Você está na página 1de 14
Ciencias Sociales Online , Marzo 2007, Vol. IV, No. 1. Universidad de Viña del Mar

Ciencias Sociales Online, Marzo 2007, Vol. IV, No. 1. Universidad de Viña del Mar Chile

LA CANUTOFOBIA EN CHILE:

LOS FACTORES SOCIOCULTURALES DE LA DISCRIMINACIÓN EVANGÉLICA

Phobia to Canutos (1) in Chile: The socio-cultural factors of evangelists discrimination.

Miguel Ángel Mansilla Agüero Universidad Arturo Prat - Chile

RESUMEN

El rechazo de la cultura evangélica en Chile está muy arraigado, tiene que ver con factores sociales, culturales y económicos y que luego se reproducen en lo político y jurídico. Los evangélicos están asociados a la pobreza (aporofobia), la baja escolaridad y al fanatismo, y por otro lado por su aprehensión cultural indígena. Es decir es un rechazo de piel, que se transforma en una discriminación fenotípica. En otra dimensión este rechazo, no es epidérmico sino por los valores; porque el discurso evangélico se torna matricida, patrifílico y marianicida, frente a una sociedad marianista; donde predomina la reproducción del mito del padre ausente y la deificación de la madre. Frente a ello discurso evangélico se torna iconoclasta.

Palabras claves: <discriminación, masculinidad, marianicidio, aporofobia>

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

48

ABSTRACT

The rejection for evangelical culture in Chile is deeply-rooted. It has to do with social, cultural and economic factors that are reproduced later in political and legal scenarios. Evangelicals are associated to poverty (aporofoby), low education, fanaticism, and on the other hand by their indigenous cultural apprehension. We can say that it is a complexion rejection, that becomes a phenotypical discrimination. In other dimension this rejection is not epidermical but of values; because the evangelical discourse turns mother-hating and father-loving facing a Marianist society and where the reproduction of the myth of the absent father predominates, this speech turns iconoclastic.

Key Words: <discrimination, masculinity, marianicide, aporofoby>

Recibido: 16 Septiembre 2006 Aceptado: 27 Noviembre 2007

INTRODUCCIÓN

La historia chilena ha sido una constante de heterofobias, aversión a la diferencia; el difuso desasosiego, inquietud o angustia que la gente suele experimentar siempre que se enfrenta con ingredientes humanosque no entiende del todo, con los que no se puede esperar que se comporten de forma conocida y rutinaria. Es una manifestación concentrada de un fenómeno más amplio de angustia provocada por la sensación de no tener control sobre la situación y, en consecuencia, no poder ejercer ninguna influencia sobre su evolución, ni tampoco prever las consecuencias de la propia actuación. La heterofobia puede surgir como objetificación, real o irreal, de esta angustia, pero lo más probable es que la angustia en cuestión acabe buscando cualquier objeto al cual anclarse. En consecuencia, la heterofobia es un fenómeno bastante corriente en todas las épocas y más todavía en una era de modernidad en los que son más frecuentes las ocasiones para la experiencia sin controly resulta más plausible interpretar esta experiencia en términos de inoportuna interferencia de un grupo humano extraño (Bauman 1998:85)

Entre los sinnúmeros de fenómenos heterofóbicos existente en Chile, encontramos la canutofobia. La palabra canuto, si bien es cierto inicialmente nace ligado a un determinado predicador (Juan Von de Canut), pero luego la expresión se refiere a una planta que expresa algo hueco y vacío por dentro; fanático, que expresa una enfermedad mental, que no puede controlar y que está sujeto a ser internado y encerrado. Sólo los locos y anormales pueden ponerse a predicar en la calle, sin que nadie los escuche; más aún recibiendo ignominias y execraciones. Sin embargo los evangélicos han asumido esta palabra como parte de su identidad, pero derivada del predicador metodista belga quien realizó sus predicaciones en la calle entre 1890 y 1896 en la Serena, Coquimbo, Santiago, Concepción, Angol y Temuco.

A comienzo del siglo XX, cuando nace el pentecostalismo chileno, son puestos en el mismo saco, berrinches del bajo pueblo, el populacho, los rotos y las chinas; que

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

49

más se podía esperar de ellos, conductas propias de la chusma y del desvarío del hambre y el alcohol. Algunos grupos marchaban pidiendo mejores condiciones de trabajo, otros más derechos laborales, otros creaban nuevas organizaciones sociales. Por lo cual conducta como, desordenes al interior de templos protestante, no era sorprendente. Sin embargo algo nuevo comienza, las predicaciones callejeras como única metodología proseletistadonde algunos gritaban a capela mensajes religiosos o cantaban y otros exponían públicamente vergonzosas conductas pasadas, eso es solo conductas de anormales, locura o enfermos mentales: el nombre que englobaba todo eso, fue canutos.

Nadie ha escrito sobre la canutofobia, porque no ha habido holocausto, ni campos de concentración, ni pacificación militarizada, ni procesos de chilenización; sino que el problema está ahí en la invisible invisibilidadde la sociedad; en el hostigamiento y discriminación en las escuelas y el trabajo, pero se ha callado porque es visto como natural de bromas de compañeroso bien parte de la sociedad chilena que no ve a los evangélicos, y cuando se los ve es para resaltar sus males. Es la indiferencia absoluta. Sin embargo, como señala González (2004: 110), sólo se recuerda en la intimidad de los hogares; solamente es posible acceder al recuerdo anecdótico en la confianza que da la amistad o los lazos familiares, visto como algo del pasado intolerante de nuestra sociedad, que ni siquiera ella puede recordar: ¿cómo recordar algo de la cual no se tiene conciencia?.

La canutofobia en Chile está muy enraizada porque tiene componentes socioeconómicos y culturales. En cuanto a lo cultural, encontramos la redención masculina, el matricidio y el marianicidio y en lo socio económico está la aporofobia.

LA REDENCIÓN MASCULINA

Desde sus inicios el pentecostalismo genera una redefinición de la masculinidad, constatado por los diferentes estudiosos de dicho movimiento religioso, comenzando a mediado de los sesenta por Lalive Epinay (1968), luego Hans Tennekes (1984), Hanneke Slootweg (1989), David Martin (1990), Arturo Fonteine y Haral Beyer (1991)

y recientemente Sonia Montecinos (2002). Esta redefinición, no implica sólo un

neomachismo, como señala Montecinos (2002), aludiendo a la idea un macho proveedor responsable, sino de aspectos no considerado por estas investigaciones como el pentecostalismo de socialización primaria, la inserción de la mujer al

liderazgo pastoraly el control del cuerpo.

Al respecto, Polhnys (1972. Citado por Tennekes 1984), señala que la conversión tiene

efectos más radicales en el caso de los varones ya que es preciso señalar que en los sectores populares chilenos está profundamente arraigada la concepción machista, que otorga al hombre, por el sólo hecho de ser el sustento de la familia, una serie de garantías y privilegios, y regla a la mujer a una condición de clara inferioridad y servidumbre. En efecto el hombre es el jefe del hogar; el que adopta las grandes decisiones y las impone a las esposas como a los hijos. Esta dominación se basa en la dependencia económica de los miembros de la familia y, en no pocos casos, en la fuerza bruta. En este esquema tradicional, el hombre es un extraño en su hogar, entre

50

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

sus hijos. En efecto, pasa todo el día trabajando. Y cuando sale de sus labores habituales, en lugar de dirigirse a casa, se va con los amigosa un bar o clandestino. Es mal visto que un hombre permanezca mucho junto a su familia, porque en tal caso se le considera afeminado o dominado por la esposa. Esto hace que el jefe de hogar no conozca mayormente los problemas cotidianos del hogar ni asuma responsabilidad alguna en la educación y cuidado de los hijos. Ambas tareas caen sobre la mujer.

En el mismo sentido, Tennekes (1984: 92), dice que el pentecostal varón es en su ambiente una rara avis. No bebe, no fuma, no visita los clandestinos, los burdeles ni las canchas de fútbol que proliferan en cada barrio, y que constituyen el sitio de reunión obligada de los hombres del sector; al contrario, permanece mucho más tiempo en casa, junto a su mujer y los niños. Además hace algo que para los hombres latinoamericanos resulta bastante insólito: concurre asiduamente al templo y considera que la religión es una cosa importante en su vida es un personaje que produce sentimientos contradictorios; se le crítica como fanático, farsante y que hace el ridículo; pero inspira respeto porque se le reconoce como hombres honrados, laboriosos, buenos esposos y que no beben.

Slootweg (1989: 25), al respecto escribe varios testimonios, y en ellos una mujer dice mi matrimonio no fue muy feliz. Mi esposo tomaba y fue como un niño que no conocía responsabilidad. Me pegaba y gastaba todo el dinero en trago y otras mujeres, hubo

sin embargo después de convertirme pedí al

muchas peleas. Cada año tenía un hijo

Señor que cambiara a mi esposo. Y ahora él se siente responsable de sus hijos, no gasta toda la plata, él se preocupa más de lo que falta en el hogar, no hay más peleas,

ahora hay más cariño en el hogar.

Montecino (2002) señala que la masculinidad pentecostal se caracteriza por: la

tematización de una masculinidad que abandona el alcohol, la violencia, los garabatos

y el mal vestir. Supone el tránsito hacia un modelo de virilidad completamente opuesto

a lo que los hombres han conocido desde su infancia y en el cual se han estructurado

sus identidades previas al caminar. Este tránsito no es fácil y supone una resocialización de las conductas y una mutación de los sentimientos y deseos, así como llenar de contenidos normas desconocidas y que generalmente se instalan como costumbres de otras clases sociales. El proceso por el cual atraviesan los sujetos es doble: por una parte es ponerse una nueva piel, pero al mismo tiempo esa piel supone el logro de un ascenso, imaginario y real, lo que la autora llama blanqueo. La operación sería entonces: soy un nuevo hombre, dejo atrás los estigmas del pobre (borracho, violento, roto y garabatero), me convierto en otro, en un modelo cercano al que veo en los hombres de clases.

Por otro lado la responsabilidad paternalde la enseñanza a toda la familia lleva a que el hombre se sienta con una misión dentro de ella, como un maestro. El antes y el después paterno están signados por el fin de la violencia y por la entrada del amor. Sobre él está Dios, el gran padre que lo ilumina en este accionar. A estos elementos Montecino le llama neomachismo evangélico, ya que el hombre en tanto padre se atribuye el peso de la vida familiar, su presencia será vital para el desenvolvimiento de ella, y los hijos y esposa quedan en un plano de discípulos. Éste es el nuevo poder del hombre, ya no legitimado en la violencia y en el maltrato, sino en la enseñanza y guía de lo bueno y lo malo. Los hombres no pierden su poder en el plano de lo privado como tampoco en el de lo público. No está la noción de complementariedad entre

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

51

masculino y femenino, ni menos la idea de igualdad entre ambos. Así, de un hombre que basaba su poder en la identidad del macho agresivo, bebedor, camorrero, abandonador, derrochador, se pasa a uno que se asume como el puntal de la familia, el jefe, el líder. Será a través de un nuevo lenguaje que instaure su dominio, pero se trata al fin y al cabo de la potestad sobre los otros.

Pero estas investigaciones no dan cuenta de un fenómeno que se encuentra desde el mismo nacimiento del pentecostalismo que es la redefinición de la masculinidad, que hoy puede parecer muy obvio tal planteamiento, pero en sus inicios este discurso fue significativo.

LA REDEFINICIÓN DE LA MASCULINIDAD

Una de las formas de evidenciar esta transformación de la masculinidad está dada con el control de los cuerpos, que de manera enfática debía definir el ser hombre y mujer. Los pentecostales realzaban el ayuno, momentos que el morirse de hambreno era una metáfora sino una realidad, por la pobreza y el desempleo, así que los alimentos se hacían más eficiente para los niños. Significa también, alejar a los hombre de los espacios maternosrepresentado por la cocina, tiempos en que buscar una mujer como esposa implicaba, buscar una buena cocinera, que haga milagros con los precarios alimentos. En otro sentido el duro trato con el cuerpo, implicaba hacer pensar los hombres que si eran capaces de controlar su apetito por los alimentos, una necesidad fundamental ¿cuánto más se podía lograr con el control del alcohol?. Encontramos relatos pentecostales de hasta cuarenta días en abstención de alimentos.

Este espíritu penitente también conllevaba al realce de la vigilia, sobre todo en los fines de semanas, momentos que el atractivo de los bares se hacían más intensos para los hombres. Estás noches sagradas, significaba entregarse a la oración individual y grupal, los cantos con contenidos luctuosos y caliginosos, esperanzados en el premileniarismo; también estos momentos daban espacios a los testimonios y la posibilidad de expresar cómo otros habían vencidos y cambiar años de vida disolutas;

y por último recomponer fuerzas par enfrentar el lunes, par ir a aquellos espacios de trabajo bregosos.

Se encuentra una fuerte demarcatoria entre los hombres y las mujeres, ninguno podía transgredir las fronteras. Las mujeres debían usar el cabello largo, usar faldas largas, sin maquillajes, bisuterías ni depilados. Los hombres debían usar el cabello corto, traje

y corbata. Estas exigencias también eran muy interesantes para esta época, en que el

acceso a vestimenta era restringidos, para los pobres; el dinero de los maquillajes, bisuterías y el alcohol, se podía invertir en alimentos, mejorar la vivienda y vestimentas para la familia, sobre todo en esto último en donde los varones debían lucir terno y corbata, desde la misma niñez como sinónimo de cambio de vida.

Con el fin de diferenciar la masculinidad se construyen distintas representaciones, construcciones binarias u opuestas entre sí que definen a la identidad masculina:

hombre del mundo/ hombre cristiano, hombre carnal/ hombre espiritual, hombre natural/ hombre espiritual, hombre nuevo/ hombre viejo, el viejo Adán/ el nuevo

52

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

Adán. Estas representaciones manifiestan una redefinición de la identidad masculina entre un modelo histórico ideal como es Jesús y Pablo en contraposición con modelos de hombres no evangélicos

El hombre pentecostal, es aquel tipo, que abandona el éxtasis hedónico, para vivir la victoria de la acción; este tipo de hombre o de masculinidad ha vivido en la etapa de la desesperación, de la astenia pasional y de la falta de decisión de la etapa mundana. Aquí el hombre deviene en existencia, es atraído por su esposa al templo, para comenzar a vivir para la eternidad; esta elección marca el camino de la interioridad y disipa la tendencia pusilánime y enmascaramiento. Adviene en esta etapa la transparencia, una suerte de veracidad interior que aflora en el trato humano, sinceramiento de la personalidad, la caída de la máscara; y esta transparencia se verifica en el acogimiento familiar, del amor y del matrimonio, se realza el deber. Este tipo de hombre tiene una concepción de Dios, misericordioso y perdonador, pero severo, distante, poco afectivo y castigador, propio de la concepción paternal del contexto social; por lo cual es un tipo de masculinidad afectiva y autoritaria con su familia. Lo que significaba que la trinidad divinao la humanidad tripartita(cuerpo, alma y espíritu), lo aplicaba a su hogar construyendo una trinidad doméstica: hombre- esposo- padre-; mujer- esposa- madre; y niños- hijos- menores.

Es un tipo de hombre que, por las circunstancias de la época y la interpretación condicionada a la época de la Biblia, el hombre pentecostalmarcó su identidad como alguien apocado, una identidad contrastante: reconstruida en la Biblia como hijo de Dios, elegido y pueblo de Dios; pero socialmente discriminado, deteriorado y menoscabado, lo que le conducía a alejarse del mundoo bien alejarse de la iglesia, pero no podía convivir con ambos mundos, con ambas realidades. Sin embargo el alejarse del mundole permitía vivir su fe con intensidad, pero más bien sujeta al templo, el trabajo y el hogar, con una concepción intensamente premileniarista, lo que lo hacía evadir las responsabilidades con su ciudad, sociedad o país.

El abandono del consumo de alcohol, por parte de los hombres, es el signo más evidente del inicio del de la nueva vidadel converso. En este sentido la cultura masculina tradicional en los estratos populares está íntimamente ligada al alcohol, aunque esto puede parecer algo muy reiterado. Pero para muchos jóvenes el consumo del alcohol representa una suerte de rito de iniciación para el ingreso al mundo de los adultos y esto no sólo va en aumento, sino que además la edad de ingreso a tal rito es cada vez menor. Por otro lado actividades como el fútbol son pasatiempos de los hombres, y de los cuales sigue, con frecuencia, la cerveza, el vino y las fiestas fuera de casa (Fontaine y Beyer 1991: 121).

Debido a esto es posible hablar de un salto de fe, realizado por la conciencia de hombre mundanoy hombre de Dios, este salto de fe implica también un salto en el tiempopara ser contemporáneo de los modelos varoniles bíblicos y adoptar sus valores; lo que significaba ruptura con los valores de la sociedad: de macho hipersexuado, violento y alcohólico.a hombres proveedor, responsable y presencial. Por ello, vemos que la redefinición masculina es una parte inherente al discurso del pentecostalismo. Al abandono de la familia que no comparten inicialmente su fe, los amigos y los vecinos, se evidencia en las expresiones tanatofílicas muy recurrentes sobre todo en los cantos: muerte al mundo, muerte a los deseos, muerte a la carne. Este deseo de evasión y huida se debe a los peligros y tentaciones que

53

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

guardan y rondan a su alrededor, ya sea en el vecindario, la familia o el trabajo. Por ello hay una búsqueda constante de evasión de la pura negatividad consciente.

Esto conlleva una nueva relación entre hombres y mujeres: una redefinición de los géneros. Se puede argumentar también que esto no implica necesariamente, que haya derivado en un cambio en relaciones igualitarias en cuanto al acceso del poder, tanto en el mundo privado(el hombre es entendido como la cabeza del hogar) como en el mundo público(proveedor responsable). Sólo decimos que se evidencia una redefinición de la masculinidad, que no es producto o no es una influencia de un discurso externo; sino más bien es inherente al mismo discurso y que tal redefinición, viene de la tradición protestante, pero se patentiza en el pentecostalismo, por su arraigamiento en el mundo popular. Estas redefiniciones, se hacen parte de la identidad del hombre pentecostal, son dos: La domesticación masculina, y feminización de la masculinidad, que significa más bien una ética de la responsabilidad. Implica ser padre y ser esposo de una manera más presencial, lúdica, afectivo y más correspondiente; trasformándose de un padre ausentea un padre presente.

LA DOMESTICACIÓN MASCULINA.

Abundan los testimonios en que los conversos dan cuenta de que no han recibido nada de los grupos de sus pares con los cuales se emborrachaban, o bien que ya no los consideran sus amigos por su transformación, lo cual confirma que las relaciones establecidas con ellos eran falsas. Por ello la prueba más dura para los hombres será dejar el alcohol, pues con él se juegan un sinnúmero de aspectos, que desde la ansiedad corporal hasta el abanico de prácticas sociales y simbólicas asociadas que legitiman la masculinidad. Pero esta huida del mundode los vicios es un regreso al hogarpara asumir sus roles enfatizado por los modelos bíblicos. En cuanto a los roles domésticos lo más importante es el ser esposo responsableluego un padre responsable, ya que la paternidad se desarrolla sobre la base conyugal, sin embargo la responsabilidad de ser esposo y de ser padre ambos son obligatorio con la diferencia que el ser ser esposoes importante no sólo por la base, sino que también porque se presentan ambos modelos a los hijos quienes los desarrollarán cuando ellos construyan su propia familia, del cual el padre sigue siendo responsable pero ahora ante la eternidad. Y por otro lado el ser esposoes algo que permanece y se extiende hasta el nido vacío.

De estos relatos y lo que se escucha en los sermones, se desprende que el hombre retorna a la familia. Para quedarse como alguien integrado, responsable y esforzado por su hogar, tanto hijos como esposa. Los hombres se ven obligados a cambiar su comportamiento con su mujer, tiene que respetar su esposa, tiene que ser más responsable como padre: deben participar más en la educación de sus hijos y tomar la mayor responsabilidad en el sostén del hogar, ya que el que no provee para su hogar es peor que un hombre del mundo, que conociendo la verdad y no lo hace le es doblemente reprobada. Pero esta doble responsabilidadde ser luz y sal como esposo y padre no lo hace sólo sino con la ayuda del Espíritu Santo, quien se presenta como símbolo de palomay aceite, paz y suavidad, haciendo alusión a la transformación del carácter masculino para criar y congregarse en su hogar.

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

54

La virilidad está basada en la energía creativa, que implica la fuerza volitivapara aprender el dominio de sí, tanto en el control de la comida, el alcohol y el sexo, propio de los hombres mundanos, toda esta fuerza libinidal es transportada al trabajo que se transforma en un ethos del trabajo. Se valora la independencia, la competitividad y la perseverancia. Los hombres deben insertarse en un mundo caracterizado por la pobreza, la miseria y la marginalidad, en donde los recursos son escasos, por lo que se exige perseverancia, responsabilidad, ahorro, trabajo duro y abnegación. Es por ello que se necesita de un espíritu anacoretista, lejos de los hombres mundanospara sobreponerse a los efectos del síndrome de abstinencia con el bautismo del Espíritu Santo.

Sin embargo ni lo más noble como es el trabajo, reemplaza la familia, pero, ¡hay también del que no trabaje! la afirmación también está, el que no quiere trabajar simplemente no coma. Pero ello no justifica que el trabajo se constituye en el fin último, sino que es el medio que Dios da para mantener y velar por la familia, pero un medio que debe ser valorado y respetado, porque Dios lo ha provisto. Dentro de providencia no sólo está contemplado lo material, sino también lo afectivo, lo moral y por sobre todo lo espiritual, en donde el hombre de Diosdebe presentarse como ejemplo porque es la cabeza del hogar.

LA FEMINIZACIÓN DE LA MASCULINIDAD

El hombre nuevopuede asumir valores que tradicional y socialmente han pertenecido al mundo de lo femenino. En la conversión y la práctica pentecostal el hombre se vuelve, pacífico, hogareño y más comprometido con la suerte de su esposa e hijos.

El hombre debe ser imitador de Cristo quién resaltó las virtudes femeninas. No debe ser violento sino poner la otra mejilla, no debe hacer a los demás lo que a él no quiere que le hagan, debe amar al prójimo y mucho más al próximoes decir la familia e incluso al enemigo. Así en lugar de las virtudes masculinasde rudeza, agresividad y dominación, se deben valorar sobre todo la responsabilidad mutua, la compasión, la dulzura y el amor, virtudes tradicionalmente femeninas. En las distintas predicaciones se realzan otros símbolos femeninos como: virgen sensata, virgen insensata, novia de Cristo, dolores de parto, etc. También se resaltan símbolos femeninos como el dolor de parto, que implica al amor y preocupación angustiosa, que tanto el hombre como la mujer, deben sentir por aquellos que aún no han sido evangelizados. Este dolor de parto, se debe sentir y manifestar principalmente a través de la oración intercesora, derramando lagrimas y lloro, a través de la ayuda del Espíritu Santo, por la gente del mundo, que viven en pecado.

El, hombre debe pedir, buscar y evidenciar el amor ágape; es un amor tierno, dulce, compasivo, sociable y sensible, resultado de la presencia del Espíritu Santo, por sobre el reduccionismo del amor erótico y sexualizado; que junto a ello va aparejado a la rudeza, la infidelidad, el alcoholismo, peleas callejeras, etc., actitudes considerado como parte del hombre viejo, pero del hombre nuevo, que debe imitar a Cristo, y no al mundo. Este amor ágape, debe ser un testimonio del ser hijo de Dios, diferente del amor romántico(que realza la frialdad, inaccesibilidad y aires de conquistador del

55

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

hombre) o el amor confluente(que también puede ser una relación homosexual), del que nos habla Giddens (1992).

De esta manera se rompe con el machismoasociado a la violencia, la rudeza. Desestimando la superioridad del hombre por su violencia o pendencia por culpa del alcohol, farraso fútbol callejero. Esto pertenecen a la vida vieja en donde se rompe con la imagen del padre ausente, borracho, hipererotizado y aventurero; más bien construyen la imagen de un padre afectivo, protector y recompensador, aunque sigue siendo autoritario. Esto conlleva a un reencuentro y una resignificación con la figura paterna (Dios) y masculina (Jesucristo) y un desplazamiento de los roles del hijo mayor, el hijo hombre, el compadrey el padrino, como sustituto del padre. Este reencuentro y reconciliación con la figura paterna y masculina resignificada con el hijo descarriado(en vez de un padre descarriado) y de la oveja negra, produce tal reencanto, que permite romper con la desesperanza aprendida y la virtuación de la pobreza, que lo hace ser un asiduo proselitista, agudos y persistentes, principalmente entre las mujeres, quienes son las más favorecidas con esta resurrección del padre y la masculinidad presente.

DEL MATRICIDIO A LA MUJER VIRTUOSA

Como señala Montecino (2002), en el pentecostalismo se mantienen las pautas marianas, a la creencia de que sin las mujeres no hay reproducción cotidiana. En esos discursos encontramos una sobrevaloración del trabajo doméstico femenino. Y no es extraño si pensamos que la gran mayoría de estos hombres sobrevivió en un núcleo en donde la madre fue presencia y eje de la vida. Se agrega a esta noción mariana el concepto de la mujer como la administradoradel hogar. Es decir, al concepto de la Madre como dadora del orden se le agrega el de su participación en el milagro, como muchos hombres dicen, de la sobrevivencia, de la multiplicación y distribución precisa de los precarios bienes. Estas imágenes marianas se ven legitimadas en el discurso masculino, toda vez que la figura de María, por ser la madre de Cristo, la que lo aceptó en su vientre. Aun cuando también Ruth y Ana aparecen como figuras importantes, la Virgen siempre ocupa un lugar de privilegio. Se sigue manteniendo la simbología mariana y es ella la que posibilita esa concepción de lo femenino como estructurante del orden familiar. Las visiones que los evangélicos comparten es la idea de que el hogar es un reino doméstico y femenino.

Sin embargo la participación de la mujer en el pentecostalismo es mucho más desarrollado que en el catolicismo, porque encontramos la existencia de tiempos y espacio femeninos, que reciben distintos nombres como: Las Dorcas; Reunión de Damas; Ministerios Femeninos, etc. En donde las mujeres tienen el acceso a la palabra. También tienen la oportunidad de predicar en las calles, hospitales y cárceles y escuelas dominicales como maestras. En algunas denominaciones evangélicas la pastora, no es sólo la esposa del pastor, sino que ella es la que administra los bienes, recursos y necesidades espirituales de las mujeres; ella se presenta como el modelo concreto del ser mujer pentecostal. En otras congregaciones, incluso la mujer tiene el acceso y administración del púlpito para toda la congregación, ya no es la sombra de su esposo, sino ella es la pastora de la congregación.

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

56

Otro aspecto significativo tiene que ver con la desdeificación de la madre en la familia como modelo de mujer, esposa y madre; se recurren a los símbolos femeninos bíblicos, lo que conlleva que para el hombre pentecostal su madre pasa a un cuarto plano, el orden es así; Jesús, esposa, hijos y padres. El lugar magnífico que ocupaba la madre ahora la ocupa la esposa que aparecen también distintas alegorías: mujer virtuosa; mujer prudente; herencia de Dios. Esto a su vez permite mejorar las relaciones suegra- nuera y suegra - yerno, ya que se desincentiva la intromisión de la madre en el matrimonio de sus hijos e hijas, así como se motiva al matrimonio neolocal, casado, casa quiere.

Por otro lado también se excluye la maternalización de la realidad social, natural o cultural, frases como: madre patria; madre naturaleza, madre iglesia, santa madreo santa madre iglesia, son expresiones que desaparecen del glosario evangélico. La patria y la naturaleza existen canto que se les agradece a Dios, la iglesia es visto como cuerpo de mujer, que lo constituyen los creyentes individualmente en comunidad, pero del cual Jesús es el Rey y Esposo.

DISCURSO MARIANICIDA

Quizás uno de los motivos, por el cual producen tanto rechazo los pentecostales entre los sectores populares, es por su abierto rechazo al mito mariano, tan arraigado en la cultura latinoamericana, asumiendo incluso el rol de generalísima de los ejércitos libertadores y continuados posteriormente con distintos mitos redentores. Esta destronificación y desdeificaciónde la figura mariana produce ignominia y aversión en los sectores populares, ligado a la figura materna marianista: complaciente, pasiva y sacrificada.

El referente divino de los pentecostales es Jesús (Dios- hombre) y no María (mujer- humana). María será uno de los referentes femeninos, junto a otros símbolos femeninos bíblicos, como: Sara, Rut; Débora, Ester, etc., en donde se realza su capacidad de liderazgo ante los momentos de crisis y sus principales recursos simbólicos, no son la sumisión hádica de edictos, sino su lucha contra ellos.

Por ello los pentecostales se transforman en iconoclastas y marianicidas, ya que consideran que adorar a María, significa idolatría, incluso ni siquiera se realza su carácter virginal posterior a quien considern que fue madres de otros hijos, es decir que Jesús tuvo hermanos y hermanas consanguíneas por la línea de María. Este discurso resulta ser herético y execrable a los oídos populares, en donde María no sólo es Virgen, sino también la madre de Dios, reina del cielo, etc.

Es justamente el discurso marianicida lo que permite la redención del hombre y su retorno a la familia, porque su referente cultural ahora es Jesús, como símbolo supremo de masculinidad. Ya no se tiene temor de los apodos que los compañeros les hacen por estar en sus hogar (pollerudo, mandoneado, etc.) y asistir al templo; tampoco se le tiene miedo de ser acusado de homosexual por no beber, hacer alarde fálicos o fumar; sino que ello es visto como propio del precio del ser evangélico.

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

57

LA APOROFOBÍA

La aporofobia se trata de un neologismo que une dos términos griegos: á-porosy fóbeo. El segundo término ya es bastante conocido nuestro e indica miedo, pavor, temor o rechazo, por ejemplo, se halla en los términos claustrofobia (miedo de lugares cerrados) o xenofobia (rechazo al extranjero). El primer término, quizás totalmente desconocido, significa pobre, sin salidas, escaso de recursos. Así, aporofobia indicaría el sentimiento de rechazo o temor al pobre, al desamparado, al que carece de salidas, de medios o de recursos. La discriminación de los pobres no es ninguna novedad sociológica, por supuesto, pero, hoy por hoy, hay una percepción de distintos matices de exclusiones cuando entrecruzamos los diferentes tipos de discriminaciones. No marginamos al inmigrante si es rico, ni al negro que es jugador de baloncesto, ni al jubilado con patrimonio: a los que marginamos son a los pobres. Además, el término aporofobiase refiere a una realidad mucho más profunda, la repugnancia ante al pobre que alimenta sentimientos de miedo hacia a ellos, pues son supuestamente violentos o violentos en potencia. Hace crecer el sentimiento de asco hacia a los pobres, pues son supuestamente sucios o con pocas nociones de higiene. Del miedo y del asco ya sabemos lo que puede venir. Y, así, tenemos el ciclo entre pensar, sentir y obrar que excluye a los pobres y con una pizca de inmoralidad más, pues son ellos los culpados por la situación que se encuentran, bien como son los culpados de los prejuicios que sufren, pues podían ser más limpios porque pobreza no tiene que significar suciedado podían educar mejor sus hijos y así no se envolverían en la marginalidady desde ahí un largo etcétera de excusas y de responsabilidades transferidas (Andrade de Souza 2004).

En Chile, según González (2003), los hombres, en general, son los que más muestran signos de prejuicios, especialmente hacia los peruanos, los evangélicos y, en menor medida, respecto de los discapacitados y los mapuches (todos asociados a la pobreza), independiente del sexo, estos grupos son los más discriminados y a los cuales se les atribuyen más características negativas. Por otra parte, independientemente del nivel de escolaridad, los hombres exhiben altos niveles de prejuicio hacia los pobres, indigentes y los gitanos. Los peruanos, son el grupo, de mayor nivel de prejuicio entre los estudiantes de nivel socioeconómico bajo. Un patrón similar se obtuvo respecto de los evangélicos y, en menor grado, hacia las personas discapacitadas y de edad. Por su parte, respecto de los dos grupos peor evaluados (pobres indigentes y gitanos), con independencia del nivel socioeconómico, todos los participantes exhibieron altos niveles de prejuicio y bajos afectos positivos hacia ellos.

En Chile la mitificación asociada de evangélicos y pobreza, es decir la afirmación que los evangélicos son pobres, por lo tanto rechazables; esto tiene una connotación clasista y racista, ya que este rechazo se hace a los pentecostales, y no a los protestantes misioneros o históricos. Para Larraín (2001: 232), en Chile encontramos una valoración exagerada de la blancuray una visión negativa de los indios y negros. Los textos escolares están llenos de representaciones peyorativas a cerca de los indios, sus costumbres y sus modos de vida. La estratificación social, siempre ha sido acompañada de un elemento racial: en Chile, de manera general, se piensa que mientras más oscura es la piel, más baja es la clase social. Los barrios pobres de las ciudades contienen un más alto porcentaje de piel oscura.

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

58

Justamente, varios estudios demuestran que los evangélicos llegan a la clase social más baja y a la piel más oscura: Lalive (1968), muestra que el discurso pentecostal, a parte de llegar a los sectores más pobres de la sociedad chilena, se concentra geográficamente en territorios de mapuches (y hoy aymaras), que se caracterizan por sus prácticas religiosas animistas. Sumado a la figura del Pastor como Cacique, las profetisas (manifestaciones glosolálicas) como las machis y Curanderas. Foerster (1989), hace referencia al impacto de la difusión de la evangelización pentecostal entre los mapuches, seleccionando elementos esenciales como: el rito de fertilidad conocido como el nguillantún, que congrega en múltiples redes al conjunto de los mapuches. Para Guerrero (1994), el movimiento pentecostal en la sociedad aymara, logra insertarse y enraizarse, en el Cacique (ligado a las cuestiones políticas y rituales). Yatiri (vinculado al tema de la salud- enfermedad). y el Pastor (la convergencia de ambos, es decir Cacique-Yatiri). Guevara (2001), dice que entre el protestantismo y el mapuche, existe una relación entre Lonko y el Pastor y la Machi y el Pastor.

Fontaine (2002), señala que según datos de las encuestas del CEP (Centro de Estudios Públicos) indican que entre los pobres, la proporción de evangélicos la cifra sube a un 20% (cuando el promedio nacional es de 15,3 % según el censo 2002). En el estrato bajo hay un evangélico observante por cada católico observante. Los estudios indican que los evangélicos crecen, sobre todo, entre los más pobres de los pobres. Por ejemplo, en las zonas más pobres de La Pintana, como la población Jorge Alessandri y la Gabriela Mistral, los evangélicos representan el 34%. Mientras que la población Estrecho de Magallanes llegan al 67%. En estas poblaciones, aproximadamente un 66% de los observantes son evangélicos. Son los más pobres de los pobres si uno considera sus casas, los bienes durables de que disponen y su nivel educacional. En el hacinamiento y la pobreza en que viven comenzar a caminar en el Evangelioes parte de su lucha diaria contra el maltrato, el desempleo y el subempleo, la violencia familiar, el alcoholismo, la droga, la prostitución y la delincuencia.

CONCLUSIÓN: LOS ESPECTROS DE LAS FOBIAS EN CHILE

En realidad, Chile no es un país xenofóbico, ya que tenemos importantes grupos de inmigrantes europeos y asiáticos desde el siglo XIX, incluso los textos escritos evidencian un fuerte componente hispanofílico y fuertes síndromes de nordomanía. El folclor realza el carácter xenofílico del chileno: y verán como quieren en Chile al amigo cuando es forastero. No marginamos al inmigrante rubio, de apellidos complejos, ni al inmigrante si es empresario o talentoso deportista. Desconfiamos y discriminamos al inmigrantes asociado con la pobreza y al pobre siempre lo asociamos con lo moreno. Nos creemos mejores, que los inmigrantes que son albañiles, trabajadoras del hogar o cuentapropistas. Frente a ellos nos ensañamos, etiquetándolo de perdedores, fracasados o amargados.

Tampoco se puede decir que existe intolerancia religiosa, el siglo XIX está marcado por las tres leyes laicas: la ley de los cementerios laicos (1883), la del matrimonio civil (1884) y la Ley de Registro Civil (1884) marcaron los días en que los disidentes se vistieron de pompa, porque el alcázar de la ignominia fue derribado; los novios construyeron sus talamos con júbilo; los niños, jóvenes y adultos se inscribieron en el libro de la vida; los finados fueron extraídos de los osarios para recibir humana

59

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

sepulturay a los menos favorecidos, se les construyó un cenotafio. Fueron días en que las voces de alborozo se confundieron con el de las plañideras. Y durante el gobierno de Balmaceda en el año 1888, se publica la ley que otorgaba libertad de culto para todas las confesiones religiosas, ley que viene a sahumar las anteriores. Fueron días en que los sueños de los epistolarios de la toleranciaLocke y Voltaire y utópicos como Tomás Moro, se hicieron realidad en Chile. Se entendió que el énfasis en la libertad de la persona, implica necesariamente que las creencias no pueden ser impuestas por la fuerza. El comportamiento religioso individual, está necesariamente definido en la base de la convicción subjetiva. En asuntos privados cada uno decide cuál es el mejor camino a seguir, así también debe suceder con temas de conciencia religiosa. El cuidado de alma, como el cuidado de lo que es propio, es algo que pertenece al individuo. Por lo cual, nadie tiene el derecho de obligar a otro a una acción, que de ser errada, no tendrá compensación alguna. Toda esta lucha por la tolerancia y la pluralidad, se vio coronada con la separación de Estado y la Iglesia Católica Romana en 1925. En todo este tiempo en realidad la observación señala que los protestantes históricos (presbiterianos, luteranos, anglicanos, etc.) no son discriminados por su creencias religiosas, ya que pertenecen a los estratos altos de nuestra sociedad. Así que podemos descartar otra fobia.

Los espectros fóbicos en chile están transversazo por la aporofobia, así se piensa que mientras más oscura es la piel, más baja es la clase social, que se traduce a su vez en racismo. Los barrios pobres de las ciudades contienen un más alto porcentaje de piel oscura, por lo cual objetos de un sinnúmero de fobias. En ese sentido la discriminación hacia los evangélicos o hablando más etnográficamente, la canutofobia, su rechazo tiene componentes, económicos y culturales, de ahí que el rechazo sea generalizado en la sociedad.

NOTAS

1. Canutoses una expresión despectiva, con la que se señala a los adherentes a los cultos evangélicos en Chile.

BIBLIOGRAFÍA

Andrade De Souza, Marcelo (2004). Prejuicio, estereotipo y discrimación: un análisis conceptual a partir del caso de la aporofobia. Consultado el 25 de abril del 2006 en

www.nodo50.org/redrentabasica/descargas/gustavoandrade_valencia.pdf

Bauman, Zygmund (1998). Modernidad y holocausto. Ediciones Sequitur. España.

Fontaine, Arturo y Beyer, Harald (1991) Retrato del Movimiento Evangélico a la luz de las Encuestas de Opinión Pública. En: Revista de Estudios Públicos. Nº 44. Centro de Estudios Públicos. Santiago. pp. 63 134.

Fontaine, Arturo (2002). Consumo y movimientos religiosos, rasgos de una sociedad en rápida transición. En El Chile que Viene I, 28 de Febrero al 2 de marzo de 2002.

60

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

http://www.expansiva.cl/agenda/conferencias/papers/01042003143615.pdf.

Foerster, Rol (1989). Identidad y pentecostalismo indígena en Chile. en revista Creces N° 6ª, junio de 1989. Volumen 10. Santiago de Chile.

Giddens, Anthony (1992). La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Ediciones Cátedras. Madrid. España.

González, Sergio (2004). Patrioteros, nativos, marzoqueros y cowboys en el conflicto peruano- chileno por Tacna y Arica. En revista Si Somos Americano. Revista de estudios transfronterizos Volumen VI. Año 5.

Gonzáles, Roberto (2003).Movilidad social: el rol del prejuicio y la discriminación. Consultado el 30 de abril del año 2006. en

http://www.expansiva.cl/en_foco/documentos/12102005134506.pdf

Guevara, Ana (2001). Movimiento protestante en comunidades indígenas. Testimonio de vida y fe. En cuarto congreso chileno de Antropología: sociedad moderna, globalización y diferencia. Consultado el 20 de junio del 2003. En http://www.rehue.csociales.uchile.cl/antropologia/congreso

Lalive DEpinay, Cristian (1969). El refugio de las masas: estudio sociológico del protestantismo chileno. Editorial Pacífico. Santiago de Chile.

Larraín, Jorge (2001). La identidad chilena. Lom Ediciones. Santiago de Chile.

Márquez, Francisca (2002).

que Viene I, 28 de Febrero al 2 de marzo de 2002. SUR Centro de Estudios y Educación.

Estigma y apariencia en un Chile desigual. En el Chile

http://www.expansiva.cl/agenda/conferencias/papers/01042003150245.pdf

Martin, David (1991) Otro Tipo de Revolución Cultural. El Protestantismo Radical en Latinoamérica. En: Revista Estudios Públicos. Nª 44. Centro de Estudios Públicos. Santiago. pp. 39-l 62.

Montecino, Sonia (2002). Nuevas feminidades y masculinidades una mirada de género al mundo evangélico de la Pintana. Consultado el 11 de septiembre del 2006. En.

http://www.cieg.uchile.cl/publicaciones/montecino2002.pdf#search=%22neopentecostal

ismo%20segun%20Montecino%22

Tennekes, Hans (1984). El movimiento pentecostal en la sociedad chilena. Ciren y Sub- facultad de Antropología Cultural y Sociología No Occidental. Universidad Libre de Ámsterdam. Centro de Investigación de la Realidad del Norte. Iquique. Chile.

Slootweg, Hanneke (1989). Mujeres pentecostales en Chile: un caso en Iquique. TER. Iquique, Chile.

Miguel Ángel Mansilla Agüero: La canutofobia en Chile:

Los factores socioculturales de la discriminación evangélica Ciencias Sociales Online, marzo 2007, Vol. IV, No. 1 (48 - 61). Universidad de Viña del Mar-Chile

61