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«Como agua me derramo, mis huesos se

dislocan, mi corazón, como cera, se funde en


mis entrañas. Mi paladar está seco teja y mi
lengua pegada a mi garganta: tu me sumes
en el polvo de la muerte»

Salmos 22.15-16
LOS SALMOS
Del término hebreo mizmór que significa: canto
para ser ejecutado con acompañamiento
musical. De esta raíz deriva también el termino
que evoca sonido de un instrumento de cuerda.

Los LXX han traducido este termino como


psalmós del que se deriva el nombre actual,
salmos.
En la Biblia hebrea el libro de los Salmos se
denomina Tehillim (cantos de alabanza o
himnos) o Sefer Tehillim (libro de cantos o de
alabanzas). Con esta terminología se indica la
forma y el significado fundamental de la oración
salmódica: la alabanza a Dios.

Los salmos, por tanto, son composiciones para


ser cantadas o recitadas.
Aunque son composiciones completas que
permiten ser leídas como textos individuales, no
constituyen una sucesión de plegarias aisladas
situadas una junto a otra.

Más bien poseen un contenido teológico que


conviene examinar tanto dentro de las
colecciones parciales, como en el conjunto
amplio de todo el Salterio.
Los cinco libros y
las colecciones menores
Esta división en cinco libros es puesta de
relieve por cuatro doxologías conclusivas
(41.14, 72.19, 89.53, 106.48) que cierran cada
parte o libro.

Estás conclusiones siguen, con algunas


variantes la forma: ¡Bendito sea Yahvé, Dios
de Israel, desde siempre y para siempre! Y
todo el pueblo diga: ¡Amén! (Salmos 106.48)
Los Salmos 1-2 serían una introducción
general al Salterio ya que no son en sí mismos
plegarias dirigidas a Dios. Estos situarían al
Salterio bajo la luz de la espiritualidad de la
Torah.

Los Salmos comprendidos del 146-150 serían


entonces la conclusión o epílogo del Salterio.
Resaltando el Salmo 150 como doxología
conclusiva de todo el Salterio.
El libro I (1-41) es casi enteramente davídico,
pues el nombre de David se menciona en el
título de todos los salmos, excepto en Salmos
1 y 2.

Este libro comprende principalmente salmos


de súplica (o de lamentación), aunque también
oraciones de acción de gracias por la
salvación experimentada y de confianza en el
Señor.
El libro II (42-72) presenta una primera
colección atribuida a los hijos de Coré (42-49),
un Salmo de Asaf (50), una segunda colección
constituida por oraciones de David (51-70;
66,67 y 71 son anóminos) y un Salmo atribuido
a Salomón (72).

En este libro los salmos aluden y manifiestan


un gran amor por el Templo, las solemnidades
litúrgicas (el culto) y Jerusalén, la ciudad
Santa.
El libro III (73-89) esta compuesto por una
colección atribuida a Asaf (73-83) y un
segundo grupo que lleva el nombre de
diversos autores.

Este libro comprende salmos de carácter


prevalentemente didáctico y de índole moral.
Destaca en la colección atribuida a Asaf un
fuerte carácter sapiencial, con reflexiones que
se remontan explícitamente a las antiguas
tradiciones sobre la creación y los orígenes de
la historia del pueblo de Israel (78).
En los libros IV y V se encuentran pocos títulos.

En el libro IV destacan los salmos que celebran la


realeza de Dios en el universo y en la historia de
la salvación. La expresión «el Señor reina» es
frecuente. Aparecen los salmos aleluyáticos,
llamados así por el uso de la expresión aleluya al
inicio o final del salmo o ambos.

En el libro V aparece otra serie de salmos


aleluyáticos. También se incluyen los «salmos
graduales» o «canticos de la ascención».
Formación del Salterio
Se puede afirmar que el Salterio actual se formó
a partir de colecciones menores que fueron
agrupadas a través de un complejo proceso
literario hasta constituir el Salterio actual. Más
allá es difícil llegar.

Se considera que el primer núcleo de salmos


estuvo constituido por la colección «davídica
mayor» (libro I), compuesta por muchos salmos
anteriores al exilio. Las otras colecciones se
habrían formado posteriormente.
Dimensión poética de los salmos
Esta perspectiva poética no es algo secundario,
sino que constituye la expecifica forma de ser de
los salmos y a la vez que es una clave
hermenéutica para la comprensión más plena
del texto.

Debido a que el Salterio pertenece al más


amplio género literario correspondiente a la
poseía hebrea, necesita ser estudiado a través
del análisis de los recursos estilísticos de esta
poesía.
1.Paralelismo: considerado recurso básico de la
poesía hebrea y, en general, de la poesía
semítica, aunque más que medio constituye un
modo de pensar.

2.Repetición y estribillo: La repetición es el


fenómeno más frecuente del estilo literario, tanto
en prosa como en poesía. Su intención es
resaltar una idea atrayendo su atención.
2.1 Anáfora: repetición de una palabra o frase
situada al inicio de más de un verso (3.2-3;
124.1-2).
2.2 Epífora: repetición del final o de la segunda
parte del verso (118.1-4).

2.3 una forma peculiar de repetición es el


estribillo, reiteración de un verso dentro del texto
de un salmo. En el Salmo 136 aparece el
estribillo continuo «porque es eterno su amor»
con el que la asamblea responde coralmente al
solista.
3.Quiasmo: consiste en una secuencia de
versos en la que algunas expresiones se
refieren a las siguientes aunque en orden
inverso. Existen muchas formas diversas de
quiasmos y pueden estructurar bloques literarios
de gran amplitud. Por ejemplo: Salmo 19.2

a: Los cielos
b: narran
c: la gloria de Dios
c’: la obra de sus manos
b’: anuncia
a’: el firmamento
4.Merismo: figura retórica en la que la totalidad
se expresa mencionando los dos conceptos
extremos: ovejas y bueyes (ganado pequeño y
ganado grande) para representar todo el
ganado, cielo y tierra para indicar todo lo creado,
noche y día para representar la totalidad del
tiempo.

5.Negatio paradoxa: negación retórica de un


termino con el fin de resaltar el opuesto. No
pretende rechazar per se lo negado sino alabar
lo resaltado.
Géneros literarios en los Salmos
1.Himnos: Es la forma lirica más difundida, no
solo en el Salterio y en los libros sapienciales,
sino también en los demás libros bíblicos. Salmo
103 como el más representativo de este género.

Se trata de cantos de alabanza a Dios, en un


clima de júbilo y adoración, por sus atributos
(19, 33, 67), por sus obras realizadas en el
mundo creado o en la historia (8, 29, 104, 148) o
como Salvador de Israel (68, 105).
Los himnos se componen de algunos elementos
característicos:

a) Invitación a la alabanza, formulada


normalmente, en el imperativo plural.
b) El cuerpo de la composición, en tercera o
primera persona, donde se indican los motivos
de la alabanza.
c) conclusión, análoga a la invitación inicial, con
una breve formula de bendición, voto o de
aclamación.
2.Salmos de la realeza de Yahvé: Alaban la
realeza de Yahvé con la formula «Yahvé reina»,
la cual quiere subrayar que Dios es el soberano
supremo del universo y de todas las naciones.

La idea teológica de estos salmos, Yahvé reina e


instaurará definitivamente su reino universal
sobre todas las gentes al final de los tiempos,
compendia la revelación veterotestamentaria
sobre la realeza de Dios. Esta idea preparo el
anuncio neotestamentario del Reino de Dios.
5.Cánticos de Sion: en estos se celebra la
presencia protectora de Yahvé sobre Sión
(Jerusalén) y se describe la ciudad santa con
majestuosos epítetos (ciudad de Dios, la santa
Montaña, Morada santa del Altísimo).

Se distinguen de los himnos por la ausencia de


la formula introductoria con el imperativo y por la
alabanza dirigida a la ciudad santa.

Salmos 46, 48, 76, 84, 87, 122.


Salmos de suplica
Las súplicas dirigidas a Dios pidiendo perdón
por los pecados personales o de todo el
pueblo, o pidiendo amparo en situaciones de
peligro que se abaten sobre la nación están
bien documentados en el antiguo Israel a
través de las oraciones llamadas de súplica y
algunas celebraciones particulares.
Salmos de suplica individual.

Constituyen alrededor de un tercio del Salterio.

a) Poseen una introducción, que es una


invocación del nombre de Dios, mediante una
llamada confiada, a veces vehemente, con
expresiones como: «despierta del sueño»,
«escucha», «atiende la oración». Además, se
presentan atributos divinos que dan apoyo a la
esperanza y se pide ser librados de los males
que afligen.
b)A continuación viene el cuerpo del salmo, en
el que el salmista expone los motivos de su
súplica y lo que turba su alma.

Las imágenes y figuras retoricas surgen a


menudo en estos salmos, dando a la súplica un
fuerte dramatismo y una intensa riqueza
simbólica (22.15-16).

Algunos casos asemejan verdaderas protestas,


que desconciertan si no se comprende el género
literario. Las expresiones surgen de un deseo
vehemente de ver realizada la justicia divina.
Las expresiones «mira», «respóndeme» y otras
análogas son verbos característicos de la
oración de suplica, manifiestan con simbolismos
diferentes la gran angustia y la espera en un
inmediato cumplimiento de la petición.

Si en un primer momento el salmista declara


que la ayuda divina tarda en llegar, al final
termina expresando la total confianza en Dios y
en su misericordia.

Salmo 13
Salmos de súplica colectiva.

Es la nación entera la que invoca la ayuda


divina, ya sea colectivamente como comunidad
reunida o por medio de un representante (rey,
profeta, sacerdote).

Probablemente estos salmos formaban parte de


un ritual que tenia lugar en los grandes días de
ayuno penitencial decretados con ocasión de
grandes calamidades que afligían a la nación.
En esas ocasiones, la súplica habría ido
acompañada por una promesa (voto) pública y
de una acción de gracias puesta al final ante el
convencimiento de que Dios había escuchado.

Estos salmos constan de: a) descripción de la


desventura presente y contraste con la felicidad
pasada, b) descripción de la acción infligida por
el enemigo y urgente petición de ayuda divina,
c) petición de castigo para el enemigo y
salvación para la nación, d) promesa de no
apartarse más del Señor.
Salmos de confianza.

En estos salmos se transparenta la fe del que


ora y la profundidad de su estado de ánimo, que
generan una certeza inquebrantable en la
benevolencia divina.

Por ello, el salmista se dirige a Dios revelando


su completa apertura de ánimo con expresiones
sencillas y filiales de confianza y de abandono
total en Él. Salmo 23.