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DOS ARTICULOS SOBRE CEDADE

CEDADE: EL FIN DE UNA AVENTURA


R.BAU
CEDADE ha decidido su cierre en su Congreso Nacional del 12 de Octubre.
No voy a ocultar que no es esta la forma en que nos hubiera gustado cerrar Cedade. Hace 26 a–os
participŽ en la fundaci—n de Cedade. Durante muchos a–os fu’ su Secretario Nacional, junto al
Presidente J. Mota. La historia de Cedade ha sido gloriosa durante muchos a–os. Hace 10 a–os Cedade
dispon’a de una estructura fuerte y saneada: m‡s de 50 delegaciones, cientos de militantes, imprentas,
maquinaria, locales, una revista puntual, suscriptores y cuotas.
Cedade se distingui— siempre por un estilo, una Etica, un fuerte sentido art’stico.
Hace un a–o Cedade ya no exist’a, todo se hab’a perdido, deudas, ruinas y desmoralizaci—n. Incluso as’
antes de cerrar ha lanzado un fuerte proyecto nuevo modernizador, ha sido el œltimo esfuerzo de
gloria... quiz‡s demasiado tard’o, la ruina material y moral de los œltimos a–os era demasiado
profunda.
Aunque una explicaci—n completa exigir’a varias p‡ginas, un largo art’culo que espero publicar m‡s
adelante en otro MUNDO NS, creo que todos los nacionalsocialistas teneis derecho a unas m’nimas
explicaciones reales de todo este proceso y del futuro que se plante— a nuestra lucha.
Ante todo hay un hecho que debemos todos tener claro: CEDADE estuvo ya en 'cierre' hace unos 8
meses. Las razones eran mœltiples, pero b‡sicamente dos:
. La ruina total y absoluta, hasta un punto increible, de los medios materiales de Cedade. No s—lo
estaba en quiebra sino con deudas enormes. Y eso tanto en Barcelona como en Madrid (el resto
simplemente dej— pr‡cticamente de existir de forma organizada). La direcci—n de los œltimos 4 a–os se
ha mostrado nefasta y absolutamente irresponsable en el tema econ—mico. Al menos su direcci—n de
Madrid lo ha reconocido publicamente lo que sin duda les honra, y como bien se dijo 'esta ense–anza
de los errores cometidos debe servirnos para no volver a repetirlos'.
La ruina de Cedade fue general, pero tuvo dos puntos especialmente graves: el cierre de todo el
complejo editorial, imprenta, local, ect de Madrid, dejando adem‡s millones en deudas. Y la quiebra
de Librer’a Europa/Cedade Barcelona que llev— a tener que perder Cedade sus locales de Barcelona,
su maquinaria y todas sus revistas, fondo editorial, ect para poder compensar las pŽrdidas.
La ruina se consuma puesto que en 3 a–os ha salido s—lo 2 veces la revista, dejando pues la deuda de
todos los suscriptores 'estafados', dado que el pago de las suscripciones de gastaron irrespon-
sablemente.
El nœmero de camaradas que pagaban cuota a Cedade se redujo a casi cero, y en general se puede decir
que hace ya unos a–os que Cedade estaba en quiebra, viviendo s—lo de deudas y m‡s deudas
acomuladas.
La quiebra econ—mica fue seguida de una quiebra pol’tica. La l’nea arcaica y congelada en 1933, m‡s
la falta de confianza en un mando que llevaba a Cedade a la ruina econ—mica, sin orden ni concierto y
sin dar confianza de futuro a la gente, llev— a la baja continuada de casi todas las delegaciones,
miembros y grupos.
Cedade hace 8 meses no ten’a ni siquiera listas de delegaciones ,ni de militantes, ni de nada.
Esto provoc— graves disensiones entre sus mandos, lo que agrav— aun m‡s el problema.
Cedade por tanto hab’a dejado de ser un arma de combate pol’tico, y se manten’a s—lo bajo la sombra
de su nombre ilustre. Cedade hab’a sido el grupo NS m‡s importante del mundo, y este recuerdo
manten’a al grupo.
Parodiando al revŽs una frase lamentable dicha hace a–os en Cedade: 'CEDADE ha sido en los
œltimos a–os un tren con vagones de tercera tirados por una m‡quina de quinta regional'. O sea: Pocos
militantes buenos, pero peor dirigidos.
En estas circunstancias hace OCHO meses Cedade Madrid decidi— que en vez de cerrar, como era la
intenci—n ya entonces, intentar un resurgimiento de nuevas propuestas en base a una renovaci—n
radical. Era un Plan ambicioso y brillante, bien concebido y atractivo, que agrup— a muchos militantes
y anim— a todos en la lucha por ello.
Lamentablemente la ruina previa era tan completa que dif’cilmente se pod’a contar con una s—la
peseta para el nuevo plan. Pero aœn as’ se realizaron actividades muy interesantes: conferencias del
IES, Universidad de Verano, Edici—n de textos ideol—gicos, salida de revistas de ideas, etc
En ese estado de ruina y sin militantes, Cedade no puede seguir. Y menos cuando hay desacuerdos
personales entre miembros de la direcci—n, lo que complicaba incluso m‡s el tema, si cabe. Total que
no se dejaba m‡s opci—n que cerrar Cedade. La direcci—n nacional as’ lo decidi—, sin posibilidad de
discusi—n.
Por tanto divisiones y mala gesti—n han llevado al cierre de Cedade, aunque la lucha seguir‡.
Se han abierto una serie de nuevas v’as de lucha, m‡s actuales, pero que deben aœn mostrar su
viabilidad en los pr—ximos a–os. Lo que ya ha demostrado su fracaso es una direcci—n desorganizada,
sin pies ni cabeza, y una l’nea arcaica y sin futuro.
Si dentro de un tiempo las nuevas fuerzas han logrado un movimiento de Alternativa Nacional fuerte
y moderno, daremos por bien muerto Cedade, pese al dolor que nos causa esa muerte, pero si el
fracaso de ese nuevo intento llegase habr’a que volver a crear un nuevo Cedade: Eso si libre para
siempre de la incompetencia y de las formas de sus œltimos a–os. Un Cedade como el del principio:
limpio, noble, Žtico, dirigido sin deudas ni desorganizaciones, claro en sus cuentas, sincero en sus
relaciones, donde el dinero no mandaba, donde los camaradas no viv’an de Cedade sino Cedade de los
camaradas.

25 A„OS DE LA FUNDACION DE CEDADE


Parece ayer, pero no, hace ya 25 a–os que fundamos Cedade una serie de camaradas que pod’amos
dividir en dos grupos: camaradas que entonces deb’an tener sobre los 45 a 50 a–os y otro peque–o
grupo de 6 o 7 j—venes sobre los 17 a–os.
Un a–o despuŽs de la fundaci—n el grupo de j—venes ocupamos la direcci—n del grupo. De la nada, sin
un duro, logramos montar la organizaci—n m‡s importante del mundo dentro de NS. Hasta el final de
los a–os 70 luchamos por el poder, no por luchar ni por hacer o mantener el "fuego sagrado", sino por
la Revoluci—n, creimos en la realidad de un cambio en el mundo, quiz‡s porque en los finales de los
60 y todos los 70 esto aœn era un sue–o posible.
No creo que sea la hora de escribir la historia completa de Cedade, entre otras cosas porque como
todas las Historias es siempre relativa en las apreciaciones, y porque adem‡s ya hay personas
trabajando en este tema. Espero que en uno o dos a–os haya un trabajo serio sobre este tema y que sea
imparcial.
Pero si creo que vale la pena escribir sobre las razones del auge y caida no ya de Cedade sino de todos
los grandes grupos Nr de los a–os 70.
En Francia Ordre Nouveau, en Italia Avaguardia o Ordine Nuovo tambien fueron grupos con la
misma orientaci—n de europeismo y radicalismo revolucionario (aunque cada uno con una estrategia
distinta). En aquellos a–os el comunismo estalinista estaba en el poder, las democracias eran mucho
m‡s inestables (basta recordar la OAS de poco antes, el golpismo en muchos paises europeos y la
revuelta del 68), la juventud sent’a la pol’tica como un ideal aun posible de cambio, el pueblo no
estaba aun tan corrompido por la TV y por las medias, hab’an bastantes reg’menes de base parafascista
(aunque realmente eran dictaduras militares sin m‡s ideales), en fin estabamos en una espectativa
peque–a, ’nfima quiz‡s, pero posible aun, de cambio o al menos de un cierto 'triunfo' pol’tico,
llamando como tal el conseguir una cierta base popular para nuestras ideas, en especial entre la
juventud.
En esta situaci—n la juventud estall— en el 68, a mi me cogi— justo en el primer curso de ingenieros,
como delegado de curso elegido democr‡ticamente por el SDEUB (Sindicato Democr‡tico
Estudiantes Universidad Barcelona) pese a presentarme como NS sin paliativo alguno. La juventud
deseaba un mundo distinto, no al capitalismo, un marxismo heterodoxo animaba esta tendencia pero
una parte de la juventud rebelde no quer’a comunismo, sino 'otra cosa', y se arriesgaba por esa 'otra
cosa'.
Por ello los grandes grupos NR se crearon en el entorno del 68, y partieron casi todos de gente muy
joven, muchos estudiantes o al menos de clase media inteligente.
Cedade fue uno de esos grupos. Se cre— por j—venes estudiantes y obreros, pero obreros con una
formaci—n intelectual alta.
Creo que esta situaci—n fue la que permiti— la creaci—n de grupos realmente importantes: una cierta
esperanza de futuro, un ambiente de rebeld’a general, una amenaza clara de estalinismo, una debilidad
de las democracias burguesas (que estaban totalmente desmoralizadas, no hab’a la 'seguridad'
capitalista, ni esa mentalidad actual entre el pueblo de que el consumismo de mercado es inmejorable)
y una base joven inteligente decidida a combatir por sus ideas.
Con un esp’ritu de sacrificio enorme cada grupo lleg— a su cima. Unos por la v’a organizativa, como
Cedade, otros por la v’a revolucionaria radical como Avanguardia y otros por la v’a de la acci—n
pol’tica completa como Ordre Nouveau (sin duda el m‡s completo de los grupos que existi—).
Cedade no tom— la v’a revolucionaria sino la legal y cautelosa, entre otras cosas porque en la Espa–a
de Franco era una locura otra v’a. Pero lleg— a la cumbre en cuanto organizaci—n y estructura.
Decenas de delegaciones, miles de camaradas, revistas, libros, maquinaria y potencia de convocatoria.
Hay docenas de camaradas que dieron lo mejor, camaradas que nunca han sido superados, formando
la estructura de la mejor organizaci—n NS del mundo. No quiero hacer una lista completa pues no es
este el caso, Pero todos ellos formaron una base s—lida de militancia absolutamente sacrificada por la
causa. Y no solo Cedade sino el FNJ por ejemplo, lograba en estos a–os tambien su mayor apogeo, con
docenas de camaradas de gran calidad. Pero los a–os 70 pasaron y la situaci—n del mundo se decant—
claramente por un triunfo de la democracia parlamentaria capitalista. La situaci—n se estabiliz—, el
comunismo se aburgues—, los sistemas democr‡ticos lograron imponerse y la corrupci—n popular se
hizo mayoritaria.
Una vez perdidas las condiciones 'ambientales' de los primeros a–os 70 los grupos NR europeos
fueron cayendo uno a uno. Algunos por acciones violentas de la polic’a secreta, como en Italia o en
Francia, prohibidos y acusados de todo tipo de atentados inventados. En Espa–a la muerte no fue
violenta sino por pudrimiento, cosa m‡s tr‡gica.
FNJ tuvo la inteligencia de desaparecer en el momento que vio su incapacidad revolucionaria. Otros
grupos se refugiaron en obras culturales, como la Nouvelle Droite en Francia, y las grandes revistas
culturales espa–olas tipo Punto y Coma o Fundamentos, otros se dinamitaron convertiŽndose en
peque–itos grupos testimoniales. Cedade en cambio se manten’a en pie como un zombie que se negaba
a declararse muerto. A principio de los 80 era tan clara la incapacidad revolucionaria de Cedade, que
su descomposici—n fue completa y dej— de ser ya EL grupo NR para ser un grupito m‡s de los muchos
que deambulan sin rumbo por estos mundos.
A partir de la mitad de los 80 empiezan a salir los grupos de alternativa m‡s o menos modernos, as’
como un elemento nuevo: la inmigraci—n masiva extraeuropea permite crear en Europa grupos
pol’ticos fuertes a su alredor. En ellos se integran muchos de los j—venes con ideas NR, pese a que
estos grupos nada tienen que ver en sus ideas con nosotros. Pero ofrecen una realidad pol’tica seria
frente a los dem‡s.
Ahora en los 90 los grupos NR y NS son testimoniales o mejor 'momiales', de momias.
Sin duda Cedade fue grande y tanto m‡s cuanto tuvo el mejor de los lideres, Jorge Mota, una persona
excepcional en todo, que como tal cre— una organizaci—n excepcional. Hay muchos camaradas que
critican algunas de sus ideas o errores, es como si las hormigas criticasen los errores de los elefantes.
Claro que los elefantes cometen errores, y grandes, pero son elefantes, no miserables hormigas. El d’a
que un gran l’der deja una gran obra pasa lo inevitable: el l’der sigue siendo una gran persona pero la
obra ya no es nada. Lo mismo que cuando un poca cosa se mete en una gran obra aparece como
grande, por reflejo de la obra. Y cuando se marcha vuelve a su peque–ez natural.
Lo importante no es pues Cedade, lo que fue o lo que dejo de ser, sino tener la visi—n clara de que fue
el movimiento NR europeo de los a–os 60 a 80, el porque de su auge y el porque de su fracaso.
Hemos de montar un movimiento alternativo para el 2000, ni volver a 1933 ni siquiera a 1968. La
revoluci—n no tiene marcha atr‡s, otros j—venes y otras estrategias deben lograr una alternativa real al
sistema para el pr—ximo siglo.
A los 25 a–os de su fundaci—n nos reunimos varios camaradas en un cena. Hoy d’a NI UNO SOLO de
los fundadores de Cedade es miembro de Cedade. No se trat— pues de una reuni—n pol’tica sino de
amigos, de j—venes que hemos luchado y perdido. Hemos perdido, no dejaremos de luchar pero por lo
menos mantengamos la suficiente inteligencia como para no seguir haciendo el necio.

CEDADE: ÀDE LA CRITICA AL RECUERDO?


Mucho se ha hablado de CEDADE ya, no se trata ahora de repetir los hechos o los logros de aquella
organizaci—n, ni de tratar de recordar su historia, m‡s o menos bien contada en el libro de X. Casals.
Lo que voy a tratar es de investigar sobre esa esencia que ahora se a–ora, por ese ÔalgoÕ que distingu’a
a Cedade de todos los dem‡s grupos NS que han existido. Y a la vez tratar de ahondar en su realidad
vista desde la cr’tica.

Porque en Cedade se ha dado una paradoja: No escap— de grandes cr’ticas por los mismos que
lograron su Žxito y su car‡cter especial.

Si me pongo a pensar en las cr’ticas dentro de Cedade hemos de empezar a decir que no fueron graves
ni serias durante muchos a–os. O sea, desde su fundaci—n hasta ya bien instalados en la calle SŽneca,
durante casi 10 a 12 a–os, no hubo cr’ticas especiales ni problemas internos destacables.
No es que no hubiera diversas formas de ver las cosas entre los principales miembros, pero de todas
formas no afectaron al movimiento ni a su funci—n.

Durante estos 10 a–os los miembros dirigentes estuvieron totalmente de acuerdo en sus objetivos, en
la formaci—n, en el sacrificio y la entrega, en los contenidos de las revistas o libros, actos, etc...
Recuerdo por ejemplo que uno de los primeros libros que editamos fue ÔJuda’smo al descubiertoÕ, del
Abbad Lamarque, un texto bastante brutal, editado como Ediciones Bau. Ese texto m‡s tarde hubiera
provocado polŽmica y rechazos, pero en los primeros a–os nadie discut’a las decisiones.
En aquellos primeros a–os ninguno de los mandos disent’a en la Õforma de vidaÕ, todos coincid’amos
en el rechazo a la vida social, a la moda o las formas sociales. Nos vest’amos siempre igual, llev‡bamos
uniforme casi siempre (recuerdo que mi familia me prohibi— llevarlo cuando visitaba a mis abuelos),
nunca dud‡bamos en coincidir en una misma visi—n Žtica y art’stica del mundo. Dedic‡bamos un
100% del tiempo libre a Cedade, y no dud‡bamos en dar el nombre o lo que fuera por la lucha.
Nos asombr‡bamos por lo que ’bamos descubriendo, autores, textos, obras de arte, ect... y ten’amos
un claro sentido de Caudillaje, de respeto por la direcci—n.
Lo que de especial tuvo Cedade se fragu— en esos a–os: Disciplina, Sacrificio, Cultura, Formaci—n,
Arte, un Estilo en la Actividad.

Sin embargo esta unanimidad no dur— siempre. ÀQuŽ pas—?.


Meditando con atenci—n creo que hubo una serie de motivos a analizar:

1- La Formaci—n de la personalidad individual de los mandos.


2- El problema del Caudillaje sin Caudillo.
3- La presi—n social: De la decadencia del estilo al desarrollo profesional y personal
4- El objetivo Pol’tico frente al ideal de Comunidad Militante
5- La Concepci—n del Mundo: Los temas clave: arte, religi—n, naturaleza, arte, roman-
ticismo, cultura, estilo de vida, desprecio social y econ—mico.

Es evidente que donde los problemas internos se manifestaron de forma m‡s sangrante fue en relaci—n
a los dos puntos œltimos, pero vamos a verlos todos.

1- EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD INDIVIDUAL


Creo que la primera disidencia seria, que recuerdo como algo importante, por su contenido y por su
autor, fue la de Medrano en la reuni—n de las Lagunas de Ruidera.
Y creo que en realidad todas las grandes divisiones y cr’ticas tuvieron luego la misma din‡mica: cada
uno de los dirigentes de Cedade hab’a tenido una formaci—n muy fuerte, continua, y se hab’a sometido
a una dura disciplina y rigor personal. Los mandos de Cedade eran en gran parte gente con una fuerte
preparaci—n en muchos aspectos intelectuales, y poco a poco fueron creando cada uno de ellos una
opini—n propia, una visi—n estratŽgica propia de la vida y la lucha. Pasaron de formarse a proyectar su
formaci—n.

Y por tanto empezaron a ÔdisentirÕ, a plantear otras v’as de acci—n o actuaci—n. Eso no es en s’ malo,
ni negativo, mientras la variedad de actuaciones pudieran ser compatibles. En un movimiento como
Cedade hab’a lugar para personas con aptitudes distintas, desde intelectuales a activistas.
El problema aparece cuando esta variedad personal se une a los otros problemas que vamos a analizar
m‡s adelante.

HECHOS
Con la edad surgen posicionamientos individuales m‡s fuertes
Hay que encontrar lugar a cada uno en la lucha, es la labor del l’der
Es f‡cil sacrificarse de joven, dif’cil de mayor.
ERRORES CEDADE:
Falta de di‡logo.
ERRORES DE LA GENTE
Individualismo y ego’smo
CULPABLE PRINCIPAL:
A medias entre Cedade por no lograr entusiasmar y posicionar a los camaradas segœn su val’a y
orientaci—n, y los militantes por anteponer su ÔideaÕ a la Comunidad

2- DEL CAUDILLAJE MORAL AL LEGAL


Sin duda uno de los errores b‡sicos que cometimos fue creer que dirigir un movimiento como Cedade
era una cuesti—n de ÔhorasÕ, de dedicaci—n.
Pasamos el mando a una serie de camaradas que estaban dispuestos a sacrificarse y trabajar, pero cuyo
dirigente no ten’a cualidades de direcci—n.
Hered— un sistema de caudillaje total, sin ser una persona capaz de inspirar respeto y aceptaci—n de su
caudillaje.
Fue un error nuestro, pero tambiŽn del nuevo dirigente. Nosotros no supimos ver el problema, y Žl no
supo ver su problema y aceptar los cambios que implicaba esa nueva situaci—n.

Creo que la falta de respeto por Varela como dirigente fue el motivo de que esas personalidades
individuales que hab’an surgido, decidieran seguir su camino dado que era dif’cil aceptar un mando sin
carisma ni ideas para gente bien preparada.
No se acept— una participaci—n corporativa de un ComitŽ, en parte por ir contra nuestra visi—n
ideol—gica de mando, y en parte por estulticia del mando, que no asum’a sus limitaciones y la
necesidad de un cambio.
Lo m‡s curioso es que todos estabamos de acuerdo en la falta de liderazgo, pero nadie era capaz de
encontrar una salida.
Hay que definir correctamente lo que significa (y cuando puede aplicarse) Fuhrerprincip, sino los
propios dirigentes se creen intocables y fomentan el divisionismo.

HECHOS
Varela era incompetente totalmente como l’der.
No se logr— un di‡logo abierto para solucionar este tema que era bien conocido.
Total desprestigio y fuerza centr’fuga de los mejores.
ERRORES CEDADE:
Creer que dedicaci—n es lo œnico que se precisa para dirigir
No se logr— un di‡logo abierto para solucionar este tema que era bien conocido.
No entender y aplicar bien el concepto de jerarqu’a.
ERRORES DE LA GENTE
No aceptar las propias limitaciones
CULPABLE PRINCIPAL:
Cedade y sus mandos fundacionales por no revocar un mal nombramiento

3-LA PRESION SOCIAL: ÔPROGRESARÕ O NO


El siguiente problema que afect— tremendamente a muchos camaradas, aunque esto fue algo m‡s
tarde, era la presi—n social, del ambiente. Y la conciencia de que si quer’an triunfar en su profesi—n
deb’an abandonar una entrega y una dedicaci—n a la lucha en un ambiente NS.
Los primeros afectados fueron los que deseaban una lucha intelectual, que chocaba con las
limitaciones que hab’a si se presentaban como Cedade. Mientras que si lo hac’an en otros ÔambientesÕ
pod’an tener medios abundantes.
Pensemos, por ejemplo, en los hermanos Palacios, que necesitaban el soporte de Alianza Popular para
su revista Punto y Coma.
Jam‡s hubieran logrado entrar en el mundo cultural como Cedade, pero lo pod’an hacer si
renunciaban a ser NS y se met’an en otros ambientes.
Docenas de camaradas se plantearon esta disyuntiva. ÀIban a seguir como a los 25 a–os, luchando por
un imposible Žtico?, o aprovechar’an sus cualidades para ÔtriunfarÕ o ÔrealizarseÕ en ambientes menos
problem‡ticos.
ÀCu‡ntos estaban dispuestos a renunciar al Žxito y al dinero que pod’an ganar en profesiones por
mantenerse en el estilo y la r’gida norma antisocial de un Ns de Cedade?
Hay docenas de ejemplos, y solo unos pocos aceptaron las limitaciones a cambio de seguir en lucha
directa.

Por otra parte el ambiente social fue cambiando. Si en 1970 ser nazy era una extravagancia, en 1980
empez— a ser un indicio de criminalidad. Salir como NS empez— a convertirse en motivo de despido,
de ostracismo, de boicot total, de sospecha de ser un delincuente. En 1990 ya es una seguridad de que
se est‡ loco y posiblemente deber’a estar en prisi—n.
Para soportar esta presi—n social, familiar, laboral, es preciso una gran entrega y una fuerza de
voluntad enorme, y especialmente una preparaci—n de toda la vida desde esta —ptica. O sea: escoger
una esposa dispuesta a soportar esta presi—n, aceptar un trabajo discreto y en un ambiente que acepte
estos problemas, prescindir de toda vida social importante, renunciar a una econom’a creciente.
En una palabra: es preciso un fanatismo radical en lo personal.

No se lucha contra el enemigo ideol—gico sino contra si mismo!!, esta lucha se perdi—... muchos
prefirieron su desarrollo personal amplio al sacrificio por la causa. Esto aun dura... muchos siguen
siendo simpatizantes a nivel personal pero prefieren que se les olvide en relaci—n a Cedade y el NS.
Vimos as’ como los camaradas no s—lo abandonaban la lucha sino que, lo peor, abandonaban el
ESTILO, las formas y la r’gida integridad Žtica, para integrarse en las formas socialmente aceptadas,
desde las costumbres, diversiones, formas de relacionarse o presentarse en sociedad, hasta sus
matrimonios, trabajos y dedicaci—n a temas no profesionales.
En realidad esta presi—n social, ahora ya insoportable, hace que la media social de los que se atreven a
ser NS sea cada vez menor...o sea, cuando un joven se plantea ser NS debe renunciar a tantas cosas,
que cada vez menos j—venes universitarios y con futuro profesional bueno se atreven a ello, quedando
as’ una base m‡s proletaria y trabajadora de camaradas. Eso es bueno en parte pero se nota tambiŽn
negativamente en el grado medio de formaci—n intelectual.

HECHOS
El ambiente social empeor— brutalmente a partir de los 80Õs
La juventud se sacrifica, luego el ego’smo invade el alma.
ERRORES CEDADE:
No preveimos en problema ni tomamos medidas para evitarlo
ERRORES DE LA GENTE
Ego’smo y Comodidad a toneladas.
Cobard’a a quintales.
CULPABLE PRINCIPAL:
Los camaradas por su absoluta cobard’a y egoismo.

4- EL OBJETIVO POLITICO Y LA COMUNIDAD MILITANTE


Cedade tuvo la suficiente fuerza en cierto momento como para tratar de dar un paso arriba y
pretender convertirse en una fuerza pol’tica de cierta consideraci—n.
Por otra parte en los a–os 70 el entorno pol’tico global europeo no hac’a imposible esta pretensi—n.
Era casi imposible pero no del todo.
En toda Europa hab’an movimiento NR de gran magnitud y el ambiente social aun era respirable.
La gente de la calle no estaba aun degradada en su mayor’a por la TV y hab’a aun una masa media
popular bastante libre de la mentalidad supercorrupta actual.
La inmigraci—n era aun incipiente, los temas raciales no primaban, no hab’a skins ni bandas de
gamberros, y la reciente convulsi—n del 68 hab’a dejado a la juventud muy sensibilizada en la lucha
pol’tica, no se ve’a al capitalismo y su dios dem—crata-mercado como objetivo inevitable de adoraci—n
y respeto.
No hab’a paro y los j—venes pod’an luchar sin preocuparse tanto de las repercusiones en sus trabajos, o
sea se era menos esclavo del mercado.
En este entorno Cedade trat— de crecer y formar una base militante amplia con la que crear un
movimiento y luego un partido.

El resultado no pudo ser m‡s nefasto. No se consigui— casi nada a nivel pol’tico y se desmoron— y
resquebraj— la unidad militante interna de Cedade.
Para lograr gente se entr— en contacto con autŽntica chusma, que era la base del nacionalismo
falangioso y facha en general que hab’a, esta gentuza no s—lo aportaron sus malas costumbres sino que
infectaron las buenas de Cedade.

Al poco tiempo se manifest— un distanciamiento entre los que quer’an ignorar a esa gente (ten’an la
raz—n pero no todos lo vimos a tiempo) y los que quer’amos profundizar en las posibilidades de lucha
pol’tica pœblica con cierto volumen y Žxito.
Para colmo el mando de Cedade ,haciendo muestra de su total incapacidad, no tomaba decisi—n
alguna, ni en un sentido ni en otro, dejando hacer y deshacer, generando as’ enfrentamientos y
distanciamientos.
Los que quer’amos intentar crear un movimiento pol’tico popular ve’amos en las trabas del otro
sector una muestra de incapacidad pol’tica y de egoismo personal, que les llevaba a tratar de recluirse
en torres de marfil. Mientras que Žstos ve’an en los planteamientos pol’ticos una pŽrdida del estilo y
del fondo, que adem‡s no llevaba a ningœn sitio real. Y todo ello presidido por una direcci—n que solo
alimentaba la duda, mostrando su la incapacidad de marcar un camino y atraer entusiasmo.

Este estado solo pod’a llevar a la explosi—n interna en dos grandes bloques: los que salieron a tratar de
crear movimientos pol’ticos o m‡s abiertos, y los que llevaban la idea de mantener un Cedade cerrado
estricto. Esta divisi—n hubiera sido muy correcta si se hubiera planificado y dialogado desde la
direcci—n, y ahora vemos claro que hubiera sido la soluci—n adecuada desde el inicio.
Pero mal llevado y peor concebido, este proceso acab— fatal:
- Por una parte los que tomaron el camino pol’tico no ten’an fuerza suficiente para llevarlo a cabo, y
para colmo una buena parte de ellos lo que buscaban era la excusa para dejar la lucha NS e irse a casa
sin tener la vergŸenza de confesar su egoismo y sus ganas de vivir tranquilamente.
- Los que se quedaron no trataron de devolver el estilo inicial de Cedade sino que se mantuvieron en
un estado de indefinici—n y convulsi—n interna que les llev— a continuas deserciones y divisiones. No
asumieron los hechos y trataron de compaginar Cedade y Ôlo pol’ticoÕ, logrando solo insatisfacci—n y
decepci—n.
La ruptura fue violenta al no ser planificada y consensuada. Fue cuando se llamaba Chiflade a los
que segu’an queriendo hacer pol’tica a base de ÔsectaÕ, y se llamaba ÔTraidores y JudasÕ a los que
trataban de hacer pol’tica con autocr’tica del NS de 1933.
Los que m‡s hab’an protestado para lograr una lucha pol’tica...al cabo de 2 a–os hab’an dejado todo y
se dedican a la buena vida!... y los que quer’an un Cedade ÔautŽnticoÕ acabaron fundando Democracia
Nacional o similares.... en fin.
Creo sinceramente que la culpa fue de todos. En vez de llegar a un acuerdo de actuaci—n coordinada
pero separada, se lleg— al absurdo total: a los pocos a–os los Ôpol’ticosÕ que siguieron luchando,
poqu’simos, estaban en grupos NR sin nada que ver con Cedade, o bien, como en mi caso, estabamos
convencidos de que nos equivocamos. Y los que se quedaron en Cedade se hab’an ido en su mayor’a,
incluyendo sobretodo a los que m‡s deseaban una Comunidad Militante cerrada y de Estilo!!.

Nos equivocamos los que cre’amos que se pod’a hacer pol’tica popular NS sin un nœcleo de estilo
r’gido y absoluto. Y se equivocaron los que se cre’an que podr’an aun salvar a Cedade usando una
camino intermedio y confuso entre hacer pol’tica (para no ser acusados de Chiflades) y mantener un
sistema cerrado.

Al cabo de 10 a–os se dio la paradoja curiosa de que los mismos que hab’an quedado en Cedade por
oposici—n a la l’nea Ôpol’ticaÕ, dieron un cambio total, y se lanzaron a crear un movimiento pol’tico
absolutamente no NS (Democracia Nacional, HespŽrides,...), cerrando Cedade... y dejando
precisamente a los expulsados como continuadores de aquello que hab’a sido CedadeÉ en fin, el caos.
Lo b‡sico es que en aras del ÔpoliticismoÕ se abandon— la pr‡ctica de actividades de Comunidad, actos
culturales, excursiones, contacto con la naturaleza, arte,... y eso es un error que no se debe volver a
cometer.

HECHOS
Necesidad de probar el mundo pol’tico real.
ERRORES CEDADE:
Mezclar una Comunidad Militante con un movimiento pol’tico abierto...o sea introducir chusma y re-
chusma en el nœcleo militante. No se supo generar un entorno de lucha aparte de la base estricta de
Cedade.
ERRORES DE LA GENTE
Falsas espectativas de las posibilidades y objetivos reales y posibles
Falta de preparaci—n pol’tica real, desconocimiento de la gente y su psicolog’a.
CULPABLE PRINCIPAL
Todos
5- LA VISION DEL MUNDO
Los temas clave de una cosmovisi—n del mundo no son en absoluto los problemas pol’ticos, ni la
econom’a, ni la concepci—n nacional, ni judaismo o raza, sino fundamentalmente la concepci—n del
Hombre y su entorno, o sea arte, religi—n, cultura, estilo de vida, concepci—n de la relaci—n social,
naturaleza.

Esta concepci—n de la persona y del mundo fue la base de un ESTILO de Cedade, de una militancia
sacrificada, inteligente, formada, centrada en el arte y la cultura, con un absoluto rechazo de la vida
social, de lo econ—mico en lo personal, la vida natural, excursiones, visita a monasterios y amor a los
animales.
Pero al mismo tiempo gener— una serie de problemas basados en la Religi—n, la Austeridad personal y
en la visi—n rom‡ntica y tr‡gica de la vida.

LA GUERRA RELIGIOSA
Es curioso pero las principales discusiones internas, las que llevaban a un mal ambiente, fueron por la
cuesti—n religiosa.
Cat—licos, paganos, pasotas y esoteristas... 4 grandes tendencias. Mota, Bau, Tordesillas y Sanchez Bas
por poner un ejemplo de cada.
Ponerlos de acuerdo era evidentemente dif’cil... pero mucho m‡s si se considera que para los paganos,
pasotas e incluso esoteristas el tema religioso era relativo, mientras que para los cat—licos era
fundamental. La no comprensi—n de esta fundamentalidad fue la que llev— al desastre.
Una burla contra el paganismo no provoca normalmente enfado en un pagano, todo lo m‡s discusi—n.
Pero una burla de la virginidad de Mar’a, por poner un ejemplo, provoca la ira absoluta de un
cristiano convencido.
Para colmo est‡ la Iglesia. Los paganos o esotŽricos no tienen iglesia, no tienen pues que soportar las
continuas burlas o cr’ticas a las actuaciones temporales de la Iglesia como deben aguantar los
cat—licos.

La falta de delicadeza por parte de unos, y la intransigencia dogm‡tica de los otros provoc— continuas
discusiones y enfados (Žstos casi siempre de la parte cat—lica) que acabaron por agriar las relaciones
personales.
Creo que he de aceptar buena culpa al no haber valorado esa delicadeza necesaria, y por haber
fomentado claramente una iron’a ‡cida sobre la religi—n. Otros deber’an asumir poca paciencia en este
tema, y por tratar de imponer siempre una visi—n confesional del NS.
Y sobre todo, una vez m‡s, la incapacidad del mando en cortar estos temas, y en establecer unas
normas de conducta claras. Dejando las cosas al aire y sin direcci—n, se fomentaba el enfrentamiento
diario entre las partes.
Como mera anŽcdota recordemos que este tema es tan vital como para llevar a que actualmente varios
dirigentes de Cedade hayan llegado a ser ÔsacerdotesÕ musulmanes, y editar ÔA MesquitaÕ, Boletin de la
Comunidad Isl‡mica de Galicia, por el ÔUzmanÕ Rios, entre otros.

EL ROMANTICISMO (Vegetarianismo y romanticismo global)


Este tema no fue ningœn problema, sino lo contrario, mientras Cedade se mantuvo en una dimensi—n
razonable y b‡sicamente interna.
Pero surgi— fuertemente cuando empezaron a entrar unas docenas de militantes pol’ticos provenientes
de ambientes muy diferentes al Cedade inicial, aceptados para generar cantidad y poder pol’tico en la
calle.
Para estas personas los detalles de una vida rom‡ntica entraban en lo ÔkitschÕ, y generaban burlas. No
es que se opusieran a ello, sino que se apartaban y burlaban.
Sin formaci—n y con una mentalidad sumamente cretina, esos militantes deb’an haberse tratado fuera
del ambiente restringido de un Cedade, pero al mezclarlos en los mismos actos y ambientes los
resultados fueron nefastos.
Unos acabaron considerando a los ÔcedadianosÕ como sectarios y arcaicos, y otros a los Ôpol’ticosÕ
como una pesadilla insoportable de aguantar.

Mientras en el tema art’stico no hubo este problema (por la absoluta ignorancia y desinterŽs de los
camaradas m‡s pol’ticos nuevos), si lo hubo en las manifestaciones m‡s rom‡nticas (bailes populares,
pel’culas sentimentales, lecturas y formas de comportarse, amor a los animales) y en el tema del
vegetarianismo.
De todas formas, creo que este tema fue menos grave que otros, y si bien dej— en evidencia la
imposibilidad de integrar en un mismo lugar a una militancia b‡sicamente pol’tica con una Comunidad
Militante, tampoco fue este un problema de dimensiones tr‡gicas.

B‡sicamente el problema es que todos los temas ligados a la forma de vida son fundamentales para
una Comunidad Militante, o sea para los camaradas m‡s formados y para los que estaban totalmente
entregados a Cedade. Amar a los animales o efectuar actos culturales, excursiones, etc no era un tema
secundario sino b‡sico. Pero para los camaradas centrados en la lucha pol’tica, los que quer’an a
medio plazo alcanzar objetivos de presencia en la calle, prensa, llegar a organizar un partido, etc.. que
adem‡s no estaban muy interesados precisamente en los temas ecol—gicos, art’sticos y rom‡nticos, no
ten’an siquiera un m’nimo de Educaci—n en su mayor’a, eran impresentables muchos de ellos.
Mi posici—n era tratar de compaginar ambos temas, y en eso fracasŽ. Mi idea era que se mantuviera la
esencia de Cedade pero como algo que no estorbase a una actuaci—n directa y popular. Mi error fue no
ver que unos, los m‡s Cedadianos, no estaban dispuestos a ayudar m‡s a los otros ni a soportarlos, y
no ver que los Ôpol’ticosÕ eran incapaces solos de hacer nada realista. De forma que no fue posible
compaginar las fuerzas.

Seguramente este tema puede asimilarse al problema del catalanismo. Es evidente que muchos
camaradas no lograron asimilar personalmente el sentido Žtnico de la nacionalidad, y la visi—n
catalanista de Cedade en Barcelona, as’ como la promoci—n de los valores Žtnicos en cada delegaci—n.
Fue sin duda un tema de debate, pero tampoco fue un motivo de problemas grav’simos en s’ mismo,
sino una gota m‡s en un vaso ya lleno de problemas.

LA AUSTERIDAD
Una de las caracter’sticas de estilo m‡s marcadas de Cedade era su formaci—n y cultura. Pero as’
mismo su austeridad, Žtica, entrega y desprecio social y econ—mico.
Nunca he visto en otros grupos el comportamiento Žtico que hab’a en la buena Žpoca de Cedade.
Jam‡s se discuti— por dinero, jam‡s se dej— una deuda ni se plante— hacer algo de dudosa moralidad a
cambio de Žxito o medios. Nunca he visto el grado de entrega personal en la lucha de entonces, ni un
desprecio m‡s absoluto de los camaradas por las normas y relaciones sociales, fiestas, modas, formas y
comportamientos.

Como se lleg— de ah’ al desastre absoluto final es algo que merece un comentario.
La primera experiencia es que la Etica es contagiosa. O sea: sin ejemplo la individualidad cae muy f‡cilmente en
la adaptaci—n al medio ÔnormalÕ.
La segunda experiencia es que si cedes un paso, ceder‡s cien pasos m‡s tarde. No se puede dejar pasar una, sea
cual sea el coste.
La tercera experiencia es que no hay que confiar en Ôel pasadoÕ, o sea: cada d’a se puede cambiar a ser
sinvergŸenza.

Estos tres principios incumplidos son los que llevaron al estado catalamitoso en que encontrŽ Cedade
en sus œltimos dos a–os.
Con la pŽrdida del ejemplo de Mota se asumi— el Ôestilo VarelaÕ, o sea el m‡s absoluto descontrol.
Primero en lo econ—mico, lo que llev— a deudas, impagados, estafas o cuanto menos despreocupaci—n
por la imagen econ—mica.
Tener un local que llevaba 4 meses sin pagarse, y que cuando planteo en una reuni—n general la
absoluta necesidad de arreglar este tema, se me contesta que se arreglar‡, para en la siguiente reuni—n
ver que ya eran 6 los meses debidos...
Deber cientos de miles a un camarada y no hacer nada para pagarle. En fin, el desastre.
Como es evidente de lo econ—mico se pas— a lo Žtico, y se cay— en las peores infamias con el agravante
de que el mando no tomaba medida alguna con los culpables de actuaciones propias de prisi—n.

De todo ello hay que considerar lo dicho: no ceder ni un paso, no asumir que quien ha sido austero y
Žticamente impecable hasta hoy lo ser‡ ma–ana. Y no mezclarse con chusma que ya de por s’ se sabe
que son inmorales, con la pretensi—n de que ya no lo ser‡n m‡s. Es preciso antes una buena
demostraci—n de ese cambio.
No voy a recordar mi lamentable experiencia en un singular partido legal en el que participŽ, sin hacer
caso a esta norma. Y como era de esperar quien fue un sinvergŸenza, sigui— siŽndolo.

Lo mismo pasa con el estilo personal, como la Žtica, es algo muy fr‡gil. Se empieza con peque–as
cesiones, que si sales a fiestas sociales, que si te preocupas del estilo de corte del pelo, que si el jersey
no es de el color adecuado, que si vas a ligar con aquella chica solo por divertirte una noche, o beber
un whisky con los amigos en un night club y acabas contagiado de ese estilo decadente y degradado de
la sociedad actual. Un revolucionario debe asumir una cosmovisi—n enfrentada al Sistema, y eso exige
una norma de conducta enfrentada radicalmente al Sistema.

Espero con estas l’neas haber tratado de recordar los problemas y errores que cometimos, desde el
reconocimiento de culpas propias y sin pretender m‡s que aportar experiencias para el futuro.