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Abordagens em Ciência, Tecnologia
e Sociedade

Maria Gabriela S. M. C. Marinho


Sérgio Amadeu da Silveira
Marko Monteiro
Rafael de Brito Dias
Cristina de Campos
(Orgs.)

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CATALOGAÇÃO NA FONTE
SISTEMA DE BIBLIOTECAS DA UNIVERSIDADE FEDERAL DO ABC
Responsável: Roberta Kelly Amorim de França CRB: 7660

370.111
MARIab

Abordagens em ciência, tecnologia e sociedade /


Organizado por Maria Gabriela S. M. C. Marinho ; Sérgio Amadeu da Silveira;
Marko Monteiro ; Rafael de Brito Dias ; Cristina de Campos — Santo André :
Universidade Federal do ABC, 2014.

14 cm x 21cm, 292 p.
ISBN: 978-85-65212-40-3
1. Brasil - Política científica 2. Ciência, tecnologia e sociedade I. MARINHO,
Maria Gabriela S. M. C. II. SILVEIRA, Sérgio Amadeu da. III. MONTEIRO,
Marko. IV. DIAS, Rafael de Brito ; V. CAMPOS, Cristina de.

Universidade Federal do ABC

Prof. Dr. Helio Waldman - Reitor


Prof. Dr. Gustavo Dalpian - Vice-Reitor
Núcleo de Ciência, Tecnologia e Sociedade
Profª Drª Maria Gabriela S. M. C. Marinho - Coordenação
Profª Drª Maria de Lourdes Pereira Fonseca - Vice-Coordenação
Cleiton Fabiano Klechen - Secretário Editorial

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Sumário

Prefácio  7

Capítulo 1
É possível cumprir a proposta da “Ciência e Tecnologia
para o desenvolvimento”?  17
Renato Dagnino

Capítulo 2
Sociologia da Ciência e da Tecnologia: instrumentos para a análise
do processo de formação de agendas de pesquisa  43
Renan Gonçalves Leonel da Silva
Maria Conceição da Costa

Capítulo 3
Como combater o HLB (Greening)?
Tradução e controvérsias na produção de laranja  67
Gabriela da Rocha Barbosa
Leda Gitahy

Capítulo 4
Reconsiderando a etnografia da ciência e da tecnologia.
Tecnociência na prática  99
Marko Synésio Alves Monteiro

Capítulo 5
Participação pública e avaliação social da ciência e tecnologia:
uma revisão 121
Camila Carneiro Dias Rigolin

Capítulo 6
A política científica e tecnológica brasileira nos anos 2000
e a “agenda da empresa”: um novo rumo?  141
Rafael Dias
Milena Serafim

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Capítulo 7
Pesquisas sobre células a combustível no Brasil  165
Bruno Rossi Lorenzi
Thales Novaes de Andrade

Capítulo 8
Labordireitórios  189
Ivan da Costa Marques

Capítulo 9
A dinâmica da ciência: subsídios para a compreensão
da ciência acadêmica e pós-acadêmica  215
Vera Aparecida Lui Guimarães
Maria Cristina Piumbato Innocentini Hayashi

Capítulo 10
Coletivos Tecnológicos e a produção colaborativa entre pares 251
Sergio Amadeu da Silveira

Capítulo 11
Internacionalização da ciência no Brasil e mobilidade internacional:
políticas, práticas e impacto  263
Lea Velho
Milena Yumi Ramos

Sobre os autores 289

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Prefácio

Hebe Vessuri

Estamos viviendo tiempos nuevos, en los que se observan cam-


bios intelectuales, culturales y sociales notables en el conocimiento
científico y la innovación material. Quienes estamos asociados a los
estudios sociales de la ciencia y la tecnología somos testigos de una
transformación radical. Hasta aproximadamente el último cuarto del
siglo pasado, el peso supremo de la investigación básica como fuente
del avance en la ciencia y el progreso industrial era parte del orden de
las cosas. Se suponía que la ciencia empujaba a la tecnología, que a su
vez se percibía como alimentando la innovación. La tecnología era vista
como un subproducto de la investigación científica.
Esto, sin embargo, no siempre fue así. La relación entre la ciencia
y la tecnología fue variando en el tiempo, a medida que ambas formas
de conocimiento fueron evolucionando y se entretejieron de maneras
complejas, en lo que a veces parecía un distanciamiento marcado y otras
veces dominancias y subordinaciones de la una o la otra. La abrupta
inversión de la primacía de la ciencia en la relación ciencia-tecnología
que se ha vivido en los últimos años, pasándose a la primacía de la tec-
nología con relación a la ciencia podría ser un indicador de una nueva
era respecto de la que muchos autores suponen que estuvo vigente hasta
el último cuarto del siglo XX. Por doscientos años la “ciencia” a menudo
denotó a también la tecnología; en el presente, en cambio, la tecnología
subsume a la ciencia. El cambio fue demasiado inesperado, se dio de-
masiado rápido. Fue el resultado de la aparición de la “globalización”, o
lo que algunos autores (Forman, 2007) llaman la “postmodernidad”, y
ocurrió como parte de ese proceso histórico.
Hubo varios detonantes de este cambio de época, y la crítica desde los
estudios sociales de la ciencia contribuyó a él aun cuando originalmente
se estructuró en torno al discurso de la comprensión social de la ciencia,
institución dominante en la segunda mitad del siglo XX. Por varias dé-
cadas estuvo muy apegada a ese discurso, en una división de tareas que
la llevó a pensar relativamente poco y con frecuencia de manera parcial
en la tecnología. La crítica del modelo lineal de innovación llegó a los
estudios sociales de la ciencia desde la historia de la tecnología y desde

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la economía de la innovación, que se rebelaban ante la supuesta subor-
dinación cultural y epistémica de la tecnología como “ciencia aplicada”
o “práctica empírica” (Edgerton, 2004; Akrich, Callon & Latour, 2002;
Kline and Rosenberg, 1986). El modelo lineal de la innovación cayó en
desgracia en circunstancias en las que, imperceptiblemente, junto con
él se empezaban a disolver convicciones muy arraigadas tales como la
percepción de la ciencia como la fuente originaria del progreso técnico
y el avance intelectual de la humanidad (Dennis, 1987; Krige & Pestre,
1997), la superioridad de la teoría con respecto a la práctica (Knorr-
Cetina, 1979; Latour, 1983; Pickering, 1992), la elevación de lo público
sobre lo privado (Callon, 1994) y el desinterés elogiado por Merton
(Barnes, 1971; 1974); más importante aún, la creencia de que los medios
justifican los fines, a través de la fe sacrosanta en el “método” como el
camino a la verdad en el proceso de investigación, es suplantada por
un escepticismo y condescendencia respecto a caminos metódicos. En
nuestro campo ese giro radical que ocurrió, para los investigadores
maduros, en el lapso de nuestra propia vida profesional, se observa en
todas las áreas de análisis y reflexión.
Cuando comenzábamos nuestras carreras académicas en los 60s y
70s nuestro tema era la ciencia académica y cuando nos acercábamos
a la tecnología era casi siempre para explorar su creciente cientificidad
y profesionalización en los ámbitos académicos. Sólo algunos estaban
menos inclinados a la reflexión y el análisis científico y más interesados
en transformar la docencia de la ciencia y la tecnología como fenómenos
sociales en el nivel medio de la ciencia y la tecnología como fenóme-
nos sociales. Una expresión de esos intereses se reflejaba en la revista
Bulletin of Science, Technology and Society mientras que los más orien-
tados al estudio académico nos identificábamos más con revistas como
Social Studies of Science y Minerva, en el área de influencia del mundo
anglosajón. Para nosotros, la palabra “ciencia” servía para representar
implícitamente a la tecnología. Unos años más tarde, en Estados Unidos
surgió Science, Technology and Human Values, que consideraba ya en
su título a la tecnología pero como derivado de la ciencia a través de su
cientificación. Por otro lado, estaban History of Technology, Technology
and Society, Social History of Technology, etc., que rechazaban el pre-
dominio de la ciencia, pero caían en lo opuesto, que era la negación o
ignorancia de la ciencia, distorsionando de esa manera los resultados
finales del análisis.

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En la transición tan abrupta de la que fuimos testigos en el lapso
relativamente breve de nuestra propia vida profesional, la política cien-
tífica tuvo un papel significativo, creando condiciones favorables para
el cambio cultural con su énfasis creciente en la exigencia de pertinen-
cia de la investigación científica, aunque todavía no se cuestionaba la
primacía de la ciencia.1 Ya en 1994, en el prefacio a un libro editado por
Salomon, Sagasti y Sachs para la Universidad de las Naciones Unidas,
Salomon argumentaba que:

Si un libro como el nuestro hubiera sido preparado hace un cuarto de


siglo, los editores y autores hubieran tenido menos dudas de celebrar las
maravillas de lo que la ciencia la tecnología pueden ofrecer a la huma-
nidad. El título al igual que el contenido hubieran sido más optimistas
con respecto a su potencial influencia positiva...La ciencia moderna y
la tecnología se han convertido en un ingrediente tan indispensable del
proceso de desarrollo que nada puede construirse en el futuro sin que
aproveche este ingrediente.

Ya en los 60s y 70s en distintos países de nuestra región tambi-


én se percibían las manifestaciones de una actitud diferente hacia la
tecnología y la ciencia, pero se dio una exploración separada de estos
fenómenos, con pocos cruces, por parte de dos comunidades de práctica.
La Sociedad Latino-Iberoamericana de Gestión Tecnológica (ALTEC)
surgió en 1984 y sigue activa con 15 congresos regionales. La Sociedad
Latinoamericana de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología
(ESOCITE), a su vez, comenzó en 1994 y lleva 9 congresos regionales.
Resultó una producción que incluye lo que algunos autores han llamado
PLACTS (Dagnino, Thomas & Davyt, 1996), otros autores caracterizaron
como Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, e inclusive lo que
algunos describieron como el campo CTS. Todos ellos, junto con los
historiadores de la ciencia y la tecnología y los especialistas en estudios
de la innovación técnica en su conjunto configuran una rica cantera de
ideas, propuestas y evidencias empíricas correspondientes a la región
latinoamericana y muestran una variedad de criterios de análisis y más

1 Recuerdo que me tocó redactar un trabajo sobre la Pertinencia de la Educación


Superior que se presentó primero en UNESCO-IESALC en Caracas, luego en la reu-
nión preparatoria regional de América Latina en La Habana en 1998 y más tarde en
la conferencia mundial de educación superior de la UNESCO en Paris donde fui la
relatora de la plenaria sobre Pertinencia de la Educación Superior, que fue precisa-
mente uno de los ejes temáticos de esa Cumbre (Vessuri, 1998; 2008).

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que nada un interés por dar respuestas a las grandes incógnitas y dilemas
de la región.
La acumulación de productos y experiencias en América Latina,
así como en otras regiones del mundo, ha contribuido a la reconcep-
tualización de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología a nivel
internacional, lo cual se puede rastrear también en eventos regionales
como los mencionados, al igual que en la producción de las comunidades
de práctica de varios países en estos temas. En América Latina se dio la
variante de que ni la ciencia ni la tecnología tenían la misma forma de
los desarrollos en los países avanzados de Occidente, pero convivían
en un mundo que se hacía cada vez más un único mundo, generando
tensiones y conflictos específicos.
En mi caso personal, me tocó vivir las contradicciones de perte-
necer en alguna época a una institución que había sido la más pura
expresión de la institucionalidad de la ciencia básica de excelencia en
Venezuela (IVIC), mientras que antes había pertenecido a un centro de
estudios del desarrollo (CENDES-UCV) con una visión muy distinta
del papel del conocimiento en la sociedad, e inclusive anteriormente mi
trabajo como investigadora y docente en la facultad de agronomía de la
Universidad Nacional de Tucumán, Argentina, me había familiarizado
con otras disciplinas e intereses y un contexto sociopolítico en ebullición.
A partir de los 80s fui testigo de los reclamos de sectores no académicos
y académicos de la sociedad que querían en algunos casos, tecnología,
en otros competitividad, mientras que unos terceros reclamaban por
los saberes tradicionales y populares ignorados, si bien los más pedían
la democratización de una actividad que percibían como elitista y ex-
cluyente, incluso en el contexto de la vida académica universitaria del
país y la región.
El cambio no fue sencillo. Por un lado, el creciente interés lucrativo
que creaba expectativas de una ciencia para la competitividad, para
la innovación de las empresas, se veía como un riesgo y amenaza a la
integridad de la ciencia. Se observaba la creciente falta de confianza en
los científicos y la pérdida de la creencia en la investigación básica como
una fuente clave para las innovaciones tecnológicas. Eso se complicaba
aun más en el contexto de la región latinoamericana donde se veía que
la ciencia básica no llegaba prácticamente nunca a la innovación técnica
en nuestros contextos con industrias no innovadoras ni competitivas.
El desinterés, curiosidad intrínseca e integridad moral del científico,
que eran algunos de los axiomas mertonianos, empezaron cuestionarse.

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Había ingenieros que luchaban por unas capacidades nacionales, sociales
de ingeniería, en contra de los monopolios internacionales y buscando
una distribución más equitativa del conocimiento. Tampoco se aceptaba
ya la regla del “método” de la ciencia, como un camino único que se
enseñaba en una asignatura y que debía cumplirse a rajatabla. Lo que
antes era un supuesto básico ahora parecía una ingenuidad. Se empezó
a argumentar cada vez con más fuerza que había distintos caminos en
la investigación y que importaba definir bien adónde se quería llegar.
Además, en Estados Unidos y otros países industrializados ya era
obvio que sólo la parte más pequeña de lo que el gobierno apoyaba bajo el
rubro “investigación” se acercaba a la concepción ampliamente aceptada
de ciencia por sí misma, ciencia básica. Cómo podía ser, entonces, que las
políticas científicas de la región, definidas por los científicos básicos, se
concentraran en desarrollar exclusivamente la ciencia básica olvidando
que la experiencia histórica del mundo industrializado mostraba que la
ciencia resultaba un factor de riqueza de las naciones cuando se desgra-
naba en multiplicidad de formas de hacer ciencia y aplicar conocimiento
científico que no necesariamente eran ciencia básica. En nuestros países
de América Latina el desajuste parecía mayor desde el momento que
sabíamos que una parte no menor de la investigación que se hacía en
las universidades era repetitiva, trivial, y no pocas veces ni siquiera con-
tribuía a extender el horizonte de conocimiento de la ciencia universal.
Hoy vivimos en un mundo distinto de aquel en el que se desarrolla-
ron los estudios sociales de la ciencia, casi pudiera decirse que aparece
como su contracara, donde los fines resultan primordiales y, como es
típico en la tecnología, a menudo justifican los medios. En todo lo que
se evalúa es la eficacia y la eficiencia con que se logran los fines lo que
cuenta. Hoy se defienden como virtudes la “utilidad”, la “ventaja econó-
mica”, la “hibridación de saberes”, la “relevancia”. La tecnología constituye
el foco y la fundamento epistémico de los esfuerzos de investigación.
Los trabajos de esta colección, escritos por investigadores brasileños,
reflejan los nuevos tiempos en varios sentidos. No me toca presentar
un resumen de los trabajos individuales, que consideran en cada caso
temas importantes, pero no puedo resistir la tentación de resaltar algunos
aspectos aquí y allá que surgieron en la lectura de este útil volumen. Así,
por ejemplo, Dias Rigolin toca en su análisis un tema que ha venido
creciendo sin cesar en las últimas décadas, el de la consulta a la sociedad
en los procesos de elaboración de las políticas públicas, y en particular
las de ciencia y tecnología. Un número cada vez mayor de investigadores

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asocia la participación de actores sociales no científicos a la ampliación
de las esferas de deliberación relativizando el status de los conocimientos
“certificados” frente a otras formas de comprensión del mundo.
La política científica, tecnológica, o pública en general ha tenido
una transformación importante, acompañando cambios sociales y, tal
vez más importante, cambios culturales en las creencias de los actores
históricos. El análisis de Da Silva y da Costa busca reconstruir el proceso
por el cual el campo científico se volvió cada vez más politizado a medida
que aumentaba la complejidad tecnológica e industrial de las sociedades
contemporáneas. Estos autores muestran cómo el involucramiento de
los investigadores con otros grupos sociales fue alterando la dinámica de
la formulación de agendas de investigación y su traducción en políticas
públicas y/o privadas.
Dias y Serafim, a su vez, exploran la tensión entre dos agendas
diferenciadas en el Brasil actual: la de la ciencia, que históricamente
ejerció la principal influencia sobre la política CyT en el país, y la de
la empresa, asociada a ideas como “innovación”, “emprendedorismo”
y “competitividad”, que surgieron más recientemente. Estos autores se
proponen “abrir la caja negra” de esa política para explicitar el contenido
político de la política pública y concluyen que aunque la agenda de la
empresa, está ganando importancia, ella no está siendo defendida por
el empresariado, como sería de esperar, sino por los propios científicos,
que de esa forma también siguen en control de sus viejas agendas. Ello
sería resultado de las características típicas de la burguesía industrial
en un país de capitalismo periférico como Brasil.
Da Silveira se concentra en el argumento de Benkler (2002, citado
por Da Silveira, en este volumen) referido a un modo de producción
que ha adquirido gran relevancia económica, al que denomina produc-
ción común entre pares (del inglés commons-based peer-production). Su
análisis, tomando como ejemplo los modelos de desarrollo de software
de código de fuente abierta y de software libre, busca profundizar la
comprensión del fenómeno de la producción colaborativa entre pares,
como así también de las prácticas científicas producidas fuera de los
laboratorios de las firmas y de las instituciones formales de la acade-
mia, donde la diversidad de objetivos, caminos y procesos de creación
tecnológica resulta evidente.
Incluso en un trabajo que en general se mantiene dentro de los pará-
metros de la ciencia académica “moderna”, Guimaraes y Hayashi también
destacan que las transformaciones socio-culturales evidencian que el

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concepto dominante de la ciencia en un período histórico dado tiende a
repercutir también en los procesos de comunicación científica. Retoman
a Ziman (2000) en su caracterización de la ciencia contemporánea, con
su acrónimo PLACE que reemplazaría al clásico mertoniano CUDOS2,
al poner el acento en el modo como la ciencia se organiza, gerencia y
ejecuta en el presente. No estoy de acuerdo con la lectura que hacen de
un trabajo mío (Vessuri, 1987) que describe a la ciencia académica porque
creo que las cosas ya no son tan así como las describía en una fase en
la que los Consejos de Ciencia de la región trataban de modernizar el
aparato científico, poniendo reglas de evaluación de la investigación y
promoviendo formas de publicación que se fueron convirtiendo cada vez
más en la regla de oro de la administración de la ciencia. Sin embargo,
el secreto en la ciencia es algo que se viene discutiendo hace tiempo y a
medida que la actividad científica ha pasado a estar subordinada a los
intereses de la industria y las grandes corporaciones, muchos resultados
no se publican o se publican sólo partes después que se ha asegurado a
través de patentes el control de la propiedad intelectual.
En estas décadas la visión cultural ha cambiado radicalmente y
las relaciones entre ciencia y tecnología se perciben actualmente como
siendo mucho más complejas de lo que parecían en el pasado. El con-
cepto de tecnociencia hoy se entiende de varias maneras según que se
incorporen valores y se considere su carácter autónomo o negociable.
En el capítulo de Dagnino encontramos un breve análisis de cuatro
modalidades de tecnociencia que son frecuentes en los debates con-
temporáneos y su propuesta de adecuación sociotécnica, que pretende
aportar una dimensión procesual, una visión ideológica y un elemento
de operacionalidad derivado de las anteriores.
Los ajustes estructurales de la década del 80 que en América Latina
implicaron el paso problemático a otro modelo de desarrollo y una mayor
autonomía de la economía, significaron en todos los casos un aumento
de la pobreza, las desigualdades y la desarticulación de antiguas formas
de relación entre Estado y actores sociales, debilitando la capacidad or-
ganizativa e ideológica de éstos. Como respuesta, en los últimos veinte
años los populismos se han renovado concretizándose en modelos de
inclusión social, políticas inclusivas, e integración regional que se viven
de maneras específicas en distintos países de la región. El tema hoy es

2 El CUDOS de Merton representa una ciencia Comunitaria, Universal, Desinteresada,


donde prima el Escepticismo Organizado. Ziman propone, en cambio, al PLACE para
describir una ciencia Propietaria, Local, Autoritaria, Comisionada y Especialista.

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cómo rearticular las relaciones del Estado con la sociedad. Y ya para
cerrar traigo a colación un punto importante que nos recuerda Dagnino
en su trabajo, cuando se refiere a que entre nosotros sigue teniendo una
menor vigencia la noción de ciudadanía como mediación efectiva entre
Estado y sociedad. En América Latina sigue siendo más importante el
papel del pueblo. Dagnino lo atribuye a la menor extensión y densidad
del capitalismo latinoamericano, que no habría llegado a perfeccionar,
como sucedió en los países centrales, el conjunto de apariencias abstractas
del cual la ciudadanía es un componente. La deuda social de América
Latina sigue pendiente. La ciencia, al igual que otras actividades, puede
contribuir a saldar esta deuda como sociedad, como pueblo, si se abre,
democratiza, y libera todo su potencial creativo.

Morelia, Michoacán,
26 de septiembre de 2013

Referências bibliográficas

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1. É possível cumprir a proposta da “Ciência e Tecnologia
para o desenvolvimento”?

Renato Dagnino

Este capítulo se contrapõe à maneira como o tema da relação Ciência,


Tecnologia e Sociedade vem sendo tratado entre nós: aquela que defende
a difusão dos “frutos do progresso” tecnocientífico para a sociedade
ou para os cidadãos para, assim, contribuir para a adoção de um estilo
de desenvolvimento com maior equidade econômica, justiça social e
sustentabilidade ambiental. Seu argumento é no sentido de mostrar a
impossibilidade de que o conhecimento tecnocientífico tal como hoje
existe possa atender a esse objetivo; em particular, quando se tem o
contexto latino-americano como foco analítico e propositivo. Também
argumento que somente com mudanças significativas no modo como a
comunidade de pesquisa percebe aquela relação, hoje baseada no mito
da Neutralidade e do Determinismo, será possível a laboração de uma
Política Científica e Tecnológica capaz de orientar o potencial cognitivo
da região numa direção coerente com aquele estilo de desenvolvimento.
Por isso, ora se contrapõem as consignas “Ciência e Tecnologia
para a Cidadania” e “Adequação Sociotécnica com o Povo”, ressaltando a
necessidade de que esse potencial seja orientado mediante um processo
presidido por interesses e valores compatíveis com o conceito de Povo,
e com a participação deste na geração de conhecimento. Acredito que
somente dessa forma será possível materializar a intenção dos colegas
que levantam a primeira consigna, de contribuir para a materialização
do estilo de desenvolvimento alternativo que defendem.
Na seção que segue, partindo da distinção que fazem autores mar-
xistas que analisam a relação Estado-sociedade entre Cidadania, Nação e
Povo no Estado capitalista, procuro mostrar porque o processo de geração
de conhecimento, que é o tema que trato na quarta seção – Ciência e
tecnologia ou Adequação Sociotécnica? – deveria ter como alvo não a
Cidadania, entendida como fundamento abstrato do Estado capitalista,
ou a Nação, seu referencial, e sim o Povo, entendido como fundamento
e referencial ambíguo deste Estado.
O objetivo da segunda seção pode ser entendido como uma ten-
tativa de explicitar mais claramente, tendo por base uma abordagem

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marxista, o sujeito-alvo da construção analítico-conceitual que venho
desenvolvendo em torno da proposta de Adequação Sociotécnica. Ao
fazê-lo, dei-me conta, e espero que os leitores que acompanham meu
esforço dedicado àquela construção concordem comigo, de que precisar
as diferenças entre aquelas três mediações pode conferir maior eficácia
à Política Científica e Tecnológica.
Entre a segunda e a quarta seções, inseri outra – A emergência do
Povo como fundamento e referencial do Estado e os empreendimentos
solidários – que apresenta argumentos que me parecem suficientes para
responder afirmativamente à pergunta que formula o título deste capítulo.

Cidadania, nação e Povo na América Latina de hoje1

Nesta seção busco me aproximar da atualidade da América Latina


para justificar meu argumento de que o esforço das forças progressistas
associado ao aspecto cognitivo da construção de um estilo alternativo
de desenvolvimento (o que tenho chamado de proposta da Adequação
Sociotécnica) deve ter o Povo como sujeito-alvo.
Inicio com uma referência ao fato de que, num mundo em que a
guerra continua sendo o processo essencial da expansão capitalista, a
América Latina, talvez pela sua pouca importância no cenário global, é
a única região que se tem mantido à margem deste processo. E isso ao
mesmo tempo em que os países da região (reconhecida como a mais
desigual do planeta) estão se configurando como palco de uma quase
generalizada “sublevação” de seus Povos. Eleições de líderes populares
que se opõem ao modelo do neoliberalismo triunfante depois do fim da
Guerra Fria, ou da derrubada de governantes que fogem às suas promes-
sas de campanha e aderem a este modelo, mostram uma surpreendente
convergência entre dois processos autônomos que vêm apresentando
uma resultante favorável para as forças que anseiam por um estilo de
desenvolvimento alternativo. A década neoliberal dos anos 1990 não
cumpriu o que prometeu e provocou uma reação popular e eleitoral

1 Esta seção segue muito de perto o conteúdo da segunda parte do trabalho de


Guillermo O’Donnell, “Anotações para uma Teoria do Estado” (1981), cujo objetivo
central é, justamente, esclarecer as diferenças entre os três conceitos. Ainda entre
autores latino-americanos, serviram como referência o trabalho de Oscar Oszlak,
“Estado e Sociedade: Novas Regras do Jogo?” (1997).

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que varreu os governos conservadores, através de eleições de governos
populares e democráticos, em quase todos os países da América Latina.2
Esse resultado é essencial para o argumento que desenvolvo em
seguida. Por esta razão volto um pouco no tempo para entender como
ele se tornou possível. Inicio por ressaltar que o Povo, a terceira das me-
diações entre o Estado e a Sociedade, embora esteja sempre presente em
certo grau em qualquer Estado capitalista, teve maior importância nos
casos latino-americanos, que no capitalismo central. O que é ao mesmo
tempo causa explicativa e consequência do fenômeno do Populismo;
cujo espectro, ao contrário do que se pensava quando do final do ciclo de
regimes militares sul-americanos, continua rondando a América Latina.
A menor vigência entre nós da Cidadania como mediação efetiva
entre Estado e sociedade pode também ser entendida como causa e
consequência do papel mais importante que entre nós adquire o Povo.
Ela parece se dever à menor extensão e densidade do capitalismo latino-
-americano, que não chegou a aperfeiçoar, como ocorreu nos países
centrais, o conjunto de aparências abstratas do qual a Cidadania é um
componente. Na verdade, os latino-americanos pobres, que em situações
de crise são candidatos a constituir-se como Povo, sobretudo aqueles
que nunca foram incorporados diretamente ao processo formal de ex-
ploração capitalista (que hoje representam mais da metade da população
economicamente ativa da região) nunca foram, de fato, cidadãos.
No que respeita à pouca importância relativa da solidariedade co-
letiva Nação, há que lembrar o fato dos países da América Latina terem
apresentado um processo de constituição das bases de “seu” capitalismo
bem distinto daquele que ocorreu nos países da Europa (e do Japão).
Sem entrar em detalhes, e resumindo um longo e importante debate,
quero apenas ressaltar uma característica distintiva dos dois processos.
Naqueles países, o feudalismo foi sendo suplantado pelo capitalismo
em meio a uma intensa luta entre grupos sociais que, de uma forma
complexa, lenta e variada foram dando origem ao que vieram a ser as
nacionalidades e a solidariedade coletiva Nação. O fato de que, ao con-
trário deles, os países da América Latina tiveram um Estado (implantado
artificialmente pelos conquistadores) antes de terem uma Nação, pode
ser tomado como síntese dessa ideia.
Passando agora para a percepção do que ocorreu nos últimos de-
cênios, e iniciando pelo plano endógeno, é forçoso reconhecer que a

2 É de do trabalho de José Luis Fiori – “O poder global e a nova geopolítica das na-
ções” (1997) – que tomei de empréstimo esta proposição.

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América Latina “capitalizou-se”.3 Ela se tornou inteiramente capitalista,
seja em termos estruturais, seja em termos superestruturais (como
modo de produção, como hegemonia, como economia e como cultu-
ra). A “sociedade tradicional” continuou a existir, mas ao lado de outra
moderna, de opulência seletiva. Uma sociedade high tech, das redes de
comunicação, dos sistemas midiáticos sofisticados que submeteu fun-
cional e ideologicamente e passou a modelar os valores da sociedade
como um todo e que produz em seu seio um processo inaudito e gene-
ralizado, ainda que com características variadas, de superexploração do
trabalho. Todos os que nela “habitam”, mesmo que nada ganhem com o
capitalismo, mesmo que se relacionem com ele apenas na condição de
marginalmente explorados (ou nem isto!), passaram a aceitar e cultuar
esses valores.
No plano externo, a América Latina “globalizou-se”. Ela não somente
aprofundou sua inserção econômica subordinada no mercado mundial,
como se tornou mais condicionada pelo que acontece no mundo: a
mundialização das relações sociais, econômicas e políticas, a financei-
rizaçao e transnacionalização das economias, a perda de soberania dos
Estados nacionais, a desregulação dos mecanismos de financiamento
do setor público, etc.
As dinâmicas associadas a esses dois planos engendram um pro-
cesso caracterizado pela subalternidade e pela dependência em que
a convivência entre aquelas duas “sociedades” recria a sua condição
periférica. A subversão das formas tradicionais de vida e a fragmenta-
ção da sua sociabilidade não vêm associadas à inclusão e à dignidade
social dos indivíduos como ocorreu no capitalismo avançado. Em vez
do surgimento da Cidadania como mediação capitalista tout court se
fortaleceram formas naturalizadas de desigualdade. Miséria, exclusão
social, desemprego estrutural e marginalidade misturam-se com res-
tos de latifúndios improdutivos e formas primitivas de exploração da
mão de obra e com as dinâmicas “deslocalizadas” do mundo digital e
transnacional.
A democratização política foi limitada e condicionada por esse
processo. As instituições não foram capazes de responder ao descon-

3 Os parágrafos que seguem reproduzem quase literalmente as ideias expostas por


Marco Aurélio Nogueira em seu trabalho “O pensamento político e a redemocrati-
zação do Brasil” (2007), onde aparece esta expressão que alude a um debate, também
longo e importante, ocorrido no seio da esquerda latino-americana a respeito da
vigência do conceito de burguesia nacional.

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tentamento por ele gerado, levando a que também os partidos e os sin-
dicatos perdessem legitimidade. As pessoas votam, mas não se sentem
representadas. Tentam converter em participativa uma democracia que
é apenas representativa e lutam por seus direitos, mas não conseguem
se afirmar como sujeitos de obrigações e deveres: há muitos direitos
políticos formais e poucos direitos civis para a população pobre.
Esse quadro de estiolamento de uma Cidadania que na verdade
nunca se constituiu de fato não chegou a apagar a expectativa social
de proteção e cobertura estatal por parte dos setores não inteiramente
marginalizados e de uma classe média que, desvalorizada e confundida,
tenta defender seus direitos perante o Estado neoliberal.
Governos de diferentes inclinações políticas foram se dando conta
de que teriam que aceitar formas de gestão, em particular no plano das
políticas sociais, mais participativas. Mas a movimentação social que por
essa via poderia ter levado à recuperação das solidariedades coletivas
de Cidadania e de Nação, ainda que num Estado “reformado” segundo
a cartilha neoliberal, seguiu a tendência societal demarcada por aquelas
duas dinâmicas. O fortalecimento da sociedade civil deu-se através da
afirmação dos interesses particulares e não da construção de consensos,
projetos coletivos ou novos arranjos de poder.
Se o fortalecimento da sociedade civil provocou um encolhimento
do poder arbitrário do Estado que ajudou a democratização, o fato de
isso ter ocorrido em simultâneo a uma perda de força e legitimidade da
ação estatal levou a que a perspectiva de ruptura e de contestação que
poderia levar a uma recuperação daquelas duas solidariedades coletivas
não tenha se verificado. A contrapartida da desregulação do Estado no
plano da sociedade foi a desorganização dos grandes agregados (as classes
sociais) que serviam de referência objetiva para a política. À medida
que se desfazia esse referencial de representação política tornava-se
mais aceitável a forma atomizada (quando não clientelista) pela qual
o Estado “enxugado” passava a processar, junto a indivíduos, grupos e
movimentos autorreferidos, as demandas sociais que caberia à Cidadania
e à Nação conduzir.
O ciclo vicioso se completa com a progressiva deterioração da capa-
cidade do Estado de exercer plenamente o monopólio do uso legítimo da
força, de atuar como promotor do “bem comum”, de continuar a elaborar
políticas, tomar decisões, garantir e proteger direitos. Enfim, tem-se a
crescente incapacidade, por parte do Estado, de assegurar os direitos
dos nacionais (Nação) e legitimar-se perante os cidadãos (Cidadania).

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Na sociedade, cresce a incapacidade de utilização dos canais institu-
cionais. Quanto menos política se tem (quanto menos projetos coletivos
e valores socialmente referidos), maior a sensação de que o poder po-
lítico não é necessário para representar os interesses das classes sociais.
Ao passarem a ser veiculados por técnicos e especialistas, os interesses
particulares diminuíram suas chances de se traduzir e organizar como
interesse coletivo.
No que respeita aos partidos de esquerda, que eram depositários
de uma expectativa de alteração neste quadro, o que se verifica é que,
quando conseguem ocupar uma parte do aparelho de Estado e alcançar
a cota de poder que as eleições e o sistema democrático vigente lhes
permite, sua preocupação é menos a de tentar orientá-lo para novas
prioridades e para atender os interesses das classes subalternas do que
para ampliar sua base de sustentação na direção de outros segmentos
sociais. Enleados na carga inercial da reforma liberal, submetidos aos
efeitos retardados da onda do “enxugamento do Estado” e amargando o
despreparo anunciado dos seus quadros, seja “técnico” para fazer fazê-lo
funcionar “eficientemente” segundo as regras herdadas, seja político para
transformá-lo no sentido de torná-lo capaz de cumprir o seu projeto
político, a tendência é que eles se tornem meros gestores de uma crise
que ajudaram a criar, mas que não lhes corresponderia resolver. Além
disso, a direita tenta frear a todo custo os processos engendrados (vide
a reação da elite na Bolívia e na Venezuela). É flagrante a preocupação
de muitos desses quadros em gerir recursos de poder e em maximizar
seus próprios interesses eleitorais, deixando de agir para organizar novas
hegemonias ou novos consensos e consentimentos.
O resultado que nos lega esse processo, em termos da dificuldade
de recuperação das solidariedades coletivas da Cidadania e da Nação,
parece contraditório com a oportunidade de levá-la a cabo aberta pela
“sublevação” popular que levou à eleição de governos democráticos, em
alguns países da América Latina. Se é certo que essa situação gera um
ambiente propício para que aquelas duas solidariedades venham a ser
recompostas, não é menos certo que sua emergência não esteve asso-
ciada à Cidadania ou à Nação ou a instituições a elas relacionadas, e sim
ao movimento popular. E meu argumento é que parece ser no âmbito
de uma organização e radicalização desse movimento que poderão ser
criadas as condições para a recuperação das solidariedades coletivas.
A desmoralização e perda de legitimidade dessas duas mediações e
a virtual ausência de condições para recuperá-las instauraram um ciclo

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vicioso de difícil interrupção endógena. Mas, como resultado do mesmo
processo que gerou esse ciclo vicioso, existe um assenso do movimento
popular que parece apontar para uma possibilidade de sua interrupção
exógena. É provável, e esta é a ideia central desta segunda seção, que se
encontre no seu aprofundamento a chance de lograr aquela recuperação.
De fato, em meio a esse contexto de despolitização surgem, de
modo difuso e errático, formas de politização alternativas que apontam
para a emergência de uma solidariedade coletiva latente – o Povo – que
passa a ocupar o vácuo deixado pela perda vigência da Cidadania e da
Nação como mediações legítimas entre Estado e sociedade. Buscando se
impor aos impasses da política tradicional, essas formas de politização
alternativas que são usual e genericamente denominadas de movimentos
populares, se colocam como possibilidades de superação de muitos dos
desafios que acima se apresentaram.

Os empreendimentos autogestionários e a emergência do Povo


como fundamento e referencial do estado latino-americano

Esta seção tem como objetivo mostrar a plausibilidade daquilo que


o seu título afirma. Ele se inicia destacando que os empreendimentos
autogestionários4 de produção de bens e serviços parecem ser a “ponta
de lança” mais radical, consequente e prometedora do conjunto a que
acima me referi como formas de politização alternativas que se organi-
zam em torno de uma solidariedade coletiva Povo.
Mas antes de justificar o porquê dos qualificativos que dei a eles, é
conveniente caracterizá-los, ainda que resumidamente.
As experiências latino-americanas nesse campo (ou no campo mais
inclusivo do que se conhece no Brasil como Economia Solidária e em
outros países latino-americanos como Economia Social) ganharam
terreno a partir dos anos de 1990 numa conjuntura defensiva do movi-
mento dos trabalhadores. De fato, as fábricas recuperadas, cooperativas
e associações de trabalhadores, além dos assentamentos rurais, surgiram
na contramão do intenso processo de desestruturação e precarização
do trabalho, cujo ritmo passou a ser cada vez mais ditado por aquelas

4 Esse conceito é, para efeitos deste capítulo, equivalente ao de empreendimentos


econômicos solidários, empresas em autogestão, empreendimentos com caracterís-
ticas autogestionárias, cooperativas e associações de trabalhadores, cooperativas de
resistência.

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dinâmicas que levaram a que a América Latina se “capitalizasse” e “glo-
balizasse”. Naquela conjuntura, algo que não era mais do que uma série
de experiências isoladas ganha corpo, tendo como palco as unidades
produtivas em crise, especialmente as empresas familiares falidas. Surge
uma perspectiva nova que aponta para a possibilidade real da propriedade
coletiva dos meios de produção. Além disso, e é importante destacar,
essas experiências passaram a reivindicar para si (e a assumir) o sentido
das bandeiras históricas do associativismo e da autogestão.
As iniciativas autogestionárias de produção remontam há pelo
menos dois séculos. Neste percurso, apresentaram formas institucio-
nais e de organização variadas e submetidas às condições materiais e
sociais da ocasião. E tem sido em momentos de ascensão do ciclo das
lutas sociais que elas ganham força e se projetam como possibilidade de
superação das relações sociais e do modo de produção capitalistas. Seu
princípio articulador associativista tem se mostrado capaz de assegurar,
por um lado, o caráter orgânico da instituição operária e, por outro, a
efetivação de laços de solidariedade com outros grupos sociais dos quais
os trabalhadores eram também agentes ativos. Ele parecia “fundir”, no
seu início, duas funções que só posteriormente vieram a ser divididas: a
organização para a produção dos meios de vida, especialmente através
das diversas formas de cooperativismo (no início, principalmente, de
produção, consumo e crédito) e para a resistência coletiva e política à
implantação do capitalismo que passava a dominar todas as esferas da
vida social. Ao substituírem a competição entre os trabalhadores pela
solidariedade, e a fragmentação pelo coletivismo, essas formas asso-
ciativas de produção revelaram um duplo aspecto de meio e de fim. A
autogestão das suas lutas passa a ser vista pelos trabalhadores, então,
como indissociável da autogestão da produção e da vida social (Faria,
2005; Faria, Dagnino e Novaes, 2008).
Voltando à América Latina de hoje, em que a situação de crise se
faz acompanhar com o fortalecimento da autogestão é necessário avaliar
em que medida elas serão capazes de, recuperando o papel alavancador
daquelas duas funções, servir de polo de aglutinação de forças que
operacionalize, por aquelas duas vias, uma transformação efetiva das
relações sociais de produção capitalistas.
Essa avaliação, entretanto, remete ao início desta seção, quando
classifiquei os empreendimentos autogestionários como a “ponta de
lança” mais radical, consequente e prometedora das formas de politiza-

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ção capazes de impulsionar a adoção de um estilo de desenvolvimento
alternativo.
Ela é a mais radical (no sentido etimológico original, de ir à raiz da
questão) porque questiona o cerne do sistema capitalista, sua estrutura
econômico-produtiva. Por produzirem bens e serviços através de um
tipo de organização do processo de trabalho, propriedade dos meios
de produção, repartição do excedente gerado, mecanismos de absorção
de mão de obra, canais de aquisição de insumos e comercialização dos
produtos, etc., distinto daquele das empresas capitalistas, e por terem
certa independência em relação ao mercado formal, os empreendi-
mentos autogestionários representam uma ameaça, claro que ainda
latente (como em seguida se aborda), ao funcionamento dessa estrutura
econômico-produtiva. Por oferecerem aos segmentos mais pobres da
população uma alternativa ao consumismo exacerbado e ao obsoletismo
planejado que cada vez mais caracteriza essa estrutura, eles tocam o seu
ponto mais sensível, nevrálgico: aquele relacionado à possibilidade de
uma crise de subconsumo.
Ela é a “ponta de lança” mais consequente porque é capaz de ma-
terializar a crítica que fazem essas formas de politização emergentes
à maneira como os detentores do poder econômico e político vem
penalizando os segmentos mais pobres em ações que se contrapõem à
exclusão social. De fato, ao proporcionarem a criação de oportunidades
de trabalho e renda numa economia que cresce sem gerar emprego, os
empreendimentos autogestionários não apenas oferecem uma possi-
bilidade de inclusão social como indicam aos excluídos a forma como,
através da sua ação solidária, é possível construir alternativas ao circui-
to formal, controlado pelo capital. À medida que redes de Economia
Solidária comecem a se constituir como cadeias de agregação de valor
autônomas e que formas tecnológicas adequadas permitam conferir a
elas a “competitividade” necessária para assegurar sua sustentabilidade,
aumentará a sua consequência. À medida, também, que se acumulem
experiências (bem e malsucedidas) de implantação de empreendimentos
autogestionários aumentará a sua coerência. Será possível orientar os
vários níveis dos governos que hoje aplicam um volume significativo de
recursos no momento compensatório dos programas sociais a melhor
implementarem os outros dois momentos: formativo e “empreendedor”.
Existe, de fato, uma grande “ignorância” a respeito de que tipo de forma-
ção deve ser oferecida aos excluídos para que adquiram as competências
necessárias para constituírem os empreendimentos autogestionários.

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“Ignorância” que alimenta a situação contraditória e lamentável de que
esses governos sigam gastando com um ensino profissional que pre-
para para o trabalho na empresa privada, e embora tenha granjeado
a aprovação dos sindicatos quando havia possibilidade de emprego e
ascensão social se apresenta hoje como disfuncional para os interesses
das classes subalternas.
Finalmente, eu considero os empreendimentos autogestionários
como a forma mais prometedora porque, por terem seu fundamento
no associativismo e na autogestão, elementos cruciais da trajetória de
constituição da identidade e autonomia da classe trabalhadora e dos
movimentos populares que junto a ela se organizaram ao longo da
história, eles são capazes de cumprir um papel singular no processo
que atualmente se inicia na América Latina. O papel de combinar dois
processos que o capital conseguiu separar e que nem as experiências
de socialismo que tivemos lograram juntar: a organização da produção
e das lutas dos trabalhadores sob o único e prometedor princípio da
autonomia e da solidariedade.
Apesar de possuírem esses atributos, e provavelmente por causa
deles, os empreendimentos autogestionários (cooperativas, fábricas
recuperadas, assentamentos com base cooperativista, empreendimen-
tos de agricultura familiar, etc.) enfrentam sérios obstáculos para a sua
implantação e sobrevivência. Entre eles, destacarei aqui aquele que tem
relação direta com o plano cognitivo, que é o que me interessa analisar:
o da sustentabilidade num mercado onde atuam empresas capitalistas
com acesso privilegiado a conhecimentos capazes de alavancar sua
competitividade em relação a eles.5
As imposições do Estado em relação à compra de produtos e à
contratação de serviços, e as práticas adotadas em relação à concessão de
crédito, dentre outros, também prejudicam a sustentabilidade econômica
dos empreendimentos e dificultam a alteração da divisão do trabalho
capitalista. O mesmo ocorre em relação ao estímulo à aquisição de uma
TC (embutida ou não em máquinas, equipamentos e insumos produti-
vos) inadequada aos empreendimentos autogestionários. Dessa forma,
mesmo quando ocupado por governos simpáticos aos empreendimentos
autogestionários, o Estado os prejudica e favorece as empresas privadas e

5 Do que hoje se gasta em pesquisa no mundo, 70% são gastos empresariais (e destes,
70% são de transnacionais, isto é, 50% do total). Os 30% restantes, que correspondem
ao gasto público, como é evidente, também se orientam direta ou indiretamente
para a mesma finalidade.

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grandes. No plano técnico-administrativo interno aos empreendimentos,
essas imposições dificultam a orientação autogestionária em função da
tendência à sua acomodação às normas e formas usuais previstas nos
manuais e reconhecidas institucionalmente. Práticas e recomendações
distópicas e contraproducentes, como a de que esses empreendimentos
devem elaborar um “plano de negócios”, esperar benefícios oriundos da
“responsabilidade social empresarial”, capacitar seus dirigentes segundo
os moldes do “business administration” e do planejamento corporativo,
são frequentemente adotadas, muitas vezes com a melhor das intenções,
por ONGs e órgãos públicos.
O que se observa como regra é um isolamento entre esses empre-
endimentos e a não-constituição de encadeamentos produtivos para
frente ou para trás que permitam um apartamento das relações com
o mercado. Ou, pelo menos, um “retardamento” de sua captura pelas
cadeias produtivas dominadas pelo capital. Tudo isso faz com que, fre-
quentemente, o subsídio governamental especificamente destinado a
esses empreendimentos (com os de catadores de material reciclável), ou
proporcionado aos excluídos mediante os programas compensatórios
que visam à “inclusão social”, seja apropriado como trabalho não-pago
pelos “atravessadores”. Ele é repassado parcialmente aos que controlam
o circuito formal de geração e apropriação de excedente da economia
através da compra de matérias-primas (às vezes nobres) e produtos es-
cassamente elaborados. Caso eles tivessem os encargos sociais e o salário
que a legislação prevê incorporado aos seus preços, sua aquisição não
seria atrativa. Aliás, é preciso lembrar que as áreas onde se localizam
esses empreendimentos só não são ocupadas pelas empresas privadas
porque sua taxa de lucro se situa bem abaixo da média da economia. É
sua baixa rentabilidade que torna essas áreas passiveis de serem explo-
radas por esses empreendimentos.
Essa situação adversa que sujeita os empreendimentos autogestio-
nários aos limites da tecnologia capitalista (e do Estado que a reforça)
não é percebida como tal pelos quadros técnico-políticos da esquerda.
Eles tendem a pensar que a apropriação coletiva dos meios de produção
pelos trabalhadores, a modificação das relações de propriedade, garante
por si só (isto é, sem um reprojetar-se da tecnologia existente) a adoção
de formas autogestionárias de organização da produção, comercializa-
ção e consumo pelos trabalhadores. E que elas poderiam assim assumir
características sociais, solidárias ou, até, socialistas.

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O debate que se inicia quando há um questionamento dessa visão
tende a ser “encerrado” com a recomendação de que os empreendimen-
tos autogestionários devem “modernizar-se” incorporando as novas
tecnologias capazes de torná-los “competitivos”. A visão, à qual me filio,
e que se contrapõe à da maioria dos partidários da Economia Solidária,
considera que, ainda que isso fosse possível, não seria desejável, uma
vez que colocaria em risco suas premissas e terminaria fazendo com que
eles, caso bem sucedidos, pouco viessem a diferir das empresas privadas.
Essa visão acredita que a TC, engendrada sob a égide das relações sociais
de produção capitalistas para atender à lógica de acumulação das suas
grandes empresas, não pode ser “usada” sem significativas modificações
nos empreendimentos autogestionários. E, por extensão, para construir
um estilo de desenvolvimento alternativo.
O máximo que chegam a vislumbrar os partidários da visão ainda
dominante é que deveria haver uma preocupação em adaptar a organi-
zação capitalista do processo de trabalho (orgware) ao caráter autoges-
tionário dos empreendimentos. Por entenderem a tecnologia hardware
(máquinas, equipamentos, insumos de produção, etc.) como simples
artefatos neutros em relação ao uso que deles se possa fazer, não perce-
bem a inadequação que se coloca no centro da visão alternativa, que se
designa em seguida como proposta da Adequação Sociotécnica.
A próxima seção é dedicada a detalhar a proposta da AST. Mas
antes de fazê-lo, e para facilitar o seu entendimento, é conveniente
situá-la frente a outras três concepções a respeito da questão que ela
aborda. Em particular em relação às duas primeiras – Instrumentalismo
e Determinismo – que parecem ser o substrato em que se apoiam os
partidários da visão ainda dominante. É o que se faz no primeiro item
da próxima seção.

Ciência e tecnologia para o desenvolvimento ou adequação


sociotécnica com o Povo?

Depois de mostrar porque a solidariedade coletiva Povo parece ser


a mais adequada para levar à frente a construção de um estilo de desen-
volvimento alternativo na América Latina e porque, dentre as formas
de organização popular mais eficazes, os empreendimentos autogestio-
nários ocupam um papel central, apresento nesta seção um conteúdo
que tenho explorado em outros trabalhos e que, por isso, talvez já seja

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conhecido pelo leitor. Sua inserção aqui cumpre o objetivo de aprofundar
a avaliação acerca dos obstáculos cognitivos que os empreendimentos
autogestionários devem enfrentar para sua consolidação, explorando
as concepções existentes sobre a Tecnociência e as possibilidades de sua
superação pela via da proposta da AST.

Quatro concepções sobre a tecnociência

Uma maneira simples de introduzir a ideia da AST é situá-la no


âmbito das perspectivas (ou concepções) que se expressam em nossa
sociedade sobre a tecnociência, conceito que parece mais apropriado
do que o de “Ciência e Tecnologia” para abordar o tema deste capítulo.6
No esquema que segue estão representadas essas concepções em
cada um dos quadrantes delimitados pelos eixos da Neutralidade (ver-
tical) e do Determinismo (horizontal).
No eixo vertical se representa, na parte superior, a perspectiva que
considera a tecnociência como neutra. Isto é, livre dos valores (e inte-
resses) econômicos, políticos, sociais ou morais (de raça, etnia, gênero
etc.) dominantes no ambiente em que ela é produzida; o qual pode ser
entendido, dependendo da perspectiva que a análise de uma situação
qualquer demandar, de modo abrangente e mais abstrato, como uma
determinada formação histórico-social ou regime de acumulação, ou
de maneira mais específica e concreta, como um dado país, âmbito
disciplinar, ou contexto profissional (laboratório de pesquisa univer-
sitária, centro de P&D de uma empresa transnacional etc.). Na parte

6 Segundo Núñez, “La ciencia y la moderna tecnología son inseparables; en con-


secuencia han llegado a ser actividades casi indistinguibles, y si la Revolución
Científica del Siglo XVII, y la Revolución Industrial iniciada en el Siglo XVIII fue-
ron procesos relativamente independientes, la fecundación recíproca y sistemática
entre ciencia y tecnología es, sobre todo, un fenómeno que se materializa a partir
de la segunda mitad del siglo XX y se acentúa notablemente en el siglo actual. Por
eso, es difícil saber a qué se dedican las personas que trabajan en un laboratorio de
I+D de una gran industria: ¿hacen ciencia o hacen tecnología? Quizás simplemente
hagan “tecnociencia”, actividad donde los viejos límites son desdibujados”. E segue,
“La imagen de la ciencia como una actividad de individuos aislados que buscan la
verdad sin otros intereses que los cognitivos no coincide con la realidad social de
la ciencia contemporánea; la CyT ha sido impulsada por la búsqueda de hegemonía
mundial de las grandes potencias y a las exigencias del desarrollo industrial y las
pautas de consumo que se producen y se difunden desde las sociedades que lideran
los procesos de modernización” (2000).

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inferior, representa-se a perspectiva que entende a tecnociência como
condicionada por esses valores.
Segundo a perspectiva neutra, o resultado material da tecnociência,
um dispositivo técnico qualquer, é simplesmente uma concatenação
de mecanismos causais; o qual, como qualquer outra forma de conhe-
cimento, aplicado ou não, “pode ser usado para o bem ou para o mal”.
Para a perspectiva que entende a tecnociência como condicionada por
valores, esse resultado material, enquanto entidade social (socialmente
construída), tem um modo especial de carregar valores em si próprio
e a reforçá-los.
O eixo horizontal permite situar as perspectivas a respeito do elemen-
to do “determinismo tecnológico” da tecnociência. Nele se representa, à
esquerda, a perspectiva que considera a tecnociência como autônoma e,
à direita, a que a entende como passível de ser controlada pelo Homem.
De acordo com a primeira, a tecnociência, no seu aspecto eminentemen-
te científico, e apoiada no método científico, conduziria um Homem
infinitamente curioso em contato com uma natureza infinitamente bela,
e à verdade. No que se refere ao seu aspecto técnico (ou tecnológico),
caminha na direção da maximização da eficiência (entendida esta como
um conceito primitivo que não admite a pergunta “eficiência para quem”).
Ela teria suas próprias leis imanentes, seguiria uma trajetória linear e
inexorável, governada por esse impulso endógeno. Caberia à sociedade,
submetida a este poder de determinação da tecnociência – ou a este
“determinismo tecnológico” – aceitar seus impactos e tentar tirar dela o
melhor proveito. De acordo com a segunda perspectiva, a sociedade ou
os grupos sociais estariam em condições de decidir em cada momento
os rumos que irão seguir a tecnociência e, como se discutirá em seguida,
a forma como ela poderá ser reprojetada; e não apenas a maneira como
poderá ser aplicada. Dependeria dessas decisões as características que
assumiriam os sistemas técnicos que crescentemente condicionam a
sociedade.

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Quatro concepções sobre a tecnociência
NEUTRA

DETERMINISMO INSTRUMENTALISMO
otimismo da esquerda marxista otimismo liberal/positivista/mo-
tradicional: força que molda derno no progresso: produzida em
e empurra inexoravelmente a busca da verdade e submetida ao
sociedade mediante exigências de controle externo e a posteriori
eficiência e progresso que ela pró- da Ética, pode ser usada para
pria estabelece; hoje oprime mas satisfazer infinitas necessidades
amanhã, quando "apropriada", da "sociedade"
liberará e conduzirá ao socialismo
CONTROLÁVEL
AUTÔNOMA PELO HOMEM
SUBSTANTIVISMO ADEQUAÇÃO SÓCIO-TÉCNICA
crítica marxista/pessimista da postura engajada e otimista:
Escola de Frankfurt: valores e in- construção social a ser projetada
teresses capitalistas incorporados mediante a internalização de
na sua produção condicionam sua valores e interesses alternativos
dinâmica e impredem seu uso em às instituições onde é produzida:
projetos políticos alternativos pluralidade, controle democrático
interno e a priori

CONDICIONADA
POR VALORES

Fonte: Elaborado pelo autor a partir das proposições de Andrew Feenberg (2010)

A primeira dessas quatro concepções, que combina as perspectivas


do controle humano da tecnociência e da neutralidade de valores, é o
Instrumentalismo. Apesar de ser herdeira do iluminismo e do positivismo,
ela expressa uma percepção contemporânea que concebe a tecnociência
como uma ferramenta gerada pela espécie humana (em abstrato e sem
qualquer especificação histórica ou que diferencie os interesses de dis-
tintos segmentos sociais) através de métodos que, ao serem aplicados
à natureza, assegurariam à ciência atributos de verdade e, à tecnologia,
de eficiência. Dado que pode atuar sob qualquer perspectiva de valor,
o que garante o seu uso “para o bem”, é algo estranho ao mundo do
conhecimento científico-tecnológico e dos que o produzem: a “Ética”.7

7 Um dos eventos que mais marcou as discussões a esse respeito foi o desenvolvi-
mento da tecnologia nuclear e da pesquisa científica que tornou possível o lança-
mento das bombas atômicas sobre Hiroshima e Nagasaki. Neste caso, os cientistas
que colaboraram no projeto Manhattan e que, inclusive, convenceram os líderes

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Somente se esta não for respeitada pela sociedade é que esse conheci-
mento poderá ter implicações indesejáveis.
O Instrumentalismo aceita a possibilidade de (e propõe) um controle
externo e ex-post (a posteriori) da tecnociência. Depois de produzida
através das atividades realizadas em organizações públicas (universidades,
institutos de pesquisa) e privadas (empresas, centros de P&D), ela poderia
(ou deveria) ser submetida a um controle social efetivo baseado num
conjunto de princípios éticos de tipo moral, social, ambiental, étnico,
de gênero, reconhecido como positivo. Seria esse conjunto de valores o
que asseguraria que a utilização do conhecimento ocorresse de modo
com eles coerente, de um modo ético.
A segunda concepção – do Determinismo –, que combina autono-
mia e neutralidade, é a associada à visão marxista tradicional ou vulgar.
Simplificando, ela nos diria que “a tecnociência é um motor, uma força
produtiva que empurra inexoravelmente as relações sociais de produção
na direção de modos de produção a modos de produção cada vez mais
perfeitos: do escravismo para o feudalismo, deste para o capitalismo, e
do capitalismo para o socialismo e o comunismo”. Essa concepção está
impregnada na esquerda, inclusive na latino-americana. A ideia é de que
a tecnociência é neutra e inerentemente boa, e que hoje ela é utilizada
para servir a um modo de produção que está baseado na exploração
do homem pelo homem, mas amanhã, quando puder ser usada para
outro projeto político, quando for apropriada pela classe trabalhadora,
construirá o socialismo (ou o estilo de desenvolvimento alternativo).
A primeira e a segunda concepções aceitam a neutralidade mas, no
primeiro caso, não se pretende alterar as relações sociais e os modos
de produção, seguindo vigente o capitalismo. E seria a ética e não algo
intrínseco ao conhecimento que teria a responsabilidade de fazer com
que o capitalismo seja mais ou menos desempregador; se gerará ou
não o aquecimento global. No segundo caso, essa responsabilidade está
condicionada a uma mudança social impulsionada pela classe trabalha-
dora. E é interessante observar que o marxismo tem uma capacidade
muito aguda de diagnosticar como o conhecimento tem servido para

militares de sua necessidade ou conveniência, não podiam alegar que o conheci-


mento que produziam poderia ser “usado para o mal”. Mesmo porque, na sua visão o
“bem” de derrotar o nazismo justificaria o “mal” de aniquilar civis. No período que
se seguiu, cada vez que uma aplicação da tecnologia nuclear (na saúde, na produção
de alimentos etc.) era lograda, ou que um desenvolvimento tecnológico militar era
usado no setor civil, fortalecia-se a ideia de que o eticamente problemático era o uso
do conhecimento.

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a extração da mais-valia e para a opressão dessa classe. Mas, ao mesmo
tempo, aceita que a simples aparição de condições subjetivas e objetivas
que permitam a mudança na correlação de forças na sociedade dando à
classe trabalhadora o acesso ao poder seria suficiente para impulsionar
a transição do capitalismo ao socialismo. Isto é, que aquele mesmo co-
nhecimento (sem qualquer solução de continuidade no plano cognitivo)
serviria para a construção de um modo de produção distinto.
A terceira concepção – do Substantivismo – entende a tecnociência
como dotada de autonomia e intrinsecamente portadora de valores.
Seus partidários compartilham o conteúdo mais abrangente da crítica
ao marxismo tradicional formulada pela Escola de Frankfurt a partir da
década de 1960 e a particularizam em relação à questão da tecnociência
(ou da tecnologia) da seguinte forma: enquanto a ideia de neutralidade
do Instrumentalismo atribui à tecnociência a busca de uma eficiência
(abstrata, mas substantiva), a qual pode servir a qualquer concepção
acerca do modo ideal de existência humana, o compromisso da tecno-
ciência com o regime de acumulação capitalista dominante (que, embora
pareça natural e único, é ideologicamente sustentado), faria com que os
valores a ele inerentes fossem a ela incorporados. A tecnociência seria,
então, substantiva e intrinsecamente, capitalista.
Em consequência, ela não poderia ser usada para viabilizar pro-
pósitos de indivíduos ou sociedades que patrocinem outros valores.
Ela carregaria consigo valores que têm o mesmo caráter exclusivo das
religiões que estipulam as crenças, orientam a conduta e conformam
ideologicamente o inconsciente coletivo de grupos sociais. A tecno-
ciência capitalista tenderia inevitavelmente a se afinar com os valores
imanentes da “sociedade tecnológica”, como a eficiência, o controle e
o poder. Valores divergentes – alternativos – não conseguiriam com
ela conviver e, seu poder de determinação seria tamanho que eles não
poderiam prosperar ou mesmo sobreviver num ambiente como o que
ela tende cada vez mais a conformar na sociedade contemporânea.
O Substantivismo (radical e pessimista) se diferencia do
Determinismo. Este, ao aceitar que a tecnociência, por não ser porta-
dora de valores, é o servo neutro de qualquer projeto social, idealiza
um final sempre feliz para a história da espécie. Também otimista é a
visão moderna tradicional padrão do Instrumentalismo. Ao entender
a tecnociência como uma simples ferramenta que incorpora um co-
nhecimento verdadeiro e eficiente acerca do mundo natural pela qual

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chegaremos, mediante a aplicação de princípios éticos, a satisfazer todas
as necessidades sociais, ele professa uma fé liberal no progresso.
A quarta concepção é a da Adequação Sociotécnica (AST). Ela
combina as perspectivas da tecnociência como humanamente contro-
lável e como portadora de valores. Seus partidários concordam com
o Instrumentalismo (a tecnociência é controlável), mas reconhecem,
como o faz o Substantivismo, que os valores capitalistas conferem à
tecnociência características específicas, que os reproduzem e reforçam,
que implicam consequências sociais e ambientalmente catastróficas, e
que inibem a mudança social. Mas, ainda assim, veem na tecnociência
uma promessa de liberdade. O problema não estaria no conhecimento
como tal, mas no pouco êxito que temos tido até o momento em criar
formas institucionais em que, explorando a ambivalência (graus de li-
berdade) que possui o processo de concepção de sistemas tecnológicos
e resignando-nos a “não jogar a criança com a água do banho”, sejamos
capazes de exercer o controle humano – coletivo e socialmente equâni-
me – sobre ela para assim reprojetá-la.
A tecnociência não é percebida como uma ferramenta capaz de
ser usada para qualquer projeto político ou em qualquer regime so-
cial de acumulação como pensam, otimisticamente, os partidários do
Determinismo. Nem como algo que deve ser usado e orientado pela
“Ética”, como ingênua ou cinicamente querem os Instrumentalistas.
Tampouco como um apêndice indissociável de valores e estilos de vida
particulares, privilegiados em função de uma escolha (ou imposição)
feita na sociedade, como os Substantivistas. Segundo eles, desde que
“reprojetada” segundo critérios alternativos com características democrá-
ticas que favorecem a autogestão, ambientais, etc. e tendo seus objetivos
subvertidos, como aconteceu com os programas de pesquisa sobre AIDS
que não atendiam o interesse dos usuários ou com a rede centralizada
que deu origem à Internet, ela pode servir como suporte para estilos
de vida alternativos.
Apesar de as sociedades modernas sempre visarem à eficiência na-
queles domínios em que aplicam suas capacidades e habilidades cognitivas
(a tecnociência), afirmar que tais domínios não podem compreender
nenhum outro valor significativo além da eficiência (capitalista), como
proporia o Substantivismo, é negligenciar o poder de influência que
possuem os grupos sociais para orientar a tecnociência. O que abre
um amplo espectro de possibilidades para pensar esse tipo de escolhas,

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questioná-las e submeter sua tradução tecnocientífica em projetos e
desenvolvimentos a controles mais democráticos.8

A proposta da adequação sociotécnica

Tributária das contribuições desenvolvidas por muitos autores e


movimentos, dentre os quais o que ficou conhecido como o da Tecnologia
Apropriada, e das críticas que a ele foram formuladas, a proposta da AST
pretende aportar uma dimensão processual, uma visão ideológica e um
elemento de operacionalidade delas derivadas.
A proposta da AST busca transcender a visão estática e normativa,
de produto já idealizado, e introduzir a ideia de que a tecnociência
(ou segundo os sociólogos da ciência hoje mais influentes, a ciência; e
segundo os da tecnologia, a tecnologia) é em si mesma um processo
de construção social e, portanto, político (e não apenas um produto)
que terá que ser operacionalizado nas condições dadas pelo ambiente
específico onde irá ocorrer, e cuja cena final depende dessas condições
e da interação passível de ser lograda entre os atores envolvidos.
A necessidade de criar um substrato cognitivo-tecnológico a partir
do qual atividades não inseridas no circuito formal da economia pode-
rá ganhar sustentabilidade e espaço crescente em relação às empresas
convencionais é uma das origens do conceito da AST.
A AST pode ser concebida por semelhança ao processo – denomina-
do por alguns de Processo de Aprendizado e por outros de Tropicalização
– extensivamente abordado na literatura latino-americana (e posterior-
mente, mundial) sobre Economia da Tecnologia desde os anos de 1960,
de adaptação da tecnologia proveniente dos países centrais às nossas
condições técnico-econômicas (preço relativo dos fatores capital e tra-
balho; disponibilidade de matérias-primas, peças de reposição e mão
de obra qualificada; tamanho, capacidade aquisitiva, nível de exigência
dos mercados; condições edafo-climáticas, etc.) (Katz e Cibotti, 1976).
Nesse sentido, a AST pode ser entendida como um processo que
busca promover uma adequação do conhecimento científico e tecnológico
(esteja ele já incorporado em equipamentos, insumos e formas de orga-
nização da produção, ou ainda sob a forma intangível e mesmo tácita),
não apenas aos requisitos e finalidades de caráter técnico-econômico,
como até agora tem sido o usual, mas ao conjunto de aspectos de na-

8 Para maiores detalhes sobre esse debate, ver Dagnino (2008).

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tureza socioeconômica e ambiental que constituem a relação Ciência,
Tecnologia e Sociedade.
No contexto da preocupação com os empreendimentos autogestio-
nários, a AST teria então por objetivo adequar a tecnologia convencional
da empresa capitalista (e, inclusive, conceber alternativas) aplicando
critérios suplementares aos técnico-econômicos usuais a processos de
produção e circulação de bens e serviços em circuitos não formais,
situados em áreas rurais e urbanas visando a otimizar suas implicações.
Em outras palavras, a Adequação Sociotécnica seria o processo em
que participariam a comunidade de pesquisa (que é a que ainda detém
o imprescindível conhecimento tecnocientífico) e os integrantes dos
empreendimentos solidários ou autogestionários, que levaria à “descons-
trução” da tecnologia convencional (ou capitalista) e sua “reconstrução”
originando o que se tem chamado de Tecnologia Social que materializa
o conhecimento tecnocientífico que necessitam estes empreendimentos
para serem econômica, social, cultural e ambientalmente sustentáveis. E,
mais do que isso, o que precisamos para construir a plataforma cognitiva
de lançamento da sociedade mais justa, igualitária e ambientalmente
responsável: a Economia Solidária que irá substituir nosso capitalismo
periférico (Dagnino, 2011).
Dentre os critérios que conformariam o novo código sociotécnico
(alternativo ao código técnico-econômico convencional) a partir do
qual a tecnologia convencional seria desconstruída e reprojetada dando
origem a processos de AST, pode-se destacar, além daqueles presentes
no movimento da Tecnologia Apropriada: a participação democrática
no processo de trabalho, o atendimento a requisitos relativos ao meio-
-ambiente (através, por exemplo, do aumento da vida útil das máquinas
e equipamentos e produtos), à saúde dos trabalhadores e dos consumi-
dores e à sua capacitação autogestionária.
O conceito de AST pode ser entendido com o concurso do diferencial
proporcionado pelo construtivismo. Segundo esse enfoque, Construção
Sociotécnica é o processo mediante o qual artefatos tecnológicos vão
tendo suas características definidas através de uma negociação entre
“grupos sociais relevantes”, com preferências e interesses diferentes, no qual
critérios de natureza distinta, inclusive técnicos, vão sendo empregados
até chegar a uma situação de “estabilização” e “fechamento” (Bijker, 1995).
Nesse sentido, a AST pode ser entendida como um processo “in-
verso” – de caráter não apenas normativo, mas contra-hegemônico – ao
da construção sociotécnica, cujo objetivo é descrever processos que têm

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ocorrido em ambientes onde os interesses e valores predominantes e
não questionados são os do capitalismo. Nesse processo, um artefato
tecnológico ou, mais genericamente, a tecnociência sofreria um pro-
cesso de adequação a interesses políticos de “grupos sociais relevantes”
distintos daqueles que o originaram. Assim definido, como um pro-
cesso, e não como um resultado (uma tecnologia desincorporada ou
incorporada em algum artefato) ou um insumo, o conceito permite
abarcar uma multiplicidade de situações: o que denomino a seguir de
“modalidades” de AST.

As modalidades de adequação sociotécnica

Buscando operacionalizar o conceito de AST, julgou-se conveniente


definir modalidades de AST. O número escolhido (sete) não é arbitrário
e poderia ser maior:
1) Uso: O simples uso da tecnologia (máquinas, equipamentos, for-
mas de organização do processo de trabalho, etc.) antes empregada (no
caso de cooperativas que sucederam a empresas falidas), ou a adoção de
tecnologia convencional, com a condição de que se altere a forma como
se reparte o excedente gerado, pode desencadear mudanças cognitivas
no âmbito dos trabalhadores.
2) Apropriação: entendida como um processo que tem como con-
dição a propriedade coletiva dos meios de produção (máquinas, equi-
pamentos) ela implica em uma ampliação do conhecimento, por parte
do trabalhador, dos aspectos produtivos (fases de produção, cadeia
produtiva, etc.), gerenciais e de concepção dos produtos e processos,
sem que exista qualquer modificação no uso concreto que deles se faz.
3) Revitalização ou Repotenciamento das máquinas e equipamentos:
significa não só o aumento da vida útil das máquinas e equipamentos,
mas também ajustes, recondicionamento e a revitalização do maquinário.
Supõe ainda a fertilização das tecnologias ‘antigas’ com componentes
novos.
4) Ajuste do processo de trabalho: implica a adaptação da organi-
zação do processo trabalho à forma de propriedade coletiva dos meios
de produção (pré-existentes ou convencionais), o questionamento da
divisão técnica do trabalho e a adoção progressiva do controle operário
(autogestão).

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5) Alternativas tecnológicas: implica a percepção de que as modali-
dades anteriores, inclusive a do Ajuste do processo de trabalho, não são
suficientes para dar conta das demandas por AST dos empreendimentos
autogestionários, sendo necessário o emprego de tecnologias alternativas
à convencional. A atividade decorrente desta modalidade é a busca e
seleção de tecnologias existentes.
6) Incorporação de conhecimento científico-tecnológico existente:
resulta do esgotamento do processo sistemático de busca de tecnologias
alternativas e na percepção de que é necessária a incorporação à produ-
ção de conhecimento científico-tecnológico existente (intangível, não
embutido nos meios de produção), ou o desenvolvimento, a partir dele,
de novos processos produtivos ou meios de produção, para satisfazer
as demandas por AST. Atividades associadas a esta modalidade são
processos de inovação de tipo incremental, isolados ou em conjunto
com centros de P&D ou universidades.
7) Incorporação de conhecimento científico-tecnológico novo: re-
sulta do esgotamento do processo de inovação incremental em função da
inexistência de conhecimento suscetível de ser incorporado a processos
ou meios de produção para atender às demandas por AST. Atividades
associadas a esta modalidade são processos de inovação de tipo radical
que tendem a demandar o concurso de centros de P&D ou universidades
e que implicam na exploração da fronteira do conhecimento.

Considerações finais

Meu objetivo, neste capítulo, foi mostrar a impossibilidade de que


o conhecimento tecnocientífico tal como hoje existe possa cumprir a
proposta da “Ciência e Tecnologia para o desenvolvimento”. E que a
bandeira da “Ciência e tecnologia para a cidadania”, defendida pela
direita e também por boa parte da esquerda latino-americana, por não
ser suficiente para cumprir aquela proposta, deve ser questionada.
Espera-se, assim, colocando a necessidade de que o conhecimento
existente seja objeto de uma Adequação Sociotécnica para que, com a
participação do Povo como sujeito deste processo, ele possa atender os
seus valores e interesses, contribuir no plano do conhecimento para a
adoção de um estilo de desenvolvimento alternativo.
Esse objetivo foi perseguido através de quatro passos.

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O primeiro foi mostrar que a recuperação da Cidadania e também
da solidariedade coletiva Nação, submetidas a um ciclo vicioso de de-
terioração, demanda, no momento pelo qual passam muitos países da
América Latina, um processo de organização e radicalização dos movi-
mentos populares. Embora de enunciado simples, este passo exigiu um
longo percurso expositivo que começou por entender o Estado como um
mecanismo de organização do consenso que conforma solidariedades
coletivas a ele externas, orientadas a ocultar as rupturas da sociedade e
seus vieses sistemáticos através de instituições cuja legitimação supõe
mediações Estado-sociedade (fundamento e referencial) generalizada-
mente verossímeis. E que conduziu à ideia de que o Estado Capitalista para
ocultar seu papel de mantenedor e reprodutor da sociedade capitalista
deve sustentar uma ideologia de igualdade abstrata, no fundamento da
Cidadania, concreta porém indiferenciada, no referencial da Nação, e
eventualmente, mais concreta e menos indiferenciada, no âmbito do Povo.
O segundo passo foi argumentar que, dentre as formas de politiza-
ção alternativas genericamente denominadas de movimentos populares
que estão surgindo em meio ao contexto de despolitização vigente, os
empreendimentos autogestionários ocupam um papel central. Devido
ao seu potencial alavancador do associativismo e da autogestão, ele-
mentos cruciais para a implantação de cadeias de produção e consumo
alternativas aos circuitos do capital e para a organização da vida social
e das lutas dos trabalhadores, eles podem ser um polo de aglutinação de
forças que promova a adoção de um estilo alternativo de desenvolvimento.
O terceiro passo foi mostrar que, dentre os obstáculos para lograr que
os empreendimentos autogestionários possam dispor do conhecimento
necessário para a sua sustentabilidade frente às empresas privadas, existe
um crucial e de natureza imaterial cuja remoção depende da substituição
das concepções Instrumental e Determinista da tecnociência pela da
Adequação Sociotécnica.
O quarto foi apresentar a postura da Adequação Sociotécnica indi-
cando como ela pode ajudar no reprojetar-se da tecnociência e na geração
de alternativas cognitivas mais aderentes aos valores e interesses do Povo.
Por buscar interlocução com a corrente principal do marxismo,
que ainda acredita que as “forças produtivas” seguem um caminho
linear e inexorável e que podem ser “usadas” para outros fins caso se-
jam “apropriadas” pelos trabalhadores, a AST oferece um guia para a
desconstrução/reconstrução de artefatos tecnológicos adequados aos
empreendimentos autogestionários. De fato, por reconhecer que os em-

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preendimentos autogestionários demandam um conhecimento coerente
com seus princípios, valores, interesses e objetivos, e por estar baseada
nos estudos sobre aprendizagem técnico-econômica latino-americanos
e na visão de autores marxistas contemporâneos que, revisitando os
enfoques da construção social ciência e da tecnologia, argumentam
no sentido contrário às concepções da neutralidade de ciência e do
determinismo tecnológico, a proposta da AST oferece um instrumental
útil para a análise e proposição de alternativas à tecnologia concebida e
aplicada pela e para a empresa capitalista
Numa dimensão situada no nível da policy, a proposta da AST
pretende ser um chamamento aos colegas interessados na construção de
um estilo alternativo de desenvolvimento para que busquem perceber e
atender as demandas cognitivas que ele coloca. Para que passem a ques-
tionar a ideia de que a solução para a exclusão social se dará no terreno
puramente político; de que não existe um componente tecnológico (e
mesmo científico) a ser satisfeito. E para que entendam que cabe a eles,
enquanto parte da comunidade de pesquisa, participar junto aos movi-
mentos populares no processo de AST. E, ao fazê-lo, contribuir para a
emergência, no interior da comunidade de pesquisa, de um segmento
capaz de incorporar as demandas cognitivas dos movimentos sociais à
sua agenda de pesquisa.
Ainda nessa acepção, acreditamos que a AST, por seu caráter de
“ponte” entre a crítica das forças produtivas na sociedade capitalista e a
possibilidade de desconstrução e construção da tecnologia num sentido
desejado, é um estribo que os movimentos sociais poderão utilizar para
“pressionar” a comunidade científica e o governo a conformar uma nova
agenda de Política Científica e Tecnológica.

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2. Sociologia da Ciência e da Tecnologia: instrumentos para
a análise do processo de formação de agendas de pesquisa

Renan Gonçalves Leonel da Silva


Maria Conceição da Costa1

Introdução

Ao longo do século XX, o debate sobre a organização da atividade


de produção da ciência e as investidas dos pesquisadores em diferentes
esferas da sociedade tem chamado cada vez mais atenção da pesquisa
sociológica.2 Assim como outros fenômenos sociais, a produção e o
uso do conhecimento científico se tornaram atividades intensamente
reguladas desde meados do século passado (Etzkowitz et al., 1998; Powell
& Snellman, 2004). Movimentos sociais e organizações da sociedade
civil passaram a influenciar no processo de adoção e regulação de novas
tecnologias – discutindo a respeito do risco de sua utilização, assim
como sobre as consequências (políticas, econômicas, ambientais, etc.)
de sua disseminação no espaço social mais amplo (Frickel et al., 2010).
Ciência e tecnologia se tornaram importantes tópicos na agenda
dos governos. Com o aumento da complexidade tecnológica e industrial
das sociedades contemporâneas, o campo científico se tornou cada vez
mais “politizado” (Hess, 1997). Isso se deve, dentre outros fatores, ao
aumento dos instrumentos de democratização no ocidente – como a
construção de instituições políticas modernas, sistemas eleitorais mais
organizados e novas vias de participação popular e de grupos organizados
da sociedade civil (Frickel & Moore, 2006). Isso tem possibilitado um
importante envolvimento dos pesquisadores com outros grupos sociais,
o que tem alterado a dinâmica de formulação de agendas de pesquisa
e sua tradução em políticas públicas e/ou privadas.

1 Os autores agradecem o apoio dado pela Fundação de Amparo a Pesquisa do


Estado de São Paulo FAPESP (Proc. 2011/14894-8) para a elaboração deste capítulo.
2 Para uma análise dos temas sobre o papel da democratização e relações de poder
dentro da pesquisa social sobre a ciência e Tecnologia ver Frickel e Moore (2006).

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Com a intensificação dos processos de transnacionalização da ci-
ência, novos temas de pesquisa emergiram como prioritários na agenda
de política dos estados. A circulação internacional dos cientistas alterou
o papel da ciência e da tecnologia na sociedade moderna (Lock, 2007).
Como resultado dessa maior interação, a comunidade de pesquisa tem
atuado em diferentes esferas sociais, sendo peça-chave em temas rela-
cionados às suas especialidades.
A ciência, portanto, se tornou um tema de destaque para a Sociologia
e para a Política. Stuart Blume nos fornece uma importante crítica sobre
o caráter político do conhecimento científico como instituição social,
contestando a suposta tese sobre a autonomia do campo científico prati-
cada pela vertente Funcionalista das Ciências Sociais nos anos 1970.3 Em
sua obra Toward a Political Sociology of Science (1974), Blume sustenta
que a instituição social da ciência moderna é essencialmente política,
portanto, o papel dos cientistas é parte integral do sistema político do
Estado Moderno. Para o autor, a ciência moderna (como instituição
social) é altamente dependente das organizações sociais, políticas e
econômicas da sociedade, e extremamente sensível a mudanças nesses
campos (Blume, 1974:279).
Essa maior interação fica evidente ao analisarmos o processo de
reorganização dos regimes de produção da ciência na atualidade. Ocorreu
uma transformação histórica na tradicional organização da pesquisa aca-
dêmica, em direção a novos arranjos de pesquisa em laboratórios públicos
e privados de empresas e organizações da sociedade civil (Gibbons et al.,
1994; Nowotny et al., 2001). A pesquisa, sobre a prática de produção do
conhecimento, teve que se adequar ao caráter cada vez mais complexo
da atividade profissional dos cientistas.
A partir de uma investigação do processo de formação de Agendas
de pesquisa, esse capítulo tem o objetivo de mostrar como os conceitos

3 A vertente Funcionalista nos estudos sobre sociologia da ciência e tecnologia está


relacionada aos anos 1970, principalmente relacionados aos trabalhos de Talcott
Parsons e Robert Merton. Há várias maneiras de definir Funcionalismo, mas três
elementos básicos ajudam na definição do pensamento funcionalista: 1) um sistema
social, como o da Ciência, pode ser estudado como um sistema quase-autônomo
composto por estruturas e funções; 2) um sistema social é governado por um sis-
tema cultural de normas e valores e 3) um sistema de recompensas e canais de san-
ções individuais que afetam os resultados e as funções do sistema como um todo. O
Funcionalismo foi amplamente aceito na Ciência Política e na Sociologia em meados
do século XX, tendo influenciado grande parte do pensamento social naquele perí-
odo (Hess, 2012).

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produzidos pelo campo interdisciplinar dos Estudos Sociais da Ciência
podem ser usados para compreender as implicações sociopolíticas do
uso e difusão do conhecimento científico na sociedade. Busca-se, a partir
de uma gama diversificada de conceitos, demonstrar os meios pelos
quais instituições e redes definem as relações de poder na comunidade
científica, para criar novos temas de pesquisa, com novas organizações
e políticas públicas e/ou privadas que a sustentem.

O que é uma agenda de pesquisa?

Uma agenda de pesquisa pode ser definida como um conjunto


organizado de ferramentas (teorias, metodologias, tecnologias, etc.)
e instituições (normas, padrões de comportamento, convenções, etc.)
que regem a prática de produção científica em contextos históricos e
culturais específicos (Pickering, 1992) delimitados por uma conduta de
ação do cientista que é socialmente compartilhada por seus colegas. Uma
agenda de pesquisa está sustentada por uma densa rede de atores que
moldam as instituições e o espaço material sobre o qual será produzido
conhecimento. Considera-se a formação de uma agenda de pesquisa
como um empreendimento coletivo, em que a informação científica
produzida é construída por uma intensa negociação entre atores que
trabalham em contextos organizacionais previamente estabelecidos.
Legitimar mudanças e incorporar trabalho organizado envolve muito
convencimento e persuasão, compra e adoção, ensino e aprendizado.
Mudanças conceituais na Agenda, por sua vez, estão baseadas em mu-
danças coletivas e individuais na forma em que os cientistas organizam
o seu trabalho. A análise detalhada da formação de uma agenda de pes-
quisa procura, assim, “lançar luz” para essas atividades e processos pelos
quais o conhecimento científico é construído e alterado (Fujimura, 1987).
Uma agenda de pesquisa, portanto, é um fenômeno social que
pressupõe uma dinâmica propriamente coletiva, orientada por valores da
comunidade de pesquisa, mas que pode incorporar interesses de outros
grupos sociais (Jasanoff, 2005; Hilgartner, 2001). Portanto, é também
um empreendimento Político (Frickel et al., 2010). Por representar a
natureza do trabalho científico – seus critérios de avaliação, suas normas
e estrutura institucional – uma agenda de pesquisa expressa um “mapa”
dos atores e das relações entre prática científica e mundo material. É o
conhecimento de tipo científico que revela as regularidades da natureza
através da geração de teorias, observações precisas e testes empíricos

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(Collins, 2010). Os objetivos da ciência são a extensão do “conhecimento
certificado” (Merton, 1973), legitimado socialmente e expresso em uma
agenda de pesquisa robusta. Assim, uma agenda de pesquisa supõe um
consenso entre a comunidade de pesquisadores, relativo às fronteiras
de um campo de conhecimento, das entidades relevantes do universo
de análise, das questões legítimas a serem investigadas e das técnicas
adequadas de investigação (Arretche, 2003:8).
O campo dos ESCT gerou muitos trabalhos orientados para o
processo de formação de agendas de pesquisa – uma vez que se propôs
a estudar a atividade profissional dos pesquisadores e a construção de
suas instituições e organizações sociais (Collins, 1983). Indiretamente, o
tema foi tratado por uma ampla gama de autores do campo, cada qual
com seu foco específico de análise. Uma das mais importantes contribui-
ções nesse sentido está associada aos trabalhos de Thomas Kuhn (1976),
principalmente à obra A Estrutura das Revoluções Científicas (original-
mente publicada em 1962). O livro se tornou um ponto de inflexão para
o campo dos ESCT. Foi nessa obra que Kuhn incluiu um elemento novo
(em relação à tradição disciplinar da Sociologia do Conhecimento nor-
te-americana liderada pelo pensamento social funcionalista de Robert
Merton): o de que fatores externos à ciência afetavam diretamente o
conhecimento científico (não apenas a prática de sua produção, mas
também seu conteúdo) (Knorr-Cetina & Mulkay, 1983).
Sua maior contribuição para a compreensão do processo de for-
mação de agendas de pesquisa é, sem dúvida, a associação que autor
promoveu entre dois importantes conceitos: o de “Ciência Normal” e
de “Paradigma”. Eles ajudam a entender por que a mera expansão do
número de trabalhos científicos em alguma área do conhecimento não
é suficiente para o desenvolvimento de um campo disciplinar.
Kuhn definiu a dinâmica social do conhecimento científico a partir
de uma concepção de etapas. Para ele, há uma etapa em que a ciência
progride por uma “coleção de fatos”: um “amontoado” de produção
de ideias e evidências ainda pouco organizadas. Esta dificilmente irá
contribuir de forma efetiva para a consolidação de um campo cientí-
fico. O momento em que, de fato, o acúmulo de conhecimento passa
a contribuir para a formação de um campo disciplinar é chamado de
“Ciência normal”. E esse período é caracterizado, segundo o autor, por um
alinhamento da atividade dos pesquisadores em torno de um “Paradigma”
científico comum: um conjunto de esquemas metodológicos e teóricos
comuns que orientam a seleção, avaliação e crítica dos fatos relevantes a

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serem observados (condição necessária para o desenvolvimento de um
campo disciplinar) (Kuhn, 1976:29). Um paradigma fornece modelos
para a geração de problemas e soluções num campo científico. Fica claro,
portanto, que o conceito de agenda de pesquisa está relacionado com a
atividade de aquisição de um paradigma por parte da comunidade de
pesquisa interessada.
Ainda sobre a análise das etapas do conhecimento, Kuhn nos mostra
que a “Ciência Normal” entra em momentos de crise. É quando o sur-
gimento de anomalias na evidência observada já não é mais explicado
pelo paradigma científico estabelecido. Isso leva a mudanças mais ou
menos profundas nos paradigmas que até então serviam como modelo
de análise para a observação empírica. Dependendo da intensidade da
mudança, elas podem gerar revoluções no campo científico. Isso deixa
claro que, para Kuhn, as evidências estão sempre “impregnadas” por
teoria, uma vez que uma boa observação (nos termos da comunidade
de pesquisa) está parcialmente condicionada pelo paradigma vigente.
Para o autor, o paradigma é um pré-requisito para a própria observação
(Knorr-Cetina & Mulkay, 1983; Kuhn, 1976).
Essa dinâmica, como se vê, depende amplamente da formação de
mecanismos de ação política e sociais negociados pela comunidade de
pesquisa. Ou seja, há um longo caminho percorrido pela produção do
conhecimento para gerar uma agenda de pesquisa propriamente dita.
Esses mecanismos são os que regulam e reproduzem esquemas sociais
específicos para a organização virtuosa de um campo científico. A pre-
dominância (e substituição) de um paradigma sobre outro, portanto,
se dá por critérios exteriores à ciência (Kuhn, 1976:144). A associação a
determinado paradigma se dá por meio de fatores socioculturais, e não
apenas científicos. Estamos falando de uma comunidade de pessoas que
foram ensinadas a ver o mundo de uma maneira específica e particular,
compartilhada com seus colegas de trabalho no espaço em que produ-
zem ciência. Assim, é a partir de uma revisão das proposições de Kuhn
que as ciências humanas e sociais passaram a olhar para a produção do
conhecimento como atividade social.
Se uma agenda para a produção de pesquisa é um fenômeno nego-
ciado socialmente, então a própria ciência é resultado de um processo
assimétrico de disputas políticas no âmbito das instituições sociais. Isso
fica explícito na observação de Kuhn a respeito da escolha “do que pes-
quisar”. O autor afirma que a escolha das entidades (ou fatos) relevantes
para ser estudados implica na exclusão de outros “fatos e crenças”, mas

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que esse é um processo essencial para fazer dialogar análise e teoria, para
acumular conhecimento e contribuir com o avanço da ciência (Kuhn,
1976:30). Toda essa dinâmica está inscrita numa Agenda de pesquisa,
que pode ser decomposta e analisada em seu aspecto social mais amplo
(político, cultural, econômico, etc.).
A obra de Kuhn gerou um arcabouço conceitual bastante útil para
a análise social da ciência, uma vez que propôs uma investigação sobre
o conteúdo do conhecimento. Até os anos setenta o campo dos ESCT
estava ancorado nos trabalhos da sociologia do conhecimento americana
praticada por Talcott Parsons e Robert Merton – permeada por uma
forte presença do Funcionalismo como direcionador da pesquisa socio-
lógica naquela época. É por isso, dentre outros fatores, que a produção
de conhecimento no campo privilegiava uma dimensão institucional
da ciência até os anos 1970.
Dentre os resultados mais difundidos dessa agenda de investigação
está a obra de Robert Merton Os imperativos institucionais da Ciência
(1979), que se mostrou o primeiro esforço real em propor um progra-
ma de pesquisa sociológica para a atividade científica moderna (Hess,
1997). A forma com que os cientistas se organizavam na sociedade já era
analisada pelo autor, e ganhou abrangência a partir da ideia de Ethos
científico – a obediência, por parte dos praticantes da ciência, a um
determinado código de conduta (Merton, 1979).
Além disso, o autor sustenta que a comunidade de pesquisa age sob
quatro imperativos institucionais (condutas de comportamento guia-
das por referências comuns próprias ao seu meio de ação). São elas: o
universalismo (resultados da ciência tem validade universal, válidos em
qualquer contexto); o comunismo (toda ciência deve ser tornada pública,
uma vez que a ciência é, ela mesma, um empreendimento coletivo); o
desinteresse (o cientista, embora guiado por anseios da conduta humana
– ego, busca por reconhecimento, etc. –, ele deve produzir conhecimento
sobre o mundo sem qualquer interesse pessoal, já que isso desqualifica a
validade de seu trabalho perante a comunidade científica) e o ceticismo
organizado (o cientista deve esquecer suas crenças prévias para uma boa
observação do fato empírico, uma vez que a ciência deve ser imparcial).
Todos esses conceitos contribuíram para o pensamento do modus
operandi da comunidade científica e geraram um maior debate sobre
quais eram as referências sociais compartilhadas nos espaços de in-
teração da ciência moderna. Tais referências tornaram-se objetos de
pesquisa por parte da Sociologia, Filosofia, Antropologia, etc. A obra

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de Merton interessa para pensar o processo de formação de agendas de
pesquisa por ter inaugurado um programa de pesquisa sobre o caráter
político-institucional da ciência.

A produção de fatos e artefatos

Até aqui, buscamos apresentar alguns conceitos importantes pre-


sente na emergência do campo de estudos sociais sobre a ciência, com
destaque para a obra de Thomas Kuhn e Robert Merton. Ambos são
importantes por desenvolver as primeiras articulações conceituais sobre
o sistema social de produção do conhecimento científico. Entretanto,
boa parte dessas ideias foi inspirada na obra de outro importante autor,
Ludwik Fleck – médico Polonês, especializado em bacteriologia, vincu-
lado aos trabalhos da Escola Polonesa de Filosofia da Medicina, e que
teve sua obra Gênese e desenvolvimento de um fato científico publicada,
em alemão, em 1935.
Essa obra foi citada no Prefácio da primeira edição do livro A es-
trutura das revoluções científicas de Thomas Kuhn, mas foi praticamente
esquecida até os anos 1970 – quando, estimulado por Robert Merton,
fez-se uma versão da obra em inglês (Löwy, 1994). Kuhn reconhece o
peso de Fleck em seus escritos, ao comentar no prefácio que a obra quase
desconhecida de Fleck antecipava muitas de suas próprias ideias (Kuhn,
2006:11). Desde então, a obra tem sido objeto de revisão de distintas áreas
das ciências humanas e sociais, principalmente da História e Filosofia
das Ciências – uma vez que a epistemologia desenvolvida pelo autor
em sua análise sobre a construção da Sífilis como doença chamou cada
vez mais atenção dos pesquisadores interessados nos estudos sobre a
ciência enquanto prática social.
O “estudo das práticas” de Fleck contribuiu para uma nova via de
análise da produção científica no campo da Medicina – que, na época,
estava mais preocupada com o desenvolvimento de técnicas clínicas e
assistenciais do que uma incursão expressiva de ciência e tecnologia em
sua prática profissional (Gaudillière & Rheinberger, 2004). Conceitos
como “Estilos de Pensamento” e “Coletivos de pensamento” nos ajudam
a compreender como são criados fatos e artefatos na produção da ciência,
pensando o papel da comunidade de pesquisa na construção do que o
autor chama de “fato científico”, principalmente ao longo do século XX.
O pensamento de Fleck também está relacionado com a ideia de
que a comunidade científica não é um sistema social “autorregulado”,

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isolado do restante da sociedade. Nesse sentido, Fleck antecipa as crí-
ticas sobre a suposta autonomia do campo científico debatidas pela
Sociologia da Ciência dos anos 1970, proposta pelos trabalhos da Escola
de Edimburgo (Barnes & Edge, 1983). Isso fica evidente na relação en-
tre os conceitos propostos pelo autor. Para Fleck (1979), os cientistas
pertencem a “coletivos de pensamento” distintos e são socializados em
“estilos de pensamento” incomensuráveis (Löwy, 1994:11). Isso mostra
que, já nos anos 1930, pesquisadores interessados em epistemologia das
ciências geravam estudos sobre os elementos culturais envolvidos na
atividade prática de produção do conhecimento científico.
Para Ilana Löwy (1994), a revisão do trabalho de Fleck é importante
como ponto de partida para se estudar a formação de comunidades
científicas num contexto social mais amplo.

A Ciência moderna não é, no entanto, constituída por pequenos grupos


hermeticamente isolados uns dos outros. Ao contrário, o diálogo e as
trocas entre grupos profissionais estão, muitas vezes, no próprio âmago
de toda atividade científica (...) Fleck explica que a comunicação entre
coletivos de pensamento passa pela circulação dos ‘fatos’ e dos conceitos
(...) Um fato científico é como uma regra desenvolvida por um pensamento
coletivo, isto é, um grupo de pessoas ligadas a um estilo de pensamento
comum. (Löwy, 1994:236-237)

Podemos observar que os conceitos de Fleck reafirmam ideia de


que a formulação de uma Agenda de Pesquisa está sujeita a influências
externas ao campo científico, e pode expressar demandas que vão além
dos interesses dos pesquisadores. Bruno Latour (2005) considera a obra
de Fleck pioneira, pois ela foi além de uma mera análise do contexto
social da ciência. Para Latour (2005), a grande contribuição da obra de
Fleck é a perseguição das relações, embates e alianças na produção do
conhecimento (2005). É por isso que uma investigação sobre as relações
de poder expressas em Agendas de pesquisa deve olhar com mais atenção
para o papel de distintos atores na construção de um “fato científico”. É
nessa etapa que tais atores podem configurar relações assimétricas na
definição de uma agenda de pesquisa.

Os fatos produzidos por um dado coletivo de pensamento são assimi-


lados por outros coletivos de pensamento e traduzidos em seu estilo de
pensamento. Trata-se, no entanto, de uma “tradução imperfeita”. As ideias
e os fatos absorvidos e ‘naturalizados’ por outro estilo de pensamento

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são necessariamente modificados durante o processo. Existem, portanto,
coisas perdidas na tradução, e coisas nelas encontradas. (Fleck, 1979:42)

A ciência, para Fleck, emerge de um “sistema de referências” particu-


lar (Löwy, 1994), e isso facilita o seu estudo mais aprofundado – uma vez
que podemos “mapear” as relações envolvidas nesse que é um processo
social e coletivo. A produção do conhecimento científico é, portanto,
um empreendimento cultural – só pode ser explicado por uma análise
contextualizada e crítica do processo de observação da evidência. Os
trabalhos de Fleck, assim, representam a gênese de uma agenda micros-
sociológica para se pesquisar a produção da ciência em seu espaço de
criação, nesse caso, em laboratórios.
Essa via de interpretação se confunde com a própria evolução
dos ESCT. Por um lado, ela se renova na proposição dos Estudos de
Laboratório no fim dos anos setenta – cuja principal obra é o livro Vida
de Laboratório: a construção social de fatos científicos de Bruno Latour
e Steve Woolgar (1997), originalmente publicado em 1979. Por outro
lado, ela expande essa perspectiva para a pesquisa sobre a produção
de tecnologias, que acaba por influenciar outro programa de pesquisa
que ficou conhecido como Construção Social da Tecnologia (Social
Construction of Technology – SCOT)4. Assim, a pesquisa em arquivos
históricos, etnografias de laboratório ou análise de discursos, a criação de
fatos e artefatos, descrita pela corrente interdisciplinar dos ESCT, serve
para demonstrar a natureza construída do conhecimento científico por
meio de estudos de caso selecionados.
Dentre as noções que emergiram dessas investigações, a mais útil
é a ideia de que a definição de Agendas de pesquisa pode ser entendi-
da como resultante das relações de poder negociadas numa complexa
“rede sociotécnica” (Callon, 1995). Consideramos que uma Agenda de
Pesquisa reflete o resultado do intercâmbio de fatos, teorias, materiais e
coordenação de práticas (Fujimura, 1996; Collins, 1983; Pickering, 1995),
assim como expressa a competição entre os atores por maior credibi-
lidade nos âmbitos organizacionais, geográficos e disciplinares (Fickel
& Moore, 2006; Clarke, 1998).
Uma análise de formação de Agendas de Pesquisa está, portanto,
associada à investigação empírica de uma densa rede heterogênea de
atores. Interessa também conhecer o jogo de poder entre os atores (Hess,
2004) e entender a posição destes na complexa rede sociotécnica que

4 Para detalhes sobre a SCOT, ver Bijker (1995) e Callon (1987).

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cria, legitima e reproduz um novo campo de pesquisa. Como se vê, uma
Agenda de pesquisa pode ser analisada de várias maneiras utilizando o
ferramental dos ESCT, e suas vertentes mais recentes criaram muitos
conceitos importantes.

Poder, instituições e redes

A discussão sobre a formação de agendas de pesquisa indica um


interesse claro, neste capítulo, na investigação sobre relações de poder
e em como instituições sociais e formato das redes no campo científi-
co influenciam a dinâmica de produção (e difusão) do conhecimento
científico. A revisão dos conceitos e ideias do campo dos ESCT busca
resgatar o papel de atores que estão fora da comunidade de pesquisa,
mas que tem alterado a relação entre ciência, tecnologia e a sociedade
– por mobilizar pesquisadores, formuladores de política, movimentos
sociais, etc., em torno de novos temas contemporâneos. É por isso que
um maior esclarecimento sobre esses três conceitos é importante.
Entende-se por “poder” a habilidade de influenciar direta ou in-
diretamente, objetivamente ou subjetivamente, de forma legitimada
ou não. Poder é uma condição dinâmica e social cujas características
podem ser descritas empiricamente pelo formato que adquirem, por sua
distribuição nas sociedades, por mecanismos pelos quais são expressas
e pelo escopo e intensidade de seus efeitos (Frickel & Moore, 2006).
Outra noção útil de “poder” está presente na obra de John Law (1991),
que considera o poder como capacidade de fazer algo, de habilitar e
de coagir. Entretanto, a novidade está na ideia de que o poder pode
ser armazenado – pessoas podem acumular poder, ter poder, possuir
poder. Para os objetivos deste capítulo, a noção de poder de John Law
é muito importante, já que explica um aspecto crítico na formação de
agendas de pesquisa: o papel dos cientistas em influenciar agendas de
pesquisa e a produção de políticas para conduzir a atividade científica.
Uma agenda de pesquisa é definida a partir de um jogo de poder
entre atores interessados na produção e difusão de um tipo específi-
co de conhecimento. No campo da saúde pública, por exemplo, esses
interesses ficam expressos na forma com que são negociadas agendas
entre pesquisadores e formuladores de política – como na produção
de ciência e tecnologia de fármacos e vacinas, assim como para a defi-
nição de políticas de prevenção e controle de doenças (Novaes, 2006).
Uma investigação sobre essas relações pode ser mapeada a partir de

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uma melhor caracterização de uma agenda de pesquisa. Nela estão
presentes elementos eficazes para a compreensão de assimetrias no
processo de escolha de um tema de pesquisa. Assimetrias e os efeitos
do poder devem ser explicados, e a pesquisa social tem desenvolvido
vários meios para localizar tais fenômenos nas relações entre cientistas
e a sociedade civil5 (Latour, 2005). Relações de poder estão expressas
em instituições compartilhadas pela comunidade de pesquisa, que são
aquelas que ordenam a prática dos cientistas em suas interações com
a sociedade em geral.
Entendemos por “instituições” padrões relativamente duráveis de
práticas e ideias que estão organizadas por atividades sociais e que, de vá-
rias maneiras, definem o contorno e a experiência cotidiana. Instituições
incorporam “práticas de como fazer” rotinizadas e que, mesmo quando
levadas a cabo por indivíduos, estão continuamente definindo canais de
escolhas sociais, conduzindo a certas vias de ação e habilitando outras
(Frickel & Moore, 2006). Ou seja: uma agenda de pesquisa é, ela mesma,
uma instituição social, responsável pelo ordenamento dos símbolos
e referências de trabalho do cientista em seu espaço de produção do
conhecimento.
Entendemos “redes” como configurações dinâmicas de relaciona-
mento entre indivíduos e atores organizados. Essas configurações se dão
pela definição de arranjos institucionais particulares. Mas seu principal
uso neste capítulo diz respeito a como essas redes servem de “ponte”
entre diversos domínios institucionais, assim como são mecanismos-
chave para redistribuição de poder e para a transformação de arranjos
institucionais já estabelecidos (Frickel & Moore, 2006:8). O conceito
de “redes” tem sido bastante útil como ferramenta dos ESCT e gerou
uma abordagem específica que ficou conhecida como Teoria Ator-Rede,
cujos expoentes são Bruno Latour, Michel Callon e John Law.6 Algumas
noções desse programa de pesquisa são úteis para se entender o caráter
dinâmico dos atores envolvidos na formação de agendas de pesquisa.
A noção de “redes” influenciou boa parte do pensamento contempo-
râneo no campo dos ESCT. Essas noções estão relacionadas com a ideia

5 Para uma discussão mais aprofundada sobre poder e assimetrias no campo cientí-
fico ver Law (1991) e Latour (2005).
6 Para detalhes sobre a Teoria Ator-Rede ver Law (1992), Callon e Law (1982). Para
aplicações das ferramentas do campo de pesquisa, ver Latour (1988), sobre o papel
de Pasteur em promover estratégias, arranjos e mobilização de diferentes entidades
para a construção de redes que assegurassem o desenvolvimento da pesquisa em
microbiologia na França do século XIX.

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de que “Ciência” e “realidade” são efeitos de relações: são produzidas
e estabilizadas em interação, que é simultaneamente material e social
(Law & Urry, 2004). A Ciência (assim como outras atividades sociais)
é um resultado estabilizado de construções ativas, produzidas por meio
de relações. Essas relações não envolvem somente pessoas, mas também
agentes não-humanos, que interagem para a formação de “Redes” (Callon,
1987). Ainda com referência à noção de redes, John Law (1994) propõe
o conceito de “ordenamento”, que é interessante como ferramenta para
se pensar o processo de formação de agendas de pesquisa. Os cientis-
tas, ao buscarem estabilizar a complexidade do mundo em categorias
e métodos, estão produzindo um trabalho heterogêneo de ordenação
(ou seja, relacionando materiais, ideias, artefatos, pessoas, valores, etc.;
um conjunto heterogêneo de atores). O conceito de “ordenação” é por
si só um conceito dinâmico, já que a atividade de ordenação nunca está
finalizada, está sempre produzindo e reproduzindo novos ordenamentos,
novas formas de entendimento da natureza, da sociedade e da própria
Ciência. Nessa atividade de ordenamento, há muitas coisas para serem
explicadas, muitas relações estabelecidas e que, por vezes, explicam os
fatores que promovem a construção de novas redes e o fortalecimento
de outras (Law, 1994).
Acredita-se que o conceito de “ordenamento” contribui na explicação
sociológica do processo de formação de agendas de pesquisa. O conceito
exprime não só a ideia de que a ciência é um processo relacional, mas
que a prática de produção do conhecimento científico está sustentada
por relações de poder dinâmicas. Uma agenda de pesquisa emerge e se
reformula durante o ordenamento das redes heterogêneas (sociotécni-
cas). Uma análise dessas redes pode explicar o porquê de alguns grupos
predominarem na estabilização de uma agenda e o porquê de outros
temas serem esquecidos – o que David Hess e colabores chamam de
“Undone Science”.
Outra abordagem interessante, que associa de maneira bastante
útil os conceitos de poder, instituições e redes, está presente na ideia
de “campo científico”7 proposto pelo sociólogo Francês Pierre Bourdieu
(1975), ao analisar, nos anos 1970, o sistema francês de educação superior.
O autor trabalha essa relação a partir da proposição dos vários tipos de
capital presentes na sociedade (social, cultural, simbólico, temporal e

7 O Campo científico, para Bourdieu, é um espaço de circulação de Capital, valores


e instituições da comunidade de pesquisa. Sobre a agenda de investigação reflexiva
sobre a ciência, feita pelo autor, ver Bourdieu (2001).

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financeiro)8 e de que maneira estes auxiliam no “empoderamento” dos
atores dentro de um esquema social organizado. Para o sociólogo, a
autoridade científica é um tipo de capital social específico, pois assegura
um controle sobre mecanismos constitutivos do campo científico e pode
ser convertido em outras espécies de capital (Bourdieu, 1983).
A análise do campo científico, proposta pelo autor, promove inclusive
uma interação entre as concepções de poder, instituições e redes para
entender o espaço intelectual que constitui um campo científico. Essas
ideias são importantes para os objetivos dessa pesquisa, já que auxiliam
na compreensão do processo de formação de uma agenda de pesquisa.
Segundo David Hess (2011), a análise do campo científico proposta
por Bourdieu chama atenção para duas dimensões que nem sempre são
bem trabalhadas por outras abordagens em sociologia das instituições e
do conhecimento científico. Primeiro, em campos intelectuais há posições
de domínio e subordinação, baseados no controle de capital. Segundo,
campos intelectuais tendem a ser caracterizados por polos de produção
e consumo, ou seja, por redes de pesquisadores que produzem para
outros produtores e aqueles que produzem para consumidores externos,
tanto para policy-makers como para a indústria (Frickel et al., 2010:334).
Essa discussão interessa para a análise de agendas de pesquisa, já
que Bourdieu focaliza as relações da comunidade científica também
fora do campo científico (“extrafield relations”). Além disso, ao propor
que existe uma diferença entre o montante de Capital adquirido pelos
pesquisadores, Bourdieu lança questões especificamente sobre poder
no campo científico. Ao considerar a existência de posições de domínio
e subordinação na comunidade científica, ele está contribuindo para a
investigação do porquê de alguns pesquisadores serem mais hábeis na
tarefa de impor suas prioridades de pesquisa no campo intelectual do
que outros.

Ciência, democracia e risco na análise de agendas de pesquisa

Ao longo do século XX, o debate sobre as investidas dos cientistas


em diferentes esferas da sociedade tem chamado cada vez mais atenção
no campo dos ESCT.9 Com o aumento da complexidade tecnológica e

8 Para detalhes sobre os tipos de Capital ver Bourdieu (1998; 2001) e Hess (2011).
9 Para uma análise dos temas sobre o papel da democratização das sociedades oci-
dentais e relações de poder dentro da pesquisa social sobre a ciência e Tecnologia ver
Frickel e Moore (2006).

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industrial das sociedades contemporâneas, o campo científico se tornou
cada vez mais “politizado” desde o pós-guerra (Hess, 1997). As mudan-
ças no padrão de consumo e a velocidade dos processos de inovação
tecnológica trouxeram novos debates para a pesquisa sociológica.
Sem dúvida, o marco dessas transformações foram os anos 1950.
Pela importância que adquiriu a ciência (principalmente a física e a
química), essa conjuntura histórica específica ficou conhecida como a
era da big Science10 – momento em que os Estados passaram a definir
um sistema coordenado para a ciência e tecnologia (C&T), ancorado
na ideia da ciência como mecanismo de promoção do desenvolvimento
econômico e social. Essa narrativa foi principalmente inspirada pelo re-
latório “Science: the Endless Frontier” organizado em 1945 por Vannevar
Bush, então diretor do Office of Scientific Research and Development,11
que recomendou algumas ações no campo da C&T para o presidente
F. D. Roosevelt (Mowery, 1998). Porém, os principais resultados dessa
iniciativa só apareceriam com o fim da segunda guerra mundial.
A Ciência deixou de ser um assunto “atomizado” na sociedade. Seu
formato institucional passou a ser encarado como um processo com-
plexo e diversificado, fundado em distintos instrumentos de promoção
da atividade de Pesquisa e Desenvolvimento (P&D) – seja por parte
das grandes corporações, seja por iniciativas estatais. O crescimento
de burocracias nacionais organizadas para sustentar o desenvolvimento
tecnológico (na Europa e nos EUA, por exemplo) apenas reforçava a
legitimidade dos governos como gestores e financiadores da C&T, prin-
cipalmente a partir dos anos 1960. O desenvolvimento de P&D garantiu

10 A ideia de “big Science” (era da “pesquisa institucionalizada”) está relacionada


com a emergência de um novo padrão de intervenção estatal e de organização da
política científica e tecnológica no pós-guerra, fundamentalmente inauguradas nos
EUA. Foi nesse momento que se intensificou o processo de internacionalização da
Política de Ciência, Tecnologia e Inovação (processo em que diferentes países as-
similam e reproduzem padrões e instrumentos semelhantes de gestão da Ciência,
Tecnologia e Inovação) (Velho, 2011:129). Desde os anos 1960 esse fenômeno permi-
tiu uma reorganização das bases conceituais, da estrutura organizacional e dos ins-
trumentos de financiamento por parte das políticas nacionais, inclusive em países
em industrialização como o Brasil. A percepção pública referente aos padrões nor-
mativo-institucionais da C&T passou a influenciar também a agenda dos governos
da maioria dos países industrializados na América Latina. Para detalhes sobre o
contexto da “Big Science” na América Latina ver Herrera (1973).
11 O relatório está disponível na íntegra no website da National Science Foundation
– NSF, em <http://www.nsf.gov/od/lpa/nsf50/vbush1945.htm>.

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a mobilização de recursos vultosos – que dobraram no período de 1950
a 1962 (Solla Price, 1963).
Ciência e tecnologia se tornaram importantes tópicos na agen-
da dos governos. Isso se deve, dentre outros fatores, ao aumento dos
instrumentos de democratização no ocidente – como a construção de
instituições políticas modernas, sistemas eleitorais mais organizados e
novas vias de participação popular e de grupos organizados da sociedade
civil. (Frickel & Moore, 2006). Desde meados do século XX, movimen-
tos sociais e organizações da sociedade civil passaram a influenciar no
processo de adoção e regulação de novas tecnologias – discutindo a
respeito do risco de sua utilização, assim como sobre as consequências
(políticas, ambientais, etc.) de sua disseminação no espaço social mais
amplo (Frickel et al., 2010). Esse movimento se aprofundou ao longo
das décadas, e com a intensificação dos processos de globalização novos
temas emergiram na agenda dos estados. A circulação internacional dos
cientistas, de certa maneira, alterou o papel do cientista na sociedade
moderna (Lock, 2007).
Como resultado dessa maior interação, a comunidade de cientistas
tem atuado em diferentes esferas sociais, sendo peça-chave em temas
relacionados às suas especialidades. Isso tem possibilitado um importante
envolvimento dos pesquisadores na formulação de agendas de pesquisa
e sua tradução em políticas para C&T. Do ponto de vista das ciências
humanas e sociais, qualquer teoria que busque interpretar a produção
do conhecimento científico contemporâneo deve considerar que a co-
munidade de pesquisa não atua num espaço “blindado” do restante da
sociedade civil (Gibbons et al., 1994).
Com mais ênfase nos anos 1970, a pesquisa sociológica passou
a “lançar luz” na incursão dos cientistas na vida política e social, e aos
poucos as interpretações sobre o campo científico deixaram de olhar
apenas para o seu formato institucional. A nova agenda de pesquisa da
pesquisa sociológica sobre a ciência passou a investigar o conteúdo do
conhecimento. Somente uma análise das regras e normas da comunidade
de pesquisa não se mostrava suficiente como ferramenta de explicação
da natureza social do conhecimento científico (Bloor, 1991).
A produção do conhecimento científico é um processo permeado
por disputas e negociações entre a comunidade de cientistas e outros
atores interessados – é, portanto, um processo social coletivo. Mas o
avanço da ciência também possui um elemento indutivo (individual)
importante. Ele está condensado na forma como o pesquisador individual

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apreende teorias e estilos de pensamento comuns na sua vida prática
de produção da ciência (Fleck, 2010; Pickering, 1991).
No que se refere aos propósitos deste capítulo – sobre o processo
de formação de agendas de pesquisa –, pode-se dizer que ele tem sido
indiretamente estudado dentro do campo da Sociologia da Ciência, de
maneira mais direta, desde os anos oitenta (Frickel & Moore, 2006).
O que marcou essa etapa foi o contexto de expansão das instituições
democráticas no ocidente. A partir daí, as definições sobre o sistema
social da ciência passaram a considerar com maior cuidado para os
temas do conflito e do poder nas relações da comunidade científica,
assim como para o papel de diversos grupos sociais no “molde” de
agendas de política pública.
Pesquisar o estabelecimento de agendas de pesquisa num contexto
democrático é interessante como forma de “mapear” as incursões dos
cientistas para fora do mundo acadêmico em um contexto de plurali-
dade de ideias e formas de ação política (Jasanoff, 2004). A concepção
institucional da ciência promovida pela Sociologia até os anos 1970 não
foi capaz de explicar o fenômeno de estabilização e negociação de um
campo científico, tampouco suas estratégias de legitimação sociais mais
amplas (Barnes & Mackenzie, 1979). O contexto de abertura política e
econômica das sociedades trouxe novos debates para o campo dos ESCT.
Uma interpretação sobre a nova organização política da atividade
cientifica – como o caráter mais “descentralizado” dos processos deci-
sórios no ocidente, por exemplo – promoveu transformações também
na forma com que pesquisadores encaram o processo de formação de
Agendas de Pesquisa (Hajer & Wagenaar, 2003) numa sociedade que,
apesar de democrática, também é uma sociedade marcada pelo risco e
pela incerteza (Beck, 1992). Ao analisar a formação de agendas de pes-
quisa, estamos tratando de um empreendimento social que se constrói
numa conjuntura de crise das instituições da modernidade (Giddens,
1991) – onde a ordem da Política é instável e cujos atores sociais agem
baseados num terreno de incerteza constante na ciência e também na
capacidade das instituições políticas de dar respostas eficazes aos pro-
blemas da sociedade contemporânea (Beck, 1992).
Com o aumento na produção científica, cresceram também os
fluxos de informação sobre demandas sociais – que tem, historicamente,
servido para informar a produção de políticas públicas. Porém, mais
Ciência tem gerado mais incerteza. A incerteza é um subproduto de

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intervenções mais complexas na natureza (Hajer, 2003), e a escolha “do
que pesquisar” está bastante relacionada com essa conjuntura imprevisível.
Segundo o cientista político Maarten Hajer (2003), existem pelo
menos três evidências, relacionadas ao que foi dito, que podem ser úteis
para uma análise das relações entre política e ciência contemporânea.
Desde os anos 1970, há um esforço por parte da ciência política em
compreender os novos esquemas de organização e envolvimento polí-
tico dos cidadãos. Para o autor, há que se repensar a visão tradicional
de participação e governança democrática: deve-se incluir o papel dos
cidadãos no “desenho” das políticas para a ciência e a tecnologia, por
exemplo. Isso traz implicações imediatas para a análise da vida profis-
sional dos cientistas (sobre qual pesquisa será levada adiante e qual será
“deixada de lado”) (Hilgartner, 2001). Entender as transformações nos
mecanismos de participação pode auxiliar na interpretação da aquisição
ou abandono de Agendas de pesquisa no interior de uma comunidade
pesquisada.
Outra evidência da conjuntura de incerteza sob o qual estão estabe-
lecidas as relações sociais contemporâneas é que a autoridade da expertise
científica tem sido amplamente questionada. A atividade rotineira de
demarcação dos cientistas do que é ciência e do que é conhecimento
“não-científico” é um debate cada vez mais exposto (Jasanoff, 1990; Gieryn,
1995). Como consequência, também as rotinas de aconselhamento (re-
comendações) científicas também devem ser revisadas.
Uma terceira evidência apresentada pelo autor é o caráter expansio-
nista do processo de formulação de política: que cada vez mais incorpora
novos temas e dissolve antigas fronteiras entre o que é considerado
natural e social. Isso tem ficado expresso na ideia da “biopolítica” pre-
sente nos trabalhos do sociólogo Nikolas Rose (2007) e nas pesquisas
sobre regulação e expertise científica de Sheila Jasanoff (2007) e Stephen
Hilgartner (2000).

Os modos de produção do conhecimento

A organização da atividade de produção científica (um empreen-


dimento racional, distinto de outras formas de conhecimento) (Callon,
1995) demanda uma análise voltada para as características da atividade
prática de produção científica atuais, além do desenvolvimento de no-
vos mecanismos de regulação e ordenamento dessa atividade. Tendo
em vista os diversos fatores de natureza sociotécnica que permitiram

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a transformação dos formatos organizacionais da ciência a partir dos
anos 1980 (Ziman, 1996), essa pesquisa busca organizar um ferramental
analítico-conceitual que trate sobre a formulação de agendas de pesquisa
num campo dinâmico das ciências no Brasil, nesse caso, a biomedicina.
No Relatório Anual de 2000 da National Science Foundation (NSF)
dos EUA há um capítulo inicial, intitulado “Science and Technology in
Times of Transition: the 1940’s and 1990’s”, que aponta alguns proces-
sos ocorridos no campo científico nessas duas épocas. Dentre elas, o
relatório chama atenção para o fato de que os anos 1990 destacam-se
pela importância do apoio público à pesquisa, por meio de políticas
direcionadas a identificar as relações (redes e interações) entre pesqui-
sadores, desenvolvimento tecnológico e inovação. Particularmente nos
anos 1990 uma diversidade de trabalhos no campo dos estudos sobre
ciência e tecnologia direcionou atenção para o que havia de novo na
dinâmica de produção científica.
Dentre os esforços nessa tarefa, está a ideia de “novo modo de
produção do conhecimento” usada por Michael Gibbons et al. (1994)
no livro The New Production of Knowledge, para identificar quais são as
características da produção científica e tecnológica contemporâneas. A
obra ganhou destaque por enfatizar os principais processos de natureza
organizacional da ciência e por propor um “modelo” de explicação das
mudanças no campo da produção científica.
Sua principal contribuição foi a proposição de que o conhecimento
pode se dar a partir de dois modos distintos: o “Modo 1” (disciplinar,
acadêmico e orientado por ações dos pesquisadores) e o “Modo 2” (in-
terdisciplinar, contextualizado e focado na resolução de problemas)
(Gibbons et al., 1994). Um aspecto central é que o “Modo 1” é carac-
terizado pela hegemonia da ciência disciplinar e pela autonomia dos
cientistas, que trabalham em laboratórios sobretudo em universidades.
É um tipo “clássico” de produção da ciência. Gibbons e colaboradores
(1994) consideram que o Modo 1 representa a ciência tradicional – aquela
produzida em contextos disciplinares e cognitivos (onde a promoção do
conhecimento se dá através de formatos próprios ao campo cientifico).
Predominam práticas e objetivos próprios a estes contextos, e incorpo-
ram-se valores, padrões e normas predominantemente da comunidade
de pesquisa. O “Modo 1”, portanto, produz problemas científicos em
contextos governados por interesses essencialmente acadêmicos.
Para esses autores, o “Modo 2” representa uma transformação radical
nas formas de conduzir a pesquisa científica e tecnológica (Nowotny et

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al., 2001) e está relacionados às transformações nos meios de produzir
ciência que se inicia em meados do século XX e segue se aprofundando
ao longo das décadas. O “Modo 2” representa a ciência produzida em
contextos que vão além da comunidade científica. É um tipo de produção
do conhecimento que se dá na interação de uma gama diversificada de
atores, que incorporam valores dos meios econômicos e políticos de
maneira dinâmica e mais interativa. O “Modo 2” seria a ciência pro-
duzida em contexto transdisciplinar, com um sistema que privilegia a
aplicação da ciência produzida, e associa nessa produção organizações
não só do meio acadêmico, mas também empresas, institutos de pes-
quisa públicos e privados, fundações filantrópicas, etc. Por envolver
uma maior diversidade de atores, o “Modo 2” promove um sistema de
governança e regulação científica mais complexo. Os problemas de pes-
quisa no “Modo 2” emergem de contextos plurais, de inquietações que
vão além dos interesses tradicionais da comunidade científica. Ou seja:
mapear as relações de poder neste tipo de produção do conhecimento
é algo mais difícil de ser feito, por envolver mais recursos e uma maior
heterogeneidade de atores.

Considerações finais

Há que se ter em mente que a articulação de agendas de pesquisa


é um processo fluido e dinâmico, permeado por coalizões entre uma
comunidade específica que seleciona prioridades de pesquisa e, indireta-
mente, definem aquelas que não serão levadas a diante (Hess, 1999). Por
isso, é importante refletir sobre o papel dos ESCT. A revisão da literatura
apresenta, de maneira breve, trabalhos sobre as vias pelas quais atores,
instituições e redes negociam as estruturas de poder no campo científico.
Mostram também os meios pelos quais tais atores compartilham fatos,
materiais e teorias na prática de produção do conhecimento científico
(Fujimura, 1996; Collins, 1983).
É possível ainda afirmar que a principal contribuição dessa literatura
seria o foco no tema das relações de poder e a sua distribuição desigual
no processo de definição de agendas de pesquisa. Isso se expressa na
decisão acerca do conhecimento que será levado adiante e aquele que
será excluído da agenda dos governos e das instituições de financiamento
(Hilgartner, 2001; Frickel & Moore, 2006).

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Acredita-se, portanto, que um sistema de produção do conheci-
mento científico esteja imerso em relações de poder estruturadas (Hess,
2011), e os ESCT têm o potencial de explicar como atores e instituições
transformam não só a organização prática da ciência, mas também seu
conteúdo e os condicionantes de reprodução de um campo de pesquisa.

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3. Como combater o HLB (greening)? Tradução e
controvérsias na produção de laranja

Gabriela da Rocha Barbosa


Leda Gitahy

Introdução

O objetivo deste capítulo é discutir o processo de constituição e


transformação das formas de combate ao Huanglongbing – HLB (gree-
ning) do citros no Estado de São Paulo entre 2005 e 2010. O greening é
uma doença causada por bactérias e cujo vetor, o psilideo da espécie
Diaphorina citri, é uma praga importante do citros em vários países e
endêmico no estado de São Paulo desde a década de 19601 (Informativo
Centro de Citricultura, 2004). O vetor se hospeda nas árvores e adquire a
bactéria se alimentando em plantas doentes. As plantas novas, quando
contaminadas, não chegam a produzir e as plantas adultas tornam-se
improdutivas entre dois e cinco anos.
Considerada uma séria ameaça a toda a cadeia produtiva da laranja,
desde que foi detectada, em meados de junho de 2004, a doença se es-
palhou por 254 municípios do estado de São Paulo, sendo responsável
pela erradicação de 14,8 milhões de plantas no estado (CDA, 2011). Vale
ressaltar que o estado de São Paulo é responsável por cerca de 80% da
produção de laranja no país (CONAB, 2011), sendo o Brasil o maior
produtor de laranja do mundo. Na safra 2011/2012 o país produziu cerca
de 25% (428 milhões de caixas de 40,8kg) da produção mundial da fruta
(CitrusBr, 2012).
Este capítulo se apoia em dados primários obtidos por meio de
entrevistas realizadas nos anos de 2009 e 2010 no Fundecitrus (Fundo
de Defesa da Citricultura), na Associtrus (Associação Brasileira de

1 A doença foi relatada pela primeira vez na China em meados do século XX, rece-
bendo o nome de Huanglongbing (doença do ramo amarelo), já que nas folhas o
sintoma mais característico da doença é a presença de manchas com coloração ama-
rela. Pouco tempo depois, uma doença similar foi descrita na África com o nome
de greening, fazendo alusão à coloração esverdeada dos frutos (Teixeira et al., 2010).

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Citricultores), com produtores rurais da laranja e sindicalistas, bem
como em dados secundários obtidos em textos acadêmicos, jornais e
revistas especializadas. Para identificar os atores relevantes e compreen-
der as controvérsias, disputas e alianças que irão caracterizar o processo
de constituição e transformação das formas de combate à doença, foi
utilizada a Teoria Ator-Rede (actor network theory) desenvolvida por
autores como Bruno Latour, Michel Callon e John Law. Trata-se de en-
tender como entidades sociais e naturais formam uma rede de relações
nas quais definem mutuamente o que são e o que querem ser.
O principal conceito utilizado neste capítulo é o de tradução (trans-
lation) desenvolvido por Callon (1986)2. O processo denominado de
tradução (translation) descreve as redes como a consequência da esta-
bilização temporária de um conjunto de forças que se formam a partir
de uma série de movimentos estratégicos e de negociações. O processo
de tradução é composto de quatro etapas que delineiam o ator-rede, ou
seja, aquele/a (pessoa, instituição, patógeno, etc.) com capacidade de
ordenar a rede, traduzindo os interesses dos demais elementos da rede
em direção ao alcance de um objetivo.3
Ao longo deste capítulo, os dados são analisados utilizando as quatro
etapas do processo de tradução descritas por Callon (1986), que são:
• Problematização (problematization) – envolve a interdefinição de
um conjunto de atores de forma a estabilizá-los no ponto de passagem
obrigatório da rede de relações que pretendem construir.4
• “Interessamento” (interessment) – grupo de ações pelas quais uma
entidade tenta impor e estabilizar os atores definidos na problematização.
Diferentes dispositivos são usados para implementar e impor essas ações,
o que Callon (1986:70-71) chama de “dispositivos de interessamento”

2 Para Callon, “o repertório da tradução permite explicar como poucos obtêm o di-
reito de expressar e representar muitos atores silenciosos do mundo natural e social
que eles mobilizaram” (1986:82).
3 Interesse é entendido como “aquilo que está entre os atores e seus objetivos, crian-
do assim uma tensão que fará os atores selecionarem apenas aquilo que, em sua
opinião, os ajude a alcançar esses objetivos entre as muitas possibilidades existentes”
(Latour, 2000:179).
4 Ponto de passagem obrigatória é jargão militar que designa aqueles que possuem
uma capacidade de se fazerem indispensáveis, de ocuparem posições privilegiadas,
já que o objetivo é inalcançável sem eles (Latour, 2001:220). Dessa forma, o ator (tra-
dutor) tenta se tornar indispensável para os demais criando uma geografia de pontos
de passagem obrigatória por onde as entidades que desejam continuar a existir e se
desenvolver são forçados ou convencidos/as a passar (Callon, Law & Rip, 1986).

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(devices of interessment) ou “como os aliados são estabilizados” (how
the allies are locked into place).5
• Definição e coordenação de papéis (enrolment) – processo no
qual um conjunto de papéis inter-relacionados é definido e atribuído
aos atores que os aceitam.
• Mobilização (mobilization of allies) – alcançada quando há a defini-
ção do tradutor na rede e o fechamento de controvérsias. Controvérsias
são entendidas como toda manifestação que contesta a representatividade
do ator e seu fechamento ocorre quando o ator representante está numa
situação em que não pode ser julgado ou questionado.
Em função de controvérsias estabelecidas no processo de tradução
da rede as associações estão o tempo todo sendo redefinidas e trazendo
novos elementos para a rede (Callon, 1994). Um evento ou um ator
que interfere na ocorrência de qualquer ação na rede é denominado
mediador (Latour, 2001).6

Problematização – ou como se tornar indispensável

Em 2004, a partir de relatos de citricultores da região central do


estado de São Paulo, diversas entidades de pesquisa passaram investigar o
surgimento de alterações nas plantas de citros. Os sintomas apresentados
levaram à desconfiança de que essa doença poderia ser o Huanglongbing
(HLB) ou greening. No Brasil havia a preocupação em estudar o vetor
da doença (psilideo Diaphorina citri), cuja gravidade já era conhecida.
O conhecimento da sua dinâmica populacional era importante para o
estabelecimento das estratégias de manejo da doença, já que em países

5 As relações de poder são construídas nas relações presentes na rede e os disposi-


tivos de interessamento revelam essas relações na maneira pelas quais os atores são
controlados e obrigados a se manterem em suas alianças. Vale ressaltar que dentre
os dispositivos utilizados estão as inscrições (inscriptions), ou seja, a incorporação
de padrões sociais e de relações de poder no material, que podem assumir a forma
de artefatos técnicos, textos e argumentos. As inscrições permitem agir sobre os
outros à distância, pois tornam possível a construção de ligações entre as entidades
existentes e a formação de novas entidades (Callon, Law & Rip, 1986:10-11).
6 Os mediadores são meios e fins, ao mesmo tempo, são não humanos que penetram
no fluxo de nossas relações e que nós incessantemente recrutamos e socializamos
(Latour, 2001: 226, 227). Ainda de acordo com Latour, a mediação “reside no ponto
cego onde sociedade e matéria trocam propriedades” (2001:218).

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da África e Ásia, por exemplo, cerca de 50 milhões de laranjeiras foram
afetadas pela doença7 (Yamamoto, Paiva e Gravena, 2001).
O primeiro instituto a detectar a bactéria do greening no Brasil foi
o Centro APTA Citros (Centro de pesquisa tecnológica do agronegó-
cio do citros “Sylvio Moreira”), do Instituto Agronômico de Campinas
(IAC). Testes de PCR (Reação em Cadeia da Polimerase) confirmaram
a hipótese da doença. Essa técnica detecta o DNA da bactéria por meio
do sequenciamento do produto de amplificação do DNA. Assim, um
fragmento de DNA do tamanho esperado para Candidatus Liberibacter,
agente causal do greening, foi amplificado e o padrão de restrição e
sequenciamento do DNA confirmaram a semelhança com a bactéria
encontrada nas plantas (Informativo Centro de Citricultura, 2004). Duas
formas da bactéria, a Candidatus Liberibacter asiaticus e a africanus
já eram conhecidas desde a década de 1990 como agentes causais da
doença. Em 2004 novas pesquisas realizadas pelo Fundecitrus (Fundo
de Defesa da Citricultura) detectaram uma terceira espécie do grupo das
bactérias, até então desconhecida mundialmente. Essa nova espécie foi
denominada de Candidatus Liberibacter americanus e seus genes foram
caracterizados em seguida. A doença é associada a três bactérias cuja
identificação taxonômica é candidata (Candidatus) devido à dificuldade
em cultivá-las em laboratório e isolá-las (Oliveira, 2009).8
Parcerias entre centros de pesquisas nacionais e internacionais
começaram a surgir no Brasil, a partir de 2004, no intuito de encontrar
soluções curativas para a doença, mas ainda não tiveram êxito. As pes-
quisas visavam também ao estabelecimento de um diagnóstico eficiente
para as plantas contaminadas, à definição de critérios para identificação
visual dos sintomas causados pela bactéria e à formulação de regula-
mentação para o manejo de plantas doentes.

7 O Diaphorinacitri, de ocorrência na Ásia e América, é um pequeno inseto, mede de


2 a 3 mm de comprimento, possui coloração cinza e manchas escuras nas asas. Vale
ressaltar que o psilídeo associado à transmissão da espécie africana da bactéria é o
Triozaerytreae, no entanto, cada um dos psilídeos pode transmitir as tr
8 Em 2008 foi finalizado pelo USDA o sequenciamento genético da Liberibacter asia-
ticus, espécie asiática da bactéria e com predomínio no Brasil. A espécie asiática
do greening possui um genoma pequeno, com cerca de 1,2 milhão de pares de base,
quando comparado com a maioria dos patógenosbacteriais de plantas. Isso poderia
ser indicativo da dificuldade em cultivá-la em laboratório, já que sua sobrevivência
seria dependente de uma associação compulsória com outras bactérias. A limitação
metabólica dessa bactéria indicaria que elas individualmente não seriam capazes de
causar HLB, necessitando de umamicroflora para promover os padrões metabólicos
ausentes (Gottwald, 2010:121).

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Figura 1– Definição do ponto de passagem obrigatório

*Ponto de passagem obrigatório: convencer os atores a cumprir as instruções de manejo


(inspeções e erradicação das plantas doentes). Fonte: Callon (1986) adaptado pelas
autoras em 2010.

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A base técnica de controle do greening prevê a realização de inspeções
constantes nos pomares, pulverização com inseticidas para controlar
o inseto vetor, a erradicação de plantas contaminadas e a aquisição de
mudas sadias.
A responsabilidade pela difusão dessas medidas ficou a cargo do
Fundecitrus (Fundo de Defesa da Citricultura)9. Ao longo dos anos o
Fundo, além de atuar na realização de pesquisas científicas, ele se constitui
em um importante aliado no combate a doenças citrícolas no estado de
São Paulo, contando com diversos escritórios pelo estado e um grande
número de agrônomos e técnicos para realizar vistorias nos pomares.
Para Patrícia Bortolato, responsável pela área de comunicação do
Fundecitrus, a pior doença enfrentada pela citricultura sempre foi o
cancro cítrico, mas “com a chegada do greening é outra história, o gree-
ning é um divisor de águas para a citricultura” (Entrevista de pesquisa
realizada em 2009).
O Fundecitrus posiciona o greening como a nova ameaça da citri-
cultura nacional, só possível de ser combatida a partir da divulgação
e implementação das formas prescritas de manejo da doença. Assim
outros atores passam a estar envolvidos na problematização apresenta-
da pelo Fundo e levados ao ponto de passagem obrigatória da rede de
combate à doença.

9 O Fundecitrus foi criado em 1977 pela união de citricultores e indústrias proces-


sadoras para assegurar a sanidade do parque citrícola, com o objetivo, na época, de
auxiliar no combate ao cancro cítrico, e cujas atividades são financiadas principal-
mente por produtores de citros e indústrias processadoras de suco. A contribuição é
realizada a partir de cálculo com base no número de caixas de laranja processadas
por caixa de 40,8 Kg. São recolhidos R$ 0,09 por caixa entregue pelo produtor para
as indústrias de suco de laranja, com contrapartida idêntica das indústrias.

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A Figura 1 relaciona os diferentes atores, seus objetivos10 e os obstá-
culos encontrados. Para atingir os objetivos e superar os obstáculos, eles
precisam cruzar o ponto de passagem obrigatório (PPO), que se define
no processo de problematização estabelecido pelo Fundecitrus, o qual
tenta assumir o papel de tradutor da rede. Entre os atores envolvidos
na problematização, vale destacar:
a) Indústrias processadoras de suco de laranja: no total são dezes-
sete indústrias de processamento no Estado de São Paulo, no entanto,
apenas três empresas (Citrosuco-Citrovita, Cutrale e Coinbra - Dreyfus)
são responsáveis por mais de 70% do processamento de suco do país,
conformando o que alguns autores chamam de oligopólio concentrado.
As treze restantes são pequenas ou médias empresas.
A empresa líder de mercado resulta da aquisição entre as empresas
Citrosuco, empresa de capital nacional pertencente ao grupo Fischer, e
Citrovita do grupo Votorantin. Ambas respondem por cerca de 40%
do mercado produtor de suco no Brasil e 25% da produção de suco de
laranja consumido no mundo (FSB, 2010; Westphalen, 2011). A Cutrale,
empresa de capital nacional, detém o segundo lugar na produção de
suco no país; em seguida vem a empresa Coinbra, pertencente ao grupo
francês Louis Dreyfus.
Além do processo de concentração iniciado nos anos 1990, a indús-
tria possui hoje de 25% a 35% dos pomares do Brasil, graças a sua estratégia
de verticalização para trás (Neves, 2008). As indústrias possuem oito
representantes no conselho do Fundecitrus e são as responsáveis por
repassar anualmente a verba recolhida ao Fundo, uma vez que o repasse
está atrelado ao contrato de compra e venda da fruta. Desde junho de
2009 as indústrias possuem como representante de seus interesses a
CitrusBR (Associação Nacional dos Exportadores de Sucos Cítricos).
b) Produtores rurais: de acordo com estimativas da Associação
Brasileira de Citricultores (Associtrus), existem no estado de São Paulo
cerca de 10 mil produtores; em sua maior parte por pequenos produtores
que respondem pela menor parcela produzida. Desde o início dos anos
1990 tem diminuído o número de produtores e crescido a concentração
fundiária do setor. O encarecimento da produção constitui forte barreira

10 “A operação de tradução consiste em combinar dois interesses até então diferentes


num único objetivo composto [...] os interesses são transladados, quer dizer, quando
se frustram seus objetivos, os atores tomam atalhos pelos objetivos de outros, daí
resultando uma derivação com a linguagem de um ator sendo substituída pela lin-
guagem de outro” (Latour, 2001:106).

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à permanência dos pequenos e médios produtores rurais11 principalmente
com a disseminação de novas doenças. Soma-se a isso o conflito entre
indústrias e produtores com relação aos preços pagos pela caixa,12 que
se acentuou com o processo de concentração industrial e aquisição de
pomares pelas indústrias. A Associtrus é a entidade representante dos
citricultores. Criada na década de 1970 e com pouco mais de 1.000 as-
sociados no estado de São Paulo, ela foi co-fundadora do Fundecitrus.
Os produtores também possuem oito representantes no conselho do
Fundo, mas o Presidente da Associtrus, Flávio Viegas, reivindica um
espaço para a associação no conselho do Fundo, que afirma ser dominado
pelos interesses da indústria (Entrevista de pesquisa realizada em 2009).
c) Centros de pesquisa e laboratórios: de forma geral, estão envolvi-
dos no projeto de combate ao greening: o Fundo de Defesa da Citricultura
(Fundecitrus), a Embrapa (Empresa Brasileira de Agropecuária), o Centro
de Citricultura do Instituto Agronômico (IAC), a Escola Superior de
Agricultura Luiz de Queiroz (ESALQ), o Centro Francês de Cooperação
Internacional em Pesquisa Agropecuária para o Desenvolvimento
(CIRAD), o Serviço de Pesquisa Agrícola do Departamento de Agricultura
dos Estados Unidos (ARS/USDA), dentre outros. Tem destaque o tra-
balho realizado pelo fitopatologista Joseph Marie Bové do laboratório
de biologia celular e molecular (INRA) da universidade de Bordeaux
II, na França. Considerado o maior pesquisador da área de citros, ele
colaborou com um estudo pioneiro no Brasil sobre o sequenciamento
genético da praga Xylella Fastidiosa, causadora do CVC (clorose variegada
dos citros ou “amarelinho”). A Xylella foi o primeiro fitopatógeno de
uma planta no mundo a ter um genoma sequenciado. O experimento foi
finalizado em fevereiro de 2000 por pesquisadores e institutos paulistas
financiados pela FAPESP (Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado
de São Paulo) (Oliveira, 2009).
d) Secretaria da Agricultura e Abastecimento do Estado de São
Paulo: a Secretaria cuida das políticas agrícolas voltadas para a assis-

11 Não há uma classificação para produtores por volume de produção, no entanto, o


Fundecitrus considera como grandes produtores os que possuem acima de 100 mil
pés e, como pequenos produtores, os que possuem menos de 10 mil pés de laranja.

12 No ano de 1995 houve o fim do contrato de participação que assegurava o atrela-


mento dos preços internos pagos pela laranja às cotações do suco na bolsa de Nova
York. Desde o seu rompimento, as relações entre indústrias e produtores ficaram
abandonadas às relações de poder internas à cadeia, uma vez que o Estado não esta-
beleceu uma nova política para o setor.

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tência técnica, extensão rural e defesa agropecuária. A Coordenadoria
de Defesa Agropecuária (CDA) constitui o sistema público executivo
de defesa agropecuária em São Paulo. Sua prioridade é a erradicação
de doenças e pragas, além de assumir o objetivo de “garantir a sanidade
e a qualidade nas cadeias produtivas do setor agropecuário paulista”
(CDA, 2009).
e) Indústrias de Agroquímicos: o grupo dos agroquímicos pode ser
dividido entre herbicidas, inseticidas e fungicidas. No Brasil a produção
é concentrada em oito empresas, das quais a maioria é de capital estran-
geiro. Syngenta (Suíça), Bayer (Alemanha), Basf (Alemanha) e Monsanto
(Estados Unidos) são responsáveis por 55% das vendas no mercado bra-
sileiro. Desde 2008 o Brasil assume a posição de maior consumidor de
agroquímicos do mundo (Rocher, 2010). Dados da SINDAG (Sindicato
Nacional da Indústria de Produtos na Defesa Agrícola) apontam que
em 2010 a citricultura consumiu 3,1% (229 milhões de dólares) do total
de defensivos comercializados no país.
f) Indústrias de Fertilizantes: no Brasil a produção é concentrada e
dominada por empresas multinacionais. Bunge (EUA), Yara (Noruega),
Mosaic (grupo Cargill, EUA), Heringer (Brasil), Fertipar (Brasil) são as
líderes de mercado. Em 2010, a Vale comprou partes dos ativos da Bunge,
diminuindo assim a participação estrangeira no mercado nacional de
fertilizantes. Na citricultura vem crescendo o consumo de fertilizantes
foliares que servem como complementação da adubação de solo forne-
cendo micronutrientes (B, Cl, Cu, Fe, Mn, Mo, Zn) que serão absorvidos
diretamente pela folha e que são pouco absorvíveis na adubação pelo
solo, ao contrário dos macronutrientes primários como N, P, K. Esse
novo segmento é bastante fragmentado e encontra-se em expansão na
indústria de fertilizantes.
g) Produtores de mudas (viveiristas): há um grande número de vivei-
ristas no estado de São Paulo, divididos entre produtores independentes,
empresas comerciais e não comerciais, como é o caso das indústrias
processadoras que possuem viveiros próprios. Desde 1997 o Fundecitrus
promove uma série de orientações técnicas quanto à produção de mudas
sadias. No ano de 2003 o Fundecitrus consegue junto ao Ministério da
Agricultura a publicação de uma lei que torna obrigatória a produção de
mudas em ambientes telados no estado de São Paulo. A lei prevê uma
série de diretrizes para a produção de mudas, dentre elas, a produção em
ambientes protegidos com tela de malha a prova de insetos e enxertada
obrigatoriamente com borbulhas oriundas de borbulheiras cadastradas,

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as quais são examinadas anualmente e mantidas em ambiente protegido
com o mesmo tipo de malha (CDA, 2005).
h) Engenheiros Agrônomos e Biólogos: apesar de constituir um
conjunto bastante heterogêneo de profissionais no que diz respeito as
suas funções, há dentre eles um grupo de profissionais estudiosos dos
impactos provocados por certas práticas e insumos agrícolas nos ecos-
sistemas ambientais e envolvidos na disseminação de práticas como o
manejo integrado de pragas (MIP).

“Interessamento” – ou como estabelecer alianças

Com a descoberta da bactéria causal do greening no Brasil o


Fundecitrus passa a negociar com outros atores a construção de uma
série de dispositivos ou devices of interessment (Callon, 1986:71). O in-
tuito era alcançar o objetivo estabelecido na problematização, ou seja,
disseminar as instruções quanto às formas de combate a doença.
Dentre os dispositivos negociados estão instruções normativas
que estabelecem as diretrizes para o controle da doença e o estabeleci-
mento de um convênio com a Secretaria da Agricultura do estado de
São Paulo. A primeira instrução normativa, a INNo 10, foi publicada em
março de 2005 pela Secretaria de Defesa Agropecuária do Ministério
da Agricultura Pecuária e Abastecimento (MAPA) e previa a respon-
sabilidade dos produtores quanto à inspeção semestral dos pomares e
notificação dos pomares infectados aos órgãos competentes, cabendo
ao Órgão Estadual de Defesa Sanitária Vegetal (OEDSV) realizar, no
mínimo, uma inspeção anual nas propriedades onde não foi detectado
o HLB e uma inspeção semestral nas propriedades onde foi detectado
o HLB. No mesmo ano, o Fundecitrus solicita apoio ao MAPA para
colocar em prática as diretrizes, que previam, entre outras medidas, a
fiscalização nas propriedades. Como o poder público não possuía um
corpo de funcionários suficiente para fazer as vistorias, foi necessá-
ria a assinatura de um convênio entre o Fundecitrus e a Secretaria da
Agricultura do estado de São Paulo, que repassaria uma verba anual
para que a entidade auxiliasse na vistoria das plantas.
Nesse momento inicia-se a realização de experimentos para validar a
aplicação de inseticidas no controle do psilídio D. Citri e a comprovação
da eficiência dos inseticidas quando aplicados em mudas de viveiros. Os
ensaios conduzidos pelo departamento científico do Fundecitrus nos anos

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de 2004 e 2006 (Yamamoto et al., 2009; Sanches et al., 2009) envolveram
a avaliação de inseticidas com ingredientes ativos pertencentes, em sua
maior parte, à família química dos Neonicotinoides.13 Todas as marcas
testadas pertenciam ao portfólio das multinacionais Bayer e Syngenta,
com exceção de um produto da Iharabras. A literatura científica já iden-
tificava o uso de agroquímicos para o controle do vetor, mas, mesmo
assim, os experimentos permitiram a inclusão de novos produtos com
os mesmo ingredientes ativos testados no combate ao psilideo; como
foi o caso da Bayer, que em 2007 passa a divulgar a inclusão do Provado
200 SC,14 importante inseticida do portfólio da empresa, no combate ao
Diaphorina Citri (Informativo Bayer Crop Science, 2007).
No mesmo período surgem parcerias entre as indústrias de agro-
químicos e o Fundecitrus. Com o objetivo de difundir informações
sobre o manejo do problema, a Syngenta realiza um programa chamado
“informação no campo”, que divulgava informações sobre a doença em
feiras realizadas pelo estado de São Paulo e apresentava as linhas de
produtos comercializados pela empresa. A Syngenta também realizou
campanhas em outdoors. Dentre os slogans da campanha encontram-se:
“Todos contra o greening, quem avisa amigo é”; “Todos contra o greening,
pé achado, pé eliminado”, reforçando-se assim a importância da erradi-
cação dos pés contaminados pelos produtores. A Bayer também apoiou
iniciativas de divulgação, além de organizar eventos com pesquisadores
para debates sobre a doença e a divulgação de produtos.
Ao mesmo tempo, métodos alternativos de controle do psilídeo
eram negociados. Há relatos de regiões afetadas por greening que foram
muito bem sucedidas por meio do controle biológico do inseto.15 O
controle biológico é um componente do manejo integrado de pragas,
que visa, dentre outros fatores, à readequação das práticas agrícolas
por meio do uso racional de inseticidas, sem desequilibrar o ambiente
e sem matar seus inimigos naturais. O inimigo natural do Diaphorina é
a vespa Tamarixia radiata, cuja presença não foi dectetada por estudos
realizados em 1996, porém, em 2005, pesquisadores da Esalq/Usp em
Piracicaba e pesquisadores da empresa Gravena (manejo ecológico de
pragas), em Jaboticabal, confirmaram a presença do inimigo natural
do HLB no Brasil. Nesse momento, iniciam-se pesquisas para avaliar

13 Ingredientes ativos originários da molécula de nicotina como, por exemplo, imi-


dacloprid, thiamethoxam e acetamiprid.
14 Seu ingrediente ativo é o imidacloprid, da família dos neonicotinoides.
15 É o caso de Porto Rico e do Caribe.

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a eficácia da reprodução da espécie e a busca por inseticidas seletivos
que não agridam a T. radiata.
Em 2006 o Fundecitrus, por meio de sua Revista, passa a informar
aos produtores que a lista de agroquímicos no cultivo de citros passaria
a ser atrelada, no ano seguinte, a todos os contratos de fornecimento de
frutas firmados com indústrias processadoras e também no protocolo
da PIC (Produção Integrada de Citros). A nova prática teria como in-
tuito adequar a produção de suco de laranja às exigências dos mercados
compradores internacionais, principalmente os da União Europeia. No
ano de 2007, o Comitê de agroquímicos da Fundecitrus (formado por
representantes dos citricultores, das indústrias processadoras de suco
e de instituições de pesquisa) adicionou à lista um novo princípio ativo
para o controle do inseto Diaphorina citri.16
Outro dos dispositivos negociados envolveu a intensificação da
campanha da utilização de mudas sadias no controle do greening, já que
outra forma de sua transmissão é o uso de borbulhas de plantas doentes.
De acordo com Patrícia Bortolato, do Fundecitrus, quase não há mais
viveiros que não sigam as normas de segurança estabelecidas em lei, no
entanto, ainda existem produtores que continuam a comprar a “muda de
chão”, por ser mais barata.17 O Fundecitrus reforçou a recomendação feita
aos produtores quanto à aquisição de mudas de viveiristas cadastrados
no site institucional da CDA (Centro de Defesa da Agricultura) e, em
parceria com o Vivecitrus (Organização Paulista de Centro de Mudas
Cítricas) e o Centro de Citricultura “Sylvio Moreira”, realizou eventos
para divulgar as informações junto aos produtores.
Em 2006 a Instrução Normativa No 10 foi substituída pela Instrução
Normativa No 32, que previa a realização de inspeções amostrais pelos
órgãos de sanidade agropecuária nas propriedades produtoras de citros
e a obrigatoriedade da entrega de relatórios de inspeção por parte dos

16 O novo princípio ativo é o fosmete, da classe de inseticida do grupo químico dos


organofosforados, cujo nome comercial é Imadan, da empresa Crosslink. Os orga-
nofosforados pertencem à segunda classe de inseticidas, são compostos orgânicos
derivados do acido fosfórico e seus homólogos, e são os inseticidas mais tóxicos para
os vertebrados, como mamíferos e peixes (Faria, 2009). De acordo informações dis-
ponibilizadas no site da empresa comercial Crosslink, o produto propicia controle
de psilídeo superior a 95% por até 31 dias, e o modo de ação do Imidan é por contato
e ingestão, sendo um produto moderadamente tóxico.
17 De acordo com informações obtidas junto a produtores rurais, uma muda certifi-
cada custa em média três vezes mais do que a muda não certificada. Acredita-se que
mudas são trazidas de Minas Gerais, onde não é aplicada a lei, para serem comer-
cializadas em São Paulo.

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produtores, bem como a erradicação das plantas de murta (M. paniculata)
hospedeira do vetor. No mesmo ano houve a criação do programa nacio-
nal de combate ao greening18 e a Coordenadoria de Defesa Agropecuária
(CDA) passou a atuar em parceria com o Fundecitrus.
Apesar dos esforços e mobilizações para a adequação dos produto-
res às normas previstas na instrução normativa, a doença continua a se
espalhar pelo estado de São Paulo e para outras regiões do país; como
foi o caso de Minas Gerais, que já possuía registro da doença no ano
de 2005, e do Paraná em 2007.
Em 2007, o Fundecitrus vale-se de outro dispositivo. Convida o
fitopatologista francês Joseph Marie Bové para um evento que contou
com a presença de representantes da indústria, de citricultores e do
governo estadual. Após o evento, o então Presidente do Fundecitrus,
em uma carta veiculada na edição 138 da Revista Fundecitrus, afirma:

O pesquisador francês Joseph Bové, uma das maiores autoridades em


doenças de citros no mundo, fez um alerta impressionante: corremos o
risco de perder o controle do greening [...] Se, por um lado temos muitos
citricultores fazendo o controle de forma correta, existem muitos outros
que, por falta de conhecimento ou desinteresse econômico, estão deixando
de fazer [...] Já vínhamos preconizando a necessidade de mobilização de
indústrias, produtores, Fundecitrus e governos. O alerta de Bové deixa
isso claro e premente. Nessa fase de transição, em que a responsabilidade
pela inspeção ainda não está totalmente assimilada pelos citricultores,
precisamos de recursos e esforços adicionais para uma campanha de
esclarecimento mais agressiva e ao mesmo tempo aumentar a capacidade
de monitoramento dos pomares e de fiscalização da implantação da IN
32. (Bergamaschi, 2007:3)

No mesmo ano do evento, o Fundecitrus solicita verbas emer-


genciais para combate ao greening junto às indústrias processadoras.
Ficou acordado que cada empresa contribuiria com 1,5 milhão de reais.
Somente a Louis Dreyfus se recusou a fazê-lo e propôs, em vez disso,
contribuir com R$ 900 mil, valor correspondente aos cerca de 15% que
possuía no mercado de suco de laranja, mas posteriormente voltou atrás
e contribuiu com o valor solicitado (Notícias Associtrus, 2007).

18 Criado pelo Ministério da Agricultura, Pecuária e Abastecimento (MAPA), ampa-


rado pela Instrução Normativa Nº 32, de 29/09/06, sendo executado no estado de São
Paulo pela Secretaria da Agricultura e Abastecimento, através da Coordenadoria de
Defesa Agropecuária.

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Na mesma época, o Fundecitrus, visando adequar-se ao novo código
civil brasileiro, muda seu estatuto. O novo estatuto prevê a ampliação
da base de arrecadação da entidade, com diminuição do percentual de
contribuição das indústrias, ampliação da contribuição de citricultores
e viveiristas e substituição da forma atual de recolhimento das contri-
buições.19 De acordo com o Fundecitrus, a ideia era fornecer um sistema
de contribuição com base legal mais justa e transparente.20
Apoiando-se em trabalhos publicados entre os anos de 2006 e 2007,
o Fundecitrus propõe ao governo federal um novo critério de erradica-
ção das plantas doentes. Os trabalhos apontavam que, além das plantas
identificadas com o HLB, havia a possibilidade de muitas outras também
estarem infectadas, embora seus sintomas não fossem passíveis de serem
detectados visualmente e nem por meio do teste de PCR.21 A estimativa
do grau de incidência total da doença em uma propriedade se converte
em ferramenta de tomada de decisão ao permitir que o produtor opte
pela solução mais viável economicamente (erradicar totalmente as plantas
contaminadas e replantá-las ou prosseguir com métodos paliativos até
que a planta atinja seu limite de produção).
Em 2008 o novo critério de erradicação é estabelecido. A Instrução
Normativa No 53 substitui a IN 32 e determina a eliminação de todas as
plantas do talhão (sintomáticas ou não) quando a incidência da doença
é superior a 28%.22 A IN 53 baseia-se na hipótese formulada por pesqui-
sadores do Fundecitrus de que para cada planta doente existem mais três

19 Essas serão calculadas com base no número de pés cítricos de propriedade de cada
associado e não mais por caixas (Neves, 2007).
20 A forma de contribuição das indústrias sempre foi motivo de desconfiança por
parte dos representantes dos produtores. Como o repasse realizado pela indústria
é baseado em uma estimativa de caixas que serão processadas ao longo do ano e
a informação real do número de caixas processadas e dos fornecedores é sigilosa,
os produtores acreditam que as indústrias estipulariam um valor inferior ao real
número de caixas, arrecadando mais e em contrapartida contribuindo menos ao
fundo, ou seja, para os produtores, a indústria diz que processa menos laranja e com
isso arrecada mais.
21 As pesquisas apontavam que havia uma alta variabilidade temporal de incubação
e de latência da doença que seria bastante afetada pela idade das árvores, o que mos-
traria que uma planta assintomática poderia ter sido fonte de infecção para outras
numerosas árvores (Bové, 2006; Gottwald, 2007).
22 Publicada no Diário Oficial da União no dia 17/10/2008, também determina: a am-
pliação de uma vistoria semestral obrigatória para uma trimestral nos pomares, rea-
lizada pelos citricultores, e a proibição de produção, comércio e trânsito de material
propagativo (como mudas infectadas) e de plantas de murta (Murrayapaniculata)
nos municípios de ocorrência da doença.

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em que o sintoma não se manifestou, mas que já estão com a bactéria. No
período de três meses a um ano a planta começa a manifestar o sintoma
e em cinco anos o produtor a perde. Em um artigo os pesquisadores
do Fundecitrus ressaltam a estratégia em combater a fonte do inóculo:

Considerando a rápida expansão da doença e a inexistência de medidas


curativas, é urgente a necessidade de se reduzir o inóculo do HLB (plantas
doentes). A influência de pomares e propriedades com alto potencial de
inóculo, sobre propriedades nas quais medidas de controle são adotadas,
resultam em prejuízos econômicos imediatos, e justifica, portanto, a ação
governamental no intuito de eliminar essas fontes de inoculo. (Belasque
Júnior, et al., 2009:140)

Em 2008 novas pesquisas são realizadas e com elas informações


importantes sobre o comportamento do vetor são publicadas. Essas
pesquisas apontam para novas estratégias de manejo que deslocam o
foco de combate do inóculo para medidas integradas de controle do
vetor e mudanças nas práticas agrícolas tradicionais.
O pesquisador Timothy Gottwald, da USDA, por exemplo, realiza
duas importantes pesquisas. Em uma delas identifica o chamado “efeito
bordadura” da doença, que se concentraria nas interfaces entre o pomar
e espaços vazios (ao longo de estradas, canais e lagos dentro do pomar).
O acúmulo ao longo das bordaduras indica que a maioria da população
migratória dos psilídeos permanece nas primeiras plantas com as quais
tem contato na bordadura dos pomares. Portanto, a distribuição da
doença no pomar seria uma indicação indireta da preferência migratória
e alimentar dos psilídeos. Essa hipótese é reforçada por outra pesquisa,
que atesta a influência predominante da migração e transmissão do
HLB através da transmissão primária, ou seja, de psilídeos vindos de
fora dos talhões. Também indica que são provavelmente inúteias as
tentativas de controle do HLB localmente, já que a distância de plantas
com sintomas na vizinhança ou mesmo dentro de talhões, em geral, não
contribui significativamente para a sua “sobrevivência”; considera ainda
estratégias regionais de manejo como medida mais eficaz de controle do
inseto (Gottwald, Irey, Gast, 2008; Gottwald, Irey, Taylor, 2008).
No mesmo ano, no Brasil pequisadores da Esalq/Usp mostram dados
preliminares de pesquisa que apontam o potencial de ação do parasi-
toide da Tamarixia radiata sobre o inseto vetor do HLB (Torres, 2009).
Outras pesquisas na Esalq verificavam os efeitos do uso de inseticidas
sobre o Diaphorina e seu parasitoide (Ferrari, 2009; Carvalho, 2008).

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Em entrevista concedida à Revista Fapesp (2009:67-71) o pesquisador
José Roberto Postali Parra da Esalq/Usp23 e Marcos Antonio Machado do
IAC24 relatam respectivamente que “alguns produtos químicos usados
como inseticidas contra o psilídeo não são mais eficientes, mas podem
matar as vespinhas usadas no controle biológico” e que “o controle quí-
mico chega a ser exagerado, feito até duas vezes por mês. É impossível
conter a doença apenas controlando o inseto, além de faltar conhecimento
maior sobre esse tipo de aplicação” (Oliveira, 2009:69-70).
Outra pesquisa realizada em 2008 teve seus resultados divulgados
no site institucional da Associtrus. O experimento, realizado na cidade de
Brotas pelo engenheiro agrônomo Antônio Tubelis, ex-professor titular
da Faculdade de ciências agronômicas da Unesp de Botucatu, aponta
que a difusão da doença na região ocorreu de duas maneiras distintas:
através de “organismo vivo” (psilídeo) e por efeito colateral de insumos
e práticas agrícolas usados no ecossistema do pomar. Acrescenta que a
erradicação, ao provocar desuniformidade do pomar, encarece a pro-
dução, inviabilizando-a (Tubelis, 2010).
O agrônomo oferece serviço de consultoria e alerta por meio de sua
página na internet: “Quem diz que greening não tem cura está desin-
formado”. No mesmo site afirma que a erradicação de plantas doentes
e o controle do vetor não seriam suficientes para o controle da doença,
que seriam alcançados somente quando da identificação das práticas
que resultaram na degradação do ecossistema do pomar. Para o autor, a
degradação é consequência do desgaste natural do solo e de alterações
tecnológicas que foram sendo introduzidas na citricultura paulista nos
últimos 45 anos e estariam induzindo a multiplicação do agente causal
da doença no interior dos tecidos das laranjeiras (Pomar sadio, 2011).

23 Coordenador do projeto financiado pela Fapesp e intitulado: Bioecologia e esta-


belecimento de estratégias de controle de Diaphorina citri Kuwayama (hemiptera:
psyllidae), vetor da bactéria causadora do greening nos citros.
24 Coordenador do projeto financiado pela Fapesp e intitulado: Estudos da bactéria
Candidatus Liberibacter spp., agente causal do huanglongbing (ex-greening) dos ci-
trus: diagnóstico, biologia e manejo.

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Coordenação de papéis – ou como defini-los?

“Quando eles (os produtores) pegam confiança na gente, o que a


gente falar vira lei” (Patrícia Bortolato, entrevista de pesquisa em 2009).
O novo critério elaborado pelo Fundecitrus acirrou a resistência
dos produtores em erradicar os pomares. Especialmente a dos peque-
nos e médios, que se rebelaram contra a transferência progressiva da
responsabilidade e custos da erradicação; sendo obrigados a erradicar
as plantas que ainda não apresentam sintomas visíveis de contaminação.
Dessa forma, o maior desafio para o Fundecitrus estava em convencer
os produtores rurais a cumprirem espontaneamente as diretrizes de
manejo. O alto custo das medidas em um cenário de baixos preços
pagos pela indústria constituiu um entrave à adequação dos produtores,
principalmente paraos pequenos produtores.
O presidente do sindicato rural de Bebedouro, José Oswaldo
Junqueira Franco, comenta as alterações estabelecidas na IN53 em en-
trevista ao jornal Stilo Rural & Cidade:

A responsabilização do produtor pelo aparecimento do greening ou por


deixar de fazer erradicação ou a inspeção às suas custas, é uma distorção
em função da legislação existente [..] isso é um crime contra o patrimônio
do produtor, a sua capacidade de obter renda da citricultura e contra a
sua própria capacidade de obter crédito junto aos bancos. (Mattos, 2010)

Patrícia Bortolato, do Fundecitrus, reconhece que com o avanço


do greening ficou muito mais caro e difícil para os pequenos produtores
se manterem na atividade:

O greening tirou muita gente da citricultura só vai permanecer quem for


tecnificado e quem for cuidar mesmo, sabe? Tiver condições de cuidar do
pomar. O que aconteceu: a gente tem cinco anos de doença e nesses cinco
anos acredito que de 20% a 25% foi reduzido de citricultores. (Entrevista
de pesquisa em 2009)

Ainda de acordo com Patrícia Bortolato, o greening está sempre pre-


sente nas bordas das grandes e médias propriedades e seria transmitido
pelas pequenas propriedades que não fazem o manejo correto da doença.
No entanto, de acordo com a pesquisa realizada por Gottwald (2008),
o “efeito bordadura” seria uma tendência geral na forma de dispersão

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dos insetos, identificado em todas as propriedades independentemente
do tamanho.
Muitos produtores, ao mesmo tempo em que resistem à erradicação,
deixam de realizar os tratos culturais necessários nas plantas doentes
como forma de reduzir custos, já que não seria economicamente viável
cuidar de um pé contaminado.

Tem cara que ficou três anos com o greening tirando 50 mil caixas do
pomar; você acha que o cara vai querer arrancar? Se você tiver com um
contrato bom e ainda com baixo custo, pois se o greening está pegando eu
não vou adubar mais, deixa ele levar o pé. Porque o greening não ataca a
fruta diretamente, ela começa a danificar, mas dá para fazer suco ainda, ela
mata mesmo o pé. (Antônio, presidente do Sindicato Rural de Campinas,
entrevista de pesquisa em 2009)

Nesse momento, tratamentos alternativos de combate à doença


começam a surgir. Dentre eles, a utilização em maior concentração de
nutrientes foliares25 cujos benefícios seriam a melhora dos processos de
defesa natural das plantas. Assim, na tentativa de postergar a erradica-
ção das plantas contaminadas muitos produtores passaram a utilizar
esses produtos. Além dos nutrientes foliares há outros promotores de
resistência ou elicitors26 como os produtos SAR (indutores de resistência
sistêmica adquirida), que utiliza ácido salicílico e Bacillus subtilis, uma
bactéria de solo que induz a planta a produzir fitohormônios necessários
ao desenvolvimento de resistência; um produto oxidativo como a água
oxigenada e outros (Stamato, 2010).
No entanto, o efeito desses indutores sobre as plantas gerou con-
trovérsia. Pesquisadores do Instituto Agronômico de Campinas (IAC)
e do Fundecitrus, preocupados com o avanço da doença acreditam que
estes produtos apenas promovam o mascaramento dos sintomas em um
curto prazo de tempo e que tal tratamento “milagroso” poria em risco

25 De acordo com Moura, “Os produtos comumente utilizados nas adubações folia-
res podem ser adubos simples ou misturas de diversas fontes e podem fornecer tanto
macro como micronutrientes. Os mais comuns são Uréia, os Sais de Sulfatos, de
Nitratos, de Cloretos, Quelatos e os Fosfitos” (2010:10).
26 De acordo com Mattos Jr, Quaggio e Boaretto (2010), os promotores são subs-
tâncias inorgânicas, de ocorrência natural ou sintética, ou sinais que estimulam a
resposta hipersensitiva da planta, a qual pode ser comparada a um tipo de “resposta
imune” quando, por exemplo, infectada por algum patógeno.

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a sanidade do parque citrícola ao mudar o foco do citricultor sobre o
manejo adequado da doença (Mattos, Quaggio e Boaretto, 2010).
Um dos produtores entrevistado comentou a utilização de promo-
tores de resistência como forma de adiar a erradicação:

Eles (os produtores) estão fazendo umas pulverizações pra tentar camuflar
e eles não estão arrancando não, já que se for pra arrancar, arranca tudo,
vai controlar com o quê? [...] Eu também tô fazendo, apliquei em vinte
e poucos mil pés, porque é laranja nova né, estou fazendo com isso aí
pra ver. (Francisco, produtor de laranja, entrevista de pesquisa em 2010)

Para conter o avanço da doença todos os produtores entrevistados


disseram fazer inspeções e aplicações de inseticidas em um intervalo
que variava de 15 a 30 dias. O produtor supracitado também demonstra
a sua preocupação quanto aos gastos em pulverizações:

Eu comprei inseticida pra passar na folha gastei quatro mil e quinhentos


reais esses dias, na outra pulverização, faz quarenta dias, eu gastei sete
mil e quinhentos reais [..] tô exagerando, mas tô prevenindo. É caro e
é preocupante eu tô investindo e não sei se o futuro retorna. (Francisco,
produtor de laranja, entrevista de pesquisa em 2010)

De acordo com Flávio Viegas, presidente da Associtrus, “Só com


custo de aplicação, para seguir a recomendação de aplicação quinzenal,
é de 400 dólares por hectare. Esse ano o produtor recebeu pouco mais
de dois dólares, só com o greening gasta um dólar”. Assim, a Associtrus
reivindica a indenização dos produtores que tiveram de erradicar seus
pomares: “o grande avanço é a gente conseguir que haja o reconheci-
mento pelo governo de que o produtor deve ser indenizado pelo que
ele perdeu” (Flávio, entrevista de pesquisa em 2009).
Além do custo de manejo, os produtores se mostram preocupados
com o impacto ambiental provocado pelo crescente uso de inseticidas.
Três produtores entrevistados afirmam que a utilização de inseticidas
estaria causando a morte de abelhas no estado.
Em 2008 a Folha de São Paulo publicou uma reportagem com o
biólogo Osmar Malaspina, pesquisador do Centro de Estudos de Insetos
Sociais do Departamento de Biologia da Unesp de Rio Claro, em que
é alegado que o combate ao “greening” estaria dizimando abelhas no
estado de São Paulo (Ribeiro, 2008). Em 2011, em outra reportagem são
apresentados os dados da pesquisa iniciada em 2008. De 2008 a 2010,
10 mil colmeias de abelhas africanizadas foram mortas por inseticidas

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na região de Rio Claro e em oitocentas a mil colmeias havia sinais de
neonicotinoides (Falcão, 2011).
Os neonicotinoides são comercializados, em sua maioria, pela
multinacional Bayer. Em 2008, após uma série denúncias realizadas
pela ONG Coalition Against Bayer Dangers e de laudos comprovan-
do os prejuízos causados pelos inseticidas às abelhas, autoridades da
Alemanha e de outros países, como a França e a Itália, suspenderam a
comercialização desses produtos (Cortez, 2008). No Brasil sua utilização
é recomendada e consta como ingrediente ativo na lista de agroquímicos
regulamentada pelo setor.

Mobilização – ou como silenciar vozes?

Cada vez mais produtores e demais atores na cadeia citrícola passam


a questionar a representatividade do Fundecitrus no combate à doença.
A intensificação da campanha de erradicação e as dificuldades
impostas ao pequeno produtor fizeram com que muitos deles questio-
nassem a atuação do Fundecitrus: “O Fundecitrus que era para dar um
suporte pra nós, pesquisar a doença, não estão fazendo nada” (Pedro,
produtor de laranja, entrevista de pesquisa em 2009).
Os produtores também alegam que receberiam tratamento dife-
rencial quando comparado com grandes produtores:

A Cutrale, fiquei sabendo, que o Fundecitrus não entra lá dentro, eles estão
controlando e cortando do jeito deles; agora, nós temos de deixar entrar
[...] lá em Brotas tentaram entrar duas vezes, tentaram multar a gente e
entramos com um recurso, deram quinze dias para arrancarmos, só que
estávamos colhendo a laranja, tivemos que cortar para não pagar a multa
de sete mil reais. (José, produtor de laranja, entrevista de pesquisa em 2009)

Em 2009 vários produtores do estado de São Paulo entraram com


ações na justiça contra a erradicação dos pomares e boa parte deles
obteve liminar favorável para adiar a erradicação.
Flávio Viegas, presidente da Associtrus, declara que "o combate à
doença requer participação e mobilização dos citricultores, mas com
a queda da remuneração do produtor e com o controle exercido pelas
indústrias junto ao Fundecitrus, a perspectiva é a expansão da doença
e a inviabilização da citricultura brasileira" (Notícias Associtrus, 2009).

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O presidente da Associtrus declara que, "mesmo sabendo da gravi-
dade do greening, o Fundo “não possui autoridade moral para fiscalizar
e controlar a expansão do problema” (Notícias Associtrus, 2009). A
reivindicação dos representantes dos produtores era reter o foco do
Fundo na pesquisa e a completa manutenção do Fundo pela indústria
sem contrapartida do produtor, uma vez que elas seriam as maiores
interessadas pela sanidade dos pomares".
Além disso, a mudança do estatuto do Fundo em 2007 foi entendida
como uma forma de beneficiar as indústrias, reduzindo sua contribuição
e aumentando seu controle.27 Esse conflito culmina em 2009 na tentativa
da Associtrus de retomar o controle sobre o Fundecitrus, incentivando
os citricultores a suspenderem os pagamentos ao Fundo. De acordo com
Flávio Viegas, “não podemos continuar a financiar um órgão que, em
lugar de defender a citricultura, passou a ser utilizado para executar a
política de concentração e verticalização, pela exclusão dos pequenos e
médios citricultores, do cartel” (Notícias Associtrus, 2009).28
Em entrevista, o Fundecitrus tenta fechar a controvérsia estabele-
cida com a Associtrus ao situar o greening como problema prioritário
a ser tratado:

Enquanto eles ficam discutindo isso, a bactéria está lá. Se tomar uma
proporção muito grande, a gente vai precisar de um período para sanear,
além de ficar sem a laranja. É isso que eles (os produtores) têm de entender,
mas eu sei que é difícil. (Patrícia Bortolato, do Fundecitrus, entrevista de
pesquisa em 2009)

A reivindicação dos produtores vai além dos quesitos técnicos que


envolvem a erradicação ou não das plantas contaminadas com o greening.
A todo o momento os produtores e seus representantes se posicionam
contra a transferência progressiva da responsabilidade e custos da er-
radicação dos pomares e reivindicam a adoção, por parte do Estado, de
políticas agrícolas de proteção ao citricultor.

27 Para Flávio Viegas, a mudança efetuada na base de cálculo privilegia os produ-


tores com índices maiores de produtividade por pé em detrimento dos pequenos
produtores. Além disso, o novo estatuto prevê que o poder de voto na instituição
será proporcional ao número de pés nas propriedades, o que também beneficiaria as
indústrias que possuem pomares próprios (Informativo Associtrus, 2007).
28 Vale ressaltar que desde 1999 tramita no CADE uma ação contra as indústrias
processadoras por indícios de formação de cartel. As quatro empresas são acusadas
de definir o valor máximo a ser pago aos produtores, retirando do produtor qual-
quer poder de barganha.

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Soma-se ao conflito com os produtores a divulgação das pesquisas
realizadas no Brasil e nos Estados Unidos apontando a necessidade
de mudança na estratégia de controle da doença. As novas pesquisas
apontam que, após um período de incubação prolongado e de disper-
são regional, a erradicação dos pomares se torna inviável e o controle
químico requer cada vez mais investimento financeiro dos produtores,
já que são necessárias várias aplicações anuais para reduzir ou manter
baixo o número de vetores (Gottwald, 2010).
O Centro Aptas Citros, referência nacional na difusão de tecnologia
de citros e que em 2005 declarava urgência na legislação sobre HLB e
apoio à Secretaria da Agricultura na implementação de ações man-
datórias de defesa da citricultura (Informativo Centro de Citricultura,
2005), revê sua posição em 2009. Em seu informativo mensal, declara
que o modelo de combate ao greening adotado no Brasil está em franco
questionamento e que:

Há dúvidas de que o modelo de erradicação constante, associado ao


intensivo controle químico do vetor, tenha a eficiência esperada [...]
sobre a atual legislação, o Centro de Citricultura reitera sua posição de
que a erradicação não pode ser negligenciada, mas entende que novas
alternativas devem ser implementadas para permitir a competitividade
do setor. (Informativo Centro de Citricultura, Editorial, 2009:2)

Em janeiro de 2010, por meio de um comunicado divulgado em seu


site institucional, o Fundecitrus reconhece que as ações de controle do
greening não foram suficientes frente ao avanço da doença e afirma que
vem buscando mecanismos que se mostrem mais efetivos no manejo
dela. Dessa forma, o Fundo decide abandonar as ações de inspeções e
erradicação no campo, que passam a ser de responsabilidade dos produ-
tores e da Secretaria da Agricultura por meio da CDA (Coordenadoria
de Defesa Agropecuária).
Como não se deu a renovação do convênio firmado entre o
Fundecitrus e Secretaria da Agricultura, houve uma redução no orça-
mento do Fundo, o que culminou na demissão de 913 funcionários e
no fechamento de 43 escritórios no estado de São Paulo (EPTV, 2010).
O Fundecitrus então redirecionou suas ações para a disseminação de
conhecimento com pesquisas e difusão de tecnologia no campo e passou
a veicular a ideia de que prevenir doenças é a medida mais importante
e barata para manter a sanidade do parque citrícola.

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Em junho de 2010 a Secretaria de Agricultura do Estado de São
Paulo resolveu atender a reivindicação da Associação dos Citricultores
paulistas (Associtrus) e criou o seguro sanitário para o greening.29 O
seguro prevê a indenização de propriedades com até 20 mil plantas,
cujos produtores receberão R$ 4,00 por planta erradicada, limitando-
se o pagamento a 3% das plantas da propriedade. No entanto, o seguro
só indeniza totalmente aqueles produtores que cumprirem todas as
boas práticas agrícolas e as instruções normativas, com a entrega dos
relatórios de inspeção a CDA (Coordenadoria de Defesa Agropecuária).
No entanto, o auxílio do governo estadual durou pouco. Em setem-
bro de 2011 a Secretaria da Agricultura do Estado de São Paulo anunciou
o corte da linha de crédito destinada ao seguro sanitário. Ao mesmo
tempo novos dados do Fundecitrus e do CEPEA/USP (2011) mostram
que o avanço da doença no estado continua. Em 2009, 24% dos talhões
comerciais de laranja (cerca de 29 mil talhões) estavam infectados, em
2010 esses números passam para 38,8% (cerca de 36 mil talhões) e em 2011
já são 50 mil talhões infectados, ou seja, 53,4% dos talhões comerciais.
Dessa forma, o combate ao greening continua, uma vez que a so-
lução definitiva para a doença ainda está longe de ser encontrada. De
acordo com Gottwald, “atualmente não existe nenhum lugar no mundo
onde o greening está sob controle adequado e onde quer que a doença
ocorra, ela continua a expandir em incidência e severidade” (2010:131).
No entanto, houve mudanças na forma de controle da doença com
a adoção, por alguns produtores, de medidas de controle regional da
doença. Há casos no Brasil e nos Estados Unidos de produtores que se
uniram na formação de cooperativas para a realização de pulverização
sincronizada de regiões inteiras. Com o intuito de reprimir os vetores
e consequentemente reduzir a transmissão primária e secundária da
doença, a pulverização ocorreria em momentos estratégicos, como os
períodos de dormência da planta (períodos secos e frios nos quais a

29 Essa medida também foi estendida para o cancro cítrico, outra importante do-
ença do citrus. Para o cancro cítrico serão pagos R$ 19,00 por planta contaminada,
valor limitado a 25% das plantas da propriedade. A indenização é diferente, pois, no
caso do cancro cítrico, além da planta contaminada, o citricultor deverá erradicar
outras que estejam no raio de 30 metros da planta infectada. Ademais, o citricultor
não poderá repor as plantas no local pelo prazo de dois anos, no mínimo. Além
disso, de acordo com o secretário da agricultura, “Essa tolerância maior no cancro
deve-se ao baixo índice de infestação no estado, diferentemente do que ocorre com
o greening” (Secretaria da agricultura, 2010).

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árvores de citrus produzem menos brotações).30 A utilização de elicitors
(SAR) também é adotada por um conjunto de produtores. Apesar de as
pesquisas comprovarem que a melhora do estado nutricional da planta
não cura a planta, defensores de sua importância argumentam que plantas
carentes em nutrientes podem apresentar sintomas que confundem com
o HLB, o que pode fazer com que o produtor erradique mais do que o
necessário. Assim, a nutrição mineral adequada, além de favorecer a alta
produtividade e qualidade, evita as confusões de sintomas de doenças
e erradicações desnecessárias (Medina, 2010).
Em 2011, o Ministério da Agricultura e pesquisadores do IAC e
do Fundecitrus se mostram muito preocupados com a divulgação na
Internet de um produto desenvolvido pela empresa Eko’s Biotecnologia,
que o prometia como a solução para a doença (Agrocim, 2011). Eles
alertaram que os produtores estavam sendo iludidos, já que não existe
cura para a doença e a aplicação de produtos em árvores contaminadas
é ilegal (Bosco, 2011).
As pesquisas em desenvolvimento envolvem o controle biológico do
vetor, mas ainda possuem sucesso limitado. Pesquisas mais promissoras
envolvem o uso de plantas repelentes. Há pesquisas em andamento
em que se testa a viabilidade da utilização de goiabeiras intercaladas
com os pomares de citros. As goiabeiras produziriam voláteis (odor)
que afastam os insetos da planta. De acordo com Gottwald (2010:131,
134), plantas que produzem repelentes naturais teriam uma vantagem
quando comparadas com os métodos de controle a partir do uso de
inseticidas. Muitos inseticidas utilizados atualmente são sistêmicos, o
que requer primeiro a alimentação dos psilídeos para adquirir o nível
letal de inseticida, promovendo-se primeiramente a transmissão do
patógeno e depois sua intoxicação. Outra possível solução a longo prazo
apoia-se em pesquisas que visam à criação de plantas transgênicas e
variedades resistentes à bactéria causadora da doença.

30 Algumas pesquisas mostram que a flutuação populacional de D. citri está intrin-


secamente ligada com o ritmo de brotações das plantas cítricas, havendo abundân-
cia de brotações em períodos de altas temperaturas e precipitação (Costa, 2009). A
aplicação nos períodos de dormência seria mais prejudicial aos psilídeos que esta-
riam debilitados e privilegiaria o não extermínio de abelhas e outros insetos polini-
zadores, ausentes das plantações nesse período.

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Considerações finais

A partir da detecção da bactéria causal do HLB-greening no Brasil


no ano de 2004, tem início a formação de uma rede de combate à do-
ença. O Fundecitrus (Fundo de Defesa da Citricultura) assumiu a di-
vulgação e implementação das medidas fitossanitárias determinadas
por um conjunto de instruções normativas estabelecidas pelo MAPA
(Ministério da Agricultura Pecuária e Abastecimento) utilizando recursos
próprios, recursos públicos e da indústria. Sem solução curativa para
a doença, as medidas envolvem desde o controle químico do inseto
vetor a medidas mais controversas, como a erradicação completa de
pomares contaminados.
Este capítulo se apoiou no referencial teórico da Teoria Ator-Rede,
principalmente no conceito de tradução (translation) desenvolvido
por Michel Callon (1986). Esse referencial possibilitou o mapeamento
dos diversos atores humanos e não humanos em circulação na rede
de combate ao greening. Seguir o processo de tradução dessa rede em
formação permitiu desvendar o conjunto de questões técnicas, políti-
cas, econômicas e sociais imbricadas nas negociações das formas de
controle da doença, bem como a atuação do greening como mediador,
interdefinindo as associações existentes e traçando trajetórias até então
imprevisíveis nos relacionamentos entre os atores.
A mobilização da rede foi marcada por controvérsias em torno das
formas de combate ao greening, principalmente em relação às tecnologias
que deveriam ser utilizadas no controle da doença. As controvérsias
apontavam as tentativas do Fundecitrus de convencer os produtores
rurais a realizar o combate à doença por meio da realização de inspe-
ções nas plantas, da utilização de inseticidas e erradicações de plantas
afetadas. A base científica que defende a erradicação dos pomares como
a única medida eficaz no controle da doença era o ponto crucial da
controvérsia, pois ela era entendida por um conjunto de atores como
uma medida muito drástica e que acarretaria a expulsão de produtores
com menor escala de produção e sem recursos para realizar a reno-
vação do pomar. Nesse momento, tratamentos alternativos passaram
a ser adotados por um conjunto de produtores no intuito de adiar ou
eliminar a necessidade de erradicação dos pomares. Esses tratamentos
baseiam-se na utilização de técnicas de produção e de produtos (como
nutrientes e biodefensivos) que prometem promover a recuperação das
plantas afetadas pelo greening.

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Pequenos e médios produtores se recusaram a assumir a respon-
sabilidade pelo controle e custos de erradicação das plantas em um
contexto de disputa entre produtores, seus representantes e indústrias
processadoras; principalmente no que diz respeito às relações assimé-
tricas de compra e venda da fruta e a redução progressiva dos preços
pagos pela caixa de laranja. Diante desse cenário e da intensificação das
campanhas de erradicação de plantas no estado, os produtores ques-
tionaram a representatividade do Fundecitrus no combate a doenças,
que passou a ser acusado de privilegiar os interesses das indústrias
detentoras de pomares.
O processo de tradução também foi marcado por controvérsias cien-
tíficas quando do aparecimento de alternativas técnicas para o combate
à doença. Houve negociações em torno do papel exercido pelo inseto
vetor na disseminação da doença e no papel das bactérias (Candidatus
Liberacter) cuja definição depende do seu cultivo em laboratório. Também
houve negociações no papel dos nutrientes e seu comportamento nas
plantas contaminadas e na definição do papel exercido pelos inseticidas
cuja negociação envolveu outras entidades como os psilídeos, as abelhas,
vespas, indústrias químicas, etc. De forma geral, as controvérsias apon-
tam para questões como a insustentabilidade ambiental e a inadequação
social das técnicas de controle de doenças adotado no setor.
Ao longo do processo de tradução observa-se como o Fundecitrus e
os organismos fitossanitários fracassaram em traduzir os interesses dos
atores envolvidos na produção da laranja ao reduzirem a problemati-
zação a uma questão de “informação” e “convencimento”, ou seja, a um
problema “técnico”, sem levar em conta as relações sociais e de poder
imbricadas na adoção dessa base técnica. Com o avanço da doença e o
surgimento de novas pesquisas, o Fundecitrus perdeu pouco a pouco o
papel de representante no combate ao greening, o que culmina na sus-
pensão das atividades de inspeção e erradicação realizada por diversos
escritórios do Fundecitrus espalhados pelo estado de São Paulo e na
redefinição de suas atividades.
Ainda sem solução curativa para a doença, novas pesquisas apontam
a necessidade de novas estratégias de manejo que desloquem o foco de
combate do inoculo para medidas integradas de controle do vetor e
mudanças nas práticas agrícolas tradicionais.
Apesar dos sinais de esgotamento do modelo de controle baseado nas
erradicações e uso indiscriminado de inseticidas, medidas alternativas
de controle esbarram nas dificuldades impostas pelo atual modelo de

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produção da cadeia citrícola. Baseado na monocultura e voltado para
a exportação, promove cada vez mais a concentração da atividade nas
mãos de grandes produtores e a utilização de base tecnológica “moderna”
via quimificação.

Referências bibliográficas

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4. Reconsiderando a etnografia da ciência e da tecnologia.1
Tecnociência na prática

Marko Synésio Alves Monteiro

Introdução: adentrando o laboratório

Tradicionalmente usada como método na antropologia, a etnografia


muitas vezes é discutida como uma espécie de elemento definidor dessa
disciplina (Laplantine, 1999; Vidich & Lyman, 2000). Como método de
análise, no entanto, ela vem sendo cada vez mais debatida, analisada e
apropriada pelos mais diversos campos do conhecimento (Bogdan &
Biklen, 1994; Vidich & Lyman, 2000), dentro e fora das ciências sociais.
Mais especificamente para os Estudos Sociais de Ciência e Tecnologia
(ESCT), o uso da etnografia significou uma virada importante nesse
campo, marcando o rompimento de um grupo de autores com as abor-
dagens estruturalistas ligadas a Robert Merton (1973) e sua sociologia
da ciência. Esse grupo encampou um programa de estudos da ciência
que levasse em conta a produção do conhecimento no seu núcleo mais
“duro”, o interior do laboratório (Knorr-Cetina, 1981; Latour e Woolgar,
1997; Sismondo, 2004). Essa virada marcou também o crescimento dos
ESCT nas últimas décadas como um campo disciplinar institucionalizado,
reorganizando seu foco em torno de estudos de caso e sugerindo o para-
digma socioconstrucionista como sua principal fronteira de expansão.2
De forma associada, e paralelamente, a antropologia começou,
nesse mesmo período, a produzir um grande número de estudos sobre
temas ligados à ciência e à tecnologia (Hess, 2001; Martin, 1998). Tal
movimento é relativamente recente, dada a associação clássica entre

1 Este texto foi previamente publicado na Revista Brasileira de Ciências Sociais, volu-
me 27, número 79, junho de 2002, pp.139-151. Ele é republicado aqui com autorização
da revista.
2 O movimento teórico conhecido como Teoria Ator-Rede (Actor-Network Theory)
não será abordado neste capítulo por razões de espaço e coerência do argumento,
apesar da proximidade desse campo teórico com diversas correntes da antropologia
contemporânea.

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antropologia e culturas não ocidentais, contextos “tradicionais” e sa-
beres não científicos. A ideia de que caberia ao antropólogo conhecer
contextos não industrializados, de baixo desenvolvimento tecnológico e
com uma cultura material “pobre” (sempre pensados em contraste a um
Ocidente industrializado) solidificou uma divisão intelectual do trabalho
que excluiu por muito tempo os questionamentos mais propriamente
antropológicos de contextos considerados de alta tecnologia ou nos
quais ocorre a produção de conhecimento científico.
Tal divisão não é fortuita: tida como bastião da racionalidade oci-
dental, a ciência contemporânea configura a esfera de produção de
verdades e saberes mais valorizada pelas sociedades industrializadas. O
conhecimento científico, como atestam os ESCT, possui no Ocidente um
caráter quase sagrado, uma vez que evita a todo custo questionamentos
sobre as condições de sua produção. Da mesma maneira, os agentes
envolvidos nesses processos possuem enorme prestígio social, o que
também insere seu estudo no dilema tratado pela antropologia como
studying up: acostumada a estudar sociedades colonizadas por euro-
peus, países de industrialização emergente, culturas isoladas ou regiões
marginais de grandes cidades, a antropologia eximia-se de analisar os
extratos mais ricos e poderosos das sociedades ocidentais, avessos por
conta de sua posição a questionamentos de suas práticas (Marcus &
Fischer, 1999; Nader, 1972).
O atual crescimento do interesse pela etnografia por parte de diversos
campos disciplinares, no entanto, não veio necessariamente acompanha-
do de uma reflexão mais aprofundada a respeito do alcance e dos limites
implicados no uso desse método. Mais especificamente no contexto dos
ESCT, ainda que estudos detalhados de práticas laboratoriais se tornem
cada vez mais populares, poucos trabalhos tratam diretamente do méto-
do etnográfico como metodologia de análise. Com exceção de algumas
poucas revisões bibliográficas, como as de David Hess (2001), Emily
Martin (1998) e Bryan Pfaffenberger (1992), o debate sobre etnografia
nos ESCT permanece marcado por seus discursos inaugurais, proferi-
dos por Bruno Latour e Woolgar (1997) e Karin Knorr-Cetina (1983a).
Essa ausência de questionamento leva à proliferação de discursos
sobre a etnografia como um método restrito ao âmbito do “micro”, como
se a observação participante restringisse o pesquisador às práticas coti-
dianas dos cientistas e não possibilitasse questionamentos sociológicos
mais globais acerca da ciência e da tecnologia. Alguns críticos chegam
a se referir a essa abordagem como uma “crônica” do fazer científico

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(Freitas, 2005), rechaçando qualquer contribuição positiva dessa aborda-
gem para o conhecimento sobre a tecnociência.3 Essa imagem por vezes
negativa da etnografia como mero registro empiricista de práticas deixa
de lado suas contribuições mais importantes, incluindo a forma como
permite captar o caráter processual e construído do conhecimento, seu
contexto, seu caráter indexical e sua materialidade negociada entre uma
diversidade de atores, humanos e não humanos.
Longe de ser um método que restrinja o alcance da análise, a et-
nografia sugere formas de reflexão que ampliam o alcance dos ESCT,
como será argumentado a seguir. Neste capítulo busco, assim, revisitar
a discussão do método etnográfico no contexto dos ESCT, ressaltando
suas vantagens e tornando mais claras as formas pelas quais as especi-
ficidades desse método permitem análises da tecnociência que não são
desenvolvidas por outras abordagens. Entre essas, a ideia da tecnociência
como uma prática, desenvolvida em contextos particulares e possuindo
caráter processual; e a noção de “fato social total” (Mauss, 2005) como
uma opção teórica para a superação das divisões ontológicas entre
ciência, tecnologia e sociedade.
Limitar o debate etnográfico sobre a ciência (dentro e fora dos
ESCT) a uma pura descrição do que os cientistas fazem no interior de
laboratórios é perder de vista o alcance dos questionamentos sobre o
conhecimento científico realizados pelos chamados “estudos de laborató-
rio”, que são uma das vertentes mais conhecidas e debatidas dos estudos
sobre ciência e tecnologia. Ao mesmo tempo, ignorar a contribuição que
essa abordagem tem tido não só no campo dos ESCT, mas também na
reflexão sobre políticas científicas é perder de vista o enorme alcance
que métodos etnográficos podem ter na nossa realidade atual, marcada
pela constante inovação tecnológica e pela crença na ciência como forma
privilegiada de tradução da verdade sobre o mundo natural.
O objetivo deste capítulo é, portanto, contribuir para o diálogo a
respeito da etnografia como forma de conhecer nossa realidade “tec-
nocientífica”, buscando pensar alternativas metodológicas para o estu-
do de questões de ciência e tecnologia que sejam não apenas úteis ao
pesquisador, mas que abram também alternativas para profissionais e
formuladores de política interessados em repensar tanto práticas de
conhecimento como a formulação e a aplicação de novas tecnologias.

3 O termo “tecnociência” é utilizado aqui para nomear a interrelação entre ciência


e tecnologia no contexto contemporâneo, apesar da usual distinção entre os termos
na linguagem corrente.

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Etnografia e tecnociência

O que seria então fazer “etnografia da ciência”? Seria a observação


direta dos processos de constituição dos saberes científicos (science in
the making)? Seria a descrição dos procedimentos pelos quais cientistas
descobrem verdades sobre a natureza? Seria a denúncia do caráter cons-
truído desse conhecimento, dado o número de fatores “extracientíficos”
associados ao fazer científico?
Fazer etnografia de práticas científicas muitas vezes se confunde com
a perspectiva socioconstrucionista, a ela fortemente associada, servindo
de base para estudos que mostram o caráter construído e “impuro” das
atividades que ocorrem dentro de laboratórios. O laboratório emerge,
dessa forma, como um dos focos centrais dos ESCT contemporâneos
(Knorr-Cetina, 1992), num movimento que redefine os estudos da ciência
e a sociologia da ciência ao redor da ideia de construção social (Knorr-
Cetina, 1983a). No entanto, não há consenso em torno do que significa
fazer “etnografia da ciência”, mas a convivência de várias abordagens
que vêm trazendo à tona a riqueza e a diversidade de práticas e relações
que compõem os contextos tecnocientíficos.

A apropriação da etnografia pelos ESCT

Os ESCT compõem uma área multidisciplinar que vem crescendo


ao redor do mundo de forma consistente desde pelo menos os anos de
1970, com a multiplicação de projetos de pesquisa, a criação de progra-
mas de pós-graduação nas principais universidades e a incorporação,
especialmente em países como os Estados Unidos, Inglaterra, França,
Alemanha e os países escandinavos, da perspectiva “social” em grandes
projetos de pesquisa interdisciplinares. Inicialmente associada a estu-
dos da história, filosofia e sociologia do conhecimento científico, essa
área vem incorporando métodos e teorias antropológicas, ampliando
o escopo das suas pesquisas e renovando pesquisas dentro e fora dos
ESCT (Pestre, 1996).
O impacto das pesquisas a respeito da natureza do conhecimen-
to científico, representadas pela obra de autores como Thomas Kuhn
(1970) e, posteriormente, pelos debates acerca do Programa Forte (Strong
Programme) (Bloor, 1976), ajudou a ampliar em muito o interesse pelo
estudo social das ciências, abrindo caminho para um tratamento pro-
priamente sociológico do próprio conhecimento científico. Se antes a

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sociologia da ciência era a sociologia do erro, ou seja, daqueles elementos
que causariam distorções na produção do conhecimento (este, sempre
intocável para a sociologia), com o Programa Forte e outras abordagens,
é a própria ciência e sua objetividade que se tornam objetos da análise
social. Essa perspectiva prometia um estudo social da ciência muito mais
profundo e revolucionário do que tudo que havia sido feito até então
(Knorr-Cetina, 1983b; Sismondo, 2004; Woolgar, 1982).
Parte importante desse movimento foi a incorporação da etnogra-
fia no estudo das práticas científicas a partir de fins dos anos de 1970.
Segundo Karin Knorr-Cetina (1983a), ela mesma pioneira nessa apro-
priação, a abordagem etnográfica de práticas científicas colaborou para
abrir a “caixa preta” do método científico. Ela cita, dentre as inovações
trazidas por estudos etnográficos da ciência, a abordagem construtivista
do conhecimento científico e uma reiteração do caráter contextual da
prática científica. Enquanto a primeira tem sido relevante nos debates
acerca da ciência experimental como prática de construção de verdades
e de conhecimento, a segunda traz para o estudo social das ciências
aquilo que a circunda: o tempo-espaço no qual se insere.
A passagem de uma análise minuciosa da produção do conhe-
cimento tal qual ocorre na sua prática, consagrada por autores como
Bruno Latour, Michael Lynch, Steve Woolgar e Karin Knorr-Cetina
para o contexto social na qual se insere, fazendo assim a ponte entre o
interior do laboratório e seu entorno, tem sido uma orientação cada vez
mais relevante nos ESCT, justamente na sua interseção com a etnografia.
A abordagem construtivista do conhecimento popularizou-se no
Brasil associada principalmente a autores como Bruno Latour e Steve
Woolgar (1997), cujo estudo pioneiro postula o caráter construído do
conhecimento científico e recusa a ideia de que o saber produzido em
laboratório incorpora uma verdade metafísica sobre o objeto; ou que
seja uma construção subjetiva do cientista, uma mera imagem mental.
O saber científico, segundo essa perspectiva, não depende de nenhuma
relação necessária com a “natureza” externa a ele, nem de uma relação
interna com aspectos do pensamento ou da cognição, mas constrói e
reproduz objetos e traços escritos e visuais que representam aquilo que
consideramos “conhecimento” (Latour, 1990).
É importante ressaltar, no entanto, que Bruno Latour vem fazendo
uma importante crítica da ideia de construção social, em paralelo a
outros autores inicialmente associados a essa ideia, como Michael Lynch.
Para Latour (2005), que busca abolir a própria ideia durkheimiana de

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“social”, não há divisão a priori entre natural/social, humano/não-humano,
ciência/sociedade; seria a própria tarefa da sociologia, por ele repensada
como “sociologia das associações” (em oposição à “sociologia do social”
ligada a Durkheim), reconstruir a maneira pela qual tais oposições
constituem-se como realidades. Sua noção de construção, dessa forma,
é bastante distinta de qualquer socioconstrucionismo, e tem influência
da etnometodologia, trabalhada de forma mais aprofundada por Michael
Lynch (Garfinkel, 1967; Lynch, 1993).
Lynch também critica a ideia de um socioconstrucionismo, mas sem
filiar-se à Teoria Ator-Rede ou à sociologia das associações propostas
por Latour e outros. Para ele, a crítica à sociologia está mais relacionada
com os fundamentos da própria etnometodologia, que foca suas análises
na processualidade do social e vê a ordem social não como imposta
por estruturas ou forças externas, mas como algo inerente à própria
socialidade e reconstituída constantemente na prática (Lynch, 1993).
Contudo, há importantes pontos de encontro entre essas diver-
sas vertentes que merecem breve comentário, auxiliando a perceber
a especificidade da contribuição etnográfica. Segundo Knorr-Cetina
(1983a), especialmente ao permitir a análise minuciosa do processo do
fazer científico, estudos etnográficos da ciência vêm demonstrando o
seu caráter localizado, indeterminado e contextual. Os estudos mais
etnometodológicos, vistos como vertente à parte, analisam as formas
pelas quais a inteligibilidade dos objetos científicos emerge no decor-
rer de práticas e interações que ocorrem no cotidiano do laboratório
(Lynch, 1982), inspirando também diversos estudos mais propriamente
linguísticos e cognitivos sobre as interrelações entre cientistas e os objetos
que produzem e manipulam no decorrer de suas atividades (Goodwin,
1994; Keating, 2005; Monteiro, 2010a; 2010b; Monteiro e Keating, 2009;
Ochs et al., 1994). Dessa forma, a processualidade, a indeterminação e
a atenção ao caráter contextual da ciência são pontos focais nas escolas
inspiradas pela etnografia.
Tais elementos são debatidos também pela Teoria Ator-Rede, ainda
que esta geralmente se considere uma vertente à parte e não necessa-
riamente uma metodologia etnográfica stricto sensu (Latour, 2005; Law,
2009). Outras abordagens também assumem posturas metodológicas
semelhantes, e vale mencionar especialmente Andrew Pickering (1993)
e sua discussão sobre práticas. Pickering, ainda que por ela inspirado,
mantém-se distinto da abordagem ator-rede, e também não se filia ex-
plicitamente enquanto etnógrafo. Ainda assim, seu foco metodológico

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na praxiologia da ciência possui pontos de forte interesse para qualquer
pesquisador interessado em etnografias da ciência e da tecnologia.
David Hess (2001) argumenta que os primeiros estudos sobre pro-
dução de conhecimento configuram uma primeira onda de etnografias,
na qual o foco era o laboratório, tanto como lócus privilegiado de pes-
quisa quanto como conceito a partir do qual se compreende a noção
de construção social. Há, ainda segundo Hess, uma segunda onda de
etnografias, mais preocupadas com o contexto ao redor do laboratório e
com as relações entre laboratório e “sociedade”, de pontos de vista diver-
sos. Autores como Hess, a partir de campos disciplinares variados que
incluem o feminismo, a antropologia, a linguística, os estudos culturais
e os próprios ESCT, buscam ampliar o escopo das análises etnográficas
da tecnociência, tirando o foco exclusivo sobre a prática laboratorial
stricto sensu e buscando um foco nas interações que compõem a ciência
como prática social.

Antropologia e tecnociência

Os estudos propriamente antropológicos sobre ciência e tecnologia


não se desenvolvem necessariamente em proximidade com os desenvol-
vimentos descritos anteriormente nos ESCT. Ainda assim, há um claro
crescimento do interesse de antropólogos sobre esse tema ao redor do
mundo, incluindo o Brasil (Sautchuk, 2010), como atestam trabalhos
recentes sobre células-tronco (Luna, 2007), primatólogos (Sá, 2005),
tecnologias de visualização do interior do corpo (Chazan, 2008), entre
muitos outros. Alguns autores, como Emily Martin (1998), indicam a
noção de cultura como sendo o diferencial antropológico em relação
ao estudo da ciência e da tecnologia, enquanto outros apontam o foco
metodológico e conceitual próprio, que inclui desde a etnografia até con-
ceitos específicos como o de fato social total e a tradição de estudos sobre
cultura material (Pfaffenberger, 1988; 1992); outros ainda dirigem o olhar
para a interação entre laboratório e sociedade como uma contribuição
específica da antropologia da ciência e da tecnologia (Franklin, 1995).
Sem a pretensão de sistematizar uma abordagem antropológica
generalizante sobre ciência e tecnologia, dado que qualquer metodologia
é necessariamente plural e multifacetada, discutimos a seguir alguns dos
antecedentes teórico-metodológicos que informam uma linhagem mais
especificamente antropológica de estudos etnográficos sobre práticas e

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contextos tecnocientíficos. Dentre eles, apontamos mais enfaticamente
os estudos feministas e de gênero, que foram pioneiros em abordar a
tecnologia e sua relação com corpos, processos biológicos e relações de
poder; e uma leva crescente de autores interessados em práticas ligadas
à genômica e a outras biotecnologias emergentes, num movimento
também relacionado com debates metodológicos na disciplina, ligados
à crítica pós-moderna (Franklin, 1995).
Essas linhagens, atualmente, estão cada vez menos separadas da-
quilo que se considera como os ESCT, um movimento salutar de diálogo
interdisciplinar de metodologias e vertentes teóricas. A discussão que
segue não busca, assim, delinear as fronteiras de campos disciplinares;
pelo contrário, pretende fornecer subsídios para um debate acerca das
possibilidades da etnografia em enriquecer a nossa compreensão atual
sobre ciência e tecnologia.

Feminismo e tecnologia

Os estudos feministas e de gênero recentes passaram a prestar cada


vez mais atenção na questão da ciência e da tecnologia, especialmente
a partir dos trabalhos de Donna Haraway (1989; 2004) e Evelyn Fox
Keller (1995). Ambas, de pontos de vista distintos, trouxeram à tona a
importância de se compreender dinâmicas tecnológicas para os estudos
feministas e de gênero, e para a compreensão da situação de desigualdade
entre homens e mulheres. A questão é hoje amplamente consolidada
nas discussões feministas, e esse ímpeto renovador teve seus efeitos
sentidos também no mainstream antropológico.
Haraway, além de influente historiadora da ciência, começa a dei-
xar sua marca e forma mais relevante a partir do conceito de ciborgue
(Haraway, 1995; 2000), proposto como figura mítica de inspiração para
a luta das mulheres e também como saída analítica para dilemas aparen-
temente insolúveis com ferramentas teóricas tradicionais. O ciborgue de
Haraway incorpora elementos biológicos e tecnológicos, suplantando
a divisão ontológica entre natureza e cultura. O manifesto político-
-metodológico de Haraway visa, assim, chamar o feminismo a recriar
categorias e corpos de forma a superar desigualdades num mundo que
se torna cada vez mais perpassado pela tecnociência (Haraway, 1997).
O impacto de Haraway vai muito além do Manifesto Ciborgue, talvez
seu trabalho mais conhecido. A autora contribuiu para pensar uma epis-
temologia propriamente feminista, com a noção de perspectivas parciais

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(standpoint theory) (Haraway, 2004); escreveu também textos antológi-
cos sobre a relação entre tecnologias reprodutivas e corpos femininos,
tema de relevância crescente. Seus textos sobre primatologia (Haraway,
1989), ainda que menos conhecidos, permanecem exemplos clássicos de
estudos críticos sobre ciência e sobre a negociação de fronteiras entre o
natural e o humano (ou o social) que dialogam diretamente com ondas
recentes no interior dos ESCT, como a Teoria Ator-Rede.
Um dos focos mais importantes da discussão acadêmica sobre gênero
envolve um duplo questionamento sobre o conhecimento: primeiro, uma
crítica sobre a ciência neutra, a partir de uma reflexão sobre a parcia-
lidade do conhecimento; segundo, análises de como o conhecimento
científico sobre as mulheres e a reprodução participa de processos de
naturalização da desigualdade. Nessa dupla desconstrução, as teorias
feministas têm sido fonte de inspiração para os ESCT, e hoje são tidas
como parte importante daquilo que se considera o campo de estudos
de ciência, assim como da própria antropologia.
Partindo da premissa de que a análise feminista deve rechaçar uma
ciência supostamente neutra (Bordo, 1986) e assumir a sua posicionali-
dade como parte intrínseca da sua prática política e intelectual (Haraway,
2004), as feministas vêm colocando em questão, como tantos outros
autores inspirados por movimentos intelectuais pós-modernos, o sujeito
do conhecimento e a parcialidade dos saberes por ele(a) construídos. Na
antropologia, debates sobre reflexividade e sobre a escrita etnográfica
marcaram profundamente discussões recentes da disciplina (Clifford
& Marcus, 1986), num movimento crítico ao suposto distanciamento
do sujeito que conhece diante de seu objeto.
Ao mesmo tempo, a análise feminista tratou também de descons-
truir a ciência produzida sobre o corpo e sobre a reprodução, a fim de
compreender melhor a naturalização das desigualdades entre homens e
mulheres a partir da biologia (Bordo, 1989; Butler, 1990; Haraway, 1992;
Keller, 1995). A questão da análise do conhecimento científico sobre o
corpo humano e a reprodução como forma de compreensão da naturali-
zação de hierarquias é um dos focos centrais da análise de gênero, sendo
ainda um dos campos mais férteis da crítica feminista. Keller (1995), por
exemplo, ao analisar as metáforas constitutivas da nossa compreensão
sobre a biologia, ajuda a pensar como o conhecimento científico fun-
ciona para naturalizar corpos e relações sociais, assim como amplia o
escopo da crítica sobre a ciência a partir da análise crítica da genética.

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A análise crítica do conhecimento científico tem sido, dessa forma,
central para as teorias feministas recentes, de forma mais ou menos
paralela aos ESCT. Atualmente, ocorre um intenso diálogo entre esses
campos, sendo que abordagens etnográficas estão entre as mais utilizadas
por pesquisas preocupadas em investigar gênero, ciência e tecnologia.

A crítica epistemológica: natureza versus cultura

Outro foco significativo de análises etnográficas sobre ciência e tec-


nologia são os estudos com foco na biotecnologia, ainda que relacionados
a diversos temas: saúde/doença, natureza/cultura, ontologias do corpo
e identidades contemporâneas. As pesquisas com biotecnologias foram
importantes num momento histórico, em fins do século XX, de retorno
de metáforas essencialistas na cultura, que recuperavam o gene como
“essência” do social, da identidade e da doença (Keller, 1995). Estavam em
discussão não somente a biotecnologia como prática tecnocientífica, mas
também conceitos caros à análise social, como identidade, representação
e a dualidade natureza/cultura, todos, segundo alguns autores, fadados
à obsolescência em face de novos desenvolvimentos tecnológicos que
prometiam acesso irrestrito ao “livro da vida” (Kay, 2000).
Entre os antropólogos, Paul Rabinow (1999a; 1999b; 2000) perma-
nece até hoje uma referência fundamental para o debate sobre as novas
biotecnologias. Sua noção de “biossocialidade” (ou “biossociabilidade”)
visa oferecer uma interpretação de como a incorporação de conhecimento
sobre a genética e tecnologias de sequenciamento afeta dinâmicas sociais,
tornando a composição biológica parte fundamental de processos de
identificação e de movimentação política. Rabinow questiona, ainda, as
divisões ontológicas entre natural/cultural arraigadas no pensamento
antropológico tradicional. Tais dualidades sofrem contínuo ataque a partir
do final do século XX, dentro e fora da chamada crítica pós-moderna
na antropologia (Clifford & Marcus, 1986), instigando diversos autores
a analisar alternativas a essa dualidade.
No contexto dessa crítica metodológica, vale mencionar a proposta
para uma “antropologia ciborgue” (Downey et al., 1995), que teve bastante
impacto na virada para os anos 2000. Os formuladores dessa discus-
são buscavam abordar teoricamente tanto o esgotamento de divisões
ontológicas, tais quais a de natureza/cultura, como a necessidade de a
antropologia oferecer interpretações para as novas socialidades, nas quais
a tecnologia e sua relação com processos sociais eram de fundamental

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importância. Além disso, eles buscavam afirmar as relações complexas
entre tecnologias e corpos. A antropologia ciborgue levantou temas que
dialogam diretamente com outras propostas metodológicas atuais, como
a etnografia multissituada (multi-sited ethnography) (Marcus, 1995), que
chama atenção para processos sociais contemporâneos no contexto do
chamado sistema mundial, o capitalismo globalizado e a centralidade
das novas tecnologias.
Esses desenvolvimentos no âmbito da antropologia recente trazem
formas inovadoras de abordar analiticamente processos que envolvem
ciência e tecnologia. A etnografia multissituada chama atenção para a
necessidade de perceber fenômenos que perpassam fronteiras espaciais
bem delimitadas, como a aldeia ou o laboratório. Nossa compreensão
das formas pelas quais tecnologias participam da construção da socie-
dade contemporânea fica necessariamente limitada ao ignorarmos, por
exemplo, a circulação de bens, conhecimentos e pessoas em circuitos
globais. Nesses circuitos, artefatos e saberes produzidos em laboratórios
transitam em rotas complexas que interagem com instituições científicas,
governos, mídia e organizações sociais as mais diversificadas.
Ciência e tecnologia estão, dessa forma, profundamente ligadas
a circuitos econômicos globais, tanto em termos do financiamento de
pesquisas, como em termos de sua posterior circulação. Sistemas de
patentes, de comunicação científica e de apropriação tecnológica são
perpassados por variáveis diversas, cada vez mais globais. Entender
um artefato, como uma nova aplicação nanotecnológica para uso hu-
mano, ou um novo teste genético para o câncer, envolve compreender
as complexas relações das quais esta tecnologia não é mais do que um
nódulo. Delimitar a priori objetos discretos (um cientista, um chip de
DNA ou uma nanopartícula) como foco exclusivo da análise é limitar
indevidamente a compreensão de como esse artefato emerge de circuitos
complexos e dinâmicos de relações e como deles participa.
Em outras palavras, a discussão sobre biotecnologias e sobre a
dualidade ontológica natureza/cultura, que marca muitos estudos et-
nográficos sobre ciência e tecnologia, abre caminhos frutíferos para o
repensar das formas pelas quais delimitamos nossos objetos de pesquisa
e formulamos nossas críticas. Em que medida estamos separados dos
objetos que estudamos? De que forma os conhecimentos que analisamos
participam de dinâmicas sociais e relações de poder? Como artefatos
específicos constrangem tanto nossas formas de conhecimento quanto
nossa própria materialidade? Como repensar o foco em objetos dis-

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cretos (pessoas, artefatos, símbolos) e realinhar nosso olhar analítico
para processos e relações? Essas questões, relacionadas com inovações
da tecnociência contemporânea, demandam uma abordagem também
inovadora e aberta para a complexidade.

Ciência, tecnologia e sociedade na prática

Uma abordagem etnográfica oferece saídas analíticas para repensar


temas relacionados com a ciência e a tecnologia que ainda não foram
explorados exaustivamente no contexto dos ESCT ou de outras dis-
ciplinas. Abordam-se aqui duas em específico: a discussão sobre fato
social total e a teoria das práticas. A primeira possibilita a análise, de
forma integrada, de variáveis e elementos geralmente pensados de forma
separada, como o social, o econômico, o tecnológico, o simbólico etc. A
segunda permite um quadro interpretativo que apreende os fenômenos
como processos em fluxo, focando relações e não elementos em separa-
do. Sugerimos aqui dois elementos: a) um pensamento que não despe
fenômenos sociais de sua complexidade, composta de uma diversidade
de variáveis que atuam em conjunto; e b) uma abordagem focada não
em “sujeitos”, “objetos” e “artefatos” ontologicamente distintos, mas em
processos e relações centrais na abordagem de contextos e de fenômenos
relacionados com tecnociência.
Emily Martin (1998) sugere temas semelhantes na sua revisão da
bibliografia antropológica sobre ciência e tecnologia, utilizando as ima-
gens do rizoma e da cidadela como mote da discussão. Ela contrapõe a
noção tradicional da ciência como cidadela com a ideia da interrelação
rizomática entre instituições científicas e o contexto social, enfatizando
a importância de se levar em conta a construção integrada entre labo-
ratório e sociedade. Além disso, a ideia de rizoma permite, segundo a
autora, a interpelação das porosidades entre áreas consideradas separadas.
Entretanto, a ideia de incluir o “contexto social” no estudo de tecno-
logias pode, inadvertidamente, reforçar uma separação ontológica que
reitera a existência separada das esferas do social e do tecnocientífico.
Tal separação, criticada por vários autores, pressupõe a existência da so-
ciedade como elemento discreto, à parte dos elementos que a compõem.
O debate acerca do determinismo social ou tecnológico, recorrente em
discussões sociocientíficas sobre tecnociência, é, a nosso ver, improdu-

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tivo. Ele mascara, ou torna inviáveis, discussões mais fecundas sobre
como artefatos, humanos e símbolos interagem em situações concretas.
A ideia da tecnologia como fato social total, sugerida por Bryan
Pfaffenberger (1988, 1992), é uma tentativa de escapar desse dilema sim-
plificador. Essa noção é derivada das análises de Marcel Mauss (2005),
que discute as interrelações entre diferentes esferas da sociedade, tra-
dicionalmente pensadas de forma separada. Pfaffenberger, ao comentar
as possibilidades de uma antropologia da técnica, compara duas formas
tipicamente “ocidentais” de lidar analiticamente com o tema, cuja aná-
lise explicita o papel particular que ela tem no pensamento ocidental.
A primeira seria uma espécie de “sonambulismo tecnológico”, que não
vê nada de particularmente digno de nota na tecnologia. Essa atitude
supõe que ferramentas são apenas meios para cumprir alguma tarefa, ou
seja, que elas não possuem nenhum significado intrinsecamente social,
são objetos inertes. O oposto dessa visão é o “determinismo tecnoló-
gico”, que atribui à tecnologia poder de definição da vida social. Como
se os eventos da história fossem ditados pelo progresso inexorável da
tecnologia, que seriam assim formadores da sociedade e não o contrário.
Pfaffenberger recusa as duas teses, mostrando que toda tecnologia e seus
usos são fruto de escolhas e interações. Falar em termos de “impacto” de
uma tecnologia sobre a sociedade, ou vice-versa, seria perder de vista o
caráter intrinsecamente social de qualquer tecnologia.
Para o autor, a tecnologia é a “natureza humanizada”, ou seja, é a
construção da natureza pela sociedade, incorporando relações e sig-
nificados: uma forma de vida. Nesse sentido, é um fato social total:
simultaneamente social, política e simbólica, a tecnologia agrega diversos
âmbitos da sociedade, sendo portanto impossível compreendê-la sem
levar em conta esse seu aspecto multifacetado. Pfaffenberger cita um
exemplo empírico para ilustrar seu argumento: os sistemas de irrigação
em Sri Lanka. Para entender por que a criação de sistemas de irrigação
não sanou desigualdades sociais, é necessário compreender de forma
integrada aspectos técnicos (agricultores próximos das barragens conse-
guiam obter mais água e tinham melhor produtividade), socioculturais
(as desigualdades de renda assim causadas reforçaram as desigualdades
sociais típicas do contexto local) e político-econômicos (houve um
aumento da produção de arroz com importantes consequências econô-
micas, o que não amenizou o fracasso das barragens ao tentar reduzir
desigualdades, impedindo que impactos positivos das políticas públicas
em questão recaíssem sobre agricultores sem terras).

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Pfaffenberger (1992) critica o que ele chama de visão padrão da
tecnologia. Refuta a ideia de que objetos técnicos surgem para cumprir
funções práticas específicas; ou, em outros termos, de que a tecnologia
de determinada cultura advém da busca para suprir suas necessidades
materiais básicas (água, comida, transporte), estando, assim, fracamente
vinculada aos significados criados nesse contexto. Tal visão engessa a
tecnologia em objetos, dissociando-os da cultura. Assume-se que ne-
cessidades básicas são óbvias e quase matter of fact, o que dispensaria
qualquer análise. O que se perde de vista é o caráter necessariamente
cultural dessas necessidades, assim como a estreita relação entre técnica
e significado, como mostram diversos exemplos empíricos levantados
pela antropologia ao longo das décadas.
A integração de variáveis torna-se mais abrangente quando perce-
bemos fenômenos sociais em termos de práticas e não de objetos. Tal
abordagem, aplicada ao estudo da tecnociência, inspira-se na discussão
metodológica de Pierre Bourdieu (1997) e na crítica etnometodológica à
sociologia da ciência, capitaneada por Michael Lynch (1982; 1993). Os dois
autores incorporam a premissa da contingência de arranjos e relações
que se formam no interior de práticas diversas. Sem nenhuma pretensão
de esgotar a discussão em torno desses autores, apresentamos a seguir
algumas considerações ligadas ao estudo de contextos tecnocientíficos.
Bourdieu, ao discutir a importância das práticas na antropologia,
recusa posturas objetivistas, que separam o sujeito dos objetos de análise
e acreditam em uma objetividade pura; ao mesmo tempo, ele se opõe a
posturas subjetivistas, que entendem as impressões do cientista como
único produto possível da ciência social. Fenômenos e relações sociais
só existem no momento em que acontecem, pois estão sempre inseridos
em fluxos constantes de práticas que se desenrolam ao longo do tempo.
Quando se incorpora o fator temporal, percebemos a importância de
analisar fenômenos sociais como processos e não como “objetos” – a
ação dos sujeitos possui um caráter de indeterminação que precisa ser
levado em consideração.
Práticas são, dessa forma, a um só tempo “determinantes e deter-
minadas”, em cujo bojo são constituídas as realidades que vivenciamos,
inclusive no âmbito da tecnociência. Para Sterne (2003), as realidades
não são ontologicamente distintas das práticas sociais: elas ajudam a
compor o habitus, ou seja, participam dos processos de incorporação
de predisposições dos atores, fazendo parte do social como quaisquer
outras práticas. Portanto, ignorar como as tecnologias são vivenciadas

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“na prática” é deixar de lado todo um espectro de questões relevantes
para entender a maneira pela qual determinadas relações de poder se
solidificam, se reproduzem ou são rompidas.
A crítica etnometodológica, ainda que por vias diversas, sugere
igualmente um foco analítico no processo e não em objetos ontolo-
gicamente separados (Garfinkel, 1967). Michael Lynch, inspirado por
essa perspectiva, tem feito ao longo dos últimos anos diversas criticas
à sociologia da ciência. No âmago dessas críticas está uma recusa de
quaisquer determinismos sociais (além dos tecnológicos), pois, se a
tecnociência é “socialmente construída”, ou se a tarefa da sociologia da
ciência for a de “revelar” a verdade sobre a ciência, mascarada pela ilusão
sob a qual viveriam os cientistas (a de que sua atividade é “objetiva”),
então estaríamos novamente presos num quadro analítico em cujo centro
está a preponderância do social, em detrimento da materialidade dos
artefatos, por exemplo.
Para Lynch (1982), um dos erros da sociologia da ciência é exata-
mente ignorar que cientistas sejam críticos de suas próprias práticas,
vivendo sob a ilusão de que seu conhecimento será a revelação do real.
Lynch argumenta que cientistas, quando observados em suas práticas de
laboratório, se mostram plenamente capazes de perceber e interagir com
a contingência dos saberes ali produzidos. Ao ignorar essa capacidade
crítica dos cientistas, alguns sociólogos da ciência estariam também se
negando a criticar e a refletir sobre suas próprias práticas de conheci-
mento, tão contingentes e construídas quanto aquelas observadas em
laboratórios.
O etnógrafo deve ter sempre em mente a maneira pela qual as
técnicas, os saberes e as pessoas interagem para produzir realidades.
Como no exemplo dos sistemas de irrigação em Sri Lanka, não se po-
dem analisar somente as relações sociais, nem apenas o que as pessoas
dizem sobre as tecnologias, nem exclusivamente os sistemas técnicos.
A análise torna-se mais rica ao abordar esses elementos de forma in-
ter-relacionada no espaço e no tempo. Esse quadro teórico contempla,
pois, os usos diversos de tecnologias, a mediação das relações sociais por
artefatos técnicos e as possibilidades de reorganização de um contexto,
catalisadas por novos arranjos tecnológicos.
Práticas tecnocientíficas produzem saberes, poderes, significados
e bens materiais. A ideia da “necessidade como motor da invenção”
ignora completamente esses aspecto, tornando invisíveis as complexas
interrelações entre sistemas sociais e técnicos que caracterizam qual-

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quer tecnologia na sua expressão viva, da forma como é praticada pelas
pessoas. Nenhuma tecnologia é composta somente de máquinas, mas
requer sistemas de organização e seres humanos que comandam aspectos
específicos de seu funcionamento. Além disso, uma nova tecnologia é
sempre projetada dentro de contextos sociais particulares e possui fins
específicos, elaborados de acordo com esses contextos. Os bens ou ser-
viços assim produzidos circulam de formas particulares, completando
um ciclo que é “sociotécnico” em toda a sua extensão.

Conclusão

A ideia de que ciência e tecnologia são práticas contingentes e


relacionadas com diversas esferas do mundo social abre caminho para
a formulação de questões que atuam na conexão entre ciência e socie-
dade, no ponto de encontro entre cientistas, máquinas, conhecimentos,
artefatos tecnológicos, instituições e símbolos. O laboratório não é mais
considerado nos ESCT uma entidade discreta e facilmente delineada:
seus contornos estão cada vez menos claros, e os fluxos que o recortam
são cada vez mais importantes nos questionamentos atuais sobre ci-
ência e tecnologia. Esses fluxos envolvem conceitos, imagens, relações
de poder, artefatos e equipamentos, configurando um nódulo de ricos
entrecruzamentos que estão no centro de muitas das mais importantes
dinâmicas sociais contemporâneas.
Esta perspectiva, aberta para a complexidade dos arranjos sociotéc-
nicos, abre espaço para o estudo de processos, relações e práticas tecno-
científicas, incluindo aspectos sociais, culturais, políticos, institucionais,
religiosos e estéticos. Alguns exemplos são as recentes controvérsias a
respeito de alimentos transgênicos e sobre o uso de células-tronco em
pesquisas no Brasil: atores de diferentes contextos discutem e negociam
em arenas políticas, midiáticas e culturais a fim de fazer valer interpreta-
ções e práticas distintas envolvendo conhecimentos e artefatos científicos.
Tais estudos seriam, segundo David Hess (2001), etnografias “pós-
-construcionistas”, ou seja, etnografias que exploram as formas pelas
quais os conhecimentos podem ser construídos de forma “melhor”. Tal
compreensão de melhor deveria estar claramente definido, sendo sua
contestabilidade abertamente reconhecida de forma epistemológica e
política a fim de evitar tanto um discurso propositivo simplista como
uma total despolitização das análises.

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Ainda um campo de estudos relativamente recente, os ESCT per-
manecem fonte constante de renovação de diversas áreas disciplinares,
colaborando para o entendimento mais perspicaz da sociedade con-
temporânea. Há muito para ser feito nesse sentido; em países como o
Brasil, etnografias da tecnociência podem ajudar na construção de co-
nhecimento e de novas realidades, mais justas e sustentáveis. Na medida
em que pesquisadores ligados aos ESCT estão capacitados para discutir
aspectos técnicos e sociais relacionados com problemas tecnocientíficos,
eles podem também ajudar a repensar as formas de tecnociência e os
arranjos sociotécnicos desejados pelo conjunto da sociedade, atuando
de forma reflexiva tanto na pesquisa acadêmica como no desenho e na
implementação de novas tecnologias.
A noção de que etnografias da ciência e da tecnologia são formas
não só de pensar a realidade, mas também de intervir na construção
de novas tecnologias, pode ser muito rica para o campo dos ESCT, que
busca consolidar seu crescimento, mas tem que lidar com a desconfiança
dos cientistas. Muitos cientistas infelizmente acreditam que a ciência que
praticam está completamente livre de quaisquer contingências sociais,
e qualquer afirmativa ao contrário tende a ser vista como uma estra-
tégia de deslegitimação de sua posição. A possibilidade de cientistas e
etnógrafos da ciência trabalharem juntos com agentes de formulação
de políticas públicas sobre ciência e tecnologia permanece uma utopia,
mas se trata de um horizonte cada vez mais factível de análise e inter-
venção na sociedade.

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5. Participação pública e avaliação social da ciência
e tecnologia: uma revisão

Camila Carneiro Dias Rigolin

Introdução

As últimas duas décadas foram marcadas pela institucionalização


da consulta à sociedade civil nos processos de construção de políticas
públicas, inclusive no que diz respeito à formulação, implementação e
avaliação de políticas de ciência etecnologia “fomentar a participação
dos diferentes atores políticos e criar uma rede que informe, elabore,
implemente e avalie as políticas públicas são, hoje, peças essenciais nos
discursos de qualquer política pública (auto) considerada progressista”
(Milani, 2008:552). Se a participação pública já foi uma reivindicação
histórica dos movimentos sociais, contemporaneamente, a retórica da
participação foi incorporada por uma miríade de atores heterogêneos,
a exemplo de centros de pesquisa, ONGs, agências de fomento e órgãos
de governo. Há referências e sugestões de incorporação de arranjos par-
ticipativos nos manuais das agências internacionais, no planejamento
de políticas públicas federais e na prática de governos locais (Gerhardt,
2007; Milani, 2008). É evidente que daí decorrem questionamentos e
críticas acerca do significado e do fundamento da participação social.
No âmbito dos Estudos Sociais da Ciência e Tecnologia (ESCT),
um número crescente de pesquisadores associa a participação social e o
alargamento das esferas de deliberação às tentativas de relativizar o status
dos conhecimentos “certificados” frente a outras formas de compreensão
do mundo. Neste processo, abordagens “educativas”, “participativas” e
“etnometodológicas” têm sido desenvolvidas, testadas e aplicadas junto
a grupos e sujeitos sociais tradicionalmente subalternizados. A partir
da década de 1970, os ESCT são marcados pela emergência de novas
abordagens metodológicas que pretendiam demonstrar a flexibilidade
interpretativa e o caráter negociado e contingente das experiências
científicas (Latour, 2000). Pesquisadores desta corrente dedicaram-se à
investigação de temas como: “a dimensão da autoridade epistemológica

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da ciência na definição de políticas; a relação entre o conhecimento cien-
tífico, valores sociais e outros conhecimentos e instituições; a oposição
entre saber especializado e leigo; e com os dessobramentos da tecnização
de temas para a participação pública” (Lima, 2009:03).
Funtowicz e Ravetz (1997) identificam estas metodologias com a
emergência de um paradigma de ciência pós-normal, que reconhece a
importância da “comunidade ampliada de pares”. Sousa Santos e colabo-
radores (2004:56) referem-se à necessidade de perceber a “pluralidade
epistemológica do mundo”. Callon (1998:68) critica a “eliminação das
humanidades do espaço situado entre a maquinaria tecnocientífica e
o aparato decisório”, ao mesmo tempo em que advoga a emergência
de espaços de “democracia técnica”. Em princípio, “este parece ser um
movimento progressista que pretende repensar o papel daqueles grupos
sociais que, durante muito tempo, foram tratados apenas como recep-
táculos de políticas” (Gerhardt, 2007:01).
Em termos de marcos históricos, a Conferência da Organização
Mundial da Saúde em Alma Atma, em 1978, ressaltou o potencial das prá-
ticas de cuidados com a saúde de populações indígenas para a construção
de sistemas de saúde participativos. Posteriormente, a obra Indigenous
Knowledge Systems and Development (Brokensha, Warren e Werner, 1980)
anunciou uma nova “etnociência” na qual os sistemas de conhecimento
locais são vistos sob a perspectiva da sua possível contribuição para os
processos de desenvolvimento. Desde sua publicação, um número cres-
cente de estudos ressaltou a relevância que sistemas de conhecimentos
ditos alternativos ou tradicionais podem desempenhar em projetos e
programas. De forma análoga, as estratégias de “sustentabilidade” men-
cionadas pelo Relatório Brundtland (1987) recomendam um conjunto
de metodologias em que as práticas participativas são incluídas na base
dos processos de planejamento. Desde então, estudos nas disciplinas
de antropologia, agricultura, silvicultura, ecologia, biologia, botânica e
medicina têm documentado a suposta adaptabilidade e viabilidade dos
sistemas locais de conhecimento (Sillitoe, 1999).
No âmbito da administração pública, por sua vez, a participação é
apresentada por um grupo de autores (Avritzer, 2007) como resposta da
sociedade civil organizada ao Estado e à demanda por formas de atuação
ampliada na esfera pública. Por sua vez, Milani (2007; 2008) salienta a
emergência de procedimentos participativos em meio à suposta crise do
modelo burocrático (Bresser-Pereira, 1998) e aos processos de reforma
do Estado dos anos 1990 que incorporavam estratégias de consulta à

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sociedade civil através de aportes técnicos. De forma análoga, Gomes
(2005:215) adverte que a emergência de uma “variante do argumento
liberal vem se constituindo ao redor de três expressões-chave: inter-
net – esfera pública – democracia”. Nesta literatura, discutem-se desde
iniciativas para a extensão das oportunidades democráticas (governo
eletrônico, consultas públicas, transparência do Estado etc.) até novas
oportunidades para a sociedade civil na “era digital”, a exemplo da ci-
bermilitância e do ativismo em rede dos novos movimentos sociais
(Hill & Hughes, 1998).
Neste capítulo, são analisadas e discutidas as potencialidades e
fragilidades associadas aos arranjos de deliberação ou participação
pública em ciência e tecnologia. Admite-se que a incorporação de ar-
ranjos participativos nas políticas de C&T espelha, de alguma forma,
mudanças na concepção de ciência neutra e universal para uma visão de
ciência e tecnologia socialmente contextualizadas (Velho, 2010). Neste
sentido, a seção seguinte apresenta uma breve revisão histórica acerca
das mudanças nas políticas de C&T, desde o pós-guerra, com destaque
para o momento em que mecanismos de deliberação mais participativos
passam a ser demandados pela sociedade civil organizada. Posteriormente,
são revistas as modalidades e metodologias mais usuais de participação
pública em C&T. Finalmente, são apresentadas as conclusões sobre o
assunto, na última seção.

Participação pública e políticas de ciência,


tecnologia e inovação

Nos países desenvolvidos, o período do pós-guerra viu crescer e


se difundir um padrão de intervenção pública calcado na criação de
agências nacionais de fomento à ciência e uma grande preocupação
em estruturar a formação de recursos humanos e a pesquisa acadêmica.
O período pós-guerra foi o auge dos grandes programas tecnológicos.
Estes programas representavam a tradução de importantes escolhas
feitas pelo Estado, de caráter político. Estas escolhas vinculavam-se, pre-
ferencialmente, a atividades ou setores associados a objetivos nacionais
militares, de segurança ou de prestígio nacional.
O êxito do esforço de pesquisa em grande escala e com grandes
equipes, efetuado durante a Segunda Guerra Mundial, a exemplo do
Projeto Manhattan, demonstrou a necessidade de os Estados nacionais

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organizarem ações deliberadas de suporte à ciência. As gerações de
políticas empreendidas a partir de então se ampararam, durante algu-
mas décadas, num marco conceitual do tipo science push fortemente
marcado pela ideia de ofertar recursos humanos qualificados e transferir
conhecimento de universidades e institutos para o setor produtivo, e
para a sociedade, de forma mais ampla.
Neste modelo, prevalece a premissa de que a pesquisa científica é
a mola propulsora do desenvolvimento e que o Estado deveria apoiar e
orientar essa atividade. Esse consenso traduziu-se no relatório dirigido
por Vannevar Bush e intitulado Science the Endless Frontier. O documento
visava demonstrar a importância da pesquisa científica para o período
de paz e recomendava uma intervenção muito mais direta do Estado
na atividade científica, como mecanismo de promoção do desenvol-
vimento econômico e do bem estar da sociedade moderna. Além de
preconizar o apoio a fundo perdido à pesquisa básica, como mecanismo
de geração de novas oportunidades de desenvolvimento para o futuro,
o Estado deveria orientar o esforço científico e tecnológico nacional de
acordo com prioridades nacionais de ordem estratégica, militar, social
e econômica (Furtado, 2005).
Nos Estados Unidos, a National Science Foundation foi criada em
1950 com a função de apoiar a pesquisa básica. Adicionalmente, os mi-
nistérios ficaram encarregados de apoiar diretamente a pesquisa aplicada
de caráter tecnológico. Nesse âmbito, surgiram os programas e os labo-
ratórios nacionais a cargo de missões específicas. Foram se constituindo
várias formas diferenciadas de apoio do Estado a políticas mission oriented
em matéria de ciência e tecnologia, a exemplo da formação da Nasa e do
desenvolvimento da missão de lançar o homem à Lua. Durante a Guerra
Fria, a política científica norte-americana, e das principais potências
ocidentais, baseava-se em duas premissas fundamentais: a utilidade, a
longo prazo, da pesquisa básica; e a geração de spin-offs e spill-overs, ou
efeitos positivos de transbordamento, das inovações de caráter militar
para o setor produtivo. Esta lógica predominou por muito tempo e
encontrava sua legitimidade exatamente no processo de transferência
de tecnologia dos grandes programas tecnológicos, públicos, militares
ou civis, para o setor produtivo.
A partir do final dos anos 1960, uma mudança profunda no modelo
de política científica e tecnológica construída no pós-guerra começará
a se delinear. Brooks (1986) denomina esta fase, que durou de 1965 a
1978, de “O Período das Prioridades Sociais”. Esta se caracterizou pela

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transição de um sentimento coletivo de euforia quanto à capacidade da
ciência de resolver problemas da sociedade, para uma crescente “desilu-
são”, ou mesmo revolta contra a ciência, ou ao menos contra a big science.
Começa a surgir uma crescente crítica ao gasto público em atividades
com a finalidade de expandir a fronteira tecnológica. O congresso ame-
ricano passa a escrutinar mais intensamente os programas tecnológicos
e a exigir que estes comprovassem a geração de retornos econômicos.
Ao mesmo tempo, a crise do petróleo fará surgir novas urgências para
a sociedade americana e a política científica e tecnológica é chamada a
responder a desafios mais imediatos que surgiam para a sociedade, como
na área de saúde e na energética. Também data deste período o início
das discussões a respeito dos “limites do crescimento” e dos impactos
dos artefatos da tecnociência sobre o meio-ambiente. Um dos episódios
mais representativos deste momento, nos EUA, corresponde ao aban-
dono do programa do avião supersônico civil, no início dos anos 1970.
É ainda no final deste período que começam as discussões e ques-
tionamentos a respeito da perda de posições competitivas dos Estados
Unidos no mercado mundial. Esta preocupação seria a tônica da fase
subsequente à anteriormente descrita, chamada por Brooks (1986) de
“O período da ênfase na Política de Inovação”. As mudanças da política
científica e tecnológica nos países desenvolvidos precisaram responder a
importantes mudanças produtivas e econômicas no plano internacional.
A necessidade de competir, principalmente por parte do setor privado,
induziu o aumento do investimento em inovação.
Nesse contexto, o caráter linear e ofertista da política construída
no pós-guerra passou a ser crescentemente criticado. Questionava-se
a pressuposição de que o gasto em pesquisa básica e, sobretudo, em
tecnologias e setores estratégicos seria transferido aos demais setores da
economia e se reverteria, automaticamente, em benefícios para o país.
Nos Estados Unidos, a política tecnológica deslocou-se, gradualmente,
da ênfase nos grandes programas que atendiam missões do governo
federal, para outros programas voltados para a performance da indústria
e do setor privado, com o propósito de apoiar tecnologias genéricas e
pré-competitivas e as pequenas empresas inovadoras. São exemplos de
iniciativas desta natureza os programas Advanced Technologies Program
(ATP) e Small Business Innovation Research Program (SBIR).
No pós-guerra, a ciência e a tecnologia foram consideradas a chave
para o progresso técnico e para a prosperidade econômica. Enquanto
aliviavam as necessidades materiais e disponibilizavam instrumentos de

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geração de riqueza e bem estar, C&T obtinha a sua legitimidade social.
Contudo, a partir do final dos anos 1960, uma mudança profunda no
modelo de política científica e tecnológica nos países desenvolvidos
começa a se delinear. A demonstração dos efeitos destrutivos da uti-
lização de certas tecnologias, como a nuclear, inaugura uma “reflexão
nova e angustiada sobre a técnica no mundo Ocidental” e, segundo
Hans Jonas (apud Salomon, 1992), da necessidade de um princípio da
responsabilidade acerca da prática científica e de suas aplicações. Brooks
(1986) denomina esta fase de “O Período das Prioridades Sociais”, perío-
do em que a política científica e tecnológica (nos países desenvolvidos)
é chamada a responder a desafios mais imediatos que surgiam para a
sociedade, como na área de saúde e energia.
Entre outros aspectos, isto significa que a capacidade de avaliar e
comunicar ao público os riscos advindos da introdução de novas tec-
nologias passa a ser uma competência cada vez mais exigida das esferas
governamentais (Kluver et al., 2000). É neste contexto que o termo
Technology Assessment (TA), ou avaliação tecnológica,1 é utilizado pela
primeira vez, no final dos anos 1960, em relatórios do Congresso Norte
Americano que discutiam a necessidade de criação de um comitê de
especialistas que fornecesse aos tomadores de decisão pareceres técni-
cos confiáveis e independentes, acerca dos impactos diretos e indiretos
advindos da introdução de novas tecnologias.
Após longo debate entre congressistas e membros das principais
sociedades científicas norte-americanas, teve lugar a constituição do
OTA (Office of Technology Assessment), em 1972. Segundo esta con-
cepção, os peritos científicos examinavam os riscos potenciais de uma
nova tecnologia, e os resultados desta perícia deveriam constituir um
conjunto de informações confiáveis e acessíveis, que pudessem orientar
a tomada de decisão política (Joly e Assouline, 2001). Para Minoresco
(1998), o estabelecimento do OTA não representou um marco apenas
em termos de ciência e tecnologia, mas em termos de política. Diante
do enfraquecimento do poder legislativo americano, em face do poder
executivo, o primeiro vislumbrou uma possibilidade de reconquistar sua

1 Segundo Van Den Ende e colaboradores (1998), as origens das primeiras tentativas
de avaliação tecnológica remontam aos estudos de technology forecasting, ainda
na década de 1950. Estes estudos, que procuravam prever, ou extrapolar, tendências
tecnológicas, eram orientados, basicamente, para o assessoramento de grandes cor-
porações e agências governamentais, no que diz respeito às suas decisões de inves-
timento tecnológico. Grandes think tanks, como Rand e Hudson, realizaram, nesta
época, diversos estudos de technology forecast.

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força, e a confiança do público, instrumentalizando-se para a tomada
de decisões que envolvessem complexidade, incerteza e risco, através
do fornecimento de informações objetivas e autônomas.
Desta forma, constituía-se na principal missão do OTA oferecer
indicações dos prováveis benefícios e das implicações adversas da apli-
cação de novas tecnologias. Tal missão incluía a identificação de alter-
nativas, o fornecimento de informações precisas e a ampliação do nível
de compreensão do público, especialmente dos congressistas. A estes
últimos cabia o processo de decisão política, enquanto a análise científica
deveria permanecer neutra e imparcial. O funcionamento da agência
pressupunha, portanto: a) independência deste em relação ao poder
público, b) uma boa interação com o poder legislativo; c) objetividade
e neutralidade nas análises; d) apresentação de cenários aos tomadores
de decisão, em vez de soluções prontas; e) produção de informação
acessível ao não-especialista; f) produção de informação em tempo
para a tomada de decisão.
Nos anos 1990, diante da maré conservadora trazida pela eleição
de sucessivos governos republicanos (Reagan e Bush) e pelo abandono
progressivo dos grandes programas tecnológicos, a atividade de avaliação
tecnológica experimentou uma perda de prioridade perante o Congresso
americano e, em 1996, o OTA foi finalmente fechado, em função de
restrições orçamentárias. Anteriormente, o GRPA – Governmental
Performance and Result Act, de 1993, institucionalizara a avaliação de
resultados no lugar da avaliação social da tecnologia. Esta última di-
mensão foi incorporada pela avaliação ambiental.
Desde sua fundação, até seu fechamento, o OTA produziu diversos
relatórios, em diversas áreas, sendo bastante reconhecidos os trabalhos
de avaliação na área de biotecnologia, produzidos a partir de meados dos
anos 1980. Os tópicos destes relatórios incluíram temas como comer-
cialização de produtos biotecnológicos, transformações na agricultura,
pesquisa básica (Projeto Genoma), legislação para biomedicina e bioé-
tica. Para Van Den Ende e colaboradores (1998), o fechamento do OTA
não significou, contudo, o fim da atividade de avaliação tecnológica.
Ao contrário, muitas agências de avaliação tecnológica foram funda-
das em vários países e, mesmo nos Estados Unidos, o ITA (Institute
of Technology Assessment), de alguma forma, prosseguiu realizando
atividades de avaliação. O mesmo autor observa que há atividades de-
senvolvidas por institutos de pesquisa e algumas corporações privadas
que se assemelham à avaliação tecnológica.

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No que diz respeito à Europa, a partir dos anos 1980, a atividade
de avaliação tecnológica institucionalizou-se em diversos países, com o
estabelecimento de agências de avaliação na França (em 1983), Holanda
(em 1986), Dinamarca (em 1987), Alemanha (em 1989), Reino Unido
(em 1987), além de uma agência vinculada ao Parlamento Europeu,
criada em 1990. Em 1996, a Itália, Finlândia e Grécia agregaram-se ao
grupo de países europeus que realizam avaliação tecnológica. Em geral,
nos países europeus as agências de avaliação tecnológicas também são
instituições vinculadas aos respectivos parlamentos de seus países, como
no caso do OTA, nos Estados Unidos.
Ao analisar a experiência de diferentes países europeus na institucio-
nalização e prática da avaliação tecnológica (especificamente, na área de
biotecnologia), Minoresco (1998) observa que, para além da existência
de diferentes modalidades e instrumentos, verificam-se distintas abor-
dagens no que diz respeito à própria concepção de avaliação tecnológica.
Estas interpretações diferem entre si, basicamente, no que diz respeito ao
entendimento do papel da avaliação tecnológica: uma atividade neutra,
essencialmente de caráter informativo (nos moldes do OTA); ou uma
postura mais normativa, em que, além da informação, existe a intenção
de recomendar cursos de ação e influenciar a trajetória de determinada
tecnologia no país em termos de legislação, dentre outros.
Para Pereira e colaboradores, “a tese da sociedade de risco ofereceu
algumas sugestões para a criação daquilo que seria uma modernidade
reflexiva, através do fomento de novos espaços coletivos para a partici-
pação, envolvendo cidadãos, ONG’s e movimentos sociais” (2008:3). O
termo “sociedade de risco” foi cunhado pelo sociólogo alemão Ulrich
Beck (1992) para enfatizar o caráter ambivalente da ciência e tecnologia
(C&T) no mundo contemporâneo, especialmente na esfera ambiental.
Para o autor, a transição da “sociedade industrial” para a “sociedade
de risco”, ou da “simples modernidade” para a “modernidade reflexiva”,
teria ocorrido a partir dos anos 1970 e caracteriza-se pela intensificação e
globalização dos riscos ambientais associados ao emprego de inovações
que trazem consigo o potencial de ruptura tecnológica e alteração da
dinâmica econômica, mas também de desequilíbrio ambiental, ameaça
à saúde humana etc.
No contexto da sociedade de risco, conflitos sócio-ambientais rela-
tivos à produção e à distribuição de riscos oriundos do desenvolvimento
científico-tecnológico tornam-se foco de preocupação, ensejando o
estabelecimento de instrumentos normativos e instâncias reguladoras

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para a questão. Desde então, a capacidade de avaliar, gerir e comunicar
ao público os riscos advindos da introdução de novas tecnologias passou
a constituir uma competência cada vez mais exigida das esferas gover-
namentais e também de outras instituições. Segundo esta concepção,
os peritos científicos examinavam os riscos potenciais de uma nova
tecnologia, essencialmente em relação à saúde humana e ao ambiente; os
resultados desta perícia constituíam, em seguida, a base concreta sobre
a qual se fundamentava a decisão política. Esta foi, essencialmente, a
orientação adotada pelo extinto OTA.
Entretanto, para diversos autores, a metodologia convencional de
gestão de riscos tecnológicos apresenta sérias deficiências, uma vez que
confronta problemas sócio-políticos e conflitos ambientais com um pa-
drão de lógica linear, racionalidade instrumental e suposta neutralidade
científica que não responde às questões da modernidade. Para Scoones
(2002) e Torgersen (2001), ao conceber a noção de risco exclusivamente
como um atributo físico de perigos tecnológicos, identificados e mensura-
dos por peritos, o modelo exclui a percepção do risco como um atributo
socialmente construído e estabelece o divórcio entre as dimensões técnica,
ética, política e cultural das escolhas tecnológicas. Consequentemente,
o público afetado torna-se o “elo perdido” do processo decisório: “no
percurso entre a ciência e a lei, nada, ou muito pouco. Os cidadãos,
em nome dos quais se deveria introduzir a inovação em questão, não
participam do processo decisório” (Testard, 2000).
No que diz respeito ao escopo e à variedade de ferramentas e meto-
dologias, o campo da avaliação tecnológica experimentou uma notável
expansão, nos últimos anos. Tais metodologias variam da prospecção
tecnológica e aplicação do método Delphi, até a promoção de exercícios
de participação da sociedade civil organizada, através de consultas pú-
blicas, conferências de consenso, júris de cidadãos etc. Em países como
a Dinamarca, Holanda e Alemanha, a opinião pública mostrou-se mais
crítica à difusão das novas biotecnologias. Nestes países, o baixo grau
de “aceitabilidade social” das inovações biotecnológicas fez com que
prevalecesse uma postura de cautela e precaução.
Minoresco (1998) e Van Den Ende e colaboradores (1998) observam
que foi justamente na Dinamarca e na Holanda que se alcançou um
estágio mais avançado no que diz respeito à incorporação da delibera-
ção pública nos exercícios de avaliação tecnológica. Assim, a agência
dinamarquesa de avaliação adotou uma estratégia pluralista em que,
além dos mecanismos tradicionais de divulgação de informação ao

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público (através de relatórios, livros, folhetos, vídeos), foram idealiza-
dos e realizados arranjos de participação pública na avaliação de riscos
científicos e tecnológicos. Tais arranjos, conhecidos como “conferências
de consenso”, têm por princípio fundamental a incorporação do dito
público leigo no processo de avaliação e sua aproximação com os experts.
Além da Dinamarca, outros países europeus experimentaram os
exercícios de debate público sobre temas controversos. Na Holanda, o
pressuposto de que o progresso técnico é influenciado pela sociedade
e a constatação de que é preciso mais participação do público para au-
mentar o alinhamento entre o avanço tecnológico e as demandas sociais
constituem os princípios norteadores do CTA (Constructive Technology
Assessment), conceito que incorpora as noções de aceitabilidade pública
e construção social da inovação tecnológica (Van Den Ende et al., 1998).
Na seção seguinte, esta e outras modalidades de participação pública
em decisões referentes à ciência e tecnologia serão descritas de forma
circunstanciada.

Modalidades e metodologias de participação

A ampliação da participação pública nos processos decisórios para


a regulação de inovações tecnológicas tem seu background conceitual
na Teoria Política, mais especificamente no conceito de democracia
deliberativa. Se a legitimidade da democracia representativa é atribuí-
da ao resultado eleitoral, a democracia deliberativa (que não exclui a
representação) constitui-se em um processo político caracterizado pela
participação mais direta da sociedade civil na regulação da vida coletiva.
Luchman ressalta a centralidade dos conceitos de sociedade civil e de
esfera pública para compreender a dinâmica da participação, ao mesmo
tempo em que chama atenção para a construção de uma institucionalida-
de que assegure o mínimo de sustentabilidade aos espaços deliberativos:

Enquanto processo decisório, a democracia deliberativa depende, para


a sua implementação, da vontade e do projeto político do governo, bem
como da correlação de forças político-sociais. Os conceitos de sociedade
civil e de esfera pública são também centrais: o caráter associativo, autô-
nomo e tensionador da sociedade civil impõe a segmentos desta esfera
uma legitimidade na apresentação, problematização e representação de
demandas e interesses sociais. O conceito de esfera pública permite des-
locar os processos decisórios dos espaços fechados e restritos do poder

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tradicional. No entanto, para além da implementação, a capacidade de
construir e manter uma “sustentabilidade democrática” requer, além desses
ingredientes, uma determinada ancoragem institucional que faça valer os
princípios do pluralismo, da igualdade participativa e da promoção da
justiça social. Por reconhecer as dificuldades, a dinamicidade e a com-
plexidade das relações societais, tais como a diversidade de interesses e
conflitos e as desigualdades sociais, a democracia deliberativa chama a
atenção para a questão da dimensão institucional, no sentido da criação
das condições para que o debate público seja inclusivo, plural e igual,
impactando as condições sociais subjacentes. E ainda, permitindo que a
ampliação do público deliberante não obstrua a canalização dos conflitos
em direção ao interesse comum. (Luchman, 2002:02)

A partir dos anos 1960, observa-se uma emergência procedimentos


participativos em diversas áreas, pautada na ideia da ampla participação
dos cidadãos nos assuntos de interesse da coletividade (IDS, 2003). De
acordo com Pring (2001), entre os fatores responsáveis pela progressiva
incorporação do princípio de participação pública na formulação de
políticas, encontram-se: a adoção global do paradigma de desenvolvi-
mento sustentável; a escalada do movimento ambientalista; crescentes
exigências das instituições financeiras internacionais para concessão
de empréstimos; incremento da capacidade de organização das comu-
nidades locais; pressões das ONGs; demandas impostas por instâncias
regulatórias internacionais e, finalmente, a emergência de inovações
tecnológicas de caráter controverso.
Neste último caso, a demanda pública por informação e maior
inclusão no processo decisório refletiria uma reação pública contra
o hermetismo que caracteriza os modelos regulatórios fundados nos
princípios incontestáveis e inacessíveis da sound science (Young et al.;
2001). Para alguns autores (Callon, 1998; Young et al., 2001; Kluver et
al., 2000; Smith, 2001) e certas organizações internacionais (FAO, 2001),
o melhor arranjo para a orquestração de conflitos (políticos, jurídicos
etc.) que envolvem incerteza, complexidade e controvérsia científica,
tem sido a ampliação do conceito de expertise, incorporando a visão e
os interesses dos diferentes atores sociais potencialmente afetados pela
difusão de novas tecnologias, no processo de formulação, implementa-
ção ou avaliação de políticas públicas, via procedimentos participativos.
Além da Dinamarca e da Holanda, anteriormente referidas, pro-
cedimentos participativos já foram utilizados por outros países (por
exemplo: Inglaterra, Canadá, Nova Zelândia) como instrumento de

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avaliação social de tecnologias, especialmente as controversas. Tais
procedimentos, além das conferências de consenso, podem tomar for-
matos diversos, a exemplo do “júri de cidadãos”, dos “grupos focais”, da
“projeção de cenários”, “consultas públicas” e outras modalidades (Smith
et al., 2001). Para diferenciá-los da abordagem tradicional de Technology
Assessment (por princípio, neutra e centrada na expertise científica),
Kluver e colaboradores (2000) denominam estes arranjos, genericamen-
te, de Constructive Technology Assessment (CTA). Outros autores (ver
Scoones, 2002) associam a difusão dos procedimentos partcipativos à
uma maior demanda pública não só por informação, mas também por
inclusão no processo decisório.Tais demandas refletiriam uma erosão
de confiança no establishment científico e uma reação pública contra
o hermetismo que caracteriza os modelos regulatórios tradicionais de
ciência e tecnologia, fundados nos princípios da sound-science.
Contemporaneamente, as metodologias de operacionalização da
participação social assumem formatos diversos, a exemplo das consultas
públicas, dos júris de cidadãos, grupos focais, dos exercícios de proje-
ção de cenários, mapeamentos multicritérios, reuniões de construção
de consenso, entre outras modalidades (Smith et al., 2001; Torgersen,
2001). Além disso, tais metodologias diferem entre si em relação a dois
critérios: (i) grau de participação do público e (ii) instituição proponente.
Em relação ao primeiro critério, os procedimentos empregados va-
riam em um continuum pontuado por três estágios: informação; consulta
e negociação. A efetivação de um estágio não conduz, necessariamente,
à implantação do próximo e os exercícios de participação social não
precisam contemplar as três fases para que se caracterizem como me-
todologias participativas. Para Roewe e Frewer (2005), a escolha da(s)
metodologia(s) associa-se à identificação do grau de participação que se
almeja alcançar e também do arranjo mais factível, diante de possíveis
limitações trazidas pelo contexto (abrangência do tema, distância física,
pulverização do público, ausência de representação organizada etc.)
No primeiro estágio do continuum, o objetivo é influenciar a forma-
ção da opinião pública através da intensificação dos procedimentos de
informação e/ou construir relações mais transparentes entre as instâncias
decisórias e os cidadãos mediante a prestação de contas. No segundo
estágio, os cidadãos são convocados a emitir sua opinião a respeito de
determinado tema (através de consultas públicas, júris de cidadãos,
surveys, grupos focais), sem que exista, necessariamente, o compromisso
com a incorporação destes resultados à decisão política final. No ter-

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ceiro estágio, a participação estende-se até a etapa da negociação e da
deliberação sobre a forma final de uma lei, um plano, um dispositivo.
Quanto à origem da instituição proponente, observa-se que a par-
ticipação social pode ser promovida e facilitada por diferentes orga-
nizações, além daquelas pertencentes à esfera governamental. Isto é,
mecanismos de consulta, participação e informação podem ser “formais”
ou “informais”, apresentando-se tanto sob a forma top-down quanto na
forma bottom-up (IDS, 2003). Diz-se que os arranjos de participação
são formais ou top-down quando seguem a lógica convencional de for-
mulação de políticas públicas e são propostos pelas próprias instâncias
governamentais. Por outro lado, muitas destas iniciativas emergem “das
bases” (bottom-up), tendo como instituições proponentes organizações
da sociedade civil. Cada uma destas modalidades tem suas forças e
fraquezas e exerce diferentes papéis. Isto significa que os governos não
precisam, necessariamente, exercer o papel de instituição proponente
em todos os exercícios de participação pública. Mas podem contribuir
fortemente para a construção das condições institucionais que encora-
jem e possibilitem o engajamento e a atuação de outros atores sociais
no processo (CEFIC, 1997).
A despeito de algumas diferenças metodológicas, admite-se que
grande contribuição destes arranjos é o reconhecimento do caráter
socialmente construído das escolhas tecnológicas e da necessidade
de construção de diálogo mais transparente entre ciência e sociedade
(Stirling et al., 1999). Ao ampliar o espaço de debate para além da ex-
pertise científica, os procedimentos participativos: a) admitem que há
situações em que, pela incerteza quanto aos riscos, e/ou complexidade
da questão, não existem respostas totalmente conclusivas, neutras e
objetivas; b) explicitam a existência de diferentes percepções de “riscos”
e possíveis impactos da tecnologia, segundo os diferentes atores, reve-
lando que conceitos como o de “risco” não são apenas cientificamente
determinados, mas também são cognitivamente construídos por atores
sociais; c) democratizam o espaço de avaliação, incorporando outros
“saberes” à avaliação tecnológica, referentes aos diversos atores sociais
potencialmente interessados e/ou afetados pela questão.
Além das potencialidades acima referidas, cumpre ressaltar os limites
destas práticas. Vale ressaltar que os procedimentos participativos ainda
suscitam dúvidas quanto: a) a factibilidade da ampliação das arenas de
discussão, para além da expertise científica, e; b) a real influência e in-
corporação dos resultados destes exercícios às políticas de fato (Collins e

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Evans, 2002). No entanto, cumpre ressaltar que a existência de gaps entre
o conteúdo e o timing dos exercícios de avaliação social da tecnologia,
e as decisões políticas, não é uma fragilidade concernente apenas às
modalidades participativas de avaliação, mas também à mais tradicional.

Considerações finais

Após alguns anos de expansão das abordagens participativas, Milani


(2007; 2008) faz uma advertência quanto aos possíveis “mitos” constru-
ídos em torno do potencial inclusivo dessas metodologias. Para o autor,
os processos locais de participação dos atores não-governamentais (ou
não-expert, se aplicarmos esta leitura à relação entre conhecimento
certificado e conhecimento tradicional no âmbito das metodologias
participativas) encontram atualmente, pelo menos, dois limites críticos:

Em primeiro lugar, a participação de atores diversificados é estimulada, mas


nem sempre é vivida de forma igualitária. O termo “parceria” é corriqueiro
nos discursos políticos dos atores governamentais e não-governamentais,
mas sua prática efetiva parece ter dificuldades em influenciar os processos de
deliberação democrática. Em segundo lugar, os atores não-governamentais
(e alguns deles...) são consultados e solicitados durante o processo de
tomada de decisões. Eles participam desse modo, e no melhor dos casos,
somente antes e depois da negociação. A participação assim praticada
aumenta a qualidade da expertise dos atores não-governamentais e cola-
bora para aumentar a transparência dos dispositivos institucionais; ela não
garante, porém, a legitimidade do processo institucional na construção
do interesse coletivo. (Milani, 2007:02)

Para Guijt e Shah (apud Milani, 2007:4), práticas participativas


ingênuas podem cair na armadilha do chamado “mito da comunidade”,
ou seja, uma visão simplificada do que seria a comunidade (sempre
homogênea, estática e harmônica) e das pessoas que nela convivem
(sempre compartilhando valores, interesses e necessidades comuns):
“nessa visão paradisíaca da comunidade, não haveria diferenças de idade,
classe, gênero, casta, etnicidade ou religião; não haveria tampouco o
risco de a construção do consenso comunitário mascarar as diferenças
ou dar legitimidade a algumas diferenças e não a outras”.
De forma análoga, Guivant, ao analisar as tentativas de cientistas do
ramo das ciências agrárias de valorizar conhecimentos tradicionais de

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agricultores em projetos de desenvolvimento rural, ressalta a integração
a-crítica dos saberes tradicionais que não considera as micro-relações
de poder na construção dos saberes locais:

(...) diversas críticas têm sido levantadas em relação aos limites desta abor-
dagem participativa especialmente apontando suas dificuldades em aceitar
as relações de poder entre os próprios agricultores e entre eles e agentes
de desenvolvimento, assim como em capturar as complexas dimensões
envolvidas nas transformações dos conhecimentos. (Guivant, 1997:412)

Tendo em vista as considerações anteriores, observa-se que os instru-


mentos participativos podem e devem ser questionados sob, pelo menos,
três perspectivas: Como considerar a participação social em processos
de tomada de decisão para a formulação de políticas públicas? Como se
dá o processo de construção do interesse coletivo nestes arranjos? Quem
participa e que desigualdades subsistem na participação? Neste sentido,
permanecem como questões latentes, ainda por serem respondidas: Qual
tem sido o principal papel funcional da participação pública, em suas
diferentes modalidades? promover a inclusão e o aprendizado social
ou legitimar socialmente decisões técnicas previamente elaboradas?
lidar com a resistência pública; reconciliar interesses e pontos-de-vista
heterogêneos? atender às exigências dos instrumentos regulatórios e
agências internacionais? Quem, exatamente, constitui “o público”? todas
as pessoas diretamente afetadas pela questão? ONGs? cientistas? em-
presas privadas? o cidadão comum? Quais os critérios de identificação
e representação dos atores sociais? Considerando-se as especificidades
de cada país, região, contexto, quais as formas mais “apropriadas” de
avaliação social da tecnologia? Quando, e por que, as pessoas devem
participar dos exercícios de avaliação de tecnologias? E qual o aprendi-
zado (social, político) que se pode esperar destes exercícios?
Ainda que a participação social já tenha apresentado resultados
tangíveis em alguns países, no que diz respeito a modelos e arranjos
institucionais de participação pública, não se pode falar na existência
de “melhores práticas”, metodologias universais ou soluções genéricas,
prontamente replicáveis. Se há alguma consideração-chave a ser feita
quando se trata da participação do público na construção de políticas,
em C&T ou em qualquer outro domínio, é que o contexto local (so-
cial, político, econômico, cultural) realmente importa e faz diferença.
Resultados bem sucedidos devem ser interpretados à luz da cultura

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política local e da tradição institucional que permitiu aos governos e à
sociedade civil destes países extrair ganhos e benefícios destes exercícios.
Em síntese, o termo “participação” denota uma complexidade epis-
temológica que justifica a ampliação tanto do debate teórico, quanto
da investigação empírica do fenômeno. Cada uma das modalidades
apresenta limites e potencialidades e é altamente dependente das con-
tingências que cercam sua aplicação: o problema em debate; os atores
sociais envolvidos; as diferentes formas de percepção do problema; os
interesses em jogo; os objetivos pretendidos; os recursos disponíveis;
a capacidade instalada das instituições; o sistema legal vigente etc. A
definição dos tipos e de avaliação, e do grau de participação pública
considerados necessários, possíveis e desejados, bem como a forma de
implementá-los, são fruto de um intenso aprendizado social, o que não
ocorre sem tensão. A complexidade da questão e seu caráter desafiador
justificam, pois, a ampliação, tanto do debate teórico, quanto da inves-
tigação empírica do fenômeno.

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6. A política científica e tecnológica brasileira nos anos
2000 e a “agenda da empresa”: um novo rumo?

Rafael Dias
Milena Serafim

Introdução

A política científica e tecnológica (PCT) constitui um objeto de


estudo cuja efetiva compreensão requer, devido a sua complexidade, a
integração de elementos conceituais e metodológicos de abordagens
das mais diversas. Este capítulo propõe a apreciação do recente padrão
da PCT brasileira a partir das contribuições provenientes dos Estudos
Sociais da Ciência e da Tecnologia (ESCT) e da Análise de Política
(Policy Analysis).
Para além da simples avaliação dos resultados das ações imple-
mentadas pelo governo federal orientadas ao estímulo às atividades
científicas e tecnológicas, este capítulo procura explorar a tensão entre as
agendas de diferentes atores sociais que participam, em maior ou menor
medida, do processo decisório da PCT. Duas agendas são claramente
discerníveis atualmente no Brasil: a agenda da ciência, que tem histo-
ricamente constituído a principal influência sobre a política científica
e tecnológica do País, e a agenda da empresa, associada a ideias como
“inovação”, “empreendedorismo” e “competitividade”, que tem emergido
durante os anos mais recentes.
Partindo da análise de elementos como assimetrias de poder, confli-
tos abertos, encobertos e latentes, discurso e ideologia, este artigo busca
“abrir a caixa preta” dessa política, focando nos processos por meio dos
quais suas características mais claramente perceptíveis são moldadas.
Espera-se, com isso, explicitar o conteúdo político da política pública,
algo cada vez menos comum quando se trata de estudos sobre a PCT.
O capítulo divide-se em quatro seções, além desta introdução. Na
primeira delas, discutimos o conceito de agenda e suas implicações
para o entendimento do processo de elaboração de políticas públicas.
Em seguida, apresentamos algumas considerações sobre as agendas da

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ciência e da empresa, destacando suas características principais e suas
repercussões sobre a política científica e tecnológica, em particular no
caso brasileiro. Por fim, retomamos de forma sintética os principais
argumentos aqui desenvolvidos, concluindo que, embora a agenda da
empresa esteja ganhando importância, inclusive produzindo resultados
perceptíveis sobre a PCT, ela está sendo defendida não pelo empresa-
riado, como seria esperável, mas pelos próprios cientistas. Isso seria um
resultado das características típicas da burguesia industrial em um país
de capitalismo periférico, como é o caso do Brasil.

Agendas e políticas públicas

A utilização do enfoque de Análise de Política nos permite com-


preender a conformação das políticas públicas em geral (nos planos
nacional, estadual ou municipal) – a dimensão macro-analítica – e a
complexidade que a ela é intrínseca. A Análise de Política, ao focar o
comportamento dos atores sociais e o processo de formulação da agenda
e da política, busca entender o porquê e para quem aquela política foi
elaborada e não só avaliar a política pública em si.
Tradicionalmente, os estudos das políticas públicas têm empregado
o modelo do ciclo da política (policy cycle) que estiliza o processo de
elaboração das políticas públicas. Para autores como Jones (1970), Dye
(1992), Meny e Thoenig (1992), Frey (2000) e Roth Deubel (2006), o ciclo
da política seria constituído pela sucessão de cinco momentos sucessivos,
dinâmicos e interligados: i. Identificação de problemas; ii. Conformação
da agenda; iii. Formulação; iv. Implementação; e, v. Avaliação.
A escolha por parte desses autores em dividir o “policy cycle” em
cinco momentos em vez de três – comumente aceitos por uma grande
parte dos estudiosos – se dá pelo entendimento em explicitar sepa-
radamente os dois primeiros momentos do momento da formulação.
Isso porque esses autores entendem que uma política pública nasce do
reconhecimento pelos atores sociais de que uma dada realidade é um
problema social, da necessidade de uma intervenção pública (ou polí-
tica) nesta e de essa problemática entrar no processo de conformação
da agenda decisória.
Nesse sentido, para analisar uma política pública, é imprescindível
compreender o processo de conformação da agenda. Isso porque enten-
demos que o processo de escolhas na política não é puramente racional

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e monolítico. Ao contrário, ele é baseado na predileção e interesses dos
atores participantes e nas características (preferências e crenças) dos
órgãos, das instituições e dos aparelhos vinculados à constituição das
políticas públicas (Viana, 1996). E essas escolhas se iniciam no momento
da identificação do problema e da sua entrada na agenda de decisão.
O entendimento sobre a subjetividade da definição do problema
ganhou corpo com o desenvolvimento da Análise de Política, pois até
então esse elemento era considerado uma entidade objetiva e nem sequer
era reconhecido como uma fase do ciclo da política. Esse não-reconhe-
cimento era mascarado pela racionalidade do processo de tomada de
decisão. Como ressalta Lindblom (1991), as decisões dos fazedores de
política não são sustentadas apenas por um comportamento de caráter
racional, mas são pautadas em valores políticos, pessoais, ideológicos, etc.
Nesse sentido, a identificação de um problema e de sua solução –
primeiro momento – se dá de forma subjetiva e interessada pelos atores
sociais, ou seja, decorre naturalmente de sua racionalidade, ideologia e
modelo cognitivo. Se um ator social for forte o suficiente, ele transfor-
mará seu modelo cognitivo naquele da política. Sua visão a respeito de
problemas, prioridades e da própria orientação da política irá se converter
no modelo cognitivo da política. Outra maneira de o ator impor seu
modelo é através da influência sistemática do processo, fazendo com
que seu modelo passe a ser gradualmente percebido como correto e
legítimo pelos demais atores.
Após o reconhecimento desses problemas, que pode ser individual
(quando o ator é forte e o legitima) ou coletivo, inicia-se o segundo
momento. Este se refere ao ato de incorporar esse problema declarado,
público na agenda de governo e passar a dar-lhe maior atenção como
um assunto que possivelmente virará uma política pública. A agenda é
o instrumento que reflete a priorização de problemas e assuntos a serem
trabalhados num governo.
De acordo com Kingdon (1984), a agenda é o espaço de constituição
da lista de problemas ou assuntos que chamam a atenção do governo
e dos cidadãos. É importante ressaltar que, apesar disso, a passagem
de um problema para a agenda não é, por si só, um requisito para que
finalmente se elabore uma política pública para solucioná-lo.
A agenda da política pública, dessa forma, é dada pela interação
entre as agendas em disputa apresentadas pelos diferentes atores interes-
sados no tema, ponderada pelo poder relativo que cada um deles detém.
Caso o poder seja difuso, o produto da negociação tenderá a ser uma

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agenda plural que reflete parcelas pequenas de cada uma das agendas
individuais. Se o poder for significativamente concentrado, sendo detido
por um ator apenas, diz-se que este é o ator dominante naquela política
pública específica. Nesse caso, a agenda da política tenderá a refletir em
grande medida a agenda individual desse ator, sendo pouco influenciada
pelas demais. O terceiro caso é aquele no qual um único ator detém
tanto poder que consegue controlar com exclusividade a agenda da
política pública. Nesse caso, diz-se que este é o ator hegemônico. Em
condições como essas, as demais agendas são absolutamente ignoradas
por esse ator, e a agenda da política pública será a reprodução exata de
sua agenda individual.
A entrada de um determinado assunto na agenda política também
não se dá de forma tão fácil quanto parece. É no processo de conformação
dela que se verificam com maior frequência os fenômenos trabalhados
por Bachrach e Baratz (1962) e, posteriormente, por Lukes (1974), refe-
rentes a conflitos. De acordo com esses autores, os conflitos referentes
a qualquer processo de tomada de decisão estão sujeitos à influência
daqueles que detêm poder sobre ele e que buscam criar ou reforçar
valores sociais e políticos e práticas institucionais. Nesse caso, buscam
continuar legitimando seu modelo cognitivo como o modelo da política.
Assim, a transformação do modelo cognitivo de um ator no da política
irá depender da relação de poder e dos conflitos que dela decorrem.
Bachrach e Baratz (1962) afirmam que existem duas formas asso-
ciadas ao exercício do poder. A primeira delas é a explícita, referente
aos conflitos abertos, envolvidos no processo de tomada de decisão. A
segunda é a encoberta, pela qual grupos políticos se articulam para
suprimir os conflitos e impedir sua chegada à agenda, criando uma
situação de “não-tomada de decisão” (non decision-making).
Lukes (1974) complementa essa análise, argumentando que haveria,
ainda, uma terceira face do poder, referente aos conflitos que denominou
de latentes. Nessa situação, de natureza bem mais sutil que as outras
duas, o exercício de poder se dá conformando as preferências da popu-
lação, de maneira a prevenir que nem conflitos abertos nem encobertos
venham a se manifestar (Dagnino et al., 2002). Esse tipo particular de
conflito ocorre quando as opiniões ou preferências da sociedade são
manipuladas, impedindo, assim, o surgimento de eventuais conflitos no
futuro. Devido a sua própria natureza, a existência de tais conflitos não
pode, por definição, ser empiricamente comprovada: ela pode apenas
ser inferida. A análise desses conflitos, aliada à compreensão de outros

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elementos como a atuação de grupos de pressão, permite intuir porque
alguns assuntos ou problemas, bem como alternativas, são escolhidos
para deliberação governamental e outros não.
Um conceito importante para analisar essas escolhas é o de advocacy
coalitions. Este conceito tem sido empregado com sucesso na Análise de
Política, ao se analisar a atuação e a articulação de atores participantes
ou não de um mesmo grupo que se unem para advogar uma mesma
causa ou assunto (Sabatier & Jenkins-Smith, 1993; Roth Deubel, 2006).
Esses atores compartilham um conjunto de crenças básicas (objetivos
políticos mais outras percepções) e procuram manipular regras, orça-
mentos e funcionários de instituições governamentais no sentido de
alcançar seus objetivos.
Outro conceito é o de policy networks, segundo o qual diferentes
instituições e atores conformam redes em torno de questões específicas,
de forma a pressionar o processo de elaboração da política, e que se
diluem uma vez que o objetivo que propõem é alcançado (Frey, 2000).
Por fim, outro conceito digno de nota é o de policy arena. Este conceito
ressalta a articulação de organizações afetadas por medidas políticas
que, ao expressarem suas reações e expectativas, geram um efeito ante-
cipatório na arena política (polity) o qual acaba influenciando o próprio
processo político (politics) e decisório (policy) (Frey, 2000). Esse con-
ceito pode ser visualizado, por exemplo, em relação à reforma agrária.
O Governo ao prever a reação de grupos de grandes produtores acaba
por tomar medidas não prejudiciais a esses grupos, tendo em vista o
poder econômico deles.
As políticas públicas são concebidas como o resultado de inter-re-
lações e interdependências de várias instituições, grupos de interesses
e indivíduos que conformam uma rede de influência mútua e onde as
hierarquias reais não sempre são as que formalmente se estabelecem.
O terceiro momento é o da formulação da política pública. Neste,
os “tomadores de decisão”, termo utilizado por Dagnino e colaborado-
res (2002), formulam uma política pública no âmbito de um processo
decisório,

que pode ser democrático e participativo ou autoritário e de ‘gabinete’; de


‘baixo para cima’ ou de ‘cima para baixo’; de tipo racional e planejado ou
incremental e mediante o ajuste mútuo entre os atores intervenientes; com
ou sem manipulação e controle da agenda dos atores com maior poder;
detalhadamente definida ou propositadamente incompleta. (Dagnino et
al., 2002:195)

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Vale ressaltar que esse processo, muitas vezes democrático e partici-
pativo, se inicia na conformação da agenda. Contudo, é mais frequente
que seja observado no momento de se formular a política pública.
Depois de sua formulação, inicia-se o momento da implementa-
ção da política, mediante os órgãos e seus mecanismos. Este momento,
segundo Viana (1996:13), ocorre “em um espaço administrativo, con-
cebido como um processo racionalizado de procedimentos e rotinas”.
Dependendo do grau de detalhamento na formulação da política, haverá
a existência de uma discricionariedade por parte dos implementadores
para adequar a política à realidade. Nesse sentido, entendemos que,
até esse momento, deve-se considerar que a política ainda está sendo
formulada.
Meny e Thoenig (1992) entendem que a implementação é a fase
de uma política pública durante a qual se geram atos e efeitos a partir
de um marco normativo de intenções, de textos ou de discursos. É o
conjunto de ações que pretendem transformar as intenções em resul-
tados observáveis.
O último momento corresponde à avaliação da política pública.
A avaliação pode ser usada apenas como um instrumento técnico ou
como uma ferramenta política e útil na formulação da política (Olmo,
2006). Apesar de apresentarmos a avaliação como o “último” momento
do “policy cycle”, ela não necessariamente ocorre após a implementação
da política (avaliação ex-post). Ela pode ocorrer também no início do
ciclo (avaliação ex-ante) ou ao longo dele, de forma concomitante.
A avaliação se apresenta como um instrumento técnico que permite
o desenvolvimento de processos para a revisão e medição sistemática do
estado do problema. Os resultados dessa avaliação permitem: 1. auxiliar
na melhoria da política e assim na sua continuação; 2. finalizar a política
existente; e 3. desenvolver uma nova política. Além de instrumento
técnico, a avaliação é também uma ferramenta política. Os resultados
dela são utilizados para melhorar os programas e para prestar contas
aos cidadãos, contribuindo assim para a confiança e para a legitimidade
do sistema.
Embora abarquem todos os momentos do policy cycle, os estudos
desenvolvidos a partir do campo da Análise de Política, o qual constitui
o substrato conceitual e metodológico deste capítulo, têm se dedicado
com maior densidade à apreciação do processo de conformação da
agenda das políticas públicas. Afinal, é nele que se evidenciam com
maior clareza os conflitos entre as agendas particulares dos diferentes

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atores que “negociam” o significado da política pública. É também nele
que se manifestam com mais frequência as assimetrias de poder que
acabam por interferir significativamente nas características que a política
assume ao final do processo.
Nas próximas páginas, focaremos nossa análise justamente nas
duas agendas particulares que têm influenciado a agenda da política
científica e tecnológica brasileira: a “agenda da ciência” e a “agenda da
empresa”. Por meio de sua interação, em um espaço condicionado por
projetos políticos, ideologias e estruturas de poder estabelecidas, é que
se conforma a agenda explícita da política pública, conforme eviden-
ciada nas ações governamentais. Exploremos, pois, essas duas agendas.

A PCT e a agenda da ciência

A PCT representa o conjunto de medidas governamentais que


visam simultaneamente apoiar as atividades de pesquisa científicas e
tecnológicas e explorar seus resultados de acordo com objetivos políticos
gerais (Salomon, 1970). Assim, essa política seria determinada pela ideia
de uma integração deliberada entre atividades científicas e tecnológicas,
de um lado, e de decisões de caráter social, político, econômico e militar,
de outro. Em outras palavras, a política científica e tecnológica seria
a manifestação do resultado da negociação envolvendo a agenda da
ciência, defendida pelos cientistas, e as agendas dos demais atores, em
temas especificamente relacionados à ciência e tecnologia.
Não é casual a importância conferida aos cientistas na definição
acima. São eles os grandes responsáveis pela condução das políticas cien-
tíficas e tecnológicas na grande maioria dos países. Em alguns casos, de
fato são eles os principais encarregados da formulação, implementação
e avaliação dessas políticas.
Nesse sentido, uma análise cuidadosa do padrão da PCT brasi-
leira, por exemplo, indica que a comunidade de pesquisa desempenha
o papel de ator hegemônico no processo de conformação da agenda
dessa política (Dagnino, 2007), e o tem feito desde o momento de sua
institucionalização, no início da década de 1950. Isso poderia explicar,
por exemplo, a surpreendente continuidade das ações implementadas no
âmbito da PCT por diferentes governos no Brasil ao longo das últimas
décadas, algo que não ocorreu com a maior parte das políticas públicas.

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Retomando a definição apresentada anteriormente, segundo a qual
o ator dominante no âmbito de uma determinada política pública seria
aquele que, por deter uma parcela de poder tão superior àquela dos de-
mais atores, conseguiria fazer da agenda da política pública um reflexo
fiel de sua agenda particular, verifica-se que, de fato, ela se encaixa no
contexto da PCT brasileira (Dagnino, 2007). Assim, pode-se afirmar
que a agenda da PCT, no Brasil, tem correspondido, historicamente,
à agenda da ciência, ou à agenda da comunidade de pesquisa local. A
mudança nesse quadro ocorre apenas muito recentemente, com a intro-
dução de elementos da agenda da empresa, processo que discutiremos
posteriormente neste capítulo.
A “agenda da ciência”, defendida pelos cientistas, é constituída pelo
conjunto de interesses relativamente articulados da comunidade de
pesquisa. Refere-se, por exemplo, àqueles mecanismos por meio dos
quais esse ator garante a continuidade (e, a depender da conjuntura, a
expansão) dos recursos públicos destinados ao fomento das atividades
científicas, ou às condições legais às quais estão sujeitas as instituições
de pesquisa e os cientistas que nelas atuam.
Entendemos a comunidade de pesquisa como o conjunto de profis-
sionais envolvidos com atividades científicas, tecnológicas e acadêmicas
em geral. Trata-se de um grupo relativamente heterogêneo de indiví-
duos e instituições que, em geral, compartilham de valores, interesses,
ideologias e práticas profissionais bastante próximas, o que permite
que seja tratado, sem prejuízos significativos, como uma categoria de
análise específica.
Em relação à agenda da ciência e à posição da comunidade de
pesquisa em relação a ela, Smith afirma que

os cientistas sempre serão os maiores interessados nas atividades científicas


e nas circunstâncias que afetam o progresso da ciência. Apesar de, com
frequência, se interessarem intensamente pela política (da mesma forma
como não-cientistas se interessam pela ciência), os cientistas refratam os
temas através de suas perspectivas disciplinares e profissionais. A agenda
pública, parcialmente definida por burocratas, e parcialmente refletindo
as ações dos cientistas e de outros grupos e sempre evoluindo em um
conjunto dinâmico de interesses, não se mescla completamente à agenda
específica definida pelos cientistas. A forma com que se unem ou deixam
de se unir constitui o núcleo da política científica. (Smith, 1990:13)

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Depreende-se das ideias de Smith que a agenda da ciência confor-
ma a essência da agenda da PCT. As demais agendas que se propõem a
influenciar essa política tendem a ter uma importância pequena sobre
o resultado final da negociação entre os atores.
É também particularmente importante no trecho destacado acima
a expressão “progresso da ciência”. A ideia de que a pesquisa científica
é o motor que propulsiona a sociedade em direção a um futuro cada
vez melhor tem sido, há muito tempo, o principal elemento legitimador
das ações tomadas no âmbito da política científica e tecnológica na
grande maioria dos países. Afinal, caso não estivesse essa crença tão
arraigada no imaginário social, dificilmente um contribuinte iria aceitar
que os recursos provenientes dos impostos que paga fossem destinados a
pesquisas etéreas, que provavelmente em nada irão modificar o contexto
imediato que o cerca.
De acordo com Edelman (1985), essa é uma característica funda-
mental da PCT. Para ele, a política científica e tecnológica é singular
porque compreende muito mais do que a simples alocação de recursos
públicos: envolve também a moldagem das formas com que as pessoas
interpretam socialmente quem são e o que é real e importante, por meio
do conhecimento científico e tecnológico. Portanto, a política teria, para
além de suas atribuições mais facilmente perceptíveis, uma outra função,
sutil, porém de fundamental importância.
A sustentação ideológica da agenda da ciência, sobre a qual se
conforma o núcleo da agenda da política científica e tecnológica, pode
ser interpretada a partir dos elementos presentes no conhecido relatório
Science: the Endless Frontier, preparado pelo então diretor da Agência
de Pesquisa Científica e Desenvolvimento (Office of Scientific Research
and Development) norte-americana, Vannevar Bush. O relatório foi
elaborado a pedido do presidente Franklin D. Roosevelt e entregue a
seu sucessor, Henry Truman, em 1945.
Na prática, o relatório “codificou a racionalidade para o apoio go-
vernamental às atividades de pesquisa e desenvolvimento (P&D) no
pós-Segunda Guerra Mundial e, ao fazê-lo, criou uma base retórica
para explicar o valor da ciência e da tecnologia na sociedade moderna”
(Sarewitz, 1996:17). Por meio desse relatório, a comunidade de pesquisa
norte-americana, representada por Vannevar Bush, buscou garantir que
assuntos ligados à ciência e à tecnologia recebessem, em tempos de paz, a
mesma atenção que haviam recebido durante a Segunda Guerra Mundial.

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Codificando a racionalidade da sociedade norte-americana da época,
o relatório teve um significativo impacto no que se refere à consolidação
do apoio sistemático do Estado às atividades de ciência e tecnologia. Ao
mesmo tempo, criou uma base retórica sobre a qual foi apoiada a concep-
ção sobre ciência e tecnologia que permeia a sociedade contemporânea.
De fato, a preocupação em relação à estruturação das políticas
públicas nessa área ganhou um tremendo impulso após a publicação do
relatório de Vannevar Bush. Conforme destaca Salomon (1999), mui-
tos países aumentaram os recursos destinados à promoção do avanço
científico e tecnológico, aumentaram a quantidade e a qualidade de seus
pesquisadores, de seus laboratórios e de suas instituições de ensino e
implementaram novos programas de pesquisa, seguindo o receituário
proposto no Relatório. O gasto do governo federal norte-americano
com o apoio a atividades de P&D, por sua vez, aumentou em quase seis
vezes, passando de US$ 6,2 bilhões, em 1955, para US$ 35,9 bilhões, em
1970 (Kraemer, 2006).
De acordo com Sarewitz (1996), essa racionalidade pode ser sinte-
tizada a partir de cinco pressupostos fundamentais amplamente aceitos,
embora não verdadeiros, em relação à ciência:
I. Benefício infinito: referente à crença de que “mais ciência inevi-
tavelmente levaria a um aumento do bem-estar social”. Esse argumento,
embora amplamente aceito pela sociedade (e intensamente advogado
por uma parcela da comunidade de pesquisa), não está, segundo o autor,
apoiado sobre qualquer base racional;
II. Pesquisa livre: ideia segundo a qual qualquer linha de pesquisa
razoável voltada para a compreensão de processos fundamentais da
natureza renderá benefícios para a sociedade. A ciência teria uma lógica
intrínseca de funcionamento, que garante que os problemas a serem por
ela trabalhados são apresentados por questões técnicas, e não sociais.
III. Responsabilidade: os mecanismos de controle da qualidade da
pesquisa científica (como a revisão por pares e a fidelidade ao método
científico, por exemplo) conteriam as principais responsabilidades éticas
do sistema de pesquisa. Assim, todo e qualquer conhecimento gerado
dentro desse sistema de normas seria, necessariamente, ético.
IV. Autoridade: a informação científica oferece uma base estrita-
mente objetiva para a resolução de disputas políticas. A valorização da
ciência sobre todas as outras formas de conhecimento, portanto, con-
feriria inquestionável legitimidade à opinião dos cientistas.

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V. Autonomia: o conhecimento gerado na “fronteira” da ciência
seria autônomo em relação a suas consequências práticas e morais junto
à sociedade. O avanço científico, portanto, seria um fenômeno quase
natural, ao qual a sociedade deve se adaptar.
Mais do que simples fatores que condicionaram a institucionalização
da política científica e tecnológica nos países avançados, os elementos
apresentados acima configuram a própria essência dessa política até os
dias atuais. Ao longo das seis décadas que se passaram desde a elaboração
do relatório Science: the Endless Frontier, essa visão acerca do avanço
da ciência e da tecnologia – associada à racionalidade ou ao sistema de
crenças de seu ator central, a comunidade de pesquisa – tem influenciado
e legitimado as ações adotadas no âmbito da PCT.
Complementarmente, Bimber e Guston (1995) afirmam que a visão
de ciência e tecnologia que apresenta a comunidade de pesquisa é pautada
pelas concepções do universalismo, do essencialismo e do triunfalismo
(três “-ismos” da C&T), o que explica, em grande medida, as caracte-
rísticas da política científica e tecnológica. Podemos ainda imputar à
mentalidade da comunidade de pesquisa a visão da neutralidade acerca
da C&T, como faz Dagnino (2008).
Nessa direção, os autores argumentam que a interpretação acadê-
mica acerca da ciência (e da tecnologia) e de suas relações para com o
Estado denuncia as persistentes percepções codificadas pelo relatório
de Vannevar Bush, situando a política científica (e tecnológica) em uma
categoria completamente dissociada daquela da ciência, ainda frequen-
temente entendida como a nobre e desinteressada busca pela verdade
objetiva por trás do mundo natural.
No sentido de derrubar a blindagem ideológica que envolve a PCT,
os autores questionam o “excepcionalismo científico”, apoiado em quatro
postulados fundamentais:
I. Excepcionalismo epistemológico – a ciência como a busca pela
verdade objetiva;
II. Excepcionalismo platônico – ideia de que somente um grupo
restrito de pessoas de intelecto privilegiado deve ficar responsável pela
condução do processo político;
III. Excepcionalismo sociológico – a ciência tem uma ordem nor-
mativa única que garante seu bom funcionamento (como afirma a noção
mertoniana das normas institucionalizadas);

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IV. Excepcionalismo econômico – a ciência constitui um inves-
timento produtivo que possibilita um extraordinário retorno futuro.
Apesar de reconhecerem que os três primeiros postulados, ao me-
nos naquilo que se refere ao campo dos Estudos Sociais da Ciência e da
Tecnologia, têm sido atacados ao longo das últimas décadas, os autores
admitem que o último deles – o excepcionalismo econômico – ainda
permanece pouco contestado.
Evidentemente, há uma razão para tanto. A prevalência do mito de
que o investimento em ciência irá, impreterivelmente, produzir desen-
volvimento econômico deve ser compreendida a partir das condições
políticas que conformam o contexto atual. Em outras palavras, é preciso
compreender a sobrevivência dessa concepção à luz da ideologia neoli-
beral, à qual o excepcionalismo econômico se une de forma harmônica.
É também à luz desse contexto que deve ser entendida a incorporação
de determinados termos – como “inovação”, “empreendedorismo” e
“competitividade” – ao discurso que envolve a política científica e tec-
nológica brasileira, conforme discutimos a seguir.

A emergência da agenda da empresa (periférica)

A política científica e tecnológica é geralmente tratada em conjunto


(e até mesmo sem o devido cuidado para com a distinção conceitual)
com a política industrial e com a política de inovação. Erber (2006), por
exemplo, classifica essas duas políticas como “gêmeas xifópagas”. Essa
ambiguidade acaba por subestimar a abrangência da política científica
e tecnológica, uma vez que implicitamente destaca o papel das empresas
em detrimento dos outros atores sociais envolvidos com essa política
(universidades e institutos públicos de pesquisa, movimentos sociais,
ONGs, etc.).
Muito embora exista, de fato, uma inegável proximidade entre a
PCT e a política industrial, não é conveniente tratá-las como sinônimos.
Tampouco é apropriado ignorar as demais possibilidades de interação
entre a política científica e tecnológica e outras políticas públicas, tais
como as políticas sociais, por exemplo. Não obstante, cada vez mais fica
evidente uma mudança no discurso da PCT, que a situa cada vez mais
próximo da figura da empresa.
Como afirmamos anteriormente, esse processo, relativamente novo,
deve ser compreendido a partir das mudanças ideológicas identificadas

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com o pensamento neoliberal. O discurso que tem permeado a PCT nos
anos mais recentes (sobretudo a partir do início do século XXI) tem
recorrentemente feito alusão à empresa privada.
Entendemos como agenda da empresa o conjunto coeso de deman-
das que interessariam a esse ator em particular. Não é surpreendente, em
determinados contextos, encontrar evidências que comprovem o quão
pervasiva é a agenda da PCT na agenda da empresa. Isso é comum, por
exemplo, nos EUA (Slaughter & Rhoades, 1996; Kraemer, 2006). Contudo,
ao analisarmos as mudanças recentes no âmbito da política científica
e tecnológica brasileira, percebemos que há uma distância marcante
entre aquilo que se entenderia como as demandas da empresa em um
país de capitalismo avançado e em um país de capitalismo atrasado, ou
periférico. Embora tais termos tenham caído em desuso, talvez sejam,
ainda, os mais adequados para expressar essa diferença.
Que a empresa brasileira em pouco se assemelha às norte-ameri-
canas, europeias ou do leste asiático já é há muito sabido. O que não se
reconhece com a mesma frequência é que aquilo que as empresas locais
esperam da política científica e tecnológica nacional é também diferente
daquilo que suas contrapartes demandam de seus respectivos governos.
Temos, portanto, um modelo idealizado de política (reforçado,
inclusive, por um denso volume de construções teóricas), de um lado,
e as ações concretas de política, de outro, sem que haja correspondência
entre ambos. No que se refere a sua capacidade de refletir as demandas
das empresas locais, há uma disfuncionalidade na PCT brasileira que é
apenas aparente. Em sua essência, as mudanças mais recentes na polí-
tica têm, sim, sido funcionais à empresa. Para ilustrar esse argumento,
discutiremos a seguir dois marcos do novo padrão da PCT brasileira (a
“Lei da Inovação” e a “Lei do Bem”) e seus efeitos sobre o comportamento
empresarial no que diz respeito à inovação tecnológica.

Lei da Inovação

A Lei da Inovação, como é conhecida a Lei nº 10.973/04, representa


um instrumento bastante representativo do atual padrão da política cien-
tífica e tecnológica brasileira. Como o próprio nome indica, a inovação
tecnológica ocupa importância central nessa Lei. Também aparecem
outros traços comuns à trajetória da PCT brasileira, como o ofertismo, o
argumento da importância de parcerias entre universidades e empresas
e o foco na alta tecnologia.

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A inspiração para a Lei da Inovação remete a experiências euro-
peias e, em particular, à Lei de Inovação e Pesquisa da França (Loi sur
l’Innovation et la Recherche), cujo objetivo é “facilitar a transferência de
pesquisa financiada pelo setor público para a indústria e a criação de
empresas inovadoras” (Pereira, 2003:15).
A ênfase conferida ao setor produtivo é evidenciada logo no Artigo
1º, Capítulo I da Lei: “esta Lei estabelece medidas de incentivo à inovação
e à pesquisa científica e tecnológica no ambiente produtivo, com vistas à
capacitação e ao alcance da autonomia tecnológica e ao desenvolvimento
industrial do País, nos termos dos Arts. 218 e 219 da Constituição”. Essa
passagem apresenta a orientação que dá a tônica a todo o texto da Lei,
bem como sua motivação explícita: criar as condições necessárias para
que a pesquisa e a inovação passem a ser responsabilidades das empresas.
O Capítulo II da Lei da Inovação, que dispõe sobre o estímulo à
construção de “ambientes de inovação”, apresenta outro de seus aspectos
que deve ser analisado de maneira mais detalhada: a opção por emular
arranjos institucionais inspirados nas experiências dos países centrais.
Conforme destacado no texto da Lei, “o apoio previsto neste artigo
poderá contemplar as redes e os projetos internacionais de pesquisa
tecnológica, bem como ações de empreendedorismo tecnológico e de
criação de ambientes de inovação, inclusive incubadoras e parques
tecnológicos” (Parágrafo Único do Artigo 3º, Capítulo II).
Na esfera da política científica e tecnológica brasileira, a emulação
de experiências realizadas em países desenvolvidos gera alguns proble-
mas em relação ao uso de conceitos para a compreensão do panorama
da C&T no Brasil. Em primeiro lugar, os modelos pressupõem que o
locus privilegiado da inovação seja a empresa (Dagnino e Thomas, 2001).
Entretanto, esse claramente não é o caso do Brasil. Segundo Brito Cruz
(2004), a grande maioria dos cientistas e engenheiros envolvidos em
atividades de pesquisa e desenvolvimento (P&D) está concentrada em
universidades e institutos de pesquisa (aproximadamente 89% do total),
enquanto os 11% restantes estão nas empresas. Esse quadro é comple-
tamente distinto daquele que se verifica nos países desenvolvidos. No
caso dos EUA, por exemplo, cerca de 70% dos cientistas e engenheiros
envolvidos em atividades de P&D estão alocados nas empresas.
Poderia ser argumentado que o fracasso das políticas de ciência e
tecnologia reproduzidas no Brasil a partir de outro contexto deve-se não à
emulação acrítica e excessiva dessas experiências, mas à sua incompletude.
Entretanto, deve-se atentar para a existência de obstáculos estruturais,

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nos países subdesenvolvidos, que não podem ser facilmente removidos,
de modo que se torna impossível para um país como o Brasil reproduzir
as experiências realizadas no âmbito dos países centrais. Em outras
palavras, como o contexto geral é distinto, as tentativas de reprodução
de fatores específicos (que dependem do contexto geral) não são viáveis.
Não se pode reproduzir um componente de forma exata sem que isso
seja acompanhado também pela emulação dos elementos do contorno.
Portanto, como existem elementos determinantes irreprodutíveis, as
tentativas de emulação de modelos e práticas na política científica e
tecnológica brasileira tendem a ter resultados aquém dos esperados.
Ainda em relação ao Capítulo II da Lei da Inovação, cabe destacar
o conteúdo do Artigo 4º: “as ICT [Instituição Científica e Tecnológica:
órgão ou entidade da administração pública que tenha por missão insti-
tucional, dentre outras, executar atividades de pesquisa básica ou aplicada
de caráter científico ou tecnológico] poderão, mediante remuneração e
por prazo determinado, nos termos de contrato ou convênio:
I. Compartilhar seus laboratórios, equipamentos, instrumentos, ma-
teriais e demais instalações com microempresas e empresas de pequeno
porte em atividades voltadas à inovação tecnológica, para a consecução
de atividades de incubação, sem prejuízo de sua atividade finalística; e
II. Permitir a utilização de seus laboratórios, equipamentos, ins-
trumentos, materiais e demais instalações existentes em suas próprias
dependências por empresas nacionais e organizações de direito privado
sem fins lucrativos voltadas para atividades de pesquisa, desde que tal
permissão não interfira diretamente na sua atividade-fim, nem com
ela conflite.
A Lei da Inovação, nos termos acima apresentados, constitui um
instrumento pelo qual as ICT – compreendendo universidades públicas
e institutos públicos de pesquisa, entre outras instituições – puderam
assegurar o acesso a novos canais de recursos no contexto de desmonte
da estrutura do Estado. Até a década de 1990, as demandas das empresas
estatais representavam um forte mecanismo de estímulo à geração de
conhecimento científico e tecnológico pelas ICT (Motoyama, 2004). O
movimento de privatizações verificado nesse período, aliado à reforma
gerencial implementada no núcleo do Estado, levou ao sucateamento de
uma significativa parcela do aparato científico e tecnológico brasileiro.
A fim de suprir a lacuna deixada pelos recursos estatais advindos de
projetos, muitas universidades públicas e institutos públicos de pesquisa

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passaram a buscar parcerias com empresas privadas, cedendo ou com-
partilhando suas instalações, equipamentos e pessoal. A Lei da Inovação
representou, nesse sentido, a legitimação de uma prática que já vinha
ocorrendo com alguma frequência nas ICT brasileiras.
Apesar de a Lei restringir as práticas dessa natureza àquelas que não
conflitem com os objetivos finais das ICT, uma análise das atividades de
universidades públicas e institutos públicos de pesquisa no Brasil mostra
que a partir da década de 1990 – momento em que ocorre a reforma
gerencial no Brasil – houve um processo de “privatização implícita” da
agenda de pesquisa dessas instituições. Em outras palavras, embora
ainda sejam públicas, as atividades que atualmente desenvolvem são
de interesse das empresas privadas, e não da sociedade em sua acepção
mais ampla.
Outros elementos que reforçam o argumento de que a Lei da
Inovação representa um marco ilustrativo da orientação pró-mercado
assumida pela política científica e tecnológica brasileira estão presentes
no Capítulo IV da Lei, que trata da questão da inovação tecnológica
nas empresas privadas. A disposição geral estabelecida no texto da Lei
é a que segue:

art. 19. A União, as ICT e as agências de fomento promoverão e incentiva-


rão o desenvolvimento de produtos e processos inovadores em empresas
nacionais e nas entidades nacionais de direito privado sem fins lucrativos
voltadas para atividades de pesquisa, mediante a concessão de recursos
financeiros, humanos, materiais ou de infra-estrutura, a serem ajustados
em convênios ou contratos específicos, destinados a apoiar atividades
de pesquisa e desenvolvimento, para atender às prioridades da política
industrial e tecnológica nacional.

Nessa passagem é reafirmada a orientação da política científica e


tecnológica ao encontro dos interesses do setor produtivo e sua sub-
sunção à política industrial. O texto da Lei da Inovação em relação aos
benefícios para as empresas privadas é genérico o bastante para permitir
a criação de instrumentos flexíveis de estímulo ao setor produtivo, mas
não apresenta possíveis mecanismos de controle ou de cobrança de
resultados por parte do Estado e da sociedade.
No que se refere às características gerais da Lei, convém salientar,
por fim, que esta não apresenta uma distinção suficientemente clara
entre capital nacional e estrangeiro, de forma que qualquer empresa
instalada no País é considerada brasileira. Na prática, isso significa que

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as empresas estrangeiras têm acesso aos mesmos incentivos à pesquisa e
à inovação que as empresas nacionais, o que é conflitante com a “agenda
da competitividade”, frequentemente advogada pelo governo brasileiro.
As mudanças propostas pela Lei da Inovação parecem refletir, como
argumentamos, uma guinada pró-mercado das instituições de C&T
brasileiras. Embora essa nova orientação não seja exclusiva do Brasil,
ela parece assumir características ainda mais perversas no contexto dos
países periféricos.

Lei do Bem

A “Lei do Bem”, como é conhecida a Lei n° 11.196/05, representa um


importante complemento à Lei da Inovação, cujo caráter excessivamente
amplo pouco acrescentava à legislação em termos de operacionalidade.
A Lei mantém muitos dos elementos presentes na legislação anterior,
além de incorporar alguns pressupostos também identificados em ins-
trumentos legais em vigor nos países desenvolvidos.
Os incentivos fiscais à inovação tecnológica previstos na Lei do
Bem (Capítulo V) compreendem a:
I. Dedução de valor equivalente aos gastos com P&D classificáveis
como despesas operacionais do valor do Imposto de Renda de Pessoa
Jurídica (IRPJ);
II. Exclusão, no cálculo do lucro líquido para determinação da base
de cálculo da Contribuição Social sobre Lucro Líquido, do valor corres-
pondente a até 60% dos gastos com P&D e com atividades inovativas.
Essa margem pode ser elevada para até 70% caso a empresa aumente
em até 5% o número de pesquisadores contratados em relação ao ano
anterior e para até 80% caso esse valor supere 5%;
III. Exclusão, no cálculo do lucro líquido para determinação da
base de cálculo da Contribuição Social sobre Lucro Líquido (CSLL),
do valor correspondente a até 20% dos dispêndios relativos a projetos
de P&D e atividades inovativas que sejam objeto de patente concedida
ou cultivar registrado;
IV. Redução de 50% do Imposto sobre Produtos Industrializados
(IPI) incidente sobre máquinas, equipamentos, aparelhos, instrumentos,
acessórios e ferramentas destinados a atividades de P&D, benefício que
já constava na Lei n° 8.661/93;
V. Depreciação acelerada (o dobro daquela usualmente admitida)
sem prejuízo da depreciação de máquinas, equipamentos, aparelhos e

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instrumentos novos destinados à realização de atividades de P&D, para
efeito de apuração do Imposto de Renda de Pessoa Jurídica, benefício
que também já constava na Lei n° 8.661/93;
VI. Amortização acelerada dos dispêndios relativos à aquisição de
bens intangíveis vinculados a atividades de P&D para efeito de apuração
do Imposto de Renda de Pessoa Jurídica, outro benefício que já constava
da Lei n° 8.661/93;
VII. Crédito do imposto sobre os valores pagos, remetidos ou
creditados a beneficiários no exterior a título de royalties, assistência
técnico-científica ou prestação de serviços especializados, desde que a
empresa assuma o compromisso de realizar atividades de P&D no País
cujos gastos sejam, no mínimo, uma vez e meia o valor do benefício
nas áreas de atuação das extintas SUDENE E SUDAM, ou o dobro do
valor do benefício para as demais regiões;
VIII. Alíquota zero para o Imposto de Renda de Pessoa Jurídica
retido na fonte sobre remessas para o exterior destinadas ao registro e
à manutenção de marcas, patentes e cultivares.
Nas palavras de Guimarães,

do ponto de vista dos instrumentos adotados, a principal modificação


introduzida pela Lei n° 11.196/05 em relação à legislação precedente é a
substituição do crédito tributário previsto pela Lei no 8.661/93 (dedução do
Imposto de Renda devido, até o limite de 4% do referido imposto, de valor
equivalente à aplicação de alíquota cabível do Imposto de Renda à soma dos
dispêndios, em atividades de pesquisa e de desenvolvimento tecnológico)
por um tax allowance (exclusão do lucro líquido, na determinação do
lucro real e da base de cálculo da CSLL, de valor corresponde a até 160%
da soma dos dispêndios realizados no período de apuração, percentual
aumentado em até 20 pontos de porcentagem em função do número de
empregados pesquisadores contratados pela pessoa jurídica). (...) A nova
lei inova ainda ao admitir: i) a dedução como despesa operacional das
transferências destinadas à execução de atividade de inovação, feitas às
micro e pequenas empresas e aos inventores independentes; associando-a
ii) à exclusão da receita dessas empresas das importâncias recebidas pela
execução das referidas atividades – o que corresponde a um tax allowance
equivalente ao valor dessa receita. (Guimarães, 2006:33-34)

No caso brasileiro, como aponta o autor, o cálculo dos incentivos


por meio do tax allowance tem se mostrado mais favorável às empresas

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do que aquele feito com base no método antigo, referente ao crédito
tributário, conforme estabelecido pela Lei n° 8.661/93.
A Lei do Bem segue os mesmos pressupostos dos instrumentos legais
orientados para o estímulo a atividades de C,T&I no Brasil concebidos
anteriormente. Assim como eles, enfatiza a importância da inovação
tecnológica, entendida como

a concepção de novo produto ou processo de fabricação, bem como a


agregação de novas funcionalidades ou características ao produto ou pro-
cesso que implique melhorias incrementais e efetivo ganho de qualidade
ou produtividade, resultando maior competitividade no mercado. (Art. 17)

O conceito de inovação tecnológica é relativamente bem definido


no texto da Lei, conforme mostra o trecho acima. Contudo, mais uma
vez não fica clara a distinção entre empresas de capital nacional e es-
trangeiro, o que permite, na prática, que as grandes multinacionais se
beneficiem do acesso a recursos públicos a fundo perdido.
A Lei do Bem tem sido criticada, além disso, por apoiar apenas as
empresas que dispõem de sistema de apuração do lucro real. Isso significa
que, na prática, essa Lei beneficia as grandes empresas (frequentemente
de capital estrangeiro) em detrimento daquelas de pequeno e médio porte.
Os incentivos previstos para as empresas que realizarem atividades
de P&D, sobretudo na forma de renúncia fiscal, novamente ilustram o
apoio estatal, sustentado por recursos públicos, à pesquisa empresarial.
Trata-se, assim, de mais um indício da “privatização implícita” pela qual
tem passado a PCT brasileira. Representa, além disso, uma forma de
atuação tipicamente associada ao Estado neoliberal, na qual a promoção
do gasto público se dá de forma indireta.

Efeitos das mudanças legais sobre as atividades inovativas empresariais

Muito embora as mudanças legais apresentadas acima ainda sejam


relativamente recentes, já é possível ter alguma noção de seus efeitos
sobre as atividades inovativas entre as empresas brasileiras.
A tabela que se apresenta a seguir, construída a partir da Pesquisa de
Inovação Tecnológica (PINTEC) do IBGE, sintetiza o comportamento
de alguns indicadores selecionados, comparando sua situação em dois
períodos distintos: um imediatamente anterior à introdução da Lei da
Inovação e da Lei do Bem, e outro abarcando os anos posteriores a sua

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implementação (correspondente também ao período para o qual os
dados mais recentes da pesquisa estão disponíveis).

Tabela 1: Comportamento empresarial frente à inovação tecnológica, em


dois momentos
  2001-2003 2006-2008

% de empresas que inovaram em produto ou


38,9% 38,6%
processo (qualquer grau de novidade)

% de empresas inovadoras que realizaram ativi-


24,0% 14,4%
dades internas de P&D (2003/2008)

% de empresas inovadoras que conferiram alta


17,2% 8,4%
importância às atividades internas de P&D

% de empresas inovadoras que conferiram baixa


ou nenhuma importância às atividades internas 79,3% 88,1%
de P&D, ou empresas que não realizaram P&D
% de empresas inovadoras que conferiram
alta importância à aquisição de máquinas e 66,6% 60,9%
equipamentos
% de empresas não-inovadoras que conferiram
alta importância à «escassez de fontes apropria- 45,7% 39,9%
das de financiamento»
% de empresas não-inovadoras que conferiram
baixa ou nenhuma importância à “escassez de 39,9% 46,6%
fontes apropriadas de financiamento”

% do financiamento às atividades de P&D reali-


90% 76%
zado com recursos da própria empresa

% do financiamento às atividades de P&D reali-


5% 19%
zado com recursos de fontes públicas

Fonte: Elaboração própria com base nos dados do IBGE (2003; 2008).

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A julgar pelo comportamento dos indicadores apresentados acima,
verifica-se que as mudanças legais não tiveram efeito perceptível sobre
o percentual de empresas brasileiras que inovaram (de fato, houve uma
pequena redução desse número entre 2003 e 2008).
É interessante notar que houve uma sensível redução do percentual
de empresas da amostra que deixaram de realizar atividades internas de
P&D (de 24%, em 2003, para 14,4%, em 2008) e mesmo que passaram
a conferir menor importância para elas enquanto vetores de inovação
tecnológica (de 17,2% para 8,4%). Esses dados podem indicar que estaria
havendo uma substituição dos investimentos privados em pesquisa por
aqueles de natureza pública, fenômeno que os economistas conhecem
por crowding out. Essa hipótese é reforçada pelo fato de as atividades
de P&D empresarial estarem sendo financiadas cada vez mais com re-
cursos públicos: se entre 2001 e 2003 os recursos próprios respondiam
por 90% dos gastos da empresa com P&D e os públicos por apenas 5%,
entre 2006 e 2008 esses recursos corresponderam, respectivamente, a
76% e 19% dos gastos empresariais com atividades de P&D. Ela ganha
força também pelo fato das próprias empresas estarem, cada vez mais,
reconhecendo a importância das fontes públicas de financiamento à
inovação no Brasil.
O que as empresas locais desejam, aparentemente, são facilidades
para importar tecnologia do exterior. Embora tenha havido uma redução
do número de empresas inovadoras que atribuiu grande importância a
esse tipo de atividade, o percentual de 60,9% ainda surpreende. Se essa
de fato é uma das principais demandas das empresas, a Lei do Bem, em
particular, parece ter sido uma resposta um tanto quanto satisfatória.
Ao que tudo indica, a política científica e tecnológica brasileira
vem, desde a última década, se tornado mais aderente às demandas da
empresa privada. Contudo, aquilo que esse ator parece demandar do
governo – recursos a fundo perdido, renúncia fiscal, redução das tarifas
de importação de máquinas e equipamentos, etc. – não se assemelha
muito àqueles elementos que compõem a agenda da empresa em outros
contextos nacionais. Trata-se de um conjunto de demandas aderentes à
figura de uma empresa tipicamente periférica. Dessa forma, ao permear
a agenda da PCT brasileira, a agenda da empresa amplia as distorções já
previamente existentes na política (como a hegemonia da comunidade de
pesquisa), apartando-a ainda mais dos objetivos socialmente desejáveis.

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Algumas conclusões

Discutimos neste capítulo a existência de duas agendas correspon-


dentes às demandas de dois atores distintos – a comunidade de pesquisa
e as empresas – que estariam, por meio do processo de negociação ou
disputa apresentado no início de nossa argumentação, conformando a
agenda da política científica e tecnológica brasileira como ela se mani-
festa nos discursos e nas ações governamentais.
A agenda da ciência usualmente compõe o núcleo da PCT na grande
maioria dos países, uma vez que é comum que a comunidade de pesquisa
detenha poder suficiente para sustentar uma posição de ator dominante
no âmbito dessa política. Em geral, essa situação é garantida pelos mitos
que envolvem ciência e tecnologia nas sociedades contemporâneas, e
que conferem aos cientistas uma parcela de poder desproporcional em
relação a outros atores.
Em outros contextos nacionais, a agenda da empresa com frequência
se entrelaça com a agenda da ciência (e também com outras agendas),
conformando a dimensão explícita da agenda da PCT. Entretanto, estaria
isso ocorrendo no Brasil?
Ao que tudo indica, é possível afirmar que a agenda da empresa tem
se fortalecido no País. Ela é aderente, afinal de contas, aos elementos
constitutivos da ideologia neoliberal que permeia o Estado brasileiro.
Contudo, sua crescente influência sobre a política científica e tecnológica
brasileira aparentemente não tem decorrido de pressões oriundas do
setor industrial organizado. Os dados da PINTEC apenas mostram algo
que já é sabido há muito tempo: as empresas brasileiras não dão muita
importância ao tema da inovação tecnológica. Ademais, são poucos
os empresários que efetivamente participam de forma sistemática dos
processos de tomada de decisão no âmbito da PCT (Silva, 2012).
Como explicar, enfim, esse processo? Ao que tudo indica, curio-
samente, a agenda da empresa no âmbito da PCT brasileira tem sido
ventilada por um ator improvável: a própria comunidade de pesquisa. Ou,
ao menos, por parte dela: cada vez mais é comum a figura do cientista-
-empresário, aquele que, a partir das universidades e institutos de pes-
quisa, tem advogado políticas mais aderentes às demandas empresariais.
É fato que o mundo da ciência e o da empresa estão se aproximan-
do. E é evidente o efeito dessa aproximação sobre o atual padrão da
PCT. Contudo, não há nada de natural nesse fenômeno. Trata-se de um
processo auto-organizado que interessa a alguns autores mais do que a

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outros. Seria conveniente, assim, refletir sobre seu significado político
e sobre a conveniência dessa reorientação em particular.

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7. Pesquisas sobre células a combustível no Brasil1

Bruno Rossi Lorenzi


Thales Novaes de Andrade

Introdução

Hoje em dia presenciamos um aumento das preocupações com


o meio ambiente, o aquecimento global e a busca de desenvolvimento
sustentável nas agendas políticas da maioria das nações. Um dos maiores
obstáculos do desenvolvimento sustentável nos países industrializados
é o uso do petróleo como principal fonte energética. Por essas e outras
razões, muitos países, inclusive o Brasil, têm buscado novas alternativas
energéticas.
Diversas economias do mundo são preponderantemente baseadas
no petróleo e seus subprodutos para a produção de energia. Muitos
autores apontam que o pico da produção de petróleo está relativamente
próximo. Após esse pico, a produção de petróleo deve se tornar cada
vez menor, tornando esse combustível cada vez mais caro, o que pode
ocasionar crises econômicas na maior parte dos países (Pires, Fernandes
& Fernandes, Bueno, 2006; Pereira, 2003).
Além disso, também se deve incluir na agenda política a questão da
segurança energética. Um país não pode se tornar dependente de uma
única ou poucas fontes de energia. A produção de petróleo atualmente
está nas mãos de cerca de 20 nações (muitas com governos instáveis), o
que representa um grande risco à segurança energética de muitas nações.
Quanto mais variada for a matriz energética de uma nação, mais segura
estará neste quesito (Rifkin, 2003).
Além do problema do pico de produção do petróleo, há outro
talvez ainda mais grave. O uso do petróleo e de outros combustíveis
fósseis causa a emissão de gases de efeito estufa (GEEs), o que, segundo

1 Este capítulo traz resultados da dissertação de mestrado intitulada “Em busca de


alternativas energéticas: estudo sobre as pesquisas em células combustíveis no Brasil”
(Lorenzi, 2012), defendida no Programa de Pós-graduação em Ciência, Tecnologia
e Sociedade (PPGCTS) da UFSCar, São Carlos – SP com financiamento da FAPESP.

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a maior parte dos especialistas, está causando um aquecimento anormal
e acelerado no planeta, que pode causar, entre outras consequências, a
elevação do nível do mar, distúrbios nas estações do ano, chuvas e secas
mais fortes, etc. (IPCC, 2007).
A maior parte da matriz energética brasileira (mais de 60%) provém
de combustíveis fósseis, sendo o petróleo a principal fonte de energia.
O uso dos derivados do petróleo responde por cerca de 42% de nossa
matriz, e o setor veicular é responsável por cerca de 50% deste total
(MME, BEN, 2010). Porém, este setor é um dos principais aliados ao
uso das células a combustíveis e do hidrogênio. O hidrogênio, por ser
um elemento livre de carbono, quando utilizado para fins energéticos
através das chamadas células a combustível (dispositivos eletroquími-
cos que convertem o hidrogênio em eletricidade), não produz tantos
resíduos nocivos ao meio ambiente. Além disso, uma grande vantagem
do hidrogênio é que ele pode ser obtido através de inúmeras fontes de
combustíveis, desde as fontes fósseis tradicionais como petróleo e gás
natural, até fontes renováveis (até mesmo da água), em que emissão de
gases de efeito estufa é menor. Apesar de não ser uma fonte primária de
energia, o hidrogênio pode ser utilizado como forma de armazenamento
de energia e viabilizar outras formas de geração renováveis, como a
energia hidrelétrica, solar, eólica, etc.
O maior problema da geração de energia através de fontes reno-
váveis é sua intermitência. Tanto a luz solar como os ventos variam
muito ao longo do dia. A energia gerada através dessas fontes precisa
ser utilizada imediatamente ou armazenada de outras formas, como em
baterias. O potencial hidrelétrico também não é constante ao longo do
ano, sendo necessárias grandes barragens e também abrir comportas,
o que desperdiça energia quando atingem certo nível. Porém, se nessas
estações de geração forem instaladas células eletrolíticas, a energia ex-
cedente poderá ser convertida e armazenada sob a forma de hidrogênio,
e posteriormente reconvertida em eletricidade por meio de células a
combustível. A vantagem de armazená-la sob a forma de hidrogênio
em vez das tradicionais baterias de lítio se dá por isso ser mais barato
e eficiente. Assim, se poderia construir barragens para hidrelétricas
menores e mais eficientes, diminuindo seu impacto social e ambiental,
além de tornar a energia solar e a eólica mais viáveis (Silva, 1991).
Além de contribuir para uma geração elétrica mais distribuída, as
células a combustível também podem ser utilizadas em automóveis. O
setor veicular é um dos mais cotados para a utilização dessa tecnologia

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nos próximos anos. Carros movidos a hidrogênio não emitem nenhum
poluente ou gás de efeito estufa, além do fato de que as CaC são muito
mais eficientes e silenciosas do que os motores à combustão. Obtido
através de fontes renováveis, que as próprias células a combustível ten-
dem a baratear, o hidrogênio é uma alternativa técnica para substituir
em grande escala o uso de derivados de petróleo no setor veicular.
O desenvolvimento das células a combustível está acelerado e de
certa forma bastante adiantado na maior parte dos países desenvolvidos,
onde já se aventa em inserir o hidrogênio na matriz energética de ma-
neira significativa nas próximas décadas. O Brasil também faz parte de
organizações mundiais para a implantação da economia do hidrogênio, o
IPHE (International Partnership for Hydrogen Economy), e possui algumas
políticas voltadas para a pesquisa e desenvolvimento das células a combus-
tível e o hidrogênio, com destaque para o ProH2 – Programa de Ciência,
Tecnologia e Inovação para a Economia do Hidrogênio – do Ministério
de Ciência e Tecnologia e do Roteiro Brasileiro para a Estruturação da
Economia do Hidrogênio do Ministério de Minas e Energia.
Contudo, no Brasil, o desenvolvimento dessas tecnologias se encon-
tra num estágio bastante atrasado em relação aos países desenvolvidos,
ou mesmo se comparado a outros países emergentes. Nestes países, têm
sido criados muitos incentivos fiscais para essas tecnologias limpas e
mais verba tem sido disponibilizada em comparação com o Brasil para
pesquisas nessa área (CGEE, 2010).
Este capítulo tem como objetivo fazer uma análise das dimensões
políticas e sociais das pesquisas em células a combustível e uso ener-
gético do hidrogênio no Brasil. Trata-se de um estudo de caso sobre o
CENEH (Centro Nacional de Referência em Energia do Hidrogênio),
um centro público de pesquisa e consulta em tecnologias relacionadas
ao hidrogênio e células a combustível. Como referencial teórico, parti-
mos da Sociologia da Ciência, em especial a Teoria Ator-Rede de Bruno
Latour e Michel Callon. Por meio da pesquisa de campo, feita através
de consulta a fontes secundárias e entrevistas semi-estruturadas com
pesquisadores do Centro, pudemos constatar diversos atores sociais
relacionados às pesquisas nesta área, suas ações, relações e tensões,
assim como um panorama da situação tecnológica e política das pes-
quisas e do desenvolvimento do uso energético do hidrogênio nas redes
articuladas pelo CENEH. Nosso interesse aqui consiste em apontar as
controvérsias e negociações presentes no estabelecimento da agenda

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de pesquisa em células a combustível e tentar explicar o estado em que
essa área se encontra atualmente.

Teoria Ator-Rede: controvérsias e negociações

Nossa pesquisa se baseou na Teoria Ator-Rede desenvolvida por


Bruno Latour. No início da década de 1970, Latour (1997) inicia um
novo tipo de pesquisa, a saber, a etnografia de laboratório.
Lamentando-se da pouca atenção dada às nossas práticas científi-
cas pelos pesquisadores das ciências humanas, o autor pretendeu fazer
um estudo da ciência e da construção dos fatos científicos ao molde
etnográfico/etnológico usado há muito tempo pelos antropólogos para
estudar as sociedades “primitivas”, mas pouco usado para estudar a
própria sociedade ocidental, principalmente seu cerne ontológico: a
ciência. Esta sempre era vista como estando em um altar, protegida de
toda crítica sobre suas práticas pela epistemologia – que concebe a ciência
como uma forma de conhecimento imune às disputas e práticas micro
e macrossociais presentes em todas as outras esferas sociais.

Ao ler a literatura dos antropólogos e ao falar com eles, percebi seu cienti-
ficismo. Eles estudavam outras culturas e outras práticas com um respeito
meticuloso, mas com um fundo de ciência. Perguntei-me então o que
dizer do discurso científico se ele fosse estudado com o cuidado que os
etnógrafos têm quando estudam as culturas, as sociedades e os discursos
pré, para ou extracientíficos. A “dimensão cognitiva” não estaria, aí tam-
bém, amplamente exagerada? (Latour & Woolgar, 1997: 12-13; itálico no
original)

O Programa Forte, teorizado por David Bloor (1998), inovava ao


colocar em relação de simetria tanto o erro quanto o sucesso. Os mes-
mos tipos de causa deveriam explicar tanto o sucesso quanto o fracasso.
Para Latour (1997), isso deveria ser levado a sério na investigação da
produção científica, trazendo a sociedade da margem para o centro da
produção científica. O autor também inova por trazer uma nova relação
de simetria: natureza/sociedade. Para Latour, uma não prevalece sobre
a outra e ambas devem ser tratadas nos mesmos termos.

Cumpre não somente tratar nos mesmos termos os vencedores e os venci-


dos da história das ciências, mas também tratar igualmente e nos mesmos

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termos a natureza e a sociedade. Não podemos achar que a primeira é
dura como ferro, de modo a explicar à segunda; não podemos acreditar
bravamente nas classes sociais para melhor duvidar da física (...) O trabalho
de campo que aqui apresentamos é, por conseguinte, duas vezes simétrico:
aplica-se ao verdadeiro e ao falso, esforça-se por reelaborar a construção
da natureza e da sociedade (Latour & Woolgar, 1997:24)

Latour e Woolgar aconselham permanecer longe do discurso cientí-


fico, por este esconder a prática e a construção dos fatos. Nesse discurso,
os fatos científicos são tratados como “descobertas” e escondem sua
origem e história (a maior parte das vezes controvertidas e cheias de
disputas) por trás de “provas” e “argumentos irrefutáveis” após o fato
ter se consolidado (ou estabilizado). Segundo eles, a ignorância, nesse
caso, seria uma arma a favor do observador na narração e crítica da
prática científica.
Latour (1997) enfatiza o caráter anti-epistemológico da meta-lin-
guagem a ser utilizada em seu trabalho, voltando sua atenção à prática:
as maneiras, a linguagem, os instrumentos, as estratégias, etc., utilizados
pelos cientistas para promover suas teorias e refutar as de seus concor-
rentes. Enfim, percebe os fatos científicos como uma construção, que
caminha lentamente rumo a uma estabilização por meio da eliminação
de teses e cientistas concorrentes, e da aceitação por parte da comunidade
científica, até se tornar um “fato inquestionável”.
Latour e Woolgar (1997) ainda atribuem à sua própria prática o
mesmo valor que atribuem à prática dos cientistas estudados. Para eles,
não há diferença: ambos são práticas científicas e igualmente questio-
náveis . Eles enfatizam a necessidade formulada por Bloor (1998) de
sempre se aplicar essa reflexividade às ciências humanas, para não se
correr o risco de se contradizer ao demonstrar uma prática ou modelo,
nem de ser arrogante atribuindo a si próprio uma natureza ou confia-
bilidade diferente da do objeto estudado, sobretudo quando o objeto a
ser estudado é a própria ciência pela ciência.
Em outro livro, Latour (1994) trata da visão de natureza da ciência
moderna. Segundo ele, os povos modernos veem a natureza e a socie-
dade como duas esferas distintas e perfeitamente separadas. Cada uma
dessas esferas, portanto, tem as suas ciências e os seus cientistas, e não
precisariam se preocupar uma com a outra. Porém, segundo o autor, isso
não passa de uma ilusão que criamos para nós mesmo para justificar
nossos pensamentos e práticas.

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Para Latour (1994), natureza e sociedade estão completamente
misturadas e só é possível separá-las por meio de abstração. O que temos
na prática quando levamos em consideração uma instituição como a
linguagem ou um ser vivo são objetos híbridos (ou o que ele chama às
vezes de quase-objetos), ou seja, algo que seria, nos termos “modernos”,
natural e social (ou cultural) ao mesmo tempo.

Reais como a natureza, narrados como o discurso, coletivos como a socie-


dade, existências como o Ser, tais são os quase-objetos que os modernos
fizeram proliferar, e é assim que nos convém segui-los, tornando-nos
simplesmente aquilo que jamais deixamos de ser, ou seja, não-modernos.
(Latour, 1994:89)

Isso fica mais claro à medida que refletimos sobre os fatos científicos
como constructos sociais. Por mais que algo como um átomo possua
uma parte independente da cultura, que se comporta independentemente
da nossa vontade, é somente por meio da nossa percepção (que inclui a
cultura, as teorias científicas de uma época, os equipamentos de mensu-
ração, etc.) que podemos ver, compreender e significar qualquer coisa
na natureza. Tudo carrega um arcabouço simbólico, que varia ao longo
do tempo e entre diferentes culturas, ao mesmo tempo em que é natural.
Segundo Latour, existem dois processos que contribuem para a
construção dos fatos científicos e tecnologias. O primeiro, que ele chama
de “mediação” (ou translação), se refere à construção de um fato científico
ou tecnologia. Para Latour (1994; 2000), a ciência se faz através de redes,
que conectam pessoas, instituições, e elementos não-humanos. Para um
fato ser aceito ou uma máquina funcionar, eles precisam estar amarrados
a vários elementos (ou atores) humanos e não-humanos. Quanto mais
complexo for um fato ou máquina, mais complexa geralmente necessita
ser essa rede, já que são necessários muito apoio, financiamento, labo-
ratórios, pesquisadores, etc.
Após um fato científico ou uma tecnologia ser construída e esta-
bilizada, entra em cena um segundo processo, que Latour chama de
“purificação”, no qual os cientistas, ainda que sem admitir a si próprios,
mas eficientemente, eliminam a trajetória (muitas vezes controvertida)
da construção desses fatos; o que nos dá a impressão de que os povos
modernos “descobrem” as coisas, sem a influência da sociedade.

A partir do momento em que levamos em conta tanto as práticas de me-


diação quanto as praticas de purificação, percebemos que nem bem os

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modernos separam os humanos dos não-humanos nem bem os “outros”
superpõem totalmente os signos e as coisas. (Latour, 1994:102)

Voltando sua atenção à prática científica e tecnológica, Latour (2000)


cria o conceito de caixa-preta para ajudar a compreender a construção
dos fatos científicos e máquinas sem precisar entender a fundo o con-
teúdo da ciência.

A expressão caixa-preta é usada em cibernética sempre que uma máquina


ou um conjunto de comandos se revela complexo demais. Em seu lugar,
é desenhada uma caixinha preta, a respeito da qual não é preciso saber
nada, senão o que nela entra e o que dela sai (Latour, 2000:14)

No caso do estudo da ciência ou engenharia, uma caixa-preta é uma


discussão já encerrada ou máquina já construída. Quanto mais difun-
dido e aceito for um fato científico ou uma máquina, mais fechada essa
caixa está. E quanto mais aceito pela comunidade científica, ou quanto
menos questionável for, mais opaca ela será. Segundo o autor, o cientista
da ciência precisaria para entender o funcionamento da ciência, então,
simplesmente acompanhar o fechamento das caixas-pretas, enquanto
elas ainda estão abertas.

Tome uma caixa-preta qualquer e congele a cena: você pode então con-
siderar o sistema de alianças que ele une de duas formas diferentes. Em
primeiro lugar, observando quem ela tem por finalidade alistar. Em se-
gundo, considerando a que ela está ligada, a fim de tornar o alistamento
inelutável. Por um lado, podemos traçar seu sóciograma; por outro, o seu
tecnograma. (Latour, 2000:229)

Não é necessário, portanto, ser um físico, por exemplo, para estudar


a evolução da teoria da relatividade ou um engenheiro para estudar o
funcionamento de um motor. Tudo o que precisamos é quase somente
acompanhar as controvérsias e as alianças, que sempre existem, durante
o fechamento de uma caixa-preta. Isso nos possibilitará também ma-
pear a rede que sustenta essa caixa-preta, já que para cada elemento no
seu tecnograma há outro correspondente no sóciograma. Nesse ponto,
as redes ficam mais visíveis do que nunca, pois os cientistas estarão
constantemente fazendo alianças com outros cientistas, instituições de
pesquisa, de financiamento, com o governo, etc., para tentar fazer com
que os elementos não-humanos necessários para o funcionamento sejam
dominados e funcionem da maneira como desejam.

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Latour (2000) chama de translação o processo de alistar outras
pessoas para que elas participem de construção de um fato científico
ou máquina. Translação aqui tem um duplo sentido, que é adequado
nesse caso. Em primeiro lugar, significa um movimento, ou seja, o de
trazer as pessoas para si. Em segundo lugar, significa tradução, ou seja,
reinterpretar os seus próprios interesses e o das pessoas para que essas
se juntem em torno de um objetivo em comum. Segundo o autor, há
várias maneiras de se transladar. O construtor de fatos ou máquinas pode
simplesmente trazer pra si alguém que tem objetivos em comum com ele
ou semelhantes aos dele. Pode também tentar convencer outras pessoas
de que os seus interesses, mesmo que diferentes, têm algo em comum
e de que elas dependem uma das outras. Por exemplo, um engenheiro
pode tentar convencer uma empresa de que seus interesses para econo-
mizar energia estão intrinsecamente ligados ao desenvolvimento de um
catalisador muito específico, já que este é necessário para se construir
motores mais eficientes. Ou um médico pode convencer o governo local
de que, para aumentar a expectativa de vida, é necessário investir em
pesquisas sobre a reprodução do DNA, já que isto está intrinsecamente
ligado ao processo de envelhecimento. Objetivos que são aparentemente
diferentes podem se tornar comuns através da translação.
Para Michel Callon (1986), a tradução é um mecanismo de convergên-
cia entre os diversos elementos heterogêneos (humanos, não-humanos,
econômicos, políticos, etc.) em uma rede sócio-técnica. O autor consi-
dera esses elementos como atores, os quais são interligados entre si por
meio de elementos intermediários (textos, artefatos técnicos, pessoas,
dinheiro, etc.). Callon (1986) considera que os processos de tradução
são divididos em quatro momentos:
1) Processo de problematização: os atores buscam se tornar indis-
pensáveis aos outros através da definição de problemas e sugerem que
estes são superados por meio de pontos obrigatórios de passagem.
2) Processo de atração: configura-se em uma série de processos
pelos quais os atores se busca aprisionar outros atores em seus respec-
tivos papéis propostos.
3) Processo de envolvimento: uma gama de estratégias a partir das
quais os atores buscam definir e inter-relacionar os vários papéis que
foram designados aos demais. Esse processo evita eventuais desacordos
e possibilita a construção de um sistema de alianças estável.

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4) Processo de mobilização: uma gama de métodos usados pelos
atores para garantir que o porta-voz por eles nomeado seja capaz de
representar a coletividade sem riscos de traição em período subsequente.
É possível, portanto, não apenas considerar os movimentos que
os atores realizam para atrair e controlar aliados para, assim, sustentar
uma rede ao redor de um projeto, mas também para dividir esse pro-
cesso em fases.
Para se acompanhar e compreender a construção de um fato cien-
tífico ou de uma tecnologia, basta então, segundo a Teoria Ator-Rede,
acompanhar o fechamento de uma caixa-preta, com o cuidado de ob-
servar os movimentos de translação envolvidos entre os atores, o que
levará a um mapeamento do seu tecnograma e de seu sóciograma, ou da
rede que sustenta essa caixa-preta, algo muito mais social e controverso
do que aparenta ser no final do processo, quando tudo é considerado
como dado e esquece-se do processo envolvido na construção dos fatos
e tecnologias. Na próxima seção discutiremos essas questões em relação
especificamente as pesquisas em células a combustível desenvolvidas no
Brasil, suas redes de atores e negociações.

Pesquisas em células a combustível no Brasil

Em 2002, ainda durante o governo de FHC, o Ministério de Ciência


e Tecnologia, comandado por Ronaldo Mota Sardenberg, encomendou
ao CGEE uma prospecção para identificar as competências para o desen-
volvimento de sistemas de células a combustível no Brasil. Concluiu-se
que não havia uma instituição que pudesse desenvolvê-los sozinha e que
seria necessário estruturar um programa para isso. “Para tanto, definiu-
se como necessário promover a coordenação das ações e projetos de
cada instituição, estruturar um plano para recompor e compartilhar a
infraestrutura de P&D já instalada” (MCT, PROCaC, 2002:2).
Foi lançado, então, ainda em 2002 o PROCaC (Programa Brasileiro
de Sistemas de Células a Combustível), um programa do MCT voltado
para a pesquisa em células a combustível, com o objetivo de organizar
uma rede de pesquisas e promover ações integradas e cooperadas, que
viabilizassem o desenvolvimento nacional da tecnologia de sistemas
célula a combustível.

O Ministro de Estado da Ciência e Tecnologia, no uso de suas atribuições


legais, resolve:

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Art. 1º Instituir o Programa Brasileiro de Sistemas Célula a Combustível
- PROCaC, com o objetivo de promover ações integradas e cooperadas,
que viabilizem o desenvolvimento nacional da tecnologia de sistemas
célula a combustível.
(...)

Art. 3º Para viabilizar o Programa Brasileiro de Sistemas Célula a


Combustível, o MCT coordenará uma rede de pesquisa e desenvolvi-
mento tecnológico, cujos representantes dos partícipes interessados serão
designados. (MCT, Portaria nº 731, de 14.11.2002)2

Em 2003, os países membros da IEA (Interntional Energy Agency)


se juntaram para discutir a formação de um grupo internacional para
desenvolver programas de P&D e políticas estratégicas em tecnologias
do hidrogênio. Ao final do encontro, foi criado o IPHE (International
Partnership for Hydrogen Economy).
O IPHE consiste numa parceria internacional, formada por de-
zessete países, incluindo o Brasil, para estimular políticas e pesquisas
públicas e privadas para o desenvolvimento de tecnologias ligadas ao uso
energético do hidrogênio e à economia do hidrogênio, assim como seus
regulamentos. Na época, quem chefiava a delegação brasileira e assinou
a parte do acordo foi a então ministra do MME (Ministério de Minas
e Energia), Dilma Roussef. Em 2009 o IPHE mudou sua denominação
para The International Partnership for Hydrogen and Fuel Cells in the
Economy, para incluir também as células a combustível.
Depois da criação do PROCaC no final de 2002, não foi feito quase
nada até 2005. Somente em 2005 foi liberado o primeiro montante de
recursos significativos, de 2 milhões de reais, através da FINEP (Matos,
2009).
Ainda em 2005, o MCT, sob o comando de Eduardo Campos, al-
terou o nome do programa, para abranger também o hidrogênio, que
passou a se chamar Programa de Ciência, Tecnologia e Inovação para
a Economia do Hidrogênio (ProH2).

Os resultados esperados pelo PROCAC/PROH2 foram delineados de


acordo com as diretrizes estabelecidas pelo Conselho Nacional de Política
Energética (CNPE) e as diretrizes dos Fundos Setoriais. Para efetivação

2 Disponível em: <http://www.mct.gov.br/index.php/content/view/14588.html>,


acesso em: 03/06/2011.

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do Programa foram propostas, dentre diversas ações estratégicas: a im-
plementação das Redes de informação, de formação e capacitação e de
desenvolvimento tecnológico; a participação em mecanismos de coope-
ração internacional; e o incentivo aos sistemas energéticos CaC (célula a
combustível) de produção nacional por meio de projetos de demonstração
com a participação da indústria e das concessionárias de energia. Para
viabilizar as ações citadas, o Programa conta com o fomento do governo
federal, envolvendo o MCT, o MME, e as ações de fomento provenientes das
seguintes instituições: MCT/FINEP, MCT/CNPq, ANEEL, ANP e FAPESP,
alem dos fundos setoriais e do programa PIPE (Programa de Inovação
Tecnológica em Pequenas Empresas) da FAPESP. (ROHRICH, 2008:109)

O programa também estruturou 5 redes em sua reformulação para


tentar organizar as pesquisas: I) Rede de Células a Combustível tipo
membrana troca de prótons (PEM); II) Rede de Células a Combustível
de Óxido Sólido (SOFC); III) Rede de Combustíveis e Hidrogênio; IV)
Rede de Integração e Sistemas; V) Rede de Usuários.
Em 2004, após o encontro do IEA, o MME (na época chefiado pela
ministra de Dilma Roussef), começava a trabalhar no Roteiro para a
Estruturação da Economia do Hidrogênio no Brasil, como parte do acordo
do IPHE, pelo que cada país membro iria desenvolver o seu roteiro. O
roteiro foi lançado oficialmente em 2005 e tinha como principal objetivo
a introdução da economia do hidrogênio no Brasil até 2025.

O Ministério de Minas e Energia (MME) tem por atribuição propor ao


Presidente da Republica as políticas nacionais e medidas para o setor
energético, sendo o representante legal do Brasil para assuntos relativos à
política do hidrogênio também no exterior. Assim e que o MME se respon-
sabilizou pela organização e redação final do Roteiro para a Estruturação
da Economia do Hidrogênio no Brasil. Para tanto, fez uso da experiência
previa com o biodiesel e com o Programa Nacional de Introdução e Uso do
Biodiesel, organizando o Roteiro a sua semelhança. (ROHRICH, 2008:111)

O Roteiro foi dividido em oito capítulos. O primeiro deles trata do


desenvolvimento do mercado do hidrogênio como mais um elemento
da matriz energética. O segundo, sobre os meios de produção do hi-
drogênio (este capítulo foi conduzido pelo CENEH). O terceiro, sobre
a logística do hidrogênio (transporte). O quarto, sobre os sistemas de
conversão, ou seja, sobre os meios de utilizá-lo, como as CaC. O quin-
to descreve as possíveis aplicações do hidrogênio. O sexto e o sétimo

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tratam da formação de recursos humanos e normatização, respectiva-
mente. Posteriormente, no final de 2006, foram elaborados os “Projetos
Estruturantes”, definindo metas e prazos do programa. Porém, estes
projetos foram construídos sem a participação daqueles que formularam
o programa original (ROHRICH, 2008).
No Brasil, atualmente, as pesquisas e desenvolvimento em CaC
se concentram principalmente em três áreas: a) pesquisas em células a
combustível de membrana condutora de prótons (PEMFC); b) células
a combustível de óxido sólido (SOFC); c) na reforma do etanol para a
produção de hidrogênio e catalisadores (CGEE, 2010). Até 2007, cerca
de 290 projetos já foram ou estão sendo executados na área de pesqui-
sa em células a combustível e hidrogênio com financiamento público,
num total de cerca de R$133 milhões (Matos, 2009). Há também alguns
poucos projetos de demonstração em andamento, como alguns ônibus
movidos a hidrogênio rodando na cidade de São Paulo e um projeto da
UFRJ de colocar alguns ônibus movidos a hidrogênio em 2014 para a
copa do mundo no Brasil.3
A maior parte das pesquisas, contratadas pelas empresas do setor
energético, como CPFL e Eletronorte, dentre outras, é estimulada pela lei
de P&D da ANEEL (resolução nº242 da ANEEL, de 1998 e Lei nº 9.991,
de 24/07/2000) que obriga as empresas do setor elétrico a aplicarem
pelo menos 1% de seus lucros em P&D para a eficiência e conservação
energética. Porém, essas empresas costumam contratar essas pesquisas
apenas para cumprir a lei e para não serem multadas pela ANEEL e,
geralmente, não desenvolvem nem aplicam essas tecnologias após o
fim da pesquisa.
Na próxima seção, apresentaremos dados de uma pesquisa reali-
zada junto ao CENEH com a intenção de apontar algumas das redes
e articulações construídas em torno das células a combustível e sua
consistência no cenário nacional.

3 “Ônibus brasileiro movido a hidrogênio começa a rodar em São Paulo”,


08/04/2009, disponível em http://www.inovacaotecnologica.com.br/noticias/noticia.
php?artigo=onibus-brasileiro-movido-a-hidrogenio-comeca-a-rodar-em-sao-pau-
lo; “Ônibus nacional que não polui usa hidrogênio como combustível”, 26/05/2010,
disponível em: http://g1.globo.com/rio-de-janeiro/noticia/2010/05/onibus-nacional-
-que-nao-polui-usa-hidrogenio-como-combustivel.html (acesso em 14/01/2010).

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Estudo de caso: CENEH

O CENEH (Centro Nacional de Referência em Energia do


Hidrogênio) foi criado após a 1ª Conferência Brasileira sobre o Hidrogênio,
realizada no IV Encontro do Fórum Permanente de Energias Renováveis,
em Pernambuco, onde se reuniram os cinco centros nacionais de re-
ferência em energias renováveis já existentes.4 O objetivo principal do
CENEH em sua proposta era reunir e divulgar informações a respeito
de pesquisas e desenvolvimento de tecnologias relacionadas ao uso
energético do hidrogênio.
Então, o CENEH se tornou um grande centro de informações, dis-
cussões e articulações de P&D no setor de hidrogênio. Vários consórcios
e pesquisas foram realizados, ao longo dos anos, por meio do CENEH. O
centro propriamente dito não realiza pesquisas, mas articula alianças com
empresas e instituições que realizam. O principal aliado do CENEH na
realização de pesquisas é o LH2 (Laboratório do Hidrogênio), instituição
de pesquisa independente da UNICAMP e localizada no mesmo prédio.
O CENEH pode ser visto, assim, como um grande articulador de
pesquisas e desenvolvimentos tecnológicos no uso energético do hidro-
gênio. Ele não desenvolve diretamente nenhuma pesquisa, mas possui
várias alianças com instituições, entidades e empresas que desenvolvem.
O principal aliado do CENEH é o LH2. Por meio de consórcios firmados
muitas vezes através do CENEH, o LH2 desenvolve pesquisas relacio-
nadas ao uso do hidrogênio com diversas empresas do setor energético
como: Petrobrás, CPFL, Eletronorte, AES Tietê, CEMIG, EMTU, CHESF,
BAESA. O CENEH também presta serviços de consultoria a instituições
ligadas a ministérios, como o CGEE.
Os projetos desenvolvidos junto ao CENEH tratam de pesquisas
ligadas ao uso energético do hidrogênio como: produção de hidrogênio,
através de diversas fontes (hidrelétricas, etanol, biomassa, sistemas foto-
voltaicos, sistemas eólicos); no desenvolvimento de sistemas de células

4 Os centros já existentes eram: Centro Brasileiro de Energia Eólica (CBEE), loca-


lizado na Universidade Federal de Pernambuco – UFPE, Centro Brasileiro para
o Desenvolvimento de Energia Solar Térmica (GREEN SOLAR), instalado na
Pontifícia Universidade Católica de Minas Gerais – PUC-MG, Centro Nacional de
Referência de Pequenas Centrais Hidroenergéticas (CERPCH), localizado na Escola
Federal de Engenharia de Itajubá (MG) – EFEI, o Centro de Pesquisas de Energia
Elétrica (CEPEL) e o Centro de Referência em Biomassa (CENBIO), instalado na
Universidade de São Paulo – USP

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a combustível; em sistemas automotivos; baterias; redes energéticas;
eficiência energética, etc.

Problemas estruturais apontados pelo CENEH

O governo de FHC apoiou as pesquisas em células a combustível em


consonância com o restante do mundo na época, principalmente após
George W. Bush assumir a presidência dos EUA em 2001 e direcionar seu
apoio às CaC nos automóveis elétricos, em vez das tradicionais baterias.
O programa brasileiro para a pesquisa em células a combustível (ProCac)
só saiu em 2002, no final do mandato de FHC. O primeiro governo de
Lula ainda apoiou as pesquisas na área, fase em que foi liberada a maior
quantidade de verba para tal.
Segundo os secretários do CENEH, enquanto os EUA pretendiam
utilizar fontes fósseis combinadas com o sequestro de carbono para
produzir hidrogênio, o Roteiro para a Estruturação da Economia do
Hidrogênio no Brasil, do MME (que faz parte dos programas do IPHE),
previa utilizar as células eletrolíticas e o hidrogênio para viabilizar fontes
de energia renováveis como a eólica e solar. Porém, as políticas voltadas
para o hidrogênio e as CaC sofreram uma grande interrupção depois
da posse de Obama, que deu novamente prioridade ao carro elétrico;
já que Obama não é ligado à indústria do petróleo como Bush era.
Consequentemente, as políticas no mundo todo, incluindo o Brasil,
também sofreram, com isso, um grande desestímulo.
Segundo entrevista concedida por secretários do CENEH, enquanto
a FINEP gerenciava e financiava os projetos, as pesquisas e desenvol-
vimento progrediam, pois tinham autonomia e apoio. No momento
em que o MCT assumiu e se organizaram as redes formais através do
PROCaC, seu funcionamento deixou de ser adequado.

Enquanto a FINEP financiava e coordenava os projetos, tudo estava andan-


do muito bem, tínhamos até projetos de sistemas de CaC que superavam
projetos no exterior (como o Vega 1). Porém, quando o MCT lançou o
programa (PROCaC) e assumiu a coordenação dos projetos e estruturou
as redes, tudo parou de andar. Ninguém mais recebia as verbas nos prazos
combinados, o que desestimulava os pesquisadores e criou atrasos gene-
ralizados, já que um dependia do outro nesta rede. Não demorou muito
até tudo parar. (membro do CENEH).

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As instituições de pesquisas envolvidas na rede construída não
recebiam os recursos previstos e por isso não era possível cumprir os
prazos. A cadeia de desenvolvimento projetada entre as diversas insti-
tuições no projeto não funcionava, pois uma dependia da outra e não
se cumpriam os prazos. Logo, pararam totalmente de receber recursos
e tudo se estagnou. Quando o projeto e a rede foram rearranjados no
PROH2, foi liberado apenas mais algum montante de dinheiro, tudo
andou por um tempo, mas logo parou novamente, pelo mesmo motivo.
Pode parecer que o programa do MCT e o do MME buscavam o
mesmo, ou seja, estimular o desenvolvimento das tecnologias do hidro-
gênio no mercado brasileiro. E, na prática, era mais ou menos isso que
ocorria. Segundo o secretário entrevistado do CENEH, o MCT lançou
o PROCaC, mas efetivamente quase nada não estava sendo feito. Porém,
o MME, na época chefiado por Dilma Roussef, queria que o programa
fosse adiante e então o tomou para si.

Então a Dilma pegou o ministério, essa parte do hidrogênio, e colocou


o MME num acordo internacional sobre hidrogênio. Ela foi nos EUA e
assinou um convênio de cooperação bilateral em julho de 2003. Em de-
zembro ela voltou lá para assinar a participação do Brasil no IPHE. E aí,
obviamente, tinha que fazer as coisas. O IPHE propôs que cada membro
propusesse o seu roteiro. E ela fez o roteiro. Aí ela pegou várias pessoas
que também trabalhavam nesse negócio do hidrogênio no MCT e levou
pra lá pra fazer o roteiro. Então, ela começou a trabalhar essa questão do
roteiro e dentro do roteiro foi colocado todas as linhas que o Brasil devia
seguir em termos de desenvolvimento dessa tecnologia. Ou seja, ela tava
fazendo o que o MCT não estava fazendo. Tudo o que acontecia com o
hidrogênio acontecia mais no MME que no MCT. (membro do CENEH)

Porém, assim que Dilma Roussef saiu do MME para assumir a


Casa Civil em junho de 2005, tudo o que era relacionado ao hidrogênio
deixou de ter continuidade no MME. Segundo o secretário entrevistado
do CENEH:

Quando ela saiu, ficou a Maria da Graça Foster, cuidando do hidrogênio


no MME, mas a Maria da Graça ficou mais uns 6 meses. Ela terminou o
roteiro, teve uma reunião do IPHE no Brasil, onde foi apresentado esse
roteiro. E logo em seguida a Maria da Graça saiu. Aí acabou. Do jeito que
ela largou ficou até hoje. Quando ela saiu, o negócio ficou exatamente no
mesmo ponto. A única coisa que aconteceu a mais foi que a gestão seguinte

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contratou uma atualização do roteiro, contratou uma pessoa pra fazer isso,
e não pagaram. (membro do CENEH)

Esses problemas indicados pelo CENEH na rede estruturada pelo


MCT lembram os processos identificados por Callon (1986). Num
primeiro momento, vários atores se mobilizaram junto à FINEP e ao
MCT para tentar garantir suas participações e partes do orçamento
no programa que seria inaugurado (processo de problematização). Os
desacordos apontados pelos secretários do CENEH indicam claramente
os processos de atração e envolvimento. Contudo, não percebemos
um acordo sólido entre os membros, o que apontaria para o desfecho
desses processos, nem o início do processo de mobilização, quando os
atores já se veriam como uma coletividade organizada e buscariam uma
representação forte e confiável.
Isso nos leva a outro problema, muito maior e, nesse caso, rela-
cionado à estrutura da política nacional. Há uma discussão de que , no
Brasil, as políticas são pessoalizadas, ou seja, atreladas a projetos dos
indivíduos que as iniciaram, e que geralmente se encerram também
com eles (Almeida, 2009). Os ministérios, muitos deles considerados
de segunda importância, também funcionam como instrumentos de
poder para se firmar alianças e dificilmente seus projetos são levados
adiantes quando se dá a substituição dos responsáveis por eles.

Nós temos problemas técnicos, óbvio, porque é uma tecnologia difícil de


fazer. Temos dificuldades financeiras porque você não consegue adminis-
trar o dinheiro dessa forma. E não há um plano. Nós já fizemos um plano
várias vezes. Vamos comprar uma célula de cada, colocar tudo junto pra
comparar, entender o estado da arte. Mas não consegue dinheiro pra isso.
Então, as coisas não andam. (membro do CENEH)

Essa falta de compromisso com os programas governamentais é


parte do problema relacionado ao financiamento do desenvolvimento
e pesquisas de CaC no Brasil. No entanto, não é só com programas
governamentais que se faz pesquisa, o que é parte de uma problemática
maior: a desarticulação entre os setores de pesquisa, governamental e
de mercado, o qual examinaremos a seguir.
Segundo os secretários do CENEH entrevistados, o Brasil ainda está
muito atrasado em relação a outros países, até mesmo a outros países
emergentes como a Rússia, a China e a Índia. Nesses países, o setor
governamental e o empresarial parecem estar mais bem articulados do

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que no Brasil, pois, ao contrário desses, onde há incentivos fiscais e até
mesmo subsídios nessa área, no Brasil se tributam normalmente essas
pesquisas, de modo que cerca de 30% de custos são devidos a tributação.
Os pesquisadores e empresários entrevistados apontam como os
maiores problemas para a pesquisa e desenvolvimento das células a
combustível no Brasil as questões de infraestrutura. Segundo eles, a
falta de financiamento e a formação de RH são os maiores problemas
para o setor. A despeito do montante já aplicado no Brasil, seu valor
representa apenas cerca de 30% do que a Rússia, a China ou a Índia já
investiram, cada um, no mesmo setor ou cerca de 4% do que os EUA, o
Japão e a União Europeia já investiram individualmente (CGEE, 2010).
Atualmente há pouquíssimas normas referentes ao uso e funciona-
mento das células a combustível. Enquanto outros países já estão extre-
mamente avançados nesse quesito (mesmo a Índia), no Brasil há falta
de pessoal contratado para esse serviço, e ainda nem se traduziram no
todo as normas dos outros países para serem utilizadas como referência
(CGEE, 2010). Esse problema atrapalha muito o desenvolvimento de
células a combustível pelas empresas brasileiras, já que, enquanto não
houver padrões definidos, não há garantia de uso e sucesso no futuro.
Isso também é um indício de desarticulação entre o setor governamental
e o de P&D.

Há a necessidade do apoio aos programas de Tecnologia Industrial Básica


(TIB), uma vez que o Brasil já está atingindo um maior patamar na área
de hidrogênio, com a necessidade de maior desenvolvimento da pesquisa
aplicada e das etapas seguintes, de demonstração e comercialização de bens
ligados ao hidrogênio energético. Isso ocorreria com um suporte maior
à cadeia “metrologia, normalização, regulamentação técnica e avaliação
da conformidade”, estando incluído também o aumento da confiabilidade
metrológica nas medições em sistemas de células a combustível. (CGEE,
2010:17)

Essa desarticulação entre os atores não se restringe apenas a área


das células a combustível. Com poucas exceções, não há estímulos fi-
nanceiros ou tributários para P&D de nenhuma tecnologia considerada
limpa e renovável. Faltam políticas públicas nesse setor da economia e
sobram problemas burocráticos.
A formação de recursos humanos também é alvo de críticas dos
empresários da área, pois a maior parte das pesquisas é feita por alu-
nos de pós-graduação, que as abandonam quando do término de suas

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bolsas e não encontram posteriormente oportunidades nas empresas
para atuar nessa área. Não há, nesse caso, uma política governamental
que incentive a formação e a atuação na área de células a combustível
e outras tecnologias consideradas renováveis, o que prejudica o desen-
volvimento do setor no Brasil.
Segundo os pesquisadores entrevistados, parcerias entre as universi-
dades e as empresas privadas também são pouquíssimas até o momento.
Como não há um mercado ainda para as células de combustível e não
há nenhum incentivo fiscal para o seu desenvolvimento, as empresas
geralmente não se arriscam nesse tipo de inovação. Algumas das poucas
parcerias que se concretizaram até o momento são entre as universi-
dades e algumas distribuidoras de energia. Porém, isso se deu somente
devido à lei de P&D da ANEEL (resolução nº242 da ANEEL, de 1998),
que obriga as empresas do setor elétrico a aplicarem pelo menos 1% de
seus lucros em P&D para a eficiência e conservação energética; e trata-se
de pesquisas muito específicas para as empresas, que somente ajudam
as universidades por meio da verba que transferem.
Uma solução sugerida pelos pesquisadores para esse problema e
que também articularia melhor o setor empresarial e o de pesquisa seria
a exigência para a sua aprovação de parceria com empresas em projetos
de demonstração, além da ampliação desses últimos.

A realização de projetos de demonstração tem como intuito a disseminação


de informações relacionadas às tecnologias do hidrogênio ao público alvo
leigo. A integração de empresas às instituições de pesquisa no desenvol-
vimento dos projetos de demonstração deve ser um requisito para sua
aprovação. Os recursos necessários à realização dos projetos podem ser
oriundos dos Fundos Setoriais CT–Energ e CT–Petro, e projetos de P&D
ANEEL. (CGEE, 2010:19)

Segundo os empresários do setor de células a combustível, o finan-


ciamento de projetos para empresas do ramo é extremamente difícil.
Não há nenhuma linha de crédito especial para esse tipo de pesquisa,
e o BNDES exige comprovações, como a de grandes lucros nos 5 anos
anteriores, que são impossíveis de ser apresentadas por uma empresa
que está começando nesse mercado, ainda incipiente. Isso inviabiliza
qualquer chance de crédito especial para as empresas do ramo, restan-
do-lhes apenas o capital de risco, com altos juros.
Há problemas também com as leis, que atrasam o desenvolvimento
das pesquisas e evidenciam uma desarticulação entre o setor governa-

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mental e o setor de pesquisa e inovação. Os grandes projetos, financiados
pela FINEP, sofrem com muitos problemas burocráticos e de liberação
de verbas. Um ponto muito criticado pelos pesquisadores entrevistados é
a lei 8.666 de 1993.5 De acordo com essa lei, qualquer instituição pública
deve convocar uma licitação para a compra de equipamentos e serviços.
Apesar do artigo 24 desta mesma lei prever que é dispensável a convo-
cação de licitação no caso de pesquisas, desenvolvimento e inovação e
em casos em que o mercado nacional não possua equipamentos com
a mesma qualidade necessária ou preço semelhante aos do exterior, as
fundações que recebem a verba da FINEP e repassam para os projetos
de pesquisa temem algum problema com a interpretação do caso e da
lei (bastante confusa) por parte do tribunal de contas e acabam exigindo
que os projetos de pesquisa convoquem licitações.
Segundo os diretores do CENEH, o novo modelo de financiamento,
que passa agora pelas fundações, juntamente com a lei 8.666 atrapalha
muito o desenvolvimento das pesquisas. Além da grande demora para
a liberação dos recursos, os laboratórios têm que prestar contas e pagar
impostos sobre todos os equipamentos adquiridos.
Poucas empresas no Brasil têm condições de oferecer os equipamen-
tos necessários para a pesquisa em células a combustível e produção de
hidrogênio. Porém, muitas delas querem ganhar as licitações. Segundo os
pesquisadores entrevistados, muitas vezes algumas empresas reduzem o
valor dos equipamentos apenas para ganhar a licitação e posteriormente,
quando do fim do contrato, declaram que não têm condições de produzir
e entregar os equipamentos adquiridos. É necessário, então, convocar
outra licitação... Esse processo atrasa muito as pesquisas e, segundo os
pesquisadores, muitas vezes as inviabilizam. Há nesse caso uma evidente
desarticulação entre critérios legislativos, econômicos e científicos. É
necessária uma adequação da lei para que haja a harmonia necessária
para o desenvolvimento tecnológico dessa e de outras tecnologias que
dependem parcialmente de equipamentos importados.
A Lei da Inovação (Lei 10.973 de 2004) é completamente sobrepujada
pela lei 8.666. Mesmo havendo nessa lei uma exceção para projetos de
P&D no que respeita à arrecadação de taxas, o que os fiscais e o tribunal
de contas levam em conta é a lei 8.666. Os laboratórios, assim como as
empresas que desenvolvem produtos inovadores não têm nenhum subsí-

5 Disponível em: http://www.planalto.gov.br/ccivil_03/Leis/L8666cons.htm Acesso


em: 21/06/2010.

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dio, o que está na contramão do desenvolvimento de tecnologias limpas
e de inovação no resto do mundo, que são subsidiadas e estimuladas.
Todos esses problemas nos revelam uma imensa desarticulação
entre o setor governamental e o de pesquisas. Os atores relacionados às
pesquisas não têm o apoio necessário dos atores políticos. Ao mesmo
tempo, os atores relacionados a essa indústria do hidrogênio e de CaC
são muito poucos, já que não encontram estímulos e um mercado ade-
quado. As leis não se encaixam e os modelos de P&D propostos pelos
ministérios não funcionam adequadamente devido a essa desarticulação
e também à consequente fraqueza da coordenação do projeto.
Segundo os diretores do CENEH, é impossível para o Brasil atual-
mente competir em tecnologias de ponta, como a produção de células
a combustível eficientes para utilização em veículos, com empresas
estrangeiras, como as dos EUA, que investiram bilhões de dólares em
pesquisas; enquanto no Brasil foram investidos apenas alguns milhões,
ou seja, cerca de mil vezes menos. A sugestão do CENEH é investir em
P&D de tecnologias que não são exploradas no exterior (como, muitas
vezes, é feito em outras áreas), como em sistemas de células a combus-
tível. Sistemas nada mais são do que os arranjos necessários para que,
por exemplo, uma célula a combustível movimente um carro, alimente
dispositivos eletrônicos, como computadores portáteis, etc. A célula a
combustível pode ser importada (já que é muito mais barata e eficiente
que uma nacional), porém todo o restante pode ser produzido no País.
Ainda segundo os pesquisadores do CENEH, antes dos veículos
deveria se consolidar o uso da geração estacionária com hidrogênio. As
tecnologias nessa área já estão muito mais desenvolvidas e são muito
mais requeridas no momento. São necessárias em estações de geração de
segurança em locais que não podem ficar sem energia, como hospitais,
centros de telecomunicação, laboratórios, etc. Também em locais que
não estão conectados ao sistema elétrico nacional, como comunidades
isoladas. Nestes exemplos, os velhos geradores a diesel ou querosene
devem ser substituídos por células a combustível movidas a hidrogênio,
que são muito mais eficientes e silenciosas, além de apresentarem muito
menos problemas. Assim que começarem a ser utilizadas, sua produção
em escala deve reduzir muito os seus custos, tornando-as mais viáveis
que os antigos sistemas geradores.

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Conclusão

O setor de pesquisas e desenvolvimento em células a combustível


sofreu estagnação no mundo todo, após a saída de George W. Bush da
presidência dos EUA. Pelo que aponta nosso estudo, essas pesquisas
devem continuar, porém, num ritmo mais lento com a desaceleração da
sua principal locomotiva, o setor automobilístico. Devemos lembrar que
as células a combustível possuem inúmeras aplicações, que continuam
avançando e devem se converter em produtos produzidos em larga
escala, em menos tempo que os automóveis movidos a CaC.
Pelo o que pudemos constatar na pesquisajunto ao CENEH, pode-
mos afirmar que as pesquisas e desenvolvimento em células a combus-
tível no Brasil têm enfrentado sérias dificuldades e não temos células
competitivas para aplicar em automóveis, por exemplo. Contudo, talvez
isso não seja mesmo o que há de mais interessante para a o Brasil, já
que no exterior as grandes montadoras possuem infraestrutura para
desenvolver essa tecnologia e já investiram bilhões nela; ao passo que
no Brasil somente alguns milhões foram investidos e não há previsão
de aumento desse orçamento.
O pouco de pesquisa que há nessa área se deve em maior parte à
resolução 242 de 1998 da ANEEL, que obriga as empresas produtoras
e distribuidoras de energia a aplicar pelo menos 1% de seus lucros em
pesquisas sobre eficiência energética, sob pena de multa.
Muitas vezes os programas e as políticas relacionados à P&D em
células a combustível sofrem descontinuidades assim com a mudança
de ministros ou governos, não se transformando em políticas conso-
lidadas. Os programas como o ProH2 do MCT e o Roteiro do MME
são considerados fracos pelos pesquisadores consultados, devido ao
fato de os coordenadores não terem influência e recursos suficientes
para conduzir e direcionar essas linhas de pesquisas e desenvolvimento.
A infraestrutura para P&D na área de células a combustível continua
sendo muito pequena e fraca. Há pouquíssimo investimento nessa área
(mesmo se comparado a outros países em desenvolvimento), não há
linhas de crédito especiais nem tampouco estímulos tributários para esse
tipo de tecnologia. Ainda há pouca formação de recursos humanos neste
setor e quem se formou na área dificilmente continuam atuando nela,
devido ao desinteresse atual das empresas em desenvolver esse tipo de
tecnologia e consequentemente a poucas parcerias com as universidades.

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Para o setor automobilístico, podemos esperar uma inserção ainda
mais lenta em solo nacional. Assim como acontece atualmente com os
carros híbridos, que não são montados e nem importados pelo Brasil
devido à falta de incentivos fiscais, os carros movidos a CaC deverão
sofrer com os mesmos problemas.
Não há indicativos (pesquisas, investimentos, patentes) que apontem
que o Brasil deva exercer algum domínio sobre o setor de células a com-
bustível. Contudo, os secretários do CENEH consultados apontam que
talvez fosse mais vantajoso para o país ser autossuficiente na produção
do hidrogênio – assim como o País fez com o etanol – em vez de tentar
ser competitivo no mercado de CaC. Também é preciso nos concentrar
na geração estacionária de energia para regiões afastadas e sistemas de
segurança e no desenvolvimento de sistemas de células a combustível,
para podermos aplicá-las aos produtos e necessidades nacionais.
Concluindo, podemos afirmar que os processos de translação nas
pesquisas e desenvolvimento em células a combustível no Brasil não estão
funcionando adequadamente, na maior parte das vezes. A intermitência
de políticas públicas, financiamentos, regulamentações, incentivos fiscais,
contradições nas leis, etc., demonstra uma grande desarticulação entre o
setor governamental, o empresarial e o de P&D em células a combustível.
Essa desarticulação muitas vezes inviabiliza os processos de translação
necessários ao fechamento das caixas-pretas.

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8. Labordireitórios

Ivan da Costa Marques

Introdução

A ideia de “labordireitório” parte de uma complexidade simplifica-


da: os objetos tecno-científicos são produzidos nos laboratórios e nos
tribunais. Os laboratórios e os tribunais não são espaços tão disjuntos
ou de fronteiras tão marcadas quanto a tradição moderna quis fazer crer,
mas espaços que se interpenetram e se comunicam.
A tradição moderna dos estudos sobre como são obtidos os co-
nhecimentos científico-tecnológicos propõe que entendamos os fa-
tos como descobertas feitas em laboratórios (de pesquisa básica) e os
artefatos tecnológicos como desenvolvidos em laboratórios (P&D) e
reproduzidos nas fábricas. Além disto, a construção de conhecimentos
sobre, por exemplo, o átomo, algo que diz respeito à Natureza, não deve
se misturar com a construção de conhecimentos sobre, por exemplo,
valores e direitos, que fazem parte do que diz respeito à Sociedade. Ou
seja, a tradição moderna ensina que Natureza e Sociedade, laboratório
e tribunal, não se misturam.
Quando vamos à farmácia e compramos um remédio, podemos
estar convencidos de que o produto que compramos resultou de um
processo no qual os fatores ditos “naturais” são separáveis dos fatores
ditos “sociais”, pois assim ainda é divulgado, a despeito dos resultados
dos Estudos CTS das últimas décadas. Esta separação está rapidamente
se desfazendo diante do acúmulo de evidências de que as decisões en-
volvidas na estabilização de um remédio como objeto tecno-científico
associam de maneira inseparável transformações que se configuram
no corpo biológico a transformações que acontecem no corpo social. A
partir dos anos 1980 surgiram estudos que podem fazer entender, para
cada caso, em seus mínimos detalhes, como o movimento do braço do
bioquímico que retira uma substância de um armário para torná-la um
reagente, ou que extrai um soro de uma glândula de um rato no labo-
ratório, é indissociável do movimento do advogado ao passar páginas

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na leitura das patentes para avaliar quais são as chances, e se são boas,
daquela molécula.1 Os laboratórios, que se refeririam exclusiva e isola-
damente ao “natural”, passam a compartilhar um espaço de interseção
com os tribunais, que antes diriam respeito exclusiva e isoladamente ao
“social” – eu chamo este compartilhamento de “labordireitório” e sugiro
que muito acontece e é decidido aí.
Este capítulo diz respeito aos labordireitórios e sua importância
para problematizar os conhecimentos ditos globais ou universais, e para
situar os conhecimentos, com respeito em especial ao Brasil. Além da
introdução, ele contém mais cinco partes.
Na primeira parte utilizo a contemplação das constelações no céu
para fazer entrar em cena uma realidade em fluxo na qual os objetos
de fronteira nítidas, isoláveis a que estamos acostumados adquirem
outro tipo de existência. Os objetos científico-tecnológicos reconfigu-
ram-se como entidades que atuam no mundo de modo semelhante às
constelações que vemos no céu. Na realidade em fluxo as entidades são
formas que não se configuram independentemente do observador e do
aparato de observação (mesmo que este aparato seja o olho humano).
As entidades não têm essência, não têm formas prévias, mas podem ser
batizadas por aproximação, podem receber um nome, um substantivo
que as designa. É a partir daí, do nome substantivo que congela de
modo provisório o fluxo, que se constrói uma fronteira entre o interior
e o exterior de uma entidade e se esquece do trabalho e das condições
que possibilitam seu batismo.
Na segunda parte enfoco os atributos de universalidade e neutra-
lidade das ciências e das técnicas como decorrência do divisor consti-
tucional do conhecimento científico moderno: Natureza x Sociedade,
laboratório x tribunal. A Natureza é a entidade coletora das coisas-em-si,
das coisas ou formas que supostamente existem e estão lá dadas a priori,

1 “Quantas moléculas entraram na fase I, II ou III? Há quanto tempo estão aí? (...) As
moléculas e os medicamentos são, portanto, vigiadas em sua entrada e saída pelos
investidores, aqueles com os quais os industriais devem se aliar para poderem con-
tinuar trabalhando. Mas eles os vigiam de maneira comparativa: o anúncio da sus-
pensão dos estudos sobre uma molécula num laboratório provocará, a milhares de
quilômetros, a alta das ações de um laboratório concorrente ocupado em pesquisas
que parecem mais proveitosas no mesmo domínio” (Pignarre, 1999:64-65); “Mas o
mais importante é que a proteção que a patente oferece é limitada no tempo. A pa-
tente irá introduzir a questão do tempo como um elemento chave nos processos
de elaboração dos medicamentos. Ela os obriga a ritmarem-se” (Pignarre, 1999:69,
ênfase no original).

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independentemente do que façam os homens-entre-si. Os conhecimentos
sobre esta Natureza incorruptível, desprovida de valores, são acumulados
por meio de descobertas científicas. E as formas, coisas ou entidades,
ditas naturais e supostamente pré-dadas na Natureza, resultantes das
descobertas, recebem os atributos de universalidade e neutralidade. Em
oposição à Natureza está a Sociedade, o mundo que resulta das relações
dos homens-entre-si, um mundo corruptível. A separabilidade dos
dois mundos, Natureza (coisas-em-si) e Sociedade (homens-entre-si)
se complica ainda mais porque as ciências sociais vieram propondo-se
descobrir as leis (ab initio universais e neutras) que regem os aconteci-
mentos no âmbito dos grupos humanos, ou seja, vieram com o intuito
de descobrir a Natureza da Sociedade.
Na terceira parte invoco as noções de linha de fuga e de desterri-
torialização. Para fazer isto utilizo destaco o que Michel Callon (1998)
chama de “enquadramento”, uma ferramenta metodológica que possi-
bilita destacar e limitar a materialidade de cada caso no fluxo. Aqui são
dois os pontos cruciais: 1) não é possível haver negociação, acordo e paz
sem que as partes envolvidas compartilhem um enquadramento, que
é justamente um acordo prévio sobre o que está dentro da (será levado
em conta na) negociação ou resolução de um conflito ou controvérsia;
2) não há enquadramento sem transbordamento; não se tem jamais uma
situação de fronteiras absolutamente definidas e seguras entre o interior
e o exterior de um enquadramento (Callon, 1998:255).
Chego então à quarta parte, onde relaciono labordireitórios e co-
nhecimentos situados. Apresento dois casos de tratamento de conheci-
mentos em regiões bastante diversas do Brasil. Houve, nos dois casos,
apropriação de conhecimentos disponíveis na realidade em fluxo, mas
as aproximações do laboratório e do tribunal são diversas. Em um caso,
uma multinacional usa a ciência para legitimar uma crença popular: sua
apropriação pretende reforçar suas vendas e ela poderá recolher-se ao
laboratório como um espaço onde se fortificará para, quem sabe, um dia
sair de lá aliada ao tribunal para vencer seus competidores. Em outro
caso, uma pequena empresa brasileira clona um famoso computador
americano sem patentes no Brasil: seu lócus é o tribunal e ela vai ao
laboratório na estrita medida de sua necessidade de construir e colher os
elementos de uma história respeitável perante o tribunal. Não obstante
a lógica das táticas e estratégias diversas das duas empresas, as duas
apropriações acontecem em labordireitórios.

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Finalmente, à guisa de conclusão e fazendo de certa maneira um
retorno à primeira parte, ressalto o resultado crucial dos Estudos CTS
das últimas décadas que é negado pelo catecismo apresentado como
ordenador da construção do conhecimento científico: a fronteira que
separa Natureza e Sociedade não está previamente dada no mundo, mas
é resultado de um trabalho constante e sub-reptício, simultaneamente
praticado e escondido. Um imenso desafio a ser enfrentado na diversi-
dade local do Brasil, este canto do mundo que se quer Ocidental ma non
tropo, é desfazer algumas fronteiras Natureza x Sociedade que recebemos
prontas e naturalizadas dos países que nos servem de modelo para cons-
truir outras, que possibilitem a ampliação das negociações propondo
outros enquadramentos, que melhor acolham nossas especificidades.

1
Parto da proposição de realidade como fluxo material permanente
de elementos heterogêneos e relacionais. Não há forma, coerência e muito
menos qualquer essência que já esteja previamente dada ou existente
no fluxo, mas em qualquer tempo e lugar o fluxo poderá estar povoado
de entidades, que costumamos chamar de coisas, objetos e sujeitos. Se
assim é, é porque agenciamentos constroem / inventam / descobrem /
colocam / configuram entidades relacionais nesta realidade em fluxo.
Comecemos com um exemplo. A cena do filme de Ron Howard,
Uma mente brilhante, ficcionalmente baseado na vida de John Nash,
premiado com o Nobel de Economia em 1994. No filme, uma noite, John
vai a um jardim com Alicia, aluna com quem depois veio a se casar, e
pede-lhe que enuncie uma forma:
Alicia – Uma forma?
John – Sim, uma forma qualquer. Um objeto, um animal.
Alicia – ... Um guarda-chuva.
Na sequência, John segura e levanta a mão de Alicia, apontando
para o céu, e começa a percorrer as imagens das estrelas, detendo o
movimento ao escolher uma região onde os dois podem localizar a
forma “guarda-chuva”.
Esta cena ilustra a questão de onde e como no fluxo se localiza e se
constitui uma forma, isto que os dois concordam que veem e entram em
acordo chamando de “guarda-chuva”. Esta contemplação aparentemente
simples pode ser uma porta de entrada para pensar a realidade em fluxo.
O “guarda-chuva” que viram estaria na imaginação do casal e restrito
à interação face a face dos dois naquele momento? Certamente não,

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uma vez que aquela forma não só pode ser fotografada como também
a história não deixa dúvida de que durante séculos as constelações
auxiliaram de forma confiável os navegantes mares a fora. Então, o
guarda-chuva estaria lá como uma forma dada independentemente de
quem a contempla, independentemente das circunstâncias de obser-
vação? Tampouco isto se mantém, pois bem se sabe que uma estrela
que aparece no céu ao lado de outra pode “na verdade astronômica”
estar situada muito mais longe desta segunda do que de uma terceira
que aparece em um canto distante do céu. Além disto, podemos dizer
também que, por mais que já tenham sido consideradas como sendo
fixas, as constelações são formas provisionais pois as estrelas estão em
permanente movimento e as distâncias entre elas muda com o passar do
tempo. Ou seja, se as constelações não estão na interação face a face e
nem tampouco estão lá como formas dadas a priori e independentes de
quem, de onde, de quando e de como são percebidas, podemos concluir
que elas são um agenciamento e resultam dele, elas estão no encontro,
nas relações, na justaposição de elementos heterogêneos cuja reunião
resulta nesta admirável capacidade de circular não só entre um casal,
mas entre elementos e outras entidades em coletivos que se constituem
em escalas muito maiores.
Com o olhar que se sintoniza em direção às configurações relacio-
nais é mais fácil percebermos que a música não está nem no CD nem no
CD player, mas é uma forma que se configura no encontro destes dois
elementos justapostos, em agenciamento, a diversos outros tais como
o ar, nosso aparelho auditivo, etc. Embora isso possa surpreender, a
frequência magnética da uma molécula não está nem na molécula nem
no espectrômetro de massa, mas na relação que se estabelece entre os
dois. Ela é co-construída com o dispositivo que a mede. Sem espectrô-
metro de massa a freqüência de ressonância de uma substância química
não existe como tal. A forma da dupla hélice do DNA não está nem na
disposição espacial dos átomos nem no microscópio eletrônico capaz
de fotografá-la, mas no encontro dos dois. Na realidade em fluxo, as
formas ou objetos tecno-científicos, os fatos e artefatos em que tanto
confiamos, são “constelações”, configurações provisionais de justaposições
de elementos heterogêneos relacionais. Contudo, isto não é motivo para
rejeitarmos inteiramente as verdades científicas, embora, como veremos
adiante, venhamos a ter motivos de sobra para desconfiar da universa-
lidade e da neutralidade que ainda lhes são frequentemente atribuídas.

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Os modernos, a partir da Europa e ao longo dos últimos séculos,
povoaram a realidade com uma profusão heterogênea de entidades ou
formas no fluxo – não só uma procissão de objetos, mas também uma
série de fatos, de leis, de conceitos (ou preconceitos) e de práticas que
os substantivos delineiam no fluxo. A língua portuguesa nos oferece a
facilidade gramatical de prontamente substantivar os verbos: o “navegar”,
o “descobrir”, o “saquear”, o “aprender”, o “catequizar”, o “construir”, o
“reformar”, o “civilizar”, etc. Os substantivos são no discurso o resultado
mais visível da ação ontológica de nomear, dar nomes a formas, e com
isto de criar “coágulos” no fluxo, regiões mais estáveis, formas mais
obduradas que se constituem em entidades às quais nos referimos por
seus nomes. Os substantivos sintetizam o poder de criar entidades su-
postamente estáveis e de atribuir a elas, literalmente, uma substância.
Se uma forma adquire uma substância, ou seja, se a forma passa a
conter algo (de modo provisório) estável ou permanente que a define,
então é possível traçar uma linha precisa entre o interior e o exterior
da entidade que ela configura: aquele agrupamento de estrelas é ou não
é um “guarda-chuva”?; a forma da molécula do DNA é ou não é uma
dupla-hélice? Ou, nos casos que veremos adiante, certa planta tem ou
não tem tal propriedade higiênica? Ou ainda, certo computador é ou
não é igual a outro?
Os substantivos, uma espécie de síntese taquigráfica, colocam entre
parênteses e ignoram o trabalho constante de divisão, criação, manuten-
ção e justaposição de elementos heterogêneos no fluxo, de modo a obter
o efeito de estabilização, mesmo que provisional, que coagula o fluxo
obdurando uma forma. Ao apontar e nomear a forma “guarda-chuva”, vão
para o segundo plano, e facilmente saem da vista e das considerações, as
divisões e as justaposições feitas no fluxo para que aquele “guarda-chuva”
possa ser visto, as teorias e o instrumental necessários para que a dupla
hélice entre em cena na história da molécula do DNA, os acordos sobre
o que vem a ser uma propriedade higiênica, as convenções que regem
a respeitabilidade de uma declaração de igualdade, etc.
Um exame cuidadoso de duas entidades portentosas torna-se crucial
para situar o labordireitório como espaço de interpenetração do labora-
tório e do tribunal. São duas entidades, dois substantivos que entraram
em cena na criação do mundo moderno e atuam juntos. Estes substanti-
vos são Natureza e Sociedade, duas formas de grande envergadura e de
extraordinária capacidade de se justapor e participar na configuração

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de outras formas (entidades) que coletam e abrigam em suas dobras. É
para elas que nossa atenção se volta a seguir.

2
O catecismo epistemológico das ciências modernas reza que não
se deve misturar as construções de conhecimentos sobre dois tipos
de mundo: o mundo das “coisas-em-si” (a Natureza) e o mundo dos
“homens-entre-si” (a Sociedade).2 Supostamente, no mundo das “coi-
sas-em-si” estariam aquelas entidades (coisas, seres ou entes) que es-
tão dadas independentemente do que os humanos possam fazer, e lá
estariam as partículas elementares, os átomos, as moléculas, as rochas,
os astros, as galáxias e também os vírus, os micróbios, as bactérias,
os organismos... as formas estudadas pela física, pela química e pela
biologia e pelas ciências mais especializadas delas derivadas, sem falar
nos teoremas matemáticos, exemplos de construções realizadas pelos
“homens-entre-si” muitas vezes tomadas como evidências exemplares
da existência de um mundo de “coisas-em-si” absolutamente universal
e neutro que transcende os seres humanos.3 A procura de “coisas-em-
si” deu-se também no próprio mundo dos “homens-entre-si”, embora
neste caso lhe seja usualmente atribuído um grau menor de sucesso
histórico.4 Agenciou-se, tentou-se e ainda tenta-se descobrir causas ou
formas dadas a priori nos comportamentos dos “homens-entre-si” (dos
indivíduos e dos grupos), buscas que principalmente a partir do século
XIX configuraram as ciências humanas e sociais. Este agenciamento levou,
por exemplo, aos enunciados das ferrenhas leis da ciência econômica,
leis das quais não faria sentido discordar e contra as quais seria inútil
lutar pois seriam descobertas das próprias essências do comportamento
dos indivíduos e dos agrupamentos humanos, leis que fariam parte da
Natureza da Sociedade e do Indivíduo, e portanto tão independentes
da política quanto as condições atmosféricas.5

2 Para uma explicação ao mesmo tempo sucinta e detalhada de como opera a se-
paração entre estes dois tipos de mundo (uma proposição de Kant que configura a
modernidade), ver o prefácio da edição espanhola de Ciência em Ação (Latour, 1992)
3 A literatura matemática e sobre a matemática encontra-se cheia de sugestões deste
salto da matemática para um mundo que transcende os humanos. Ver, por exemplo,
Wells (2005) e Marques (2008b).
4 Mesmo Thomas Kuhn, escrevendo na década de 1960, considerava que as ciências
sociais não tinham “ainda” a maturidade das ciências naturais.
5 Sobre isto ver a magistral descrição que faz Karl Polanyi ([1944] 2000) do papel
desempenhado pelos argumentos científicos da época na criação do mercado de tra-

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A constituição moderna, para usar a expressão de Bruno Latour que
se refere ao catecismo epistemológico que apontei acima – embora ela
não seja obedecida pelos construtores de fatos e artefatos tecnocientíficos,
como, espero, ficará, claro logo adiante6 – separa em esferas distintas as
diferenças e transformações percebidas na realidade em fluxo, colocando
em cena um grande divisor. De um lado, fazendo parte do mundo das
“coisas-em-si”, poderão estar, por exemplo, as diferenças, transformações
ou curas resultantes do atravessamento das fronteiras de nossos corpos
pelas moléculas componentes de um remédio; as análises das reações
desencadeadas pelo uso, na higiene bucal, de determinada planta; as
características das ligações entre circuitos semicondutores que dotam um
determinado projeto de computador com a capacidade de modificar uma
memória eletrônica e fazer inscrições em material magnético, luminoso
ou papel. De um lado, está a Natureza, estão os espaços supostamente
isolados e estudados pela bioquímica e pela eletrônica. De outro lado,
compondo o mundo dos “homens-ente-si”, poderão estar, por exemplo, as
diferenças e transformações resultantes do atravessamento das fronteiras
do corpo social que separam, de um lado, as empresas que competem
no mercado de determinado remédio e, de outro, os consumidores que
terão acesso a ele; as diferenças de estratégias de marketing entre multi-
nacionais e pequenos fabricantes locais de produtos de higiene; as leis
do direito à propriedade intelectual e as condições legais que definem
equivalência e separam uma cópia ilegal (“pirata”) da utilização legítima
de um conhecimento prévio ou adquirido em processo de engenharia
reversa. Neste outro lado está a Sociedade, estão os espaços onde as
ciências sociais e políticas, organizacionais, da economia e do direito,
ainda que muitas vezes com ardor arrefecido atualmente, procuram
descobrir as leis de uma Natureza que seria a Natureza da Sociedade.
No entanto, os Estudos CTS das últimas décadas mostraram que
o isolamento das duas esferas não é praticado pelos cientistas na cons-
trução de configurações estáveis no fluxo. O catecismo do isolamento é
apregoado somente no momento da explicação – é um recurso epistemo-
lógico e não um recurso dos contrutores de fatos científicos ou artefatos
tecnológicos. Bruno Latour compara essa situação à de crianças que

balho na Inglaterra na primeira metade do século XIX, em especial o Capítulo 10 – A


economia política e a descoberta da sociedade.
6 Esta desobediência é um ardil da epistemologia moderna que teve papel crucial
nos agenciamentos que proporcionaram ao Ocidente o grau singular do seu sucesso
como cultura imperial. Sobre este ardil ver Marques (2008a).

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brincam de “Batatinha frita um... dois... três!”. Enquanto há controvérsia
entre os cientistas a epistemologia está de olhos fechados e os cientistas
avançam o quanto e como podem em um mundo sem separação entre
o que é natural e o que é social. Terminada a controvérsia, “... três!”, a
epistemologia gira, abre os olhos e constrói o grande divisor a partir
das entidades estabilizadas que os cientistas lhe oferecem, cada qual
em seu lugar, como estátuas.7 Neste quadro, como em um instantâneo
fotográfico, observam-se, como observamos as constelações, as formas
estáveis (já sem controvérsias) previamente configuradas, estabelecidas
pelos cientistas em consenso. É neste exato momento que as formas
já provisionalmente estabilizadas e batizadas pelos cientistas, tendo
adquirido os nomes de entidades, tornam-se “objetos”, são separadas
do mundo dos “homenes-entre-si” e coletadas por esta portentosa en-
tidade denominada Natureza, passando a fazer parte do mundo das
“coisas-em-si”. É um raro, belo e também horrível, momento em que
os cientistas passam de relativistas a realistas. Apagando a maior parte
do trabalho de justaposição de elementos heterogêneos que levam às
configurações provisionalmente estabilizadas, a epistemologia traça um
grande divisor entre Natureza e Sociedade, e coloca os construtores de
fatos científicos e artefatos tecnológicos como “descobridores do real”
e não como “criadores de um real”.
Ao aniquilar a heterogeneidade em fluxo e ocultar o trabalho de
justapor os elementos heterogêneos em constante modificação na confi-
guração de entidades, este golpe epistemológico de separação Natureza
X Sociedade cria um mundo eterno, dotando a ciência ocidental (pois
é ela que está em cena como construtora de conhecimento) com este
estranho poder de inventar-construir-descobrir-criar objetos que sempre
existiram, uma vez que tenham sido inventados-construídos-descober-
tos-criados, objetos que se apresentam como a-históricos. Há dúvidas
de que os Fenícios respiravam o oxigênio séculos antes de Lavoisier
tê-lo “descoberto”? É claro que não, mas esta certeza passa a admitir
outras traduções, quando nos damos conta de que o “oxigênio” é uma
configuração no fluxo. A entidade “oxigênio” é uma configuração que
podemos observar e que atua nas reações químicas, assim como as
constelações atuam na orientação das navegações, e não uma forma que
esteja lá, já posta, uma coisa-em-si previamente dada, independentemen-
te das condições vigentes na França nas décadas que precederam 1789,

7 “Estátuas” é como se chama esta brincadeira na língua inglesa.

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dos instrumentos, das pesagens, das experiências e dos conhecimentos
prévios, das suposições que sustentam seu aparecimento e estabilização.
Mais especificamente tais condições eram, dentre inúmeras outras cir-
cunstâncias de escalas diversas, a criação pela monarquia de um órgão
do Estado para cuidar das Minas e Pontes e Calçadas, o estímulo do
interesse dos cientistas pelo bem público por meio de concursos sobre
problemas práticos de ordenamento do território, a disponibilidade de
fornos, balões, retortas, alambiques, cucúrbitas, campânulas, especial-
mente da balança e da “caixa pneumática”, do savoir-faire e engenho-
sidade dos artesãos para obter instrumentos cada vez mais precisos e
aperfeiçoados, da colaboração com diversos especialistas dos métodos
ou dos assuntos relevantes (Bensaude-Vincent, 1996:198-201).
A partir da sua colocação em um mundo das coisas-em-si, na
Natureza, incorruptível e separada dos humanos, os fatos científicos e
artefatos tecnológicos, que são desenvolvimentos de um empreendimento
europeu de construção de conhecimento, passaram historicamente a
usufruir dos atibutos de universalidade e neutralidade. Esta atribuição
dotou o conhecimento científico, tanto na Europa quanto fora dela, com
um poder especial. Estes atributos, que concedem uma transcendência
ao conhecimento científico-tecnológico, se traduzem imediatamente em
práticas políticas ou formas de poder. Ou seja, as questões científicas
não podem ser decididas por Deus, pelo Príncipe ou pelo Povo, mas sim
por um grupo especial de pessoas: os cientistas, especialistas ou técnicos.
É justamente por isto que afirmar que “Isto é uma questão técnica!” é
um ato político tanto na Europa quanto fora dela. Mas isto não quer
dizer que os atributos de universalidade e neutralidade tenham efeitos
em tudo, de forma semelhante, na Europa e fora dela, no centro e na
periferia, no global e no local, para “colonizadores” e para “colonizados”,
para os “modernos” e para seus “outros” (Marques, 2008a).
Os conhecimentos das ciências modernas são gerados em lugares
específicos e são, portanto, formas e entidades configuradas a partir de
heterogeneidades específicas, de justaposições materiais específicas, a
imensa maioria delas ausentes e afastadas do Brasil. Contudo, ao saírem
de onde eram gerados, os conhecimentos das ciências modernas dei-
xavam para trás muitas das condições específicas de sua geração, eram
laureados como conhecimentos universais e neutros, e assim continua
até hoje, a despeito dos avanços no campo dos Estudos CTS (Ciências-
Tecnologias-Sociedades). Assim, os substantivos que saem dos “centros
de cálculo” (Latour, 1998) da Europa trazem essências, características que

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a epistemologia apresenta como transcendentes em relação às condições
locais da própria Europa, e passam a usufruir um adicional de valor,
passam a ser de alguma maneira superior aos meros conhecimentos
locais. Por meio dos substantivos que vêm da Europa8, as entidades
que habitam o universo europeu passam a constituir um universo que
adotamos, como que pronto, com sendo “o” universo e, portanto, o
“nosso” universo. A vida acadêmica e a vida industrial, a política e a ad-
ministração das ciências e das tecnologias adotam sem mais cuidados,
mundo afora, os substantivos da Europa e consequentemente perdem
de vista o trabalho de divisão do fluxo que envolve a construção das
entidades que povoam o universo europeu. Os outros, não europeus,
não modernos, “acreditam” na universalidade e na neutralidade das
entidades nomeadas pelos substantivos e não dirigem seus esforços para
problematizar a divisão Natureza x Sociedade que adotam, uma divisão
gerada nas condições históricas específicas da Europa. E, na prática,
perdem a capacidade de enxergar que as entidades, as coisas, os objetos e
os sujeitos, os substantivos que recebem da Europa, os recebem eivados
das especificidades europeias e que nem sempre serão as configurações
mais favoráveis para incluir e ter em conta as especificidades locais na
construção de conhecimentos. Em suma, perdem tanto a ideia de que
é possivel separar e escolher, aceitar ou rejeitar as proposições que che-
gam da Europa obduradas como universais e neutras quanto a própria
noção de que as coisas ditas universais e neutras poderiam ser diferentes.
O catecismo epistemológico moderno vem sendo abandonado
principalmente a partir da década de 1980, quando um olhar etnográfico
se virou para observar o que se passa nos laboratórios até então vistos
como espaços isolados onde os fatos científicos eram descobertos e os
artefatos tecnológicos eram desenvolvidos. O olhar etnográfico reve-
lou que, longe de serem espaços isolados, os laboratórios são espaços
de paredes bastante porosas, transpassadas em um fluxo contínuo de
dentro para fora e de fora para dentro.

8 Para analisar os processos contemporâneos interessam-nos especialmente os subs-


tantivos que recebemos das ciências europeias, sejam eles provenientes da física, da
química, da biologia, da matemática, ou das ciências humanas ou sociais.

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3
Dentro ou fora dos laboratórios e dos tribunais, a atribuição de
um nome, um substantivo, a uma forma no fluxo somente se faz pos-
sível mediante um acordo. Enquanto houver controvérsia não se esta-
biliza uma forma. Enquanto houver controvérsia não pode ser feita a
nomeação, o batismo ou ato ontológico que precede a coleta de uma
forma pela Natureza (ou pela Sociedade) da qual passará a fazer parte.
Uma vez estabelecido um acordo, a entidade dele decorrente e por ele
criada (o átomo, o micróbio, as leis ferrenhas da economia, a natureza
humana), que é o mesmo que sua forma, é neste mesmo ato separada
das condições vigentes no mundo dos homens-entre-si para isolar-se
no incorruptível mundo das coisas-em-si. No entanto, nenhum acordo
se dá sem um pré-acordo sobre o que será levado em conta, sobre os
limites das questões a serem negociadas no estabelecimento desse acordo.
Um pré-acordo, implícito ou explícito, é um enquadramento da situação
com o qual concordam todos os participantes da negociação no processo
que alcança estabilização. O pré-acordo envolve, no espaço e no tempo,
as entidades que entrarão em cena no processo do qual pode decorrer
um acordo ou estabilização, mesmo que, é sabido, sempre provisional.
A estabilização de uma forma (que resulta em uma nova entidade) não
acontece sem riscos para as demais entidades a ela relacionadas e que,
ao longo do processo, se transformam, adquirem ou perdem recursos ou
aliados, robustecem-se ou desestabilizam-se. As entidades participantes
podem até mesmo se vir condenadas ao desaparecimento (mas não
necessariamente executadas assim), sejam elas entidades classificadas
como pertencentes à Natureza (o éter?) ou à Sociedade (a escravidão?).
Michel Callon chama de situações quentes aquelas em que não há
pré-acordo. Nas situações quentes predominam as rupturas e as paixões
mais violentas, pois não há uma base mínima comum, um pré-acordo
para o entendimento e a negociação. É impossível discutir um lance de
jogo se não houver acordo sobre as regras do jogo. Situações quentes são
aquelas em que os limites e as regras de negociação não estão definidos
– não existe acordo sobre os sintomas, sobre as teorias, sobre os instru-
mentos, sobre o que vem a ser a verdade, sobre os objetivos nem sobre
quem e o que, em que codições, participa do processo que pode vir a
ser um esfriamento da situação, isto é, a configuração de um pré-acordo.
Na sequência das negociações que estabilizam as entidades, um
acordo é usualmente pré-acordo para possíveis estabilizações subse-
quentes. Durante os séculos XVIII e XIX, por exemplo, o acordo que

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estabilizou as Leis de Newton como uma entidade da Natureza serviu de
pré-acordo entre os físicos para que houvesse o acordo segundo o qual
“a quantidade de matéria fosse uma categoria ontológica fundamental e
as forças que atuam entre pedaços de matéria constituíssem os tópicos
dominantes para a pesquisa” (Kuhn, 1992 [1969]:63). Mas nem todos
os exemplos precisam ser tão grandiosos. A mera concordância de que
um instrumento de medida é o que captura o comportamento de uma
entidade em processo de estabilização pode configurar um pré-acordo.
Um pré-acordo, por exemplo, de que “o índice de Gini mede a distribuição
de renda em um país” possibilita estabilizações de entidades (constru-
ção de conhecimentos, estabelecimentos de fatos, outros acordos) na
disciplina economia social.
Ainda que de modo um tanto imperfeito, as ideias de pré-acordo
ou enquadramento e acordo reverberam, respectivamente, as ideias de
paradigma e ciência normal de Thomas Kuhn. Embora essa compara-
ção possa manter algo de uma relação e ter utilidade explicativa, ela é
bastante imperfeita devido a uma diferença crucial: enquanto as ideias
de paradigma e ciência normal de (Kuhn, 1992 [1969]) remetem a uma
comunidade de cientistas, as ideias de enquadramento e acordo remetem
a um coletivo de híbridos, entidades definidas a partir de suas ações,
ou seja, a partir do que fazem. E nenhuma ação pode ser praticada por
um ser humano (ou uma comunidade de cientistas) sem o concurso
das coisas. “Eu não falo sem o ar”, diria John Law.
No entanto, em muitas regiões do globo, com efeito, a imensa maioria
dos coletivos locais não participa da estabilização da enorme procissão
de objetos que a modernidade europeia produz e exporta, colonizando
os tempos e lugares com o auxílio deles, os quais são divulgados como
portadores de atributos absolutos de universalidade e neutralidade.
Assim como a constelação supracitada, vista por Alicia e John não se
prestará a ser vista por quem não conheça um guarda-chuva ou não
tenha um olho humano, ou por quem esteja (muito) distante daquele
ponto de observação, uma entidade não tem em conta nem mostra o
que está ausente das negociações que, no acordo circunstanciado por
um pré-acordo, levaram à sua configuração provisionalmente estável. Ao
exportar objetos que não mostram o que esteve ausente nos processos
que os estabilizaram, a colonização europeia expandiu-se, tipicamen-
te, “capitalizando o fato de que não se pode dizer, ao se olhar para um
veículo motorizado, de quem ele é, ou os poderes que ele mobiliza”
(Strathern, 1999:158)

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No entanto, pode-se dizer com segurança que qualquer acordo
envolve uma redução e que a maior parte do mundo está de fora de
qualquer acordo. Um contrato, pela sua própria qualidade de objeto finito
– nenhum contrato poderá abrigar um número infinito de cláusulas –,
jamais poderá prever a infinitude aberta de situações que poderão surgir.
Note-se que isto se aplica até mesmo a um simples contrato de aluguel ou
de compra e venda, por exemplo, que visa prever, discutir e estabelecer
acordo sobre as situações que podem vir a ocorrer. Usualmente surgem
situações não previstas no contrato (acordo). Os economistas sabem
bem disso e trazem à cena a noção do “contrato contingente” – neste
caso, as partes contratantes precisam entrar novamente em contato para
(re)negociar o que fazer (uma nova estabilização).
Todos os enquadramentos e acordos se dão em espaços e tempos de-
limitados e, portanto, demarcam um território. Contudo, transbordar um
enquadramento ou des-territorializar uma situação é algo que acontece
frequentemente. Dois exemplos: 1) No enquadramento de uma aula de
matemática o professor explica frações e enuncia a seguinte proposição:
“uma atleta premiada tem 69 anos de idade e nadou durante um terço
de sua vida”. Um aluno pergunta: “Quantas medalhas ela ganhou?”; e
transborda o enquadramento da aula de matemática, em que a pergunta
esperada seria “Quantos anos ela nadou?”. 2) Uma mulher pobre ganha
um prêmio e, em seu barraco, concede uma entrevista a uma emissora
de televisão nacional. A jornalista lhe pergunta: “O que você vai fazer
com o dinheiro do prêmio?”; e a mulher responde: “Vou comprar uma
televisão”. A câmera faz uma tomada circular de todo o barraco e a jor-
nalista interpela: “Mas você não tem uma geladeira!”. A mulher retruca:
“Eu não preciso de geladeira para (conservar o tipo de) comida que como”,
desterritorializando assim pré-acordos ou enquadramentos implícitos
(e morais) da racionalidade, nesse caso relativos às necessidades de
consumo das pessoas (a geladeira ‘deve’ vir antes da televisão).
De que todos os enquadramentos e acordos demarcam territórios,
decorre o fato de que todas as estabilizações (objetos) que se configuram
no fluxo, ou seja, todas as entidades, estão associadas a um ou, mais
precisamente, a muitos territórios.9 Mas se já sabemos situar a univer-
salidade e a neutralidade dos fatos e artefatos científico-tecnológicos, ter
em conta o carater finito, reducionista dos enquadramentos e acordos
aponta linhas de fuga dos territórios demarcados, linhas que levam a

9 Sobre este ponto ver Star e Griesemer (1989).

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novos espaços, linhas que podem des-territorializar as entidades expor-
tadas da Europa. Dada a infinitude de des-territorializações possíveis, as
escolhas das linhas de fuga serão necessariamente situadas. Contudo, o
interesse na problematização dos efeitos da colonização sugere a procura
de novos espaços onde, ao propor renegociações se possa (parafraseando
Marilyn Strathern), a partir de uma entidade, saber “de quem ela é ou
os poderes que ela mobiliza”. E esta procura sugere pesquisas que des-
territoriazem os enquadramentos europeus para que se explicitem as
ausências nos enquadramentos e acordos que estabilizaram os objetos
que recebemos da Europa como universais e neutros. Mediante estes
estudos e pesquisas os mundos não-europeus, os “outros” da moder-
nidade, poderão fazer escolhas sem cair em xenofobias ou aceitações
incondicionais dos estrangeiros.10
Excluídas as circunstâncias das situações quentes em que rupturas e
paixões violentas prevalecem (guerras, terrorismo), a única maneira de
evitar o transbordamento dos enquadramentos e acordos seria renunciar
de forma absoluta às transações. Em outras palavras, os acordos, assim
como os objetos, estão no fluxo e são relativos e precários. Lançando
mão novamente do exemplo de Marilyn Strathern, se estudarmos e
pesquisarmos os enquadramentos e os acordos que estabilizaram um
“veículo individual a motor”, encontraremos as condições de des-terri-
torialização dos enquadramentos em que até agora eles se constituíram
e se estabilizaram historicamente “de quem ele é e os poderes que ele
mobiliza”. As des-territoralizações decorrentes desses estudos e pesquisas
poderão propiciar, por exemplo, uma nova linha divisória entre, de um
lado, uma cópia inaceitável e, do outro, uma engenharia reversa inevitá-
vel11 do “veículo individual a motor”, ou ainda transformar radicalmente
a própria noção de um “veículo individual a motor”.

10 Vale observar o que dizem estudiosos das relações entre o Japão e o Ocidente
sobre a capacidade japonesa de fazer escolhas, desde as aproximações entre aquele
país e a modernidade no século XIX. “É precisamente porque os japoneses não acei-
taram sempre o capricho ocidental de uma relação privilegiada unilinear certifican-
do um desenvolvimento em seqüência e gradual que o discurso sobre o moderno
[no Japão] foi capaz de prover um espaço de conhecimentos tanto para resistir às
exigências da razão ‘universal’ que mascara um etos ocidental imperial quanto para
se render a ela.” (Miyoshi & Harootunian, 1989: xvii; ênfase no original).
11 Ver a citação de Michel Callon na introdução.

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4
A epistemologia outorgou à ciência a capacidade de produzir co-
nhecimentos supostamente válidos em qualquer situação, ou seja, não
situados. Os estudos feministas denunciam o truque do “olho de Deus” da
ciência, um olho que vê, ou pode ver, tudo mas não é visto por ninguém.
No entanto, nos estudos de laboratório observa-se, desde a década de
1980, como este olho da ciência funciona, e hoje, no campo dos Estudos
CTS, considera-se que todos os conhecimentos são “conhecimentos
situados”,12 circunscritos a um enquadramento em meio a um coletivo
também situado de entidades.
De quem é o Juá e que poderes ele mobiliza?13 O Juá é uma planta
típica, utilizada para a higiene bucal no Nordeste brasileiro. O povo
enquadra o que o Juá faz. Já as propriedades desinfetantes do Juá são
entidades configuradas no encontro da Europa com a herança do conhe-
cimento popular de provável origem indígena. Elas são hoje difundidas
em sites na Internet.14 O Juá em pó é vendido nas feiras populares em
saquinhos e a casca da árvore é usada para limpar os dentes. Pequenas
indústrias locais usam a planta como ingrediente de seus produtos que
produzem efeitos terapêuticos iguais aos do Juá in natura. Estas empresas,
no entanto, disputam o mercado sem fazer qualquer reivindicação de
autoria sobre o conhecimento que justifica o uso do Juá em seus pro-
dutos. Igualdades e diferenças postas em cena na competição entre os
produtos se configuram para além do enquadramento das propriedades
terapêuticas do Juá, entidades de conhecimento que não deixam de ser
de todos, de cujo enquadramento estão ausentes autores ou proprietários.
As entidades que se configuram na “sabedoria popular” ficam assim
caracterizadas por autores e proprietários indefinidos e difusos e por
uma escala de atuação vinculada a um certo território.
O batismo científico do Juá como Ziziphus joazeiro Mart des-ter-
ritorializa o enquadramento do conhecimento popular, colocando-o
em um campo de provas que, conforme são vencidas, vão modificando

12 Para uma referência precisa sobre “conhecimentos situados” ver Haraway (1988).
13 Márcia Jurkiewics Bossy iniciou uma pesquisa sobre o Juá e a ela agradeço parte
do material que uso aqui, bem como ter trazido o caso para minha atenção.
14 http://www.indiosonline.org.br/blogs/index.php?blog=6&disp=comments, aces-
so em 06/04/2010;
http://www.plantamed.com.br/plantaservas/especies/Ziziphus_joazeiro.htm, aces-
so em 06/04/2010;
http://www.cnip.org.br/bdpn/ficha.php?cookieBD=cnip7&taxon=5211, acesso em
06/04/2010

204

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sua escala de atuação. A nova entidade, o novo Juá, agora diferente,
expresso em artigos científicos, em classificações, em mapas e tabelas,
deixa de ser de todos, mas tem autorias e entra em cena como obra de
outras entidades (coisas, pessoas ou instituições) que estão presentes
nos acordos que estabilizam o Ziziphus joazeiro Mart e garantem o
conhecimento sobre ele (e seus “princípios ativos”).
Em meio às possibilidades abertas pelo Ziziphus joazeiro Mart, salta
aos olhos uma diferença que a Unilever exerceu em relação às pequenas
empresas locais do Nordeste brasileiro. No anúncio de seu produto, a pasta
dental Cristal, a Unilever apresenta as propriedades desinfetantes do Juá
como “fato científico” comprovado em seus laboratórios. “Confirmamos
que a erva possui mesmo bom poder de limpeza”, afirma Mônica Berto,
gerente de desenvolvimento de produtos da Unilever.15 Deste modo, a
Unilever reforçou um movimento que tende a traduzir/transladar o
Juá de onde suas propriedades circulam como conhecimento popular
para colocá-lo, trans-substanciado em Ziziphus joazeiro Mart, onde
elas circulam como conhecimento científico. No mesmo movimento,
a Unilever adianta-se em assumir a posição de porta-voz do Ziziphus
joazeiro Mart. Este se diferencia do Juá e poderá ser integrado a produtos
de qualidade certificada, poderá ser protegido da “pirataria” e poderá
mesmo, trans-substanciado, retornar à população que já o conhecia antes
de se tornar diferente, antes de se tornar “científico”. Uma autoridade
poderá se consolidar sobre o destino do Ziziphus joazeiro Mart e poderá
enfeixar o direito de decisão sobre quais produtos (traduções/translações)
do Juá constituem inovações legítimas. Uma eventual reivindicação de
propriedade poderá se dar pelos mecanismos de atribuição e reconhe-
cimento de responsabilidade e mérito, endurecidos na materialidade
das citações de artigos, da obtenção de patentes, dos copyrights, etc. e a
Unilever poderá estar bem posicionada para fazê-lo.
De quem é o Macintosh e que poderes ele mobiliza? No final dos
anos 1980 a Unitron, uma empresa de São Paulo, fez a engenharia reversa
do computador Macintosh da Apple. O produto foi denominado “o
Mac da periferia”. O governo brasileiro comissionou duas universida-
des para que preparassem relatórios técnicos independentes sobre ele.16
Ambas concluíram que a Unitron havia realizado engenharia reversa
e que não havia simplesmente copiado os circuitos e os programas da

15 À revista Veja, em 30 de junho de 1999.


16 Relatórios feitos pela Universidade Federal do Rio de Janeiro (datado de 14-05-
1987) e Universidade Federal do Rio Grande do Sul (datado de 19-5-1987).

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Apple. Segundo esses relatórios, a equipe técnica da Unitron possuía
um conhecimento sofisticado do produto e de sua lógica interna, assim
como uma documentação detalhada de seu desenvolvimento. Além
disso, em novembro de 1987, “a Apple não havia registrado nenhuma
patente relativa ao Macintosh no Brasil, e não teria como fazê-lo em
virtude do tempo que se passara desde que fora lançado no mercado”.
O relatório concluía que, “dentro dos limites técnicos”, isto é, com a
menção explícita do enquadramento, “o projeto (de fabricação do clo-
ne do Macintosh) obedece à legislação em vigor e recomendamos sua
aprovação” (Relatório SEI sobre o processo F-026398-85 aprovado em
20-11-1987, à página 5). O governo brasileiro estava sendo compelido a
aprovar o projeto da Unitron. Contudo, este fato era inaceitável para o
governo norte-americano, que em retaliação ameaçou impor barreiras
comerciais às exportações de empresas brasileiras para os Estados Unidos.
Em 18 de dezembro de 1987, sob forte pressão política, o enquadramento
do projeto da Unitron mudou: foi aprovada uma nova lei específica que
passou a regulamentar o setor de software.17 Em 22 de janeiro de 1988,
foi feito um adendo ao relatório referente à parte do projeto relativa ao
software.18 De acordo com este adendo, a aprovação do projeto estaria
subordinada à apresentação, por parte da Unitron, de maiores infor-
mações e, possivelmente, de desenvolvimentos adicionais a ele. Em 21
de março de 1988, o governo brasileiro indeferiu o projeto, alegando
que “a Unitron havia começado a comercialização do produto antes de
sua aprovação final”.
Entretanto, o novo enquadramento, resultante da nova “Lei de
Software”, não elevou os custos de clonagem dos computadores Macintosh
o suficiente para que a Unitron não levasse adiante a sua iniciativa.
Nesse meio tempo, a Unitron re-avaliara a situação, decidindo-se por
não parar o projeto. Em vez de desistir, a Unitron abandonou o modelo
512 e decidiu estudar / clonar o Mac 1024, o modelo seguinte da Apple.
Em 29 de março de 1988, a Unitron deu entrada em um novo projeto
para a fabricação de um clone do Macintosh, denominado Unitron
1024. Após uma nova rodada de contatos, negociações e contratos com
instituições governamentais, universidades e uma companhia americana,
a Unitron alegou ter completado o projeto de um clone do Macintosh
mediante o uso de técnicas de “engenharia reversa”. Pode-se dizer que

17 Lei nº 7646, conhecida como Lei de Software.


18 Adendo ao Relatório Técnico de 11 de novembro de 1987, datado de 22-01-1988,
relativo ao processo 07824-87-4

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a Unitron passou a acoplar um escritório de advocacia, estendendo o
seu laboratório no sentido estrito do termo. Em poucos meses este novo
laboratório estendido havia refeito as contas, observando atentamente
o novo enquadramento e decidindo cuidadosamente o que deveria ser
feito com base nos custos da engenharia reversa.
No entanto, em 1 de agosto de 1988, o governo brasileiro indeferiu o
projeto da Unitron com base em “deficiências técnicas”. Em 10 de agosto
de 1988, a Unitron apelou a um tribunal de recursos para que a decisão
fosse revista. Os custos da clonagem, sem dúvida, haviam aumentado
para a Unitron, que teve que pagar por uma nova rodada de interações
com o governo, universidades e outros contratados. O laboratório esten-
dido permitiu, no entanto, que a Unitron se mostrasse confiante diante
do tribunal de recursos, afirmando que seu modelo 1024 poderia “ser
legitimamente aprovado no Brasil ou em qualquer outro país, pois era
resultado de um inestimável trabalho de engenharia reversa da máquina
original americana” (Apelo ao CONIN por parte da UNITRON para
reavaliação da decisão da SEI de indeferir o projeto de fabricação de um
clone do Macintosh no Brasil, datado de 10 de agosto de 1988, à página
11). O tribunal de recursos era composto por oito delegados de ministros
do governo federal e oito representantes independentes da sociedade
civil.19 Em 19 de dezembro de 1988 o tribunal manteve o indeferimento em
uma votação de oito a sete. Todos os sete representantes independentes
presentes à reunião votaram a favor da Unitron.20 Todos os integrantes
que eram ministros votaram em contrário, com exceção do Ministro
da Aeronáutica, que se absteve (Jornal do Commercio, 20 de dezembro
de 1988). A Unitron encerrou suas atividades.
No primeiro caso, a Unilever utiliza o laboratório para legitimar o
conhecimento popular, e seu movimento se dá no sentido da sociedade
para o laboratório. Já no segundo caso, independentemente do desfecho,
a Unitron vale-se do tribunal para obter respeitabilidade para seu labo-
ratório, em um movimento que se dá no sentido do laboratório para a
sociedade. Em ambos os casos, os movimentos e disputas não podem
ser confinados nem ao laboratório nem ao tribunal, mas se ancoram
nos espaços que denomino labordireitórios.

19 No caso de empate, o Ministro da Ciência e da Tecnologia, presidente do CONIN,


tinha o voto de Minerva.
20 O representante da Associação de Profissionais de Processamento de Dados –
APPD – faltou à reunião.

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À guisa de conclusão

Para o moderno, o passado é algo útil;


para o ibero-americano é um obstáculo.

Leopoldo Zea

Bruno Latour afirma que os modernos “jamais fo[ram] modernos”


pois os próprios modernos (europeus) não cumprem o dispositivo
constitucional da modernidade que determina não misturar a acumu-
lação de conhecimento sobre o mundo das “coisas-em-si” com o que
acontece no mundo dos “homens-entre-si”. A vida sempre agitada dos
construtores de fatos é momentaneamente congelada pela epistemologia,
configurando-se aí, nesse quadro estático, o cenário da grande divisão
Natureza X Sociedade.
Não obstante este esforço da epistemologia moderna para colocar a
divisão Natureza X Sociedade na natureza das coisas, pode-se também
ver que tudo é fluido e as fronteiras não são estáveis. Limites precisos,
permanência e obduração são sempre provisórias. A separação entre
Natureza e Sociedade que hoje aparenta a evidência e a naturalidade de
algo que está previamente posto e dado no mundo, sobre o qual não há
nada a fazer, é uma construção histórica, contingente da modernidade eu-
ropeia. Como consequência disso, não há nenhuma razão transcendente
para que outros povos tenham que aceitá-la sem problematizá-la ou
até mesmo rejeitá-la, parcial ou totalmente, conforme os modos pelos
quais escolham viver.
À guisa de sugerir conclusões e reflexões, em relação às possibilidades
de deslocamento das fronteiras traçadas pelos europeus entre o mundo
das coisas-em-si e o mundo dos humanos-entre-si e às possibildades
de legitimação de novos objetos, sujeitos, direitos e deveres que delas
podem decorrer, quero chamar atenção, a partir dos casos heterogêneos
do “Mac da periferia” e do “Juá” apontados acima, para circunstâncias
que julgo relevantes para regiões de mestiços ou “povos novos”, se qui-
sermos utilizar a expressão de Darcy Ribeiro (1995).
Sugiro que, pelo menos em certos casos, uma vez que os limites
de uma estrutura referencial tenham sido negociados, circunscritos e
fixados em enquadramentos formais (contratos, acordos de compra e
venda, patentes, direitos autorais, etc.), as dificuldades para duplicar em
laboratório (e fábricas) o funcionamento de produtos são relativamente

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pequenas, mesmo para os produtos classificados como intensivos em
tecnologia, como era o caso do Macintosh. Por outro lado, ressalto que
o caso Unitron ilustra a fluidez das leis que organizam parcialmente o
pré-acordo para enquadramento (o acordo para discussão) da situa-
ção. O governo brasileiro estava a ponto de aprovar o Unitron 512 ao
observar que a Apple não havia depositado as patentes do Macintosh
no Brasil, o que, contudo, era inaceitável para a Apple e para o governo
norte-americano, que ameaçou impor sanções comerciais ao Brasil.
Algo no enquadramento deveria ceder. A legislação do software no
Brasil revelou-se o elo mais fraco na corrente e foi modificada. Com a
mudança do enquadramento, as características das máquinas, que antes
materializavam uma diferença que justificava a aprovação do projeto,
passaram a não excluir a possibilidade de uma igualdade, uma cópia
inaceitável. O status legal do modelo 512 da Unitron mudou.
Os poderes governamentais, a ordem legal e as características das
máquinas são vinculados. Eles não são independentes como afirmavam
as construções teóricas tradicionais da modernidade, o que explica as
oscilações da ordem legal ao mover-se de uma forma de estabilidade
para outra forma de estabilidade que incluía os “interesses” agrupados
nos dois governos, nas empresas e nos circuitos das máquinas – o que
os circuitos permitiam que fosse feito mantendo a diferença das máqui-
nas e a igualdade das funções junto ao mercado. O caso Unitron indica
que, no interior do laboratório, é possível produzir um clone de um
dado computador a custos relativamente pequenos, duplicando suas
características funcionais enquadradas em um referencial bem definido.
Nestes casos, nos espaços entre o laboratório e o tribunal (labordirei-
tórios), as maiores batalhas têm o viés do tribunal, onde serão julgados
os esforços de cada litigante para estabelecer uma história respeitável
para uma demarcação que lhe seja favorável entre a cópia inaceitável e
a engenharia reversa que é, no limite, inevitável.
Tomando emprestadas as palavras de Geoffrey Bowker no seu
precioso estudo das patentes da Schlumberger, a Unitron tornou a sua
“uma história suficientemente respeitável para ir a julgamento com ela,
e isto era tudo que era preciso” (Bowker, 1944:124, ênfase no original)
Para os habitantes do nordeste brasileiro de poucas décadas atrás,
não era estranho o hábito de limpar os dentes com gravetos de juá e
várias pequenas empresas locais comercializam produtos de higiene pes-
soal tendo como base essa planta. Aparentemente, a nenhuma delas, no
entanto, havia parecido conveniente ou necessário aliar-se à ciência para

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legitimar seus produtos. Quando, no entanto, a multinacional europeia
Unilever lançou o creme dental Sorriso com base no juá, afirmou ter
testado e confirmado as qualidades da planta em seus laboratórios. Ao
fazer isto a Unilever traduziu/transladou o conhecimento acumulado
ao redor do juá de um regime de verdade (o da crença popular) para
outro (o das verdades científicas estabelecidas em laboratório). Este mo-
vimento de tradução /translação, que naquele momento poderia ter sido
perfeitamente visível a um olhar supostamente instrumentalizado, não é
focalizado como tal e pode ser rapidamente esquecido pelo habitante local.
No entanto, esta tradução/translação não acontece espontaneamente, mas
requer investimento ou, em linguagem mais etnográfica, requer trabalho.
Após algum tempo, contudo, os efeitos deste trabalho são naturalizados,
isto é, enxerga-se com facilidade a divisão entre o que os substantivos
“crença” e “ciência” denominam, mas esquece-se de que houve o trabalho
que trouxe esta divisão para a materialidade ou “realidade”, distribuindo
e posicionando entidades (tais como as propriedades higiênicas do juá)
de um ou outro lado do divisor. Uma vez naturalizados seus efeitos, o
trabalho envolvido na construção do divisor, que é precisamente um
divisor entre conhecimentos que se configuram na chamada “sociedade”
e conhecimentos que se configuram na chamada “natureza”, deixa de
aparecer, mesmo que cotidianamente refeito.
A divisão Natureza X Sociedade é construída por configuração,
seleção e classificação de entidades, de noções, de “coágulos” mais ou
menos obdurados no fluxo.21 Este processo histórico de co-construção,
pelos europeus, de uma Natureza de um lado e uma Sociedade do outro
tem um efeito deletério no cotidiano das práticas brasileiras na saúde, na
engenahria e no direito: a configuração da crença em oposição à ciência
como tipos diferentes e epistemologicamente separáveis de conhecimento.
Como a própria divisão Natureza X Sociedade aparece “naturali-
zada”22 para os latino-americanos hoje submersos, por assim dizer, na
modernidade europeia, isto é, a natureza aparece como fazendo parte
de um mundo existente a priori nas coisas-em-si e independente do
que fazem os homens-entre-si na sociedade, está aberto o caminho para
que a crença apareça como fazendo parte da sociedade ou da cultura,
algo relativo, enquanto a ciência diz como a natureza propriamente “é”.
O conhecimento da crença tem origem popular e circula oralmente,

21 Natureza e Sociedade são grandes entidades coletoras em permanente co-cons-


trução (ver Latour, 2005).
22 Isto é, fazendo parte da natureza.

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o conhecimento da ciência tem origem nos laboratórios e circula em
publicações especializadas; o conhecimento popular é de todos e o
conhecimento científico é de alguns; o conhecimento da crença é do
povo, o conhecimento da ciência é dos que sairam da caverna e viram
a luz.23 Logo, o conhecimento da crença é duvidoso, o conhecimento
da ciência é confiável; a crença precisa ser validada pela ciência; é le-
gítimo não remunerar o conhecimento popular, visto que ele já é de
todos, e remunerar o conhecimento científico que é somente de alguns;
o conhecimento popular é público e brota “naturalmente”, o conheci-
mento científico exige investimentos, é remunerado e é (cada vez mais,
e justificadamente) propriedade de alguém ou de uma instituição.
O enorme trabalho cotidiano necessário para que a crença de que as
coisas se dão, grosso modo, mais ou menos segundo o parágrafo acima, é
apagado. A própria intelectualidade brasileira, em grande parte, ansiosa
por ser moderna e até por se julgar parte de uma Europa deslocada
para esta região, não tem a disposição para enxergar que há outras
possibilidades de tratar o mundo além daquela divisão entre Natureza e
Sociedade que a modernidade europeia oferece ao mundo sob o manto
da universalidade e da neutralidade.
O divisor Natureza X Sociedade e os significados difundidos dos
atributios “neutralidade” e “universalidade” entram em cena nas especifi-
cidades e contigências da história da modernidade europeia. Entretanto,
uma espécie de paradigma da epistemologia moderna esconde o enorme
trabalho de divisão que cria os atributos e os mantém. Um enorme
trabalho de divisão que precede a divisão do trabalho tão estudada
por engenheiros, economistas e sociólogos. De modo geral, entre os
europeus e aqueles que foram por eles colonizados ou catequisados, o
divisor Natureza X Sociedade aparece como parte do mundo já exis-
tente, e não como uma situação resultante de trabalhos cotidianos de
intervenção e de justaposição de ações e elementos heterogêneos que
vão, por exemplo, desde os cientistas a tomar como missão expandir a
proposta de Galileu de construção das ciências modernas, passando pela
leitura dos jornais diários em que profissionais de todas as especialidades
dizem que “esta decisão é técnica e não política”, até os bancos da escola
primária onde as crianças aprendem uma ecologia em que “questões

23 E portanto podem voltar à caverna para dizer aos que lá ficaram como “devem”
viver, legitimando a colonização e a catequese, a ideia de que o outro é alienado e
não percebe sua condição de explorado, e logo precisa ser conscientizado e libertado.

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da natureza” são tratadas como separadas das “questões da sociedade”,
mesmo que relacionadas com elas.
A atribuição de responsabilidades na construção dos fatos e artefatos
científico-tecnológicos, assentada no “privilégio da origem”24 (descoberta),
é uma estrátegia de poder, um ato de força mais do que um ato de razão.
A autoria é um dispositivo que enquadra o conhecimento para consolidar
autoridades e obediência a elas. É relevante invocarmos a importância
da diferença entre os dois processos: “produzir” e “assegurar autorida-
de sobre” diferenças (conhecimento novo, “inovações”). É relevante
ressaltarmos o papel do quê e de quem é recrutado para a construção
coletiva, mas barrado na construção da autoria de conhecimento. Se
valem aqui a linguagem econômica e a comparação com a extração dos
chamados recursos naturais ou matérias-primas, o empreendimento
científico ocidental não contempla o custo de manutenção e reposição
do próprio conhecimento popular como fonte não enquadrada das
igualdades e diferenças.
Se se faz uma opção construtivista realista, considerando-se as
práticas como a colocação em cena de “conhecimentos situados”, isto é,
levando sempre em conta as materialidades heterogêneas do lugar e do
tempo históricos em que as práticas ocorrem, pode-se abandonar a visão
relativista mais tradicional (uma única natureza centrada, que ancora o
relativismo de muitas culturas já enquadrado pelo Ocidente) para adotar
e levar a sério a possibilidade de convivências de diversas versões de
realidade (diversas naturezas-culturas ou naturezas-sociedades) sem,
no entanto, cair no relativismo absoluto ou no construtivismo social
arbitrário (sem participação das coisas) que busca encenar uma versão
de realidade em que qualquer justaposição de elementos heterogêneos
pode se estabilizar mediante acordo entre os humanos.

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Idade Média a Lavoisier. Lisboa: Terramar, v.2, 1996. Lavoisier: uma
revolução científica. pp.197-221

24 Por que “o original vale mais do que a cópia”? (ver Schwarz, 1987)

212

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9. A dinâmica da ciência: subsídios para a compreensão da
ciência acadêmica e pós-acadêmica

Vera Aparecida Lui Guimarães


Maria Cristina Piumbato Innocentini Hayashi

A comunicação é uma necessidade inerente ao ser humano, para


que possa viver em sociedade, ser aceito por um grupo e colaborar com
o desenvolvimento social. Na ciência a comunicação também exerce um
papel preponderante. Pode-se afirmar que todo trabalho de investigação
científica, por melhor que seja, não terá significado se não for revelado
para o conhecimento, ou seja, se ele não se tornar “público”. Meadows,
na primeira frase do prefácio de seu livro, já estabelece que “a comuni-
cação situa-se no próprio coração da ciência” (1999:vii).
Ao longo da história a comunicação cientifica tem evoluído e avan-
çado de acordo com as condições existentes. Os antigos gregos já se
utilizavam das duas principais formas de comunicação, que são a escrita
e a falada. Com o advento da imprensa no século XV, as possibilidades
de comunicação foram facilitadas e algumas universidades passam a
publicar seus próprios livros a partir da segunda metade desse século.
Graças à facilidade da invenção de Gutenberg, o livro de Copérnico
(Da revolução dos corpos celestes), publicado em 1543, foi distribuído em
inúmeras bibliotecas pelo mundo (Meadows, 1999:3-4).
Os colégios invisíveis representam uma força importante no pro-
cesso do desenvolvimento da ciência e sua definição é muito simples.
Trata-se de um agrupamento de cientistas trabalhando em áreas ou
temas de pesquisas comuns e que trocam informações entre si sobre o
desenvolvimento de seus trabalhos.
Historicamente é possível observar que a comunidade científica
sempre procurou desenvolver laços entre os membros de sua comuni-
dade. Considerando que o desenvolvimento da ciência de forma mais
sistemática ainda não tem quatrocentos anos, no início, essas relações
entre os “homens da ciência” e os artesãos e profissionais eram informais
e pessoais e se davam através dos meios então disponíveis. Segundo
Price (1976a:99) o próprio surgimento da Royal Society, na Inglaterra,
pode ser atribuído às reuniões entre esses profissionais.

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Inicialmente, portanto, predominavam a troca de correspondência
pessoal e também os contatos mantidos no convívio das reuniões que
eram realizadas para tratar dos assuntos ligados às indústrias nascentes
e ao que os amantes da ciência estavam pesquisando e desenvolvendo.
Amplamente abordadas também por Ziman (1979), essas reuniões são
conhecidas como os “colégios invisíveis” e são os embriões das futuras
academias, sociedades e demais organizações científicas.

O fato é que o cientista é fiel à comunidade científica e, em particular, ao


“Colégio Invisível” de seu específico campo de estudo. Toda a sua lealdade
está dirigida às instituições informais que apoiam e sustentam a busca do
conhecimento [...] ou seja, aos outros cientistas que estudam os mesmos
problemas, seja na Europa, na América ou em Timbuctu. (Ziman, 1979:142)

De acordo com Price (1976b), os “colégios invisíveis” originam-se


no século XVII e receberam esta denominação para se diferenciarem dos
colégios universitários. A finalidade desses, assim chamados, “invisible
colleges” era propiciar que grupos de estudiosos trocassem informação
sobre suas teorias e descobertas, ainda que não se conhecessem pes-
soalmente. Mesmo na atualidade, eles seguem sendo constituídos por
cientistas de renome em grupos nacionais e internacionais, com o objetivo
de intercambiar informação através dos canais informais, constituindo
consórcios de informação altamente eficientes. Segundo Price,

Atualmente, é tal a aceleração que os cientistas não lêm, mas telefonam uns
aos outros, encontram-se em reuniões e conferências, preferivelmente em
hotéis de luxo, nas refinadas cidades de qualquer parte do mundo. Reúnem-
se nos chamados “colégios invisíveis”, constituídos de reduzido numero de
integrantes. Trata-se de pequenas sociedades onde se reúnem todos que
são alguém em cada particular especialidade. Esses grupos se revelam de
grande eficiência quanto aos propósitos que perseguem. (Price, 1976a:118)

Ao longo desses séculos o relacionamento informal entre os pesqui-


sadores através da participação em eventos diversos como congressos,
simpósios, seminários seguiu sempre forte e constituindo-se em mola
propulsora do desenvolvimento das pesquisas e do avanço da ciência.
Garvey e Griffith (1967; 1979) apontam que geralmente esses conta-
tos informais ocorrem em meio a uma audiência pequena, que são
os membros de comunidades de áreas distintas, porém são relevantes
no processo de comunicação científica para o acompanhamento dos

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trabalhos mais recentes e com informações atuais. Além disso, esse
meio de comunicação, geralmente por interação direta e pessoal ou
por correspondência entre cientistas, possibilita a criação de vínculos
e incentiva a troca regular de informações, que é uma característica
importante para a operação da ciência.
Como concluem Leite e Costa, “os colégios invisíveis podem ser
entendidos como uma rede de interações informais entre os membros de
uma mesma área de atividade científica” (2007:94). Na visão de Zuccala
e van den Besselaar, os colégios invisíveis

[...] normalmente crescem quando os cientistas de determinadas especiali-


dades compartilham interesses semelhantes, interagem uns com os outros
em conferências e comunicam novos conhecimentos tanto formal como
informalmente. Com o tempo, a rede social do colégio invisível pode se
tornar mais “visível” devido à publicação desses cientistas. (Zuccala &
Besselaar, 2009:112, tradução nossa)

Por sua vez, pode-se observar que são nesses agrupamentos dos
“colégios invisíveis” que os pesquisadores são reconhecidos e adquirem a
sua identidade científica, bem como definem sua posição e “autoridade”
dentro do grupo. Como bem comprovam as palavras de Ziman,

Na prática, entretanto, acatamos incondicionalmente a opinião dos es-


pecialistas de reconhecido mérito, os membros mais velhos do nosso
Colégio Invisível, os presidentes das sessões, nos congressos, os oradores
“convidados”, os ases da Ciência que dão cursos de férias, escrevem artigos
de revisão, servem como mediadores entre dois árbitros em desacordo,
editam revistas científicas, participam de todas as comissões que distri-
buem prêmios e, de um modo geral, parecem administrar a ciência para
nós. (Ziman, 1979:144-145)

Como já observou Mueller (2006), as estruturas hierárquicas pre-


sentes nas comunidades científicas caracterizam-se pela presença de uma
elite de poucos membros que são os detentores da autoridade da área,
apoiada no prestígio individual alcançado ao longo da vida acadêmica,
face ao mérito reconhecido por seus pares.
Atualmente, as comunidades científicas passam a dispor de recursos
diferenciados e mais ágeis com o advento e o avanço das Tecnologias
de Informação e Comunicação (TICs), desde a década de 1990,
principalmente com a utilização massiva da internet, como enfatizado
por Alexander (2011). Assim, o relacionamento entre os pesquisadores

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para troca de informações e conhecimento de novas pesquisas vai se
realizar por meio de outros mecanismos mais globalizantes como o
correio eletrônico, as listas de discussão, os blogs e ainda através das
redes sociais como Twitter, Orkut, Facebook, dentre outras. Com a
consolidação principalmente do uso da internet, Moreira (2005:58) faz
uma analogia com os “colégios invisíveis” e utiliza a denominação de
“colégios virtuais” e também “comunidades virtuais”, e os considera como
possíveis sucedâneos dos colégios invisíveis. E, de forma complementar,
esse autor conclui que “o colégio virtual atua como rede de comunicação
e intercâmbio, como fórum de educação e de socialização dos novos
cientistas” (2005:58). Como concluíram os estudos de Castells,

Como tendência histórica, as funções e os processos dominantes na era


da informação estão cada vez mais organizados em torno de redes. Redes
constituem a nova morfologia social de nossas sociedades e a difusão da
lógica de redes modifica de forma substancial a operação e os resultados
dos processos produtivos e de experiência, poder e cultura. Embora a
forma de organização social em redes tenha existido em outros tempos
e espaços, o novo paradigma da tecnologia da informação fornece a base
material para sua expansão penetrante em toda a estrutura social. (Castells,
[1999] 2010:565, itálicos nossos)

Por sua vez, as diferentes abordagens utilizadas pela Sociologia da


Ciência – dentre elas os estudos métricos da informação, muito comuns
na avaliação do desenvolvimento da ciência - permitem identificar co-
légios e comunidades invisíveis conforme refere Schwartzman:

A análise das redes de citações nos artigos científicos, possível graças


aos grandes bancos de dados bibliográficos que estão sendo formados
em todo o mundo, permite determinar as “comunidades invisíveis” for-
madas pelos cientistas, a estruturação de novas áreas interdisciplinares
de pesquisa, e desenvolver indicadores da atualização, provincianismo,
hegemonia ou endogenia dos diversos centros ou núcleos de trabalho
científico. (Schwartzman, 1984:s.p.)

Em seu livro The new invisible colleges: science for development


(2008), a pesquisadora Caroline S. Wagner assinala a transformação
global ocorrida na ciência recentemente, que possibilita, principalmente,
aos países menos favorecidos potencializar seus recursos, ingressando
na ciência através das redes globais, com uma nova visão da política
científica e das relações internacionais. Segundo essa autora, os governos

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desses países devem desenvolver ações concretas para alavancar essas
redes de pesquisa, que têm o poder de transformar o desenvolvimento
sócio-econômico mundial.
Como vimos até aqui, os colégios invisíveis são o locus privilegiado
para a troca de informações entre os pesquisadores e podem se mate-
rializar em diferentes espaços, tais como os eventos científicos, que se
constituem em importante canal informal de comunicação científica.

As dimensões sociais da ciência

Leite e Costa consideram que as “universidades, como comunidades


acadêmicas, constituem elementos do sistema científico” (2007:94). Na
visão dos autores, isso significa que as universidades “são consideradas
ainda como o cerne da produção do conhecimento”, sendo que “os pro-
cessos de comunicação científica permeiam boa parte de suas atividades,
o que permite tanto as trocas internas de conhecimento quanto externas,
em interação com comunidades científicas” (2007:94). Assim,

[...] as comunidades científicas, por sua vez, podem ser entendidas como o
agrupamento de pares que compartilham um tópico de estudo, desenvolvem
pesquisas e dominam um campo de conhecimento específico, em nível
internacional [...] Tais comunidades, de caráter disciplinar, influenciam
fortemente os processos de comunicação científica em uma universidade.
Como as atividades de ensino e pesquisa realizadas por pesquisadores-
-docentes de uma universidade são comumente organizadas em áreas do
conhecimento, tem-se que, por conseqüência, comunidades científicas de
diferentes áreas do conhecimento estão representadas em uma universidade.
Assim, os processos de comunicação científica e a própria produção do
conhecimento científico, bem como a cultura de uma universidade, são
diretamente influenciados por diferentes comunidades científicas. (Leite
& Costa, 2007:95, itálicos nossos)

Isso remete a uma discussão sobre o conceito de comunidade cien-


tífica. Na visão de Ziman,

Os próprios cientistas insistem que pertencem a uma comunidade, indi-


cando que reconhecem uns aos outros como pessoas que compartilham
muitos valores, tradições e objetivos. Mas essa comunidade é essencial-
mente teórica. A palavra é usada para significar “todas aquelas pessoas

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que subscrevem a certos princípios gerais de racionalidade e objetividade,
e têm tais altos padrões de especialização (expertise) e confiança mútua
que eles podem invocar para trabalhar em conjunto para o benefício da
humanidade e na obtenção da verdade”. Por um lado, proclama a unidade
deste grupo dentro da sociedade em geral, e por outro lado, afirma que
seus membros são indivíduos que estão ligados entre si voluntariamente
pela sua atitude comum para a aprendizagem e pesquisa. (Ziman, 2000:28,
itálico do autor, tradução nossa).

No entanto, Ziman amplia esse entendimento ao esclarecer que “a


ciência é mais do que uma comunidade cultural” (2000:29). Na visão
do autor,

O comportamento científico é “regulado por um bem estabelecido, facil-


mente reconhecido e relativamente estável [sistema de] normas, valores
e leis”. Sociologicamente falando, portanto, a ciência acadêmica como um
todo é uma instituição. Ela não tem uma constituição escrita, uma identi-
dade legal, um diretor executivo ou um plano corporativo. Em essência, é
uma ordem social que depende enormemente das relações estabelecidas
de confiança pessoal e institucional. No entanto, isso mantém juntos e
opera como uma “estrutura de execução”, trabalhando em direção aos
objetivos comuns dos seus membros. (Ziman, 2000:29, itálico do autor,
tradução nossa)

Portanto, na visão de Ziman, o conceito de comunidade científica


faz parte da Filosofia da Ciência tradicional, e por isso “encerra a ciência
em uma perspectiva sociológica de “caixa preta”, cuja estrutura interna
é considerada irrelevante para a busca do conhecimento” (2000:28).
Baumgarten (2004) discute o conceito de “comunidade científica”
e sua relação com a sociedade, apresentando as várias abordagens da
Sociologia da Ciência contemporânea que propõem outros conceitos,
tais como “campo científico” de Bourdieu (1983b), “redes sociotécnicas”
de Latour e Woolgar (1997) e “arenas transepistêmicas” de Knorr-Cetina
(1982). Após inúmeras análises a autora identifica como mais apropriado
o conceito de “coletividade científica” apresentado por Yahiel (1975),
por entender que este “parece ser capaz de superar adequadamente o
recorte interno-externo, incluindo interações com conteúdos cognitivos
e, também sociais.” (Baumgarten, 2004:106). Para essa autora, principal-
mente com relação ao envolvimento do cientista com outros grupos e
instâncias sociais na produção do conhecimento científico atual (Modo

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2 ou “ciência pós-acadêmica”), a visão de “coletividade cientifica” é mais
adequada, pois

Nesse enfoque, a atividade científica ocorre principalmente em coletividades


determinadas, não por normas e valores, e sim por seu pertencimento a
certas instituições ou disciplinas, podendo, as coletividades e organizações
científicas, incluírem tanto instituições totais como laboratórios individuais,
sociedades científicas e grupos (Yahiel, 1975). Essa perspectiva da atividade
científica propõe não somente o estudo das interações entre os cientistas,
como também das relações entre o cientista e a sociedade, o que, desde o
ponto de vista assumido pelo presente estudo, a coloca em posição privi-
legiada diante de outras alternativas ao conceito de comunidade científica.
(Baumgarten, 2004:112, itálicos nossos)

Assim, como refere Ziman, “a ciência tem evoluído de forma tão


suave, ao longo de uma curva ascendente de tamanho e influência, que
é difícil fixá-la no momento em que se pode dizer que ela assumiu sua
forma atual” (2000:29). Esses argumentos corroboram o entendimento
de que há dificuldades para se estabelecer um único conceito de comu-
nidade científica, visto que isto implica em contextualizá-la nos seus
diversos momentos históricos.
Sousa (2010) assinala esses aspectos, pois, ao estudar a dificuldade
do entendimento do conceito de comunidade científica considerou
esse conceito “errático”, devido à sua “reconfiguração no contexto da
transformação dos modos de produção de conhecimento” (2010:156).
Com base nesse entendimento e considerando alguns vetores centrais
a autora argumenta que

Parece ser possível concluir a existência de algo a que podemos chamar


‘comunidade académica’ – definida, então, pelo conjunto de docentes
(doutorados) de universidades que estabelecem uma relação com o co-
nhecimento como um bem público, aliado à liberdade académica e à esfera
pública, privilegiando a liberdade académica, baseada na independência
em relação ao Estado e ao mercado e baseando-se num contrato com
a sociedade no qual o Estado providencia o financiamento necessário.
(Sousa, 2010:156, itálicos nossos)

No entanto, para essa autora com a atual configuração da ciência


(Modo 2), o conceito de ‘comunidade acadêmica’ encontra-se num
processo de reconfiguração e/ou dissolução.

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Considerando a dissolução dos três vectores característicos do conceito de
‘comunidade académica’ – o regime do conhecimento como um bem público,
a liberdade académica e o contrato ciência-sociedade – e a emergência de
três novos vectores – o regime do conhecimento académico capitalista, a
coordenação pelo mercado e a ciência como recurso estratégico –, o conceito
de ‘comunidade académica’ encontra-se num processo de reconfiguração
e/ou dissolução. (Sousa, 2010:160, itálicos nossos)

Pela definição de “comunidade científica” elaborada por Costa é


possível verificar o quanto os conceitos de comunidade e de comunica-
ção científica são inseparáveis, visto que “[...] podemos defini-las como
estruturas hierarquizadas, formadas por membros que perseguem um
tópico científico comum, sem barreiras geográficas ou temporais e que
utilizam um padrão comum de comunicar” (2009: 14, itálicos nossos).
Lyman (1997) corrobora esse entendimento ao afirmar que o sistema
de comunicação científica é a infraestrutura da comunidade científica,
caracterizando a estreita relação entre ambas. Para a compreensão de
como “funciona” o sistema de determinada comunidade científica, te-
mos de conhecê-la perfeitamente. Mueller (2006) também salienta essa
estrutura hierárquica das comunidades científicas ao comentar que

Os vários autores que têm estudado as comunidades científicas, tais como


Merton, Zuckerman, Kuhn, Bourdieu, Latour, Fourez, Ziman, entre tan-
tos outros, reconhecem a estrutura hierárquica que as caracteriza. Em
qualquer nível que se considere, há uma elite de poucos membros que
detém a autoridade, ancorada em prestígio individual, conquistada por
mérito reconhecido pelos demais, geralmente ao longo de uma carreira.
(Mueller, 2006:30)

O estudo das comunidades científicas, portanto, requer um olhar


para a História da Ciência. Sob essa perspectiva, até o final do século
XIX predominou o modelo de racionalidade calcado no determinismo.
No entanto, a partir das novas teorias da Física Quântica nos inícios do
século XX e ao reconhecimento de que há fenômenos que não obede-
cem ao determinismo (princípio da incerteza), ocorre uma revolução
na epistemologia que altera o modelo de racionalidade até então aceita
pela comunidade científica. Como observa Pessoa Júnior, a sociologia
funcionalista de Merton se encaixa na tradição filosófica de ciência da
‘visão herdada’ ou ‘visão recebida’ que

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[...] não se ocupa com qualquer influência do meio social no conteúdo da
ciência, mas apenas com as condições sociais que moldam a organização da
ciência. Assim, ela não questiona se a visão recebida das teorias é sustentável
ou não. A distinção entre os contextos de justificação e descoberta não é
violada por esta sociologia (como ela não explora os aspectos cognitivos da
produção de conhecimento, não se pode dizer que ela estude o contexto da
descoberta, apesar dela fazer uso de estudos empíricos para observar como
a instituição cientifica se organiza (Pessoa Júnior, s.d.:4, itálico do autor)

Porém, uma onda de críticas começa a aparecer no final da década


de 50 do século passado, com referência à distância entre o ideal lógico
da ciência da visão recebida e a prática concreta da ciência, levando
a constituição de uma “nova” filosofia da ciência, com visões teóricas
mais globalistas da ciência, não se fixando apenas nos aspectos lógicos
desta (Pessoa Júnior, s.d.:4).
Foi neste contexto, principalmente de incertezas, que o físico e
epistemólogo Thomas S. Kuhn (1922-1996) estudou o desenvolvimento
científico e tentou compreender o processo das transformações ocor-
ridas nas ciências. Em sua obra de maior repercussão A estrutura das
revoluções, de 1962, ele constata que, historicamente, há momentos no
desenvolvimento da ciência em que as ideias e teorias vigentes, esta-
belecidas e aceitas são substituídas por outras, radicalmente novas e
diferentes, com a devida transformação também dos modelos gerais de
explicação. São exemplos indiscutíveis dessas transformações científicas:
o Heliocentrismo proposto por Nicolau Copérnico, em substituição
ao Geocentrismo, no século XVI; na Biologia, a proposta da Teoria da
Evolução das Espécies, de Charles Darwin, no século XIX e também a
Teoria da Relatividade de Albert Einstein, no século XX. A relevância
fundamental do trabalho de Kuhn reside no fato de contrapor-se à
concepção clássica de ciência, na qual o seu desenvolvimento é gradual
e cumulativo.
Kuhn introduz alguns conceitos relevantes como revoluções cientí-
ficas, paradigma, ciência normal e ciência extraordinária. Ele identifica
as revoluções científicas com as transformações radicais que ocorrem
nos modelos vigentes e nos quais se assenta a visão de mundo numa
determinada época. O conceito de paradigma pode ser compreendido
como o conjunto das teorias fundamentais e dos procedimentos padro-
nizados que orientam e determinam a prática científica em determinada
época. Assim, a comunidade científica irá desenvolver suas atividades

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científicas dentro dos limites do paradigma vigente, o que Kuhn designa
como ciência normal.

Homens cuja pesquisa está baseada em paradigmas compartilhados estão


comprometidos com as mesmas regras e padrões para a prática científica.
Esse comprometimento e o consenso aparente que produz são pré-requisitos
para a ciência normal, isto é, para a gênese e a continuação de uma tradição
de pesquisa determinada. (Kuhn, 2009:30)

Uma revolução se inicia, quando uma teoria entra em “crise”, com


o surgimento de anomalias ou problemas não solucionados. O surgi-
mento de um novo paradigma capaz de solucionar essas anomalias leva
a uma rejeição completa do paradigma anterior. Nas palavras de Kuhn,
“as revoluções científicas são aqueles episódios de desenvolvimento não-
-cumulativo, nos quais um paradigma mais antigo é total ou parcialmente
substituído por um novo, incompatível com o anterior” (2009:125).
Assim como Merton, Kuhn (2009) reconhece a importância da
comunidade científica, o que é confirmado no Posfácio de seu livro
quando ele assinala que, se o escrevesse novamente, colocaria a dis-
cussão da estrutura comunitária da ciência logo no início, pois “um
paradigma é o que os membros de uma comunidade partilham”. Para
o desenvolvimento dessa comunidade há necessidade de uma “forma-
ção” de seus membros, o que envolve possuir uma alta titulação, fazer
parte de sociedades profissionais, acompanhar periódicos científicos
especializados; e também envolve os compromissos coletivos com as
crenças e os valores inerentes a determinadas “teorias”, para as quais ele
sugere o termo “matriz disciplinar”.
Dessa perspectiva, Kuhn se desvincula do discurso epistemológi-
co clássico, em que a consideração dos fatores “internalistas” (razões
lógico-empíricas) era capaz de explicar o desenvolvimento da ciência,
e evidencia a influência dos fatores “externalistas” no fazer científico,
caracterizados pelas normas, valores e crenças impostos pela comuni-
dade científica.
Outro sociólogo que refletiu sobre a comunidade científica foi
Pierre Bourdieu (1930-2002), que introduz conceitos fundamentais e
inovadores na Sociologia, tais como habitus, capital e campo, em opo-
sição a conceitos tradicionais de subjetividade/objetividade e macro/
micro, dentre outros. Especialmente em relação à Sociologia da Ciência
introduz os conceitos de campo científico e capital científico (Bourdieu,
2004:12), por meio dos quais demonstra que também na ciência, a lógica

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de mercado está presente, evidenciada pela “concorrência” interna entre
os pesquisadores.
O conceito de habitus foi desenvolvido por Bourdieu desde o início
de seus primeiros trabalhos e pode ser encontrado em diversas obras
do autor, porém ele se esforçou, ao longo do tempo, em precisar ade-
quadamente o conceito, que é entendido como

[...] um sistema de posições duráveis, estruturas estruturadas predispostas


a funcionar como estruturas estruturantes, quer dizer, enquanto princípio
de geração e de estruturação de práticas e de representações que podem ser
objetivamente ‘reguladas’ e ‘regulares’, sem que, por isso, sejam o produto
da obediência a regras, objetivamente adaptadas a seu objetivo sem supor a
visada consciente dos fins e o domínio expresso das operações necessárias
para atingi-las e, por serem tudo isso, coletivamente orquestradas sem
serem o produto da ação combinada de um maestro. (Bourdieu, 1987:174)

Para Bourdieu, é por meio do habitus que os indivíduos ao longo


do processo de socialização assimilam e interiorizam condutas, nor-
mas, valores e crenças da comunidade ou grupo ao qual pertençam.
A dimensão de um aprendizado passado dos indivíduos está presente
nesse conceito e, muitas vezes, trata-se de um aprendizado implícito
(tácito). Nesse sentido, todo campo tem a percepção dos homólogos
(seus “iguais”) e dos heterodoxos (seus diferentes ou subversivos). Em
sentido antropológico todo campo científico faz uma “consagração” de
seus agentes, que pode ser assim exemplificado: serão tidos como bons
alunos (novos entrantes) aqueles que se portarem mais similarmente
aos mestres.
Além disso, Bourdieu (1983a) relaciona o conceito de habitus à
prática, uma vez que ambos possibilitam ações na sociedade. Em sua
visão, a prática é

[...] ao mesmo tempo, necessária e relativamente autônoma em relação a


situação considerada em sua imediatidade pontual, porque ela é produto
da relação dialética entre uma situação e um habitus, entendido como um
sistema de disposições duráveis e transferíveis que, integrando todas as
experiências passadas, funciona a cada momento como uma matriz de
percepções, apreciações e ações, e torna possível a realização de tarefas
infinitamente diferenciadas, graças às transferências analógicas de esque-
mas que permitem resolver os problemas da mesma forma e graças às

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correções incessantes dos resultados obtidos, dialeticamente produzidas
por estes resultados. (Bourdieu, 1983a:65)

Como demonstram Kropf e Lima (1999:565), em estudo compa-


rativo das concepções de Merton e Kuhn, ambos também destacam
a importância dos valores –conjunto de crenças, princípios e normas
compartilhados por uma determinada coletividade – como “elemento
fundamental para a compreensão da atividade científica.”
Segundo Ávila (1997:14), Bourdieu parte de uma postura teórica
diferente e amplia o significado do reconhecimento científico, devido
essencialmente à compreensão do espaço onde acontece o sistema de
trocas na ciência. Ele se afasta da visão de comunidade científica, tão
cara a Merton, e advoga, em seu lugar, a noção de campo científico.
O conceito de campo para Bourdieu representa um espaço social
de dominação, de conflitos e de luta entre agentes, pleno de disputas,
relações de força e estratégias que tendem a beneficiar interesses parti-
culares dos participantes do campo. É o espaço de jogo político onde se
realiza uma luta concorrencial, onde posições objetivas anteriormente
conquistadas são postas à prova. Nas palavras de Bourdieu,

O campo científico como um sistema de relações objetivas entre posições


adquiridas (em lutas anteriores) é o lugar (ou seja, o espaço de jogo) de uma
luta competitiva que tem por desafio específico o monopólio da autoridade
científica, inseparavelmente definida como capacidade técnica e como
poder social, ou, se preferirmos, o monopólio da competência científica,
entendida no sentido da capacidade de falar e agir legitimamente (isto é,
de maneira autorizada e com autoridade) em matéria de ciência, que é
socialmente reconhecida a um agente determinado. (Bourdieu, 1975:91-
92, tradução nossa)

Outro conceito introduzido por Bourdieu é, portanto, o de auto-


ridade científica (ou competência científica), em que o autor considera
que esta é composta indistintamente de fatores técnicos e de fatores
sociais. O texto de Ávila (1997) ilustra adequadamente esses fatores:

O campo científico é entendido como sendo antes de mais um espaço


de competição e de luta entre agentes que, ocupando posições desiguais,
desenvolvem estratégias com vista à acumulação de um capital simbólico
e relacional com eficácia específica, a autoridade científica. A importância
deste conceito reside no facto de assumir que não é possível, nem faz
sentido quando se pretende analisar sociologicamente as estratégias dos

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cientistas, distinguir factores técnicos e factores sociais. Sendo estes últimos
entendidos sobretudo em termos da posição relativa que os investigadores
ocupam no campo científico, a autoridade científica deve ser vista, ao
mesmo tempo, não só como um indicador de capacidade científica mas,
sobretudo, como um indicador de poder social e político. (Ávila, 1997:14)

A disputa que ocorre no campo científico é pela posse individual da


autoridade científica, que é reconhecimento dessa capacidade de “produ-
zir ciência” por um indivíduo ou grupo e que lhe outorga determinado
poder social. Neste sentido, o cientista é um capitalista que investe no que
é mais “rentável” para o mercado, de tal forma que esse resultado possa
ser revertido em capital (simbólico) para ele. A conquista desse “crédito”
(capital simbólico), por sua vez, vai lhe permitir obter financiamentos,
galgar postos e cargos, publicar, aglutinar maior número de pessoas a
sua volta. Para Bourdieu, “o campo científico é sempre o lugar de uma
luta, mais ou menos desigual, entre agentes desigualmente dotados de
capital específico” (1983b:136).
Os campos particulares constituem-se como microcosmos, com
relativa autonomia, criando suas regras, leis particulares e próprias e
delas dispondo, porém se relacionando ainda com o macrocosmo. No
entanto, criar suas próprias regras e critérios para se autoavaliar, ainda
que isso gere tensões internas, é uma forma de fortalecimento para
lutar contra as pressões externas e garantir a autonomia do campo. E
Bourdieu esclarece:

[...] qual é a natureza das pressões externas, a forma sob a qual elas se
exercem, créditos, ordens, instruções, contratos, e sob quais formas se
manifestam as resistências que caracterizam a autonomia, isto é, quais
são os mecanismos que o microcosmo aciona para se libertar dessas im-
posições externas e ter condições de reconhecer apenas suas próprias
determinações internas. (Bourdieu, 2004:21)

Nesse sentido, a proposta do autor (Bourdieu, 2004:21-22) para o


campo científico é a de livrar-se das alternativas da “ciência pura”, total-
mente isenta de necessidade social e da “ciência escrava”, aquela depen-
dente de todas as demandas político-econômicas. As pressões do campo
científico – que é um mundo social – são relativamente independentes
das pressões do macrocosmo social, pois há intervenção da lógica do
campo. A capacidade de refratar, no sentido de retraduzir ou refletir
sobre as pressões externas constitui-se uma das manifestações mais

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visíveis da autonomia do campo. O grau de autonomia de um campo
será maior ou menor de acordo com o poder de retradução e de refração.
Sendo o campo científico um espaço social de dominação e de
conflitos, ele é um campo de forças e um campo de lutas entre os dife-
rentes agentes. A estrutura das relações objetivas entre esses agentes vai
estabelecer os princípios do campo, que se traduz no que eles podem e
não podem fazer. Mais especificamente, significa dizer que é a posição
que determinado agente ocupa que vai orientar sua tomada de posição
(Bourdieu, 2004:23).
A estrutura do campo depende da distribuição do capital científico
dos diferentes agentes em determinado momento e, dessa forma, percebe-
-se que um campo não se orienta ao acaso. Para Bourdieu,

[...] o capital científico é uma espécie particular do capital simbólico (o


qual, sabe-se, é sempre fundado sobre atos de conhecimento e reconhe-
cimento) que consiste no reconhecimento (ou no crédito) atribuído pelo
conjunto de pares-concorrentes no interior do campo científico (o número
de menções do Citation Index é um bom indicador) [...] os prêmios Nobel.
(Bourdieu, 2004:26)

No entanto, existem duas espécies de capital científico que dão


lugar a duas formas de poder. A primeira forma de poder, denominado
temporal ou político, se refere ao poder institucionalizado e está ligado
às posições hierárquicas nas instituições de pesquisa, tais como a direção
de departamentos, laboratórios; e a segunda forma, que se constitui em
um poder específico, baseado no “prestígio” pessoal de reconhecimento
pelos pares, é denominada de capital cientifico “puro” (Bourdieu, 2004:35).
Os conflitos intelectuais existentes na academia são conflitos de
poder, comportando, ao mesmo tempo, uma dimensão política e uma
dimensão científica (Bourdieu, 2004: 41). Observa-se muitas vezes que
aqueles que angariam mais poder político são os que menos detêm
prestígio e reconhecimento científicos. A esse respeito Bourdieu adverte:

[...] para fazer progredir a cientificidade, é preciso fazer progredir a auto-


nomia e, mais concretamente, as condições práticas da autonomia, criando
barreiras na entrada, excluindo a introdução e a utilização de armas não
específicas, favorecendo formas reguladas de competição, somente sub-
metidas às imposições da coerência lógica e da verificação experimental.
(Bourdieu, 2004:41, itálicos nossos)

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As ações desenvolvidas pelos pesquisadores – sejam eles dominantes
ou pretendentes (novatos) – são indissociavelmente políticas e científicas;
assim, a escolha dos campos de pesquisa, os métodos empregados, as
revistas onde publicam, são estratégias políticas de investimento vi-
sando ao aumento significativo do lucro científico, que nada mais é do
que a obtenção do reconhecimento dos pares-concorrentes (Bourdieu,
1983:126-127).
Bourdieu faz uso de inúmeros termos oriundos da Economia para
estudar o campo científico, tais como: acumulação de capital, deflação
de capital, concorrência, monopólio, concentração de capital, nego-
ciação dentre eles. Segundo Hochman (1994), a ciência para Bourdieu
desenvolve-se nos moldes da concepção capitalista e, assim, encontra-se
determinada pela estrutura social, sendo o campo uma dimensão da
sociedade.

Ao procurar romper com a visão comunitária de Kuhn, que é criticado pelo


silêncio em relação aos interesses, e instaurando uma visão mercantil da
produção científica, Bourdieu pretende reintroduzir a sociedade capitalista
de classes na análise da dinâmica científica. A comunidade está longe de
ser neutra, cooperativa, indiferenciada, desinteressada e universalista,
o ‘sujeito das práticas’ impondo e inculcando a todos os membros seus
sistemas de valores e regras. Ao contrário, é o lugar da competição, da
desigualdade, com indivíduos racionais e maximizadores, e mais, reprodu-
zindo o diferencial de poder que existe na sociedade. (Hochman, 1994:211)

Diante do exposto, algumas questões suscitam resposta, quais se-


jam: Qual o capital relevante nas diversas áreas do conhecimento? O
que está em jogo para seus agentes (dominantes e os novatos) e rende
mais capital científico, reconhecimento ou autoridade científica? Quais
são os critérios? Publicação de artigos? Quais periódicos? Publicação
de patentes? Obtenção de financiamentos? Quais as especificidades nas
diversas áreas de conhecimento?
Ao longo desta seção procurou-se identificar como as concepções
teóricas dos autores eleitos para fundamentar a análise de nossa pesquisa
compreendem as relações que ocorrem nas comunidades (coletividades)
científicas; tanto as relações internas a elas, como na relação dessas com a
sociedade na qual estão inseridas. Como um grupo social distinto entre
outros na sociedade, a coletividade dos cientistas tem uma dinâmica
interna própria, que pode ser afetada e receber influências de fatores
históricos, sociais e econômicos externos à ciência.

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De qualquer forma, como aponta Colognese (1996:41-42), para o
entendimento da atividade científica, além das análises lógicas e epis-
temológicas, deve-se acrescentar a caracterização sociológica. E talvez
seja por isso que a Sociologia da Ciência, representada por esses autores,
tem “uma preocupação maior em caracterizar a dinâmica interna às
coletividades científicas e suas implicações sobre a produção do conhe-
cimento, em detrimento dos fatores externos que afetam esta dinâmica
e produção” (Colognese, 1996:41-42).

A comunidade científica e o ethos da ciência

Ao sociólogo americano Robert K. Merton (1910-2003) coube a


introdução do conceito de institucionalização da ciência, e a ciência
como instituição vai interagir com as demais instituições da sociedade.
Iniciando sua carreira muito jovem, já em 1938, Merton publica o livro
Ciência, Tecnologia e Sociedade na Inglaterra do século 17, que original-
mente foi sua pesquisa de doutorado e no qual analisa a institucionali-
zação da ciência na Inglaterra e o papel da ética protestante. Nessa obra,
uma das primeiras a se dedicar ao estudo social da ciência, ele percebe
que as normas de conduta puritanas favoreciam o desenvolvimento
do trabalho científico e grande parte dos cientistas da Inglaterra dessa
época professava essa religião.
Como esclarece Rodrigues Júnior, nessa época os estudos sobre a
ciência consideravam “que a ciência estava inextricavelmente vinculada
a fatores “racionais” e “internalistas”, como o descobrimento e emprego
de um método científico universal” (2001:33). Esse fato levou Merton
à conclusão de que um ideário ético institucionalizado pode favorecer
o desenvolvimento e a produção de “conhecimento certificado”. Foi
nos países onde houve a Reforma Protestante que existiram as melho-
res condições para o desenvolvimento da ciência, particularmente na
Inglaterra, Alemanha e França. Na Inglaterra, no século XVII, a ciência
era prática, útil e nobre, ligada fortemente aos valores do puritanismo
e do capitalismo. Portanto, algumas condições políticas, econômicas
e sociais foram favoráveis ao avanço do desenvolvimento da ciência,
notadamente a emergência do capitalismo e da ética protestante. A esse
respeito, é válido lembrar aqui o ensaio que já se tornou um clássico, a
saber, A ética protestante e o espírito do capitalismo, no qual Weber não
só estuda a gênese da cultura capitalista moderna e sua relação com

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a religiosidade puritana adotada por igrejas e seitas protestantes dos
séculos XVI e XVII, como também contribui para a compreensão dos
fenômenos históricos e sociais, ao mesmo tempo em que faz uma refle-
xão profunda sobre o método das ciências histórico-sociais. Outro texto
emblemático de Weber, para o campo dos Estudos Sociais da Ciência e
da Tecnologia, é a conferência “A ciência como vocação”, proferida por
Weber em 7 de novembro de 1917, em Munique. Em sua visão a ciência
era um dos fatores fundamentais do processo de desencantamento do
mundo (Cf. Weber, 1975).
Mormente quanto a essas considerações, Rodrigues Júnior (2001),
citando Espinosa e colaboradores (1994), esclarece que

Embora Merton não deixasse de perceber a importância do puritanis-


mo para o desenvolvimento da ciência no século XVII, assinalava que o
grande impulso da ciência moderna foi o fato de ter se institucionalizado
de forma particularizada. O desenvolvimento inglês da ciência não tinha
como causa primeira a religião, tampouco a religião se constituiria em
uma variável independente, o que existia era uma interação recíproca.
(Rodrigues Júnior, 2001:34)

A partir dessas constatações, o cientista não é mais pensado isolada-


mente. Compreender a ciência como instituição foi objetivo recorrente
na obra de Merton (1970:634, 652 e seg.) e o estudo apresentado sobre o
“ethos” (do grego éthos, que significa valores, costumes, hábitos e ações)
da ciência moderna revela os valores e normas que devem constituir-se
em valores e obrigações morais para os pesquisadores. Pode-se dizer
que são, portanto, os pilares que dão sustentação à ciência moderna.

O ethos da ciência é esse complexo de valôres e normas afetivamente to-


nalizado que se considera como constituindo uma obrigação moral para
o cientista. As normas são expressas em forma de prescrições, proscrições,
preferências e permissões, que se legitimam em relação com valores insti-
tucionais. Êsses imperativos transmitidos pelo preceito e pelo exemplo e
reforçados por sanções, são assimilados em graus variáveis pelo cientista,
formando assim sua consciência científica [...]. (Merton, 1970:652-653)

Os imperativos institucionais mertonianos da ciência foram ex-


pressos pelo acrônimo CUDOS, e são eles:
• o Comunalismo, que pode ser entendido como a propriedade comum
das descobertas científicas, segundo o qual os cientistas desistem dos direitos

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de propriedade intelectual de suas descobertas em troca de reconhecimen-
to e estima da comunidade científica. O conhecimento científico, por ser
produto de uma colaboração social, deve estar acessível e disponível para
toda a sociedade. De qualquer forma, a autoridade dos trabalhos científicos
é preservada. Originalmente, Merton usou o termo comunismo, mas tinha
a noção de comunalismo em mente, não no sentido do marxismo. Isso
significa que o caráter do conhecimento é público e está disponível a todos;
• o Universalismo, segundo o qual as afirmações científicas são avaliadas
em termos de critérios universais e impessoais, e não com base em raça,
classe social, gênero, religião ou nacionalidade dos cientistas;
• o Desinteresse – pela exigência de objetividade na atividade científica,
há pouco espaço para fraudes e embustes, dado que a atividade científica
não deve visar a interesses particulares. Segundo esse imperativo os cien-
tistas são recompensados por agir de maneira que externamente parecem
ser altruístas;
• o Ceticismo organizado – estabelece que todos os resultados de pesqui-
sas, ideias e teorias devem ser testadas e estão sujeitas a rigoroso escrutínio
da comunidade estruturada (os pares). O CUDOS é às vezes identificado
como comunismo, universalismo, desinteresse, originalidade (novida-
de na contribuição das investigações) e ceticismo (em vez de Ceticismo
Organizado). Trata-se de uma alteração posterior do conjunto das normas
de Merton, porém ele não se referiu à “originalidade” e nem à “humildade”
no ensaio A estrutura normativa da Ciência, que introduziu as normas em
1942. Ziman sintetizou em pequenas frases o significado desses imperativos:

Comunalismo (compartilhamento) – “A ciência é o conhecimento


público, disponível para todos.” Universalismo (universalidade) – “Não
há fonte privilegiada do saber científico.” Desinteresse – “A ciência
deve ser praticada como um fim em si próprio.” Ceticismo organizado
(ceticismo sistemático) – “Os cientistas não aceitam nada de boa fé.”
(Ziman, 1984:84-85)

Assim como outros autores, Targino (2000:17) considera que ainda que
existam casos em que os cientistas não observem esses imperativos, isso
não invalida as normas éticas, pois elas devem ser aceitas como parâmetros
ou fundamentos para o comportamento dos cientistas.
Merton teve uma vida acadêmica bem longa e inúmeras pesquisas
e teorias foram desenvolvidas por ele e seu grupo de colaboradores na
Universidade de Columbia, entre as décadas de 50 e 70 do século pas-
sado. Analisando o sistema de recompensa da ciência e a forma como

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os cientistas mais experientes e famosos são “agraciados” com créditos
desproporcionais em relação aos desconhecidos ou novos cientistas
entrantes que recebem menos créditos, Merton (1968) denomina esse
fenômeno de “Efeito Mateus”. Essa menção refere-se à passagem bíblica
escrita pelo evangelista Mateus, que pode ser sintetizada como o fenô-
meno de que “a quem muito tem, mais lhe será ofertado e a quem pouco
tem, até o pouco que tem lhe será tirado”. Isto é evidenciado pela forma
como cientistas que recebem honrarias (prêmios, condecorações) são
desproporcionalmente considerados e avaliados em relação aos pares
“desconhecidos” e/ou entrantes.
O mundo científico tende, portanto, a dar créditos às pessoas já
com destaque e reconhecimento, em detrimento das menos conhecidas
ou famosas. Isto pode ser facilmente comprovado quando cientistas de
renome internacional enviam suas comunicações para periódicos im-
portantes de sua área de especialização e são rapidamente aceitos, bem
como quando solicitam recursos às agências de fomento para viabilizar
projetos de desenvolvimento científico. Isso acaba gerando uma estra-
tificação da comunidade científica, caracterizada principalmente por
uma elite, que, além de estar em postos responsáveis pela distribuição
dos recursos orçamentários, por outro lado, é também beneficiada com
a obtenção desses recursos. Conforme complementa Ávila,

[...] Merton admite que o lugar que os cientistas ocupam no sistema de


estratificação social interno da ciência não decorre unicamente do seu
desempenho e competência, pois as oportunidades de acesso às recompensas
encontram-se desigualmente distribuídas. (Ávila, 1997:12, itálicos no original)

Como afirma Pessoa Júnior, “o funcionalismo adotado por Merton


tende a enfocar o institucional e não o psicológico. Não importam as
motivações reais dos cientistas, importa como as instituições canali-
zam as várias motivações do cientista” (s.d.:4). No entanto, a crítica
internalista a Merton deve ser relativizada, pois ele também demonstrou
que a ciência é interessante não apenas pelos seus conhecimentos, mas
pelos condicionantes extrínsecos a que está exposta, que são as questões
econômicas, sociais, dentre outras. Nesse sentido, Merton, como Marx
ou Hessen (1984), demonstra que a ciência está vinculada e condicionada
a fatores externos. Estudar esses fatores e condicionantes da ciência de
forma ampla e crítica é a possibilidade de “abrir a caixa preta”.
Apesar do ethos científico não constar explicitamente das cartilhas
dos cientistas, o que se observa é que, desde o início da ciência moderna

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a partir do século XVII, ele é transmitido de forma tácita e acompanha
as diferentes gerações de cientistas. Nas palavras de Benakouche,

A prática da ciência é dominada pela obediência a ritos. Esta constata-


ção está presente de modo mais ou menos explícito tanto nas descrições
de Merton (1970) sobre o ethos da ciência, como nas análises de Kuhn
(1990) sobre os paradigmas, ou na etnografia de um laboratório feita por
Latour e Wolgar (1997). Assim, é na aceitação prática desses ritos que se
produzem e reproduzem as identidades e as diferenças entre os cientistas.
(Benakouche, 2001:56)

Os imperativos mertonianos sofreram inúmeras críticas e muitas


delas dizem respeito, principalmente, ao comportamento dos cientistas,
que não raras vezes transgridem as normas estabelecidas. De acordo
com Kropf e Lima, “o ethos da ciência foi objeto de crítica por ser per-
cebido como uma imagem estática e idealizada da atividade científica,
que nada revela sobre como esse sistema funciona efetivamente e sobre
aquilo que os cientistas realmente fazem” (1999, s.p.).
Contudo, Storer (1977:373) chama atenção para a segunda fase
dos estudos de Merton, que tem início em 1957, com um conjunto de
três artigos que constituem o turning point de sua teoria. O primeiro,
intitulado “As prioridades nos descobrimentos científicos” (1957), foi
preparado como alocução presidencial para a American Sociological
Society; o segundo, “Descobrimentos únicos e descobrimentos múltiplos
na ciência” (1961), foi lido em uma conferência comemorativa ao 400º.
Aniversário de nascimento de Francis Bacon; e o terceiro, “As pautas
de conduta dos cientistas” (1968), foi apresentado como alocução anual
da Phi Beta Kappa – Sigma Xi para a American Association for the
Advancement of Science.
Nesses artigos Merton elabora uma orientação teórica coerente
sobre a ciência como instituição social, contrapondo a estrutura nor-
mativa ao sistema de recompensas na ciência, e problematiza, assim, “a
motivação institucionalizada que explica as maneiras concretas pelas
quais os cientistas orientam suas ações de acordo com o ethos” (Kropf
& Lima, 1999:s.p.)
Passados cinquenta anos desse primeiro artigo, em 2007 o Journal
of Classical Sociology convoca um conjunto de autores (Barnes, Enebakk,
Huff, Turner, Kalleberg e Sztompka) a revisitar o ethos mertoniano e
discutir sua atualidade. Entre os teóricos em que tais autores se apoiam
para discutir o problema do ethos está John Ziman, pois sua visão sobre

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a ciência passa pelo questionamento do ethos mertoniano, embora seja
muito mais ampla e diversificada, como afirma Reis (2010),

[...] sua crítica transcendia a mera discussão sociológica a respeito do


ethos mertoniano e alcançava os diversos domínios da ciência, tais como:
organização e gestão da prática científica; “coletivização” da ciência; perda
de autonomia do cientista (para colocar problemas e gerir a sua pesquisa);
lógica empresarial na ciência; sistemas de financiamento, ressaltando a
interferência de capital privado; fraude; pressão por publicação e por
resultados (antes do tempo); responsabilidade social da ciência; relação
entre ciência e sociedade; natureza do conhecimento científico; análise
da prática científica; ensino de ciência; formação do cientista; criatividade
(serendipity, ou “serendipidade”); meios de comunicação da informação
científica; aumento do investimento em pesquisa aplicada em detrimento
da teórica; fechamento de laboratórios; avanço da ciência em países em
desenvolvimento; ética do cientista. (Reis, 2010:14)

Assim, esses aspectos do sistema normativo e de recompensas mer-


toniano ressignificados por Ziman, por meio da visão da ciência pós-
-acadêmica, constituem um dos pilares teóricos para explicitar a nova
configuração da ciência na atualidade.

A ciência acadêmica e pós-acadêmica

Na seção anterior tivemos oportunidade de enfocar o ethos cientí-


fico a partir da visão mertoniana da ciência. Como afirma Santos (1988),
em determinados períodos históricos o que importa é que sejam feitas
perguntas simples e elementares, porém fortes, ainda que as respostas
possam ser fracas. A respeito da ciência, algumas perguntas importantes
foram mencionadas por Schwartzman:

O que é “ciência”? Conhecimento verdadeiro por oposição ao conhecimento


errado ou duvidoso? O resultado de experiências, em contraste com o que
sabemos pelo senso comum? Conhecimento medido, quantificado, e não
aquele que adquirimos intuitivamente? A Verdade, com V maiúsculo, em
contraste com as verdades menores? Um privilégio dos sábios e iniciados,
nunca acessível às massas? Um fator da produção, como o capital, o tra-
balho e a tecnologia? Aquilo que fazem os cientistas? Nenhuma dessas
respostas é satisfatória, e, no entanto cada uma delas corresponde a noções

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que muitas vezes encontramos entre cientistas, educadores, filósofos e
estudiosos dos fenômenos científicos. Não existe um conceito único e
consensual sobre o que seja “ciência”, mas noções que variam ao longo do
tempo e do espaço. Além disso, existem sociedades e períodos históricos
que produzem mais e melhor “ciência” do que outros, ou ciência de um
ou outro tipo. Como explicar essas variações? De que elas dependem?
Que influência tem a ciência no desenvolvimento ou na mudança das
sociedades? Será ela um simples subproduto de condições econômicas
e sociais mais gerais, ou terá um efeito específico e próprio? Finalmente,
como fazer se queremos ter mais ciência, de melhor qualidade e com
um impacto social mais significativo? Como desenvolver uma política
científica adequada? (Schwartzman, 1984:s.p.)

Essas são perguntas instigantes e remetem a uma reflexão sobre o


papel da ciência e da tecnologia na sociedade, como veremos a seguir, ao
demonstrar como ambas adquirem novos contornos após, principalmente,
a II Guerra Mundial e as transformações que ocorrem na sociedade.
Na sociedade atual o desenvolvimento científico e tecnológico colo-
ca-se como questão central quer para os países desenvolvidos, quer para
os em desenvolvimento, que dependem de tornarem-se competitivos
para promoverem melhores condições de desenvolvimento econômico
e social, possibilitando conquistas e melhorias nas condições de vida
das suas populações. Encontra-se totalmente no passado, no entanto,
a visão do fazer científico atrelado à imagem da ciência isenta e neutra.
Para conquistar o desenvolvimento econômico e competitividade, altos
aportes de recursos financeiros são empregados pelo Estado e também
pelas empresas, de modo a alavancar esse desenvolvimento e alcançar
progresso. Se inicialmente houve a aproximação da ciência para o desen-
volvimento da indústria bélica por ocasião das guerras mundiais, hoje
o engajamento da ciência e da tecnologia está alinhado para propiciar
o desenvolvimento dos diversos setores industriais e empresarias.
Assim, passado mais de meio século do estabelecimento dos impe-
rativos de Merton – como acabamos de discutir na seção anterior – e
com a evolução da ciência e da comunidade científica, o físico e filósofo
da ciência John Michael Ziman (2000: 78-79, 114 e seg.) é um dos que
traduzem a nova face da ciência, agora voltada e desenvolvida no âmbito
da aplicação industrial, da tecnologia e inovação. Para essa nova fase
da ciência, Ziman estabelece um novo acrônimo em substituição ao
CUDOS. Nesse novo modo de fazer ciência, aparecem como preceitos
algumas características próprias do momento histórico, que são: ser

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Proprietária, Local, Autoritária, Comissionada e Especialista (Expert);
agora é a vez do PLACE.
John Ziman reflete em inúmeros de seus textos sobre a trajetória da
ciência, especialmente sobre a ciência acadêmica que surgiu na França
e na Alemanha na primeira metade do século XIX, cujo modelo espa-
lhou-se rapidamente para o restante do mundo (ver Ziman 1999:439 e
seg.). A ciência acadêmica desde sua origem estava ligada à educação
superior, sendo dependente do suporte material do Estado. Esse autor
aponta as conhecidas práticas, regras, tradições e convenções que devem
ser seguidas pelos aspirantes a tornarem-se cientistas acadêmicos, muito
embora essas prescrições não estejam formalmente escritas.
Conforme apontamos anteriormente, foi o sociólogo Robert Merton
desde a década de 40 do século passado quem estabeleceu o conjunto
dessas normas, o ethos acadêmico, representado pelo acrônimo CUDOS
– Comunalismo, Universalismo, Desinteresse e Ceticismo Organizado.
No entanto, segundo Ziman, a ciência acadêmica estava nas mãos de
acadêmicos, com a responsabilidade precípua de ensinar aos estudantes,
atividade esta para a qual eram pagos. Porém, é somente com a liberdade
de investigação que os professores universitários podem se beneficiar
como indivíduos recebendo o devido reconhecimento.

O ethos académico não diz directamente nada sobre a motivação indivi-


dual nem sobre como é que os cientistas acadêmicos ganham a vida. Mas
o próprio Merton assinalou que as letras iniciais das normas compõem
o acrónimo “CUDOS” – isto é, aplauso, ou prestígio. Em principio, os
cientistas académicos consagram-se à investigação e tornam públicas
as suas descobertas em troca de “reconhecimento” por parte dos seus
colegas. Este reconhecimento recebe a forma de citações na literatura
especializada, prémios e medalhas, títulos enaltecedores – e, em especial,
emprego. (Ziman, 1999:442)

O acelerado desenvolvimento da sociedade nas últimas décadas


introduziu mudanças radicais importantes em muitas práticas tradicio-
nais acadêmicas. A ciência tornou-se mais onerosa face à necessidade
de instrumentação mais sofisticada e precisa; o Estado patrocinador já
não consegue manter os níveis de investimentos no desenvolvimento
da ciência e tecnologia e, ainda, há as “cobranças” pela sociedade no
que se refere ao retorno desses investimentos (conceito advindo do
inglês accountability, que significa “prestar contas”). No lugar do in-
dividualismo entra em cena, cada vez mais, a ação coletiva de equipes

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multidisciplinares; a comunicação foi amplificada globalmente com o
desenvolvimento dos meios eletrônicos, que possibilitam que os pes-
quisadores possam trabalhar em locais geográficos diferenciados, sem
necessidade de dividir o mesmo espaço de trabalho dentro do laboratório
(Ziman, 1996a).
Esses condicionantes levam Ziman a asseverar: “A ciência acadêmica
está a dar lugar à ciência “pós-académica”, que pode ser de tal maneira
diferente da primeira (sociológica e filosoficamente) a ponto de produzir
um tipo diferente de conhecimento” (1999:444). Em seu livro Real Science,
de 2000, ele sintetiza que a ciência pós-acadêmica – também nomeada
por ele como “ciência pós-industrial” – é “uma transformação radical e
irreversível no mundo inteiro no modo como a ciência está organizada,
gerenciada e executada” (Ziman, 2000:67).
Tanto a ciência acadêmica como a ciência industrial – desenvolvida
nos laboratórios de P&D das empresas – têm pontos de ligação comuns,
ambas dispondo de recursos humanos treinados para essa finalidade, bem
como contam com as mesmas bases de conhecimentos. Se anteriormente
havia um distanciamento entre as duas, atualmente, pelo contrário, é
a aproximação o que se observa. E quais são as demandas da ciência
industrial? No que ela difere da ciência acadêmica? A diferença básica
entre as duas é que a ciência industrial clama por resultados práticos,
específicos e imediatos.
Como aponta Ziman, com os imperativos mertonianos do CUDOS,
o que o cientista acadêmico almeja circunscreve-se na pretensão do
reconhecimento, ao passo que, diferentemente, “os cientistas industriais
lutam por uma posição bem paga na hierarquia da administração – isto é,
por ‘PLACE’” (1999:444). Esse acrônimo, que significa “lugar”, também
traduz as demais características da ciência industrial ou “pós-acadêmica”:

Assim, a ciência industrial é “Proprietária”, pelo facto de os resultados da


investigação pertencerem à firma e não precisarem de ser publicados. É
“Local”, pelo facto de a investigação frequentes vezes se aplicar apenas a um
particular produto destinado a clientes particulares. É “Autoritária”, pelo
facto de os cientistas industriais terem de fazer aquilo que os seus directo-
res lhes dizem para fazer. É “Comissionada”, pelo facto de os problemas a
investigar serem decididos pelos directores para servirem aos propósitos
da Companhia. E é “Experta”, <em português “Perita”> pelo facto de os
cientistas serem usados sobretudo como solucionadores profissionais de
problemas, não se tendo em conta a possibilidade de eles poderem ser
pensadores originais ou críticos. (Ziman, 1999:444-445)

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No Quadro 1, é possível visualizar de forma sumária e comparativa
os imperativos mertonianos (ethos) da ciência acadêmica, com as novas
características da ciência pós-acadêmica, evidenciadas por Ziman.
Quadro 1 – Características da ciência acadêmica e pós-acadêmica

Ciência acadêmica Ciência pós-acadêmica


(Merton – CUDOS) (Ziman – PLACE)
Comunalismo Proprietária
Universalismo Local
Desinteresse Autoritária
Originalidade Comissionada
Ceticismo (Scepticism) Especializada (Expert)

De acordo com Reis, Ziman “não pretendeu formular um novo


ethos, mas salvaguardar algumas características do ethos mertoniano”,
pois antes, “demonstra que a força da ciência está centrada na sua pro-
dução social e cooperativa de conhecimento, que deve ser realizada em
um espaço público e almejando o consenso entre os pares” (2010:13).
No entanto, já em 1994, no livro A nova produção do conhecimento:
a dinâmica da ciência e da pesquisa nas sociedades contemporâneas,
Michael Gibbons e colaboradores introduzem os conceitos de Modo 1
e Modo 2 de produção científica. Tal como Ziman, eles identificam o
Modo 1 com as características da ciência acadêmica e o Modo 2 com as
peculiaridades da ciência pós-acadêmica.
No Quadro 2 são apresentadas as respectivas especificidades dos
Modos 1 e 2, segundo seus autores.

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Quadro 2 – Modo 1 e Modo 2 de produção do conhecimento científico

Modos de produção de conhecimentos científicos


Modo 1 (linear) Modo 2 (não linear)
O conhecimento básico é produzido
O conhecimento é produzido no
antes e independentemente de
contexto das aplicações.
aplicações.
Organização da pesquisa de forma
Transdiciplinaridade.
disciplinar.
Organização de pesquisas Heterogeneidade e diversidade de
homogêneas. organizações.
Compromisso estrito com o
“Accountability” e reflexividade: os
conhecimento: os pesquisadores
pesquisadores se preocupam e são
não se sentem responsáveis pelas
responsáveis pelas implicações não
possíveis implicações práticas de seus
científicas de seu trabalho.
trabalhos.
Controle de qualidade – outros
Peer review. critérios: econômicos, políticos,
sociais, além do peer review.

Fonte: Adaptação de Gibbons e colaboradores, 1994.

Conforme pode ser observado no Quadro 2, o Modo 2 de produção


modifica o resultado do conhecimento produzido e também a forma de
produzir esse conhecimento. Gibbons e colaboradores (1994) descrevem
inúmeras transformações que são visíveis nesse novo contexto, entre
elas a comercialização do conhecimento, a massificação da educação
superior e a importância crescente da colaboração e da globalização. Em
2001, três dos autores do livro The new production knowledge, Nowotny,
Scott e Gibbons publicam um novo livro, Re-thinking science: knowledge
and the public in an age of uncertainty, e, baseados em argumentos da
Sociologia acerca da crescente complexidade da sociedade, defendem aí
a participação de uma ampla gama de atores não-científicos no processo
de produção do conhecimento com o intuito de reforçar sua confiabili-
dade (Hessels & Van Lente, 2008:742).
É interessante apontar que não parecem existir divergências subs-
tanciais entre o conceito de ciência pós-acadêmica proposto por Ziman
e o conceito de Modo 2 de Gibbons e colaboradores. Como sinaliza
Hessels e Van Lente, é provável que a diferença esteja apenas no escopo
dos dois conceitos:

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Considerando que o Modo 2 se refere a uma forma particular de conduzir
e organizar a pesquisa, que constitui uma parte limitada, mas crescente, do
sistema de ciência, a ciência pós-acadêmica é um nome para o sistema de
ciência geral, no seu novo estado. Essa diferença resulta em uma relação
diferente entre o tradicional e o novo modo de investigação. Enquanto
NPK [o livro The New Production of Knowledge] afirma explicitamente
que emerge Modo 2 ‘ao lado do’ Modo 1 de pesquisa e sugere um futuro
no qual ambos se desenvolvem em co-evolução, Ziman fala de ciência
pós-acadêmica como uma prática que substitui a pesquisa acadêmica
tradicional. ‘Nosso modelo está mudando diante de nossos olhos numa
nova forma-ciência pós-acadêmica (...)’. (Hessels & Van Lente, 2008:747,
tradução nossa)

Assim, para Hessels e Van Lente (2008) a diferença fundamental


entre as concepções sobre as mudanças na produção da ciência para
Gibbons e colaboradores (1994) e Ziman (1994) reside em que, para os
primeiros, o Modo 2 aparece ao lado do Modo 1 e sugere que ambos
continuam existindo; e que, diferentemente, para Ziman, a ciência pós
-acadêmica surge como uma nova forma de produzir ciência e, portanto,
como a única.
Apesar da popularidade alcançada por Gibbons e colaboradores
(1994), há que se apontar que inúmeros autores introduziram outras
abordagens para apresentar as “mudanças” que vêm ocorrendo ao lon-
go das últimas décadas na forma de produção da ciência. Por meio de
uma revisão da literatura, Hessels e Van Lente (2008) comparam sete
abordagens e terminologias relativas ao novo modo de produção da
ciência na sociedade contemporânea e que estão sintetizadas no Quadro 3.

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Quadro 3– Abordagens concorrentes sobre as mudanças no sistema de ciência

Abordagens / Autores Escopo


Ciência finalizada Destaca a função social da ciência, mostrando
(Böhme et al.,1983) que a sociedade está tornando-se mais ativa.
Essa expressão está associada ao conceito
Pesquisa estratégica / ciência
estratégica de relevância na ciência; foi criada para
avaliar políticas científicas e tecnológicas e
(Irvine; Martin, 1984; Rip, caracterizada pelo novo contexto da ciência na
2004)
sociedade.
Tem por característica principal a participação
pública e seria utilizada para campos da
Ciência Pós-Normal ciência (meio ambiente, por exemplo) que
(Funtowicz; Ravetz, 1993) trabalham com incertezas, controvérsias e
necessitam de tomadas de decisão que vão
além das limitações técnicas.
Sistemas de inovação Enfatizam a importância da atuação dos
diversos atores, entre eles pesquisadores de
(Carlsson e Stankiewicz,
1991; Edquist, 1997; universidades, desenvolvedores de produtos
Freeman, 1997; Smits e das empresas, organizações intervenientes e
Kuhlmann, 2004) consumidores.
A globalização, a busca das indústrias
por inovação e também a diminuição dos
investimentos nas universidades foram os
Capitalismo acadêmico fatores desencadeantes para que houvesse uma
enorme competição entre os pesquisadores
(Slaughter e Leslie, 1997) para obtenção de fundos externos para
pesquisas e, com isso, possibilitar a obtenção
de lucros por patenteamento, licenciamento,
criação de spin-off, assessoria às empresas.
Caracterizada por cinco elementos fortemente
Ciência Pós-acadêmica interligados (atividade coletiva; prestação de
contas – accountability e eficiência; utilidade
(Ziman, 1994, 2000, 2003) do conhecimento produzido; competição por
recursos monetários; ciência industrializada)

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Tem como pressuposto que a universidade,
Tríplice hélice indústria e governo estão cada vez mais
interdependentes e que há uma terceira
(Etzkowitz e Leydesdorff,
1998, 2000; Leydesdorff e missão para a universidade (as duas outras
Meyer, 2006) seriam ensino e pesquisa) que é desenvolver
“ciência empreendedora”.
Fonte: Hessels e Van Lente (2008:742-747)

Nessa visão de ciência pós-acadêmica, algumas mudanças são as-


sinaladas por Dagnino:

[...] a avaliação da qualidade por pares e a liberdade na escolha individual


dos temas de pesquisa vão sendo substituídas por uma “contabilidade”
(accountability) mais ampla da “excelência” e pela adoção coletiva de uma
agenda estabelecida em função de interesses econômicos que deixa de
dar origem a bens públicos (comunalismo) e passa a produzir “proprie-
dade intelectual”. Valores “não-científicos” de natureza societária, como
segurança, rentabilidade e eficácia, passam a participar explicitamente da
determinação da agenda de pesquisa. (Dagnino, 2006:193)

A discussão sobre o aumento de problemas complexos deman-


dantes de políticas públicas e a crise de credibilidade e legitimidade
que os governos e as instituições reguladoras enfrentavam por volta
dos anos 1990 no âmbito da Comunidade Europeia fornecem um novo
quadro da política de ciência e tecnologia, conforme destaca Dagnino
(2006). Na sua visão, esse foi o momento do surgimento de propostas
de novos modelos de governança que contemplassem outros quesitos
clamados pela sociedade, tais como de transparência e prestação de
contas (accountability), e que superassem os modelos vigentes “de cima
para baixo”, centralizadores e “não-adequados a sociedades com graus
crescentes de diversidade, complexidade, interdependência e incerteza”.
(Dagnino, 2006:194)
Em resumo, ainda que com diferentes denominações, as formas de
organização e produção da ciência e tecnologia têm passado ao longo
do tempo por inúmeras transformações. Essas transformações eviden-
ciam que o conceito dominante de ciência em determinados períodos
históricos tende a ser repercutido nas políticas de ciência e tecnologia
em âmbito nacional e internacional.

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À guisa de conclusão

Esperamos ter deixado claro neste capítulo as dinâmicas internas


da ciência no contexto acadêmico e pós-acadêmico. Além disso, outros
componentes a serem observados nesse processo são o ethos e o crédito
científico, conforme preconizados por Merton (1970) e Bourdieu (1983).
Desse ponto de vista, permanece válida a frase emblemática proferida
pela antropóloga da ciência Hebe Vessuri segundo a qual “a pesquisa
científica que não está publicada não existe” (1987:124). Seus argumentos
corroboram a visão explicitada nesse capítulo, pois, ao defender que a
“publicação em uma revista de prestígio reconhecido”, a autora enfatiza
que esse procedimento

[...] assegura a prioridade na produção de um resultado, acrescenta o crédito


acadêmico a um cientista, legitima sua atividade e permite a existência de
sistemas de comunicação científica ligados a processos ativos de persuasão,
negociação, refutação e modificação, através dos quais o significado das
observações científicas da mesma maneira que as interpretações teóricas
tende a ser seletivamente construído e reconstruído no campo científico.
(Vessuri, 1987:124, itálicos e tradução nossos.)

Também é válido enfatizar que, apesar das diferentes denominações


que as formas de organização e produção da ciência e tecnologia têm
assumido ao longo do tempo, essas transformações evidenciam que o
conceito dominante de ciência em determinados períodos históricos
tende a repercutir não apenas nas políticas de ciência e tecnologia em
âmbito nacional e internacional, mas também nos processos de comu-
nicação científica. Confirma-se, assim, a visão de Price (1976) de que
cada sistema disciplinar maneja de maneira própria os processos de
comunicação do conhecimento científico produzido.

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10. Coletivos tecnológicos e a produção colaborativa
entre pares

Sergio Amadeu da Silveira

Os estudos de CTS (Ciência, Tecnologia e Sociedade) têm buscado


identificar as complexas relações entre o desenvolvimento da tecnologia
e seus contextos históricos e sociais. Todavia, tanto as perspectivas da
determinação social da tecnociência, quanto as originadas nas visões de
autonomia e determinismo tecnológicos, incluindo as que buscam superar
a visão que separa ciência e sociedade, ultrapassar a divisão natureza e
cultura e abandonar a observação da sociedade e da tecnologia como
duas entidades ontologicamente distintas, até o momento, têm dado
pouca atenção aos novos processos de construção tecnológica baseados
nas práticas colaborativas e de compartilhamento de conhecimentos
tecnológicos, realizadas por grupos de inventores e desenvolvedores
que estão fora de instituições acadêmicas e corporativas.
Para o pesquisador Yochai Benkler, “nossa compreensão da produ-
ção econômica tem sido a de que os indivíduos realizam suas atividades
produtivas de duas formas: como empregados em firmas, seguindo as
instruções de gestores; ou como indivíduos nos mercados, seguindo
os sinais dos preços”1 (2002, online). Benkler identificou esta percep-
ção nos trabalhos do Prêmio Nobel de Economia, Ronald Coase, que
posteriormente foi desenvolvida criticamente pelo economista neo-ins-
titucionalista Oliver Williamson, trabalhando os limites das firmas e o
papel decisivo dos custos de transação.
No texto “Coase’s Penguin, or Linux and the Nature of the Firm”,
Benkler argumentou que o ambiente informacional permitiu a emergên-
cia de um terceiro modo de produção de grande relevância econômica
por ele denominado “commons-based peer-production”, algo como
“produção comum entre pares”. Além da organização hierárquica das
firmas e dos sinais do mercado, as redes estariam viabilizando projetos

1 Tradução livre da seguinte passagem: “For decades our understanding of economic


production has been that individuals order their productive activities in one of two
ways: either as employees in firms, following the directions of managers, or as individ-
uals in markets, following price signals”.

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criativos de grande impacto econômico realizados por coletivos de
indivíduos cuja motivação não se limitaria aos comandos gerenciais
nem aos sinais do mercado. Os maiores, mas não os únicos, exemplos
disso seriam os modelo de desenvolvimento de software de código-fonte
aberto e de software livre.
Apesar da ausência de análises consistentes sobre o impacto eco-
nômico, social e cultural desse modelo de desenvolvimento de software
no Brasil, os indícios de sua performance mundial são impressionantes.
Um dos principais repositórios de softwares de código-fonte aberto é o
SourceForge. Em 15/08/2000 existiam 7627 projetos de open source lá
registrados. Praticamente oito anos depois, uma consulta realizada no
mesmo repositório, no dia 21/08/2008, contatou a existência de 296.031
projetos de código aberto, representando um crescimento de 38 vezes.
Um desses projetos é o software livre conhecido como Linux ou GNU/
Linux, certamente o mais famoso. Outro entre os milhares de projetos
colaborativos é o Apache, um software livre de hospedagem de páginas
web em servidores. Em janeiro de 2013, segundo o survey realizado
mensalmente pela empresa de serviços de Internet, Netcraft, 55.26%
de todos os servidores de web do planeta rodavam o software Apache,
enquanto somente 16.93 utilizavam a solução da Microsoft. O terceiro
lugar ficou com outro software livre, chamado Nginx e que estava ins-
talado em 12.64% dos servidores web.
É importante ressaltar que os chamados softwares livres são desen-
volvidos colaborativamente em rede, por comunidades. Seu código-fonte
pode ser alterado e melhorado e distribuído legalmente, pois, em geral,
utilizam o princípio do copyleft, ou seja, usam a legislação de copyright
para garantir licenças que asseguram o direito dos usuários de copiar e
alterar o software (Silveira, 2009; Evangelista, 2009; Aguiar, 2009). É pos-
sível contrastar o grande sucesso, seja pela quantidade, seja pela qualidade,
das pesquisas sobre modelos de produção e de trabalho taylorista, fordista
e toyotista, com as poucas investigações acadêmicas sobre o modelo de
produção colaborativa entre pares, nas redes distribuídas. Isso ocorre
provavelmente devido à interferência ideológica neoliberal e pelas práticas
discursivas consolidadas no capitalismo industrial nas décadas de 1980
e 1990, quando ocorreu um grande avanço da produção colaborativa,
consolidando nos anos seguintes o desenvolvimento de sucessivas ver-
sões dos softwares GNU/Linux, Apache, Mozila-Firefox, das linguagens
PHP e Perl, das plataformas Wiki, Wordpress e OpenStreetMap, entre
centenas de outros exemplos.

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Este capítulo busca apontar alguns elementos importantes para
aprofundar a compreensão do fenômeno da produção colaborativa
entre pares, bem como das práticas científicas produzidas fora dos labo-
ratórios das firmas e das instituições formais da Academia. Aqui não se
pretende realizar um debate sobre a dimensão e a influência econômica
das práticas tecnológicas colaborativas, nem descrever seus exemplos
e casos mais representativos, apesar de estas demandas serem urgentes.
A tentativa é de iniciar um esforço teórico a partir da observação da
complexa relação entre a ciência e a tecnologia formais e as mobilizações
das comunidades de produção colaborativa entre pares.

Emergência da produção colaborativa entre pares

Influenciado pela noção de autopoiésis de Humberto Maturana


e pela abordagem evolucionista de Luhmann, Trigueiro ao estudar a
prática tecnológica afirmou:

a produção de tecnologias consiste num permanente processo seletivo,


em que algumas opções tecnológicas são selecionadas e realizadas, em
detrimento de outras. Opções, estas, que correspondem a um sem número
de necessidades e demandas por novas tecnologias – sejam estas deman-
das econômicas, políticas, culturais, médicas, alimentares, agropecuárias,
educacionais e assim por diante –, e também aos próprios resultados
tecnológicos (originados de outros processos ou momentos de produção
tecnológica). (Trigueiro, 2008:88)

Esta passagem, comprometida com uma visão de preponderância


das relações sociais para explicar o desenvolvimento tecnológico, defi-
ne a noção de processo tecnológico que nos permite refletir sobre um
olhar recorrente em diversas correntes dos estudos de CTS. Em geral,
se discutem principalmente as opções tecnológicas colocadas diante de
um processo, mas o próprio processo de desenvolvimento de tecnolo-
gias é secundarizado ou desconsiderado. Muitos estudos são realizados
como se existisse um único processo de desenvolvimento tecnológico
e como se suas finalidades fossem unicamente voltadas às atividades
lucrativas ou aos interesses estratégicos dos Estados. A diversidade de
objetivos, caminhos e processos de criação tecnológica fica evidente
quando observamos o surgimento do movimento do software livre em

253

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meados dos anos 1980, a partir da iniciativa do então pesquisador do
laboratório de Inteligência Artificial do MIT, Richard Stallman.
Seguindo uma motivação ética, Stallman considerava que um
software não deveria ter seu código-fonte – aquele que contém todas
as rotinas e o funcionamento do programa, escritos em uma ou mais
linguagem de programação – fechado, impedindo que seus usuários
pudessem conhecê-lo minuciosamente, retirando a possibilidade de
alterá-lo e de distribuir as possíveis melhorias realizadas. O que estava
em questão para o criador do movimento do software livre era o acesso
ao conhecimento contido no programa de computador. Para Stallman,
não importava se o software fosse ou não vendido. O fundamental era
liberar o acesso ao conhecimento que o constitui.

Eu acredito que a regra de ouro exige que, se eu gosto de um programa,


eu devo compartilha-lo com outras pessoas que gostam dele. Vendedores
de Software querem dividir os usuários e conquistá-los, fazendo com
que cada usuário concorde em não compartilhar com os outros. Eu me
recuso a quebrar a solidariedade com os outros usuários deste modo. Eu
não posso, com a consciência limpa, assinar um termo de compromisso
de não-divulgação de informações ou um contrato de licensa de software.
(Stallman, Manifesto GNU: http://www.gnu.org/gnu/manifesto.html)

Esta proposição ética está vinculada a outra que a fundamenta: o


conhecimento é um commons, palavra inglesa de difícil tradução que
muitos empregam como sinônimo de algo que é comum, pertencente a
todos ou a um coletivo ou comunidade. Stallman não se coloca frontal-
mente contra a mercantilização do conhecimento, uma vez que a palavra
livre não é sinônimo de grátis. O que a corrente de pensamento e prática
inspirado em suas ideias busca é manter a lógica original da ciência
moderna. A fonte do conhecimento científico é o próprio conhecimento,
portanto, sua livre circulação é um princípio básico.
Esse tipo de perspectiva que parte da lógica original da ciência
aplicada ao desenvolvimento de tecnologias informacionais, apesar de
receber uma forte influência liberal, busca erguer barreiras à apropriação
privada do conhecimento, entendido como fruto do esforço coletivo e
fonte da criatividade. No epicentro do modelo de desenvolvimento de
software livre está a recusa de uma visão que subordina o acesso as fon-
tes do conhecimento a uma visão enrijecida de propriedade intelectual.
Todavia, a forte influência liberal e anarquista nos principais pioneiros
do movimento de software livre não o conduziram para proposições au-

254

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toritárias de proibição de softwares proprietários. A batalha de Stallman
e de outros passava pelo convencimento e pelo desenvolvimento de
soluções livres como alternativas às proprietárias.
O chamamento de Stallman para desenvolver e compartilhar códigos
e programas de computadores foi aceito e envolveu hackers, engenheiros,
educadores, pesquisadores, curiosos e muitos jovens talentosos em todos
os cantos do planeta. A expansão do que podemos nominar de movi-
mento sócio-técnico se deu pelas redes, principalmente, pela Internet.
Aproveitando-se das facilidades de interação e pelas possibilidades de
troca de arquivos, vários softwares começaram a ser desenvolvidos cola-
borativamente. Um desses softwares, o Linux, teve seu primeiro esboço
lançado pelo então estudante finlandês de 21 anos, Linus Torvald, em
um newsgroup da Usenet, similar a um fórum de discussões, em agosto
de 1991. No mês de setembro de 1991, a versão 0.01 do Linux é colocada
no servidor de FTP (ftp.funet.fi) da Finnish University and Research
Network (FUNET), contendo 10.239 linhas de código. Em março de
1994, incrementado por uma crescente adesão de colaboradores, a versão
1.0.0 atingiu 176.250 linhas de código. Em 1999, a versão 2.2.0 chegou a
1.800.847. Em 2001, o Linux 2.4 foi lançado com 3.377.902 de linhas. A
versão 3.2 foi lançada em 2012, contando com 14.998.651 linhas de código
escritas por uma grande comunidade de programadores.2
O processo colaborativo para o desenvolvimento de programas
de computador, chamado por Benkler de produção entre pares, foi
interpretado pelo programador e hacker norte-americano Eric Steven
Raymond como sendo semelhante a um barulhento bazar, enquanto
o processo de criação de softwares comerciais mais se pareceria com
uma silenciosa catedral (Raymond, 1998, online). O melhor modo de
desenvolver o software seria atraindo uma rede de colaboradores, o que
ampliaria os olhares sobre seus erros e o potencial de solucionar desafios
e impasses. Assim, a velocidade de sua correção seria muito superior ao
dos processos verticalizados e fechados. Para Raymond, a distribuição
do programa de computador com código-fonte aberto é o que permite
criar as melhores soluções.

Dada uma base grande o suficiente de beta-testers e co-desenvolvedores,


praticamente todo problema será caracterizado rapidamente e a solução

2 Essas informações estão disponíveis no Linux Evolution: http://www.sprg.uniro-


ma2.it/kernelhacking2008/lectures/lkhc08-01b.pdf

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será óbvia para alguém. Ou, menos formalmente, “Dados olhos suficientes,
todos os erros são triviais”. Eu chamo isso de: “Lei de Linus”.

Minha formulação original foi que todo problema “será transparente para
alguém”. Linus objetou que a pessoa que entende e conserta o problema
não é necessariamente ou mesmo frequentemente a pessoa que primeiro
o caracterizou. “Alguém acha o problema”, ele diz, “e uma outra pessoa o
entende. E eu deixo registrado que achar isto é o grande desafio”. Mas o
ponto é que ambas as coisas tendem a acontecer rapidamente.

Aqui, eu penso, é o centro da diferença fundamental entre os estilos ba-


zar e catedral. Na visão catedral de programação, erros e problemas de
desenvolvimento são difíceis, insidiosos, um fenômeno profundo. Leva
meses de exame minucioso por poucas pessoas dedicadas para desen-
volver confiança de que você se livrou de todos eles. Por conseguinte os
longos intervalos de liberação, e o inevitável desapontamento quando as
liberações por tanto tempo esperadas não são perfeitas.

Na visão bazar, por outro lado, você assume que erros são geralmente um
fenômeno trivial – ou, pelo menos, eles se tornam triviais muito rapidamen-
te quando expostos para centenas de ávidos co-desenvolvedores triturando
cada nova liberação. Consequentemente você libera com frequência para
ter mais correções, e como um benéfico efeito colateral você tem menos a
perder se um erro ocasional aparece. (Raymond, 1998, online)

O longo trecho extraído do A Catedral e o Bazar permitem observar


a crença na colaboração que pode ser efetivada pelas redes distribuídas,
como a Internet. Uma infinidade de motivações permitiriam agregar
inúmeras pessoas no desenvolvimento e melhoria do código-fonte do
software, ou seja, a inteligência coletiva seria superior as tentativas de
solução fechada. Nesse sentido, o modelo fechado não aproveitaria as
condições favoráveis da comunicação em rede e seria mais ineficiente.
O ideário do código-fonte aberto e da liberdade de compartilha-
mento de programas atraiu milhares de pessoas em todo o mundo que
passaram a se organizar em comunidades de desenvolvimento. Durante
os anos de 1990, as comunidades cresceram e a observação de um dos
seus repositórios de códigos-fonte, o SourceForge, permite-nos estimar
que na primeira década do século XXI conseguiu-se reunir mais de 2
milhões de desenvolvedores e colaboradores com projetos de software
livre ou aberto. O sucesso do modelo de desenvolvimento colaborativo,
baseado no compartilhamento de ideias e projetos em rede, articulado

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com licenças de propriedade flexíveis, influenciou outras áreas da tecno-
logia e da cultura. Em 2001, modelo colaborativo passou a ser empregado
para se escrever uma enciclopédia, a Wikipedia.3 Também influenciou
o surgimento das licenças Creative Commons, ainda em 2001, que per-
mitem a cópia e o compartilhamento de criações literárias e artísticas
sem todas as restrições impostas pela ideia de copyright. A influência do
software livre gera a ideia do hardware livre e, entre os diversos projetos,
destaca-se o Arduino, uma plataforma para a prototipagem eletrônica
completamente aberta, criada na Itália em 2005. Outra expressão dessa
mobilização colaborativa centrada no conhecimento aberto é a impres-
sora 3D, ou máquina autorreplicadora para criação de outras máquinas.

Cultura hacker, cibernética e o comum

O processo e as finalidades do software livre e da produção colabo-


rativa entre pares são bem diferentes de outras experiências de desen-
volvimento alternativo de tecnologias, tais como aquelas chamadas de
Tecnologias Apropriadas4 ou Tecnologias Intermediárias. O economista
alemão Schumacher utilizou esta última expressão para descrever as
tecnologias de “baixo custo de capital, pequena escala, simplicidade e
respeito à dimensão ambiental” (Dagnino, Brandão & Novaes, 2004:20)
que seriam mais adequadas para os países pobres. A base da mobilização
colaborativa em torno do software livre não é a defesa do ideário nacional
e, sim, a liberdade para acessar as fontes do conhecimento. A produção
entre pares que emerge nos anos de 1980, em torno da distribuição do
código-fonte dos programas de computador, não vê diferença entre um
desenvolvedor africano, um europeu, um norte-americano e um latino.
A maior influência do movimento colaborativo do desenvolvimento
de software livre é a chamada cultura hacker que surge por volta dos
anos 1960, nos Estados Unidos. Suas características fundamentais giram
em torno da capacidade do programador superar desafios lógicos im-
portantes e compartilhar com a comunidade de hackers suas soluções.
O sociólogo Manuel Castells percebe a cultura hacker como uma das

3 A história da formação da Wikipedia pode ser lida em http://pt.wikipedia.org/


wiki/Wikipedia.
4 Tecnologia Apropriada é “um conjunto de técnicas de produção que utiliza de
maneira ótima os recursos disponíveis de certa sociedade maximizando, assim, seu
bem-estar” (Dagnino, 1976:86).

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camadas constitutivas da construção da rede mundial de computadores,
a Internet:

a cultura é uma construção coletiva que transcende preferências individuais,


ao mesmo tempo em que influencia as práticas das pessoas no seu âmbito,
neste caso os produtores/usuários da Internet.
(...)
A cultura hacker especificou a meritocracia ao fortalecer os limites internos
da comunidade dos tecnologicamente iniciados e torná-la independente dos
poderes existentes. [...] Só a capacidade de criar tecnologia e de compartilhá-
la com a comunidade são valores respeitados. (Castells, 2003:54)

A utopia dos exímios programadores, os hackers, tem relação di-


reta com a perspectiva cibernética lançada por Norbert Wiener, que
apostava na superação dos processos entrópicos a partir da ampliação
do compartilhamento de informações e da interação precisa entre os
comunicantes. O que importa é a comunicação sem ruídos, o feedback
e a superação de tudo aquilo que bloqueia o fluxo informacional entre
os organismos, sejam homens ou máquinas. Acoplada à perspectiva
cibernética, os hackers reconheciam a importância dos ideais da contra-
cultura norte-americana e pregavam a distribuição de poder a partir da
distribuição da capacidade de acesso e de processamento das informações.
Se “informação é poder”, distribuí-la seria equivalente a democratizá-lo
e a desconcentrá-lo.
Logo, o grande inimigo da cultura hacker5 é o bloqueio ao conhe-
cimento, praticado principalmente pelo instituto de uma propriedade
intelectual ampliada e com capacidade de impedir a livre circulação
das informações científicas e tecnológicas. A mobilização dos hackers
das comunidades open source e de software livre trabalha a ideia do co-
nhecimento como uma produção coletiva comum, commons. Todavia,
a perspectiva hacker não subordina a liberdade individual a um ideal
social totalitário. A cultura hacker se organizou em torno da liberdade
de pensamento e da livre iniciativa. Mas hackers ligados ao movimento
de software livre não são simplesmente liberais, pois a liberdade para

5 Para se diferenciar daqueles que usam conhecimentos e habilidades de progra-


mação com objetivos criminosos, os hackers criaram o termo “cracker”. Para as co-
munidades hackers, um cracker pode nem ser um programador. Pode ser apenas
usuário de um software que propricia atitudes de invasão de computadores.

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o fluxo de informação e para a circulação do conhecimento está acima
da ideia de propriedade.
Para alguns autores, como André Gorz, os hackers seriam dissidentes
do capital e o movimento de software livre traria uma outra relação de
produção em potência, mas o processo da produção colaborativa em si
se daria em tensionamento constante com as relações de mercado, pois,
como indivíduos, esses desenvolvedores teriam que trocar seus saberes
por dinheiro, apesar da finalidade do desenvolvimento daqueles códi-
gos não estarem necessariamente vinculados ao interesse meramente
econômico. Gorz escreveu:

Relações de saber e produção de saber apontam a saída para escapar às


relações mercantis e à sociedade da mercadoria desde que possam se
desenvolver livremente sem o constrangimento da valorização. Os que
desenvolvem o software livre e a rede livre vivenciam a possibilidade
concreta dessa saída, e encontram ao mesmo tempo os limites que os
poderes dominantes têm-se esforçado para impor à sua atividade. É uma
luta no interesse de toda a sociedade. Nessa luta, os participantes do mo-
vimento do software livre sempre se posicionam com um pé no campo
dos adversários. Eles estão constantemente expostos às garras dos explora-
dores do software comercial, sucumbem mesmo em suas vidas pessoais à
obrigação de tirar proveito de si, pois já não podem viver muito afastados
das relações de dinheiro, mercadoria e troca, embora experimentem esse
afastamento em seu trabalho como possibilidade concreta. Como muitas
outras “intelligentzias”, sentem sua posição como uma contínua provação,
e a obrigação de tirar proveito, como uma redução insuportável de seu
potencial. (Gorz, 2005:68)

Se observarmos as empresas de Internet mais bem sucedidas como


Google, Yahoo e Facebook, veremos que boa parte de seu aparato tecnoló-
gico utiliza tecnologias abertas e não-proprietárias. Não necessariamente,
o software livre ou simplesmente os softwares de código-fonte aberto são
impedimentos ao acúmulo de capital. Sem dúvida, entre as comunidades
de desenvolvedores existem aqueles que se envolveram com objetivos
meramente mercantis, mas diversas outras motivações compõem o rol de
finalidades que levam o jovem programador a integrar uma comunidade
tecnológica livre. Dito de outro modo, o humano padrão de Adam Smith
que busca apenas seus autointeresse (aqui no sentido econômico) não
cabe no perfil de grande parte dos desenvolvedores de software livre. O
individualismo dos hackers é de um tipo colaborativo.

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Fronteiras da colaboração

Enquanto a genética cada vez mais capturada pelos interesses do


capital avança no sentido de aplicar a lógica de patentes na ciência, a
expansão dos modelos de software livre aplica a lógica aberta e cola-
borativa da ciência na tecnologia. A questão da chamada propriedade
intelectual está no centro do debate da produção colaborativa entre
pares e aparenta animar grandes debates e embates nos próximos anos.
Podemos notar inúmeras iniciativas que conformam o campo dos
coletivos tecnológicos que não desenvolvem tecnologia principalmente
dentro de corporações ou somente em ambientes acadêmicos. Esses co-
letivos envolvem muitos desenvolvedores e apoiadores que são também
das universidades e das empresas, mas seus objetivos não se limitam à
racionalidade empresarial ou acadêmica. As tecnologias desenvolvidas
não visam à pontuação junto aos órgãos avaliadores da pesquisa tecno-
científica, nem gerar lucratividade para determinado grupo econômico.
Em geral, tais coletivos estruturam processos de desenvolvimento ba-
seados na liberdade de acesso sem restrições às fontes de conhecimento.
Eles envolvem:
• o movimento de software de código-fonte aberto e licenciamento
flexível;
• as iniciativas de hardware livre, metarreciclagem e robótica livre;6
• os diversos laboratórios de garagem e hackerspaces espalhados
pelo mundo;7
• os inúmeros hackathons e encontros de hackers para solucionar
problemas emergentes;8
• o biohacking e as comunidades DIY;9
• redes colaborativas online de compartilhamento de tecnologias
tradicionais;10
• a mobilização pelos recursos educacionais abertos;11

6 http://www.arduino.cc/; http://www.youtube.com/watch?v=qd9sCPa4jQE
7 http://hackerspaces.org/wiki/
8 http://blog.foursquare.com/2011/09/20/the-hackathon-heard-round-the-world/;
http://govfresh.com/2011/08/open-government-hackathons-matter/; http://musi-
chackday.org/; http://educationhackday.org/
9 http://blog.p2pfoundation.net/diy-bio-faq/2010/03/23; http://hackteria.org/
10 http://www.mocambos.org/; http://ocadigital.art.br/
11 http://rea.net.br/site/

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• as diversas plataformas online de produção colaborativa;12
• computação distribuída e grids como plataformas para Ciência
Cidadã;13
• outros.
Os processos colaborativos de desenvolvimento tecnológico arti-
culados por coletivos de voluntários ganharam força com a expansão
da Internet. Aferir e avaliar sua dimensão, importância social, cultural e
econômica é uma tarefa urgente e requer abordagens interdisciplinares.
As métricas, por exemplo, utilizadas para analisar as tecnologias de in-
formação proprietárias são ineficazes para medir soluções que muitas
vezes não são precificadas, nem mesmo mantidas por empresas, mas
que estão fortemente inseridas na sociedade informacional.

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a produção colaborativa no projeto GNOME. In: Vicente Macedo
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www.sprg.uniroma2.it/kernelhacking2008/lectures/lkhc08-01b.pdf
Acesso: 25/01/2013.
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(mestrado) – UnB, Departamento de Economia, Brasília, 1976.

12 http://www.openstreetmap.org/
13 Ibercivis: http://www.ibercivis.pt/index.php?module=public&section=cha-
nels&action=view&id_channel=2; BOINC: http://boinc.berkeley.edu/trac/wiki/
VolunteerComputing

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DAGNINO, R., BRANDÃO, F.C. & NOVAES, H.T. Sobre o marco ana-
lítico-conceitual da tecnologia social. In: Tecnologia social: uma
estratégia para o desenvolvimento / Fundação Banco do Brasil – Rio
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TRIGUEIRO, M. G. S. A prática tecnológica. Teoria & Pesquisa: Revista
de Ciência Política, Vol. 17, No 1, 2008. pp.85-96.

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11. Internacionalização da ciência no Brasil e mobilidade
internacional: políticas, práticas e impacto

Lea Velho
Milena Yumi Ramos

Introdução

(...) science is inherently international and will only become more so.
(The Royal Society, 2011:14)

(...) knowledge flows and technology transfer are primarily


people-embodied phenomena.
(Mahroum, 2000:23)

A internacionalização da ciência está, com destaque, na pauta da


Política Científica, Tecnológica e de Inovação (PCTI) da maioria dos paí-
ses industrializados e de industrialização recente. Uma passada de olhos
pelos documentos oficiais e pelos programas das agências financiadoras
de P&D dos mais variados países revela que todos eles incluem ações e
instrumentos visando incentivar a dimensão internacional da ciência.1
Em tais documentos, a internacionalização, nas suas mais variadas formas
– mobilidade de pesquisadores, colaboração física e virtual, contratos de
pesquisa supranacionais, participação em organizações internacionais
de pesquisa, coordenação e planejamento conjunto de atividades em
CTI – é sempre referida como desejável (Katz & Martin, 1997), assumin-

1 Reunião realizada em Bruxelas, em 2008, confirmou que em todos os países da


ERA (European Research Area), nos EUA, Austrália e Canadá, e também naqueles
países referidos como BRIC (Brasil, Rússia, Índia, China) a atenção da PCTI para
com atividades que visam à internacionalização da P&D tem crescido rapidamen-
te. Apresentações e relatórios com os mais importantes pontos discutidos naquela
reunião podem ser encontrados em: www.technopolis-group.com/intdrivers/pro-
gramme.html.

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do mesmo um caráter normativo (Hoekman et al., 2010). Entretanto,
o pressuposto dos benefícios ainda requer investigação, tornando-se
prioritário, para a PCTI, mapear e analisar os processos envolvidos
na internacionalização da C&T e suas implicações para a produção de
conhecimento e a competitividade (Lee & Bozeman, 2005; Kretschmer
& Aguillo, 2004; Katz & Martin, 1997).
No Brasil, a importância e a necessidade de estimular a internacio-
nalização da ciência têm já, há alguns anos, sido apontadas por alguns
estudiosos da questão (Velho, 2001; 2008; Velloso, 2002; Balbachevsky,
2006, Balbachevsky & Marques, 2009; Castro, 2007; Schwartzman, 2009).
Em linhas gerais, estes autores argumentam que a participação do Brasil
em redes de pesquisa internacionais é muito baixa, e que a ciência brasilei-
ra é voltada para o próprio país e para os próprios objetivos da academia,
o que resulta em impacto muito pequeno das publicações brasileiras,
mesmo daquelas em revistas internacionais “mainstream”. Além disso,
ainda que a produção científica brasileira indexada nas principais bases
bibliográficas tenha crescido a taxas relativamente elevadas nas últimas
duas décadas, a proporção das publicações em colaboração internacional
permaneceu estagnada nesse período (Glänzel, Leta & Thus, 2006). As
razões para isso precisam ser investigadas, mas há a hipótese de que
a formação de doutores no Brasil ocorra, excessivamente, dentro das
fronteiras nacionais, com um número cada vez menor de estudantes
brasileiros em cursos avançados no exterior e, além disso, que o país não
consegue atrair um número significativo de pesquisadores estrangeiros
que sirvam como ponte para as redes internacionais de pesquisa. Para
estes autores, o Brasil precisa, com urgência, de uma política que esti-
mule a saída de pesquisadores do país e mantenha condições atraentes
para o seu retorno.2
Ao mesmo tempo em que estudos apontavam certo isolamento
da ciência brasileira, as agências governamentais de PCTI buscavam
ampliar os programas tradicionais e criar novos estímulos à interna-
cionalização, ainda que de forma tímida. Entretanto, a questão tomou
dimensão inesperada quando a internacionalização da ciência passou,
recentemente, a ocupar a agenda não apenas da PCTI e de seus dirigentes
diretos, mas também a dos altos escalões do governo federal, incluin-

2 Há muito se sabe que as migrações internacionais de talentos, exceto em situações


excepcionais, têm menos a ver com a atratividade das oportunidades externas do
que com as condições de vida e integração ou reintegração dos talentos em seus
países de origem (Glaser & Habers, 1974).

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do a da presidente Dilma Rousseff. Em abril de 2011, ela afirmou que
o governo pretende conceder 75 mil bolsas de estudo no exterior até
2014 – número que pode chegar a 100 mil se houver apoio financeiro
do setor privado – com a justificativa de que “o Brasil precisa de mão
de obra qualificada para garantir o próximo ciclo de desenvolvimento”.3
Alguns meses depois, no dia 26 de julho, durante a reunião do Conselho
de Desenvolvimento Econômico e Social (CDES), a presidente Dilma
lançou o programa Ciência sem Fronteiras (CsF), que explicita as bases
em que se assenta a alocação de tais bolsas, assim como os objetivos,
metas, recursos e natureza delas. Em linhas gerais, esse é um programa
que “busca promover a consolidação, expansão e internacionalização
da ciência e tecnologia, da inovação e da competitividade brasileira, por
meio do intercâmbio de alunos de graduação e de pós-graduação e da
mobilidade internacional” (http://www.capes.gov.br/bolsas/bolsas-no-
-exterior/ciencia-sem-fronteiras). Trata-se, portanto, de um ambicioso
programa de internacionalização da P&D brasileira usando como ins-
trumento central a mobilidade de profissionais e pesquisadores, em
formação ou já formados.
Quando as ações da PCTI visando à internacionalização da ciência
eram ainda tímidas, já se apontava a necessidade de entender melhor a
extensão, os motivos, objetivos, modos de implementação, gestão, resul-
tados e impactos delas. Muitas têm sido as vozes chamando atenção para
o fato de que os instrumentos de internacionalização, via mobilidade
de pesquisadores (formados ou em formação), têm sido aplicados no
Brasil sem base conceitual e empírica que lhes deem sustentação e na
ausência de um sistema de acompanhamento e avaliação que permita
dar forma à política relevante (Ramos & Velho, 2011). Existem dúvidas,
por exemplo, sobre os benefícios assumidos pelas agências das chamadas
“bolsas sanduíche” de doutorado no exterior e, mais que tudo, sobre a cen-
tralidade deste tipo de bolsa nos programas de formação no exterior das
agências (Velho, 2001; Velloso, 2002; Balbachevsky, 2006, Balbachevsky

3 Este depoimento foi extraído do Uol Notícias – http://noticias.uol.com.br/politi-


ca/2011/04/29, último acesso no dia 30 de julho de 2011. Matérias de teor semelhante
foram veiculadas em todos os jornais importantes, jornais locais e regionais, em ver-
são impressa e on-line, e reproduzidas em inúmeros blogs, portais de universidades,
empresas, institutos de pesquisa, associações de classe, etc. Um busca na internet
sobre essa notícia, usando as palavras chave “presidente Dilma+bolsa exterior”, re-
cuperou milhares de resultados.

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& Marques, 2009; Schwartzman, 2009).4 Questiona-se também a atitude
“punitiva” das agências aos bolsistas que não retornam dentro dos prazos
estipulados (Castro, 2007) e a assumida existência de uma “migração
de cérebros” (Lombas, 1999). Aponta-se, sistematicamente, a falta de
acompanhamento e avaliação dos programas de circulação internacional
e, consequentemente, a dificuldade de fazer uma política baseada em
evidência e de declarar algo legítimo e confiável sobre seus resultados
e impactos (além dos autores já citados, ver também Guimarães, 2002).
Portanto, no momento em que a PCTI criou um programa como
o CsF, que amplia de forma muito acentuada o estímulo e o apoio à
mobilidade internacional de pessoal envolvido em atividades de CTI, é
ainda mais necessário e relevante que se realizem estudos que possam
responder aos questionamentos apontados e, então, fornecer subsídios
para orientar as ações deste instrumento. Devido à falta de evidências
acerca dos efeitos das atividades de mobilidade internacional, assume-se
implicitamente que a maximização de tais atividades deverá propor-
cionar impactos desejáveis. Mas, certamente, os benefícios assumidos
necessitam ser analisados e demonstrados.
É neste contexto que se insere este capítulo. Seu objetivo central
é analisar o impacto que o programa CsF vem tendo na reversão da
tendência, observada anteriormente, de privilegiar a formação de curto
prazo no exterior (doutorado sanduíche e pós-doutorado) em detrimen-
to daquelas com foco no doutorado pleno (formação de quatro anos).
A análise é desenvolvida nas duas seções a seguir. A primeira trata
da importância da formação de recursos humanos qualificados e sua
inserção nas redes internacionais para a capacidade e dinâmica inovativa
dos países; a segunda compara dados de bolsas de pós-graduação (nível
de doutorado) e pesquisa (pós-doutorado) antes e depois da criação
do Programa Ciência sem Fronteiras, para identificar se está havendo
perpetuação ou inovação em relação ao modelo vigente, de excessiva
concentração desta formação dentro das fronteiras nacionais. Por fim,

4 De fato, as poucas avaliações que existem de programas de doutorado tipo sandu-


íche oferecidos por algumas agências de cooperação europeia mostraram que esses
programas só funcionam bem em condições muito especiais, em que a mobilidade
dos doutorandos se dá entre grupos de pesquisa que já estão em estreita cooperação
no país de origem e no país hospedeiro e, acima de tudo, em que ambas as institui-
ções parceiras têm ganhos. E, assim mesmo, o impacto destes programas no envol-
vimento futuro dos bolsistas em atividades de cooperação internacional é restrito
(Nchinda, 2002; Boeren et al., 2006; Velho, 2006).

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na conclusão se faz uma breve síntese das discussões contidas no capí-
tulo, apontando obstáculos a serem superados para que o País avance
no processo de internacionalização da P&D.

Mobilidade internacional e formação de pesquisadores

Em 1992, em sua obra, hoje clássica, sobre sistemas de inovação,


Lundvall reconheceu a notável ausência de análises dos sistemas nacionais
de educação e de treinamento na constituição deste referencial analítico.
Ele expressou sua preocupação com o desconhecimento sobre fatores
relacionados com a oferta de recursos humanos – as características e
determinantes dos investimentos em educação e treinamento; matrículas
em ciências e engenharia; disponibilidade de trabalhadores qualifica-
dos, etc. Além disso, Lundvall enfatizou sua preocupação não apenas
com as diferenças entre os sistemas de educação formal e informal que
condicionam capacidades inovativas em diferentes países, mas também
com as normas sociais e os valores reproduzidos através da educação.
Assim, ele chamou atenção para a necessidade de “integrar os sistemas
de educação e de treinamento e os sistemas de inovação em um único
referencial analítico”, sempre levando em conta as especificidades de
cada país (Lundvall, 1992:14-15).
Uma década mais tarde, Lundvall e colaboradores (2002) chega-
ram a uma conclusão muito semelhante àquela de 1992, qual seja, a
da falta de atenção que os estudos empíricos dentro do referencial de
Sistemas de Inovação (SI) dedicam à análise da formação de pessoal
e de sua interação com os outros agentes que conformam um sistema
de inovação. Desta vez, entretanto, os autores manifestaram sua preo-
cupação não apenas com o desconhecimento dos fatores que afetam a
oferta de recursos humanos para inovação, mas também com aqueles
relacionados com a demanda de tais recursos. Em linhas gerais, eles
argumentaram que se sabe muito pouco sobre o tipo de qualificação,
habilidades e competências procuradas pelas empresas que contratam
recursos humanos altamente qualificados.
Várias razões explicam o pequeno número e a falta de profundidade
de estudos sobre a dinâmica do mercado de recursos humanos para ino-
vação. A principal delas parece residir no fato de que, de modo geral, os
analistas dentro do referencial de SI estavam suficientemente convencidos
de que as universidades desempenham um papel crítico no funciona-

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mento do SI principalmente através de sua atividade de produção de
conhecimento e de formação de recursos humanos (Nelson, 1993; Patel
& Pavitt, 1994; Pavitt, 1998). Essas atividades são frequentemente vistas
como complementares e decisivas para que ocorra inovação (Gibbons &
Johnston, 1974; Patel & Pavitt, 1994; Pavitt, 1998; Enders & Weert, 2003).
Além disso, elas são também consideradas como “suficientemente bem
equacionadas” pelo sistema educacional, exibindo mecanismos internos
de controle de qualidade e devidamente articuladas com o contexto social
de modo a regular a quantidade e a variedade. Talvez a evidência mais
clara desse pensamento seja a declaração de Pavitt de que “tudo o que
a universidade tem que fazer para contribuir para o SI é manter uma
base ampla de conhecimento e formar recursos humanos de qualidade”
(1998:803). Em suma, a falta de estudos, dentro do referencial de SI, sobre
diversos aspectos do treinamento de recursos humanos qualificados pode
ser explicada, em grande medida, pelo fato de este tema ser considerado,
por vários autores, como não problemático, já equacionado.
Recentemente, entretanto, este quadro começou a mudar devido a
vários fatores. A importância da inovação tecnológica para o desenvol-
vimento e a competitividade dos países forçou os analistas a reconhecer
vários problemas na formação convencional de recursos humanos de
alta qualificação. Ficou claro, por exemplo, que a formação convencional
estava excessivamente focada em produzir e reproduzir competências
científicas apenas e que isso não é mais suficiente no contexto atual. Por
um lado, o grau de Doutor passou a ser exigido por diversos institutos
de ensino superior que não fazem pesquisa, mas apenas ensinam, assim
como para posições que envolvem basicamente gestão da pesquisa e
não execução direta em empresas e consultorias.5 Portanto, habilidades

5 Em survey recente com portadores de título de doutor em ciências e engenharia no


Reino Unido, Lee, Miozzo e Laredo (2010) verificaram, por exemplo, que conheci-
mentos especializados são mais valorizados na pesquisa realizada por organizações
acadêmicas e públicas; a conjunção de conhecimentos especializados (mas um tipo
mais geral de conhecimento, não aquele especificamente desenvolvido na tese) e
habilidades mais gerais e transferíveis são mais valorizadas no preenchimento de
vagas no setor industrial; e habilidades mais gerais e transferíveis são mais valoriza-
das em ocupações não convencionais para pessoas com esse nível de instrução. Em
termos absolutos, habilidades analíticas gerais e capacidade de resolver problemas
são percebidas como valiosas nas três opções de carreira analisadas. Vale lembrar
que em diversos países, tais como Estados Unidos e Alemanha, a depender da espe-
cialidade, há mais doutores empregados na indústria, em carreiras técnicas conven-
cionais (relativas às funções de pesquisa, desenvolvimento, design ou produção) e
crescentemente não convencionais (não relacionadas com pesquisa, tais como car-

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para ensinar e para gerir necessitam ser consideradas como essenciais
ao treinamento de doutorado. Além disso, lideranças nos negócios e
na indústria têm explicitado descontentamento com as dificuldades
de seus “empregados doutores” trabalharem e pensarem de maneira
coletiva, e com o fato de que os interesses de pesquisa que tais empre-
gados revelam estão distantes dos problemas do mundo real. Estudos
recentes entre empresas na Europa revelam que são necessários de três
a cinco anos para que o pesquisador saído do doutorado realmente se
integre às atividades de pesquisa coletiva e multidisciplinar requeridas
pelas empresas.6
Em resumo, espera-se hoje que o treinamento em pesquisa desen-
volva um conjunto mais amplo de competências, que correspondem, em
linhas gerais, aos seguintes atributos (Ramos & Velho, 2013):7
• credenciais mínimas, dadas pela educação formal e pelo histórico
acadêmico;
• credenciais adicionais, dadas por experiência de trabalho relevante;
• habilidades relacionadas à liderança, comunicação e gestão;
• disposições adequadas para trabalho em equipe, incluindo a per-
cepção, valorização e integração de diferenças disciplinares, culturais,
individuais e de gênero;
• adaptabilidade à equipe pré-existente e ao contexto e normas
institucionais vigentes;
• capacidade de identificar e aproveitar oportunidades para esta-
belecer relações sociais duradouras, às quais possa recorrer no futuro
para colaborações em pesquisa. Isso não se limita à esfera estritamente
científica, mas estende-se a atores não científicos relevantes para o desen-
volvimento da pesquisa, tais como financiadores, doadores individuais ou
corporativos, empresas, organizações de pesquisa sem fins lucrativos etc.;
• habilidades linguísticas. Aqui, o domínio da língua franca da
ciência e dos negócios, o inglês, é requisito indispensável; o domínio
de outras línguas é um adicional de valor.
A circulação internacional desde a formação representa uma estraté-
gia privilegiada para desenvolver esses atributos e fomentar a organização

reiras gerenciais, de consultoria de negócios ou de prestação de serviços especializa-


dos) do que no setor acadêmico (Lee, Miozzo & Laredo, 2010).
6 Ver http://www.esf.org/publication/141/ESPB17.pdf.
7 Essa lista foi compilada e adaptada com base em: www.esf.org e Cheps (2002) para
a Europa, e www.grad.washington.edu/envision para os EUA.

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de colaborações de pesquisa transnacionais (Bozeman & Corley, 2004;
Woolley et al., 2008; The Royal Society, 2011). Além disso, considerando o
“efeito Mateus”,8 aqueles pesquisadores que se inserem nas redes globais
de pesquisa e se saem bem, isto é, acumulam capital científico, gerencial,
social e cultural adicional, desenvolvem disposições e vantagens que
lhes conferem maiores chances de aproveitar futuras oportunidades.
Do exposto se depreende que é fundamental para os países que
querem se tornar sociedades do conhecimento e ser economicamente
competitivos formar recursos humanos em quantidade e qualidade e
que incluam, nesse processo, apoio à circulação internacional de seus
talentos. Acontece que os benefícios que deverão advir destas ações,
certamente, não são automáticos. Além disso, não se pode pensar em
uma política única que sirva para todos os países: além do fato de que
existem lógicas diferentes, parceiros diferentes, diferentes modos de
determinar prioridades, diferentes estruturas de implementação, é neces-
sário levar em consideração que existe enorme variedade de dinâmicas
de produção de conhecimento e de inovação (dentro da ciência e dentro
dos setores industriais).
De fato, áreas do conhecimento científico e setores econômicos
diferentes não têm a mesma compreensão do que seja internacionali-
zação, esperam resultados diferentes deste processo e, portanto, exigem
instrumentos diferenciados de apoio à internacionalização (Crawford,
Shinn & Sörlin, 1993; Vessuri, 2003; Boekholt et al., 2009). Isto se dá, por
um lado, graças às diferenças entre as áreas de conhecimento quanto
à estrutura cognitiva, modos de socialização de novos pesquisadores,
funcionamento dos sistemas de recompensa e práticas de comunicação
científica. Nesta última, incluem-se o uso da literatura de referência
(citações), a seleção dos canais de publicação e os processos de cola-
boração que definem co-autorias e participação em redes de pesquisa.
Essas diferenças se devem ao desenvolvimento histórico destas áreas,
mais especificamente, aos processos sociais de desenvolvimento e ins-
titucionalização de cada área ou disciplina como tal (Whitley, [1984]
2000; Becher, [1989] 2000; Knorr-Cetina, 1999).9 Nesse percurso, as

8 Refere-se às vantagens acumulativas daqueles que já detêm maior qualificação.


9 As diferenças epistemológicas, teóricas e práticas entre as várias áreas do conhe-
cimento têm sido apontadas e sustentadas em evidência empírica desde os anos de
1980, quando os estudos sociais da ciência e da tecnologia começaram sua expansão
assentada nas teorias construtivistas (não universalistas). Os livros de Whitley e
Becher são fundamentais para estabelecer conceitual e metodologicamente as ques-
tões a serem investigadas quanto a estas diferenças. Em novas edições de ambos os

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áreas, e dentro delas as especialidades, constroem suas ‘crenças com-
partilhadas’ sobre o que se constituem problemas de pesquisa legítimos,
teorias, metodologias, técnicas, modos de interpretação e critérios de
julgamento válidos. Além disso, definem sua comunidade de referência
principal, qual seja, a audiência ou público-alvo privilegiado a quem se
destinam os resultados de pesquisa obtidos. Para atingir essa audiência
são escolhidos os canais de publicação que se julgam mais apropriados.10
Uma situação análoga se dá com relação aos setores econômicos.
Em suma, não existe um modelo único de política para promover
a internacionalização, incluindo a incorporação de instrumentos de
mobilidade de pesquisadores. Portanto, a política brasileira de interna-
cionalização e os instrumentos e estratégias para circulação de talentos
precisam ser concebidos, desenhados, monitorados e avaliados com base
em evidências localmente produzidas e à luz dos objetivos, motivações
e metas localmente referenciadas.
É à luz deste referencial que se analisam, a seguir, os dados sobre
formação de doutores no Brasil e no exterior antes e depois da criação
do Programa Ciência sem Fronteiras, para que se possa perceber se
houve impacto de tal programa na reversão da excessiva concentração
desta formação dentro das fronteiras nacionais.

Mobilidade internacional de pesquisadores no Brasil:


análise do Programa Ciência sem Fronteiras em relação aos
programas regulares de bolsas no exterior

A mobilidade internacional, particularmente sob a forma de envio


de estudantes para formação no nível de pós-graduação no exterior, foi
a estratégia eleita pelo governo brasileiro para desenvolver e consolidar
o Sistema Nacional de Pós-Graduação (SNPG). Por meio das agências
federais de fomento à C&T, aplicaram-se montantes significativos em
bolsas de doutorado pleno no exterior, sobretudo nos Estados Unidos

livros, publicadas em 2000, a apresentação faz referência ao fato de que muitas das
questões apontadas na primeira edição – por exemplo, a necessidade de entender a
dinâmica da produção de conhecimento em diferentes áreas – ainda eram válidas.
10 A bibliografia internacional e nacional sobre o uso diferenciado dos canais de pu-
blicação científica, assim como das práticas de citação, cooperação internacional e
co-autoria das várias áreas de conhecimento é imensa. Alguns mais frequentemente
citados são: Van Raan (2003), Velho (1998), Abt (1992), Castro (1985), Velho (2001),
Mugnaini (2004), Mueller (2005), Thijs e Glänzel (2009), Nederhof (2006).

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e na Europa, para formar os quadros das universidades públicas, toma-
das como base institucional do SNPG. Dados das séries históricas do
CNPq e da Capes mostram um crescimento contínuo dessa modalidade
durante a maior parte da década de 1980, tendo sido exponencial entre
1987 e 1992 (Gráfico 1).

Gráfico 1 – Número de bolsas no exterior segundo modalidades – 1980-2011

Fontes: 1. CNPq/AEI. Disponível em: <http://www.cnpq.br/series-historicas>. Acesso


em: 22 de maio de 2013.
2. Capes. a) Geocapes. Consultas 26 e 29 nov. 2010; 22 de maio de 2013; b) http://www1.
capes.gov.br/estudos/Estatisticas/ArquivosBO/Tabela6.pdf. Acesso em: 23 de maio de 2013.

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Notas: Para os dados do CNPq: 1a) inclui bolsas custeadas com recursos dos fun-
dos setoriais; 2a) não inclui bolsas de curta duração (fluxo contínuo