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5,6 y7 de octubre 2009. Querétaro, México.

V CONGRESO NACIONAL DE INVESTIGADORES DEL INAH El acoso al patrimonio cultural: perspectivas y estrategias de defensa

Ponencia La apropiación de la materia de trabajo, nuevas formas de hacer investigación y política como desafío para el siglo XXI

Dr. Rafael Sandoval Álvarez

Antropología Social, Centro INAH Jalisco

El patrimonio cultural entendido como despliegue de la subjetividad 1 del sujeto

histórico-social que constituyen los pueblos y culturas de la nación mexicana,

que son quienes producen-producimos dicho patrimonio cultural, nos coloca en

una perspectiva de resistencia para defenderlo ante la explotación y el despojo

de que es objeto por parte de los capitalistas y la clase política; más aún,

pensarlo así, nos permite construir un horizonte histórico que va desde la

resistencia, hacia la autoemancipación y la autonomía.

El flujo social del hacer y el pensar de los pueblos y culturas convertido en

patrimonio cultural de los mexicanos tiene formas de manifestación material e

inmaterial que si no se considera como trabajo humano concreto, fácilmente

puede ser objeto de alienación y fetichización, y así será objeto de explotación

y despojo en la perspectiva del proceso de acumulación de capital por despojo,

que es el modelo de desarrollo que utiliza el Estado y el capital para convertir

en objeto-mercancía el trabajo humano, en este caso el hacer social creador y

cultural producto de la capacidad de transformación social y creación cultural

(Castoriadis, 2000 ) en el territorio mesoamericano.

1 El factor subjetivo designa a lo intersubjetivo en conjunción con lo intrasubjetivo, y éste está implícito en la acción social de los seres humanos.

El sujeto histórico-social que deviene como mexicano, es producto y producente del territorio 2 y la cultura, en un proceso que se da en su cotidianidad y comunidad. Así, la defensa del territorio y la cultura no es más que una forma de hacer historia hoy, es decir, de ser sujetos que, ante el modelo de acumulación de capital por despojo de tierras, tanto en los territorios indígenas como en territorios urbanos barriales reivindican la conservación de su patrimonio cultural, dentro del cual entra la reivindicación de su tierra- territorio, su producción de arqueología, arquitectura, y los documentos históricos que dan cuenta de sus procesos sociales.

La necesidad de consciencia histórica y de conciencia política tiene en la forma de hacer investigación y de hacer política una manifestación que deberá debatirse. En esta ponencia presento primero una reflexión desde una perspectiva epistémica y ético-política que considero puede ayudar a evitar ser corresponsable del despojo y fetichización del patrimonio cultural y la alienación del sujeto que lo produce. En un segundo apartado esbozo una reflexión sobre las formas de apropiación de la materia de nuestro trabajo y las formas de hacer política sindical que hemos experimentado como trabajadores del INAH, de manera que la autocrítica nos pueda mostrar retos y desafíos a considerar en la estrategia que como trabajadores de la cultura y responsables de investigar, difundir, restaurar y conservar el patrimonio cultural de la nación debemos establecer. Finalmente, considerando que en la perspectiva del nuevo siglo XXI en el que, a partir de 1994 con la rebelión indígena zapatista de los pueblos de Chiapas, se vislumbra una nueva época histórica que ya se venia anunciando a partir del ultimo periodo histórico del siglo XX, 1968-2000, y en la que hay la posibilidad de un cambio en las relaciones sociales de dominación, presento algunas ideas que pudieran contribuir a configurar un programa de lucha y resistencia como trabajadores profesores investigadores, de manera que podamos detener y revertir las políticas estatales de privatización del patrimonio cultural y las condiciones de flexibilización laboral y despojo en nuestro trabajo.

2 El territorio es el albergue de nuestra raíz y nuestra historia, como humanidad, la naturaleza y humanidad es una y la misma cosa, así el contenido del territorio es la tierra, el subsuelo, el aire, el agua, la flora, la fauna, la vida humana pues Cfr. Floriberto Díaz,2007).

Reflexiones epistémicas y éticas en torno de la práctica de la investigación del patrimonio cultural

Introducirnos en el debate de la práctica de la investigación y producción de conocimiento sobre el patrimonio cultural, implica dar cuenta del discurso manifiesto que los investigadores presentamos sobre el proceso de trabajo, la materia de trabajo y las diferencias en la forma de hacer(lo). Doy por supuesto lo que esto significa para la desmitificación del trabajo de investigación en cuanto a las formas y reglas establecidas, específicamente en la forma de relación entre sujetos que estudian e investigan, descartando que seamos una especie de actor de una trama llamada investigación, cuando en realidad somos un sujeto más, entre una pluralidad de sujetos singulares y colectivos, que constituyen al sujeto social y el conocimiento socialmente construido.

En este sentido, y aceptando que las limitaciones de cada quien resultan de nuestra propia subjetividad y el manejo metodológico que de ello se tenga, destacan ciertos elementos en los procesos de trabajo resultado de las exigencias que en el ámbito académico se exigen y que traen consigo el desconocimiento de otras formas de saber que no son las de la ciencia académica (Vera 1997). A esto hay que agregar que las premisas epistémicas subyacentes en el proceso investigativo regularmente propician el ocultamiento del sujeto implicado en el problema de investigación. Así, la invocación a la interpretación de la realidad 3 que se trata de conocer, la utilización de

3 La interpretación se halla en el núcleo de la técnica de observación y escucha tanto en el trabajo psicoanalítico y antropológico como en todas las ciencias sociales, aunque no se le reconoce igual importancia y respeto en todas las perspectivas metodológicas. La interpretación es hacer evidente el sentido latente de una representación aparente, sea un discurso o una acción. Es decir, es la deducción de sentido latente a la que se llega en la investigación analítica sobre lo dicho y lo hecho, sobre lo deseado o lo fantaseado, pero también sobre lo vivido y reprimido. Con todo, la explicación sobre algo (y eso conlleva un valor interpretativo) no necesariamente cumple con la intención de hacer consciente lo inconsciente o no sabido, ni tampoco de aprender a aprender, ni un cambio de comportamiento o de formas de hacer política, por ejemplo. Se requiere que en el proceso mismo se consiga una coincidencia entre los sujetos participantes en la interpretación para que se llegue a caer en cuenta de lo que se interpreta. (cfr: Laplanche y Pontalis, 1979).

estrategias metodológicas que utilizan la observación etnográfica, la investigación acción, historias de vidas, historia social, genealogías, estudios de redes sociales, análisis situacional, análisis del discurso, etnoencuestas, etc. no pasan por una vigilancia epistémica que impida la negación del sujeto, entendido como pluralidad de sujetos, que está implicado en la investigación y que constituye el elemento central de la problemática de la producción del conocimiento ( Leyva, Speed y burguete, 2008).

Situación que llevan, en muchos casos, a que el investigador no reconozca que sólo es un sujeto más en el proceso de producción de conocimiento. En este sentido, la reflexión crítica más importante tal vez sea la limitación para hacer investigación desde la perspectiva del sujeto que se estudia (no junto con, ni sobre el sujeto), cuestión que considero ocupa el problema central epistémico- metodológico 4 de la práctica investigativa.

Esta reflexión viene de observar que en las investigaciones y estudios de la academia, regularmente, el sujeto de estudio se encubre, se oculta o de plano se niega y no se logra plantear el problema de la investigación (Zemelman. 1987, 1989, 1990); o en todo caso se sustituye por meras descripciones historiográficas o etnográficas que no dan cuenta del sujeto de investigación que subyace a las fuentes o a los discursos manifiestos, de manera que se constriñe a una dimensión, sin contemplar todas las demás que constituyen al sujeto de estudio y que son necesarias para dar cuenta de la complejidad del hacer cultural e histórico del sujeto. En este sentido, es que considero que en toda forma de hacer la investigación y plantear la problemática que se quiere conocer, exige capacidad de reflexividad, condición de la subjetividad reflexiva 5 , que deviene de la conciencia histórica y conciencia epistémica.

4 Ver “Sujeto social y Antropología. Despliegue de subjetividad como realidad y conocimiento” de Jorge Alonso y Rafael Sandoval en Historia de los conceptos. Ed. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. México 2008. 5 Con el concepto de “Subjetividad reflexiva” alude a la potencialidad del sujeto para pensar y reflexionar sobre su proceso de constitución como tal sujeto, con capacidad de reconocer la pertinencia del ejercicio de su autonomía (Castoriadis 1992)

Considero la pertinencia de que cuando se plantea la problemática del trabajo investigativo, se reconozca el lugar desde donde se hace, para que se hace y contra quien se hace, es decir tomando la responsabilidad ética y epistémica como sujeto que constituye parte de esa pluralidad de sujetos que configura la construcción del conocimiento en la investigación, asumiendo el posicionamiento ético-político correspondiente.

Así, el problema que se plantea como materia de trabajo, implica la realidad articulada que producen los sujetos en formas de arqueología, arquitectura, historia, cultura, etc. es decir, las formas de hacer en la creación cultural y la transformación social en el espacio territorio durante el tiempo histórico (Zibechi, 2006) . Esto a su vez nos plantea como trabajadores, la necesidad de conciencia histórica y conciencia política sobre el sujeto creador de cultura, de manera que nos despojemos de la forma de entender el producto de su trabajo como fetiches y artefactos cosificados. No hay historia sin sujeto, ni cultura sin sujeto.

En este sentido, estamos obligados ética y políticamente a pensar epistémicamente desde la perspectiva del sujeto creador de cultura y reconocer como es que la historia se ha hecho desde la cotidianidad (Zemelman 1999, 2000). En el peor de los casos a interpretar y dialogar junto con los sujetos de la creación del patrimonio cultural, tanto los herederos de la cultura que le dio vida, como con los propios productos de su trabajo y a través de ellos como trabajo vivo.

Me posiciono desde una postura epistémico-metodológica y ético-política, no podría ser de otro modo pues todos, conscientes o inconscientemente lo hacemos, que reconoce el conocimiento como una construcción social desde diferentes formas de saberes, más allá de las disciplinas académicas institucionalizadas, que se reducen a la racionalidad occidental y cristiana. Vaya pues el desafío de respetar, cuando menos, otras matrices epistémicas diferentes, pero igualmente validas y pertinentes.

El trabajo en el INAH. Reapropiación del proceso de trabajo y necesidad de una nueva forma de hacer política 6

En los últimos veinticinco años, los mismos en que se ha desarrollado un proceso de cambio estructural del aparato del estado mexicano cuando a partir de 1982 accede al poder gubernamental el grupo de tecno-burócratas que implementarían las políticas neoliberales, el INAH fue objeto de un desplazamiento en las prioridades del régimen en cuanto a presupuestos y, mas aun, se pretendió minimizar su presencia e influencia, pues se vio como un obstáculo para la pretensión de privatizar el patrimonio cultural y se promovió la descentralización de sus funciones para que recayeran en el fuero de los estados y municipios.

La resistencia de los trabajadores que impidió el desmantelamiento del Instituto, no fue suficiente para evitar que por vía de hechos el INAH perdiera su capacidad de cumplir a cabalidad con las funciones sustantivas de manera adecuada. La reducción presupuestal, la imposición de autoridades ignorantes de la misión de la institución y el estancamiento en cuanto a la adquisición de la tecnología apropiada para el desempeño del trabajo investigativo, de difusión y de conservación y custodia del patrimonio cultural, fueron factores determinantes para llegar con un INAH disminuido en sus capacidades.

Por su parte los trabajadores administrativos, manuales y técnicos, amt del INAH, sometidos en todos esos años a los recortes presupuestales hasta llegar a fragmentar y flexibilizar su trabajo, se vieron disminuidos a su mínima expresión en el ejercicio de sus funciones, hoy se vive una crisis de identidad en la mayoría, pues con todos los cambios en la definición de funciones que el catalogo de puestos y el profesiograma contiene, a la par del proceso de reubicación de puestos, prácticamente nos encontramos con que carecemos de una organización del trabajo donde los trabajadores sean los que

6 Algunas de las ideas que aquí planteo las exprese por primera vez en un foro de discusión de la Organización Nacional de Trabajadores amt del INAH Región Centro Occidente, en agosto del 2001. Ver “Sindicalismo en el INAH. Necesidad de una nueva forma de hacer política” Comisión de trabajo Región Centro Occidente, agosto 2001.

determinen los procesos a cabalidad, así como de las herramientas de la tecnología para el desempeño del trabajo.

Si consideramos además que nos han estado subordinando a un sistema de organización del trabajo donde privan los sistemas computarizados y no existe la infraestructura suficiente ni la capacitación adecuada para tomar el control, podemos esperar que la selección natural y exclusión de los trabajadores en los procesos de trabajo será todavía más profunda y, por supuesto, influirá en el deterioro anímico y la crisis de identidad que como trabajadores de la cultura.

Con el cambio de régimen político, si se le puede decir así (pues sólo pasamos de un Sistema de Partido de Estado a otro donde todos los partidos configuran un "Partido Virtual de la Unidad", en cuanto a sus programas, formas de gobernar y utilización de los ciudadanos para sus intereses de grupo) resulta una transformación aparente y superficial, pues las políticas neoliberales prevalecen y no se ve ninguna perspectiva favorable para el sector cultura de las instituciones públicas estatales. Con esto lo que se quiere advertir es que la supuesta transición democrática no trae consigo ninguna democratización en la distribución de la riqueza ni tampoco del presupuesto de egresos de la federación, pues todos los partidos lo han aprobaron año tras año y sabemos que la mayor parte del dinero público fue y está siendo utilizado para "salvar" a los banqueros, los constructores de carreteras y todos aquellos empresarios que fueron favorecidos con el FOBAPROBA y la privatización de las paraestatales.

No se ve ninguna posibilidad de un mayor porcentaje del presupuesto federal para el sector cultura pero el que se destine será manejado en su mayoría por una institución que no cuenta siquiera con un estatus legal como es el Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes (CNCA); pero que ha sido el instrumento de los grupos de poder económico y político del país para impulsar la privatización del patrimonio cultural de la nación.

En este sentido, impulsar cualquier iniciativa que le de estatus legal al CNCA, demostraría simple capacidad adaptativa al sistema que impone la clase

política, es decir, nos colocaríamos dentro de sus limites y parámetros. Sería

como, para el caso de la tierra-territorio comunal y ejidal, entrar en el juego de legalizar instituciones y políticas como las que tratan de socavar la Ley Agraria que da absoluta posesión a los indígenas y campesinos de su tierra y capacidad de autogobierno sobre su territorio (es el caso de PROCEDE y PROCECOM), y entrar en el proceso de las privatizadores que inaugurara el cambio al articulo 27 constitucional que impusiera la clase política salinista en

1992.

Se trata de reconocer que cualquier legalización de políticas e instituciones al margen de la Ley Orgánica del INAH y de la Ley de Monumentos y Zonas Arqueológicas, es funcional a la lógica y la racionalidad de la privatización encubierta en la perspectiva de la acumulación por despojo disfrazado de desarrollo turístico.

Esto conlleva el cerrarnos el horizonte donde seamos los trabajadores los que tengamos la posibilidad de controlar el proceso de nuestro trabajo y estaríamos sometiéndonos al orden establecido por la clase política que opera el interés del capital. Es pertinente distinguir desde donde estamos pensando y argumentando, pues cualquier postura funcional a la legalización de leyes e instituciones ilegales como lo es el CNCA, cambiaría el estatus legal del propio INAH; pero no sólo eso, sino que estaríamos propiciando y contribuyendo a la negación de la resistencia que durante casi veinte años hemos dado para defender la legalidad del INAH.

No olvidemos que ninguna ley y mucho menos las ilegitimas es garantía de nada, no olvidemos que un hecho jurídico es la legalización de un hecho político. No tenemos que ceder a lo que aparenta ser un argumento lógico y positivo y borrar la conciencia histórica sobre la defensa de nuestro trabajo respecto del patrimonio cultural de la nación.

En las circunstancias en que se encuentra la mayor parte de la población de México, y mientras no cambie la correlación de fuerzas a favor de un modelo de país que haga respetar la soberanía y con ello sus riquezas culturales que

junto con los recursos energéticos, la biodiversidad y los saberes locales con que cuentan los pueblos indígenas (tradición tecnológica, medicinal, ecológica y productiva) que son el patrimonio de los mexicanos, tendremos que plantearnos formas de resistencia que desde las circunstancias locales en que nos encontramos empecemos a revertir el deterioro de las condiciones de trabajo por la vía de participar activamente en la organización del proceso de trabajo.

Reapropiarnos de la materia de trabajo que corresponde a las actividades sustantivas del INAH e iniciar un proceso de capacitación que nos ponga en la condición de manejar la organización del trabajo y la tecnología que hoy se requiere para llevar a cabo dichas actividades (investigación, difusión, conservación y cuidado del patrimonio cultural) se convierte en una forma de resistencia que además nos restituye la identidad como trabajadores de la cultura. Resistir desde el hacer cotidiano del trabajo se convierte en una forma de existir y exigir se respete la integridad del INAH como una institución de trabajo digno. Será, además, el elemento de articulación con las diferentes comunidades urbanas y rurales que constituye la pluralidad de sujetos que son producentes 7 del patrimonio cultural.

En conclusión, se presenta una perspectiva que integra tres ejes de acción íntimamente relacionados:

1. Recuperación y reapropiación de las actividades sustantivas de INAH desde una participación activa y consciente en el proceso de trabajo.

2. Apropiación de la tecnología y herramientas necesarias para la realización del trabajo.

3. Relación articulada con las diferentes colectividades que constituyen las comunidades, pueblos y sociedades civiles, a partir de generar iniciativas que coadyuven en la protección del patrimonio cultural y su disfrute por todos y todas, impidiendo su privatización.

7 Producente, del latín producens (participio activo, poco usado), producir, “El que produce”. Diccionario de la lengua Castellana. 1937, tomo V: p.393. Véase página de la Real Academia Española de la Lengua (www.rae.es/es/rae/gestores).

La posibilidad de concretar estos tres ejes de acción exige hacernos de una voluntad colectiva y la conciencia de que la defensa de nuestro trabajo se inicie desde la realización del propio trabajo, aún y a pesar de no contar con presupuestos que pudieran respaldar proyectos de largo plazo y con mayor calidad. En este sentido, la integración de espacios de coordinación entre las diferentes áreas de investigación podrá facilitar el control del proceso de trabajo y la tarea de planeación y evaluación que permita superar nuestras limitaciones. Podría ser en esas instancias de coordinación que por vía de hechos generemos desde donde se obligue y comprometa a las autoridades del Instituto para que los planes y programas se cumplan en tanto sean respaldados con los recursos económicos y de infraestructura técnica necesario.

No perdamos de vista que en la sociedad capitalista del siglo XXI los sistemas de control y de poder ya no son suficientes para disciplinar y someter, así como sus tradicionales formas corporativas y represivas; ahora, el poder se ejerce por máquinas que organizan directamente los cerebros, a través de sistemas de comunicación, de redes de información, etc., que controlan los cuerpos mediante sistemas de disciplina al estilo la flexibilización del trabajo, obligando a la competencia a cambio de ventajas en la adquisición de prestaciones sociales, metiendo a las personas en actividades encuadradas y organizadas por los burócratas del poder, todo lo cuál, induce hacia un estado de alienación que inhibe la autonomía, el sentido de la vida y del deseo de creatividad [Negri, 1999 y 2001] haciéndonos creer que nosotros, los individuos, somos los culpables de nuestra propia situación laboral, cultural y social en permanente deterioro.

En otros términos se vive un proceso en el que la fuerza de trabajo y su naturaleza productiva ha cambiado. Ahora, nuestro trabajo tiende a ser cada vez más inmaterial (lo sustituye la tecnología y los sistemas en redes de comunicación virtual) pues se convierte en una fuerza de trabajo intelectual inmaterial que usa la tecnología computarizada, la informática y los medios de comunicación en toda su complejidad, de modo que la explotación y la

dominación adquieren dimensiones en las que nos vemos consumidos en cuerpo y alma, como se dice comúnmente.

Con todo, en esa nueva forma de explotación y dominación del trabajo también se instituyen formas de resistencia y voluntad colectiva. A través de la apropiación del conocimiento y el lenguaje de los sistemas de comunicación los trabajadores podemos inhibir y desarticular el proceso de deterioro de la vida e iniciar la recuperación de nuestra libertad, para desde ahí luchar por un nuevo tiempo de vida, con justicia y dignidad, parafraseando a los zapatistas.

En ese sentido, los trabajadores del INAH estamos obligados a ser autocríticos y reconocer que vivimos una crisis en las formas de hacer política y de la propia política sindical, a partir del momento en que hemos aceptado, o sido incapaces de impedir, la política del Estado inaugurada a principios de los años ochentas y que trajo consigo la fragmentación y homogenización en los procesos de trabajo y condiciones laborales.

En estos años se ha dado un proceso de deterioro, tanto en el ámbito sindical como en el laboral, pues el INAH no fue ajeno a las políticas de austeridad, contención salarial, flexibilización del trabajo, congelación de plazas, cooptación de trabajadores investigadores para desempeñar funciones de dirección administrativa para desde los puestos de confianza operar la política neoliberales implementada por los gobiernos de todos los colores. Habría que revisar si desde las direcciones sindicales, a través de compañeros comprometidos con la clase política de los partidos y burocracias gubernamentales, también hayan contribuido a inhibir las pulsiones de cambio en las formas de hacer política sindical, para poner la política sindical acorde con las ilusiones de la transición a la democracia y la falsa democracia electoral (Sandoval, 2006).

La problemática que tenemos en general es parecida a la que viven la mayoría de las organizaciones de trabajadores que tuvieron experiencia de lucha por la democratización sindical y contra el corporativismo paternalista y clientelar desde los años setenta. El sindicalismo está en crisis. En nuestro caso,

después de la democratización de nuestra delegación, que como parte del

SNTE estaba controlada por la burocracia sindical encabezada por Jongitud

Barrios y Elba Esther Gordillo, entre otros, no hemos experimentamos nuevas

formas de hacer política sindical que nos permitan tomar el control autónomo 8

de los procesos de trabajo en el INAH. Así, la corrupción y manipulación que

favorecen las directrices políticas y laborales que la dirección general del INAH

ha implementado, ha logrado que haya individuos en nuestro gremio que al

acceder a puestos directivos, directores y administradores de los centros

regionales y miembros de los consejos nacionales, han permitido y avalado la

destrucción del patrimonio cultural.

La crisis que en otros ámbitos de la vida social y económica hemos padecido

todos los trabajadores: en la salud, vivienda, educación, recreación, así como

la causada por las políticas laborales del Estado, ha provocado un ambiente en

las relaciones personales entre los trabajadores que raya en la competencia

individual, la envidia y la traición en asuntos laborales y sindicales, producto del

sistema de competencias que se ha impuesto y que el sistema nacional de

investigadores norma 9 .

Con todo esto, estamos obligados a pasar por un proceso donde será

necesario la apropiación y defensa de nuestra materia de trabajo, que no es

otra que el patrimonio cultural de la nación, y que buscar cómo seamos los

trabajadores quienes ejerzamos y controlemos autónomamente las instancias

técnicas y organizativas del proceso de trabajo.

En Defensa del patrimonio Cultural, articular nuestro trabajo con la lucha contra el despojo y la explotación capitalista

8 Planteo la idea de la autonomía en el sentido de que somos los trabajadores investigadores quienes determinamos el proceso de trabajo y responsables de nuestra materia de trabajo y las autoridades administrativas sólo coadyuvantes y facilitadores para que se garantice nuestro trabajo. El espíritu de las Condiciones Generales de Trabajo así lo establecen y en ellas está garantizada la bilateralidad para ejercer incluso las reglas de la administración operativa.

9 Ver Apuntes para una agenda de discusión sobre ciencia, cultura y educación superior”.

Mónica Gallegos, Rocío Salcido y Rafael Sandoval. Ponencia presentada en el Foro sobre la Problemática de las Universidades Públicas La política educativa y sus implicaciones. En Guadalajara, México, 2002.

La lucha contra la destrucción del patrimonio cultural exige actualmente una forma de hacer política que articule con la lucha que están dando los pueblos, comunidades y barrios, como descendientes directos de quienes fueron los creadores del patrimonio cultural, sujetos que ocupan el mismo territorio donde se asienta dicho patrimonio 10 . De manera que entendamos que la defensa del patrimonio cultural implica, en la situación actual, la lucha contra el despojo del territorio y la cultura, pues no se pueden entender separadas, a menos que desconozcamos a los sujetos que las producen y a los que las han resguardado durante siglos 11 .

Entre los estudios de nuestros compañeros investigadores existen suficientes muestras de cómo el despojo de los territorios al que están sometidos los pueblos indígenas, está directamente relacionado con la privatización de la tierra comunal y ejidal. La modificación del articulo 27 constitucional en 1992 por Carlos Salinas y los partidos políticos que controlan el poder legislativo, sentó las bases, y ahora, los programas como El Programa de Certificación de Derechos Parcelarios y Titulación de Solares (PROCEDE) y el Programa de Certificación de Derechos Comunales (PROCECOM), son parte de las políticas neoliberales que aplican prácticamente todos los gobiernos de todos los colores, como es el caso del ayuntamiento perredista del municipio de Poncitlan en Jalisco que mantiene una política de despojo del territorio del pueblo Coca de Mezcala, con particular ahínco en la destrucción de la arqueología y la arquitectura monumental de la Isla del Presidio; el caso del

10 Algunas de estas ideas la manifesté en el Foro sobre la defensa del patrimonio cultural que organizó la delegación sindical de los académicos del INAH a mediados del año del 2009 en la ciudad de México.

11 Este modelo neoliberal implementado desde 1982, año en que se dio el viraje en la clase política mexicana y asumió la dirección la fracción tecnócrata de los capitalistas, ha generado un redimensionamiento de la confrontación clasista, de manera que la clase política toda y la clase capitalista, igual se lanzan a invadir las tierras, bosques y áreas de reserva natural protegidas en zonas rurales o urbanas, explotando y destruyendo naturaleza y cultura; y si para ello tienen que inventar leyes que legalicen el despojo, lo hacen con el mayor cinismo, si tienen que matar y reprimir a quienes se resisten al despojo, igual lo hacen sin ninguna reserva; leyes incluso como la Ley Estatal Indigena de Jalisco, que desconoce al pueblo Coca de Mezcala y de San Pedro Itzican y a varias comunidades Nahuas del sur de Jalisco, arguyendo que no hablan la lengua ni se visten de acuerdo a las costumbres ancestrales.

ayuntamiento panista de Mezquitic que hace lo mismo con el pueblo Wirrarika, con la destrucción de sus zonas sagradas como la de Paso del Oso, que está siendo destruida por la construcción de una carretera que pretende ser la vena del corredor turístico en la sierra del territorio Wirrarika; lo mismo que el ayuntamiento priista del ayuntamiento de Ayotitlan y Tuzpan contra los pueblos Nahuas, también de Jalisco que están favoreciendo a las mineras, propiedad de capitalistas trasnacionales. Así mismo lo están haciendo con el centro histórico de Guadalajara, Jalisco, con el despojo a los habitantes que por generaciones lo han habitado.

Ratifico la necesidad de elaborar entre todos una radiografía y diagnostico del despojo y la destrucción del patrimonio cultural en todo el país; hacerlo con la participación de los pueblos, comunidades, barrios y personas que están de hecho dando la lucha y la resistencia contra la destrucción y el despojo del patrimonio cultural y su territorio 12 , que no es sino una nueva guerra de conquista y colonización, la modalidad no le pide nada a la que hace quinientos años llevaron a cabo los españoles, más aún, a los nuevos invasores los caracteriza su desprecio racial y clasista de manera que tratan a indígenas y campesinos como si no fueran seres humanos que, si antes se les negó esta condición por no estar evangelizados, ahora es porque no se han subido al tren del progreso, que para ellos significa convertir a las zonas arqueológicas y monumentos históricos en mercancías a explotar “turisticamente” y el entorno geográfico en lujosos fraccionamientos, hoteles y campos de golf 13 .

12 En los últimos años se ha mostrado la extensión y brutalidad del despojo de los territorios de las comunidades ejidales e indígenas por parte de los señores del capital y sus empleados, los burócratas de los gobiernos de todos los colores en Jalisco: Cihuatlán en la costa, Mezcala, en el municipio de Poncitlán, Tomatlán, Paramán-Xola, en el municipio de Tomatlán, Chalacatepec, aledaña a la zona de reserva y sitio de refugio para tortugas marinas, el playón de Mismaloya, la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala, en el municipio de la huerta, las zonas sagradas del pueblo Wirrárika, entre otros, dan cuenta de ello

13 Se les olvida a los burócratas, déspotas ignorantes, que este modelo fue aplicado en los años setentas y ochentas en el sureste mexicano, orillando a los pueblos mayas a refugiarse en el rincón más inhóspito de la selva lacandona, olvidan que de ahí surgió el embrión de lo que ahora es el movimiento más importante de autonomía y autoemancipación de los pueblos anticapitalistas, y que nació precisamente reivindicando la dignidad y la resistencia frente al despojo, el desprecio y la represión.

Con todo, la resistencia y la autonomía, como forma de hacer política, ha generado iniciativas políticas y organizativas en las localidades y desde la cotidianidad de los pueblos y barrios del campo y la ciudad. La construcción de autonomía va creando o consolidando donde ya se realizan procesos de autogobierno, autogestión y organización comunitaria, proyectos en la perspectiva de que sean los propios sujetos sociales quien se haga cargo de la reproducción de su vida digna, y con ello, de su cultura y la naturaleza.

Ello ha exigido que cada comunidad y colectivo sea el estratega de su propia resistencia, reconociendo así las diferencias, de manera que aquellos sujetos que han logrado articularse y enlazar sus luchas y movimientos de resistencia, para enfrentar la estrategia colonialista de despojo y represión que los burócratas gubernamentales han implementado de manera brutal, ha sido merced al respeto a sus diferencias y la solidaridad se ha basado en el apoyo mutuo.

Habría que preguntarnos, como trabajadores de la cultura, si hemos estado y de que forma contribuido en esos procesos, pues como parte de esa pluralidad de sujetos que constituyen la defensa del patrimonio cultural, seguramente hemos estado ahí, de manera consciente o inconsciente, contribuyendo a la defensa o a su fetichización 14 . Sabemos como bien se dice en la convocatoria a este congreso, que “las decisiones políticas de los últimos sexenios han operado en contra de los orígenes fundacionales del INAH y de su funcionamiento apegado a la legislación que le da razón de ser política, académica e institucionalmente”, ante esto las preguntas que podemos hacernos son ¿en que medida hemos contribuido a que haya sido? ¿Cuál ha sido nuestra forma de resistir y revelarnos ante esta política cultural? ¿Es necesario dejar de hacer política en la perspectiva de la clase política profesional y partidaria y experimentar nuevas formas de hacer política

14 La conciencia de la necesidad de desfetichización significa reconocer en principio que estamos sometidos a la explotación de nuestro trabajo y a la alienación de la conciencia por medio de la educación que impone el sistema político-cultural, de manera que se manifieste la impronta en la necesidad de cuestionar y criticar esos procesos en la medida que se convierten en insoportables y que no resuelven las mínimas condiciones de reproducción de la vida digna

sindical? ¿Cómo sería ser autónomos en el contexto de la institución inah para como trabajadores apropiarnos de nuestra materia de trabajo y del proceso que de trabajo, considerando a los demás trabajadores del inah que son parte de dicho proceso?.

Pensar en la elaboración de un programa de lucha de los trabajadores investigadores del INAH, implica dar cuenta del contexto en el que nos encontramos junto con todas las clases sociales dominadas, pues implica el desafío de dibujar un proyecto de futuro como sujetos, pero puede resultar insignificante cuando no es elaborado por los propios sujetos, de manera que sería pertinente diseñar una forma de consulta a los investigadores a nivel nacional, los que son participantes regulares de la vida sindical y de los que no, que nos permita ir construyendo el programa a la par que vamos preguntándonos entre todos sobre las necesidades que como trabajadores tenemos. Esto es así considerando que la construcción de sentido sobre el horizonte de futuro es consustancial al devenir en la historia del sujeto, pues se proyecta hacia el futuro a partir del hacer en su presente, pero también del futuro deseado se resignifica su historia presente (Sandoval, 2009).

La construcción de un programa de lucha que de cuenta de las prácticas que los sujetos concretos están realizando desde su cotidianidad y su espacio de vida y trabajo en la perspectiva de resolver sus necesidades y generar las relaciones sociales necesarias para ello, si de hacerlas al margen del Estado y el mercado se trata, implica que sean los propios sujetos quienes lo elaboren, pues la emancipación es autoemancipación y ello exige otra forma de hacer, de escucha, de dialogar, entre los diferentes que somos; es decir, una forma de hacer el caminar preguntando, para decirlo en palabras del zapatismo, de manera que, las formas de hacer política se convierten en fundamentales y determinantes para el cambio en las relaciones sociales dominantes. Y en esto radica el elemento central para pensar, desde la perspectiva del sujeto que, en este caso, el sujeto somos los trabajadores del INAH.

Es importante por tanto, distinguir un programa de un plan de acción. Un programa contiene lo que pensamos y lo que consideramos respecto de la

realidad, de nuestra realidad, pues la realidad se constituye con la acción de los diferentes sujetos y la confrontación y lucha que resulta de las relaciones sociales-económicas-políticas dominantes, y así el programa es una construcción y creación permanente de trabajo, lucha, iniciativas de acción en todos los ámbitos.

Desde esta condición de acción y experiencia, se trata de poner en un plano general y hasta cierto punto abstracto, los problemas concretos, la forma como hemos pensado y hecho la lucha y la resistencia contra el despojo de nuestra materia de trabajo y la privatización del patrimonio cultural, la represión, la dominación y el desprecio que sobre los sujetos creadores de dicho patrimonio se ha ejercido por parte del Estado y los capitalistas; pero también cómo hemos estado construyendo nuestras formas de sobrevivir, de relacionarnos socialmente, de organizarnos y de construir desde ahora el otro mundo que queremos para vivir dignamente. Seguramente que desde cada localidad los trabajadores investigadores del INAH hemos experimentado todo esto, pongámoslo en común y veamos como nos articulamos.

En este sentido, la construcción colectiva de un Programa Nacional de Lucha, implica la discusión y reflexión sobre los compromisos e iniciativas de trabajo que cada quien y desde su espacio y tiempo está haciendo, así como lo que en común podríamos estar haciendo en todas las comunidades, barrios, pueblos, centros de trabajo, espacios de culturas y recreación. Además de que ello trae consigo que el conocimiento que cada quien tiene se comparta, generando un enlace, donde la transmisión de los saberes de cada quien sean puestos en común, de manera que el conocimiento y la experiencia de todos, con el dialogo que permite autocuestionarse, crezca con la historia que estamos haciendo.

Finalmente una última reflexión a la que animo es sobre el despojo del que son objeto tanto las comunidades de Montes Azules, en Chiapas, como en la ribera de Chapala y el sur de Jalisco y en general en todos los espacios habitados por los pobres de las ciudades y el campo mexicano, que es operado por los déspotas iletrados de la clase política, afanados en “limpiar” de pobres los

espacios de los centros urbanos y los territorios ricos en biodiversidad. Esto es el eje de la guerra del capital en contra de los pueblos, con el objetivo de seguir acumulando capital a costa de robarles el último patrimonio que les queda, su tierra-territorio.

Desde el año 2001, cuando se violaron los acuerdos de San Andrés, pactados entre el EZLN y el gobierno, la clase política ha venido instrumentando una guerra de rapiña y colonización violenta no sólo contra los pueblos indígenas. Lo mismo le han hecho a los trabajadores de la ciudad y el campo con la imposición de leyes y políticas públicas que violan la Constitución y sus leyes reglamentarias que, se supone, garantizan el derecho al trabajo y la salud, la educación y la cultura, la vivienda y la tierra, así como el derecho a la información, la libertad, la justicia, la democracia y la paz.

Con este escenario nacional de represión policiaca y militar, cualquier iniciativa relacionada con ir con los partidos políticos en sus intentos por legislar en el ámbito estatal o federal todo tipo de leyes, resulta no sólo imprudente, sino complicidad con la guerra del capital contra el trabajo. ¿Cómo olvidar las iniciativas que promovió el Banco Mundial entre los partidos y organizaciones no gubernamentales con aquello de la democracia y el respeto a los derechos humanos como ejes ordenadores para la alternancia en el poder y la transición democrática?

Estamos a tiempo de advertir que, en los planes de los verdaderos dueños del poder, los capitalistas, está utilizar al sector de la clase política más retrógrada y reaccionaria para impulsar el despojo y la represión abierta para inhibir la resistencia del pueblo y posteriormente utilizar al otro sector de los partidos y políticos que se hacen llamar “de izquierda” o “liberales” o “de centro”, para amortiguar lo que seguramente podría ser una rebeldía generalizada provocada por la represión, incluso la imposibilidad de reproducir la vida.

En este sentido, conviene reivindicar la importancia que tiene no dejarse seducir ni doblegarse ante el poder y el dinero en los momentos de mayor confusión y desesperación, pues la otra política, la que se hace al margen del

poder y el Estado tiene mucho que ver con la dignidad, la independencia y la autonomía. Esto será más necesario que nunca en el momento en que la clase dominante le dé el pase a un gobierno progresista como última fórmula para contener la rebeldía.

Ante este horizonte de futuro, la posición de miles de colectivos y organizaciones sociales, respecto de la clase política toda es de rechazo a sus procesos electorales y sus iniciativas organizativas. Es en ese sentido que se puede entender la posición que el EZLN fijó públicamente frente a todos los partidos políticos el primero de enero de 2003, donde dejó claro cuál era el caminar zapatista: “no caminar el camino de la clase política ni movernos en su tablero, no recibir nada como nada reciben las comunidades zapatistas en resistencia de ninguna instancia gubernamental nacional o extranjera”.

Desde esta perspectiva, el significado que tiene recibir financiamiento para impulsar iniciativas, en los marcos del propio régimen político es de complicidad con la clase política, pues a la larga favorecen a un sector del capital y sus grupos de poder político. Cabría preguntarse si es posible ser antisistema de medio tiempo y en la otra mitad actuar mediado por las instituciones políticas del Estado. El problema es hacer política en la lógica del poder y el Estado.

La situación de guerra de conquista de territorios no se detiene ni depende de si accede al poder el PRI o el PRD, pues ahora, gane quien gane, toda la clase política está dispuesta y obligada a ser operadora de la nueva colonización. Pero está por verse qué acción toman los millones de mexicanos que desde su cotidianidad y localidades resisten al despojo. No se ha agotado la capacidad de imaginación y apenas se están construyendo los puentes necesarios para una agenda de lucha común con todas las diferencias.

Lo que pasa es que el tamaño de la represión y el desprecio que se soporta ha logrado hasta ahora contener o desarticular las iniciativas, pero no desaparecen del todo y tampoco puede contenerse por tiempo indefinido. Mientras tanto, se realizan cientos de acciones en forma parcelada para

dispersar el poder del Estado, ello se ha convertido en un dispositivo desde el

cual se diluye la dominación del capital, sólo mientras todos caminamos al

mismo ritmo. Dispersar el poder a través de acciones parceladas puede ser un

buen método, si aplicado en común se realiza, al ser una táctica relacionada

con la aplicación subversiva de la regla de dislocarse para evitar que nos

identifiquen-clasifiquen-cosifiquen en un lugar común general.

No está por demás recordar que la otra realidad es que estamos unidos en la

condición de explotación y despojo, y que desde donde estamos podemos

contribuir a que las resistencias se encuentren, pues la voluntad colectiva y la

necesidad de reconocernos en el Otro va creando el concierto de las

subjetividades parceladas.

Se trata de experimentar nuevas formas de hacer política, pues ya muchas se

han agotado, se trata de algo fundamental: la experiencia concreta de vivir la

resistencia, ahí donde se da, sólo hay que empezar a reconocerla como primer

paso para enlazarnos, pues como decía Raoul Vaneigem, militante de la

Internacional Situacionista en 1967, experimentemos la táctica de ser todos

tácticos, que no es otra cosa que cada compañero sea el táctico y estratega

todos los días en el seno de la resistencia, que no dependamos de un

estratega, sino que la estrategia sea “conjunción” del juego que juegan los

rebeldes desde las resistencias (Vaneigem, 1988), de manera que evitemos

movernos en el tablero plano del poder y crear un tablero de la resistencia, así,

ante la estrategia de guerra, la parcelación de las luchas en todos los frentes

(político, social, cultural, económico) puede resultar una forma de patear el

tablero del poder e inhibir y desarticular sus golpes totales.

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