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Novos olhares sobre a 2 imigração ibérica em América Latina (séculos XIX e XX) Volume
Novos olhares sobre a
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imigração ibérica em
América Latina
(séculos XIX e XX)
Volume 2
Érica Sarmiento e Ruy Farías (orgs.)
Érica Sarmiento e Ruy Farías
(orgs.)
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Novos olhares sobre a imigração ibérica em América Latina (séculos XIX e XX) Volume 2

Érica Sarmiento e Ruy Farías

(orgs.)

Editora

UNIVERSO

2013

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Capa: Carlos Engemann

Diagramação: Carlos Engemann

Imagens da Capa: Montagem feita sobre foto “Chegada dos Imigrantes” sem referência - obtida no site:

http://historiadesaopaulo.wordpress.com/imigracao/

IMPORTANTE!

Os textos que compõem esta coletânea são de inteira responsabilidade de seus respectivos autores.

Ficha catalográfica elaborada pela Biblioteca Universo - Campus Niterói

N945 Novos olhares sobre a imigração ibérica em América Latina (séculos XIX e XX) organizado por Érica Sarmiento e Ruy Farías. - Niterói, RJ : Universo, 2011.

2v.

Vários colaboradores.

ISBN 978-8587879-10-3

II Congresso Internacional sobre Ciência, Tecnologia e Humanidades - Chile, 2010.

1. América Latina - Migração - História. 2. Portugal - Migração - Política governamental - História. 3. Espanha - Migração - Política governamental - História. 4. Imigrantes - América Latina - História. I. Sarmiento, Érica. II. Farías, Ruy. III. Título.

CDD 980

Bibliotecária: Ana Marta Toledo Piza Viana CRB 7/2224

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6 Sumário Vino viejo en odres nuevos. Las migraciones entre la Península Ibérica y América Latina

Sumário

Vino viejo en odres nuevos. Las migraciones entre la Península Ibérica y América Latina Érica Sarmiento e Ruy Farías

 

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El asociacionismo microterritorial gallego en Buenos Aires: dinámica y evolución a partir de un estudio de caso Nadia Andrea De Cristóforis

 

31

El caso de los españoles y portugueses en América Latina Dolores Martin Rodríguez

 

57

Os logradouros dos imigrantes galegos no paraíso tropical: as cadeias migratorias e as redes de solidariedade no Rio de Janeiro Erica Sarmiento

 

80

La inmigración zamorana a la Argentina en base a fuentes nominativas Marcela Susana Lippi

 

121

Al sur del Riachuelo. Un análisis de la presencia e integración laboral gallega en el Conurbano bonaerense a partir de una fuente nominativa (1939-1960) Ruy Farías

 

145

7

Sobre silêncios e (in)visibilidades:O pequeno comércio português em um recorte de gênero Lená Medeiros de Menezes

 

169

Rumo à América Meridional: os açorianos na formação do Rio Grande do Sul e do Uruguai (séculos XVII a XX) Vera Lúcia Maciel Barroso

 

187

Rafael Bordallo Pinheiro: presença portuguesa na imprensa satírica do Rio de Janeiro (1875-

1879)

Ana Rebello Magalhães

 

209

Causas y factores posibilitadores del proceso migratorio en el discurso de los emigrantes: los gallegos en Cuba en la primera mitad del siglo

XX

José Antonio Vidal Rodríguez

 

233

Representaciones cinematográficas de las migraciones españolas en la Argentina:

imaginando el retorno Susana Schmidt

 

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2 Vino viejo en odres nuevos. Las migraciones entre la Península Ibérica y América Latina

Vino viejo en odres nuevos. Las migraciones entre la Península Ibérica y América Latina

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Vino viejo en odres nuevos. Las migraciones entre la Península Ibérica y América Latina

Érica Sarmiento 1 Ruy Farías 2

Entre el 30 de octubre y 1 de noviembre de 2010 se celebró, en Santiago de Chile, y en el marco del II Congreso Internacional Ciencias, Tecnologías y Humanidades, Diálogo entre las disciplinas del conocimiento. Mirando al futuro de América Latina y el Caribe, el simposio “Nuevos rumbos en los estudios migratorios: El caso de los españoles y portugueses en América Latina”. El objeto de aquella reunión, de la que participaron 23 científicos sociales de Argentina, Brasil, Chile, España y México, era abordar y debatir las migraciones españolas y portuguesas en el continente americano. El mismo se cumplió ampliamente, por lo que el primer agradecimiento es para los colegas y amigos que en su día aceptaron la invitación a participar de aquellas tres largas e intensas jornadas, en las que (nos alegra sinceramente poder decirlo) reinó el interés general por las ponencias y la discusión constructiva sobre ellas. Hoy, gracias al apoyo de la Universidade Salgado de Oliveira (Niterói, RS, Brasil), que tempranamente manifestó su interés por estos trabajos, hemos

1 Doctora en Historia. Programa de Pós Graduação em História- mestrado- Universidade Salgado de Oliveira/ Laboratório de Estudos de Imigração (LABIMI)-Universidade do Estado do Rio de Janeiro (UERJ). erisarmiento@gmail.com .

2 Doctor en Historia. Universidad Nacional de General Sarmiento / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas / Museo de la Emigración Gallega en la Argentina. ruygonzalofarias@yahoo.com.ar

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podido reunir y sacar a la luz la mayoría de los que, hace casi tres años, nos reunieron en Chile. 3 A lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, habitantes de distintas regiones de Portugal, españoles de Galicia, del País Vasco, de Zamora, etc., atravesaron en gran número (muchas veces en ambos sentidos) el océano que media entre sus respectivas tierras y el continente americano. La mayoría lo hizo por su propia voluntad, pero también hubo muchos que llegaron como parte de los diferentes exilios a los que dieron lugar las cambiantes circunstancias políticas de España. En las últimas décadas, los estudios sobre las migraciones ultramarinas desde la Península Ibérica han experimentado sustanciales avances, que encarnan en una serie de importantes mutaciones en los enfoques de investigación, las temáticas desarrolladas y las fuentes utilizadas. La primera de ellas tiene que ver con las variaciones que se han venido produciendo en los marcos espaciales y temporales de análisis. Por un lado, la mirada respecto de la sociedad de partida experimentó (sobre todo a la hora de buscar explicaciones al fenómeno migratorio) un progresivo abandono del tradicional ámbito nacional (estatal), para centrarse más en la escala regional y microrregional. Así, dentro del vasto fenómeno migratorio masivo de las dos últimas centurias, los portugueses de los distritos de Guarda,

3 Por diversas circunstancias no ha sido posible incorporar también los trabajos de los colegas Ana Karina Morales Fuentealba (Universidad de Santiago de Chile), Martín Pérez Acevedo (Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Morelia), Andrés Suárez González (Universidad de Santiago de Chile / Centro Gallego de Valparaíso) y Regina Weber (Universidade Federal do Rio Grande do Sul), a quienes igualmente deseamos agradecer su entusiasta y valiosa participación en el simposio.

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Tras-os-Montes o de la región de Algarve, quienes se

asentaron en las zonas rurales o semirurales al norte y al oeste de la ciudad de Buenos Aires, los gallegos en Rio de Janeiro,

la capital argentina o en su periferia industrial de Avellaneda,

los vascos en La Habana y otras poblaciones cubanas, los

andaluces en São Paulo, y los zamoranos en distintos puntos de la dilatada geografía bonaerense se constituyeron -entre múltiples ejemplos posibles- en otros tantos casos dotados de singularidad y características propias. De tal modo, el estudio de las variaciones regionales o provinciales (e incluso aquellas de realidades casi imperceptibles como las parroquias y aldeas) demuestra una maduración de los estudios migratorios, que avanzan hacia una mayor comprensión y conocimiento de

la realidad de origen y recepción de los migrantes, y de las

relaciones que se establecen entre ambos universos. Por otro

lado, se produjo una importante ampliación de los marcos

temporales de estudio, que tendieron a ensancharse por encima

y por debajo del clásico período de la emigración masiva

(1880 a 1930), incorporándose así el estudio del período tardocolonial, donde muchas veces se halla el origen de las redes sociales, cadenas migratorias y núcleos emisores de la etapa masiva, y el posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el continente vivió una última oleada migratoria ibérica, antes de ser reemplazado por Europa Occidental como destino más importante. En segundo lugar, se verificó un notable incremento de las temáticas abordadas. Sin ánimo de ser exhaustivos, debe recordarse, por ejemplo, el hecho de que los estudios de género ganaran el espacio que por derecho les correspondía,

dada la evidencia de una problemática propiamente femenina

y el reconocimiento de su rol específico, que excede el de

mero apéndice o efecto colateral de la migración masculina.

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Asimismo, el análisis de las políticas públicas sobre migraciones (tanto las de los países emisores como de los receptores) se ha enriquecido a partir de la constatación de las notables diferencias entre las primeras y las prácticas efectivamente desarrolladas. Por su parte, los imaginarios y las representaciones constituyen cada vez más un espacio tomado en consideración por los investigadores sociales, mientras las diferentes miradas (cambiantes, pero a la vez duraderas) que los países receptores se formaron respecto de los inmigrantes, se combinan con las que estos articularon a propósito de sí mismos y de quienes los rodeaban, en un juego especular que avanza mucho más allá que la simple constatación de la existencia de escalas de consideración y formas explícitas o solapadas de racismo y xenofobia. En cuanto a la integración de los migrantes, se ha hecho un uso abundante de los indicadores que Milton M. Gordon (1964) llamó de asimilación estructural informal (patrones de asentamiento, conducta matrimonial y participación en asociaciones voluntarias), los cuales han mostrado formas de integración que revelan sociedades mucho más complejas de las que tradicionalmente han querido ver las historiografías americanas. Por último, el exilio (particularmente el republicano español contemporáneo y posterior a la guerra civil iniciada en 1936) constituye un campo cada vez mejor cubierto, y tiende a superar la habitual fascinación por las élites intelectuales y políticas para privilegiar los abordajes desde el enfoque de la Historia Social, que incluye entres sus objetos de estudio a las personas comunes, sin trayectoria política, intelectual o artística destacada. En cuanto a las fuentes utilizadas, el pasaje desde los enfoques nacionales a los regionales y microhistóricos, la preeminencia de las perspectivas de la Historia Social y el

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retorno del sujeto a la historiografía académica, han repercutido en una notable ampliación, valorización o revalorización de una amplia gama de fuentes, tanto de tipo cuantitativo como cualitativos, generadas tanto en la sociedad de partida como en la de acogida. Como muestran varios de los trabajos aquí reunidos, resultan susceptibles de utilización fuentes tales como las de hechos vitales (nacimiento, matrimonio y defunción), los libros parroquiales, registros de ausentes, notariales y de embarque, las planillas originales de los censos de población o económicos, los partes consulares, listas de desembarco, registros de la policía o de asociaciones políticas, mutualistas y culturales, los listados del personal de fábricas y comercios, la documentación generada por las mismas sociedades étnicas fundadas por los migrantes, los epistolarios, biografías, autobiografías o memorias de los emigrantes, sus fotografías y testimonios, la prensa nacional, local o étnica, etc. Aunque carente de divisiones rígidas, el presente volumen se ofrece al lector siguiendo un cierto orden en lo que podrían considerarse apartados temáticos. El primero de ellos es el de los trabajos que, de modo predominante, se focalizan en aspectos ligados a las políticas que, de un modo u otro, afectan (o al menos intentan hacerlo) el movimiento migratorio. Es el campo privilegiado de la acción del Estado, y dentro de él caben -lo veremos- temas tales como los acuerdos bilaterales, las medidas facilitadotas del retorno de los emigrantes o los intentos de regulación de los flujos. Así, el texto de Rosario Güenaga (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), que en buena medida se basa en informes diplomáticos de la Embajada española en Buenos Aires, analiza los problemas administrativos -pero cuyos fundamentos eran en el fondo ideológicos- que

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afectaban a aquellos españoles que desearan emigrar a la Argentina en los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial. Tras el final del conflicto, el Estado argentino comenzó a introducir condiciones especiales para reglamentar la “calidad” de los futuros inmigrantes. Se trata de los primeros esbozos de una política selectiva que se hará particularmente notoria después de 1930, y que en esta primera versión no sólo se articula en función de cuestiones ligadas a la aptitud física y moral para los que quisieran ser admitidos, sino también a otros aspectos económicos, sociales e ideológicos muy importantes. El intento de regulación, concluye la autora, se entrelaza con los problemas internos del país y, en el caso particular de los migrantes hispanos (que a lo largo de la segunda década del siglo XX habían presentado los saldos más numerosos entre los extranjeros arribados al país austral), con la presencia en el territorio argentino de numerosos españoles de ideología anarquista, con los que el gobierno de la Unión Cívica Radical mantenía serios conflictos. Durante la década de 1910, los sucesos de la Revolución mexicana afectaron de maneras diversas tanto a la población civil del país, como también a los extranjeros asentados en él. Entre los segundos que fueron objeto de daños por parte de los diversos grupos armados, los españoles fueron los que concentraron el mayor número de casos, debido a la desahogada condición económica de algunos de ellos, su cercanía con los esferas del poder durante el régimen del general Porfirio Díaz -y más tarde con el gobierno golpista del general Victoriano Huerta-, la injerencia en la política interior, etc. Como resume Martín Pérez Acevedo (Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo), esta suma de factores acabó por

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catalogarlos como “enemigos de la revolución”. Su trabajo, centrado en las tareas de la Comisión Mixta Hispano Mexicana de Reclamaciones, demuestra que durante la contienda, la exposición de los daños sufridos por sus ciudadanos y la solicitud de indemnizaciones por parte de la representación diplomática española en el país, distó de mayores logros. Sin embargo, a finales de 1925, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, se formalizó la creación de la Comisión Mixta, que dio curso a las reclamaciones que la colonia española había presentado. A través de la documentación diplomática, Pérez Acevedo analiza las labores de aquel órgano bilateral, reconstruyendo los mecanismos implementados y la suerte de las negociaciones realizadas durante las décadas de 1920 y 1930, a fin de brindar una solución al expolio sufrido por los peninsulares residentes en el país azteca. Tras el crack de la bolsa neoyorquina en octubre de 1929, se abrió para las migraciones internacionales un período signado por la inversión y disminución de los flujos migratorios. La recesión económica de la década de 1930 acabó con las políticas de puertas abiertas de los países latinoamericanos, y marcó el comienzo de un período signado por las medidas restrictivas al movimiento de población. En un contexto de elevación de la tasa del desempleo, inestabilidad en los precios y salarios y, en general, de precarización del empleo, los Estados receptores de población inmigrante tendieron a restringir el ingreso de nuevos contingentes y a proteger sus mercados laborales. En ocasiones este cuadro contribuyó a la extensión entre los nativos de una percepción negativa respecto a los inmigrantes, que a veces conllevó un incremento de las actitudes xenófobas contra el extranjero. Aunque en el caso de los migrantes hispanos radicados en

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México fueron muchos los que pudieron emprender el regreso gracias a las ayudas de repatriación sufragadas por el mismo Estado español, el episodio ha sido poco explorado por la Historiografía. El trabajo de Alicia Gil Lázaro (Universidad de Sevilla) apunta a llenar ese vacío, analizando las medidas que la IIª República Española adoptó, entre 1931 y 1936, en beneficio de aquellos de sus ciudadanos que deseaban retornar del país azteca a su tierra de origen. La autora explica cuáles son las causas del aumento de las repatriaciones por parte de España, describe los cambios legislativos en esta materia, la movilización de recursos que la misma comunidad inmigrante (donde destaca el papel de la Sociedad de Beneficencia Española) realizó para coadyuvar a dicho fin, y cuál fue el número y el perfil sociodemográfico de los beneficiados una política que, en conjunto, fue aprovechada por el 10 % de todos los españoles radicados en Ciudad de México. Para ello, Gil Lázaro se basa en los expedientes del Consulado General español, que incluyen peticiones de pasaje de retorno gratuito, cartas de recomendación, informes de cónsules y otros funcionarios, así como también una abundante correspondencia entre los directivos de las asociaciones asistencialistas de la comunidad, las instancias diplomáticas, el Ministerio de Estado y las compañías navieras. A finales de 1946, tras la interrupción de los flujos hispano hacia América Latina causada por el eslabonamiento entre la crisis económica ya comentada, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, la reactivación del tráfico marítimo, sumada a la demanda de mano de obra extranjera por parte de unas repúblicas hispanoamericanas en plena expansión, y la crítica situación económica en la que se encontraba España (afectada por las duras condiciones económicas de la posguerra, los efectos negativos de la

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política autárquica del régimen franquista y la presencia de pertinentes sequías), propiciaron un aumento progresivo del número de salidas desde esta última hacia aquellas. Es el comienzo de la “última oleada” migratoria hispana hacia sus tradicionales destinos ultramarinos. Teniendo como marco el contexto descrito, María José Fernández Vicente (Universidad de Paris-Est) aborda la política que la España franquista desarrolló, entre las décadas de 1940 y 1970, en relación con las migraciones hacia América Latina. A partir de una estructuración cronológica, su trabajo nos muestra que, lejos de constituir una mera reposición y continuidad del marco jurídico de 1924, los principales ejes de dicha política presentan una especificidad propia (contradictoria, por su afán de controlar, seleccionar y planificar el flujo migratorio, con el espíritu “liberal” de aquel), definida por las características, evolución y estrategias de supervivencia del régimen, las políticas migratorias de los países de acogida (por lo general selectivas, controladoras y dirigistas en relación a los trabajadores extranjeros), y por la propia naturaleza y característica del flujo migratorio. De tal modo, concluye la autora, la política migratoria franquista fue la resultante de una mezcla de criterios socio-económicos, destinados a hacer de la emigración un mecanismo de regulación del mercado laboral y una fuente de entrada de divisas, y de criterios ideológicos basados en el mito de la Hispanidad, en virtud de los cuales la emigración a América Latina debía servir para potenciar en ella la presencia de España y de lo español. Como señalara hace algún tiempo Xosé Manoel Núñez Seixas (2010) en un balance sobre la producción historiográfica, el exilio republicano español es un campo cada vez mas cubierto por perspectivas y enfoques propios de la historia social y cultural. Gracias a ello, los nuevos trabajos

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han aportado visiones no enfocadas únicamente en descripciones localistas o demasiado centradas en la producción artístico-cultural de élites y personalidades, cuando no en las habituales prosopografías heroicas. Por otra parte, continúa siendo relevante preguntarse por el impacto que los intelectuales y científicos españoles expatriados generaron en los países que los acogieron, lo que, a su vez, reafirma la importancia de la reconstrucción de sus trayectorias sociales, inserción socio-profesional y experiencia colectiva. En particular, el trabajo de Juan Maestre Alfonso (Universidad de Sevilla) vuelve sobre el tema de aquellos científicos sociales (historiadores, sociólogos, antropólogos, filósofos, juristas, etc.) que debieron abandonar España tras el desfavorable final de la Guerra Civil para la República, y su integración en diversos países latinoamericanos. En su escrito, el autor realiza una exposición de las trayectorias de algunos de sus más notables exponentes (José Ortega y Gasset, Luis Recasens Siches, Wenceslao Roces, Julio Luelmo, José Medina Echavarría, etc.), valorando su impacto en las sociedades de acogida (particularmente en la mexicana), y analizando las razones de la suerte -radicalmente distinta- que en su inserción en el mundo académico les cupo en aquellas y en la España tardo y postfranquista, donde muy pocos de ellos lograron reinsertarse en la universidad. Hasta hace pocos años, una de las rémoras más importantes a la hora de encontrar un denominador común de intereses entre la historiografía del exilio y los estudios migratorios de índole historiográfica, era la ausencia de preguntas acerca de la interrelación existente entre inmigrantes “económicos” y exiliados “políticos”, y de las mutaciones y continuidades entre las diversas culturas políticas republicanas en América. La colaboración de Silvina Inés Jensen

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(Universidad Nacional del Sur / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) aborda ambas temáticas. Pocos meses después del final de la Guerra Civil Española, antiguos residentes catalanes en la Argentina y exiliados del mismo origen impulsaron la creación de una plataforma nacional capaz de aglutinar a todas las entidades y publicaciones catalanas del país austral. Su resultado fue el Consell de la Comunitat Catalana de la República Argentina, trabajoso proyecto de unidad, sometido en todo momento a tensiones y debates, conflictos y fracturas. La intención de la autora es, a partir de la exploración de la correspondencia política del político catalán Carles Pi i Sunyer (exiliado en Londres) con exiliados y emigrantes residentes en el país austral, analizar las heterogeneidades y conflictos del Consell. Una tarea que lleva a cabo atendiendo, por un lado, a identificar los sectores enfrentados dentro de la comunidad catalana en la Argentina y, por el otro, a ponderar en qué medida las disputas tuvieron que ver con el trazado de fronteras entre viejos residentes y recién llegados, entre independentistas y legalistas, entre comunistas y republicanos. Estudiar, en fin, cómo esas tensiones revelaban, desde modos disímiles de entender lo catalán, diferentes maneras de pensar

a lo largo de la década de 1940 la relación entre Cataluña y el

resto de los pueblos ibéricos, evaluaciones divergentes sobre el

rol de los partidos políticos en el exilio, rivalidades personales

y luchas por conseguir reconocimiento dentro de la sociedad

receptora. Uno de los aspectos en los que el campo historiográfico sobre las migraciones muestra últimamente notables avances, es el que refiere al papel que los órganos de prensa étnica han jugado en la conformación y delimitación de los colectivos inmigrantes, de su identidad e imaginario

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colectivo. Continuando con el caso de los catalanes en la

Argentina, el trabajo de José César Villarruel (Universidad de Buenos Aires) analiza algunas de las características de dos publicaciones de dicha comunidad en el país austral:

Ressorgiment y Catalunya. La primera de ellas (fundada en 1916) sobresalió por su prédica favorable al independentismo

y la autodeterminación de los catalanes de América, y por la

defensa de su identidad lingüística. En el contexto de la Guerra

Civil Española, se esforzará en la ayuda humanitaria destinada

a las víctimas catalanas del conflicto, al mismo tiempo que la

confrontación con el fascismo le confiere el perfil universalista que distingue a la intelectualidad europea comprometida con la lucha contra los totalitarismos. Por el contrario, Catalunya

(que se publica desde 1930) prescindió de un compromiso político con las fuerzas en pugna, buscando así eludir posibles conflictos al interior de la diáspora catalana en la Argentina. Y, al mismo tiempo que privilegiaba los esfuerzos en beneficio de la unidad de aquella, bregaba por la preservación de la lengua y la cultura de origen, un aparente punto de coincidencia con Ressorgiment, con la que, sin embargo, las distancias fueron importantes, pues a la depuración del habla o al interés por transformar el catalán en una lengua literaria, oponía la necesidad de una cotidiana inclusión del castellano como una estrategia de integración. En su escrito, Villarruel repasa también los puntos de vista de ambas publicaciones sobre la conflictiva realidad catalana, española y europea de la década de 1930. Por su parte, Jon Ander Ramos Martínez (Universidad del País Vasco) se centra en la aparición y finalidades del semanario Laurac-bat, primera empresa periodística vasca en la colonia española de Cuba. Surgió en 1886, al amparo de la Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia de La Habana (un

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caso “exótico” dentro del movimiento asociativo vasco en América, puesto que sus fundadores buscaron crear un imaginario vasco más próximo al objetivo de ejercer la caridad con sus paisanos necesitados de auxilio, que a los derechos políticos derogados) y de algunas destacadas personalidades de la colectividad vasco-cubana. Bajo la guía de su primer director, el literato Faustino Diez Gaviño, Laurac-bat se caracterizó por su férrea vindicación de los fueros (abolidos tras el final de la última de las guerras carlistas) y las particularidades del pueblo vasco. Sin embargo, tras la muerte de aquel (y en el contexto del estallido de la segunda y definitiva guerra de independencia en la isla caribeña), puso un mayor énfasis en una marcada defensa de la españolidad, de los intereses económicos metropolitanos y, en definitiva, de los del grupo que propulsó su aparición. Para el autor, ello puede deberse también a que las ideas foralistas del semanario durante su primera época fueron más representativas del ideario de su director, que del sentir de toda la colonia euskara de Cuba. Tras analizar la estructura, contenidos y discurso de la publicación, Ramos Martínez sostiene que la publicación no sólo cubrió la necesidad de información y conexión de los vascos (y navarros) de la isla con su tierra de origen, sino que fue, además, un nexo entre la comunidad euskera y la Asociación Vasco-Navarra, pudiendo incluso haber llegado a erigirse -aunque de manera informal- en el portavoz del colectivo euskaldún en Cuba. Lejos de ser privativa del caso vasco-cubano, la inquietud de constituirse en una herramienta de cohesión para la comunidad emigrada suele encontrarse en todos los medios de comunicación generados por ese tipo de colectivos. La prensa (y más tarde también los programas radiales) vehiculiza dicha aspiración a través del anuncio de enlaces

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matrimoniales, nacimientos, defunciones, efemérides, viajes, cambios de residencia, etc. El trabajo de Fernando Carlos Moura aborda el papel que les cabe a los medios de comunicación desarrollados por el colectivo portugués en la Argentina, en la aparición y subsistencia de un sentido de identidad luso en dicho país. Su estudio, basado en el caso de los inmigrantes de dicho origen que se asentaron en la segunda mitad del siglo XX en el Partido (municipio) bonaerense de Escobar, y realizado a partir de una técnica que combina el uso de fuentes escritas (prensa), cuestionarios individuales analizados de manera agregada y entrevistas personales, examina también algunas de las características básicas de su inmigración e integración en la zona. El autor establece el papel que en dicho proceso le cabe a las redes sociales articuladas a partir de relaciones de parentesco y amistad, la fuerte polarización que se observa en relación al lugar de procedencia, el patrón residencial del grupo y su inserción socioprofesional. El trabajo avanza luego sobre algunos de los principales rasgos identitarios del grupo, como la conducta matrimonial, el culto a la Virgen de Fátima, la participación en asociaciones voluntarias de corte étnico, la gastronomía, la música o los bailes. En relación con ello, se hace particular hincapié en la importancia del club portugués de la zona y los medios de comunicación étnicos (prensa y radio), en tanto piezas fundamentales a la hora de entender la cohesión del grupo, su visibilidad y la construcción o recreación de una identidad capaz de incluir a las segundas y terceras generaciones de migrantes. El del asociacionismo étnico es un fenómeno que alcanza a todos los colectivos españoles y portugueses en América Latina. Revistiendo diferentes formas y ámbitos de referencia (clubes, iglesias, hospitales, asociaciones

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nacionales, regionales, provinciales o microterritoriales), así como también múltiples propósitos (recreativos, religiosos, mutualistas, benéficos, culturales, políticos, etc.), canalizan tanto la necesidad de sociabilidad de los migrantes, como las aspiraciones de las élites a ejercer su liderazgo en el seno de su comunidad, al mismo tiempo que construyen y mantienen la identidad de la misma. En relación con el fenómeno antedicho, Ada Svetlitza de Nemirovsky (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales / Instituto Universitario Nacional de Arte) constata que, a diferencia de otros países donde la vida social de las colonias portuguesas giró alrededor de las iglesias, en la Argentina ello se verificó a través de los clubes lusos. De hecho, prácticamente cada una de las comunidades portuguesas en el país construyó su propio club. A partir del caso del Club Portugués del Gran Buenos Aires, ubicado en el Partido de La Matanza, la autora analiza el rol de estas instituciones en el proceso de construcción de la identidad colectiva. Su estudio se centra en el estudio de la celebración del 10 de Junio, instituido en “Día de Portugal, Camões y de las comunidades portuguesas”, desde la perspectiva del llamado paradigma teatral. Su objetivo es estudiar las estrategias de la política migratoria del Estado portugués sobre el proceso de reconstrucción de la identidad de sus emigrados planteando, al mismo tiempo, la relevancia y la significación de los clubes y de sus líderes en el fortalecimiento de dicho proceso. En el transcurso de su investigación, Svetlitza de Nemirovsky identifica dos formas distintas de asumir la identidad portuguesa: mientras los dirigentes étnicos apelan a una doble identidad luso-argentina, y reclaman la lealtad de los asistentes a ambas naciones, los inmigrantes de mayor edad parecen identificarse, en el contexto del espectáculo de la

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música y danzas folklóricas portuguesas, sólo a un pasado rural ya inexistente, mitificado e inamovible. A diferencia de inmigrantes lusitanos, numéricamente escasos en la Argentina, la colonia gallega en dicho país alcanzó desde finales del siglo XIX enormes proporciones. Y lo mismo ocurrió con su tejido asociativo, una de cuyas manifestaciones más notables fue la aparición, junto a otras muchas sociedades panhispánicas y galaicas de rango macro, de una densa red de instituciones de marco microterritorial. No sólo fueron un vehículo idóneo para la recreación de los marcos de sociabilidad propios de la tierra que habían dejado sino que, en muchos casos, encarnaron también la voluntad de intervención sociopolítica de los emigrados en su patria chica. El trabajo de Nadia Andrea De Cristóforis (Universidad de Buenos Aires / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) analiza, a partir de una panoplia de documentación que incluye la producida por la misma institución, prensa étnica, etc., las primeras décadas de existencia de la Sociedad Agrícola, Cultural y Recreativa de Residentes del Municipio de Vedra en Buenos Aires, fundada en 1910. La autora explora las causas que motivaron el surgimiento de la entidad, sus objetivos y características principales, así como también su relación con el Sindicato de Agricultores de Vedra, catalizador para la fundación de aquella, y a través del cual la institución porteña se vinculó con el movimiento agrarista gallego. La voluntad de los vedrenses asentados en Buenos Aires de organizarse para apoyar a su comunidad de origen, se verificó en una serie de importantes ayudas materiales, cuyos destinatarios fueron el mencionado sindicato agrícola, varias escuelas diseminadas por las parroquias del municipio, obras de infraestructura, etc. No obstante, el fuerte compromiso con su “patria chica” no

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impidió que la institución se ocupara también de desarrollar acciones de índole benéfico-mutualista, cuyo objetivo era cubrir algunas necesidades básicas de sus socios o familiares cercanos en la capital porteña. Es precisamente esta doble finalidad, junto con las diferencias de criterio en cuanto al destino de los fondos remitidos a Galicia, lo que explica buena parte de las tensiones que durante aquellos años se desplegaron al interior de la sociedad, del mismo modo que las escisiones y fusiones que experimentó. Paralelamente a la existencia de instituciones étnicas, la preservación de una identidad cultural diferenciada puede afirmarse también en las pautas de comportamiento cotidianas, adoptadas a partir del momento de arribar al nuevo país. La alimentación no sólo constituye un elemento clave en el ejercicio de la sociabilidad entre aquellos que emigran. Junto a ello, es necesario poner de relieve el rol que los gustos y prácticas culinarias juegan como mecanismos de expresión de una identidad determinada, dada su vocación de reproducir pautas y costumbres propias de la tierra de origen. Desde luego, en las sociedades de acogida los migrantes españoles y portugueses adoptaron nuevas pautas de alimentación, tanto criollas como propias de otras comunidades inmigrantes. Sin embargo, la adopción de aquellas se combinó con la conservación de muchas otras de sus propias tradiciones culinarias. De tal modo, los gustos gastronómicos de los inmigrantes experimentaron una simbiosis y un sincretismo. El conocimiento de la reproducción, conservación, hibridación o abandono de las prácticas culinarias de aquellos exige, particularmente en lo que hace a las que se desarrollan en el ámbito privado, la utilización de fuentes cualitativas, tales como las orales, prosopográficas y literarias. En el caso particular de Dolores Martin Rodríguez Corner (Pontificia

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Universidade Católica-São Paulo), la autora se sirve de una serie de entrevistas a españoles que en las décadas de 1950 y 1960 se asentaron en la ciudad de São Paulo, para explorar la suerte corrida en aquel contexto multicultural y de gran diversidad gastronómica, con los gustos culinarios de gallegos y andaluces. Su trabajo se mueve tanto en el ámbito de la vida privada de ambos colectivos, cómo también en el más visible universo de la oferta gastronómica comercial de la urbe paulista. En su trabajo sobre la integración socioprofesional de los gallegos en Rio de Janeiro, también Erica Sarmiento Da Silva (Universidade do Estado do Rio de Janeiro - Programa de Pós Graduação em História / Universidade Salgado de Oliveira) se sirve de testimonios personales, a los que combina con fuentes de tipo nominativo, tales como las fichas del archivo del Consulado Español de Rio de Janeiro, las matrículas del Hospital Español de dicha ciudad, los libros de prófugos de algunos municipios gallegos y de “ganhadores livres” localizados en el Arquivo Geral da Cidade carioca, o los procesos de expulsión labrados por las autoridades brasileñas. A partir de esta rica mixtura, la autora reconstruye las características de las cadenas migratorias que, entre mediados del siglo XIX y la década de 1960, vincularon a la freguesía carioca de Santo Antonio y al barrio de Lapa con distintos puntos de Galicia. La vitalidad de dichas cadenas y de las redes sociales que las contenían, se manifiesta también al contemplar el universo habitacional y laboral de los inmigrantes gallegos en la por entonces capital de Brasil, de cuya observación se desprende una imagen familiar en otras ciudades de América que (como ocurrió con La Habana, Buenos Aires o Montevideo) gozaron de una importante presencia galaica: alto nivel de agrupamiento en determinadas

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calles y unidades habitacionales, así como también una considerable presencia entre los empleados y propietarios de negocios ligados a la hostelería, sin excluir otras actividades “emblemáticas”, como las de los propietarios de pequeños comercios y dependientes de éstos. Mas, en el caso particular de este sector de la urbe carioca, la búsqueda por parte de los inmigrantes gallegos de negocios rentables y de bajo nivel de inversión los llevó a mezclarse en el ramo de las hospedarías, un tipo de pensión que, debido a las características socioeconómicas del área (y en particular la presencia del negocio de la prostitución), fácilmente podía ser confundida con una casa de lenocinio, lo que muchas veces les aparejó problemas con las autoridades brasileñas. Los dos trabajos que siguen hacen también abundante uso de fuentes de tipo nominativos. El primero de ellos, obra de Marcela Susana Lippi (Universidad de Buenos Aires), se basa principalmente en los libros de Registro de Matrícula del Consulado General de España en Buenos Aires, una fuente hasta hoy muy poco empleada, a pesar de lo evidente de su potencial para el estudio de las migraciones españolas en la Argentina, entre otras razones por incluir el dato clave de la provincia y comuna de origen del migrante. A través de ella, y del cruce de la información obtenida con la hallada en los partes consulares (1910) y con los libros de desembarco del puerto de Buenos Aires (1923-1929), resguardado en el Archivo General de la Nación (Buenos Aires), la autora analiza algunos de los rasgos principales de los flujos migratorios zamoranos hacia dicho país durante las primeras tres décadas del siglo XX (como, por ejemplo, su dimensión aldeana), y del proceso de integración del grupo en la sociedad de acogida. Operando con la totalidad de los nativos de Zamora inscriptos en la legación española entre 1939 y

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mediados de 1945, determina los principales focos migratorios de la corriente que tomó el camino de la Argentina (y también la elevada cantidad de aquellos), así como también la composición profesional, etaria y de género de los protagonistas del fenómeno. El acceso a información relacionada con la última residencia de los migrantes, le permite comprobar que, a comienzos de la pasada centuria, la enorme mayoría de aquellos salían de la aldea directamente para cruzar el Atlántico. En cuanto al proceso de inserción en la tierra de acogida, después de una somera mirada a la integración económica, Lippi presta una particular atención a los patrones de asentamiento del grupo (particularmente en el caso de la ciudad de Buenos Aires, sus alrededores y la provincia homónima -aunque también había residentes en otros puntos del territorio argentino), y al lugar que en la conformación de aquel les cabe a las redes sociales y la cronología migratoria, determina la existencia de interesantes diferencias con otros casos regionales y el patrón residencial español genérico en Buenos Aires. Por su parte, Ruy Farías (Universidad Nacional de General Sarmiento / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas / Museo de la Emigración Gallega en la Argentina) focaliza su análisis del colectivo gallego en la Argentina entre los años de 1946 e 1960. Hasta hoy, resume el autor, la mayor parte de los estudios dedicados a la presencia gallega en dicho país se centraron en la etapa de la “inmigración masiva” (1880-1930), siendo escasos los dedicados a analizar los flujos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, Buenos Aires continúa siendo el lugar de observación privilegiado, un hecho que, sumado a cierta tendencia a generalizar las características de la colonia galaica de la capital al conjunto de la Argentina, acaba por generar en ocasiones apreciaciones no

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del todo exactas sobre las características más salientes de la comunidad galaica asentada en otros puntos del territorio nacional. De tal modo, resulta para él evidente la necesidad de nuevas aproximaciones (de base empírica cuantitativa y suficientemente representativas) a las distintas dinámicas de integración laboral y movilidad social de los gallegos en aquel país, capaces de colaborar en la construcción de tipologías válidas para áreas cualitativamente distintas del caso clásico de Buenos Aires y, por eso mismo, susceptibles de matizar los esquemas generalizantes que de él se desprenden. Por ello, su trabajo se centra en la colonia gallega residente en los actuales municipios bonaerenses de Avellaneda e Lanús, un área que desde fines del siglo XIX se constituyó en la periferia industrial de la capital argentina. A través del análisis del Libro de Registro del Consulado General de España en Buenos Aires, explora sucesivamente la importancia relativa del grupo galaico en relación al conjunto de la inmigración hispana en la zona, determina algunas de las características más sobresalientes de los flujos que hacia allí se dirigieron (composición sexual y etaria) y del stock galaico, para avanzar finalmente hacia una primera a la inserción socioprofesional del grupo (mayoritariamente proletaria). Los estudios sobre inmigración urbana en Brasil son relativamente recientes. Sin embargo, los estudios sobre los inmigrantes portugueses los son todavía más. En Rio de Janeiro, los vínculos con la era colonial y la gran presencia de un sujeto que era portador de una cultura muy parecida a la brasileña, se encuentran en la base de una verdadera invisibilización de la presencia portuguesa. De acuerdo con José Murilo de Carvalho (2005), la razón por la que el grupo luso fue sometido a ello por la historiografía deriva de la imagen de atraso e inmovilismo asociada a Portugal, y a su

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protagonismo en un pasado colonial que debía ser olvidado. El trabajo de Lená Medeiros de Menezes (Universidade do Estado do Rio de Janeiro) llega para corregir esta situación, sacando a la luz algunos aspectos de la inserción socioprofesional de los inmigrantes lusos dentro del ramo del pequeño comercio en la ciudad carioca del siglo XIX. Combinando documentación oficial, almanaques y crónicas sobre la ciudad, la autora aborda la importante presencia portuguesa en el dinámico comercio de la capital, particularmente notable en el sector de los secos e molhados, panaderías, hoteles y casas de pasto. El trabajo aborda también la cuestión del género y observa que, una vez más, al contrario de lo sostenido por la historiografía más tradicional, los negocios del siglo XIX no era exclusividad de los varones y las mujeres también eran protagonistas de los procesos históricos, principalmente el caso de las viudas. Otro caso de invisibilización de un grupo étnico es el de los açorianos, quienes comenzaron a asentarse en el territorio del actual Estado de Rio Grande do Sul a mediados del siglo XVIII. En efecto, los diferentes colectivos que contribuyeron a la formación del mosaico étnico de la sociedade gaúcha han corrido historiográficamente una suerte dispar: mientras algunos grupos (como es particularmente notable en el caso de alemanes e italianos) han sido objeto de una importante atención por parte de los historiadores, el conocimiento acerca de la presencia de los portugueses insulares aun es escaso. Sin embargo, en los últimos años, las fuentes y los nuevos trabajos de investigación demunestran la importancia y la dimensión de la presencia de los açorianos en la costrucción de la identidad sul-rio-grandense. El trabajo de Vera Lúcia Maciel Barroso (Faculdade Porto-Alegrense) no sólo glosa la presencia açoriana en un amplio rango de tiempo,

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demostrando la importancia de su antigua y primaria instalación, por razones geopolíticas, en las tierras fronterizas entre el imperio español y el portugués que hoy corresponden a los actuales Rio Grande do Sul y Uruguay: también enumera lo que la autora entiende como “ações de desvendamento da presença açoriana” en ese lugar. Así, Maciel Barroso enumera sistemáticamente sus lugares de asentamiento, los posibles repositorios y la documentación disponible, los estúdios recientes y las lacunas y posibilidades de investigación a los que desean reconocer la identidad de la açorianidade gaúcha. Continuando con los portugueses en Brasil, Ana Rebello Magalhaes (Universidade do Estado do Rio de Janeiro) nos acerca a un caso de integración en el mundo urbano de la sociedad de acogida distinto al clásico de los sectores terciarios y secundarios. En este contexto, el trabajo de Rebello Magalhaes se focaliza en el papel que, entre 1875 y 1879, le cupo al artista gráfico luso Rafael Bordallo Pinheiro en la prensa ilustrada del Río de Janeiro. Se recria el discurso político, a partir de la narrativa de las caricaturas de los periódicos O Mosquito, Psit! e O Besouro. Rebello Magalhaes nos revela una mirada atenta y una consciencia crítica de las transformaciones sociales, económicas y políticas de la capital del Brasil en el periodo de sustitución del régimen monárquico por el republicano. La cuestión de la inmigración es el tema frecuente de su obra en el periodo brasileiro. Los registros de Bordallo inmigrante, en sus litografías, indicaban preocupaciones acerca de la situación vividas por los portugueses que intentaban ganar la vida en tierras brasileiras. Pese la partida de Rafael Bordallo Pinheiro haber interrumpido su participación en la prensa de la capital brasileira, para la autora, el legado de su obra ha sido fuente de inspiración para el estilo de muchas revistas ilustradas y para el trabajo de

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jóvenes artistas en los años posteriores a la imprensa satírica de Río de Janeiro. Como sintetizara hace ya tiempo Dora Schwarzstein (2001), las fuentes orales constituyen un instrumento privilegiado para la reconstrucción de experiencias como la migración o el exilio. No sólo contribuyen a revelar las características de esos procesos, sino también lo que la gente sintió habiéndolos vivido. Mientras otras fuentes pueden revelar la creación e instrumentación de políticas migratorias o los patrones estadísticos de movilidad, instalación y empleo, los testimonios orales ayudan a comprender la complejidad de los procesos migratorios. El trabajo de José Antonio Vidal Rodríguez (Universidad Complutense de Madrid Seminario de Fuentes Orales), centrado en el caso de la emigración gallega a Cuba durante la primera mitad del siglo XX, constata que además de causas económicas, la percepción de los protagonistas del proceso incluye en la casuística del fenómeno migratorio también motivaciones de índole psicosocial, tales como la huída del servicio militar, la inducción de los parientes, amigos o vecinos ya emigrados, la emulación del indiano triunfador, la presencia de ganchos (contratistas) o el espíritu aventurero de la juventud. Más aún, hay entre aquellos quienes afirman haber emigrado por circunstancias estrictamente personales o familiares, como una súbita orfandad o la imposibilidad de aceptar la nueva pareja del progenitor que ha enviudado. En el caso de las mujeres, para muchas el acicate fue la necesidad de cuidar a un pariente establecido en Cuba, el deseo de seguir a su novio ausente, de escapar al escarnio por haberse convertido en madre soltera, o la reagrupación familiar lo que las movilizó a la isla. En cualquier caso, como también revelan las entrevistas, la mayoría de estas personas no habría podido concretar la

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aventura migratoria sin el factor posibilitador de las cadenas migratorias basadas en redes sociales familiares o paisanas, que unieron ciertas aldeas, parroquias y comarcas gallegas con algunas ciudades, comarcas y sectores laborales cubanos. Estas cadenas migratorias encauzaron y facilitaron el trayecto

a miles de gallegos que lograron establecerse en la isla, gracias

a la información proporcionada, a la financiación del viaje y al

apoyo económico, laboral y afectivo que les brindaron. Del mismo modo, lograron crear nichos laborales que controlaron desde finales del siglo XIX ciertas familias o naturales de algunas comarcas gallegas. En la Argentina, la idea de que el país moderno fue construido por inmigrantes europeos forma parte de los mitos fundacionales de la Nación (Quijada, Bernard, Schneider, 2000). En la coyuntura de crisis que el país atravesó a comienzos del presente siglo, se ha recurrido a él para fundamentar la salida de miles de argentinos al exterior en una tradición migratoria que remite a los orígenes de la sociedad. En relación con ello, el último trabajo de este libro, obra de Susana Schmidt (Universidad de Salamanca), aborda el tema de las representaciones en relación con el retorno. La fuente en

la que se basa es el cine argentino-español de las últimas décadas, donde han sido frecuentes los filmes de ficción que remiten a las migraciones de españoles a la Argentina. La producción de esas películas coincide con un momento en el que, debido a las crisis políticas, económicas y sociales de aquel país del Cono Sur, la dirección histórica de los flujos entre España y la república austral se invirtieron (circa 1999- 2008), tornándose por primera vez importantes las de argentinos que emigran a la Península. Así, con frecuencia se trata de historias que cuentan no el devenir de los españoles en la sociedad de destino, sino la búsqueda de los orígenes,

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familiares o sociales por parte de sus descendientes. O, incluso, el relato de lo que se podría denominarse una migración “de retorno diferido generacionalmente”, construido sobre la memoria de aquellas migraciones del pasado, que viene a dar cuenta de un vínculo imaginario entre los descendientes de españoles en la Argentina y España como país de origen, dentro de un marco de representaciones que remite a la cercanía cultural entre ambas sociedades. Y, en cualquier caso, como acertadamente señala Schmidt, sin obviar el elemento económico, en unos casos, o difuminándolo por completo en otros, ofrecen explicaciones complementarias o alternativas, enriqueciendo de tal modo el discurso sobre las causas de las migraciones. En síntesis, los artículos aquí reunidos suponen, en conjunto, una enriquecedora diversidad de temas, grupos migrantes, períodos, enfoques y fuentes sobre el fenómeno de las migraciones entre la Península Ibérica y América Latina. Dejan entrever también la maduración de una nueva generación de especialistas, capaces de elaborar cuestionamientos novedosos en relación con la integración de esos migrantes en sus diferentes tierras de acogida, la identidad que en ella mantuvieron o elaboraron, la mirada con la que fueron contemplados por sus sociedades de recepción, etc. Los que firmamos estas páginas introductorias nada más tenemos para añadir, excepto el agradecimiento por haber podido compartir tan fructífero intercambio de ideas y miradas con tantos colegas y amigos, y tener la esperanza de seguir haciéndolo en el futuro.

Bibliografía

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GORDON, Milton M. Assimilation in American Lyfe: The Role of Race, Religion and National Origins. New York:

Oxford University Press, 1964. MURILO DE CARVALHO, José. A formação das almas: o imaginário da República no Brasil. São Paulo: Companhia das Letras, 2005. SEIXAS, Xosé Manoel Núñez. “A historiografía das migraçoes ultramarinas espanholas: Uma visão global”. Maracanan, 6, 2010, pp. 11-45. QUIJADA, Mónica, BERNARD, Carmen y SCHNEIDER, Arnd. Homogeneidad y nación con un estudio de caso:

Argentina, siglos XIX y XX. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2000. SCHWARZSTEIN, Dora. Entre Franco y Perón: Memoria e identidad del exilio republicano español en Argentina. Barcelona: Crítica, 2001.

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30 El asociacionismo microterritorial gallego en Buenos Aires: dinámica y evolución a partir de un estudio

El asociacionismo microterritorial gallego en Buenos Aires:

dinámica y evolución a partir de un estudio de caso

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El asociacionismo microterritorial gallego en Buenos Aires: dinámica y evolución a partir de un estudio de caso 1

Introducción

Nadia Andrea De Cristóforis 2

Los emigrantes gallegos se caracterizaron por generar un vasto y multiforme movimiento asociativo en sus diferentes ámbitos de destino. Dicho fenómeno fue particularmente relevante en ciudades que se convirtieron en importantes espacios de recepción de las corrientes del noroeste hispánico, como Buenos Aires, La Habana o Montevideo. Los oriundos de Galicia no sólo participaron en distintas instituciones españolas o del país de acogida (como las relacionadas con el

1 Este trabajo forma parte de los siguientes proyectos de investigación: UBACyT 20020090200622 y UBACyT 20020100100435 (Universidad de Buenos Aires); PIP 114-200801- 00216 (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas); PICT 1150 (Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica) y Proyecto “Redes, poder y territorialidad en la historia argentina de los siglos XVIII-XX”, Programa de Incentivos a docentesinvestigadores (Centro de Estudios Sociales de América Latina - UNICEN). Agradezco a Xosé Manoel Núñez Seixas, Pilar Cagiao Vila, Rocío Botana Iglesias y Xurxo Cerdeira Louro, por su valioso asesoramiento en materia documental.

2 Doctora de la Universidad de Buenos Aires, área Historia. Universidad de Buenos Aires - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Centro de Estudios Sociales de América Latina UNICEN), Argentina. E-mail:

ndecristoforis@yahoo.com.ar; nadiaandrea@hotmail.com.

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mundo del trabajo, por ejemplo), sino que también moldearon sus propias entidades, que cumplieron diversas funciones:

recreativas, mutuales, asistenciales, culturales, políticas, educativas, entre otras. 3 En relación con el asociacionismo originado en la Argentina, las primeras aproximaciones al tema presentaron una fuerte tendencia conmemorativa o evocativa, que colocaba el acento en los elencos dirigentes y su desempeño a lo largo de las diferentes gestiones. Este tipo de lectura, que ha persistido en el tiempo, se difundió especialmente en relación con el conocimiento de los centros de carácter regional o provincial (el “Centro Gallego de Buenos Aires”, el “Centro Galicia de Buenos Aires” o los Centros Provinciales, por ejemplo) (Sánchez Millares y Vázquez Villanueva, 1993; Rodríguez Díaz, 2000; Vázquez Villanueva, 2004; Padorno,

2007).

Sin embargo, en los últimos años se han introducido interesantes perspectivas de análisis, en particular, para la comprensión de la dinámica y desarrollo de las entidades microterritoriales. Dichas miradas renovadoras han promovido una mayor atención hacia la acción social, la racionalidad limitada de los sujetos, los liderazgos o las redes sociales, entre otras cuestiones. 4 Como sostuvo Alejandro Fernández

3 Una interesante clasificación de las instituciones creadas por los emigrantes del noroeste hispánico en el exterior puede consultarse en Peña Saavedra, 1991, p. 356. Para una visión global de las asociaciones gallegas en el exterior, hasta la actualidad, con un rico aporte a nivel cuantitativo, cfr. Arquivo da Emigración Galega e Consello da Cultura Galega, 2008.

4 Para el caso argentino, los estudios de Xosé Manoel Núñez Seixas son particularmente sugestivos y originales. V., entre muchos otros, Núñez Seixas, 1999, p. 195-233; 2000, p. 23-44; 2011, p. 107-133.

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(2011, p. 148-149), diversas razones condujeron a esta preocupación por las sociedades microterritoriales: su estrecha conexión con las historias locales, el apoyo financiero e institucional dado al tema por parte de los gobiernos municipales y autonómico, o el hecho de que el estudio de las mencionadas entidades se convirtió en un terreno fértil para la puesta en juego de enfoques microanalíticos, como los propuestos desde la microhistoria. Consideramos que algunos de estos factores se conjugaron en el caso del municipio coruñés de Vedra. En ocasión de cumplirse los cien años de la fundación de dos sociedades microterritoriales de dicho ayuntamiento en Buenos Aires (1910-2010), el gobierno local, con la colaboración del Arquivo da Emigración del Consello da Cultura Galega, comenzó a impulsar una importante tarea de recuperación de documentación perteneciente a las citadas entidades, al tiempo que promovió interesantes investigaciones sobre la evolución histórica de las mismas. 5 En este contexto, resultó viable y alentador encarar un estudio sobre la dinámica y funcionamiento de una de las dos instituciones nacidas en 1910: la “Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra en Buenos Aires”. En el presente trabajo nos detendremos en las primeras décadas de su existencia, para poner de relieve sus objetivos, características e interacciones con núcleos

En relación con contextos emigratorios más amplios, cfr. Núñez Seixas, 1998.

5 Algunas referencias a las tareas mencionadas pueden hallarse en la página web: <http://100anosvedraemigrante.com/?q=es>, citada el 7/09/2010. Vale la pena recordar también dos obras que fueron elaboradas en la coyuntura aludida: Cerdeira Louro y Botana Iglesias, 2009; Cerdeira Louro, 2010.

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asociativos de distinta índole, existentes en Vedra y en la ciudad porteña a comienzos del siglo XX.

De Vedra a Buenos Aires: migraciones y asociacionismo

El Municipio de Vedra se ubica en el sur de la Provincia de La Coruña, en Galicia. Desde el siglo XII se halla conformado por doce parroquias. 6 Se trata de un distrito con una predominante estructura agrícola, que experimentó una importante emigración hacia la Argentina, desde fines del siglo XIX. En realidad, las primeras salidas al exterior que se produjeron en la cuenca media del río Ulla (donde se ubica Vedra) tuvieron como principal destino la región andaluza, especialmente, la ciudad de Cádiz. Como pusieron de relieve Ofelia Rey Castelao y Ricardo Turnes Mejuto (1989, p. 179), a partir de 1760 estos flujos intrapeninsulares adquirieron una importancia para nada desdeñable. Se trataba de unas corrientes temporarias, con cierta presencia femenina. Sin embargo, a lo largo del siglo XIX la emigración ultramarina se fue incrementando, por factores que actuaron tanto en la sociedad de partida (la crisis de la industria textil a domicilio o de la producción vitivinícola, las pesadas cargas tributarias que debían soportar los productores, el interés de los jóvenes de evadir el servicio militar, las limitadas posibilidades de crecimiento en el marco de la comunidad local o el sistema de herencia que favorecía a uno de los hijos en detrimento de los

6 San Andrés de Trobe, San Miguel de Sarandón, Santa María Magdalena de Puente Ulla, Santa Cruz de Rivadulla, San Pedro de Sarandón, Santa Eulalia de Vedra, San Félix de Sales, San Lamed de Rivadulla, San Pedro de Vilanova, San Andrés de Illobre, San Cristóbal de Merín y San Julián de Sales.

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demás), como en las de recepción (fundamentalmente, las oportunidades crecientes de inserción laboral y de progreso social) (Cerdeira Louro y Botana Iglesias, 2009, p. 26-30). Hacia 1897 ya se había definido una clara tendencia, en cuanto al destino prevaleciente en las emigraciones transoceánicas: Buenos Aires ocupaba el primer lugar como ciudad receptora, seguida a mucha distancia por La Habana y Cádiz (Botana Iglesias, 2006, p. 32-33). Según nuestras propias contabilizaciones, en el año mencionado había como mínimo unos 266 vedraleses en la ciudad porteña, 7 número que se habría mantenido relativamente estable en las primeras décadas del siglo XX. Tengamos presente que según el padrón municipal de habitantes de 1930, en Buenos Aires había unos 244 vedraleses, siendo el predominio de los varones muy acuciado dentro de dicho colectivo (205 eran hombres y 39, mujeres) (Botana Iglesias, 2006, p. 40). Tomando en consideración que en 1930 la “población de hecho” en Vedra era de unos 5.639 habitantes (Fariña Jamardo, 1993, p. 69), podríamos afirmar que el número de emigrantes vedraleses en el destino porteño equivalía a un 4,32% de la población de hecho del municipio de origen. Los oriundos de Vedra en Buenos Aires se integraron a instituciones gallegas ya existentes, al tiempo que crearon otras nuevas, que intentaron representar al municipio o alguna de sus parroquias. De este modo, en la ciudad porteña surgieron unas diez asociaciones microterritoriales, que tuvieron unas trayectorias y alcances diferentes entre sí. 8

7 Archivo Municipal de Vedra, Padrón Municipal de Habitantes de 1897, caja 326.

8 Gran parte de la documentación perteneciente a las mencionadas entidades se preserva actualmente en el Archivo de la Emigración de Vedra, Municipio de Vedra, Galicia.

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Como ya sugerimos, este movimiento asociativo se inició hacia 1910, con la fundación de la “Sociedad Agrícola Residentes de Vedra” y la “Agrícola Ganadera y de Instrucción de Santa Eulalia de Vedra”. Ambas entidades fueron modificando sus denominaciones a lo largo de su existencia. La primera, más conocida como “Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra en Buenos Aires” tenía como marco de referencia al municipio, mientras que la segunda, a la parroquia de Santa Eulalia de Vedra.

Entre la sociedad de origen y la de llegada: tensiones dentro de una entidad microterritorial

El día 2 de octubre de 1910, un núcleo de residentes del municipio de Vedra en Buenos Aires se reunió en la casa del inmigrante vedralés Manuel Fernández, sita en la calle Alsina 944, para fundar la Sociedad Agrícola Residentes de Vedra (en adelante: Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra). Los propósitos declarados de esta última eran auxiliar a la sociedad agrícola que por ese entonces funcionaba en Vedra (entidad que luego fue reconocida como “Sindicato Agrícola de Vedra”) y el “deseo de buscar por todos los medios el mejoramiento de la región [gallega]”. 9 Como vemos, la institución surgía en estrecha relación con las necesidades de la tierra de origen, principalmente, para colaborar con el Sindicato Agrícola. Este último formaba parte de una red más amplia de sociedades agrícolas que por ese entonces se estaba desarrollando con gran fuerza en toda

9 Archivo de la Emigración de Vedra (en adelante, AEV), Caja 1, Libro de Actas Nº 1 (1910-1917) Sociedad Agrícola Residentes de Vedra (en adelante, SRMV, sigla del nombre más difundido de esta entidad), Acta de fundación, 2/10/1910, f. 1.

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Galicia, pero especialmente, en las provincias de Pontevedra y La Coruña. Este crecimiento de las sociedades agrícolas se venía produciendo desde fines del siglo XIX, pero encontró un motivo de impulso en la sanción de la Ley de Sindicatos de 1906, que autorizó la asociación de los agricultores, con la condición de que la misma tuviera fines principalmente económicos. Se ha calculado que entre 1907 y 1913 la provincia de La Coruña pasó a tener unas 55 sociedades campesinas (Domínguez Almansa, 1997, p. 60). Según lo refería el art. 1º de su Reglamento, el Sindicato de Agricultores de Vedra podía constituirse por “propietarios, labradores, jornaleros, colonos e individuos que ejerzan profesiones anexas a la Agricultura y Ganadería”. 10 Sus finalidades eran instructivas; económicas y benéficas. Además de estos objetivos, el Sindicato se proponía tener representación en el Municipio (art. 53), para garantizar la protección de los derechos de los campesinos. ¿Cuáles eran los factores que favorecían la preocupación por la sociedad de origen, entre los inmigrantes establecidos en Buenos Aires? Se trataba de una combinación compleja de circunstancias. En primer lugar, la fuerte expectativa de retorno, por parte de quienes seguían apostando a volver como “indianos” enriquecidos al hogar que los había visto nacer. En segundo lugar, el interés por recrear ese ámbito de pertenencia, en el medio de acogida. El hecho de buscar el mejoramiento de su sociedad de nacimiento conllevaba el mantenimiento de los vínculos con aquellos que habían permanecido en Vedra, materializados en las remesas que se hacían llegar por vías personales o impersonales (como las

10 Las alusiones al Reglamento del Sindicato se derivan de la documentación que se encuentra en AEV, Caja Nº 10, Reglamento del Sindicato de Agricultores de Vedra, 1921 [19/07/1913].

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entidades bancarias), la correspondencia o los periódicos que circulaban entre ambos lados del océano. Además, la práctica de la filantropía en su tierra natal permitía consolidar el prestigio social de quienes integraban las Comisiones Directivas de la sociedad. Como vemos, las motivaciones eran diversas, pero se podrían resumir en algunas frases, que también serían aplicables a otros dirigentes de asociaciones microterritoriales gallegas: deseos de “figurar”, propósito de mantener los límites étnicos de la comunidad de pertenencia, e interés por legitimar un liderazgo dentro de la misma, de uno y otro lado del Atlántico. De este modo, y siguiendo una tipificación propuesta por Núñez Seixas (2006, p. 32-33) podríamos sugerir que los líderes de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra cumplieron diversas funciones (por lo menos en la etapa inicial de dicha institución): culturales (recreación del tejido social del mundo de origen y del sentido de pertenencia al mismo), políticas (representar a los emigrados de Vedra en Buenos Aires ante el Sindicato Agrícola, actuando como sus portavoces), sociales (prestación de ayuda mutua, como veremos más adelante), psicosociales (contribuir al reforzamiento del prestigio social de la comunidad). En esta articulación de objetivos altruistas e intereses personales, los que quedaban en evidencia a un nivel discursivo-oficial y propagandístico, eran los primeros. Los dirigentes de la sociedad hacían un especial esfuerzo por demostrar que consagraban su trabajo al bien común y al “engrandecimiento” de su tierra de origen, en todas las oportunidades posibles. De este modo, tanto en la documentación de índole institucional, como en los periódicos

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que representaban a la entidad, se ponía de manifiesto la supuesta voluntad redentora y transformadora de los líderes. 11 Además, los deseos de figurar entre los benefactores de la “patria chica”, conducía a que los dirigentes buscaran aparecer (con nombre y apellido) en los listados de contribuyentes para la construcción del edificio social (la sede del Sindicato de Agricultores en Vedra), o también producía fenómenos llamativos, como la conformación de una Comisión Directiva con una abultada cantidad de cargos, en proporción a la masa societaria. Tengamos presente, por ejemplo, que en los primeros años de existencia de la entidad, el número de socios no superaba el medio centenar de personas, 12 mientras que la Comisión Directiva integrada por 24 miembros (Director, Vicepresidente, Secretario, Prosecretario, Tesorero, Protesorero, Contador, Síndico, dos Revisores de Cuentas, dos Vocales y doce Vocales auxiliares). 13

11 Un ejemplo muy ilustrativo de ello lo tenemos en las palabras del Presidente, Eugenio Orosa, dirigidas a los socios, al terminar su mandato en 1915. V. AEV, Caja Nº 13, Correspondencia SRMV, Carta enviada por Eugenio Orosa, Bs. As., 24/01/1915.

12 Lamentablemente, no podemos realizar una contabilización exacta del número de socios en los primeros años de existencia de la

entidad, pues el primer listado que llegó a nuestros días, corresponde

a 1924. La estimación presentada se deduce del número de asistentes

a una Asamblea, el 15 de junio de 1913 (Cfr. AEV, Caja 1, Libro de

Actas Nº 1 (1910-1917) SRMV, Acta de asamblea extraordinaria, 15/06/1913, f. 57).

13 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 1 (1910-1917) SRMV, Acta de aprobación de cuentas y nombramiento de nuevo directorio para el año de 1911, 8/01/1911, ff. 5 y 6; Idem, Acta de posesión de cargos de la nueva Junta para 1911, 10/01/1911, ff. 6 y 7.

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Ahora bien, si por un lado el objetivo inicial de la

Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra estaba ligado

al mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes

de dicho ayuntamiento, también debemos destacar que la entidad desplegó acciones de índole benéfico-mutualistas, encaminadas a cubrir algunas necesidades básicas de sus socios o familiares cercanos en la capital porteña (auxilio monetario en caso de enfermedad o accidentes; cobertura de gastos de repatriación de socios enfermos o inhabilitados para

el trabajo, o de entierros de socios o sus parientes).

Sin embargo, creemos que los propósitos filantrópicos, ligados con la tierra de origen (ayuda al Sindicato de Agricultores o contribución al mejoramiento de la infraestructura pública del municipio de Vedra), entraron en tensión con aquellos dirigidos a favorecer a los socios radicados en Buenos Aires. Problemáticas similares se habrían instalado en otras sociedades microterritoriales gallegas, siendo ejemplificador el caso de “Hijos del Partido de Lalín”. Esta institución nació el 7 de agosto de 1908 en la ciudad porteña, con el objetivo inicial de recolectar dinero para comprar un terreno y construir un cementerio en Galicia. Al

año de su fundación experimentó una escisión, debido a que un grupo de sus miembros deseaba profundizar la tendencia mutualista de la entidad, en detrimento de las acciones

benefactoras en la sociedad natal. Al no ser aceptada esta propuesta dentro de la sociedad ya constituida, los que estaban

a favor del programa de protección a los emigrados en la

Capital Federal se separaron de Hijos del Partido de Lalín, dando nacimiento a una nueva entidad: “Asociación Hijos del

Partido de Lalín (Protección)” (Núñez Seixas, 2000, p. 34; Hervella García y Seijas Montero, s./f., p. 42-43).

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Dentro de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra, la tensión entre fines filantrópicos y mutualistas fue incrementándose, manifestándose en distintas circunstancias, como por ejemplo, en el intento de reforma del artículo de los Estatutos que establecía cómo se debía distribuir el capital líquido de la institución, o también, en las discusiones suscitadas sobre cómo repartir los fondos recaudados como resultado de la realización de un festival. 14 Según lo estipulado en el Reglamento, existían tres destinos posibles para el dinero de la entidad: el Sindicato de Vedra, el fondo parroquial y la protección mutua de los asociados en Buenos Aires. 15 En general, lo que era materia de disensos era el porcentaje correspondiente a cada rubro. La tensión entre objetivos filantrópicos y mutualistas condujo finalmente a la separación de un núcleo de asociados, quienes fundaron una nueva entidad. Sin embargo, en este caso, a diferencia del de Hijos del Partido de Lalín, el grupo que se escindió era el que defendía un programa inclinado a satisfacer las necesidades de los gallegos en la tierra natal. En efecto, en 1919, con motivo de la adhesión del Sindicato de Agricultores a la Confederación Nacional Católica Agraria, la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra rompió relaciones con el primero, tras largas discusiones que dividieron a quienes estaban a favor o en contra de esa decisión. Aquellos que sostenían la necesidad de mantener los vínculos con la sociedad matriz constituyeron una nueva entidad: la “Sociedad Mutua y Auxiliar de Agricultores del

14 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de asamblea general extraordinaria, 30/07/1917, ff. 42 y 44; Idem, Acta de asamblea general extraordinaria, 7/07/1918, f. 102.

15 AEV, Caja Nº 10, Estatutos y Reglamento de la Sociedad Agrícola Residentes del Municipio de Vedra, Art. 6º, 7/05/1932.

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Municipio de Vedra”. Según sus fundadores, esta última se originó para preservar los principios que habían inspirado el surgimiento de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra en 1910: favorecer el desarrollo del Sindicato de Agricultores y su actividad a favor de los labradores de Galicia. 16 La nueva sociedad surgida en Buenos Aires cumplió una importante labor, contribuyendo económicamente con distintos emprendimientos en Galicia: el cercado del terreno del Sindicato de Agricultores, la compra de semillas y maquinarias destinadas al mismo, la construcción de escuelas (en Merín y San Pedro de Sarandón) y puentes (en Bazar y Pedreira), y la apertura de un camino (en la parroquia de Merín) (Lema Pérez y Fernández, 2000, p. 14). Pero la ruptura con el Sindicato de Agricultores, por parte de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra, no se prolongó indefinidamente: en abril de 1932, tras la fusión de la última entidad con la constituída en 1920, se recuperaron las relaciones con el citado Sindicato. Se llegó entonces a un nuevo acuerdo sobre la distribución del capital líquido. Según el Reglamento sancionado el 7 de mayo de 1932, el 20% sería destinado al Sindicato, el 30% al fondo parroquial y el 50% restante, a la protección mutua de los asociados en la Capital Federal. Como vemos, la asistencia a los inmigrantes en la ciudad porteña adquiría un importante peso, reequilibrando una tendencia que durante la primera etapa de vida

16 AEV, Caja 3, Libro de Actas Nº 1 (1920-1921) Sociedad Mutua y Auxiliar de Agricultores del Municipio de Vedra en Buenos Aires, Acta de fundación, 1/03/1920, f. 3.

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institucional se había inclinado a satisfacer las necesidades de la sociedad gallega. 17

La Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra y su funcionamiento

En la primera década de su existencia, la entidad transitó un lento camino hacia su progresiva institucionalización. En sus comienzos, no poseía edificio propio: las reuniones se realizaban en el domicilio de quien fuera Tesorero de la primera Comisión Directiva, el señor Manuel Fernández (Alsina 944). Los primeros fondos recaudados se destinaron a la compra del edificio social del Sindicato de Agricultores en Vedra. Desde el momento que las inversiones se encaminaron a cubrir necesidades de la tierra natal o en menor medida, de sus socios en Buenos Aires, se dificultó la posibilidad de adquirir un edificio propio en la ciudad porteña, por lo tanto, se procedió a alquilar un local para las reuniones de la Comisión Directiva. Paulatinamente la sociedad adquirió también algún mobiliario (escritorio, sillas, armario) y una máquina de escribir. Si bien no llegó a poseer un órgano de difusión propio, donde se dieran a conocer las vicisitudes de su desarrollo (como ocurrió en el caso de otras sociedades microterritoriales gallegas), la entidad referenciada en el municipio de Vedra publicó periódicamente todas las noticias relacionadas con su evolución, en distintos medios de la colectividad: Teo (de 1911 a 1915), El Eco de Teo (de 1916 a

17 Para un detalle de las inversiones realizadas en Galicia entre 1911 y 1932, cfr. AEV, Caja Nº 26, Recortes periodísticos, “Sociedad Agrícola Residentes del M. de Vedra en B. Aires”, en Correo de Galicia, 19/03/1933.

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1920), Hércules (de 1921 a 1927), El Correo de Galicia (de 1928 a 1943) y Galicia (a partir de 1944) (Lema Pérez y Fernández, 2000, p. 13). Aparentemente, los años iniciales fueron conflictivos para el desenvolvimiento de la entidad. Entre 1913 y 1914 la misma experimentó una crisis institucional bastante importante, puesta de manifiesto en las sucesivas renuncias a cargos, presentadas por varios miembros de la Comisión Directiva (incluidas las del Presidente y Vicepresidente). Aparentemente, tampoco había muchos socios predispuestos a asumir los puestos vacantes. 18 A este fenómeno se sumó el hecho de que los integrantes de la Sociedad, naturales de la parroquia de San Julián de Sales, liderados por el entonces Vicepresidente, Jesús Villaverde, se separaron de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra el 6 de abril de 1913, fundando una nueva entidad. 19 No obstante estos primeros momentos de inestabilidad, la institución referenciada en el concejo de Vedra logró reorganizarse y mantenerse en actividad por muchas décadas. Hacia 1924 el número de socios había llegado a 85. La distribución de los mismos, por parroquias, era desigual:

algunas, como San Andrés de Trobe o San Miguel de Sarandón, contaban con mayor número de afiliados que otras, dentro de la Sociedad (ver el Cuadro 1). Lamentablemente no disponemos de documentación que nos permita aproximarnos a la composición socioprofesional de la masa societaria, pero podríamos sugerir que la misma pudo haber sido bastante similar a la de otras entidades microterritoriales gallegas en Buenos Aires. Las

18 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, ff. 53-84.

19 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de asamblea general extraordinaria, 6/04/1913, f. 53.

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indagaciones de Núñez Seixas (2000, p. 34-36), sobre “Centro Renovación Ponteareas”, “Unión Progreso Distrito de Covelo”, “Círculo Social Valle Miñor” y “Residentes de Mos”, arrojaron como resultado un predominio de empleados

y dependientes de comercio, seguidos de comerciantes y

obreros manuales cualificados y sin cualificación. En el caso

de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra podemos

afirmar que incluso los miembros de la Comisión Directiva

tenían largas jornadas de trabajo, a juzgar por las

declaraciones que aparecen en las actas o en la correspondencia enviada y recibida por la institución. En muchas situaciones, la inasistencia a una reunión o la renuncia a un cargo, se justificaba con el argumento de que labores realizadas para ganar un sustento no dejaban tiempo libre para las actividades societarias. Como otras instituciones gallegas y pan-hispánicas de

la época, la participación de las mujeres en la Sociedad de

Residentes del Municipio de Vedra estaba bastante restringida:

se las podía admitir como socias, pero no integraban las

Comisiones Directivas. Al sexo femenino le estaba reservado

el espacio de las actividades recreativas, por eso, a lo sumo,

podían formar parte de las Comisiones de Señoritas, encargadas de colaborar en la organización de los festivales que se realizaban para recaudar fondos. 20

20 En la Comisión de Señoritas del año 1918 detectamos que las mujeres eran familiares o personas próximas a los miembros de la Comisión Directiva del momento. Cfr. AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de reunión extraordinaria de Comisión Directiva, 19/03/1918, f. 83.

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Cuadro 1: Distribución de los socios de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra en Buenos Aires, por parroquias (1924)

Parroquias

Nº socios

San Andrés de Trobe

33

San Miguel de Sarandón

15

Santa María Magdalena de Puente Ulla

12

Santa Cruz de Rivadulla

9

San Pedro de Sarandón

5

Santa Eulalia de Vedra

4

San Félix de Sales

4

San Mamed de Rivadulla

3

San Pedro de Vilanova

---

San Andrés de Illobre

---

San Cristóbal de Merín

---

San Julián de Sales

---

Total

85

Fuente: AEV, Caja Nº 8, Registro de Socios de Secretaría de

“Residentes del Municipio de Vedra”, Bs. As., 1924, ff. 12 y

13.

En su primera década de vida, la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra manifestó una predominante tendencia al neutralismo, en materia de política peninsular o local. En general, en las reuniones de Comisión Directiva o de Asamblea las discusiones en torno a compromisos políticos eran soslayadas. Sólo encontramos una adhesión a la invitación del Diario Español (portavoz de la comunidad española en la ciudad porteña), para la organización de un homenaje al Presidente de la Nación Argentina, como testimonio de gratitud a la declaración del 12

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de octubre como Fiesta Nacional. 21 También se aceptó, con algunas reticencias y objeciones, que el Secretario de la sociedad firmara un petitorio a favor del pedido de indulto a los procesados en una huelga general ocurrida en España, en 1917. 22 Pero estas serían en cierto modo las “excepciones” que confirmarían la regla.

Los vínculos con los núcleos parroquiales y con otras sociedades de Vedra en Buenos Aires

Vale la pena destacar que los debates en torno a las relaciones de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra con las parroquias que conformaban dicho municipio y que estaban integradas en la misma, eran bastante frecuentes en las reuniones de Comisión Directiva y de Asamblea. En este sentido, los aspectos que podían convertirse en materia de controversia estaban ligados, por un lado, con la distribución y destino del fondo parroquial, y por otro, con la separación de determinados núcleos asociativos, de la institución que nos preocupa. El fondo parroquial representaba una suma que se debía repartir entre las distintas parroquias, en forma proporcional al número de sus cotizantes, para su utilización en obras de infraestructura o de caridad, dentro de sus jurisdicciones en Galicia. Pero ese dinero no sólo se empleaba con fines materiales concretos, sino también, con propósitos más simbólicos, ligados a la búsqueda de reconocimiento y

21 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de sesión ordinaria de Comisión Directiva, 27/10/1917, ff. 55 y 56.

22 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de sesión ordinaria de Comisión Directiva, 27/10/1917, ff. 55 y 56; Idem, Acta de sesión ordinaria de Comisión Directiva y de Fiestas, 27/12/1917, ff. 62 y 63.

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prestigio social, por parte de aquellos emigrantes-socios que intermediaban para su obtención e inversión. Recién hacia 1918 se logró determinar el modo en que el fondo en cuestión sería entregado a cada parroquia: “para poder retirar ese dinero, sería indispensable que lo solicitara el Delegado por medio de una nota firmada por lo menos por las dos terceras partes de los socios de la parroquia que representa, especificando en qué sería invertido”. 23 Incluso, a comienzos de la década de 1920 se comenzaron a organizar reuniones parroquiales (es decir, de los miembros de cada jurisdicción eclesiástica), a los efectos de decidir colectivamente el destino de los fondos, una vez que el Delegado ya hubiera sido autorizado para retirar el dinero. De este modo, los vecinos de San Pedro de Sarandón, Puente Ulla y Trobe se reunieron por separado, decidiendo destinar las sumas correspondientes a la construcción de escuelas y puentes. 24 Otro aspecto que se presentaba como más problemático era la posible escisión de un núcleo parroquial, perteneciente a la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra. La mayoría de los miembros de esta última se resistía a la separación de las parroquias que la integraban, básicamente, debido a que ese proceso generaba la pérdida de socios y por lo tanto, la de cuotas sociales, con las cuales se mantenía el funcionamiento de la entidad. El proyecto propuesto por el Vicepresidente Jesús Villaverde de que se constituyera una Federación, que uniera “moralmente” a las doce parroquias de Vedra, con el mantenimiento de la autonomía administrativa

23 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de asamblea general ordinaria, 20/01/1918, ff. 65 y 66.

24 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de reunión parroquial de San Pedro de Sarandón, 7/02/1920; Idem, Acta de reunión parroquial de Puente Ulla, 8/02/1920; Idem, Acta de reunión parroquial de Trobe, 8/02/1920, ff. 199-203.

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(lo que incluía el aspecto financiero) de cada una de ellas, no fue aceptado. 25 Ello condujo en 1913 a la separación de los socios de la parroquia de San Julián de Sales. Como ya señalamos, estos últimos fundaron una nueva entidad, que se denominó: “Unión y Progreso de San Julián de Sales”. Dos años más tarde, en 1915, se constituyó en el lugar de Cibrán (parroquia de San Julián de Sales, Vedra), la “Sociedad Agrícola Ganadera Unión y Progreso de San Julián de Sales”, que tendría funciones similares a las del Sindicato Agrícola de Vedra (la búsqueda del mejoramiento de la situación de los labradores, tanto a un nivel económico como cultural, con la ayuda de la institución establecida en Buenos Aires). 26 Sin embargo, en el caso de la entidad matriz de San Julián de Sales, el proceso habría sido inverso al de Vedra: el impulso para la formación de la institución en Galicia provino del ejemplo dado por los vecinos instalados en la ciudad porteña, quienes iniciaron el movimiento asociativo a un nivel parroquial. Los integrantes de Unión y Progreso de San Julián de Sales actuaron eficazmente en la recaudación de fondos para proveer a su parroquia de una importante infraestructura pública: un campo de recreo, una escuela (cuyo edificio también sería sede de la sociedad matriz), un puente y un cementerio (Lema Pérez y Fernández, 2000, p. 16). 27

25 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de asamblea general extraordinaria, 6/04/1913, f. 53. 26 AEV, Libro de Actas Nº 1 (1915-1925) Sociedad Agrícola Ganadera Unión y Progreso de San Julián de Sales, Acta de constitución de la Sociedad Agrícola Ganadera Unión y Progreso de San Julián de Sales, 19/01/1915, f. 1.

27 Tengamos presente que a mediados de junio de 1917 la Sociedad Unión y Progreso de San Julián de Sales, a cuatro años de haber sido fundada, ya estaba en condiciones de enviar el dinero para sufragar los gastos de la compra del edificio destinado a escuela y sede de la sociedad matriz, y además, una suma para las reformas a realizarse

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La Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra no sólo vio escindirse uno de sus núcleos parroquiales, sino que también experimentó una situación casi opuesta: la incorporación de los miembros de una entidad que se referenciaba en el municipio de Vedra: el “Comité Auxiliar de la Sociedad de Agricultores de Vedra en Buenos Aires”, creado en esta última ciudad para financiar la constitución de una sección de empréstitos en el Sindicato de Agricultores, en Galicia. La unión mencionada se concretó el 20 de abril de 1917, tras gestiones iniciadas por la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra. 28 Esta tendencia a la unidad se manifestó en otro fenómeno de interés: la fusión de la institución que nos preocupa con el “Centro de Residentes de Teo” (entidad mutualista de naturales de este último municipio coruñés, instalados en Buenos Aires) (Botana Iglesias, 2006, p. 86-87), que dio origen en 1920 a la “Federación de Sociedades Agrarias e Instructivas de la provincia de la Coruña en Sud- América”. La Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra abandonó esta última en 1928, por disidencias relacionadas con su funcionamiento (Lema Pérez y Fernández, 2000, p. 12). Finalmente, vale la pena destacar que las relaciones interinstitucionales no estuvieron exentas de fricciones, como aquellas que se generaron con la sociedad matriz, que condujeron a la ruptura con la misma, como ya comentamos anteriormente. Uno de los principales reclamos de los integrantes de la Sociedad de Residentes del Municipio de

en el mismo. Cfr. AEV, Correspondencia recibida por la Sociedad Agrícola Ganadera Unión y Progreso de San Julián de Sales, Carta enviada por la Comisión Directiva de Unión y Progreso de San Julián de Sales, Bs. As., 30/06/1917. 28 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de reunión de Comisión Directiva, 7/02/1917, f. 8.

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Vedra era que sus familias pudieran gozar de los mismos derechos y prerrogativas que las familias de los afiliados al Sindicato de Vedra, que permanecían en Galicia. 29 También

exigían la participación en la administración del Sindicato Agrícola, en pie de igualdad con los miembros del mismo, establecidos en Vedra. De allí que, por ejemplo, los socios de

la entidad porteña bregaran a favor de una reforma de los

Estatutos que contemplara la posibilidad de que pudieran integrar una Junta encargada de administrar el edificio social,

en caso de disolución de la sociedad matriz. 30

Consideraciones finales

A lo largo de este trabajo hemos puesto de relieve que el

asociacionismo microterritorial gallego en Buenos Aires estuvo condicionado por múltiples factores, que operaron de

ambos lados del Atlántico (una masa crítica de emigrantes, potenciales líderes en la sociedad receptora, intermediarios en

el ámbito de partida, un grado de difusión importante de los

motivos ideológicos del regeneracionismo, entre muchos otros). Sin embargo, en el caso de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra, el catalizador fundamental para su surgimiento fue el estímulo dado por la Sociedad Agrícola de Vedra (el Sindicato Agrícola). La entidad porteña no se originó en el vacío, sino en el contexto del desarrollo de un importante movimiento agrarista gallego, capaz de brindar modelos de organización institucional y de acción concreta,

29 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de acuerdos de la Comisión Directiva, 15/12/1910, f. 4.

30 AEV, Caja 1, Libro de Actas Nº 2 (1917-1924) SRMV, Acta de reunión de Comisión Directiva, 29/12/1912, ff. 41-43.

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que podían ser emulados por los emigrantes en el Río de la Plata.

En las primeras décadas de existencia de la entidad analizada, la atención a los problemas y requerimientos de la sociedad gallega se mantuvo, aunque fue objeto de controversias. No obstante ello, el imperativo de atraer a una masa societaria que hiciera viable la reproducción de la institución (mediante el pago de las cuotas sociales), indujo a la misma a ampliar su campo de acción, en torno a las actividades recreativas y mutualistas. Estas últimas permitían alcanzar distintos objetivos: el logro de la cohesión social y la recaudación de fondos (en el caso de los festivales anuales, por ejemplo), la ayuda a los más carenciados, la recreación de la comunidad de pertenencia en el ámbito de destino, entre otras. Estas metas parecían satisfacer mejor las necesidades de los emigrados más anónimos, que no tenían como prioridad la adquisición de un rol de liderazgo o el logro de cuotas de poder local, en su tierra natal. De allí que creamos de interés avanzar temporalmente con el examen de la Sociedad de Residentes del Municipio de Vedra y su red institucional, entre otras cuestiones, para constatar su dinámica cambiante, en función de la modificación de los contextos de partida y de llegada, y de las tensiones generadas en su interior.

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56 El caso de los españoles y portugueses en América Latina.

El caso de los españoles y portugueses en América Latina.

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El caso de los españoles y portugueses en América Latina

Dolores Martín Rodríguez Corner 1

LA GASTRONOMIA GALLEGA Y ANDALUZA EN LA CIUDAD DE SÃO PAULO Pensar las diferentes culturas es pensar el alma de un pueblo: contornos emocionales y míticos que envuelven determinadas comunidades dejándolas diferentes de las demás.(VERO,

2003,p.71)

La Inmigración Española a São Paulo

El contingente de españoles que emigró a la ciudad de São Paulo, aunque siendo el tercer grupo en número, después de los portugueses e italianos, no ofrece una visibilidad de expresiones culturales compatible con su presencia. El recorrido de los inmigrantes está impregnado en la historia de la ciudad y viceversa, pues los autores de la ciudad son los que en ella viven y sus experiencias de vida se vuelven la cultura dela ciudad, que es formada por el conjunto de valores expresos enlas diversas manifestaciones culturales. Están los españoles en la raíz de muchos paulistanos, aunque haya una ausencia de estudios académicos, de investigaciones, de registros de ellos en São Paulo, especialmente en lo que se

1 Doctorado en curso por la Pontificia Universidade Católica de São Paulo. PUC-SP. Mestre en Historia por la PUC-SP y Mestre en Turismo por la UNIBERO SP. Profesora Instituto Cervantes de São Paulo. Dirección electrónica: doloresmartin@terra.com.br

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refiere a las tradiciones alimentarias, ya que la ciudad es la tercera capital gastronómica del mundo, por sus diversidad presente en los restaurantes. Una cocina rica que abarca toda la cultura de origen presente en los pocos restaurantes de cocina étnica y en las fiestas de las Asociaciones Regionales Españolas que aún hacen presente esta cocina a los descendientes y a los inmigrantes. “La memoria se relaciona con la historia concebida, no como conocimiento del hombre en el pasado, sino como el conocimiento de la dimensión temporal del hombre común, del hombre “sin historia(Menezes. 1997. pp 9-91). Los inmigrantes españoles gallegos y andaluces que llegaron a São Paulo en los años cincuenta y sesenta, necesitan voz para que puedan expresarse respecto a su alimentación en tierras extrañas.

La Cocina como Patrimonio Cultural de un Pueblo

Los estudios culturales contribuyeron para un mejor conocimiento del hombre y de los grupos sociales en todas sus manifestaciones. Se trata de una análisis de las mentalidades, de la historia del hombre común, del hombre “sin historia”, sus valores, tradiciones y costumbres, tal y como recuerda Chartier (1990), la historia cultural tiene por principal objeto identificar el modo como en diferentes lugares y momentos una determinada realidad social se constituye, y es así leída. Los investigadores en general y los historiadores en particular, después del aparecimiento de los estudios culturales, en los años cincuenta del siglo pasado, profundizaron los estudios del cotidiano y de las costumbres, momento en que surgieron otros objetos de estudio, como la alimentación y la moda, por ejemplo. En la segunda mitad del siglo XX, la alimentación se convirtió en un estudio relevante,

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de gran interés a los antropólogos, sociólogos e historiadores, hasta porque al alargarse el significado de patrimonio, con el reconocimiento del patrimonio inmaterial, que abarca las costumbres y los hábitos en general, la gastronomía surgió como uno de los más importantes. Las cocinas étnicas son consideradas como gastronomías, y forman parte del patrimonio cultural inmaterial de un grupo social y los estudios a su respecto salen del ámbito del privado para el público, del económico para el cultural (Poullain,2004, p.38), aunque gastronomía es usada en el sentido aristocrático y burgués, aquella que pertenece a la comunidad francesa. Desde antaño, la cocina y la alimentación fueron entendidas como un tema de mujeres, de esclavas, de la plebe y por eso nada noble, no llevada muy en serio. Revel (1996, p.7), periodista y filósofo considerado por muchos como una persona muy “seria”, al escribir el prólogo de su libro “Un banquete de palabras” confiesa queescribir este libro le fue muy divertido. Así es porque la cocina siempre fue considerada un espacio del femenino y el hombre al elaborar la comida, prefiere platos hechos al aire libre, en el campo, fuera del ambiente de mujeres, como cuando prepara un churrasco en Brasil o una paella en España. La cultura alimentaria tiene algo de singular y amplio, pues es un conjunto de prácticas que permanecen por toda la vida. Las culturas no están aisladas, sino en un proceso dinámico, con un flujo de informaciones mutuas, con interacción entre ellas, lo que Bosi (1979) llamó de “circularidad cultural”. Así, en las fronteras de cada una de ellas ocurre el diálogo, los cambios de técnicas y de procedimientos.

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La Cocina Presente en la Memoria del Inmigrante

La cocina étnica materializa un eslabón afectivo poderoso para los inmigrantes, principalmente si hecha por las manos femeninas, que recuerda el pasado, un tiempo que no vuelve, un recuerdo de la casa materna, la que construye la memoria cultural, que es la que los mantienen, los olores y sabores de la niñez, de los platos ofrecidos en general por la madre, por ser la persona que lo prepara. La importancia de la memoria de los sabores de la infancia en la formación del gusto, se hace presente por toda la vida, es solo pensarse un poco respecto a nosotros mismos.

Uno de los recuerdos de infancia más poderosamente arraigados en mi memoria no es otro que el vasto huerto al cual iba a ayudar a mi abuelo. Entre sus manos, los melones y las calabazas, los tomates, los pequeños rábanos y las zanahorias se convertían en obra de arte. Y así me las sigo mirando hoy en día.Ducasse (2004, p.28)

La acción de comer identifica, pues ella enseña las fronteras entre los muchos grupos humanos, en especial entre los grupos étnicos. Los sabores de los alimentos y sus olores representan una referencia, una memoria y es además identidad, resulta del conjunto de formas de ser, de valores y de códigos en los cuales las personas se reconocen. Por otro lado la adhesión a ese conjunto desarrolla en las personas el acogedor sentimiento de pertenecer, que puede ser visto como estructura del concepto en cuestión. Es un proceso identitario hecho por figuras emblemáticas, que se quedan referencias a los grupos sociales relacionados, porque son conocidas y reconocidas, además

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están impregnadas de valores y de sentimientos. Los dichos platos típicos se constituyen en una cocina emblemática y sirven asimismo para expresar identidades. La identidad sociocultural es en verdad, un proceso dinámico de construcción y reconstrucción, de negociaciones de significados, de una construcción histórica basada en las memorias y en las experiencias de un grupo, con técnicas y procedimientos enseñados empíricamente, de generación en generación. Las identidades pasan por cambios en las diversas temporalidades. A identidade plenamente unificada, completa, segura e coerente é uma fantasia. Ao invés disso, à medida em que os sistemas de significados e representação cultural se multiplicam, somos confrontados por uma multiplicidade desconcertante e cambiante de identidades possíveis, com cada uma das quais poderíamos nos identificar ao menos temporariamente. (HALL,2000, p.13) Buscando lo que tiene que ver la alimentación con la identidad de un grupo, principalmente los grupos étnicos, “El comportamiento alimentario será resultado de la reproducción de pautas de comportamiento y las preferencias alimentarias ponen en evidencia la pertenencia a un grupo.” (Díaz-Méndez, 2005, p.46) Así hay un interés entre los individuos por adaptarse a las normas del grupo al cual pertenecen y lossistemas de clase o de género, operan dentro del pluralismo gastronómico, según algunos autores. Además de manifestaciones culturales, el sabor o el olor de los platos característicos de las inmigraciones, actúan como estímulos sensoriales de la memoria y evocan el pasado pues se quedaron impregnados en ella. Según cada inmigrante es la capacidad para valorar o no esta memoria, que puede resultar en la manutención o reconstrucción de identidades.

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Existe una tendencia a destacarse las diversas cocinas por algunos de sus aspectos. Teóricamente, cuando alguien se refiere a la cocina francesa, a la cocina española, a la alta cocina o la nueva cocina, a la cocina cantonesa, pekinesa, se tiene una idea inmediata de qué tipo de alimentos y platos se están describiendo.”(Contreras,1993, p.73).Muchas veces, nuestras ideas acerca de las cocinas extranjeras pueden ir muy desencaminadas, por sus imágenes formados a lo largo de los años, pero, el conocimiento de una cocina étnica solo es posible después de un estudio profundo de sus condiciones geográficas, y además de su historia. El gusto es sobre todo aprendido según el contexto familiar, histórico, geográfico y las experiencias vividas. Aunque esté presente en la memoria, forma parte de un proceso que evoluciona y se va ampliando a lo largo de la vida. Así, los ingredientes y el modo de preparación de los platos forman parte del gusto común que se construye según cada cultura. La aceptación o rechazo a algunos ingredientes o platos desconocidos son resultantes del gusto colectivo, que fue formado, por el grupo a que pertenece. “Los ingredientes penetran en el gusto colectivo e instruyen el paladar, que se queda saturado con sus memorias, y así empiezan a ser indiferentes o intolerantes en relación a otros sabores”. (Fernández-Armesto, 2004, p.209) El paladar, el gusto y el olor de los platos dejan de ser solamente reacciones orgánicas o estímulos analizados por la biología, para adquirir un sentido cultural, aún porque, la preparación de los alimentos revela un conjunto de conocimientos que enseñan formas sociales de captar y arreglar el mundo. Entonces, la cocina es antes cultural que biológica, los hábitos alimentarios y los gustos son

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transmitidos de generación en generación de una manera inconsciente, empírica, que abarca la elección de los ingredientes, la técnica de preparación, el modo de servir los alimentos, su clasificación, producción, cosecha, conservación, preparación y consumo de los alimentos. El gusto es portador de lazos sociales, pues factores culturales, sociales y sicológicos actúan en la formación y en la transmisión del sabor. Reproduce normas básicas, habilidades y reglas culinarias que se interiorizan y reflejan en las particularidades de actuación de cada grupo. Fichler (1979) en su artículo, resalta el biológico y el cultural como inseparables en lo que se refiere a la alimentación, al decir: “el hombre es un animal omnívoro que se nutre de carne, de vegetales y del imaginario:

en la alimentación el hombre biológico y el hombre social o cultural están estrechamenteligados y recíprocamente implicados”. La observación de los hábitos alimentarios de un pueblo que emigra es de fundamental importancia, pues enseña sus valores, su cultura, revela sus gustos, rechazos, sus tabúes y costumbres.Ariès (2001) complementa con resaltar que cada plato es instrumento de memoria, memoria del sagrado, memoria del pasado, siendo la mesa un lugar pedagógico y la cocina un lugar de reelaboración de la historia.

Los estudios de las culturas gastronómicas se quedaron relevantes, porque ellas poseen raíces profundas en la identidad individual y colectiva de un grupo. Por la gastronomía se hace toda una lectura simbólica de los valores, de las costumbres y creencias de un grupo social, destacada por muchos sociólogos, entre ellos Poullain (2004) como siendo uno de los dos símbolos más emblemáticos y

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reveladores de nuestras sociedades, aunque todas las

manifestaciones culturales deban ser vistas en relación al contexto social de las instituciones, de las relaciones de poder

y

de la historia. La cocina del inmigrante tiene dimensiones nacionales

y

regionales, mantiene huellas de identidad en la combinación

propia de sabores y olores, en las permanencias de las costumbres, como por ejemplo la salsa de soja en la cocina china, el orégano en la cocina italiana y la combinación de aceite y ajo de la cocina española. Se puede decir que la cocina nacional es representada por la cocina de cada día, aquella usual de cada grupo, que es la cocina regional. No siempre, la cocina es reconocida como factor de identidad por los inmigrantes, como ocurre con otras prácticas socioculturales más evidentes, como la lengua, la música y la artesanía. Comprender como cada cultura piensa sus alimentos y su elaboración permite ingresar en un campo lleno de significados que enredan el paladar y el olfato, revelan gustos, rechazos, identidades. Maciel (1996, p.34) destaca “la dificultad que hay para trazar las fronteras espaciales que delimiten una cocina, una vez que los criterios van más allá de los aspectos físicos, pues abarcan factores sentimentales, de memoria, de valores, que evocan al grupo”. Las prácticas culinarias son desarrolladas de formas distintas en los pueblos entre familias, de ciudad a ciudad. Muchas veces el plato “típico” de un país, no es más que un plato inventado por el turismo para el consumo en restaurantes de cocina étnica y ni siempre es el plato cotidiano de aquel grupo social, como es el caso de la “feijoada”de los

brasileños y de la paella para los españoles. Es necesario contextualizar la inmigración, observar las condiciones que llevaron a salir del país para cambiar

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totalmente de vida y empezarlo todo en otro país. Para mantener sus costumbres alimentarias se hace necesaria la adquisición de productos que permitan la elaboración de los platos cotidianos. Cada grupo de inmigrantes, tiene sus particularidades, determinadas por el tipo de inmigración, se familiar, de hombres solos, el período en que ocurrió la

inmigración, país de recepción, etc. Hay que observar también

el

grado de proximidad que hay entre la cocina del inmigrante

y

aquella que encuentra. Contreras (2004) en entrevista a

autora plantea que si hay mayor contraste tanta más, hay mayor necesidad de reproducir su cocina de origen. A menor contraste hay mayores posibilidades de una adaptación más rápida.

La permanencia de las costumbres alimentarias, cuando se piensa en la cocina de los inmigrantes, está pendiente de muchos factores. Al emigrar en familia, hay mayores posibilidades de continuidad de la alimentación del país de origen, pues la mujer reproduce lo aprendido en su familia, sin embargo, si el hombre emigra solo, él buscará adaptarse a sus necesidades diarias de alimentación, según lo que encuentre. En general adquieren formas de alimentación de la clase obrera, de sus compañeros y solamente al encontrarse con los suyos, en ocasiones especiales, es que prueban de sus platos y recuerdan el país de origen. Los hábitos alimentarios tienen raíces profundas en la identidad social de los que emigran, pues son los hábitos más

duraderos en el proceso de aculturación, por estar impregnados

en las costumbres y en los hábitos, además son los hábitos más

difíciles de abandonar en caso de inmigración. En este proceso, los inmigrantes en general llevan sus técnicas y procedimientos de elaboración del alimento, sus maneras a la mesa, a otro país por formar parte de su cultura. Según

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Poullain (2004), la sociología de los desplazamientos se depara con la alimentación como un elemento central de la construcción de las identidades y constata que las particularidades alimentares están entre los últimos trazos diacríticos a desaparecer. En un artículo a la revista Horizontes Antropológicos, Maciel (1996, p.34) destaca que la constitución de una cocina en un país colonizado puede seguir caminos diversos. Las poblaciones que se desplazaron, o lo fueron, trajeron con ellas sus hábitos, costumbres y necesidades alimentarias, además de un conjunto de prácticas, plantas y especias que demuestran sus preferencias, rechazos y gustos. Mezclando o añadiendo posibilidades a las prácticas alimentarias existentes en la nueva tierra, crearon “cocinas” con características particulares. Así surgió a cocina “criolla”, de una mezcla de la cocina del colonizador, de los pueblos nativos de América, hecho que pasó a muchos otros grupos inmigratorios. Goody (apud Maciel, 1996, p.35) resalta que la expansión europea y la dominación colonial, en lo que se refiere a las comidas, presenta también otros aspectos relacionados con la dominación, pues la cocina del colonizador, en este caso el blanco europeo, es adoptada por la población local en detrimento a las prácticas tradicionales, lo que fue responsable por transformaciones radicales en los hábitos alimentarios. La cocina del colonizador es apropiada por las camadas sociales que la utilizan como un medio de diferenciación social, de poder y de mantenimiento de cierta jerarquía.

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Los Españoles en una ciudad Multicultural

De una pequeña villa, São Paulo pasó a ciudad pues con la llegada de la inmigración masiva europea, más que dobló su población. “El censo de 1872 apuntaba una población de 31.385 personas y el censo siguiente 64.934 habitantes. En 1908 eran 270.000 habitantes y en 1920, 579.033 personas.”(Matos, 2004, p.64). Otro gran número de inmigrantes españoles llegó a São Paulo, el periodo de posguerras: II Guerra Mundial y Guerra Civil Española. El fenómeno de las inmigraciones la transformó en una ciudad multicultural, y los cambios más importantes habidos, fueron aquellos que ocurrieron en la cultura local. Esta llegada de inmigrantes trajo una diversidad de culturas, cada cual con sus manifestaciones propias, entre ellas la gastronomía que mezclándose a la cultura local hizo de la ciudad un centro gastronómico importante en América, por su variedad. Según Holanda (1995, p. 40) “la experiencia y la tradición enseñan que toda cultura sólo absorbe, asimila y elabora, en general, los trazos de otras culturas, cuando encuentran una posibilidad de arreglarse a sus cuadros de vida”. Así, cada grupo fue asimilando costumbres, sustituyendo ingredientes, mezclando procedimientos y reformulando su cocina, según lo que había en tierras distantes. Todas estas experiencias resultaron en cambios de la cocina de los inmigrantes y de los nacidos en la ciudad. En el Estado de São Paulo, el contacto de los inmigrantes en las villas de obreros o en núcleos del interior, en ciudades como São José do Rio Preto y Catanduva urbanizadas por los inmigrantes, según Fausto (1998), los llamados platos y los dulces típicos de cada uno de los grupos,

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representaron un eslabón entre las culturas de diferentes familias, porque las mujeres tenían la costumbre de ofrecerlos a sus vecinas. Así los distintos platos como los de bacalao, el quibe, los macarrones, los pasteles de Santa Clara, los baklavas pasan a integrar las mesas de portugueses, sirios o italianos. El mismo autor, relata que mientras la religión demarca fronteras, la comida revela una tendencia opuesta, pues aproxima y socializa los gustos que pasan desde entonces a formar parte del cotidiano de todos. La costumbre de cambiar los platos entre las mujeres de diferentes orígenes fue esencial para la mezcla de culturas y costumbres, tanto a la cocina paulista cuanto para las demás culturas culinarias presentes. Hoy, muchos de los platos como los de la cocina italiana, por ejemplo, forman parte del menú cotidiano paulistano de las familias o de los restaurantes, los jueves y domingos. Son hábitos ya incorporados a la cultura local y que difícilmente podrán ser de ella excluidos. Santos (1981), al referirse a la ciudad dijo que el trabajo pone en el escenario los colores y matices de otras experiencias étnicas y culturales, sin minimizar el peso de las marcas de la presencia italiana en la definición de los procesos y experiencias sociales que construyeron la pauliceia. Los cambios alimentarios del inmigrante español forma parte del proceso inmigratorio, y ocurre muchas veces por falta de algunos ingredientes, como el aceite de oliva, poco utilizado en la cocina brasileña por el alto precio de importación, fue sustituido por otros aceites como de maíz, de algodón y por supuesto cambia el sabor de los platos. Por ejemplo: los gallegos sustituyeron los grelos, inexistentes, por brócolis, hojas de nabos o mostaza, al preparar su lacón con grelos. Asimilaron muy pronto las costumbres brasileñas, tal

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vez por la similitud con los hábitos alimentarios de los portugueses colonizadores, igualmente ibéricos. El azafrán que es caro en España, fue sustituido por el “colorao” o por “corcuma”, que pueden dar un color semejante, pero no pueden dar al plato, ni el mismo olor, ni el mismo sabor. Muchos otros ingredientes fueron sustituidos lo que causó cambio de sabor, como los pimientos por no tener el mismo sabor que los pimientos de España, a causa de la tierra, del clima, del tipo distinto del producto. No tenemos el arroz tipo bomba para la paella. Lo que es común a las familias, lo que está disponible en los supermercados es el arroz tipo uno o aguja. El pimiento dulce era sustituido por páprika. Es evidente que aunque hiciesen sus platos, ellos no llegaban a un sabor idéntico, solo se acercaban de él. Los cambios de la cocina, sin embargo, no representan que hubo un olvido, pues en las fiestas, en los encuentros de las asociaciones regionales españoles existentes en la ciudad, la cocina representa los grandes eslabones de la memoria e identidad a los grupos de inmigrantes. Al hablarse de cocina étnica hay que llevar en cuenta el sentido de costumbres y tradiciones alimentarios, pues muchas veces los platos que son considerados tradicionales de un país, no siempre son platos de memoria, no se presentaban a la mesa de un campesino español. Lo que para ellos es comida de su tierra, depende de la región de origen, pues como ya fue dicho, España ofrece una gran variedad de cocinas regionales, presentes en ellas, como las cocinas gallegas, andaluzas, catalanas, valencianas y un largo etc. Poco se sabe respecto a la cocina que se mezclaba en São Paulo, con la llegada del inmigrantes de varios países, pero se puede comprobar que surgieron en los años cincuenta del siglo pasado, los primeros restaurantes de cocina étnica en

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la ciudad, con ellos, los primeros restaurantes de cocina española. Quizás por no se encontraren algunos de los ingredientes básicos de su alimentación en España, por precios accesibles, como el aceite de oliva, el vino, el azafrán, los mariscos, las gambas, el cordero, etc. Pasaron a cocinar ellos mismos a sus amigos españoles, surgiendo los primeros bares que más tarde se volvieron restaurantes. Así ocurrió con La Alhambra de José Luis Almanza Esquetino un andaluz, como ejemplo, que explicó:

Es así, en el sur de España se consumen más potaje, ensopados con lentejas, garbanzos, acelga, escarola, y carnes de pescado, bacalao o longaniza, pero sin faltar el garbanzo. En Castilla es más la caza, en la región del Levante, Valencia, Murcia y Alicante, es la tierra de la paella, con varios tipos de arroz. El plato de España es el puchero, aunque la paella sea internacionalmente el plato español, su tarjeta gastronómica. Igual a lo que pasó al señor Nicolás Manuel Picos Domínguez nacido en La Coruña y que llegó a Brasil a los 17 años. Vivía cerca de un bar y tenía la costumbre de ir a la cocina para hacer platos españoles de los cuales echaba de menos, tanto él cuanto sus amigos. Terminó por comprarse este bar y lo transformó en el Restaurante La Coruña, uno de los primeros restaurantes españoles en São Paulo. Cuenta, que al hacer un viaje a Santos con algunos amigos, llegando a un restaurante vio que no había más comida, según sus palabras:

“Me ofrecí para hacer un plato a todos, pero como sólo había gambas, surgió mi plato más famoso la “camaronada”, con diversos tipos de gambas y camarones a la plancha, fritos o rebozados.” Doña Josefa CordoLagace, una gallega de Corda de Pontevedra, vino a São Paulo con profesión cocinera en su pasaporte. Su padre tenía una pensión y ella pronto se encargó

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de la cocina. Con su marido, también gallego de La Coruña, trabajó toda su vida en bares y restaurantes. En la época de esta entrevista era propietaria del Restaurante “El Gaiteiro” en el Club Español. Durante la semana hace comida típica española y en fines de semana, para atender a los socios y no socios del club, hace el caldo gallego y la empanada gallega de bacalao, de pescado y carne, que en general es de lomo. Prepara siempre los boquerones, chorizos, calamares, calamares en su tinta, paellas o otros platos como pulpo a gallega por encargo. Dijo que el cocido no es una comida diaria a los gallegos, sino la carne de cabrito, ternera o conejo. Muchos de los españoles entrevistados, dijeron que conocieron la paella aquí, pues tratándose de un plato reciente, para representar España en la cocina internacional, no siempre se la habían probado en su región. En España, la paella es un plato hecho con arroz y cualquier otro ingrediente o ingredientes añadidos, muy distinto de la paella cargada de gambas y mejillones, muy al gusto de los brasileños servida en los restaurantes de la ciudad. Mientras que los valencianos hacen sus paellas por apreciar el arroz y no por los demás ingredientes. Los españoles inmigrantes añaden más o menos ingredientes a la paella, en función del presupuesto, del dinero que está disponible para hacerse el plato, si es para la familia o si habrá invitados, si es fiesta o no, factores que van a determinar el tipo de ingredientes del plato a ser hecho. En los momentos de añoranza los andaluces hacen unas buenas migas con sardinas fritas o pimientos, los gallegos una empanada, y todos ellos sus cocidos a su manera, con garbanzos con mucho aceite y ajo. Algunos inmigrantes intentan pasar sus costumbres alimentarias a sus descendientes, haciendo los platos para que los prueben,

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conozcan y reproduzcan sus gustos y sabores. Un plato que se puede decir común a todas las regiones españolas es el cocido. Contreras en entrevista para la autora, destaca respecto a ese plato que:

Es curioso el cocido aquí en España es un plato absolutamente ordinario o absolutamente de fiesta, sobre todo aquí en Cataluña. El cocido ordinario que era sobre todo en blanco con muy poca carne, porque era cara y luego el plato típico de navidad, el cocido. El cocido catalán aquí llamado escudella, tenía que contener los cuatro tipos de carne sino, no era el cocido de navidad: cordero, pollo o gallina, cerdo y ternera los cuatro tipos, siendo que primero se servía el caldo. Así, muchos de los platos del país de origen, se pierden pasado el tiempo de adaptación en otro país, pero no se puede decir que es siempre así, pues aquellos que valoran sus costumbres, la lengua, la cocina son los que se preocupan en pasar su cultura, en dejar huellas de su tierra a los demás. Es por eso que en las celebraciones o los encuentros, la comida es el momento cumbre, y es en el sabor y en la memoria que recuerdan la cocina de sus hogares, por el olor y por el sabor, si no veamos:

El sabor de ciertos alimentos y la singularidad de ciertos condimentos son un testigo del pasado, y prueban que a pesar de los años el pasado no se perdió, que él sobrevivió en la manera de asar el pan o en el olor fuerte de ingredientes que, no siendo encontrados en el nuevo país, son preparados en casa, impregnando las habitaciones y pasillos de la memoria. (Heck, 1999,p.14) Por no haber muchos momentos en que pudiesen estar entre familia para recordar los platos, o a causa de una emigración individual, el inmigrante español adaptaba sus gustos a lo que encontraba. Si vivía a una pensión española,

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iba a comer un tipo de cocina, si brasileña otro. Si la circulación no permitía hacer las comidas en la casa, entonces se hacía necesario encontrar un momento en la semana para la convivencia ligada a la familia, como señala Díaz Méndez (2005), momento en que se busca reforzar los componentes familiares y colectivos a través de una comida común, bien a diario (esperar para coincidir en el horario de la cena) o de fin de semana (comidas con la familia de origen), que estas comidas funcionan como nexo de unión para mantener el grupo unido, tanto el nuclear como el extenso. Aunque haya en São Paulo, como en casi todas las metrópolis del mundo, la hegemonía de la cocina étnica italiana, incluso fue el grupo que predominó entre los inmigrantes, la cocina española por ser ibérica, semejante a de los portugueses, encontró mucha similitud y la adaptación fue pronta. Los españoles se distribuyeron por los barrios de la ciudad y no hay, como otros grupos inmigrantes, ninguna calle o barrio español, y pocos restaurantes de esta cocina. Además hay una idea de que la cocina española es cara, a causa de las gambas que se ponen en la paella y son de precios muy altos. Casi todas las regiones españolas están representadas en la Casa de España, donde a cada mes ocurre una celebración de sus costumbres. Los asturianos hacen anualmente su fabada como el punto más importante del encuentro. Los gallegos hacen bacalao, empanadas, lacón con grelos y otros platos, los valencianos su tradicional paella, los andaluces sus migas, sus pescaitos fritos, pucheros, etc. Aunque no haya dejado huellas muy visibles en la ciudad, los sabores exquisitos de los platos españoles pueden ser probados en los restaurantes, en hogares españoles y en sus asociaciones.

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No se puede pensar reproducir una cocina que se basa en los productos de sus regiones, y que no son encontrados en otras ciudades, haciendo con que el inmigrante tenga que cambiar sus usos, al preparar los alimentos. Para atender a una búsqueda de ingredientes españoles para los platos, muy importantes para la manutención de las tradiciones, tres frigoríficos surgieron en los años cincuenta, pues la importación no era posible en aquella época:

El Frigorífico Pirineos creado por José Ribas en 1958, una industria de embutidos catalanes. Al fallecer, su sobrinoAngel, ingeniero que siempre estuvo a su lado, asumió el control de la empresa desde entonces, compró un terreno más grande para la fabricación artesana de los embutidos, con solo siete obreros.“Los españoles siempre compran en el Mercado Central de Cantareira, vienen del interior, pues saben que encuentran lo que necesitan en mi tienda, que tiene más de cuarenta años en el Mercado”. 2 Así El describe sus productos de la cocina catalana y española en general, como elfuet,la butifarra catalana, blanca y negra, varios tipos demorcilla como la valenciana hecha de cebollas;de Palma de Mallorca, la mallorquina, la sobrasada; de Burgos hacela morcillacon arroz y hace también el chorizo que los españoles en general prefieren, como el tipo Riojano, picante, elCantipalo, lomos curados, una longaniza fresca tipo unabutifarra cruda, y de la región de Pamplona y País Bascola chistorra. Los productos son de buena calidad e permiten probarse los embutidos españoles en Brasil. El Frigorífico Torres fue inaugurado en 1960 por el andaluz ManoelRecena Torres, que vino solo a São Paulo en 1952, ya fallecido. Por no llamar a su esposa para que viniera a vivir con él, ella vino con cuatro hijos de edades entre trece y

2 Angel, en entrevista.

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tres años. Hoy sus hijos, los hermanos Quevedo 3 siguen con la elaboración de los embutidos: morcilla, chorizo de sangre, la sobrasada, laslonganizas, chorizos, etc. En la ciudad de Itu donde fue a vivir había un matadero que tiraba partes de los bueyes que eran llevadas por italianos y españoles para hacer embutidos. Trabajó en el Frigorífico Raso, de italianos, donde aprendió a hacer los embutidos. El Frigorífico Salamanca fue organizado por tres hermanos de Guijuello conocida como la capital del jamón ibérico: Silvestre, Gregorio y Apolinar. Muchos frigoríficos intentaron reproducir eljamón ibéricoen Brasil, pero solo el Frigorífico Salamanca logro hacerlo, después de mucho tiempo para encontrar el tiempo cierto en cámaras frigoríficas. Antes de existir el Salamanca había otros frigoríficos como elBogrolo, Borela y Soquete, intentando hacer el jamón. En Santa Catarina, una empresa Perdigão los compro y todas se acabaron”. 4 Solo se quedo el Salamanca que hace un jamón igual al de España, si no es mejor, solo pierde al pata negra”. 5 Pasados diez años, tenían cinco carnicerías y el frigorífico de embutidos enCatanduva,en Estado de São Paulo. Empezaron la fabricación de otros embutidos como longaniza, salchichas y mortadelas. En una granja creaban los cerdos de manera especial, el sistema español.Hoy poseen quince cámaras y

3 AGUSTÍN RECENA QUEVEDO. Vino de Linares, Jaén, Andalucía consolo seis años, en 1953.

4 Sr. Francisco García, socio propietario de la Casa García enentrevista. 5 BALTAZAR MACIAS GARCÍA, 76 años de edad, nació en Lomba provincia de León donde vivióhasta 1954, AL emigrar llegando a São Paulo en un vuelo Iberia. Camarero en El Escorial, cerca de Madrid, vino a trabajar en Othon Palace Hotel en São Paulo, socio de su primo en Casa García hace 40 años.

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hacen 2000 jamones mes, jamón reconocido como de gran calidad.

Así gracias a la producción de productos y embutidos españoles los gallegos y andaluces pudieron probar de la gastronomía española en otro país. También el hecho de haber bares y restaurantes en la ciudad, les permitía mantener sus hábitos alimentarios y no olvidarse de sus especias de origen como el azafrán, los pimientos, el aceite, los ajos que perpetuó de alguna manera las costumbres de sus regiones españolas.

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79 Os logradouros dos imigrantes galegos no paraíso tropical: as cadeias migratorias e as redes de

Os logradouros dos imigrantes galegos no paraíso tropical: as cadeias migratorias e as redes de solidariedade no Rio de Janeiro

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Os logradouros dos imigrantes galegos no paraíso tropical: as cadeias migratorias e as redes de solidariedade no Rio de Janeiro 1

Erica Sarmiento da Silva 2

Percorrendo os logradouros cariocas A travessa do comércio ostentou ontem à noite o

mesmo triste espetáculo (

espanhóis e italianos ali procuravam abrigar-se e passar a noite em promiscuidade e abandono que quaisquer que sejam as causas é deprimente para a administração pública. Acreditemos que eles não têm direito ao acolhimento nas hospedarias do Estado, nem razão justificada para se queixarem da falta de ocupação, mas a sua vagabundagem e a sua miséria, ainda que merecida, não podem continuar daquele modo sem grave responsabilidade dos poderes públicos. Dêem-se lhes agasalhos, ou permita-se-lhes que voltem aos países de onde vieram ainda mesmo com o sacrifício do Estado. Os interesses da boa imigração são muito mais importantes do que os motivos regulamentares que possam explicar e até justificar o abandono daquela gente 3 .

Dezenas de imigrantes

)

O Paiz, ano de 1889

1 Este artigo foi apresentado na Revista de Estudos Migratorios:

Revista Galega de Análise das Migracións, vol. V, n.1 (2011), Santiago de Compostela. 2 PPGH-mestrado-UNIVERSO/ Laboratório de Estudos de Imigração (LABIMI)-UERJ
3

O Paiz, terça-feira, 8 de fevereiro de 1889.

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No ano de 1889, período auge da imigração de massas, o jornal O Paiz pede que as autoridades se responsabilizem pelos emigrantes, ao mesmo tempo em que os julga merecedores da situação em que se encontram, submersos na vagabundagem e na miséria. O discurso ambíguo, veiculado pelo periódico carioca, faz parte do cenário que se formava na então capital brasileira: o Rio de Janeiro. Receptora de imigrantes e vivendo o seu período de modernização, a cidade, no ano de 1920, já abrigava 20% de população estrangeira. No censo de 1906, dos 210 515 imigrantes, 133 mil eram portugueses, 25 557 italianos e mais de 20 mil eram espanhóis. No censo de 1920, o quadro se repete com os espanhóis mantendo o terceiro lugar como contingente imigratório no Rio (MOTTA, 1982, p.141). Nos primeiros anos do século XX, no governo do prefeito Pereira Passos a cidade passou por uma radical reestruturação. Era necessário modernizar o país, começando pela capital. Fazer das suas ruas um espaço digno de se viver, seguindo os padrões europeus. Remodelar a cidade significava destruir o que não correspondia esteticamente ao cenário de beleza idealizado para o convívio de uma elite. As camadas populares que habitavam as áreas centrais da cidade, onde estava localizado o comércio e grande parte do mercado de trabalho, foram as primeiras a serem atingidas pelas mudanças. Para seguir os padrões estabelecidos pela modernidade, foram destruídos os cortiços, as estalagens, todas as moradias baratas que enfeavam o cenário e não combinavam com o planejamento urbano idealizado pelos engenheiros e políticos da época. A população de baixa renda foi a mais afetada, tendo que se deslocar para a periferia, criando novos bairros, ou permanecendo nas pensões ou cortiços que resistiam às reformas urbanísticas.

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A cidade começou a crescer de forma contínua. Suas ruas e avenidas despontavam em um rápido ritmo, surgiam os novos transportes como o bonde e o automóvel, apareciam os bancos e as indústrias. A demografia carioca também apresentou importantes transformações em sua estrutura populacional, com a chegada de centenas de migrantes rurais e o aumento da imigração. A população do Rio, em 1870, se limitava a 235.381 pessoas, já em 1890 contava com 522.651 e 15 anos depois, em 1906, eram 811.443 os que habitavam a “cidade maravilhosa”. A população continuou aumentando desenfreadamente e, em 1920, a cifra alcança o total de 1.157.873 4 . Junto com esse crescimento, aparecem também as epidemias de varíola, peste e febre amarela. As enfermidades contaminam as zonas mais pobres da cidade, onde se aglomeram os prostíbulos e os cortiços. São as duas faces de um Rio de Janeiro que se desenvolvia ignorando as classes populares. Dentro desse contexto, a imigração se intensifica, acompanhando a transição para uma ordem capitalista, desde uma sociedade constituída por uma massa de exescravos analfabetos e despreparados. O aumento do custo de vida era agravado pela chegada dos estrangeiros. Ampliava-se a oferta de mão-de-obra e a luta pelos escassos empregos disponíveis.

Foi convivendo nesse cenário que muitos galegos disputaram e conviveram nesses espaços centrais do Rio

4 MENDONÇA MOTTA, Mary Hesler de. Imigração e trabalho industrial- Rio de Janeiro (1889-1930). Dissertaçao de mestrado apresentada na UFF, Niteroi, p.141. A autora alerta a imprecisão dos dados dos censos do Rio de Janeiro dos anos de 1906 e 1920, alegando que entre os dois censos, para o mesmo ano, os resultados não correspondem. Por exemplo, a população do Rio para o ano de 1872 está registrada nos dois censos com diferentes resultados. As estatísticas oficiais sempre contém uma porcentagem de erros.

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de Janeiro. Alguns bairros, como vermos nas páginas seguintes, constituíram-se em reduto da coletividade galega, que encontrou moradia e trabalho, reforçando suas cadeias imigratórias (CARVALHO, 1987, p.21).

Através do cruzamento de fontes nominativas, realizamos um estudo sobre a inserção socioprofissional dos galegos no Rio de Janeiro. As fontes que nos ofereceram dados substanciais sobre a localização dos galegos pelos logradouros cariocas foram os arquivos privados do Hospital Espanhol e do Consulado Espanhol. Essa documentação foi a base inicial para o diálogo com outras fontes qualitativas, como podem ser os processos de expulsão, os periódicos da época ou as entrevistas realizadas com os imigrantes. Os testemunhos dos imigrantes serviram para corroborar a existência e importância das localidades e, ao mesmo tempo, ajudar a identificar a classificação do imóvel, se este era uma casa de cômodos, pensão ou estabelecimento comercial. A partir da amostra retirada das matrículas dos sócios do Hospital e dos inscritos no Consulado Espanhol, formada por mais de 3500 indivíduos, extraímos as primeiras informações da coletividade galega como os municípios de origem, a profissão, o ano de chegada, o número de repatriados, o estado civil, a alfabetização e a localização espacial dos imigrantes nas ruas do Rio de Janeiro. Por primeira vez, vinculou-se o lugar de origem com a sociedade de destino, encontrando, dessa forma, os focos migratórios. Apesar da diferença da natureza das duas fontes, alguns dados como a profissão, o município de origem e a residência na sociedade receptora foram aproveitados numa única base de dados.

Nas matrículas dos sócios do Hospital Espanhol, recolhidas em três livros correspondentes aos anos de 1859 até

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a década de 20 do século passado, foi a fonte que mais

contribuiu com informações sobre os pioneiros da emigração de massas. Entre os anos de 1859 e 1880, encontramos 218 imigrantes galegos matriculados no Hospital Espanhol. Essa informação, junto com os dados pessoais de cada sócio, possibilitou a localização geográfica dos pioneiros pelos bairros cariocas, assim como a construção das cadeias migratórias e a antiguidade da emigração galega no Rio de Janeiro. Foi possível, por exemplo, distribuir os galegos pelas

ruas do Rio de Janeiro, classificar as suas atividades profissionais e a partir daí, formular uma série de perguntas: se

as atividades exercidas estavam associadas ou não aos espaços

físicos onde se desenvolviam; se estavam próximos a outros grupos de imigrantes de maior tradição histórica e relevância numérica; se havia concentrações de galegos em determinadas ruas; se os pioneiros procediam de zonas com tradição migratória a Rio de Janeiro ou se exerciam atividades que foram seguidas pelos grupos migratórios posteriores; se esses pioneiros exerceram o papel de mediadores nas redes de socialização, ajudando os recém-chegados a conseguir o primeiro emprego e a primeira residência, etc.

A riqueza da documentação relacionada às listas consulares e de associações em geral, sem dúvida, permite construir tipologias e ampliar o conhecimento acerca do objeto

de estudo.

A Freguesia de Santo Antonio e A Lapa: Os Arcos da Lapa, A Lapa e a Rua do Lavradio

Bairro que se tornou famoso na história da cidade pela sua vida nocturna dissoluta, bairro de cabarés baratos, de casas de baixo meretrício, de malandros, de jogadores, valentões e invertidos, e do

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“trottoir” de pobres mulheres ditas perdidas, como

consta de muitos crônicas e livros GERSON, 2000, p.236)

(BRASIL

Essa era a imagem da Lapa e seus arredores desde o Oitocentismo em diante. Um bairro boêmio, cheio de pequenos hotéis que serviam de encontros amorosos para a classe baixa ou simplesmente para hospedar trabalhadores que não tinham condições de ter uma casa própria ou pagar aluguel nas áreas mais privilegiadas da cidade. As suas ruas, como a Joaquim Silva ou as Marrecas, no começo do século XX, se converteram em ruas cheias de prostíbulos que aí permaneceram até depois da década de 1940. Nas Ruas do Lavradio, Lapa, dos Arcos, Joaquim Silva e Visconde de Maranguape, viveu, trabalhou e teve negócios uma boa porcentagem da imigração galega do Rio de Janeiro. Se somarmos os galegos que estiveram nas três ruas principais da freguesia de Santo Antonio e do bairro da Lapa (Lavradio, Arcos da Lapa e Rua da Lapa), temos um total de 258 emigrantes, o equivalente a 7,6% de toda a amostra recolhida 5 . A província de Pontevedra concentrou 50% dos 258 emigrantes que viviam nesta zona; A Coruña contribuiu com 36% e Ourense com 14%. Das três ruas mencionadas, a do Lavradio foi a de maior importância numérica, aglomerando 135 emigrantes (3,8% do total de toda emigração), seguida da Rua dos Arcos (2,25%) e por último, a Rua da Lapa (1,23%). Esta área do Rio de Janeiro acolheu galegos de todas as províncias, porém com uma maior

5 A amostra utilizada neste artigo, como explicada no item anterior, é referente a 3500 imigrantes, recolhidos nas matrículas dos sócios do Arquivo privado do Hospital Espanhol do Rio de Janeiro, a partir de 1859 até os anos 20 do século XX, e do Consulado Espanhol, a partir de 1877 até 1939.

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concentração em determinadas províncias, como Pontevedra e A Coruña. 6 A província de Ourense, por exemplo, estava bastante dispersa entre as ruas do Centro do Rio, e também nos subúrbios. Aí temos uma realidade condizente com as características da emigração ourensana, que, ao contrário das províncias de Pontevedra e A Coruña, não tiveram concelhos (com a exeção de Melón) com altos índices de emigração. Entretanto, encontramos alguns focos tanto na freguesia de Santa Rita (Ruas Senador Pompeu, Camerino e Barão de São Félix), como na freguesia de Santo Antônio (Rua do Lavradio) ou na Lapa. Nesta última freguesia, contabilizamos 5,5% do total da emigração ourensana, que se divide entre vários concelhos de diferentes áreas geográficas da província, como podem ser Melón, Pereiro de Aguiar ou Xinzo de Limia. Cada concelho oferece um pequeno número de emigrantes, que na maioria das vezes, não ultrapassa cinco pessoas. Daí a dificuldade de analisar, em nível micro, as cadeias migratórias desta província e de construir um perfil dessa emigração, tanto pela sua dispersão por diferentes bairros do Rio de Janeiro, como pela pouca concentração de vizinhos em uma mesma localidade. Supostamente, o fato de não ter um grande contingente dividido em zonas (caso dos municípios pontevedreses) ou concentrado em um único concelho (caso de Santa Comba) pode ter colaborado para a sua maior dispersão, se comparado às outras províncias, como conseqüência da busca de apoio nas cadeias migratórias mais antigas e fortalecidas originárias de outras províncias. Seria uma cadeia em nível interprovincial. Também no caso de

6 Resultados extraídos da matrículas do Hospital Espanhol e das fichas do Consulado Espanhol, ambas localizadas no Rio de Janeiro, entre os anos de 1850 a 1939.

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Ourense, ao ser uma emigração mais tardia para o Brasil, se comparada aos outros concelhos, predominando nas primeiras décadas do século XX, obrigou os seus vizinhos a buscarem sua inserção sócio-profissional naquelas localidades onde já existiam concelhos com maior tradição 7 . Na província de Pontevedra, apareceram 21 concelhos distribuídos por essas três ruas do Rio de Janeiro, entretanto algumas zonas apresentam maior contingente migratório que outras. Na Lapa e na freguesia de Santo Antonio prevaleceram numericamente os municípios que limitam com o norte de Portugal e alguns do litoral sul da Galiza, como As Neves, Arbo, Tui, Gondomar ou O Rosal. Um dos fatores explicativos para a escolha dos destinos migratórios dos galegos é a emigração intrapensinsular. Para o caso do Brasil, está relacionado a municípios ou áreas com forte tradição migratória a Portugal. Como exemplos, segundo estudos realizados por vários especialistas, temos a área geográfica do sudeste de Pontevedra, mais especificamente os concelhos de Pontecaldelas, Fornelos de Montes, A Lama e Cotobade; o município de Santa Comba, da província de A Coruña, e, por último, o Concelho de Melón, localizado na província de Ourense 8 . Esses municípios são os que apresentam o maior

7 Para ver a distribuição da emigração galega a Rio de Janeiro por províncias, vid. SARMIENTO, Érica. Galegos no Rio de Janeiro (1850-1970). Tese de doutorado apresentada na Faculdade de Geograf[ia e Historia. Universidade de Santiago de Compostela,

2006.

8 Vid. GONZÁLEZ LOPO, Domingo. “Una aproximación a la emigración de la Galicia Occidental entre mediados del siglo XVII y el primer tercio del XX, a través de las fuentes protocolares y archivos parroquiales”. Revista da comisión galega do quinto centenario, nº 6, 1990, pp. 135- 169; BARREIRO MALLÓN, Baudilio. La jurisdicción de Xallas en el siglo XVIII. Población,

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contingente emigratório a Rio de Janeiro dentre todos os municípios de suas respectivas províncias 9 . Alguns municípios da província de Pontevedra, aqueles localizados no centro e no sul, têm uma antiga tradição emigratória ao Brasil, já registrada desde a década de 50 do século XIX. Segundo estudos realizados por González Lopo (2000, pp.270-278), nos arquivos paroquiais pertencentes aos municípios de Ponte Caldelas, Fornelos de Montes, A Lama e Cotobade aparecem informações que indicam um claro predomínio de emigração a Portugal, o que facilitaria os primeiros contatos dos galegos com o Brasil. Em outra zona pontevedresa, na chamada Terra de Montes, que engloba os municípios de Beariz, Cerdedo e Forcarei, a partir de meados do século XIX, Brasil passa a ser o principal destino de atração americano, principalmente as cidades de Santos e São Paulo e, em menor medida, Rio de Janeiro (FERNÁNDEZ CORTIZO, 1990, p.182). Ainda que nos deparemos com índices emigratórios em quase todos os concelhos pontevedreses, o centro-sul da província de Pontevedra é, sem dúvida, a zona de maior fluxo a Rio de Janeiro. No limite com o Minho português e sofrendo influência desses vizinhos, essa região galega foi desencadeando uma emigração que atingiria quase todos os

sociedad y economia. Santiago de Compostela: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Santiago de Compostela, 1977; FERNANDEZ RODRIGUES, M.A. “Evolución migratoria en el municipio de Melón: mediados del siglo XVII a comienzos del siglo XX”. In: Eiras Roel (ed.). Aportaciones al estudio de la emigración gallega. Un enfoque comarcal. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1992, p. 167-176. 9 Vid. SARMIENTO, Érica. Galegos no Rio de Janeiro (1950-1970). Tese de doutorado, Faculdade de Geografia e Historia, Universidade de Santiago de Compostela, 2006.

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municípios pontevedreses (com maior ou menor intensidade), mantendo uma continuidade e a sobrevivência de cadeias migratórias ao longo de mais de um século. Os portugueses se adiantaram a essa emigração, claro está, por questões históricas, alternando, assim como os galegos, os destinos entre Brasil e as regiões intrapeninsulares (FERNANDES ALVES, 1994). Na Rua do Lavradio, onde está a maior concentração de pontevedreses, com 135 emigrantes (52% do total das três ruas), o município de As Neves representa 7,75% do total das três ruas e 15% dos que viveram no Lavradio. É o município com maior número de emigrantes tanto na Rua do Lavradio como também na Rua dos Arcos. Foi o único concelho, para a toda a Galiza, que contou com mais de 20 emigrantes vivendo na Rua do Lavradio. No número 77, da mesma rua, existiu uma hospedaria, onde residiram vários galegos. A documentação, muitas vezes, não deixa entrever o tipo de moradia que existia nos endereços: se era quarto, casa de cômodo, comércio, etc. As fontes orais, nesses casos, contribuíram para relatar este tipo de informação. Assim ocorreu com o n° 77, onde viveu M. G. G., nascido no concelho de As Neves: “Quando cheguei fui morar sozinho. Era ali no morro de Santo Antonio, na Rua Lavradio, 77. Moravam muitos galegos, era o chamado cabeça-de-porco, que se disse aqui. Eram mais de 50 famílias que moravam ali. Havia muita família portuguesa e brasileira também.” 10 Esse emigrante chegou no ano de 1950 e, ainda nessa época, os galegos continuavam utilizando as pensões do

10 Entrevista a M. G. G. no dia 4 de novembro de 2003, no Rio de Janeiro. Os emigrantes entrevistados pela autora deste artigo serão identificados pelas iniciais do nome e sobrenome.

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Centro do Rio como a forma mais econômica de sobreviver, tal como ocorria no começo do século. A diferença da segunda emigração de massas em relação aos que emigravam no começo do século XX é que, quando conseguiam juntar as suas economias, buscavam uma casa para alugar ou para comprar nos subúrbios ou nos arredores da área central, como podia ser o bairro do Méier, Penha ou, no caso do emigrante entrevistado, o bairro de São Cristóvão. Os que podiam se permitir comprar um imóvel nos bairros mais privilegiados, mudavam-se para a zona sul, perto da praia, nos bairros do Flamengo, Botafogo ou Copacabana. Encontramos em décadas anteriores, vivendo no número 77, da Rua do Lavradio, outros emigrantes: dois do concelho de As Neves, quatro de Santa Comba, 1 de A Baña, 1 de Ponteareas, 1 de Salvaterra do Miño e 1 de Ourense. O mais antigo era do Concelho de As Neves. Chamava-se Eduardo Sanchéz Gil e se registrou no consulado no ano de 1915. Ou seja, desde 1915 até a década de 50 é provável que muitos galegos procedentes do concelho de As Neves tenham residido nesta localidade. Como as hospedarias eram lugares temporais, era relativamente comum encontrar um segundo endereço nas fichas do consulado. O próprio Eduardo Sanchéz Gil, na década de 40, vivia na Rua Mem de Sá, outra localidade próxima à zona central do Rio. Este concelho pontevedrês, onde mais se aglomeraram seus vizinhos foi no número 41 da Rua do Lavradio: de 14 galegos, 10 procediam de As Neves. As pensões populares, como os pequenos hotéis, os cortiços e as “cabeças-de-porco 11 ” foi uma realidade da

11 Casas de cômodo, muito comum no começo do século XX, no Rio de Janeiro, antes das reformas urbanísticas, a partir de 1906. Eram habitações coletivas, com banheiro e cozinha também coletivos.

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emigração galega e portuguesa no Rio de Janeiro. O número 77, não era a única casa que alugava quartos. Nas fichas do Consulado Espanhol, por exemplo, os números 38, 63 e 170 da Rua do Lavradio também eram casas. Nos dados pessoais do emigrante Maximino Gesteira Loural, de Redondela, aparece o seguinte endereço: “Rua do Lavradio, n° 63, Casa 2”. A antiguidade dessa rua como moradia de galegos remete-se ao século XIX. A partir de 1879 até o ano de 1899, aparecem 12 emigrantes vivendo aí. A emigração continuou, segundo as fontes escritas até a década de 1930 e segundo as fontes orais, até a década de 1950. As áreas centrais que serviam de moradia estavam unidas à vida profissional. Por isso, muitos galegos tiveram seus hotéis, restaurantes ou pequenos comércios também no centro da cidade. Nas fichas do Consulado Espanhol do Rio de Janeiro, aparecem no item referente ao endereço, nomes de hotéis, que podiam tanto ser a residência como o local de trabalho ou ambas as coisas. Na Largo da Lapa, por exemplo, encontramos o “Grande Hotel” e o “Hotel Guanabara”. No primeiro deles, localizado no número 47, encontramos seis emigrantes vivendo nesta localidade na década de 1920, oriundos de todas as províncias galegas. Na Rua do Lavradio, os emigrantes se hospedavam e também alugavam quartos. Aproveitaram a conjuntura e a demanda do mercado para abrir suas hospedarias. Não só os do sul de Pontevedra e os de Ourense estiveram pela Rua do Lavradio, também os de Santa Comba e municípios vizinhos deste concelho habitaram essa parte do Rio de Janeiro. M. M. C., de Santa Comba, não só viveu na Rua do Lavradio, como também foi sócio de um dos hotéis, no número 68:

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Quando cheguei estava fazendo negócio com um hotel na Rua Lavradio, 68, hoje Hotel Casablanca, naquele tempo Hotel Lavradio. Eram de rapazes conhecidos e meu pai comprou uns pontos para mim e eu fui trabalhar ali 6 meses, desde o 31 de agosto de 1957 até os primeiros dias de abril de 1958. Saí dali porque meu pai construiu o Hotel São Cristóvão. No lavradio eu tinha 6 pontos de sociedade e em São Cristóvão tínhamos 25 pontos. Uma casa nós dividíamos em porcentagens. O Lavradio continuou bastante tempo, depois eu vendi. 12

Os emigrantes costumavam chamar de “pontos” as pequenas parcelas que compravam em sociedade. À medida em que as economias aumentam, os “pontos” também cresciam ou, em outros casos, compravam-se “pontos” em melhores áreas da cidade. Nesse caso, o Hotel Lavradio, como disse M. M. C., “eram de rapazes conhecidos”, ou seja, de vizinhos de Santa Comba ou de galegos. A presença dos xallenses nesta freguesia era muito mais antiga. O primeiro emigrante foi encontrado no ano de 1912 e a cadeia migratória seguiu até a década de 50. A emigração de Santa Comba ocupou 20,3% do total dos galegos que viviam na Rua dos Arcos, no Lavradio e na Lapa. Uma cifra que só está por debaixo do concelho pontevedrês de As Neves. Somente na Rua do Lavradio, entre 1912 e 1939, viveram 20 xallenses, a maioria dele nos números 122 (de 18 moradores, 6 eram de Santa Comba) e número 125.

12 Entrevista com M.M.C. no dia 12de novembro de 2003, no Rio de Janeiro.

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No que diz respeito à emigração intrapeninsular do concelho de Santa Comba, Portugal está entre os destinos preferidos dos seus habitantes. Segundo Baudilio Barreiro, nos seus estudos realizados sobre a jurisdição de Xallas, os emigrantes vão diretamente à cidade do Porto como moços de serviço, porque é a única capaz de absorver um número elevado de empregos temporais e de ambulantes. Entre os anos de 1757 e 1784, a porcentagem de 18% dos varões casados havia estado em Portugal:

Las preferencias a la hora de elegir destino se las lleva Portugal ampliamente sobre Castilla. En porcentajes correspondería el 86 % a Portugal y el 14 % a Castilla. A Portugal van como mozos de servicio en sus múltiples variantes: por eso Portugal equivale a decir Oporto, única ciudad que puede absorber un número elevado de empleos temporales y callejeros. Allí trabajan de aguadores, recaderos y mozos de mercado. A castilla van, en cambio a trabajar en el campo, a las labores de siega y tal vez de esquileo y carbôneo(BARREIRO MALLÓN, 1977, 253-254).

A atividade complementar do município também possibilitou a emigração a Portugal. Apesar das famílias de Santa Comba viverem predominantemente da agricultura, com terras arrendadas ou trabalhando nas suas próprias fincas, havia um trabalho que predominava na zona e que ajudava a aumentar a economia doméstica: a arriería. Através dos transportes de mercadorias, principalmente de cereais (trigo, sal e vinho), de carvão e areia, os camponeses conseguiam o dinheiro necessário para pagar seus impostos e cobrir o déficit das colheitas. Levavam as mercadorias a várias cidades galegas, como Santiago ou Pontevedra e, muitas vezes, se deslocavam até as fronteiras de Castela e de Portugal, para

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venderem vinho ou outros produtos (BARREIRO MALLÓN, 1977, p. 422-440). Na década de 60, os galegos continuaram comprando hotéis na Rua do Lavradio. J. A. I., de Mazaricos, foi um deles. Chegou no Rio de Janeiro em 1963 e junto com os irmãos que já estavam na cidade, comprou uma hospedaria nessa rua. Segundo palavras do emigrante: “é um lugar muito ruim, daquela não tanto. Na minha época tinha menos galegos, mas ainda era um lugar que tinha muitos galegos. Os galegos aqui no centro moravam na Rua do Lavradio, na Gomes Freire ” Nos livros de prófugos do Concelho de Santa Comba, na década de 50, encontramos 15 emigrantes vivendo na Lapa, na Rua dos Arcos e na Lavradio. Os endereços aparecem a partir da década de 50, mas sabemos que nestas ruas já havia galegos vivendo desde a primeira emigração. Na Rua da Lapa, entres os anos de 1951 e 1955, moravam cinco vizinhos, e nas ruas próximas, como a dos Arcos, a Visconde de Maranguape e a Joaquim Silva, no mesmo período, havia cerca de 10 emigrantes de Santa Comba. O que está claro é que muitos xallenses se agruparam nesta freguesia carioca tanto na primeira emigração massiva como na segunda. Os municípios vizinhos de Santa Comba, como Mazaricos, Vimianzo ou Outes também tinham emigrantes nesta zona. Foi o caso de S. J. P., de Vimianzo, que emigrou em 1960. Decidiu sair da Espanha, porque já tinha o irmão no Rio de Janeiro, além de outros familiares que emigraram antes dele. O primeiro lugar onde morou foi na Lapa. O bairro lhe servia somente como residência, pois se deslocava todos os dias até Copacabana

13

13 Entrevista a J. A. I. no mês de outubro de 2000, no Rio de Janeiro.

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para trabalhar de garçom. Quando comprou seu próprio restaurante, foi viver em Nova Iguaçu, um município da chamada Baixada Fluminense, onde os imóveis eram mais acessíveis que nas áreas nobres. Dizia que “na Lapa tinha muito espanhol. Era tudo espanhol 14 ”. Na Rua do Passeio, nº 70, ainda no bairro da Lapa, estava o famoso “Restaurante Cosmopolita”, cujo proprietário era Raimundo Rodríguez Martínez, natural de Melón, e um dos sócio-fundadores e diretores do Recreio dos Anciãos. A Rua do Passeio começou nas proximidades da Rua da Ajuda, a antiga localidade onde viveram diversos galegos no final do século XIX. Acreditamos que, com a extinção da Rua da Ajuda, a freguesia de Santo Antonio foi ganhando espaço e passando a ser uma das freguesias centrais de maior emigração galega.

Dos galegos que viveram na freguesia de Santo Antônio, a maioria deles trabalhou no comércio (67,2%). Não podemos comprovar em que tipo de comércio, já que prevalecem as definições de caráter mais geral como “negociantes” e “empregados”. Entretanto, nos arriscamos a vincular a profissão dos emigrantes com o setor da hotelaria, não só pelos depoimentos dos entrevistados, como também pelas características do próprio bairro, dotado de restaurantes e pensões. Isso não exclui, por suposto, o pequeno comércio. Nos processos de expulsão de estrangeiros, uma fonte rica em informação acerca do cotidiano dos imigrantes, analisando os casos de crimes de lenocínio, crimes contra a ordem e moral pública pelo uso da prostituição, percebemos que muitos galegos eram acusados devido ao tipo de negócios

14 Entrevista a S. J. P., no dia 26 de setembro de 2000, no Recreio dos Anciãos, Rio de Janeiro.

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que tiveram no Rio de Janeiro: as hospedarias. Por exemplo, o caso dos irmãos de Santa Comba, Celestino e Manuel Gerpe Blanco, acusados de lenocínio. O primeiro foi expulso e o segundo teve um pouco mais de sorte, porque teve condições de contratar um advogado e foi posto em liberdade 15 . As hospedarias e casa de cômodos, abundantes no começo do século XX por oferecer serviços baratos aos trabalhadores das classes baixas, também se transformaram em lugar de prostituição do baixo meretrício carioca. Localizadas nas ruas centrais do Rio de Janeiro, esses hotéis serviam de moradia e de “comércio do prazer” para os brasileiros e estrangeiros que combinavam as jornadas de trabalho com o ócio. Os donos do comércio alugavam quartos por hora para todos os tipos de cliente, inclusive para as prostitutas que trabalhavam nas vizinhanças. Neste tipo de comércio, muitos galegos investiram as suas economias, comprando pequenas participações em sociedade, sem se importarem com a localização e o tipo de cliente que freqüentava esses espaços. Era um negócio rentável, de baixos investimentos e rápida ascensão. A clientela não era exigente e a escassez e a carestia dos aluguéis aumentavam a demanda pelos quartinhos de pensões e hotéis baratos. A classe trabalhadora não tinha muita opção, não podia permitir-se o luxo de pagar um aluguel de um imóvel e

15 Arquivo Nacional, Processo de expulsão, Pac. IJJ7 169. Só encontramos o processo de Manuel Gerpe Blanco. No seu expediente aparecia a informação de que o seu irmão Celestino já havia sido expulso por lenocinio (não encontramos o ano da expulsão). Os dois aparecem nos livros de Censo do Concelho de Santa Comba do ano de 1919 e Manuel Gerpe Blanco estava inscrito no Hospital Espanhol no ano de 1919.

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era necessário viver próximo ao local de trabalho para evitar longos deslocamentos entre um bairro e outro. No jornal A Gazeta de Notícias, do dia 9 de janeiro de 1908, numa série de reportagens sobre as hospedarias do Rio de Janeiro, intitulada Os quartos do vício, um ex-proprietário de hospedarias, cuja identidade não é revelada pelo jornal, conta para os leitores o dinheiro que angariou num “quartelzinho de vício bem atreguezado”:

A hospedaria? O senhor não calcula que bom negócio é esse. Acredite, se eu não tivesse velho (

tinha desviado alguns cobres do meu capital para fundar

uma; apesar, sim, apesar das muitas que agora estão aparecendo e que se fazem uma concorrência dos diabos. Mas há gente para todas, há gente para todas.”

) eu

O comerciante, que depois de enriquecer com as hospedarias, se aposenta e se dedica a emprestar dinheiro à juros, lembra, com satisfação, do começo da sua inversão e dos “conhecimentos” utilizados para abrir esse tipo de negócio: “Saiba o senhor que com uns dois contos de réis ( ) e uns conhecimentos entre algumas mulheres, e a hospedaria está preparada a olhos vistos. Os dois contos seriam para a mobília, só o essencial- camas, cadeiras, lavatórios; para os quartos nobres mesinhas de cabeceira.” Tudo estava muito bem calculado, tostão por tostão. O aluguel da casa podia custar 400$ (réis), o ordenado de um encarregado uns 150$, os gastos 120$, somando uma despesa mensal de 660$. Havia truques para diminuir os gastos, como por exemplo, utilizar os mesmos lençóis de um quarto para o outro, até mesmo num período de uma semana! Para ter uma clientela abundante, durante todo dia, era necessário “um conhecimento entre algumas mulheres”, o que transformava a

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pensão, durante o dia, em um “lugar de encontros”, e à noite, em quartos de dormir.

“Numa casa de 400$ consegue-se muito bem uns

dez quartos (

vez, às vezes se alugam três e quatro vezes por dia- a

questão é ser a casa bem afreguezada! Demos-lhe, porém, uma média de quinze vezes por dia. Cada

quarto, numa hospedaria, -assim, assim- dá (

menos de 5$. Temos, portanto, por dia 75$, o subsídio

de um deputado! É ou não é um bom negócio! Num ano, com o capital de dous contos, numa hospedaria modesta e uma freguesia regular, um homem embolsa nada menos de vinte contos, limpinhos, sem guarda-livros, nem cobrador!” 16

nada

esses dez quartos nunca se alugam uma

)

)

Como as primeiras economias só permitiam comprar pensões a preços módicos, em locais de baixo meretrício,

muitas foram confundidas com casas de prostituição de baixa categoria. Entretanto, os comerciantes não tinham vínculos com as prostitutas, unicamente alugavam os quartos e se aproveitavam da situação. O emigrante de Santa Comba F. L. L. toma com bom-humor seus começos no Rio de Janeiro como dono de hospedarias. Depois de deixar seu trabalho de camareiro, comprou uma pensão com quatro sócios galegos no

) eram

Centro do Rio de Janeiro onde estavam as mulheres (

onde estavam aquelas mulheres. Era o sítio reservado para isso, naquele tempo era assim. Tínhamos o preso certo para cobrar e elas estavam ali praticamente nuas (risos). Tudo pelo

16 A Gazeta de Notícias, 9 de janeiro de 1908.

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Centro eram só hospedarias. Depois mudei de local e me senti melhor, já não tinha aquele mau ambiente. 17 O dono de uma agência de viagens, J. S. S. conhecia bem a atividade dos xallenses no Rio de Janeiro:

Ellos tenían hoteles, pensiones. Era pensión de origen barato, ¿no? Baratas. Pero entre ellos allí, eran parejas que iban allí… en Río de Janeiro hay muchos moteles que pertenecen a gallegos. Hoy en día son hoteles de lujo, pero de aquella eran (risos)…Hoy, siguen con el mismo sistema, pero son moteles de lujo. 18

As casas de meretrício, a prostituição e o lenocínio invadiram o Centro da cidade no começo do século XX e, junto com o tráfico de mulheres brancas, viraram motivo de preocupação para a polícia e os órgãos judiciais da República. Segundo a estatística apresentada pelo delegado do 12º Distrito Federal, no ano de 1914, contabilizavam-se na sua circunscrição 94 casas ocupadas por meretrices, compreendendo as ruas do Lavradio, Gomes Freire, Rezende, Arcos, Senado, Visconde do Rio Branco, Riachuelo, Mem de Sá e Praça dos Arcos e Governadores. Nestas casas habitavam 299 mulheres, das quais a maioria, 160, estava composta por estrangeiras, sendo que desse total, 33 eram rusas, 30 italianas e 20 espanholas (Medeiros de Menezes, 1992:51). Na maioria dessas ruas como a do Lavradio, Arcos, Senado, localizadas na freguesia de Santo Antonio e no bairro da Lapa, era onde

17 Entrevista a F. L. L., no dia 10 de setembro de 2003, em Santa Comba.

18 Entrevista a J.S. S., em junho de 2002, em Santa Comba.

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estavam muitos hotéis de galegos, ademais das suas residências.

O processo de expulsão de Manuel Gerpe Blanco, no

ano de 1921, comprova, mais uma vez, a participação de galegos nas hotelarias cariocas 19 . Em 1915, sofreu a primeira detenção, responsável por ser proprietário de três hospedarias freqüentadas pelo baixo meretrício. Foi posto em liberdade e vendeu todas as hospedarias que estavam vigiadas pela polícia, comprando dos prédios na rua da Harmonia e na Rua Senador

Pompeu (uma das ruas mais frequentadas por galego). Para esse caso em específico, não acreditamos que o acusado fosse cáften ou adquirisse hotéis com a única intenção de utilizá-los como bordéis, ainda que os quartos fossem alugados para prostitutas. No seu processo, não aparecem depoimentos de prostitutas, nem acusações que o indicie como explorador de mulheres, unicamente o processo denuncia a utilização do imóvel pelas meretrizes.

O advogado contratado para defender Manuel Gerpe

alega a expulsão injusta, explicando que o acusado já cumpriu a sua pena, mesmo que de forma injusta, já que ele se desfez dos seus primeiros negócios, passando a viver da renda dos

seus imóveis, um deles, alugado como casa de cômodos. Não existia nenhuma prova contra Manuel Gerpe, que depois de ter cumprido a pena que lhe fora imposta, tratou de procurar novo meio de vida honesto e digno. 20 Para comprovar tal fato, bastava ver as escrituras de venda das antigas casas.

19 Arquivo Nacional . Processo de expulsão, Pac.IJJ7 169.

20 Arquivo Nacional. Processo de expulsão, Pac.IJJ7 169.

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Tais documentos provam perfeitamente que o paciente nada tem com as casas que a polícia diz serem exploradas por ele, com o comércio do metrício, por assim expulsá-lo do território nacional, onde vive há 17 anos, só tendo unicamente contra a sua pessoa a única condenação que sofreu, cuja pena cumpriu logo após, com um meio de vida honesto. 21 Ademais, o advogado contava com outra arma de defesa: a expulsão do irmão do seu cliente, Celestino Gerpe Blanco, “sócio de Francisco Lima na hospedaria da rua D. Manoel, nº60”, expulso “com as falsas declarações dos comissários Péricles Barreto e investigador Bosseli, negando- lhe o direito de regeneração”. Dessa vez, havia um advogado brasileiro, envolvido na trama, e um cliente que tinha condições econômicas para pagar esse tipo de serviço. A polícia nada pode fazer e, no dia 26 de outubro de 1927, o delegado enviou uma carta ao Ministro de Justiça declarando que as provas recolhidas não eram suficientes para expulsar Manuel Gerpe Blanco e que o acusado havia sido posto em liberdade. A história dos indesejáveis da Capital Federal e sua conseguinte expulsão foi um instrumento utilizado pelas autoridades brasileiras para impor a ordem pública contra aqueles estrangeiros pobres e contestadores do sistema. A história oficial durante muito tempo quis esconder a participação das massas populares nos períodos mais conturbados da sociedade brasileira, recriminando o caráter passivo da população. Entretanto, a forma de atuação desses excluídos do sistema, existiu de forma não organizada, dispersa pelas ruas da cidade, coincidindo com o cotidiano contraditório da cidade, que vivia entre o atraso e o progresso.

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Percorrendo outros logradouros: As Ruas Camerino, Senador Pompeu e adjacentes

Continuamos utilizando as ruas do Rio de Janeiro como um fator explicativo da concentração espacial dos galegos. Sabemos que a localização das moradias é uma variável que não explica totalmente a mobilidade social de um grupo migratório. Quando encontramos uma rua onde viveram muitos galegos ao longo de várias décadas, por detrás desse endereço sabemos que existe uma série de fatores de ordem cultural e econômicos (as motivações, os projetos) que envolvem o custo da casa, as possibilidades de economizar para ser proprietário, ou para um possível retorno, a proximidade da casa do local de trabalho ou a busca de uma vivenda próxima a familiares ou vizinhos. Além disso, os endereços devem ser estudados como um dado inicial que pode ser alterado facilmente, já que os emigrantes mudavam de rua, ao longo de suas vidas, segundo a mobilidade profissional e econômica. A primeira moradia sempre estava associada com a precária condição econômica na qual chegava o estrangeiro, por isso costumavam escolher quartos coletivos e vivendas populares. O que era mais importante: as possibilidades que oferecia o mercado de trabalho do lugar escolhido (como a relação entre a distância casa/trabalho) ou as possibilidades que ofereciam os conterrâneos que já estavam estabelecidos em determinados bairros cariocas? Para os pioneiros, podíamos escolher a primeira alternativa, mas para aqueles que desembarcaram no Rio de Janeiro na emigração massiva, as redes de relações sociais é um fator clave tanto na busca do primeiro trabalho como da primeira casa. Samuel Baily explica, em seu estudo sobre os italianos em Buenos Aires e

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em Nova York, que as variáveis estruturais (localização e disponibilidade de trabalho, o mercado da vivenda) influenciaram os pioneiros, mas os indivíduos que chegaram posteriormente na cadeia migratória foram influenciados, em boa parte, pelas redes de vínculos pessoais já existentes (BAILY, 1985, p.42). Acreditamos que para o caso dos galegos no Rio de Janeiro ocorreu o mesmo processo. O seu espaço social, a priori, estava influenciado pelas condições sócio econômicas da própria cidade, mas com o tempo, com a chegada sucessiva de novos emigrantes, algumas ruas passaram a ser pontos de referências, não só pela sua localização estratégica, perto dos lugares de trabalho, como também porque já se havia estabelecido uma rede de parentesco e de vizinhança que oferecia apoio afetivo, econômico e profissional. A localização das principais ruas e bairros onde se concentravam os galegos serviu como base para defini-los dentro do contexto urbano carioca, além de vincular o local de moradia com as profissões exercidas e se essa ocupação geográfica e profissional tinha relação com as redes sociais. Próximos às zonas portuárias, na chamada freguesia de Santa Rita, moraram vários galegos no início do século XX. Esse dado já era conhecido por algumas bibliografias relacionadas com a emigração no Rio de Janeiro, que ressaltavam a concentração espacial de determinados grupos de estrangeiros. 22 O censo de 1906, por exemplo, distribuía a

22 Entre muitas obras bibliográficas, podemos citar a de Lená Medeiros de Menezes. Os indesejáveis: desclassificados da modernidade. Protesto, crime e expulsão na Capital Federal (1890- 1930). Rio de Janeiro: EdUERJ, 1996, e a dissertação de Lucia Maria Paschoal Guimarães, Espanhóis no Rio de Janeiro (1880- 1914). Contribuição a historiografia da imigração. Tese de

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população espanhola pelas freguesias de São José, Santa Rita, Santo Antonio e Gamboa, em ordem de importância numérica.

A freguesia de São José teve especial relevância na

comunidade galega desde a segunda metade do século XIX, como foi o caso da Rua da Ajuda, do bairro Cinelândia e das suas ruas adjacentes. Como já comentamos nas páginas anteriores, esse espaço do centro da cidade foi ocupado por redes que ultrapassavam os limites de uma aldeia ou de um concelho.

Na freguesia de Santa Rita, no ano de 1890, dos 43.601 habitantes, 12.315 eram portugueses e 1.720 eram espanhóis. Era uma zona próxima ao porto, onde se concentravam os estivadores, os carregadores de café, formado

por um contingente de negros escravos e libertos. No início do

século XX, o porto do Rio de Janeiro era um enorme complexo de unidades independentes que se estendia por

diversas ilhas da baía de Guanabara e se espalhava, no continente, da região fronteira ao Paço Imperial até as praias

das Palmeiras e São Cristóvão. Em uma sucessão de mais de

60 trapiches, quase sempre colados um ao outro, o sistema ocupava uma extensão de 12 quilômetros, aproximadamente, tomando toda a orla marítima das freguesias de Santa Rita e Santana. É importante marcar, contudo, que os trabalhadores da área não viviam apenas do porto. Segundo Velasco e Cruz:

concurso à livre docência de Historiografia apresentada ao Instituto de Filosofia e Ciencias Humanas da Universidade do Rio de Janeiro (UERJ), Rio de Janeiro, 1988. Ambas as autoras utilizam os recenseamentos do Rio de Janeiro dos anos de 1906 e 1920.

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A região era um importante centro artesanal e

Na região existiam inúmeros

estabelecimentos comerciais, armazéns de secos e molhados, botequins, restaurantes e várias firmas de transporte de mercadorias. As duas freguesias constituíam, portanto, um mercado de trabalho diversificado, dinâmico, e cujo crescimento contínuo ao longo da segunda metade do Oitocentos ajudou a transformar os bairros da Saúde e Gamboa em importantes locais de moradia (CRUZ, 2000, pp. 275-

manufatureiro

(

)

276).

Na Freguesia de Santa Rita, entre negros e portugueses, pequenos comércios e grandes exportadores de café, viveram os galegos nas Ruas Camerino, Senador Pompeu, Barão de São Félix, Visconde da Gávea, Saúde (atual Sacadura Cabral) e Prainha (atual Rua Acre) 23 . Conseguimos chegar até eles também, como nos casos anteriores, através dos endereços recolhidos nas matrículas do Hospital Espanhol e nas fichas do Consulado Espanhol. Na Rua Camerino e Senador Pompeu viveram 198 (5,6% do total da amostra) emigrantes galegos desde 1881 até o ano de 1938. Quem foram os galegos que viveram na Camerino e na Senador Pompeu? Diferentemente da Rua da Ajuda, onde encontramos emigrantes do concelho de Santa Comba e da província de Pontevedra, os concelhos pontevedreses se aglomeraram arredor dessas ruas formando uma cadeia intermunicipal que abrangia 86,5% do total de galegos que

23 Vamos analisar principalmente as Ruas Camerino e Senador Pompeu, porque eram as que reuniram maior número de imigrantes galegos (mais de 50). As outras ruas serão mencionadas, mas não se fará uma análise detalhada.

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viviam nessa localidade. Na Camerino, 23% do total era do concelho de Cerdedo, 21,1% de Cotobade, 11% de A Lama e de Forcarei; e na Rua Senador Pompeu, 13,6% pertencia ao concelho de Cotobade. Está claro que nesta zona havia habitações coletivas, pensões ou hotéis onde se hospedavam os emigrantes e que, através das cadeias migratórias, eram informados da existência de vizinhos ou parentes que já estavam ali. Na Rua Senador Pompeu, por exemplo, havia uma conhecida estalagem na passagem do século XIX para o XX, que servia como residência para trabalhadores e que foi demolida com as reformas urbanísticas do Prefeito Pereira Passos (Gerson, 2000: 209 e Aquino Carvalho, 1995:134). Na Antiga Rua dos Cajueiros, paralela à Senador Pompeu, se localizava a maior das cabeças-de-porco do Rio, com 4 mil moradores, destruída nas primeiras décadas do século passado. Em outra rua, chamada Sacadura Cabral (antiga Saúde), que se encontrava com a Rua Camerino, havia um hotel, chamado Hotel Europa, onde viveram 9 galegos na década de 30 24 . Na década de 1940, quando chegou, desde o concelho de As Neves, o emigrante F. F. C., as pensões continuavam servindo de pousada para os galegos. Na Rua General Caldwell, atrás da Praça da República, no número 219, estava a casa da sua sogra, também galega, que alugava quartos para estrangeiros e nacionais. “Eu vivia num quarto. A minha sogra sobrealugava quartos na Rua General Caldweel, 219. Eu lhe paguei tudo: a passagem, quarto, lhe paguei tudo. Não me

24 Arquivo do Consulado Espanhol do Rio de Janeiro. Informação encontrada nas fichas do Consulado Espanhol.

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regalaram nada. Paguei tudo, tudo 25 ”. A sogra havia conseguido o seu primeiro trabalho, em um restaurante de galegos em sociedade com um português, e o primeiro lugar para morar. Uma residência coletiva, sem exceções nem sequer para o próprio genro. As dificuldades para começar a vida, com dívidas contraídas com parentes para pagar a passagem de navio, fazia com que as pensões e habitações coletivas fossem a primeira alternativa para os emigrantes recém-chegados. Alguns acomodavam toda a família dentro de um quarto, como o foi o caso de A. C. G., de Xinzo de Limia, que, da mesma forma, que o emigrante anterior, conseguiu seu primeiro trabalho por intermédio da sogra, em um restaurante também de um emigrante português. A.C.G foi viver num quarto na casa de uma família portuguesa e quando, posteriormente, levou a esposa e os dois filhos para o Rio de Janeiro, continuou vivendo com a família em um quarto. Ainda assim se considerava uma pessoa com sorte, já que a maioria dos espanhóis compartilhavam espaço com 4 ou 5 patrícios:

Tinha lugar que tinha 4 ou 5 espanhóis que moravam juntos, no mesmo quarto. Eu morei num quarto, com uma família que tinha um apartamento e me alugavam um quarto. Minha sogra quando eu cheguei me arranjou para eu morar ali. Quando chegou minha esposa e meus dois filhos ficamos num mesmo quarto.

25 F. F. C., entrevista realizada no dia 27de setembro de 2000 no Hospital Espanhol (Rio de Janeiro). No ano de 1939, nas fichas consulares, encontramos um emigrante de Santa Comba, chamado José Rodríguez Pose, vivendo também na Rua General Caldwell, 219. Antes vivia na Rua do Lavradio, 122, uma rua onde viveram vários galegos de Santa Comba.

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Havia um espaço e uma cozinha e o banho era coletivo. Não havia recursos e teve que ser assim. 26

Assim, os imigrantes galegos não só de dedicaram- uma parte deles- ao setor da hotelaria, como também utilizaram as hospedarias para os recém-chegados. Um negócio, certamente, frutífero, já que a imigração galega no Rio de Janeiro não cessou até a década de 60 do século passado. A dependência afetiva e econômica entre parentes e vizinhos não era uma característica exclusiva dos galegos no Rio de Janeiro. Em Cuba, por exemplo, as relações entre familiares e vizinhos eram freqüentes no setor terciário, dominado por espanhóis e galegos. O comércio encontrava-se majoritariamente nas mãos de espanhóis. Devido à estrutura da propriedade e o sistema agrário cubano, as possibilidades de ascensão social e econômica estavam basicamente na cidade e o setor terciário nãos mãos dos espanhóis, entre os quais, muitos originários da Galiza. Os comerciantes espanhóis, segundo Malaquer de Motes, proporcionavam um trato privilegiado a familiares e patrícios (MALUQUER DE MOTES, 1992, p.140). Havia motivos de afinidades e solidariedades, além da confiança e da eficiência empresarial. A maioria dos balconistas aspirava ser comerciantes ou donos do seu próprio negócio e, para isso, estavam dispostos a sacrificar-se ao máximo no trabalho, vivendo com extrema modéstia e investindo todas as economias na consolidação do negócio. Frequentemente, empregados e balconistas, que

26 Entrevista a A. C. G. o dia 14 de setembro de 2000, no Recreio dos Anciãos (Rio de Janeiro). O entrevistado não se lembrou o nome da rua da sua primeira residência no Rio de Janeiro.

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costumavam ser escolhidos entre parentes ou patrícios, eram obrigados a investir a maior parte do seu salário na participação do negócio. Outra informação de interesse vinculada com a Rua Senador Pompeu foi a fundação do Centro Galego. Abriu as suas portas no ano de 1900 e a sua primeira sede foi na Rua da Constituição, justamente a transversal à Senador Pompeu, antes da Construção da Avenida Getúlio Vargas no Estado Novo. As associações étnicas tendiam a estar localizadas nas áreas próximas aos seus emigrantes. Assim foi também com os italianos no Rio de Janeiro, que fundaram uma das suas primeiras sociedades do Brasil, o Círculo Italiano de Instrução, na Praça Onze, freguesia de Santana, uma localidade onde vivia a maior parte desses emigrantes (BRASIL GERSON, 2000, p.185). Os índices de retorno (temporal ou definitivo) estiveram presentes entre os vizinhos da Senador Pompeu e da Camerino. Entre as retiradas de passaporte no Consulado Espanhol do Rio de Janeiro, 10,4% era de galegos que viviam nessas ruas. Curiosamente em esta localidade, encontramos não só emigrantes que voltaram à Galiza, como também casos de mobilidade dentro país, principalmente nos estados de São Paulo, Bahia. As cidades de São Paulo, Santos e Bahia fizeram parte da emigração de Cotobade. Os municípios vizinhos, como Pontecaldelas, Pazos de Borbén, A Lama e Cotobade tiveram uma importante emigração à Salvador da Bahia (BACELAR, 1994, p.45). De fato, nas listas de Censo do Arquivo Municipal de Cotobade, encontramos emigrantes de todos esses concelhos que já haviam estado na Bahia ou que partiram do Rio de Janeiro para esse estado. Foi o caso do emigrante José Maria Sueiro, de Cerdedo, de profissão da canteria, que estava na Bahia em 1934; ou Francelino Vilar

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Martinez, de Pazos de Borbén, que antes de estar no Rio de Janeiro, em 1937, já havia vivido na Bahia. A maioria dos emigrantes que retiraram passaporte era casada (69%) e maior de 30 anos, o que reforça a idéia do alto índice de retorno vinculada à hipótese de ver a esposa e os filhos que haviam permanecido no lugar de origem com as possessões familiares 27 . Esses homens casados estavam sozinhos no Rio de Janeiro, segundo dados estatísticos referente ao sexo nessas duas ruas, onde só residiam três mulheres galegas. O emigrante Segundo Souto Couto, por exemplo, de Pontecaldelas, ausentou-se desde 1922 até o ano de 1933, quando retornou ao Brasil. O mesmo ocorreu com o emigrante José Alonso Cerviño, de Cotobade: matriculou-se em 1922 no Consulado e, nas observações da sua ficha, encontramos uma segunda data de chegada no Rio de Janeiro, no ano de 1935. Desse último emigrante, não encontramos nenhum membro da sua família nas fontes brasileiras, mas sim nas fontes galegas. O seu irmão, Avelino Alonso Cerviño, também estava no Rio de Janeiro, dado comprovado no censo de 1955, no concelho de Cotobade, paróquia de Carballedo. Estava casado com Andréa Fernández Vidal, que vivia na mesma paróquia com uma tia dos irmãos Alonso Cerviño. Além do seu marido e cunhado, também estavam no Brasil (não aparecia a informação referente ao Estado), os seus sobrinhos Valentim e Manuel Vidal. Assim, não só o imigrante José

27 Os emigrantes que retiraram passaportes entre os 20 e 22 anos de idade foram repatriados para o serviço militar. As informações são retiradas da interpretação feita das mais de 3 mil inscrições de galegos do arquivo morto do Consulado Espanhol do Rio de Janeiro, desde os anos de 1870 a 1939.

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Alonso Cerviño tinha a esposa em Cotobade, como também o seu irmão. A prova da existência de uma colônia galega sólida nessa freguesia é o número de galegos que viveram na Rua Camerino. Nesse espaço, encontramos a concentração mais importante do começo do século XX. No número 96, da Rua Camerino, residiram nada menos que 103 galegos do total de 126. O tempo em que moraram nesse número ou o ano em que chegaram é algo quase impossível de saber. O único dado que disponibiliza essa informação é o ano consular, que começa a aparecer, de forma freqüente, somente a partir da década de 20 do século passado. Ou seja, dos 103 galegos que viveram no número 96, sabemos que 93% deles haviam se inscritos no consulado entre o ano de 1920 e 1938. Essa porcentagem não demonstra que foi o primeiro endereço dos emigrantes, mas sim revela que viveram ou trabalharam nesse local durante essas duas décadas, havendo também a possibilidade de ser o local de referência de algum imigrante empregador. O que havia no número 96? Uma pensão ou um estabelecimento comercial? Ou seria simplesmente um endereço de referência para os que se matriculavam no Consulado? Não podemos descartar nenhuma dessas possibilidades. O endereço do trabalho podia ser mais importante que o da própria casa, principalmente nos primeiros anos de chegada, quando o emigrante vivia como inquilino em quartos de hotéis, pensões ou em casa de patrícios, mudando constantemente de endereço, conforme a sua ascensão econômica ou troca de emprego. Entretanto, algumas características da emigração galega da Rua Camerino, nº 96, nos leva a pensar na existência de algum tipo de pensão ou estalagem que abrigou, durante a primeira metade do século XX, uma importante parcela dos

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galegos de Cotobade, A Lama, Cerdedo e Forcarei.

Primeiramente, as profissões eram muito variadas. Ainda que

a maioria (60%) estava constituída de jornaleiros, um termo

generalizado, que pode englobar tanto um ofício rural (vinculado ao lugar de origem) como urbano, os trabalhadores da construção (pedreiro, carpinteiro, canteiro) formavam 17%

e do comércio 22% e o restante se dividia entre um motorista, um padeiro, duas donas de casa e um operário. Uma variedade de ocupações que não podiam estar sob a ordem de um mesmo

estabelecimento, unicamente que fosse um grande centro comercial, opção que descartamos para o período temporal utilizado. Um segundo fator seria a inscrição consular desses moradores, que indica uma grande concentração de vizinhos em um mesmo ano ou em poucos anos. Só no período de 1926

a 1934, foram registradas 14 e 13 pessoas, respectivamente, e

entre 1925 e 1930, apareceram 40 galegos residindo no número 96 e, por último, entre os anos de 1931 e 1938, o total de 43 vizinhos. Seguimos com a hipótese de que, no caso de que fosse um comércio, teria que ser uma empresa dinâmica e grande, para abrigar uma diversidade de profissões e um considerável número de empregados. Além disso, a freguesia

de Santa Rita era uma das mais frequentadas por espanhóis. Na Rua Camerino nº 80, por exemplo, havia um sobrado, que funcionou para alojar emigrantes desde a década de 20 até a década de 50. Descobrimos que era uma casa, quando investigamos os livros de prófugos do Arquivo Municipal de Santa Comba, onde no ano de 1950, o emigrante José Maria Espasandín Serrano apresentava como endereço, a “Rua Camerino, nº80, sobrado”. Na década de 20, viveu outro emigrante de Santa Comba, da paróquia de Mallón, chamado Ramón Santos Varela, um jovem de 19 anos que teria chegado ao Rio de Janeiro no ano de 1924.

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As casas estavam perto do local de trabalho, não descartando, assim, a possibilidade do emigrante morar no próprio emprego. Tudo estava próximo, moradia e trabalho, no século XIX e começo do século XX, do Centro da cidade. Na Rua Visconde da Gávea, n° 70, cruzando com a Senador Pompeu, havia outra casa de cômodos. Aí viveu F. L. L., da paróquia de Grixoa (Santa Comba), com mais três vizinhos, na década de 30 do século passado 28 . Todos no mesmo quarto. No mesmo período, encontramos, nas fichas do Consulado Espanhol do Rio de Janeiro, dois vizinhos da paróquia de Grixoa que também viviam nessa casa de cômodos. Eram José Suárez Gulín e Benigno Suárez García, cujas inscrições consulares correspondiam aos anos de 1934 e 1928, respectivamente. Seriam os companheiros de quarto de Francisco López Landeira? Poderia ser, já que eram, inclusive, da mesma aldeia: Vilar de Céltigos. López Landeira buscou seu primeiro quarto numa rua proxima ao seu primeiro local de trabalho, na Rua Camerino n. 62. Era o restaurante “União Ibérica”, de propriedade de galegos da província de Pontevedra. Aqui temos um exemplo da extensão das redes de solidariedade que estavam estabelecidas desde um complexo sistema de relações de paisanagem e de estrutura, montadas segundo a disposição geográfica do Centro da cidade. A importante cadeia migratória das Ruas Camerino, Senador Pompeu e adjacentes agrupou três tipos de relações:

entre compatriotas de concelhos vizinhos, entre vizinhos do mesmo concelho e entre parentes. Do município de A Lama, encontramos vários irmãos e parentes, todos vivendo no número 96 da Rua Camerino, Foi o caso dos imigrantes

28 Entrevista a F. L. L. (Grixoa-Santa Comba) realizada no dia 10 de setembro de 2003, em Vila de Céltigos (Santa Comba).

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Venancio e Arturo Cerdeira Barreiro, que viajaram a sua aldeia no ano de 1935 ou Manuel e Delfina Cendón Cota, que, com outro parente, Ricardo Cota Fernández, residiu também na Camerino, n° 96. O concelho de Cotobade, que do total da amostra de emigrantes recolhida das fichas consulares, contribuiu com 18,4% dos vizinhos da Rua Camerino (todos vivendo no número 96), reuniu diversos familiares nesse logradouro do Rio de Janeiro. Os irmãos José, Benjamin e Ludvina, da paróquia de Rebordelo foram alguns deles. As idas e vindas fizeram parte da tradição migratória dessa família. José foi repatriado no ano de 1927, mas regressou em 1935, e Benjamin voltou à Galiza no ano de 1930. Os dois eram casados e não encontramos referências de suas esposas no Rio de Janeiro, o que nos leva a concluir que permaneceram em Cotobade. No século XIX e nas primeiras décadas do século XX encontramos somente dois emigrantes de Santa Comba vivendo nessa rua e quatro na Rua Senador Pompeu. Entretanto, nas ruas vizinhas, com menor índice migratório, mas que, possivelmente, sofreram a influência das cadeias migratórias dos logradouros com mais contingente, como a Sacadura Cabral (antiga Rua da Saúde), aparecem, na década de 50, seis emigrantes de Santa Comba vivendo no número 129. Eram todos jovens, com idades entre 19 e 21 anos, que constavam nos livros de alistamentos militares deste concelho desde o ano de 1951 até 1955. Mesmo com a possibilidade de mais xallenses terem habitado esta zona, os que predominaram, sem dúvida, foram os de Pontevedra, com maior concentração de alguns concelhos. Com isso, queremos demonstrar a versatilidade da emigração galega, distribuindo seus concelhos por áreas cruciais do zona central carioca. É

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normal que municípios com alto índice emigratório, como o caso de Santa Comba, estivessem dispersos por muitas ruas do Rio de Janeiro e que os emigrantes fossem mudando de endereço segundo as possibilidades do mercado de trabalho. Mas, no caso da freguesia de Santa Rita, a concentração dos xallenses pelas suas ruas era pequena, apesar de ser contínua no tempo, já que encontramos emigrantes até a década de 50 vivendo nos seus arredores. Concluímos que a Rua Camerino e Senador Pompeu, mais especificamente a Camerino n° 96, reuniu um importante contingente de galegos dos concelhos de Cotobade, Forcarei, Cerdedo e a A Lama. Esta emigração era formada por varões casados, que retornaram à Galiza, definitiva ou temporalmente. Eram trabalhadores do comércio e da construção, que compartilharam casa e/ou trabalho numa freguesia central disputada por negros e portugueses. Reconstruir essa história pelos logradouros do Rio de Janeiro do século XIX/XX, significa comprender a emigração galega não só desde a perspectiva do lugar de origem, como também desde a sociedade receptora, analisando as transformações políticas, econômicas e sociais da sociedade brasileira e carioca e os outros grupos de emigrantes que compartilhavam espaço no mesmo período.

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La inmigración zamorana a la Argentina en base a fuentes nominativas

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La inmigración zamorana a la Argentina en base a fuentes nominativas 1

Introducción

Marcela Susana Lippi 2

La presente ponencia busca analizar algunos de los aspectos principales de la inmigración zamorana en la Argentina a través de fuentes nominativas. En principio, se trata de un colectivo que formó parte del importante flujo castellano y leonés que se dirigió hacia nuestro país a principios del siglo XX. Desde el punto de vista historiográfico, el abordaje de este tipo de procesos desde una escala regional e incluso provincial resulta preceptivo (DEVOTO, 1996, 479-506) debido a los profundos desniveles regionales y comarcales entre las diferentes experiencias migratorias españolas a lo largo de casi todo su desarrollo. Llama la atención en el caso zamorano su escasa participación en el proceso emigratorio al que asistían, incluso, las provincias vecinas como Oviedo y León - la primera con fuerte tradición emigratoria desde época colonial (DE CRISTÓFORIS, 2005) mientras que la segunda se fue integrando firmemente a ese movimiento a finales del siglo XIX (FERNÁNDEZ, 2008). Zamora, en cambio, había

1 Agradezco los comentarios del Dr. Hernán Otero en el marco del Seminario Internacional de Población y Sociedad en América Latina, SEPOSAL- Gredes, Salta, junio de 2010.

2 Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Luján (Argentina). Pertenencia Institucional: Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Email:

marcelalippi@arnet.com.ar

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quedado al margen del proceso hasta principios del siglo XX. 3 Como señala A.Fernández, desde el punto de vista global, la emigración zamorana puede definirse como un movimiento casi imperceptible hasta 1900 pero que muestra luego un aumento muy significativo aunque algo irregular (FERNÁNDEZ, 2008, 28). Por otro lado, resulta significativo que en las tres primeras décadas de ese siglo el grueso de los emigrantes de la provincia se dirigiera hacia nuestro país. 4 Efectivamente, hasta el año 1895 no emigraban a la Argentina más que unas pocas decenas anuales de zamoranos, excepto en 1889 cuando suman alrededor de 250. 5 Desde comienzos de la década de 1890 Cuba se convierte en el principal destino

3 Para la información estadística correspondiente, véase FERNÁNDEZ, A. (2005), “La emigración zamorana a la Argentina a comienzos del siglo XX: primeras perspectivas”, en EML, Año 19, diciembre, Nº 58, pp.565-594, FERNÁNDEZ, A. (2008), “La emigración zamorana a la Argentina a comienzos del siglo XX: Una perspectiva regional”, en De CRISTÓFORIS, N. y A. FERNÁNDEZ (ed) (2008), Las migraciones españolas a la Argentina. Variaciones regionales (siglos XIX y XX) y LIPPI, M. (2008), La

inmigración zamorana en la Argentina en la primera mitad del siglo XX. Factores macroestructurales y mecanismos microsociales. Tesis de Maestría Inédita, Universidad Nacional de Luján. 4 Los datos obtenidos son posibles para los años en que la información estadística española cruza la provincia de origen de los emigrantes con el país de destino; por ello se excluye para el período que estudiamos el bienio 1923-1924. 5 Para la información estadística, ver INSTITUTO GEOGRÁFICO Y ESTADÍSTICO, Estadística de la emigración é Inmigración de España, 1896-1900, Madrid Imprenta del Instituto, 1903, pp. XX- XXII; IBÍDEM, Estadística de Pasajeros por Mar, 1911-1929, Madrid, Imprenta del Instituto, 1930, passim y FONTANA, J. (COMP.), Estadísticas básicas de España, 1900-1970, Madrid, Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1971, tablas 1.1, 1.13 y 1.14, por una parte y censos nacionales españoles de 1887, 1910 y

1920.

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mientras que la emigración al Plata vuelve a los dos dígitos anuales. Recién volvemos a contar con datos para 1911 cuando la media de los zamoranos al país era de 4.400 en 1911-1913 llegando a un máximo de 5.200 en 1912. A partir de entonces la corriente estuvo formada por más de 500 individuos por año, con la excepción del bienio 1917-1918. En conjunto, entre 1911 y 1929 Argentina atrajo al 62, 3% de los oriundos de Zamora embarcados hacia América. Ahora bien, como dijimos, buscamos aquí investigar acerca de la inmigración zamorana en el país en base a fuentes nominativas. Para ello contamos con una importante documentación de tipo nominativo como son los libros de registro del Consulado Español de Buenos Aires. La información que éstos nos proveen será cotejada con la proveniente de los partes consulares del año 1910 y los libros de desembarco del período 1923-1929. 6 Creemos que la complementariedad de fuentes que pretendemos nos permitirá acceder a una visión más ajustada del proceso estudiado. Además, debemos destacar que los registros del consulado no han sido empleados para analizar a ningún grupo provincial o regional dentro del colectivo castellano-leonés y más en general, se ha recurrido muy poco a ellos para estudiar a los inmigrantes españoles. 7 El principal problema que presenta

6 En el año 2002 participé en el proyecto “Políticas de inmigración en la Argentina e incorporación de la población española (1876- 1930)” bajo la dirección del Dr. Alejandro Fernández en el ámbito de la Universidad Nacional de Luján. Durante esa investigación habíamos armado una importante base de datos con información proveniente de la Dirección Nacional de Migraciones que resultó muy valiosa para mi trabajo subsiguiente y mi propia tesis de maestría. 7 Los únicos abordajes de este tipo con los que se cuenta hasta el momento corresponden a la región de Aragón. Véase FERNÁNDEZ,

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esta fuente es su fragmentaria conservación. No existen datos anteriores a 1939, es decir, previos a la instalación del cónsul designado por el gobierno de Franco. La fuente tampoco es universal desde entonces en adelante ya que, como es sabido, los registros consulares no tenían en general un carácter obligatorio, por lo que muchos españoles no acudían a inscribirse. No obstante ello, no hay razones para suponer un sesgo regional, por lo que la presencia o ausencia relativa de los inmigrantes zamoranos debería corresponder aproximadamente a la media del conjunto de los españoles. En cuanto a la información, los libros contienen los datos de filiación del inmigrante y de su familia, el año de nacimiento, la ocupación, el domicilio en el momento de la inscripción y el año de arribo al país. La documentación cuenta, asimismo, con el dato clave del pueblo de origen del inmigrante - añadiendo en general la comarca - y de la localidad que se constituyó en su última residencia en España, en caso de que se trate de otra distinta a la del nacimiento. Por eso, en tanto la inscripción se realizaba a medida que los españoles se acercaban al consulado a realizar el trámite, se pueden encontrar en los libros a gente ingresada al país mucho antes de 1939, incluso a comienzos del siglo XX. De esta manera, el universo sobre el que trabajamos fue el de la totalidad de los zamoranos inscriptos en el consulado entre octubre de 1939 y junio de

E. y V. PINILLA (2003), La emigración. Los aragoneses en América (siglos XIX y XX), Zaragoza, Gobierno de Aragón y FERNÁNDEZ, E., V. PINILLA y J. SILVESTRE (2001), “La emigración aragonesa a la Argentina, 1880-1960”, en EML, A. 16, Nº 49, diciembre, pp.515-553.

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1945. 8 Se trataba con ello de remontarnos a los inicios del registro, fijando una fecha final que nos permitiera evitar la influencia sobre los datos de la última gran oleada de inmigración española, posterior a la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, pensamos que fijando esos límites temporales podemos concentrarnos en la inmigración de las primeras décadas del siglo. Así, hemos armado una base de datos de 1.000 individuos de los cuales 757 son nacidos en la provincia y el resto corresponde a los cónyuges extranjeros, ya sean argentinos o de otra nacionalidad. Por otro lado, los libros de desembarco digitalizados por varias décadas por el Centro de Estudios Latinoamericanos de Buenos Aires (CEMLA), y ya trabajados por Fernández, resultan una fuente de alcance universal ya que en ellos se consignaban a todos los pasajeros que llegaban por vía marítima, cualquiera fuera su origen, edad o condición social. Sin embargo, contienen los datos correspondientes a la localidad o a la provincia de origen de los inmigrantes necesarios para su identificación - recién para la década de 1920 por lo que debemos complementarlos con los partes consulares de la década anterior, dispuestos a los historiadores en el Archivo General de la Nación. Esta colección de partes, listados de inmigrantes a principios del siglo XX, permite indagar en las dimensiones aldeanas del proceso porque menciona el dato clave de la comuna y la provincia de origen y a veces también el de la última vecindad. Se trata, pues, de documentación que brinda la posibilidad de analizar las características socio-ocupacionales del flujo así como rastrear las redes parentales y de vecindad entre emigrantes. Contamos

8 Libros de Registro del Consulado Español en Buenos Aires, Libro I, Folios 8-151, octubre de 1939-agosto de 1943 y Libro II, Folios 3- 250, septiembre de 1943-septiembre de 1945.

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en total con la información de 1.188 zamoranos para el año 1910 y de 1.565 para el período comprendido ente 1923-29.

La inmigración zamorana en los libros del Consulado Español

Antes de comenzar nuestro análisis señalemos algunas de las principales características de la inmigración zamorana en la Argentina. En un trabajo preliminar sobre el tema, Fernández reconoce a esta inmigración como una corriente que adquiere fuerza en pocos años aún cuando la provincia no contaba con la tradición emigratoria que sí tenían provincias colindantes, por ejemplo, Oviedo. Además, el historiador resalta el carácter claramente familiar del flujo con una importante presencia femenina así como de hermanos y paisanos de la misma localidad (FERNÁNDEZ, 2005). Todo ello le permite sugerir la presencia de estrategias familiares en la emigración de Zamora hacia nuestro país, tal como muchos de los estudios migratorios han señalado en los últimos años. 9 Otra particularidad en el caso zamorano es la alta participación de localidades en el flujo para 1910. En efecto, de acuerdo a los partes consulares, los nativos de la provincia que llegaron al país provenían de 154 pueblos distintos que representan más de la mitad del total de localidades; por otro lado, también presentan en sus primeras etapas un índice de concentración de sus emigrantes por localidades más elevado que los de los antiguos, por ejemplo León con 60 localidades y Oviedo con 82 para el mismo año (FERNÁNDEZ, 2008, 31). Las aldeas zamoranas que más proveyeron emigrantes al proceso eran las

9 Véanse los trabajos en la obra de BJERG, M. y H.OTERO (comps.) (1995), Inmigración y redes sociales en la Argentina moderna, Tandil, CEMLA-IHES.

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ubicadas en las comarcas de Sayago, Tierra del Vino, Tierra del Pan, Aliste y el Valle del Tera (FERNÁNDEZ, 2005, 577), comarcas claramente dedicadas a la explotación vitivinícola o bien que combinaban la vid con la cerealicultura. Estos datos resultan contradictorios con la tendencia según la cual las regiones que se incorporan más tardíamente al flujo migratorio masivo cuentan en sus primeras etapas unos índices de concentración de sus emigrantes por localidades más elevados que los de las antiguas. Esto es así porque los vínculos con el país de destino llevan a que se dilate la atracción emigratoria a través de una suerte de mancha que se extiende en el país o la región de origen (MOYA, 1999). Por el contrario, en 1910 Zamora muestra un comportamiento más cercano a provincias con mayor tradición emigratoria como por ejemplo la ya mencionada Oviedo o la provincia gallega de Pontevedra (DEVOTO, 1996). Esto puede deberse a que las pequeñas localidades zamoranas formaban un mismo foco emigratorio ya que eran aldeas ubicadas a poca distancia entre sí y por otro, al impacto de la crisis vitivinícola sufrida por la provincia en torno a 1910 lo que explicaría la dispersión de la emigración entre las localidades afectadas por esa crisis. 10 Ahora bien, ¿qué nos dicen los libros del Consulado Español de Buenos Aires al respecto? Las tendencias respecto de los orígenes comarcales de la emigración zamorana a la Argentina resultan en general confirmadas por esta nueva fuente. Así, del total de 730 zamoranos de nuestra base - una vez descontados los 27 casos en que no se especifica el pueblo o la comarca de origen -, algo más de la mitad provenía de los focos que habíamos destacado: Aliste (18,8%), Sayago

10 FERNÁNDEZ, A. (2008), “La emigración zamorana a la Argentina…”, op.cit. y LIPPI, M. (2008), La inmigración zamorana en la Argentina…, op.cit.

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(18,3%) y Tierra del Vino (16,1%). Asimismo, sigue siendo muy baja la participación de la comarca cerealera por excelencia, es decir Tierra de Campos (1,7%). Como vemos, los datos resultan consistentes con la información recabada en los partes consulares. Incluso, el registro consular también permite confirmar la enorme dispersión por localidades del éxodo zamorano a la Argentina, ya que, por caso, Aliste se encuentra representado en el mismo por 48 pueblos, Sanabria por 44, Benavente por 41, Tierra del Vino por 37, Sayago y Tierra del Pan por 30 cada una, etc. Reiteremos que se trata de un elenco no exhaustivo y que sólo incluye a los inmigrantes que se apuntaron entre 1939 y 1945 pero, en cualquier caso, mantiene su adherencia respecto de las características previamente anunciadas y de otras, como por ejemplo la significación de algunas localidades concretas dentro del conjunto, siendo el ejemplo más evidente el de Fermoselle (Sayago), que por sí sola concentra el 5% del total de los inscriptos en el registro consular. Una cuestión relevante que presenta, asimismo, la fuente es la información referida a posibles movimientos migratorios en la península, previos al éxodo transatlántico, aspecto que por otro lado es difícil de rastrear en otro tipo de documentación. Sobre 700 casos en los que contamos con esta información, en 603 (86,1%) hay coincidencia entre localidad de nacimiento y localidad de última residencia. Esto nos permitiría suponer que se trata de personas que sólo abandonaron su pueblo de origen para emigrar a la Argentina, salvo que hayan realizado desplazamientos en el interior de España de breve duración. Con ello se reforzaría la idea acerca del gran impacto del proceso emigratorio en Zamora durante las primeras décadas del siglo, cuando sus habitantes prácticamente no contaban con experiencia anterior en cuanto

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a movimientos de larga distancia para obtener un trabajo o un mejor salario. Además explicaría el “salto” de los indicadores en lo que hace a la emigración zamorana debido a la situación de crisis provocada por la filoxera. Por otra parte, casi todos los zamoranos restantes declaran como localidad de última residencia otra de la propia provincia, es decir cercana al lugar de nacimiento, y tan sólo 14 de los 700 (2%) declaran una ciudad lejana: Madrid en 11 casos, Sevilla en 2 y Barcelona en 1. También conviene destacar que estos últimos casos corresponden a inmigrantes entrados en la Argentina luego de 1930, lo cual ratificaría la hipótesis de que a comienzos de siglo se salía de la aldea directamente para cruzar el Atlántico. Si atendemos ahora a la estructura ocupacional de la corriente zamorana, otro rasgo en común entre los individuos que se inscribieron en el consulado y los registrados en partes consulares y libros de desembarco se encuentra en el abrumador predominio de quienes formaban parte de las edades activas en el momento de arribar a la Argentina. En nuestra muestra de 1939-1945, 406 varones zamoranos sobre un total de 490 (82,9%) y 274 mujeres sobre un total de 343 (79,9%) se encontraban en esa condición. Sin embargo, unas significativas diferencias pueden hallarse en cuanto al tipo de actividad laboral desempeñada en ambos registros. En realidad, se trata de dos situaciones que corresponden en buena medida a diferentes mercados laborales. Por un lado, los partes y libros de desembarco consignaban las ocupaciones de los inmigrantes en el momento del arribo, es decir las que venían desempeñando en sus propios pueblos de origen. Por el otro, el registro consular manifiesta la ocupación en el momento de la inscripción, que pudo haber ocurrido luego de varios años de permanencia en la Argentina, correspondiendo por lo tanto más bien al mercado laboral del país receptor que

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al del emisor. Para considerar este aspecto, dejamos de lado lo registrado en los partes consulares ya que el continuo encomillado en el casillero correspondiente a la ocupación muestra despreocupación en su registro; en cambio, para la década de 1920 se muestra mayor cuidado en el mismo. Así, si bien el 82% de los zamoranos se declara agricultor”, “labrador” o “jornalero” para los años de 1923-26 el resto del porcentual está compuesto por comerciantes, empleados y artesanos, ausentes en el registro anterior. De todas maneras, es innegable el componente rural de la migración zamorana por lo que los avatares del sector agrario castellano-leonés son muy importantes para explicar las magnitudes de la corriente y sus ritmos a lo largo del tiempo (FERNÁNDEZ, 2008, 34). En el caso de las mujeres, los libros de desembarco muestran una abrumadora presencia de mujeres dedicadas a “sus labores”. Consideremos entonces qué nos dicen al respecto los libros del Consulado Español. En el caso de las mujeres, por ejemplo, si bien seguían siendo muy elevados los porcentajes correspondientes a las categorías “sus labores” o “ninguna” actividad, había alrededor de una quinta parte del total que declaraban ocupaciones, la mitad de ellas aproximadamente como domésticas y el resto como modistas, porteras, obreras, costureras, cocineras e incluso maestras. Es decir que si bien el trabajo femenino sigue resultando en gran medida invisible a partir de esta nueva fuente, es patente la existencia de una cierta diversificación en el mismo, así como la desaparición de oficios vinculados con el campo que, en cambio, estaban presentes en los registros empleados con anterioridad. Más clara es todavía la diversificación en el caso de los varones, puesto que si bien alrededor de un cuarenta por ciento de ellos siguen declarando ocupación de “jornalero” o “peón”,

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aparecen muchas otras nuevas, como “empleado de comercio” o “dependientes de comercio” (10,4% del total, ambos sumados), “comerciante” e “industrial” (6,4% sumados) y, en menores cantidades, artesanos y trabajadores calificados como panaderos, mecánicos, maquinistas, confiteros, ebanistas, linotipistas, etc. Todo lo cual estaría expresando una incorporación en proceso avanzado al mercado laboral urbano de la Argentina, no obstante el origen rural de la gran mayoría de estos inmigrantes. Ello confirmaría para el caso zamorano que el salto transatlántico implicó para sus protagonistas el pasaje del mundo rural al mundo urbano.

Las

zamoranos

redes

sociales

y

la

localización

espacial

de

los

Desde el punto de vista teórico, en los últimos veinte años la aplicación del concepto de red social ha permitido ampliar en forma notoria el panorama de los estudios migratorios. Ello ha sido así porque dicho concepto permite superar, o al menos complementar, el enfoque estructuralista que enfatiza los factores expulsivos, otorgándole en cambio una centralidad explicativa a la figura de los emigrantes. De esta manera han resultado cada vez más priorizados las elecciones y los recursos con los que aquéllos contaban para llevar a cabo su empresa. Entendemos que el mundo relacional del emigrante se presentaba como necesario para lograr una rápida y exitosa inserción en la sociedad de acogida. Sería justamente el capital de relaciones con que los zamoranos contaban en la Argentina el que les permitirá ampliar el universo de sociabilidades -que podía exceder el marco

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nacional español- para instalarse, acceder a un empleo o concertar el matrimonio. 11 El papel de las redes sociales primarias en el mencionado proceso de inserción al mercado laboral y, más en general, a la sociedad argentina, es más difícil de rastrear en las fuentes que trabajamos. No obstante, la referida participación de hermanos y paisanos en los registros de entrada a la Argentina sugiere el funcionamiento de cadenas migratorias y, por tanto, de estrategias dentro del movimiento ultramarino que consideramos (Fernández, 2005; Devoto, 1996). También en el caso de la fuente del Consulado, por sus peculiares características, evidencia su presencia en algunos casos. Así ocurre con los treinta y tres grupos de dos o más hermanos inscriptos en el consulado, cada uno de ellos, en el mismo momento, pero cuyos integrantes llegaron a la Argentina en años diversos. Las hermanas Isabel y María Luisa Gago Castaño, por ejemplo, habían nacido en 1901 y 1905 respectivamente, en el pueblo de Castro de Alcañices, de la comarca de Aliste, aunque su última residencia en la península se encontraba en la vecina localidad de Arcillera. La inscripción de ambas en el registro se produjo en 1942, pero mientras Isabel, la mayor, había llegado a Buenos Aires en 1922, María Luisa lo hizo en 1927. Ambas estaban casadas con dos hermanos Fernández, naturales de Alcañices: Hipólito,

11 El concepto de red social se fue desprendiendo de otro que presentaba una más antigua genealogía, como es el de cadena migratoria. Esta última ya fue definida por los historiadores australianos Mac Donald (1964) como el conjunto de contactos personales, comunicaciones y favores entre familias, amigos y paisanos en ambas sociedades de origen y de destino-, que fueron fundamentales para determinar quién emigraba, cómo elegían su destino, dónde se establecían, cómo obtenían trabajo y con quiénes se relacionaban socialmente.

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esposo de Isabel, y Benigno Santiago, esposo de María Luisa.

A su vez, los Fernández tenían otras dos hermanas que figuran

en el registro, Socorro y Gabina, habiendo todos ellos

emigrado en un período de nada menos que treinta años entre

el primero y el último. Mientras Isabel e Hipólito se instalaron

en el barrio de Liniers, Benigno y María Luisa vivieron en Valentín Alsina, donde también se radicará Socorro. Por su parte, Gabina, casada con otro inmigrante zamorano, consignó como domicilio en 1942 una pequeña localidad del partido de

Pergamino, provincia de Buenos Aires. Un caso comparable es

el de los Álvarez Prada. Se trata de cinco hermanos, todos

nacidos en Sampil (Sanabria): Manuela (1909), Encarnación (1911), David (1913), María (1916) y Francisca (1918). Llegaron a la Argentina en forma sucesiva, comenzando por David, quien lo hizo en 1929, y concluyendo por María, que arribó en 1936 junto con una cuñada y los tres hijos de ésta. Cuando se produce la inscripción de todo el grupo en el consulado, en 1941, sus integrantes estaban viviendo en una casa en el barrio de Palermo, salvo María, instalada en el de Monserrat. Como vemos, es justamente en lo que hace a la localización espacial que la fuente consular nos permite avanzar, asimismo, ubicando los lugares de residencia de los zamoranos inscriptos, a fin de conocer si su instalación encuentra un correlato con los ámbitos espaciales que algunos estudios han señalado para otros colectivos españoles. Para realizar este análisis hemos considerado a quienes tienen asignado un número de registro individual - fuesen varones o mujeres y, en los casos de inscripciones familiares, sólo a los jefes de familia. De este modo contamos con información para 724 zamoranos, de los cuales sabemos su domicilio y año de llegada al país. Obviamente, la gran mayoría de ellos vivían en

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la Capital Federal y el centro-norte de la provincia de Buenos Aires, aunque también había residentes en La Pampa, Tucumán, Río Negro y el territorio nacional de Chubut, dado que el área jurisdiccional del consulado incluía esas zonas. 12 Sin embargo, a los efectos de realizar esta parte del análisis, hemos excluido a estos últimos, dado que es poco relevante su número y lo que el registro tiene para informarnos, por lo que nos concentraremos en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores así como en la provincia homónima. Los principales focos residenciales de los zamoranos no siempre guardan una estrecha correlación con los que han sido detectados por la literatura sobre la cuestión para otros grupos peninsulares. Es verdad, por una parte, que los distritos del centro de la Capital Federal más habitados por los nativos de Zamora eran, a comienzos de la década de 1940 y en orden decreciente, Montserrat, Concepción, San Nicolás y Socorro. Esto resultaría consistente con la teoría dominante respecto de la inserción residencial de los españoles en el centro de la ciudad (MOYA, 2004). Sin embargo, conviene hacer dos aclaraciones. En primer lugar, cuando se compara el centro con la periferia, se advierte que varios distritos de esta última (San Bernardo, Flores, San Cristóbal Sud) contaban en promedio con tantos zamoranos como las mencionadas jurisdicciones del centro, y que el primero de esos distritos situado prácticamente en los bordes de la ciudad era el más poblado de todos. En segundo lugar, cuando se realiza el desagregado por años de llegada de los inscriptos en el registro, se advierte con claridad que lentamente la zona céntrica de la ciudad va perdiendo significación, a favor de los

12 En la época a la que corresponde la muestra, además del consulado español en Buenos Aires, había otros en Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Mendoza.

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barrios apartados. Es así que los zamoranos que llegaron en la tercera década del siglo tendían a vivir más lejos del centro que los que lo habían hecho veinte años antes. Como ha sido señalado por Moya, y contrariamente a lo ocurrido en algunas de las grandes ciudades de inmigración del hemisferio norte, como por ejemplo New York o Chicago, la tendencia no es en Buenos Aires a la re-emigración desde el centro a los barrios por parte de los mismos individuos o familias que se habían establecido en aquél, sino más bien a que los nuevos inmigrantes tienden a establecerse en la periferia, mientras los antiguos mantienen en un alto porcentaje el patrón residencial del centro. 13 Esa tendencia ha sido corroborada en otros trabajos, que se ocuparon de la dispersión de los españoles en algunos de los barrios de la ciudad. 14 En el caso zamorano, este modelo parece cumplirse, si bien con la salvedad apuntada de que la periferia siempre tiene más importancia que en otros grupos regionales, como los vascos, los catalanes, los asturianos o los gallegos. La razón más probable de esta discrepancia se encuentra en el momento de arribo, dado que casi toda la inmigración zamorana corresponde al siglo XX, habiéndose iniciado varias décadas más tarde que la de cualquiera de los grupos regionales mencionados. Esto hizo que los nativos de Zamora debieran insertarse en la geografía porteña en una época en que la vivienda en el centro, sea para compra o para alquiler,

13 Sobre esta comparación véase MOYA,J. C. (2004), Primos y extranjeros. La inmigración española en Buenos Aires, 1850- 1930, Buenos Aires, Emecé, capítulo 4.

14 Ver por ejemplo FERNÁNDEZ, A. (1987), “El mutualismo español

un barrio de Buenos Aires, 1890-1920. Un estudio de caso”, en

en

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era ya muy cara, mientras existían nuevas posibilidades abiertas en los barrios, debido a la extensión de la red tranviaria, a su posterior electrificación y al fraccionamiento y loteo de terrenos. 15 Podemos entonces sugerir que en un primer momento los inmigrantes zamoranos pudieron instalarse en la zona céntrica en casas de familiares o amigos gracias al funcionamiento de las redes sociales, tal como se desprende de la fuente consultada. También podemos pensar que el proceso de periurbanización que protagoniza la ciudad de Buenos Aires tuvo que haberse constituido en un foco de atracción para los nuevos inmigrantes, sobre todo al avanzar las décadas. De acuerdo con nuestra fuente, las presencias zamoranas en el Gran Buenos Aires alcanzan las 90, predominando las zonas norte y sur, particularmente, las localidades de Vicente López y Martínez en la primera y Quilmes en la segunda. En relación a su instalación en la provincia de Buenos Aires (150), las localidades que resultan con ma yor presencia zamorana para las cuatro décadas son la capital del partido de General Pueyrredón, Mar del Plata (24 presencias) y la cabecera del partido homónimo, Bahía Blanca (15 presencias). Por detrás, aparecen ciudades como La Plata, Tandil, Chivilcoy y Pehuajó; todas cuentan con 7 inscripciones cada una. Estas cifras, aunque acotadas, no resultan casuales. Se trata de ciudades con un notorio crecimiento al calor de la expansión de la frontera durante el siglo XIX y, en lo que respecta a Mar del Plata, hacia 1914 se convirtió en uno de los

Cuadernos de Historia Regional, Luján, Vol. III, Nº 8, abril.

pp.609-642.

15 El proceso ha sido clásicamente descripto por SCOBIE, J. Buenos Aires, del centro a los barrios, 1870-1910, Buenos Aires, Solar Hachette, 1977, pp.205 y ss.

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núcleos urbanos más importantes de la provincia, sobre todo, al ser elegida como destino balneario de las más destacadas familias de la oligarquía argentina. Con el transcurso del tiempo, la incorporación de nuevas clases sociales activó el desarrollo de la actividad constructora y hotelera marplatenses. Junto con una importante colectividad española se insertaron los zamoranos como otros de la región castellana y leonesa. También Bahía Blanca creció en base a su hinterland agropecuario. Como en Mar del Plata, su puerto jugó un papel central en el desarrollo urbano de principios del siglo XX y también recibió a una importante colonia zamorana.

Conclusiones

Hasta aquí hemos presentado algunas conclusiones sobre el proceso de inserción del colectivo zamorano en el país. Nuestra propuesta se apoya en la complementariedad de fuentes nominativas como son los libros del Consulado Español, los partes consulares y los libros de desembarco. Así, a partir de la información que nos brindan, nos propusimos estudiar un caso de “nueva emigración” como el zamorano, corriente cuyo principal destino fue la Argentina en las primeras tres décadas del siglo XX. Con F.Devoto, creemos que resulta preceptivo este tipo de estudio centrándonos en un caso en que puede comprenderse la movilización de una mano de obra agrícola parcialmente ociosa en origen en función de las demandas de una economía situada del otro lado del Atlántico. En efecto, la economía argentina estaba basada principalmente en el sector primario pero que ya incluía una rápida expansión del secundario y del terciario a comienzos del siglo. Sobre todo y, como muestran los registros del Consulado, el gran crecimiento del empleo urbano en la

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Argentina fueron factores de indudable importancia para atraer a la mayoría de los emigrantes de la provincia. En ese sentido, analizamos fuentes que aportan información en cuanto al impacto de la emigración en localidades y comarcas de una provincia afectada por la crisis de sus vides. Así, la documentación con que contamos resulta de gran utilidad para entender el proceso desde el origen haciendo un seguimiento de los protagonistas hasta su incorporación en nuestra sociedad. En cuanto a este proceso de inserción, creemos que quienes iniciaron el camino desde Zamora a la Argentina radicándose en los distintos barrios de Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca y otras ciudades del país transmitieron unas informaciones favorables que resultaron claves para la rápida difusión de la emigración dentro de la provincia castellana así como su continuidad a lo largo de período considerado. De hecho, los registros consulares confeccionados tiempo después del mismo muestran cómo se trataba de una colectividad que tenía un fuerte arraigo en el país y que se había seguido nutriendo con la llegada de elementos jóvenes, traducido ello en los patrones de asentamiento que hemos descripto en este trabajo. El pasaje del mundo rural - al que pertenecía el grueso de los

zamoranos- al mundo urbano propio de la sociedad receptora

es otro de los aspectos del proceso de inserción al que nos permite acceder la fuente consultada. Asimismo, en un importante aporte a las discusiones sobre el papel de las migraciones en escala, la fuente del Consulado nos da la posibilidad de tratar un tema de difícil

abordaje como es el de la movilidad previa a las migraciones internacionales. En ese aspecto, Zamora parece tomar distancia de otros casos como los estudiados por Moya en el

139

norte y en el sur de la península o por Fernández y Silvestre para Aragón donde es posible pensar las migraciones interiores y las exteriores como parte de un mismo proceso de desarrollo. Esta línea de trabajo que permite estudios de tipo comparativo extendiendo el análisis a otras provincias castellanas y leonesas será objeto de futuras investigaciones.

Zamora en el mapa de España

análisis a otras provincias castellanas y leonesas será objeto de futuras investigaciones. Zamora en el mapa

140

Las comarcas zamoranas

140 Las comarcas zamoranas Bibliografía BAILY, S. Posibilidades y problemas del cruzamiento de Registros nominativos en

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Al sur del Riachuelo. Un análisis de la presencia e integración laboral gallega en el Conurbano bonaerense a partir de una fuente nominativa (1939-1960)

de la presencia e integración laboral gallega en el Conurbano bonaerense a partir de una fuente

145

Al sur del Riachuelo. Un análisis de la presencia e integración laboral gallega en el Conurbano bonaerense a partir de una fuente nominativa (1939-

1960)

Introducción

Ruy Farías 1

Entre 1857 y 1930 arribaron a la Argentina 2.070.874 inmigrantes hispanos, de los que alrededor de un millón se radicarían de forma permanente en ella. En el período 1946- 1960 se sumarían otros 237.190. Teniendo en cuenta que entre un 45 % y 55 % del total había nacido en Galicia, se estima en unos 600.000 el número de gallegos definitivamente radicados en el país, lo que hizo del mismo el más importante destino mundial de su diáspora. 2 Los estudios dedicados a indagar los flujos y la presencia galaica en la Argentina por lo general se centraron en la etapa conocida como de “inmigración masiva” (1880-1930). Gracias a ello, contamos hoy con una masa

1 Doctor en Historia. Universidad Nacional de General Sarmiento / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas / Museo de la Emigración Gallega en la Argentina. ruygonzalofarias@yahoo.com.ar

2 Para una visión de conjunto del fenómeno migratorio español en la Argentina, y del caso particular de los gallegos en dicho país, vid. FERRANDO, Salvador Palazón. Capital humano español y desarrollo latinoamericano. Evolución, causas y características del flujo migratorio (1882-1990). Valencia: Institut de Cultura “Juan Gil-Albert”, 1995; VILLARES, Ramón y FERNANDÉZ, Marcelino. Historia da emigración galega a América. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1996; VILA, Pilar Cagiao y SEIXAS, Xosé Manoel Núñez. Os galegos e o Río da Prata. A Coruña: Arrecife Edicións, 2007; FARÍAS, Ruy (coord.). Bos Aires galega. Noia: Toxosoutos, 2010

146

crítica de estudios de caso (y algunas obras de síntesis) que, además de la cuantificación del número de personas transplantadas de uno a otro país desde mediados del siglo XIX, han permitido comprender las políticas públicas de ambos estados en relación a la cuestión migratoria, los factores macroestructurales y microsociales que la hicieron posible, la inserción espacial y laboral de los inmigrantes gallegos en su principal destino rioplatense (Buenos Aires y su periferia), su obra socioeducativa en la urbe porteña, la dinámica política y cultural del asociacionismo emigrante, la aparición y el desarrollo en su seno de identidades alternativas u opuestas a la española, las imágenes, estereotipos, prejuicios y formas latentes o concretas de xenofobia en la Argentina, etc. 3 Sin

3 Sin pretender agotar la bibliografía sobre el tema, además de los textos ya mencionados conviene citar otros de obligada referencia: RODRÍGUEZ, Alberto Vilanova. Los gallegos en la Argentina. Buenos Aires: Ediciones Galicia, 1966, 2 vols.; PÉREZ-PRADO, Antonio. Los gallegos y Buenos Aires. Buenos Aires: La Bastilla, 1973; PALMÁS, Ricardo. A emigración galega na Argentina. Sada: Ediciós do Castro, 1978; VÁZQUEZ, Bieito Cupeiro. A Galiza de alén mar. Sada: Ediciós do Castro, 1989; SAAVEDRA, Vicente Peña. Éxodo, organización comunitaria e intervención escolar. La impronta socio-educativa de la emigración transoceánica en Galicia. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1991, 2 vols.; ROEL, Antonio Eiras (Editor). Aportaciones al estudio de la emigración gallega. Un enfoque comarcal. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1992; SEIXAS, Xosé Manoel Núñez. O galeguismo en América, 1879-1936. Sada-A Coruña: Ed. do Castro, 1992; Id. Emigrantes, caciques e indianos. O influxo sociopolítico da emigración transoceánica en Galicia (1900-1930). Vigo: Xerais, 1998; Id. “A parroquia de alén mar:

Algunhas notas sobre o asociacionismo local galego en Bos Aires (1904- 1936)”. In: P. Cagiao VILA (ed.). Semata. Ciencias Sociais e Humanidades. Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 11, 2000, pp. 345-79; Id. (ed.), La Galicia Austral. La inmigración gallega en la Argentina, Buenos Aires: Biblos, 2001; Id. O inmigrante imaxinario. Estereotipos, identidades e representacións dos galegos na Arxentina (1880-1940). Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 2002; Id. “Modelos de liderazgo en comunidades emigradas. Algunas reflexiones a partir de los españoles en América (1870-1940). IN: A. BERNASCONI y C. FRID. De Europa a las

147

embargo, la mayoría de los trabajos se detienen en la línea 1930/1936, por lo que poco informan sobre las características generales de la “última oleada” inmigratoria gallega, entre 1946 y 1960, período en el que el país austral fue nuevamente

Américas. Dirigentes y liderazgos (1880-1960). Buenos Aires: Biblos, 2006, pp. 17-41; SEIXAS, Xosé Manoel Núñez y VÁZQUEZ, Raúl Soutelo. As cartas do destino. Unha familia galega entre dous mundos, 1919- 1971. Vigo: Galaxia, 2005; SEIXAS, Xosé Manoel Núñez y FARÍAS, Ruy. “Transterrados y emigrados: Una interpretación sociopolítica del exilio gallego de 1936”. Revista Arbor. Ciencia, pensamiento y cultura, 735,

2009, pp. 113-27; Id. “Las autobiografías de los inmigrantes gallegos en la Argentina (1860-2000): Testimonio, ficción y experiencia”. Migraciones & Exilios: Cuadernos de la AEMIC, 11, 2010, pp. 57-80; GALDO, María Xosé Rodríguez. Galicia, país de emigración. Colombres: Archivo de Indianos, 1993; VILA, Pilar Cagiao. Muller e emigración. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1997; Id. “A vida cotiá dos emigrantes galegos en América”. In: P. Cagiago VILA (comp.). Galegos en América e americanos en Galicia. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1999, pp. 115-35; CASTRO, Víctor Manuel Castiñeira y GARCÍA, Alfredo Martín. Dun Finisterre a outro: A emigración galega á Patagonia. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1999; GONZÁLEZ, Alejandro Vázquez. La emigración gallega a América, 1850-1930. Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 2000 (CD-Rom); DE CRISTÓFORIS, Nadia A. “El último ciclo de la emigración gallega en la Argentina: una aproximación a sus rasgos principales”. In: N. DE CRISTÓFORIS y A. FERNÁNDEZ (editores). Las migraciones españolas

a la Argentina. Variaciones regionales (siglos XIX y XX). Buenos Aires:

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2007; LOJO, María Rosa, DE SÁNCHEZ, Marina Guidotti y FARÍAS, Ruy. Los “gallegos” en el imaginario argentino. Literatura, sainete, prensa. A Coruña / Vigo: Fundación Pedro Barrié de la Maza, 2008; IGLESIAS, Ruy Gonzalo Farías. La inmigración gallega en el Sur del Gran Buenos Aires, 1869-1960. Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 2010 (CD-Rom); DA ORDEN, María Liliana. Una familia y

un océano de por medio. La emigración gallega a la Argentina: una historia a través de la memoria epistolar. Rubí (Barcelona): Antrhopos,

2010.

148

para Galicia su principal destino migratorio latinoamericano. 4 Además, Buenos Aires continúa siendo el lugar de observación privilegiado, un hecho que, sumado a cierta tendencia a generalizar las características de la colonia galaica de la capital al conjunto de la Argentina, en ocasiones generó apreciaciones no del todo exactas sobre los rasgos más salientes de los migrantes asentados en otros puntos del país. En parte, el vacío historiográfico puede achacarse a la falta de fuentes idóneas. Además de las diferencias existentes entre las españolas y argentinas acerca del número de emigrantes peninsulares arribados al país austral, existe el problema básico referido a la imposibilidad de desagregar a partir de aquellas al colectivo hispano de acuerdo con la región o provincia de origen de cada persona, lo que supone un escollo para el conocimiento de la proporción de cada una de las regiones españoles dentro del total del flujo peninsular, así como también de sus ritmos de llegada al país. 5 En lo que hace a la integración espacial y socioprofesional de los migrantes en la sociedad de destino, la destrucción y/o pérdida de las “cédulas censales” (libretas originales de los recuentos) de los censos nacionales de población argentinos posteriores a 1895, sumada a la escasa utilidad de los resúmenes estadísticos derivados de ellos, impiden para el período de la posguerra

4 Una primera aproximación colectiva a la inmigración gallega posterior a 1945 en DE CRISTÓFORIS, Nadia Andrea (comp.).

Baixo o signo do franquismo: emigrantes e exiliados galegos na Arxentina. Santiago de Compostela: Sotelo Blanco Edicións, 2011.

5 Se trata, en el primero de los casos, de las estadísticas elaboradas por el Instituto Geográfico y Estadístico Español y el Ministerio de Trabajo del mismo país, en tanto que por el lado argentino son las Estadísticas del Movimiento Migratorio de la Dirección Nacional de

Migraciones. Vid. DE CRISTÓFORIS. “El último ciclo

”, pp. 79-

149

cualquier aproximación estadísticamente confiable a las cuestiones más trascendentes para un estudio migratorio. No obstante, existe una fuente todavía poco explotada que encierra un enrome potencial para el estudio del último ciclo de la inmigración gallega (y española) en la Argentina: el Registro de Matrícula del Consulado General de España en Buenos Aires [en adelante, RGM]. 6 Iniciado en 1939, y compuesto por libros y fichas individuales es, por el territorio que abarca, el volumen de gente que incluye, y la cantidad y calidad de la información consignada, una herramienta excepcional para el estudio de algunas de las características esenciales de las diferentes corrientes migratorias hispanas posteriores a 1946, y de sus indicadores básicos de integración en el país. 7

6 La riqueza de este tipo de fuentes ya fuera demostrada por Erica Sarmiento Da Silva, quien explotó con sumo provecho el archivo del Consulado español en Río de Janeiro para estudiar el caso de la corriente migratoria española que se dirigió a la ciudad carioca en el primer tercio del siglo XX. En el caso argentino, la primera en hacer uso de la misma fue Marcela Susana Lippi, quien se sirvió del archivo consular español de Buenos Aires para abordar la inmigración zamorana en la Argentina. Vid. DA SILVA, Erica Sarmiento. O outro río. A emigración galega a Río de Xaneiro. Santa Comba: TresCtres, 2006; LIPPI, Marcela Susana. “La inmigración zamorana en la Argentina en la primera mitad del siglo XX. Factores macroestructurales y mecanismos microsociales”. Tesis de Maestría inédita: Universidad Nacional de Luján, 2008.

7 El actual Registro se inició en septiembre de 1939, por haber desaparecido el anterior con la finalización de la Guerra Civil española. La demarcación consular de Buenos Aires se extiende sobre el área donde se produjo el mayor asentamiento hispánico en la Argentina, pues no sólo comprende el territorio de la ciudad de Buenos Aires y los municipios que la rodean, sino también todos los del interior de la Provincia de Buenos Aires situados al norte de la línea Carlos Pellegrini - Trenque Lauquen Pehuajó - Hipólito Yrigoyen Bolívar Olavarría - General Lamadrid Laprida -

150

A partir de la utilización de esta fuente, analizaremos un caso de inmigración gallega en la Argentina cualitativamente distinto del clásico de Buenos Aires: el que se desarrolló en los actuales partidos (municipios) de Avellaneda y Lanús entre 1939 y 1960. Determinaremos primero la importancia relativa del grupo étnico-regional galaico dentro de la colonia española de la zona, abordando luego su composición sexual e inserción socioprofesional.

Los gallegos en Avellaneda y Lanús

Los partidos de Avellaneda y Lanús se encuentran ubicados inmediatamente al sudeste de la ciudad de Buenos Aires. Integran lo que se conoce como Conurbano bonaerense,

Benito Juárez - Necochea. Según hemos podido comprobar, tan sólo para el período 1939 y 1960 el RGM contiene información sobre unas 312.320 / 358.400 personas, incluidos españoles, argentinos y otras nacionalidades. La información consignada en los libros se compone de: apellidos y nombres de los inscriptos, provincia y municipio de origen, fecha de nacimiento, última residencia en España, fecha de llegada a la Argentina, fecha en que se produjo el “alta consular”, y lugar de residencia al momento de formalizarse esta. Todo ello permite abordar temas tales como los lugares de procedencia de los migrantes españoles (desagregándolos por región, provincia y municipio), los volúmenes, periodicidad y composición sexual de sus flujos, sus patrones de asentamiento en el país (discriminando a estos por municipio, localidad e incluso barrio) y, finalmente, sus variados tipos de inserción socioprofesional. Por su parte, las fichas individuales asociadas a los libros son particularmente relevantes a la hora de determinar el patrón de asentamiento del grupo, pues contienen la dirección exacta donde reside cada nuevo inscripto, mientras que muchas veces los libros del RGM sólo consignan el municipio en el caso de aquellos que viven fuera de la ciudad de Buenos Aires. Y también, aunque con menor asiduidad, es posible seguir a través de ellas la posterior movilidad espacial de la persona.

151

un grupo de municipios que rodean a la capital argentina por el norte, el oeste y el sur, conformando un megaespacio urbano sin solución de continuidad. Entre 1856 y 1944, Avellaneda y Lanús fueron un único distrito llamado primero Barracas al Sud y, a partir de 1904, Avellaneda. A partir de las últimas dos décadas del siglo XIX, hicieron su aparición en esta zona hasta entonces básicamente rural y despoblada cuatro grandes frigoríficos (factorías dedicadas a la matanza y procesamiento del ganado vacuno), así como una enorme cantidad de lavaderos de lana y de tripas, molinos harineros, fabricas de embutidos y de antisárnicos, fabricas de fósforos, de cola y jabón, de aceites y gas, de papel de lija, de electricidad, de ladrillos, destilerías de alcohol, fábricas de textiles, talleres metalúrgicos, curtiembres, astilleros, etc. De tal modo, en el pasaje de un siglo al otro quedó establecida en el municipio una formidable concentración industrial que fue, cuando menos hasta la década de 1960, la marca distintiva de la zona. Esta gran expansión del entramado industrial conllevó,

a su vez, un fuerte requerimiento de mano de obra, lo que redundó en una transformación de la estructura sociodemográfica del área bajo el impacto de la oleada inmigratoria, por entonces predominantemente europea. De acuerdo con los resúmenes estadísticos argentinos, entre 1895

y 1960 el número de habitantes en el territorio del primitivo

Partido se multiplicó casi por 38, pasando de 18.574 a 701.929 (en el último año 326.531 correspondían a Avellaneda y 375.428 en Lanús). 8 En 1895 un 45 % de la población era

8 Sobre el desarrollo demográfico, urbano e industrial de Avellaneda y Lanús entre los siglos XIX y XX, vid. LARRAIN, Federico Fernández. Historia del Partido de Avellaneda. Reseña y análisis, 1580-1980, Avellaneda: La Ciudad, 1986; DE PAULA, Alberto S. J., GUTIERREZ, Ramón y VIÑUALES, Graciela María. Del Pago

152

extranjera, siendo el número de españoles de 2.598, lo que hacía de ellos el segundo grupo foráneo más numeroso, y el 14 % del total de los habitantes del municipio. Por su parte, en 1914 (último año para el que contamos con datos desagregados respecto de la nacionalidad de los extranjeros), los nacidos fuera de la Argentina representaban el 46,1 % de todos los habitantes, ascendiendo por entonces los oriundos de España a 31.564 individuos, lo que equivalía al 21,8 % del total poblacional, y los convertía en el conjunto más numeroso entre los extranjeros. 9 A fin de analizar la presencia gallega en la zona, hemos extraído una muestra del 10 % de RGM labrado entre 1939 y 1960. En ella, entre un total de 31.232/35.840 individuos registrados (comprendiendo españoles, argentinos y otras nacionalidades), hallamos 2.081 españoles residentes en los actuales municipios de Avellaneda y Lanús. 10 Si, como

del Riachuelo al Partido de Lanús, 1536-1944, La Plata: Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1974. Para una contextualización con el desarrollo industrial argentino, SCHVARZER, Jorge. La industria que supimos conseguir. Una historia político-social de la industria argentina [2000], Buenos Aires: Ediciones Cooperativas, 2005.

9 Vid. REPÚBLICA ARGENTINA, Segundo Censo de la República Argentina, mayo 10 de 1895, Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1898, tomo II, pp. 51, 85; REPÚBLICA ARGENTINA, Tercer Censo Nacional, levantado el 1º de Junio de 1914, Buenos Aires, Talleres Gráficos de L. J. Rosso y Cía, 1915, tomo II, pp. 5, 153.

10 Este número representa apenas entre el 5,81 y el 6,67 % del total presente en la fracción del RGM consultado, y el 0,5-0,6 % del total de la información consignada por la fuente entre 1939 y 1960). Teniendo en cuenta que el RGM no sólo abarca la Capital Federal, sino también los municipios que la rodean y a la mayoría de los del interior de la Provincia de Buenos Aires, aún en ausencia números

153

demostramos en otra parte a partir del uso de las Actas de Matrimonio de los registros civiles y del Registro de Socios de la Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas al Sud / Avellaneda, en el balance del período 1890-1930 la colonia hispana en la zona se hallaba compuesta de forma mayoritaria (68-70 %) por inmigrantes gallegos, 11 en el lapso temporal 1939-1960 esa proporción no sólo no disminuyó, sino que incluso creció hasta representar el 73,8 % del total (Cuadro 1). 12 Se trata de un porcentaje verdaderamente impactante, teniendo en cuenta que históricamente los nacidos en Galicia suponen entre el 45 y el 55 % de los inmigrantes españoles en la Argentina. Si en lugar de las regiones observamos las provincias en las que estos españoles nacieron vemos que, como era de esperarse, una enorme mayoría procede de las cuatro gallegas (A Coruña, Pontevedra, Lugo y Ourense, con el 31, 15,9, 14,3 y 12,7 %, respectivametne), seguidas a distancia por los de Oviedo (5,6 %), León (2,8 %), Barcelona (2,2 %), Madrid (1,4 %) y Salamanca (1 %). Por su parte, al descender al nivel municipal, destacan casos como los de Fisterra (A Coruña), A Fonsagrada (Lugo) y Lalín (Pontevedra), municipios de donde habría partido nada menos que el 7,5 % de todos los españoles asentados en la zona.

absolutos es posible formarse una idea de la enorme importancia de la instalación española en ambos municipios.

11 Vid. FARÍAS, Ruy. “Peóns, obreiros e xornaleiras: Patróns de asentamento e inserción socioprofesional dos galegos en Avellaneda e Lanús, 1890-1930”. In: Id. (coord.). Bos Aires galega, pp. 82-5.

12 Les siguen en importancia numérica los asturianos (5,5 %), leoneses (4,4 %), oriundos de Castilla la Vieja (3,1 %), andaluces (2,8 %), catalanes (2,7) y vascos (2,3 %). El resto presenta porcentajes de 1-2 % (Castilla la Nueva, Levante), o se sitúan por debajo del 1 % (Aragón, Baleares, Canarias, Extremadura).

154

Cuadro 1: Composición regional y sexual de los españoles residentes en Avellaneda y Lanús (1939-1960)

 

Total casos

Hombres

Mujeres

Sin datos

Índice

                 

masc.

Región

%

%

%

 

%

%

Andalucía

59

2.8

33

55.9

26

44.1

0

 

0.0

127

Aragón

11

0.5

4

36.4

7

63.6

0

 

0.0

57

Asturias

114

5.5

62

54.4

52

45.6

0

 

0.0

119

Baleares

9

0.4

6

66.7

3

33.3

0

 

0.0

200

Canarias

9

0.4

6

66.7

3

33.3

0

 

0.0

200

Castilla la

                   

Nueva

40

1.9

20

50.0

20

50.0

0

0.0

100

Castilla la

                   

Vieja

65

3.1

34

52.3

31

47.7

0

0.0

110

Cataluña

56

2.7

37

66.1

19

33.9

0

 

0.0

195

Extremadura

9

0.4

6

66.7

3

33.3

0

 

0.0

200

Galicia

1535

73.8

862

56.2

672

43.8

1

 

0.1

128

León

92

4.4

54

58.7

38

41.3

0

 

0.0

142

Levante

30

1.4

13

43.3

17

56.7

0

 

0.0

76

País Vasco

48

2.3

25

52.1

23

47.9

0

 

0.0

109

Dudosos

4

0.2

1

25.0

3

75.0

0

 

0.0

33

Total

2081

100

1163

55.9

917

44.1

1

 

0.0

127

En el conjunto del lapso temporal examinado, el componente femenino representa el 43 % del stock galaico, una proporción muy alta, que no se encuentra en todos los destinos migratorios gallegos en América (por regla general, la Argentina solía atraer más mujeres que Cuba o Brasil, por citar otros dos destinos importantes), y que no presenta grandes alteraciones en los diferentes períodos de llegada al país de los miembros de la muestra (1887-1930, 1931-1945, 1946-1960). Ello, a su vez, se refleja en el bajo “índice de masculinidad” del grupo (la ecuación resultante de la cantidad de hombres

155

presentes por cada 100 mujeres), que apenas llega al 132 x 100 (Cuadro 2). 13 No obstante, si nos centramos en el último período (1946-1960) y lo dividimos en dos partes separadas por la crisis económica argentina de 1951 (Cuadro 3), vemos que es en el primero de ellos (cuando el flujo migratorio es más importante) donde la proporción femenina en el total del flujo resulta más baja (36,4 %), mientras se mantiene alto el índice de masculinidad (175 x 100). Por el contrario, el porcentaje de mujeres tiende a aumentar entre 1952 y 1960, cuando llega incluso a ser levemente mayoritario (52,9 %), mientras el índice de masculinidad se desploma hasta el 89 x

100.

Cuadro 2: Evolución del porcentaje de los géneros y del índice de masculinidad de los gallegos (1887-1960)

Período

     

%

%

Índice

llegada al

Hombres

Mujeres

Total

hombres

mujeres

masc

país

%.

1887-1930

370

285

655

56.5

43.5

130

1931-1945

72

54

126

57.1

42.9

133

1946-1960

372

276

648

57.4

42.6

135

Total

814

615

1429

57.0

43.0

132

Cuadro 3: Evolución del porcentaje de los géneros y del índice de masculinidad (período 1946 y 1960)

           

Índ.

%

%

Masc.