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ENCÉFALO

tronco encefalico
INTRODUCCIÓN

Encéfalo humano

El encéfalo humano tiene tres componentes estructurales principales: los


grandes hemisferios cerebrales (parte integrante del cerebro) con forma de
bóveda (arriba), el cerebelo, más pequeño y con cierta forma esférica (más
abajo a la derecha), y el tronco cerebral (centro). En el tronco cerebral, destaca
el puente de Varolio (el ensanchamiento central) y la médula oblongada o bulbo
raquídeo (justo debajo del anterior). Los hemisferios cerebrales son
responsables de la inteligencia y del razonamiento. El cerebelo ayuda a
mantener el equilibrio y la postura. El bulbo raquídeo está implicado en el
mantenimiento de las funciones involuntarias, tales como la respiración. El
tálamo, situado entre el tronco cerebral y los hemisferios cerebrales, actúa como
centro de retransmisión de los impulsos eléctricos que viajan hacia y desde la
corteza cerebral.

London Scientific Films/Oxford Scientific Films

Encéfalo, parte del sistema nervioso central de los vertebrados contenida


dentro del cráneo. Es el centro de control del movimiento, del sueño, del
hambre, de la sed y de casi todas las actividades vitales necesarias para la
supervivencia. Todas las emociones humanas, como el amor, el odio, el miedo,
la ira, la alegría y la tristeza, están controladas por el encéfalo. También se
encarga de recibir e interpretar las innumerables señales que le llegan desde el
organismo y el exterior.

anatomia del encefalo

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Partes del encéfalo

El encéfalo en la especie humana pesa aproximadamente 1,3 kg y es una


masa de tejido gris-rosáceo que se estima está compuesta por unos 100.000
millones de células nerviosas o neuronas, conectadas unas con otras y
responsables del control de todas las funciones mentales. Además de las
neuronas, el encéfalo contiene células de la glía o neuroglia (células de soporte),
vasos sanguíneos y órganos secretores (véase Neurofisiología).

El encéfalo está protegido por el cráneo y además cubierto por tres


membranas denominadas meninges. La más externa, la duramadre, es dura,
fibrosa y brillante y está adherida a los huesos del cráneo, por lo que no aparece
espacio epidural, como ocurre en la médula; emite prolongaciones que
mantienen en su lugar a las distintas partes del encéfalo y contiene los senos
venosos, donde se recoge la sangre venosa del cerebro. La intermedia, la
aracnoides, cubre el encéfalo laxamente y no se introduce en las
circunvoluciones cerebrales. En la membrana interior, la piamadre, hay gran
cantidad de pequeños vasos sanguíneos y linfáticos y está unida íntimamente a
la superficie encefálica.

El encéfalo está bañado por el líquido cefalorraquídeo que circula de manera


continua por el espacio subaracnoideo (entre la aracnoides y la piamadre) y que
ocupa además las cuatro cavidades encefálicas, los ventrículos. Los ventrículos
laterales son dos espacios bien definidos que se encuentran en cada uno de los
dos hemisferios cerebrales y que conectan con un tercer ventrículo situado entre
ambos hemisferios a través de pequeños orificios ovales, los agujeros
interventriculares (de Monro). El tercer ventrículo desemboca en el cuarto
ventrículo, que se localiza entre el tronco encefálico y el cerebelo, a través de
un canal fino llamado acueducto de Silvio. Desde el cuarto ventrículo, el líquido
cefalorraquídeo pasa al espacio subaracnoideo por tres orificios del techo del
cuarto ventrículo. A partir de aquí circula por el espacio subaracnoideo que rodea
la superficie del encéfalo y la médula espinal y por el conducto central de esta.
El líquido cefalorraquídeo sirve para proteger la parte interna del cerebro de
cambios bruscos de presión y para transportar sustancias químicas. Este líquido
se forma en los ventrículos laterales, en unas redes de capilares que constituyen
los plexos coroideos.

En el encéfalo se diferencian cuatro partes distintas pero conectadas: el


cerebro o telencéfalo, constituido por dos grandes hemisferios casi simétricos;
el diencéfalo cuyas estructuras principales son el tálamo y el hipotálamo
localizados en la línea media sobre el tronco cerebral y debajo del cerebelo; el
cerebelo, formado por dos hemisferios más pequeños que se localizan en la parte
posterior del cerebro; y el tronco o tallo cerebral, una estructura central que
gradualmente se convierte en la médula espinal y que abandona el cráneo a
través de una abertura llamada agujero magno. El término tronco cerebral se
refiere, en general, a todas las estructuras que hay entre el cerebro y la médula

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espinal, esto es, el mesencéfalo o cerebro medio, el puente de Varolio o
protuberancia y el bulbo raquídeo o médula oblongada (medulla oblongata).

El encéfalo y la médula espinal forman el sistema nervioso central que se


comunica con el resto del organismo a través del sistema nervioso periférico.
Este último consta de doce pares de nervios craneales que se extienden desde
el cerebro y el tronco cerebral; un grupo de nervios que parten de la médula
espinal y que se ramifican por todo el organismo; y el sistema nervioso
autónomo, el cual regula las funciones vitales inconscientes, como la actividad
de las glándulas, del músculo cardiaco y del músculo liso (músculo involuntario
de la piel, vasos sanguíneos y otros órganos internos).

cerebro

El cerebro o telencéfalo se origina durante el desarrollo a partir del


prosencéfalo o cerebro anterior. El cerebro está formado principalmente por los
hemisferios cerebrales (corteza cerebral y ganglios basales). Los hemisferios
cerebrales ocupan la mayor parte del cerebro humano y suponen cerca del 85%
del peso del encéfalo. Su gran superficie y su complejo desarrollo justifican el
nivel superior de inteligencia de los seres humanos si se compara con el de otros
animales. Una fisura longitudinal los divide en hemisferio derecho y hemisferio
izquierdo, que son simétricos, como una imagen vista en un espejo. El cuerpo
calloso es un conglomerado de fibras nerviosas blancas que conectan estos dos
hemisferios y transfieren información de uno a otro.

La corteza cerebral presenta una capa superficial denominada sustancia


gris, de unos 2 o 3 mm de espesor, formada por capas de células amielínicas
(sin vaina de mielina que las recubra) que envuelven una sustancia interior de
fibras mielínicas (con vaina blanca) denominada sustancia blanca. Las fibras
mielínicas unen la corteza cerebral con otras partes del cerebro: la parte anterior
del cerebro con la posterior, las diferentes zonas de la misma cara de la corteza
cerebral y un lado del cerebro con el otro.

Los hemisferios cerebrales están divididos por una serie de cisuras en cinco
lóbulos. Cuatro de los lóbulos se denominan como los huesos del cráneo que los
cubren: frontal, parietal, temporal y occipital. El quinto lóbulo, la ínsula, no es
visible desde el exterior y está localizado en el fondo de la cisura de Silvio. Los
lóbulos frontal y parietal están situados delante y detrás, respectivamente, de
la cisura de Rolando; la cisura parieto-occipital separa el lóbulo parietal del
occipital; y el lóbulo temporal se encuentra por debajo de la cisura de Silvio.

diencefalo

El diencéfalo se localiza entre el tronco encefálico y el cerebro y comprende


el tálamo y el hipotálamo.

talamo

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Esta parte del diencéfalo consiste en dos masas esféricas de tejido gris,
situadas dentro de la zona media del cerebro, entre los dos hemisferios
cerebrales. El tálamo es la principal estación de relevo de las señales sensoriales
que se dirigen a la corteza cerebral. Todas las entradas sensoriales al cerebro,
excepto las olfativas, se asocian con núcleos individuales (grupos de células
nerviosas) del tálamo.

hipotalamo

El hipotálamo está situado debajo del tálamo en la línea media en la base


del cerebro. Está formado por distintas áreas y núcleos. El hipotálamo regula o
está relacionado de forma directa con el control de muchas de las actividades
vitales del organismo y dirige otras necesarias para sobrevivir: comer, beber,
regulación de la temperatura, dormir, comportamiento afectivo y actividad
sexual. También controla funciones viscerales a través del sistema nervioso
autónomo, interactúa junto con la hipófisis y actúa en coordinación con la
formación reticular.

cerebelo

El cerebelo (metencéfalo) se encuentra en la parte posterior del cráneo, por


debajo de los hemisferios cerebrales. Al igual que la corteza cerebral, está
compuesto de sustancia gris con células amielínicas en la parte exterior y de
sustancia blanca con células mielínicas en el interior. Consta de dos hemisferios
(hemisferios cerebelosos), con numerosas circunvoluciones, conectados por
fibras blancas que constituyen el vermis. Tres bandas de fibras denominadas
pedúnculos cerebelosos conectan el cerebelo con el tronco cerebral. El cerebelo
se une con el mesencéfalo por los pedúnculos superiores, con el puente de
Varolio o protuberancia anular por los pedúnculos medios y con el bulbo raquídeo
por los pedúnculos inferiores.

El cerebelo resulta esencial para coordinar los movimientos del cuerpo. Es


un centro reflejo que actúa en la coordinación y el mantenimiento del equilibrio.
El tono del músculo voluntario, como el relacionado con la postura y con el
equilibrio, también es controlado por esta parte del encéfalo. Así, toda actividad
motora, desde jugar al fútbol hasta tocar el violín, depende del cerebelo.

tronco cerebral

El tronco cerebral está dividido en varios componentes, que se describen a


continuación.

cerebro medio o mesencefalo

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Estructura del tronco cerebral

El tronco cerebral, del que se muestra aquí un corte transversal coloreado,


es la parte más inferior del cerebro. Sirve de camino para las señales que viajan
entre el cerebro y la médula espinal y es también la sede de funciones vitales y
básicas como la respiración, la presión sanguínea o el ritmo cardiaco, y de actos
reflejos como el movimiento ocular y el vómito. El tronco cerebral tiene tres
partes principales: el bulbo raquídeo o médula oblongada, el puente de Varolio
o protuberancia anular y el cerebro medio o mesencéfalo. Un canal recorre en el
plano longitudinal estas estructuras transportando fluido cerebroespinal.
También distribuida por toda su longitud, hay una red de células, conocidas como
formación reticular, que gobierna los estados de alerta.

El mesencéfalo se compone de tres partes. La primera consiste en los


pedúnculos cerebrales, sistemas de fibras que conducen los impulsos hacia y
desde la corteza cerebral. La segunda la forman los tubérculos cuadrigéminos,
cuatro cuerpos a los que llega información visual (dos engrosamientos
superiores) y auditiva (dos engrosamientos inferiores). La tercera parte es el
canal central, denominado acueducto de Silvio, alrededor del cual se localiza la
materia gris. La sustancia negra también aparece en el mesencéfalo, aunque no
es exclusiva de él. Contiene células que secretan dopamina y se cree que está
implicada en la experiencia del dolor y quizá, en estados de dependencia. Los
núcleos de los pares de nervios craneales tercero y cuarto (III y IV) también se
sitúan en el mesencéfalo.

protuberancia anular o puente de varalio

Situado entre la médula espinal y el mesencéfalo, esta protuberancia está


localizada por delante del cerebelo. Consiste en fibras nerviosas blancas
transversales y longitudinales entrelazadas, que forman una red compleja unida

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al cerebelo por los pedúnculos cerebelosos medios. Este sistema intrincado de
fibras conecta el bulbo raquídeo con los hemisferios cerebrales. En la
protuberancia se localizan los núcleos para el quinto, sexto, séptimo y octavo
(V, VI, VII y VIII) pares de nervios craneales.

bulbo raquideo

Situado entre la médula espinal y la protuberancia, el bulbo raquídeo


(mielencéfalo) constituye en realidad una extensión, en forma de pirámide, de
la médula espinal. El origen de la formación reticular, importante red de células
nerviosas, es parte primordial de esta estructura. El núcleo del noveno, décimo,
undécimo y duodécimo (IX, X, XI y XII) pares de nervios craneales se encuentra
también en el bulbo raquídeo. Los impulsos entre la médula espinal y el cerebro
se conducen a través del bulbo raquídeo por vías principales de fibras nerviosas
tanto ascendentes como descendentes. También se localizan los centros de
control de las funciones cardiacas, vasoconstrictoras y respiratorias, así como
otras actividades reflejas, incluido el vómito. Las lesiones de estas estructuras
ocasionan la muerte inmediata.

la formacion reticular

El tronco encefálico contiene también la formación reticular: un grupo de


áreas de sustancia gris entremezcladas con cordones de sustancia blanca que
discurren a lo largo del bulbo raquídeo, la protuberancia y el mesencéfalo y que
también alcanzan la médula espinal y el diencéfalo. La formación reticular
desempeña funciones motoras y sensoriales; entre otras, controla la respiración,
la función cardiovascular, la digestión y mantiene los patrones del sueño y la
conciencia y el despertar.

sistema limbico

Formado por partes del tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala, cuerpo


calloso, septum y mesencéfalo, constituye una unidad funcional del encéfalo.
Estas estructuras están integradas en un mismo sistema que da como resultado
el control de las múltiples facetas del comportamiento, incluyendo las
emociones, en situaciones de crisis, la memoria y los recuerdos.

nervios craneales

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Nervios craneales

Mientras que la mayoría de los nervios mayores emergen de la espina


dorsal, los 12 pares de nervios craneales se proyectan directamente desde el
encéfalo. Todos estos pares de nervios transmiten información motora o
sensorial (o ambas); sin embargo, el décimo par, el nervio vago, se relaciona
con funciones viscerales como el ritmo cardiaco, la vasoconstricción y la
contracción de los músculos lisos que se encuentran en las paredes de la
tráquea, del estómago y del intestino.

Hay doce pares de nervios craneales, simétricos entre sí, que salen de la
base del encéfalo. Se distribuyen a lo largo de las diferentes estructuras de la
cabeza y cuello y se numeran, de adelante hacia atrás, en el mismo orden en el
que se originan. Todos contienen fibras sensitivas y motoras, excepto los pares
I, II y VIII, que son solo sensitivos. Las fibras motoras controlan movimientos
musculares y las sensitivas recogen información del exterior o del interior del
organismo.

vascularizacion

El oxígeno y la glucosa llegan a las células nerviosas por dos pares de


arterias craneales. Justo debajo del cuello, cada una de las dos arterias carótidas
comunes se divide en una rama externa, la carótida externa que lleva sangre a
la parte externa craneal, y una rama interna, la carótida interna, que lleva
sangre al polo anterior del encéfalo. Las dos arterias vertebrales, que se unen
junto con las dos carótidas internas en la base del encéfalo formando una
estructura llamada polígono de Willis, irrigan la parte posterior. Este es un

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dispositivo que sirve como compensación si se obstruyen algunas de las arterias.
El 25% del gasto cardiaco llega a los tejidos cerebrales a partir de una enorme
red de arterias cerebrales y cerebelosas.

funciones de la corteza cerebral

Funciones de los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho

Aunque los hemisferios cerebrales tienen una estructura simétrica, con los
dos lóbulos que emergen desde el tronco cerebral y con zonas sensoriales y
motoras en ambos, ciertas funciones intelectuales son desempeñadas por un
único hemisferio. El hemisferio dominante de una persona se suele ocupar del
lenguaje y de las operaciones lógicas, mientras que el otro hemisferio controla
las emociones y las capacidades artísticas y espaciales. En casi todas las
personas diestras y en muchas personas zurdas, el hemisferio dominante es el
izquierdo.

Fisiólogos y neurólogos han cartografiado áreas de la corteza cerebral para


localizar y definir las regiones responsables de los movimientos motores,
procesos sensoriales, la memoria y otras funciones cognitivas.

La corteza se subdivide en distintas áreas funcionales que, en realidad,


están interconectadas entre sí. Por ejemplo, el área somatomotora, localizada
justo delante de la cisura central, es responsable de todos los movimientos
voluntarios de los músculos del cuerpo. Las células nerviosas que controlan el
movimiento de los dedos del pie están en la parte superior de la cisura, mientras

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que los movimientos faciales se controlan desde la parte inferior del girus
angularis.

Funciones de la corteza cerebral

Muchas funciones motoras y sensoriales han sido asociadas a zonas


específicas de la corteza cerebral, algunas de las cuales se indican aquí. En
general, estas áreas aparecen en ambos hemisferios cerebrales y están al
servicio del lado opuesto del cuerpo. Las áreas de asociación no están bien
definidas y se localizan sobre todo en la parte frontal de la corteza. Están
involucradas en funciones del pensamiento y emocionales y relacionan los
estímulos recibidos desde los diferentes sentidos. Las áreas del lenguaje son una
excepción: tanto el área de Wernicke, que está relacionada con la comprensión
del lenguaje hablado, como el área de Broca, que gobierna la producción del
habla, han sido localizadas de forma precisa en la corteza.

Justo detrás de la cisura central está el área somatosensorial que recibe


impulsos desde la superficie cutánea, así como de las estructuras que se
encuentran debajo de la piel. Sensaciones como el tacto y el gusto también se
procesan aquí. Una vez más las células nerviosas que reciben la sensibilidad de
los dedos del pie están en la parte alta de esta región, mientras las provenientes
de la cara están en la base. La zona de la corteza relacionada con la audición, el
área auditiva, se encuentra en la parte superior del lóbulo temporal; el área
relacionada con la vista, la corteza visual, se localiza en la parte posterior o
lóbulo occipital, y el área olfativa se localiza en la parte anterior, en la parte
interna del lóbulo temporal. Una sola zona controla el lenguaje, el área de Broca,
situada justo debajo del área motora; es la responsable de los movimientos

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musculares de la región faríngea y de la boca implicados en el habla. El
entendimiento del lenguaje, hablado y escrito, es delegado a regiones situadas
entre el área auditiva y el área visual.

Una parte importante de la corteza cerebral, el área frontal, interviene en


el conocimiento, la inteligencia y la memoria. Por ejemplo, después de un
estímulo sensorial como la visualización de un nuevo objeto, este es archivado
y almacenado por la memoria durante un corto periodo, o a veces de forma más
permanente en determinadas células nerviosas del cerebro. Cuando el objeto se
ve de nuevo, la memoria se activa y el objeto es reconocido. El que un anciano
pueda recordar hechos de la infancia es un ejemplo de la extraordinaria
capacidad de almacenamiento del cerebro. Los neurólogos estudian hoy el
mecanismo celular por el cual las células nerviosas almacenan la memoria. Una
teoría para explicarlo se basa en los cambios que ocurren en el ácido ribonucleico
(ARN) de las células de la corteza, que codifican señales en forma de material
proteico. Otra teoría es que los neuropéptidos (sustancias proteicas que actúan
como mensajeros, de igual forma que las hormonas) del cerebro se activan
cuando un suceso se almacena en forma de memoria. Una tercera teoría supone
que neurotransmisores (sustancias químicas que actúan en la transmisión de
impulsos nerviosos entre dos o más neuronas) se modifican cuando se
almacenan impulsos.

Los dos hemisferios cerebrales suelen funcionar en conjunto, pero cada


hemisferio está muy especializado. Una característica notable es que el entorno
que rodea a una persona se representa de forma especular en la corteza. Una
sensación en el lado derecho del cuerpo, por ejemplo, se percibe en el área
somatosensorial izquierda. De forma similar, el movimiento del brazo derecho
determina la activación de neuronas de la corteza motora izquierda. En casi
todos los individuos el hemisferio izquierdo es dominante; esto explica que la
mayoría de la gente sea diestra (véaseAmbidextro). Si parte del lóbulo temporal
izquierdo se lesiona, la comprensión del habla se deteriora. Si la parte derecha
del lóbulo temporal se daña, los objetos no pueden reconocerse. En general, la
lesión de un lado del cerebro causa la pérdida de todas las funciones sensitivas
y motoras del lado opuesto del cuerpo.

quimica y fisiologia

Los procesos metabólicos encefálicos dependen de un suministro continuo


de glucosa y oxígeno a cargo de la sangre arterial. Las células nerviosas
requieren grandes cantidades de estas sustancias para su continua actividad
fisiológica, día y noche. Muchas sustancias que circulan en la sangre no llegan
al encéfalo porque pequeños elementos actúan como filtro molecular e iónico;
se cree que las uniones entre las células de los capilares cerebrales son las
responsables de este descenso de permeabilidad. Este sistema de filtración
recibe el nombre de barrera hematoencefálica. Muchos componentes biológicos
de alto peso molecular, como las hormonas de la corteza adrenal o los
aminoácidos, no pasan a través de esta barrera; las pequeñas moléculas
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tampoco atraviesan la barrera debido a su polaridad (carga iónica). De esta
manera, la composición química del encéfalo se mantiene en equilibrio y bien
protegida de los cambios químicos relacionados con la alimentación.

Las células nerviosas o de glía de las distintas partes del encéfalo se


clasifican no solo por su forma (piramidal o en estrella), sino también por su
estructura química. Cada una de las neuronas contiene un neurotransmisor
diferente que interviene en la interrelación de unas células con otras. Por
ejemplo, la serotonina se encuentra en muchas células nerviosas del tronco
cerebral; en conjunto, estas neuronas constituyen la vía serotoninérgica. La
noradrenalina se encuentra en otras células nerviosas y el conjunto de ellas
constituye la vía noradrenérgica. De forma similar, las células nerviosas que
contienen acetilcolina constituyen la vía colinérgica. Investigaciones recientes
constatan que la temperatura corporal, la dieta y quizá el sueño dependan de
forma significativa del equilibrio entre estas vías.

Ciertas enfermedades psiquiátricas pueden estar causadas por alteraciones


en la producción y en la actividad celular de los neurotransmisores del sistema
límbico. La acción fundamental de un tranquilizante o de otra droga que actúe
sobre el cerebro es restaurar el equilibrio entre los distintos neurotransmisores
o la alteración de un determinado sistema neurotransmisor. Los aminoácidos y
otras sustancias hormonales encontradas en las células nerviosas, por ejemplo
neuropéptidos, desempeñan también un papel importante en la regulación de la
actividad de las células nerviosas y en la transmisión de sus impulsos.

Miles de neurólogos se dedican al estudio de estos sistemas químicos.


Comprender el funcionamiento del cerebro, desde su fisiología básica a su papel
en el aprendizaje y en las emociones, proporciona unos conocimientos cada vez
mayores de la química cerebral en condiciones tanto normales como anormales.

enfermedades del encefalo

Electroencefalograma (EEG) de un ataque epiléptico

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El dibujo de un electroencefalograma (EEG) de un individuo normal, a la
izquierda, muestra una pequeña amplitud de los trazos dados por cada uno de
los electrodos colocados en la cabeza. En el dibujo de un EEG de un individuo
que sufre convulsiones epilépticas, a la derecha, los trazos presentan gran
amplitud y un diseño errático que dura varios minutos.

Science Source/Photo Researchers, Inc. D. Rosenbaum/Phototake NYC

Lesiones físicas o desequilibrios químicos complejos pueden producir


diferentes tipos de alteraciones y lesiones encefálicas graves.

lesiones encefalicas

Después de un golpe en la cabeza, una persona puede quedar aturdida o


conmocionada o permanecer inconsciente por un momento. Esta lesión recibe el
nombre de contusión y no suele provocar un daño permanente. Si el golpe es
más fuerte y se produce una hemorragia o un edema, puede dar lugar a un
fuerte dolor de cabeza, vértigos, parálisis, convulsiones o una ceguera temporal,
según el área afectada. En el encéfalo, una infección bacteriana
(véaseEncefalitis) o en las membranas externas (véase Meningitis), tumefacción
(véase Edema), o un crecimiento anormal del tejido cerebral sano
(véase Tumor) pueden ocasionar un incremento de la presión intracraneal
originando un problema muy serio. Aunque hay excepciones, un tumor
localizado cerca de la superficie puede normalmente extirparse mediante cirugía,
mientras que uno situado a más profundidad, solo es posible tratarlo por
radiación o crioterapia.

Una lesión que afecte al hipotálamo puede ocasionar síntomas muy


diversos: pérdida de apetito (anorexia) con gran pérdida de peso; incremento
del apetito que conduce a la obesidad; sed muy intensa con pérdida excesiva de
líquido por la orina (véase Diabetes insípida); fallo en el control de la
temperatura corporal que produce tanto una bajada de la temperatura
(véase Hipotermia) como una subida de la misma (véase Fiebre) y un estado de
mayor sensibilidad, así como explosiones incontroladas de ira. Si el mecanismo
hipotálamo-hipófisis sufre una lesión (véase Sistema endocrino), otras funciones
vitales del organismo pueden resultar alteradas; entre los efectos posibles se
incluyen alteraciones de la función sexual normal y de las actividades
metabólicas y cardiovasculares.

lesiones del tronco cerebral

Una lesión en el cerebro medio o mesencéfalo, la protuberancia anular o el


bulbo raquídeo tiene peor pronóstico. La extensión y el lugar del daño suelen
determinar las posibilidades de una recuperación.

apoplejia

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Una apoplejía se produce cuando un tronco arterial principal del encéfalo se
obstruye. Esta obstrucción puede estar causada por un coágulo de sangre
(trombo), la constricción de un vaso sanguíneo o una ruptura del vaso
acompañada de hemorragia. Una expansión de la pared del vaso sanguíneo,
llamada aneurisma, puede ceder y reventar durante un incidente, por ejemplo,
de presión sanguínea alta. Cuando se interrumpe el suministro de sangre a una
pequeña parte del encéfalo (isquemia), las células de esa zona mueren (necrosis
o infarto) y la función del área se pierde. La parálisis de un lado del cuerpo
(hemiplejia), acompañada de una pérdida sensorial, ocurre en la parte opuesta
al hemisferio cerebral afectado por la apoplejía. Un cirujano puede, a veces,
extraer un coágulo de sangre de una arteria ocluida o hacer un bypass con un
vaso sanguíneo artificial. Un anticoagulante consigue, a veces, disolver el
coágulo y un vasodilatador facilitará su paso por el vaso sanguíneo. La
fisioterapia ayuda con frecuencia a pacientes apopléjicos a recobrar muchas de
las funciones perdidas.

otras enfermedades importantes

Existen otras enfermedades que pueden aparecer como consecuencia de


una lesión local, de alguna sustancia química u otros productos tóxicos como el
alcohol o el plomo, de una infección bacteriana o de un defecto anatómico
congénito. La enfermedad de Parkinson aparece en los adultos, es una
enfermedad degenerativa y se caracteriza por lesiones en áreas cerebrales que
coordinan los movimientos. En estas zonas disminuye el número de células
nerviosas y, por tanto, la cantidad de neurotransmisores (dopamina) que
producen. Debido a ello aparecen temblores, rigidez muscular y escasez de
movimientos. La parálisis cerebral suele tener un origen congénito y es el
resultado de la falta de desarrollo o la degeneración de las vías motoras; los
miembros se vuelven rígidos y los movimientos son espasmódicos y poco
coordinados.

La epilepsia puede originarse por un daño directo en el cerebro durante el


nacimiento o por un fallo metabólico del mismo. Cuando se produce una
convulsión o una crisis tipo gran mal, la persona pierde la consciencia mientras
sufre rigidez y espasmos musculares. Otras veces se sufren crisis menos graves,
como la llamada pequeño mal u otras crisis parciales. Estos ataques pueden
registrarse en un electroencefalograma o EEG, mediante la colocación de
electrodos sobre la piel; estos registran un patrón eléctrico específico que refleja
la actividad eléctrica de las células nerviosas cerebrales.

evoluciones

La mayor parte de las formas de vida primitiva carecen de cerebro, pero la


ameba más simple tiene un sistema sensorial primitivo que le permite evitar
estímulos dañinos. El desarrollo del encéfalo en los primates, grupo más

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evolucionado, en el que se incluyen los seres humanos, ha sufrido un gran
proceso de evolución. Sin embargo, todos los vertebrados (animales con
columna vertebral), incluidos peces, reptiles y aves, tienen un encéfalo formado
por las mismas tres subdivisiones básicas encontradas en el encéfalo humano:
cerebro anterior o prosencéfalo, medio o mesencéfalo y posterior o
romboencéfalo.

En los vertebrados más primitivos el encéfalo es alargado y estrecho, con


un tracto olfatorio muy desarrollado. En los pájaros, los lóbulos olfatorios son
más pequeños, pero los lóbulos ópticos son muy grandes y están muy
desarrollados. A medida que se asciende en la escala evolutiva, los hemisferios
cerebrales aumentan su tamaño, se cubren los tractos olfatorios y se repliegan
en recovecos y fisuras. Ciertas estructuras encefálicas de los animales más
primitivos como el cerebelo (que interviene en el equilibrio) y el bulbo raquídeo
(que controla la respiración y la presión sanguínea) tienen funciones casi
idénticas a las que desempeñan en el ser humano.

El tamaño del cerebro no determina el grado de inteligencia; un deficiente


psíquico puede tener un cerebro de mayor tamaño que el de un genio. Se cree
que el grado de inteligencia está determinado por el número y tipo de neuronas
en funcionamiento y el modo en que están conectadas unas con otras.

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