colores de
“supermoda” con los que “júralo que ligas si te los llevas al antro”.

• En el forro: es una sección que toca temas respecto a las relaciones


interpersonales significativas para las chicas: novios y amigas principalmente,2 a
través de artículos de carácter más “científico” en los que se abordan temas como
el aborto (“¡No quiero ser mamá!”), el acné (“Scream, grita antes de exprimir”),
violencia en la pareja (“amores violentos”); test para autoevaluarse en temas
particulares (“¿Es amor o calentura?”, “¿Sabes conseguir lo que quieres?”);
artículos que describen situaciones cotidianas y ofrecen elementos para identificar
patrones de conducta en sí misma o en el otro y para decidir cómo actuar en
dichas situaciones, así como sugerencias para ser una “chica de éxito”, (“El
secreto de las más asediadas”, “Cómo ser una novia de película”, “Mejores
amigas”).

• Sana: por medio de breves cápsulas informativas (Tu cuerpo) ofrecen datos
curiosos acerca del funcionamiento del cuerpo; en un espacio tipo “buzón” las
lectoras envían preguntas sobre sexualidad a una especialista en el tema (Tu
sexualidad p&r); asimismo se presentan artículos con información científica
acerca de anatomía y fisiología sexual (Sexo y tu cuerpo, Sexo y su cuerpo).

• Ellos: se trata de un espacio de una página en la que se presenta algún tema


relacionado con los jóvenes para que ellas conozcan algunas características de la
personalidad masculina (“Descubre su mundo, su lenguaje corporal”, “Atrapado
en la red”, “Una cita a ciegas”).

• Entre trastes: además de algunas sugerencias de nutrición sobre todo para evitar
problemas de sobrepeso, se ofrecen (paradójicamente) recetas de postres o
bebidas para dejar “de angustiarte” o para “repartir tu corazón entre aquellos que
significan mucho para ti”.

• A mano: aquí se presentan las instrucciones para confeccionar una “manualidad”


de fácil elaboración y de utilidad práctica, como una caja porta CD’s o forros
intercambiables para la libreta.

• Tu mundo: presenta reportajes y entrevistas con los “talentos” del mundo


artístico (donde además de presentarlos como modelos a seguir en moda,
actitudes, conductas e ideología, refleja el mundo ideal creado en el ambiente
artístico de riqueza, éxito, atractivo, además de ser un buen promocional del
material que dichos personajes producen para consumo, tales como discos,
telenovelas, películas, etcétera).

• Etc.: ésta es una sección en la que caben diversos puntos, entre los que se
encuentran sugerencias de “m.v.p.” (música, videos y películas), correspondencia
de las lectoras donde cuentan sus anécdotas, hacen preguntas o envían mensajes
a otras lectoras o lectores (Confesionario, Cuestiones de 15 a 20, Tú hablas),
cápsulas (de ecología, de mascotas, de curiosidades, tips de internet, chismes de
la farándula), historietas, trivia para ganar productos que se anuncian en la
revista, información sobre las tiendas y precios que ofrecen los distintos
productos de moda y accesorios que aparecen a lo largo de la revista, horóscopos
y todos los etcéteras que no entran en los espacios de las anteriores secciones.

Este breve recuento nos ofrece ya por sí mismo una primera aproximación al
análisis que me ocupa: la idea de lo femenino y lo masculino (presente en los
distintos supuestos que se manejan a lo largo de la revista), manifiesta en los
espacios/tiempos propuestos para las mujeres jóvenes, el tipo de personajes que
predomina y los modelos de identidad y aspiración que se validan en la revista.

La situación espacio temporal refiere, a decir de Carola García,3 a los espacios


sociales que se muestran en el medio donde se desarrollan las actividades de las
mujeres en las revistas femeninas, en el caso de la que nos ocupa, un inventario de
espacios incluye lugares como:

• La casa, específicamente la recámara, un lugar para tener aventuras oníricas


como lo expresa un apartado de varias páginas de la sección en fachas, donde se
presenta una historia en imágenes de un viaje “a la tierra de nunca jamás” que
realiza una joven en pijamas (luciendo diferente modelo y marca en cada cuadro,
de los que se especifica en otro espacio lugar y costo para conseguir el producto),
la recámara es también un lugar para hacer castillos en el aire como lo hace la
protagonista de las historietas que aparecen en las revistas consultadas. La cocina
es otro espacio de la casa que aunque no aparece en imágenes y se menciona
esporádicamente, es el lugar que se sugiere cuando se presentan las recetas de
cocina, que si bien no es un tema recurrente como el maquillaje o la moda, está
presente en un apartado específico.

• Lugares para el ocio, entre los que se incluyen centros de recreación, tales como
bares, discos, parques de diversiones y otros espacios al aire libre, locales de
videojuegos, cines, cafés, etcétera. Estos lugares se presentan como espacios
propicios para el encuentro, para compartir con la “mejor amiga”, para “el ligue”,
para lucir o “resplandecer” y atraer las miradas masculinas y por supuesto para
divertirse; gimnasios y centros comerciales, en los cuales se pueden adquirir los
instrumentos necesarios para lograr “un cuerpazo de artista”, un “look que
deslumbre”, para “lucir superchic” o “más delgada” y conseguir los accesorios
“prendidos” que dan un “toque diferente a todo lo que te rodea”.

• La escuela es un espacio que, si bien se considera como terreno de desarrollo


académico y preparatorio a lo profesional, sobre todo por el nivel escolar de la
población a la que se dirige la revista —entre el bachillerato y la elección de la
carrera profesional—, es un tema al que se le brinda atención (aparece un artículo
sobre orientación vocacional, “Es tiempo de elegir”), parece ser más un lugar para
socializar en un ambiente en que se critica a “la matadita”, como señala un
artículo al decir que para esta “superestudiosa” “sacar un diez es lo más
importante en la vida y puede dejar a un lado su vida social, personal y
romántica”, aspectos considerados entre lo más trascendente en la vida de las
jóvenes de acuerdo con la revista.
Respecto al uso del espacio en las revistas femeninas, García Calderón señala:
“La revista sugiere ámbitos aún más cerrados al interior del hogar como propios de
las mujeres: la cocina, el baño, la recámara, se sugieren como los lugares donde se
dan los conflictos y su resolución”.4 Por otro lado, Pablo Fernández describe el
espacio doméstico como el lugar de la calidez: “En efecto, los objetos que pueblan
el baño, las recámaras o los armarios tienen la esencia de lo orgánico, vivo y, por
ende, corruptible, degradable”, señalando que según la imaginación colectiva lo
orgánico es “...todo lo que se mueve, se ensucia, se avejenta, se desordena se
ablanda, y por ello son habitantes típicos de lo privado los cuerpos sin ropa, la ropa
sin cuerpos, las cartas de amor, los álbumes de fotografías, los celos, los gritos, los
murmullos, los llantos, los canturreos, los besos, los pecados, los ceniceros
calientes de colillas... cuyo calor de organicidad hace en conjunto un lugar
acogedor”.5

El lugar de lo afectivo, de lo irracional, de lo privado, de “la ropa sucia que se


lava en casa”, elementos que han estado relacionados desde siempre con lo
femenino y que por conveniencias sociohistóricas se ha asignado exclusivo de las
mujeres y se le ha dado un lugar inferior en la escala de jerarquías sociales.

Si bien es cierto que la cultura patriarcal ha insistido en confinar a la mujer en


este espacio doméstico, considerado como insignificante para la vida social, y que
la división entre lo privado y lo público se polariza hasta lo indecible, hay ahora un
cuestionamiento consistente de este planteamiento, tanto en la teoría como en la
práctica, que ha dado lugar a nuevas significaciones de los espacios, así como a
nuevas vivencias de las feminidades que coexisten con las viejas prácticas de
reclusión en el espacio doméstico, nuevas prácticas de las mujeres respecto a su
incursión en la vida pública, lo cual ha ido transformando las relaciones intra e
intergenéricas y, por supuesto, la vivencia de la masculinidad.

Los medios masivos reproducen y promueven una visión del mundo, de los
valores, las actitudes, las prácticas sociales, los modelos de comportamiento acerca
del ser y deber ser en función de un orden social.

Las revistas para las jóvenes ofrecen una propuesta para la configuración de
una identidad genérica y generacional (ser mujer joven de hoy), y podría agregar
de clase, en donde se conforman imágenes de lo esperado y lo deseable y aunque,
como sostiene Mercedes Charles, “Los medios masivos no transgreden las normas
sociales dominantes, ni pretenden brindar elementos para la creación de
alternativas”,6 sí han modificado su discurso adecuándolo a la nueva realidad
creada en las transformaciones sociales, “modernizando” sus propuestas,
presentando personajes femeninos que se integran a la vida social y pública (que
no a los ámbitos de poder), dejando el claustro del hogar para ir a la calle, sin decir
todavía que las mujeres han tomado en sus manos la calle y sin dejar de regresar
al hogar “cálido, protector y seguro”; esto último más vale dejarlo entre comillas
según los datos de violencia intrafamiliar que se reportan.

Ahora las mujeres ya están allí, en el acontecer de la vida social, siendo


partícipes de ella y ni las condiciones biológicas pueden detenerlas (un anuncio de
toallas Always señala: “tanto que hacer y nada te quieres perder… ahora nada
podrá detenerte”, y ofrece a las jóvenes un paquete de toallas sanitarias
“¡supercool!... para que estés protegida hagas lo que hagas y estés donde estés”),
porque está puesta en el discurso la idea del derecho de las mujeres a salir de
casa, para trabajar, estudiar o ir a divertirse, y la idea de que puede participar de lo
público, aunque no en hacer lo público, lo que las mantiene a fin de cuentas sujetas
en la vida cotidiana a una práctica ideologizada.
El acceso a los espacios considerados tradicionalmente masculinos no es
suficiente para tener visibilidad, acceder al poder, ni mucho menos garantizar la
equidad, porque en los discursos contradictorios, a partir de los cuales
fundamentalmente las mujeres y la gente joven están (re)construyendo su
identidad, se encuentran y confrontan diversos esquemas en los que persisten las
ideas hegemónicas respecto a la imagen de la mujer y el hombre, y a su vez se
contraponen las subjetividades que se crean en los espacios de resistencia de la
colectividad.

La imagen de la “chica de éxito”, de “atractiva personalidad y actitud positiva”


se promueve en la revista 15 a 20 como una propuesta consistente de identidad
femenina, para la que se ofrecen toda suerte de herramientas, desde las más
pragmáticas como un “labial de larga duración”, un shampoo que deja el cabello
“tan brillante y tan sedoso que él no podrá resistirse a tocarlo”, cera depiladora en
perlas para estar “bella sin vello”, las prendas básicas del guardarropa para cada
mes, “para esa primera cita con el galán en turno”; hasta las más subjetivas como
conocer “el secreto de las niñas más asediadas”, “qué clase de amigas te rodean”,
que así como advierte de la santurrona, alerta sobre la amiga sonsacadora y la
resbalosa, las cuales son un peligro para la seguridad de la chica o del galán con el
que sale.

Por su parte, un test le permite a la lectora descubrir si lo que siente por un


chico “¿es amor o calentura?”, advirtiéndole que si en el resultado encuentra que su
relación está basada en el “alborotamiento de hormonas”, “la relación se enfriará...
o puedes correr el riesgo de que él se aproveche de eso”.

Los modelos de identidad y aspiración de las chicas sostienen la idea del


atractivo como vía de acceso a ciertos espacios de dominio otorgados por el
prestigio, la riqueza y la capacidad de seducción del otro; la belleza con base en un
estereotipo y los buenos modales de acuerdo a la moral dominante, son las bases
para posicionarse en lo cotidiano con miras en alcanzar la idea del éxito
comercializado y prometido. Y “ellos” como el ente capaz de asegurar un lugar
validado socialmente para una mujer, ellos como el vínculo de inserción a una vida
pública, aunque se siga siendo la privada señora “de”.

En razón de las relaciones sociales que entablan las mujeres en los procesos
productivos y a la atribución de papeles que la sociedad les da, este tipo de actos
se relacionan mucho más con aspectos externos al propio sujeto, con las
opiniones de otros y con su relación con el sexo opuesto, con la búsqueda de
agradar y tener éxito en aspectos sentimentales”.7

En este punto es que se ofrecen en la revista lineamientos específicos, por


ejemplo en un artículo titulado “Cómo ser una novia de película”, escrito por un
supuesto varón joven que expone las cualidades que necesita una chica “para ser la
novia que todo chavo busca”, donde se asume que todos los jóvenes esperan que
la novia “esté siempre bella”: “déjenos ser la bestia y ustedes sean la bella”, pero
eso sí, ni hacerlo esperar por estarse arreglando ni mucho menos arreglarse frente
a él; que se interese por las mismas cosas que él, “eso implica que griten como
locas y se emocionen (igualito que nosotros) cada vez que nuestro equipo anote un
gol”; que no espere un trato preferencial: “¿Ustedes querían liberación femenina,
verdad? Pues ahora aprendan a vivir con ella. La palabra ‘caballeros’ sólo sirve para
ponerla en la puerta de los baños”; que esté siempre de buen humor y si están en
“esos días, enciérrense en sus casas y no salgan con nadie”; además de hacer
saber lo “detestable” que les resulta esperar cuando las chicas se van al baño
juntas porque “¿Qué hacen ahí tanto rato? ¿Hablan de nosotros?”, o de pedir que
no los llenen de “detallitos”, porque si se les invade “con tanta melcocha, lo único
que consiguen es sofocarnos”; se sugiere que “¡No volteen a ver a nadie más! Y
mucho menos comenten enfrente de nosotros (bueno, tampoco lejos de nosotros)
que tal fulano está guapo, esto es algo que de verdad no podemos soportar...” y
aclara que si ellos lo hacen es ¡porque son hombres! Y aunque reconoce esta
actitud como machista, aclara que “es algo que vamos arrastrando desde hace
muchos años atrás y que, por más que quieran, no lo van a poder cambiar”, así
como otras cosas que pueden no gustarle a la novia en cuestión, “...no nos la
digan. Si no les gusta algo de nosotros... ¡ni modo!, nadie es perfecto”,
recordándole a las lectoras que finalmente “calladitas se ven más bonitas”; por
tanto, si la interesada en ser una novia de película cumple estos puntos, está
garantizado que encuentre y conserve al novio.

Algunas de estas ideas se refuerzan en otra sección titulada “20 ventajas de no


tener galán”, que da argumentos como “eres más independiente, pues no estás
atenida a que él te ayude a hacer tus cosas o te lleve a una fiesta”, “eres libre de ir
a donde quieras y con quien quieras”, “evitarás las terribles ¡calenturas!”, “si tienes
cólicos te puedes ir a recostar tranquilamente en lugar de fingir una sonrisa de
oreja a oreja y mantener una pose sexy delante del galán”, planteamientos que dan
por supuesto que las chicas son dependientes de ellos, que sus acciones están
sometidas a la autoridad masculina y su cuerpo a la mirada y deseos del otro,
además de insistir en que su propio deseo está fuera de lugar si no lo acompaña el
sentimiento amoroso y que incluso puede ser una experiencia indeseable.

Esto brinda elementos para reconocer la imagen de hombre joven que esta
revista para chicas propone ¡en el número especial del mes del amor y la amistad!,
que es a fin de cuentas un modelo de masculinidad hegemónica, donde la
dominación, el control, la autoridad, la independencia, la seguridad personal, la
doble moral, el desprecio a los valores considerados femeninos como la ternura, la
sensibilidad y la emotividad, son elementos predominantes en la propuesta para la
configuración de la identidad de los varones y de las relaciones que establecen con
respecto a otros hombres y a las mujeres, que incluye a la pareja, por supuesto, y
se extiende a las hermanas y otras mujeres de la familia.

Parte del planteamiento del proyecto se dirige a revisar qué tanto este esquema
sigue teniendo vigencia en la realidad de los jóvenes y si las jóvenes realmente
siguen aceptando relacionarse con base en estos parámetros.
En la misma revista hay indicios de propuestas alternativas a este
planteamiento tradicional, particularmente en dos artículos, uno titulado “¿Tu amor
lo puede cambiar?”, en donde se presentan los posibles defectos del novio o
pretendiente de las lectoras para “saber si tienen remedio o mejor ni te desgastas”,
advirtiendo sobre lo que la chica puede esperar del galán, y planteándole elementos
para cuestionar si vale la pena aceptarlo o si es posible o no generar un cambio en
él.

Entre lo rescatable de este artículo está el hecho mismo de que se aborde el


tema y se cuestione ese mito de que “el amor lo puede todo”, desde cambiar a los
otros hasta ayudarnos a “aguantar la cruz que nos toca cargar”; además de la
insistencia que hace a las chicas en que “lo importante es saber qué quieres en la
vida”, así como asumir la capacidad de decisión y de establecer límites,
cuestionando la idea de aceptar la compañía de un hombre al costo que sea.

El otro artículo toca un tema por demás sensible, la violencia en la pareja, se


titula “Amores violentos”. En la portada de la revista se anuncia con la frase: “si el
amor se pone de la cachetada, mándalo a la...”, lo cual da una aproximación muy
clara al planteamiento que se hace en el texto, un llamado a prevenir y rechazar la
violencia que las mujeres sufren por parte de los varones, sea su pareja, padre,
hermano, tíos, etcétera. Con el ejemplo de un caso narrado en un texto con
formato de un diario se describe el desarrollo de una relación de noviazgo
destructiva, advirtiendo sobre el peligro de establecer una dependencia de ese tipo
e invitando a la chica a reflexionar acerca de su relación, y si se identifica con esta
situación se le propone: “solicita ayuda, aprende a liberarte de una relación tan
violenta, lucha por recobrar tu autoestima y no olvides: el amor auténtico NO
implica sufrir”, además se ofrecen los datos de sitios de ayuda (en la ciudad de
México).

Estos planteamientos emergen ya como una alternativa a las relaciones entre


mujeres y hombres, reconociendo el derecho de las mujeres a recuperar su
dignidad y tomar control sobre sus vidas y sus cuerpos. Al respecto, Michel Bernard
sostiene:

La mirada de los demás transforma mi cuerpo en objeto y viceversa sólo si, dice
Merleau-Ponty, “nuestra mirada se hace inhumana, si sentimos que nuestras
acciones no son retribuidas ni comprendidas, sino simplemente observadas como
las de un insecto... sentimos como algo penoso la objetivación de cada uno de
nosotros por la mirada de la otra persona únicamente porque esa objetivación
ocupa el lugar de una comunicación posible...”.8

Y si bien es cierto que a lo largo de las revistas se insiste en una concepción


trivial del cuerpo como un objeto para ser visto, para la mirada y la fantasía del
otro, también hay indicios de la necesidad y capacidad de las jóvenes para
empoderarse de sus cuerpos y de sus decisiones y establecer, por ende, otro tipo
de relaciones con los hombres desde una propuesta comunicativa que idealmente
tenga un carácter dialógico, simétrico y libre.9

Este empoderamiento respecto al cuerpo está presente en distintos mensajes


que a pesar de promover el consumo de productos, ofrecen también una gama de
opciones para crear un autoconcepto de la estética y de la personalidad femeninas,
que bien puede ser un elemento lúdico y una propuesta de redefinición en la vida
cotidiana de las jóvenes. Así lo expone el artículo “El secreto de las niñas más
asediadas”, que comienza aclarando que su popularidad no está en el físico, ni en
ajustarse a un molde determinado de ser mujer, sino “lo que sucede es que cada
una de ellas tiene su propia personalidad y destaca lo mejor de ella”; por lo tanto,
sugiere a las lectoras aprender a conocerse y desarrollar sus rasgos distintivos. Es
así que “las chicas pueden utilizar estos medios para configurar, reinventar, aceptar
o traspasar los límites de la feminidad”.10

El abordaje de ciertos temas otorga a las revistas un carácter pedagógico: “La


invitación a que las chicas utilicen estas publicaciones como técnicas para adquirir
confianza en sí mismas y conocimientos sobre el sexo, sus cuerpos, amistades y
relaciones sexuales no pueden rechazarse como una forma idiotizante de
‘consumismo de masas’”.11

15 a 20 ofrece información de connotación científica que desmitifica e ilustra a


las jóvenes respecto a temas sexuales, en los apartados “Tu sexualidad P&R” y
“Sexo y tu/su cuerpo”; en la sección Sana las lectoras obtienen respuesta a sus
dudas respecto al funcionamiento de su cuerpo y el de los varones; llama la
atención un artículo acerca del aborto titulado “¡No quiero ser mamá!”, en el que se
hace una exposición desprejuiciada del tema, desmitificando algunos argumentos
en contra del aborto que, sin hacer una promoción de esta práctica, sí ofrece
información para que las lectoras puedan formarse un juicio más imparcial.

Como señalan Carrington y Bennett: “Nos parece obvio que estas herramientas
textuales pueden desempeñar una función fundamental y muy positiva para ayudar
a las chicas a abordar la complejidad y la ansiedad del desarrollo personal que
invade su formación pedagógica”;12 asimismo, los diversos elementos que se
presentan “...proporcionan a las chicas las técnicas necesarias para deshacer y
rehacer el ajuste sexual, para experimentar con su identidad sexual, para negar el
carácter natural de un único estilo femenino y, por tanto, para romper las imágenes
dicotómicas de la feminidad y la masculinidad”.13

He destacado algunos elementos interesantes que nos ayudan a desenmarañar


los discursos respecto a los espacios/tiempos, a los personajes y a los modelos de
aspiración e identidad que la revista ofrece a su público consumidor como recursos
para la construcción de lo femenino y lo masculino entre la gente joven.

Con atención tanto en lo explícito como en lo implícito, en el análisis de las


categorías que han guiado este recorrido encontramos que:

1) Respecto a lo que significa ser mujer joven, persisten una serie de ideas
tradicionales de lo femenino, tales como la complacencia, la búsqueda del vínculo
con el otro como fin primordial, la exigencia de la belleza de acuerdo con un
prototipo, la fantasía y la ensoñación como espacio de realización, y la
sensibilidad y la emotividad como lenguajes y formas prioritarias de expresión. Al
mismo tiempo, se evidencia un discurso “modernizado” acerca de lo que significa
ser mujer, en el sentido de que hay elementos que vislumbran el
empoderamiento de las jóvenes respecto a ciertos aspectos de su vida.

2) Se presenta un modelo de masculinidad que sostiene muchos elementos de lo


tradicional, que en apariencia se muestra acomodaticio a los cambios que se
generan en el modelo de feminidad, aunque “ser varón” sigue dando la idea de un
esquema inamovible, referencia inevitable para que las chicas puedan definir su
ser en el mundo.

3) Persiste un discurso sobre la sexualidad dirigido a las jóvenes en el que se asocia


el deseo erótico con el deseo amoroso, siendo el amor una experiencia idealizada
y lo erótico está matizado por la negatividad y la prohibición.14 Si bien es cierto
que se asume la presencia del deseo femenino, por un lado se advierte
constantemente el peligro que éste implica, sobre todo en el sentido del riesgo de
no ser tomada en serio por los chicos o de ser mal vista por las otras chicas,
porque la manifestación explícita del deseo en las mujeres implica una amenaza;
por otro lado, ese deseo se asume permanentemente como heterosexual, no hay
indicios de la posibilidad de experimentar placer o deseo por las personas del
mismo sexo, siempre es el varón el objeto, o mejor dicho, el sujeto del deseo.

Siempre hay un espacio para la resistencia, y las transformaciones sociales no


sólo son posibles sino inevitables. El papel que tenemos quienes trabajamos con
jóvenes reside en contribuir en su formación para generar a partir de ese doble
discurso moderno-tradicional, de autonomía y sujeción, una resignificación y
vivencia de su sexualidad (género-erotismo-afecto) placentera, corresponsable y
equitativa.

El modelo coeducativo ha aparecido como una propuesta muy pertinente y


necesaria para promover la equidad, en el sentido que retoma la cultura llamada
femenina y la masculina para ubicarlas en una relación más justa en la que ninguna
pueda opacar a la otra, sino revalidar ese mundo concebido como lo femenino y
dejar en una justa dimensión lo masculino, ya no como referente sino como
paritario.

Para ello, la articulación y realización de un proyecto educativo que tenga como


propósito incidir en el contexto (social y educativo) bajo estos principios, ha de
asumir un compromiso ético y político para promover la reflexión y acción que
permita a las y los jóvenes vivir su sexualidad como un aspecto que no implique
discriminación por sexo o por edad, y que establezcan relaciones entre sí en un
espacio propicio para la comunicación, la participación y la creación. Éste es el
sentido utópico de nuestra lucha.

Notas

* Las frases textuales extraídas de la revista aparecen entrecomilladas.


1 Carola García Calderón, “Imagen femenina y vida cotidiana (El caso de las
revistas femeninas y la publicidad en México)”, en Patricia Bedolla (comp.),
Estudios de Género y Feminismo II, Fontamara.
2 En los números revisados no se tocan temas relativos a situaciones familiares,
aunque es un tema que se ha abordado en otras ediciones.
3 García Calderón, op. cit.
4 Ibid., p. 385.
5 Pablo Fernández Christlieb, El espíritu de la calle. Psicología política de la cultura
cotidiana, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 1991, p. 46.
6 Mercedes Charles, “Construcción de la identidad de género en la comunicación
masiva”, en Patricia Bedolla, op. cit., p. 365.
7 García Calderón, op. cit., p. 379.
8 Michel Bernard, El cuerpo. Técnicas y lenguajes corporales, Paidós, Barcelona,
1985, p. 156.
9 En su libro Comunicación y ejercicio utópico en América Latina (Ediciones del
lugar donde brota el agua, México, 1999) Manuel de J. Corral propone concebir
como comunicación sólo a aquellas relaciones humanas de carácter dialógico,
simétrico y libre entre seres autónomos, en un contexto social que permite el
intercambio, la reciprocidad, la coparticipación para pensar, hablar y actuar con
libertad. He aquí una utopía de lo más deseada.
10 K. Carrington y A. Bennett, “Las ‘revistas de chicas’ y la formación pedagógica
de la chica”, en C. Luke (comp.), Feminismos y pedagogía en la vida cotidiana,
Morata, Madrid, p. 158.
11 Ibid., p. 156.
12 Ibid., p. 157.
13 Ibid., p. 153.
14 Marcela Lagarde, Juventud y feminidad: un plan para vivir. Memoria. Puntos de
Encuentro.